Resumen
Fidelidad y profecía, desde una perspectiva de mujeres profetisas, es una sencilla reflexión que quiere visibilizar la presencia de mujeres profetisas en la Biblia y en la vida. Para esto, recurrimos a los instrumentos de hermenéutica feminista de género.
Consideramos el profetismo como un movimiento profético colectivo y popular, frente al profetismo individual y clásico en el cual se encontraban los hombres profetas. La pesquisa del origen del término profeta y de la misión profética en la Biblia revela este dato patriarcal del profetismo bíblico. A partir de algunos criterios y características del profetismo de mujeres en la vida y en la Biblia, el texto da un espacio más amplio a las mujeres profetisas en el Antiguo Testamento. El profetismo de Jesús y de las primeras comunidades amplía el concepto clásico de profetismo a todas las personas renacidas del Espíritu. La presencia de mujeres en el movimiento profético de Jesús interpela nuestra fidelidad y profetismo hoy.
···
Fidelidade e profecia, na perspectiva de mulheres profetisas, é uma simples reflexão que quer visibilizar a presença de mulheres profetisas na Bíblia e na vida. Para isso, recorremos aos instrumentais de hermenêutica feminista de gênero. Consideramos o profetismo mais como movimento profético coletivo e popular do que individual e clássico no qual se encontram os homens profetas. A pesquisa da origem do termo profeta e da missão profética na Bíblia revela este dado patriarcal do profetismo bíblico. A partir de alguns critérios e características do profetismo de mulheres na vida e na Bíblia, o texto dá um espaço mais amplo para as mulheres profetisas no Antigo Testamento. O profetismo de Jesus e das primeiras comunidades amplia o conceito clássico deste termo para todas as pessoas renascidas do Espírito. A presença de mulheres no movimento profético de Jesus interpela nossa fidelidade e profetismo, hoje.
Fidelidad y profecía
desde una perspectiva de mujeres profetisas
*.
Ir. Lucia Weiler, IDP
Fidelidad y profecía, dos actitudes complementarias y desafiantes para el segui- miento del Profeta fiel, Jesús de Nazaret. Hay muchas reflexiones sistematizadas sobre la profecía, desde la perspectiva bíblica. Constatamos que la mayoría de ellas tiene una perspectiva únicamente masculina. Y no podría ser diferente, por- que los profetas que la Biblia resalta son en su mayoría, y por qué no en su totali- dad, hombres.
Ahora bien, sabemos que todo escrito pasa por un proceso de selección de palabras, de conceptos, de intereses. Así, la Biblia pasó por selecciones de palabras hechas
por hombres. Para hacer nuestra relec- tura desde la perspectiva femenina, ne- cesitamos buscar llaves hermenéuticas feministas. Por eso, recurrimos a una poesía de Galeano:
En la casa de las palabras En la casa de las palabras, soñó Helena Villagra, llegaban los poetas. Las palabras, guardadas en bellos frascos de cristal, es- peraban por los poetas y se ofre- cían, locas de deseo de ser esco- gidas: ellas rogaban a los poetas que las mirasen, las oliesen, las tocasen, las probasen. Los poe- tas abrían los frascos, probaban las palabras con el dedo y luego lamían los labios o arrugaban la cara. Los poetas andaban en bus- ca de palabras que no conocían, y también buscaban palabras que conocían y habían perdido.
En la casa de las palabras había una mesa de los colores. En gran- des bandejas los colores eran ofrecidos y cada poeta se servía del color que estaba necesitan- do: amarillo-limón o amarillo- sol, azul del mar o de fumarada, rojo-lacre, rojo-sangre, rojo- vino…1
Así, podemos entrar en la búsqueda creativa y fiel de releer los textos en esta perspectiva poética que es real.
Unir fidelidad y profecía ofrece una nue- va llave, un nuevo eje de relectura que queremos hacer en la perspectiva de las mujeres. Más que procurar definiciones en diccionarios teológicos, bíblicos o de
Vida Religiosa, percibimos que el tema nos desafía a entender fidelidad y pro- fecía en la práctica cotidiana. Este es el enfoque principal de esta reflexión que nos proponemos hacer.
