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Unidad 1 la revelación de dios y su transmisión

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Unidad 1

la revelación de dios

y su transmisión

EN LA ILUSTRACIÓN, LA CREACIÓN DE EVA (DETALLE). DE LOS FRESCOS DE LA CAPILLA SIXTINA. 1509-10.

NUESTRO CONOCIMIENTO DE DIOS SE DEBE A SU LIBRE VOLUNTAD DE SALIR A NUESTRO

ENCUENTRO Y DÁRSENOS A CONOCER. LA REVELACIÓN DIVINA ES ANTE TODO UNA INICIATIVA DE

DIOS, FRUTO DE SU AMOR Y DE SU MISERICORDIA. A DIOS LO CONOCEMOS, ANTE TODO, PORQUE

NOS HA ENVIADO A SU HIJO Y A SU ESPÍRITU QUE NOS HAN HABLADO DE ÉL.

Esquema

ESTE ES EL ESQUEMA QUE SIGUE EL TEXTO.

LÉELO ANTES DE PONERTE A ESTUDIAR.

1. DIOS REVELA SU DESIGNIO AMOROSO 2. LAS ETAPAS DE LA REVELACIÓN

3. CRISTO JESÚS, «MEDIADOR Y PLENITUD DE TODA LA REVELACIÓN» (DV 2) 4. LA TRANSMISIÓN DE LA REVELACIÓN DIVINA. ESCRITURA Y TRADICIÓN

(2)

1Jn 1,18. 21 Tim 6,16. 3CIC 50. 4Ver CIC 52. 5DV 2.

bibliografía

LA UNIDAD HA SIDO CONFECCIONADA

USANDO LAS OBRAS CITADAS MÁS ABAJO.

Catecismo de la iglesia católica, nn. 50-100.

para estudiar

LEE EL TEXTO, HAZ UN ESQUEMA

Y ANOTA LAS DUDAS QUE TE SURJAN.

1. DIOS REVELA SU DESIGNIO AMOROSO

«A Dios nadie lo ha visto, el Hijo único, que estaba en el seno del Padre nos lo ha dado a conocer»1. Efectivamente, Dios es absolutamente trascendente, «habita en una luz inaccesible»2,

es el Dios escondido que no podemos controlar con nuestros sentidos. De Dios no tenemos una experiencia sensible directa. Nuestro conocimiento de Dios se debe a su libre voluntad de salir a nuestro encuentro y dársenos a conocer. La revelación divina es ante todo una iniciativa de Dios, fruto de su amor y de su misericordia. A Dios lo conocemos, ante todo, porque nos ha enviado a su Hijo y a su Espíritu que nos han hablado de él.

Ciertamente la Iglesia reconoce la posibilidad de acceso a Dios a través de nuestra razón y de nuestra inteligencia recogiendo las huellas que él ha dejado en la creación y especialmente en el hombre. Así lo reconoció el Concilio Vaticano I y lo expresa claramente el Catecismo: «Mediante la razón natural, el hombre puede conocer a Dios con certeza a partir de sus obras»3.

Es lo que llamamos revelación natural, accesible a todos los hombres. Pero el mismo número indica que el conocimiento pleno de Dios y de su designio de salvación se nos da por una decisión enteramente libre de Dios que se nos revela sobrenaturalmente a lo largo de la historia de la salvación.

Si Dios toma esa decisión libremente es porque «quiere comunicar su propia vida divina a los hombres libremente creados por él, para hacer de ellos, en su Hijo único, hijos adoptivos»4.

Al revelarse a sí mismo, Dios quiere hacer a los hombres capaces de responderle, de conocerle y de amarle más allá de lo que ellos serían capaces por sus propias fuerzas.

Ese designio divino de la Revelación se realiza en la historia de la salvación «mediante acciones y palabras», íntimamente ligadas entre sí y que se esclarecen mutuamente5; es decir,

Dios actúa en la historia para la salvación de su pueblo, y ésta es interpretada por los profetas del Antiguo Testamento y los Apóstoles del Nuevo Testamento gracias a la inspiración del Espíritu Santo. Esta historia de la salvación evoca una sabia pedagogía divina, mediante la cual Dios se comunica gradualmente al hombre y lo prepara por etapas para acoger la Revelación sobrenatural que culminará con el envío de su Hijo Jesucristo. Y es que la Revelación no se nos ha dado de golpe, sino que Dios, poco a poco, ha ido instruyendo a la humanidad y preparándola para acoger

(3)

6DV 3. 7Hb 1,1-2. 8Jn 1,18. 9DV 4.

a Cristo, Palabra de Dios hecho hombre.

