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CONSIDERACIONES GENERALES

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1.1. NECESIDAD DE MECANIZACIÓN DE LAS OBRAS

En los países desarrollados, desde hace ya muchos años, se da por sentado que cual- quier trabajo de obras públicas debe ser realizado con máquinas. En los países sub- desarrollados y en vías de desarrollo, en los que el desempleo estacional constituye un problema, la mano de obra como elemento de construcción directo puede llegar a te- ner gran importancia.

En España, el nivel de desarrollo ha alcanzado ya unos umbrales que hace impo- sible el empleo intensivo de la mano de obra en trabajos de obras públicas y de construcción en general.

La progresiva retirada de la mano de obra de los trabajos más penosos viene también impuesta, en muchos casos, por un mejor nivel de vida y por la posibilidad de sustituir en aquéllos al hombre por máquinas.

El creciente desarrollo industrial en muchos países lleva consigo el que se confíe al hombre trabajos de más precisión y más en consonancia con su capacidad creado- ra que con su esfuerzo muscular.

Por otra parte, en muchos casos, no puede conseguirse la adjudicación de una obra en un concurso o subasta si no se presenta una relación completa y adecuada de la ma- quinaria a emplear que garantice plazos y calidades.

Es más, no solamente hay una serie de reglamentos que prohíben la ejecución a mano de ciertas unidades de obra (tales como hacer hormigón sin hormigonera), sino que también, en una gran parte de concursos importantes, la relación de maqui- naria que el contratista aporte es base de la seguridad en el cumplimiento de sus com- promisos; en muchos casos se exige contractualmente la obligación de dejar afectada a una determinada obra ciertas máquinas «clave» para su ejecución.

Independientemente de lo dicho, hay una serie de unidades de obra que no son factibles a mano, entre las cuales pueden citarse:

— Las cimentaciones por aire comprimido.

— Pilotaje de múltiples tipos.

1

Capítulo 1

CONSIDERACIONES

GENERALES

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— Dragados de cualquier tipo.

— Soldadura de estructuras metálicas, etc.

Es evidente que estas razones de tipo humano y técnico, que han eliminado la mano de obra de la construcción en gran medida, se han venido a aliar con el incre- mento del coste de la misma, que la hace en muchos casos prohibitiva.

No debe olvidarse, por otra parte, que de los tres elementos productivos pre- sentes en una obra cualquiera: mano de obra, materiales y maquinaria (medios auxiliares incluidos), es sobre todo la mano de obra la que debe, en cualquier caso, recibir las mayores atenciones por razones obvias y presentes en cualquier mente de nuestros tiempos. Que ello es así se demuestra una vez más en el profuso cuerpo le- gislativo que regula la seguridad e higiene de los trabajadores en cualquier país con la mínima sensibilidad social. Por ello, hemos incluido un resumen simplemente in- dicativo en el Anexo en DVD: «Reglamentos y disposiciones sobre la seguridad e higiene de los trabajadores». En consecuencia, cualquier jefe de obra o de maqui- naria debe procurarse de las autoridades competentes aquellas disposiciones en vigor que les correspondan por el lugar y por el tipo de trabajo.

Por otra parte, la técnica actual exige una mayor especialización. Esta especiali- zación permite obtener mayores rendimientos y, consiguientemente, costes decre- cientes, así como la mejora salarial del obrero especializado.

Es lógico suponer que con una tecnología avanzada el obrero especializado debe manejar máquinas cada vez más complejas, y precisamente en razón de esta comple- jidad y del rendimiento obtenido, debe también estimarse el salario a percibir.

Antes se citaba la costumbre, adquirida por las administraciones, de exigir cada día más y más máquinas en sus concursos y subastas. Ello no es un capricho.

La razón de esta nueva tendencia dimana de la necesidad de poner en servicio y rendimiento una obra cualquiera, amortizando lo antes posible el capital en ella in- vertido.

Pongamos un ejemplo: Se trata de construir una presa para aprovecharla como sal- to. El coste de la presa se cifra en 1.000 millones de euros. Una vez puesta en fun- cionamiento, su producto puede cifrarse en 100 millones de euros netos al año. La obra se construye con un empréstito bancario al 5 por 100. No cabe duda de que al tar- dar cuatro años en vez de cinco en construirse se consigue una notable economía. No solamente se ahorran los intereses del capital en un año, sino que también se logra una posibilidad de amortización anticipada, lo cual también tiene gran importancia eco- nómica.

Este deseo de celeridad de las obras no es privativa de las empresas particulares y grupos industriales, sino que hoy día se ha extendido también a los poderes públicos, que tienen forzosamente que encontrar un rendimiento a las obras que acometen para obtener de ellas un prestigio político y una rentabilidad no solamente por la efec- tividad de las nuevas instalaciones, sino para no gravar de manera excesiva al contri- buyente, que es en definitiva quien paga las obras públicas.

Es cada vez más frecuente la presencia internacional de las empresas. Resulta con- veniente, por tanto, disponer de la información que nos permita conocer el tiempo de sol en cualquier parte del mundo, pues es obvio que los trabajos con luz solar son más seguros y eficaces desde todos los puntos de vista. Para ello, se incluye el Anexo en DVD: «Tiempo medio que permanece el Sol por encima del horizonte en un lugar de

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latitud dada el día que el Sol tiene una declinación determinada», que ofrece un pro- cedimiento de cálculo sencillo.

Igualmente, este trabajo ya generalizado en distintos países con diferentes sistemas métricos y mecánicos nos ha impulsado a incluir el Anexo en DVD: «Tablas de equivalencias», que no dudamos será de utilidad general.

1.2. LA COMPETENCIA ENTRE EMPRESAS DE OBRAS PÚBLICAS

Merece ser recalcado este tema por su vital importancia y el preponderante papel que desempeña en cualquier opción de mecanizar o no.

Cuando una empresa estudia la posibilidad de incrementar el número de máquinas de su parque, se suele tener más en cuenta el criterio seguido por la competencia que las razones de organización propia.

Así, por ejemplo, si se trata de competir con otras empresas en el mercado de ex- cavaciones mecanizadas de zanjas, una de las primeras consideraciones que hará cualquier contratista es conocer cuántas y qué tipo de zanjadoras tienen sus competi- dores, y después ver la posibilidad de adquirir alguna a buen precio o con ventajas de rendimiento sobre aquéllas; pero lo que jamás hará es el hacerlas a mano o mediante máquinas anticuadas. Si siguiera este último camino, sería más largo su plazo, y su coste, mayor. De eso no puede caber duda.

Si como consecuencia de todo lo dicho las empresas se mecanizan cada vez más, no puede un competidor rezagarse en esta carrera, pues quedarse atrás sería funesto, ya que no poder ofrecer en los concursos precios y plazos adaptados a la tónica ge- neral equivale sin duda a quedarse sin obras.

Eso no quiere decir que comprar muchas máquinas sea lo mejor. Hay que com- prarlas con tino. Hay que pensar no solamente en la función que pueden ejecutar in- mediatamente. Deben tenerse en cuenta los trabajos que, en la coyuntura presente del mercado, pueden lógicamente conseguirse. Conviene prever la financiación com- pleta para la adquisición de las máquinas para así no verse en la desagradable situa- ción de tener que solicitar empréstitos adicionales que nunca se consiguen en buenas condiciones por la premura con que se solicitan.

