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La Cúpula de Mocárabes

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La Cúpula de Mocárabes y el Palacio de 1(

Leones de la Alhambra.*

Juan Carlos Ruiz Souza

Universidad Autónoma de Madrid

RESUMEN

El presente artículo se centra en varios aspectos de la arquitectura del Palacio de los L o n e s de la Alhambra de Granada. El más importante de ellos ahide a la cúpula de mocárabes, a su utilización y a szt signijkado- además, también abordamos el tema de la perspectivc centrípeta presente en el interior del edijicio. Este estudio nos permitirá comprender; valorar y conoce!

mejor el celebérrimo palacio nazarí. erigido por thc Mzchammad V e n la década de los sesenta del siglo XN

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La arquitectura islárnica ha sido en multit siones infravalorada por la pobreza de parte dc

riales en que está realizada y por la falta de alardes téc- nicos que presenta en multitud de casos. Pero la

arquitectura no sólo es estructura, técnica o material, ya LA cÚPLJL [OCÁRAE

que la creación y percepción de volúmenes y espacios ISLÁMICO: EL MOLÁRABE Y LA TEOKlA DE donde se han de desarrollar una serie de funci A7

constituir su fin último, sin olvidamos lógic; 1 A1 valor simbólico que encarna en numerosas 0casiuiir;a..

La reciente investigación que he Frente a esa simplificación planimétrica a la que a el Palacio de los Leones2 de Grana timos en el desarrollo de la arquitectura islámica. si ducimos en el estudio de la funcio : sus espa- ejemplo la comparamos con la riqueza de fórmulas dc cios, nos hizo reflexionar sobre algunos elementos intrín- rrolladas durante el mundo romanos. observaremos secos a su arquitectura. Por ello en el presente artículo clara intención de hacer primar la unidad del espac abordaremos el tema de la cúpula de mocárabes, ante Ello no debe entenderse como sinónimo de pobrez su destacado y deliberado protagonismo en dicho pala- de falta de recurcos técnicos o materiales. simpleme

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prevalecen otras preocupaciones. Especial protagonismo alcanzará la "cúpula" en el marco islámico. donde asis- timos a una continua experimentación: impción de los mocárabes, entrecruzamiento de nervios, etc.

No vamos a realizar ahora un largo discurso sobre la cúpula y sus significados iconográficos e iconológicos.

temas sobre los que ya tanto se ha escrito. Su vincula- ción con la bóveda celeste. lo funerario. lo áulico, lo sa,ordo. lo eterno, etc.. ha sido repetidamente señala- da ante el sentido continuo del círculo, que no tiene ni

)nncipio ni final"

Son muchos los autores que han tratado el tema de a cúpula y su aparición en cada una de las diferentes :ulturas y civilizaciones, no siendo ajena a ello la musul- nana. Oleg Grabar le ha consagrado muchos de sus tra- )ajos y especialmente lo estudiamos en aquéllos que dedica al primer rnartyilirn y gran hito arquitectónico del Islam: la Cúpula de la Roca. Recordaremos otroi dos trabajos suyos, el que dedica a la cúpula de forma general en el mundo muiulmán5 y los apartados en los lue escribe de ella en su libro de la Alhambra de Gra- iada6.

Al tratar la aparición de la cúpula en la nueva civili-

!ación nacida con Mahoma, Grabar' llama la atención

;obre el trasvase que se produce desde las funciones civi- es áulico-palatinas al mundo religioso. Establece la rela- ción de su pronta aparición en el marco de los palacios meyas. representada en mosaicos (palacios de los fri-

;os de la mezquita de Damasco) y pinturas (Qusayr Amrah). o como protagonista en la propia arquitectura Ilón del estanque en Jirbart al-Mafyar. en las Jirbat al-Minyah. en salones del trono como i o algo más tarde en Samarra.

Baio la cúpula se celebraban importantes actos cere-

) simplemente se culminaba toda una proce- altación del gobernantes. Ante la carga áulica

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O. Grabar al estudiar las dos grandes cúpulas de las salas de Dos Hermanas y de Abencerrajes del Palacio de los Leones, trae a colación numerosos ejemplos islá- micos y de la Antigüedad. y vuelve a la idea de la cúpu- la como representación del cosmos~o. Junto a esta inter- pretación queremos recordar el artículo de Yasser Tabbaall, que retornaremos en las próximas páginas, dedicado a la cúpula de mocárabes, a sus orígenes y sus significados. para volver a la Alhambra.

Louis Massignonlz, hace ya muchos años. Llamó la atención sobre las diferencias metafísicas iniciales exis- tentes entre la cultura islárnica y el mundo grecorroma- no. a pesar de que entre ambos pudieran existir grandes concomitancias en numerosos campos. Según él, el mar- co cultural grecolatino pensaba y representaba las cosas por su totalidad, por su belleza de conjunto. En lo islá- mico el proceso se invierte, y ante el m, sentido de con- tingencia de las cosas. al concebirse que todo es perece- dero y que todo cambia excepto Dios o el "Creador", el hombre musulmán tiene una concepción atomista: la combinación de las partes mínimas que existen en toda creación compleja produce cuerpos mayores, y según sea dicha combinación, los productos finales variarán. Esto que a simple vista puede resultar una entelequia abstracta, es fundamental y tiene unas consecuencias evidentesl3.

