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El Evangelio Completo

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Iglesia Cristiana Esenia

El Evangelio Completo

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Traducción: Montserrat Boada Esther Guiteras Picañol

Título original: Das vollkommene Evangelium, nach Johannes 1ª edición en alemán: 12/2003 año de la Biblia

1ª edición en español: 06/2004 Diseño y composición:

Sheehan Concept & Design, Göttingen, Alemania

Editorial y distribución: Iglesia Cristiana Esenia Postbox 102350 99023 Erfurt, Alemania

Todos los derechos, nacionales e internacionales, reservados. Bajo las sanciones establecidas por la ley, queda rigurosamente prohibida, sin autorización explícita y por escrito del editor titular del copyright, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidas las reimpresiones, traducciones, o cualquier tipo de grabación, almacenaje y reproducción óptica,

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Capítulo 1

Cristo

1. En el principio existía Cristo y Cristo estaba en Dios y Cristo era Dios.

2. Él estuvo con Dios desde el principio.

3. Todo existió a través de él, y sin él no se hizo nada de cuanto existe.

4. Todo cuanto llegó a existir se llenó de vida a través de él y la vida era la luz de los hombres.

5. Y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron.

6. Hubo un hombre, enviado por Dios: Su nombre era Juan. Fue un maestro de los esenios*, quienes se llamaban a sí mismos Hijos de la Luz, y fue la primera personalidad de Cristo.

7. Éste vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todo tipo de hombres creyeran a través de él. 8. No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz. 9. La luz verdadera, que ilumina a todo hombre, ya venía al mundo.

10. Él estaba en el mundo y el mundo existió a través de él, pero el mundo no le reconoció.

11. Fue a su propia casa, pero los suyos no le recibieron.

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12. Pero a todos los que le recibieron, les otorgó el derecho de convertirse en Hijos de Dios, pues creían en su nombre; 13. y no nacieron de la sangre, ni de la voluntad de un hombre, sino de Dios.

14. Así, la palabra se hizo carne y permaneció entre noso-tros que contemplamos su gloria, una gloria que sólo corre-sponde al Hijo único engendrado por el Padre, y él estaba lleno de inmerecida bondad y verdad.

15. Juan dio testimonio de él y en verdad proclamó: “Este era de quien yo decía: El que viene detrás de mí se ha pues-to delante de mí, porque ya existía antes que yo.”

16. Pues, de su plenitud, todos hemos recibido inmerecida bondad sobre inmerecida bondad.

17. Puesto que la ley fue dada por medio de Moisés, la inmerecida bondad y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo.

18. Nadie ha visto jamás a Dios: el único Dios engendrado, que está en el seno del padre, nos ha hablado sobre él.

El testimonio de Juan

19. Y éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos le enviaron sacerdotes y levitas desde Jerusalén a preguntarle: “¿Quién eres?”

20. Él confesó y no mintió, sino que confesó: “Yo no soy el Mesías.”

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21. Y ellos le preguntaron: “Pues, ¿quién eres? ¿Eres Elías?” Y él dijo: “No lo soy.” “¿Eres tú el profeta?” Y él respondió: “¡No!”

22. Entonces ellos le dijeron: “¿Quién eres, pues, para que podamos dar respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?”

23. Él dijo: “Yo soy la voz del que clama en el desierto: Rectificad el camino de Jehová tal como dijo Isaías, el profeta.”

24. Los enviados eran de los fariseos.

25. Y le preguntaron diciéndole: “¿Entonces, por qué bautizas, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el profeta?” 26. Juan les respondió diciendo: “Yo bautizo en el agua. Pero entre vosotros hay uno, a quien no conocéis,

27. que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatar las correas de sus sandalias.”

28. Todo esto ocurrió en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan bautizaba.

29. Al día siguiente vio que Jesús se le acercaba y le dijo: “¡He aquí el cordero de Dios que quita el pecado del mundo!” 30. Este es aquel por quien yo dije: “Detrás de mí viene un hombre, que se ha puesto delante de mí, porque ya existía antes que yo.

31. Yo mismo no le conocía, pero he venido y le he bautizado en el agua para que él sea dado a conocer a Israel.”

32. Juan también dio testimonio diciendo: “Vi que el espíritu descendía del cielo como una paloma y permanecía sobre él. 33. Yo mismo no le conocía, pero aquel que me envió a

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bautizar en el agua, me dijo: Aquel sobre quien veas que desciende el espíritu y permanece sobre él, ése es quien bautiza en el Espíritu Santo.

34. Y yo doy testimonio de que éste es el hijo de Dios.”

Designación de los primeros discípulos

35. Al día siguiente, Juan se encontraba de nuevo allí, con dos de sus discípulos.

36. Y alzó la vista hacia Jesús que pasaba por allí y dijo: “¡He ahí el cordero de Dios! ¡Id y seguidle!”

37. Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús.

38. Entonces, Jesús se volvió, y al ver que le seguían les dijo: “¿Qué buscáis?”

Ellos le respondieron: “Rabbuni –lo cual significa ‘Maestro de la tora’– ¿dónde te alojas?”*

39. Él les respondió: “Venid y lo veréis.” Entonces, se fueron con él y vieron dónde se alojaba y se quedaron con él aquél día. Era más o menos la hora décima.

40. Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído lo que Juan dijo y habían seguido a Jesús. 41. Éste se encontró primero con Simón Pedro, su propio hermano, y le dijo: “Hemos hallado al Mesías –que traducido significa: el ungido (rey).”

*Rabbuni es la palabra aramea para “rabbí.” Según la ley, para poder ser maestro de la tora, un rabbí (hebreo) debía estar casado.

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42. Y le condujo hasta Jesús. Jesús le miró y le dijo: “Tú eres Simón, el hijo de Juan. Como eres tan inflexible te llamaré Kephas (que significa piedra [latín = Petrus])”.

43. Al día siguiente, Jesús quiso partir hacia Galilea. Se encontró con Felipe y le dijo: “Sígueme.”

44. Felipe era de Betsaida, de la ciudad de Andrés y Simón Pedro.

45. Felipe se encontró con Natanael, a quien más tarde llamaron Bartolomé, y le dijo: “Hemos encontrado a aquel, a quien Moisés mencionó en la Ley y sobre quien también escribieron los profetas: Jesús, el hijo de José, el nazoreo.”* 46. Pero Natanael le dijo: “¿Puede venir algo bueno de los nazoreos?

47. Felipe le dijo: “He ahí un israelita de verdad, en quien no hay engaño.”

48. Natanael le dijo: “¿Cómo es que me conoces?” Jesús le respondió: “Te vi antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera.”

49. Natanael le respondió: “Rabbuni, tú eres el Hijo de la Luz, tú eres el futuro rey de Israel.”

50. Como respuesta Jesús le contestó: “¿Crees, por haberte

*Los nazoreos (hebr.) eran, de entre los esenios, un grupo que defendía especialmente la paz. En arameo, la lengua materna de Jesús, éstos se llamaban nazareos. La ciudad de Nazaret, que aparece en muchas traducciones bíblicas como la ciudad natal de Jesús, todavía no existía en aquella época. No apare-ció hasta más o menos 300 años más tarde. Jesús era de Beth Shearim y no de Nazaret.

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dicho que te vi debajo de la higuera? Verás cosas más gran-des que ésta.”

51. Además les dijo: “En verdad, en verdad os digo: Veréis el cielo abierto y a los Ángeles de Dios ascender y descender sobre el Hijo del hombre.”

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Capítulo 2

La boda de Caná

1. Al tercer día se celebró una boda en Caná de Galilea y la madre de Jesús estaba allí, porque Josué, el hermano de Jesús, se casaba con María de Magdala.

2. Jesús y sus discípulos también estaban invitados a la boda. Allí conoció Jesús por primera vez a la novia de su hermano. 3. Y como se terminó el vino, le dijo a Jesús su madre: “No tienen vino.”

4. Pero Jesús le contestó: “¿Mujer, qué quieres de mí? Todavía no ha llegado mi hora.”

5. Su madre dijo a los sirvientes: “Haced todo lo que él os diga.”

6. Había allí seis tinajas de piedra, colocadas conforme a las prescripciones de purificación de los judíos, de las cuales cada uno podía tomar dos o tres medidas de líquido. 7. Jesús les dijo: “Llenad las tinajas de agua.” Y las llenaron hasta el borde.

8. Y les dijo: “Ahora, tomad de aquí y llevadla al maestresala.”

Ellos se la llevaron.

