MAESTRÍA EN ECONOMÍA URBANA
LA MOVILIDAD RESIDENCIAL EN LA
COMUNIDAD AUTÓNOMA DE MADRID
TRABAJO DE TESIS
ALUMNA: MARÍA PAULA BRIZUELA
DIRECTOR: RICARDO PASQUINI
Contenido
Introducción ... 1
Capítulo I ... 3
Concepto y teorías sobre movilidad residencial intraurbana ... 3
I.1 Concepto y naturaleza de la movilidad residencial intraurbana ... 3
I.2 Teorías generales acerca de la movilidad residencial ... 6
I.3 Relación entre la movilidad residencia y la estructura urbana ... 13
I.4 El proceso de toma de decisión de cambio residencial y de elección de nueva vivienda... 15
Capítulo II ... 21
Dimensión del fenómeno de movilidad residencial ... 21
II.1 Aspectos introductorios ... 21
II.2 Magnitud del fenómeno de movilidad residencial en algunos países seleccionados ... 22
II.3 Evidencia empírica sobre los principales factores relacionados con la movilidad residencial en España... 28
Capítulo III ... 39
Análisis empírico de la movilidad residencial en la Comunidad de Madrid ... 39
III.1 Principales características socioeconómicas y de movilidad residencial en Madrid ... 39
III.2 Modelo de movilidad residencial intraurbana en la Comunidad de Madrid ... 46
Formulación del modelo: ... 46
Fuentes de datos: ... 48
Variables explicativas del modelo: ... 50
Análisis de los datos: ... 59
Estimación del modelo: ... 62
Resultados de la estimación: ... 64
Validación del modelo: ... 68
Conclusiones ... 70
Anexos ... 73
1
Introducción
La movilidad residencial intraurbana se define como los desplazamientos de la población producto
de un cambio de vivienda en la misma ciudad o metrópolis. Estos desplazamientos modifican la
estructura urbana de una ciudad, afectando positiva o negativamente la distribución de su población
y las dinámicas que se generan a su alrededor. Estos desplazamientos también reflejan los atributos
de las familias, de la vivienda o del barrio que hacen que una persona decida permanecer viviendo
en ese lugar, o bien, decida cambiarse a otra vivienda, del mismo o de un barrio diferente.
El trabajo se estructura en tres capítulos. En el primer capítulo se hace una recapitulación del
concepto movilidad residencial intraurbana, su naturaleza y áreas de análisis, así como de los
principales enfoques que han tratado de explicarla; en el segundo capítulo, se indaga acerca de la
importancia de este fenómeno para las sociedades, asimismo, y con el objetivo que contribuya a la
formulación y comprensión del modelo que se estima empíricamente en el tercer capítulo, se hace
un resumen de la evidencia empírica del caso español.
En el tercer capítulo se presenta conceptualmente un modelo de análisis construido considerando la
literatura y la evidencia empírica española existente, y se evalúa empíricamente el caso de la
Comunidad Autónoma de Madrid. El modelo aplicado tiene como base teórica las prescripciones
aportadas por Peter Rossi, quien fue uno de los principales precursores en el análisis de las fuentes
de movilidad residencial en una sociedad urbana, según las cuales la movilidad residencial de un
hogar es el resultado de un proceso de decisión donde las familias cambian sus viviendas en función
de las necesidades habitacionales relacionadas con los cambios en la composición de la familia que
acompaña el ciclo de vida familiar. Además, el modelo considera el postulado de Jorge Cerda
Troncoso, quien sostiene que además del ciclo familiar, marcado por la formación de la pareja, la
formación de una familia y –posteriormente- su dispersión, también existe un ciclo profesional
durante el cual toda mejora en los ingresos implica un cambio de residencia; y también la hipótesis
de Martin Cadwallader quien enfatiza que la movilidad residencial se debe interpretar como un
fenómeno donde las familias cambian su lugar de residencia debido a modificaciones en su situación
2 Los objetivos principales de la investigación son tratar de descubrir, mediante el uso de datos
censales y bajo la perspectiva que la movilidad residencial es un fenómeno de mercado, cuáles de
los factores asociados con la composición, las etapas del ciclo de vida familiar y la situación
socioeconómica de los hogares se vincularon con la decisión de movilidad residencial intraurbana de
los habitantes de la Comunidad Autónoma de Madrid durante los años 2000 y 2001. Asimismo,
comprobar que el sistema residencial español, caracterizado la amplia cobertura de la propiedad de
la vivienda a la cual se accede en edades tempranas, impacta significativamente en las decisiones de
cambio residencial. Sin embargo, debido a limitaciones de los datos empleados (no tienen
representatividad por municipio), no se pudo analizar la forma en que los desplazamientos
residenciales modificaron la estructura urbana de la Comunidad.
Se optó estudiar el caso de la Comunidad Autónoma de Madrid, porque esta metrópolis se
caracteriza por haber tenido en las últimas décadas un importante crecimiento urbano, demográfico
y de servicios, que ayudaron a cambiar la conformación de su estructura urbana, donde el Municipio
de Madrid cumple las funciones de ciudad central. A diferencia de los años ochenta, cuando la crisis
internacional afectó a los mercados del empleo y de la vivienda, intensificando la baja movilidad
residencial española; desde mediados de los noventa, la mejora de las condiciones de financiación
de la compra de viviendas y un importante cambio sociodemográfico en la conformación de los
hogares explicaron un significativo aumento en la movilidad residencial española. Entre 1991 y
2001 la población de Madrid creció más que el promedio del país, el número de hogares creció 2,5
veces más rápido que la población, duplicándose el número de hogares unipersonales. Además, la
mayoría de los cambios de vivienda fueron dentro de la misma Comunidad, vinculados con la
organización espacial del mercado de la vivienda y la expansión del sistema de transporte interno.
La investigación se efectuó en el marco del enfoque que analiza al cambio residencial como un
proceso de toma de decisión de un individuo. Los datos empleados provienen de la base de
microdatos del Censo de Población y Vivienda de España correspondiente al año 2001.
Agradezco al director de la tesis por sus sugerencias, pero muy especialmente a José María, por su
3
Capítulo I
Concepto y teorías sobre movilidad residencial intraurbana
I.1 Concepto y naturaleza de la movilidad residencial intraurbana
La movilidad residencial intraurbana es un modo de traslado de la población y constituye un tipo de
movilidad espacial, caracterizada por su baja frecuencia y por ser desplazamientos ó
relocalizaciones que ocurren dentro del espacio de frecuentación cotidiana del hogar que los
realizan1.
En este sentido, Di Virgilio (2009: 234) señala que la movilidad espacial, entendida como práctica
de desplazamiento, forma parte de la dinámica cotidiana de los habitantes de la ciudad. En ese
marco, si bien es posible dar cuenta de una multiplicidad de procesos y prácticas de movilidad
espacial que ocurren en una ciudad, que van desde las prácticas más cotidianas que definen los
itinerarios entre el lugar de residencia y el lugar de trabajo, hasta aquellas vinculadas con las
experiencias de migración o relocalización forzada, la movilidad residencial intraurbana se define
como aquella práctica espacial que involucra cambios en el lugar de residencia en la misma ciudad.
Por su parte, Garzón Cano (2010: 13) define a la movilidad residencial como el desplazamiento
voluntario de la población producto de un cambio de vivienda. En este sentido, Módenes Cabrerizo
(1998), citado por Garzón Cano (2010: 15), sostiene que la movilidad residencial es el proceso en el
cual una familia decide cambiar la vivienda destinada para su residencia habitual.