1.3. ELECCIÓN DE MÁQUINAS, MARCAS Y MODELOS

No se insistirá lo suficiente en los estudios necesarios para elegir una máquina. Si he- mos estado acertados en su elección, es lógico que nuestro mercado vaya en expan- sión y que, al poco tiempo, tengamos que adquirir más. Como es lógico, también de- bemos comprar preferentemente máquinas iguales o muy semejantes a la primera, del mismo tipo y marca, no solamente porque nuestro éxito pasado se debe en buena par- te a ello, sino porque el personal para manejarlas estará acostumbrado a solventar sus pequeñas averías y reparaciones, y no precisaremos de un gigantesco stock en almacén de piezas de repuesto que, sin duda, sería necesario tener si cada máquina fuera de dis- tinto tipo y fabricante. Por otra parte, en todos los tipos de máquinas hay fabricantes acreditados. Su crédito se debe a haber resuelto buen número de problemas a ante-

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riores compradores, y por eso y por su mejor calidad, casi siempre compensan aunque su coste sea algo mayor.

El fabricante serio, además, posee en su almacén piezas de repuesto, lo que nos ahorra tenerlas en el nuestro.

1.4. IMPORTACIÓN DE MAQUINARIA

No cabe duda de que el sistema de mecanización de todas las tareas constructivas se impone a ritmo acelerado.

Aunque en España se producen máquinas de obras públicas, una buena parte se importa.

En los últimos años han desaparecido las barreras aduaneras que antes limitaban las importaciones. Hoy, prácticamente puede importarse cualquier tipo de máquina, y los aranceles aduaneros (cuando los hay) son razonables. Como complemento de las facilidades en la importación de máquinas, hay una libertad total, cumpliendo cier- tos requisitos, de importar cualquier pieza de repuesto.

Es evidente que existe un interés general del constructor en utilizar maquinaria en sus obras. Todos los países siguen prácticamente los mismos pasos en su evolución industrial. De esta manera, los países no colocados en cabeza en el progreso econó- mico-técnico pueden predecir el momento de su incorporación a las corrientes meca- nicistas basándose en la coyuntura que atraviesen. Algo muy distinto sucede con aquellos que marchan en cabeza. Las decisiones no tienen la piedra de toque que re- presenta el experimento en cabeza ajena.

El mejor nivel de vida puede lograrse aumentando el producto de las horas- hombre, y para conseguir esto no hay otra manera que elevar la capacidad de pro- ducción al mecanizar racionalmente.

1.5. COMPRA O ALQUILER DE MÁQUINAS

Es claro que para el constructor de importancia lo rentable generalmente es la adqui- sición de la máquina, ya que tiene trabajos en dónde amortizarlas con seguridad, mientras que para el pequeño lo interesante, en muchos casos, es alquilarla en cuanto la necesita, porque su adquisición resulta demasiado onerosa para su organización de recursos limitados. Ahora bien, ambos tienen el mismo problema: los primeros, el control de costes de utilización de la maquinaria que poseen, y los segundos, la or- ganización de su sistema económico de contratación de obras de tal manera que sea adecuado a la oferta de maquinaria y equipos.

En líneas generales, los criterios que pueden servir para la toma en alquiler de los equipos o para su adquisición dependen de forma fundamental de las condiciones lo- cales de cada obra.

No obstante, puede darse como indicación las observaciones que a continuación se enumeran:

— En las empresas de obras públicas dedicadas a movimiento de tierras, el al- quiler resulta muchas veces de la necesidad de un complemento del equipo, ya

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sea debido a trabajos excepcionales, ya sea por necesidades surgidas de las condiciones meteorológicas o de los plazos exigidos. En todo caso, el plazo más común de alquiler varía entre dos-tres meses y un año; la parte del parque alquilado alcanza hasta un 60 por 100 o más del equipamiento de una obra.

— En los equipos de movimiento de tierras, el alquiler se produce al menos en el 80 por 100 de los casos con conductor, y, en general, cuando se alquilan más de cinco máquinas a la misma empresa, aquéllas quedan acompañadas de un responsable de explotación y de un responsable mecánico.

— En trabajos de cierta relevancia, el contrato de alquiler que liga a las dos partes debe definir el coeficiente de disponibilidad, que se fija entre el 90 y el 95 por 100.

— Existe, en general, en la contratación de máquinas de movimiento de tierras un mínimo de horas referidas al día, semana, mes o año. En contratos importan- tes, tanto en máquinas como en permanencia de las mismas en obra, existen diversas formas de tarificación posibles, que comprenden el precio por hora de funcionamiento, el precio de inmovilización (salvo avería), el precio de in- demnización por condiciones meteorológicas adversas, etc.

— En muchos países existen agrupaciones de sociedades de alquiler de tamaño pequeño y medio para la diversificación de sus riesgos. En general, estos equipos resultan de uso más interesante que aquellos que pertenecen a socie- dades pequeñas o no sindicadas.

— Salvo en obras de tamaño excepcional y tratándose de empresas de tipo pe- queño y medio, se puede considerar el alquiler siempre que no se alcancen las mil horas de trabajo de un equipo. En todo caso, la consideración final debe ser hecha de acuerdo con un criterio de rentabilidad.

1.6. EL «LEASING»

1.6.1. Origen y concepto

En Estados Unidos, a partir del año 1952, se ha desarrollado una forma original de equipamiento llamada leasing. Tres condiciones particularmente favorables han coin- cidido en su desarrollo posterior:

— Un mercado de capitales, a medio plazo, estrecho y desorganizado.

— Una legislación fiscal relativamente restrictiva en materia de amortizaciones.

— Una economía en expansión que autorizaba márgenes de beneficio apreciables al mismo tiempo que imponía a las industrias una renovación rápida de su ma- terial bajo la presión del progreso técnico.

Las primeras compañías de leasing fueron filiales de los constructores de bienes de equipo, encontrando en esta fórmula una facilidad para su producción. A conti- nuación, con el apoyo de la banca, de otros organismos financieros o de simples ca- pitalistas, se crearon unas sociedades profesionales independientes que no tenían afi- nidad alguna con las firmas industriales productoras de bienes de equipo y cuyo papel ha sido el de prestar servicios financieros para todo tipo y categoría de bienes.

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La expansión de este tipo de actividad ha sido enorme, particularmente en el mercado americano.

Aunque las compañías de leasing operan a veces como simples agentes, estable- ciéndose un contrato de alquiler sui géneris entre constructor y cliente, la forma más frecuente es que dichas compañías ejerzan la función de arrendador y aseguren la fi- nanciación de sus compras.

La operación de leasing no es realmente la que corresponde a la etimología del término inglés to lease, que significa «arrendar».

De hecho, el leasing se puede definir como un método de puesta a disposición, a medio y largo plazo, de bienes de equipo sin participación en la gestión de las em- presas.

De esta definición se desprende la presencia de tres entidades: una empresa que desea incrementar sus medios de producción y acepta tener el uso y no la propiedad, el o los suministradores que pretenden vender su material y la sociedad de leasing que comprará este material para ponerlo inmediatamente a disposición de la empresa en el cuadro de un contrato sui géneris.

En general, la sociedad de leasing es un empresa comercial bajo la forma de so- ciedad anónima, aunque se da el caso de sociedades de leasing con estatuto de esta- blecimiento financiero.

Las sociedades de leasing no son especialistas en los bienes de equipo que com- pran, aunque intervienen frecuentemente en la gestión del material que permite una compra y reventa fácil.

El leasing no tiene relación alguna con las otras formas de financiación, tales como créditos bancarios y préstamos de particulares, que implican la compra del ma- terial por la empresa con la ayuda de los fondos resultantes del préstamo o empréstito.