Massignon decía que el hombre ,gego podría ver y estudiar el número "8" por su valor intrínseco como tota- lidad, mientras que el científico musulmán vería sus uni- dades, que según fueran mezcladas, formarían el cinco, el siete o el nueve. Si la ciencia matemática grecolatina gira en tomo a la geometría y la aritmética, y en la pro- piedad de los números, la árabe cambia de plantea- miento, y por ello la aritmética se orienta hacia el álge- bra, y la geometría hacia la trigonometría. Y lo mismo ocurre con otros campos del conocimientol4. La prueba final de Dios es que todo es perecedero y cambia, sal- vo él's.

No es fácil definir en pocas palabras planteamientos tan profundos. como aquéllos que atañen a la filosofía o a la metafísica. Entre los trabajos más interesantes que afectan a este complejo tema. Titus Burckhardtlá vuel- ve sobre el asunto de los aspectos metafísicos que afec- tan a la creación artística, deteniéndose en el estudio de la luz, y de forma poética habla de "la alquimia de la luz". De nuevo hace gran hincapié en subrayar la impor- tancia del sentido de "unidad. incluso trae a la memo- ria el principio de "unidad de lo real" de la escuela sufí desarrollada por el filósofo murciano Ibn 'Arabi. Una vez más volvemos a la filosofía de la luz. tan presente en todas las civilizaciones y culturas. desde Platón a Suger, pasando por Plotino y el pseudo-Dionisio o los propios evangelistas ...

Burckhardt habla de la luz como expresión máxima de la unidad. de lo indivisible y de lo divino, ya que

(3)

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l . Palacio de Comares.

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2. Salón de Embajadores.

-

3. Oratorio.

-

4. Sala de la Barca. - 5. Baños. - 6. Palacio de los Leones. - A. Mirador de Lindaraja. - B. Sala de los Ajimeces.

-

C. Sala de Dos Hermanas.

-

D. Sala de los Mocárabes. - E. Sala de los Reyes.

-

F. Sala de Abencerrajes.

-

M. Bóvedas de Mocárabes.

Fig. 1. Planta del Palacio de los Leones (segl6n Orihuela Uzal).

1 1

(4)

su naturaleza no se altera. Reflexiona sobre el conoci- -m- - ' -?-m. S' - miento de las cosas, fruto de la contraposición de la

oscuridad que al entrar en contacto con la luz, hace que se produzca el contraste, con el surgimiento de las som- bras, etc.17.

Como dice la sura XXIV, 35, del Corán, "Dios es la luz de las tinieblas y de la tierra" '8. Las cosas, los seres etc., sólo existen en cuanto comparten la luz divina del creador y salen de la oscuridad. La luz da sentido a las

?osas. de ahí la importancia de crear gradaciones - y con- rastes lumínicos mediante, relieves que atrapan la luz y a difunden. los juegos de las celosías, los colores, las iperturas en las cúpulas, los materiales cerhicos. el igua u otr

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#u superficie, por la división infinitesimal de la misma :n miles de células. por la yuxtaposición continua de ormas cóncavas y convexas, etc.1"

Burckhardt'-o ve con entusiasmo como la máxima expresión de la teoría de la luz se produce en las estan- cias adyacentes del Patio de los Leones de la Alhambra, pues como él dice, gracias a la "alquimia de la luz" lo

~ s a d o se hace ligero".

Llegados a este punto, nos c a cúpula de mocárabes y en I

;er Tabbaa. Sin duda este tipo de cúpula constituy le las creaciones más características del arte islá

I no dudamos en identificarlas como tales siempr as vemos en Granada, Damasco. Isfahan, Marra,,.., roledo o Burgos. Aunque sus orígenes se fijan, según os especialistas, en Irán o en el Norte de África por la yroximidad cronológica de su aparición en los dos h b i - os (ss.X-3 o más general el reconocimiento de

;u creaciói ~ n a persa". Y. Tabbaa se centra en a zona ira especial en el período que transcu- Te entre 103U y 1 ZI

Frente al nacimie iituarse en zonas de

~ t ó g o n o . o a un círculo (trompas y pechinas-'+), ei isistimos a su empleo deliberado en toda la supe le la cúpula. cuando ésta podría haber sido sencillai le media naranja, piramidal o de pañoszs. Tabbaazb con-

la fórmula debió cre igdad. y en par- centra en el estudic soleo del Imán d Ibn Musa Ibn Ja'f Dawr. situado a

!u KmS. ai norte de Samarra, y recnaao entre el 1075 y :1 1090. Se trata de una gran sala cuadrangular de 12m.

le altura. cubierta por una cúpula de mocárabes de simi- ares dimensiones. Su juego interior de curvas y contra- :urvas se traduce en un ritmo similar al exteriorz7. La iensación del espacio interior es completamente nove- losa ante el efecto que ocasiona la luz sobre una super- itinuament rea un sinfín de

