HUMBERTO MEDEROS MARTÍN
PROCEDIMIENTOS DE COHESIÓN EN EL ESPAÑOL ACTUAL
Santa Cruz de Tenerife, 1988 (Publicado por la Universidad de Sta. Cruz de Tenerife)
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1. INTRODUCCIÓN
1.2 E
LCONCEPTODECOHESIÓN[...] Beaugrande y Dressler (1981) ven en la cohesión el primero de los siete5 principios o normas que ha de
satisfacer todo texto, entendido como un acontecimiento comunicativo. La cohesión tiene que ver con la manera como se conectan los componentes del «texto superficial», es decir, las palabras que se oyen o ven. La cohesión se lleva a cabo mediante formas y convenciones gramaticales. Todo aquello que contribuya a marcar las relaciones entre los componentes superficiales cae dentro de la noción de cohesión. Las secuencias cortas se organizan de acuerdo con las estructuras sintácticas de unidades como la frase, la cláusula y la oración. Para las secuencias mayores, la lengua dispone de procedimientos que permiten volver a usar, modificar o reducir estructuras y patrones: la recurrencia, repetición de elementos o esquemas; la recurrencia parcial, poliptoton (llegar – llegada); el paralelismo, repetición de la misma estructura con distintos componentes; la paráfrasis, repetición del mismo contenido mediante expresión distinta; las proformas, remplazamientos
5 Los otros patrones de textualidad son la coherencia, la especial configuración de conceptos y relaciones que subyacen al texto
superficial: la intencionalidad, qué propósito se desea transmitir mediante la cohesión y la coherencia; la aceptabilidad, en qué medida y en qué sentido es relevante para el receptor lo que se comunica; la informatividad, qué incertidumbres se desvanecen; la situacionalidad, qué factores promueven la relevancia de un texto en una determinada situación; la intertextualidad, en qué medida el texto depende del conocimiento de otros previos (Beaugrande y Dressler 1981 : cap. l).
15 de elementos portadores de contenido por formas breves de escaso contenido; la elipsis, repetición de una estructura y de su contenido pero omitiendo alguna expresión; la junción, el tiempo el aspecto, marcas superficiales de relaciones entre acontecimientos o situaciones que se dan en el mundo textual; la perspectiva oracional funcional, configuración de la estructura de acuerdo con las categorías de lo nuevo y lo viejo; y la entonación en los textos orales, que también puede marcar las categorías anteriores (Beaugrande y Dressler 1081 : 49).
Estos dos lingüistas sustentan una noción de cohesión más amplia que la de Halliday-Hasan (1976) y difieren en el enfoque. Mientras que Halliday-Hasan (de aquí en adelante HH) adoptan el típico enfoque del lingüista, en el que se clasifican los recursos y se enuncian los principios que los regulan, de una forma que podríamos llamar «estática», Beaugrande y Dressler adoptan un enfoque «dinámico» («procedural approach»). En este enfoque se pretende salvar el vado que tradicionalmente se ha establecido entre las reglas de la gramática y los procedimientos que realmente usan los hablantes para emitir y entender textos6. Las reglas se ven como
procedimientos de que se vale el usuario para alcanzar un objetivo. En este tipo de enfoque se saca el máximo partido de las aportaciones de los psicolingüistas.
Difieren todos los usos mencionados del que al término atribuye Halliday (1964 a, b) y que aplicará Hasan (1968), y luego ambos conjuntamente (HH 1976). En HH la cohesión es una relación semántica que se establece entre elementos de un texto y constituye uno de los factores que tiene en cuenta el hablante enfrentado con una sucesión de oraciones para decidir si se trata de un texto o de una colección accidental. Entre los procedimientos están todas las variedades de la anáfora y la reiteración léxica. El término designa, en la práctica, relaciones extraoracionales.
El término «cohesión», en sentido hallidayano, mantiene una leve ambigüedad. Puede referirse a una potencialidad del sistema lingüístico, a un conjunto de recursos por los que se traban las oraciones en un texto, o puede referirse al conjunto de las relaciones cohesivas que se dan en un fragmento particular de la lengua. Para referirse a un caso de cohesión se usa el término «lazo», imagen conforme con la antigua visión del discurso como una secuencia de ataduras («sýndesmoi»). Un lazo es una relación que se establece entre dos términos presentes en el texto. Todo texto puede analizarse atendiendo al número y naturaleza de sus lazos. Las características cohesivas que
6Un intento, dentro del generativismo heterodoxo, por construir una gramática cuyas reglas se identifiquen con las estrategias de
producción y de recepción. principalmente de esta última, es la gramática cognoscitiva de Lakoff y Thompson (1975a. 1975b). Una exposición de estas ideas con aplicación al español puede verse en Sánchez de Zavala (1978). La distinción entre conocimiento procesual («procedural») y declarativo es frecuente entre psicólogos cognoscitivistas, como indica Hudson (1984: 2).
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muestre un texto pueden tener interés para su consideración estilística y genérica. Los distintos tipos de lazos pueden verse en los siguientes ejemplos:
(3) a. ¿Me puedes dejar mil pesetas? Mañana te las doy.
b. No te molestes en decirle que pinte la puerta. No piensa hacerlo. c. ¿Por qué no la acompañas? –No sé si podré.
d. Descansaron un cuarto de hora. Luego siguieron corriendo.
c. El taxi que nos trajo se averió en el trayecto. El automóvil era muy viejo.
En (3a) se establece un lazo cohesivo entre el pronombre átono las y mil pesetas. Están conectados formalmente por la concordancia de género y número. La presencia de las o de cualquier otro de los llamados «pronombres» personales de tercera persona en un texto es como una señal para que el receptor recupere en «otro lugar» –texto o situación– la información necesaria para interpretarlo correctamente. Sólo si tal información la proporciona el texto, estamos ante un lazo cohesivo, es decir, ante un caso de cohesión.
En (3b) hallamos también una relación anafórica entre hacerlo, que actúa de término anafórico y el lexema7
pintar junto con su complemento. Sólo si disponemos de información textual, podremos descifrar correctamente la expresión hacerlo.
El siguiente ejemplo difiere ligeramente de los dos anteriores porque uno de los términos es el segmento Ø. Estamos ante un caso considerado tradicionalmente de elipsis. Para poder interpretar la respuesta es preciso recuperar información proporcionada anteriormente. En este caso concreto se ha de recuperar la información transmitida por el lexema acompañar y su complemento. La elipsis es también un caso de anáfora: aquél en que el término anafórico es nulo.
Podemos, pues, agrupar los lazos cohesivos que se dan en los tres primeros ejemplos bajo la denominación de «anáfora». En ella podemos distinguir, por un lado, la anáfora de proforma. o proformal, que se da en (3a, b), y, por otro lado, la anáfora nula o elipsis. [...] HH...distinguen entre la «referencia» y la «sustitución». [...] tal distinción no está exenta de dificultades.
En (3d) estamos ante un caso de «conexión». El adverbio luego actúa como conector de dos
7Usamos el término «lexema» para referirnos a la palabra en tanto que unidad léxica, entidad más abstracta que las formas de
palabra. Para citar el lexema se suele escoger una de sus formas. Un lexema verbal se cita mediante el infinitivo; en latín, en cambio, mediante la primera persona singular del presente de indicativo.
17 oraciones. La proposición8 expresada por la segunda oración ha de entenderse en relación con la expresada por
la oración precedente. Están en juego en la conexión proposiciones enteras y no elementos aislados. La relación semántica marcada por luego en (3d) es una relación temporal: el orden secuencial del decurso refleja icónicamente el orden cronológico de los acontecimientos.
Por último, en (3e) nos enfrentamos con un ejemplo en el que junto a un lazo anafórico puesto de manifiesto por el uso del artículo definido, se da un lazo cohesivo de carácter léxico entre «taxi» y «automóvil». Ambas piezas léxicas están relacionadas por hiperonimia: uno de los términos implica al otro, pero no lo contrario Así, tenemos que taxi implica automóvil, pero no lo contrario. Son muy frecuentes en la anáfora de la frase nominal definida los casos de «reiteración» léxica, es decir, la presencia de lexemas nucleares de significado afín.
