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Un estilo humanizante para una industria deshumanizada

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UN ESTILO HUMANIZANTE

PARA UNA INDUSTRIA DESHUMANIZADA

Gracia López Patiño, Beatriz Cuenca García, Ruth Patricio Lloret, Natalia Serra Albert

Gracia López Patiño. Universitat Politècnica Valencia, [email protected] Beatriz Cuenca García. Universitat Politècnica Valencia, [email protected]

Ruth Patricio Lloret. Universitat Politècnica Valencia, [email protected] Natalia Serra Albert. Universitat Politècnica Valencia, [email protected]

RESUMEN

ABSTRACT

El sector agroalimentario ha generado un enorme desarrollo industrial en el área levantina, desde el motor de agua para regar los campos hasta el transporte del producto a través del ferrocarril en vía terrestre, o los mercados para la distribución de los mismos.

La burguesía floreciente de entre siglos XIX-XX encaja en el entorno fabril de su propiedad, donde las condiciones de trabajo son duras, el estilo orgánico y natural imperante, el Modernismo. Es así como la arquitectura industrial de edificios públicos y otras edificaciones de me- nor envergadura como mataderos, almacenes, fábricas, etc. se llenan de motivos florales, frutales, alegorías, en materiales cerámicos de brillantes y vivos colores, en metales e incluso en piedra. El nuevo estilo del siglo XX no se aprecia solo en fachada sino también en interio- res de edificaciones donde trabajadores, comerciantes y/o clientes pueden disfrutar del mismo ofreciendo un ambiente más humanizado.

Nos sumamos a una corriente que apuesta por el incipiente turismo industrial y un estilo que no deja indiferente al público por su lado más natural, todo ello en una provincia, Valencia, que ofrece paisajes agrícolas tan distintos como la huerta o las llanuras vitivinícolas.

Palabras clave: Patrimonio industrial, Valencia, Modernismo, industria, turismo industrial

The food industry has generated a huge industrial development in the Levantine area through the engine water to irrigate the fields and the transport of the products by train or markets for the distribution of them.

The burgeoning bourgeoisie between XIX-XX centuries fits into the manufacturing environment of their property, where working conditions are harsh, prevailing organic and natural style, Modernism. That is how the industrial architecture of public buildings and other smaller buildings such as slaughterhouses, warehouses, factories, etc. are filled with floral motifs, fruit, allegories, ceramic materials in bright, vivid colors, metal and even stone. The new style of the twentieth century can be seen not only in the front façades but also in interiors of buildings where workers, traders and / or customers can enjoy it offering a more humanized environment.

We join a current commitment to the emerging industrial tourism and a style that is not indifferent to the public for its natural side, all in a province, Valencia, offering agricultural landscapes as diverse as orchards or wine plains.

keywords: Industrial heritage, Valencia, Modernism, industry, industrial tourism

1. INTRODUCCIÓN

E

n el siglo XVIII, en concreto en el año 1781, el parroco Vicent Monzó, el boti- cario Jacinto Bodí y el escribano Carlos Maseres, tras experimentar una serie de injertos plantaron el primer campo de naranjos dulces destinado a la comercializa- ción, en la partida de “les Basses del Rei” de Carcaixent, en unos terrenos de secano, apro- vechando el agua procedente no sólo de las cuencas que atraviesan la comarca, montan- do las antiguas norias, según el modelo que nos legaron los árabes, sino también de los pozos que se abren con los nuevos motores de vapor. Los condicionantes que hacen desa-

rrollar la industria de la naranja, además de la fertilidad del terreno debida a las avenidas del río Júcar, son los ferrocarriles que pasan por Carcaixent con destino Valencia Grao y aquel de vía estrecha con destino Gandía-Denia que favorece la salida al mar de los productos agrí- colas.

Necesario para el crecimiento del cultivo del naranjo, y huerta en general, es el agua.

Por ello, aparecen casetas de motores accio- nados por vapor y chimenea aparejada en las grandes masías de la burguesía (Besó, 2009).