9. Entretanto, cuando el maestresala probó el agua convertida en vino, como ignoraba de dónde procedía –aunque los sirvi-entes que habían sacado el agua sí lo sabían–, el maestresala llamó al novio

10. y le dijo: “Todos sacan primero el mejor vino y cuando la gente ya está bebida, sirven el de menor calidad. Pero tú has guardado el mejor vino hasta ahora.”

11. Esto es lo que hizo Jesús en Caná de Galilea, dando lugar al comienzo de sus señales. Y manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.

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12. Después Jesús bajó a Cafarnaúm con su madre y sus herma-nos y sus discípulos, pero no permanecieron allí muchos días.

La purificación del templo

13. Se acercaba la Pascua judía y Jesús subió a Jerusalén. 14. Y encontró en el templo, a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas en sus puestos.

15. Y tras haber hecho un látigo con cuerdas, echó a todos fuera del templo junto con las ovejas y los bueyes; desparramó las monedas de los cambistas y les volcó las mesas.

16. Y dijo a los vendedores de palomas: “¡Quitad todo esto de aquí! ¡Dejad de convertir la casa de mi padre en un mercado!” 17. Sus discípulos se acordaron de que está escrito que: “El celo por tu casa me destruirá.”

18. A lo cual los judíos le contestaron: “¿Qué señal puedes darnos para obrar de esta forma?”

19. En respuesta Jesús les replicó: “Derribad este templo y en tres días lo levantaré.”

20. Por eso los judíos le respondieron: “Se han tardado cuaren-ta y seis años en construir este templo ¿y tú lo vas a levancuaren-tar en tres días?

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22. Por eso, cuando resucitó de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho eso repetidas veces, y creye-ron en la Escritura y en las palabras que había dicho Jesús*. 23. Sin embargo, cuando estuvo en la fiesta que se celebraba en Jerusalén con motivo de la Pascua, muchos creyeron en su nombre al ver las señales que realizaba.

24. Pero el propio Jesús no se confiaba a ellos porque los conocía a todos

25. y no tenía necesidad de que nadie le diera testimonio acerca de los hombres, pues conocía por sí mismo lo que había en los hombres.

*Sus discípulos creyeron que había muerto. No sabían que Jesús, al ser un maestro esenio, había accedido a un estado de muerte aparente con una técnica especial, que en hindú se llama Samadhi, con la que, por ejemplo, se consigue que el corazón sólo lata una vez por minuto y, por consiguiente, los no iniciados creen que el cuerpo está muerto.

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Capítulo 3

Revelación ante Nicodemo

1. Se encontraba allí un hombre del grupo de los fariseos, llamado Nicodemo, era un superior de los judíos y, poste-riormente, fue maestro de los esenios.

2. Éste fue a Jesús de noche y le dijo: “Rabbuni, sabemos que has venido como maestro de Dios, porque nadie puede realizar las señales que tú realizas si Dios no está con él.” 3. Jesús le respondió: “En verdad, en verdad te digo: Aquel que no nazca de nuevo, no puede ver el Reino de Dios.” 4. Nicodemo le dijo: “¿Cómo puede nacer un hombre cu-ando es viejo y todavía vive? Uno puede entrar en el seno de su madre por segunda vez y volver a nacer, ¿no es así?” 5. Jesús respondió: “En verdad, en verdad te digo:” Aquel que no nace de agua y de espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios.

6. Lo que ha nacido de la carne, es carne; y lo que ha nacido del espíritu, es espíritu.

7. No te asombres de que te haya dicho: Debéis nacer de nuevo.

8. El viento sopla hacia donde quiere, y tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a adónde va. Así es todo aquel que ha nacido del espíritu.”

9. En respuesta Nicodemo le dijo: “¿Cómo pueden ocurrir estas cosas?”

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10. A lo que Jesús le replicó: “Tú eres un maestro esenio de Israel ¿y no sabes estas cosas?

11. En verdad, en verdad te digo: Nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero vosotros no aceptáis el testimonio que nosotros os ofrecemos.

12. Si cuando os he hablado sobre cosas terrenales, no me habéis creído, ¿cómo vais a creerme cuando os hable de cosas celestiales?

13. Además, ningún hombre ha subido al cielo, a excepción de aquel que descendió del cielo, el Hijo del hombre. 14. Y así como en el desierto con Moisés, los hijos de Israel levantaron la serpiente a modo de becerro, así debe ser levantado el Hijo del hombre,

15. para que todo aquel que crea en él tenga vida eterna. 16. Pues Dios ha amado tanto al mundo que entregó a su Hijo único, para que todo aquel que crea en él, no sea destruido, sino que tenga vida eterna.

17. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo, para que el mundo se salve a través de él.

18. Sino que aquel que crea en él, no será juzgado. Aquel que no cree, ya ha sido juzgado, pues no ha creído en el Nombre del único hijo de Dios.

19. Así pues, este es el fundamento para el juicio, que la luz ha venido al mundo, pero los hombres han amado más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.

20. Pues aquel que realiza malas obras aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean reprendidas sus obras.

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21. Pero aquel que obra lo que es verdad, va a la luz, para que sus obras se pongan de manifiesto como tales, pues sus obras han sido realizadas en armonía con Dios.”

Último testimonio del Bautista sobre Jesús

22. Después de esto, Jesús se fue con sus discípulos al país de Judea y allí pasó con ellos algún tiempo y bautizaba. 23. Pero Juan también bautizaba en Ainón, cerca de Salim, porque allí había mucha agua y las gentes acudían sin cesar y se bautizaban.

24. Pues Juan todavía no había sido metido en la cárcel. 25. De ahí que, por parte de los discípulos de Juan, se suscitó una discusión con un judío acerca de la purificación. 26. Y se fueron hacia Juan y le dijeron: “Rabbuni, el hom-bre que estaba contigo al otro lado del Jordán, aquel de quien diste testimonio, mira, está bautizando y todos acuden a él.”

27. Juan respondió: “Ningún hombre puede recibir abso-lutamente nada, a menos que le haya sido concedido por el cielo.

28. Vosotros mismos sois testigos de que dije: Yo no soy el Mesías, sino que he sido enviado antes que él.

29. El que tiene a la novia es el novio. Pero cuando el ami-go del novio está allí con él y le escucha, se alegra mucho de oír la voz del novio. Por eso, mi alegría se ha tornado completa.

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30. De ahora en adelante, es preciso que él crezca, y que yo mengüe.”

31. El que viene de arriba, está por encima de todos los demás. El que es de la tierra, es de la tierra y habla sobre las cosas de la tierra. El que viene del cielo, está por encima de todos los demás.

32. Él da testimonio de todo cuanto ha visto y oído, pero nadie acepta su testimonio.

33. El que ha aceptado su testimonio, ha certificado con este hecho, que Dios es verdadero.

34. Pues aquel a quien Dios ha enviado, habla las palabras de Dios, porque no da el Espíritu conforme a la medida. 35. El Padre ama al Hijo y ha puesto todas las cosas en sus manos.

36. Aquel que cree en el Hijo tiene vida eterna; aquel que no obedece al Hijo, no verá la vida, sino que la cólera de Dios permanece sobre él.

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Capítulo 4

Jesús en Samaria

1. Cuando el Señor se percató de que había llegado a oídos de los fariseos que Jesús tenía más discípulos y que bautiz-aba más que Juan,

2. abandonó Judea y volvió a marcharse de nuevo a Galilea. 3. Sin embargo, tenía que pasar por Samaria.

4. Por lo tanto, llegó a una ciudad de Samaria llamada Sicar, que se hallaba cerca de la heredad que Jacob había dado a su hijo José.

5. Efectivamente, allí se encontraba el pozo de Jacob. Jesús se había fatigado por la caminata y, al llegar, tal y como estaba, se sentó en el pozo. Era alrededor de la hora sexta. 6. Entonces, se acercó una mujer de Samaria a sacar agua. Jesús le dijo: “Dame de beber.”

7. (Pues sus discípulos se habían ido a la ciudad a comprar comida).

8. La mujer samaritana le respondió: “¿Cómo es que tú, siendo un judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?” (Porque los fariseos y los saduceos no tienen tratos con los samaritanos).

9. Jesús le respondió: “Si hubieras conocido el libre don de Dios y (supieses) quién es el que te dice: ‘Dame de beber’, entonces, tú le hubieras pedido a él y él te habría dado agua viva.”

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10. Ella le dijo: “Señor, pero si ni tan siquiera tienes un cubo para sacar agua y el pozo es hondo. ¿De dónde sacas pues esta agua viva?