1.3. E
LCARÁCTERSEMÁNTICO DELACOHESIÓNLas relaciones cohesivas que pueden darse en un discurso se diferencian tajantemente de las relaciones fónicas, sean segmentales o suprasegmentales, que pueden estar presentes en ese mismo discurso. Es en este sentido negativo en el que decimos que la cohesión es una relación semántica: afecta básicamente a la interpretación9 del texto. Una secuencia X (incluida la secuencia cero) está
8 El uso del término «proposición» de procedencia filosófica [...] ha adquirido carta de naturaleza en gramática y semántica (Lyons
1977: cap. 6) para designar aproximadamente lo mismo que significado oracional. Un manual escolar (Hurford y Heasley 1983: 19) da la siguiente definición: «Una proposicIon es aquella parte del significado del enunciado de una oración que describe algún estado de cosas». En la teoría semántica de las condiciones de verdad es una noción básica (Kempson 1977: 36). El término «proposición» se usa a veces entre gramáticos españoles para referirse a una oración constituyente de otra oración. Para evitar confusiones y normalizar la terminologia española con la más consolidada en lingüística, usaremos en este caso el término «cláusula», que aparece en expresiones como «cláusula absoluta» o «cláusula relativa» (Fernández 1951: 341, n. 2: 342) Para un uso más específico del término, consúltese (Rojo 1978).
9 Es indudable que «interpretar», «interpretación» son términos equívocos. [...] Interpretar una sarta de elementos de una lengua es
asignarle un determinado significado, de entre los previstos en el léxico ideal de dicha lengua. Las reglas sintácticas y léxicas se consideran en la gramática generativa independientes de los procesos psíquicos de emisión y recepción. La «interpretación» de que se habla en la gramática generativa no es la «interpretación» que en un determinado acontecimiento comunicativo lleva a cabo un oyente. Es indudable que aquí el significado resultante, la «interpretación» –en otro sentido del término– que proyecte el oyente depende de muchos factores, entre los que se encuentra la interpretación en sentido lógico, ya que forma parte de la competencia gramatical. La interpretación en sentido global es el verdadero objetivo de una teoría pragmática del discurso (Green y Morgan 1981: 168). La interpretación, en este sentido, de
un texto implica, según estos autores no solo el conocimiento de la lengua, sino también el conocimiento necesario para el uso de la lengua. Este último ha de incluir, por lo menos: (a) las propiedades de uso de las expresiones que no pueden predecirse de sus significados literales (Morgan 1978); (b) el conocimiento de las convenciones conversatorias y literarias; y (c) el conocimiento enciclopédico del mundo: el conocimiento de los individuos y de las clases, las consecuencias de los acontecimientos, el conocimiento de la naturaleza humana y de sus más frecuentes motivos. Se incluye también la capacidad para realizar inferencias a partir de las conjunciones de estos distintos tipos de hechos. [...]
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enlazada cohesivamente con una secuencia Y si en la interpretación de X interviene la interpretación de Y. Para dotar de significado a X hemos de tener en cuenta Y. En este sentido decimos que «X presupone10 Y» (HH 1976:
4). No es fácil ir más allá de una definición casi intuitiva de la cohesión. Los fenómenos que recubre muestran numerosas propiedades individuales. De todas las especies de la cohesión es, sin duda, la anafórica la que puede exhibirse como prototipo. En la conexión, por ejemplo, la oración en que aparece el conector no necesita de la oración con que enlaza para interpretar ninguno de sus constituyentes. Es más bien toda la oración la que cobra un nuevo sentido al integrarse en un marco más amplio: ser miembro de una enumeración, ser una consecuencia, una recapitulación, una explicación, etc. Quedan fuera de la cohesión aquellas relaciones basadas exclusivamente en la forma como pueden ser paralelismos sintácticos, similicadencias, metro, rima, isotopías de expresión (Martínez 1975: 435 y ss.), etc. Al hablar de la cohesión como de una relación semántica, entendemos la semántica en un sentido amplio que no supone un deslinde nítido con la pragmática.11Los recursos
cohesivos pueden ser fonológicos, gramaticales y léxicos. Es indudable que por medio de determinados esquemas tonales pueden expresarse ciertos contrastes semánticos entre oraciones, aunque hemos de reconocer una amplia laguna en el conocimiento de este problema. En nuestro estudio no entraremos en la descripción de los recursos fonológicos de la cohesión, pero quede constancia de su interés, que no pasó inadvertido al fonetista y gramático
10Difiere este sentido de otros, que tanto filósofos como lingüistas han dado a los términos «presuponer» y «presuposición» (Lyons
1977: cap. 14; Levinson 1983: cap. 4).
11 Tal como hace Lyons (1977, 1981a, 1981b). Los generativistas chomskyanos establecen un cierto paralelismo entre las dicotomías
semántica – pragmática, oración – enunciado y competencia – actuación. Se suele entender la pragmática, en términos generales, como «el estudio del significado en relación con las situaciones de habla». (Leech 1983: 6). Una amplia discusión sobre los límites de la pragmática puede verse en Levinson (1983: cap.1)
19 Gili Gaya. Pionero de los estudios cohesivos del español: «Pero dejando a un lado las circunstancias emotivas claro es que las cadencias de intervalo o las agrupaciones repetidas de un mismo tipo de entonación entre oraciones distintas, pueden señalar una relación de semejanza o de contraste entre ellas, aunque no lleven otro signo gramatical que exprese dicha relación» (1961: 330). Y más adelante añade: «Tanto dentro de la oración como fuera de ella, la marcha de las curvas de entonación es el signo más constante de las relaciones sintácticas» (1961 : 330).
La anáfora se lleva a cabo mediante procedimientos típicamente gramaticales: uso de proformas, de concordancias de género y número, ausencia de ciertos elementos indispensables para la integridad gramatical, como ocurre en la elipsis. La conexión hace uso de conjunciones, de locuciones conjuntivas, de adverbios simples o compuestos y de expresiones de función adverbial. Es un tipo de cohesión que está a caballo entre la gramática y el léxico.
1.4. L
ASRELACIONESEXTRAEINTRAORACIONALESLa gramática, desde sus inicios, ha ideado una serie de conceptos para dar cuenta de las relaciones que se dan entre los componentes de la oración. Dejando a un lado la estructura lineal de toda señal lingüística, se ha prestado especial atención a dos tipos de relaciones: las de constitución y las de dependencia.12Las relaciones de constitución
organizan la estructura jerárquica.13 El análisis en constituyentes inmediatos desarrollado dentro de la tradición
12 El origen del análisis en constituyentes inmediatos parece hallarse en el psicólogo y filósofo alemán W. Wundt, que influyó en An
Introduction to the Study of Language (1914) de Bloomfield (Percival 1976). Sería muy larga la nómina de cultivadores de un enfoque
basado en las dependencias. Dejando a un lado la gramática tradicional, recordemos a Jespersen, Tesnière, Hjemslev, Martinet y Alarcos. Una propuesta híbrida, dentro del transformacionalismo, fue Robinson (1970). En el marco de la teoría de la valencia, destacan las aportaciones de lingüistas alemanes. Entre otros, Heringer (1970), Helbig (1971), Helbig y Schenkel (1973), Vater (1975). Werner (1975), Fink (1977), Wotjak (1976. 1979). En otros ámbitos ha surgido también el interés por este tipo de enfoque: Anderson (1971), Dahl (1980). Herbst et al. (1980), Matthews (1981), Hieteranta (1981), Allerton (1982). Atkinson et al. (1982), Hudson (1976), 1980ª, 1980b, 1981, 1984), Hays (1964).
