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OBJETIVOS:
^ Reflexionar y discutir acerca de los mitos más frecuentes que rondan en torno al pro- blema de la violencia hacia la mujer.
^ Proponer temas y problemas para discutir en grupo y abor- dar la violencia hacia la mujer desde una perspectiva más igualitaria.
^ Revisar algunas conductas que se tienen acerca de este problema y que no se abordan fácilmente desde una visión crítica y autocrítica.
MATERIALES
32 tarjetas con afirmaciones para su discu- sión y análisis;
1 Tablero para el desarrollo del juego;
Cuadernillo con algunas orientaciones con in- formación complementaria.
PROCEDIMIENTO:
El juego está diseñado para un grupo entre 4 y 8 participantes.
Sa da inicio al juego colocando el montón de tarjetas, con el texto hacia abajo, en una es- quina del tablero
El, o la primera participante escogida al azar toma la primera carta del montón, la lee en voz alta y da su opinión respecto a ella.
Cuando termine de expresar su opinión los, o las demás participantes entregan su opinión y el grupo decide la ubicación de la tarjeta, de acuerdo a los siguientes criterios:
Si no existen dudas respecto a las opinio- nes del grupo, se coloca en ese casillero.
Si por el contrario, las opiniones están muy divididas, se ubica en el casillero dis- cutible y al finalizar todas las rondas se lee la información complementaria que apa- rece en el folleto.
* Al finalizar la actividad (cuando se hayan terminado las tarjetas o en el tiempo que el grupo haya fijado de antemano), se pueden profundizar aquellos aspectos más discuti- bles.
* Este, al igual que la mayoría de los mate- riales educativos, es sólo una invitación a abordar el tema. El cuadernillo entrega alguna información relativa, pero conviene que se siga profundizando más en este delicado pro- blema que afecta a gran parte de nuestra so- ciedad.
Cuadernillo de Información
al Juego
La realidad indica que este fenómeno ocurre en todas las clases sociales.
Existen empresarios, profesionales, políticos, que son Hombres Golpeado- res. Lo que sucede es que tanto las Mujeres Maltratadas como los Hom- bres Golpeadores de los niveles económicos altos, pueden esconder más fácilmente el problema, recurriendo a ayuda profesional. De hecho, la ma- yoría de las investigaciones en nuestro país y en el extranjero, se basan en datos de instituciones públicas, es decir, dónde acceden personas de más bajos recursos (postas, hospitales, comisarías). En los niveles sociales más altos, la deseabilidad social es mayor, y por tanto, las imágenes se resguardan más. Así también, las mujeres de clase alta manejan más di- nero, cuentan con autos para poder huir de la situación, las paredes de las casas son más gruesas y por lo tanto, los gritos y los llantos no se escu- chan.
La violencia es una conducta aprendida a partir de modelos familiares y sociales que la definen como un recurso válido para resolver conflictos.
Así entonces, se aprende a utilizar la violencia en la familia, en la escuela, en el deporte, en los medios de comunicación. Por una parte, se visualizan los castigos físicos como un recurso "educativo" a los (as) hijos (as) y pare- jas, a través de la concepción "si no te portas bien, te pego"; y "si te pego, es por tu bien". Desde otro punto de vista, a los hombres desde niños se les modela a ser más agresivos que a las niñas, por medio de la práctica de deportes violentos, a través de mandatos
culturales, tales como: "los hombres no llo- ran"; "para ser hombrecito, hay que saber defenderse".
Los niños y las niñas aprenden en su hogar modelos de relación violentos, ya sea por ser victima de maltrato o ser testigo de cómo su padre agrede a su madre, y tienden a reproducir estos modelos en sus futuras relaciones, perpetuando el problema, es de- cir, aprenden que cuando existe un pro- blema familiar debe ser erradicado lo antes
posible y que la forma más rápida y aparentemente más efectiva es resol- verlos mediante la violencia. Así entonces, las niñas aprenden que una forma factible de "educar" a sus futuros (as) hijos (as), es por la vía de la agresión física y psicológica. A su vez, los niños aprenden como un dere- cho castigar a sus hijos, hijas y a su pareja en el futuro.