Como punto de partida, consideramos el origen del término profeta y de la misión profética en la Biblia; segui- mos, dando un espacio más amplio a las mujeres profetisas en el Antiguo Testamento (AT) y a partir de ahí, re- unimos algunos criterios y característi- cas del profetismo de las mujeres en la Biblia. Después, una rápida mirada al profetismo de Jesús y de las primeras comunidades. Mencionamos también la presencia de mujeres en el movimiento profético de Jesús y sus interpelaciones para hoy.
1. ORIGEN DEL TÉRMINO Y DE LA MI- SIÓN PROFÉTICA EN LA BIBLIA
Entre los términos más frecuentes que la Biblia utiliza para designar a los pro- fetas, tenemos las expresiones: “hom- bre de Dios” y “llamado” (“Nabi”). Así, la viuda de Sarepta exclama, después de recibir de las manos de Elías a su hijo resucitado: “Ahora yo sé que tú eres un hombre de Dios y que la Palabra de Yavé en tu boca es verdad” (1 Re 17,24). En cuanto “hombre de Dios”, el profeta es aquel que cela por la causa de Dios, que se deja arrebatar por el Espíritu y que asume tanto la fe como las crisis de fe de su comunidad. En los momentos de duda y desaliento, el profeta redescu- bre los signos de Dios y los integra en su vida2. Por eso, su palabra tiene fuerza y su persona se reviste de una autoridad sorprendente.
El nombre “Nabi” (“llamado”) es usa- do para los profetas clásicos escrito- res y para los profetas del templo y de la corte. Natán, Gad, Elías y todos los profetas a partir de Jeremías, son designados así. Los relatos de vocación de los profetas son bien conocidos (Is 6; Jr 1,4ss; Am 3, 3.8, etc.). El llama- do de Yavé es irresistible, el profeta se siente forzado a hablar, advertir, de- nunciar y anunciar3.
En griego, el término “pro-phetes” sig- nifica “aquel que habla en nombre de”, en este caso, en nombre de Dios. El profeta no habla a partir de sí mismo, sino habla lo que oye de Dios. De ahí la importancia de su propia experiencia de fe: “Así dice el Señor”. El Nuevo Testa- mento (NT) entiende el prefijo “pro” no solo de modo instrumental sino también temporal: el profeta anuncia lo que ha de venir4.
En la Biblia Hebraica se hablaba de Profetas Anteriores: Josué, Jueces, Samuel (1 y 2) y Reyes (1 y 2); y Profe- tas Posteriores: Isaías, Jeremías, Eze- quiel y los Doce: Oseas, Joel, Amós, Ab- días, Jonás, Miqueas, Naum, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías y Malaquías.
En la Biblia Cristiana se habla de Libros Proféticos: Isaías, Jeremías, Lamenta- ciones, Baruc, Ezequiel, Daniel (trozos) y los Doce: Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Naum, Habacuc, Sofo- nías, Ageo, Zacarías y Malaquías.
Por profecía, en la Biblia, se compren- de más que una actitud, como un títu- lo, un servicio, una tarea instituciona- lizada, reconocida oficialmente. Este
no fue, no es y tal vez nunca será el lugar de las mujeres.
Intérpretes del presente y del futuro de la historia, profetas y profetisas actúan no sólo con palabras, sino también con gestos simbólicos (Is 8,3; Ez 12,1-11; Rt 3,9). Son “centinelas” (Ez 3,17) de la fidelidad del pueblo a la Alianza de su Dios. Ahora bien, tal fidelidad pasa por la atención a las necesidades de los más desvalidos, huérfanos, viudas, extranje- ros y esclavos5. Desde esta perspectiva, son personas libres, que no dependen de concesiones ni al poder ni del rey ni del clero, sino sólo deben satisfacer a Dios. Surgen en los momentos de crisis, cuando el pueblo se encuentra amena- zado y dividido, cuando la injusticia lle- va a la idolatría y a la pérdida de iden- tidad cultural. Entonces el profeta, o la profetisa (Jue 5,12) se vuelve concien- cia despierta de la comunidad. Por su naturaleza crítica, la función profética desencadena frecuentemente la perse- cución y el martirio.
