Piacenza. Géneros discursivos y enunciación

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Texto completo

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UNIVERSIDAD NACIONAL DE ROSARIO

FACULTAD DE PSICOLOGÍA

CÁTEDRA: LINGÜÍSTICA y DISCURSIVIDAD SOCIAL

2016

Serie Estudios del Lenguaje

Cuaderno Géneros discursivos y enunciación

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Géneros discursivos y enunciación

Paola Piacenza

1. El “Círculo de Bajtin” y la propuesta de una “translingüística”

Las primeras publicaciones del denominado ―Círculo de Bajtin‖ surgen a finales de los años veinte del siglo XX y están asociadas a los nombres de Pavel Medvedev (1892-1938?), Valentin Voloshinov (1894-1936) y Mijail Bajtin (1895-1975). Sin embargo, la obra del

Círculo no se conoció fuera de la Unión Soviética (URSS) sino a partir de los años sesenta y con una recepción atravesada por distintos momentos en los que es necesario detenerse en tanto entroncan con el desarrollo de la Lingüística y del Análisis del Discurso en la Europa ―occidental‖.

En 1967, la lingüista y psicoanalista Julia Kristeva en su artículo ―Bajtin, la palabra, el diálogo y la novela‖ –aparecido en la revista francesa Critique– introdujo el concepto de

dialogismo (que explicaremos a continuación) a partir de la reseña de dos libros del autor

Problemas de la poética de Dostoievski (1963) y La obra de Francois Rabelais (1965). Por entonces, Kristeva formaba parte del movimiento conocido como postestructuralismo, un conjunto diverso de teorías que implicó una revisión crítica de los principios estructuralistas a la luz de otras disciplinas, entre ellas el psicoanálisis y el materialismo histórico. El concepto de ―dialogismo‖ permitía proponer nuevas hipótesis acerca del estatuto del lenguaje, del sentido y la alteridad y, por lo tanto, Kristeva adoptó ese marco teórico en relación con los propios intereses teóricos y en función del estado de los estudios lingüísticos y semióticos franceses. Para ese entonces, exactamente en 1970, las obras del Círculo de Bajtín, firmadas por V. N. Voloshinov (El marxismo y la filosofía del lenguaje) y de P. N. Medvedev (El método formal en los estudios literarios) fueron atribuidas a Bajtín por el semiólogo V. V. Ivanov, y esta hipótesis se sostuvo hasta hace poco, a mediados de los noventa1. Algunas especulaciones señalaban que los nombres de Voloshinov y Medvedev eran pseudónimos de Bajtin para eludir la persecución política del régimen stalinista mientras que otras versiones atribuían el hecho a que, bajo el régimen soviético, toda producción intelectual era concebida como una obra colectiva y, por lo tanto, no era esperable que Bajtin reclamara la ―propiedad‖ intelectual de su obra. Es en este contexto de suposiciones que se traduce por primera vez el ensayo ―El problema de los géneros discursivos‖, a instancias de Tzvetan Todorov (quien en 1981 publica Mijail Bajtin. El principio dialógico), como parte de la antología de artículos bajtinianos Estética de la creación verbal. El libro se había publicado post mortem en la URSS en 1979 y ya había aparecido, en forma de fragmentos, previamente, en una revista

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rusa en 1978. El manuscrito original es de 1953. La traducción al francés es de 1984; se traduce al español en 1982 y al inglés, en 1986.

Lo cierto es que, con diferencias que permitieron justamente diferenciar la autoría de los respectivos textos, ―El Círculo de Bajtin‖ rechazó la concepción saussureana de la lengua como un sistema formal – ―su objetivismo abstracto‖, en términos de Voloshinov– y propuso como objeto de estudio a la lengua como un fenómeno total y concreto necesariamente en relación con el contexto extraverbal. En ese sentido fundó una translingüística entendiendo por esta el estudio de la ―vida de las palabras‖ o de las ―relaciones dialógicas‖, según los textos. Para Bajtín, el uso de la lengua –cotidiana, oficial, científica, artística– está compenetrado de relaciones dialógicas (incluyendo la actitud dialógica del hablante en su propio discurso). Este concepto designa la pluralidad discursiva propia de la lengua, que en ninguna ocasión puede pensarse como un todo homogéneo, sino como un conjunto polifónico de hablas sociales, modos de ser de un grupo, jergas profesionales, literarias, etc. surgido del proceso de interacción social. Desde este punto de vista, un acto verbal individual es, en buena medida, una contradicción, porque siempre dirigimos la palabra a otro y nuestra palabra está atravesada por los otros.