13 Las reglas de estructura de frase suelen especificar dos tipos de relaciones: las propiamente jerárquicas, que son las de dominación
y las relaciones de precedencia lineal. Se ha ideado un procedimiento para mantener separados ambos aspectos en una gramática de estructura de frase (Gazdar y Pullum 1981). No hay necesidad de dos tipos distintos de gramática ante la evidencia de lenguas que
permiten cualquier orden de constituyentes frente a otras con orden relativamente fijo. En los años recientes, a partir principalmente de los estudios sobre ciertas lenguas australianas, realizados por Hale (1981), este lingüista ha sugerido que hay lenguas que no pueden describirse por una gramática del tipo de la de Aspectos, con reglas de base ordenadas y
con transformaciones. Habría que establecer dos tipos de gramáticas: una para las lenguas no «configuracionales», y otra para las «configuracionales». Chomsky (1981) y Bresnan han aceptado tal idea, a pesar de la provisionalidad con que el propio Hale ha
expuesto su hipótesis. Pullum (1982) presenta una alternativa prometedora. 20
bloomfieldiana y luego formalizado como gramática de estructura de frase, fue ideado para describir la estructura compositiva de las oraciones. Las relaciones de dependencia, en cambio, se observan entre los elementos terminales de la oración. Un análisis que se lleve a cabo valiéndose de términos como «regente» y «regido», «núcleo» y «adyacente» y otros similares, pondrá de manifiesto las dependencias entre unidades mínimas gramaticales. El análisis basado en dependencias tiene una larga historia: en la gramática medieval el verbo se tenía como el centro de la oración (Robins 1979: 203), idea remozada vigorosamente en nuestro siglo por Tesnière (1966). Se ha sumado a este realce de la centralidad del verbo la aparición de un conjunto de corrientes, entre las cuales sobresale la semántica generativa, que ha tomado como modelo de la estructura y el contenido oracional la configuración de la proposición en un predicado y uno o más argumentos, tal como es usual en el cálculo de predicados. La idea ha terminado confluyendo con la otra tendencia en los análisis lingüísticos más recientes14. Pues bien, las relaciones cohesivas no se pueden reducir a ninguno de estos dos
tipos sino que constituyen algo distinto. Las relaciones de constitución y de dependencia son básicamente sintácticas, la cohesión, en cambio, básicamente semántica. La gramática tradicional la ha reconocido en alguna de sus manifestaciones, bajo la denominación de «anáfora», cuyo paradigma es la relación entre el relativo y su antecedente. Digamos, de paso, que el término griego «anaféro» está estrechamente conectado con los latinos «refero» y «relativus». A propósito de la anáfora, afirma categóricamente Tesniére: «L'anaphore est une connexion sémantique supplémentaire a laquelle ne correspond aucune connexion structurale» (1966:85). En el ejemplo que propone, equivalente al siguiente:
(4) Alfredo ama a su padre
se señala que su está en conexión semántica con padre, palabra de la que depende estructuralmente, y también con la palabra Alfredo, con la que no contrae ninguna relación estructural.
Es indudable que las relaciones estructurales que se establecen entre los constituyentes de la oración contribuyen eficazmente a su unidad. En este sentido podemos decir que los constituyentes oracionales están trabados cohesivamente, empleando el término «cohesión» en el sentido de Haas. HH usan el término en este sentido cuando afi rman que «Todas las unidades gramaticales
14Destacan, dentro de una sintaxis semántica los trabajos ya clásicos de Fillmore (1968), Chafe (1970) y M. Cawley (1970).
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–oraciones, cláusulas, grupos, palabras– son internamente cohesivas por el mero hecho de estar estructuradas»15
(HH 1976: 7).
Aunque muchos mensajes están constituidos por una sola oración, lo normal es que consten de varias. Las relaciones que aparecen entre las oraciones de la secuencia que forma el discurso no pueden explicarse en términos de dependencias ni de estructura de constituyentes. Siguiendo la sugerencia de HH (1976: 77), usaremos el término «cohesión» para referirnos especialmente a estas relaciones no estructurales que se dan entre oraciones. No obstante, al ser las relaciones cohesivas independientes de la estructura, pueden darse dentro de los límites oracionales. En este caso pasan más inadvertidas ya que su papel en la trabazón oracional queda debilitado por la fuerza cohesiva de la estructura gramatical (HH 1976: 8).
En ciertos casos la oración adquiere relevancia especial para la cohesión. Si dentro de una oración se reitera una entidad, la segunda mención puede estar regulada por ciertos principios16. Por ejemplo, no podemos decir (5
a) sino (5b), suponiendo que nos refiramos al mismo niño: (5) a. Vi al niño y dije al niño que yo tenía la pelota del niño.
b. Vi al niño y le dije que tenía su pelota.
Sucede esto, sobre todo, cuando el término anafórico es un pronombre. La cohesión que se expresa mediante otras proformas y la elipsis es insensible, en gran medida, a la estructura oracional. La conexión, por su parte, adopta formas especiales cuando se desenvuelve dentro de una oración. Véase el diferente modo de expresar la misma conexión:
(6) a. Estás resfriado. Es preferible, por tanto, que te quedes en casa. b. Como estás resfriado, es preferible que te quedes en casa.
En (b) la conexión es estructural y en (a) no lo es. En ambos casos la relación semántica es la misma.
15 En la gramática sistémica (Halliday 1961; Berry 1975: cap. 5) la estructura se concibe sintagmáticamente. Un esquema constituido
por elementos es una estructura. Puede hablarse de estructura en distintos niveles: fonológico, morfológico, sintáctico y semántico. Las relaciones estructurales son, pues, relaciones intraoracionales. En este sentido es en el que aparece con frecuencia en HH (1976) una oposición entre estructura y cohesión, concebida esta última como una relación semántica por encima del nivel oracional. Este contraste hallidayano ha sido criticado por Johnson y Bayles (1976).
16 La formulación explícita de las condiciones de posibilidad de relaciones anafóricas entre distintas frases nominales y pronombres
dentro de la oración ha sido un campo estudiado con notable éxito en el generativismo. Destacan, entre otros, Lee y Klima (1963), Chomsky (1965), Ross (1967), Langacker (1969), Lasnik (1976), Wasow (1976, 1979), Chomsky (1981), Reinhart (1983). En un marco diferente se sitúa la importante monografía de Bosch (1983).
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En suma, la cohesión es un conjunto de relaciones semánticas que, cuando se dan en una estructura oracional, pueden verse sujetas a ciertas restricciones. Como las reglas que gobiernan la cohesión intraoracional son en gran medida conocidas, nos fijaremos, sobre todo, en las relaciones de cohesión que se dan entre oraciones, pues sin el soporte de la estructura quedarán más al descubierto los mecanismos cohesivos. Además, en el análisis de la cohesión de un texto, lo peculiar son las relaciones cohesivas extraoracionales (HH 1976:9). No se piense, sin embargo, que la cohesión es un fenómeno supraoracional. Es simplemente una relación semántica a la que le son indiferentes los límites oracionales.
...
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1.6 L
ACOHESIÓNYLAESTRUCTURADEL DISCURSOAlgunas corrientes de la lingüística, como la tagmémica, conscientes de las limitaciones de una lingüística restringida al espacio oracional, se han atrevido a postular unidades superiores a la oración, como el parágrafo (Longacre: 1979). Las oraciones, según esta propuesta, que bosquejamos a grandes trazos, vendrían a ser constituyentes de tal unidad y se supone que desempeñarían, dentro de ese marco más amplio, determinadas funciones. Como puede observarse, el modelo en el que se han basado estos lingüistas es el oracional: tanto los componentes como sus relaciones mutuas serían análogos a los de la oración17. «El mismo esquema puede
utilizarse para la descripción de cualquier nivel, y lo que varían son las estructuras características de cada uno de ellos» (Bernárdez 1982: 208). Este paralelismo entre la oración y supuestas unidades superiores está en conflicto con la idea sustentada por otros cultivadores de la «lingüística del texto», para los que el paso de la oración al texto es de naturaleza distinta del paso de la frase a la oración (Bernárdez 1982: 37-38). Según estos autores, la «gramaticalidad» de un texto no queda garantizada por la mera gramaticalidad de las oraciones componentes. Intervienen además, condiciones semánticas y pragmáticas. En cualquier caso, las relaciones cohesivas son independientes de las posibles relaciones estructurales en hipotéticas unidades supraoracionales. El concepto de cohesión no implica ni presupone admitir ningún tipo de organización estructural del discurso. La cohesión, como ya hemos indicado, hace referencia al conjunto de medios de que dispone el sistema de la lengua para conectar semánticamente algo que aparece en una oración con algo que normalmente le ha precedido. La cohesión proporciona una trabazón entre oraciones, pero en ningún caso garantiza por sí sola la «coherencia» de un texto. A esta se llega por otras vías:
17 Un representante de la gramática del texto, que la concibe como una teoría lingüística del texto, con la pretensión de suplantar a una
lingüística oracional es T. van Dijk. Este autor aspira a que la teoría decida si una secuencia de oraciones es gramatical o no: «Vamos a exigir a una gramática adecuada que prediga qué combinaciones (pares, triples..., .n-tuplos) de oraciones son gramaticales y cuáles son menos gramaticales o completamente no gramaticales (1972: 41). Propone el siguiente ejemplo: «La anciana fue enterrada en su pueblo natal. Se está muriendo de neumonía» (1972: 82). Nos dice el autor que «no es gramatical predicar algo de un individuo cuya inexistencia se ha afirmado». Es evidente que esa supuesta regla no cabe en ninguna teoría del discurso. La no gramaticalidad que se le asigna no es sino un reflejo de la extrañeza producida por contravenir creencias muy básicas sobre el mundo.
mediante esa capacidad tan bien repartida entre los seres humanos por la que sin cesar conjeturan las intenciones, los propósitos, los planes que pueden alentar el más simple acto.