2. LAS ETAPAS DE LA REVELACIÓN

En los nn. 54-64 del Catecismo de la Iglesia Católica, siguiendo de cerca la constitución Dogmática Dei verbum del Concilio Vaticano II, se desarrolla brevemente el tema de las etapas de la revelación a lo largo de la historia de la salvación hasta su culminación en Jesucristo. Dios ha entrado en nuestra trama histórica y ha actuado en el rumbo de la historia para dársenos a conocer.

Desde el origen Dios se da a conocer a nuestros primeros padres y los invita a una comunión íntima con él «revistiéndolos de una gracia y de una justicia resplandecientes». Esta revelación no fue interrumpida por el pecado de nuestros primeros padres. Dios, en efecto, «después de su caída alentó en ellos la esperanza de la salvación con la promesa de la redención, y tuvo incesante cuidado del género humano, para dar la vida eterna a todos los que buscan la salvación con la perseverancia en las buenas obras»6.

Desde ese momento comienza una historia de encuentros y desencuentros de Dios y los hombres. La alianza con Noé es signo de la llamada de Dios a todos los pueblos y naciones.

Pero Dios, llamando a los patriarcas y a sus descendientes, constituye a Lsrael como pueblo suyo, liberándolo de la esclavitud de Egipto y estableciendo con él una alianza en el Sinaí, dándole su Ley por medio de Moisés. Los profetas recordarán constantemente al pueblo la alianza y la promesa y alentarán la esperanza del pueblo. La historia del pueblo de Israel sirve de preparación para el gran acontecimiento de la revelación plena en Cristo Jesús. Estas grandes etapas serán objeto de nuestro estudio posteriormente.

3. CRISTO JESÚS, «MEDIADOR Y PLENITUD DE TODA LA REVELACIÓN» (DV 2)

Comienza el Catecismo recordando una cita clásica de la Carta a los Hebreos donde se afirma que Dios nos los ha revelado todo en su Verbo encarnado: «De una manera fragmentaria y de muchos modos habló Dios en el pasado a nuestros Padres por medio de los Profetas; en estos últimos tiempos nos ha hablado por su Hijo»7.

También podemos recordar lo que dice el prólogo de san Juan en torno a la misma idea: «A Dios nadie lo ha visto, el Hijo único que estaba en el seno del Padre nos los ha dado a conocer»8. Jesucristo es la Palabra única del Padre, que conoce la intimidad de Dios, porque es

el Hijo: Él es el único que por ser Dios verdadero y por ser hombre verdadero puede darnos a conocer de modo insuperable el misterio y el designio de Dios. También el Catecismo nos recuerda un bellísimo texto de san Juan de la Cruz que expresa luminosamente esta verdad: «Porque en darnos, como nos dio a su Hijo, que es una Palabra suya, que no tiene otra, todo nos lo habló junto y de una vez en esta sola Palabra, y no tiene más que hablar; porque lo que hablaba antes en partes a los profetas ya lo ha hablado en el todo, dándonos al Todo, que es su Hijo. Por lo cual, el que ahora quisiese preguntar a Dios, o querer alguna visión o revelación, no sólo haría una necedad, sino haría agravio a Dios, no poniendo los ojos totalmente en Cristo, sin querer otra alguna cosa o novedad».

De ahí que inmediatamente podamos añadir, con la Dei Verbum y con el Catecismo que «La economía cristiana, como alianza nueva y definitiva, nunca cesará y no hay que esperar ya ninguna revelación pública antes de la gloriosa manifestación de nuestro Señor Jesucristo»9. Sin

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10DV 7.

11Ver Mt 28,20.

a la fe cristiana comprender gradualmente todo su contenido en el transcurso de los siglos, mediante la profundización progresiva en el depósito de la fe dado de una vez por todas en Jesucristo.

Termina el Catecismo recordando que las posibles revelaciones llamadas privadas no pertenecen al depósito de la fe, y que éstas, en cualquier caso, ni completan ni mejoran la Revelación.

4. LA TRANSMISIÓN DE LA REVELACIÓN DIVINA. ESCRITURA Y TRADICIÓN

Dios quiso que lo que había revelado para salvación de todos los pueblos se conservara por siempre íntegro y fuera transmitido a todas las edades10. Es la expresión del convencimiento

de la Iglesia de que en Jesucristo se nos ha revelado plenamente Dios para la salvación de todo el género humano, de ahí la necesidad de anunciarlo a todos. Ese anuncio es, además, un mandato del Señor a sus apóstoles11.