A continuación, atenderemos a la centralidad del concepto de género discursivo en la teoría bajtiniana en tanto articula la dimensión individual y social del uso de la lengua: como ―correa que une el lenguaje con la vida‖. Proponemos una discusión desde la perspectiva de la enunciación, es decir, nos interesará estudiar el estatuto de la lengua, la relación con el sujeto hablante, la situación de enunciación y los problemas asociados a ciertos géneros en particular: aquellos propios de las esferas de la actividad intelectual en la universidad y de la práctica del psicólogo.

2. Los géneros discursivos

Mijail Bajtin parte del presupuesto de que las diversas esferas de la actividad humana están relacionadas con el uso de la lengua y, dado que la producción material de la existencia humana determina el modo en que la realidad es interpretada, cada una de estas ―esferas‖ supone un modo particular de construcción verbal de la experiencia.

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puntuación (punto y seguido y puntos suspensivos, respectivamente) al representar la oralidad de la conversación mediante la escritura.

Estos enunciados reflejan las condiciones específicas y el objeto de cada una de las esferas no solo por su contenido (temático) y por su estilo verbal, o sea por la selección de ciertos recursos léxicos (vocabulario), fraseológicos (expresiones) y gramaticales de la lengua (modos verbales, personas gramaticales, clases de adverbios, etc.), sino, ante todo, por su composición o estructuración (cómo está organizado el discurso).

Si bien cada enunciado, por sí mismo, es singular, cada esfera del uso de la lengua elabora sus tipos relativamente estables, a los que Bajtin llama géneros discursivos. En consecuencia, la riqueza y diversidad de los géneros discursivos es muy grande, porque las posibilidades de la actividad humana son inagotables y porque en cada esfera de la praxis existe un repertorio de géneros discursivos, que se diferencia y crece a medida que se desarrolla la esfera misma.

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Por ejemplo, la novela, como una de las especies narrativas posibles, es un género literario, por lo tanto, un género secundario; ahora bien, el siguiente es un fragmento de la novela La conciencia de Zeno, del escritor italiano Italo Svevo. Exactamente, se trata de un fragmento de la autobiografía (el relato que alguien escribe de su propia vida) que el psicoanalista del protagonista, Zeno Cosini, le recomienda que escriba para ―curarlo‖ de su adicción al cigarrillo. A su vez, esa autobiografía –que constituye el texto principal de la novela– incluye la reproducción de un diálogo que Zeno mantiene con el analista durante una sesión. Ese diálogo está compuesto de enunciados de distinta naturaleza que conforman la interacción. La deriva del análisis lo lleva, primero, a pronunciar enunciados de carácter íntimo o autobiográficos; luego, otros descriptivos de las ―partes‖ de las mujeres que desea y, después de la intervención del analista (como respuesta a su intervención), cierra su discurso con un enunciado con aspiraciones de ―sentencia‖ o ―máxima‖, que el protagonista anuncia en términos de una ―declaración importante‖. Se advierte, de este modo, en primer lugar, la compleja estratificación de los discursos que pueden reconocerse en un breve pasaje. En segundo lugar, puede reconocerse que la absorción de los géneros primarios por los secundarios supone una transformación de los mismos. Es decir, en su nueva condición asumen nuevos significados.