Se diferencia igualmente el leasing de los sistemas de alquiler del tipo renting o de otros de alquiler clásico a corto término de un bien de equipo determinado cuya conser- vación y gastos accesorios, como seguro, impuestos, etc., son a cargo del propietario y cuya vida económica excede generalmente mucho de la duración fijada para el alquiler.

Como particularidades económicas del leasing, podemos citar las siguientes:

a) Se trata de un medio de financiación complementario disponible para la pe- queña y gran empresa, ya que en ambas favorece el incremento de los medios de producción, permitiendo, en definitiva, un desarrollo más rápido del parque de material.

Igualmente, el leasing no solamente contribuye al incremento de los me- dios y bienes de equipo, sino que también acelera su posible renovación, constituyendo un motor de progreso técnico. El hecho de que el coste del material vaya a ser tributario de los beneficios obtenidos de este mismo mate- rial, impondrá, en efecto, a la empresa un estudio preciso de rentabilidad que podrá traducirse, en muchos casos, por una renovación del material antiguo.

b) Ante el mercado de ocasión de los bienes de equipo, el industrial tendrá dos opciones:

— Disponer del material a un precio elevado, lo que sólo se justifica si las ventajas técnicas de este material compensan los gastos inherentes a la re- novación de un material más antiguo.

— Disponer de un material de ocasión a un precio muy bajo.

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Pero es preciso señalar que los dos precios así obtenidos sólo son válidos si su diferencia está justificada por las ventajas que surgen directamente de la sustitución de un material por otro. Estos precios conducirán, al contrario, a un desequilibrio, con desventaja para el utilizador del material nuevo, si la mejora de las cargas de explotación se deriva sólo de una mejor organización de la fabricación o de una mejora que el utilizador podría aportar al material viejo.

c) Otro interés evidente del leasing es permitir al utilizador el ahorro de capitales propios, que puede situar en empleos quizá mejores económica, social o fi- nancieramente.

En este sentido, surge una nueva concepción del beneficio que resulta no de la posesión de un instrumento de producción, sino de su empleo.

d) El leasing debe desempeñar, pues, también un papel que permita la am- pliación de los circuitos de distribución, dado que las sociedades de este tipo son susceptibles, en definitiva, de resultar fundamentales en la pro- moción de las ventas.

e) Se puede pensar, en definitiva, que puede ser facilitado un incremento de las operaciones de leasing si se liga al cuadro cooperativo, en particular por aquellas agrupaciones deseosas de ver a sus miembros modernizar su equipo.

Podría en este caso desempeñar un papel económico importante, permi- tiendo al material una rotación más rápida. En efecto, a menudo las inver- siones exageradas en ciertas actividades van ligadas a una noción en muchos casos ilógica de la propiedad privada. Con el empleo del material con la fórmula del leasing, su utilización podría ser rotativa, asegurando así su pleno empleo.

1.6.2. El contrato de «leasing»

En resumen, el contrato de leasing se caracteriza por los siguientes extremos:

1. La duración de la operación, que coincide muchas veces con la vida econó- mica o con el período de amortización fiscal del equipo.

2. El importe y vencimiento de las cuotas que deben abonarse.

3. En caso del leasing neto, los gastos de mantenimiento y reparación, así como los seguros y los impuestos que deben ser soportados por el usuario. En el caso de leasing de mantenimiento, dichos gastos serán de cuenta de la em- presa arrendadora.

4. Terminado el período de alquiler, suelen ofrecerse al cliente las siguientes al- ternativas:

— Compra de la máquina a un precio prefijado.

— Rescisión del contrato y devolución del equipo.

— Prórroga del contrato con alquiler reducido.

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1.6.3. Modalidades del «leasing»

Existen tres modalidades distintas de leasing: operativo, financiero y lease-back.

En el leasing financiero, el arrendador es una institución financiera o una socie- dad filial de un banco; en el leasing operativo, el arrendador suele ser un fabricante, un distribuidor o un importador de bienes de equipo.

La diferencia fundamental entre el leasing financiero y el operativo es que aquél no tiene la condición de revocable que tiene el operativo y que depende, en todo caso, de la voluntad del arrendatario.

Como consecuencia de ello, las sociedades que practican el leasing operativo no alquilan más que material muy estandarizado dado que deben evitar el riesgo de ob- solescencia que pesa en las operaciones de leasing financiero sobre el arrendatario.

El lease-back se define como la compra por parte de una sociedad de leasing de un bien que luego cede simultáneamente en leasing a la empresa vendedora. En esta modalidad intervienen la empresa vendedora, que vende el activo y lo adquiere si- multáneamente en leasing, y la sociedad de leasing, que compra el activo y lo cede en régimen de leasing. La empresa vendedora obtiene el valor de mercado del bien como financiación, perdiendo al mismo tiempo su propiedad jurídica, pero no su disfrute. Existe la opción de recuperar la propiedad jurídica del activo y seguir con su disfrute al finalizar el contrato de lease previo pago del valor residual del bien prees- tablecido en la opción original de compra de aquél.

Pasamos ahora a hacer un breve resumen de ventajas e inconvenientes:

Ventajas del leasing:

— Sustituye la compra de equipos o su alquiler con las ventajas financieras que ello representa para el arrendatario.

— Se palia el riesgo de obsolescencia de los equipos.

— En general, los pagos por leasing son deducibles en los impuestos sobre so- ciedades.

Inconvenientes del leasing:

— Mayor coste.

— Limitación del contrato a determinados equipos e imposibilidad de su exten- sión a todas las inmovilizaciones de maquinaria.

1.7. ESPECIALIZACIÓN

Actualmente, en España no es muy frecuente la especialización en los trabajos de cons- trucción, lo cual no es óbice para la subcontratación de unidades aisladas (pues no se puede tener un parque completo para todos los tipos de trabajo); no ocurre como en Es- tados Unidos u otros países muy desarrollados donde hay multitud de empresas marca- damente especializadas en actividades tales como excavaciones en roca, movimientos de tierra, presas, etc.

No conviene creer que sólo en Estados Unidos existe esa modalidad, pues en Francia y Alemania se ha impuesto, aunque no con la importancia y peculiaridades que tiene en aquel país.

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Por otra parte, existe el problema de la maquinaria pesada de construcción en paí- ses en vías de desarrollo: al ser allí escasas las instituciones públicas que poseen y al- quilan maquinaria y pocas las compañías particulares que se dedican a este negocio, la oferta no cubre la demanda y, por tanto, la empresa constructora no tiene otro recur- so que la adquisición de las máquinas que precisa o bien practicar una limitada sub- contratación de ciertas unidades de obra. La falta de especialización en la construcción aumenta todavía más el problema. De ahí que sea recomendado un equilibrio entre crecimiento y especialización.

En todo caso, la era de la gestión científica ha comenzado.

Las empresas y la humanidad incluso abordan hoy una época de reconversiones perpetuas: en un próximo porvenir, las gentes y los negocios deberán cambiar con fre- cuencia de actividad durante su existencia, el trabajo manual corresponderá cada vez más a las máquinas y quedará un campo más amplio para la aventura del intelec- to. El signo del futuro será la velocidad y el cambio y sólo los métodos científicos po- drán permitir afrontar el necesario progreso. A ello no puede ser ajena la maquinaria de obras públicas.

1.8. ALGUNOS CONCEPTOS FUNDAMENTALES EN ECONOMÍA

(Un estudio más completo de los conceptos desarrollados en este apartado puede ver- se en el Anexo en DVD: «Conceptos fundamentales de economía».)

