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Fluvial base level control on the differential rejuvenation of the Olvera- Zaframagón gypsum karst system (NE Cádiz province)

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ISSN: 0214-1744

www.rediris.es/CuaternarioyGeomorfologia/

C

y

G

Derechos de reproducción bajo licencia Creative Commons 3.0. Se permite su inclusión en repositorios sin ánimo de lucro. https://doi.org/10.17735/cyg.v33i3-4.70826

Control del nivel de base fluvial en el rejuvenecimiento diferencial del

sistema kárstico en yesos de Olvera-Zaframagón (NE Prov. Cádiz)

Fluvial base level control on the differential rejuvenation of the

Olvera-Zaframagón gypsum karst system (NE Cádiz province)

A. Martínez Sánchez

(1)

; O. Castillo

(2)

; F.J. Gracia

(1)

(1) Dpto. de Ciencias de la Tierra. Facultad de Ciencias del Mar y Ambientales. Universidad de Cádiz. 11510 Puerto Real (Cádiz) [email protected]; [email protected]

(2) Dpto. de Ingeniería Industrial e Ingeniería Civil. Escuela Politécnica Superior de Algeciras. Universidad de Cádiz. 11202 Algeciras (Cádiz) [email protected]

Resumen

El presente trabajo analiza la evolución del relieve en un sector localizado entre la depresión del Guadalqui-vir y la cuenca de Ronda, en la Cordillera Bética noroccidental, representado por extensos afloramientos de arcillas y yesos triásicos, sobre los que destacan relieves rocosos aislados formados por bloques de calizas jurásicas, como el peñón de Zaframagón, al oeste del municipio de Olvera. Estos bloques dibujan una antigua superficie de erosión con pendiente hacia el NO, muy probablemente asociada a la progresiva continenta-lización de la cuenca del Guadalquivir durante el Plioceno. Los afloramientos triásicos están afectados por una intensa karstificación en forma de dolinas y simas y otras depresiones de fondo plano, de tipo polje, en las zonas interfluviales. La incisión diferencial de los ríos Guadamanil y Guadalporcún, en la parte alta de la cuenca del río Guadalete, parece haber condicionado el desarrollo vertical de las formas kársticas. El río Guadalporcún corta transversalmente al peñón de Zaframagón a través de un corto pero profundo cañón, que ha actuado como obstáculo a la incisión del río, lo que ha provocado una menor tasa de encajamiento con respecto al río Guadamanil. Este encajamiento diferencial ha afectado al desarrollo de las formas kársti-cas de absorción que drenan a uno y otro río, generando simas más profundas en la vertiente que drena al Guadamanil. Por otro lado, en las laderas del valle de este río se ha reconocido una secuencia de surgencias escalonadas, cuyas alturas con respecto al cauce coinciden con las alturas generales asignadas a los niveles de terrazas cuaternarias definidos para la cuenca fluvial del Guadalete. Todos estos aspectos apuntan a que el desarrollo vertical del karst de Olvera-Zaframagón durante el Pleistoceno ha estado muy condicionado por el comportamiento del nivel de base, tanto a escala regional como local.

(2)

1. Introducción

El perfil de equilibrio de un río está condi -cionado, fundamentalmente, por su nivel de base. El concepto de nivel de base (Powell, 1875), uno de los más importantes en geo-morfología, implica la imposibilidad de una

red fluvial de excavar su valle y su perfil a co

-tas por debajo de la definida por dicho nivel

(Schumm, 1979; Selby, 1985; Thorn, 1988). No obstante, se pueden establecer niveles de base parciales a lo largo de las cuencas de-pendiendo de las condiciones geológicas

lo-cales (afloramientos de rocas más resistentes, cruce de fallas activas, etc.).

El concepto de nivel de base se puede aplicar

también a los sistemas kársticos (Jennings,

1985; Ahnert y Williams, 1997). El factor prin-cipal que determina la existencia de un nivel

freático general en medios kársticos es la den -sidad de fracturación, ya que favorece o no el desarrollo de una tupida red de conductos

endokársticos, cuya interconexión y posterior saturación de agua puede llegar a definir un

nivel freático regional. Ford (1998) distinguió

cuatro estadios en el desarrollo natural de

sistemas endokársticos. En un estadio 1, ba

-tifreático, la densidad de fracturación, muy

baja, condicionaría el desarrollo de pocos

conductos kársticos, que podrían distribuir

-se muy por debajo del nivel freático regional

teórico. En el otro extremo del modelo (esta-dio 4) la densidad de fracturación es tan gran-de que los conductos se gran-desarrollan

coinci-diendo geométricamente con el nivel freático

regional. Ahnert y Williams (1997) elaboraron un modelo tridimensional de evolución

mor-fológica de una superficie afectada por dolini -zación y karst poligonal, condicionada por el gradiente hidráulico, que a su vez está

contro-lado por la posición del nivel freático regional. Según Jennings (1985), en sistemas kársticos continentales, no costeros, el nivel de base

habitualmente se hace coincidir con la llanu-ra de inundación del principal río que drena

el macizo rocoso. Esta coincidencia sería efi

-ciente especialmente en sistemas kársticos

correspondientes al estadio 4 de Ford (1998),

Abstract

The present work deals with the relief evolution in an area of the northwestern sector of the Betic Ranges. It is characterized by extensive outcrops of Triassic clays and gypsums over which several isolated reliefs of Jurassic carbonate rocks stand out, like the Zaframagón Rock, West of Olvera village. The flattened summits of all these carbonate blocks delimit an old erosion surface sloping NW, very probably related to the progressive continentalization of the nearby, formerly marine, Guadalquivir Tertiary Depression during the Pliocene. The Triassic gypsums are presently affected by intense karstification in form of dolines and shafts, as well as other flat-bottomed depressions similar to poljes in the interfluve areas. Differential incision in the Guadamanil and Guadalporcún Rivers, located in the head of the Guadalete fluvial basin, seems to have conditioned the vertical development of karst forms in the region. The Guadalporcún River crosses the Zaframagón Rock through a short but deep gorge. The Rock has acted as an obstacle to the river incision and this has hampered its vertical erosion if compared to the one of the Guadamanil River. This differential incision has affected the development of absortion karst forms which drain to both rivers: dolines and shafts are deeper when draining to the Guadamanil River valley. The slopes of the valley are plenty of active and inactive springs, drawing a sequence of stepped outflow points, whose relative heights coincide with the general heights assigned to the Quaternary fluvial terrace levels regionally defined for the Guadalete River basin. All these aspects suggest a strong relationship between the Pleistocene vertical development of the Olvera-Zaframagón karst system and the behavior of the base level, both at regional and local levels.

(3)

en los que el flujo de agua es preferentemen

-te superficial y define un nivel freático coin -cidente con un plano de corrosión cuya sali-da al exterior viene determinasali-da por el nivel

freático regional (Ford y Williams, 2007). De este modo, los dos niveles de base, fluvial y kárstico, podrían estar ligados y su evolución

podría ser conjunta, si bien el segundo esta-ría supeditado a la evolución del primero. El

descenso del nivel de base fluvial, debido a

un ascenso tectónico regional, un descenso del nivel del mar, etc., llevaría al

encajamien-to de la red fluvial y erosión remontante, lo

que haría descender también el nivel de base

kárstico de los macizos conectados con ella

(Jennings, 1985).