Posteriormente, Módenes Cabrerizo y López Colás (2003: 11) amplían la definición anterior
sosteniendo que la movilidad residencial es la consecuencia espacial de la gestión residencial que
efectúan los hogares para armonizar las distintas esferas de su vida cotidiana: la función
1 Módenes Cabrizo (2006:4) indica que Kaufmann sostiene que la movilidad espacial se puede agrupar en cuatro tipos
4 estrictamente residencial de la vivienda, la relación con el lugar de trabajo, las tareas de
mantenimiento del hogar y de relaciones sociales, tanto en lo que respecta a la reproducción
demográfica como al sostén y el uso de las redes familiares y de amistad.
Por último, según Rossi la mejor definición de movilidad es “el proceso por el cual las familias
ajustan su vivienda a las necesidades que son generadas por los cambios en la composición familiar que acompañan los cambios en el ciclo de vida” (Simmons, 1968 citado por Garzón Cano (2010:
46). Además, Rossi considera que la movilidad residencial es vista como la manifestación de
localización de la movilidad social, donde las personas cambian sus viviendas para adaptarse a sus
aspiraciones de clase, y que contribuye de manera importante a la estructura urbana de una ciudad
(This Week Citation Classic, 1988).
Como se puede ver, algunos autores enfatizan a la movilidad como un proceso y otros que sólo debe
ser considerara como tal cuando es de carácter voluntario.
Otro ámbito de la movilidad residencial frecuentemente destacado, se refiere a que es un fenómeno
urbano estudiado desde varios objetivos de estudio. Al respecto, Dieleman (2001: 249) enfatiza que
el estudio de la movilidad residencial es un fenómeno multidisciplinario debido a que su naturaleza
es explicada por múltiples factores; por tal motivo, es estudiada por la sociología, la economía, la
geografía y la planeación urbana, variando los factores que influyen en las decisiones de movilidad
residencial de acuerdo a cada área de estudio; por ejemplo, desde la sociología, el análisis se enfoca
en aquellos factores que actúan como presiones sobre los hogares por cambiar de vivienda; desde la
visión económica, se analiza la movilidad como la maximización de la satisfacción de los hogares
de acuerdo a un conjunto de requerimientos; mientras que los ecologistas humanos se enfocan en la
movilidad residencial como un elemento de modelos más generales de movilidad o como parte de
los procesos de crecimiento urbano. También la movilidad residencial es un elemento importante
para entender las dinámicas de ocupación de un territorio y, en este sentido, aporta información para
el diseño de políticas de planificación urbana.
Asimismo, Dieleman (2001: 249) comenta que el análisis de estos factores varía de acuerdo a la
5 los hogares, las viviendas y el entorno, y se analizan las estructuras de decisión de cambio y de
localización; a nivel nacional, se analizan los impactos económicos, demográficos, etc. que
producen los procesos de movilidad residencial; mientras que a nivel internacional se analizan los
impactos de las políticas públicas y las variaciones en los sistemas de tenencia de vivienda y de
precios que pueden afectar la movilidad residencial.
Otro aspecto importante sobre el fenómeno de movilidad residencial, es si la movilidad es buena o
perjudicial. Ahn y Blázquez (2007:3) explican que se sostenía que la falta de movilidad residencial
probablemente era una de las principales razones del desempleo persistente en Europa. Este
postulado es conocido como la hipótesis de A.J. Oswald (Oswald, 1999), según la cual la propiedad
de la vivienda se asocia con una baja movilidad laboral, y que las distintas tasas de propiedad de los
países explican entonces las diferentes tasas de desempleo; es decir, la propiedad haría menos
eficientes los mercados laborales. Bajo esta hipótesis, el efecto de la propiedad sobre el desempleo
surge debido al efecto negativo que tienen los costos de transacción de vender y comprar casas sobre
los cambios residenciales, los cuales afectan a los propietarios pero no a los que alquilan. Sin
embargo, trabajos posteriores muestran que la evidencia de la hipótesis de Oswald es mixta y débil,
en caso de presentarse.
Fischer (2000:2-3) también se plantea sobre si la movilidad residencial es fenómeno bueno o malo,
y sostiene que este planteo era objeto de discusiones informales, pero pocas veces llevado a la
literatura. Él sugiere que esta reflexión aparece porque se cree que las sociedades con mayor
movilidad tienen mayores problemas de delincuencias, menor cohesión social entre sus residentes,
más desorden, etc. que las sociedades más estables; sin embargo, también sostiene que la causalidad
puede ser inversa. Para los individuos, la proposición que la movilidad es perjudicial es aún más
problemática, por ejemplo, para algunos adultos, tal vez lo sea, pero la mayoría de las mudanzas
lejanas se realizan con el objetivo de obtener mejores trabajos, mejores viviendas, es decir, mejorar
la calidad de vida; mientras que en la mayoría de los cambios cercanos de residencia, el cambio en
la vida social y los hábitos de vida se reducen. Asimismo, cree que las personas que habitan barrios
pobres o que pertenecen a una minoría segregada, tal vez estén mejor con el cambio de residencia
que permaneciendo en la misma vivienda. En este marco, Fischer sostiene que cuando se analizan
6 movilidad residencial sobre las comunidades, de las consecuencias que tiene sobre los hogares; y,
por otro lado, distinguir los movimientos residenciales voluntarios de los forzados.
Por último, en la revisión de la literatura se identificó una gran variedad de enfoques para analizar el
fenómeno de movilidad residencial, y todos reconocen que el análisis debe considerar las
particulares de la sociedad analizada, como su sistema cultural, sus condiciones políticas y del
mercado de vivienda2, entre otras.
Jiménez Blasco (1989:271) explica que, en general, los trabajos de investigación se han desarrollado
en torno a tres objetos de estudio:
- Desarrollar teorías generales acerca de la movilidad residencial.
- Analizar la relación entre la movilidad residencial y la estructura urbana (análisis macro).
- Estudiar el proceso de decisión de las familias, el cual involucra la decisión de cambio de
residencia y de localización residencial (análisis micro).
I.2 Teorías generales acerca de la movilidad residencial
Desde comienzos del siglo veinte se han realizado importantes esfuerzos por teorizar los diferentes
procesos de movilidad residencial intraurbana, ya sea a partir de la construcción de modelos socioespaciales, con énfasis en la competencia de las personas por el espacio urbano; o analizando la
movilidad residencial en relación con la estructura cambiante de la familia y las consecuentes
necesidades de viviendas; o estudiando la relación entre el uso de suelo, el transporte y la ubicación
de las fuentes de empleo sobre las decisiones de localización residencial (Jiménez Blasco,
1989:272).
Las primeras teorías en torno a los procesos de cambio de residencia en una ciudad se remontan a la
escuela de la ecología humana de Chicago, que es –básicamente- una teoría sociológica de
crecimiento urbano. Los sociólogos de esta escuela elaboraron modelos que intentaban modelar la
2
7 diferenciación interna dentro de una ciudad, sostenidos en una teoría explicativa basada en
principios de la biología3, por ende, principios de naturaleza universal y ahistóricos.
En este movimiento se encuentra el modelo concéntrico de Burgess, de 1923, el cual suponía –
implícitamente- que la población se trasladaba desde un área central hacia las sucesivas coronas
exteriores conforme aumentaba su rango social, de acuerdo a leyes de invasión-sucesión. Es decir, la
estructura intraurbana de una ciudad, fruto de un proceso ecológico de crecimiento, respondía a los
conceptos de expansión- sucesión (tendencia de cada zona interior a extender su zona mediante una
invasión en la zona exterior inmediata) y de sus antagónicos concentración- descentralización (los
grupos y usos que pueden competir optan por ocupar los lugares centrales, mientras que aquellos
que no puedan hacerlo son segregados hacia las zonas más exteriores). Jiménez Blasco (1989: 272)
señala que las críticas de esta teoría se concentran en la excesiva simplificación del proceso de
reubicación de las familias y a su falta de universalidad.