Advirtamos también que aunque usamos con frecuencia el término «texto» y su sinónimo «discurso», lo hacemos en el sentido más usual en los escritos lingüísticos. No suponemos que todo texto haya de tener unidad, en el sentido de estar dotado de «cierre». Esta propiedad puede caracterizar a ciertos textos, pero no puede considerarse esencial. Una conversación informal carece normalmente de tal propiedad. Para el análisis de la cohesión no nos es necesario adentramos en el espinoso problema de la caracterización del concepto de texto (Bernárdez 1982: cap. 3). Más que preguntarnos, enfrentados con una muestra de habla, si constituye «un texto», bastará con que nos preguntemos si constituye «texto» (Lyons 1977: 63l). Semejante pregunta, al tiempo que reconoce que las sucesivas oraciones de texto están trabadas de algún modo, ni implica ni presupone que lo que se describe como texto está integrado en una unidad superior. El sentido en que nos basta entender el término «texto» es el de mero registro verbal de un comportamiento lingüístico.
Recordemos, por último, que nuestra comprensión de un mensaje lingüístico no descansa sólo en la información aportada por las palabras, las estructuras oracionales y los patrones cohesivos, sino también en otra serie de conocimientos sobre el uso contextualmente apropiado de las oraciones del sistema (Lyons 1977: 573 y ss.; Brown y Yule 1983: cap. 2). Como dice Coseriu (1977: 219), «los textos no se elaboran sólo con medios lingüísticos sino también –y en medida diversa según los casos– con la ayuda de medios extralingüísticos». Chomsky (1980) reconoce junto a la «competencia gramatical» –el conocimiento de la forma y el significado– la «competencia pragmática» –el conocimiento de las condiciones y del modo de uso adecuado de una oración en determinadas condiciones sociales. Valiéndose de la metáfora de la lengua como un instrumento, nos dice: «La gramática de la lengua caracteriza el instrumento, determinando las propiedades físicas y semánticas de toda oración. La gramática expresa así la competencia gramatical. Un sistema de reglas y principios que constituya la competencia pragmática ha de especificar la manera de usar el instrumento para que produzca el efecto deseado» (Chomsky 1980: 224). Pero el conocimiento lingüístico no queda restringido al nivel oracional. Hay, además, principios que rigen la estructura del discurso: «El conocimiento lingüístico va más allá, por supuesto, del nivel de la oración. Podemos construir y entender discursos de toda suerte, y no cabe duda de que hay principios que rigen la estructura del discurso» (Chomsky 1980: 225). Se ha propuesto también el término de «competencia comunicativa» (Hymes 1971) para recubrir todos aquellos conocimientos y capacidades que intervienen en el comportamiento comunicativo efectivo. La propuesta no es meramente terminológica, sino que para algunos lingüistas, entre ellos el propio Hymes, parece implicar un reemplazo de la noción de competencia en sentido chomskyano (Newmeyer 1983: 38) El enfoque 26
«modular»18 sustentado actualmente por el generativismo, permite explicar adecuadamente la complejidad
aparente de los fenómenos lingüísticos superficiales, sin por ello negar la existencia de una competencia gramatical. No sólo la gramática, sino otros sistemas cognoscitivos que operan en el lenguaje son módulos autónomos (Newmeyer 1983: 2 y ss.), que tienen sus propios principios de funcionamiento. La complejidad puede derivarse, entonces, de la interacción de algunos de estos módulos. Un ejemplo muy trivial sería el siguiente: la conocida oración Colorless green ideas sleep furiously estaría bien formada por lo que atañe a la gramática y a los mecanismos perceptivos (no hay dificultad en entenderla), pero de acuerdo con las normas del conocimiento del mundo, sería un sinsentido (Lightfoot 1982: 42 y ss.). El propio Chomsky (1981: cap. l), por otra parte, considera que la estructura interna de la gramática obedece también a un tipo de organización en módulos autónomos que interactúan.
1.7. P
RECISIONESFINALESEn este estudio aparecen reunidos ciertos fenómenos que en las gramáticas suelen estar dispersos. Algunos han sido estudiados ampliamente sin ncecesidad de suponer marcos mayores que la oración. Desde la perspectiva adoptada se verá su funcionamiento en el discurso, aunque muy bien pudiera ocurrir que no se apreciaran diferenclas con descripciones del mismo fenómeno en los límites oracionales. De todos modos, no se pueden juzgar de
18 Para la defensa de un enfoque opuesto véase el capítu!o tercero de Beaugrande y Dressler (1991), cuyo titulo. «The procedural
approach», puede dar idea de los derroteros que siguen. Similares son los planteamientos de Webber (1979). Los que se oponen a la autonomía de la gramática formal creen que los constructos elaborados por la gramática son meros «artefactos» que están en lugar de principios más generales, no específicos de la gramática. Véanse, entre otras, las posiciones al respecio de Lakoff y Thompson (1975a). Son significativas las siguientes afirmaciones: «creemos que hay una relación directa e íntima entre la gramática y los mecanismos de producción y reconocimiento. De hecho proponemos que las gramáticas meros conjuntos de estrategias para la comprensión y
reconocimiento y producción de oraciones. Desde este punto de vista, las gramáticas abstractas no tienen una realidad mental
independiente: son sólo ficciones para representar ciertas estrategias de procesamiento. Asimismo, las derivacionestransformacionales abstractas son sólo ficciones convienientes para representar aspectos de la estructura lingüística» (Lakoff y Thompson 1975a: 295). La gramática funcional de Dik también se declara contraria a la autonomía de la gramática formal. Los tradicionales componentes se subordinan unos a otros: la sintaxis a la semántica, y ésta a la pragmática (Dik l980a: 2). En otro lugar (Dik 1980b: 46) es más tajante: «En
ente enfoque no hay lugar para algo como una sintaxis ‘autónoma’. Al contrario, en la medida en que pueda trazarse una clara división entre la sintaxis y la semántica, la primera está disponible para que los hablantes formen expresiones complejas con las que expresar significados complejos, ytales significados están a disposición de los hablantes para poderse comunicar de modos diferenciados». También se adopta decididamente un enfoque no autónomo en la «gramática espacial» de Langacker (1982, 1983).
27 antemano los resultados. Las cuestiones que se desarrollarán las esbozó clarividentemente Gili Gaya en el capítulo XXIV de su Curso Superior de Sintaxis Española (México, 1942, renovada en la 2da edición, Barcelona, 1948, y en la 8ª. 196l). Con este trabajo se pretende contribuir al desarrollo de ese capítulo final de toda gramática oracional de consulta: «Los enlaces extraoracionales». Desde la perspectiva de la «gramática del texto», los fenómenos que nos ocuparán son considerados «superficiales» (Lozano et al. 1982: 22-23) en oposición a otros fenómenos más abstractos y abarcadores que caracterizan el texto globalmente. Es, en términos del enfoque de Dijk (1977: cap. 5) el nivel de organización de las «macroestructuras», donde son relevantes nociones como «tópico de conversación», «tópico de discurso», etc. Estamos más próximos al dominio de una «gramática de las secuencias oracionales (Isenberg 1974; Fillmore 1974: 4; Dressler 1978: 67) que al de una gramática integral del texto. Muy certeramente señala Coseriu (1977b: 254) que el estudio de este tipo de cuestiones (el enlace entre las oraciones, la anáfora, la anticipación, la enumeración, etc.), se denomina «análisis transfrástico» y en él se estudia el texto no como plano del lenguaje en general, sino como plano de la estructuración gramatical de las lenguas. Este análisis se enmarca en la lingüística de las lenguas, y, no en el de la lingüística del texto.