Los apóstoles cumplieron ese mandato del Señor de dos maneras:

Oralmente: «los Apóstoles, con su predicación, sus ejemplos, sus instituciones, transmitieron de palabra lo que habían aprendido de las obras y palabras de Cristo y lo que el Espíritu Santo les enseñó». Es lo que llamamos Tradición apostólica.

Por escrito: «los mismos Apóstoles y otros de su generación pusieron por escrito el CRISTO EN MAJESTAD CON LOS APÓSTOLOS. MADERA POLICROMADA. (1200-1220). MUESO NACIONAL DE ARTE DE CATALUÑA (BARCELONA).

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12DV 7. 13DV 9. 14Ver CIC 81-82. 15DV 10. 16Ver Lc 22,32. 17Ver GS 25.

mensaje de la salvación inspirados por el Espíritu Santo»12. Es el mensaje que tenemos contenido

en la Sagrada Escritura.

La Tradición y la Sagrada Escritura «están íntimamente unidas y compenetradas. Porque surgiendo ambas de la misma fuente, se funden en cierto modo y tienden a un mismo fin»13.

Siendo dos modos distintos de transmisión (uno oral, otro escrito), la Iglesia , a la que está encomendada la transmisión y la interpretación de la Revelación, estima que «se han de recibir y respetar con el mismo espíritu de devoción»14.

5. LA INTERPRETACIÓN DEL DEPÓSITO DE LA FE. EL MAGISTERIO DE LA IGLESIA

El depósito de la fe, que hemos recibido por la revelación de Jesucristo, y que está contenido en la Tradición y en la Sagrada Escritura fue confiado a la Iglesia por los Apóstoles, y se ha de conservar y transmitir íntegramente a todos. Ese es el oficio del Magisterio de la Iglesia. Dei Verbum 10 es un texto a tener en cuenta en este punto.

«El oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios, oral o escrita, ha sido encomendado sólo al Magisterio vivo de la Iglesia, el cual lo ejercita en nombre de Jesucristo. Pero el Magisterio no está por encima de la palabra de Dios, sino a su servicio, para enseñar puramente lo transmitido, pues por mandato divino y con la asistencia del Espíritu Santo, lo escucha devotamente, lo custodia celosamente, lo explica fielmente; y de este único depósito de la fe saca todo lo que propone como revelado por Dios para ser creído»15.

Este oficio lo desempeñan el Papa y los obispos en comunión con él. La tarea de «confirmar en la fe a los hermanos» fue confiada a Pedro por parte de Jesús16. Hay una

continuidad entre la promesa de Jesús a Pedro y el Magisterio de la Iglesia, que debe estar al servicio de la Revelación y de la fe17.

El Magisterio puede ser Ordinario o Extraordinario. El primero es el modo común de enseñanza por parte de los obispos, cada uno en su diócesis o todos en conjunto como colegio episcopal; también es Magisterio ordinario la enseñanza habitual del Papa. El Magisterio extraordinario se realiza en circunstancias muy especiales como la reunión del Concilio ecuménico o cuando el Papa habla «ex cátedra», es decir, cuando como pastor y maestro de todos los cristianos establece de modo definitivo que una doctrina que se refiere a la fe y a la vida cristiana debe ser creída por toda la Iglesia como divinamente revelada, o lo que es lo mismo, cuando define un dogma.

También el Magisterio tiene diversos grados de obligatoriedad para la fe. No es lo mismo cuando el Magisterio enseña de forma no infalible que cuando lo hace infaliblemente. Este segundo caso se da sólo cuando bien el conjunto de todos los obispos o bien el Papa pro claman de manera solemne y explícita una doctrina de fe como procedente de la revelación y en la cual deben creer todos los fieles. Cuando este caso se da (Magisterio auténtico e infalible) los fieles deben la sumisión de la fe a la verdad proclamada.

En cualquier caso siempre hay que tener presente que el Magisterio no inventa verdades de fe. Su oficio es sólo interpretar auténticamente, es decir, con autoridad, la verdad de la fe contenida en la revelación. El Magisterio está al servicio de la fe, escuchando, custodiando y exponiendo con fidelidad el contenido de la Revelación.

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resumen

AQUÍ TIENES EL RESUMEN DEL TEMA

QUE HEMOS DESARROLLADO EN LAS PÁGINAS PRECEDENTES.

Dios, por amor, se ha revelado al hombre. Siendo absolutamente trascendente, Dios sale de este modo a nuestro encuentro, dando «una respuesta definitiva y sobreabundante a las cuestiones que el hombre se plantea sobre el sentido y la finalidad de su vida».

