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26 - LA PROVINCIA DE LEON Y SUS COMARCAS

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En una primera aproximación al significado del

término Bierzo,

nos encontramos con dos marcadas corrientes de opinión. Por un lado, a través de diversas fuentes históricas, como el Catastro de Ensenada, podemos comprobar que el topónimo de Bierzo ha hecho

referencia tradicionalmente al espacio encuadrado entre los límites provincialesj los Montes de León. En este sentido su máxima valoración se alcanzó en la división provincial de 1822, en la que junto con la comarca de Valdeorras tuvo la consideración

de provincia. Desde un punto de vista externo a la comarca, tendente a criterios unificadores, el término Bierzo sigue manteniendo este ámbito espacial.

Por otro lado, desde otro punto de vista, la complejidad de este espacio se plasma en un conjunto de comarcas que reflejan individualidades de tipo geográfico (topografía, clima, economía, vegetación), que prácticamente obligaron a considerar como tales comarcas a

cada uno de los numerosos valles de la zona. Así numerosos autores hablan de la comarca de los Ancares Leoneses identificándola con el valle del río del mismo nombre, o

la comarca de Fornela refiriéndose al valle del alto Cúa; otro ejemplo sería la Valdueza referida al valle del Oza, incluso hay quien habla de El Bierzo haciendo referencia

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Los rasgos morfológicos y físicos de

la montaña berciana

Los hielos de la última glaciación han dejado su huella en el paisaje con la excavación de bellos lagos Ilaciares como el le la foto, en el Miro de Valdeprado (1.790 m.).

En El Bierzo es posible distin-guir dos medios fisiográficos di-ferentes que han influido sobre-manera en la ocupación humana y en la formación del paisaje: un medio de montaña y un medio de hoya, a los cuales se puede añadir, con muchas matizacio-nes, un área intermedia de tran-sición que participa de caracte-res tanto físicos como humanos de ambos medios.

El medio de montaña es, con mucho, el más extenso, estando aproximadamente el 60% de la superficie berciana a una altitud superior a los 800 m. sobre el ni-vel del mar.

Si hay una característica gene-ral que imprime personalidad a El Bierzo como región natural singular, esa es la del continuo cerco montañoso que lo ciñe, y que sólo el río Sil interrumpe al S. de Toral de los Vados

comu-p

icando la comarca con Val-deorras a través de la escotadu-ra de La Barosa, o cuando aquél entra por el N. en El Bierzo pro-cedente de Laciana.

En este espacio geográfico, homogéneo desde el punto de vista morfológico y estructural, podemos individualizar una se-rie de sierras que topográfica-mente destacan del conjunto: parte de la vertiente oriental de la Sierra del Caurel (Montouto 1.546 m., Faro 1.621 m.) que de-limita la zona por el W., la Sierra de Ancares (Miravalles 1.969 m.) al N. y NW., la Sierra de Gistredo (Catoute 2.111 m.) por el N. y NE., mientras que por el E. y S. la vertiente orien-tal de los Montes de León (Vei-ga 1.572 m.) y los Montes Aqui-lanos (Pico Tuerto 2.135 m.), respectivamente, forman el

con-trafuerte montañoso meridional de la comarca.

La homogeneidad estructural se dirige a que, independiente-mente de que consideremos una u otra de las sierras anteriores, hay una coincidencia entre los materiales o litologías que for-man estas montañas ya que se trata casi siempre de rocas de ti-po sedimentario antiguas, paleo-zoicas, entre las que destacan las areniscas, las cuarcitas y las pi-zarras que son sin duda las más abundantes y que confieren a es-te espacio montañés una cierta monotonía desde el punto de vis-ta litológico. Estos tres tipos de roca forman casi el 9007o de las montañas; el resto son pequeños afloramientos de rocas todavía más antiguas precámbricas (Oencia, Barjas), o los enclaves de granito de la Sierra de An-cares.

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Localidad Precipt. en mm. CADAFRESNAS ... 1.136 EL PORTELO ... 1.365 GESTOSO ... 1.589 LUMERAS ... 1:055 OENCIA ... 1.191 PEÑALBA DE SANTIAGO ... 1.132 PIEDRAFITA 1.749 SALENTINOS ... 1.623 SUSAÑE DEL SIL ... 998 TEJEDO DE ANCARES ... 1.904 TEJEIRA ... 1.717 TRABADELO ... 1.058 1'1 Provincia de Lugo.

Fuente: E.N.D.E.S.A., Servicio de Hidrología. Datos sobre Pluvio-metría.

Cuadro 1

PLUVIOSIDAD MEDIA ANUAL DE LA MONTAÑA BERCIANA

(Período 1969-1983)

Todas estas rocas han sufrido deformaciones a lo largo de la historia geológica. Desde el pun-to de vista tectónico la montaña berciana ocupa una posición in-termedia dentro de una macroes-tructura, la Rodilla Asturiana, que se extiende también a las ve-cinas provincias de Lugo y As-turias. Se trata de estructuras bercinianas con una dirección predominante WNW-ESE, y en las cuales las capas de materia-les aparecen fuertemente incli-nadas.

A la homogeneidad estructu-ral se suma la morfológica. En efecto las formas de relieve ac-tuales de la montaña se caracte-rizan por un predominio de la erosión que los ríos afluentes del Sil llevan a cabo sobre las rocas anteriormente mencionadas co-mo consecuencia del reciente hundimiento, a escala geológica, de la zona central berciana y el subsiguiente levantamiento rela-tivo de los márgenes montaño-sos.

Hablar de la montaña bercia-na es lo mismo que hacerlo de valles fluviales fuertemente en-cajados mediante los cuales los ríos salvan grandes desniveles entre sus cabeceras, a veces a más de 2.000 m. de altura, y los 500 m. de altitud a la que se si-túa, por término medio, el río Sil en el centro de la Hoya. Un ejemplo de ésto es el del río Oza que salva un desnivel de algo más de 700 m. en poco más de 18 km. de recorrido con lo que su pendiente media es del 3,9%. En este sentido, los principales afluentes del Sil ofrecen excelen-tes ejemplos de encajamientos fluviales, así el río Ancares a la altura de Bustarga, el Burbia aguas arriba de su confluencia con el Tejeira, o el Selmo aguas abajo de Villarrubín pueden bas-tar como ejemplos.