La industria de la construcción y la maquinaria (y bienes de equipo) que la hacen posible son dos pilares fundamentales de la actividad económica de un país. Hemos creído imprescindible el incorporar un apartado para hacer una exposición concisa de los conceptos que en la construcción y sus equipos encuentran su aplicación todos los días. Muchas veces el ignorar los fundamentos económicos de cualquier actividad puede llevar a situaciones económicas no deseables.

Aunque entendemos que hay que compatibilizar la brevedad con el rigor, se ha dispuesto en el libro un resumen del concepto que se aborda, reservando para los Anexos en DVD que forma parte del libro una explicación más detallada cuando el caso lo requiera. No debe olvidarse que existen múltiples tratados de economía que pueden ser estudiados cuando la profundidad de la cuestión estudiada así lo aconseje.

En cualquier caso, encontrará el lector en la bibliografía en DVD referencia cumplida de textos recomendados sobre la materia.

1.8.1. Políticas económicas 1.8.1.1. Política económica

La política económica es el conjunto de medidas del gobierno para regular o modifi- car el marco en que se desenvuelve la actividad económica de una colectividad. Los objetivos que persigue suelen estar condicionados por los juicios de valor del grupo dirigente y al economista le está vedado pronunciarse sobre la conveniencia de uno u otro. Su visión básica consiste en adoptar las medidas necesarias para alcanzar el fin que determina el político.

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Con carácter general, podemos señalar los objetivos perseguidos por la mayoría de los países. Son, sin orden de prelación, el equilibrio de la balanza de pagos, la esta- bilidad económica, el desarrollo, el pleno empleo y la distribución equitativa de la ren- ta nacional.

1.8.1.2. La economía keynesiana

La economía keynesiana se trata de un cuerpo de doctrinas inserto en la mayor parte de las economías occidentales que tienen su origen en las teorías de lord Keynes, eco- nomista inglés y autor de la Teoría general del empleo, el interés y el dinero y otros tratados que supusieron una auténtica revolución económica.

A Keynes se debe la idea de que es la demanda y no la oferta la que hace crecer el clima de actividad económica.

1.8.1.3. La macroeconomía

La macroeconomía es el estudio de la actividad económica a través de análisis de grandes agregados, tales como el volumen de empleo, la renta nacional, la inversión, consumo y ahorro global, nivel de salarios y precios, etc.

El análisis macroeconómico, en contra de lo que pudiera pensarse, no es una simple suma de las magnitudes macroeconómicas, ya que las reglas que guían ade- cuadamente a los individuos pueden ser contrarias al interés de la colectividad.

1.8.2. Los ciclos económicos

Los ciclos económicos son períodos de alta y baja en todos los niveles de la actividad económica, fundamentalmente la renta, nivel de precios y empleo.

Depresión: fase caracterizada por un fuerte desempleo y con una demanda insu- ficiente en relación con la capacidad productiva. Una gran parte de los precios des- cenderá, los beneficios empresariales caerán y en muchos casos serán negativos. El pesimismo general y la falta de confianza en el futuro será la causa de que no se pro- duzcan nuevas inversiones. Los bancos tendrán un exceso de liquidez en sus depósi- tos y nadie les pedirá prestado.

Recuperación: esta fase comienza tras superar el punto de inflexión inferior. Se inicia con la sustitución de la maquinaria vieja por otra más moderna. La renta, el em- pleo y el gasto de los consumidores comienzan a crecer. Las expectativas se hacen más favorables y con ellas las inversiones toman cuerpo. A medida que la demanda crece, los precios dejan de bajar y se va estimulando la economía en su conjunto.

Auge: en los últimos momentos de la recuperación empieza a tener lugar las pri- meras obstrucciones o embotellamientos en distintas industrias. Se llegará al pleno empleo e incluso se forzará la capacidad productiva; los recursos financieros co- menzarán a escasear y cada vez se producirán inversiones más cuantiosas. Los incre- mentos de demanda se traducirán en alzas de precios en lugar de aumentar la pro- ducción, puesto que la economía está a tope en un clima de optimismo general de grandes ganancias y especulaciones a corto plazo.

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Recesión: sobrepasado el punto de inflexión superior, comienza a descender la de- manda del consumo; inversiones que parecieron rentables no parecen provechosas.

Los intereses de los créditos contraídos en la fase anterior constituyen una carga fi- nanciera excesiva para empresas de pocos recursos. Aparece la quiebra y con ella el despido, desciende el empleo y se reduce la demanda, bajan los precios y, por tanto, los beneficios empresariales. Al final del proceso nos encontramos con la depresión, hallándonos de nuevo donde comenzamos.

1.8.3. Los principios y métodos económicos 1.8.3.1. El análisis marginal

El análisis marginal es el método de análisis económico basado en el estudio de la vida producida por sucesivas unidades de bien o en el coste de las sucesivas unidades de factor de producción empleado. Se considera que cada unidad de bien o factor po- see una relevancia distinta según el orden en que se consuman o empleen. El método juega con comparaciones entre situaciones de ganancia o pérdida derivadas de la in- clusión de una última o marginal unidad de bien o factor.

1.8.3.2. El efecto multiplicador

El efecto multiplicador es un término desarrollado por Keynes para expresar el au- mento experimentado en la renta nacional por encima del incremento en la inversión.

1.8.3.3. El principio del acelerador

Esta ley expresa la relación entre la variación de la demanda de bienes y la variación de la demanda de los bienes de equipo necesarios para producirlos.

La idea básica del principio del acelerador puede desarrollarse como sigue: cuan- do la renta es constante, no será necesaria la expansión de equipos y maquinaria existentes, la inversión se limitará a reemplazar la maquinaria a medida que se vayan inutilizando. De esta suerte, la inversión sería constante o igual al stock de capital y cada año se deteriora y debe reponerse. Sin embargo, a medida que la renta aumente, será necesario invertir en maquinaria y equipos para ampliar la capacidad productiva con la que atender la demanda creciente que provoca todo incremento de renta.

1.8.3.4. La inflación

La inflación es una situación anormal de una economía caracterizada básicamente por un alza continuada de precios que llega a erosionar de modo grave la moneda del país que la sufre.

Los orígenes o causas que desencadenan el fenómeno pueden ser varias, dando nombre a los distintos tipos de inflación. Existen las llamadas inflación de costes, de

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demanda, estructural y reptante. La más extensamente tratada ha sido la inflación de la demanda.

1.8.4. Capital y rentas

1.8.4.1. El mecanismo de transformación de rentas en capital

Cualquier cantidad de dinero de que disponga un individuo o una empresa puede en- tenderse como renta o capital. Para establecer la diferencia entre ambas hay que ana- lizar su origen. Así, por ejemplo, todo ingreso correspondiente a una venta de in- mueble o de un equipo, percepción de una herencia y casos similares se considera como capital. El que alquila un local percibe, evidentemente, una renta.

Se comprende que la misma cantidad pueda tener clasificación distinta según de qué lado de la transacción que la origina se considere. Así, por ejemplo, una cantidad prestada no tiene la misma consideración desde el punto de vista del deudor que del acreedor. Diferencias similares se aprecian igualmente cuando se estudia desde el pun- to de vista y bajo la óptica de la fiscalidad del estado y en particular de la empresa.

1.8.4.2. El proceso acumulativo

Existen en el mercado dos tipos de tasas de interés monetario: una que llamaremos tasa monetaria propiamente y la tasa natural. Vamos a definir en qué consiste cada una de ellas. La tasa monetaria de interés es aquella que se aplica al mercado de capitales y corresponde a la diferencia de un capital desde principio a final de año. La tasa na- tural de interés es la medida de productividad del capital invertido.

