.Co mo»cultiva mora
eleficios de los seto
o: la cebilla
Indice los meros 17 al 34
Buenos aliirritos: la naranja
ik
pamma.PRODUCTOS PARA AGRICULTURA ECOLÓGICA REGISTRADOS
INSECTICIDAS ECOLÓGICOS:
Naturalis L (Beauveria bassiana) - R NeemAzal T/S (Azadiractin A) - R Lepinox (Bacillus thuringiensis)- R Cordalene (Bacillus thuringiensis)- R Ultrafine (Aceite hortícola rango estrecho) - R Ultracitrus (Aceite frutales rango estrecho) - R Madex 3 (Granulovirus de carpocapsa) - R Evergreen 60-6 (Piretrinas naturales) - PR Pyganic (Piretrinas naturales) - PR AUXILIARES:
ESPECIALIDADES ECOLÓGICAS:
Nu Lure Insect Bait (Hidrolizado proteico) - R Nutrel (Hidrolizado proteico) - R
Nu Film 17 (Pinolene — Mejorante de tratamientos) - R Vapor Gard (Pinolene — Antitranspirante) - R
Cytokin (Crema de algas) - NP
Prodigy (Reconstituyente de suelo) — R Rhizovital (Fitofortificante) — R
Lysodin algafert (Fertilizante) - NP
Nemaslug (Phasmarhabditis hermaphrodita — Babosas y caracoles Nemasys (Steinemema feltiae — Esciáridos, trips, minadores) — R Nemasys C (Steinemema carpocapsae — Lepidópteros) — R Nemasys H (Heterorhabditis megidis — Coleópteros) - R FUNGICIDAS ECOLÓGICOS:
Contans WG (Coniothyrium minitans) - R AQ 10 (Ampelomyces quisqualis) - PR
R — Producto PR — Prod NP — No
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*(celebración conjunta de BioFach y Vivaness)
El futuro empieza ahora
A
caba de publicarse un informe oficial de la Unión Euro- pea sobre plaguicidas en frutas y verduras cultivadas en Europa, España incluida. Nos muestra que la mitad de las frutas, verduras y cereales convencionales a la venta en tiendas y mercados europeos están contaminadas y en mayor porcentaje que en años anteriores. Al menos 5 de los 23 tipos de residuos de plaguicidas más habituales son cancerígenos y afectan a nuestro sistema endocrino, hormonal y reproductivo. Además, se han encontrado residuos de un tóxico que afecta a las abejas. El nivel de contaminación es tan grave que la Autoridad Europea para la Seguridad Alimentaria (AESA), asesora de la UE, ya ha recomendado bajar los limites máximos de residuos. Pero esto sólo sería un parche. No se trata sólo de aumentar los limites admisibles, ni de prohibir algunas sustancias -como a pesar de las presiones de la industria fitosanitaria ya se prohibieron el
DDT y el lindano- y como se prohibirán -aunque sea con un gran retraso- al menos 15 que ya están en la lista roja. Hay que ir a la raíz del problema: cambiar el modelo de agricultura, y sa- lir de un círculo vicioso de desequilibrios que sólo consigue que las plagas sean cada vez más resistentes.
Así nació el movimiento de Agricultura Ecológica, de forma natural, como alternativa a esta agricultura química que no lleva a ninguna parte. A muchos agricultores ecológicos les puedes oir decir cómo un día se hartaron y dijeron iya basta de venenos! A partir de su experiencia personal buscaron y conec- taron con otros agricultores pioneros. Hoy la agricultura ecoló- gica es un hecho y los 23 millones de hectáreas a nivel mundial así lo demuestran. Ahora, para que no la desvirtúen, hay que recordar que este movimiento, desde sus inicios, tenia claro que la agricultura ecológica no es sólo dejar de lado los plaguicidas y los abonos químicos. Su filosofía es aprovechar los recursos propios hacia la autosuficiencia, reciclar, aumentar la fertilidad de la tierra con abonos verdes, con rotaciones, con compost y
atraer a la fauna auxiliar en la finca, y mantener vivas las varie- dades locales. Sin olvidarse de que también lo social y las rela- ciones son importantes, como lo son las energías alternativas y la manera de vender y de distribuir. Los pioneros fueron agri- cultores pequeños, granjas familiares orientadas a un consumo de proximidad y directo, ligados a los ritmos naturales y lejos de una economía productivista.
Por eso no es extraño que algunos políticos no lo entiendan;
que el Director General de Industria y Mercados Alimentarios, Francisco Mombiela, en actos públicos de Agricultura Ecológica (como el reciente Congreso de SEAE en Murcia) diga que la agricultura ecológica es una agricultura de subsistencia. Porque él sólo entiende una agricultura industrial y cree que los trans- génicos son la modernidad. Tal vez esté parado ahí.
Pero hoy la gente se informa y se implica. Estuvo aquí Marie- Monique Robin, presentando su libro "El mundo según Monsanto". Después de tres años de investigación se atreve a denunciar a Monsanto como una empresa criminal; que desde su fundación en 1901 esta multinacional de los transgenicos y de los plaguicidas ha acumulado infinidad de procesos debido a la toxicidad de sus productos, aunque hoy se presente como una empresa de "ciencias de la vida" e incluso influya en muchos gobiernos como el nuestro. El libro parece que se está vendien- do bien. A él se suman otras iniciativas de comunicación, en otros formatos, películas y documentales, alarmistas unos, utó- picas otras, todo confirma que la sociedad despierta y se orga- niza. Por ejemplo, cada vez más padres europeos se ocupan de dar a sus hijos alimentos ecológicos y de que en los comedores escolares sean obligatorios. Son iniciativas que nacen del prin- cipio de que es la acción personal lo que contribuye a un mayor cambio. Es el futuro desde aquí y ahora en marcha, aunque algunos políticos todavía no quieran entenderlo..
La fertilidad de la tierra Ir 35 • 3
g
eb
C/ Pascual i Genis, 10-3°A • 46002 Valencia Tel. 963 512557 Fax: 963 524671 [email protected] www.interecoweb.comSociedad Española
SEAE de Agricultura Ecológica
Apdo. 397 46470 Catarroja (Valencia) Tel. 96 126 72 00 Fax. 96 126 71 22 [email protected]
www.agroecologia.net
• Asociación de Agricultura Biodinámica de España. Secretaría en:
c/ Egido 6, Casa San Martin, 40163 Matabuena-Caificosa (Segovia) Tel. 921 504157 [email protected]
• Bio Lur Navarra. Casa de Cultura. C/ Túbal, 19 31300 Tafalla Tel 948 739068 • www.biolur.com
• Coordinadora Asturiana de Agricultura Ecológica CADAE. Apdo.
36, 33300 Villaviciosa. Tel 985 893242 acadaeüterra.es
• Bioindalo. Apdo. 2011. 04080 Almería.