Como consecuencia del inten-so encajamiento de la red fluvial las laderas de los valles de esta zona montañosa están fuerte-mente inclinadas; las pendientes son en general pronunciadas en

toda la montaña, estando el va-lor medio en torno al 20%; pero no son raros valores superiores al 50% y que ocupan extensas áreas de Fornela, Aneares, Gis-tredo, Oencia o la Valdueza.

Frente a ésto, los espacios lla-nos o con poca pendiente, son escasos y se limitan a los fondos de valle, a los collados entre va-lles vecinos, los pequeños rella-nos («charella-nos», «campas», «lombas») que de cuando en cuando aparecen en las laderas más inclinadas, o las culmina-ciones de forma aplanada de al-guno de los relieves. No obstan-te estas áreas de menor pendien-te suman una parpendien-te ínfima del espacio montañés.

Al lado de la poderosa erosión fluvial que hoy caracteriza toda la zona, quedan restos de la ac-ción erosiva de otros agentes co-mo el hielo, el cual ocupó duran-te la última glaciación las zonas más elevadas de las sierras de Ancares, Gistredo y Montes Aquilanos. Como consecuencia de su labor, muchas de las cabe-ceras de los ríos actuales se con-figuran sobre formas de relieve de tipo glaciar, con valle en for-ma de artesa, pequeñas lagunas (Valdeprado, Gistredo), o depó-sitos sedimentarios originados por el hielo (morrenas).

Sobre este medio físico se dan unas características climáticas tí-picas de montaña, que se tradu-cen aquí en una elevada pluvio-sidad (ver Cuadro n.° 1), en la que la altitud del relieve y la in-fluencia atlántica son factores decisivos. Relacionado con ésto es importante el papel de barre-ra climática que la orla monta-ñosa ejerce sobre la zona central de El Bierzo, introduciendo una serie de contrastes climáticos muy acusados por cuanto se pro-ducen en un espacio geográfico reducido.

La elevada altitud media se corresponde con unos registros térmicos moderados, al tiempo que las diferencias térmicas en-tre el invierno y el verano son muy marcadas. Los inviernos son fríos, con dilatados períodos de heladas, y las precipitaciones en general en forma de nieve. Los veranos calurosos, aunque no en exceso; a pesar de los ele-vados niveles de precipitación de la montaña berciana, siempre hay un período del año seco, de uno a dos meses y medio, en el que hay un cierto déficit de agua a nivel de suelo.

El otoño y la primavera son las épocas en las que se concen-tra la mayor parte de la

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precipi-tación. Los vientos más frecuen-tes son los del NW y N, desta-cando los de comienzos de pri-mavera; las «marciadas» son un tipo de tiempo con fuertes vien-tos que alternan con precipita-ciones en forma de chubascos. El tapiz vegetal de la zona es muy heterogéneo al haber espe-cies típicas tanto de las caracte-rísticas atlánticas como de las mediterráneas; en el primer caso estarían los pequeños bosques de roble albar (Gistredo y Ancares sobre todo), pequeñas manchas de hayas (Suárbol, Balouta), o las áreas donde todavía abunda el acebo (Villar de Acero, Valde-prado, Pardamaza). Las condi-ciones mediterráneas nos las in-dicarían la presencia de encinas y arbustos como el madroño predominantes en las laderas más secas y con orientación a mediodía (valles bajos del Cúa, Aneares, Selmo).

En determinados enclaves de Ancares y Gistredo quedan mag-níficos ejemplares del bosque de roble que originariamente tuvo que cubrir mayores extensiones; allí los robles, generalmente

cu-biertos de líquenes, están acom-pañados de otras especies como los abedules, el tejo, el arce, el serbal, y el acebo, así como otras plantas menores como el brezo, el arándano, la genciana, etc., que dan una variedad cromática muy grande a estos espacios. Los sotos de castaños en las partes inferiores de las laderas y en torno a los núcleos poblados, así como las continuas hileras de alisos («humeros» en el país), de sauces («salgueiros») y de fres-nos que enmarcan los principa-les cursos fluviaprincipa-les, completan la fisonomía florística de la monta-ña berciana.

Con todo, es sin embargo el monte bajo y el matorral de bre-zo, escobas y carqueixas, la for-mación vegetal más abundante, pues ocupa vastos espacios de la región. Estos brezales cubren unos suelos que han sufrido un intenso proceso de degradación en el que han podido influir dos aprovechamientos tradicionales de la zona: las «bouzas» o «pou-los», que consistían básicamen-te en la quema de sectores de monte con objeto de sembrarlos

posteriormente uno o dos años, o la práctica del carboneo, hace tiempo ya abandonada, que su-puso la tala de grandes superfi-cies de bosque o de matorral de brezo y que en comarcas como la Somoza berciana era una ac-tividad fundamental que permi-tía el abastecimiento de carbón vegetal a las ferrerías bercianas e incluso a las gallegas.

Las condiciones ecológicas hasta ahora descritas se combi-nan en la génesis de unos suelos, generalmente poco desarrolla-dos y evolucionadesarrolla-dos. Por ello las rocas, salvo en los contados es-pacios referidos en los que las pendientes son más moderadas, aparecen cubiertas sólo por una delgada capa de suelo.

Sobre este espacio geográfico persiste una abundante y rica fauna (dentro del mismo se lo-caliza la Reserva Nacional de los Aneares Leoneses), cuyas espe-cies más destacadas son el cor-zo, el jabalí, el ciervo, el lobo, el zorro, el urogallo, la gineta, la nutria, la liebre, el conejo, la perdiz (roja y parda) la trucha común, etc.

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La organización histórica de la

montaña berciana

La organización histórica de la montaña ha dejado en el paisaje unas huellas perfectamente reconocibles. Poblamiento concentrado y, en torno suyo, castaños, terrazgo cerealista y prados.

