COMPENDIO
DE LA HISTORIA UNIVERSAL,
ó c
P I N T U R A H I S T Ó R I C A
D E T O D A S L A S N A C I O N E S ,
SU ORIGEN, VICISITUDES Y PROGRESOS HASTA NUESTROS DÍAS.
OBRA ESCRITA EN FRANCÉS
Por Mr. Anquetil, m i e m b r o de varias Academias
literarias.
TRADUCIDA
POR EL PADRE SON FRANCISCO VÁZQUEZ)
Clérigo Reglar de San Cayetano.
TOMO X I V .
COMPENDIO
DE L A H I S T O R I A U N I V E R S A L .
RUSIA.
Contiene la Rusia la mitad mas de terrena
que el Imperio romano, el qual era diez v e ces mayor que el reyno mas grande de E u -ropa. No corresponde la población á la exten-sión; porque una grande porción de este Im-perio está llena de desiertos, lagos y selvas in-mensas. L e habita una multitud de naciones diferentes, entre las quales se hallan también salvages. Puede contarse allí con un tercio por lo menos de las lenguas que se hablan en la superficie del globo, y con un gran número que son desconocidas aun á los sabios. Las c i u -dades están separadas á grande distancia unas de otras, la mayor parte mal edificadas y de madera, tales que no se contarían entre no-sotros sino por miserables aldeas. Se divide la Rusia en Europea y Asiática. El clima, las producciones y las costumbres es imposible que sean las mismjs en sus vastas provincias, por lo que nos contentaremos con indicar en estos
COMPENDIO
tos las particularidades morales y físicas, que son mas dignas de notarse.
En el fondo del golfo de Finlandia, y en un parage en donde por los años de 1703 no se veían mas que barracas de pescadores, se levanta la corte de Petersburgo edificada por Pedro el Grande. La adornan magníficos palacios, bellas I g l e s i a s , grandes edificios
pú-blicos, y se hallan en ella almacenes provis-tos de las mercancías de Asia y de Europa. H a y una escuela de C a d e t e s , una célebre Academia , salas de justicia, y quanto puede h a -cer considerable una ciudad. Por ser la habi-tación del Soberano se la mira como capital del I m p e r i o , en perjuicio de Moscou, que lo fue en otro tiempo y que siempre es ciudad m u y g r a n d e , aunque la ausencia del Monarca ha disminuido su población. A poca distancia de Petersburgo está el puerto de Cronstat, en donde se arman los navios rusos, que en nuestros dias hemos visto atravesar el Océano, recorrer el Mediterráneo, y hacer temblar los Dardanelos.
DE I A HISTORIA UNIVERSAL. <f
y de Pigmeos, denominaciones que indican su pequeña estatura, que rara vez llega á qua-tro pies y nunca pasa, y la costumbre de vivir en los agujeros que hacen debaxo de tierra. Sus manos y sus pies son de una p e -quenez extraordinaria, y parece estar forma-dos á propósito para trepar por las rocas de que la Laponia está erizada. Es tal el apego de estos pueblos á su pais, que les es casi imposible vivir en otras partes. Tienen muy p o -cas ideas, y por consiguiente su lengua está reducida á pocas palabras; y no conocen el tuyo ni el mió, pues se dice que hasta las mugeres propias se las ofrecen á los extrangeros con la esperanza de hermosear su casta, como si una «ación entera creyera ser toda fea. Su religión es un culto ceremonioso, pero sin dogmas: vi-ven largo tiempo, padecen pocas enfermeda-des , y en aquel helado clima no beben mas que agua.
COMPENDIO
DE LA HISTORIA UNIVERSAL. 7 estos infelices, y de dominar en sus desiertos.
En los Cosacos hallaron los Rusos guer-reros mas dignos de su v a l o r ; porque son una casta de hombres altos, bien formados, vigo-rosos y valientes, endurecidos con la fatiga, inconstantes, alegres y de mucha viveza. Son nación poderosa. Consisten sus fuerzas en la caballería, y están repartidos en muchas tri-bus ó familias, baxo de una cabeza que ellos llaman Hetmán. Su lengua parece tener un tronco primitivo, en el que han inxertado l o -cuciones rusas, suecas y polacas, según la pro-ximidad con estas naciones.
COMPENDIO
carias á las islas destinadas para e l l a s , y no era caso raro que el hermano se encontrase con la hermana, el padre con la hija, y el hijo con la madre. No obstante, decían ellos q u e eran christianos; bien que en el fondo no conocían mas que sus costumbres, y estas no tenían otra regla que las necesidades de la naturaleza y de la vida. Ademas de la matan-za que hicieron las tropas del C z a r , hizo este transportar muchos á las riberas menos pobla-das del mar B á l t i c o ; pero á pesar de sus es-fuerzos para extirpar esta nación belicosa, no lo consiguió enteramente; y así todavía se han quedado en sus islas en las quales han con-servado alguna cosa de la singularidad de sus costumbres.
En la Rusia asiática ó Tartaria R u s a , es-tá la Círcasia, parte de la qual pertenece al Czar. Las mugeres son famosas por su her-mosura, y las llaman las Tártaras Francesas porque gustan mucho de las modas. T a m -bién los hombres visten con mucha g a l a ; y respecto de sus vecinos están civilizados. Prac-tican la circuncisión, y esto es todo lo que tienen del mahometismo, al que añaden pa-ganismo y christíanísmo.
DE 1 A HISTORIA U N I V E R S A ! . 9 una inmensa extensión del país; y por lo general son feos, pero recios, gruesos y muy vigorosos. Sus caballos tienen alguna analogía con sus due-ños por la fuerza y el ardor. Seria necesario es-tudio particular para solo retener la simple no-menclatura de estos pueblos. Están divididos en infinidad de familias, las quales esparcidas por los campos que habitan con preferencia , miran á las ciudades como prisiones; y así no hay país en el mundo en donde se hallen menos ciuda-des que en la Rusia tártara; pero no siempre estuvo tan sin e l l a s , pues existen montones de ruinas, que no pudieron menos de ser ciuda-des, y muy considerables. Algunas esculturas que hay en ellas han surtido de monedas grie-g a s , siriacas, árabes y romanas á los curiosos.
frió muy largo y tan riguroso, que se han quedado los hombres hci;¡dos en sus caballos; pero se abrigan con p i e l e s , que entre ellos son m u y comunes, como que la caza es el exercicio mas ordinario de los habitadores. Abunda el pais en toda especie de minerales, y aun. se hall, i huesos fósiles, que son restos ó de grandes elefantes, cosa muy extraordina-ria, en pais t.'ii frió, ó de otra especie de ani-males que se ha perdido. Los naturalistas no están acordes sobre este p u n t o ; pero debe sa-berse que los huesos enterrados que llegan á petrificarse, crecen enormemente con el tiempo.
DE LA HISTORIA UNIVERSAL. I I
se deshace en parte de sus mercaderías euro-peas, y guarda otras para los Chinos, q u e sa-be que ha de encontrar en tiempo señalado en los confines de los dos reynos. Hechos los cam-bios vuelve el Ruso á las ferias de Siberia, en donde se provee, se completa y pasa á Moscow á los cinco años cargado de riquezas bien merecidas.
A la Siberia no la sujetaron con la b e nignidad, pues en una ciudad p e q u e ñ a , l l a -mada T a r a , hizo Pedro el Grande empalar en un solo dia setecientos habitadores, que su-ponía ser rebeldes, para inspirar terror á los ciernas. En las cercanías de esta ciudad desgra-ciada hay una especie de junquillo, que mez-clado en la bebida hace un efecto en los que Ja usan bien extraordinario. Todo se aumenta á su vista, de modo que una paja les parece una v i g a , algunas gotas de agua les parece que forman un l a g o , y un agujerito se les representa como un precipicio. Supuesto que los infelices habitadores de Tara tenían un pre-servativo tan b u e n o , ¿por qué no enviaron al-gunos toneles de vino ó de aguardiente con esta mezcla á los Moscovitas que los amena-zaban ?
1 COMPENDIO
oriental está K a m t s c h a t k a , península bastante bien habitada. Desde allí salen los navios rusos que van hacia la América á adelantar sus des-cubrimientos, de los quales, hasta ahora, no nos han dado noticia; pero tal vez nos expli-carán algún d i a , que por esta parte fueron á poblar el nuevo mundo.