Investigaciones y experiencias clínicas señalan que el alcohol puede pro- vocar que algunos hombres golpeen su pareja. Sin embargo, esta variable no es considerada como causal de la violencia, sino sólo un factor de riesgo puesto que su consumo no asegura que un hombre vaya a agredir a su pareja. Lo que sucede es que el alcohol actúa como deshinibidor de pensamientos, emociones y deseos previos que se traducen posterior- mente en actitudes y conductas. De hecho, muchas personas alcohólicas no son agresivas con su pareja, así como muchas personas que no consu- men alcohol, son extremadamente violentos (as). En un estudio realizado en Chile, en el año 1993, de 23 hombres golpeadores estudiados, sólo cuatro de ellos reconocían haber estado bajo los efectos del alcohol.
Al respecto, se ha llegado a la conclusión a través de varias investigacio- nes y observaciones clínicas que esta afirmación es solamente un mito más: "Los hombres que agreden a su pareja y/o hijos deben ser enfermos mentales". Los estudios realizados muestran que sólo cerca de un cinco por ciento de los casos de los Hombres Golpeadores sufren alguna psico- patología o enfermedad mental. Se puede decir, sin correr muchos ries- gos, que no existe un tipo, o perfil de Hombre Golpeador, en términos de enfermedad o rasgos de personalidad en general.
Es posible que su conducta provoque enojo, pero la conducta violenta es de absoluta responsabilidad de quien la ejerce. No hay "provocación" que justifique una agresión. Los hombres que ejercen violencia en su hogar intentan permanentemente eludir su responsabilidad. La agresión física sólo se justifica como una acción en defensa propia y que sea proporcional al estímulo que provoca la defensa. En otras palabras, si una persona es agredida psicológicamente con un garabato, pegarle de vuelta una cache- tada es desproporcionado, al igual que responder con golpes de puño, pa-
los o armas, ante una cachetada recibida.
En la mayoría de los casos, las mujeres que sufren situaciones crónicas de violencia no pueden salir de ellas por diferentes razones de índole so- cial, económica o piscológica. Veamos algunas como ejemplo: La misma comunidad se encarga de reforzar muchas veces la conducta pasiva de la mujer al señalarle que "el matrimonio es así, no es un lecho de rosas"; o bien "no dejes a tus hijos, sin un padre"; Además se exagera el rol de
"sacrificio, de servicio, de pilar y responsa- ble de la familia". La mayor parte de las ve- ces, las mujeres se atreven a salir de esta situación cuando los hijos son mayores. En lo económico: La mayoría de las mujeres dependen económicamente del marido. Si deciden separarse y quedarse con los ni- ños perciben que no tienen cómo mante- nerlos; por la seguridad de alimentación, educación, salud y vivienda, terminan
"-"sacrificándose". En lo psicológico: La mujer maltratada termina por creer que ella es la "culpable" de la violencia; "que algo malo ha hecho para merecerlo".
Presenta bajísima autoestima, inseguridad (no sabe tomar decisiones), siente vergüenza de reconocerlo como un problema. También cree que nunca más volverá a pasar por que él dijo que así será. Que cambiará mágicamente.
Los episodios de violencia dentro del hogar no ocurren en forma perma- nente, sino por ciclos. En los momentos en que la pareja está atravesando por la fase de "luna de miel" del ciclo de violencia, se generan interacciones afectuosas. El Hombre Golpeador puede ser tierno, amoroso, atento por momentos y brutal, descalificador e intolerante en otros. Las mujeres creen que nunca más volverá a pasar por que él les asegura que así será, quieren creer en él porque lo aman, aún cuando es un amor ambiguo en que odian al hombre cuando se violenta, que no es siempre, pero aman a la "figura ideal del marido" de cuando éste es cariñoso, tierno, atento y responsable. Es fácil "quedarse pegadas" en la imagen ideal, por lo mismo es fácil creer ciegamente que el cambio ocurrirá, casi de manera mágica.
Sin embargo, es necesario un largo y voluntarioso trabajo compartido por ambos, para que realmente así suceda.
Por el contrario, tanto los abusos sexuales como las violaciones ocurren por lo general en las propias casas de las víctimas o cerca de éstas. Gene- ralmente el agresor sexual es un tío, padre, padrastro, amigo de la familia, etc. Además, el mayor porcentaje de violaciones se da al interior de la pareja (violación marital) y que muchas veces por tabú, miedo o vergüenza no se comenta. Otras tantas veces no se hace público porque ni la propia mujer conceptualiza esto como violación y cree que es un "deber de toda mujer aceptarlo, que asi son las relaciones sexuales".