El arco montañoso que flan-quea la Hoya del Bierzo es un es-pacio dotado, desde el punto de vista humano, de un alto grado de homogeneidad, resultado de la secular acción de los hombres asentados en este territorio, in-tervención de cuya antigüedad da fe la abundancia del topóni-mo «castro» o las huellas de ex-plotaciones mineras de época ro-mana.

La utilización de unos recur-sos humanos y materiales limita-dos sobre un medio natural co-mo el analizado derivó con el correr de los siglos en un tipo de organización espacial y un mo-do de vida que, en sus aspectos más generales, no es ya sólo co-mún a la montaña de El Bierzo, sino que se puede identificar con la montaña Cantábrica.

Esto no impide, sin embargo, que encontremos importantes variantes de todo tipo dentro de un territorio tan limitado; va-riantes lingüiísticas, desde la in-fluencia gallega al Oeste, hasta la asturiana al Norte; variantes culturales y arquitectónicas; y variantes, en fin,en la forma particular de adaptar el esquema de organización espacial a las ca-racterísticas del medio en cada caso.

1. EL PAPEL JUGADO HISTORICAMENTE POR LOS VALLES

Como se ha indicado en el ca-pítulo introductorio, el valle en su mera configuración física constituye la base en última ins-tancia de un «espacio social». Tal importancia del papel de

los valles parece confirmarse en nuestro caso; también aquí la to-ponimia es clara: Valcarce, Val-dueza, Valdeprado, Valseco, Balboa, Balouta... Encontramos una montaña per fectamente-compartimentada en valles que, teniendo en común su pertenen-cia a la cuenca del Sil, se suce-den arrancando del extremo su-roeste: Valle del Selmo, del Val-carce, del Burbia, del Alto Cúa (De Fornela), pequeños valles que vierten al Sil en el concejo de Palacios del Sil, del Carrace-do-Compludo y, cerrando por el sureste, Valle del Oza.

Esta perfecta compartimenta-ción física ha actuado también como delimitadora de unidades donde se desarrollaba el abanico de relaciones sociales; el valle ha sido la «imagen social del

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espa-cio de la comunidad», al que his-tóricamente se han ido superpo-niendo delimitaciones adminis-trativas. La división territorial de 1785 es fiel reflejo del papel jugado por los valles: Jurisdic-ción del Valle de Ancares, me-rindad de Valcarce, coto de Bal-boa, merindad de Somoza (Bur-bia), etcétera. La división actual es tanto o más expresiva.

El papel de los valles como de-li mitadores de la vida social y definidores de particularidades lingüísticas, etnográfico-cultura-les, etcétera, ha perdurado has-ta época bien reciente, desvir-tuándose su sentido al tiempo que se descomponía la organiza-ción económico-social propia de estos espacios. Parece lícito, por tanto, en aras de una elemental fidelidad histásica, reivindicar un mínimo de precisión a la ho-ra de utilizar, referidos al pasa-do o a la actualidad, los tér-minos.

El caso más significativo por la difusión alcanzada es, sin du-da, el de Ancares. La documen-tación histórica sólo nos habla de Ancares refiriéndose al río, valle o jurisdicción del mismo nombre (actual Ayuntamiento de Candín). Sólo la imprecisión que en la delimitación territorial conlleva la utilización del térmi-no Sierra y, sobre todo, el inte-rés por divulgar un turismo es-casamente convincente y arropa-do por un sensacionalismo sus-tentado en el desconocimiento, ha propiciado la utilización tér-mino (Parque Nacional, Reserva Nacional, zona, comarca...), al tiempo que se oculta y tergiver-sa la importancia histórica de las zonas a las que pasa a afectar.

2. UNA ECONOMIA

MIXTA BASADA EN EL

APROVECHAMIENTO

DEL TERRAZGO Y EL

MONTE

Si los valles cumplían la fun-ción de «demarcadores históri-cos», los pueblos, las aldeas,

eran las unidades en torno a las cuales se organizaba el espacio. Es el carácter montañoso de la zona el que confiere a esta orga-nización unas características particulares. De un lado los pue-blos, formados por agrupamien-tos de casas, en los que aún ha-ce poco más de cien años abun-daban, cuando no dominaban, elementales construcciones terreras con cubierta de paja, que poco a poco iría sustituyén-dose por la pizarra; de otro la-do, el espacio de aprovecha-miento económico dividido en varias unidades complementa-rias entre sí.

En efecto, próximo a los pue-blos se encontraba el terrazgo cerealista, elemento básico en la economía campesina, que, ade-más de atender las necesidades individuales (centeno, trigo, et-cétera), debía soportar, por lo general, ciertas servidumbres co-lectivas al servir de pasto al ga-nado del común una vez realiza-da la recolección.

En razón de ello eran fijadas las fechas de inicio y fin de la co-secha, que a todos obligaban, y también en razón de ello quedó labrado un paisaje singular que aún perdura, a pesar de haber desaparecido la función y la or-ganización original.

Respondiendo a una econo-mía que tendía al autoabasteci-miento, cada pueblo disponía de otros espacios de cultivo tenden-tes a cubrir las distintas necesi-dades; el reservado al cultivo de lino, que sería destinado a otros más rentables en el momento en que las prendas se pudieron ad-quirir en el mercado; el ocupado por cultivos de huerta; el desti-nado a castaños, cuyo fruto era pieza básica en la dieta alimen-taria del campesino y, secunda-riamente, de los animales; y, en función de las características del medio, el que podía plantarse de vides o de frutales.

Estos diferentes espacios de cultivo podían verse ocasional-mente incrementados con otros,

usualmente coincidiendo con épocas de crecimiento de la po-blación; eran estos las rozas, searas, etcétera, tierras ganadas al monte que soportaban un uso extensivo, con largos períodos de descanso.

El monte era, precisamente, una pieza básica en la organiza-ción que estamos comentando, no sólo porque jugaba un papel clave en el sostenimiento de la cabaña ganadera mayor y me-nor, sino porque aportaba tam-bién la leña, la madera para ape-ros y otape-ros útiles.