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sombras y ritmos, dependiendo de la luz del momento y del lugar donde nos situemos. Frente a su posible valor pesado, aparece como una cubierta etérea, cuya masa se disuelve literalmente gracias a la 1 ~ ~ 2 8 . Tras estudiar el ejemplo anterior, Tabbaa continúa con un sinfín de ejem-

-.--',o l e la zona, tanto arquitectónicos conservados,

isibles en miniaturas.

la ahora referimos al significado de estas estruc- quitectónicas que pueden considerarse como el iito constructivo del arte islámico. Entroncando ideas generales expuestas más arriba de Massig-

l l V l l durckhardt sobre el distinto talante de la metafí-

sica musulmana, Yasser Tabbaa3o realiza un interesantí- simo discurso sobre el tema y ofrece nuevos elementos.

Recordando el estudio de Oleg Grabar sobre las cúpulas del Palacio de los Leones, donde se alude a las cúpulas de las salas de Dos Hermanas y de Abencerrajes como exponentes de las cúpulas celestiales y del paraísdl, Tabbaa pone sus objeciones al respecto. Ciertamente el tema de la bóveda celeste se repite mucho, y es inhe- rente a cualquier estructura áulica en la que hace acto de presencia el espacio central cupulado, pero queda res- ponder al porqué de la utilización de los mocárabes.

(5)

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Zumumd Khatun de Bagdad. en la qubba del imán 'Awn al-Din de Mosul, etc. E igualmente vemos soluciones similares en otros lejanos lugares al Próximo Oriente, como en la propia España. En la capilla del Salvador (s.XITI)36 del monasterio burgalés de las Huelgas, se con- servan varios cristales entre los mocárabes de su cúpu- la. La gran qubba de San Pablo de Córdoba (s.XW), cubierta poi m e cúpul , deja libr parte centra struir un 11 Como pos influencia d la cúpula is cruzado

in Miguel ae m a z á n ( s . m se naiian varios óc en la iglesia octogonal de Torres del Río (s.XIII) jren pequeñas perforaciones en la parte inferior de ementos de su preciosa cúpula nervada. No olvidemoq ie esta última al tratarse de una iglesia de tipo torr funtos. en su zona superior durante la noche habrí tndelero, a modo de faro, continuamente encendid

go de luces en las b

S propias trompas dt ),oía dudosa, como ai iia ae maaera que cuvre ei mirador de Lindarajay ve la utilización de cristales de colores. Sin salir d Alhambra vemos los ricos juegos de luces en sus tc vivienda de las Infantas y de la Cautiva, o en la cúr - del antiguo convento de San Francisco38. Podríamos I igualmente el sinfín de cúpulas de baños, de funcil Iidad menos áulica, en las que se abren estrellas o lu

is de ventilación (Alhambra, Tordesillas, Córdoba, ranada...). Similares comentarios podrían realizarse de ros modelos del Magreb, sobresaliendo la famosa ipula calada de la mezauita mayor de Tremecén (s.XI1).

ambién del ibierta calada de la Capi- a del Conc a1 de Burgos (s.XV). En fondo nos t-~icuii~ariiu~ cori el alarde técnico de hora- que tan-

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jula de mocárabes, al menos en origen. era la las matemáticas y la geometría bajo un sólido teológico. Nace como fruto de intentar plasmar unas iaeas filosófico-religiosas a través de la arquitectu- ra, ya que no podemos encontrar una utilidad intrínseca ni técnica ni funcional a este tipo de cubierta, cuando sencillamente se podría haber elegido otras fórmulas más tradicionales, caso de la cúpula gallonada, la de media naranja, la de paños, la de nervios etc., todas ellas per- fectamente conocidas en el mundo islárnico40.

5énesis dicado a paso como rue posivle ia creacion ae algo nuevo a pesar del conservadurismo en que se movía todo el románico de los siglos XI-XII42, y como con anterioridad a la cabe- cera de la abadía de Saint-Denís, hubo un período de experimentación en la Isla de Francia, con un móvil téc- nico que tenía entre otros objetivos la creación de una estructura de soportes más ligera43. Por ello otras con- sideraciones como las de la metafísica de la luz desa- rrollada por el abad Suger, pudieron constituir un estí- mulo, pero nada más, y de ninguna manera puede considerarse a la "luz" la causa última de la revolución técnico-constructiva acaecida en el segundo cuarto del siglo XII en la cuenca de París. No olvidemos, una vez más, que el factor lumínico siempre ha existido en todas las culturas, independientemente de sus experiencias arquitectónicas.