2. MUJERES LLAMADAS “PROFETISAS”
EN EL AT
Dentro del contexto patriarcal de la Biblia, en el cual prevalece el favori- tismo del hombre en detrimento de la mujer, es comprensible que los textos escritos registren más elementos del profetismo masculino.
Por tanto, al hablarnos del profetismo femenino, de paso, nos encontramos con el problema del ocultamiento y del anonimato de las mujeres en la Biblia.
Hoy continuamos con el mismo vicio.
Cuando aparecen mujeres destacadas,
casi siempre su nombre es sustituido por su función familiar o relacional. Así decimos: la madre del padre Josimo, las madres de la Plaza de Mayo, etc.
Repetimos el mismo fenómeno común en la Biblia: la madre de los Macabeos (2Mc 7); la mujer del profeta (Is 8,3), la viuda de Sarepta (1Re 17,9-24), la viuda de Naim (Lc 7,12) y tantas otras viudas;
la madre de los hijos de Zebedeo (Mt 20,20) entre muchas otras.
Estas constataciones nos previenen, por un lado, de que vamos a encontrar pocos escritos sobre las mujeres profe- tisas. Por otro, el hecho de constatar explícitamente la figura femenina del profetismo de Israel, nos ofrece un dato positivo que tiene mucha fuerza, justa- mente, por causa del contexto adverso a partir del cual el texto fue escrito.
Es interesante notar que los textos ve- tero y neotestamentarios son omisos en describir la actuación profética de las mujeres. Al mismo tiempo, insisten en mencionar la existencia de mujeres profetisas: Débora (Jue 4,4); Miriam (Ex 15,20); Julda (2 Re 22,14); la mujer de Isaías (Is 8,3); Noadías (Neh 6,14); las profetisas de las que habla Ezequiel (Ez 13,17-19); Ana (Lc 2,36-28).
Debido a los pocos datos escritos dispo- nibles, no podemos hablar de las mu- jeres profetisas, como hablamos, por ejemplo, de los profetas escritores, Isaías, Amós, Jeremías, Oseas y otros.
La vida y la Biblia nos enseñan, por tanto, que aunque no se constata en la lista oficial de los profetas clásicos, las mujeres se destacan por la forma como asumen un papel decisivo de animación profética y en la fidelidad a la propia
vida y al Dios de la vida, a lo largo de la historia del pueblo de Dios. El pue- blo descubre esto, más en la relectura que hace de su historia con Dios, que en el momento histórico en sí (cf. Nm 11,25-29).
El AT menciona explícitamente cin- co mujeres “profetisas”: Julda (2Rs 22,14), Débora (Jue 4,4ss), Miriam (Ex 15,20), la mujer de Isaías (Is 8,3) y Noadías (Ne 6,14).
2.1 Julda, profetisa en el tiempo de la reforma de Josías
La profetisa Julda aparece en el tiem- po del rey Josías, en el contexto de la reforma deuteronomista. La actuación profética de Julda es semejante a la de muchos profetas que eran consulta- dos por reyes, sacerdotes y líderes del pueblo, en momentos decisivos en la historia del pueblo de Dios. Su función es despertar la memoria y alertar a la consciencia de la fe muchas veces ador- mecida del pueblo.
Cuando Josías tomó conocimiento del asunto del libro de la Ley escondido en el templo y encontrado por su secreta- rio, quedó preocupado con la infideli- dad del pueblo y de su antecesor Ma- nasés. Envía, entonces, cinco hombres de confianza, entre ellos al sacerdote Jelcías, para consultar a Yavé. Ellos se dirigen a la profetisa Julda, que predi- ce la desgracia de Jerusalén y de sus habitantes. Al rey Josías garantiza que no presenciará tales acontecimientos, debido a su arrepentimiento. Será se- pultado en paz junto a sus padres (cf.