Alrededor de esta industria se generan otros espacios, necesarios para el almacenaje de la fruta y otras hortalizas, y otras industrias que A HUMANISTIC STYLE FOR DEHUMANIZED INDUSTRY

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y poder asociado al auge y desarrollo del co- mercio, la industria, la agricultura y las activi- dades financieras que se produjeron a finales del siglo XIX, donde la sociedad evolucionaba hacia la industrialización.

sirven a la agrícola como el caso de las serre- rías, donde se fabrican las cajas de madera para organizar y transportar las frutas, las pa- peleras, para envolver las piezas, las bodegas y alcoholeras donde tratar la uva, etc. El des- tino de animales que son sacrificados para su posterior comercialización en mercados son los mataderos, cuyo aspecto se trata de ade- cuar al nuevo estilo sin perder la idiosincrasia del proyecto. Florece una economía que hace crecer una nueva clase social, la burguesía, con unas necesidades propias de significación y ostentación de poder, que derivan en la visi- bilidad de sus pertenencias aprovechando los nuevos materiales, la tecnología y el nuevo estilo arquitectónico que utiliza la decoración natural con formas orgánicas, el Modernismo.

Este estilo artístico estuvo asociado a las grandes familias que controlaban la econo- mía, las cuales pertenecían a grupos sociales con una fuerte voluntad de progreso y van- guardia, a la vez que un expreso interés por introducir la novedad en su ámbito particular y doméstico. Así el desarrollo de esta nueva clase social basado en una burguesía urbana de carácter terrateniente con un alto nivel económico, político y social propició la apa- rición de nuevos modelos arquitectónicos y decorativos (Aguilera, 1987). El estilo moder- nista es, por tanto, un símbolo de distinción

Figuras 1. Detalle de fachada del almacén José Ribera en Carcaixent .

Figura 2. Detalle de la chimenea y pináculos de La Coto- nera de Alcira (derecha)

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<< Un estilo humanizante para una industria deshumanizada>> | Gracia López Patiño, Beatriz Cuenca García, Ruth Patricio Lloret, Natalia Serra Albert.

Aunque el uso original del almacén de Po- linyà de Xuquer construido en 1910 fue para el Sindicato Arrocero, otro cultivo mayoritario de la zona, el arroz, también ha servido a la naranja. De las cuatro naves de ladrillo ori- ginales solo se conserva una. El Modernismo se advierte en la fachada recayente a la ca- lle Sant Josep, decorada con cornisa original escalonada de ladrillo visto, mientras que el remate recayente a calle Perales es liso y sin decoración.

De 1912 es la instancia dirigida por los hermanos Bernardo y Enrique Pérez Puig de Alzira al ingeniero jefe de obras públicas de Valencia solicitando permiso para la cons- trucción de un almacén de naranjas, actual- mente conocido como La Cotonera, pues al- bergó posteriormente una fábrica de hilados, aunque su uso actual está relacionado con eventos varios. Fue proyectado por Juan Ríos Cogollos, hijo del proyectista del almacén de Carcaixent, aunque su construcción la llevó a cabo Emilio Ferrer, arquitecto municipal de Alzira. El edificio es una única nave diáfana rectangular construida con muros portantes de ladrillo y cerchas metálicas trianguladas La Exposición Regional Valenciana de 1909

fue un gran exponente sobre toda la industria en general, una gran mayoría de la arquitec- tura realizada fue en estilo modernista, pero casi nada queda de ella, y nada que se refiera a la industria agroalimentaria.

Aunque existe otra arquitectura indus- trial modernista, en pie o ya derribada, es la agroalimentación la que ha generado mayor riqueza y cambios en el territorio valenciano.

La industria agroalimentaria como otras, tex- tiles, ladrilleras, etc., están íntimamente re- lacionadas y desarrolladas en todo territorio de la Comunidad Valenciana, sin embargo, la presente investigación se centrará exclusiva- mente en los municipios de la provincia de Valencia. De ellos destacan los de las comar- cas de la Ribera del Júcar, sin olvidar Valencia, la capital de la provincia.

2. ARQUITECTURA INDUSTRIAL MODERNIS- TA AGROALIMENTARIA EN LA PROVINCIA DE VALENCIA

Con la extensión del cultivo de la naranja, y otros cultivos en la huerta, las corrientes hi- gienistas de la época hacen reformar y orde- nar los espacios de almacenaje y distribución de alimentos.