Es importante señalar que si bien el modelo de círculos se refiere a la dinámica, su aplicación
original se basó en la densidad de población como una función de la distancia al centro de negocios
de una ciudad, no obstante, resultó útil para visualizar la dinámica del empleo y de los cambios
residenciales intraurbanos (Suárez Lastra y Delgado Campos, 2010: 72).
Otro de los autores que optó por adoptar los principios biológicos para explicar el crecimiento
urbano fue Homer Hoyt, quien propuso -en 1939- el modelo de sectores radiantes. Este nuevo
diagrama propone límites a los círculos concéntricos del modelo de Burgess, los cuales se
interrumpen y se amplían del centro a la periferia adoptando formas irregulares. En particular, Jiménez Blasco (1989:272) señala que del modelo sectorial de Hoyt se deriva la llamada “teoría del filtro”, según la cual el cambio de residencia es iniciado por la clase alta, porque es la única que
puede pagar una casa de nueva construcción y, a partir de aquí, las viviendas abandonadas actúan
3
8 como un “filtro”, en el que las familias deben ocupar viviendas más antiguas, cuanto menores sean
sus recursos económicos4.
Conforme a estos supuestos, las únicas variables del modelo que caracterizan las distintas zonas de
una ciudad serían los niveles de renta y las posibilidades de pago asociadas a ellos. Jiménez Blasco
(1989: 272) critica que no es real que las familias de clase alta sean las únicas que puedan pagar una
vivienda nueva. También que otros procesos contrarios al descrito por Hoyt estaban ocurriendo en
ciudades de países de mercado libre, como el proceso de gentrificación o el retorno de clases medias
a la corona metropolitana. Otro de los hechos que se derivan de la teoría de la organización sectorial
de Hoyt es que los cambios residenciales se producirán frecuentemente en una determinada
dirección (hacia las afueras). Si bien esta direccionalidad en los traslados ha sido comprobada por
algunos autores que estudian el tema de la movilidad residencial dentro del enfoque de la geografía
de la percepción, no se puede considerar como un fenómeno tan general como sugiere Hoyt.
Por último, se debe mencionar que el modelo de núcleos múltiples de Harris y Ullman sugiere que la
expansión de la ciudad no se reproduce a partir de un único distrito central, como lo registraron las
teorías de Burgess y de Hoyt, sino que se desarrolla a partir de núcleos múltiples56.
La ecología humana clásica, en cualquiera de sus variantes, explica la localización residencial en
función de las clases socioeconómicas, donde la distancia al centro aumenta conforme aumenta la
clase socioeconómica, siendo las clases altas las que originan los movimientos residenciales, pues
4 La teoría de filtro explica el ajuste residencial de los habitantes de una ciudad como un proceso de filtraciones, a través
de un stock diferenciado de viviendas. Este modelo concibe la ciudad como de estructura monocéntrica y explica la movilidad residencial en función del deterioro y de la edad de las viviendas ubicadas inicialmente cerca del centro de la ciudad, que habiendo sido ocupadas tradicionalmente por un segmento de altos ingresos, son abandonadas y disminuyen su precio relativo, de ahí que sea factible que las ocupe otro segmento de menores ingresos. El modelo tiene los siguientes supuestos: i) las familias de mayores ingresos prefieren las viviendas nuevas a las viejas; ii) estos mismos estratos sociales prefieren vivir en la periferia que en el centro de la ciudad; ii) las viviendas se deprecian con la edad, y las familias prefieren comprar una nueva vivienda que renovar la que ocupan (Graizboard y Acuña, 2007: 302-303).
5 El modelo de Harris y Ullman sostiene que son cuatro los factores que –combinados- motivan el desarrollo de núcleos
independientes: i) la existencia de actividades que requieren servicios y una planificación especifica; ii) actividades semejantes se agrupan intentando beneficiarse de las economías de aglomeración; iii) actividades incompatibles se emplazaran guardando cierta distancia; y iv) todas las actividades quedan sometidas al proceso de selección espacial que el precio del suelo impone. Este modelo, al igual que sus antecesores, refleja la expansión ecológica e identifica a las áreas homogéneas más comunes, asociándolas a los distintos núcleos múltiples.
6 Según Fujita (1999) citado por Suárez Lastra y Delgado Campos (2010:69) el paso del monocentrismo al policentrismo
9 son las que cuentan con capacidad de pago para adquirir vivienda, y las clases bajas se ubican en la
vivienda vacante que éstas dejan. Por otro lado, esconveniente remarcar que según estos modelos la
estructura interna de la ciudad no evoluciona como consecuencia de la planificación directa, sino por
medio de la competencia, la cual cambia áreas por medio de los procesos ecológicos de invasión,
sucesión, y segregación de nuevos grupos.
La cuestión es que los ecólogos de la escuela humana clásica se olvidaron del componente social del
comportamiento humano y consideraron como más importante el componente biológico7. Ante estas críticas surgió el enfoque de los valores sociales, el cual se basa en la introducción de factores de
tipo cultural a los movimientos residenciales y, por ende, le quita la universalidad pretendida por la
escuela de la ecología humana, debido a que el sistema de valores o creencias varía según cada país,
grupo social e incluso cada persona. Para este enfoque, el crecimiento y la estructura urbana de una
ciudad no son procesos naturales sino una producción social, donde cada caso es específico e
histórico.
Otra teoría general es la que relaciona la movilidad residencial de un hogar con las etapas de su ciclo
de la vida.Su precursor fue Peter Rossi, quien sostiene que la intensión de cambio de residencia se
encuentra definida por factores individuales y contextuales. Los factores individuales se vinculan
con la composición y el ciclo de vida familiar; mientras que los contextuales, con las condiciones y
actitudes hacia el barrio y hacia la vivienda que se habita (This Week Citation Classic, 1988).
Garzón Cano (2010:46) explica que “una familia a lo largo de las etapas de ciclo de vida atraviesa
por diferentes estados los cuales modifican la composición familiar y sus metas de prestigio
(Sabagh;Vanarsdol et al., 1969). Estos cambios pueden generar insatisfacción con la vivienda actual
y modificar la estructura de preferencias y aspiraciones de la familia, por lo cual se verá inclinada a
cambiar de vivienda (Sabagh;Vanarsdol et al., 1969), (Clark;Deurloo et al., 1984), (Long, 1972). Por
lo tanto, se reconoce al ciclo de vida como uno de los factores que más influye en la decisión de
cambio residencial, donde su dinámica en el tiempo condiciona las preferencias y necesidades
7 Firey (1945) realizó un estudio en Boston en áreas de alto estatus social. Según la teoría ecológica clásica debían haber
10 familiares en torno a la vivienda y ubicación. Según Rossi, la mejor definición de movilidad es “el
proceso por el cual las familias ajustan su vivienda a las necesidades que son generadas por los cambios en la composición familiar que acompañan los cambios en el ciclo de vida” (Simmons, 1968)”.
Esto es así porque las edades menores de un individuo se corresponden con un período de su ciclo
de vida en el que normalmente experimenta cambios personales y laborales (incorporación al
mercado laboral, abandono del hogar familiar, establecimiento de relaciones de pareja, nacimiento
de hijos, etc.) que suelen implicar un cambio de residencia; en las edades medias, la propensión a
cambiar de vivienda disminuye, frenándose dicha disminución en edades más adultas, que es cuando
se producen nuevos acontecimientos en la vida del individuo, como la jubilación, el deterioro del
estado de salud y la pérdida del cónyuge, que provocan un aumento de la movilidad residencial.
Es así como los estudios enfocados en las etapas del ciclo de la vida de una familia relacionan la
movilidad residencial con la configuración demográfica de los hogares, dada por el estado marital,
la presencia de hijos y la edad de sus miembros. Esta perspectiva teórica será la que
fundamentalmente se tendrá en cuenta en la investigación empírica que se desarrolla en el Capítulo
III.