11. ¿O acaso tú eres más grande que nuestro antepasado Jacob, que nos dio el pozo y bebió de él junto con sus hijos y su ganado?”

12. Como respuesta Jesús le dijo: “Todo aquel que beba de esta agua, volverá a tener sed.

13. Pero quienquiera que beba del agua que yo le quiero dar, jamás volverá a tener sed, sino que el agua que yo le dé, se convertirá en su interior en una fuente de agua que brota a borbotones para proporcionar vida eterna.”

14. La mujer le dijo: “Señor, dame de esa agua para que no tenga más sed y para que no tenga que venir una y otra vez hasta este lugar a sacar agua.”

15. Él le dijo: “Vete, llama a tu marido y vuelve acá.” 16. La mujer le respondió: “Yo no tengo marido.” Jesús le dijo:”Has dicho correctamente: ‘Yo no tengo marido’. 17. Pues has tenido cinco maridos y el que ahora tienes no es marido tuyo. Con ello has dicho la verdad.”

18. La mujer le dijo: “Señor, veo que eres un profeta. 19. Nuestros antepasados adoraron en este monte, pero vosotros decís que en Jerusalén se halla el lugar donde debemos adorar.”

20. Jesús le dijo: “Créeme, mujer: Se acerca la hora en que, no adoraréis al Padre ni en este monte, ni en Jerusalén. 21. Vosotros adoráis lo que no conocéis; nosotros adora-mos lo que conoceadora-mos, porque la salvación viene de noso-tros mismos.

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22. No obstante, se acerca la hora, ya ha llegado la hora, en que los adoradores verdaderos venerarán al Padre en espíritu y verdad; pues, ciertamente, el Padre busca a los que le adoran de este modo.

23. Dios es un ESPÍRITU, y los que le adoran, deben adorarlo en espíritu y verdad.”

24. La mujer le dijo: “Sé que va a venir el Mesías, a quien llaman Cristo. Cuando venga nos dará a conocer todas estas cosas abiertamente.”

25. Jesús le dijo: “Soy yo, el que está hablando contigo.” 26. Mientras tanto llegaron sus discípulos y se sorprendie-ron de que estuviese hablando con una mujer. Claro que ninguno dijo: “¿De qué hablas con esta mujer?”

27. La mujer entonces dejó su cántaro en el suelo, se fue a la ciudad y dijo a las gentes:

28. “Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que yo he hecho. ¿No será acaso el Cristo?”

29. Así que salieron de la ciudad y se fueron donde él. 30. Entretanto, los discípulos le insistían diciendo: “Rab-buni, come.”

31. Pero él les dijo: “Tengo para comer un alimento que vosotros no conocéis.”

32. De ahí que los discípulos empezasen a decirse unos a otros: “Pero si nadie le ha traído de comer, ¿verdad?” 33. Jesús les dijo: “Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y completar su obra.

34. ¿No decís vosotros que todavía faltan cuatro meses antes de que llegue la siega? Pues bien, yo os digo: Alzad

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vuestros ojos y mirad los campos; lo que éstos ven, debe ser segado por completo.

35. Ya recibe el salario el segador y recoge el fruto para la vida eterna, de modo que el sembrador y el segador pueden alegrarse juntos.

36. En este punto, pues, se confirma claramente el refrán: Uno siembra y otro siega.

37. Os he enviado a segar aquello por lo cual no habéis empleado esfuerzo. Otros trabajaron duro y vosotros hab-éis obtenido el beneficio de su laborioso trabajo.”

38. Muchos samaritanos de aquella ciudad creyeron en él debido a las palabras de la mujer que atestiguaba: “Me ha dicho todo lo que yo he hecho.”

39. Por eso, cuando los samaritanos llegaron donde él, le empezaron a suplicar que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días.

40. Por consiguiente, fueron muchos más los que creyeron por sus palabras,

41. y empezaron a decir a la mujer: “Ya no creemos por tus palabras, pues nosotros mismos le hemos escuchado y sabemos que éste es verdaderamente el Mesías.”

Curación del hijo de un sirviente real

42. Pasados los dos días, partió de allí hacia Galilea.

43. Sin embargo, Jesús mismo había atestiguado que un profeta no goza de gloria en su propia patria.

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44. Cuando llegó, pues, a Galilea, los galileos le acogieron, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta. 45. Así fue, pues, como volvió a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Y allí había un sirviente del rey, cuyo hijo estaba enfermo en Cafarnaúm.

46. Cuando éste se enteró de que Jesús había venido de Judea a Galilea, fue donde él y empezó a rogarle que, por favor, bajase a curar a su hijo, porque estaba agonizando. 47. Pero Jesús le dijo: “Si no veis señales y milagros, no creeréis de ningún modo.”

48. El sirviente del rey le dijo: “Señor, baja antes de que se muera mi hijo.”

49. Jesús le dijo: “Ve con él, tu hijo vive.” El hombre creyó en la palabra que Jesús le había dicho. “Así será, si tú lo dices.” Y se puso en camino para volver a casa.

50. Pero, ya cuando estaba bajando, le salieron al encuen-tro sus siervos, y le dijeron que su hijo vivía.

51. Él les preguntó entonces la hora en que su estado había empezado a mejorar. A lo que ellos le respondieron: “Ayer alrededor de la hora séptima le dejó la fiebre.”

52. El padre se percató entonces de que era la misma hora en que Jesús le había dicho: “Tu hijo vive.” Y creyó él y toda su familia.

53. Esta nueva señal, la segunda, la realizó Jesús cuando volvió de Judea a Galilea.

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Capítulo 5

Curación de un enfermo en sabbat

1. Después de esto, hubo una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén.

2. Hay en Jerusalén, junto a la puerta de las Ovejas, un estanque que se llama en hebreo Bethzatha, que tiene cinco pórticos.

3. En ellos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos de algún miembro esperando una agitación del agua.

4. Porque un ángel descendía de cuando en cuando al estanque y agitaba las aguas, y el primero que se metía en el estanque después de la agitación del agua, quedaba curado de cualquier mal que sufriese.

5. Había allí un hombre en concreto, que llevaba treinta y ocho años enfermo.

6. Cuando Jesús lo vio allí tendido y advirtió que éste llevaba ya mucho tiempo tan enfermo, le dijo: “¿Quieres curarte?”

7. El enfermo le respondió: “Señor, no tengo a nadie que me lleve al estanque cuando el agua se agita; y mientras yo voy, otro baja antes que yo.”

8. Jesús le dijo:”Levántate, toma tu camilla y anda.”

9. Y al instante el hombre quedó curado, recogió su camilla y empezó a andar. Pero aquel día era sabbat.

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10. Por eso, los judíos empezaron a decir al que había sido curado: “Es sabbat y no te está permitido llevar la camilla.” 11. Él les respondió: “El que me ha curado me ha dicho: Toma tu camilla y anda.”

12. Ellos le preguntaron: “¿Quién es el hombre que te ha dicho: Tómala y anda?”

13. Pero el hombre que había sido curado no sabía quien era, pues Jesús había desaparecido, porque había una gran muchedumbre en aquel lugar.

14. Más tarde, Jesús le encontró en el templo y le dijo: “Mira, estás curado. No peques más, para que no te suceda algo peor.”

15. El hombre se fue y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había curado.

Testimonio y revelación del mismo Jesús

16. Por eso los judíos empezaron a perseguir a Jesús, porque había hecho estas cosas en sabbat.

17. Pero Jesús les replicó: “Mi Padre ha trabajado sin cesar hasta ahora, y yo trabajo sin cesar.”

18. Por eso los judíos todavía trataron de matarle con mayor empeño, porque no sólo quebrantaba el sabbat, sino que, además, tal y como hacían todos los esenios, llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose a sí mismo igual a Dios. 19. De ahí que, a continuación, Jesús les respondiera diciendo: “En verdad, en verdad os digo: El Hijo no puede

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hacer nada por sí mismo, sino sólo aquello que ve hacer al Padre. Pues lo que hace aquél, también lo hace el Hijo de igual manera.

20. Porque el Padre quiere al Hijo y le muestra todo cuanto él mismo hace. Y le mostrará obras aún mayores que éstas, para que os maravilléis.

21. Porque, tal y como el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a aquellos que quiere. 22. Porque el Padre no juzga absolutamente a nadie, sino que ha entregado todo juicio al Hijo,

23. para que todos honren al Hijo. Aquel que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo ha enviado.