La recogida y encajado de la fruta y hor- talizas recogidas en la huerta valenciana dan lugar a espacios donde laborar, como los al- macenes. En Carcaixent, cuna del cultivo co- mercial de la naranja, José Ribera García en- carga a José Ríos Chinesta una edificación en altura, con planta en forma de L sobre parcela rectangular que sigue un esquema basilical, de una nave central diáfana más alta que las laterales, que quedan a su vez divididas en dos pisos, permitiendo el paso de luz. La construcción, realizada entre los años 1903 y 1910, está ejecutada en materiales tradicio- nales como el ladrillo y revoco y materiales nuevos como la forja. La estructura de pila- res de hierro colado, termina en ladrillo que forma arcos entre ellos, y barandillas de forja con flores al estilo modernista. Las fachadas principales están realizadas con un trabajo en ladrillo cara vista rojo combinado con revoco imitando piedra y azulejo cerámico vidriado, con gran profusión de huecos que permite la iluminación natural. En una de las fachadas se puede leer José Ribera en letras de reflejo metálico que por el estilo bien pudieran haber sido fabricadas en La Ceramo de Benicalap (Figura 1).

Figura 3 y 4. Detalle de capitel de fundición y estructura metálica del mercado Municipal de Alginet de 1903 (arri- ba) y Mercado Municipal de Moncada de 1908 (abajo)

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El almacén de Emilio Gascó2 en la Pobla Llarga, construido en 1930, posee un estilo ecléctico neobarroco con detalles modernis- tas. Se trata de una edificación que incluye al- macén de naranjas en planta baja y vivienda para el propietario en los niveles superiores.

En la primera planta destaca un gran balcón con balaustrada decorada de forma recarga- da exteriormente con motivos florales. Sobre el mirador existen relieves vegetales con me- dallones ovales en el centro, algunos de ellos con las iniciales “EG”3 en relieve. Bajo el mira- dor cuelgan guirnaldas vegetales, con un lazo sobre ellas, y naranjas con hojas.

Los primeros proyectos de mercado dis- frutan de un eclecticismo que poco a poco va tornando al nuevo estilo de formas orgáni- cas y motivos naturales. Uno de los primeros mercados en proyectarse bajo estas carac- terísticas es el mercado de Sollana de Juan Pedro Segura de Lago, que en 1898 idea un mercado de planta cuadrada cuya cubierta de zinc sostenida por columnas de hierro y fron- tones de madera deja ver una cruz formada con las pendientes de los faldones que hacen adivinar los ejes viarios del edificio.Las cua- tro fachadas idénticas, añadidas en los años que dan lugar a una cubierta a dos aguas con

tejas policromadas. Las idénticas fachadas principales están horadadas en vertical por un amplio hueco terminado en arco de medio punto que alberga una puerta en ambos ca- sos, y en sentido horizontal por una banda de ventanas, que iluminan el espacio interior. La decoración con motivos de naranjas por do- quier y pináculos que rematan el perímetro de la edificación continúa en la chimenea de ladrillo de sección octogonal que asoma por la cubierta (López, 2013). Con una corona en perfil hoja de tabac y con rehundidos partidos en cada cara, utiliza motivos en relieve con forma de cruz utilizados en otros lugares de la geografía valenciana y manchega1 (Figura 2).

En el remate de la fachada principal el ana- grama HP (Hermanos Peris) recuerda el estilo Sezesion vienés.

La nave de la Plaza de la Morera de Alzira que ahora está reutilizada como taller de los vehículos de la Policía Local, era un almacén de naranjas en cuya edificación con cubier- ta a dos aguas de teja plana sobre cuchillos metálicos y fachada escalonada con pináculos destaca un enorme ventanal tripartito con ventanas curvadas.

Figura 5 y 6. Detalles de los mercados Central y de Colón de Valencia, respectivamente

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<< Un estilo humanizante para una industria deshumanizada>> | Gracia López Patiño, Beatriz Cuenca García, Ruth Patricio Lloret, Natalia Serra Albert.

ción modernista con motivos florales (Figura 3), de la cual el arquitecto se había imbuido durante su etapa de estudiante en Barcelona.