El rejuvenecimiento de sistemas kársticos so

-bre yesos se manifiesta mediante el desarro -llo y profundización de dolinas y valles ciegos, aunque también podría afectar a otras

for-mas como depresiones de tipo polje (Nicod,

1976; Sauro, 1996). A menudo las formas de

absorción coexisten con las formas fluviales,

dada la frecuente alternancia de

formacio-nes yesíferas con otras de tipo arcilloso, lo que muy comúnmente origina karst de tipo

intraestratal (Klimchouk, 1996; Calaforra y Pulido, 1996). Como ocurre en rocas

carboná-ticas, el descenso del nivel de base fluvial re -gional puede dar lugar al escalonamiento de

cuevas, surgencias y niveles de karstificación

(Calaforra y Gázquez, 2017).

El presente trabajo analiza la evolución

geo-morfológica de un sistema kárstico sobre ye

-sos en la Cordillera Bética muy poco conocida bajo esta perspectiva. Se trata del área inter -media entre las cuencas terciarias del

Gua-dalquivir y de Ronda, en la confluencia de las

provincias de Cádiz, Sevilla y Málaga, en torno al municipio de Olvera. El relieve es acolinado

y confuso, asociado a extensos afloramientos

de arcillas y yesos triásicos. Sobre estos yesos se ha desarrollado un intenso karst entre dos valles cuya evolución es diferente, por la

exis-tencia del peñón de Zaframagón, que actúa como obstáculo al encajamiento del nivel de base local en uno de ellos. El

comportamien-to diferencial de la incisión fluvial en ambos

valles ha provocado igualmente un

rejuvene-cimiento “diferencial” de las formas kársticas según las zonas de influencia de cada valle flu -vial. Se trata de un ejemplo de interconexión

entre la evolución de formas exo-endokársti -cas y el comportamiento diferencial del nivel

de base al que drenan los flujos kársticos, re -presentado en este caso por los citados valles

fluviales.

Aunque el peñón de Zaframagón está ca-talogado como Reserva Natural, el sistema

kárstico de Olvera-Zaframagón es bastante

desconocido y habitualmente no se cita en los trabajos generales sobre karst en yesos de España o de Andalucía (Calaforra y Pu-lido, 1996; Durán et al., 1999; Calaforra et al., 2002; Gutiérrez et al., 2002; Calaforra y Gázquez, 2017), probablemente debido a su situación aislada, lejos de poblaciones o de vías de comunicación. La única aproximación

general a la morfología kárstica de este sec -tor yesífero corresponde a Suma et al. (2009), quienes simplemente citaron la existencia de amplios campos de dolinas en la zona.

El objeto del trabajo es reconstruir la

evolu-ción geomorfológica ligada a procesos fluvia

-les y kársticos de la zona de estudio y analizar

los factores y procesos regionales y locales que han dado lugar a las formas del relieve en

este sector de la Cordillera Bética. Para ello se ha recurrido a elaborar una cartografía geo -morfológica detallada apoyada en campo, así como al análisis morfométrico de las formas

fluviokársticas representadas. 2. Zona de estudio

La zona de estudio, de unos 67 km2 de

ex-tensión, se ha delimitado abarcando el

(4)

por dolinización; los límites N y oeste, que aproximadamente coinciden con los límites noroccidentales de la zona afectada por

kars-tificación, se han hecho coincidir con bordes de hojas topográficas por comodidad de re

-presentación. Topográficamente la zona se

caracteriza por el predominio de cerros en su mayoría de forma cónica labrados sobre ye-sos y arcillas del Triásico. La cota de los cerros oscila entre 350 y 400 m. Sobre estas formas cónicas sobresale el peñón de Zaframagón en el extremo noroccidental de la zona de estudio como un relieve singular sobre cali-zas (Fig. 1), que alcanza la máxima elevación, los 582 m. Las cotas más bajas corresponden a los fondos de los valles principales,

ligera-mente por encima de los 200 m. La red flu -vial de la zona pertenece en su totalidad a la cuenca del río Guadalete, de drenaje

atlán-tico. Su afluente más importante en el ámbito

de estudio es el río Guadalporcún, principal

curso fluvial que atraviesa el sistema kárstico en sentido SE-NO y que corta el peñón de Za

-framagón mediante un desfiladero corto pero

profundo (“El Estrechón”), en una sucesión de rápidos y cascadas. Posteriormente recibe por la derecha los aportes del río

Guadama-nil, de menor entidad y que en su tramo más

bajo muestra una orientación grosso modo similar a la del Guadalporcún, si bien en el

último tramo muestra un trazado E-O. Tras la confluencia, el río resultante, Guadalporcún, gira hacia el SO para confluir con el Guadalete

al cabo de unos 8 km. Por lo que respecta a la red secundaria, se caracteriza por una eleva-da densieleva-dad de pequeños cursos de carácter

estacional, con un patrón de drenaje de tipo dendrítico.

El clima de la zona es de tipo mediterráneo

con veranos cálidos y secos. La temperatura media en la estación de Olvera es de 15,7ºC.

Figura 1. Zona de estudio en el conjunto de la cuenca del Guadalete, delimitada sobre el modelo digital del terreno obtenido del Instituto Geográfico Nacional.

Figure 1. Study area on the context of the Guadalete River basin, delimited upon the digital topographic model obtained from the Instituto Geográfico Nacional.

(5)

Las precipitaciones se concentran entre finales

de otoño y comienzo de la primavera, con una precipitación media anual que oscila entre 700 y 800 mm según los sectores (UAB, 2019). Geológicamente la zona de estudio coincide

con el frente NW de la Cordillera Bética, en la Zona Subbética localizada entre la Cuenca de

Ronda y la Depresión del Guadalquivir. El

subs-trato geológico de este sector está constituido

casi exclusivamente por materiales

margoyesí-feros del Trías Subbético, en típicas facies Keu -per (Fig. 2). Se trata de margas irisadas con in-tercalaciones de areniscas, calizas y yesos. És-tos son especialmente abundantes en la zona de estudio, entre Coripe y Pruna, en forma de

intercalaciones finas dentro de las margas, di

-seminados o masivos, dando afloramientos

de extensión notable (Cano et al., 1991). Su

estructura es bastante caótica, asociada a una

tectónica gravitacional y complicada por fenó-menos diapíricos recurrentes.

Sobre este substrato se ubica el peñón de Za-framagón, una unidad alóctona cabalgante

formada por más de 300 m de rocas

calcá-reas jurásicas del Subbético Medio, formados

por dolomías brechoides grises masivas,

al-tamente karstificables. Las mismas unidades

calcáreas forman la vecina Sierra de Líjar, a 5 km al sur de Zaframagón, donde se desarro-lla un espectacular karst (Ojeda et al., 1987),

así como otros afloramientos similares dis -persos por la región (Fig. 2). Otras unidades litológicas presentes en el área de estudio co-rresponden a materiales del Terciario (Unidad del Aljibe) que esporádicamente conforman isleos tectónicos asociados a escamas cabal-gantes sobre el Triásico. Incluyen arcillas ver-sicolores paleógenas y areniscas y margas del

flysch numídico del Campo de Gibraltar (Cano

et al., 1991).