2Re 22,14-20).
Julda, por tanto, ejercía el profetismo como un oficio del templo. Pronuncia su profecía a favor del Dios verdadero y contra los ídolos hechos por manos hu- manas, que no sirven para nada y son pura ilusión.
2.2 Débora, la jueza que el pueblo consagra profetisa
En el tiempo de los jueces aún no exis- tía el profetismo clásico en Israel. En- tretanto, Débora es llamada profetisa (Jue 4,4). ¿Cómo se explica esto? Aquí tenemos un caso típico de relectura hecha por el pueblo. Débora es una fi- gura femenina muy querida por el pue- blo, por su liderazgo osado y liberador, en un momento de crisis aguda y de amenaza de extinción de las tribus de Israel. Conocedora de la situación del pueblo de Dios, Débora toma la iniciati- va. Ella llama a Barac y convoca a todos los guerreros para la lucha en defensa del pueblo, con la protección de Yavé.
Débora, la profetisa, aparece como una gran líder de su pueblo en la época de los Jueces. La narración transmite un crecimiento gradual en este papel de li- derazgo de Débora. En el inicio, la pos- tura de Débora era sentarse debajo de la palmera en las montañas de Efraín, entre Ramá y Betel, a la espera de los israelitas que subían para allá, a fin de resolver cuestiones judiciales.
El cántico de Débora (Jue 5) es uno de los poemas más antiguos, bonitos y vi- brantes de la Biblia. En él se transpa- renta la animación profética de Débora:
despertar los liderazgos adormecidos;
convocar a las tribus dispersas para unirse, organizarse y sumar fuerzas
contra el enemigo; levantar el ánimo de todos; suscitar una nueva esperanza y sobre todo reavivar la fe en el Dios li- berador, el Dios de la Alianza. Esta fe es cantada con la fuerza del símbolo que se une a la alabanza de la naturaleza:
“Aquellos que te aman, Yavé, que ellos sean como el sol cuando se levanta con su fuerza” (Jue 5,31).
Sin dejar de elogiar a las tribus que se alistan en la lucha, Débora reprende aquellas tribus que querían “sacar el cuerpo” o quedar presas de discusiones internas. Su canto expresa un grito de confianza en Yavé y en la organización del pueblo.
En Jue 5,12 tenemos el grito que llama, insistentemente, a “despertar”. ¿Des- pertar de qué y para qué? Pongamos esta pregunta dentro del contexto abordado arriba y no será necesario formular una respuesta, pues ya está implícita.
“Despierta, despierta Débora. Despier- ta, despierta, entona el cántico”. El grito de Débora puede ser entendido como una convocación de las mujeres para que ellas despierten y asuman su misión específica en la historia de sal- vación de su pueblo.
El cántico de Débora termina en un gri- to de alegría y esperanza: “¡Los que os aman sean como el sol cuando se levan- ta en todo su esplendor!” (v. 31b).
Esta situación sabia, osada, perspicaz y estratégica de Débora quedó en el recuerdo del pueblo. Ella es conocida como consciencia “viva” de la comuni- dad y llamada “madre de Israel” (Jue
5,7). Ciertamente todas esas prerroga- tivas de Débora hicieron que el pueblo, más adelante, releyendo su propia his- toria, descubriera en ella una profetisa.
Débora es pues, una profetisa popular.
Esto es, consagrada por el pueblo, y no una profetisa de modelo institucional.
2.3 Miriam, la profetisa que canta y danza la alegría de la liberación Cuando hablamos de Éxodo, casi siem- pre recordamos sólo a Moisés como el gran líder del pueblo. Sin embrago, junto a él actuaron su hermano Aarón y su hermana Miriam. ¿Por qué la Biblia habrá mencionado explícitamente a Mi- riam como “profetisa”?
