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REVISTA DE LA SEMANA.

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4-2 rs.; un afio 80 rs.

MADRID 10 DE JULIO DE 1864.

un año 96 TS.-CVBA, PCERTO-KICO T ESTRANJERO, A l S U V I H . un año 7 pesos.—AMERICA Y. ASIA, 10 4 lo pesos.

REVISTA DE LA SEMANA.

o puede negarse que los estudios médicos general- mente conducen á estudios filosóficos, y asi se ve que una gran parte de los que han brillado como filósofos, lian empezado por apren- der la medicina. Lis auxi- liares de esta ciencia son á su vez cienci is tan vastas, que cuando se ha penetrado en ell:is no puede menos de elevarse el ánimo á consideraciones superiores y fijarse en los problemas mas importantes v difíciles de la filosofía. Esto es lo que ha hecho don Federico U u - bio, médico de Sevilla, donde ha dado á luz dos obritas que muestran reflexión profunda y percepción clara, no menus que estudio atento de los progresos filosóficos modernos. La primera de ellas se titula El libro chico, libro del cual no teníamos conocimiento hasta que el autor se ha servido remitirnos la contestación dada á la critica que un periódico de Cádiz hizo de él. Esta con- testación forma la segunda obra y es una esplanacion sucinta de la primera. Por lo que podemos juzgar des- de luego, El libro chico es un ensayo para un libro grande; y nosotros («citaríamos al señor llnbio á que i e s c r'biese. Si no estamos equivocados, presenta en él las teorías que Tiherghien desenvuelve en su última obra la Ciencia drl alma en los limiten de la observa- ción.^ Hubiéramos querido ver traducida esta obra al español y aun habíamos empezado á traducirla, pero otras atenciones nos han impedido continuar : y si hay quien con la propiedad de lenguaje que presta la ori- ginalidad y con el conocimiento profundo que da la meditación sostenida sobre un objeto dado, nos pre- senta un libro semejante, nosotros saludaremos con jubilo su aparición, que será una honra para nuestra patria. '

. Ya que revistamos obras nuevas, debemos hacer men- ción de unas Hojas de un libro, originales de , Adolfo Llanos y Alcaraz, publicadas bajo el título de La mujer

en el siglo XIX y precedidas de un prólogo por don Manuel Cañete, académico, etc. El autor de este libro es un joven de veinte y tres años, hoy teniente en el regimiento de Saboya , con siete años de servicio, sin los abonos de la campaña de África. Y bien, ¿qué pien- sa de la mujer un joven teniente? Por regla general se puede contestar que lo que piensan todos los que no han llegado á capitanes , época en que las seducciones de la mujer hacen mas estragos en los cuerpos del ejér- cito y obligan á cambiar de opinión y humillar su cerviz á muchos que han arrostrado con frente erguida el fuego del enemigo. Pero si bien esto es aplicable á nuestro autor, espone sus opiniones con tanta gracia . les presta un interés dramático y novelesco tan seductor, que.

aunque uno no participe de ellas, encuentra entrete- nido el libro : cuanto mas que en algunas páginas se hallan máximas que instruyen y sentencias que s u s - penden. El señor Llanos, generalmente hablando, toma las esnepciones por reídas, y la mujer sale por consi- guiente poco favorecida de sus manos. Mas para cuan- ¡ do llegue á capitán le emplazamos: luego que tenga en la manga las tres estrellas, le será imposible resistir á los dos luceros que boy sin duda le acechan en la sombra. |

Los calores de la estacón, á semejanza del ángel e s - f.erminador, avanz m sobre nosotros con su espada de fuego, y para evitar sus estragos muchas familias, ya por inspiración propia, ya por consejo de los médicos, comienzan á preparar baúles, maletas y sacos de noche y á einÍL'1-ar al Norte., Nordeste y Noroeste. ¡ Qué cosas van á ver ahora las playas del mar Cantábrico y del Océano! Para el sol todavía hay algo reservado; pero la verdad es que al mar no se le reserva nada. Tiene con los confesores este privilegio, que siempre es penoso, dígase lo que se quiera. El padre Océano se ve obligado todos los años á acariciar á los hijos que le llegan del inferior y que durante nueve meses no se han acor- dado ile é l ; y si bien se suele tragar unos cuantos por via de compensación de sus sinsabores, esta compensa- ción no equivale al trabajo que le dan en todas las pla- yas con el eirgo de lavandero y purilicador universal que le confieren.