Ferreres repite mercado en 1908, con un concepto diferente a su proyecto anterior de mercado, pero con ciertas similitudes al de Alginet. En Moncada, un edificio abierto com- puesto por una nave principal con estructu- ra metálica y voladizos laterales cubiertos de menor altura cubren el espacio destinado a los puestos (Figura 4). Este espacio entre cu- biertas, con lamas y una banda de enrejado es cincuenta del siglo XX , siguen un ritmo de

ventanas alargadas en arco semicircular que iluminan el interior del mercado sobre zóca- lo contínuo y una entrada central enmarcada en ladrillo. La decoración de las entradas se realiza con azulejo cerámico, escudo y pinácu- los, mientras que sobre las ventanas la línea del perfil de fachada se dibuja ondulada. En Cullera, un año más tarde, Luis Ferreres co- menzará a construir un mercado cuyo diseño responde a una gran cuadrícula con el cruce de vías centrales con cuatro pabellones aisla- dos en cruz. Terminará la construcción de este edificio de ladrillo cara vista cuyas entradas a los pabellones se presentan rematadas por frontones triangulares en 1903.

De esa fecha es la firma del proyecto del nuevo Mercado Municipal que encarga el Ayuntamiento de Alginet a Carlos Carbone- ll Pañella. Se trata de una única nave central cubierta, con marquesinas laterales, que per- miten definir tres cuerpos, donde Carbonell combina la estructura de acero con el vidrio de las claraboyas y las tejas planas como nue- vos materiales con un material tradicional de piedra caliza aburjardada en las fachadas prin- cipales que cierran el recinto. La versatilidad del material metálico permite la ornamenta-

Figuras 7 Detalle escultórico del mercado de Benifaió y cornisa del Matadero de Alginet

Figuras 8. Detalle escultórico del mercado de Benifaió y cornisa del Matadero de Alginet

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banda de azulejos con reflejo metálico, que aportan iluminación al conjunto (Figura 5). El cerramiento está basado en las vidrieras con motivos de color del escudo de la ciudad. El revestimiento exterior está formado por azu- lejos vidriados, en colores azules sobre fon- do amarillo en la parte inferior y los mismos que en el interior con reflejos metálicos en la parte superior sobre los ventanales. Estos últimos azulejos de reflejo procedentes de la fábrica La Ceramo, distinguida por la caracte- rística de la técnica de ese reflejo.

Entre 1914-16 se construye el Merca- do llamado de Colón, proyecto de Francisco Mora Berenguer que combina con maestría la estructura metálica con la cerámica, repre- sentada por el ladrillo y el azulejo vidriado, y la piedra. De planta basilical con nave central y laterales, se suman unos voladizos que con- forman un espacio abierto. Los pilares de fun- dición, fabricados en los Talleres la Belga de Valencia (Figura 6), recrean no solo el escudo de la ciudad sino también las naranjas, tanto a nivel de vista como en los capiteles de los mis- mos, siendo uno de los motivos fundamenta- les de la decoración del mercado. En frisos en piedra se encuentran esculpidos animales como gallinas, conejos, etc., y cabezas de ga- nado. Los remates de fachada y cúpulas están revestidos con trencadís, trocitos irregulares de azulejos que combinan distintos colores desde el blanco hasta el rojo.

Flanqueado por cuatro torres prismáticas se encuentra el mercado de Catarroja de Án- gel Romaní Verdeguer fechado en 1926. Aun- que disfruta de un estilo ecléctico, una banda de azulejos de corte modernista en tonos azu- les bordea la parte superior de los volúmenes en altura, para dar paso al volado de la cubier- ta que, acabada en pico, se eleva de forma cón- cava hasta este punto.

Ligeros detalles art decó, como el escalona- miento del hastial o los volúmenes truncados de la torre presenta la fachada del mercado de Benifaió, obra de 1929 de estilo racionalista del arquitecto municipal Emilio Artal Fos. Con una estructura interior metálica de nave cen- tral principal y naves laterales ocupadas por los puestos de venta, destaca la iluminación cenital y la ventilación a través de las lamas situadas en- tre nave central y laterales, de menor altura. El detalle escultórico en piedra sobre el arco de en- trada muestra un modernismo de flores, frutas en guirnaldas, así como un ternero flanqueado por dos mujeres de pecho desnudo (Figura 7).

aprovechado para iluminación y generación de corrientes de aire. Los capiteles de las co- lumnas de fundición se ornamentan con mo- tivos vegetales curvos propios del estilo.