Aquí, como sucede en la mayoría de los textos en que aparecen mujeres profe- tisas, tenemos un profetismo que esca- pa de los patrones clásicos e institucio- nalizados.
Miriam entra en escena “jalonando” el grupo de las mujeres, tocando tambo- ril, danzando y cantando para celebrar la alegría de la liberación y homena- jear a Yavé, el liberador del pueblo (Ex 15,20-21). Su presencia es alegre, llena de vibración y vida. Por su liderazgo es capaz de atraer y contagiar a “todas las mujeres” que con ella formaban “coros de danza”. Se asociaban así y participa- ban públicamente de la manifestación alegre de la victoria del pueblo: la li- beración de la esclavitud. Y Miriam les entonaba:
“¡Canten a Yavé, pues de gloria se vis- tió; él arrojó al mar caballo y jinete!”
(Ex 15,21b).
El paso de Miriam es muy rápido en los textos bíblicos. Nada más sabemos so- bre su actuación profética. Solamente el profeta Miqueas (6,4) menciona a Miriam en igualdad con Moisés y Aarón, como enviada por Yavé para la libera- ción del pueblo: “Sí, yo te hice subir de la tierra de Egipto, te rescaté de la casa de la esclavitud y te envié delante de ti a Moisés, Aarón y Miriam”.
2.4 La mujer de Isaías, una profetisa anónima y Noadías, una profetisa si- lenciada
El libro de Isaías (8,3) menciona una
“profetisa” a quien Isaías, el gran pro- feta de la justicia y del derecho, “se aproximó”. Con ella tuvo dos hijos cu- yos nombres tienen una relación simbó- lica con la misión del profeta. El interés del texto está todo referido al significa- do de los nombres de los dos hijos. No se hace ninguna alusión de la mujer que permanece anónima, a pesar del título de “profetisa”.
Este hecho bíblico recuerda la misión profética de tantas mujeres, de ayer y de hoy, que aunque se encuentren en el anonimato, ejercen influencia sabia y orientadora en los líderes del pueblo.
El libro de Nehemías (6,14) evoca de- lante de Dios la memoria de Noadías, la profetisa. El texto y la Biblia toda son, sin embargo, omisos en decir algo más sobre cualquier actuación de esta profetisa.6
Como se puede ver, son pocas las refe- rencias explícitas a las mujeres profe- tisas en el AT. De las cinco menciona-
das, apenas una, Débora -que al decir verdad es jueza- tiene su historia y sus acciones registradas con cierta nitidez.
Empero, la fuerza del texto como que se desborda y se proyecta en la historia de otras mujeres del AT; también ellas son “consciencia despierta” y símbolo de esperanza para el pueblo. El profe- tismo de Débora es también el de Rut, Judit, Ester, Tamar y el de otras tantas que la memoria del pueblo guardó… u olvidó.
2.5 Características y criterios de la presencia profética de las mujeres en el AT
Una primera característica es recono- cida por el hecho de que el liderazgo y la sabiduría profética de las mujeres surge en diversos periodos de la historia de Israel, generalmente en los momen- tos de grave amenaza y supervivencia del pueblo (los libros de Judit y Ester fueron escritos en la época de la do- minación griega y de la reacción de los Macabeos), o en momentos de gran sufrimiento y esfuerzo por la recons- trucción nacional (la historia de Rut es redactada en el tiempo de Esdras y Ne- hemías, donde la situación de la mujer extranjera era desesperante).
Por tanto, el contexto en que el lideraz- go profético feminista emergió en Israel fue casi siempre un ambiente de des- organización, o incluso de destrucción social y cultural (Jue 5,6-7a), marcado por la amenaza de extinción de la fa- milia, del clan o de todo el pueblo (Est 3,13): una atmósfera de falta de espe- ranza y de coraje para reaccionar. En estas ocasiones, especialmente cuando los jefes de Israel cedían a la tenta-
ción de capitular ante las dificultades (14), el Señor suscitó mujeres fuertes para revitalizar a su pueblo, restituirle el ánimo y la fe: “¡Las aldeas estaban muertas en Israel, muy muertas, hasta que tú te levantaste, oh Débora, hasta que tú te levantaste como madre de Is- rael!” (Jue 5,7).