La evolución geomorfológica de la Cordillera

Bética durante el Neógeno y Cuaternario ha

pasado por diversas fases de generación de

relieve (por actividad tectónica; Reicherter y

Peters, 2005) e incisión y denudación por

pro-cesos diversos (fluviales, kársticos, glaciares,

litorales, etc.; Azañón et al., 2015). Durante el

Figura 2. Mapa geológico de la zona de estudio y sus alrededores (simplificado de Cano et al., 1991). Figure 2. Geological map of the study area and its surroundings (simplified from Cano et al., 1991).

(6)

Tortoniense Superior tuvieron lugar las pulsa-ciones tectónicas más importantes de

carác-ter vertical, a la vez que se producía una in -tensa sedimentación marina en la depresión del Guadalquivir. Posteriormente, durante el Messiniense se produjo el comienzo de la

continentalización de dicha depresión (Vi

-guier, 1974), bajo un clima de características

áridas (Rodríguez Fernández, 1982); durante

esta época se reactivaron tectónicamente los bordes de la cuenca. La actividad tectónica fue especialmente activa durante el Plioceno,

aunque se prolongó a lo largo del Cuaternario

(Rodríguez Vidal y Gracia, 2004). Durante el

Pleistoceno la dirección de máxima compre-sión cambió de NE-SO a NNO-SSE y la cordille-ra experimentó una elevación genecordille-ral, alcan-zando su máximo a mediados del Cuaternario (Philip y Bousquet, 1975).

Por ello, y a diferencia de otros sistemas

mon-tañosos ibéricos, la Cordillera Bética no pare

-ce haber desarrollado superficies de erosión extensas, y las pocas que se han identificado

se encuentran muy fragmentadas y

compar-timentadas, debido a la continuada actividad

tectónica de elevación diferencial registrada durante el Plioceno y Cuaternario (Farines et al., 2015). Tal circunstancia ha impedido hasta

el momento utilizar este marcador como re

-ferencia para reconstruir la actividad neotec

-tónica y estimar la incisión fluvial, tal y como

se ha hecho en otros ámbitos peninsulares,

como la Cordillera Ibérica (Gutiérrez y Gracia, 1997; Giachetta et al., 2015).

La zona de estudio se caracteriza por una

sismicidad muy superficial asociada a fallas

inversas y direccionales (área de Morón-Olvera), que hacia el oeste pasan a un

con-junto de pliegues activos, en el marco de una

compresión NO-SE entre las placas europea y africana, así como un desplazamiento de la cordillera hacia el ONO (Ruiz Constán et al.,

2009, 2012; González-Castillo et al., 2015). La

respuesta de las redes fluviales a la elevación

tectónica regional consiste en una rápida

in-cisión vertical, debido a la tendencia de los

ríos a recuperar sus correspondientes curvas longitudinales de equilibrio. Esta tendencia

está condicionada por la diferente suscepti -bilidad de los materiales a ser erosionados, y por la concurrencia o no de otros procesos

morfogenéticos que ayuden a la erosión, fun -damentalmente procesos de meteorización

(Gutiérrez, 2008). En consecuencia, la erosión fluvial, desencadenada por el descenso relati

-vo del nivel de base, y los procesos kársticos han dado lugar a una topografía accidentada,

con valles incididos, a veces formando

pasi-llos estrechos y profundos, e interfluvios con

relieve muy irregular. 3. Metodología

El análisis geomorfológico de la zona de estudio se llevó a cabo mediante la inspección de

foto-grafías aéreas e imágenes de satélite, acom -pañada de trabajo de campo, con el objeto de elaborar un mapa geomorfológico detallado. En primer lugar, se usó la imagen y el modelo digital 3D que ofrece el programa Google

Ear-th®, para reconocer las principales formas flu

-viales y kársticas (poljes y campos de dolinas) y

delimitar la zona de estudio. Paralelamente se

inspeccionaron las fotografías aéreas del vuelo

USAF-B de 1956-57 mediante estereoscopio

y se compararon las dolinas identificadas con las formas identificadas en Google Earth, en la

imagen de 07-06-2918 para detectar posibles

dolinas modificadas artificialmente o elimina -das (por rellenos, por apertura de canteras, etc.). Esta labor fue complementada con tra-bajo de campo, mediante la observación

direc-ta de las formas identificadas y elaborando el correspondiente registro fotográfico.

Siguiendo las técnicas de Ford y Williams (2007) se llevó a cabo un análisis

morfométri-co de las dolinas y valles ciegos identificados

en la zona de estudio, teniendo en cuenta pa-rámetros tales como área, profundidad de las

(7)

red fluvial que drena hacia ellos. A fin de ob

-tener las distintas cotas necesarias para dicho análisis, así como para la altimetría de terra -zas, se usaron los puntos LiDAR con cobertura nacional de celdas de 2X2 km de extensión

y distancia en torno a 1 m. Las hojas utiliza -das fueron (288, 290, 292, 294 y 296-4090), (286, 288, 290, 292, 294 y 296-4092), (286, 288, 290, 292, 294 y 296-4094) y (286, 288,

290, 292 y 294-4096). A partir de la nube de

puntos LiDAR se creó en ArcGIS® un modelo

de superficie, y a partir de éste se generaron curvas de nivel cada 0,5 m utilizando la ex

-tensión Spatial Analyst del programa ArcGIS. Estas curvas permitieron determinar las cotas

de las dolinas, simas, surgencias y terrazas con un detalle y precisión apropiados. La pro-fundidad de las simas se calculó restando a la cota más baja del relieve circundante la cota del punto más profundo de la depresión. Se manejó la información de forma integrada mediante los programas Google Earth y QGIS (2016), se elaboró el mapa geomorfológico

vectorial a partir de capas de formas kársti

-cas, fluviales, estructurales y gravitacionales.

Se incorporó en el Sistema de Información

Geográfica el Modelo Digital del Terreno (hoja número 1063; resolución 1:25.000) del Insti

-tuto Geográfico Nacional (IGN) a través del

sistema WMS, que permite trabajar con

dis-tintas escalas según las necesidades.

La salida gráfica se hizo mediante el programa

de edición de imágenes digitales GIMP (The GIMP team, 2017). De este modo, se añadió simbología geomorfológica y se obtuvo la

ver-sión definitiva del mapa. La misma metodolo -gía se aplicó para analizar el origen y la evolu-ción del peñón de Zaframagón. La

reconstruc-ción de la evolureconstruc-ción de la red fluvial se llevó a cabo a partir de la elaboración de perfiles

longitudinales de los principales ríos median-te procedimientos tradicionales (mapa

topo-gráfico de detalle y curvímetro), así como de la interpretación de la cartografía de la red de

drenaje y de las terrazas fluviales, acompaña

-da de la correspondiente altimetría.

En cuanto a otras formas, la identificación de terrazas fluviales se ha hecho mediante la

aplicación de criterios geomorfológicos

clási-cos: fotointerpretación estereoscópica y alti

-metría. La distinción entre glacis y terrazas se

ha hecho aplicando criterios puramente mor-fológicos. No se han encontrado casos

dudo-sos entre los dos tipos de morfologías. 4. Resultados

Como se observa en el mapa geomorfológico de la Fig. 3, el relieve de la zona presenta un carácter en general alomado, conformado por

elevaciones bajas muy incididas por la red flu -vial, así como por abundantes cerros de forma ondulada a cónica (Fig. 4-A), compuestos por materiales arcillo-yesíferos. Sobre éstos

desta-can las mayores elevaciones constituidas por

materiales carbonatados. De hecho, los mayo-res desniveles y formas turriculadas asociadas están presentes en el principal relieve

calizo-dolomítico de la zona, el peñón de Zaframa -gón, con escarpes de más de 200 m en su cara sur y 100 m en la norte. En la zona Sur de la zona de estudio, en torno al arroyo Bermejo

y el río Guadalporcún, se aprecian superficies

estructurales sobre series horizontales perte-necientes a la Unidad del Aljibe.