El esplendor del Modernismo se plasma en los mercados de la capital valenciana. Por una parte el Mercado Central de 1914, de los arquitectos catalanes Francesc Guàrdia i Vial y Alexandre Soler, con estructura metálica de planta irregular que se ajusta al solar distin- guiéndose una zona destinada al pescado, dis- tinta de la de frutas y carnes. Ambos espacios están coronados por cúpulas decoradas con azulejos con motivos florales y frutales, sobre

Figuras 9 y 10. Puente de hierro de Alcira de 1917 (arriba) y Estación de tren de Carlet de 1925 de Francisco Mora (abajo.)

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suelo para evitar posibles inundaciones, que se inaugura en 1934, como reza una inscrip- ción en forja en una de las cuatro entradas de las que consta el mercado. Una nave central con naves adosadas laterales de menor altu- ra y amplios ventanales permiten la entrada de luz y una buena ventilación. La decoración exterior realizada a base de plaquetas cerá- micas de color azul mantiene destacados dos paneles con el escudo de la ciudad y una co- rona mural de la República, época en la que se construyó el mercado.

Las consideraciones higiénicas sobre la carne de ganado son también la causa de los traslados de los mataderos a las afueras de la ciudad. Esto implica nuevas construcciones donde se implanta el estilo modernista.

Con un proyecto de 1895 que extiende su construcción hasta 1903, Luis Ferreres busca la simetría en el Matadero Municipal de Va- lencia, a pesar de la irregularidad del solar.

Las naves, en número de tres para cada una de las clases de ganado, construidas en ladri- llo, sin ornamentación y con grandes venta- nales, tienen sostenidas sus cubiertas con pi- lares de hierro fundido y vigas de celosía, que además sustentan el sistema de manipulación de las reses. La iluminación y ventilación que- da reforzada por unos lucernarios longitudi- nales. Disponía de un novedoso sistema de limpieza por inundación utilizando las aguas de riego de la vecina acequia de Rovella (De Soto, 2014).

Carbonell Pañella, relacionado por mo- tivos familiares con Alginet, repite encargo municipal en 1905, con un proyecto de Ma- tadero donde el lenguaje utilizado difiere del del mercado. Una nave central de mayor altu- ra con grandes ventanales en ambos frentes y naves laterales de menor alzaría dan lugar a una planta en T a las que se adosan alas late- rales formando un patio de entrada al mata- dero. En las fachadas predomina el trabajo del ladrillo en recercados de huecos y cornisas de las edificaciones con aparejos arpados a las que se añade una banda de azulejos cerámi- cos con motivos florales (Figura 8). La reforma llevada a cabo para su reutilización como Ho- gar del jubilado desdibuja el interior original.

Fechado en 1908 (Taberner, 2007) el Ma- tadero del Grao4 de Valencia consta de cinco cuerpos según un eje de simetría. Construi- dos todos ellos en ladrillo macizo los cuerpos delanteros de dos alturas quedan unidos por El 2 de diciembre de 1925, del Ayunta-

miento de Carcaixent aprobó la ejecución de un importante Plan de Reformas para la ciudad que incluía, entre otras obras, la cons- trucción de un nuevo Mercado Municipal, dada la necesidad de establecer un punto de venta fijo para que la gente pudiera comprar viandas para alimento diario, derivado del crecimiento del comercio de la naranja. Sobre un solar cedido gratuitamente por un conce- jal, Alfredo Burguera Dolz de Castellar proyec- ta un edificio rectangular en ladrillo cara vista de 33 X 75.80 m. elevado sobre el nivel del

Figuras 11 y 12. Detalle de esquina del Tinglado núm 2 del Puerto de Valencia y detalles de la fachada de la fá- brica de abonos de José Campos Crespo en Valencia, obra de Demetrio Ribes

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imágenes de referencia de Alcira es el llama- do “puente de hierro” (Figura 9) que sustituyó al de San Gregorio del siglo XIII. Proyectado por el ingeniero de caminos Fausto Elio7 fue finalizado e inaugurado en 1917. Se trata de un puente de un solo tramo de 72 m. de luz cuya plataforma está sujeta por dos arcos ti- rantes paralelos de 8,90 m de altura, separa- dos seis metros. La estructura, ejecutada por la empresa La Maquinista Valenciana, queda reforzada por cruces metálicas roblonadas.