Tengo cincuenta y siete años y estoy seguro de que, si no dejo de fumar o si el psicoanálisis no me cura, mi última mirada desde mi lecho de muerte será la expresión de mi deseo por mi enfermera, ¡si no es mi mujer o si ésta ha permitido que aquélla sea hermosa! Fui sincero como en la confesión: a mí la mujer no me gustaba entera, sino... ¡por partes! De todas me gustaban los piececitos, si iban bien calzados; de muchas, el cuello delgado, o incluso robusto, y el seno, si era ligero. Y continuaba la enumeración de las partes anatómicas femeninas, pero el doctor me interrumpió:

—Esas partes constituyen la mujer entera. Entonces hice una declaración importante:

—El amor sano es el que se siente por una mujer sola y entera, incluidos su carácter y su inteligencia. Svevo, Italo (1923). La conciencia de Zeno. Barcelona: Seix Barral, 1956, p.18.

Los géneros literarios no son, sin embargo, los únicos que se conforman por absorción y transformación de otros géneros. La actividad humana de impartir justicia que da origen al género discursivo jurídico incluye, entre sus especies particulares, a la sentencia. En una sentencia, el fallo se funda en pruebas y una de ellas es, por ejemplo, la ―pericia psicológica‖.

La pericia, o más precisamente, el informe pericial, es un documento que tiene un sentido en sí mismo como parte de la actividad que realiza el psicólogo forense o el psiquiatra pero, como parte de la sentencia, adquiere el sentido de prueba. Por otra parte, ese informe originalmente está conformado por transformación de los enunciados originados en la entrevista2 con el sujeto periciado.

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La pericia psicológica practicada (…) por parte del Servicio de Psicología Forense, la que concluye que todos los rasgos encontrados responden a las características de las personalidades psicóticas, no tiene conciencia de enfermedad, se considera que eventualmente puede ser peligroso para sí o para terceros, reuniendo criterios de internación en nosocomio especializado, recomendándose tratamiento psiquiátrico y psicoterapéutico preferentemente a través de una internación para garantizar el cumplimiento del mismo ya que por las mismas características de su patología de base es esperable que no lo realice voluntariamente (fs. 25/27).

Fragmento de un fallo de un Juzgado de Menores. Recuperado de http://www.pensamientopenal.com.ar/system/files/2014/12/Fallos34303.pdf

Dado el carácter dialógico del uso de la lengua, en el contexto de la teoría bajtiniana, es necesario atender a la naturaleza del ―otro‖ en relación con el ―yo‖ que comunica. A este respecto, es importante destacar que para el Círculo Bajtin, es el “otro” el que funda el discurso en tanto toda comprensión de un discurso vivo, de un enunciado viviente, tiene un carácter de respuesta (a pesar de que el grado de participación puede ser muy variado); toda comprensión es responsiva y de una u otra manera genera una respuesta. Una comprensión pasiva del discurso percibido es tan solo un momento abstracto de la comprensión total y activa que implica una respuesta, y se actualiza en la previsible respuesta en voz alta. No siempre tiene lugar una respuesta inmediata en términos de una interlocución ya que la comprensión activa del oyente puede traducirse en una acción inmediata (en el caso de una orden, podría tratarse del cumplimiento) y puede en el mismo sentido traducirse en una comprensión en silencio. De todos modos, tarde o temprano lo escuchado y lo comprendido activamente resurgirán en los discursos posteriores o en la conducta del oyente.

Es conveniente evaluar el lugar asignado a la alteridad por el ―Círculo de Bajtin‖ para diferenciarlo de modo pertinente del papel asignado al ―receptor‖ en los modelos comunicacionales y al ―alocaturio‖ en otras teorías de la enunciación que no conciben a la lengua desde una perspectiva social. En los modelos comunicacionales (por ejemplo el propuesto por Roman Jakobson en ―Lingüística y poética‖), el ―otro‖ únicamente asume una ―función‖ a partir de la ―orientación‖ de la lengua: es el receptor (u oyente) cuyo carácter pasivo se reduce al hecho de ser el destinatario del mensaje originado en el emisor. El receptor es exterior al mensaje: es uno de los seis factores que conforman el circuito de la comunicación (junto al emisor, canal, código y contexto de referencia). En lo que respecta a otras teorías de la enunciación, por ejemplo, la de Emile Benveniste, esta incluye una consideración del carácter dialéctico del diálogo en tanto el ―otro‖ es un alocutario, es decir, mantiene una relación inversible con el yo3. Sin embargo, esa relación es siempre asimétrica: es ―yo‖ quien postula a un ―tú‖.