Si se estima que cualquier acto de violencia de una persona contra otra, independientemente de que ocurra dentro o fuera del hogar, debe conside- rarse como delito, entonces el problema no sólo es de incumbencia familiar sino también social y legal. Se cree, erróneamente de que como es "un problema de pareja", se debe recurrir sólo a la terapia de pareja u otra fórmula, sin embargo, mientras el problema persista es un problema social.
Por otra parte, la violencia en cualquier hogar, no puede seguir siendo en- tendida como una cuestión privada, sino como un verdadero problema so- cial, ya que la Salud, la Educación, el Trabajo y la Seguridad, son cuestio- nes públicas y comunitarias.
La agresión física es sólo la expresión más evidente de la violencia, e incluso la que es más difícil de ocultar, sin embargo, también existen otras expresiones de la violencia en lo psicológico: como aquellas conductas verbales agresiva tendientes a provocar o reforzar la baja autoestima, a través del insulto y la desvalorización, también existen agresiones no ver- bales tales como golpear muebles o golpear puertas, o negarle el dinero u otros elementos convenidos dentro de la propia relación de pareja. El chan- taje emocional a través de la amenza de abandono, del suicidio o de con- sumo de alcohol provocado por culpa de....En lo sexual: Se refiere a forzar a otra persona a tener cualquier actividad sexual no deseada a través de !a intimidación y de amenazas explícitas e implícitas violentas si la persona se llega a negar. Generalmente este tipo de agresión es la menos visible, la
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más velada y una de las más comunes.
A partir de estudios realizados desde 1990 se ha descubierto que el fenó- meno de la violencia en las relaciones de pareja o familia, tienden a repe- 't O tirse de igual manera, e incluso en culturas o países diferentes. La violen- cia se instala en el interior de la pareja y asume características muy marca- das, una de ellas es que empieza a ser una acción repetida y se va repi- tiendo invariablemente como un ciclo, a la manera de un círculo vicioso que se repite y cada vez los períodos sin violencia son más cortos y el carác- ter de las agresiones más graves. Con el riesgo de transformarse en al- gún tiempo en una actividad permanente y fuera de control.
Este es uno de los mitos más arraigados que existen. Sin embargo lleva _ implícito el riesgo de convertirse en un hecho que avala problemas de
^ fondo y que tienen que ver con la comunicación entre la pareja. Los celos, generalmente esconden respuestas basadas en la inseguridad y la des- confianza, que de no trabajarse a tiempo, se van agudizando hasta transfo- marse en un primer nivel del círculo de la violencia.
Esto, más que un mito, es una cuestión de sentido común. Lo interesante en esta manera de plantear el problema es revisar el fondo de la cuestión.
H Si se presenta como una colaboración del hombre en los quehaceres del hogar, se concede de alguna manera, que él sólo es un "cooperador volun- tario". Lo interesante es plantearse el tema como un derecho y un deber consagrado , en términos de una relación justa e igualitaria, en dónde am- bos colaboran en todos los aspectos en una nueva forma de relaciona- miento hombre-mujer.
Este mito, tiene sustento en las formas que la misma sociedad tiene para _ socializar los roles entre el hombre y la mujer. Desde temprana edad se , / manifiestan en la familia y en la educación formas diferenciadas de consti- tuirse como identidad. El principal problema que existe a este respecto, es que de las diferencias culturales y de género, luego se pasa a formas de
discriminación que, a su vez, preparan el camino para ejercer o justificar la violencia. Hasta llegar al extremo de entender la relación de pareja como una relación en donde uno ejerce la dominación y otra persona se asume como dominada. En esta forma de relación es muy difícil desarro- llar la experiencia humana del amor, y se puede caer en la experiencia permanente del dolor, que perpetua una relación desigual y poco gratifi- cante.