En una extremidad del Imperio de Rusia es la hora de medio dia quando va á ser la de media noche en el extremo opuesto. En tan vasta extensión el sol, el clima y las pro-ducciones son muy diferentes, variando tanto las costumbres que es imposible explicarlo; y así nos contentaremos con presentar las de la nación por m a y o r , tomándolas en las ciudades ó en los parages mas habitados.
Se dividen los Rusos en tres clases, los nobles, Caballeros de título , llamados Knees; los simples nobles, llamados Duorninos, los quales están obligados al servicio militar; y los paisanos. No se habla de comerciantes ni artesanos, porque no hacen clase a p a r t e , y se confunden en las otras.
DE l A HISTORIA UNIVERSAL. I 3 tienen nada propio sino algunos malos u t e n -silios de menage de casa en miserables cober-tizos. Como verdaderos esclavos son la rique-za de los dueños de la tierra que cultivan. Un paisano ruso se tiene por feliz quahdo puede llegar á ser soldado, porque no siem-pre se le permite. La vida laboriosa y endu-recida al trabajo, la obediencia pasiva, la incomodidad á que están acostumbrados a q u e -llos paisanos, y la indiferencia con que mi-ran una vida tan poco gustosa, los hacen tro-pas excelentes. El Gobierno es despótico; pues aunque hay un Senado no se le puede con-siderar sino como el Consejo del Príncipe, es-cogido por este y sujeto á su voluntad. Pedro el Grande introduxo en su corte todos los medios de administración que se ven en los Estados mas civilizados.
COMPENDIO
zas de los Gnósticos. Pedro el Grande intentó destruirlos violentamente ; pero ellos mas bien que abjurar se encerraban en sus casas, en las guales se quemaban con sus familias; y se con-siguió el fin despreciándolos. El Clero fue en otro tiempo muy poderoso, pues el Patriarca era mirado como igual con el Emperador, si no se creía superior, y á proporción se portaban los demás Prelados; pero Pedio el Grande des-t r u y ó el poder del C l e r o , quides-tándole las ri-quezas. A l l í son muy numerosos los conven-tos, así de hombres como de mugeres. Los que los habitan son muy ignorantes, y gene-ralmente los Ministros del c u l t o , mas se pre-cian de exactos en las prácticas exteriores que de sabios.
DE LA HISTORIA UNIVERSAL. I $
ellos una tela. Tienen en estos casos cabalgatas, cánticos, convites, danzas; pero siempre lasmu-geres están separadas de los hombres, y por conclusión todo quanto se hace es un emblema de la fecundidad. £1 lecho se extiende sobre haces de la cosecha , y se ponen las hachas en barriles de cebada y avena. Quando avi-sa un criado haberle dicho el marido que la novia es ya su m u g e r , resuenan los tambo-res y las trompetas; pero á todo esto ha pre-cedido el consentimiento dado en la Iglesia. Los entierros son muy suntuosos: antes de po-ner el cuerpo en la sepultura abren la caxa, y van los parientes acercando su rostro al del m u e r t o , y diciéndole la última despedida. Es-ta costumbre tiene por lo menos la venEs-taja de que no se precipite el entierro, y se sepa con certidumbre que está muerto. Todos los años bendicen los rios; y aunque se haga esta ce-remonia en las estaciones mas ásperas, hom* bres y mugeres se precipitan en tropel ves-tidos ó desnudos. Y a esta devoción, como tam-bién las costumbres que acabamos de pintar, han perdido mucho desde que Pedro el Gran-de se Gran-declaró por los usos europeos, que van venciendo á los suyos.
cías ni las artes, antes bien si se aplican las cultivan con fruto. Se dice de ellos cjue son desconfiados y querellosos; pero se sujetan mu-cho á las órdenes de sus superiores. Los Gran-des gustan del fausto, y el pueblo es muy apasionado á los licores fuertes: sus vestidos son anchos y ricos. En otro tiempo las itiu-geres se animaban la tez pintándose de encar-nado; y también las han atribuido el deseo de que sus maridos las golpeasen en señal de amor. Los hombres estimaban mucho la bar-ba, y hacían ostentación de tener gran vientre,
pero Pedro el Grande !<¡zo hundir los vientres y quitarse las barbas; bien que la r e p u g -nancia en este articulo llego hasta sublevación. ¿ Q u i é n procedió menos cuerdo en esto, el Principe ó los vasallos?
Las casas, aun en las ciudades principa-l e s , son casi todas de madera, y como es m u y común la embriaguez son freqüentes los in-cendios; pero el pueblo se repara muy pres-to de esta pérdida, porque los muebles son de valor tan corto, que por poco dinero que h a -yan salvado, hallan casas de uno ó de mas al-tos que se venden, y no hay mas que sen-tarlas en donde quieran.
DE LA HISTORIA UNIVERSAL. \J
se practique en este I m p e r i o ; pero no son tantas ni tan activas las manufacturas que p u e -dan pasarse sin las extrangeras. Ademas del comercio interior tienen el exterior, y el principal es el de la China. N o quieren los R u sos que otros tengan parte en é l ; y si a l g u -nas veces sufren á los Ingleses es con muchas precauciones contra los planes engañosos de este pueblo dominador. D e los Rusos se di-c e , que son tan diestros y hábiles en el di-co~ m e r c i o , q u e los Judíos apenas hallan que res-pigar por donde ellos han pasado, por lo qual en la Rusia h a y pocos Judíos.
N o hay Monarca mas absoluto que el C z a r ; pero debe advertirse que no le hay menos seguro en su trono. En la ceremonia de la coronación hay una fórmula que supone e l consentimiento del pueblo ; pero no hay título contra la fuerza. L a hacienda, el e x é r cito y la marina todo está sujeto á r e g l a m e n tos m u y prudentes: la justicia es m u y r i g u -rosa, y los castigos horribles. Los deudores in-curren en prisión, en penas aflictivas, y por último en esclavitud. Los premios del Czar son dinero ó tierras, que se estiman mas ó menos por el número de paisanos ó vasallos, y los tí-tulos de honor. H a y dos órdenes de Caballería,
COMPENDIO
una para hombres y otra para mugeres. N o hay mayor suntuosidad que la del palacio del Prín-c i p e : todos los dias, diPrín-cen, que se ponen Prín- cien-to y cincuenta mesas, en las que se sirven mil y ochocientos platos.
-DE LA HISTORIA UNIVERSAL. 1 9 ras intestinas, oprimida por los debates san-grientos de sus Príncipes desunidos, fue mu-chas veces una conquista fácil para los Pola-cos y los Tártaros.
En medio de esta confusión, y en el si-glo x v , se presentó J u a n Basiliowitz, á quien cuentan por fundador del Imperio ruso, no obstante que sucedió á los q u e , aunque con interrupciones, habian rey nado anteriormente. Habia tenido el trono Basilio su p a d r e ; y u n usurpador llamado D e m e t r i o , no contento con quitarle la corona, le hizo'sacar los ojos. Los Rusos indignados á vista de esta barbaridad, aunque al principio le recibieron bien , le arro-jaron del trono, y restablecieron á Basilio, S u hijo J u a n halló tan degradada la corona . q u e el Gran D u q u e de Moscovia, único título q u e entonces se daba á aquel Soberano, pedia con humildad audiencia á los Ministros que el Em-perador de Tartaria mantenía en la capital de los Rusos. Sofía, esposa de J u a n , se e m p e -ñó en que su esposo sacudiese un y u g o tan infame; y no solo le sacudió sino que l l e g ó á ser Monarca de aquellos mismos Tártaros que le tenían sujeto, ciñendo la corona de es-tos en Casan.
N o se debieron todas sus conquistas al va*
O COMPENDIO
l o r ; pues aunque no le acusan de cobarde, to-dos le suponen- mas política que talentos milita-res. Hay historiadores que dicen, que una sola vez se puso á la frente de sus exércitos; pero que los aciertos de sus Generales se d e -bieron por la mayor parte á sus instrucciones. Otros aseguran que hacia la guerra por sí mis-mo , y que fue el que estableció la discipli-na entre aquellos hombres que jamas habían conocido regla alguna de ataque ni de defen-sa. Tenia J u a n un ayre imperioso , estatura gigantesca, prodigiosas fuerzas, un mirar fiero y terrible. Castigaba severamente la embria-g u e z en los otros, y la perdonaba en sí mis-mo , pues rara vez pasaba dia en que al co-mer no se embriagase. L e adormecía el ex-ceso de la bebida; pero despertaba a l e g r e ; y sin embargo de que tenia otros defectos, le dieron el sobrenombre de Grande.