Dios se ha revelado al hombre y le ha mostrado su proyecto a lo largo de la historia de la salvación comunicándole gradualmente su propio misterio mediante obras y palabras. En esa historia podemos distinguir varias etapas de la revelación: a nuestros primeros padres, a Noé, a los patriarcas, al pueblo en la liberación de Egipto y en la Alianza en el Sinaí, a los profetas.

Pero la revelación plena y definitiva nos ha sido dada en el envío por parte de Dios de Jesucristo, su Hijo único, y del Espíritu Santo. El Hijo es la Palabra definitiva del Padre, de manera que no habrá ya otra Revelación después de él.

«Lo que Cristo confió a los Apóstoles, éstos lo transmitieron por su predicación y por escrito, bajo la inspiración del Espíritu Santo, a todas las generaciones hasta el retorno glorioso de Cristo». Así, la Tradición y la Sagrada Escritura constituyen el depósito sagrado de la palabra de Dios.

El oficio de interpretar auténticamente la Palabra de Dios ha sido confiado únicamente al Magisterio de la Iglesia, al Papa y a los obispos en comunión con él. El Magisterio escucha devotamente, custodia celosamente y explica fielmente el depósito de la fe. «La Iglesia con su enseñanza, su vida, su culto, conserva y transmite a todas las edades lo que es y lo que cree» (DV 8).

para reflexionar

ESTE MATERIAL TE AYUDARÁ

A ENTENDER MEJOR Y A PROFUNDIZAR EL TEMA.

1

Dios lo ha dicho todo en su Hijo.

SANJUAN DE LACRUZ, Subida del Monte Carmelo, II, 22,5.

Por lo cual, el que ahora quisiese preguntar a Dios, o querer alguna visión o revelación, no

sólo haría una necedad, sino haría agravio a Dios, no poniendo los ojos totalmente en Cristo, sin

querer otra alguna cosa o novedad.

Porque le podría responder Dios de esta manera, diciendo: «Si te tengo ya habladas todas

las cosas en mi Palabra, que es mi Hijo, y no tengo otra, ¿qué te puedo yo ahora responder o revelar

que sea más que eso? Pon los ojos sólo en él, porque en él te lo tengo dicho todo y revelado, y

hallarás en él aún más de lo que pides y deseas. Porque tú pides locuciones y revelaciones en parte,

y si pones en él los ojos, lo hallarás en todo; porque él es toda mi locución y respuesta y es toda mi

visión y toda mi revelación. Lo cual os he ya hablado, respondido, manifestado y revelado, dándoosle

(7)

por Hermano, Compañero y Maestro, Precio y Premio Porque desde aquel día que bajé con mi

Espíritu sobre él en el monte Tabor, diciendo: Hic est filias meus dilectus, in quo mihi tiene

complacui, ipsum audite (Mt 17, 5); es a saber: Este es mi amado Hijo, en que me he complacido;

a él oíd, ya alcé yo la mano de todas esas maneras de enseñanzas y respuestas y se la di a él. Oídle

a él, porque ya no tengo más fe que revelar, ni más cosas que manifestar. Que, si antes hablaba, era

prometiendo a Cristo; y si me preguntaban, eran las preguntas encaminadas a la petición y

esperanza de Cristo, en que habían de hallar todo bien, como ahora lo da a entender toda la

doctrina de los evangelistas y apóstoles. Mas ahora, el que me preguntase de aquella manera y

quisiese que yo le hablase o algo le revelase, era en alguna manera pedirme otra vez a Cristo, y

pedirme más fe, y ser falto en ella que ya está dada en Cristo. Y así, haría mucho agravio a mi amado

Hijo, porque no sólo en aquello le faltaría en la fe, mas le obligaba otra vez a encarnar y pasar por

la vida y muerte primera. No hallarás qué pedirme ni qué desear de revelaciones o visiones de mi

parte. Míralo tú bien, que ahí lo hallarás a hecho y dado todo eso, y mucho más, en él..

2

La revelación en sí misma.

Constitución Dei Verbum, 2-6.