En cuanto a las laderas, al pie de los escar-pes del peñón de Zaframagón se desarrollan importantes coluviones y laderas de derru-bios. También abundan los movimientos de masas en la zona de estudio. Las laderas se ven afectadas en gran parte por fenómenos de reptación, formando terracillas o gradines en lomas y cerros cónicos (Fig. 4-B). También se han detectado dos deslizamientos de lade-ra. Por otro lado, existen laderas controladas por la erosión hídrica, dando diversas formas de reguerización y acarcavamiento sobre las facies arcillo-yesíferas, como las presentes

(8)

Figura 3. Mapa geomorfológico de la zona de estudio.

(9)

En torno a los principales cursos fluviales (ríos

Guadalporcún, Guadamanil y arroyo del Sala-do), en las zonas de mayor angostura se

desa-rrollan facetas triangulares de vertiente. Junto

a los cursos también resalta la frecuente

pre-sencia de pequeños glacis, constituidos por

suaves rampas sin cuenca de recepción asocia-da. Algunos alcanzan dimensiones notables, como el localizado junto al río Guadalporcún en la zona sur del mapa, con más de 800 m de longitud (Fig. 5-A). Muchos de estos glacis

en-lazan con niveles de terrazas fluviales.

La red fluvial presenta un patrón de drenaje dendrítico, con una alta densidad en zonas

donde predominan los cerros cónicos. La llanura de inundación del río Guadalporcún

alcanza su máxima amplitud (320 m) en el tramo previo a su paso por la garganta del Es-trechón. En esta zona, cuando el río comienza a encajarse a su entrada en la garganta, en sus márgenes se aprecian al menos 2 m de

depósitos fluviales recientes, fundamental -mente compuestos por limos laminados, con alguna pequeña hilada de gravas. Por su par-te, el arroyo Salado presenta una llanura con cierta anchura, de hasta 240 m. La llanura de inundación se estrecha o incluso desaparece en algunos puntos de relieve abrupto. Los

principales cursos fluviales de la zona, ríos

Guadamanil y Guadalporcún, presentan

per-files longitudinales muy distintos en el tramo previo a su confluencia en las inmediaciones

del peñón de Zaframagón (Fig. 6), de modo

Figura 4. A: cerros cónicos en el relieve interfluvial de la zona de estudio. B: gradines en las laderas desarrolladas sobre

los yesos y arcillas del Triásico.

Figure 4. A: conical hills in the interfluve relief of the studied area. B: terracettes in the slopes developed upon Triassic gypsums and clays.

Figura 5. A: glacis desarrollado en la margen norte del valle del Guadalporcún. B: Sima sobre los yesos triásicos.

Figure 5. A: pediment developed in the northern margin of the Guadalporcún River valley. B: Vertical shaft on the Triassic gypsums.

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Figura 6. Perfiles longitudinales de los cursos fluviales de los ríos Guadamanil (en azul, incluyendo el arroyo Salado)

y Guadalporcún (en rojo) en la zona de estudio.

Figure 6. Longitudinal profiles of the Guadalporcún (in red) and Guadamanil (in blue) Rivers in the studied are, the last one including the arroyo Salado.

Figura 7. Porcentaje de dolinas según su profundidad (A) y área (B).

(11)

que el río Guadamanil presenta una pendien-te longitudinal media de 2%, mientras que el río Guadalporcún muestra una pendiente de tan solo 0,7%. En la garganta del Estrechón el río Guadalporcún aumenta su pendiente

lon-gitudinal al 6%, para posteriormente confluir

con el río Guadamanil y adquirir una pendien-te media cercana al 2%.

Se distinguen dos niveles de terrazas fluviales

en la zona. El nivel bajo es el más abundante,

presentando afloramientos en el río Guada -manil (a +4 m), río Guadalporcún (a +6 m) y río Guadalete (a +6 m). El nivel alto (a +21 m) es visible en la margen izquierda del río Gua-dalporcún una vez termina su paso por la gar-ganta del Estrechón.

Las formas kársticas presentes en la zona de

estudio, incluyen valles ciegos, dolinas, simas (Fig. 5-B), surgencias, depresiones cerradas

de fondo plano e incluso un cañón fluviokárs

-tico (garganta del Estrechón, entre los peño -nes de la Mina y de Zaframagón). La inmensa mayoría de las formas se desarrollan sobre los yesos triásicos. Las principales

caracterís-ticas de las formas kárscaracterís-ticas identificadas se muestran en las tablas 1, 2 y 3. Se ha identi

-ficado un total de 43 dolinas, tanto aisladas

como formando pequeños campos de doli-nas. La mayoría, el 57,8%, son dolinas de

re-carga puntual, típicas de materiales yesíferos,

aunque también existen dolinas de disolución normal (20 %), de colapso (13,3%) y

trans-formadas por la actividad humana (8,9%). Su

profundidad oscila entre 1 y 14 m (Fig. 7-A) y su tamaño varía entre las decenas y los 18.000 m2, si bien la mayor parte de las

do-linas presenta una extensión inferior a 2000 m2 (Fig. 7-B). Tras analizar la distribución de

dolinas, simas y depresiones según la cota a la que aparecen, se ha encontrado que no existe ninguna relación clara, ya que la inmensa

ma-yoría de ellas se localizan prácticamente a la

misma cota (Tablas 1, 2 y 3). Por otro lado, las

formas kársticas de absorción presentan un diferente desarrollo vertical según las zonas:

las dolinas y simas son mucho más profundas cuando drenan hacia el valle del Guadamanil que cuando lo hacen al valle del Guadalpor-cún (Fig. 8).

Figura 8. Relación entre profundidad de las simas y proximidad a las llanuras de inundación de los ríos Guadamanil y Guadalporcún.

Figure 8. Relationships between shaft depth and proximity to the floodplains of the Guadamanil and Guadalporcún Rivers.

(12)

Tabla 1. Morfometría de dolinas en yesos del karst de Olvera-Zaframagón.