Para el ―Círculo de Bajtin‖ la palabra es interiormente dialógica. Este es el sentido profundo de lo que la alteridad4 –la relación con el otro– implica, en esta perspectiva: ―antes de que la

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Cfr. Benveniste, Emilie (1991). De la subjetividad en el lenguaje. Problemas de Lingüística General I. Buenos Aires: Siglo XXI para mayores precisiones sobre la ―condición de diálogo‖ y la enunciación.

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palabra se convierta en ´propia´ y se identifique con la propia conciencia (…) ya pertenece a otros‖ (Ponzio, 1998: 197). Veamos, por ejemplo, el siguiente texto escrito por una adolescente, estudiante de escuela secundaria, en ocasión de una convocatoria a un congreso y a una publicación colectiva realizada por una editorial rosarina a jóvenes escritores. En el texto puede ―escucharse‖ las voces de distintos enunciadores a los que los enunciados de la adolescente ―responden‖.

Un cuento adolescente

Como ya sabemos la adolescencia es una etapa muy difícil de pasar, se sufre mucho y generalmente estás de mal humor, ya que tus padres no se dan cuenta de que ya no sos la nenita, ya creciste y te desarrollaste y te deben tratar como una adolescente ―adulta‖. Pero vos pasás por una etapa en la que sin darte cuenta algunas veces te comportás como una nena y otras como una adulta, por eso tus padres se confunden y te tratan como una nena en algunos casos y en otros como una persona mayor, por este problema vos te enojás con ellos diciéndoles que ya creciste y que ya poco a poco no vas a necesitar de su ayuda, ya que vas a ser una persona independiente, grande y con muchas responsabilidades que tendrás que cumplir y no estarán tus padres para decirte que las cumplas, esto va a depender de cada uno y de lo que vos decidas hacer, pone en juego tu vida y tu futuro, pero aunque fracases debes intentarlo una y otra vez hasta cumplir con lo que quisiste hacer, tenés que tener en cuenta que vos si te lo proponés vas a poder hacer todo lo que vos quieras (…) Sobre todo no tener miedo a superar la etapa de la adolescencia y si no podés algún día lo vencerás, te lo tenés que proponer.

La adolescencia es un período de cambios rápidos, que puede producir ansiedad, confusión, etc.

Nosotras las mujeres maduramos antes que los hombres, hay algunas que maduran antes que otras. El problema más importante es el amor. El chico que nos gusta. Una no sabe cómo comportarse frente a él y nos da un poco de vergüenza hablarle, es ahí cuando recurrimos a un amigo que te ayuda a que las cosas sean más fáciles para nosotros y para ellos también (…) Muchas las chicas no saben que él tiene la misma vergüenza de vos en hablarte (…) El problema que tienen las mujeres es que necesitan tiempo para pensar en todo lo que está pasando, y si seguir con tu novio o no, sin darte cuenta se te está pasando un tiempo que tenés que aprovechar para otras cosa, tenés que dividirte el tiempo, para no perder nada importante que podría pasar y dejar de pensar por un largo rato y decir lo que tenés que decir en el momento justo, no buscar el momento propicio. Tenés que saber que debés pasar más tiempo en los estudios, que pensando en lo que va a pasar con el chico que te gusta. Una última cosa vos no sos una nena ni tampoco una mujer, no debés irte de un extremo a otro, no te agrandés, pero no te apresures, todo va a pasar a su debido tiempo (…)

Ponisio, Agustina. Alumna de 9° año Colegio Los Arrayanes de Rosario. Antología 6°Encuentro Regional de Escritores Jóvenes. Poemas y Cuentos. Rosario: Editorial Ciudad Gótica.