Cerda Troncoso (2011:7) sostiene que además del ciclo familiar, marcado por la formación de la
pareja, la formación de una familia y, posteriormente, su dispersión y la edad de la jubilación,
también existe un ciclo profesional durante el cual toda mejora de nivel y, por consiguiente, de
ingresos implica un cambio de residencia en la medida en que, por su situación, el individuo se
identifica mejor con la categoría y con los valores a los que acaba de acceder.
En consonancia con esta ampliación del modelo básico de Rossi, el modelo de Cadwallader (1992),
descripto en Graizboard y Acuña (2007: 300-301), explica la movilidad residencial como un
fenómeno del mercado de la vivienda, con familias que cambian de vivienda debido a
modificaciones en su ciclo de vida familiar y su situación socioeconómica. Considera que el precio
de una vivienda se vincula con la calidad de la misma y que ésta -a su vez- se relaciona con la
11 de la misma, y el tamaño se asocia con la etapa del ciclo de vida familiar de quien la demanda. De
esta forma, supone que la tasa de movilidad residencial del área de origen se encuentra relacionada
con el ciclo de vida familiar y la situación socioeconómica, mientras que el destino se explica por el
tamaño y el precio de la vivienda. En la investigación empírica que se realizará en el tercer capítulo,
también se analizará si la situación económica y ocupacional de un hogar se asocia con su decisión
de mudarse de vivienda.
Otra de las teorías generales sobre movilidad residencial es la que está implícita en la teoría del uso
del suelo urbano de Alonso, propuesta en 1964. Al respecto de este modelo, Garzón Cano (2010:18) explica que “a nivel económico, la localización de las actividades en el territorio se explica como un
fenómeno donde los agentes buscan la localización que les represente mayor utilidad. Por lo tanto,
las familias compiten por la localización donde puedan comprar más suelo si los gastos de transporte
asociados con la distancia no superan el ahorro conseguido por la compra de suelo más barato. Los
principales trabajos bajo este enfoque fueron realizados por Clark (1951), Wingo (1961), Lowry (1962) y Alonso (1964) (Hormigo, 2006)”.
Según el modelo de Alonso, en un modelo monocéntrico las decisiones de localización se toman en
función de la distancia al centro de la ciudad, en donde se encuentra la mayor parte del empleo.
Cada sujeto elige vivir tan cerca del centro como pueda pagar por ello. Como se ve, el modelo
subraya que la relación entre los mercados de vivienda y el laboral interactúan espacialmente, por
medio del mercado de transporte. Se ha criticado que este modelo presupone que las familias tienen
un conocimiento total del mercado de la vivienda y plena libertad de acción, y que no considera
otras muchas variables que tienen gran importancia en la localización residencial. Asimismo, es
difícil pensar que las grandes ciudades modernas puedan mantener un esquema monocéntrico8.
Otro modelo que intenta explicar la motivación del ajuste residencial es el clásico de Todaro (1969).
Todaro afirma que la decisión de migrar –no necesariamente dentro de la misma ciudad- se asocia
con la expectativa del potencial migrante a mejorar sus ingresos. Queda claro que en el contexto
8 Alonso (1964) consideró a la posibilidad de la ciudad policéntrica como una forma compleja del modelo monocéntrico.
12 urbano este modelo no podría explicar el cambio residencial como consecuencia de una reducción
del ingreso familiar que obligara al grupo a moverse hacia una vivienda de menor renta o valor. Sin
embargo, Todaro introduce un elemento que debe ser considerado, pues cierta proporción de los
cambios residenciales es resultado de la percepción que el individuo tendría de sus oportunidades de
trabajo en el lugar de residencia (Graizboard y Acuña, 2007: 302).
Todas las teorías son parcialmente útiles, aunque hay que tener en cuenta que están formuladas
sobre al análisis de la demanda del mercado privado de la vivienda, fundamentalmente, en los
Estados Unidos, y su especificidad se extiende a las familias con ingresos medios y altos (Jiménez
Blasco, 1989: 274).
Para ejemplificar esta especificidad, en el caso del modelo de Todaro, la construcción de conjuntos
habitacionales subsidiados emprendida por organismos públicos (viviendas sociales) distorsionaría
el proceso de elección residencial; y no menos importante sería intentar aplicarlo a los casos de
traslados a asentamientos irregulares9. En este sentido, varios autores (Di Virgilio (2009), Dieleman (2001), Delaunay y Dureau (2004), Fernanda del Pozo (2009)) al investigar casos de ciudades
latinoamericanas, explican que la mayoría de los estudios han privilegiado el análisis de los factores
individuales por sobre el rol que juega el contexto local en los procesos de toma de decisión del
cambio de vivienda; y que esta falencia adquiere especial interés para los barrios de bajo nivel
socioeconómico, en donde la movilidad residencial de sus hogares es poco probable que sea
afectada únicamente por la elección de la familia.
Molinatti, F. et. al. (2011) citan que Gilbert y Ward (1982), en un estudio realizado en asentamientos
pobres de tres ciudades latinoamericanas (Bogotá, Ciudad de México y Valencia), argumentan que
los patrones residenciales de los sectores de bajos ingresos son más una consecuencia de las
limitaciones impuestas por los mercados de suelo urbano y de la vivienda, que de las elecciones de
los migrantes. Para los asentamientos pobres, la movilidad residencial estaría determinada por tres
factores: el acceso a la propiedad de la tierra; la acción estatal en materia de hábitat; y la extensión
física y la organización de la ciudad, combinadas con la calidad y el costo del transporte público.
9
13 En palabras de Abramo (2008: 57) existen dos lógicas sociales de acceso al suelo urbano: la lógica
del mercado y la lógica del Estado. Mientras el acceso al suelo urbano a partir de la lógica del
Estado exige de los individuos y de los grupos sociales alguna acumulación de capital que puede ser
político, institucional, simbólico o de otra naturaleza, la lógica del mercado es unidimensional con
respecto a los requerimientos para acceder a la tierra urbana: la posibilidad de acceso y su magnitud
está directamente relacionada al tamaño del capital monetario acumulado por los individuos y los
grupos sociales. También existe la lógica de la necesidad, la cual no exige acumulación de un capital
político, institucional o pecuniario, ya que la necesidad absoluta de disponer de un lugar para
instalarse en la ciudad, sería el elemento que moviliza esta lógica de acceso a la tierra urbana.
I.3 Relación entre la movilidad residencia y la estructura urbana
Jiménez Blasco (1989:273) sostiene que existe una fuerte relación entre la estructura urbana de una
ciudad y las tendencias de la movilidad residencial dentro de ella. Señala que la composición de las
familias, y las necesidades y preferencias que de ella se derivan, determinan la decisión de cambio
de vivienda, donde las familias se localizan en las zonas que satisfacen mejor sus requerimientos,
afectando en el largo plazo los patrones de ubicación y la dinámica territorial. Además, sostiene que
si bien los elementos físicos de una ciudad condicionan la elección residencial de las familias, lo que
más influye en la decisión de movilidad residencial es la estructura social de la ciudad. Por su parte,
la movilidad residencial suele retroalimentar la estructura social preexistente, ya que las familias
tienden a elegir su vivienda en aquella zona de la ciudad que se adecúe mejor a sus aspiraciones o a
sus posibilidades.