Es quizás en el aprovecha-miento ganadero del monte don-de más variantes encontramos dentro de este territorio monta-ñoso. Desde el sur donde, dada la escasez de pastos de altura, la organización debió ser tan ele-mental que apenas ha dejado huella en el paisaje, aquella se iba complicando a medida que nos trasladamos hacia el norte, alcanzando su punto culminante en las montañas del concejo de Palacios del Sil. Efectivamente, ya en los valles del Burbia o del Ancares encontramos fórmulas de aprovechamiento mediante «vecera» tanto para el ganado menor, con movimientos de ida y vuelta diarios, como para el mayor, básicamente vacuno, pe-ro con permanencia en este caso de las reses varios meses en los pastos de altura (brañas) y rota-ción del turno de pastores. La necesidad de recoger el ganado durante la noche y de guarecer a los pastores explica la aparición en las brañas del corral y de una elemental cabaña.

Más al norte, donde abunda-ban los pastos de altura (Sierra del Coto), la organización se ha-cía más compleja, asemejándose a la de Laciana o a la de la ve-cina región asturiana. El trasla-do del ganatrasla-do mayor suponía el desplazamiento permanente du-rante unos meses de un cierto número de personas, los «bra-ñeiros/as», mientras que el res-to atendía las labores del pueblo de fondo de valle (siega) o

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alter-1

naba entre braña y pueblo. La extensión del monte no sólo per-mitía satisfacer las necesidades locales, sino también arrendar pastos para el ganado de otras zonas; la documentación históri-ca da testimonio de la presencia en las montañas de Palacios del Sil tanto del vacuno de los va-queiros asturianos de Luarca, como de las merinas procedentes de Extremadura.

El aprovechamiento económi-co del espacio se económi-completaba económi-con la existencia de prados perma-nentes próximos a los pueblos, los cuales, segados en verano, aportaban el alimento necesario para cuando el ganado permane-cía en el establo durante la esta-ción invernal, además de permi-tir alguna pasión durante el oto-ño y, en los mejores casos, tam-bién en primavera.

3. ACTIVIDADES

COMPLEMENTARIAS Y TRADICION COMERCIAL

Aún siendo la agraria la acti-vidad fundamental, no faltaron ni faltan en estas montañas otras actividades, hasta cierto punto complementarias de aquella, co-mo tampoco era extraño el que parte de la población ejerciera temporalmente labores fuera de este ámbito.

Del primer supuesto es fiel testimonio la abundancia de no-ticias que P. Madoz nos da de la existencia de herrerías, fraguas, telares, batanes, tenerías, moli-nos, fábircas de cal, canteras. En el segundo caso se podría hacer una distinción entre los que salían a trabajar al llano (se-gadores) o a otras zonas de mon-taña («teitadores») y los que, aprovechando la estación de ba-ja actividad agrícola, salían pa-ra comerciar (arrieros) o papa-ra vender productos elaborados en la zona; de nuevo P. Madoz nos da ejemplos al respecto que, co-mo valor de muestra de lo que debía ser general, son ilustrati-vos: Manteca de vaca (Paradase-ca, Porcarizas, Pereda, Candín,

Anllares, Acebo, Carracedo, Ferradillo, San Adrián), cestos (Porcarizas), miel (Pereda, An-llares, Candín), arcos para cubas (Palacios del Sil), lienzo y gana-do (Noceda, Pereda), carbón ve-getal, (Ferradillo, San Adrián), madera (Cuevas), castañas (Pa-rada), vino (Molinaseca, Salas), velas de sebo y aguardiente (Barrios de Salas).

El viaje de vuelta era aprove-chado para importar artículos de primera necesidad que en algu-nas zoalgu-nas no existían o escasea-ban (vino, cereales, pescado sa-lado y curado, etcétera).

Esta tradición comercial arraigó y se identificó de tal for-ma con algunos valles, que aún hoy los originarios de los mis-mos desarrollan tal actividad, adaptada a los nuevos tiempos. Bien expresivo es el caso de los naturales del valle de Fornela y su relación, antigua y actual, con el comercio, sobre todo de telas.

4. LA QUIEBRA DE LA ORGANIZACION

HISTORICA

La organización que hasta aquí hemos venido describiendo perduró, con ligeros cambios, hasta la década de los 60 de nuestro siglo. Las razones de la quiebra hay que buscarlas en un conjunto de factores que, si ais-ladamente son significativos, só-lo al considerarsó-los en conjunto adquieren su verdadero sentido, teniendo todos ellos un común denominador: Son resultado del modelo de desarrollo industrial del país.

De un lado hay que señalar el acelerón experimentado por la emigración, que si ya desde co-mienzos de siglo estaba presen-te, con destino a América, es ahora responsable de un proce-so de paulatino despoblamiento, sobre todo de población joven, atraída por el empleo en la mi-nería y en la industria y por el modelo de vida urbano.

De otro lado, esta

circunstan-cia ha sido agravada o acelerada por la presencia de algunos indi-cadores de invasión urbana: Pantanos que cubren las tierras más fértiles (Matalavilla), repo-blaciones forestales, centrales térmicas. (Anllares), infraestruc-turas...

El conocimiento del modelo pasado de organización de la montaña es inexcusable tanto por su valor cultural, como por las luces que puede aportar a la hora de plantear una recupera-ción económica y social de la montaña.

La clave la encontramos en palabras de Ortega Valcarce: «No se trata de hacer elogio de lo rural; se trata de conocerlo para respetarlo»... de «evitar que la ignorancia pueda ser so-porte para el menosprecio, o pa-ra el simple desentendimiento». Este espacio se ha caracteriza-do por la pervivencia de rasgos socioeconómicos de autosubsis-tencia hasta fechas bien recien-tes. En este sentido, la actividad agrícola - ganadera continúa siendo en la actualidad la prin-cipal ocupación de su población activa, aunque desarrollada por una población envejecida.