El propio Bony nos advierte de la fatalidad que ha tenido la Edad Media al contar con menos documenta- ción escrita frente a otros períodos más modernos. Ello ha ocasionado que se hayan establecido una serie de planteamientos "a priori", que dan un sentido de "nece- s i d a d a todo lo que investigamos, como si su fin fuera su propia existencia. Es decir, parece que todos los estu- dios generales no hacen más que incidir en esa conver- gencia de principios, que dirigidos por el destino, por una fuerza de difícil explicación o incluso por tratados filosófico-teológicos, hacen que lo que hoy vemos no sea más que la necesidad obligada de una serie de con- dicionantes fijados con anterioridad. Por lo tanto, prin- cipios tan importantes como lo fortuito, lo casual, la genialidad de un detenninado personaje -patrono o artí- fice-, quedan generalmente negados para el estudio de lo medieval, como si todos los hombres y sus realiza- ciones formasen parte de un engranaje preestablecido44.

(7)

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(8)

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3 solución es obsenai uuc la irluiuba cúpula de a María de las muy importan- nongol de Ilk- am Ulgiaitu Khudabandah en la ciudad caucásic ,oltanieh. construido en los primeros años del :IV, o en la de Harun ar-Rashid de Tus (Irán) fec acia 1330, entre muchos otros4-5. ¿Dónde nos er,,, -amos: ante un caso de aprendizaje sobre modelos an lores. en un capítulo nuevo de orientalización, o a;

n nuevo proceso de convergencia evolutiva? No cs uda de que nos hallamos ante 1 que e m i t e acometer estructuras c flan nvergadura.

En definitiva. nos gustan'a llamar ia atención sobre

>S diferentes caminos, móviles o estímulos existentes

n la creación arquitectónica. y denunciar el gran error e intentar valorar con similares cntenos (teorías for-

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(fig. 1). Se trata de i la que

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los espacios parecen crecer e incluso alejarse del espec- tador, al que de alguna manera minimizan. En la Alhambra todo da la vuelta. En esa intencionalidad característica de crear ámbitos independientes, se hace : otro alar

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(9)

Fis. 8. Clíplrlas de entrado a la Capilla de la Asunción (s.XIII). Monasterio de las Huelgas de Burgos.

todo lo posible para que desde los puntos más pnvile- giados de observación no haya nada que nos disturbe la visión. Hay una "perspectiva centrípeta", una pers- pectiva que fuga hacia el observador y que intenta negar el volumen de los espacios.

¿Cómo se consigue esto? Si nos sentamos sobre una jamuga, o a poca distancia del suelo en los extremos del eje longitudinal del Palacio de Comares. o en los del eje que pasa por el centro del Mirador de Lindaraja y de la Sala de Abencerrajes en los lados N. y S. respectivamen- te del Palacio de los Leones, nos llevaremos una gran sor- presa. El espacio ha desaparecido, y desde la Sala de Aben- cerrajes, al mirar hacia el Mkador de Lindaraja, veremos una única fachada donde todas las piezas encajan perfec- tamente cómo si estuviésemos ante un gran paramento de cualquier salón de la Alhambra en el que podamos obser- var una decoración completamente c o m p h e n t a d a en placas de yeso. Desde la comentada Sala de Abencerra- jes, esa fachada única oculta los siguientes espacios: el patio por tener una cota inferior a las Salas de Abence- rrajes y de Dos Hermanas, la galería septentrional del pro- pio patio, el acceso a la Sala de Dos Hermanas y ésta mis- ma (fig.2), la Sala de los Ajimeces y el propio mirador de

Fig. 9. Ciíplcla de la Capilla Real de Córdoba (1371).

Lindaraja (fig.3); un volumen enorme (fig.12) reducido a un plano, a dos dimensionesls. Las diferentes fachadas o pantallas49 de entrada a cada uno de estos espacios se uni- fican en una superficie única, donde alternan líneas rectas y curvas, y en cuyo centro se ubica la ventana geminada del mirador, que parece deslumbramos. Efecto que igual- mente se produce si nos situamos en el pórtico meridio- nal del Patio de Comares (figl), ya que al dirigir nuestra mirada al N. veremos una única fachada (fig.4). que se refleja en la alberca, y en la que se reduce a un plano un volumen enorme: la galería norte, la Sala de la Barca. el oratorio de Comares, el gran Salón de Embajadores y la alcoba central donde se dispondría el trono del monarca (fig.5). Además, la iluminación de cada uno de los ámbi- tos da un dinamismo refulgente muy interesante a esa pan- talla única que se contempla desde los lugares privileea- dos de observación. y que se compone como hemos dicho, de las diferentes fachadas de cada uno de los espacios negados por esa perspectiva centrípeta o inversa. Toda esta ilusión se acentúa por el gran valor que adquiere la per- cepción general de los paramentos de la Alhambra, por su especial textura, por su color, por el valor matérico con- seguido con las placas de yeso tallado, por los zócalos de

(10)

Fip. 10. Salo de los Ajimeces. Palacio de los Leones.

cerámica, por la decoración de lazo, etc. y por la com- partimentación de sus superñcies, realizada con el fin últi- mo de humanizar y hacer comprensible los espacios, por muy grandes que éstos puedan llegar a ser.

La magnitud volumétrica del espacio de estos pala- cios sólo se revela con claridad mediante el movimien- to del espectador, al permitirle la visión oblicua de las distintas estancias, así como el descubrimiento de las riquísimas cúpulas de mocárabes y armaduras ataujera- das que las cubren.