Los que no salen á baños de mar se reparten entre los pueblos de. las inmediaciones de Madrid : el Escorial, la (¡ranja , Pozuelo , Carabanclie.l son los mas concur- ridos; Villaviciosa, Mirallores, Navalcarnero, Léganos, Valdemoro tienen sus partidarios; y aunque le mencio-

namos el último, no es sino el primero en nuestra esti-

¡ marión el gran Getafe, famoso por sus cereales, sus rosquillas y sus colegios de ambos sexos.

Desde Getafe á Madrid hay dos medios principales de locomoción : el ferro-carril y la diligencia. En la d i - ligencia se va tan pronto como en el ferro-carril y por menos dinero. Nosotros, por consiguiente, que de cuan- do en cuando solemos retirarnos al rincón mas pacífico de, esa pacífica villa á meditar sobre las miserias y gran- dezas humanas y sobre el modo de hallarnos en aptitud : de escribir la revista de la semana el dia del Corpus de 196Í (tanta es la previsión con que procuramos com- placer á nuestros lectores), nosotros, pues, todo bien considerado, preferimos la diligencia al tren en este caso especial, y con ello nos ahorramos: i " la incomo- didad de bajar á la estación de Madrid ; 2.° la de subir de la estación de C.etafe al pueblo; 3.° el percance á que estamos espuestos, cuando volvemos, de volver entre cestas de tomates en un coche de mercancías por no haber asientos de primera, ni de segunda, ni de ter- cera clase; 4.° la incomodidad que nos resulta cuando dadas las quejas á la empresa y escritas en lo que lla- man libro de reclamaciones, la empresa se cree un p e r - sonaje demasiado elevado para hacer caso de ellas;

5." el recargo de un real en billete que es la diferencia entre asiento de primera en el tren y asiento de berlina en el coche; 6.° el impuesto que sobre viajeros acaba de. decretar la ley última de presupuestos y que ya se ha puesto en vigor. Estamos, p u e s , exentos del impuesto como los antiguos nobles ó como los habitantes de las Provincias Vascongadas que son nobles de hecho y de derecho, y de ningún modo pecheros.

Es verdad que si Dios quiere pensamos visitar las susodichas Vascongadas y entonces habremos de pa- garlo todo con las setenas ; pero aun este pensamiento está en embrión por mas que el médico exija que se realice, porque aunque, tenemos la felicidad de no ser necesarios á la cosa pública, hay cosas particulares que reclaman nuestra presencia.

Yr ustedes advertirán, caros lectores, que en esta r e - vista apenas hablamos sino de nuestra persona, la cual ustedes juzgarán que no vale la pena de ocupar su aten- ción tanto tiempo. Es verdad; pero no habiendo nada que decir, no pasando nada en el mundo que pueda tener cabida en nuestras columnas , habiéndose cer- rado los teatros, marchado de Madrid muchos ingenios y muchos artistas, concluido las grandes funciones de

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iglesia, puesto bozal á los perros , decretado la aper- tura de la zanja fiscal alrededor de esta muy heroica villa, no pudiendo por consiguiente hablar ni de solem- nidades religiosas, ni de producciones teatrales, ni de obra? de arte, ni de perros rabiosos, ni de contrabando en materia de consumos, tenemos que hablar de nos- otros mismos, aunque se nos considere género averiado y un si es no os de contrabando para introducido en esla revista.

101 dia 10 se abre la exposición de liauma. Ya verán ustedes cosa buena después del dia 10. Entre tanto, las reflexiones que hicimos el otro dia cutí unitivo de l.i pro- yectada esposicion hispano-aniericana . han iludo mar- gen á la comunicación siguiente, que mis remite un suscritor al Misi:a. y que insertamos par conclusión porque hace aqui muy al caso:

«Ton mucha gusta heñios visto en EL MTSKO I'MVIOH- s.u. de este mes. que en la revista recuerda usted el olvida en que está el llevará efecto la esposician hispano-anie- ricana que con tanta calor empezó en el aña de ISIÍ7.

Siendo muy exactas los datas que usted reliere , le falta aumentar, si lo cree apertuna: que el gobierno cam- pró cerca de dos millones de pies de terreno hace das años ; que pagó y se otorgó la escritura ; que se anun- ció el concurso para los planos del palacio ; que o>los se presentaron: que por opinión de la Academia de San Fernando se eligió el que había de servir; que mas tar- de se acordó ¡inunci r la subasta de las obras; y que después, no sé p o r q u é , lia caido en olvido este im- portante ¡isuntu para los adelautos de la agricultura es- pañola. No hay nación extranjera, ni provincia en mies- Ira pobre patria, que no haya anunciado y tenido una espasicion agrícola; nosotros, á pesar del calor, segui- mos tan frescos.»