Garzón Cano (2010:17) sintetiza que se puede hablar de una relación entre la movilidad residencial
y la configuración urbana desde dos enfoques: i) cómo las decisiones de movilidad residencial
afectan las características del territorio, y ii) cómo la configuración del territorio genera dinámicas
de expulsión o atracción de movimientos residenciales. Sostiene que los desplazamientos hacia las
zonas periféricas, los cambios de uso de suelo rural a urbano, o el desplazamiento de un número
significativo de familias a un determinado sector (como son los procesos de gentrificación), son
14 Por otro lado, la estructura urbana puede motivar la decisión de movilidad residencial,
especialmente cuando las familias están insatisfechas con dichas características (Sabagh, Vanarsdol
et al., (1969) citado por Garzón Cano (2010:16)). Sucesos como la propagación de zonas
comerciales o industriales, el cambio en la composición social del vecindario, los cambios en la
accesibilidad producto de intervenciones en el sistema de transporte, entre otros, pueden impulsar
las decisiones de cambio de residencia (movimientos reactivos). La respuesta de los hogares a estos
sucesos varía de acuerdo con sus características, las cuales determinarán si la estructura urbana actúa
o no como un factor impulsor para la movilidad residencial (Brown y Moore, (1970), Ocerin y
Garza, (1997) citados por Garzón Cano (2010:16)).
Los análisis sobre la relación entre la movilidad residencial y la estructura urbana se han centrado en
los hechos que pueden modificar las tendencias de la movilidad residencial y, por consiguiente, de la
estructura social urbana. En este marco, la estructura urbana se ve afectada por las decisiones de
planificación, las cuales modifican la estructura del entorno alterando la relación entre las
necesidades de los hogares y las características del ambiente. Pero también, la movilidad residencial
pueden implicar ajustes en los procesos de planeación, por ejemplo, ante la necesidad de nuevas
infraestructuras o de llevar a cabo procesos de renovación y rehabilitación urbana (Jiménez Blasco,
1989: 273). Desde su surgimiento, la planificación urbana se impuso como una nueva visión
científica que concede mayor importancia a los grupos de presión, por encima de la capacidad de
decisión de las unidades familiares. Es decir, la planificación urbana rompió con los principios de la
economía neoclásica, sobre la existencia de un mercado coordinador de las libres decisiones de sus
agentes.
Un punto importante para destacar es que todos estos enfoques enfatizan que el espacio es
concebido más como un producto social, fruto del conflicto de intereses que enfrenta a los grupos
sociales, que como un espacio neutro donde la racionalidad económica impone un orden
determinado. Ejemplos frecuentes de conflictos sociales en el uso del suelo entre los diversos grupos
que integran la sociedad son: la especulación del suelo, la segregación socioespacial, la congestión
del centro de las ciudades, el aislamiento de ciertos barrios periféricos, la insalubridad y el
15 Entre los estudios que han centrado su atención en la relación entre la estructura urbana de una
ciudad y las tendencias de movilidad residencial que tienen lugar en ella se pueden mencionar:
Carmen Muguruza (1988), Delaunay y Dureau (2004), Suárez Lastra y Delgado Campos (2010),
Garzón Cano (2010), Cerda Troncoso (2011), Dehue (2003), y Graizboard y Acuña (2007).
I.4 El proceso de toma de decisión de cambio residencial y de elección de nueva vivienda
El proceso que está detrás de la decisión de cambiar de residencia en un determinado lugar de la
ciudad, además de reflejar una amplia variedad de características personales y de la propia ciudad,
incluye diversas fases que algunos autores han intentado sistematizar. Estas etapas aglutinan
aspectos de la conducta y de percepción de las familias, así como de los mecanismos de información
sobre viviendas disponibles (Jiménez Blasco, 1989:273).
Suárez Lastra y Delgado Campos (2010:70) explican que en los modelos de comportamiento se
analiza el proceso de movilidad residencial a nivel del hogar, paso por paso. Los más representativos
lo visualizan bajo la forma de flujos de decisiones escalonadas (Brown y Moore, 1970) o como una
serie de decisiones simultáneas (Smith et al., 1979).
Dieleman (2001:249) cita que Brown y Moore (1970) dividen al proceso de decisión en dos etapas.
En la primera etapa, las personas se vuelven insatisfechas con su situación actual de vivienda
cuando se producen cambios en el entorno familiar o su composición. Este conflicto lleva al hogar, a
una segunda etapa, que se refleja en la búsqueda de una vacante en el mercado de viviendas y la
decisión ya sea para trasladarse o permanecer en la vivienda actual. Los autores también consideran
una situación en la que el hogar, después del proceso de búsqueda, decide no mudarse porque una
mejor alternativa no fue encontrada. Los ocupantes entonces adaptan sus necesidades o remodelan la
vivienda actual de manera que mejor satisfaga las necesidades.
Asimismo, Garzón Cano (2010:15) señala que Brown y Moore (1970) sostienen que en el proceso
de ajuste residencial se pueden identificar dos decisiones: el cambio de vivienda, sujeto a las
16 los atributos del nuevo inmueble y del entorno, de tal manera que satisfaga las necesidades y
preferencias de la familia.
En el proceso de elección de residencia se han solido desglosar tres aspectos diferentes pero que
actúan conjuntamente: i) las aspiraciones de la familia; ii) las restricciones, especialmente de tipo
económico; y iii) la información sobre las viviendas disponibles, entre los que destaca, sin duda, los
contactos personales sobre cualquier otro medio de información. Estos aspectos se entremezclan,
conformando en cada individuo un mapa mental de la ciudad en el que se distinguen perfectamente
las áreas residenciales según su grado de atracción y rechazo (Browne y Moore, 1970; Short, 1978)
(Jiménez Blasco, 1989: 273-274).
En este sentido, Brun (1998), citado por Duhau (2003:274), considera que la movilidad residencial
puede ser considerada como un arbitraje entre las aspiraciones (y necesidades) y las restricciones
enfrentadas. Del lado de las aspiraciones, se encuentran la etapa del ciclo vital familiar, el tamaño y
composición del hogar, y las preferencias moldeadas por la trayectoria residencial y los modelos
habitacionales adquiridos a través de la familia. Por otro lado, podemos suponer que las
restricciones, además de consistir en los recursos disponibles, están definidas por la oferta existente
y el conocimiento efectivo de las opciones disponibles dentro de un ámbito espacial que
normalmente no es el de la ciudad en su conjunto, sino el de la parte conocida de la misma. Este es
el enfoque que se utilizará en el trabajo empírico del Capítulo III.
Algunos autores enfatizan que también se deben considerar como aspectos condicionantes del ajuste
residencial, aspectos referidos al capital social que las personas tienen en su barrio, como los lazos
familiares, de amistad, la pertenencia a redes sociales, etc., es decir, lo que Peter Rossi agrupó como
las condiciones y actitudes hacia el barrio, dentro de los factores contextuales.
Suárez Lastra y Delgado Campos (2010:70) sostienen que, en términos de la teoría clásica, pero sin
tomar el centro de la ciudad como referencia, existiría pues una localización ideal de cambio
residencial que maximiza la utilidad de un hogar. La distancia a la que se ubique un hogar respecto a
su localización ideal, estará sujeta al presupuesto de gasto en vivienda y las características de los
17 sobre la movilidad residencial parecerían que en lugar de contraponerse se complementan y que, por
lo tanto, pueden resumirse de la siguiente forma: existe un deseo de movimiento residencial
relacionado con la satisfacción de una necesidad. El deseo, necesidad y posibilidad de cambio están
en función de una serie de variables socioeconómicas y espaciales. De ello nace una decisión de
cambio que desemboca en la elección de localización. El lugar elegido reporta una cierta utilidad a
sus usuarios respecto a lo que empujó la decisión de mudarse, pero está sujeto tanto a la
disponibilidad de espacio (vacancia) en el lugar de elección como a su capacidad de pago. Conforme
se puede sintetizar en la siguiente figura:
Figura I.1: Esquema general del proceso de decisión de movilidad residencial de un hogar
Fuente: Elaboración en base a Suárez Lastra y Delgado Campos (2010:71), con adicionales
Pero el proceso de decisión también debe estar enmarcado en el sistema residencial del país o de la
ciudad. En todos los países occidentales, en mayor o menor medida, ser propietario es el objetivo
último de cualquier carrera residencial, el cual se logra en momentos diferentes del ciclo de vida.
