DOMINGO III DE CUARESMA-A
19 de Marzo de 2017
MONICIÓN DE ENTRADA
Seguimos avanzando en nuestra preparación para la Pascua.
En este tercer domingo de la Cuaresma, la Palabra de Dios nos sale al paso de una duda que se nos presenta con frecuencia: somos pocos, poca gente joven, hay escasas vocaciones a la vida sacerdotal y consagrada… ¿Qué pasa? ¿Es que Dios se ha olvidado de nosotros? ¿Nos ha vuelto la espalda?
¡Pues no! ¡Para nada!: hoy nos dice que seguimos siendo su “Pueblo Escogido” y que, de la misma manera que antiguamente calmó su sed en el desierto, ahora nos da a Jesús, su Hijo, “Manantial de Agua Viva”. Nos pide que no nos angustiemos y que nos centremos solo en saciarnos de él. Él, nos da la fuerza para continuar la tarea de anunciar, con nuestra vida, su salvación.
Y hoy, día del seminario, le pedimos al Señor, con insistencia, que nos dé abundantes y santos sacerdotes que sigan acompañándonos en nuestro caminar hacia él.
Canto:
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
La gracia y el amor de Jesucristo, que nos llama a la conversión, estén con todos vosotros…
MOMENTO PENITENCIAL
Nos preparamos para esta celebración pidiendo perdón de nuestros pecados y confiando en la protección de la Virgen, de los ángeles y de los santos. (Breve silencio)
Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante vosotros, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión: Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Por eso ruego a santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.
Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
ORACIÓN COLECTA
Señor, Padre de misericordia y origen de todo bien, que aceptas el ayuno, la oración y la limosna como remedio de nuestros pecados, mira con amor a tu pueblo penitente y restaura con tu misericordia a los que estamos hundidos bajo el peso de nuestras culpas. Por nuestro Señor Jesucristo. Por nuestro Señor Jesucristo.
LITURGIA DE LAPALABRA
Primera Lectura
Lectura del libro del Éxodo (17,3-7):
En aquellos días, el pueblo, torturado por la sed, murmuró contra Moisés: «¿Nos has hecho salir de Egipto para hacernos morir de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?»
Clamó Moisés al Señor y dijo: «¿Qué puedo hacer con este pueblo? Poco falta para que me apedreen.»
Respondió el Señor a Moisés. «Preséntate al pueblo llevando contigo algunos de los ancianos de Israel; lleva también en tu mano el cayado con que golpeaste el río, y vete, que allí estaré yo ante ti, sobre la peña, en Horeb; golpearás la peña, y saldrá de ella agua para que beba el pueblo.»
Moisés lo hizo así a la vista de los ancianos de Israel. Y puso por nombre a aquel lugar Masá y Meribá, por la reyerta de los hijos Israel y porque habían tentado al Señor, diciendo: «¿Está o no está el Señor en medio de nosotros?» Palabra de Dios
Salmo responsorial Sal 94,1-2.6-7.8-9
R/. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón.» Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva; entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos. R/. R/. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón.»
Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro. Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía. R/. R/. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón.»
Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá, como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.» R/. R/. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón.»
Segunda lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (5,1-2.5-8):
Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por él hemos obtenido con la fe el acceso a esta gracia en que estamos: y nos gloriamos, apoyados en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios. Y la
esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado. En efecto, cuando nosotros todavía
estábamos sin fuerza, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; en verdad, apenas habrá quien muera por un justo; por un hombre de bien tal vez se atrevería uno a morir; mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros. Palabra de Dios
Canto al Evangelio (Sin Aleluya)
Lectura del santo evangelio según san Juan (4,5-42):
En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía.
Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice: «Dame de beber.» Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida.
La samaritana le dice: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.
Jesús le contestó: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva.»
La mujer le dice: «Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?»
Jesús le contestó: «El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.»
La mujer le dice: «Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla. Veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén.»
Jesús le dice: «Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis;
nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos.
Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad.»
La mujer le dice: «Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo.» Jesús le dice: «Soy yo, el que habla contigo.»
En aquel pueblo muchos creyeron en él. Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo.» Palabra del Señor
La reflexión se puede tomar del botón Reflexión Dominical o Mensaje del Señor Obispo.
Credo de los Apóstoles
Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.
ORACIÓN UNIVERSAL:
Como en el desierto, Dios está siempre dispuesto a proveernos en nuestras necesidades. Llevemos ahora ante él nuestra oración de petición.
1.- Por el Papa Francisco en el cuarto aniversario de su elección: para que el Señor le siga llenando de gracia en su servicio a la Iglesia Universal. ROGUEMOS AL SEÑOR 2.- Por todos los que formamos la Iglesia: para que centremos nuestra atención en la persona de Jesús, manantial de agua viva para todos los que le buscan. ROGUEMOS AL SEÑOR
3.- Por los padres de familia: para que sean siempre fieles, amantes y respetuosos esposos. Atentos, cariñosos y modelos de vida para sus hijos. ROGUEMOS AL SEÑOR
4.- Por los seminaristas, por sus formadores y por todos los que participan en su preparación: para que les ayuden a ser sacerdotes cercanos que nos acerquen a Dios. ROGUEMOS AL SEÑOR
5.- Por nuestra Comunidad Parroquial: para que seamos conscientes de nuestras faltas de fidelidad al Señor y a nuestros hermanos y para que, a través del Sacramento de la Reconciliación, reconduzcamos nuestra vida. ROGUEMOS AL SEÑOR
Estás viendo, Señor, cómo tu pueblo se prepara para celebrar tu Pascua; asístele con tu Espíritu para que renueve su compromiso de fe y aumente en él la esperanza de la vida eterna. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
RITO DE COMUNIÓN.
Con Jesús, nuestro Señor, pidamos a nuestro Padre del cielo que podamos resistir la prueba de todas las tentaciones. Padre nuestro, que estás en el cielo…
CORDERO DE DIOS
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz.
En este momento se Distribuye la Sagrada Comunión, que anteriormente estaba preparada en un lugar especial (Un pequeño altar que denote lo sagrado que contiene, adornado en lo posible con una luz de un cirio)
ORACIÓN FINAL
Hoy, día del Seminario, al final de la celebración, antes de la despedida, el que preside puede leer en voz alta la siguiente oración:
Dios Padre, que con el ejemplo de tu Hijo nos enseñas que no hay verdadero amor sin la entrega generosa de la propia vida, ayuda a aquellos que se preparan en nuestros seminarios a ser pastores según tu corazón, cercanos a ti, y cercanos a los hombres nuestros hermanos.
Que sean en medio de nuestra sociedad tus ojos y tus manos, para ver, curar y acompañar a tantos que quedan heridos en el camino.
Que no falten en tu Iglesia jóvenes dispuestos a servirte según tu voluntad, que con su vida y su palabra muestren a los demás tu amor misericordioso.
María, Madre de Dios y Madre nuestra, que estuviste con Jesucristo al comienzo de su vida y su misión, concédenos que numerosos jóvenes acojan la llamada de tu Hijo con la docilidad y la humildad con la que tú la recibiste.
Haz que respondan con un “Si” fiel y perseverante y acompáñales con tu protección de Madre en el Seminario y en el ministerio sacerdotal. Amén.
Se termina con la consagración a la Virgen (Ave María)
Que Dios nos bendiga en el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amen. 9