DE LA HISTORIA UNIVERSAL. 2 I
Tártaros, y acometieron juntos á la Rusia. Los de Crimea penetraron hasta M o s c o w , y se la entregó Basilio; pero se la dexáron mediante un tributo, que él redimió con las armas ven-ciendo á los Tártaros.
Dicen los analistas que quando determinó casarse le presentaron por lo menos diez y seis mi! doncellas para que escogiese: y sin duda seria un fénix en hermosura y en tuda suer-te de prendas la preferida. Se llamaba Salo-m e a , y vivió con ella veinte años, sin que le diese sucesión. Cansado por su esterilidad ó por otros motivos, la repudió y la encerró en un convento. Apenas habia entrado en él quando corrió la voz de que estaba en cinta. Envió el Czar mugeres que se certificasen del hecho, y dixéron ser verdad: le pareció al Emperador cosa extraña; peto Salomea pro-testó que no habia conocido á otio hombre. Basilio no habló mas sobre este punto, y la dexó que pariese sin estorbo : dio á luz un h i j o , y le ocultó. El Emperador se casó con otra llamada Elena , cuyo h i j o , llamado J u a n , fue colocado en el trono en la edad de cin-co años.
buen P r í n c i p e , bien porque lo ignorase, ó porque le mereció poco cuidado, no por eso la miro mal. Los tutores del Monarca niño no fueron tan indulgentes; y como continuasen sus desórdenes, la encerraron en un convento, y asaron vivo al galán. Apenas puede creerse que hubiesen llegado á tal exceso, si Elena, y tal vez su a m a n t e , no hubiesen, sobre su mala conducta , tenido la intención ambiciosa de apoderarse del Gobierno.
te-DE LA HISTORIA UNIVERSAL. 23 míendo los adelantamientos que podrían h a -cer disciplinados aquellos salvages, no les en-vió artistas ni oficiales.
A J u a n no le hacia falta la táctica euro-pea contra los Tártaros, que la ignoraban co-mo é l , y así les ganó grandes victorias, é hizo prisioneros dos de sus R e y e s . También fue feliz contra los Suecos y los Dinamarqueses. Se cree que debió en gran parte sus p r o -gresos á la disciplina a l e m a n a , y que por no ser los Príncipes germanos tan políticos como el Emperador, dexáron pasar á Rusia solda-dos que formaron á los Moscovitas, ó bien sin que ellos lo supiesen, los llevó J u a n , y con su auxilio venció á los mismos A l e m a -nes. Llevaba un dia un General de esta nación atado al carro de su triunfo, y dos R e -yes tártaros prisioneros, testigos del espectácu-lo , le escupieron en el rostro, y le dixéron: „ B i e n merecido lo tenéis perros alemanes, por haber puesto en manos de los Moscovitas el azote que sirve para castigaros."
COMPENDIO
q u e se sublevasen sus vasallos y le quitasen el reyno. Con efecto, las novedades que pro-curaba introducir en las costumbres, causaron descontento; y cansado de que se opusiesen á sus buenas intenciones propuso renunciar; p e -ro arrepentidos sus vasallos le retuvie-ron en el trono prometiendo ser mas dóciles.
-DE 1 A HISTORIA UNIVERSAL. 2 $
sia debía el Emperador executar por sí mismo su sentencia; ¿pero qué excusa admite el preliminar?
En su propia familia dio una prueba del imperio que la bárbara costumbre conservaba en sus pasiones. Tenia un hijo digno de la mayor estimación: las tropas, enamoradas de aquel joven , le pidieron por General para una guerra proyectada. Imaginó J u a n que su hijo las habia inspirado esta proposición ; y aunque el Príncipe se presentó para justificar-se , su padre no le quiso oir. Tenia en la mano un bastón herrado; y haciendo un g e s -to como para apartar á su hijo, le dio tal golpe en la cabeza con el bastón, que cayó el Príncipe sin movimiento á sus pies. D e l extremo de la cólera pasó de repente el pa-dre al extremo del dolor: se arrojó sobre su hijo, le tomó en sus brazos, y le estrechó á su pecho con las expresiones de la ternura mas afectuosa. V i v i ó todavía aquel joven el tiempo suficiente para justificarse, y dexar cla-vada en el corazón de su padre la saeta que con la certidumbre de su inocencia se le es-tuvo rasgando siempre.
-lítico y guerrero. Estuvo siempre en guerra con los T á r t a r o s , Polacos, Suecos, Dinamar-queses y T u r c o s : muchas veces los venció, y nunca en sus derrotas perdió sus esperanzas: siempre ganaba alguna cosa en los tratados quando no los hacia del todo ventajosos. Era para aquellos tiempos muy instruido: aborre-cía á los perezosos como gangrena de los Es-tados , y detestaba á los que se embriagaban como capaces de las mas horribles acciones. A los que contraían deudas sin poder satisfacer, los miraba como perniciosos á la sociedad: los notaba de infamia, y los desterraba. Siempre que tenia que nombrar sugetos para las plazas de oficios escogia los mas capaces. Apenas se ha visto Príncipe mas amigo de la justicia y bue,n orden. Se casó siete v e c e s , y tuvo m u -chas concubinas. Los casos de torpeza que de él cuentan los historiadores, deshonrarían su memoria; pero la gloria de un Monarca se acredita mas que con su conducta particular con el bien que hace á sus pueblos.
DE LA HISTORIA UNIVERSAL. 1*/
su simplicidad y poco ingenio no prometía pro-porción alguna para llevar el peso de la co-rona. Los Grandes sin embargo libertaron á Teodoro de las empresas de B i e l i s k i ; mas co-mo era inepto para gobernar por sí misco-mo, de-xó que toda la autoridad cayese en manos del Knees Boriz G a d e n o w , con c u y a hermana es-taba casado. N o puede dudarse que desde en-tonces había formado Boriz el proyecto de ocu-par el trono de su cuñado en llegando el mo-mento de emprenderlo, porque entre tanto so-lo se aplicó á ir allanando el camino. El prin-cipal obstáculo era el joven D e m e t r i o ; pero envió quien le asesinase; y para borrar las se-ñales de su delito quitó por sí mismo la vida al asesino.
aparen-tando compasión; y al día siguiente llamando á'su presencia á los infelices, á unos les dio di-n e r o , á otros les prometió restablecer sus ca-sas, y á todos los despidió maravillados de su buen corazón y su generosidad.
Se sospecha, y no sin razón , que cansado de ver reynar á su cuñado mas de lo que él esperaba, le dio un veneno lento ; y creyen-do la Emperatriz que era delito de su her-mano aquella enfermedad, no le quiso ver ni hablar mientras su marido estuvo enfermo. T a l vez el mismo Teodoro l l e g ó á sospecharlo; pues no teniendo heredero parecía regular que dexase el cetto á aquel cuñado que siempre habia gobernado la mano del que le llevaba; pero no fue así, pues Teodoro, conociendo que se moria, le presentó á un primo suyo llamado Teodoro Romanow , el qual no le quiso, y aun otros dos no le admitieron. El quarto le tomó solamente para ofrecerle á un Knees que no quiso aceptarle. Teodoro, quan-do el cetro llegó á é l , por no quererle los demás, le arrojó sobre el tablado diciendo: , , E i que le alzare sea Emperador," y le tomó Bo-riz con mucho descontento de una grande par-te de la nación.
apro-DE LA HISTORIA UNIVERSAL. 29 piarse la corona lo que habia pasado con la muerte de su cuñado; y acabado el tiempo del gran l u t o , juntó la nobleza y los princi-pales habitadores de Moscow. „ O s restituyo, dixo, el cetro del último C z a r , porque hecha la experiencia, no me puedo resolver á llevar el peso de una corona, y así dexo el trono para que le ocupe el que vosotros quisiereis." Dichas estas palabras se retiró á un monaste-rio que estaba á distancia de una legua ,
de-xando á la asamblea indecisa sobre lo que debía hacer. Después de algunos debates le nombra-ron , y él continuó en resistir esparciendo la
Voz de que iba á tomar el hábito de monge. Publicaban á un mismo tiempo sus emisarios que venia el Kan de los Tártaros con tropas innumerables á invadir la Rusia, sabiendo que
no tenia Soberano. Con esta noticia acudieron los Rusos en tropel al convento; y desmele-nado el cabello golpeaban sus pechos como
de-sesperados, jurando que no se apartarían de allí hasta que Boriz les diese palabra de ser su Czar. Hizo como que aceptaba la corona por fuerza, y dixo: „ Y o , ¡ a y de mí! seré vuestro Príncipe , pues la Providencia lo ordena."