Un segundo punto que podemos resaltar es la capacidad de resistencia que ca- racteriza el profetismo de las mujeres en la historia de Israel. Si los profetas- hombres son “hijos e intérpretes de la crisis”, las mujeres-profetisas van hasta el final con su capacidad de soportar la crisis, sin capitular y sin perder la es- peranza. En este aspecto, las figuras de Rut y Noemí, en su larga trayectoria, desde la mayor desolación hasta la ple- nitud de la alegría, simbolizan la resis- tencia de los humildes, de todos aque- llos para los cuales la sociedad niega un lugar (Lc 2,7b) y un futuro. Judit, Ester y la madre de los Macabeos (2Mac 7), esta última de modo especial, ilustran la tenacidad confiante con que tantas mujeres esperan “contra toda esperan- za” (Rm 4,18).
No podemos dejar de relacionar la acti- tud de estas protagonistas de Israel con la actitud de tantas mujeres que hoy, sea en las comunidades de base, sea en medio de la lucha por los mínimos de- rechos humanos, manifiestan la misma
“manía de tener fe en la vida”, como diría Milton Nascimento. Pensemos en el contexto vivido por las madres de la Plaza de Mayo, y en el acento profético de su lucha permanente por la justicia y la verdad:
“Mostramos que se puede luchar, de
forma no violenta (dejo claro que no somos pacifistas), contra la peor de las dictaduras, arrebatándole pequeños es- pacios a cada día. Que la lucha por la libertad, la justicia y la vida está por encima de las ideologías, la religión, la raza. Con el tiempo, la verdad se impo- ne, con moral y con dignidad…”7. La dimensión comunitaria es otro ele- mento esencial al profetismo femeni- no. Si las mujeres profetisas emergen en momentos de vacío de líderes, no es porque normalmente no tengan capa- cidad de liderazgo; sino porque están identificadas con el conjunto del pue- blo cuya memoria guardan y transmiten de generación en generación; en esta continuidad en que la vida se re-crea y re-inventa nuevos caminos para superar la muerte, la presencia profética de la mujer nos revela su tenacidad de luchar, hasta el fin, por aquello que considera ser voluntad de Dios.
La certeza de estar del lado de Dios, o de tener a Dios a su lado, sustenta la lucha de resistencia y la identificación con el pueblo, en la persona del profeta y de la profetisa.
La autoridad de las profetisas brota de su fe en el Dios de los oprimidos: “tu poder no está en el gran número ni en tu soberanía entre los que tienen fuer- za: está en el Dios de los humildes, el socorro de los oprimidos, el amparo de los frágiles, el protector de los abando- nados, el salvador de los desesperados”
(Dt 9,11).
Es una fe tejida en medio de años de
resistencia, una fe curtida y constante- mente renacida en el sufrimiento y en la alegría. ¿Por qué esta fe encuentra resonancia en el corazón del pueblo?
Porque, al recuperar la confianza en el Dios del pueblo, ella devuelve al mismo tiempo la confianza en el pueblo de Dios y la esperanza de un futuro de libera- ción. Una novedad muy significativa del movimiento profético de Israel, particu- larmente presente en el profetismo fe- menino, es la convicción de que el dere- cho del pobre es el derecho de Dios.
La fe en el Dios de la Alianza se mani- fiesta, de modo particular en el profe- tismo, a través de canto de alabanza y gritos de lamentación. Estos últimos se inscriben en la tradición que venía des- de Egipto: el clamor del pueblo de Yavé.
El clamor no es solo un pedido de soco- rro, sino es también la expresión públi- ca de la “herida”, la exteriorización del dolor de toda la nación en los momentos extremos de sufrimiento (Est 4,1-3).