Siendo el objetivo de este estudio los recursos de la lengua para trabar secuencias oracionales, la base documental procederá, sobre todo, de textos que reflejen de modo ejemplar las características sistemáticas del medio escrito, por ser el que despliega al máximo la capacidad cohesiva del sistema. Un cometido lógicamente secundario sería el de caracterizar textos representativos de cada medio (hablado, escrito) en función de la utilización regular de tales procedimientos. Como el objetivo trazado es más genérico, las fuentes de datos no están restringidas: cualquier lazo cohesivo que se dé en un texto es una muestra de un patrón cohesivo del sistema.
2
LA ANÁFORA
2. 1 L
AA
NÁFORALa anáfora y la conexión son los dos tipos más característicos de la cohesión. Es un término de antigua acuñación en los estudios lingüísticos y retóricos. En su uso lingüístico se ha definido de diversas maneras, todas ellas coincidentes en algunas notas esenciales. Se ha caracterizado, por ejemplo, como el uso de ciertas palabras (pronombres, sustitutos, etc.) para remitir a otras palabras. A veces se agrega que el motivo de tal uso es evitar repeticiones. Crystal (1980, s.v. anaphora) la define así: «Término usado en la descripción gramatical para denotar el proceso o resultado de remitir una unidad lingüística a alguna unidad o significado previamente expresado». La definición reúne las siguientes notas: el hecho de que una entidad lingüística remita a otra, aunque no especifica el tipo de entidades (si son sustitutos, pronombres...) sino que emplea el término más genérico de unidad gramatical, con el que suponemos se refiere a los distintos tipos de tramos en que puede dividirse una oración: morfemas, palabras, frases, etc. Especifica el tipo de referencia: es una referencia a algo previo. Puede que Crystal intente –como BühIer– distinguir la anáfora de la catáfora; o bien, puede considerar que la anáfora se caracteriza fundamentalmente por la mención previa. Y, por último, introduce una disyuntiva en el blanco de la referencia: puede ser una unidad lingüística o puede ser un significado. Podríamos seguir analizando otras definiciones, pero al final llegaríamos a la conclusión de que no hay una caracterización precisa de la anáfora. Sin duda, más que una noción precisa de anáfora, delimitada por un conjunto de notas esenciales, nos encontramos con un es tereotipo, un conjunto de notas muy variadas, algunas de las cuales se reali zan en una manifestación de las anáforas, y otras, en otra. Las veces que nos tropezamos con algún intento de teoría de la anáfora en la literatura lingüísti ca, 30
se trata normalmente de teorías parciales, casi siempre dedicadas a la anáfora pronominal en el interior de la oración. Tal es el caso de las teorías de la anáfora elaboradas dentro de un marco generativo (Ross 1967; Langacker 1969; Reinhart 1983). Sólo nos resta destacar algunos rasgos y esclarecer ciertas confusiones nada infrecuentes.
...
2. 3 A
NÁFORAYREFERENCIASe suele hablar de «referencia anafórica», de que el anáforo «se refiere» o «hace referencia» a su antecedente, etc. Como es sabido, la palabra latina refero es un calco de la griega anafero.Del vocablo latino derivan a su vez, referir, relativo, referencia. No hay, pues, lo más mínimo que objetar a los usos de «refierir» y «referencia» tan consolidados en la tradición gramatical. A este uso del término se ha venido a agregar otro, originado en la lógica y la filosofía del lenguaje. En este otro uso, el término «referencia» traduce el fregeano de «Bedeutung» (Hiz 1969: 136- 137; Frege 1971). La referencia, en sentido lógico, es la relación entre una expresión lingüística y una entidad del mundo. Como el término «referencia» ha entrado a formar parte de los tecnicismos de la semántica, conviene ser más cautelosos en aquellos casos en que pueda originarse confusión.
En una emisión adecuada de este vaso está sucio, la frase nominal este vaso se usa para referirse a cierta entidad determinada. La referencia es una relación que se establece entre un elemento del discurso y una entidad concreta del inundo, exterior. El referente de una expresión sólo puede precisarse en una determinada situación de habla. La referencia, como la denotación, es una relación entre la lengua y el mundo. Decir que una expresión refiere a determinada entidad es un modo abreviado de hablar. En realidad, toda refe rencia es un acto del hablante. Es el hablante el que se refiere a determinada realidad mediante una expresión que, por eso mismo, se denomina referencial. Es indudable también que las lenguas disponen de mecanismos y medios especiales para que los hablantes puedan llevar a cabo referencias. [...]
32 Conviene, pues, distinguir entre dos tipos de relaciones. Por una parte, las relaciones entre el anáforo y el antecedente, y, por otra, las relaciones que puede haber entre un elemento del texto con una entidad o conjunto de ellas presentes en el entorno. Sólo el primer tipo tiene pertinencia cohesiva, aunque, por supuesto, es decisivo para anclar el discurso en la situación.
...
2.4 L
A ANÁFORA Y LA DEIXIS35
...
39 La anáfora cohesiva que [...] no es toda la anáfora, es una relación entre un elemento nulo o no nulo, presente en el texto, que se interpreta semánticamente en función de lo dicho, por lo general antes, de un modo explícito o implícito.[...]En la visión amplia de la anáfora, que incluye casos de sustitución como hacerlo, y casos de elipsis, es preciso deslindar la anáfora de la deixis con la que se solapa en muchos casos...Puede suceder incluso que coexistan en un mismo elemento los usos deícticos y anafóricos (Lyons 1977:676; Levinson 1983: 86), como ocurre en:
(14) Nací en Tenerife y aquí he vivido siempre.
Aquí puede señalar el lugar donde se encuentra el hablante y, además, puede ser anafórico con Tenerife.
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2. 6 C
LASIFICACIÓN DE LA ANÁFORA41 ...
...
El trabajo más amplio que conocemos sobre la anáfora desde la perspectiva de la cohesión, es el de Halliday y Hasan (1976). Han intentado, en su estudio sobre la cohesión en el inglés, una clasificación bastante detallada de las relaciones anafóricas. Consideran cuatro tipos generales de cohesión anafórica, que denominan «referencia», «sustución», «elipsis» y «cohesión léxica». La cohesión referencial, en la que intervienen los pronombres personales, los demostrativos (con la inclusión del artículo) y los comparativos (de identidad, semejanza, diferencia, cantidad y cualidad), es de naturaleza semántica y el anáforo no preserva necesariamente la clase gramatical del antecedente ni tampoco es posible siempre la sustitución por el antecedente. Los elementos que aparecen como anáforos en una relación cohesiva de referencia se usan primordialmente para remitir a algo presente en la situación.
Frente a la referencia, la sustitución y la elipsis no son sino casos particulares de un mismo tipo de relación. Se caracteriza este tipo, la sustitución en sentido amplio, porque el nivel de abstracción en que se sitúa es el lexicogramatical, los anáforos presuponen elementos de carácter gramatical (palabras, etc.) y no de carácter semántico, preservan la clase del antecedente y, además, es posible sustituir el anáforo por el antecedente. El origen primario de presuposición es el texto, más que la situación. Son elementos sustitutivos así, el elemento
cero y, en cierta medida, hacerlo. La elipsis es un caso particular de la sustitución, el caso en que el anáforo es un elemento nulo.
Por último, la cohesión léxica se observa, según HH, en las repeticiones de la misma palabra en oraciones distintas y en los casos de «colocaciones».
Huddleston (1978) ha opuesto serias objecciones a la clasificación de HH. En primer lugar, no cree que la cohesión léxica constituya un tipo de relación anafórica. Incluir la llamada «cohesión léxica», dentro de las relaciones anafóricas supondría una extensión indebida del concepto de anáfora. Así, puede suceder que las palabras que se repitan tengan referentes distintos. También puede ocurrir que el oyente no precise acudir a la aparición previa de la misma palabra para entender la segunda aparición. Critica, como ya hemos visto, 44
el término «referencia» para designar un tipo de relación cohesiva anafórica, por las razones que antes expusimos. Acontece que en muchos casos de enlace referencial en el sentido de HH, el anáforo no es una expresión referencial, tal como entiende la filosofía del lenguaje esta designación.