Parece existir un vínculo claro entre la violencia y la frustración emocio- nal. Un hogar destrozado, un ser humano descuartizado afectivamente, un niño que se sintió abandonado desde los primeros años, un joven que no fue querido ni escuchado, normalmente es más proclive a ejerecer la violencia. Si a esto, le agregamos los fuertes estímulos hacia la violencia que aparecen en los medios de comunicación (cine, tv y prensa), tenemos el caldo de cultivo adecuado para seguir relacionándonos con la violencia como lenguaje. Pero más importante que establecer el origen de la violen- cia, es la actitud de no tolerarla, ni quedar inválidos ante ella. Nada justi- fica que un ser humano agreda a otro.
La violencia es toda conducta que por acción u omisión (dejar de hacer) tenga por objeto causar daño o dolor a otro ser humano. En este sentido, la agresión verbal y la descalificación son parte de un círculo de la violen- cia que va dejando secuelas en la víctima. Una de las secuela más evi- dentes es la desvalorización, es el desplome de la autoestima a niveles alarmante, que hacen de la víctima un ser inseguro, sometido y lleno de dolor. Esta forma de relación es dañina para todos los que la sufren, es decir, tanto para los victimarios como para las víctimas, por que atentan contra un principio básico de dignidad y autorespeto. Además que contri- buye a que se perpetúe una forma de dominación indeseable y que ge- nera grandes daños a nivel de sociedad.
Se define como Hombre Golpeador a quién ha ejercido fuerza física en contra de su pareja mujer más de una vez. Cualquier ataque físico que se repita se considera como tal e incluye el empujar, pegar cachetadas, gol-
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pes de puños, etc. Para ser un hombre no golpeador, un hombre no debe tener más de un incidente de usar fuerza física en su actual o última convi- vencia o matrimonio (Caesar, 1988, pág. 51-52). Sin embargo, cuando se habla de hombres golpeadores se hace referencia a todos aquellos hom- bres que ejercen algunas formas de agresiones (psicológicas, físicas o sexuales) al menos en dos oportunidades.
Agresiones psicológicas se refieren por una parte a las conductas verba- les agresivas- tales como insultar o desvalorizar a la pareja tratándola de O O "fea, gorda, mala madre, mala esposa, etc.". También hace referencia a aquellas conductas agresivas no verbales tales como golpear puertas o muebles cuando él se enoja, romper objetos personales de ella, no darles dinero entre otras. También se consideran las amenazas de golpearla, ma- tarla, de suicidarse o caer en el alcohol o depresiones si ella lo abandona.
Los términos agresión física y agresión psicológica son significados con- venidos (quiere decir para comprender) la forma en que la conducta se j O exPresa más que la consecuencia producida o intentada. Así por ejemplo,
los actos de agresiones físicas pueden producir dolor tanto psicológico, como físico (Murphy y O'Leary, 1989).
Las agresiones sexuales se refieren a forzar a otra persona para tener cualquier actividad sexual a través del uso de la intimidación y de amena-
^ 1 zas explícitas o implícitas violentas si la persona se llegara a negar. Cierto es que la agresión sexual contiene aspectos de agresiones físicas y psico- lógicas, pero dado que su objetivo es dañar o herir la corporalidad y sexua- lidad de la mujer se conceptualiza como agresión sexual. Incluye forzarla físicamente o amenazas para tener sexo (violación marital).
Para la elaboración de este folleto de respuestas se consultó a:
"Mitos y Creencias Comunes acerca de la violencia intrafamiliar", Capítulo III:
de Ignacio Baloian, Psicólogo. Publicado en "Violencia Intrafamiliar: Perspectiva Psicosocial y Jurídica" Instituto de la Mujer y Servicio Nacional de la Mujer, Stgo. Junio de 1996.
Material Educativo elaborado por Jorge Amaro Toledo, Centro de Investigación y Desarrollo de la Educación, Julio 1998
La violencia es más frecuente en los sectores
de más bajos recursos
La violencia es natural en el ser hu- mano, espe-
cialmente en el hombre que por natu- raleza, es más agre- sivo.
A los niños no les afecta mayormente presenciar la violencia en su familia.
Ellos están más expuestos en otros medios.
El problema no es la vio- lencia en sí, sino más bien
el alcohol que la fo- menta o la produce.
Todo hom- bre que gol- pea a su pa- reja es un en- fermo men- tal, o tiene graves desór- denes psicológicos.
Las mujeres