Módenes Cabrerizo y López Colás (2003:1) resaltan que los sistemas basados desde el inicio del
ciclo de vida en la propiedad generan pocos cambios de vivienda, como es el caso de España y de
otros países mediterráneos; mientras que los sistemas que dan más importancia al alquiler en los
18 Europa. A su vez, el tipo de sistema residencial influye en las pautas de emancipación y formación
familiar.
Por último, Dieleman (2001:253) sostiene que hay dos elementos del proceso de decisión que han
sido objeto de una atención sistemática en las recientes investigaciones, uno de ellos es la
observación de que en la toma de la decisión a menudo participan dos o más personas del hogar;
otro es la observación de que muchos hogares no pueden encontrar o pagar la vivienda de su primera
opción y deben optar por una alternativa aceptable.
En el Capítulo III se realizará una investigación empírica del fenómeno de movilidad residencial
intraurbana, tomando como caso de aplicación la movilidad de la Comunidad Autónoma de Madrid
ocurrida en los años 2000 y 2001. El modelo que se contrastará empíricamente, adoptará la
perspectiva propuesta por Peter Rossi, que muestra a la movilidad residencial intraurbana como un
proceso de ajuste en el que las familias se mudan de vivienda en respuesta a cambios en su
estructura, influida por el estado marital, la presencia de hijos y la edad de sus miembros, cuando la
vivienda adecuada para una etapa del ciclo de vida se convirtió en inadecuada para la siguiente
etapa. Asimismo, el modelo asumirá lo prescripto por Cerda Troncoso (2011), en relación a la
necesidad de incluir dimensiones del hogar vinculadas con la situación laboral, y por Cadwallader
(1992) descripto en Graizboard y Acuña (2007: 300-301), sobre la necesidad de investigar como la
situación o estatus socioeconómico del hogar afecta la decisión de cambio.
El interés de la investigación está en analizar a la movilidad residencial como un traslado efectivo.
Es decir, la movilidad residencial se definirá en términos de movilidad residencial efectivamente
realizada y no como la intensión o disposición a mudarse en función de las expectativas y actitudes
de los hogares analizados, como lo hacen, por ejemplo, los trabajos de Fernanda del Pozo (2009) y
Leslie y Richardson (1961). Además, la investigación tendrá un análisis con una perspectiva micro
debido a que se usarán datos microtransversales del comportamiento de los hogares madrileños en el
año 2001, y se realizará bajo el supuesto que la movilidad residencial urbana es un fenómeno del
mercado de las viviendas, donde el cambio residencial se analiza como un proceso voluntario de
19 También, la decisión de cambio de residencia se modelará como un proceso en dos etapas. Es decir,
se adopta el modelo sugerido por Brown y Moore (1970) (citado por Dieleman (2001:249)) y por
Suarez Lastra (2004), quienes sostienen que la necesidad de cambio está en función de una serie de
variables socioeconómicas y espaciales, de ella nace una decisión de cambio que desemboca en la
elección de localización. Debido a limitaciones en la base de datos de hogares usada: los datos no
poseen representatividad a nivel municipal e incluso sólo se dispone información de 27 de los 179
Municipios de la Comunidad10, en el trabajo empírico se enfatiza la investigación de la decisión de cambio de vivienda y no la de la decisión de localización específica.
Por lo anteriormente señalado, tampoco se analizará el impacto de la movilidad residencial sobre la
estructura urbana de la Comunidad de Madrid. Las características de los datos disponibles no
permitieron que el análisis se enfocara en los aspectos asociados a cómo la movilidad influye en la
estructura urbana de la Comunidad, ni en las diferencias territoriales de movilidad residencial según
las diferentes áreas de la Comunidad, ni en las direcciones de origen y destino de los
desplazamientos residenciales. Es decir, no se investigará la comprobación de modelos
socioespaciales como los propuestos por Burgess, Hoyt, Alonso, etc. aunque, como lo proponen
estos modelos, se considerará al nivel de renta como un factor importante de la decisión de cambio
residencial; y, en base al modelo de Alonso, se investigará la relación existente entre el tiempo de
desplazamiento al lugar de trabajo o estudio y la decisión de cambio de vivienda.
Adicionalmente, debido a que la base de datos estudiada no provee información sobre factores
contextuales del barrio, tampoco se analizan cómo los factores de esta naturaleza, como el capital
social que las personas tienen en su barrio, como son los lazos familiares y de amistad, la
pertenencia a redes sociales, etc. (vgr. lo que Peter Rossi agrupó como condiciones y actitudes hacia
el barrio) impactan en la decisión de mudarse de residencia. El único factor contextual que se tomará
en cuenta es el régimen de tenencia de la vivienda, en el sentido de que el sistema residencial
español influye sobre el calendario de la movilidad residencial, y éste forma parte de su sistema
cultural.
10 Debe señalarse que -además- cuatro de los códigos municipales de la base de microdatos no tuvieron correspondencia
20 Corresponde señalar que las interpretaciones sobre la influencia del ciclo de vida del hogar sobre la
movilidad residencial -hipótesis propuesta inicialmente por Peter Rossi- se han convertido en los
modelos predominantes de los estudios sobre cambios residenciales, en parte, debido a que para su
estimación se necesitan datos que generalmente son de más fácil acceso y disponibilidad que los
necesarios para investigar las teorías vinculadas con los modelos socioespaciales, como los de
Burgess, Hoyt, etc.; o estudiar la relación entre el uso de suelo, el transporte y la ubicación de las
fuentes de empleo y las decisiones de localización residencial, como establece la proposición de
21
Capítulo II
Dimensión del fenómeno de movilidad residencial
II.1 Aspectos introductorios
En este capítulo se estudia la magnitud del fenómeno de movilidad residencial intraurbana, tomando
como ejemplo la evidencia empírica de algunos países seleccionados. Se debe enfatizar sobre la
escasez de estadísticas y la presencia de limitaciones en la disponibilidad de datos. Una de las
restricciones es que no siempre los datos se refieren a la movilidad residencial local, es decir, a
cambios de residencia dentro del espacio de frecuentación cotidiana (por ejemplo, dentro de una
misma ciudad o área metropolitana), sino que la unidad recabada tiene límites mayores a este
espacio (por ejemplo, abarca una provincia o región), lo cual afecta la calidad del análisis. Otra
restricción se vincula con que algunas tasas de intensidad de movilidad local se refieren a la
movilidad de la población, mientras que otras se refieren sólo a la de los responsables o jefes del
hogar, lo cual afecta la comparación de los datos. Por último, otra limitación se refiere al período
disponible ya que algunas bases corresponden a relevamientos puntuales o que fueron
discontinuadas.
Estados Unidos posee datos anuales y continuados desde 1948, año en que la oficina de censos del
país comenzó a realizar estos relevamientos, no obstante, la menor unidad relevada es el county (condado) el cual no siempre coincide con el concepto de “lo local”11
. Para los países de la Unión
Europea, los datos más completos sobre el fenómeno de desplazamientos residenciales fueron
relevados en el Panel de Hogares de la Unión Europea (PHOGUE) que elaboró la Oficina de
Estadísticas de la Unión Europea (EUROSTAT) en colaboración con los institutos nacionales de
estadísticas de cada país. Las sucesivas encuestas del PHOGUE hacen referencia a periodos anuales
y fueron realizadas entre 1994 y 2001, sus datos permiten hacer un seguimiento durante ocho años
consecutivos de las características familiares y de los individuos que componen el panel y de su
vivienda, permitiendo obtener datos de movilidad hasta el nivel municipal y hacer comparaciones de
11 Fisher (2010: 2) aclara que en algunos casos las personas se mudan muchas millas dentro de un mismo condado y, en
22 datos entre los países recabados. En lo que respecta a las ciudades de algunos de los países de
América Latina analizados, los datos se caracterizan por ser discontinuos y por pertenecer a
relevamientos puntuales, ya que en muchos casos responden a muestras y encuestas específicas para
tal fin.