EL PATIO DE LOS LEONES DE LA ALHAMBRA (FIG.1):

Comentábamos páginas arriba como elementos cons- tructivos dotados en su origen con profundas iconologí- as filosófico-teológicas podrían desaparecer con el paso de los años, y de los siglos, y se copiarían después con un sentido sencillamente decorativo. Pero, qué debemos pensar ante obras emblemáticas de la entidad de la Alhambra de Granada. Hoy es sobradamente conocida la intencionalidad de la simbología de la techumbre atau- jerada con decoración de lazo del Salón de Comares, en

la que se representan los siete cielos coránicos, tal como estudiaron A.R.Niykl y D. Cabanelas Rodríguezso. ¿Qué ocurriría con las cúpulas de mocárabes del Palacio de los Leones, y en especial con las de las Salas de Dos Hermanas y de Abencerrajes (figura 6), las dos más espectaculares en su género de las conservadas en todo el Islam?

Si observamos que sucede en España con las cúpu- las de mocárabes nos llevaremos una sorpresa. El mocá- rabe aparece en multitud de ocasiones en piñas y cupu- lines decorativos en armaduras de madera, en trompas y pechinas, en arrocabes bajo el arranque de una techum- bre, pero realmente alcanza su verdadero protagonismo en las cúpulas. Aunque no cabe duda que muchas cúpu- las de mocárabes se perdieron en el pasado, al menos, la mayor parte de las conservadas se relacionan con espa- cios de carácter religioso y en muchas ocasiones tam- bién con sentido funerario, mientras que aquéllas que se . vinculan con recintos civiles son mínimas. Lógicamen- te puede pensarse que ello se debe a que se han con- servado en mayor proporción edificios religiosos frente a los de carácter civil, pero por ejemplo en Toledo, don- de se han preservado tantos palacios medievales por su posterior reconversión en conventos femeninos de clau- sura, comprobamos que las cúpulas de mocárabes sólo aparecen en lugares religiosos, ya que en las casas y palacios siempre se prefiere la utilización de armaduras de madera, y queda el mocárabe como elemento deco- rativo de arrocabes o de la imposta de algún arco.

Sin que se trate de un catálogo exhaustivo podemos citar las siguientes cúpulas de mocárabes en España: la cúpula de la puerta del Lagarto (s.XII, fig.7) en el Patio de los Naranjos de la mezquita almohade de Sevilla jun- to al indicio de que hubo como poco otras dossi; Capi- lla del Salvador y las tres cúpulas de la entrada (fig.8) a la Capilla de la Asunción, ambas del siglo Xíü, en el monasterio de las Huelgas de Burgos; las dos cúpulas de la iglesia de San Andrés de Toledo (ss.XIT-XIiI);

Sacnstía de la Capilla Real funeraria de Enrique en la catedral toledana (último tercio del siglo XIV); deco- ración de la cúpula de la Capilla Real, igualmente fune- raria, de Córdoba (1371, fig.9)52, etc. En Murcia sabe- mos que existieron cúpulas de mocárabes en el siglo XII ante los descubrimientos de Julio Navarro Palazóns3 en el palacio musulmán sobre el que se fundó el convento de Santa Clara, más difícil es poder saber cómo eran éstas y cual sería la funcionalidad exacta de los espa- cios que cubrían. Fuera de España54 pero en el Occi- dente islámico debemos recordar la gran cubierta del siglo XII de la Capilla Palatina de Palermds, y las cúpu- las del mismo siglo de las mezquitas de al-Qarawiyyin de Fezss, Tinmals' o de la Kutubiyya de Marraquechsg, sin olvidamos de que en estas dos últimas una cúpula de rnucamas cubre aún el espacio de su mihrab. Hemos

(11)

Fig. 1 1 . Mihrab del oratorio del Partal. (Foro,qrc!fi de SLU citado ejemplos en los que la cúpula de mocárabes alcan- za un protagonismo indiscutible dentro del edificio en el que se encuentra. Podrían señalarse otras, de meno- res dimensiones y con un carácter claramente decorati- vo y muy secundario, como aquéllas que aparecen en el interior de los grandes alminares almohades magrebíes (Rabat, Man-aquech, -s.XII-), o en el interior del Alcá- zar de Sevilla, tanto en su parte almohade como en la cristiana del s. XIV59.

¿Y Granada? Hemos querido dejar el emirato nazarí para el final, ya que aquí todo se presenta con mayor contundencia y claridad ante el gran número de edifi- cios conservados. De nuevo aparece el mocárabe en trompas, arrocabes, en impostas, dibujando el perfil de arcos o rellenando su intradós. Respecto a las cúpulas, destaca sobremanera su utilización en el Palacio de los Leones. donde no sólo hallamos las dos más importan- tes del arte islámico (Dos Hermanas y Abencerrajes - fig.6). sino muchas otras, llegándose a la docena: la Sala de los Mocárabes, de la que sólo se han conserva- do unos restos, la Sala de los Ajimeces (fig.10) que aún presenta su enorme bóveda de planta rectangular, la Sala de los Reyes que se cubre con siete cúpulas de mucar- nas, donde tres de planta cuadrada se alternan con otras cuatro rectangulares, y en los extremos occidentales de las dos galerías del patio donde una vez más las halla-

;trrra Cc1li.o Capillci).

mos de planta rectangular. Su utilización se hace más destacada al comprobarse que no hay ninguna de este tipo en el importante Palacio de Comares, en el Mexuar o en el Cuarto Dorado.