Otro de los puentes que favorece las co- municaciones, esta vez por vía férrea, es el del tramo Alzira-Carcaixent. Se trata de dos puentes parecidos construido el primero en 1909 en sustitución de uno de madera, que hubo que replicar en 1926 a causa del des- doblamiento de la vía, construyéndose a un nivel ligeramente superior. Fue realizado por La Maquinista Terrestre y Marítima de Bar- celona. El puente salva una luz de 69 metros con dos vigas Pratt de 8 m. de altura, trabadas superiormente con cruces de san Andrés de disposición Warren. Otra de las diferencias es el dintel frontal presentando el primero una viga horizontal reforzada con escuadras lami- nadas mientras que el segundo se cierra por medio de ligeros tirantes. También la anterior empresa catalana8 actuó como empresa ad- judicataria de la construcción en el puente de Gavarda inaugurado en 1917 y proyectado por el ingeniero Enrique Tamarit realizándose bajo la dirección y promoción del Ministerio de Obras Públicas sobre el Camino Real de Madrid. La viga Bow-String, de 70 m de luz, es uno de los cinco tramos metálicos que cons- tituyen el puente de 137 metros de longitud.

La primera Estación de Ferrocarril que tuvo la ciudad de Valencia fue construida en el año 1851 y llevaba por nombre Estación del Norte. La Estación actual, obra del arquitecto Demetrio Ribes, se inauguró en 1917, aunque su construcción comenzó en 1906, tras las transformaciones urbanísticas de finales del siglo XIX. El cuerpo principal de la estación tiene forma de C, que cierra las vías y consti- tuye la fachada principal. El cuerpo principal consta de dos plantas, sobre las que sobre- salen tres cuerpos torreados, dos laterales y uno central, en el que se pensó inicialmente en construir el acceso. La fachada de la Esta- ción del Norte se caracteriza por sus motivos vegetales (naranjas, flores de azahar…) en material cerámico, inspirados en la agricul- tura valenciana. Destacan también las cuatro una arcada de piedra como acceso principal,

y perpendicularmente se disponían tres na- ves rectangulares de gran y única altura. Los elementos decorativos en sus fachadas incor- poran además de la disposición del ladrillo en arpados, es decir, ladrillos girados a 45º, en las distintas hiladas, un impostado de cenefa de azulejo de Manises y una serie de cabezas de animales en relieve, que aparecen bajo la cornisa de las naves laterales y en arranques de los arcos de piedra de sus testeros.

Junto a la huerta de Massamagrell se im- planta en 1928 el pequeño Matadero de unos 180 m2 proyectado por José Granada, cuyo edificio principal está compuesto por tres cuerpos agrupados en forma de H en planta de dimensiones 13x5 m. y 8 m. de altura en los dos principales y un cuerpo menor que los une de 5x9 m. y 4 m. de altura5. Construido en ladrillo cara vista destaca el tratamiento esti- lizado de sus huecos apuntados que recuer- dan a un neomedievalismo, y la estructura en cerchas de madera que sostiene la cubierta a dos aguas.

En la la Plana de Utiel- Requena, zona in- terior de la provincia, es el cultivo de la vid el que marca la economía de la zona. El edifi- cio residencial de las actuales bodegas Torre Oria6, obra de José Donderis (Pérez Camps, 2000: 172) reviste su fachada con la colorida cerámica de gres porcelánico fabricado por Nolla en Meliana.

La arquitectura modernista es la que prac- tica Manuel Cortés en el Asilo de ancianos de Sueca a las órdenes del arquitecto Buenaven- tura Ferrando. Un trabajo en ladrillo con apa- rejos arpados que repite en 1938 en la chime- nea del Tancat de la Baldovina a orillas de la Albufera, dedicada al arroz.

La necesidad de un cajón donde transpor- tar los productos agrícolas hasta su destino con el máximo de calidad dio lugar al naci- miento de una industria maderera, como la serrería, que luego fue bodegas Garrigós, que se encuentra en Valencia y que ha sido par- cialmente reutilizada como oficinas y entrada a un particular residencial en la calle que pre- cisamente toma el nombre de la industria.

La salida al exterior de la fruta obliga a unas infraestructuras de comunicaciones. Es por ello que algunos de los antiguos puentes son sustituidos por otros que atrapan la mo- dernidad en cuanto al diseño y materialidad.

Es el caso de la red de puentes sobre el rio Júcar de las comarcas de la Ribera. Una de las

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hace de forma escalonada, siguiendo el has- tial. Sobre las ventanas cerámica de azulejo con motivos geométricos y flores (Figura 12).