COMPENDIO
frontera, y se juntaron hasta quinientos mil hombres para rechazar á los Tártaros, quando estos no pensaban en cometer la menor hostili-dad , y antes bien vino un Embaxador con un mediano tren á proponer la alianza. Boriz fin-gió que se admiraba : dio al Embaxador el es-pectáculo de su exército formado en batalla: el de aparentar un combate , el de una fiesta militar, y le despidió con muchos regalos. A la nobleza y á los soldados hizo grandes do-nes , que le valieron un nuevo juramento de fidelidad; y por seis dias consecutivos convidó á diez mil hombres escogidos, sirviéndoles en ricas tiendas exquisitos manjares con grande profusión.
DE LA HISTORIA UNIVERSAL. 31
nobles, que no eran de su partido, salieron al punto desterrados con diferentes pretextos. A los que tenían alguna pretensión á la co-rona les prohibió que se casasen; y á Teodoro R o m a n o w , entre otros, á quien el último Czar habia ofrecido su cetro, le puso en una prisión separado de su muger. Después les obligaron á todos á entrar en conventos, á profesar y á mudar de nombre: Teodoro tomó el de F i -dalete.
En medio de sus felicidades se veía Bo-riz devorado de pesadumbres. Sobrevino en Rusia una hambre, que tiene pocos exerapla-r e s , pues en muchas familias mataban á los mas gruesos para que sirviesen de alimento á los otros, y comian los padres y madres á sus hi-jos. Cuenta un testigo ocular, que juntándose algunas m u g e r e s , y metiendo en una casaá un paisano, le mataron, y se le comieron á él y á su caballo. A pesar de las providencias del Emperador perecieron solo en la ciudad de Moscow quinientas mil personas.
2 COMPENDIO
sino, y ocultó el suyo en un monasterio en donde le criaron. F u e s e casualidad o impru-dencia, se esparció una voz de que vívia, y l l e g ó á los oidos de Boriz, el qual no dexó piedra que no moviese por averiguar la verdad. Examinaron á muchos, y á otros les dieron tormento. Sin duda no se satisfizo con las res-puestas de la madre, pues la desterró á un convento retirado. Todo quanto pudo saber con sus pesquisas f u e , que habían huido de un convento dos M o n g e s , que estos estaban en Polonia, y que uno de ellos llamado Griska U t r a p e y a , por la edad y la figura, podia ser el que buscaban. Les hizo el Czar seguir los pasos por sugetos encargados de prenderle ó de asesinarle. Por ú l t i m o , practicó muchas di-ligencias para hacer creer que no dexaba de es-tar persuadido á que pudiera muy bien haber sido otro que Demetrio el niño que mataron.
ha-D K I A H I S T O R I A U N I V E R S A L 33 Uándolas convincentes, le reconoció por h e -redero legítimo de la corona de R u s i a : levan-tó un exército encargado de colocarle en el trono de sus mayores. Entonces la existencia de Demetrio no solo causó á Boriz inquietud, sino que renovó este sus tentativas por desha-cerse de su contrario ; pero Demetrio le atacó á fuerza abierta, y habiéndole ganado la ba-talla, se apoderó de Boriz tal pesadumbre q u e murió de melancolía.
D e x ó un hijo de quince años llamado T e o doro, el qual solo subió al trono para e x p e -rimentar los reveses de la fortuna, que al punto le precipitó, y para ver puntoda la Rusia d e -clarada por Demetrio. No fue la última la ca-pital Moscow, la qual llamó al rival de Boriz; y Demetrio envió delante la orden de quitar la vida á Teodoro y á su m a d r e , como se exe-cutó. Todo le salió b i e n , y así le coronaron con grande solemnidad y aplauso general. N o obstante, se levantó contra él un partido , á cuya frente estaban tres hermanos de antigua nobleza, llamados Z u s k i , los quales esparcie-ron contra la legitimidad de Demetrio sospe-chas, que empezaban y a á conmover. Mandó prenderlos el C z a r , condenó á los dos menores á destierro, y á Basilio, que era el m a y o r , á
COMPENDIO
ser degollado. Se hicieron extraordinarios pre-parativos para la execucion, con el fin de que á vista del exemplar se contuviesen en res-peto los malcontentos. Estaba el delinqüente de rodillas en el tablado esperando el gol-pe , y ya tenia el executor levantado el bra-zo quando Demetrio le envió el perdón, con-tentándose con desterrarle como á sus herma-nos ; pero hizo el gran desacierto de llamarle casi al p u n t o , y aun el de concederle su favor. E l C z a r , que debia su fortuna á los Po-lacos , guardaba con ellos atenciones que die-ron zelos á los R u s o s ; y el Palatino de San-d o m i r , San-de protector que f u e , l l e g ó á ser su suegro. El casamiento de Demetrio con la Princesa palatina introduxo las costumbres ale-manas, á las que parecia inclinarse mas el es-poso agradecido. Afectó también desprecio de las prácticas rusas, de sus freqüentes lavatorios, de la multitud de imágenes, y comia terne-r a , que allí se miterne-raba como vianda imputerne-ra. El ingrato Z u s k i , no solo hizo reparables estas imprudencias, sino que fomentó y exasperó el descontento que causaban.
con-D E I A H I S T O R I A U N I V E R S A L 35 sigo mas de treinta guardias quando Z u s k i se entró en el palacio á la frente de una m u l -titud amotinada. D e m e t r i o , viéndose acome-tido , saltó por una ventana con el sable en la mano, se rompió un m u s l o , y quedó in-móvil. L e llevaron á una sala adonde todos pudiesen entrar á v e r l e , y esperaba Z u s k i hacerle con tesar con amenazas la falsedad de haber supuesto su madre otro niño ; pero é l protestaba la legitimidad de su nacimiento, ci-tando el testimonio de su madre. N o se la presentaron; pero le dixéron que su madre confesaba que el asesinado habia sido su v e r dadero hijo. Demetrio refutó con tan b u e -nas razones esta confesión, supuesta ó arrancada con el miedo, que rezelando que l l e -gase á persuadir, le asesinaron. Entregaron su cadáver á los insultos de la p l e b e , y le ar-rastraron por el lodo hasta el lugar en donde recibió Z u s k i el perdón quando iban á d e g o -llarle. 1 Diremos que esto fue una condenación indirecta de la demasiada bondad del infeliz, ó una reconvención de la ingratitud del que mandó matarle? Quantos Polacos encontró el pueblo en su furor fueron pasados á cuchillo. N o respetaron el honor de las damas de aque-lla nación, y hasta la misma E m p e r a t r i z , si
evitó la última afrenta, fue porque una dama rusa la ocultó baxo de sus ropas.
Procuró Z u s k i publicar quantas razones pudieran hacer creer que Demetrio era im-postor; pero aun entonces parecieron insufi-cientes los testimonios con que las apoyaba, no sosteniéndose sus pruebas contra las que pa-rece que la misma naturaleza dispuso para De-metrio. Quando era niño habian notado que tenia una pierna mas corta que la otra, y una berruga debaxo del ojo derecho; y Demetrio Emperador tenia las mismas señales. Por otra parte ¿es creible que una nación tan sabia co-mo la Polaca se engañase en un punto que examinó con tanto cuidado? Y suponiendo que el deseo de ocupar la Rusia con alborotos p u -diese hacer que los Polacos favoreciesen la impostura, ¿cómo es creible que el Palatino de Sandomir sacrificase su hija á un hombre, de cuyo estado y nacimiento tuviese la me-nor sospecha?
pue-DE L A HISTORIA UNIVERSAL. 37 de llamarse una especie de fantasma de D e -metrio que jamas se presentó. Dos Señores malcontentos publicaron que existía, aunque rio le hicieron v e r : alistaron soldados baxo de sus banderas, combatieron contra Z u s k i , y le vencieron ; pero después fueron vencidos ellos,
los prendieron, y los degollaron.