Tel 645 841707 bioindaloguaLes
• Ekonekazaritza. Urteaga 23. 20570 Bergara.
Tel 943 76 18 00 [email protected]
• Ecopalma. Avda. Carlos Eco. Lorenzo Navarro, 36, 1 2 piso.
38760 Los Llanos de Aridane . Tel.: 922 41 77 25 www.ecopalma.org
• L'Era, Espai de recursos agroecolägics.
C/ Ramón D'Iglesies 5-7, 08242 Manresa.
Tel 93 878 70 35 [email protected] www.agrariamanresa.org
• Asoc. Riojana Profesional de Agricultura Ecológica-ARPAECO C/ Muro de la Mata, 8 - 5 drcha. 26001 Logroño
Tel 941 254538 [email protected] www.ecorioja.com
Bodegón con naranjas, sandías, melero y cajas de dulces. Luis Meléndez. 1760
La Fertilidad de la Tierra
Revista trimestral de agricultura ecológica
N° 35 • Invierno 2008
Portada Esparceta o pipirigallo Fotografía de David Olmo La Fertilidad de la Tierra Ediciones
Apdo. ne 115 • 31200 Estella Tel. 948 53 92 16 • Fax: 948 53 94 14
lafertilidaclibtelefonica.net www.lafertilidaddelatierra.com
Coordinación y realización Rosa Barasoain y Fernando López
Secretaria y suscripciones Isabel Miguel
Dibujos
Neus Bruguera, Augusto Pérez Berrio Asesores y colaboradores
Xabi Akizu, Tomas Alcoverro, Julio Arroyo, Antonio Bello, Mariano Bueno, José Joaquín y Paco Cabodevilla, Jesús Calvillo, Margarita Campos, Enrique Dapena, Carlos Donoso, Carmen Chocarlo, Alfons Domínguez, Concepción Fabeiros, Xavier Florin, Javier González, Manuel González de Molina, Mary Anne Kunkel, Angel M a Legasa, Javier Melgares de Aguilar, Javier Mendia, Antoine Mestre, Juana Labrador, Tomás Larrafiaga, Daniel López,
Pedro Montserrat, Nicolás Olea, David Olmo, Manuel Pajarön, Pedro Pérez Saura, Jean-Luc Petit, Juan Pont, Emilio Rico, Vicente Rodríguez, Josep Roselló,
Ramón Roselló, Jesús Sanchis, Juan Senovilla, Sebastián Urquía, Jaume Vadell.
Sección De la Tierra a la Mesa
Nuria Almarza (INTERECO), Víctor Gonzálvez (SEAE), Fernando López (La Fertilidad de la 'Tierra),
Carlos Mateos (COAG) Maquetación
Chapitel Comunicación Integral, s.l.l.
Imprenta y encuadernación Gráficas Lizarra SL. Estella DL: NA-2000-2000 1SSN-1576-625X
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1
La fertilidad de la tierra n° 35Sumario
Entrevista Indice temático
Kokopelli:
Resistiendo paraÍndice temático
mantener la biodiversidad cultivada
de La Fertilidad de la Tierra
Rosa Barasoain y Fernando López 6 Números 17 al 34 33
Salvemos la biodiversidad
El canto del maiz
Ken VVhealy 12
Fn cl vergel
Moras cultivadas
Carmen Bastida 14
Agroforestal
Nuestras dehesas
Vicente Rodriguez Estévez
y Clemente Mata Moreno 18
Nuestros aliados
Avispas excavadoas
Jesús Quintano Sánchez 22
Cuidar el entorno
Beneficios del seto diversificado
Carlos Romani 26
Iniciativas vivas
Universidad Rural Paulo Freire
David Gallar y Daniel López Garcia 30
Libros y suscripciones
40 De la tierra a la mesaActualidad 44
Noticias 46
VIII Congreso de SEAE en Murcia 48
Investigación 50
Estudio organoléptico
de los alimentos ecológicos 52
Encuentros 54
Organizaciones 55
Publicaciones 56
Un encuentro por la Agroecologia
en Centroamérica 58
Un cultivo a fondo
La cebolla:
hortaliza, condimento y remedio medicinal
David Olmo 60
Biodiversidad cultivada
Recolección y extracción
Elena Sauca y Marcelino Santiago 64 Los buenos alimentos
El color de la naranja
Rosa Barasoain 70
Redacción y suscripciones
La Fertilidad de la Tierra Apdo. n° 115 • 31200 Estella (Navarra)
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Aokopelli:
Resistiendo para mantener la biodiversidad cultivada
Texto: Rosa Barasoain y Fernando López
Fotografías: Kokopelli
En
2008
dos sentencias de los tribunales franceses han condenado a la AsociaciónKokopelli,
dedicada a proteger labiodiversidad
cultivada, a pagar miles de euros por distribuir semillas de variedades antiguas que están fuera del Catálogo Oficial. En vez de hundirles, como persiguen sus detractores, esto ha provocado un debate social y ha dado voz a otro proyecto en marcha:un huerto demostrativo de seis hectáreas -dirigido por
Raoul Jacquin,
a quien hicimos esta entrevista- en el que mantener vivas las semillas, un espacio de observación y experimentación de las variedades antiguas que hasta ahora han conseguido rescatarE
sta Asociación, surgida en el año 1999 para "de- fender la causa de la Biodiversidad y las Semillas de Vida", toma su nombre, Kokopelli, de un per- sonaje mitológico asociado a la fertilidad y a la germinación. En la lengua de los indios hopis-hopi que habitan en las áridas regiones de Arizona y Nuevo Méxi- co, "kokopelli" significa "pacífico" y los demás pueblos indios identifican la silueta de este personaje como "el flautista jorobado", pero lo que representa es un flautista
que lleva a la espalda un saco de semillas y con su músi- ca y sus cantos las acompaña en su labor de fecundar la tierra.