Las primeras referencias a mujeres profetisas en el AT son para registrar su canto de alabanza a Yavé (Débora y Miriam). La historia de Judit concluye con un himno de acción de gracias (Jdt 16,1-21), y el libro de Rut termina con el canto colectivo de las mujeres, en torno a Noemí (Rt 4,14-15).
Sin la pretensión de agotar el asunto, concluimos con la certeza de que otros aspectos del profetismo de las muje- res en el AT podrían aún ser resaltados, como su libertad, el riesgo que asumen de exponer la propia vida, el gusto por la belleza, el humor. A partir de los ele- mentos que presentamos, por ejemplo,
ya es posible concluir que las profetisas del AT se ponen en la misma línea del tipo de profeta que fue Jesús.
3. EL PROFETISMO Y LA FIDELIDAD DE JESÚS
Jesús retoma la misión del profeta, pero da a esa misión una dimensión cualitati- va nueva. Reconocido como profeta por el poder de su palabra y de sus obras (Lc 24,19), él no busca directamente a los poderosos para criticarlos. Busca, sí, a los pobres y pecadores, para restaurar en ellos la vida y anunciarles la buena nueva del Reino. “En la mente de Jesús el ministerio profético es el ministerio de la vida. Él se dirige a los afligidos, los abandonados, los disminuidos, los que no tienen vida o vida plena. Su misión consiste en mostrar los signos de vida (…). Entendió el profetismo más como una actividad que se dedica a dar sig- nos de vida y resurrección a un pueblo adolorido, sufrido, oprimido y reducido a una condición de muerte”8.
Desde entonces, todo el pueblo de Dios es llamado a cumplir un deseo muy an- tiguo, que el libro de los Números ya colocaba en boca de Moisés: “quien diera que todo el pueblo del Señor fue- ra profeta, y que el Señor les concedie- ra el Espíritu” (Nm 11,29b).
4. MUJERES PROFETISAS EN EL NUEVO TESTAMENTO
Encontramos una mujer profetisa evi- denciada por el evangelista Lucas. Es la profetisa Ana, una viuda de edad avan- zada, que se encontraba en el templo, en la hora de la presentación de Jesús.
Un momento de viraje en la historia de la salvación. Ya no es la ley, ni siquiera la promesa de fidelidad de Yavé, el con- tenido central del anuncio profético de Ana: “ella agradecía a Dios y hablaba del niño a todos los que esperaban la liberación de pueblo elegido” (Lc 2,38).
Un Dios encarnado, con rostro humano.
Un niño es la señal del cumplimiento de la promesa de Yavé. Por eso Ana agra- dece y anuncia la buena nueva a todos los que están abiertos a acoger esta li- beración que viene a través de la fragi- lidad de un niño.
El libro de los Hechos de los Apóstoles evoca el cumplimiento de la profecía escatológica de Joel 3,1-5. “Sucederá en los últimos días, dice el Señor, que derramaré mi Espíritu sobre toda carne.
Vuestros hijos y vuestras hijas profetiza- rán, vuestros jóvenes tendrán visiones y vuestros ancianos soñarán. Sí, sobre mis siervos y mis siervas derramaré mi Espíritu” (Hch 2,17-18). En Hch 21,9 encontramos una información significa- tiva: “Felipe tenía cuatro hijas solteras que profetizaban”. También aquí no encontramos ningún desarrollo sobre la influencia de estas profecías de las hijas de Felipe, uno de los siete diáconos, en las primeras comunidades cristianas.
Los tiempos mesiánicos llegarán a su plenitud. La práctica de Jesús con re- lación a las mujeres nos da una llave de lectura nueva para la interpretación de toda la Escritura, como también de la vida.
En la búsqueda de volver comprensible la realidad del Reino de Dios, Jesús en-
cuentra en la mujer, ocupada en su vida cotidiana, un símbolo muy fuerte: “¿con qué compararemos el Reino de Dios? Es semejante al fermento que una mujer tomó y escondió dentro de tres medidas de harina, hasta que todo quedase fer- mentado” (Lc 13,20-21).