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evolutiva. En todos los casos, la ―voz‖ de la adolescente se configura en el entramado de las voces de los otros y su texto de carácter ensayístico – como género secundario – se nutre de los enunciados que ha escuchado o leído en distintas esferas de la producción discursiva en sociedad. El ―límite‖ o ―frontera‖ de cada enunciado se distingue en la trama de su ensayo por las distintas personas gramaticales en las que escribe (la segunda persona apelativa en el final ―no te agrandés‖; el nosotros ―nosotras las mujeres‖, ―como ya sabemos‖ o la tercera persona epistémica propia del discurso científico o académico en ―La adolescencia es un período ...‖ En el mismo sentido, el vocabulario pertenece a distintos ámbitos de uso de la lengua (oral, escrito) y al interior de diversos tipos de relaciones sociales entre los participantes de la comunicación discursiva (formal, informal): la coloquialidad de ―no debés irte de un extremo a otro‖ coexiste junto a la formalidad propia del discurso escrito en ―puede producir ansiedad‖.

Si bien todo discurso es, entonces, dialógico (es decir, es respuesta y provoca respuestas, por lo tanto, pueden reconocerse distintas voces en un único enunciado), el hablante, se comunica siempre desde el interior de un género discursivo determinado. En principio, no es una elección. Necesariamente no puede hablarse por fuera de un género en particular porque sería hacerlo por fuera de la sociedad. No obstante, en algunos casos, como veremos a continuación, la elección de una esfera discursiva dada, por las consideraciones del sentido del objeto o temáticas, por la situación concreta de la comunicación discursiva, por los participantes de la comunicación, resulta una decisión consciente. Comunicamos por apelación a determinados géneros discursivos, y nuestros enunciados responden a ciertas formas relativamente estables que estructuran lo dicho de cierto modo reconocible. En sociedad, disponemos de un amplio repertorio de géneros discursivos orales y escritos y de ciertas representaciones sobre la ―pertinencia‖ (o adecuación) de la forma de nuestros enunciados en función de la actividad discursiva que desarrollemos.

A este respecto, podemos considerar un caso reciente. En la Revista Ñ de cultura del 7 de octubre de 2016, la periodista Patricia Kolesnikov ―respondió‖, en un polémico artículo, al eslogan ―Vamos a morfar. Vamos a disfrutar la Ciudad‖, elegido por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires para promocionar el turismo en la capital del país, con el titular ―Gracias, yo a morfar no voy‖ (Disponible online en https://www.clarin.com/ideas/morfar-gobierno-ciudad_0_HyWZTDOPme.html) para objetar la inadecuación del registro del eslogan en relación con el texto publicitario por el tenor de la relación que presuponía entre locutor y alocutario. En resumen, Kolesnikov decía:

El gobierno porteño no está más cerca y no es mi amigo porque me hable como si estuviéramos saltando abrazados en el tablón. Se ve que no me conoce el gobierno porteño, que me habla así. Se ve –en lo inapropiado del nivel de lengua– que no somos amigos. Quiero ser clara: no me molesta ninguna palabra, pero la elección de un registro que no se corresponde con el vínculo real es forzada, es intencionada, alguien miente.

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3. Los géneros discursivos y la construcción de conocimiento en la universidad

El ámbito de la universidad o de la educación superior constituye una esfera de la actividad humana en tanto el trabajo intelectual de profesores, investigadores y estudiantes, sus interacciones en las aulas y otros espacios de intercambio profesional (congresos, jornadas, ateneos de investigación, centros de estudio, organizaciones y colegios profesionales) producen conocimiento que se reconoce en la generación y circulación de textos orales y escritos con enunciados ―relativamente estables‖ desde el punto de vista del estilo, tema y composición.

En buena medida, la formación profesional consiste en apropiarse de esos rasgos relativamente reconocibles en la producción discursiva de una determinada comunidad (la de los psicólogos, de los ingenieros, de los arquitectos, etc.) así como de las convenciones de los textos particulares que genera el discurso académico: monografías, tesis, tesinas, trabajos de campo, informes de investigación, etc.