Igual al Padre

24. En verdad, en verdad os digo: Se acerca la hora, ya ha llegado la hora, en que los muertos oirán la voz del Hijo, y los que la hayan atendido vivirán.

25. Porque, tal y como el Padre tiene vida en sí mismo, así también le ha concedido al Hijo tener vida en sí mismo. 26. Y le ha concedido poder para juzgar, porque es Hijo del hombre.

27. No os extrañéis de esto, pues se acerca la hora en que todos aquéllos que estén en los mundos de la memoria oirán su voz

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28. y saldrán los que hayan hecho el bien para una resur-rección de vida, y los que hayan hecho el mal, para una resurrección a través del juicio.

29. Yo no puedo hacer absolutamente nada por mí mismo; juzgo según lo que oigo; y mi juicio es justo, porque no busco mi propia voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.

El testimonio del Padre

30. Si únicamente yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es verdadero.

31. Pero hay otro que da testimonio de mí, y yo sé que el testimonio que da de mí es verdadero.

32. Vosotros mandasteis hombres a Juan, y él dio testimo-nio de la verdad.

33. Pero no busco el testimonio de un hombre, sino que digo esto para que os salvéis.

34. Él era una lámpara que arde y alumbra y vosotros quisisteis deleitaros un breve tiempo en su luz.

35. Pero yo tengo un testimonio que es mayor que el de Juan, porque precisamente las mismas obras que realizo dan testimonio de mí, dan testimonio de que el Padre me ha enviado.

36. Y también, el mismo Padre que me ha enviado, ha dado testimonio de mí. Vosotros no habéis oído nunca su voz, ni habéis visto nunca su rostro,

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37. ni habita permanentemente su Palabra en vuestro interior, porque no creéis precisamente a aquél que Él os ha enviado.

38. Vosotros investigáis las escrituras, pues pensáis que, a través de ellas, obtendréis la vida eterna; y precisamente éstas son las que dan testimonio de mí.

39. Y, sin embargo, vosotros no queréis venir a mí para tener vida.

40. Yo no recibo gloria de los hombres,

41. pero sé perfectamente que no tenéis en vosotros el amor de Dios.

42. Yo he venido en nombre de mi Padre, pero no me recibís; si otro viniera en su propio nombre, a ése le reci-biríais.

43. ¿Cómo podéis creer vosotros, si aceptáis gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del único Dios?

44. No penséis que yo os voy a acusar delante del Padre. Aquí hay alguien que os acusa, Moisés, en quien habéis depositado vuestras esperanzas.

45. Pues, si en efecto creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque él escribió sobre mí.

46. Pero si no creéis en sus escritos, ¿cómo vais a creer en mis palabras?”

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Capítulo 6

La multiplicación de los panes

1. Después de esto, se fue Jesús atravesando el mar de Galilea o Tiberíades.

2. Y mucha gente le seguía porque veían las señales que realizaba en los que sufrían.

3. Entonces Jesús subió a un monte y se sentó allí junto con sus discípulos.

4. Estaba próxima la Pascua, la fiesta de los judíos.

5. Por eso, cuando Jesús alzó los ojos y vio que se acercaba una gran multitud, le dijo a Felipe:” ¿Dónde vamos a com-prar panes para que éstos tengan de comer?”

6. Se lo dijo para ponerle a prueba, pues él mismo sabía lo que estaba a punto de hacer.

7. Felipe le respondió: “Comprar panes por valor de dosci-entos denarios no es suficiente para que cada uno de ellos tome un poco.”

8. Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón (Pedro) le dijo:

9. “Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pequeños peces. Pero, ¿qué es eso para tantos?” 10. Jesús dijo: “Haced que la gente acampe para comer.” Había mucha hierba en el lugar. Por lo tanto, acamparon allí hombres y mujeres, en número de unos cinco mil. 11. Tomó entonces Jesús los panes y, después de dar gracias, los repartió entre los que se hallaban acampados allí y lo mismo hizo con los peces, todo cuanto quisieron.

(28)

12. Y cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos: “Recoged los trozos sobrantes para que nada se pierda.” 13. Los recogieron pues, y llenaron doce canastos con los trozos de los cinco panes de cebada que sobraron a aquellos que habían comido.

14. Las gentes, al ver la señal que había realizado, empe-zaron a decir: “Éste es indudablemente el profeta que iba venir al mundo.”

15. Cuando Jesús se dio cuenta de que estaban a punto de ir a cogerlo para hacerle rey, se retiró de nuevo al monte él sólo.

Jesús camina sobre el mar

16. Al romper el atardecer, bajaron sus discípulos a la orilla del mar,

17. se subieron a una barca y se dirigieron al otro lado del mar, a Cafarnaúm. Ya había oscurecido y Jesús todavía no había ido donde ellos.

18. Además, el mar comenzó a encresparse, porque soplaba un fuerte viento.

19. Cuando ya habían recorrido unos cinco o seis kilóme-tros, vieron a Jesús que caminaba sobre el mar y se acercaba a la barca; y el miedo se apoderó de ellos.

20. Pero él les dijo: “¡Soy yo; no temáis!”

21. Por eso, estuvieron dispuestos a recogerle en la barca, pero en seguida la barca tocó tierra en el lugar al cual se dirigían.

(29)

Sobre el pan y el agua de la vida

22. Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar, vio que allí no había más que una pequeña barca y que Jesús no había subido a la barca con sus discípu-los, sino que los discípulos se habían marchado solos. 23. Pero llegaron barcas de Tiberíades cerca del lugar donde habían comido el pan, después que Jesús hubo dado gracias.

24. Cuando la multitud vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a sus pequeñas barcas y se fueron a Cafarnaúm, en busca de Jesús.

25. Al encontrarle al otro lado del mar, le dijeron: “Rabbuni, ¿cuándo has llegado aquí?”

26. Jesús les respondió diciendo: “En verdad, en verdad os digo: Vosotros me buscáis porque habéis comido de los panes y os habéis saciado.

27. No obréis por el alimento que es perecedero, obrad por el alimento que permanece para la vida eterna, el que os dará el Hijo del Hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello de complacencia.”

28. Por eso le dijeron: “¿Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?”

29. Como respuesta Jesús les dijo: “La obra de Dios, es que tengáis fe en quien Él ha enviado.”

30. Entonces, ellos le dijeron: “Pues, ¿qué señal haces, para que la veamos y te creamos? ¿Qué obra realizas?

(30)

31. Nuestros antepasados comieron el maná en el desierto tal como está escrito: ‘Él les dio de comer pan del cielo’.” 32. Por consiguiente, Jesús les dijo: “En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo, es mi Padre quien os da el verdadero pan del cielo.

33. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.”

34. Entonces, ellos le dijeron: “Señor, danos siempre de este pan.”

35. Jesús les dijo: “Yo soy el pan de la vida. Aquél que venga a mí no tendrá hambre y aquél crea en mí no tendrá nunca sed.

36. Pero ya os he dicho: Vosotros incluso me habéis visto y, a pesar de todo, no creéis.

37. Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí, y a aquél que viene a mí, no le voy a echar fuera de ningún modo; 38. porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.

39. Y ésta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de todo lo que él me ha dado, sino que lo haga resucitar el último día.

40. Porque ésta es la voluntad de mi Padre: que todo aquél que vea al Hijo y crea en él, tenga vida eterna y yo le haré resucitar el último día.”

41. Entonces, los judíos comenzaron a murmurar sobre él, porque había dicho: “Yo soy el pan que ha bajado del cielo”;

(31)

42. y empezaron a decir: “¿No es éste Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre conocemos? ¿Cómo es posible que ahora diga: Yo he bajado del cielo?”

43. Jesús les respondió: “Dejad de murmurar entre vosotros. 44. Nadie puede venir a mí, a no ser que el Padre que me ha enviado, lo atraiga; y yo le haré resucitar el último día. 45. Está escrito en los profetas: ‘Y todos serán enseñados por Jehová’. Todo aquél que ha escuchado al Padre y ha aprendido de Él, viene a mí.

46. No es que alguien haya visto al Padre, a excepción de aquél ha venido de Dios, pues éste ha visto al Padre. 47. En verdad, en verdad os digo: Aquel que cree, tiene vida eterna.

Sobre la comunión a través del pan y el vino

48. Yo soy el pan de la vida.

49. Vuestros antepasados comieron el maná en el desierto y no obstante, murieron.

50. Éste es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera.

51. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; si uno come de este pan, vivirá para siempre; y, en efecto, el pan que yo voy a dar, soy yo mismo en beneficio de la vida del mundo.”