Dentro de esta pervivencia se aprecian ciertos signos de reacti-vación relaciones con la comer-cialización de la producción ga-nadera (proceso similar al de otras áreas montañosas españo-las) y de algún producto en vías de revalorización como es la cas-taña, de la que El Bierzo y con-cretamente su montaña tienen una amplia y excelente produc-ción.

No obstante una serie de tra-bas ponen freno a la posible dinamización de los recursos de estas comarcas de la montaña; podemos hacer mención funda-mentalmente de dos: Por una parte, la despoblación de los nú-cleos y el envejecimiento de su población y, por otra, el impac-to de actividades localizadas en las proximidades de la misma, básicamente las relacionadas con la minería del carbón.

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Un espacio débilmente poblado

La montaña berciana cuenta en la actualidad con un contin-gente demográfico que ronda los 13.000 habitantes. El volumen de esta población ha oscilado en-tre 30.000 y 35.000 habitantes a lo largo del presente siglo, em-pezando a declinar claramente después de 1950, sobre todo du-rante los años sesenta y setenta (Cuadro 2). El ritmo de creci-miento de esta población ha te-nido desde entonces signo nega-tivo representando una pérdida de cerca del cuatro por 100 anual de la ploblación entre 19870 y

1981.

Donde se manifiesta también perfectamente la regresión del volumen de esta población es en su relación con el espacio, en la densidad que pasa de estar próxima a los 21 habitantes por kilómetro cuadrado desde 1900 hasta 1950 a caer posteriormen-te hasta los 8 hb./km/2 de la ac-tualidad, un valor que puede ca-lificarse casi de «desierto demo-gráfico».

1. EVOLUCION DE LA

POBLACION

La población del conjunto del Bierzo ha estado sometida, fun-damentalmente a lo largo del

cia de la coyuntura como causa de fondo de la emigración, co-mo se entiende la evolución de la población y del poblamiento de la montaña berciana y su situa-ción actual.

Así, sin remontarnos más allá de nuestro siglo, es posible dis-tinguir tres grandes períodos emigratorios que van aproxima-damente desde 1900 a 1930, de 1940 a 1960 y desde 1961 hasta la actualidad, aunque de forma general la montaña del Bierzo ha conocido una emigración cons-tante, más o menos intensa.

1900-1930. Estuvo marcado

por una intensa emigración ha-cia América, acompañada de otra menor en importancia y de carácter temporal hacia otras áreas de la península, que supo-ne la continuación de las emigra-ciones de finales del siglo XIX originadas en parte por la crisis de la filoxera y también por el fin de actividades económicas de gran repercusión local como fue-ron las «ferrerías».

Hay dentro de este período un hecho concreto que supuso para todo El Bierzo en conjunto un freno a la emigración, aunque no para el caso de su área mon-tañosa; nos referimos a la Pri-mera Guerra Mundial

Cuadro 2 Evolución de la población (1950-1986) 1950 1960 1970 1981 1986 Población 22.854 30.263 22.865 14.802 13.597 Evolución (1950 = 100) 100,00 89,39 67,54 43,72 40,16 Densidad (hb./Km.2) 20,70 18,51 13,98 9,05 8,32 Crecimiento anual intercensal (%) —1,11 —2,76 —3,87 —1,68 Fuente: Padrón Municipal de Habitantes, 1 de abril de 1986.

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La braña de Zaramedo, en la Sierra del Coto, hoy abandonada y semiderruida, fue uno de los ejemplos de aprovechamiento más complejo de los pastos de altura.

(1914-1918) que trajo consigo una importante crisis mundial pero que, no obstante, propició el desarrollo de las áreas mine-ras tercianas.

De esta manera, aproximada-mente entre 1914 y 1921, tiene lugar el fin relativo de la salida hacia América, sustituida en gran medida por el desplaza-miento hacia los núcleos mine-ros y urbanos. Así, mientras que la población queda «fijada» dentro del propio Bierzo, la ma-yoría de los municipios de su montaña siguen perdiendo po-blación en un proceso que a la larga traerá consigo el fuerte contraste entre el medio rural y el urbano.

Al final de este período (entre 1921 y 1930) se van acentuando las diferencias entre los núcleos en vías de industrialización (co-mo Ponferrada) o que son cen-tro de explotaciones mineras, con un fuerte crecimiento demo-gráfico nutrido por un alto cre-cimiento vegetativo (Ponferrada crece un 19,6 por 1.000 en esa década) y la entrada de inmi-grantes jóvenes, frente a aque-llas áreas más extensas en las que la pervivencia de sus caracterís-ticas económicas impide que su

escaso crecimiento vegetativo sea absorbido en las mismas, viéndose forzado a la emigra-ción. Esto último explica el que entre 1921 y 1930 haya munici-pios con altas pérdidas de pobla-ción: Molinaseca pierde el 11,1 y Oencia el 19,5 por 100 de sus habitantes.

En el fondo, el despoblamien-to de la montaña berciana mues-tra la debilidad de una economía agraria tradicional y de subsis-tencia que domina buena parte del Bierzo, frente a la irrupción de la economía moderna repre-sentada por la minería del car-bón y cuyo ejemplo más impor-tante en aquellos momentos fue la «Minero Siderúrgica de Pon-ferrada, S. A.».

1940-1960. Este período de

nuestra historia reciente supuso, entre otras cuestiones, la bús-queda y explotación de materias básicas obtenidas anteriormente por su importación. En este con-texto, El Bierzo ofrece tres recu-ros básicos para el desarrollo in-dustrial del país, a saber, car-bón, hierro y electricidad (térmi-ca e hidráuli(térmi-ca) dando paso a una etapa de relanzamiento de la economía berciana.

Por otra parte, el cierre de las fronteras a la emigracion tuvo como consecuencia la fijación de la población dando lugar, a su vez, a una fuerte presión demo-gráfica sobre la tierra en la ma-yor parte del territorio berciano. La salida a esta situación tuvo lugar por medio de una corrien-te migratoria incorrien-terna trasvasan-do los excedentes de las áreas ru-rales hacia los núcleos mineros y hacia Ponferrada, que son nue-vamente los más beneficiados en esta etapa.