Table 1. Doline morphometry in the Olvera-Zaframagón gypsum karst. Num. Tipología Área (m2) Cota sima (m) Cota menor del relieve

circundante (m) Profundidad (m) 1 Recarga puntual 2659 323,8 329,6 5,8 2 Disolución normal 1068 350,9 353,9 3,0 3 Disolución normal 425 330,7 335,5 4,8 4 Fondo plano 1174 359,8 362,8 3,0 5 Fondo plano 771 351,3 353,6 2,3 6 Recarga puntual 6671 347,4 354,8 7,4 7 Recarga puntual 5793 366,6 377,8 11,2 8 Recarga puntual 513 332,6 337,0 4,4 9 Fondo plano 1924 350,0 351,6 1,6 10 Fondo plano 6044 346,8 349,6 2,8 11 Fondo plano 293 350,9 351,8 0,8 12 Recarga puntual 1168 324,3 330,3 6,0 13 Recarga puntual 794 334,8 338,7 3,9 14 Recarga puntual 991 343,6 348,8 5,2 15 Recarga puntual 1167 348,5 351,7 3,1 16 Recarga puntual 479 355,8 358,3 2,5 17 Recarga puntual 604 361,5 365,4 3,9 18 Recarga puntual 663 367,4 371,1 3,7 19 Recarga puntual 1204 357,0 360,2 3,2 20 Recarga puntual 888 355,4 357,5 2,2 21 Recarga puntual 817 355,4 357,5 2,1 22 Colapso 302 350,6 353,5 2,9 23 Recarga puntual 3072 345,4 351,2 5,9 24 Colapso 1071 348,6 349,3 0,7 25 Fondo plano 6771 327,9 329,4 1,4 26 Embudo 593 332,1 337,9 5,9 27 Embudo 595 330,9 337,9 7,0 28 Recarga puntual 884 336,8 341,2 4,5 29 Recarga puntual 207 359,6 363,3 3,7 30 Recarga puntual 431 356,7 363,3 6,6 31 Recarga puntual 3340 342,9 347,5 4,6 32 Recarga puntual 1358 347,2 357,8 10,6 33 Recarga puntual 850 362,1 367,9 5,8 34 Recarga puntual 390 356,6 369,9 13,3 35 Recarga puntual 565 362,5 371,4 8,9 36 Colapso 1455 381,5 394,7 13,2 37 transformada 842 403,1 408,6 5,5 38 transformada 18217 419,2 422,3 3,2 39 Recarga puntual 3316 425,9 432,4 6,4 40 Disolución normal 41 436,8 437,0 0,2 41 Colapso 123 358,6 359,9 1,3 42 Colapso 115 356,4 357,5 1,1 43 Colapso 537 390,2 395,9 5,6

(13)

Tabla 2. Características morfométricas de valles ciegos y surgencias identificados en el karst en yesos de Olvera-Zaframagón. Valores en metros.

Table 2. Morphometric characteristics of blind valleys and springs identified in the Olvera-Zaframagón gypsum karst. Values in meters.

Valles ciegos Surgencias

Nº Orden de drenaje1 Cota sima

Cota menor del relieve

circundante2 Profundidad Nº

Cota

surgencia Altura del valle

Altura de la surgencia con respecto al valle 1 342,0 360,4 18,4 1 337,6 332,4 5,2 2 1 276,7 280,1 3,4 2 262,8 232,4 30,3 3 1 282,6 286,3 3,7 3 262,8 232,4 30,3 4 2 284,0 289,3 5,4 4 273,5 251,4 22,1 5 3 334,4 336,4 2,1 5 331,6 324,1 7,5 6 2 326,5 329,5 3,1 6 313,7 308,7 5,0 7 2 328,6 342,8 14,3 7 309,8 300,4 9,4 8 3 346,6 359,5 12,9 8 335,4 332,2 3,2 9 2 276,6 278,3 1,7 9 275,0 261,5 13,5 10 1 323,5 330,3 6,8 10 309,6 304,6 5,0 11 2 400,4 409,6 9,2 11 391,6 388,8 2,8 12 2 292,3 297,9 5,6 12 273,4 272,5 0,9 13 1 291,6 297,9 6,3 13 274,2 272,5 1,7 14 1 352,0 357,8 5,8 14 337,6 332,4 5,2 15 4 334,8 368,6 33,8 15 323,6 320,7 2,9 16 1 312,9 322,9 9,9 16 301,7 290,7 11,0 17 3 303,8 311,8 8,0 17 288,7 281,8 6,9 18 2 347,5 362,7 15,1 18 335,8 304,3 31,5 19 2 356,6 370,1 13,5 19 324,2 315,7 8,5 20 1 331,9 345,6 13,7 20 279,5 269,2 10,3 21 1 331,6 338,4 6,9 21 279,5 269,2 10,3 22 2 319,8 338,8 19,0 22 289,7 269,2 20,5 23 2 365,8 374,4 8,6 23 357,9 349,7 8,3 24 2 342,4 361,4 19,0 24 334,9 332,5 2,3 25 1 386,8 425,9 39,1 25 337,0 332,8 4,2 26 1 393,4 398,0 4,5 26 338,3 332,6 5,7 27 2 365,6 374,9 9,2 27 338,3 332,6 5,7 28 1 375,8 380,5 4,7 28 325,3 315,6 9,7 29 1 367,7 373,3 5,6 29 337,9 323,6 14,3 30 3 362,9 367,6 4,7 30 337,9 323,6 14,3 31 1 372,5 373,6 1,1 31 372,9 352,2 20,7 32 1 353,0 355,6 2,6 32 344,7 343,5 1,2 33 1 377,2 382,2 5,0 33 349,2 344,5 4,7 34 1 352,2 357,9 5,6 34 366,2 348,3 17,9 35 2 357,0 360,0 3,0 35 359,5 358,9 0,6 36 4 376,9 395,6 18,7 36 331,9 323,4 8,5 37 2 379,7 380,4 0,6 37 323,9 301,4 22,5 38 1 358,9 359,7 0,8 38 409,9 400,6 9,4 39 3 336,0 354,8 18,7 40 2 431,6 440,0 8,3

1 Orden de la red fluvial que drena al valle ciego, aplicando el método de Strahler (1957). 2 Cota más baja del relieve circundante más próximo a la sima. Alturas sobre el nivel del mar.

(14)

Existe un total de 40 valles ciegos repartidos por la totalidad del área karstificada. En sus

fondos se desarrollan simas, algunas de gran-des dimensiones (más de 50 m de profundi-dad), en las cuales la red hídrica se introduce

aflorando a continuación en forma de manan

-tial en la misma ladera y constituyendo un complejo entramado exo-endokárstico (Figs.

9-A y 9-B). Se trata en realidad de dolinas de recarga puntual que han ocasionado la

cap-tura de parte de la red fluvial, o bien que han

originado un gradiente hidráulico que ha

fa-vorecido el desarrollo de una red fluvial local.

Siguiendo la metodología de Strahler (1957),

según el orden de la red fluvial que drenan se distinguen valles ciegos de orden 1, 2, 3 y 4.

La mayoría presentan un orden de drenaje 1 o 2, y solo 2 de ellos muestran un orden de drenaje 4 (Fig. 9-C). Las simas de los valles cie-gos presentan en su mayoría profundidades de en torno a 5 y 6 m entre la cota de la sima y el relieve circundante. No obstante, algunas de ellas presentan profundidades superiores a los 20 m, llegándose a alcanzar incluso los 40 m (Fig. 9-A). El desarrollo de los conductos, determinado por la diferencia de cota entre la surgencia y la sima más próxima localizada aguas arriba en la ladera, muestra una gran

variabilidad (Fig. 9-B), con un máximo relativo

en torno a los 11-13 m; algunos llegan a supe-rar los 50 m de longitud.

Por otro lado, en las zonas de interfluvio entre

los ríos principales de la zona se desarrolla un total de 5 depresiones cerradas de fondo

pla-no, 4 de ellas capturadas por la red fluvial. A

diferencia de las dolinas, se trata de depresio-nes de gran desarrollo horizontal (hasta más de 500.000 m2), en las que el desnivel entre

el relieve circundante y su fondo es modesto, normalmente inferior a 20 m. En la Tabla 1 se

muestran las características morfométricas de las distintas depresiones. La mayor de las depresiones es la del Cortijo del Navazo, ro -deada de cerros cónicos y con un sumidero a una cota de 343 m en las inmediaciones del

cortijo que alberga.