NATURALEZA Y OBJETO DE LA REVELACIÓN

2

Dispuso Dios en su sabiduría revelarse a Sí mismo y dar a conocer el misterio de su voluntad,

mediante el cual los hombres, por medio de Cristo, Verbo encarnado, tienen acceso al Padre en

el Espíritu Santo y se hacen consortes de la naturaleza divina. En consecuencia, por esta revelación,

dios invisible habla a los hombres como amigos, movido por su gran amor y mora con ellos, para

invitarlos a la comunicación consigo y recibirlos en su compañía. Este plan de la revelación se realiza

con hechos y palabras intrínsecamente conexos entre sí, de forma que las obras realizadas por Dios

en la historia de la salvación manifiestan y confirman la doctrina y los hechos significados por las

palabras, y las palabras, por su parte, proclaman las obras y esclarecen el misterio contenido en

ellas. Pero la verdad íntima acerca de DIos y acerca de la salvación humana se nos manifiesta por

la revelación en Cristo, que es a un tiempo mediador y plenitud de toda la revelación

PREPARACIÓN DE LA REVELACIÓN EVANGÉLICA

3

Dios, creándolo todo y conservándolo por su Verbo, da a los hombres testimonio perenne

de sí en las cosas creadas, y, queriendo abrir el camino de la salvación sobrenatural, se manifestó,

además, personalmente a nuestros primeros padres ya desde el principio. Después de su caída

alentó en ellos la esperanza de la salvación, con la promesa de la redención, y tuvo incesante

cuidado del género humano, para dar la vida terna a todos los que buscan la salvación con la

perseverancia en las buenas obras. En su tiempo llamó a Abraham para hacerlo padre de una gran

pueblo, al que luego instruyó por los Patriarcas, por Moisés y por los Profetas para que lo

reconocieran Dios único, vivo y verdadero, Padre providente y justo juez, y para que esperaran al

Salvador prometido, y de esta forma, a través de los siglos, fue preparando el camino del Evangelio.

CRISTO LLEVA A SU CULMEN LA REVELACIÓN

4

Después que Dios habló muchas veces y de muchas maneras por los Profetas, «últimamente,

en estos días, nos habló por su Hijo». pues envió a su Hijo, es decir, al Verbo eterno, que ilumina

a todos los hombres, para que viviera entre ellos y les manifestara los secretos de Dios; Jesucristo,

(8)

pues, el Verbo hecho carne, «hombre enviado, a los hombres», «habla palabras de Dios» y lleva a

cabo la obra de la salvación que el Padre le confió. Por tanto, Jesucristo -ver al cual es ver al Padre-,

con su total presencia y manifestación personal, con palabras y obras, señales y milagros, y, sobre

todo, con su muerte y resurrección gloriosa de entre los muertos; finalmente, con el envío del

Espíritu de verdad, completa la revelación y confirma con el testimonio divino que vive en Dios con

nosotros para librarnos de las tinieblas del pecado y de la muerte y resucitarnos a la vida eterna.

La economía cristiana, por tanto, como alianza nueva y definitiva, nunca cesará, y no hay que

esperar ya ninguna revelación pública antes de la gloriosa manifestación de nuestro Señor Jesucristo

(ver 1 Tim 6,14; Tit 2,13).

LA REVELACIÓN HAY QUE RECIBIRLA CON FE

5

Cuando Dios revela hay que prestarle «la obediencia de la fe», por la que el hombre se confía

libre y totalmente a Dios prestando «a Dios revelador el homenaje del entendimiento y de la

voluntad», y asistiendo voluntariamente a la revelación hecha por El. Para profesar esta fe es

necesaria la gracia de Dios, que proviene y ayuda, a los auxilios internos del Espíritu Santo, el cual

mueve el corazón y lo convierte a Dios, abre los ojos de la mente y da «a todos la suavidad en el

aceptar y creer la verdad». Y para que la inteligencia de la revelación sea más profunda, el mismo

Espíritu Santo perfecciona constantemente la fe por medio de sus dones.

LAS VERDADES REVELADAS

6

Mediante la revelación divina quiso Dios manifestarse a Sí mismo y los eternos decretos de

su voluntad acerca de la salvación de los hombres, «para comunicarles los bienes divinos, que

superan totalmente la comprensión de la inteligencia humana».

Confiesa el Santo Concilio «que Dios, principio y fin de todas las cosas, puede ser conocido

con seguridad por la luz natural de la razón humana, partiendo de las criaturas»; pero enseña que

hay que atribuir a su revelación «el que todo lo divino que por su naturaleza no sea inaccesible a la

razón humana lo pueden conocer todos fácilmente, con certeza y sin error alguno, incluso en la

condición presente del género humano».

para escribir

SIGUE LAS INSTRUCCIONES

Y ESCRIBE TU REFLEXIÓN EN EL CUADERNO DE TRABAJO.

1

Lee Jn 1,14.18, Heb 1,1-4 y 1Jn 1,1-4. Compara los textos y coméntalos a la luz de tuestudio personal del tema.

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