Sí encontramos otras cúpulas con carácter muy secun- dario en la torre mirador del palacio del Partal, en algu- na alacena o edículo (Generalife), o en la entrada de un edificio (Torre de las Infantas, Corral del Carbón). Otras más importantes las observamos en el mihrab del ora- torio del Partal, de preciosa factura (fig. l l), en la cúpu- la del oratorio de la madrasa de Yusuf 1, en el centro de la Torre de las Infantas, hoy destruida pero reflejada en dibujos antiguos,m o en la qubha del exconvento de San Francisco, presbiterio de la iglesia y lugar donde estu- vieron depositados los cuerpos de los Reyes Católicos hasta su traslado a la Capilla Real.

Aunque como hemos visto siempre se pueden nom- brar excepciones, alfarjes y armaduras de madera, apei- nazadas o ataujeradas, con motivos de lazo y con deco- ración pintada, o la utilización de otro tipo de bóvedas como las de espejo, constituyen la regla general de las cubiertas de las casas y palacios nazaríes, en los que de forma muy excepcional hizo acto de presencia la cúpu- la de mocárabes".

¿Qué explicación tiene el extremado protagonismo de la cúpula de mocárabe5 en el Palacio de los Leones, y

(12)

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mas si io comparamos con ei resto ae eaincaciones veci- nas? Ello se debe a la funcionalidad del propio palacio, que nosotros interpretamos más con un sentido áulico- religioso que áulico civil, ya aue lo vinculamos con una nba de o estu- 1s para además de poder

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ruLauu u L l l i ~ a ~ i ó n d t iaa Liupulaa UL ,,.-uIa"L.2 b l a SU inte- :, respaldan'an dicha interpretación.

i el Palacio de los Leones esos fun- .,,,~~.,,,cos que originaron la bóveda de mucarnas. desde nuestro punto de vista, estarían aún muy presentes. ya que los principios de la teología ash'a- n

' y las obras escritas de al-Baqillani fueron muy bien conocidas en al-Andalus y en el Magreb desde fechas muy tempranas63. Esto último tiene una ,oran relevancia, más de la que pudiésemos imaginar en un primer momento. ya que podría explicar el protagonismo alcan- zado por las cúpulas de mocárabes en el ambiente orto- doxo sunní del Occidente islámico, y su aparición bajo los almorávides en el Magreb, así como su ausencia en o no tuvo la mis- cho idearil

esenta esti la, profusa

ma trascendencia ante la heterodoxia y fundamantalis- mo shi'í impuesto por sus gobernantes fatimíes.

Las interpretaciones de O.Graba+ también podrían ser posibles al establecer nexos de unión entre las gran- des cúpulas de Dos Hermanas y de Abencerrajes y las bóvedas celestes, pero dicho planteamiento, frente a las hipótesis comentadas de Yasser Tabbaa que comparti- mos plenamente, nos parece demasiado general y con un valor secundario.

Volvamos al estudio iconológico realizado por Titus Burckhardt o al de Yasser Tabbaa, tan citados en este trabajo, y a esa lectura teológica en la que según la con- cepción musulmana todo el mundo material además de ser contingente y de variar continuamente, tiende a diri- girse a lo único que es estable y permanente: Dios. En ese centro que es Dios todo se funde y se renueva de nuevo. Algo tan abstracto como esto parece haber pri- mado en la planimetría general del Palacio de los Leo- nes. Todos los canalillos del palacio se diigen al cen- tro del edificio donde se halla la famosa fuente, allí el agua desaparece pero vuelve a surgir (renovada) al exte- rior por la boca de los animales@.

La tendencia hacia la centralidad también afecta a la arquitectura y a la perspectiva, tal como pudimos ya observar al comentar esa desaparición perceptual de los

(13)

diferentes volúmenes que se aúnan en una única facha-

A 1 ) * * m s 6 ¿ .

da, ilusión que de nuevo encaja perfectamente con el

-

9

sentido áulico-religioso del edificio que nosotros defen- -

demos. Si nos subimos a la Torre de Comares y obser-

. -.

vamos de nuevo el Palacio de los Leones (fig. 12). vere-

-+. -

mos una vez más cómo desde el punto de viita de los

m

volúmenes sigue permaneciendo la intencionalidad de que todo se dirija al centro. Esa fuerza imaginaria que afecta a todo el edificio de fuera hacia dentro, hace que los lados largos crezcan en altura (Salas de Dos Her- manas y de Abencerrajes), mientras que los cortos se repliegan y avanzan en superficie (los pabellones ade- lantados). No es casual que los arcos de las galerías del patio estrechen su anchura según nos acercamos a los lados cortos (fig.13). Si contamos las arquenas de las cuatro galerías, veremos que hay en cada flanco 17 arcos, contando incluso los de lo5 dos templetes". Estos pabellones no son más que esa idea de avance hacia el corazón del edificio, son el fruto del pliegue de las gale-

rías Este y Oeste del patio ante esa fuerza imaginana.