En lo que se refiere al peñón de Zaframagón,

se trata de una forma estructural desarrollada

sobre una amplia flexión anticlinal de direc -ción NE-SO que afecta a la serie carbonatada jurásica (Fig. 10-A y 10-B). La garganta del Estrechón (Fig. 10-C) coincide con una falla localizada entre los peñones de Zaframagón

y de la Mina. Se trata de un cañón fluvial de

más de 300 m de profundidad (con respecto a la cumbre del peñón) y una anchura máxima de unos 30 m en el lecho, a lo largo de 480 m de longitud. El río Guadalporcún atraviesa la garganta en una sucesión de rápidos y casca-das (Fig. 10-D), librando un desnivel de más de 20 m.

A la salida de la garganta del Estrechón son visibles cuatro niveles de balmas o entrantes erosivos en las paredes rocosas que la enmar-can (Fig. 11), a unas alturas de 32, 47, 63 y 112 m respecto al cauce en la margen del peñón

de la Mina, existiendo solo un nivel de balma

visible en la margen del peñón de Zaframa-gón a una altura de 70 m. Dichas balmas

pre-Tabla 3. Características morfométricas de las depresiones de fondo plano identificadas en el karst

en yesos de Olvera-Zaframagón.

Table 3. Morphometric characteristics of the flat-bottomed depressions in the Olvera-Zaframagón gypsum karst.

Depresiones de fondo plano Extensión (m2) Longitud (m) Anchura (m) Cota (m)

Cortijo del Navazo 515152 1509 665 345

El Pinto 112703 724 301 424

Navalagrulla 74400 496 159 350

Rojas 103782 727 229 350

(15)

Figura 9. Morfometría y estadística de los valles ciegos reconocidos en la zona de estudio. A: Profundidad de la sima; B: Desarrollo vertical del conducto endokárstico; C: Orden de drenaje. Figure 9. Blind valley morphometry and related statistics in the studied area. A: Depth of the shaft;

(16)

sentan formas verticales de acumulación es -peleotémica en su zona superior, algunas de aproximadamente medio metro de largo. 5. Discusión

El relieve bético que se extiende entre la cuen -ca de Ronda y la depresión del Guadalquivir presenta un carácter suavemente alomado pero progresivamente descendente hacia la

depresión del Guadalquvir, en su mayoría la-brado sobre arcillas y yesos triásicos. Sobre

él destaca un buen número de afloramientos rocosos de calizas jurásicas (Fig. 2), práctica -mente todos ellos con cumbres aplanadas,

mostrando vestigios de antiguas superficies

de erosión.

El mapa de isohipsas de las cumbres de los

afloramientos y relieves calcáreos de la región permite identificar dos niveles altimétricos

Figura 10. Peñón de Zaframagón. A: escarpes y laderas. B: vista general del peñón y estructura tectónica de la serie jurásica. C: garganta del Estrechón. D: rápidos del río Guadalporcún a su paso por el Estrechón.

Figure 10. Zaframagón Rock. A: escarpments and hillsides. B: general view of the rock and tectonic structure of the Jurassic unit. C: Estrechón gorge. D: Riffles of the Guadalporcún River bed at the Estrechón gorge.

(17)

(Fig. 12): uno superior, en torno a los 1000-1100 m, cuya geometría original resulta muy

difícil de establecer y que actuaría como resi -dual, y otro inferior desarrollado en torno a los 500-600 m y que arrancando del anterior muestra una clara pendiente hacia la cuenca del Guadalquivir. Por la geometría de este

se-gundo nivel, su continuación hacia el centro

de la depresión permite suponer su enlace

altimétrico con el techo de la sedimentación

marina neógena (Messiniense) de la cuenca, representada en este caso por la mesa de

Carmona – El Viso del Alcor, cuya cumbre, a

230-260 m, desciende progresivamente ha-cia el SO, siguiendo la misma pendiente que

la superficie de aplanamiento de los citados

relieves jurásicos.

La génesis de este aplanamiento hay que

ubi-carla en la progresiva continentalización plio -cena de la depresión del Guadalquivir, coinci-dente con la elevación tectónica del orógeno

bético (Roldán y Borrero, 1988; Rodríguez-Vidal y Gracia, 2004). Se trataría, por tanto,

de un sistema regional de piedemontes cuyo desarrollo se iría ampliando hacia el ONO

conforme el mar Plioceno se fue retirando

hacia el SO.

Posteriormente, las sucesivas crisis

morfo-climáticas cuaternarias habrían provocado la excavación de sistemas fluviales (Díaz del

Olmo et al., 1989), primero hacia el eje del Guadalquivir, tal y como dibujan las orien-taciones regionales de los valles del Gua-dalporcún, Guadamanil e incluso del propio río Guadalete en su cabecera. Más tarde, la erosión remontante del bajo Guadalete

ha-bría producido la captura de estos cursos flu -viales, lo cual explicaría la sucesión de codos

que muestran las confluencias de estos ríos

con el actual cauce del Guadalete (Fig. 1), así

como la relativamente baja altura y carácter no muy antiguo de las terrazas del Guadalete

Figura 11. Niveles de balmas y cotas con respecto al cauce del río Guadalporcún en el punto de salida de la garganta del Estrechón (cara Norte del peñón de Zaframagón).

Figure 11. Levels and heights of perched fluvial notches in the Guadalporcún River, at the exit of the Estrechón gorge (northern side of the Zaframagón Rock).

(18)

(según Giles et al., 1992, la terraza más alta, a +60 m, correspondería al tránsito Pleistoceno Inferior-Medio).

Todo este proceso de encajamiento de la red

fluvial regional supuso el desmantelamiento

de un espesor importante de arcillas triásicas y, mediante un proceso de sobreimposición, la incisión de los bloques calcáreos jurásicos.

En la mayoría de los casos la red fluvial sorteó

estos bloques tectónicos, que posteriormen-te por erosión diferencial han quedado pro-minentes en el relieve en forma de pequeñas

sierras o afloramientos rocosos aislados. En el

caso del peñón de Zaframagón el río Guadal-porcún cortó el propio bloque jurásico (Fig. 13) a favor de un accidente tectónico de di-rección N-S que lo atraviesa, labrando un

ca-ñón en cuyas paredes se registran las distintas fases de incisión fluvial (Fig. 11). Huellas simi -lares pueden observarse en otros cañones

fluviokársticos de la región, marcando proce

-sos progresivos de incisión vertical desenca -denados por descensos regionales del nivel de base (Lechuga et al., 2017).