Por esla revista y la parle no firmada de este número,

NEMESIO FEKNANOEZ CIESTA.

Comenzamos hoy esta serie de estudios debidos á pluma del entendido escritor don Juan Yalero de Tor- nos, que habiéndolos hecho especiales en la materia ha compuesto para su sucesiva publicación en EL MI SEO un tratado metódico y útilísimo que por lo nuevo y ori ginal en España merece una atención especial.

ESTUDIOS DE ADMINISTRACIÓN PUBLICA.

I.

Antes que la administración se elevara á la categoría de ciencia, existían indudablemente algunos principios generales para la buena gobernación del Estado; pero era necesario que se ordenasen, que las relaciones na- turales fuesen positivas, que los principios generales se particularizasen á casos ciados, que lo absoluto se (ras- formase en concreto ; y para la realización de lodo esta.

y por la necesidad de realizarlo, apareció la administra- ción que , como ciencia, no tiene Instaría, parque el dia de su nacimiento está muy cercano lodavia y su desar- rollo no ha llegada aun á verilicarse por completo.

Empezaremos por sentar que la administración es una ciencia y no una colección de sistemas, como equi- vocadamente han dicho algunos. Es una ciencia, poique contiene verdades absolutas y reglas lijas y constantes de universal aplicación á todos los pueblos y países; y si bien es cierto que no siempre un mismo sistema admi- nistrativo produce los mismos resultados, consiste esta en que los pueblos no están siempre preparados de la misma manera para recibirlo, y en que esta ciencia , lo mismo que todas las morales y políticas, que van á pro- ducir su efecto en el cuerpo social, no pueden ser res- ponsables de la manera con que éste las interprete y obedezca sus prescripciones, Por lo demás, la adminis- tración es una ciencia ; sus principios están íntimamen- te unidos entre si y en su origen; y el que en el campo administra tivo aparezcan diferentes sistemas, nada prue- ba en contrario, pues que en todos los ramos del saber humano, en política como en jurisprudencia, en filoso- fía como en medicina , se. han intentado y se inten- tan diferentes caminos para llegar á la verdad.

La administración es una ciencia y una ciencia gran- demente necesaria al individuo y á la sociedad ; sin ella las relaciones entre los gobernalites y los gobernados no estarían bien deslindadas; serian arbitrarias y par con- secuencia ocasionadas á abusos que siempre deben pro- curar evitarse en lo posible.

La administración provee á las necesidades públicas del ciudadano ; procura que se cumplan las leyes- g a - rantiza el orden; protejo la seguridad de las perso- nas y de las propiedades; auxilia á la autoridad judicial;

vela por la salud publica ; acude, en lin, á la satisfac- ción de tantas atenciones, que no puede menos de con- ceptuarse como indispensable á las naciones.

Como todo lo indispensable!, la administración es también útil y presta á los ciudadanas multitud de ser- vicios, sin los cuales no podria subsistir de la manera ca- moda y segura que boy lo hace. En la moderna sociedad,

donde las necesidades se han multiplicado notablemen- e, donde el individuo atiende por si á la realización de i mayor parle de los lines sociales, es necesario que xisla' un poder superior y directivo, que en la esfera le la administración , realice el derecho dando á cada uno lo que es suyo. La administración, que coino poder gubernal vo es 'sumamente útil, no la es menos ca- ma alíjelo de estudio; porque si los que han de estar al Vente de ella na l,i conocen , si los encargados en todas as categorías del poder administrativo, na comprenden las buenas principios de esla ciencia , es impasible que uabiernen bien : un goliien.o. en la acepción puramente práctica de esla palabra, que na estuviera a la altura lebida de conocmiieiilos en la cieuci.i administrativa, ni podría cumplir con su misión, ni contribuir tampoco il buen régimen y consiguiente prosperidad del pais ¡i

•uva frente se bailase.

Suscitase por algunos publicistas la cuestión de si la administración constituye un verdadero poder ó es una rama del poder ejecutivo: hay quien pretende, que pues que la adimirstraeion , dentr.i de su esfera, es independíenle, constituyo un poder esclusiva que nada debe á los demás.