En la cúspide y base de los remates de las pi- lastras motivos escultóricos que mezclan las hojas de acanto con la forma más básica de lo que sería una flor, que son círculos, con lo que mezcla el estilo art decó con sezesion vienesa.

3. CONCLUSIONES

La localización de la mayor parte de las obras modernistas de la provincia se encuentra en pequeñas localidades, no solo en las grandes ciudades, sobre todo, en la comarca de la Ri- bera, donde el cultivo de la naranja y el arroz son primordiales, gracias a las condiciones del terreno junto al río Xúquer. Mercados y alma- cenes son los máximos exponentes de un mo- dernismo que se extiende en el tiempo hasta la década de los treinta del siglo XX, aunque la necesidad de comunicaciones impulsa las infraestructuras como puentes y estaciones de ferrocarril.

Las corrientes utilizadas por los arquitec- tos valencianos se basan en el Art Nouveau y la Sezesion vienesa y los neo estilos por lo que se confiere en general un estilo eclecticista.

Los materiales utilizados son una mezcla del tradicional ladrillo y piedra con estructura metálica, destacando la azulejería vidriada, con numerosos ejemplos de cerámica pro- cedente de la famosa fábrica La Ceramo de Benicalap, y también la cerámica Nolla de Meliana.

NOTAS

1—Existen chimeneas parecidas en Záncara (C. Real), Albaida (Valencia) y Alcoy (Alicante)

2—También llamado almacén de Ballester 3—Emilio Gascó, primer propietario del edificio 4—Matadero del Grao o del Cabanyal, de arquitecto

desconocido

5—http://www.dival.es/sala-prensa/content/l-horta-re- cibira-403942-euros-de-la-diputacion-para-restau- rar-16-inmuebles

6—Derramador de Requena 7—de la División Hidrológica del Júcar

8—La Maquinista Terrestre y Marítima de Barcelona

barras rojas sobre fondo oro del escudo va- lenciano, así como las cerámicas vidriadas y el trencadís. Además presenta estrellas de cinco puntas que era el emblema de la Compañía de Ferrocarriles del Norte.

El ferrocarril de vía estrecha cuenta con el edificio de la estación de Carlet (Figura 10), obra de Francisco Mora Berenguer, cons- truido en 1925, como reza en sendos paneles de cerámica vidriada en blanco y azul. De la- drillo rojo en dos tonalidades, juega con este colorido en cada cuerpo del edificio, en forma de bandas de color claro y oscuro en toda la planta baja, incluida la parte inferior del ate- rrazado del primer piso, en color uniforme el resto de cuerpos. Con una lectura diferente de los cuerpos que forman el conjunto en cada una de sus fachadas, la recayente a la ciudad mantiene la torre retranqueada, que se alinea con el cuerpo principal en la recayente al an- dén distinguiéndose esta por la tonalidad más clara del ladrillo. Tres arcadas de medio pun- to dan acceso al andén con decoración cerá- mica en el espacio entre arquerías. La torre, que supera en altura a la primera planta del cuerpo principal aparece almenada con ven- tanales arabizantes, enmarcados enladrillo más oscuro, y relleno el espacio apuntado con cerámica Nolla.

También los Tinglados del Puerto de Va- lencia tienen un modernismo de tintes vie- neses (Figura 11). Con un proyecto de 1895 impulsado por el ingeniero Federico G. de Membrillera, no fue hasta 1911 que comen- zaron las obras por J. M.ª Fuster Tomás y Víc- tor Gosálvez. Según María Mestre (2007), la composición y diseño de las naves se acercan mucho al lenguaje vienés en cuanto a la su- perposición de la decoración sobre un muro homogéneo y liso, el ritmo de tres de las ven- tanas y huecos, la superposición de elemen- tos escultóricos simbólicos, que se personali- zan al contexto valenciano donde se sitúan los tinglados: los ornamentos simbólicos de este edificio hacen referencia al tema del mar y a la navegación. Además, los Tinglados tienen franjas horizontales de decoración cerámica colorista con temas típicamente valencianos como las naranjas, las uvas y otros frutos.

La fábrica de Abonos de José Campos Crespo surte de fertilizante a las tierras de cultivo. Obra de Demetrio Ribes, este ensaya en la fachada de la nave de 1913 las ventanas alargadas que después utilizará en la estación del Norte de Valencia, aunque en este caso lo

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