Durante el Cuaternario los valles fluviales de

los ríos Guadalporcún y Guadamanil evolucio-naron a la par que el resto de la cuenca del Guadalete, dando diversas fases de aluviona-miento y de incisión. Por estar en zona mon-tañosa de pendiente acusada, durante dicha evolución han predominado los procesos erosivos y de encajamiento con respecto a los procesos de aluvionamiento. No obstante, en los valles de la zona de estudio se han reco-nocido dos niveles de terrazas, que se

correla-cionan con los niveles identificados por otros

autores en el resto de la cuenca (Tabla 4). Wolf et al. (2014) realizaron dataciones

ab-solutas que permitieron identificar como

Pleistoceno Superior la terraza colgada a +3-5 m. Según Faust y Wolf (2017) el río Guadale-te experimentó una fase de inGuadale-tensa incisión

vertical (unos 10 m) por causas climáticas

entre cal. 13,7 y 11 ka BP (por dataciones de radiocarbono), llevando al desmantelamien-to parcial de las terrazas pleisdesmantelamien-tocenas. Esta incisión favoreció la creación de un espacio

de acomodación suficiente para el desarro

-Figura 12. Mapa de morfoisohipsas de las cumbres de los afloramientos calcáreos jurásicos del interfluvio

entre las cuencas terciarias del Guadalquivir y de Ronda.

Figure 12. Morphoisohipses map of the summits of the Jurassic carbonate outcrops in the interfluve between Guadalquivir and Ronda Tertiary depressions.

(19)

llo de una amplia llanura de inundación, que

fue rellenándose a lo largo del Holoceno, in -terrumpida solo por una leve fase de incisión en torno a 1 ka. Esa interpretación, basada en estudios edafológicos y sedimentológicos de

detalle, explicaría la escasez de afloramientos

de terrazas en toda la cuenca del Guadalete, y especialmente en su zona de cabecera. No obstante, en la zona de estudio hay fac-tores locales que condicionan la evolución de los valles. Aunque el descenso del nivel de base, asociado a descensos del nivel del mar

en la costa atlántica, afectó a toda la red flu -vial regional, en el caso del río Guadalporcún

la incisión del peñón de Zaframagón, consti -tuido por una potente serie de dolomías muy resistentes a la erosión mecánica, supuso una

notable ralentización en comparación con la

incisión del vecino río Guadamanil, que se ex-cavó sobre las arcillas y yesos triásicos. El citado bloqueo parcial del encajamiento

del río Guadalporcún se manifiesta en su per

-fil longitudinal (Fig. 6), que muestra un apla -namiento en las inmediaciones del peñón y un aumento brusco de la pendiente durante la excavación del cañón y a su salida (Fig. 10-C). Así, tal y como se ha descrito anteriormen-te, aguas arriba del peñón predomina el

alu-vionamiento; se mantiene el nivel del cauce

a una cierta altura, y con él, el del nivel de

base local (y el nivel freático asociado; Wo -mack y Schumm, 1977), mientras que aguas abajo se produce una rápida incisión para enlazar con el cauce del río Guadamanil. Este

último, al no encontrar obstáculos litológicos

ante su excavación, ha conseguido propagar su encajamiento aguas arriba para conformar un valle cuya llanura de inundación se sitúa a una cota 20-30 m más baja que la del Guadal-porcún. La incisión diferencial de las dolinas que drenan hacia los valles del Guadamanil y del Guadalporcún apunta a una dependencia local del comportamiento del nivel de base, condicionado en este caso por la diferente ve-locidad de encajamiento de los dos ríos.

Para estimar el grado de adecuación del siste

-ma exo-endokárstico a la evolución del nivel de base fluvial, se han comparado las alturas a las que aparecen las distintas surgencias y

conductos colgados en las laderas del valle del Guadamanil con las alturas de las terrazas del río Guadalete, tomando como referen-cia los trabajos de Mabesoone (1963) y Giles et al. (1993) (Tabla 4). El resultado (Fig. 14) muestra una alta densidad de surgencias a cotas de entre +3 y +10 m, equivalentes a la altura de la terraza más baja, y también otras surgencias colgadas a alturas mayores, que coinciden de manera bastante clara con las alturas de las terrazas de +15, +20 y +30 m.

Tabla 4. Distribución altimétrica de las terrazas del río Guadalete según diversos autores. Table 4. Height distribution of the Guadalete River fluvial terraces according to different authors. Nivel de

terraza Mabesoone (1963) Díaz del Olmo (1989) Giles (1992)et al. Industria lítica (Giles et al., 1992, 1993) trabajoEste

T1 + 60 Achelense Antiguo (Final del Pleistoceno

Inferior)

T2 + 30-40 + 30-50 + 45-50

T3 + 25 + 30 Achelense Medio (Final del Pleistoceno

Medio)

T4 + 15-20 + 14-20 + 20 + 21

T5 + 6-10 + 15 Achelense Superior-Final (Final del Pleistoceno Medio)

T6 + 2-5 + 3-5 + 5-10 Paleolítico Medio (Pleistoceno Superior) + 4-6

(20)

Figura 13. Evolución morfológica del peñón de Zaframagón

(21)

Esta gráfica confirma cómo parece existir un ajuste entre la salida de los flujos endokársti

-cos y la localización del nivel de base kárstico,

que en este caso sería equivalente a la cota de la llanura de inundación del valle principal

al cual drena el flujo kárstico. No se han en -contrado surgencias a cotas más altas sobre los cauces, debido probablemente a la

inten-sa incisión fluvial pleistocena citada anterior

-mente, y que debió de ser muy eficaz en estos

materiales fácilmente erosionables, y al

reba-jamiento del relieve por procesos kársticos,

que ha debido de funcionar a lo largo de todo el Cuaternario. Si bien el ajuste entre alturas de surgencias y alturas de niveles de terrazas

parece evidente a la vista de la gráfica de la

Fig. 14, también se aprecia un cierto grado de dispersión de alturas de surgencias, probable-mente debido a que los propios procesos de

karstificación dificultan un ajuste perfecto en

-tre ambos tipos de morfologías.

Paralelamente a la evolución de los ríos Gua-dalporcún y Guadamanil, los descensos del

Figura 14. Distribución de alturas relativas de surgencias y relación con alturas de terrazas de la cuenca del río Guadalete Figure 14. Relative height distribution of springs and their relationship with fluvial terrace heights

(22)

nivel de base kárstico debieron de provocar

un rejuvenecimiento general de los procesos

de karstificación, con aumento de las tasas de

dolinización, profundización de las dolinas ya existentes y de los fondos de los poljes, enca-jamiento de la red de simas y conductos, así

como de la red fluvial que drena hacia ellos (Jennings, 1985). El tiempo transcurrido entre

los sucesivos pulsos de descenso del nivel de

base debió de ser suficientemente largo para que la red de conductos kársticos se encajara

lo bastante como para enlazar con la nueva

llanura de inundación fluvial (Audra y Palmer,

2015). Durante este proceso el agua de

esco-rrentía tiende a circular en la vertical en lugar

de la horizontal, con lo que los fondos de las dolinas se reinciden también. No obstante, según Ford y Williams (2007) es necesario un rejuvenecimiento previo de la red de conduc-tos subterráneos para que el proceso se

lle-gue a manifestar en la topografía superficial. Con el tiempo, conforme los fondos de los

valles se fueron encajando, en las laderas

cir-cundantes afectadas por karstificación se de -bieron de formar los sucesivos niveles

escalo-nados de cuevas, conductos y manantiales. La

consecuencia futura de esta incisión diferen-cial sería la migración de la divisoria de aguas de ambos ríos hacia el norte, por ampliación

de la zona de influencia fluvio-kárstica del río

Guadalporcún.