A la sombra sucedió otro ser r e a l , que llamaron el tercer Demetrio. Este era maes-tro de escuela en una pequeña ciudad de la Rusia polaca, el qual suponia que á pesar de su pierna rota quando saltó por la ventana l e habian recogido sus vasallos fieles, á favor de la confusión, y que le habian transportado á aque-l aque-l a ciudad retirada, en donde para subsistir ha-bía resuelto enseñar niños. Si esta vez se en-gañaron los Polacos fue porque quisieron, pues le faltaba mucho á este Demetrio en las seña-les características del p r i m e r o , á quien sola-mente se parecia en el rostro, en la edad y en la mucha audacia.
del que mató á su marido, sufrió que el nue-vo pretendiente al trono la tratase como es-posa, aunque solo exteriormente según dicen. L a recibió con toda la pompa imaginable , y con un gozo que no parecía fingido; pero aunque ella por su parte correspondió á sus afectos, no debió ser con sinceridad ni con buen corazón, pues no le conservó la amistad ni el socorro de los Polacos.
DE LA HISTORIA UNIVERSAL. 39 Ofrecieron la corona á L a d i s l a o , hijo de Segismundo R e y de Polonia, el qual en lugar de presentarse para recibirla envió delante un exército de Polacos, que cometieron toda es-pecie de desórdenes. Se sublevó contra ellos M o s c o w , en donde los habian recibido bien; y abandonando la ciudad por no poder soste-nerse en e l l a , la pusieron f u e g o , y según di-cen , consumió ciento y ochenta mil casas. En el reynado de Ladislao, que solo duró tres años, se presentó un quarto D e m e t r i o , á quien hi-cieron traycion los suyos, y murió ahorcado.
Se hallaban los Rusos sin saber que h a -cer de su corona. Muchos de ellos deseaban un Príncipe extrangero, como menos capaz de inclinarse á favorecer á tal ó tal familia; y otros, zelosos de la gloria de su nación, p e -dían un Príncipe del pais. En medio de las altercaciones que producía la diversidad de p a -receres, habló alguno de M i g u e l Teodorowitz, hijo de F i d a l e t e , aquel pariente á quien T e o -doro al morir habia presentado el cetro, y á quien Boriz, dueño del trono, habia separado de su esposa y desterrado á un convento. L e habian transportado prisionero á Polonia, bien que condecorado con el título de Obispo.
O COMPENDIO
j o , le habia criado con mucho esmero, y se hallaba entonces en la edad de, diez y siete años. Los Señores rusos que le conocían se le pintaban á los demás como capaz de restituir al Imperio su antiguo esplendor; pero la junta quiso juzgar por sí misma, y así mandaron que la madre le enviase. Esta tierna madre recibió el mensage con un susto que se de-claró por un torrente de l á g r i m a s , pues creía que pedian á su querido hijo para que pasase por la suerte que los últimos Czares acaba-ban de experimentar. N o obstante, asegurada por las instancias de sus amigos, le dexó par-tir. Agradó M i g u e l á la asamblea; solamente se detuvieron algunos en su poca edad; pero la mayor parte e x c l a m ó : Dios que le ha esco~
gido le asistirá.
S u primera acción fue llamar á su padre, cuya edad habia madurado en las aflicciones, y envejecido en las desgracias. En nada se habia mezclado de las turbulencias anteriores, y así no tenia venganza que satisfacer. Su hijo se impuso la ley de gobernarse por sus con-sejos , y siempre mostró una deferencia respe-tuosa á sus avisos.
'JimM.JW -Ю.
I . l i v i i o n Лс Л Ь у н с ] T r o i J o r o w i t z .
/'/e.'e/l/.u/,' Si /Ovni All,/II,'/ ISodonnVltZ ¿lLi
,lÁWb-i
/'/,:/Je iii.u/ihUcJ riuo.i //.v.- /i.zl'ian Je /uztfarsr/'re su iJonei,/,iJ/:int <-/ imperio, aimjue a
/.>,/<'.• </,//;/,/' ./enenJ/nen/e, se Jcü'tnañ a/tjutn\>
I ¡vi su ,•(>/•/</ e,/,/J;fero Liши/ог part*' exeLimo:
i Dios IJIK- le lia escogido le asistirá; y /<<i/и'П'п eL'
ei.',/,i/'/e su iOn/niiiza; ni ei,/u<> hiutiil-!
¡ ///>,'//<• <v/ 7Л/'.', yueJt' JuJar /tMn7.* Je su \
' .i.'h-leiient.
DE LA HISTORIA UNIVERSAL. 4 1 y siempre mereció que le estimase su pueblo por su grande aplicación á quanto pudiese in-fluir en su felicidad.
Se casó con la hija de un Caballero q u e hallaron arando quando le anunciaron la hon-ra que hacia el Czar á su familia. Eudosia, de tanta virtud como hermosura, se mostró digna de esta elección, ayudando á su espo-so, según sus fuerzas, y en la proporción conveniente á su sexo, á llevar el peso del G o -bierno. Quando M i g u e l perdió á su padre , era tan respetado por su justicia, piedad y p r u dencia , que ademas de la multitud que l l e -vaba á la corte la veneración de sus vasallos, siempre estaba condecorada con la presencia de ios Embaxadores de los vecinos Príncipes de Europa y Asia. Todos querían conservarse en la alianza de tan grande Monarca: gloria pací-fica , mas estimada que las de las conquistas. Tomó el nombre de C z a r , que significa Em-perador, y quando murió dexó la corona á su hijo, que tenia entonces diez y seis años.
dando-i COMPENDIO
le por primer Ministro un tal Boriz Moroson, hombre estimado y de talento, pero por des-gracia notado de ambicioso; y la primera prue-ba que de esto dio fue hacerse cuñado del C z a r , casándose con la hermana de la E m p e -ratriz. En Miloslauki su suegro encontró Mo-roson un hombre propio para favorecerle en sus proyectos; y asociándose ambos con Ples-con, J u e z principal de la corte, formaron un triunvirato que se apoderó del Gobierno mien-tras el joven Emperador se dormía en el seno
de los placeres que le proporcionaban. Exerciéron su autoridad con tal desver-güenza que irritaron al pueblo. V e n d i a Ples-con la J u s t i c i a , Miloslauki los empleos, y Moroson ostentaba su favor con una altivez y fausto que indignaban. Los habitadores de M o s c o w , acostumbrados al gobierno paternal
de M i g u e l , los sufrieron por algún tiempo; pero acabándose la paciencia llegaron todos al exceso de una licencia desenfrenada, y no contra el C z a r , porque le perdonaban su p o
DE LA HISTORIA UNIVERSAL. 43 Esta venganza popular fue para Moroson una advertencia que le hizo mas afable , justo y servicial, y para el Czar fue una lección q u e le enseñó á gobernar por sí mismo, y no fiar-se todo á sus Ministros. D e este modo fue su reynado tranquilo , á excepción de algunas guerras de poca duración con los S u e c o s , Po-lacos y otros vecinos.
COMPENDIO
siguió un empleo l u c r a t i v o , pero de mucha responsabilidad; y volvió á su tren y á sus pla-ceres á costa de los que le prestaban por com-placerle. Uno de los mas crédulos fue un ami-g o , á quien con pretexto de una ceremonia que debía practicarse con esplendor, pidió pres-tada la pedrería de su muger. Se divirtió co-mo siempre; y quando fue preciso restituirla, n e g ó haberla recibido. Su esposa, la nieta del Arzobispo, le reprehendió su mala fe; por aquel mismo tiempo le pedia cuentas el Fis-c o ; y viéndose perseguido, é importunado con las reprehensiones de su m u g e r , la encerró en una estufa, puso fuego á la casa, y se h u y ó . Quando creían que Ankudina habia pe-recido en el incendio, iba él caminando hacia
Polonia, adonde el Czar enviaba una emba-xada. Determinó el tramposo ir á verse con
el General de los Cosacos, hombre de gran-de autoridad en aquel reyno. Se puso en sus manos como pariente cercano del difunto Em-perador Basilio Z u s k i ; y suponiendo que la embaxada no tenia otro fin que reclamarle, pi-dió al General que le protegiese en pago de
DE LA HISTORIA UNIVERSAL. 45 hacerle famoso, con peligro de ser descubier-to , creyó que no le era suficiente la protección del General. D e x ó sin despedirse la P o -lonia: pasó á Constantinopla, se circuncidó, y abjuró la religión christiana. También allí contraxo deudas; h u y ó á R o m a , y abrazó la religión católica.