El equilibrio monetario se produce cuando ambas tasas son iguales, pues el in- versor no sabría dónde aplicar sus capitales. A este equilibrio monetario debe corres- ponder en teoría un equilibrio entre el ahorro y la inversión, o lo que es lo mismo, entre la oferta de capitales y la demanda de los mismos, sometiéndose pura y sim- plemente a la ley de la oferta de la demanda.

1.8.4.3. La inversión

La inversión es la acumulación de stocks al volumen de capital existente.

La inversión es junto con el consumo la componente dinámica de la renta, su vo- lumen depende del capital existente, del tipo de interés y del estado de las expectati- vas. Así como el consumo es una variable que se mantiene estable en el tiempo, la in- versión tiene unos límites de fluctuación muy amplios, y dado que la renta es la suma de consumo y de la inversión, se desprende que el modo de hacer aumentar aquélla es alentar la inversión.

1.8.4.4. El consumo físico del capital

Se admite en general tres formas de consumo del capital. Figura en primer lugar la destrucción del mismo, que, como resulta lógico, se produce por actos de la naturaleza

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incontroladas por el hombre, así como por los derivados de procesos bélicos y de ac- tividades malintencionadas.

La formación del capital en forma de material de producción constituye la se- gunda opción de consumo de capital, y en definitiva, y como tercera posibilidad, la obsolescencia, que equivale a la pérdida de valores de productividad independiente- mente de su degradación física.

1.8.4.5. El mecanismo de las inversiones

Amortización es aquella operación que permite transformar el ahorro en bienes de producción.

En el proceso económico, la inversión puede tomar diversas vías, ya sea de in- versión directa monetaria, de aportación de conocimientos y, finalmente, de otros pro- cesos de autofinanciación que, en definitiva, corresponden a soluciones mixtas.

1.8.4.6. El mecanismo económico

Los fenómenos económicos son producto de los agentes económicos, que, en defini- tiva, son su origen. Como centro de estos agentes económicos se sitúan fundamen- talmente las empresas que, en definitiva, son agrupaciones de intereses. En este mis- mo sentido puede extenderse el concepto al propio estado. La teoría económica comprende dos regímenes relacionados entre sí, que son las leyes económicas y los mecanismos económicos.

Podemos definir como régimen económico el ordenamiento dictado por las auto- ridades públicas y el conjunto de las instituciones donde se enmarcan las actividades económicas. Todo ello lleva consigo un sinnúmero de leyes y disposiciones de menor rango que tienen en la mayor parte de los casos un carácter coercitivo. No puede du- darse que ciertas instituciones, así como las bolsas de comercio, las aduanas, la fis- calidad y el control de cambios, por no citar más que unas pocas, dan una estructura y la energía que mueve a los agentes económicos a los que sirven de soporte y situación en la mayor parte de los casos.

La conjunción de las instituciones y las reglas que de ellas emanan tanto de orden geográfico, técnico, así como orgánico, deducimos el concepto de sistemas econó- micos.

Resulta evidente que la configuración política tan dispar a lo largo de diversos territorios e incluso dentro del mismo territorio da una impronta característica que se llama política económica.

1.8.4.7. Influencia de los regímenes

Es un hecho constatable que las situaciones económicas de un país y las leyes que de éstas se derivan tienen una cierta coherencia y por supuesto responden a algo homo- géneo. Resulta, por tanto, lógico que cualquier cambio de régimen económico dentro del mismo país, o en el caso más complejo, en países distintos, toda actividad econó-

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mica o su ritmo puede cambiarse por el mero hecho de modificar las instituciones o las leyes que de ellas emanan.

Hoy nos encontramos en el mundo una serie de doctrinas diferenciadas y que se aplican a una serie de países durante un cierto tiempo. Durante años ciertos países han respondido a regímenes de economía dirigida en los cuales la generación de la rique- za y su reparto respondían a planes perfectamente organizados por la autoridad eco- nómica. En muchos casos, en este tipo de economía, toda la actividad de un país se in- tegraba en un plan, al cual se dotaba de recursos, teniendo en la mayor parte de los casos un carácter fuertemente coercitivo.

Los países con economía liberal por principio se basan en la libertad de producción, de intercambio, de consumo y de precios. No están limitadas estas libertades en gene- ral por los poderes públicos, que se reservan el papel de guardianes del orden econó- mico, dejando a los individuos y a las empresas todo el riesgo y la responsabilidad de asumir éste. En estos casos, no quiere decirse que la autoridad gubernamental renuncie a establecer las reglas del comercio y de la economía, sino que más bien se dedica a marcar ciertas reglas del juego económico y al control de su aplicación.

1.8.5. Oferta y demanda 1.8.5.1. La oferta

La oferta es la cantidad de mercancía que se está dispuesto a vender a un precio dado y en un momento determinado. La oferta de todo producto es función de su precio, de los precios de los factores que intervienen en su elaboración, del estado de la tecnología y de las expectativas empresariales. Así como la demanda varía inversamente con el pre- cio, la oferta lo hace directamente aumentando a medida que lo hace el precio.

1.8.5.2. La demanda

a) Cantidad de mercancía que los consumidores están dispuestos a adquirir a un precio determinado y en un momento dado en un cierto mercado. En general, la demanda de cualquier producto es una función de su precio, de la renta del in- dividuo, de los precios de otros bienes y de los gustos o preferencias del sujeto.

Varía inversamente con el precio del producto en cuestión y se representa gráficamente con una curva descendente y convexa con respecto al origen in- dicando el precio en ordenadas y la cantidad de mercancía en el eje de abscisas.

b) Demanda conjunta: relación entre dos o más mercancías en virtud del cual el aumento de la demanda de una produce un incremento en la otra. El concepto contrario es el de demandas rivales en el que el aumento de la demanda de un bien produce un descenso en la del otro. Ejemplos de demandas conjuntas pue- den ser la de automóviles y gasolina; como bienes de demanda rivales, pode- mos citar la mantequilla y la margarina.

c) Demanda global: suma de la demanda de bienes de consumo y de inversión ejercida en el ámbito de una economía nacional. Recibe también la denomi- nación de demanda efectiva.

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1.8.5.3. Elasticidad de la demanda

Es la medida de sensibilidad de la demanda ante una variación en uno de sus factores, generalmente el precio.

a) En función del precio del producto: se define como el cociente entre en el cam- bio relativo en la cantidad demandada del producto y la variación relativa del precio del mismo.

b) En función de la renta del sujeto: se define como cociente entre el cambio re- lativo en la cantidad demandada y la variación relativa en la renta del sujeto.

1.8.5.4. Elasticidad de sustitución

La elasticidad de sustitución es el grado de facilidad de sustitución de una mercancía por otra en orden a la satisfacción de las necesidades de los consumidores o la pro- ducción por parte de los empresarios.

1.8.6. El beneficio 1.8.6.1. El coste

El coste es el conjunto de bienes, servicios y esfuerzos que han de ser sacrificados para obtener un producto.

Para producir un bien existe un número determinado de procedimientos, de ellos debe elegirse aquel que resulte más barato; pues bien, la función que muestra el cos- te asociado a cada nivel output bajo el supuesto de que siempre se elige el método más barato recibe el nombre de función de costes o función de costes totales. La estructu- ra de esta función recoge dos tipos de costes: de una parte, incluye los costes fijos de- finidos como aquellos cuyo importe es independiente del volumen de producción, como, por ejemplo, los alquileres de una nave industrial dedicada a la producción de excavadoras; de otro lado, recoge los costes variables, que son aquellos que varían di- rectamente con el output obtenido, como, por ejemplo, los costes de obtención de las materias primas o la energía consumida por la maquinaria utilizada. El coste total se obtiene de la suma de la función de costes variables y el coste fijo. El coste medio se obtiene de dividir el coste de producir cualquier volumen de producción entre el nú- mero de unidades producidas, es decir, el coste por unidad. Los costes medios pueden dividirse en costes fijos medios y costes variables medios, del mismo modo que ocurre con los costes totales. Debe notarse que los costes variables medios pueden cre- cer o disminuir al aumentar la producción; los costes fijos medios decrecen conti- nuamente a medida que aumenta el output.