Los criterios propuestos por HH para distinguir la referencia de la sustitución en sentido amplio no resisten la crítica. Presuponen una identificación puramente superficial del antecedente y del anáforo. Para HH un ejemplo como
(18) El niño se portó mal. Su madre lo reprendió
presenta un enlace cohesivo de tipo referencial entre el niño y su. En primer lugar, el anáforo no preserva la clase del antecedente: mientras que el antecedente es una frase nominal, el anáforo es un adjetivo con oficio de modificador. Por otra parte, la sustitución del anáforo por el antecedente no es posible. Claramente, pues, según los criterios y la interpretación superficial que hacen de ellos HH, el ejemplo anterior es una típica muestra de cohesión referencial. Si, en cambio, dijéramos que el anáforo no es su sino su menos el componente posesivo (es decir, el lexema él como opuesto a una determinada forma flexiva), la sustitución sería posible. Obsérvese, por otra parte, que diferencias flexivas de este tipo se registran también en el caso de la sustitución. Así, en
(19)–Debes comprobarlo. –Ya lo he hecho.
lo que podría ser sustituido por una copia del antecedente no es lo... hecho, sino esta secuencia una vez que se le ha eliminado la flexión de participio. Huddleston caracteriza la remplazabilidad en otros términos. Así, en
(20) María tuvo mareos en el viaje.Ese malestar le siguió cuando ya estaba en tierra.
si sustituyéramos el anáforo ese malestar por una forma gramaticalmente adecuada del antecedente, como por ejemplo, el tener mareos, observaríamos un cambio de significado, porque el anáforo no cifra los mismos elementos de significado que el antecedente. Vemos, pues, que los anáforos constituidos por frases definidas pueden cifrar información no contenida en sus antecedentes. En cambio, los anáforos sustitutivos de HH no introducen componentes adicionales de este modo.
Ahora bien, para Huddleston, el siguiente criterio de HH, la posibilidad de sustituir el anáforo por una copia del antecedente, no parece salvable de ningún modo modo, incluso dando cabida a algunos ajustes 45
flexivos. Ejemplos como el siguiente no casan con la afirmación de HH: (21)
–
¿Qué estabas haciendo? –Metiendo el coche en el garaje.
Si completáramos la elipsis, no usaríamos estabas sino la forma verbal estaba. Hay que concluir que la identidad entre anáforo y antecedente es de carácter más abstracto.
Dada la carencia de criterios rigurosos para establecer una clasificación de los distintos tipos de anáfora, adoptaremos con fines puramente expositivos la que apunta Huddleston (1976: 251-251), no desconocida, por otra parte, en la bibliografía lingüística más reciente. Para el citado autor, la anáfora puede dividirse en tres tipos, según sea el término anafórico: anáfora con proforma o sustituto, anáfora con frase nominal definida no pronominal y anáfora nula o elipsis. Esta clasificación no está exenta, por supuesto, de problemas. En cualquier caso, lo que nos importa es observar la anáfora en el nivel del discurso a través de una serie de textos de español contemporáneo.
47
3
AN
ÁFORA MEDIANTE PROFORMA
3.1 O
RDENDELAEXPOSICIÓNSe hablará, en primer lugar, de la anáfora mediante proforma. En ella el término anafórico es una proforma o sustituto. Pueden actuar como sustitutos ciertos personales, los demostrativos y algunos elementos más, como hacer, así, etc. A continuación trataremos de la anáfora con frase nominal definida, en la que el lugar del término anafórico lo ocupa una frase nominal que contiene necesariamente un determinante definido (artículo, posesivo, demostrativo) y un lexema nominal. Por razones estructurales, y para evitar repeticiones en la exposición, se tratará todo lo referente al determinante de la frase nominal definida en el apartado dedicado a la anáfora con proforma. En la sección dedicada a la frase nominal definida se analiza sólo lo referente a las características del lexema nominal en su relación con el lexema nuclear del antecedente. Por último, en la anáfora nula o elíptica se incluye la elipsis nominal, la comparativa y la verbal o clausal.
... 54
...
3.6. F
UERZAC
OHESIVADELOSPERSONALESYDEL SUJETOGRAMATICALEs tan frecuente el uso de formas personales para lograrla cohesión, que apenas es necesario citar ejemplos: (7) a. [ ...] y sacó las pesetas. Con ellas en la mano [...] (S1, 13)
b. Amelia: ¿Te fijaste? Adelaida no estuvo en el duelo. Martirio: Ya lo sabía. (Ga. 135)
e. Hui del campamento, con los pocos soldados que me eran fieles. En el desierto los perdí (B1, 147) d. Emergí a una suerte de plazoleta; mejor dicho, de patio. Lo rodeaba un solo edificio (B1, 151)
e. Los trogloditas, infantiles en la barbarie. no me ayudaron a sobrevivir o a morir. En vano les rogué que me dieran muerte (B1, 149)
f. La Poncia: Este cristal tiene unas motas.
Criada: Ni con jabón ni con bayeta se le quitan. Ga. 121)
g. [...] el troglodita [...]. Echado en la arena, como una pequeña. y resinosa esfinge de lava, dejaba que sobre él giraran los cielos. (B1, 154)
h. Habitó un siglo en la Ciudad de los Inmortales. Cuando la derribaron aconsejó la fundación de la otra. Ello no debe sorprendemos. (B1, 156-157)
Al analizar la capacidad cohesiva de los referentes personales, conviene distinguir los papeles participantes (primera y segunda persona) de los otros papeles (tercera persona). Sólo los de tercera persona, al suponer una mención anterior, tienen la capacidad de enlazar anafóricamente con un segmento precedente y de ser, en consecuencia, cohesivos. Las formas de primera y segunda persona son, de manera característica, deícticas: no remiten al texto, salvo en casos excepcionales. La propia situación del acto de la palabra posibilita la interpretación de los papeles del habla.
La primera y segunda persona son anafóricas, en la lengua escrita, cuando aparecen en estilo directo. Difiere este caso del más típico: cuando el narrador se dirige a los lectores.
(8) Miguel entraba y se dirigió al dueño con una sonrisa -¿Cómo está usted? Yo sé que ha preguntado. (S1, 23)
Yo alude a Miguel, y usted y el sujeto gramatical de ha preguntado hacen referencia a el dueño. Los tres términos tienen fuerza cohesiva.
55
(9) Santos volvió la vista, y lo veía por el marco de la puerta desde la sombra del pasillo, haciendo la bandera en el tronco delgado de uno de los árboles, en la luz del jardín.
–Vamos, Daniel; no te enredes; ya sé que eres un tío atleta. Vino diciendo:
–Eso tú no lo haces. (S1, 24)
En (9) los sujetos gramaticales de enredes y eres remiten a Daniel, y tanto el sujeto gramatical de sé como tú aluden a Santos.
Todas estas anáforas son, en realidad, indirectas. Tanto la primera como la segunda persona siguen refiriéndose al hablante y a su interlocutor. Lo que ocurre es que el lector ha de acudir al texto para descubrir quién es quién en el acto de habla.
62
3.9. ELNOSOTROSCOHESIVO
Nosotros, -as, así como el sujeto gramatical correspondiente, pueden referirse al hablante y al destinatario y, en ese caso, incluyen sólo las personas del coloquio; pero puede extenderse a la tercera persona (con o sin el destinatario o los destinatarios) y, en ese caso, estamos ante un nosotros mixto. Puede ocurrir que el nosotros remita exclusivamente al contexto de enunciación, como cuando el representante de una delegación lo usa para referirse a sí mismo y a los representados –que pueden estar o no con él en ese momento–, o bien, que remita parcialmente a algún antecedente, como sucede en
(19) Tan grande era el alivio que me inundaba (o tan grande y medrosa mi soledad) que di en pensar que ese rudimental troglodita, que me miraba desde el suelo de la caverna, había estado esperándome. El sol caldeaba la llanura; cuando emprendimos el regreso a la aldea, bajo las primeras estrellas, la arena era ardorosa bajo los pies. El troglodita me precedió (B1, 17)
65 3.11. LOSPOSESIVOS
La potencialidad referencial de los posesivos deriva de distinguir la categoría de persona, hecho que comparten con los pronombres personales. La categoría de persona está en la base de ciertas relaciones sintagmáticas en los personales; en cambio, está completamente ausente de las relaciones sintagmáticas del posesivo. La persona en los posesivos es una significación léxica (Alarcos 1978: 148; Costa 1981: 24).
El rasgo de persona en los posesivos los pone en relación con las personas del coloquio del moso que indica el siguiente esquema:
yo ... mío nosotros ... nuestro tú ... tuyo vosotros ... vuestro usted ustedes
él ... suyo ellos ... suyo ella ellas
Todo posesivo encierra una relación diádica: los dos términos implicados son, por una parte, alguien o algo que posee, incluye, tiene, etc., y, por otra, la persona o cosa que se posee, tiene, etc. Además del rasgo de persona, los miembros del paradigma que remiten a las verdaderas personas del coloquio (primera y segunda) aportan una información de carácter también léxico. Tal información consiste en decirnos si la persona o cosa que posee o incluye es una o más de una: mi casa frente a nuestra casa, tu casa frente a vuestra casa. En cambio, su casa no aporta tal información. [...]