La Asociación tiene su sede en Gard, trabajan de for- ma permanente y asalariada unas 14 personas —hasta 18 en plena época de recogida de semillas— y además de con la fuerza de sus principios cuenta con más de 8.000 socios (el 98% en Francia, algunos en Alemania, Bélgica, Italia, España...) y cientos de colaboradores que voluntariamen-
6
1
La fertilidad de la tierra rr 35El proceso contra Kokopelli
Como nos explica Raoul Jacquin, "el pro- ceso es muy simple, hoy en dia en Francia tenemos el famoso Catálogo Oficial, y como ocurre con los emigrantes, si no tienes pa- peles te ponen en la frontera y punto, sin saber por qué estás ahí o por qué no. Si una variedad no está inscrita en el Catálogo Ofi- cial queda fuera del huerto, no tiene dere- cho a vivir." De partida siempre han recha- zado inscribir las variedades porque la única posibilidad que se ofrecía era ponerlas en un Indice (anexo al Catálogo Oficial) donde se especificaba que esas variedades estaban destinadas sólo a huertos de aficionados y para Kokopelli eso era intolerable. Es intole- rable porque supone que nunca se van a encontrar ni en las tiendas ni en los super- mercados de las ciudades esas hortalizas de
variedades antiguas tan deliciosas, porque un aficionado no puede venderlas, y se nie- ga que tengan acceso a ellas los agriculto- res. Raoul explica: "Ahi se descubre que aunque se nos dice que si las inscribimos tendremos la posibilidad de intercambiar, de dar, de vender esas semillas, es falso, es una superchería, por eso hemos dicho que no. Y como hemos dicho que no el Tribunal consi- dera que todas nuestras variedades son ile- gales, y por tanto nos condena'
Para Raoul, "Kokopelli es ahora un museo viviente de la genética agrícola y hortelana francesa, un verdadero Museo que es repro- ductible, y esto les enfurece. El Estado en vez de decir, 'vosotros habéis hecho la tarea que nosotros deberíamos haber hecho y además gratis', sigue los dictados de las
grandes compañías francesas de semillas, que son quienes están detrás de todo esto".
La condena asciende a 23.000 euros, más unos gastos de 90.000 euros entre abogados, tribunales, etc. Otra condena a pagar 12.000 euros a un comerciante de semillas del Este de Francia, Philippe Bau- maux que les demandó por competencia desleal de momento la han apelado. "En cuanto al Estado, ha montado tal circo, el asunto ha despertado tales emociones, que no saben cómo hacer. Pero dentro de esos 23.000 euros hay 6.000 euros que reclama la Federación de Industriales de las Semi- llas, que representa a todos los grandes crápulas transnacionales de las agrosemi- llas y de la agroquimica, y nos han deman- dado para que les paguemos".
Entrevista
te apadrinan semillas cultivándolas en sus propios huer- tos para protegerlas de la erosión genética y de la hibrida- ción; enseñan a obtenerlas —más de 40 cursos organizados sólo en este año—, y contribuyen a hacer realidad los di- versos proyectos de Kokopelli.
En gran parte las semillas que distribuyen en Europa proceden de agricultores franceses con certificado ecoló- gico que cultivan en regiones como los Alpes Marítimos, Saona y Loire, C6te D'or, el Rhóne... Algunas, con certi- ficado biodinámico, provienen de la asociación suiza Sa- tiva; una veintena de variedades procede de Italia, unas pocas de Inglaterra y algunas menos y de forma ocasional de EEUU.
Un huerto demostrativo de cultivares tradicionales
A pesar del varapalo económico que suponen las con- denas judiciales impuestas, Kokopelli sigue adelante con sus proyectos. El más reciente, el Huerto de Kokopelli, en el Parque Natural Regional de Verdon, cerca de Ma- nosque. Raoul Jacquin, además de ocuparse de las cues- tiones jurídicas de la asociación y de cuestiones legales sobre las semillas, es directamente responsable de la puesta en marcha de este huerto. Empezaron en el otoño de 2007 y según sus palabras, servirá para legitimar su es- tatus de productores de semillas: "Somos una asociación que vendía semillas pero que no las producía y esto nos hacía una gran falta técnica y políticamente. Es también un escaparate de la agroecología, transmisible al mismo tiempo que las semillas. Una demostración de que es po- sible".
Con apellidos que muestran el origen español de sus antepasados, Raoul Jacquin Porretaz tiene muy clara su
Raoul Jacquin, es actualmente el principal dinamizador de Kokopelli
vocación de campesino, como lo fue su abuelo. Esa voca- ción salió a flote con tanta fuerza que después de haber logrado un elevado puesto como especialista en la indus- tria panadera-pastelera de alto nivel, un día eligió dejarlo todo y dedicarse por entero a su granja. Se tituló como Técnico Agrícola y empezó su pasión por recuperar semi- llas locales. Ya en 1985 había recuperado una treintena de variedades francesas, principalmente maíz y pimiento morrón, y una raza de gallinas muy específica de su zona, el valle del Jura. De aquí surgió el intercambio y colabo- ración con Terre de Semences primero, la empresa creada por Dominique Guillet en 1995, y luego con la Asocia- ción Kokopelli surgida de los mismos principios.
La fertilidad de la tierra n° 35 • 7
Kokopelli:
Res %tiendo para mantener labiodiversidad
cultivada¿Qué es Kokopelli y cuáles son sus principios?
"Kokopelli promociona la fertilidad, que no puede ex- presarse más que en la medida que la siembras o la inse- minas —según sea el reino vegetal o animal— de ahí la im- portancia de la semilla. Nuestro caballo de batalla es cre- ar una independencia, una verdadera soberanía alimenta- ria para nuestros hijos: de los míos, de los tuyos, de todos, de las generaciones que no están todavía aquí, y a las que debemos un respeto. Y nuestra forma de mostrar este res- peto es dejarles una tierra fértil y unas semillas capaces de fecundar esa tierra".
¿Cuál ha sido el mayor éxito de Kokopelli?
"Que con nuestra resistencia hemos llevado a debate público la problemática de la diversidad biológica culti- vada en Francia. Hoy en día en cualquier ciudad es difícil encontrar a alguien que no sepa qué es Kokopelli. Y tam- bién se ha puesto a debate la conservación de nuestra ali- mentación y la soberanía alimentaria de las generaciones futuras. Creo que también ha sido un logro que se ponga en cuestión las bondades de los biocarburantes, hemos ayudado a ver, a tener conciencia de su lado nefasto, por eso hemos lanzado la propuesta de moratoria de lo que llamamos los necro-carburantes".
¿Cuál es ahora vuestra actividad más importante?
"Una es hacer evolucionar la legislación francesa y eu- ropea, esto es muy importante por el momento; y la otra es la puesta en funcionamiento del Huerto de Kokopelli, porque es lo que nos va a permitir tener una buena ges- tión y abrirnos a los medios. Es también un lugar donde testar nuevas variedades que se nos han dado y poder ha- cer una selección varietal. Por ejemplo, en la "Gama tienda" tenemos más de 600 variedades de tomate y al- gunas no se corresponden con lo que se ofrece en la eti- queta. Si dice que el tomate variedad Géante d'Oren-
El huerto de Kokopelli se encuentra un el Parque Natural Regional de Verdon, cerca de Manosque
Semillas sin fronteras
Kokopelli tiene bajo su protección miles de variedades.