1.8.6.2. Histéresis de los costes

La histéresis de los costes es un fenómeno producido en los costes totales de una em- presa cuando se reduce el volumen de producción y originado por la imposibilidad de disminuir los costes fijos.

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1.8.6.3. El beneficio

El beneficio es la diferencia entre los ingresos procedentes de una explotación y los costes en que ha incurrido la producción.

En la teoría económica clásica, el concepto de beneficio constituye el móvil últi- mo de la actividad empresarial, señalando que es el afán de lucro lo que mueve al em- presario a lanzarse a la aventura de la producción, del mismo modo que al individuo le mueven móviles egoístas a la hora de satisfacer sus necesidades mediante el con- sumo de bienes.

1.8.7. Monopolio y competencia 1.8.7.1. Competencia

La competencia se define en economía como la situación de aquel mercado en que no existe control sobre los precios por parte de ningún individuo, ya sea productor o con- sumidor. El concepto fue desarrollado por los economistas clásicos e incluso la cla- sificaron con los términos perfecta o imperfecta. Por competencia perfecta se entien- de aquel mercado en el que concurren un número indeterminado de oferentes y demandantes, de modo que ninguno de ellos puede influir sobre el precio del pro- ducto; al mismo tiempo, no existe la menor diferenciación entre las unidades de pro- ducto y se cuenta con una información clara y precisa acerca de precios y calidades.

Por competencia imperfecta se entiende toda situación de mercado en la que el precio está influido por grupos e individuos y se da un cierto grado de diferenciación en los productos, faltando la nota de transparencia o conocimiento claro sobre precio y mercancías.

1.8.7.2. Discriminación de precios

La discriminación de precios es el establecimiento de distintos precios para un mismo bien o servicio en distintos mercados.

La discriminación requiere dos condiciones: la existencia de curvas de demanda distintas para cada mercado y el poder del oferente de influir sobre el precio del producto derivado de una cierta posición monopolística. En efecto, un monopolista al- canza su máximo beneficio cuando consigue igualar su ingreso marginal con su cos- te marginal. Si se vende en dos mercados con demanda distintas, los precios a los que opere cada mercado variarán en función de esas demandas.

1.8.7.3. «Dumping»

Es la práctica de competencia desleal que consiste en vender en el extranjero a precios más bajos que el mercado interior. El productor trata de compensar el precio exterior con el interior con objeto de cubrir sus costes.

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1.8.7.4. Duopolio

Es la situación del mercado en la que sólo existen dos únicos vendedores. Es un caso particular del oligopolio en el que las variaciones en el precio y el volumen de pro- ducción por parte de uno de los vendedores desencadena reacciones en el precio y la cantidad ofrecida por el otro, condicionando sus respectivas decisiones en orden de maximizar sus beneficios.

1.8.7.5. Monopolio

Situación del mercado en la que sólo existe un único vendedor frente a un número in- determinado de demandantes. Su condición de monopolista le permite influir sobre el precio del producto o sobre la cantidad vendida, pero no sobre ambas variables si- multáneamente, puesto que se encuentran ligadas por la función de demanda.

1.9. LAS DISTINTAS DECISIONES ECONÓMICAS EN LA EMPRESA

1.9.1. Las decisiones secuenciales

Tras la adquisición de bienes y equipos sigue su puesta en explotación, luego vienen los ciclos de renovación y reparación y, finalmente, la venta o eliminación de los ma- teriales y bienes inservibles. Puede suceder también que en el momento de la inver- sión, o después de una reparación, el material sea almacenado como reserva para un uso ulterior, pero en todo caso estas fases sucesivas constituyen un verdadero ciclo.

Así, pues, aparecen tres grandes categorías de problemas secuenciales:

— Determinación de las inversiones (naturaleza, cantidad, calendario, etc.).

— Gestión de un funcionamiento satisfactorio, o sea, seguro y fiable (conserva- ción).

— Gestión técnico-económica de los abastecimientos y stocks.

Es evidente que las decisiones no se pueden tomar aisladamente, pues cada una condiciona en parte o decisivamente las otras. Por consiguiente, la elección no debe realizarse entre dos o tres decisiones alternativas, sino entre varias políticas, que no son otra cosa que secuencias de una decisión global. La elección debe tener en cuen- ta la política hasta un horizonte económico determinado, lo cual puede suponer sa- crificios necesarios en ciertos períodos.

En el caso más general, donde el porvenir es aleatorio, estocástico o markoviano, una política fija al azar, de una forma única, la respuesta que debe darse: a cada una de las situaciones posibles, un determinado algoritmo hace corresponder una decisión de- terminada.

Los tres problemas que hemos citado (inversiones, mantenimiento y almacena- miento) no son independientes, puesto que, por ejemplo, la elección de una política de inversiones está ligada a su fiabilidad.

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Comencemos por las inversiones.

En la empresa se pueden distinguir fundamentalmente dos tipos de inversión: por una parte, el deseo de acrecentar la capacidad o el potencial de la empresa lleva a efectuar las inversiones llamadas de expansión; por otra, el desgaste y la obsolescen- cia arrastran a inversiones llamadas de renovación. Estas dos posiciones, que deben forzosamente diferenciarse, pues son radicalmente distintas, implican cuatro tipos ca- racterísticos de inversión:

1. Inversiones de sustitución.

2. Inversiones de expansión.

3. Inversiones mixtas (de renovación y expansión).

4. Inversiones estratégicas.

Decidir un programa de inversiones necesita previamente una información so- bre la situación actual (leyes de duración de vida) y de los criterios futuros que se fi- jen para la misma (evolución de la demanda, nivel de los precios, previsiones que pueden ser consideradas ciertas o aquellas en las que interviene un factor de proba- bilidad, etc.).

Existen numerosos criterios cuyos desarrollos son perfectamente conocidos y cuantificables.

Es importante distinguir entre los criterios que llamaremos de riesgo y los criterios simplemente económicos.

Los criterios económicos son:

En porvenir cierto:

— El criterio del beneficio actualizado (a diferentes tasas).

— El criterio de la tasa de rentabilidad máxima.

— El criterio de capitalización y de plusvalía (de empleo delicado y que a menudo se clasifica entre los criterios de riesgo).

En porvenir aleatorio:

— El criterio de esperanza de beneficio actualizado (a diferentes tasas).

— El criterio de una tasa de rentabilidad esperada.

Los criterios de riesgo son:

En porvenir cierto:

— El criterio del tiempo de recuperación.

— El criterio del precio de coste.

En porvenir aleatorio:

— El riesgo de ruina o accidente.

Tratamos someramente ahora el concepto de conservación.

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Debe definirse ante todo el concepto de duración de vida de un bien o de un equi- po. Se entiende por tal el tiempo que transcurre desde el nacimiento industrial del equipo hasta su muerte técnica (por oposición a su muerte económica); la obso- lescencia no interviene generalmente en esta definición. En un estudio de esta natu- raleza, el cálculo de probabilidades y la estadística asimilan los procesos de avería a leyes perfectamente determinadas para cada tipo de bien o material.