-

Debemos reconocer que somos muy escépticos y que --,

no nos gusta realizar este tipo de lecturas iconológicas, pero tras estudiar el significado subyacente de las cúpu- las de mocárabes o la funcionalidad general del edifi- cio, que lo interpretamos como centro regio del saber, no nos queda más remedio que reconocer que existió una clara intencionahdad religioso-filosófica detrás de todos los efectos metafóricos mencionados. \

Para terminar, nos gustaría recordar que la arquitec- F i g 13. Ángzil tura no sólo es estructura, técnica o matenal. Esperamos

que este trabajo facilite la comprensión y la valoración nnrte de sus eiemenroi ornamenraiei o ia raira ae ala de un edificio tan emblemático como el Patio de los Leo- técnicos que muestra, en lugar de prese

nes de la Alhambra a pesar de que en ocasiones una par- iitectura maravillosa dotada de un profu te de la histonografía sólo nos ha transmitido su carác- iológico, de su selecta funcionalidad, dc ter decorativo, la pobreza de parte dt

supuesta funcionalidad Iúdico-festik

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NOTAS

* Queremos iniciar el preiente artículo agradeciendo a SL,.,II~ L ~ J V U L a p i t a , c\p sa ayuda en el desarrollo de este trabajo.

irquitectura t iispanomusul ntinua '; vali

'

Para comenzar nos gustaría recordar el planteamiento general de dos trabajos de nuestro dirf una historia del arte medieval a partir de la teoría de los estilos. La problemática de la Alt:

kal Herria. Cirad. Secc. Artes Plúsr. Monum., n." 15 (1996). pp. 15-28: Ed$cios e imúgene., ,..,...Y .,,.

.,.... -. ... ..

~ignificado de [ns f ó m Historia de España n." 11, Madrid 1995. Si en el primero revisa 1:

visión general de estudio.

:ctor de tecis a Edad Medi

D. Isidro G a", Reiisicín Uirmrin ,.

, Bango Ton del Arte me

,¡so: 'Tricic dieval de E&

a problemáti

rasa, Zawiyz

ca de la teoi

i y tumba de

í a de los es1

, Muhammad

tilos, en el S,

I V?". Al-Qa

egundo prop

ntara 2001 (,

one una nue

en prenia).

2 J.C. Ruiz sor v.^, "El Palacio de los Leont :S de la Alhn imbra: ¿Mad

3 En el caso de la arquitectura martirial en el mundo islámico predomina la tipología de planta centraliza#

la, constituyendo lo que comúnmente se conoce por qirhba. En el mundo romano las fórmulas manirial Andre Grabar en su clásico trabajo Mar?yium. Recherrhes sur le crrlre des reliques el I'art clirétien ani

ja cubierta g es eran num ique. París.

por una cúp omo evidenc

Se puede encontrar un amplio repertorio sobre teorías, técnicas, ejemplos etc. referidos al tema de la cúpula, en: K. L~HZIXX\. I ne wome or neavrr 77ieAn Bullerin. XXVII. ! 1945). pp. 1-27: E. B. SMITH. 7he Dome, Princeton. 195 1; L. H,~LTTECOEL~R. .Vy.~tiqire erarcliire

et de la coupole. M s , 1954: M. RLPLER. LA Corrpole dans l'arrhitecture Byzanrine er Mi~sulmane, Srrasbourg. 195

"Squinchec and pendentives: Problems and definitions". AR andArcltaeology Researrh Papers, ( 1972). pp. 9-25: R. BESE:

te dans I'Orienr Ancien. Par's. 1984.2 vols. En todos ellos hallamos profundoc estudios dedicados a la cúpula en el Islam

(14)

5 0. GRABAR, '?he islarnic dome, some considerations", lountal of Sociee of Architectural Historiam. vol. XMI, (1963), pp. 191-198.

:S 1978. Utilizamos la traducción española, úi Alhambra: Iconograj7a. f o m s y valores, Madrid, 1980.

R. The Alha?

R, 'The isla

nbra, Londn nic dome ...' ', op. cit.

1 Sobre la ir and the icc

nportancia d mography of

e las estruct height in E,

uras cupulad arly Islamic

las palatinas Architecture

en los inicios de la arquitectura islámica véase J . BLOOM, "'he Qubbat al-Khadra'

", Ars Orientalis, vo1.23, (1993). pp. 135-141.

arly muslim architecture , Oxford, 19 32, vol.1, pp. 135-137, apud. 0. GRABAR, "The islamic dome ...", op. cit., p. 195.