Como el fermento escondido en las ha- rinas, escondido está también el pro- fetismo de las mujeres, en el camino milenario de la historia.
Vemos hoy muchas mujeres asumiendo un papel de verdadera animación pro- fética en medio del pueblo. Como en la Biblia, permanecen casi siempre escon- didas y sus nombres son poco recorda- dos. Su presencia de fidelidad es, por tanto, el fermento en la masa que hace crecer la realidad profética del Reino de Dios, como hablan Lucas y Mateo, en las parábolas del Reino.
Su profetismo y su fidelidad se asocian así al de Jesucristo, que se identifica con la Buena Nueva del Reino de Dios para los pobres y humildes que acogen su mensaje de vida y liberación9. 5. CONCLUSIÓN
Hablar de profetismo y fidelidad en la perspectiva de las mujeres, nos permi- te reconocer su presencia al servicio de la vida y de la reconstrucción de la vida, allá donde ella se encontraba amenazada o lesionada. Las mujeres que sobresalían en Israel, en la historia del Pueblo de Dios y en Palestina, en el movimiento de Jesús, encarnaron en
sus vidas el deseo de vivir, la energía de todo el pueblo, su pasado, las razo- nes de su esperanza, en fin, su fe en la Alianza con su Dios. Su profetismo, a ejemplo del profetismo asumido por Jesús, fue un ministerio de vida. Donde había muerte y esterilidad, mostraban los “atajos” y las “brechas” por donde se reencuentra la fuerza y el coraje de vivir. Por eso, en los cuatro Evangelios las hemos encontrado registradas como testigos y anunciadoras de la vida nue- va que brota de la resurrección. Cree- mos que hoy esa misma actitud renace de forma sorprendente en los pueblos latinoamericanos y caribeños, muchas veces liderados por mujeres, en una lu- cha incansable y permeada de fe.
Notas:
*Artículo traducido por el Hno. Oscar Elizalde, FSC, del original en portugués: “Fidelidade e profecia desde uma perspectiva de mulheres profetisas”.
1GALEANO, Eduardo, Mulheres, Porto Alegre: L&PM POCKET, p. 175.
2Cf. MESTERS, Carlos, “O profeta Elias: inspiração para hoje”, en REB, vol. 30, 119, septiembre 1970.
3Cf. MESTERS, Carlos, “A experiência de Deus nos patriarcas, nos profetas, nos sábios e no Evangelista S. João”, en Experimentar Deus hoje, Petrópolis: Vozes, 1974, p. 113.
4BALZ-SCHNEIDER, Exegetisches Worterbuch zum NT, Stuttgart- Berlin. Koln-Mainz, 1983, 442-448.
5Cf. O Código da Aliança: Ex 20, 23-23,19.
6El profeta Ezequiel también habla de mujeres consideradas falsas profetisas (Ez 13,17). Yavé manda a que Ezequiel profetice contra ellas y desenmascare sus mentiras engañosas y promesas ilusorias que seducen al pueblo (Ez 13,17-23).
7Hebe Bonafini, madre de 2 desaparecidos y presidenta de las Ma- dres de la Plaza de Mayo. Cf. Cadernos do Terceiro Mundo, n. 80, julho 1985, p. 48.
8COMBLlN, J., “Jesús profeta”, en Estudos Bíblicos n. 4, 1985, p.
41-59.
9Este texto es en gran parte una relectura combinada de dos pu- blicaciones anteriores: “Las profetisas en la historia del pueblo de Dios” en: Tu Palabra es Vida. Loyola & Publicações CRB, 1992, Vol.
3, p. 219 – 223 y “Las mujeres profetisas en el AT”, co-autoría con Tereza Cavalcanti, en: CONVERGÊNCIA, Ano XXI, n° 192, mayo de 1986, p. 225-235.