Para resolver convenientemente esta cuestión , es imprescindible, en nuestro concepto, anticipar algunas naciones de derecho público.

El poder es necesario á la sociedad , como la volun- tad al individuo : no puede concebirse una reunión cual- quiera de hambres sin que tengan un lili que cumplí", y no puede tampoco concebirse una sociedad que aspire á llenar un lin, sin dirección conveniente para conse- guirlo: ahora bien; la sociedad existe y el hombre en ella tiene una misión que indefectiblemente ha de lle- nar; mas para hacerlo, necesita que exista una fuerza iniciadora, que no puede residir en lodos, aunque lodos deben ayudarla. Esta iniciativa parte del poder , sea quien quiera el que lo ejerza, porque el poder existe en todas las sociedades como un elemento de todo punto necesario.

Pero el hombre no realiza un lin esclusivo; tiene que atender á varios, y de la misma manera que este es cierto, no lo es menos que el poder, uno en su origen, es múltiple en su forma, porque tiene que atender <í todas las necesidades de todos, y estas son muy va- rias.

De aquí que el p^der se subdivida : las divisiones que de el pueden hacerse, tienen mas ó menos impor- tancia, según el mayor ó menor número de atenciones que satisfacen, y por esta causa, y atendida la grande importancia de la administración . quieren algunos con- siderarla como un poder independiente.

Nosotros no podemos admitir esta opinión : baja el punto de vista cientíüco creemos que el poder es uno.

y bajo el punto de vista práctico , atendido el mayor ó menor número de las necesidades á que atiende, no podemos admitir mas que tres grandes ramas del poder ó sean los llamadas generalmente legislativo, ejecutiva, dentro del cual consideramos la administración, y judi- cial.

(¡randes y marcadas son las diferencias que sepilan á la administración de los poderos legislativo y judi- cial.

Del primero, para nosotros e| mas impártanle parque se deriva inmediatamente del talento, le separan limites marcadísimas. pu<'.s que el pader legislativo delibera y manila ; la administración abedece solamente algunas de sus prescripciones; y decimos solamente al-imas, porque el poder legislativo dicta todas las leyes y de estas solo una liarle pertenece á la administración.

Cierto que la administración, algunas veces, deli- bera y dicta leyes puramente administrativas; es decir.

que el poder legislativo general de por sí , ciña misión es dictar todas las leyes que rigen al pais,'so ocupa algunas veces en hacer y discutir las leyes relativas á puntos administrativos, y que confieren á la adminis- tración facultades propias ; pero por esto no puede d e - cirse que la administración tiene su poder legislativo, porque lo mismo podría decirse de la milicia, por ejem- plo , cuando se hacen y discuten leyes militares.

Querer que el poder legislativo sé transforme en tan- tos poderes diferentes como son los objetes á que se reliere, es un absurdo, porque el poder legislativo deli- bera y legisla para todos en las diferentes cuestiones en que es necesario, y la administración no constituye mas que una parte de "todas las atenciones que tiene'el Es- lado.

Por consecuencia , el poder legislativa , tal cual debe considerarse , es decir, completo en tada su eslension, ocupándose en todas las materias, se distingue de la ad- ministración en que ésta obedece y aquel manda.

Las diferencias que la separan del pader judicial no son menos notables. Las atribuciones del órdel judicial se limitan á la administración de justicia en los negocios civiles y criminales, sin poder ejercer mas funciones que juzgar y hacer ejecutar lo juzgado. Aquí se vede una manera'terminante la línea divisoria entre el poder judicial y la administración activa; pero no sucede lo mismo con la administración contenciosa , porque ésta dentro de su esfera de acción, juzga también , y tam- bién hace cumplir loque lia juzgado.

La diferencia entre la administración contenciosa y el poder judicial, está en que la primera entiende solamen-

te en los neijocios puramente administrativos, es d e - cir, en aqueilos en que la cuestión que. los suscita sea lebida á divergencia de opiniones, ó contraposición en los derechos que crean tener, en un punió dado, el Es- tado y los particulares.

Esias diferencias que , teóricamente consideradas, se comprenden de una manera tan clara, suelen en la práctica presentarse dudosas, dando lugar á lascompe-

encias, cuyo estudio haremos mas adelante.

El poder ejecutivo, que es el encargado del cumpli- miento de todas las leyes , ejerce- sobre los demás la ins- pección justa y moderada que la Constitución le conl ere.