II.2 Magnitud del fenómeno de movilidad residencial en algunos países seleccionados
Estados Unidos es un país con altas tasas de movilidad residencial, incluso de movilidad local. A
pesar de esta característica estructural -vinculada principalmente con el funcionamiento del mercado
de trabajo- , si se examina la serie de movilidad residencial norteamericana provista por la oficina de
censo del país desde 1948 hasta 201212, la movilidad norteamericana ha disminuido de manera leve pero sostenidamente en las últimas décadas13, tal como se observa en la Tabla II.1.
La movilidad residencial norteamericana ha declinado desde 1948, cuando cada año cambiaba de
residencia alrededor de un 20,2% de su población mayor a 1 año hasta cifras del 12,0% en 2012. En
lo que respecta a los cambios locales (en el mismo county), en 1948 el 13,6% de la población
cambiaba de residencia dentro del mismo condado, mientras que en 2012, esta tasa alcanzaba el
7.714. No obstante, la tabla permite mostrar que en los últimos años se incrementó la participación de los movimientos dentro del mismo condado.
Muguruza Cañas (1988: 141) señalaba que en la década de los ochenta, la movilidad residencial en
las ciudades occidentales era considerable. Sin embargo, y al igual que Fisher (2000:4), señalaba
que todas las evidencias demostraban que la movilidad residencial de las ciudades norteamericanas
12 La oficina de censos estadounidense dispone de dos fuentes de información sobre la movilidad residencial: la Annual
Social and Economic Supplement (ASEC) y, desde 1990, la American Community Survey (ACS). Ambas poseen algunas diferencias vinculadas con el método de relevamiento y el tamaño de la muestra.
13 Fisher (2000:4) resalta que este disminución se presenta aún en un contexto de las tendencias del último medio siglo -
el aumento de las tasas de divorcio y la maternidad en soltería, la iniciación sexual más temprana, la participación de las madres en la fuerza laboral, aumento de las horas de trabajo, disminución de la fertilidad, etc.- han coexistido con creciente estabilidad residencial. Asimismo, las estadísticas norteamericanas subestiman la movilidad total ya que no consideran la movilidad local dentro de la misma ciudad, la cual se estima es también muy frecuente.
23 era mayor que la de las europeas, ya que entre un 7% y un 12% de población se movían dentro de la
ciudad y su entorno en los países europeos para cambiar de residencia.
Tabla II.1: Tasa anual de movilidad residencial. Estados Unidos, años seleccionados
Elaboración propia en base a US Census Bureau -Current Populations Reports (november 2011) y Suplemento Social y Económico Anual.
Para el caso español, Módenes Cabrerizo (2000:2) sostenía que cualquier comparación internacional
colocaba a España en las últimas posiciones, con cambios residenciales al año de poco más del 5%,
y una multitud de provincias que presentaban cifras entre 4 y 5%, entre ellas las más urbanizadas.
También, Muguruza Cañas (1988: 143-144) reconocía que en España, la movilidad intraurbana tenía
Periodos
Población que se mudó (en miles)
Población que se mudó (en
%)
Población que se mudó en el mismo county
(en %)
1947-1948 28,672 20.2 13.6
1951-1952 30,478 20.3 13.2
1956-1957 32,723 19.9 13.1
1961-1962 35,218 19.6 13
1966-1967 36,523 19 11.6
1970-1971 37,705 18.7 11.4
1975-1976 36,793 17.7 10.8
1981-1982 38,127 17 10.3
1986-1987 43,693 18.6 11.6
1991-1992 42,800 17.3 10.7
1996-1997 43,391 16.5 10.5
1999-2000 43,388 16.1 9.0
2001-2002 41,111 14.8 8.5
2002-2003 40,093 14.2 8.3
2003-2004 38,995 13.7 7.9
2004-2005 39,888 13.9 7.9
2005-2006 39,837 13.7 8.6
2006-2007 38,681 13.2 8.6
2007-2008 35,167 11.9 7.8
2008-2009 37,105 12.5 8.4
2009-2010 37,540 12.5 8.7
2010-2011 35,075 11.6 7.7
24 escasa importancia y que, generalmente, era hacia las zonas suburbanas y que un 45% de los casos
se dirigían hacia zonas de nivel socioeconómico igual o superior al de origen. Para el caso
anglosajón, Cerda Troncoso (2011:6) explicaba que diversas encuestas subrayaban que alrededor del
12% de los habitantes cambiaban de vivienda, y que la mayoría de los desplazamientos se realizaban
en un espacio geográficamente restringido y socialmente homogéneo, vgr. con los mismos tipos de
viviendas y entornos, aunque con una clara tendencia por parte de las familias de una categoría
determinada a desplazarse hacia un área de calidad sensiblemente superior al área de origen.
Estadísticas de los años noventa correspondientes a trece países de la Unión Europea que
participaron en la encuesta del Panel de Hogares de la Comunidad Europea (PHOGUE), señalan que
en el periodo 1995-1997, anualmente entre 7% y 8% de los ciudadanos cambiaban de residencia
(López Gay, 2003: 2). No obstante, el autor señala que “Pese a no ser un valor tan elevado como el
que presentan otros ámbitos del globo, por ejemplo, en Estados Unidos el 16% de la población
cambia de vivienda en un año, sí que implica la existencia de un intenso proceso de renovación de población sobre el territorio, sobre todo cuando éste se analiza a escala local”. Además, y al igual
que otros autores, como Módenes Cabrerizo y López Colás (2003), Ahn y Blázquez (2007), Cerda
Troncoso (2011), López Gay resalta la gran heterogeneidad en los niveles de movilidad residencial
de los países europeos, y la existencia de un patrón territorial, ya que los países con los niveles de
movilidad residencial más elevados se localizan en el norte de Europa, los países que presentan tasas
que oscilan muy poco alrededor de la media se sitúan en Europa Central, mientras que los países con
los valores más bajos corresponden a los de Europa Meridional y a Irlanda, como se puede ver en la
siguiente Tabla II.2.
En lo que respecta a la distancia recorrida en los desplazamientos residenciales, el citado autor
señala que la población tendió a permanecer en ámbitos próximos, ya que la mayoría de los
movimientos residenciales eran de corto radio: más del 80% de los desplazamientos no superaban la
frontera administrativa delimitada por unidades territoriales estadísticas de nivel tres de la Unión
Europea (NUTS 3)15.
15
25 Tabla II.2: Tasa bruta anual de movilidad residencial (en %). Países del Panel de Hogares de la
Comunidad Europea, 1995-1997
Elaboración propia en base a López Gay (2003)
Ahn y Blázquez (2007), tomando la misma encuesta pero para un período mayor (1995-2001),
observa que en España, el 5,78% de los hogares habían cambiado de residencia al menos una vez en
el periodo analizado, mientras que en Francia esta tasa ascendía al 8,86% y en Dinamarca al 11,65%
(si bien este trabajo explícitamente aclara que considera tanto movilidades intra como
extraprovinciales).