No es la primera vez que se correlacionan niveles de paleosurgencias con niveles de

terrazas fluviales (Granger et al., 2001), aun-que esta asociación no siempre es evidente. La equivalencia es más fácil de alcanzar en el caso de karst en yesos y evaporitas, ya que

los carbonatos dan velocidades relativamen -te lentas de evolución del paisaje y de ajus-te a los niveles de base regionales (Calaforra, 1998; Columbu et al., 2015). En ese sentido,

se estima que la tasa de excavación de nuevos

niveles de cuevas en calizas es del orden de varios miles de años (Thomas et al., 2017), un orden de magnitud más lento que en el caso de los yesos (White, 1988; Ford y Williams,

2007). A través de la datación de espeleote-mas, Columbu et al. (2015) distinguieron epi-sodios de erosión/agradación en un sistema

kárstico en yesos en el norte de Italia a una

escala de 102-103 años. Sin embargo, en

car-bonatos no es extraño encontrar surgencias

importantes activas actualmente colgadas va -rios metros por encima de la llanura de inun-dación del río principal que las drena; es el caso, por ejemplo, de la Cueva del Gato, en la Sierra de Líbar, Málaga (Durán et al., 2008; Lechuga et al., 2017).

El resultado morfológico de este proceso de

erosión fluvial y de karstificación ha sido una

intensa dolinización con predominio de

for-mas de desarrollo vertical (sifor-mas y dolinas en

ventana), seguramente asociadas a la

evolu-ción de los valles fluviales, especialmente al

del río Guadamanil. Los relieves residuales no

karstificados han evolucionado dando formas

piramidales, muy similares al karst poligonal

característico de áreas tropicales. Según el modelo evolutivo general del karst poligo -nal propuesto por Ahnert y Williams (1997), cuando los fondos de las dolinas alcanzan el nivel de base, comienza el aislamiento de los cerros piramidales y el desarrollo de una lla-nura de corrosión con cerros aislados, cuya

pendiente se inclina a favor del nivel freático

regional.

En el centro de la zona interfluvial, sin embar

-go, el nivel freático ha permanecido práctica

-mente horizontal con pequeñas fluctuaciones

(por tratarse de la divisoria de aguas

subte-rráneas entre los dos ríos) y la incisión fluvial

ha sido modesta. Estas condiciones han fa-vorecido el desarrollo de poljes, algunos de tamaño notable, con fondos muy planos. No obstante, algunos de ellos han sido

reciente-mente capturados por la red fluvial, o están

en vísperas de serlo. A diferencia de los poljes en carbonatos, estas depresiones en yesos no

desarrollan superficies de corrosión escalona -das. No obstante, la escasez y singularidad de

(23)

yesíferos las hacen merecedoras de un

estu-dio específico, pormenorizado.

Por último, como formas más recientes, cabe

citar los numerosos movimientos de masas presentes en la zona, resultado también del rápido descenso del nivel de base regional, que ha llevado a la excavación de laderas muy abruptas sobre materiales poco

consis-tentes. Varios estudios previos han puesto de manifiesto la variedad y actividad actual

de estos procesos, que en algunos casos han llegado a afectar puntualmente al trazado de

los propios cursos fluviales, aparte de los con -siguientes problemas geotécnicos sobre vías de comunicación y asentamientos humanos (Gracia, 2008; Mantovani et al., 2010).

6. Conclusiones

Tras la continentalización de la cuenca del

Guadalquivir en el Plioceno, proceso durante el cual se favoreció el desarrollo de aplana-mientos regionales de los que todavía quedan

algunos vestigios puntuales, las oscilaciones eustáticas atlánticas y los movimientos tectó -nicos regionales, favorecieron el

encajamien-to de la red fluvial. En la zona de estudio este

encajamiento fue intenso por tratarse de un área montañosa próxima a la cabecera de la

cuenca fluvial y también por excavarse sobre

materiales muy erosionables, como son las

arcillas y yesos del Triásico subbético.

Como en la mayoría de las cuencas fluviales,

el encajamiento cuaternario se produjo en diversas fases separadas por periodos de alu-vionamiento. Esta alternancia controlada por causas regionales como las oscilaciones del

nivel del mar, los cambios climáticos o las pul -saciones tectónicas de elevación diferencial

de este sector de la Cordillera Bética, viene

afectando a la región ininterrumpidamente desde el Tortoniense hasta la actualidad. Los movimientos tectónicos de elevación alcan-zaron sus valores máximos en el Pleistoceno

Medio, por lo que cabe suponer que la

máxi-ma incisión fluvial tuvo lugar a partir de ese

momento. El descenso generalizado del nivel de base regional asociado al encajamiento

fluvial sin duda desencadenó los intensos pro

-cesos de karstificación sobre yesos que afec

-tan a los afloramientos triásicos de la zona. Esta karstificación se manifiesta en forma de

innumerables morfologías de absorción (doli-nas, valles ciegos, poljes, etc.) y de exurgencia

(manantiales y surgencias escalonadas en las laderas de los valles fluviales).

Cada nueva fase de encajamiento de la red

fluvial durante el Pleistoceno debió de su -poner un rejuvenecimiento de los procesos

kársticos, con profundización de los conduc

-tos verticales y excavación de nuevas vías de

drenaje hasta enlazar con el nuevo nivel de

estabilización de los cauces fluviales. La coin -cidencia de alturas entre las surgencias esca-lonadas, agrupadas a determinadas cotas, y

los niveles de terrazas fluviales de la cuenca

del Guadalete apuntan a una posible depen-dencia entre el desarrollo del karst y las osci-laciones del nivel de base.

Esta dependencia parece manifestarse inclu-so a nivel local. El cauce del río Guadalporcún

ha sufrido una ralentización notable en su

proceso de encajamiento, debido a que

cor-ta los afloramientos calcáreos dolomíticos del peñón de Zaframagón, difíciles de erosionar.

Esta situación ha dado lugar a un bloqueo parcial de la incisión, de modo que su valle se encuentra colgado unos 20 m por encima del

valle del Guadamanil, con el que confluye una

vez superado el peñón. Este encajamiento di-ferencial local probablemente ha provocado que las formas de las dolinas y simas que dre-nan hacia el valle del Guadalporcún no sean tan profundas ni desarrollen una

componen-te vertical tan acentuada, ya que el gradien -te sub-terráneo sería sensiblemen-te menor. Según este planteamiento, cabe esperar que la divisoria de agua de ambos ríos migre en

(24)

el futuro hacia el norte, debido al progresivo encajamiento del río Guadalporcún y

expan-sión de su área de influencia hidrogeológica. El sector interfluvial entre ambos ríos está

ocupado en la actualidad por un conjunto de

depresiones cerradas de tipo polje, cuyo futu -ro será muy p-robablemente la captura por la

red secundaria afluente a dicho río.

El siguiente paso consistirá en analizar en de -talle la morfología de las dolinas y simas con el objeto de reconocer posibles indicadores de las sucesivas fases de rejuvenecimiento

kárstico. Dentro de estos posibles indicadores

podría incluirse la geometría detallada de las propias depresiones, la evolución de la

inci-sión de la red fluvial secundaria que drena ha -cia ellas y que alimenta a las simas, así como

la cartografía de los conductos endokársticos

y su conexión con las formas de absorción y de surgencia.

Agradecimientos

Este trabajo es una aportación al grupo de

investigación RNM-328 del Plan Andaluz de Investigación.

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Recibido el 12 de febrero de 2019 Aceptado el 16 de octubre de 2019

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