52. Entonces, los judíos empezaron a discutir entre sí y decían: “¿Cómo puede éste darse a comer a sí mismo?”

(32)

53. Por eso Jesús les dijo: “En verdad, en verdad os digo: Si no coméis el pan del Hijo del hombre y no bebéis su vino, no tenéis vida en vosotros mismos.

54. Aquel que se alimenta de mi pan y bebe mi vino, tiene vida eterna y yo le haré resucitar el último día.

55. Porque mi pan es comida verdadera y mi vino es bebida verdadera.

56. Quien se alimenta de mí, permanece unido a mí y yo unido a él.

57. Igual que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también aquél que se alimente de mí, vivirá por mí.

58. Éste es el pan que ha bajado del cielo. No es como entonces, cuando vuestros antepasados comieron y, no obstante, murieron. Aquél que se alimente de este pan vivirá para siempre.”

59. Con esto no se refería a su cuerpo, sino a la Comunión del Amor de los maestros esenios, en la que Dios hace fluir su amor en el pan y el vino, para que así, los hombres puedan compartir juntos su amor manifiestamente.

60. Estas cosas las dijo cuando estaba enseñando en una reunión pública en Cafarnaúm, sin embargo, aquellos que no eran esenios no entendieron sus palabras.

61. Por eso, al oír esto, algunos de sus discípulos que todavía no eran esenios dijeron: “Este discurso es escan-daloso. ¿Quién puede oírlo?”

(33)

62. Pero Jesús, que en su interior sabía que sus discípulos estaban murmurando por ello, les dijo: “¿Esto os escandaliza? 63. ¿Y qué ocurrirá cuando veáis subir al Hijo del Hombre donde estaba antes?

64. El espíritu es el que da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida. 65. Pero entre vosotros hay algunos que no creen.” Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar.

66. Así, pues, entonces añadió: “Por eso os he dicho: Nadie puede venir a mí, a no ser que se lo haya concedido el Padre.”

67. Por eso, muchos, de sus más de doscientos discípulos, se volvieron hacia las cosas que habían dejado atrás y deja-ron de ir con él.

68. Entonces, Jesús dijo a los Doce: “¿No querréis acaso marcharos también vosotros?”

69. Simón (Pedro) le contestó: “Señor, ¿a quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna,

70. y nosotros hemos creído y reconocido que tú eres el Santo de Dios.”

71. Jesús les respondió: “¿No os he elegido yo a vosotros, los Doce? Y, sin embargo, uno de vosotros es un difamador.” 72. Estaba hablando, en efecto, de Judas, el hijo de Simón Iscariote, porque éste iba a traicionarle, aunque era uno de los Doce.

(34)

Capítulo 7

Salida hacia la fiesta de los Tabernáculos

1. Después de esto, Jesús siguió su recorrido por Galilea, pues no quería andar por Judea, porque allí los judíos buscaban matarle.

2. Sin embargo, se acercaba la fiesta de los judíos, la fiesta de los Tabernáculos.

3. Por eso sus hermanos le dijeron: “Vete de aquí y dirígete a Judea para que también tus discípulos vean las obras que haces.

4. Pues nadie hace algo en secreto, cuando él mismo quiere ser públicamente conocido. Si haces estas cosas, entonces, date a conocer al mundo.”

5. Y realmente sus hermanos no creían en él.

6. Entonces, Jesús les dijo: “Todavía no ha llegado mi hora, sin embargo, vuestra hora ya está aquí.

7. El mundo no tiene motivo alguno para odiaros, pero a mí me odia, porque doy testimonio de que sus obras son perversas.

8. Subid vosotros a la fiesta. Yo todavía no subo a esta fiesta, porque mi hora todavía no ha llegado del todo.”

9. Así pues, tras haberles dicho esto, se quedó en Galilea. 10. Sin embargo, cuando sus hermanos hubieron subido a la fiesta, él también subió, pero no manifiestamente, sino de incógnito.

(35)

11. Entonces, en la fiesta, los judíos empezaron a buscarle y decían: “¿Dónde está ese hombre?”

12. Y entre la gente había muchos cuchicheos sobre él. Unos decían: “Es un buen hombre.” Otros decían: “No lo es, sino que engaña a las multitudes.”

13. Pero, evidentemente, nadie hablaba de él abiertamente por temor a los judíos.

El testimonio de Jesús sobre sí mismo en la fiesta

14. A mediados de la fiesta, Jesús subió al templo y empezó a enseñar.

15. Entonces, los judíos se asombraron y dijeron: “¿Por qué este hombre es un erudito, si no ha estudiado en nuestras escuelas?”

16. Por su parte, Jesús les contestó diciendo: “Lo que yo enseño no es mío, sino que pertenece al que me ha enviado. 17. Si alguno anhela cumplir su voluntad, sabrá si la enseñanza es de Dios o si hablo por mí cuenta.

18. Aquél que habla por su cuenta, busca su propia gloria; pero aquél que busca la gloria del que le ha enviado, éste es verdadero y no hay injusticia alguna en él.

19. ¿Acaso Moisés no os dio la Ley? Y, sin embargo, ninguno de vosotros cumple la Ley.

20. ¿Por qué me buscáis para matarme?” La multitud respondió: “Tienes un demonio. ¿Quién te busca para matarte?”

(36)

21. Como respuesta Jesús les dijo: “He hecho una sola obra y todos os maravilláis.

22. Por esta razón Moisés os dio la circuncisión –no que ésta procediese de Moisés, sino de los antepasados– y vosotros circuncidáis a un hombre en sabbat.

23. Si se circuncida a un hombre en sabbat, para no que-brantar la Ley de Moisés, ¿cómo os enfadáis contra mí porque he curado completamente a un hombre en sabbat? 24. Dejad de juzgar según la apariencia externa, y juzgad con juicio justo.”

25. Entonces, algunos de los habitantes de Jerusalén empezaron a decir: “¿No es ése el hombre a quien tratan de matar?

26. Y, no obstante, mirad como habla abiertamente y nadie le dice nada. ¿Tal vez los superiores han reconocido de veras que éste es el Mesías?

27. Pero nosotros sabemos de dónde procede este hombre; mientras que, cuando venga el Mesías nadie sabrá de dónde procede.”

28. Entonces, al enseñar en el templo, Jesús gritó diciendo: “Me conocéis a mí y también sabéis de dónde soy. Pero yo no he venido por iniciativa propia, sino que el que me ha enviado, existe verdaderamente, y vosotros no le conocéis. 29. Yo le conozco porque le represento y él es el que me ha enviado.”

30. Por consiguiente, intentaron apresarle, pero nadie le echó mano, porque todavía no había llegado su hora.

(37)

En conflicto con las opiniones

31. A pesar de todo, muchos de entre la gente creyeron en él y empezaron a decir: “Cuando venga el Mesías, ¿acaso hará más señales que las que ha hecho éste?”

32. Los fariseos oyeron que el pueblo murmuraba estas cosas sobre él, y los sumos sacerdotes y los fariseos enviaron guardias para que lo apresaran.

33. Entonces, Jesús dijo: “Todavía me quedaré un poco más de tiempo entre vosotros, antes de irme con quien me ha enviado.

34. Me buscaréis y, sin embargo, no me encontraréis, y donde yo estoy, vosotros no podéis venir.”

35. Por eso, los judíos se decían entre sí: “¿A dónde tiene intención de irse éste, para que no le podamos encontrar? ¿No tendrá intención de irse con los judíos dispersos entre los griegos y enseñar a los griegos?

36. ¿Qué significan las palabras que ha dicho: “Me busca-réis y, sin embargo, no me encontrabusca-réis, y donde yo estoy vosotros no podéis venir?”

Al término de la fiesta

37. Entretanto, el último día, tras el gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y gritó diciendo: “Si alguien tiene sed, que venga a mí y beba.

(38)

38. Aquél que crea en mí, tal y como ha dicho la Escritura, de su más profundo interior fluirán ríos de agua viva.” 39. Sin embargo, esto lo dijo refiriéndose al Espíritu que iban a recibir aquellos que creyesen en él. Porque el Espíritu aún no estaba allí pues Jesús todavía no había sido glorificado.

40. Algunos de entre la gente que habían oído estas palab-ras, empezaron a decir entonces: “Éste es verdaderamente el profeta.”

41. Otros decían: “Éste es el Mesías.” Otros replicaban: “¡El Mesías nunca sería un maestro esenio!” Y algunos decían: “¿Acaso no viene de Galilea el Mesías?

42. ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá de la descendencia de David y de Belén, el pueblo de donde era David?”

43. Entonces, se originó una disensión entre la multitud por causa de él.

44. Algunos de ellos querían apresarle, pero nadie le echó mano.

45. Por eso los guardias volvieron hacia donde estaban los sumos sacerdotes y los fariseos, y éstos últimos les dijeron: “¿Por qué no le habéis traído?”

46. Los guardias respondieron: “Jamás un hombre ha hablado de esta forma.”

47. Por lo que los fariseos les replicaron: “¿No os habréis dejado embaucar también vosotros?

48. ¿Acaso hay algún superior o algún fariseo que crea en él? 49. Pero, esa gente que no conoce la Ley, es gente maldita.”

(39)

50. Nicodemo, el que anteriormente había ido con él y que era uno de ellos, les dijo:

51. “¿Acaso nuestra Ley juzga a un hombre sin haberle oído antes y sin haber examinado lo que hace?”

52. Ellos le respondieron: “¿Tal vez tú también eres de Galilea? Indaga y verás que de Galilea no ha salido ningún profeta.”

(40)

Capítulo 8

La luz del mundo

1. Entonces, Jesús les habló de nuevo diciendo: “Yo soy la luz del mundo. Aquél que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida.”

2. Por consiguiente, los fariseos le dijeron: “Tú das testimonio de ti mismo; tu testimonio no es verdadero.” 3. Jesús les respondió: “Aunque yo dé testimonio de mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque sé de dónde he venido y a dónde voy. Pero vosotros no sabéis de dónde he venido ni a dónde voy.

4. Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo absoluta-mente a nadie.

5. Y sin embargo, si juzgo, mi juicio es verdadero, porque yo no estoy solo, sino que el Padre que me ha enviado está conmigo.

6. Y también en vuestra propia Ley está escrito: ‘El testimo-nio de dos personas es verídico’.

7. Yo soy uno de los que da testimonio de mí mismo, y también el Padre, que me ha enviado, da testimonio de mí.” 8. Entonces, ellos le volvieron a decir: “¿Dónde está tu padre? Jesús respondió: “No me conocéis a mí, ni a mi Padre. Si me conocierais, también conoceríais a mi Padre.” 9. Estas palabras las pronunció en el recinto del Tesoro, mientras enseñaba en el Templo. Sin embargo, nadie le apresó, porque aún no había llegado su hora.

(41)

Los pecados de la incredulidad

10. Entonces, les volvió a decir de nuevo: “Yo me voy y vosotros me buscaréis y, sin embargo, moriréis en vuestro pecado. A donde yo voy, vosotros no podéis venir.”

11. Por eso, los judíos empezaron a decir: “¿Acaso se va a suicidar? Pues él dice: ‘A donde yo voy, vosotros no podéis venir’.”

12. A continuación, les tornó a decir: “Vosotros sois de los ámbitos inferiores, yo soy de los ámbitos superiores. Voso-tros sois de este mundo, yo no soy de este mundo.

13. Por eso os he dicho: Moriréis en vuestras faltas. Porque si no creéis que soy yo, moriréis en vuestras faltas.”

14. Entonces, empezaron a decirle: “¿Quién eres tú?” Jesús les respondió diciendo: “¿Después de todo, por qué os estoy hablando?

15. Tengo mucho que hablar y juzgar en vosotros. Sin embargo, aquél que me ha enviado, es verdadero, y son precisamente las cosas que le he oído a él, las que digo al mundo.”

16. No comprendieron que les estaba hablando del Padre. 17. Por eso Jesús les dijo: “Cuando, un día, hayáis elevado al Hijo del hombre, entonces, sabréis que soy yo, y que no hago nada por iniciativa propia, sino que digo estas cosas, tal y como el Padre me ha enseñado.

18. Y el que me ha enviado está conmigo; no me ha aban-donado, porque yo siempre hago aquello que le agrada a él.”

(42)

Libre en verdad

19. Al decir estas cosas, muchos creyeron en él.

20. Y Jesús siguió diciendo a los judíos que le habían creído: “Si permanecéis en mi Palabra, sois verdaderamente mis discípulos;

21. y reconoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.” 22. Ellos le replicaron: “Nosotros somos descendientes de Abraham y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Por qué dices: ‘Seréis libres?”

23. Jesús les respondió: “En verdad, en verdad os digo: Todo aquél que incurre en pecado es un esclavo del pecado.

24. Y además, el esclavo no se queda en casa para siempre, el hijo se queda para siempre.

25. Por eso, si el Hijo os hace libres, seréis realmente libres. 26. Sé que sois descendientes de Abraham; y vosotros tratáis de matarme, porque mi Palabra no progresa entre vosotros.

27. Yo hablo de lo que he visto junto a mi Padre; y vosotros hacéis aquellas cosas que habéis oído de vuestro padre.” 28. Ellos le respondieron: “Nuestro padre es Abraham.” Jesús les dijo: “Si sois hijos de Abraham, entonces, haced las obras de Abraham.

29. Pero ahora tratáis de matarme, a mí, un hombre que os ha dicho la verdad que he oído de Dios. Eso no lo hizo Abraham.

(43)

30. Vosotros no hacéis las obras de vuestro padre.” Ellos le dijeron: “No hemos nacido de la prostitución; tenemos un Padre, Dios.”

31. Jesús les respondió: “Si Dios fuese vuestro Padre, me amaríais a mí, porque yo he salido de Dios y estoy aquí. Y tampoco no he venido por iniciativa propia, sino que él me ha enviado.

32. ¿Por qué no comprendéis lo que digo? Porque no podéis hacer caso a mi Palabra.

33. Vosotros sois de vuestro padre, el diablo, y deseáis obrar según las aspiraciones de vuestro padre. Él era un asesino al empezar y no se mantuvo firme en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando dice la mentira, lo hace conforme a su propia predisposición, porque es mentiroso y padre de la mentira.

34. Y como yo, en cambio, os digo la verdad, no me creéis. 35. ¿Quién de vosotros me declara culpable de pecado? ¿Por qué no me creéis si digo la verdad?

36. Aquél que es de Dios, escucha las palabras de Dios. Pero vosotros no escucháis, porque no sois de Dios.” 37. Los judíos le respondieron: “¿No decimos con razón: Tú eres un samaritano y tienes un demonio?”

38. Jesús respondió: “Yo no tengo un demonio, sino que honro a mi Padre, y vosotros me deshonráis a mí.

39. Pero yo no busco gloria para mí; pues hay Uno que busca y juzga.

40. En verdad, en verdad os digo: Si alguien se atiene a mi Palabra, jamás verá la muerte.”

(44)

41. Los judíos le dijeron: “Ahora sabemos que tienes un demonio. Abraham ha muerto, y también los profetas; pero tú dices: Si alguien se atiene a mi palabra, jamás probará la muerte.

42. ¿Acaso tú eres más grande que nuestro padre Abraham, que ha muerto? También los profetas han muerto. ¿Quién te crees que eres?”

43. Jesús respondió: “Si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria no es nada. Es mi Padre quien me glorifica, Él, de quien vosotros decís que es vuestro Dios,

44. y sin embargo, no le habéis reconocido. Yo sí le conoz-co. Y si dijera: ‘No le conozco’ sería un mentiroso como vosotros. Pero yo le conozco y me atengo a su Palabra. 45. Abraham, vuestro padre, se regocijó con la esperanza de ver mi Día, lo vio y se alegró.”

46. Entonces, los judíos le dijeron: “¿Aún no tienes cuarenta años y, no obstante, has visto a Abraham?”

47. Jesús les respondió: “En verdad, en verdad os digo: Antes de que Abraham existiera, yo ya he sido.”

48. Entonces ellos recogieron piedras para tirárselas; pero Jesús se ocultó y salió del Templo.

(45)

Capítulo 9

Curación de un ciego de nacimiento

1. Entretanto, mientras recorría su camino, vio a un hom-bre que era ciego de nacimiento.

2. Y sus discípulos le preguntaron: “Rabbuni, ¿quién ha pecado, él o sus padres, para que haya nacido ciego?” 3. Jesús respondió: “Ni él ni sus padres han pecado, sino que esto ha ocurrido, para que se manifiesten en él las obras de Dios.

4. Hemos de trabajar en las obras del que me ha enviado mientras es de día; pues se acerca la noche en la que nadie puede obrar.