De esta forma, municipios de la montaña berciana como Bar-jas, Candín, Oencia y Peranza-nes, entre otros, presentan im-portantes pérdidas de población al final de este período.

1960-1986. La etapa que se

inicia en los años sesenta repre-senta el comienzo de un período de desarrollismo económico que dará paso al que se ha llegado a denominar «milagro español», en esta primera década.

Sin embargo, la apertura al exterior y el cambio de rumbo iniciado con el Plan de Estabili-zación Económica (1959) signifi-có el fin del intento de autoabas-tecimiento energético de los años de posguerra. Para El Bierzo, a

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población y a la vez implica un descenso de la natalidad y del crecimiento natural, es decir, no sólo la que queda es población adulta-anciana (con lo que au-mentan los índices de mortali-dad) sino que además verá cor-tada su renovación por la base ante la drástica caída de los na-cimientos. Un ejemplo clara-mente ilustrativo de esto último se expone en la Figura 1, referi-da a la pirámide de población del municipio de Oencia en 1986.

En definitiva, la estructura de la población de la montaña ber-ciana está marcada por el alto porcentaje de la población ma-yor de 64 años (casi la cuarta parte) y la baja proporción de los menores de 15 años (el 14 por 100). En lo socioeconómico se traduce en la existencia de una población activa envejecida que pone en situación estas áreas, to-davía con predominio de una economía agrícola tradicional.

Por lo que se refiere al pobla-miento, la debilidad de la ocu-pación humana ha tenido como consecuencia el despoblamiento progresivo de buena parte de la superficie de esta montaña. La

desaparición de un significativo número de entidades de pobla-ción manifiesta de forma extre-ma la dependencia de este área (aunque no es la única) con res-pecto al desarrollo de las zonas urbanas e industriales, hacia las que ha trasvasado su población, dejando su huella en el territorio bajo la forma de los despobla-dos.

En este sentido hemos de te-ner en cuenta que el proceso de despoblamiento de la montaña del Bierzo tiene lugar en el mar-co de unas mar-condiciones emar-cológi- ecológi-cas adversas (fuertes pendientes, valles encajados, clima riguro-so), con dificultades para la co-municación, falta de asistencia y de servicios mínimos (incluso de electricidad hasta fechas recien-tes), a lo que sumó como causa inmediata la atracción ejercida desde los núcleos mineros y ur-banos más o menos próximos y por la corriente migratoria hacia el resto de España y Europa. Por estas causas se han despo-blado una serie de núcleos a lo largo de los años sesenta, situa-dos tositua-dos ellos en las estribacio-nes de los Montes de León. Son los casos concretos de Cstrillo su vez, significó la pérdida de

valor de sus recursos minerales y energéticos, desatando una crisis cuya salida, en lo demográfico, fue la emigración, interna (hacia los núcleos urbanos del Bierzo) y externa (resto de España y ha-cia Europa).

Esta situación pone de nuevo de manifiesto la debilidad es-tructural de la economía bercia-na, fuertemente dependiente del exterior y, por tanto, incapaz de responder de forma adecuada ante un cambio de coyuntura de esta naturaleza.

De este modo, El Bierzo en general registra a partir de los años sesenta fuertes pérdidas de población que afectan incluso a los municipios mineros. Lógica-mente, el problema es más agu-do en las áreas de la montaña, afectadas ya desde décadas ante-riores y de forma más profunda por la emigración. En este caso, la salida de población, el éxodo rural, es rápido y masivo, afec-tando de forma general a toda la orla montañosa del Bierzo y fun-damentalmente a la zona de Val-dueza y su entorno, el área del oeste en contacto con Orense y Lugo, Ancares y Fornela.

2. CONSECUENCIAS DEMOGRAFICAS

Las consecuencias derivadas del proceso emigratorio a que ha estado sometida la población de la montaña del Bierzo han sido muy graves tanto para la propia población como para su proyec-ción en el espacio, es decir, para el poblamiento.

En el primer caso ya hemos señalado al comienzo de este apartado la baja densidad de po-blación sobre el conjunto del territorio de la montaña bercia-na. Por otra parte, la casi inin-terrumpida salida de población implicó su envejecimiento y re-troceso por partida doble ya que la emigración se lleva fundamen-talmente a población joven: su pérdida supone una merma real e inmediata en los efectivos de

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Vista del Valle del Aneares, en primer término Pereda de Aneares, más al fondo los dos barrios de Bandín , cabecera del municipio.

del Monte y Las Tejedas en el municipio de Molinaseca y San-ta Lucía de Valdueza en el de San Esteban de Valdueza (ac-tualmente anexionado a Pon-ferrada).

En la década siguiente (1971-1981) se amplía el espacio afectado por este proceso, alcan-zando también al sector occiden-tal de la montaña berciana. De esta manera, por el oriente se despueblan lugares como Carra-cedo de Compludo y San Adrián de Valdueza, en los antiguos municipios de Barrios de Salas y San Esteban, respectivamente, mientras que por el occidente queda deshabitado el de Bustar-ga en el antiguo municipio de Valle de Finolledo.

Este proceso de despobla-miento no se ha detenido y, lo que aún es más grave, tampoco tiene perspectivas de verse frena-do, como demuestra el que en los cinco años que median entre el Censo de 1981 y el Padrón de 1986 hayan sido dos las entida-des que han entida-desaparecido: Barrosas en Barjas y Villarbón en Candín. Suárbol: uno de los pocos ejemplos de la provincia cuy o valle vierte aguas al Cantábrico.

De cara al futuro y dado que las condiciones generales no han variado ni lo harán sustancial-mente, el fuerte envejecimiento de la población y su reducido número harán que muchos de los pueblos de esta montaña queden deshabitados en un pla-zo relativamente breve. En 1986 diez núcleos de este área tenían menos de 10 habitantes y una gran parte de ellos de edad avan-zada: cuatro de los cinco habi-tantes de Ruideferros (Balboa) tienen más de 64 años; seis de los nueve habitantes de Peñacaira y

otros tantos de Quintela (Barjas) tienen más de 54 años; los cinco de Suárbol (Candín) han cumpli-do ya los 60 años, y así su-cesivamente.