Raoul afirma que "sólo de Francia tenemos 1200. en la
"Gama tienda" (que pueden comprarse en bolsitas de 3,30 euros) y unas 1.500 de la "Gama colección", variedades muy poco conocidas y a veces literalmente en vias de ex- tinción que se distribuyen gratuitamente a los socios acti- vos interesados en conservarlas. Con sus colaboradores se llega a cultivar "más de 2.500 variedades antiguas de hor- talizas, algo de flores y algo de maiz y de cereal':
Otra labor de Kokopelli es el envío gratuito de semillas ecológicas a comunidades rurales de países empobrecidos.
Cada año entre 300 y 400 colaboradores envían semillas producidas en sus propios huertos para contribuir a esta iniciativa de solidaridad internacional. Con esta labor se quiere contribuir a la soberanía alimentaria de los pueblos, que puedan cultivar sus pequeños huertos familiares en ecológico y tengan autonomía de semillas, para paliar "una crisis alimentaria sin precedentes". Casos tan sangrantes como que en la actualidad en Burkina Faso y Senegal, casi todas las semillas de huerta proceden de Francia y son hí- bridos F1.
burg es una variedad de tomate tipo "carne de buey", muy rojo, muy grueso, que alcanza 1,200kg sabernos que el más grueso que se obtenga hoy será de 200gr. Y así con otras variedades, incluido el maíz, del que tenemos más de 60 variedades buenísimas. ¡Para qué queremos el maíz OGM si tenemos variedades excelentes? Crecen muy bien sin necesidad de riego, ni de insecticidas, y por supuesto, sin necesidad de Round-up y sin necesidad de gasoil, porque en la asociación cultivamos con tracción animal".
¡Tiene el Gobierno francés un centro donde guardar semillas?
"¡No! Tiene el Bureau de Ressources Genetiques (BRG), que no hace absolutamente nada. Son funciona- rios del estado francés con sus burocracias, sus llamadas por teléfono y sus comidas ¡pero no hacen nada! El IN- RA conserva algunas semillas; hay algo de cereal que se guarda en Clairmont Ferrand; al lado de Montpelier se conserva maíz; en Bretaña se conservan coles... pero nada estructurado, como no lo hay tampoco en el tema de la patata. No hay una verdadera política de conservación.
Pero luego hay una gran cantidad de bancos de semillas privados, más de los que nos podemos imaginar, más de lo que Kokopelli tendrá nunca, pero que no son de acceso público".
¿Cuántas variedades se han perdido?
"Si cogemos una especificidad francesa, el Catálogo Oficial, desde 1905 —en un siglo— hemos perdido el 95%
de las variedades, de la biodiversidad vegetal. Esto está
8
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La fertilidad de la tierra n 35Entrevista
en los textos legales. Se ha perdido ese 95% de varieda- des con las que cuentan los vendedores de semillas des- de hace un siglo, pero muchas de estas variedades las tiene Kokopelli, o Essem'bio, o Biau Germe... Hay pe- queños intercambios de colecciones a nivel internacio- nal, de grupos similares a Kokopelli como Seed Savers en los EEUU. No hay feria, mercado o conferencia en que no haya alguien que nos haga llegar las alubias que cultivaba su abuela, el pimiento, el tomate, ensaladas...
Algo que se creía perdido a nivel nacional la gente a ni- vel local nos lo aporta, porque quieren mantener esa biodiversidad cultivada. Pero la legislación actual en vez de protegerlas, porque existen, y son muy frágiles, en vez de hacer algo por su continuidad, lo que se ha propuesto es hacerlas desaparecer. Esa es la política francesa actual".
¿Por qué algunos gobiernos quieren hacer desapare- cer estas variedades?
"El problema que tenemos en Francia es que Francia es el líder mundial en la producción de semillas hortelanas con una multinacional y están en una situación de mo- nopolio. Y cuando estás en una situación de monopolio no se tolera nada, se quiere erradicar todo lo que no está contigo. Y es que la principal característica de todas las variedades de Kokopelli, que son conservadas, cultivadas, guardadas por Kokopelli, es que son reproducibles e idén- ticas. Cualquiera que compre un sobre de semillas este año —si tiene atención y pone cuidado— dentro de 150 arios los nietos de los nietos de nuestros nietos las conser- varán todavía. Y esto en esta economía de mercado, en el liberalismo a ultranza, es intolerable. No toleran que la vida se reproduzca gratuitamente en los campos de los agricultores o en los huertos de los aficionados.
Además, como nuestras variedades son independien- tes, se han cultivado durante decenios sin necesidad al- guna de toda la cantidad de productos químicos que se nos quieren imponer hoy en día, y como en general las multinacionales de las semillas son también multinacio- nales de la agroquímica, esto les atañe doblemente.
Quieren ver desaparecer no sólo a Kokopelli sino tam- bién los libros de Kokopelli y nuestras acciones, que les son completamente molestas, por ejemplo en el tema de los OGM. De acuerdo, estamos en contra, pero estamos en contra porque no nos aportan nada, porque hemos visto que no los necesitamos, tenemos de todo sin los OGM".
Tenéis dos sentencias en contra y pueden denuncia- ros nuevamente...
"Ese es el problema. Las variedades que protegemos si- guen siendo ilegales, ¿cómo continuar vendiéndolas?
Ellos pueden muy bien hacer que se nos condene o no".
¿Y qué vais a hacer?
"Hay que continuar. Hay que hacerles caer en sus pro- pias contradicciones, en sus propias responsabilidades.
Cultivan más de 2.500 variedades antiguas de hortalizas, algo de flores y algo de maíz y cereal
Tienen que hacer su trabajo, nosotros hacemos el nues- tro. Ya sólo faltaría que nos acusaran de no ayudarles".
¿Cuál es el trabajo más importante para conservar las variedades, el tema legal, la concienciación...?
"Hay que hacer las dos cosas al mismo tiempo. Sabes que una variedad en tres, cuatro años la has perdido y lo que alegan los enemigos de Kokopelli es que no tenemos legalidad, que no tenemos gran cosa que mostrar. Por eso es esencial que este huerto que hemos puesto en marcha funcione como un escaparate, que puedan venir los me- dios de comunicación y que los alimentos obtenidos en sus cultivos sirvan a los científicos e investigadores que
La fertilidad de la tierra n° 35 • 9
Raou I en el huerto.
Desde antes de la fundación de Kokopelli ya tenía interés por guardar semillas antiguas
sostienen nuestra filosofía para mostrar en cifras que te- nemos razón. Grandes científicos, de gran categoría mun- dial desde cancerólogos, genetistas, incluso filósofos y es- critores, necesitan ver, palpar este huerto, porque las dos vías de trabajo son esenciales".
Kokopelli no puede vender semillas, pero ¿intercam- biarlas? ¿hacer una red para conservarlas?