D e Roma fue Ankudina á V e n e c i a , de allí á Transüvania, y no se sabe como consi-guió del Príncipe Ragoslki cartas de recomen-dación para la R e y n a de Suecia. Llegando á Stockolmo públicamente se llamaba no ya pa-riente cercano, sino hijo de Basilio Z u s k i . Unos comerciantes moscovitas establecidos en S u e -cia dieron aviso á su corte : esta acumuló pruebas de aquella impostura, y las envió á S u e -cia. Desengañada la R e y n a mandó prenderle; pero h u y ó , se fue á Bruselas, y se introduxo con el Archiduque Leopoldo. Sin d u d a , des-contento del modo de r e c i b i r l e , ó del poco remedio que esperaba, pasó á L e i p s i c k , en donde se hizo luterano: de allí al Ducado de Holstein, en donde por cartas que tuvo e l D u q u e del Czar le puso preso, y le envió á Rusia.
COMPENDIO
na á sostener descaradamente q u e era hijo de Z u s k i . Compuso una novela, en la qual el episodio de mas importancia era que el Kan de Tartaria habia querido emplearle contra el C z a r á la cabeza de cien mil hombres; pero q u e era mucho su amor á la patria para que fuese á inquietarla, y que así le habia preser-vado Dios de aquel atentado. Entre tanto le enviaron un hombre tan diestro, que le hizo confesar su enredo aun por escrito; pero quan-do le mostraron el papel para convencerle, y lograr de su boca una formal confesión, no quiso reconocer por suyo el escrito, obstinán-dose mas desde entonces en llamarse hijo de Z u s k i . A pesar del testimonio de su madre, de sus parientes y de todos quantos le ha-bían conocido en sus empleos y diversiones, se mantuvo inconfeso aun en el tormento, has-ta que sufrió en Moscow el suplicio.
Déme-DE XA HISTORIA U N I V E R S A ! . 4 7
trío, hijo de Demetrio. D u r a n t e el reynado
de Ladislao, necesitando este Príncipe susci-tar alborotos en R u s i a , mostró afecto al fal-so Demetrio. Este se coligó con G a l g a , Prín-cipe de Tartaria prisionero en Polonia, y ver-dadero heredero de la corona de los Tártaros. Fatales casualidades privaron de esta protec-ción al impostor. Se retiró á H o l s t e i n , escollo de sus semejantes, y así le entregó el D u que , y murió en Moscow como el falso Z u s k i con el castigo de los reos de lesa M a -gestad. Estos dos exemplares prueban lo q u e pueden l a audacia por una p a r t e , y l a cre-dulidad por otra, en u n pais entregado á la
ignorancia.
COMPENDIO
der que no le animaban otros motivos que el amor á la p a t r i a , la gloria de su nación, y el deseo de vengarla ; pero su ambición se ex-plicó con las primeras felicidades.
Empezó por el p i l l a g e , que es el mejor medio de atraer á los soldados. Su crueldad aterraba, y no tenia resistencia. Por lo siguien-te puede formarse juicio de su brutal ferocidad. Tenia prisionera á una Princesa de Persia muy hermosa y a g r a d a b l e ; y paseándose con ella por las riberas del V o l g a , en un momento de alegría y embriaguez, contando los ricos pre-sentes que habia hecho á sus partidarios, se le puso en la cabeza este apostrofe: „ Y t ú , ilus-tre rio, que me has servido para conducirme tanto oro, plata y efectos preciosos, tú mi d e -fensor, á quien debo mi fortuna y dignidad, nada te he dado hasta ahora; pero voy á darte
la prueba de mi reconocimiento." Acabando d e decir estas palabras, asió á la Princesa, la levantó entre sus brazos, y la precipitó al rio, con todas las perlas, diamantes y ricos ador-nos que llevaba.
DE LA HISTORIA UNIVERSAL. 49 no tenia otro deseo que el de hacer reynar la libertad. Les permitía todo desenfreno para hacerlos tan culpados como é l ; y así quando fue vencida sucedió, que por justa represa-lia cayó el castigo también sobre el pueblo, cómplice de sus maldades.
Dolgoroski, General que venció á Sten-k o , levantó en Arsamas un tribunal tan ser v e r o , que las avenidas de esta ciudad repre-sentaban la horrorosa pintura que los poetas hi-cieron del Tártaro. A un lado se veian mon-tones de cuerpos muertos, degollados y cu-biertos de sangre; al otro infelices empalados vivos, que daban espantosos gritos, y pade-cían á un mismo tiempo mil muertes. En el espacio de tres meses pasaron por las manos de los verdugos once mil personas condena-das jurídicamente.
Viéndose Stenko sin asilo, después de una completa derrota , cayó en la simpleza de figurarse que le cumplirían la palabra de p e r -dón, y así se r i n d i ó , y le hicieron creer que el Czar, estaba deseando ver á Un hombre de su mérito, por lo qual era preciso llevar-le á la corte, pero que en el camino veria como acudían los pueblos á honrarle. Con esto esperaba él un triunfo en llegando á M o s
c o w ; pero no encontró en vez de un carro triunfal sino una miserable carreta que
envia-ron para conducirle con una horca en medio: anuncio de su m u e r t e , que no tardó, después de haberle hecho sufrir el tormento.
Se cree que costó esta rebelión mas de cien mil hombres á la R u s i a : esto se entiende de los que llevaron a r m a s ; pues dicen que fueron mas los que perecieron con las enfer-medades y el hambre, que los que murieron en el campo de batalla. Tan terribles casti-gos repugnaban al buen corazón de A l e x o , y sentia mucho verse reducido á la triste nece-sidad de quitar tantas v i d a s ; pero los histo-riadores notan que hay circunstancias en que son indispensables semejantes execuciones para precaver mayores males. Se le debe á este Principe la justicia de que no omitia medio alguno de gobernar con la benignidad posi-ble. A u n q u e era valeroso, solamente hacia la guerra quando no podía e v i t a r l a , y trabajaba infatigable por la felicidad de los pueblos. To-da su viTo-da la empleó en reparar con una pru-dente administración las faltas que en su ju-ventud le había hecho cometer su excesiva confianza en los Ministros.
Teo-D E LA HISTORIA UNIVERSAL. 5 I
doro, á J u a n y la Princesa S o f í a , y de la se-gunda á Pedro y la Princesa Natalia. L e su-cedió Teodoro á los diez y nueve años de su edad, y con todas las buenas prendas de su p a d r e : tenia por desgracia un temperamento delicado, que no prometía larga vida. L e fue preciso hacer á los Turcos una guerra fuerte; pero no fue desgraciada. A esta se siguió la paz con aquella Potencia y con todos sus ve-cinos; y con esta calma pudo ocuparse en el bien de su reyno.
A exemplo de su padre aspiró Teodoro á civilizar la R u s i a , y hacer en ella estable-cimientos útiles. Estaba persuadido á que no podían estos fundarse sólidamente sino sobre el mérito; y para él era una injusticia ó un absurdo que el nacimiento solo y sin talen-tos diese entrada á los empleos y dignidades, y abriese el camino á las honras. Dicen q u e mandó á los nobles que fuesen á verle con sus títulos; y que tomándolos en su mano, los arrojó al fuego , declarando que en adelante las prerogativas pecuniarias y honoríficas, se da-rían á la capacidad y á la v i r t u d , y no al nacimiento. Este principio siguió el Czar en la disposición del trono estando para morir. J u a n , que era el mayor de sus hermanos, se
2 COMPENDIO
hallaba en edad competente ; pero era de po-co espíritu, de vista po-corta, y padecía acciden-tes. Pedro solamente era hermano de padre; pero aunque m u y joven, manifestaba gusto á las ciencias y conocimientos útiles, por lo que daba esperanzas de poder realizar los proyectos dirigidos al bien de la R u s i a ; y así T e o -doro le nombró sucesor suyo.