Debe tenerse igualmente en cuenta que a los procesos habituales de manteni- miento se añaden las repercusiones de los costes de avería inducidos, que pueden ser muy elevados.

La definición de una política de gestión de un parque permite establecer previ- siones (eventualmente aleatorias) de materiales que deben renovarse en función de los cuales se calcula el stock de piezas de recambio.

Para fijar el orden de magnitud de las cantidades que han de almacenarse y el es- pacio de las órdenes de compra, la consideración de un régimen permanente en el con- sumo de los stocks es una hipótesis interesante.

1.9.2. Criterios de valor

Debemos recalcar la preocupación esencial para asegurar que sean tomadas y ejecu- tadas las decisiones correctas en lo que a inversiones, conservación y stocks se refie- re. Las relaciones de prioridad deben estar organizadas de forma que se consiga ob- tener las informaciones necesarias, difundirlas entre aquellos que las precisan, verificar que se toman las decisiones de acuerdo con los fines de la empresa y, final- mente, controlar la ejecución de estas decisiones. A causa de su papel central, el aná- lisis de la noción de decisión debe ser necesariamente el punto de partida de todo es- tudio de gestión cualquiera que sean los aspectos a que afecta.

Considerada abstractamente, una decisión es una elección entre un conjunto de ac- tos posibles. Esta decisión es correcta si, al haber sido hecha en función de un criterio de valor que permite clasificar las consecuencias de estos actos, escoge el acto que en- gendra las consecuencias teniendo el mayor valor.

Aislando los elementos constitutivos de una decisión, encontramos:

— Estudio del campo de actos posibles.

— Estudio de sus consecuencias.

— Maximización de un criterio de valor.

De esta definición se obtienen ciertas técnicas económicas muy fructíferas que nos ayudarán a precisar el campo de las actividades posibles. Se notará que se ha evitado caracterizar una decisión correcta como la elección del mejor medio para al- canzar un fin dado. En efecto, lo que es un fin en un cierto aspecto, puede no ser más que un medio cuando se le contempla con una perspectiva más amplia. Dicho de otra forma, existe una jerarquía de criterios de valor, y según el tipo de decisio- nes que se consideren, es preciso recurrir a un criterio más o menos elevado en la jerarquía.

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1.10. CLASIFICACIÓN DE LAS INVERSIONES

Es evidente que el proceso de inversión determina en muchos casos el origen de un proceso económico.

Sin embargo, no debe creerse que únicamente la inversión resuelve todos los casos de desarrollo económico.

El proceso de inversión está ligado frecuentemente a la conservación y la fiabilidad.

Son múltiples los tipos de inversión, como antes se ha dicho; sin embargo, pode- mos establecer los siguientes campos o ámbitos de aplicación:

a) Inversiones de sustitución

Corresponden a la sustitución de los equipos usados u obsolescentes por otros nuevos aplicables a las mismas tareas o fines.

Este tipo de inversión corresponde a los casos más frecuentes y numerosos, si bien es la más sencilla de evaluar.

Debe tenerse en cuenta, no obstante, que una inversión de este tipo debe ser con- secuencia de un análisis exhaustivo de los precios de coste resultantes y de los bienes producidos por la máquina, así como de la incidencia que en el proceso de producción hayan tenido las averías sufridas por los equipos. Igualmente, debe ser considerado con la mayor atención el progreso tecnológico a que responde la má- quina que ha de sustituirse, pues la evolución técnica puede haber variado de forma radical el tipo de máquina, su concepción y, lo que es más importante, sus costes de producción.

b) Las inversiones de expansión

Con ellas las empresas hacen frente a la evolución de una demanda favorable en sec- tores expansivos.

Los sectores dinámicos de la economía determinan en cada sector de actividad las posibles inversiones, ya sea por el aumento creciente de servicios o productos ya co- nocidos o por la incorporación de nuevos productos demandados.

c) Las inversiones mixtas (de renovación y expansión)

Éstas tienen por fin la mejora de los costes de producción, en muchos casos con re- ducción de la mano de obra, o simplemente la mejora de calidad y el precio de coste de productos ya existentes en el mercado.

Deben tenerse en consideración los cambios estructurales que en los costes puede producir una inversión de modernización, pero sobre todo los que producen las in- versiones de innovación, donde un estudio de marketing puede ser muy conveniente.

Dentro de este tipo de inversiones, pueden incluirse aquellas que contemplan una mejora con racionalización de ciertos tipos de trabajo y en particular las que tie- nen repercusiones de tipo social con mejoras importantes en los trabajos más penosos.

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d) Inversiones estratégicas

Se entiende por inversiones estratégicas aquellas que tratan en particular de cubrir o, en todo caso, reducir los riesgos que proceden del progreso técnico y de la concurrencia.

Este tipo de inversiones puede tener el carácter defensivo, como, por ejemplo, cuando se trata de proteger a la empresa contra compras defectuosas o a precios exce- sivos, o bien pueden tener el carácter ofensivo, permitiendo mantener el ranking de una determinada empresa o actividad al ser los primeros en ofrecer técnicas de vanguardia.

Se incluyen a veces en este apartado las inversiones de diversificación, que, en todo caso, procuran estabilizar o incluso mejorar la rentabilidad de una empresa abriendo otros mercados, sobre todo cuando en la perspectiva de las actividades tra- dicionales se advierten situaciones coyunturales en baja o poco propicias.

1.11. LA CONSTRUCCIÓN Y SU TIPO DE COMERCIO.

ORGANIZACIÓN

Damos, pues, por descontado, a la vista de lo expuesto hasta aquí, que la creciente me- canización de la empresa es un hecho innegable y que se impone cada vez más como algo inevitable.

No hay que olvidar que mecanizar no es un capricho; su razón de ser está en pro- ducir más y más barato.

Pero también mecanizar las obras exige fuertes inversiones, y todo depende de la celeridad que se le imponga a la obra. Este dinero en juego es importante (puede ele- varse hasta el 50 por 100 del presupuesto de las obras de puertos, el 25 por 100 de las hidráulicas y de carreteras, etc.). Por consiguiente, el control de explotación de la ma- quinaria es necesario y casi podríamos decir que vital, dependiendo en muchos casos lo ganado o perdido de la gestión de los equipos.

El hecho de que la empresa de obras públicas no obtenga frecuentemente pro- ductos manufacturados, cuyo precio de coste es conocido con gran exactitud, deter- mina la necesidad del control de todos los gastos para suplir en lo posible esta falta de definición de factores inciertos.

También es innegable que las dificultades de ejecución imponen a cada obra en particular un matiz que no se puede traducir en muchos casos en una predicción cuantificada; por tanto, es necesario dotar de costes de coeficientes de seguridad prudentes a todos los cálculos para que el riesgo de error disminuya.

Hay más: el tipo de industria de la construcción responde al ciclo bien conocido de:

— venta (adjudicación de la obra);

— compra (adquisición de materiales, maquinaria, etc.), y

— fabricación (construcción);

en contraposición con el de:

— compra (adquisición de equipos y materiales);

— fabricación, y

— venta,

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que caracteriza a la mayor parte del resto de actividades industriales, lo cual influye en sus resultados de forma tal que la industria de la construcción puede ser muy sensible a una coyuntura económica desfavorable.

Ahora bien, todos estos inconvenientes se pueden combatir de manera cómoda mediante un sistema de control jerárquico y detallado de todas las actividades, así como con un marketing eficaz. Los procedimientos que presiden la improvisación y falta de control y responsabilidad desmotivan, a poco que se practique, a todos los que activamente participan en las labores.