"Hace tiempo que lo pensamos y de hecho empezamos así, cada socio pagaba una cuota y tenía derecho a unas semillas. Era un sistema de apadrinamiento, cada uno 'adoptaba' unas semillas, las multiplicaba y nos las devol- vía, etc. El problema es a dónde llevaba esto, porque hoy día hemos perdido nuestro 'saber hacer' campesino. La gente ha perdido el sentido mismo de las semillas, no sa- ben cuándo hay que sembrarlas y cuándo recogerlas, por eso es tan importante hoy el trabajo de Kokopelli. No po- demos dejar en la Naturaleza todas las variedades porque en pocos arios todas ellas se mezclarían y desparecerían.
Hay que hacer una verdadera labor pedagógica para que la gente pueda reapropiarse del saber y de las semillas ¡es un patrimonio de la Humanidad! y no es otra cosa".
Sois el Arca de Noé de las semillas
(Se ríe) "Es así como se llama el proyecto de Funda- ción Rockefeller y Bill Gates (un refugio para almacenar semillas de especies comestibles del mundo en una isla junto al Polo Norte), que se limita a guardarlas en el con- gelador ¡pero para ellos! Porque se han dado cuenta de
que se está contaminando todo el planeta. Pero se limi- tan a ponerlas en un congelador, es una catástrofe. Aquí es todo lo contrario, queremos que las semillas vivan".
¿Puedes describir un poco los huertos que estáis pre- parando?
"Estamos en Moustiers-Sainte-Marie, en una zona pri- vilegiada y protegida. Rodeado por un circo de rocas, en este pequeño valle no hay otros espacios cultivados en ki- lómetros a la redonda, con una especie de microclima y con una gran fuente que crea un ambiente estupendo. De momento es un huerto muy riguroso, porque tenemos obligación de llegar a unos resultados, tiene que ser algo modélico para callar a nuestros detractores. El terreno de cultivo está en terrazas, vamos reconstruyendo sus viejos muros, muy bellos, y la tierra tiene mucho humus, porque llevaba decenios sin cultivar, de hecho todavía nos queda mucho por desbrozar. Trabajamos con tracción animal y ya tenemos dos hectáreas con decenas de cultivos: toma- tes, pimientos, guindillas, muchísimo maíz y también al- gunas selecciones de flores.
Lo más curioso es que este huerto nos lo presta el Esta- do francés, porque hoy día todos los parques naturales es- tán bajo la tutela del Estado. El hecho es que nos condi- cionan la distribución de variedades francesas pero a la vez nos prestan la tierra para continuar".
Más información www.kokopelli.asso.fr
10 • La fertilidad de la tierra fr 35
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El canto del maíz
Texto: Ken Whealy
Un proverbio dice que cuando el sabio señala con el dedo a la Luna, el necio mira el dedo. En estos tiempos que corren estremece comprobar la actualidad de este relato, certeramente oportuno a pesar de haber cumplido más de veinte años. Al releerlo, podemos quedarnos en la superficialidad de la anécdota romántica, en la descripción de una cul- tura antigua como algo pasado, o ver el futuro que nos señala tan 'sabiamente invitándonos a elegir entre dos actitudes, la de valorar y
cuidar las semillas como el tesoro que son para la Humanidad, o dejar- las en manos del aciago monopolio al que nos llevan los transgénicos
H
ace muchos años me invitaron a quedarme cuatro semanas en Third Mesa, en el país de los hopi. Estábamos en julio y hacía tres se- manas que no había llovido; las tierras se asfi- xiaban bajo el calor tórrido. Era mediodía y mi anfitrión dormía apaciblemente la siesta en el frescor de su casa de piedra. Yo no podía quedarme quieto. Cerré suavemente la puerta-mosquitera detrás de mí y me hundí en el calor de la kisnovi, la plaza del pueblo. Busqué con la mirada cualquier movimiento, pero todo estaba tan calmado co- mo si fuera medianoche. Sólo un perro se movía para no perder la escasa sombra del mediodía. El resto del pobla- do parecía respetar el ritual de la profunda siesta que Ta- wa, el Padre Sol, les imponía cotidianamente.
—Sólo los perros locos y los ingleses en el sol del medio- día— murmuré en tono somnoliento. No sabía a dónde iba mientras descendía por el borde de la meseta, por un sendero que hacía mucho tiempo había sido picado en las rocas blandas, durante los días más frescos.
Cuando llegué al fondo del cantil vi un lagarto que se deslizaba rápidamente por un camino polvoriento. En- tonces le seguí, como si esa criatura me guiara. Tras una marcha de alrededor de un cuarto de hora, el sendero se bifurcaba repentinamente hacia el norte, rodeando unas rocas desprendidas. Antes de poder ver el otro lado de las rocas oí débilmente una voz que cantaba. Reduje el paso e intenté echar una mirada. Tenía ante mí una planta- ción de maíz, la más grande que había contemplado en aquella región. Era tan grande que no parecía hopi. Aún no veía ninguna persona, el canto se hizo más claro.
Supuse que era la voz dulce y potente de un anciano.
¿Pero dónde estaba? Pasé algunos minutos aún escuchan- do aquel campo de maíz que cantaba. Y de repente, de las verdes plantas de maíz, emergió una cabeza blanca que en el borde de las hileras se movía lentamente sin dejar de cantar. Me hice repentinamente consciente de lo que mis ojos veían. Aquel campo de maíz, en plena mitad de ve- rano, era magnífico y lujuriante. Cerca, en cada planta,
Maíz d'escairar variedad procedente de Catalunya
maduraban unas doce espigas y calculé rápidamente que con bastante aproximación habría 1.200 plantas de maíz.
La tierra estaba seca y apergaminada a causa de la larga sequía, y sin embargo el maíz mostraba escasos signos de marchitez, al contrario que la mayoría de los otros cam- pos que había podido observar alrededor del pueblo.
Las quejas que había oído de los agricultores que vivían cerca de la casa donde residía, me habían hecho creer que todo el maíz perecería de sed. ;Pero este campo pare- cía recién bendecido por la lluvia!
Remonté tranquilamente el camino hacia el pueblo, sin ser visto por el anciano. Mi anfitrión se había desper-
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Salvemos la biodiversidad
Maíz de la Creu variedad procedente de Catalunya
tado y me preguntó dónde había estado. Cuando le expli- qué lo que había visto y oído, el interés que mostraba por el motivo de mis vagabundeos se transformó en una son- risa divertida.
—Veo que has encontrado el campo de Taus—, dijo emi- tiendo una risita reprimida.
—iPero, por qué ese campo está tan resplandeciente?
¡Posee una fuente de agua secreta?
El Gran Padre rió satisfecho.
—Claro que no. Pero tiene Navoti.
—¡Qué es eso?— pregunté pensando que podía existir un abono secreto accesible sólo a ciertos clanes.