5. Mientras estoy en el mundo, yo soy la luz del mundo.” 6. Tras haber dicho estas cosas, escupió en la tierra, hizo una masa de barro con la saliva y puso el barro en los ojos del hombre

7. y le dijo: “Ve y lávate en el estanque de Siloé (que traducido significa ‘Enviado’).” Y él fue, se lavó y cuando volvió había recobrado la vista.

8. De ahí que los vecinos y aquellos que solían verle antes como mendigo, dijeran: “¿No es éste el hombre que se sentaba para mendigar?” Unos decían: “Sí, es él.”

9. Otros decían: “De ningún modo, sin embargo, se le parece.” Y el hombre dijo: “Sí, soy yo.”

10. Por consiguiente ellos empezaron a decirle: “¿Cómo es, pues, que se te han abierto los ojos?”

(46)

11. Él respondió: “Ese hombre que se llama Jesús, hizo una masa de barro, me unto los ojos con ella y me dijo: ‘Ve a Siloé y lávate’. Y fui allí, me lavé y recobré la vista.”

12. Después ellos le dijeron: “¿Dónde está ese hombre?” Él respondió: “No lo sé.”

Interrogatorio entre los fariseos

13. Llevaron a los fariseos al que antes había sido ciego. 14. Dicho sea de paso, era sabbat el día en que Jesús había hecho la masa de barro y le había abierto los ojos.

15. Entonces, los fariseos también empezaron a pregun-tarle cómo había recobrado la vista. Él les dijo: “Me puso barro en los ojos, yo me lavé y ahora puedo ver.”

16. Luego algunos de los fariseos empezaron a decir: “Este hombre no es de Dios, porque no se atiene al sabbat.” Otros comenzaron a decir: “Pero, ¿cómo puede un hom-bre, que es un pecador, realizar semejantes señales?” Y se produjo entonces una disensión entre ellos.

17. Por eso, le volvieron a decir al ciego: “¿Y tú qué dices sobre él, ya que ves que te ha abierto los ojos?” El hombre dijo: “Que es un profeta.”

18. Sin embargo, los judíos no creyeron que aquel hombre hubiera sido ciego y hubiera recobrado la vista, hasta que llamaron a los padres del que había recuperado la vista. 19. Y les preguntaron: “¿Es éste vuestro hijo, el que decís que nació ciego? ¿Cómo es, pues, que ahora ve?”

(47)

20. Entonces sus padres respondieron: “Sabemos que este es nuestro hijo y que nació ciego.

21. Pero no sabemos cómo es que ve ahora, ni tampoco sabemos quién le ha abierto los ojos. Preguntadle a él. Es mayor de edad. Puede hablar por sí mismo.”

22. Eso fue lo que dijeron sus padres, porque tenían miedo de los judíos, pues los judíos ya se habían puesto de acuerdo en que si alguien le reconocía como el Mesías, sería expuls-ado de la sinagoga.

23. Por eso dijeron sus padres: “Es mayor de edad. Preg-untadle a él.”

24. Entonces, llamaron por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron: “Da gloria a Dios. Nosotros sabemos que este hombre es un pecador.”

25. Por su parte él respondió: “Yo no sé si es un pecador. Lo único que sé es que yo antes era ciego y ahora veo.” 26. Entonces, ellos le dijeron: “¿Qué te ha hecho? ¿Cómo te ha abierto los ojos?”

27. Él les respondió: “Ya os lo he dicho y, sin embargo, no me habéis escuchado. ¿Por qué queréis oírlo otra vez? ¿Acaso también vosotros queréis convertiros en sus discípulos?” 28. En consecuencia, le injuriaron y le dijeron: “Tú eres discípulo de ese hombre, pero nosotros somos discípulos de Moisés.

29. Sabemos que Dios habló a Moisés; pero ése no sabemos de dónde es.”

(48)

que vosotros no sepáis de dónde es, y sin embargo, él ha abierto mis ojos.

31. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, pero si alguien es temeroso de Dios y cumple su voluntad, a ése le escucha.

32. Desde hace mucho tiempo, jamás se ha oído decir que alguien haya abierto los ojos a un ciego de nacimiento. 33. Si este hombre no viniera de Dios, tampoco podría hacer nada.”

34. Ellos le respondieron diciendo: “Has nacido comple-tamente en pecado y, a pesar de todo, ¿nos das lecciones a nosotros?” Y le echaron fuera.

La fe del curado

35. Jesús oyó que le habían echado fuera y al encontrarle, le preguntó: “¿Tú crees en el Hijo del hombre?”

36. El hombre respondió: “¿Y quién es, Señor, para que crea en él?”

37. Jesús le dijo: “Le has visto y, dicho sea de paso, el que está hablando contigo, es ése.”

38. Por lo que él dijo: “Creo en él, Señor.” Y se postró ante él.

39. Y Jesús dijo: “He venido a este mundo para este juicio: para que aquellos que no ven, puedan ver, y aquellos que ven, se vuelvan ciegos.”

(49)

40. Algunos de los fariseos que estaban con él oyeron esto y le dijeron: “¿Acaso

nosotros también somos ciegos?”

41. Jesús les respondió: “Si fuerais ciegos, no tendríais pecado alguno. No obstante, ahora decís: ‘Vemos’. Y vue-stro pecado permanece.”

(50)

Capítulo 10

El pastor perfecto

1. “En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que trepa por otro lado, ése es un ladrón y un saqueador.

2. Pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. 3. A éste le abre el guardián de la puerta y las ovejas escuchan su voz, y él llama a cada una de sus ovejas por su nombre y las guía fuera.

4. Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz.

5. De ninguna forma seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.” 6. Jesús les dijo esto en sentido metafórico; pero ellos no comprendieron qué significaban las cosas que les decía. 7. Entonces Jesús les dijo de nuevo: “En verdad, en verdad os digo: Yo soy la puerta de las ovejas.

8. Todos aquellos que han venido en mi lugar son ladrones y saqueadores; pero las ovejas no les han escuchado.

9. Yo soy la puerta; todo aquél que entre a través de mí, será salvado, y entrará y saldrá y encontrará pasto.

10. El ladrón únicamente viene a robar, a matar y a destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia.

11. Yo soy el pastor perfecto; el pastor perfecto entrega su alma por las ovejas.

(51)

12. El jornalero, que no es pastor, a quien no pertenecen las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye –y el lobo hace presa en ellas y las dispersa–,

13. porque es un jornalero y no le importan las ovejas. 14. Yo soy el pastor perfecto, conozco a mis ovejas y mis ovejas me conocen a mí,

15. igual como me conoce el Padre y yo conozco al Padre; y entrego mi alma por las ovejas.

16. Y tengo otras ovejas, que no son de este redil; también a ésas las tengo que guiar y escucharán mi voz; y se conver-tirán en un solo rebaño bajo un solo pastor.

17. Por eso me ama el Padre, porque entrego mi alma, para recibirla de nuevo.

18. Nadie me la ha quitado, sino que la entrego por vo-luntad propia. Tengo poder para entregarla y poder para recibirla de nuevo. Ese mandamiento lo he recibido de mi Padre.”

19. Otra vez se produjo una disensión entre los judíos a causa de estas palabras.

20. Muchos de ellos decían: “Tiene un demonio y está loco. ¿Por qué le escucháis?”

21. Y otros decían: “Éstas no son las palabras de un hombre endemoniado. ¿O acaso un demonio puede abrir los ojos de los ciegos?”

(52)

Testimonio propio en la fiesta de la Iniciación

22. En aquel tiempo, tuvo lugar la fiesta de la Iniciación en Jerusalén. Era invierno,

23. y Jesús se paseaba por el Templo, en el pórtico de Salomón.

24. Entonces, los judíos le rodearon y empezaron a decirle: “¿Hasta cuándo vas a tener nuestras almas en vilo? Si tú eres el Mesías, dínoslo abiertamente.”

25. Jesús les respondió: “Ya os lo he dicho, y sin embargo, no me creéis. Las obras que hago en nombre de mi Padre dan testimonio de mí.

26. Pero vosotros no creéis porque no formáis parte de mis ovejas.

27. Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen.

28. Y les doy vida eterna y no serán destruidas jamás, y nadie las arrebatará de mi mano.

29. Lo que mi Padre me ha dado, es más grande que todo lo demás, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. 30. Yo y el Padre somos uno.”

31. De nuevo, los judíos recogieron piedras para apedrearle. 32. Jesús les contestó: “Os he dejado ver muchas obras perfectas del Padre. ¿Por cuál de esas obras me apedreáis?” 33. Los judíos le respondieron: “No te apedreamos por una obra perfecta, sino por blasfemia, y porque tú, a pesar de que eres un hombre, te haces a ti mismo un Dios.”