1.12. LIMITACIONES EN LA APLICACIÓN DE MAQUINARIA Hace ya años se pensaba en que el volumen de una obra imponía el empleo de má- quinas.

Hoy hay máquinas para todos los tamaños; todo es cuestión de estudiar y encon- trar una cuyo coste sea aceptable para nuestro presupuesto y plan de obra.

Las únicas dificultades en el mundo de la maquinaria de hoy pueden nacer de un mal planteamiento económico y financiero. Pero hay que tener muy en cuenta que lo que no se puede pretender es resolver con máquinas las incongruencias en los proyectos.

Pongamos unos ejemplos:

Si al hacer un canal en terreno blando se le da de ancho a la solera 0,80 m y se pretende que se haga con traílla, habrá que inventar una traílla de ese tamaño, lo cual es técnica y económicamente absurdo.

Si pretendemos hacer un pantalán con medios flotantes y no prevemos que éstos calan más de 3 m, cuando solamente el calado de que se dispone en el lugar es de 2 m escasos (por eso se hace el pantalán, porque en las inmediaciones de la costa no hay calado suficiente), querrá decir que los elementos de colocación de pilas y tramos han de ser forzosamente terrestres para avanzar desde tierra y no flotantes, como por error podría figurar en el proyecto.

Por otra parte, en el estudio de rendimientos de una máquina se prevén normal- mente dos meses de parada al año por razones de fuerza mayor, riadas, nieve, altura de marea, etc. Una máquina no tiene que funcionar precisamente durante todos los días del año y todos los meses del mismo, aunque esté indicada para ese trabajo. Hay siempre épocas de parada que, además, resultan beneficiosas para el mejor entreteni- miento de las máquinas y para prepararlas para la próxima campaña.

La única limitación seria que se impone a veces al desplazamiento de las máquinas es la ausencia de medios de transporte para llevarlas a su lugar de trabajo, y aun así, no es ello una limitación insalvable (ejemplos de la presa de Kariba, en plena selva del Congo, o la construcción ex novo de la ciudad de Brasilia, por sólo citar dos ejemplos).

1.13. PANORAMA DEL SECTOR DE LA CONSTRUCCIÓN Y SU MECANIZACIÓN

Es evidente que existen notables dificultades para realizar un análisis estadístico exhaustivo del mercado mundial de maquinaria, aunque se estima que el área de

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Norteamérica absorbe cerca de los dos quintos del total de la producción mundial; los otros países industrializados son partícipes de forma proporcional a su producto na- cional bruto.

La distribución de los tipos de máquinas se establece, grosso modo, en países desarrollados de la siguiente manera:

— El 50 por 100 del total de ventas corresponde a los equipos de movimiento de tierras y rocas y al transporte primario.

— Un 15 por 100 corresponde a la maquinaria de elevación.

— Un 10 por 100 a los equipos para preparación, transporte y elaboración del hormigón.

— Un 5 por 100 para los equipos específicos de carretera.

— Un 5 por 100 para la preparación de los materiales.

— Un 15 por 100 para material diverso.

Debe llamarse la atención sobre el hecho de que a escala nacional se producen fuertes variaciones cíclicas de la demanda, del nivel de desarrollo y de la coyuntura en general, y de otras, que son función de las diversas políticas gubernamentales o del en- foque que se dé a las mismas, ya sea para estimular la actividad económica o el em- pleo o para yugular la inflación.

Es evidente que en el mercado de la maquinaria la acción de los gobiernos se ejer- ce básicamente a través de la planificación de los créditos presupuestarios para obras.

Por otra parte, la demanda de equipos de construcción tiene una dependencia for- zosamente estricta de las medidas tomadas con relación al crédito, la fiscalidad, los ni- veles de remuneración de las diversas actividades del sector, la política de inmigra- ción, etc., que sería prolijo evaluar para cada país y cada momento.

Finalmente, la expansión de los equipos de construcción influirá de forma favo- rable en algunos de los siguientes factores:

— El fuerte aumento previsto de la población mundial durante el presente si- gloXXI, fundamentalmente en los países subdesarrollados.

— El desarrollo continuo de las aglomeraciones urbanas: se ha llegado a evaluar que al final del siglo los dos tercios de la población del globo vivirá en las ciu- dades, aglomeraciones urbanas o en sus zonas satélite frente al 20 por 100 en que se estimaba esta población a mediados del siglo XX.

— Los trabajos de infraestructura con inversiones ya planificadas para adaptar el contexto del hábitat humano a la forma de vida de nuestro tiempo.

Es evidente que el mercado de la construcción de equipos para empresas de obras públicas, así como la estructura económica de estas últimas, responde a fórmulas relativamente estandarizadas en los países industrializados y a su vez son función de la coyuntura.

Así, por ejemplo, la relación de las inmovilizaciones a la cifra de negocios puede estimarse de forma orientativa, y sólo a efectos comparativos, del orden del 25 por 100 en la construcción y obras públicas frente al 35 por 100 en las industrias quími- cas, al 40 por 100 en la mecánica en general y al 80 por 100 en la industria del auto- móvil.

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Dentro del mismo carácter indicativo, las inmovilizaciones netas se sitúan entre el 20 y el 40 por 100 de los activos en la construcción y obras públicas (sus industrias y servicios). A efectos comparativos, esta proporción se sitúa en el 50 por 100 para la industria del automóvil, las industrias químicas, las del papel y los servicios; en el 55 por 100 para la industria de los materiales de construcción; en el 60 por 100 para la mayor parte de las industrias extractivas, y en el 70 por 100 para el transporte.

La inversión anual de las empresas representa entre el 3 por 100 (obras comple- mentarias de construcción de edificios) y el 6 por 100 (obras de estructuras de edifi- cación y obras públicas) de la cifra de negocios, incluidas todas las tasas. Es, por tan- to, normal que en obras públicas el material mecánico concentrado en la obra represente de media el 5 por 100 del coste total de los trabajos que han de realizarse.

Todo ello en países desarrollados y en una coyuntura media favorable.

Especialmente significativo es el valor añadido, que se sitúa aproximadamente en el 10 por 100 de la producción interior bruta; las inversiones de las empresas repre- sentan posiblemente el 7 por 100 de la inversión productiva privada, y el 6 por 100 de la inversión productiva total de la nación en condiciones normales.

Anualmente, SEOPAN (Asociación de Empresas Constructoras de Ámbito Na- cional) y ANCOP publican un voluminoso «Informe regional», que puede obtenerse de la página www.seopan.com y que para facilidad de los lectores se incluye en el DVD en su edición de 2005 (Anexo en DVD: «Informe regional 2005 del SEOPAN»).

Damos a continuación algunos de los datos finales sobre la construcción en 2005 recogidos en el mencionado informe:

Valor añadido bruto 93.896 millones de euros.

Crecimiento 05/04 5,5 por 100.

Productividad 39,83 euros/ocupado.

Crecimiento 05/04 0,9 por 100.

Población ocupada 2.357.000 personas.

Porcentaje respecto al total 12,4 por 100.

Licitación pública 39.956 millones de euros.

Consumo de cemento 51,6 millones de toneladas.

En definitiva, la política de inversiones de las empresas, a la vista de las caracte- rísticas especiales del negocio, debe tener en cuenta las políticas de inversión princi- pales siguientes que dependen, en todo caso, del grado de desarrollo y de la coyuntura de cada momento:

— Determinación de las oportunidades óptimas de contratación.

— Pleno empleo de los equipos.

— Plan financiero de las inversiones.

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