N o agradó esta preferencia á su herma-na Sofía , que ambiciosa, y con deseo de go-bernar, se hubiera acomodado mejor á la debi-lidad de J u a n que á la juventud de Pedro, el qual manifestaba ya poca disposición á la do-cilidad. Los Emperadores rusos, como todos los déspotas, se habian formado una guardia para sus personas, semejante á la de los Genízaros del Gran Señor. Se llamaban estos Strelitz. Su-po Sofía disSu-ponerlos de modo que se mezclasen en el gobierno. Declararon que les parecía mal que el difunto Emperador hubiese preferido al hijo menor, y que esto precisamente se lo h a -brían sugerido algunos traydores. Se esparció pues la voz de que Alexo habia sido preci-sado por una facción ; y que esta , arrancándo-l e por fuerza earrancándo-l nombramiento, arrancándo-le habia en-venenado para que no se retractase.
cul-DE IA H I S T O R I A U N I V E R S A L . 5 3 pados, comprehendiendo el primero á V o n -gaden, médico de T e o d o r o . Los demás eran grandes señores enemigos de los S t r e l i t z , y por consiguiente los suponían enemigos del Estado y dignos de muerte. S e introduxéron los fu-riosos en palacio, y fueron buscando por la ciudad las víctimas señaladas, siendo la p r i n -cipal V o n - g a d e n . Encontraron con uno de los compañeros del médico, le asieron, y dixéron: „ T ú eres médico, y si no has envenenado á nuestro R e y T e o d o r o , has envenenado á otros, por lo que mereces la m u e r t e , " y l e mata-ron. N o se libró V o n - g a d e n de su crueldad; y por mas que las damas de la corte pedían de rodillas el p e r d ó n , los alborotados e r i g i e -ron un t r i b u n a l , entre cuyos miembros solo uno sabia escribir, y estos le condenaron á muerte como á médico y como á hechicero, porque hallaron en su casa un sapo disecado y una gran serpiente. Los mismos J u e c e s sen-tenciaron á los señores denunciados, y los ma-taron á sablazos.
Estas crueldades terminaron con proclamar,
á J u a n y á Pedro Soberanos juntamente /Ó/s
t o s , permitiéndoles erigir una columna con los nombres de los muertos como traydores á la p a t r i a ; y por ú l t i m o , les dio letras patentes en q u e les agradecía su zelo y fidelidad.
co-DE L A H I S T O R I A U N I V E R S A L . rao ella. V o l v i ó Pedro triunfante á la capi-t a l ; y J u a n , que no se habia mezclado en cosa alguna, le recibió con afecto á la p u e r -ta de palacio. S e abrazaron los dos hermanos, y desde este punto se debe mirar á Pedro co-mo á único Soberano. D e s d e el año 1 6 9 0 hasta el de 9 6 , en que m u r i ó J u a n , v i v i ó como un particular, sin hacer mas papel en la administración que poner su nombre en las actas públicas.
Hay algunas cosas que para excitar la ad-miración bastará escribirlas sin particular esti-lo ni adornos, y tales son las acciones del C z a r
Pedro I . Para apreciarlas debidamente debe no
abo-lir aquel bárbaro castigo fueron los paisanos á echarse á sus p i e s , suplicándole que no hiciese n o v e d a d , porque habian experimentado que to-da innovación era peligrosa. D e este modo la obstinación en sus preocupaciones, la ignoran-cia que la superstición habia hecho sngrada, la complacencia en una vida ociosa, el o r g u l l o con que miraban sus ceremonias de luto ó d i v e r -sión, como preferibles en la pompa y magestad á quanto observan las demás naciones, y la aver-sión á los usos y modales extrangeros por mas útiles que los conociesen , fueron las preocu-paciones que t u v o que extirpar el Emperador P e d r o , y las cabezas de la hidra que necesi-taba d e s t r u i r , y que renacían siempre.
DE 1 A H I S T O R I A U N I V E R S A L . 5 7 distinguirse entre los demás, aunque todos sa-bian quien era. Y a M o n a r c a , y a particular entraba en conferencia con los R e y e s , y se m e z claba con los profesores de las artes. Otros S o -beranos han viajado por curiosidad, y han manejado los instrumentos de los trabajadores por gusto y por d i v e r s i ó n ; p e r o solo P e dro intentó hacérselos familiares con la p r á c -tica, para poder formar juicio y guiar á los que enviase para la instrucción de su reyno.
Mirado así este E m p e r a d o r , ¡ q u é espec-táculo mas grande que v e r l e dexar á los vein-te y cinco años las delicias de su c o r t e , con-denarse á una vida laboriosa, y vencer con va-lor toda delicadeza y repugnancia! En conse-qiiencia de un accidente que habia padecido quando niño, tenia tal miedo al a g u a , q u e quando era preciso pasar un a r r o y u e l o le cos-taba sudor frió y convulsiones: ¿ qué hizo pues ? S e arrojó con resolución al r i o , y así venció los temores de la naturaleza, y el elemento que abominaba vino á ser u n o de los prin-> cipales teatros de sus triunfos.
ca-b l e s ; y de la construcción de un ca-barco suca-bió á la de un navio de sesenta cañones, empeza-do por é l , y acabaempeza-do por sus manos ó á su presencia. Estas ocupaciones no le impedían tomar lecciones de anatomía, cirugía , mecá-nica , y otros puntos de la filosofía usual de Holanda. Pasó á I n g l a t e r r a , en donde se per-feccionó en la construcción, aplicando la teó-rica á la práctica. Nada se le ocultaba, ni la astronomía, ni la aritmética, ni la reloxería, ni la h i d r á u l i c a , como que pretendía llevar todos los talentos á su r e y n o , y así e n v i ó un gran cargamento, si así puede decirse , de hombres hábiles en todas las artes.
valero-DE L A H I S T O R I A U N I V E R S A L . 5 9 s o , á cuyos soldados conocía uno por u n o .
DE ZA H I S T O R I A U N I V E R S A ! . 6 t punto en que ya no les quedaba arbitrio para no consentir en verse enlazados para toda su vida. A pesar de la repugnancia de la Iglesia griega cismática hizo que su nación adoptase el Calendario R o m a n o , é introduxo los n ú m e ros árabes en su Cnancillería, y en las S e c r e -tarías de Hacienda, y de ellas pasaron al comercio ; pero la mayor parte de estas m u t a -ciones no se verificaron hasta después que e l C z a r dexó la Holanda. Regresaba tranquilo á sus estados, lisonjeándose con la esperanza de hacer que en ellos floreciesen las útiles producciones de todos los géneros que consi-go l l e v a b a ; y estaba y a en V i e n a quando u n suceso imprevisto le obligó á partir precipita-damente.
R o m p i ó en sus estados una r e b e l i ó n ,
cau-sada en parte por los viejos Boyardos,
ad-ministraciones. A n t e s de ausentarse el C z a r ha-bía dispersado los Strelitz por las fronteras, se-parándolos lejos unos de otros para que no se reuniesen con facilidad. N o dudaban que el Principe no les era afecto, y que tarde ó tem-prano habia de destruirlos. C o n este rezelo dexáron sus guarniciones, se juntaron en nú-m e r o de diez nú-m i l , y avanzaron hacia Mos-c o w diMos-ciendo: , , Q u e querían asegurarse de si era verdadera la noticia de haber muer-t o el E m p e r a d o r ; " y demosmuer-trándoles su false-dad los R e g e n t e s , procuraban con amenazas y súplicas que se v o l v i e s e n ; pero los S t r e -litz prosiguieron en su resolución siempre avan-zando. F u e preciso llegar á las manos: hubo una acción sangrienta: fueron derrotados los S t r e l i t z , y entregaron las armas.
DE L A H I S T O R I A U N I V E R S A L . 6 3 y como estos castigos se executáron en lo mas fuerte del i n v i e r n o , se helaron al punto sus cadáveres. A los q u e habían cortado la c a b e -za los dexáron en el s u e l o , tendidos en fila,
y al lado de cada uno su cabeza. Los que
fueron ahorcados por las m u r a l l a s , ó en las a v e -nidas de la ciudad, pasaron allí el invierno á la vista del pueblo. Todos los que se libraron del suplicio salieron con sus familias desterra-dos, unos á la Siberia, otros á los Cosacos, en donde se les distribuyeron tierras. A algunos particulares de los menos sospechosos los i n -corporó el Emperador en otros regimientos. Los Strelitz quedaron tan enteramente destruidos, que hasta su nombre fue b o r r a d o ; p o r -que el Czar confió la guardia de su persona al cuerpo de Cadetes que habia creado y dis-ciplinado.
del Bolga. C u b r í a sus campos de hermosos rebaños sacados de Saxonia con sus pastores: establecía manufacturas de paños, de telas y de p a p e l : abría las minas de la S i b e r i a : lla-maba y protegía h e r r e r o s , caldereros, fabri-cantes de armas, fundidores y artesanos de to-da e s p e c i e : ponia imprentas, escuelas, y le-vantaba hospitales. Por ú l t i m o , iba edificando á P e t e r s b u r g o , rival de M o s c o w , y aun la presencia del Soberano la ha hecho la corte principal.