—Él posee la Via Hopi—, me explicó el Gran Padre, des- pués de una pausa pensativa. —El conoce los viejos cantos que refrescan sus pläntulas de maíz. Recita sus plegarias co- rrectamente durante la siembra. Y, lo que es más importan- te de todo, sabe que no es necesario preocuparse, porque la angustia perjudica a las plantas tanto como la sequía. En lugar de angustiarse, lo que pondría nerviosas a sus peque- ñas, va hacia ellas durante el calor del día y les canta los viejos cantos que son, para sus hijas, fuente de valor.
—Pero Gran Padre, seguro que los otros hombres se dan cuenta de la diferencia de su maíz. ¡Por qué no aprenden sus canciones y las cantan a su maíz?
Mi viejo maestro Hopi suspiró.
—Eso no le serviría a nadie. Navoti no vive en las semi- llas de los otros.
Al final de aquel importante mes que pasé en la Mesa, fui en automóvil hacia el Norte, a lo largo del valle de Río Grande, para llegar a Taos, la ciudad donde residía.
Durante mi viaje por cada uno de los diecinueve Pueblos, sentí como si algo me llamara. Quizá por primera vez me di cuenta de qué poco se utilizaban los antiguos cultivos, incluso la alfalfa.
Sentí como si las semillas me llamaran. Tomé concien- cia de que la fuente de la fuerza que sentía estaba ence- rrada en los cobertizos, en las macetas, en las cajas de ca- fé y en los cubos guardados en las esquinas oscuras; estaba también en las antiguas alfombras de maíz trenzado.
Las semillas que me llamaban eran semillas antiguas, recolectadas antes de la llegada de los supermercados, an-
Maíz autóctono de Aragón, Ic llaman maíz rojo vinoso, tiene el grano rojo y el zuro blanco
tes de la llegada de los sobres de aluminio de las estante- rías de las tiendas, al principio de cada primavera.
Esas eran las semillas de las que el Gran Padre me ha- bía hablado; las que aún poseían el Navoti de eras pasa- das. Después de algunos cincuenta arios, su vitalidad esta- ba intacta. El clima seco de las altas planicies de las me- setas habían favorecido la conservación de una antigua fuerza que vivía en la época cuando los hombres canta- ban a sus plantas. Ahora esas semillas dirigían sus cantos hacia mí, con la esperanza de ser oídas antes de desvane- cerse para siempre en el olvido".
Notas
Este texto es un fragmento del libro The First Ten Years, de Ken N;Vhealy, publicado por la revista Seed Savers Exchange en 1986. Lo tradujo Dominique Guillet al francés para su catalogo de semillas Terre de Semences, empresa antecesora de la asociación Kokopelli en la recuperación de antiguas variedades hortícolas.
La fertilidad de la tierra n° 35 • 13
Moras cultivadas
Texto: Carmen Bastida Dibujos: Augusto Pérez
¿Quién no ha recogido moras en el campo? ¿o en los linderos de los huertos? Las encontrába- mos en zarzas enmarañadas y espesas como muros infranqueables, en lugares soleados. Entonces sólo pensábamos en sus dulces frutos, sabíamos que los ya maduros son los oscuros y los comí- amos allí mismo. Los más pacientes iban a recogerlas con una cesta para luego comerlas en casa o hacer mermelada ¡quién nos iba a decir que un día cultivaríamos moras en nuestro propio huerto o que las plantaríamos como seto comestible! Porque podemos aprender a gobernarlas y a obtener los mejores frutos
E
n un número anterior, al hablar de posibles setos comestibles se esbozaba la idea de incluir en ellos la zarza (y sus frutos, la zarzamora o mora), por sus propiedades. Nos han pedido detallar más y ahora lo hacemos, porque en nuestras cálidas latitudes se pueden obtener muy buenas moras, incluso recogerlas de forma mecanizada. Además, si tenemos colmenas o si queremos atraer insectos polinizadores, la flor de la zarza es un buen alimento para abejas y abejorros y tiene una floración relativamente tardía, posterior a la época de he- ladas. Según variedades florece entre finales de mayo y junio.
Para que esta enredadera no sea invasora el secreto está en guiarla y podarla sujeta a estacas o bien a un entutora- do de alambres; incluso podemos aprovechar la malla de
un cercado ya instalado o podemos cubrir con su vegeta- ción un muro soleado.
No le va muy bien el frío
A la zarza le gustan las tierras algo ácidas, pero también soporta las tierras algo calizas. Hay que plantarla en una tierra profunda, bien mullida, que no se encharque -bien drenada- y rica en humus.
Puede soportar la sequía, pero no el frío, por eso hay que elegir variedades aclimatadas al invierno europeo.
Aún así es difícil que prospere en lugares a más de 600m por encima del nivel del mar. Si en la zona donde quere- mos plantarla hay algún mes del invierno que hiela, hay que ser previsores y ponerle un buen acolchado de paja,
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En el vergel
El entutorado
Antes de plantar colocaremos en su sitio las estacas o tutores calculando dónde irá cada planta de zarza. Si sólo es una planta pondremos una estaca al pie de la misma y otra a 2,30m que servirá para atar las ramas.
Las variedades de porte erecto se pueden sujetar con dos simples estacas, o ponerlas como las rastreras, en- tutoradas con dos estacas cada 2,3m y cuatro lineas de alambre bien tensado entre estaca y estaca (ver dibu- jos). Calculemos que cada planta necesita separarse de la otra al menos 2,5m y si es una variedad rastrera al menos 3m.
Para hacernos una idea de las plantas necesarias se puede decir que para una familia media bastará con plantar 3 o 4 pies de zarza. Si queremos hacer una plan- tación con más pies pondremos una larga fila o varias filas distanciadas entre si 3,5m. Tengamos en cuenta también que la mejor orientación es la norte-sur.
Las estacas serán de un grosor de al menos 10cm de diámetro por al menos 2,50m de largo, para enterrarlas unos centímetros y dejar fuera una altura de 1,80m. La primera fila de alambre estará a 80cm sobre el suelo y los dos o tres alambres estarán distanciados entre si 30cm.
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Arriba variedad de porte erecto. Las variedades rastreras (abajo) al alcanzar mayor largura se envuelven en los alambres
de manera que si una helada fuerte quema sus hojas y al- gunas ramas, en primavera pueda volver a brotar.
Con o sin espinas
La zarza (Ruhus fruticosus L.) pertenece al género Ru- hus y a la familia de las rosáceas. Sus propiedades como planta silvestre medicinal ya se conocían hace miles de años, de hecho si queremos utilizar sus hojas para una in- fusión medicinal lo mejor es una variedad silvestre. Pero sus frutos no se aprovecharon como cultivo hasta bien entrado el siglo XIX, cuando ingleses y americanos se pu- sieron a la tarea de obtener variedades productivas como alimento y sobre todo para emplearlas en repostería. De América nos llegaron la mayoría de las variedades mejo- radas e hibridadas, algunas incluso sin espinas, que pue- den ser una alternativa a las frambuesas, más delicadas a la hora de cultivar y cuidar.