R, Lo Alham bra ..., op. ci amas dome:

t., pp. 144 y its ongin ar

SS.

id meaning",

t. 'The muq , Muqamas, vol.IíI, (1985), 61-74.

;NON, "Les methodes de realisation aríistique des peuples de I'Islam", Syria, vol.11, (1921). pp. 47-53 y 149-160, especialmente, 50-53 y 150.

3 Ibídem. p

- Ibídem, p

5 ibídem, p.

6 T. B m m la El Arie

.L4RDT. Ari 0f l ~ l ~ m . h n del Islam. Barcelona 19

g u q e and A 88.

rld of Islam Festival, SIL. 1976, especialmente pp. 7680. Existe traducción españ*

1. ?7, nota 1 1, trae a cola 7rán (edic. J

ición los ver sos 4 5 4 6 de

7 Ibídem., F

8 S m

xx

V del Corán [V. 35. El G

Dios

ucelona 198

IIn 1" tia-n

es la luz de los cielos y ,,

., ..,. .,

,,

.,,

,,,.~mparable a

,..,

.,..,,.M en la que hay un pabilo encendido. El pabi-

pienre de vic olivo, que

ni del Occi Luz! Dios

m quien Él q1i lo esi

no es dirigl

en un reci del Oriente o a Su Luz a

irio, que es I

dente, y cuy1 iiere. Dios p

romo sifueri

7 aceite casi ropone pará,

3 una estrell, alumbra au bolas a los 1

n fulgurante.

n sin haber lombres. Dic

Se enciende sido rocado, 1s es omnipri

de un árbol por el fuego.

?sente.

bendito, un

;Luz sobre

~ r a ? Si quisi era. podná i hacerla fija. Además. hefi r~os hecho del sol guúl dice la som2

facilidad.

'o ves como ra ella.

ego. la atrat

hace tu se&

.mas hacia P

Ir que se de.

irosotros con f l s h.... 01

. . -

s. -L,.L,.,

!O Ibídem, p.

Baste obsi . 80.

m a r las cúp lnias ae vos HeInIanaS o de Abencerrajes fijamente durante unos segundos para comprobar como se pierde el sentido del fe ambas estructuras.

volumen i 2 Y. TABBAI

res sobre listas. en I

t. (op. cit., pp. 61-62, 73 el nacimiento y apariciói :1 yacimiento persa de Nishapur,

, notas 7-10 n de los moc . .

ice perfectamente en las diferentes posturas mantenidas por los distintos investigad*

uerda las investigaciones realizadas por Charles K. Wtikinson junto a otros especia- sobre los restos de mucamas fechadas a finales del siglo X, o las de Lucien Golvin en las que se dan , de la Qa'la de los Banii Hammad del siglo XI. En la zona persa la solución tendría los selyucida, nkhanid y Timund (siglos XI y SS.).

) nos introdu :árabes. Rec

a conocer un fructífc

unos restos :ro desamollc

de mocirabe

3 en cúpulas

is, parece se1 y portada5 1

- de trompas je los penoc

'ord.1952, vol.1, pp. 255-257.

!4 Pueden se rabes, pas dura o de cionamien

mas y muy I

de semibóvs ra solución t

,.J > - - - A - -

r numerosísi :omplejas las fórmulas que podemos encontrar de trompas y pechina?, desde las más sencillas a las de mocá- ando por las edas de arista, de arcos concéntricos. y sin olvidarnos de trompas de bóveda de cañón con sección de herra- cualquier ot etc. Es interesante al respecto el trabajo de D. JONES y G. MICHELL (op. cit.) en el que encontramos el fun- to v diversioau ue estas zonas de transición

!5 De hecho reciendo e

IA V T.-...

:onas del Isl;

s. donde se

un, como en prefiere la si

I Egipto, la r

~lución esfér en algunas 2

:n las cúpula

nucarna sólo se utiliza en trompas, pechinas, o en la decoración de portadas, no apa- ica. Vid. fa parte final del artículo.

!7 En el Mal exterior, n

tP V T . " " . ,

ipaña nunca estructura d geb y en Es

lediante una

ra que las ci

.--

.-

ipulas de mocárabes aparecen colgadas de la envoltura que las cubre al

v r i c ; l i i u a =.~a solución, J e madera.

.,, 1.

~ A ~ U A A , UV. cit.. p. OJ, IilrIIiIXd 3. Tal como podemos coritcrnpiar en la fotografía, el aspecto etéreo queda completamente conseguido, siendo

difícil def inir el propic > volumen dt xibe sobre n

í la cúpula.

nuchos ejem

!9 ibídem, pl ta, aspectc

D. 65-67. Es(

) externo etc

plos iraquíer ; de los siglc 1s XII y Xíií, a los que organiza según varias tipologías, según su plan-

\. op.cit., pp R. Lo Alham

. -- -:.

-

'" Y. 1 ABRA) . 07-72.

~1 O. GRABA hra ..., op. ci

'2 Y. TABBAA, "p. cit.. p. 68.

t., p. 147.

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