DE LA HISTORIA UNIVERSAL. 6 $
l e hubiera dexado escapar quando e l R u s o , con tanta imprudencia como su r i v a l , se e x puso en las riberas del P r u t h contra un e x é r -cito muy superior al s u y o , como Carlos en Pultava.
P e d r o debió la conservación de su e x é r -cito, y aun la s u y a , á C a t a l i n a , q u e enton-ces era su dama. Esta m u g e r , q u e l l e g ó á ser tan ilustre , parece no haber conocido á su. padre y apenas á su m a d r e , ni el l u g a r de su nacimiento. Casada en la flor de la edad con un soldado s u e c o , cayó en manos de los Rusos quando tomaron la ciudad de M a r i e n -bourg en L i v o n i a , que tal v e z seria su patria. Pasó á las cocinas del G e n e r a l , y su espíritu y sus gracias hicieron que este primer dueño las advirtiese. Menzicoff, favorito del C z a r , la vio en la casa del G e n e r a l , la pidió , y la consiguió; y P e d r o la h a l l ó en casa de este. Era conocidamente la suerte d e esta m u g e r que no la mirasen con indiferencia. G u s t ó su espíritu al E m p e r a d o r ; y acercándose á su per-sona, comprehendió maravillosamente su ca-rácter , y se apoderó de su g e n i o , de modo q u e le sosegaba en sus iras, le consolaba en sus penas, y cuidaba de su salud. E l hallaba en C a t a l i n a los cuidados de una a m i g a , las
complacencias de una d a m a , y el recurso de un excelente consejo.
Por fortuna la habia llevado P e d r o consigo en su expedición contra los Turcos. R e -presentémonos á este grande hombre aterrado con su desgracia, y á la vista de un exército m u c h o mas numeroso , estando el suyo sin ví-v e r e s , ni medio de retirarse. Se abandonó so-lo en su tienda á sus doso-lorosas reflexiones, sin permitir que nadie entrase. P e n e t r ó Catalina adonde él estaba, sin embargo de q u e no habia orden , y consiguió que la diese una carta pa-ra el G r a n V i s i r . Dispuso acompañar la carta con ricos presentes sacrificando su pedrería: fue ella misma á tratar de composición, y con-siguió condiciones, duras á la v e r d a d , pero m u y ventajosas en aquellas circunstancias, pues libraban á P e d r o y á su exército del estado mas funesto.
DE L A H I S T O R I A U N I V E R S A L . 6 7 es irreparable." P r e m i ó este servicio de C a t a -lina dándola la m a n o , y poniendo en su cabe-za la corona imperial. N o habia cosa mas co-mún en Rusia y en los R e y n o s del N o r t e cjue estos casamientos entre los Soberanos y las hijas de sus vasallos. P e r o no se halla en los anales del universo otro e x e m p l a r de una pobre extrangera, hallada en las ruinas d e una ciudad entregada al s a q u e o , que llegase á ser Soberana del I m p e r i o , en donde habia sido cautiva. Estaba reservado para P e d r o e l G r a n d e reconciliar de un modo tan ruidoso e l mérito con la fortuna.
N o es pequeño motivo de elogio en C a -talina , madrastra de C z a r o w i t z , hijo de P e d r o , no haber tenido parte alguna en la catástro-fe que hizo descender al sepulcro á este Prín-c i p e , todavía joven. S u natural indolenPrín-cia, l o irregular de su conducta, y una declarada aver-sión á los extrangeros, dieron á su padre tan mala opinión de é l , que decía: , , S i no se cor-rige será preciso quitarle el cabello y encer-rarle en un monasterio." Quiso experimentar el Emperador si mudaba de costumbres con ca-sarle, y le dio por esposa una Princesa alema-na , a m a b l e , benigalema-na y dotada de las mejores prendas; pero el porte brutal de su esposo la
causó pesadumbres, que después de algunos abortos la quitaron la vida.
V i é n d o s e libre de este freno se entregó sin reparo á sus desarregladas inclinaciones: se acompañó con lisonjeros, aduladores, y hom-bres de malos consejos, aborrecidos de su pa-dre. En la representación que produxo Pedro, acusando á su h i j o , dice, que le habia ad-v e r t i d o , suplicado, y aun amenazado de des-heredarle. Sin duda desagradaron al Príncipe estas amenazas, y se aprovechó de un viage que hizo su padre á Dinamarca para dexar la Rusia y salvarse en Alemania. L e recibió
bien el E m p e r a d o r ; pero le dio á entender
q u e no queria por servirle exponerse á una g u e r r a con el C z a r que le reclamaba. D e s -pués de algunas negociaciones, por las q u e es claro que el hijo se confesó c u l p a d o , pero no que el padre le hubiese prometido el p e r -don , v o l v i ó el C z a r o w i t z á Rusia.
arrui-DE L A H I S T O R I A U N I V E R S A L . 6 9 nar todas sus instituciones civiles y militares, poniendo á su p u e b j o en peor estado que an-tes; y en conseqüencia de esto l e declaró in-digno del trono.
Los J u e c e s pasaron mas adelante porque le condenaron á muerte. Solamente algunos dias sobrevivió el C z a r o w i t z á la intimación de es-ta sentencia; y hay historiadores que dicen haber perecido con h i e r r o , lazo ó veneno; pero es mas verisímil que solo el miedo de la m u e r t e , y las amargas reflexiones sobre su desgracia, le causaron una revolución interior de que murió. Pidió que le dexasen v e r á su p a d r e , y el Czar Studió apresurado: le p e r -donó , le dio con ternura la bendición pater-nal que pidió el hijo. Visita fue esta bien do-lorosa; y pudiera sin duda haberla evitado u n padre con un hijo que podia reconvenirle con que moria víctima de su crueldad.
Siendo Pedro severo con su propia
fa-milia en lo que pertenecía á mantener el
propor-cion dc-l delito y de su clase. N o puede d u -darse que la elección que hizo de Catalina para sucederle , no tanto fue efecto de su amor quanto de su estimación, y de la p e r suasión en que estaba de su capacidad y p r o -pensión á sostener sus instituciones.
DE LA HISTORIA UNIVERSAL. yi en aquella concurrencia del bufón, como quan-do rodeaquan-do de sus soldaquan-dos aquan-dornaquan-dos de co-ronas, recorria como triunfador las calles de una nueva capital para excitar y perpetuar en sus pueblos el gusto de las artes y la e m u -lación de la gloria.
L a vida de Pedro el G r a n d e fue como se ha visto, una continuación de trabajo útil aun en sus diversiones. Bien pudo ser curiosidad la visita de la Francia que no habia visto en sus primeros v i a g e s ; pero se advirtió que en-tre los objetos de su curiosidad principalmen-te fueron los que mas inprincipalmen-teresan , quales son las a r t e s , las ciencias y el comercio. Todavía se advirtió cierta rusticidad en su cortesanía, y no se dexó de traslucir que los Franceses l e parecían un poco frivolos. Los verdaderos sabios y los hombres de estado observaron en él un juicio sólido, mucha variedad de cono-cimientos , y una profunda p o l í t i c a , ciencia que le sirvió tanto como las armas para la extensión de su Imperio ; pues por ella se p u e de decir que t u v o el cetro de Asia y de E u -ropa. A l contar sus acciones parecerá que vi-v i ó mas de un s i g l o ; pero murió á los cin-cuenta y tres años.
mar-m o l e s , y l l e v ó de Italia los mar-mas sobresalien-tes escultores para erigir un mausoleo digno de este h é r o e . L e adornó con emblemas, con inscripciones, y con un epitafio que compen-dia toda su historia; pero esta misma histo-ria se v e representada en acción en una me-dalla que hizo grabar, y distribuyó con abun-dancia entre los Embaxadores extrangeros y los Grandes de su Imperio. P o r un lado se v e el busto del E m p e r a d o r , y al reverso la Emperatriz con la corona en la cabeza: á su lado una mesa con un globo y un c e t r o : de-lante una esfera, cartas de marear, planes, ins-trumentos de matemática, armas y un cadu-ceo. En distancia se levanta un edificio en la ribera del mar. A l l í se ve un arsenal y un navio á la vela. Pedro el G r a n d e , entre nu-bes , llevadas por la inmortalidad, está mos-trando tantas riquezas á C a t a l i n a , y la dice: , , M i r a quanto te h e dexado."