Una excepción a este fenóme-no, quizá sintomática pero que en absoluto supone la inversión de su tendencia, es la reocupa-ción del núcleo de Castrillo del Monte (Molinaseca), abandona-do en los años sesenta y actual-mente habitado por una persona joven dedicada a las actividades pastoriles.

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encontramos con una serie de problemas que afectan a la mon-taña berciana de forma gene-ralizada.

Entre los problemas más so-bresalientes destacan las defi-ciencias en las comunicaciones (falta de accesos), la falta de equipamientos y servicios bási-cos (electrificación, teléfono, su-ministro de agua, alcantarillado, pavimentación), e igualmente las

deficiencias referidas a las in-fraestructuras de asistencia sani-taria, educativa, cultural, entre otras. A esto se suman el proce-so señalado anteriormente de en-vejecimiento de la población, así como el despoblamiento del territorio y la ruptura de los mo-dos de vida tradicionales, conse-cuencia también de la hegemo-nía de la cultura urbana (mani-festada en la construcción de

Un futuro problemático

Hórreo y horno. Relacionados con las actividades agrícolas tradicionales todavía persisten en la montaña berciana ejemplos de arquitectura popular comunes al Noroeste de la Península Ibérica.

Estamos ante un espacio mar-ginal y marginado desde el pun-to de vista físico y socioeconó-mico al que la falta de recursos naturales y la mala gestión de la Administración anterior lo han sometido al olvido y al total abandono, provocando una si-tuación prácticamente irreversi-ble.

A la hora de analizar las ca-racterísticas de este espacio nos

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POBLACION DE LA MONTAÑA DEL BIERZO (1950/1986) Municipios y lugares de población 1950 1986 BALBOA ... 1.312 660 Balboa ... 191 132 Cantejeira ... 165 71 Castañeiras ... 45 34 Castañoso ... 80 34 Chandevillar ... 142 47 Fuente de Oliva ... 27 10 Lamagrande ... 67 28 Parajís ... 34 9 Pumarín ... 61 36 Quintela ... 43 33 Ruideferros ... 32 5 Ruidelamas ... 7 1 Valverde ... 71 36 Villafeile ... 98 75 Villamarín ... 40 15 Villanueva ... 34 21 Villariños ... 175 73 BARJAS ... 2.139 702 Albaredos ... 126 37 Barjas ... 219 93 Barrosas ... 79 Busmayor ... 347 91 Campo de Liebre ... 203 70 Corporales ... 67 26 Corrales ... 130 44 Cruces ... 36 Güimil ... 76 31 Hermide ... 48 31 Moldes ... 318 165 Mosteiros ... 66 46 Peñacaira ... 33 9 Quintela ... 115 9 Serviz ... 54 25 Vegas do Seo ... 74 25 Villar de Corrales ... 148 29 (1) BARRIOS DE SALAS (LOS) ... 2.020 548 (2) Carracedo de Compludo ... 81 Compludo ... 133 31 Espinoso de Compludo ... 216 15 Lombillo de los Barrios ... 248 86 Manzanedo de Valdueza ... 115 12 Palacios de Compludo ... 72 Salas de los Barrios ... 291 95 San Cristóbal de Valdueza ... 298 64 Villar de los Barrios ... 604 245 CANDLN ... 1.932 480 Balouta ... 224 63 Candín ... 220 73 Espinareda de Ancares ... 114 29 Lumeras ... 173 18 Pereda de Ancares ... 253 112 Sorbeira ... 175 58 Suárbol ... 121 5 Suertes ... 185 56 Tejedo de Ancares ... 224 50 Villarbón ... 150 Villasumil ... 93 16 CORULLON ... 4.448 1.742 Cabeza de Campo ... 280 125 (3) Cadafresnas ... 312 154 Corullón ... 1.206 834 Dragonte ... 449 1 64 Hornija ... 366 186 Horta ... 263 171 Mazos (Los) ... 58 Melezna ... 209 66 «chalets» y en la utilización de estos espacios como lugar de ocio y veraneo).

El reconocimiento de estos problemas y el intento de paliar las deficiencias han llevado a distintos ámbitos de la Adminis-tración a ocuparse de estas áreas montañosas bajo diversas for-mas de actuación: las declaracio-nes de Pladeclaracio-nes de Comarcas de Acción Especial dirigidas por la Diputación Provincial y de Zo-nas de Agricultura de Montaña, llevadas a cabo por el Ministerio de Agricultura.

En el primer caso, la práctica totalidad de la superficie aquí abordada está acogida a dichos Planes de Acción Especial «Oes-te del Bierzo» de la Diputación Provincial para 1987, cuyos ob-jetivos se refieren principalmen-te a obras de pavimentación, alumbrado público, arreglo de accesos y renovaciones en el su-ministro de aguas, con una do-tación en torno a los 150 millo-nes de pesetas.

En el segundo caso, el Minis-terio de Agricultura reconoció en 1985 como áreas de Agricul-tura de Montaña (Orden de 6 de marzo) la totalidad de los muni-cipios que integran lo que hemos denominado Montaña del Bier-zo. En términos generales esta delimitación pretende sentar las bases de un desarrollo social y económico a partir de los recur-sos agrarios y de las actividades

EL Acebo aparece aquí como un pueblo-calle sobre el Camino de Santiago, asomado a la hoya berciana desde la montaña oriental.