Módenes Cabrerizo y López Colás (2003:1)señalan que el sistema residencial influye notablemente
en estas discrepancias: los sistemas basados desde el inicio del ciclo residencial en la propiedad
(como España y otros países mediterráneos), generan pocos cambios de vivienda, mientras que los
sistemas que dan más importancia al alquiler como régimen de tenencia en los primeros estadios de
los hogares (países del Norte de Europa) presentan una mayor movilidad. A su vez, sostienen que el
nomenclatura común de las unidades territoriales estadísticas (NUTS) existen tres niveles, siendo 3 el de mayor desagregación.
12,68 12,47 11,24 9,55
8,2 7,52 6,68 5,86 4,86 4,66 4,46 4,27 4,15 3,5
Finlandia Dinamarca Reino Unido Francia Alemania Total países Bélgica Luxemburgo Portugal España Austria Grecia Irlanda Italia
26 tipo de sistema residencial influye en las pautas de emancipación y formación familiar (ciclo de vida
de una familia).
Las estadísticas de movilidad residencial en los países de América Latina se caracterizan por ser
escasas. Por ejemplo, en el caso mexicano, trabajos como el de Suárez Lastra y Delgado Campos
(2010) y el de Graizboard y Acuña (2007) destacan la falta de tradición analítica sobre movilidad
residencial en la ciudad de México, debido a que recién en 1995 se realizó el primer conteo general
en el país de población y vivienda y que los cambios residenciales intermunicipales se empezaron a
explorar. Pero simultáneamente, en las ciudades latinoamericanas existe un número creciente de
procesos de redistribución intrametropolitana de su población, los cuales son cada vez más
complejos y de mayor magnitud (Pinto da Cunha (2002) citado por Suárez Lastra y Delgado
Campos, 2010: 71), haciendo más indispensable la medición del fenómeno de cambio residencial.
Para la Zona Metropolitana de la Ciudad de México, Suárez Lastra y Delgado Campos (2010:75)
concluyen que el número de cambios residenciales intermunicipales entre 1995 y 2000 (año en que
se realizó el censo general de población y vivienda) involucró al 8% de los habitantes (cerca de 1,4
millones de personas). Si en lugar de contar a la población total se considera a los jefes de familia, la
tasa aumenta al 10% (alrededor de 344 mil jefes de familia). Si además se toman en cuenta los
cambios residenciales intramunicipales, la proporción total de cambios residenciales es, al menos un
25% más alta que la reportada en el censo.
Otra metrópolis analizada es Bogotá. Conforme a los datos del censo de población realizado en
2005, entre 2000-2005 anualmente entre 8% y 9% de las personas que residían en el Área
Metropolitana de Bogotá cambiaron de residencia, lo cual implica un intenso proceso de renovación
de la población. De ese porcentaje, más de las tres cuartas partes (unas 1.814.676 personas) se
habían realizado en el interior de los municipios. El municipio de Bogotá registraba el mayor
número de cambios de viviendas, y representaban el 91% de los cambios realizados dentro de la
misma ciudad, seguido de la tercera, segunda y primera corona. Por el contrario, la primera corona
presentaba el porcentaje más alto de movimientos que provenían de otros municipios, que en buena
medida están determinados por la emigración de la ciudad central. Entre coronas, los movimientos
27 Para el caso del Área Metropolitana del Valle de Aburrá16, Garzón Cano (2010), basándose en una encuesta de calidad de vida, estimó que la probabilidad de que una familia promedio se mude era del
12,6%. Con esta información estimó la demanda agregada de viviendas por ciclo de vida familiar y
estrato social. La autora sostiene que a partir de la década de los años ochenta hay pocos espacios
vacantes en el área, entonces las movilidades intraurbanas se convierten en el principal factor de la
dinámica del mercado de la vivienda y de transformación del poblamiento17.
Para el caso chileno, Cerda Troncoso (2011: 8) señala que en Chile y, en particular, en la Región
Metropolitana de Santiago18, en los últimos decenios se ha observado que la movilidad espacial adquirió gran relevancia en la gestación de nuevas estructuras territoriales, con un fuerte impacto de
migraciones intraurbanas, y con una tendencia a ubicarse en la periferia. Basándose en los datos del
censo de 1992, donde se consultó respecto de la comuna de residencia en 1987, el trabajo demostró
que los movimientos residenciales en la Región Metropolitana de Santiago registraron 855 mil
cambios de comuna [conforme a los datos censales, la población de la Región Metropolitana era de
5.257.937, por ende, la tasa de movilidad ascendía a 16.3%], de éstos, más del 90% tenía su origen
en el Gran Santiago. Los datos mostraban una preponderancia de los hogares que permanecían en la
comuna (75% en promedio) o se trasladaban a comunas contiguas (10%), indicando que los hogares
de Región Metropolitana de Santiago, en general, se movilizaban en la comuna o entre comunas
contiguas.
En Argentina, las dos fuentes tradicionales de información sociodemográfica (los Censos
Nacionales de Población y Vivienda y la Encuesta Permanente de Hogares) sólo aportan datos
referidos a las migraciones internacionales e internas dentro del país, excluyendo información sobre
los desplazamientos que tienen lugar en el interior de las ciudades. Más aún, como señalan
Molinatti, et. al. (2011:1), estos trabajos no permiten avanzar en el análisis de las expectativas y
actitudes en torno a la movilidad residencial. En este marco, las dos investigaciones encontradas que
16 El Valle de Aburrá es una subregión ubicada en el centro-sur del departamento de Antioquia, Colombia. Se encuentra
integrada por 10 municipios, entre ellos, el más importante es Medellín.
17 Uno de los resultados importantes de la investigación de Garzón Cano (2010) es poder haber cuantificado la demanda
potencial de vivienda (por ciclo de vida y estrato social), la cual permite analizar las presiones ejercidas sobre el territorio en forma de demanda al mercado inmobiliario, demanda de infraestructura y de servicio, y en patrones espaciales de variables sociales y económicas.
18 La Región Metropolitana de Santiago es una de las quince regiones en las que se encuentra dividido Chile. Gran
28 estudian la movilidad residencial intraurbana debieron recabar los datos de análisis mediante
encuestas ad hoc19.
Di Virgilio (2009), mediante una encuesta por sondeo realizada entre 2004 y 2005 entre 286 hogares
residentes en dos barrios de la Ciudad de Buenos Aires (La Boca y Lugano) y en un municipio de su
conurbación (Tigre), persiguió analizar las estrategias habitaciones de familias de sectores populares
y medios del Área Metropolitana de Buenos Aires. Los datos relevados permitieron observar que la
movilidad intraurbana, es la que explica la mayor parte (60,1%) de los traslados (porcentaje
consistente con EEUU, donde este tipo de movimientos da cuenta de las dos terceras partes de la
totalidad de los movimientos residenciales). Por otro lado, la autora observó que la movilidad
territorial fue mayor entre los sectores populares que entre los medios; y sostiene que en las familias
de sectores medios las decisiones sobre movilidad territorial se han definido en gran parte por
decisiones familiares, mientras que en los sectores populares esas decisiones están más ligadas a
cuestiones de empleo; asimismo, entre las familias de sectores populares, la movilidad territorial y
habitacional no se vinculó necesariamente a variaciones en la situación de tenencia sino más bien a
cambios en el tipo de vivienda; mientras que en los sectores medios, en ambas dimensiones se
producen modificaciones.
Además, se debe mencionar la investigación planteada por Florencia Molinatti, et. al. (2011),
quienes proponen la aplicación de una encuesta destinada a analizar la relación existente entre la
disposición a la movilidad residencial intraurbana de los hogares en cuatro barrios de escasos
recursos en la ciudad de Córdoba y la geografía de oportunidades del barrio20.
II.3 Evidencia empírica sobre los principales factores relacionados con la movilidad residencial en España
19 Estos trabajos también están enfocados en el análisis de la presencia de segregación espacial para los sectores
socioeconómicos medios y bajos.
20