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En dialectos meridionales y americanos del castellano, el posesivo experimenta variaciones análogas a las de los personales. La desaparición del uso activo de la forma vosotros y su sustitución por ustedes lleva consigo la ausencia de vuestro. Las formas nuestro, suyo se sustituyen por expresiones preposicionales: de nosotros, de él, de ellos, etc.
Como en los personales, en los posesivos sólo tienen fuerza cohesiva las formas de tercera persona, esto es, su, suyo, siempre que equivalgan a de él, de ella, de ellos y de ellas, y no en los casos de segunda persona de cortesía, también segunda persona del plural normal en dialectos meridionales y americanos.
... 68
3.13. LOSDEMOSTRATIVOS
:
CONSIDERACIONESGENERALES[...] Semánticamente están especializados, junto a otras unidades gramaticales (pronombres personales, artículo, ciertos adverbios de tiempo de tiempo y lugar, ciertos rasgos sintácticos como el tiempo, etc.), en la función deíctica: identifican una cierta entidad en el contexto de situación por su relación con las personas gramaticales. Son verdaderos gestos verbales. Junto a esta función netamente deíctica, y derivada de ella, cumplen otras:
referencia a algo evocado y a algo previamente declarado. En este último caso, en su función anafórica, contribuyen a dotar de cohesión a una secuencia de oraciones. En su función deíctica y anafórica, los demostrativos están muy próximos a los pronombres presonales de tercera persona y al artículo, considerado por algunos autores [...] como una especie de demostrativo débil. Del mismo modo que estas unidades y los nombres propios, el demostrativo incluye un contenido de determinación; solos o acompañando a un nombre pueden constituir frases nominales definidas.
... 70
3.14. ELVALORCOHESIVODELOSDEMOSTRATIVOS
Los demostrativos tienen un amplio uso anafórico en todas las variedades del español. A este propósito dice Fernández (1951: pár. 133) que el texto escrito «ofrece un campo a la mención anafórica mucho más adecuado que el diálogo, más la narración en presente que la narración en pretérito y mucho más la prosa analítica que la narración en presente». Para analizar con más detenimiento la función cohesiva, conviene atender a las variaciones sigueintes: (1) sentido propio de cada demostrativo; (2) número y (3) género.
3.14.1. SENTIDOPROPIODECADADEMOSTRATIVO
[...] Este señala lo cercano al hablante y aquel lo alejado. De hecho, las oposiciones son este/aquel y este/ese. La primera aparece en circunstancias bastante determinables, aunque prácticamente anecdóticas, en comparación con la segunda oposición, más lábil, pero enormemente frecuente.
71 El caso más típico de la oposición este/aquel se da cuendo es preciso distinguir entre dos menciones precedentes. Para la más alejada se usará aquel y, para la más próxima en el texto, este. Normalmente aparecen los demostrativos en función nominal, aunque también pueden aparecer con función modificadora. Los demostrativos pueden ser de cualquier género. Este uso es muy formal y es inusitado en el discurso cotidiano (Fernández 1951: pár. 129)
(50) a. Esto es lo que, sin embargo, mantuvo en cierto modo durante siglos la filosofía inspirada en Platón y en Aristóteles. Cuando éste pretendió dar razón del entendimiento agente, hubo de recurrir a un solución metafísica de tipo platónico
(P, 15) [...]
c. Llegan a escena el Ciego y el Niño. Este lleva una guitarra. Aquel, un zurrón. (Sa, 25)
... 72
Este/ese, en función anafórica, pueden alternar sin que se vea afectado el contenido cognoscitivo. La presencia de uno u otro no altera las condiciones de verdad de la oración en que se encuentren. Se trata de un diferencia puramente pragmática. [...] la oposición se da entre una cierta determinación de la localización [este] frente a la indiferencia con respecto a la localización [ese]. [...] Kirsner (1979) ha mostrado convincentemente con apoyos estadísticos que la base de la distinción en los demostrativos holandeses no descansa en criterios locativos de proximidad o alejamiento, sino en una visión de los demostrativos como instrucciones fuertes o débiles para encontrar el referente. Aunque el demostrativo español no parece descansar exclusivamente sobre semejante criterio, sí lo manifiesta textualmente con gran frecuencia. Lo cercano al hablante puede entenderse en ocasiones como aquello considerado de interés para el hablante, novedoso para el oyente y digno de resaltarse. En el siguiente ejemplo se aprecia el mayor realce de la segunda mención de expresión mediante este y mismo:
(54) Para ello se dicen«amor mío» y otra expresión de análogo cariz. Hemos de distinguir entre lo que con esa expresión quiere decirse y esta expresión misma con lo que dicen (O, 16)
... 73 También señala el citado autor (Kirsner 1979: 368) que cuanto más alto sea el nivel técnico de un discurso, mayor es el uso relativo de demostrativos con «deixis fuerte». La razón funcional que da es que «cuanto más técnica es la discusión, tanto más tendrá el hablante que guiar al oyente para que mantenga claros los distintos referentes, y tanto mayor será la conveniencia de la deixis intensa». A este propósito ya había notado Fernández (1951: pár. 133) que, acompañando al nombre, este predomina sobre ese en la prosa analítica (filosófica y científica). También que este es más frecuente que ese en la anáfora difusa, esto es, en aquel tipo de anáfora donde el anafórico supone una reelaboración conceptual de algo expuesto previamente, y, en consecuencia, un leve incremento de información nueva.
entre sí. Cuanto más similares son estas, menos se subordinan unas a otras; la jerarquización de las partes es un índice de la perfección de una criatura».
74
... 3.14.2. ELNÚMERO
La concordancia formal de número entre una frase nominal que contenga demostrativo y su antecedente es una estrategia que facilita al receptor el hallazgo de este último.
75 No siempre concuerdan los dos términos de la anáfora. Lo hacen cuando la frase nominal que actúa como término anafórico esté constituida por solo un demostrativo, y el antecedente sea también una frase nominal: (61) a. La muerte (o su alusión) hace preciosos y patéticos a los hombres. Estos conmueven por su condición de fantasmas (B1, 57)
... 76
... 3.14.3. ELGÉNERO
El género es otra de las claves a disposición del receptor del mensaje para resolver la identidad del antecedente. [...] Hay concordancia únicamente cuando el demostrativo aparece solo. Si funciona como adyacente, concordará con el nombre al que acompañe:
(65) a. demuestra este reiteradísimo hecho que para existir una sociedad es menester que preexista una separación. Esta puede haber sido engendrada por causas muy diversas. (O, 123)
... 77 El demostrativo neutro es un expediente cómodo para remitir a un complejo conceptual previo, cuya reelaboración chocaría con la rapidez elocutiva que exige el diálogo. No es de extrañar, pues, que su uso sea más abundante ahí que en otro género del hablar. Merece consignarse también la mayor frecuencia de eso que de esto en el coloquio.
... 81 3.16. OTRASUNIDADESPRÓXIMASALOSDEMOSTRATIVOS
3.16.1. TAL
[...] Encierra valores muy variados, pero destaca la idea de cualidad o de modo, nota que marca la diferencia semántica con los demostrativos este, ese, aquel. Aunque puede usarse como deíctico en ocasiones, es mucho más frecuente verlo en función anafórica. Puede evocar, como aquel, algún objeto o acontecimiento pasado.
(78) a. Evidentemente, la posesión progresiva de los anteriores atributos implica la instalación en niveles de mayor autonomía funcional y más perfecto control del medio. La cuestión, sin embargo, que realmente interesa consiste en saber con más detalle cuáles son las estructuras y procesos concretos que posibilitan tales atributos (P, 56)
... 82
... 3.16.2. SEMEJANTE
Un adjetivo que tiene prácticamente el mismo valor que tal (Bello 1981: pár. 339) cuando funciona como adyacente nominal es semejante. Ese valor del término va ligado a su anteposición al nombre.