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Bouzas ... 186 37

Ferradillo ... 186

Montes de Valdueza ... 164 19 Peñalba de Santiago ... 126 29 San Adrián de Valdueza ... 128

San Clemente de Valdueza ... 218 62 San Esteban de Valdueza ... 252 117 Santa Lucía de Valdueza ... 110

Valdefrancos ... 171 54 Villanueva de Valdueza ... 495 131 SOBRADO ... 1.460 702 Aguiar ... 52 Cabarcos ... 371 120 Cancela ... 107 31 Friera ... 164 78 Portela ... 159 86 Requejo ... 115 57 Sobrado ... 364 177 Sobredo ... 128 38 TRABADELO ... 1.860 801 Molino de Teso Mundín ... 7

Moral de Valcarce ... 137 61 Parada de Soto ... 156 71 Paradela ... 23 3 Pereje ... 187 66 Pradela ... 285 152 San Fiz do Seo ... 229 91 Sotelo ... 253 71 Sotoparada ... 214 66 Trabadelo ... 369 191 VALLE DE FINOLLEDO ... 1.975 974 (6) Burbia ... 415 133 Bustarga ... 46 Moreda ... 225 94 Penoselo ... 126 17 San Martín de Moreda ... 142 94 San Pedro de 011eros ... 490 309 Valle de Finolledo ... 531 327 VEGA DE VALCARCE ... 3.196 1.298 Ambasmestas ... 203 86 Argenteiro ... 46 67 Bárgelas ... 43 14 Braña (La) ... 158 53 Castro (El) ... 105 Cernada (La) ... 48 19 Faba (La) ... 153 54 Herrerías (Las) ... 305 106 Laballós ... 68 22 Laguna (La) ... 91 32 Lamas (Las) ... 63 15 Lindoso ... 131 54 Moñón ... 87 42 Portela de Valcarce (La) ... 171 58 Ransinde ... 127 52 Ruitelán ... 111 38 Samprón ... 100 29 San Julián ... 207 67 San Tirso ... 86 28 Sotogayoso ... 155 25 Treita (La) ... 26 5 Vega de Valcarce ..... Villasinde 439 273 296 136 ( —) Despoblados o integrados en estos núcleos. (1) En la actualidad pertenece al municipio de Tra-badelo. (2) En la actualidad este municipio está incluido en el de Ponferrada. (3) En la actualidad pertenece al municipio de Sobrado. (41 En la actualidad pertenece al municipio de Villafran-ca de El Bierzo. (51 En la actualidad este municipio está incluido en el de Ponferrada. Melezna ... 209 66 Molinos (Los) ... 66

Paradela del Río ... 400

Penedelo ... 95 Peón de Abajo ... 40 Ribera (La) ... 99 San Fiz ... 59 Valiña ... 49 Viariz ... 236 113 Villagroy ... 261 54 MOLLNASECA ... 1.405 728 Acebo, El ... 127 21 Castrillo del Monte ... 120 1 Folgoso del Monte ... 89

Molinaseca ... 640 518 Onamio ... 126 142 Paradasolana ... 128 14 Riego de Ambrós ... 140 32 Tejedas (Las) ... 35 OENCIA ... 1.813 595 Arnadelo ... 265 83 Arpado ... 114 47 Castropete ... 87 42 Gestoso ... 229 65 Herrera de Arnadelo ... 3 Herrería de Arpado ... 4 Leiroso ... 35 4 Lusío ... 120 42 Oencia ... 569 199 Quintela de Oencia ... 31 Sanvitul ... 72 18 Villarrubín ... 284 95 PALACIOS DEL SLL ... 2.785 1.923 Corbón del Sil ... 125 70 Cuevas del Sil ... 181 127 Matalavilla ... 284 81 Mataotero ... 80 26 Palacios del Sil ... 630 774 Salentinos ... 110 15 Salientes ... 283 84 Susañe del Sil ... 480 364 Tejedo del Sil ... 161 130 Valdeprado ... 46 22 Valseco ... 256 121 Villarino del Sil ... 149 109 PARADASECA ... 2.472 74714) Campo del Agua ... 321 108 Cela ... 107 59 Paradaseca ... 445 182 Paradiña ... 310 48 Pobladura de Somoza ... 216 78 Porcarizas ... 158 49 Prado de Paradiña ... 204 30 Tejeira ... 307 197 Veguellina ... 111 67 Villar de Acero ... 293 111 PARAMO DEL SIL ... 1.135 591 Anllares ... 260 149 Anllarinos ... 112 34 Argayo ... 287 171 Sorbeda ... 476 237 PERANZANES ... 1.719 475 Cariseda ... 100 37 Chano ... 440 59 Faro ... 116 42 Fresnedelo ... 132 49 Guimara ... 306 69 Peranzanes ... 332 86 Trascastro ... 293 133 SAN ESTEBAN DE VALDUEZA ... 2.036 449 5 i Bouzas ... 186 37

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Manzanedo de V aldueza. Pequeño núcleo jet ■ alle del Oza entre sotos de casta-ños que está perdiendo su aislamiento por la reciente incorporación al municipio

de Ponferrada.

artesanales. Para ello se preten-de mantener un «mínimo» nivel demográfico y programar una serie de inversiones encaminadas tanto a la conservación y restau-ración del medio físico y la do-tación de infraestructuras y ser-vicios básicos, como a la genera-ción de empleo subvencionando nuevas explotaciones agrícolas, obras de regadío, pequeñas in-dustrias y actividades artesana-les, etc.

A pesar de este marco y de los medios desplegados por la Ad-ministración para recuperar es-tos espacios de montaña, las ac-tuaciones han sido en general in-tentos vanos (en ocasiones inclu-so no llevados a la práctica) pa-ra elevar el nivel de vida de es-tos habitantes de la periferia de nuestra provincia.

En este sentido, la anterior y en algunos casos todavía actual carencia casi absoluta de servi-cios y equipamientos básicos provocaron un efecto de recha-zo entre los sectores jóvenes de la población que prefirieron emigrar a otros lugares (zonas mineras, capital provincial, ex-tranjero) en busca de un futuro más prometedor y con un nivel de vida más digno que el que les ofrecía la montaña. En conse-cuencia, las diversas actuaciones promovidas desde la Adminis-tración han llegado demasiado tarde.

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Delineación:

Francisco Pelayo Somoano.

Procedencia de las fotos:

Archivo del Departamento de Geografía. José Cortizo Alvarez. Felipe Fer-nández García. J. M. García Bartolomé. Miguel Angel Luengo Ugidos. José María Redondo Vega.

Referencias

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