Las variedades son muy numerosas, para resumir pode- mos agrupar algunas según las características que necesi- temos o según nuestras preferencias.
Por ejemplo, según el color de sus frutos maduros: ro- jos (Loganberry); violáceos (Purple raspberries; Royalty);
rojos a negros (Loganberry sin espinas y sensible al frío;
Tayberry); negros (Thornfree). Las variedades Boysen- berry, Tayberry y Loganberry son híbridos de frambuesa y mora silvestre.
Si son o no espinosas: en general las variedades espi- nosas dan mejores frutos y mejores rendimientos, pero a
veces son tan molestas sus espinas que es preferible una variedad menos "agresiva", fácil de podar y de sujetar a una empalizada, además se van logrando cada vez más dulces. Tienen espinas las variedades Darrow, Tayberry, Theodor reimers; pueden tenerlas o no las variedades Youngberry; Boysenberry y Evergreen; no tienen espinas las variedades Thornfree (un poco ácida), Smoothstem, Géante des jardins (decorativa y muy dulce) y algunas variedades de Loganberry.
Según la flexibilidad de los tallos nos pueden interesar variedades de tallos sarmentosos (Youngberry y Tay- berry); de tallos semirígidos (Dirksen); o de tallo rígido (Darrow). Si las queremos elegir para una determinada época de maduración las hay precoces (Youngberry, Da- rrow, Black jet, Tayberry), intermedias (Boysenberry, Black Satin) y de maduración tardía (Evergreen, Géante des jardins).
Plantación
y
multiplicaciónDespués de bien mullida y drenada la tierra, aportare- mos de 5 a 6kg/m 2 de estiércol bien compostado los meses previos a la plantación. Al plantar, la tierra deberá estar libre de adventicias, en especial de enredaderas, cardos, grama, ortigas... Se planta entre octubre y mayo en cli- mas cálidos y de cara al buen tiempo si el invierno en nuestra zona es más riguroso.
Todas las plantas son autofértiles, pero así como la zar- za silvestre se va multiplicando desde la raíz, las varieda-
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17e)d-etLa recolección
tILa zarza cultivada nos dará más moras y de mayor tama- ño que una planta silvestre, unos 10kg por pie, pero tal vez un poco menos dulces. Maduran entre julio y septiembre, según variedades, y se recogen cada 2 o 3 ellas. Es impor- tante cogerlas bien maduras, para aprovechar todo su aro- ma y sabor si queremos hacer por ejemplo una mermelada, porque no se conservan mucho tiempo frescas. Pero si que- remos guardarlas congeladas no conviene cogerlas sin ma- durar bien, pero tampoco demasiado maduras, en su punto.
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Moras cultivadas
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4e. roda.:des rastreras cultivadas las multiplicaremos por acodo: en verano elegiremos un brote tierno, lo estiramos en hori- zontal y hacia la mitad lo sujetamos en tierra con un gan- cho metálico o de madera, y echamos tierra encima de manera que la rama quede enterrada en ese tramo. En la primavera, ya enraizado, cortaremos la parte más próxima a la planta madre y sacaremos en cepellón —con raíces y tierra— la planta nueva.
Las variedades cultivadas de porte erecto podemos multiplicarlas arrancando en primavera brotes laterales con raicillas y tierra y trasplantándolos a continuación.
Diferentes podas según su porte
La planta emite unos largos tallos que pueden ser erec- tos o rastreros, según la variedad. Si son variedades erec- tas al final del invierno cortaremos al ras los brotes que nos parezcan excesivos y dejaremos crecer sólo 8 brotes por planta. Los sujetaremos para que crezcan en diagonal, y los recortaremos por debajo del último alambre o de la altura del vallado (ver dibujo), dejando espacio para suje- tar por encima los nuevos brotes que crezcan ese ario. Al ario siguiente podaremos a ras de tierra los brotes secos y los leñosos que ya han fructificado y recortaremos los ta- llos del ario y así sucesivamente.
Las variedades rastreras, más vigorosas, se podan dos veces al ario para que no se transformen en una maraña impenetrable. Estas podas se entienden bien si observa- mos el comportamiento y fructificación de la planta, que fructifica en las ramas que tienen dos arios y después de dar fruto se secan.
Los tallos jóvenes que nacieron el ario anterior son los tallos fructíferos de este ario. A finales del invierno (mar- zo, o cuando ya no hay heladas), los ataremos a los alam- bres del entutorado después de haber cortado a ras de tie- rra los tallos que ya fructificaron, ya secos, y los que nos
parezcan excesivos o estén débiles. A esos tallos que aca- bamos de atar, les cortaremos las ramas laterales por enci- ma de la segunda yema bien formada, porque es en esas ramas que van a crecer durante las primaveras, donde van a desarrollar los racimos de flores que luego serán los frutos. Cortaremos también las ramas excesivamente lar- gas. Se dejará después que desarrollen —según las varieda- des— de 4 a 6 tallos de los que broten esa primavera y los ataremos a los alambres que han quedado libres.
En verano se hace una segunda poda, para controlar un poco la vegetación. Consiste en recortar a lo largo y a los lados las tallos de un ario, dejándoles en esas ramas late- rales de 2 a 4 yemas de donde al año siguiente crecerán racimos vigorosos.
Además de lo ya indicado, la planta requiere pocos cui- dados. Al comienzo de primavera aportaremos al pie una capa de un dedo de grosor de compost bien descompues- to, y volveremos a acolchar con paja.
Si aparece un problema no asustarse, hay solución. En casos de antracnosis (los hongos se muestran como man- chas rojizas en hojas y tallos y la planta se seca) cortar y quemar las partes afectadas y aplicar caldo bordelés al fi- nal del invierno. El compost se pondrá bajo el empajado, sin enterrarlo, y mantendremos la tierra fresca pero nun- ca encharcada ni demasiado húmeda. Si se produce botri- tis (los frutos se pudren antes de madurar), recoger todos los frutos afectados y tratar con decocciones de cola de caballo (hervir 50g de planta seca en 5 litros de agua du- rante 1 hora, dejar en infusión una noche y filtrar, pulve- rizar diluida al 20%). Como preventivo espolvorear con lithotamne, pero sobre todo cuidar de que las plantas es- tén bien aireadas y bien drenadas..
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Seipasa es miembro de AFIAE (Asociación de Fabricantes de insumos para Agricultura Ecológica) y de AEFA (Asociación Española de Fabricantes de Agronutnentes) La mayoria de los productos Seipasa están acreditados por CAAE como insumo para la agricultura ecológica (Empresa n 131IN/0015/04) y por CERES (Certificabon of Environmenta( Stands GmbH) como orgánico (ri`' 2577) Seipasa colabora con SIGFITO Seipasa mejor empresa de producción de insumos en los premios Alimentación Ecológica y Biodlyersidad 2007 otorgados por el Ministerio de Medio Ambiente.