(80) a. Sus estructuras adaptativas principales son tropismos, kinesias y taxias; esto es, estructuras elementales de aproximación-evitación, reactivas y rígidas. Pero, a pesar de esto conviene tener presente, como en su día lo hizo Jennings (1906), que semejantes estructuras no son mecanismos inconexos (P, 20)
83 3.16.3. TANTO
Este intensificador, variable en género y número, que posee una forma neutra, puede usarse en ocasiones anafóricamente. En esto y en otros rasgos se asemeja a los demostrativos, grupo en el que algunos gramáticos lo incluyen. A diferencia de tal, no se combina con el artículo (excepto la forma neutra) y admite, en cambio, el sufijo elativo –ísimo.
(81) –En la sala no cabía un alma más. –Nunca había visto tanta gente apiñada.
El antecedente de tanta es la cantidad que se infiere de la oración anterior: ‘mucha (gente)’. ... 84
3.16.4. OTRASEXPRESIONES
Han de registrarse también dentro de la cohesión demostrativa en sentido amplio una serie de expresiones como citado, mencionado, dicho, susodicho, sobredicho, anterior, así como ciertos adverbios que remiten a determinados lugares, como antes, arriba, anteriormente, más adelante, o aquellas expresiones que señalan una parte del texto mediante la indicación del capítulo, apartado, párrafo, página, etc. Estaríamos, en estos últimos casos, ante muestras de deixis textual. El adjetivo siguiente anuncia prospectivamente algo (85 f).
(85) a. Los policías nacionales T.E. y M.T. ratificaron [...] las declaraciones que hace dos semanas realizaron los dos agentes en el programa de TVE En este país. En el citado programa, los policías... (E, 14)
... f. Contada la historia a grandes rasgos, y con todas las reservas propias del caso, lo acontecido vino a ser lo siguiente. En el cerebro anterior de los peces... (P, 29)
Otras expresiones anafóricas (Fernández 1951: pár. 137) son los correlativos el primero... el otro; el uno... el otro; y otras combinaciones posibles así como otras formas análogas.
85 Tienen valor anafórico cohesivo expresiones relativas que encabezan oraciones explicativas o parentéticas. En estos casos el relativo viene a ser como un demostrativo neutro anafórico. El antecedente es siempre una oración: (86) a. Cuando escrupuloso, anota los vocablos «estúpido» o «mamarracho», no los dice de nadie ni a nadie. Lo cual nos pone delante de la más imprevista paradoja (O, 129, 130).
El numeral ambos, con variación de género, tiene también un uso anafórico. Funciona solo o acompañando a un nombre. [...] Su ámbito de uso está restringido al estilo formal. Es muy frecuente confundir sendos ‘uno cada uno’ con ambos.
(87) a. De una moto con sidecar se apeaba una chica en pantalones. Reconoció la cara del muchacho. Ambos vinieron hacia él (S1, 14).
3.17. LOSADVERBIOSDEMOSTRATIVOS
Dejando a un lado los adverbios tanto, tal y así, considerados usualmente demostrativos (Bello 1981: pár. 386-387), nos detendremos en aquellos de lugar y tiempo que tengan relevancia cohesiva. En particulas, en la serie aquí, acá, ahí, allí/allá, que guarda fiel paralelismo con este, ese, aquel. Mucho de lo que dijimos arriba sobre estos últimos es extensible a aquellos. Entre los adverbios temporales demostrativos destacamos ahora y entonces.
La serie de los locativos está organizada sobre la categoría de persona. Implican deixis en relación con cada una de las personas: en relación con la primera (aquí – acá), en relación con la segunda (ahí ) y en relación con lo que no es ni primera ni segunda persona (allí – allá). [...]
De modo análogo a lo que ocurre con los demostrativos concordantes, se usa aquí para señalar lo más proximo en el texto y allí, lo más alejado. La forma ahí viene a ser el archivador o neutralización de ambos:
(89) Estuvimos en casa de Pedro y en casa de Juan. Aquí tomamos el aperitivo y allí cenamos.
... 86
... Un sentido locativo figurado es frecuente en aquí y ahí. Puede parafrasearse como ‘en esto’, ‘en eso’, ‘en este punto, cuestión, cosa’. El antecedente, en este uso, suele abarcar un tramo superior a la palabra:
(91) a. ¿Qué sucedía? ¿Por qué no le había agradado el presente de su amada? ¿Qué misterio encerraba el parchís? ¡Ah! ¡Ah!, precisamente ahí estaba el misterio (Ce, 19)
87 ...
Tienen un uso cohesivo los adverbios temporales ahora y entonces. El uso cohesivo de ahora está limitado a aquellos casos en que ahora remitea un acontecimiento que acaba de ocurrir, como lo pone de manifiesto el significado ‘en este momento’ implicado por este deíctico.
(94) Una espesa niebla cubría la cima del volcán, hasta que al atardecer la brisa dejó visible la negra mole. Ahora podíamos comprobar asu tremenda presencia.
Entonces tiene, aparte del valor demostrativo que consignamos, otros de carácter conectivo, sobre los que hablaremos más adelante. Entonces, como demostrativo temporal, remite al tiempo explícito o implícito de un acontecimiento referido anteriormente. Puede figurar como antecedente una expresión temporal o una oración: (95) a. El vino que beba hoy, ya lo tiene bebido para cuando se casen. Y siempre serán unos cuantos cántaros de menos para entonces. (S 1, 16)
b. El joven de provincias se quedó huérfano de padre y madre siendo aún muy niño. Entonces, sus tíos le decían (Ce, 21)
3.18. E
LARTÍCULO... Hawkins, en el capítulo tercero de su libro(1978), analiza los usos no genéricos del artículo definido en inglés y propone un modelo explicativo que denomina «teoría de la localización del artículo definido» («location theory»), según la cual el hablante ejecuta una serie de actos cuando usa un artículo definido. Expresados en términos ligeramente metafóricos Klein 1980: 150), serían:
(a) Presenta un referente (o varios referentes) al oyente;
(b) Indica al oyente que localice el referente en algún conjunto compartido de objetos;
(c) Hace referencia a la totalidad de los objetos o de la materia del conjunto que satisfaga la expresión referencial. Así, por ejemplo, si Juan dice a María dame los libros, ejecuta los siguientes actos: (a) le presenta varios referentes: libros; (b) indica a María que localice ciertos libros en algún conjunto de objetos del que ambos tienen conocimiento; y, por último, (c) se refiere a la totalidad de los libros del conjunto compartido, propiedad que Hawkins denomina «inclusividad».
Sería ingenuo pensar que toda aparición del artículo definido queda explicada por la teoría de la localización Esta teoría deja fuera, por ejemplo, el uso genérico y atiende, sobre todo, a la referencia definida mediante frases nominales articuladas. [...]
Hawkins precisa (1978:168) que el oyente ha de inferir el conjunto compartido a que se refiere el hablante, del discurso previo o de la situación de enunciación. Siguiendo a Christopherson (1939) y Jespersen (1949), distingue los siguientes ocho grandes usos del artículo definido:
(1) El uso anafórico: en el ejemplo Se veía un cirvo cojeando. El animal había recibido un tiro en una pata, el pasaje anterior proporciona un conjunto compartido al que se acudirá para identificar el referente de el animal.
(2) El uso en una situación en que el referente está visible. En una situación donde está visible para el hablante y oyente una pipa, aquel puede decir alcanzame la pipa. La pipa visible constituye un conjunto compartido de objetos, que puede ser identificado luego con la expresión la pipa. Habría que ampliar el criterio de visibilidad y extenderlo al de perceptibilidad, como sugiere Clark y Marshall (1981:59, n. 4)[...]
(3) El uso en una situación inmediata. En este tipo de situación, aunque el objeto no esté perceptible, puede, sin embargo, inferirse su existencia de la situación. El hablante puede decir a alguien que no haya visto al cartero: El cartero viene a las once. El cartero es algo que se infiere de la situación y forma, por tanto, el conjunto compartido de objetos al que se refiere el cartero. [...]
(4) El uso en una situación mayor con base en un conocimiento específico. Así, por ejemplo, María puede saber en qué kiosco compra el periódico Juan, por lo que constituye un conjunto compartido de objetos al que puede referirse con la expresión el kiosco en voy al kiosco.
(5) El uso en una situación mayor con base en un conocimiento general. Supóngase que María y Juan saben, como un hecho general, que todos los pueblos de ciertas dimensiones tienen una oficina de correos. Esto constituye un conjunto compartido de objetos al que podría referirse María con la expresión la oficina de correos en ¿Dónde estrará la oficina de correos? [...]