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34. Jesús les respondió: “¿No está escrito en vuestra Ley: ‘Yo he dicho: Sois dioses’?

35. Si llamó dioses a aquellos a quienes fue enviada la Pala-bra Dios, y la Escritura no puede ser derogada,

36. ¿cómo me decís a mí, aquel a quien el Padre ha santificado y enviado al mundo: ‘tú blasfemas’, porque yo he dicho: ‘soy el Hijo de mi Padre’?

37. Si no hago las obras de mi Padre, entonces, no me creáis.

38. Pero si las hago, aunque no me creáis a mí, entonces, creed en las obras, para así comprender y reconocer ulteri-ormente que el Padre está en comunión conmigo y yo estoy en comunión con el Padre.”

39. De ahí que intentaran apresarle otra vez; pero él ya se había puesto fuera de su alcance.

40. Entonces, se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan había estado bautizando al principio y se quedó allí.

41. Y muchos fueron a él y empezaron a decir: “Es cierto que Juan no realizó ni una sola señal,

42. pero todo lo que dijo Juan de este hombre, ha sido verdad.” Y muchos allí creyeron en él.

(54)

Capítulo 11

Muerte de Lázaro

1. Entretanto, había un cierto hombre enfermo, Lázaro de Magdala, que ahora vivía en el pueblo de Betania con sus hermanas María y Marta.

2. Se trataba, de hecho, de María, su cuñada, la que, estan-do de visita en casa de sus hermanos, había ungiestan-do al Señor con aceites perfumados, y le había secado los pies con sus cabellos, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo.

3. Entonces, sus hermanas le mandaron decir: “Señor, mira, aquel a quien tú profesas cariño, está enfermo.“ 4. Pero cuando Jesús lo oyó, dijo: “El sentido de esta enfer-medad no es la muerte, sino la glorificación de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado a través de ella.“

5. Jesús amaba a María, a su hermana Marta y a su herma-no Lázaro.

6. Sin embargo, cuando se enteró de que estaba enfermo, permaneció dos días más en el lugar donde se encontraba. 7. Pasados los dos días, dijo a sus discípulos: “Volvamos de nuevo a Judea.”

8. Los discípulos le dijeron: “Rabbuni, hace muy poco los de Judea te buscaban para apedrearte, ¿y tú vuelves allí otra vez?“

9. Jesús respondió: “¿No hay doce horas de luz de día? Si uno anda a la luz del día, no tropieza con nada, porque ve la luz de este mundo.

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10. Pero si uno anda de noche, tropieza en algún lugar, porque la luz no está en él.“

11. Les dijo estas cosas y después añadió: “Nuestro amigo Lázaro se ha retirado a descansar, pero iré hasta allí para despertarle del sueño.“

12. De ahí que los discípulos le dijeran: “Señor, si se ha retirado a descansar, se curará.“

13. Sin embargo, Jesús estaba hablando de su muerte. Pero ellos creyeron que hablaba del descanso del sueño.

14. Entonces Jesús les dijo abiertamente: “Lázaro ha muerto, 15. y me alegro por vosotros de no haber estado allí, para que creáis. Pero vayamos con él.“

16. Por eso, Tomás, al que llamaban ‘el Mellizo’, dijo a los otros discípulos: “Vayamos también nosotros para morir con el Maestro.”

Jesús en Betania

17. Más tarde, cuando Jesús llegó, se encontró con que Lázaro ya llevaba cuatro días en el sepulcro conmemora-tivo.

18. Betania estaba cerca de Jerusalén, a unos tres kilóme-tros de distancia.

19. De modo que muchos judíos habían ido a casa de Marta y María para consolarlas por su hermano.

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20. Cuando Marta oyó que venía Jesús, salió a su encuen-tro; no obstante, María se quedó sentada en casa.

21. Por eso Marta dijo a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.

22. Y, sin embargo, ahora sé que todo cuanto le pidas a Dios, Dios te lo concederá.”

23. Jesús le dijo: “Tu hermano resucitará.”

24. Marta le respondió: “Sé que resucitará en la resurrec-ción, el último día.”

25. Jesús le dijo: “Yo soy la resurrección y la vida. Aquél que crea en mí, volverá a la vida, aunque muera;

26. y todo aquél que viva y crea en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?”

27. Ella le respondió: “Sí, Señor, siempre he creído que eres el Cristo, el Hijo de Dios, que ha venido al mundo.” 28. Y, dicho esto, fue a llamar a su hermana María y le dijo en secreto: “El Maestro está aquí y quiere verte.”

29. En cuanto ella lo oyó, se levantó rápidamente y salio a su encuentro.

30. En realidad, Jesús aún no había llegado al pueblo, sino que todavía seguía en el lugar donde Marta lo había encontrado.

31. Entretanto los judíos que estaban con ella en casa consolándola, al ver que María se levantaba rápidamente y salía, la siguieron, pues pensaron que iba al sepulcro para llorar allí.

32. Y cuando luego María llegó al lugar donde estaba Jesús y le vio, cayó a sus pies y le dijo: “Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto.”

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Resurrección del difunto

33. Entonces, Jesús al verla llorar y ver como también lloraban los judíos que habían venido con ella, su espíritu se conmovió, se turbó

34. y dijo: “¿Dónde lo habéis puesto?” Ellos le dijeron: “Señor, ven y lo verás.”

35. A Jesús le saltaron las lágrimas.

36. Entonces, los judíos empezaron a decir: “¡Mirad el cariño que le tenía!”

37. Pero algunos de ellos dijeron: “¿Acaso este hombre, que abrió los ojos al ciego, no habría sido también capaz de librar a éste de la muerte?”

38. Así pues, Jesús, tras haberse conmovido de nuevo inte-riormente, se fue al sepulcro. En realidad, era una cueva, y tenía puesta delante una piedra.

39. Jesús dijo: “Quitad la piedra.” Marta, la hermana del difunto, le dijo: “Señor, ya olerá, pues ya hace cuatro días que él ha muerto.”

40. Jesús le dijo: “¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?”

41. Quitaron, pues, la piedra. Entonces Jesús levantó los ojos al cielo y dijo: “Padre, te doy las gracias por haberme escuchado.

42. Yo ya se que tú siempre me escuchas; pero lo he dicho por las gentes que me rodean, para que puedan creer que tú me has enviado.”

43. Y, tras haber dicho esto, gritó con fuerte voz: “¡Lázaro, sal fuera!”

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44. El hombre que había estado muerto, salió con los pies y las manos envueltos en vendas y el rostro cubierto con un sudario. Jesús les dijo: “Quitadle las vendas y dejadle andar.”

Se decide la captura de Jesús

45. Muchos de los judíos que habían ido a casa de María y habían visto lo que Jesús hizo, creyeron entonces en él. 46. Pero algunos de ellos fueron a los fariseos y les contaron las cosas que Jesús había hecho.

47. Por consiguiente, los sumos sacerdotes y los fariseos del sanedrín se reunieron y empezaron a decir: “¿Qué debemos hacer? Porque este hombre realiza muchas señales.

48. Si le permitimos que siga así, todos creerán en él y ven-drán los romanos y nos quitarán tanto nuestras ciudades como nuestra nación.”

49. Pero uno de ellos, Caifás, que era el Sumo Sacerdote de aquel año, les dijo: “Vosotros no sabéis nada en absoluto, 50. ni caéis en la cuenta que os conviene que muera un solo hombre por el pueblo y no que perezca toda la nación.” 51. Pero no lo dijo por iniciativa propia, sino porque era uno de los anticristos

52. y quería conservar su poder.

53. De esta forma, desde aquél día decidieron darle muerte. 54. En consecuencia, Jesús ya no andaba en público entre los judíos, sino que se retiró de allí a la región cercana al

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desierto, a una ciudad llamada Efraím y allí se quedó con sus discípulos.

55. Entretanto, se estaba acercando la Pascua de los judíos y, antes de la Pascua, mucha gente del país subía a Jerusalén para purificarse ceremonialmente.

56. Entonces, buscaban a Jesús, y mientras se encontraban en el Templo se decían unos a otros: “¿Qué os parece? ¿Qué no vendrá a la fiesta?”

57. Los sumos sacerdotes y los fariseos habían dado órdenes de que, si alguien llegaba a saber dónde estaba, lo denunciara para poder detenerle.

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