Nuestras dehesa.s
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y.
Texto: Vicente Rodríguez Estévez y Clemente Mata Moreno Fotografías: Vicente Rodríguez
La dehesa es uno de los ecosistemas más singulares de la Península Ibérica y de Europa. Es fruto de un sistema de aprovechamiento agrosilvopastoral, en el que el ganado no excluye a la fauna silvestre y donde el respeto y buen hacer supo equilibrar productividad y estabilidad. De algu- na forma habrá que agradecer a estas esforzadas comunidades de pastores la labor que hacen para todos. Estudiar y conocer este manejo tradicional de los pastos, el ganado y los árboles, comprender que la biodiversidad que genera es nuestro mayor tesoro, será vital para no malo- grarla en unos pocos años
A
quienes no han visto nunca una dehesa se la podríamos describir como un monte hueco, un bosque aclarado o abierto, un pastizal o prado arbolado, una sabana o un parque don- de encontramos dos estratos vegetales claramente dife- renciados: los árboles y la hierba.
La Sociedad Española para el Estudio de los Pastos (SEEP) define la dehesa como una "superficie con árbo- les más o menos dispersos y un estrato herbáceo bien de- sarrollado, en la que ha sido eliminado, en gran parte, el arbustivo; con un origen agrícola (tierras labradas en ro- taciones largas) y ganadero; su producción principal es la ganadería extensiva o semiextensiva, que suele aprove- char no sólo los pastos herbáceos, sino también el ramón y los frutos del arbolado". Esta definición zanja la distin- ción entre dehesa arbolada y dehesa desarbolada: la dehesa es arbolada. Cuando no hay árboles debe hablarse de pas- tizal.
En lo que respecta al tipo de ganadería, hay que discre- par con la SEEP. Si hablamos de dehesa, hablamos de
sostenibilidad y por tanto de ganadería extensiva; lo que implica una alimentación basada en el pastoreo, mante- niendo un equilibrio que garantice la renovación estacio- nal de los recursos. El término ganadería semiextensiva es un eufemismo para una ganadería que en su otra faceta es semiintensiva, y por tanto no sostenible.
Los árboles de la dehesa
Según los árboles que crecen en ella, en España, pode- mos encontrar distintos tipos de dehesas: de encinas en Extremadura; de robles melojos en el Sistema Central; de fresnos en Segovia (fresnedas); de manzanos en Asturias (pomaradas); de alcornoques y acebuches en Cádiz; de encinas y pino piñonero en Huelva; de pino silvestre en Guadalajara; de almendros en Granada; de algarrobos en Murcia; de higueras en Mallorca; de olivos en Córdoba;
de castaños en Galicia; de sabina albar en Cuenca, etc.
Pero son, sin duda alguna, las dehesas de Quercus (funda- mentalmente las de encinas y alcornoques) las predomi-
18 • La fertilidad de la tierra n° 35
El origen de la dehesa
La etimologia de la palabra dehesa (en latín tardío, de- fesso) corresponde a una reserva o acotado de pastos, que se cercaba y defendía para el uso de un propietario. La pri- mera referencia escrita del vocablo defesso data del año 924. En la Edad Media este término se referia a los inver- naderos o extremos (Extremadura y los valles de Alcudia y del Guadalquivir) en los que pasaban todo el invierno los ganados trashumantes. Tras la Reconquista y con la Mesta fue, sin duda, cuando se expandió la estructura fisonómica de la dehesa como paisaje agrario. Sin embargo, existen referencias previas respecto al acotamiento de fincas en la leyes visigodas, denominado como pratum defensum. Más aún, el hispano-romano Columela describe el sistema de explotación del cerdo ibérico que ha llegado a nuestros di- as, basado en el engorde con bellotas (para lo cual eran necesarias las dehesas).
Los análisis palinológicos de los yacimientos neolíticos de Los Barruecos de Malpartida y del Cerro de la Horca de Plasenzuela (Cáceres) indican que desde hace 6.000 años la intervención humana sobre el bosque mediterráneo ha dado lugar a la formación de un paisaje similar a la dehesa
actual.
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Agroforestal
nantes, con casi 3,5 — 4 millones de hectáreas, ocupando gran parte del suroeste de la Península Ibérica, desde Sa- lamanca al norte, hasta Cádiz y Málaga por el sur, inclu- yendo el Algarbe y el Alentejo en Portugal (donde las dehesas se llaman montados). El área potencial de la de- hesa originalmente era de 9,5 millones de hectáreas, pero desgraciadamente ha quedado relegada a las zonas menos productivas agrícolamente y a aquellas en las que sus pro- pietarios (ganaderos) se preocuparon por su conservación y mantenimiento.
Pero ¡cuál es la densidad de árboles de una dehesa?, la mayoría de los expertos coinciden en decir que tiene en- tre 20 y 50 pies adultos por hectárea. Con menos de 20 pies se tiende a hablar de dehesa fósil o dehesa perdida, aunque la malograda Norma de Calidad del Cerdo Ibéri- co haya situado el límite de una dehesa en 10 árboles por hectárea (tristes dehesas éstas).
La encina respetada
La encina (Quercus ilex), llamada también carrasco, ca- rrasca, chaparro, alsina o alzina es una planta panacea y el :árbol más importante en la cultura del suroeste ibérico.
De ella se ha aprovechado todo: leña, raíz, corteza, hojas, ramas y frutos. En otro tiempo el valor de una finca se va- loraba en función de sus encinas, incluso se distinguía en- tre la propiedad del suelo y la del vuelo (la de los árboles) y se podía empeñar el vuelo como garantía de préstamo.
Acompañando a la encina se encuentran el alcornoque (Q. subir) y el quejigo (Q. faginea). El alcornoque ade-
Los pastores o porqueros sembraban las bellotas más dulces, una práctica secular de la que nos beneficiamos hoy
más produce corcho y, aunque sus bellotas son de peor calidad, ofrece su cosecha en tres oleadas: las bellotas pri- merizas, brevales o sanmiguelerias, que maduran en sep- tiembre-octubre, en poca cantidad, pero muy grandes; las segunderas, medianas o martinencas, que suponen la mayor cosecha, de noviembre a diciembre, con bellotas de ta- maño medio; y las tardías o palomeras que caen hacia fina- les de enero. El quejigo tiene menos cantidad y las peores bellotas, pero éstas son más tempranas que las de encina.
De acuerdo con su fenología, la presencia de las tres quer-
Sin caer en el monocultivo supieron combinar un aprovechamiento de pastos, leña, bellotas y crear un paisaje
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