Por otra parte, es importante señalar que los textos académicos son ―altamente dialógicos y hacen visibles su polifonía e intertextualidad‖ (Falchini, 2007: 131) En primer lugar, todo texto académico se inscribe en una tradición discursiva –es un eslabón en una cadena de enunciados5 que le preceden– en la medida que todo nuevo conocimiento se construye en continuidad o por oposición al ―estado del arte‖ o a los antecedentes sobre un tema. En segundo lugar, en un texto en particular, hay señales claras de las relaciones que los enunciados actuales y presentes mantienen con otros a través de los procedimientos de la cita (de palabras textuales de otro texto), de la cita de autoridad; del discurso indirecto (cuando se parafrasean los enunciados de otro autor) y de la bibliografía de fuentes primarias y secundarias consignada generalmente al final del trabajo.

4. Los géneros discursivos y el campo psi

Previamente, la discusión acerca de la formación de los géneros discursivos secundarios a partir de la absorción y transformación de los géneros primarios nos llevó a considerar a la entrevista psicológica como un género discursivo secundario construido a partir del diálogo con el paciente. Este es solo uno de los aspectos en los que la importancia de la reflexión acerca de los géneros discursivos en el campo psi puede advertirse. Si consideramos que ―el material clínico es oído‖ (Ferrari, 2012) y solo se vuelve discurso a partir de la escritura del analista, entonces, las posibilidades de lectura que ofrece el concepto bajtiniano se multiplican.

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Por un lado, es necesario recordar que, en los inicios del psicoanálisis, cuando todavía Freud elaboraba los elementos principales de su teoría, la literatura era una de las principales pruebas de la eficacia de su método6. Por ello, hay quienes han sostenido que el psicoanálisis es una de las cumbres de la literatura romántica del siglo XIX (Bloom, 1994) y su discurso estaba atravesado por la contradicción entre ―el optimismo epistemológico (la ciencia progresa, nuestros conocimientos aumentan) viene acompañado por una metafísica pesimista (las fuerzas primitivas que nos mueven son oscuras, ciegas, bárbaras, violentas, insaciables)‖ (Starobinski, 1974). Es por eso que Freud lamentaba que ―los historiales clínicos [por mí escritos] se lean como unas novelas breves7 y de ellos esté ausente, por así decir, el sello de seriedad que lleva estampado lo científico‖ (Freud, 1895). Este origen romántico es el que está en la base de la discusión sobre el estatuto epistemológico del psicoanálisis hasta nuestros días.

Pero, por otra parte, como ha señalado Héctor Ferrari (2012), hay otra relación posible con el problema de los géneros discursivos y es el hecho de que el psicoanálisis está ligado a un relato –el del analizado – que es la materia del caso, el género discursivo central a la práctica del analizante en el psicoanálisis. Sostiene Ferrari que,

(…) un historial psiquiátrico es una enumeración de síntomas. En psicoanálisis, para comprender la vida de un sujeto y sus síntomas, el relato del caso debe estar atravesado por fundamentos metapsicológicos. Requiere de un doble movimiento: ilustrar y cuestionar Esta condición permite que el relato psicoanalítico sea un caso científico. (Ferrari, 2012: 5)

En relación con nuestros intereses, lo que está en juego, por una parte, es la transformación de un género en otro: el relato en caso y como parte de la interpretación que, conceptualizada desde la teoría de Bajtin, podría caracterizarse como una forma particular de respuesta8. Asimismo, no puede olvidarse el hecho de que ese ―material psíquico‖ original, es, en buena medida, respuesta a los discursos de los otros y el analizado también le da ―forma‖ en los términos de un género en particular: el analista escucha, también, cómo el analizado cuenta su vida (como comedia, como tragedia, con un relato realista verosímil, un relato épico o heroico; sujeto a la lógica fantástica de las supersticiones o de las explicaciones religiosas, entre otras muchas opciones).

Explica Ferrari:

La fundación del psicoanálisis está ligada a un relato, al relato del caso de un paciente (Krankengeschichte). Aunque pueden formar parte integral de un mismo proceso, relato y caso tienen matices diferentes. Para los fines de este trabajo, utilizo el término relato al procedimiento narrativo empleado para darle forma a esa variedad de ‗género discursivo’ que en psicoanálisis llamamos ‗caso‘.

Relatar es contar una experiencia. Siendo una trascripción (Umschrift), es decir, un reordenamiento de acuerdo con nuevas relaciones, el relato es siempre la narración de algo ya ocurrido. En el proceso de la

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Podemos citar la lectura del mito de Edipo (en Sófocles); de la obra teatral Hamlet, de Shakespeare, la novela

Los hermanos Karamazov, de Fedor Dostoievski; la novela corta Gradiva, fantasía pompeyana, de Wilhelm Jensen y el cuento ―El hombre de arena‖, del alemán E.T.A. Hoffmann, entre otros pretextos literarios en la obra de Freud.

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Las negritas nos pertenecen.

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trascripción hay un retardo estructural, es decir un presente no constituyente, originariamente reconstruido a partir de los signos de la memoria: ―por cierto que esta conciencia-pensar secundaria es de efecto posterior (nachträglich) en el orden del tiempo, probablemente anudada a la reanimación alucinatoria de la representación palabra… (Freud, 1895, p. 275)… Este proceso estructural luego se hace ostensible cronológicamente. Toda ciencia descansa inicialmente en ―observaciones y experiencias‖ (Freud, 1940, p. 157). Cuando se hace el relato de ellas, ha trascurrido un tiempo, no importa cuánto, que va de la ‗huella‘ (Bahnung) a su recuerdo (Erinnerung). Y en análisis, el tránsito de una situación originalmente ‗vivida‘ en sesión a su trascripción en palabras, oral o escritas. La demora inevitable y el cambio de código tornan compleja la veracidad de cualquier relato (…).

Referencias bibliográficas

Arnoux, E; di Stefano, M y Cecilia Pereira (2010). Materiales clínicos y supervisión: Escritos del campo psicoanalítico. En Parodi, G. (Ed.) (2010). Alfabetización académica y profesional en el siglo XXI. Leer y escribir en las disciplinas. Santiago de Chile: Planeta.

Bajtin, Mijail (1982). El problema de los géneros discursivos. En Estética de la creación verbal. México: SXXI.

Bubnova, Tatiana (1986). Mijail Bajtin (1895-1975). Ideas principales y su trayecto histórico. Entrevista realizada por la Revista Ogionok N°32, agosto 1986, p. 12 Recuperado de

http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/ojs_rum/files/journals/1/articles/13689/pub lic/13689-19087-1-PB.pdf

Falchini, Adriana (2007). Módulo 9. La explicación en la comunicación científica. En Manni, Héctor (ed.). Lectura y escritura de textos académicos para el ingreso. Santa Fe: UNL, pp. 121-150.

Freud, Sigmund (1895). Estudios sobre la histeria. Obras Completas II. Buenos Aires: Amorrortu, 1992. p.174.

Ferrari, Héctor (2012). Qué nos enseña Freud acerca del relato clínico psicoanalítico. Revista Psicoanálisis de IUSAM APdeBA, Vol. XXXIV(1) (2012): pp. 87-96.

Marín, Marta (2015). III. ¿Cómo es el texto que necesito escribir? Los géneros académicos-científicos. I. ¿Qué es un género discursivo? En Escribir textos científicos y académicos. Buenos Aires: FCE, pp. 50 -51.

Ponzio, Augusto (1998). Cap. XI La relación de alteridad en Bajtin, Blanchot y Lévinas. En

La revolución bajtiniana. El pensamiento de Bajtín y la ideología contemporánea

Madrid: Universitat de València.

Seriot, Patrick (2010). Generalizar lo único: géneros, tipos y esferas en Bajtin. En Riestra, Dora (Comp.) Saussure, Voloshinov y Bajtin revisitados. Estudios históricos y epistemológicos. Buenos Aires: Miño y Dávila Editores, pp. 73-106.

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