•iiida iiuiv especialmente de que si' cumplan las pres- pciones de las leyes poülicas y administrativas: be aqui por qué nosotros decíamos antes que la adminis- tración era una pal'le del poder ejeciilha.

l'ua ve/, probado que la administración es una cien- cia necesaria y úlil . réstanos definirla de una manera precisa y comprensible ; para nosotros la administración es la ciencia que estableen y precisa las relaciones que median entre los ijotiernantes ¡/ lis gobernados.

\ no debemos confundir aquí la administración con la política: confusión lamentable, en la que se ha in- currido muchas veces y que siempre produce funestos resultadas. La política, esa ciencia esencialmente varia- ble . no puedo ni debe arrastrar consigna la adminis- tración; la primer,:. en último límite, liene por objeta la acción de linios los poderes constituidos, oblando ca- da uno dentro del circulo d e s ú s atribuciones, y esla acción, limitada al poder ejecutivo, es la administración:

la política tiene necesariamente qu,1 variar, seüiui las diferentes circunstancias porque el pais vaya atravesan- do , y la administración no debe vari ir por completo, sino modificarse para adelantar en su perfeccionamien- to . marcliand > progresivamente con los adelantos mo- rales y políticos, siempre con el lin deatetider masi'om- pletameute á los intereses sociales.

Y si es perjudicial que la administración C'iiio cuerpo de doctrina, vaya íntimamente unida á la política, pues que hay principios administrativos admisibles para to- das las escuelas . mas perjudicial es lodavia que el personal que compone la administración pública sufra continuas perturbaciones, porque los funcionarios pú- blicos, cuyos servicios han de ser útiles al pais. convie- ne que tengan ilustración y doctrina teórica, pero n e - cesitan práctica : necesitan garantías de seguridad en sus puestos, mientras los desempeñen con inteligencia y probidad: necesitan no estar espuestos á que los cam- bios políticos concluyan con los merecimientos de largos años y fatigas, para enaltecer é improvisar ;í otras per-

>onas que no tienen las mismas condiciones y que acaso comienzan su carrera por donde la concluyen las anti- guos servidores del Estado. En los países en que la po- lítica no lo es todo, la administración adelanta y se perfecciona : bueno será na perder de vista esos ejemplos prácticos que, cuando son buenos, deben imitarse.

Entre la política y la administración, no puede ni de- be haber una Ikazan tan estrecha que la primera a r r a s - tro á la secunda : pero debe haber, s i . unidad de miras y analogía en los línes que ambas se propongan . por- que seria un absurdo pretender que en una política li- beral existiese una administración despótica y al con- trario.

Es] preciso que. exisla analogía, pues que la admi- nistración no hace mas que ejecutarlo que la ley man- da: querer lo contraria, sería supanerque para conse- guir un lin dada son iguales todos las medias.

Sucede también can la administración lo que can el poder g e n e r a l e s una ensu esencia y múltiple en su for- ma, según el objeto á que encamina sus esfuerzos. Asi vemos que se nos presenta como activa y cuino conten- ciosa, como interior y oslerior ; únicas divisiones que en nuestro sentir son aceptables, pues que |¡t de militar y civil que le da laiubien algún distinguido publicista, nos parece poco pertinente , toda vez que la milicia,que en efecto no consiste sola en el arte de combatir y ven- cer á sus enemigos, sino en organizar y distribuir las fuerzas del ejército y la armada , no está encomendada á la administración , lid cual la traíamos , es decir, á la administración civil por escelencia, sino que loeslá á un ramo especial del elemento militar, que se denomina asi:

A dministracion vi Hitar.

{Se continuará i

JLAN VAI.KRO ni: TOIIVIS.

KNSAYO SOBItE LA HISTORIA OH LA

UTlatUUIU CATALANA.

A n s e l m o de T u r m a d a r e d a c t ó un libro de s e n t e n c i a s y de, proverbios, en el que, se e n c u e n t r a n las d o c t r i n a s del Evangelio y de la s a b i d u r í a profana, lisie libro, a u n q u e está en v e r s a , no tiene nada de p o é t i c o , pero es sencillo, c l a r a y c o n c i s o ; e s c r i t o p a r a el puebla ha llenado c o m p l e t a m e n t e su o b j e t o , p o r q u e hasta h a c e paco ha s e r v i d o de p r i m e r libro de lectura para los ni- ños y de b r e v i a r i o para la vejez. Se cree t a m b i é n q u e flirnieda c a m p u s a a i r a libra l i l u l a d a : "Disputa de un

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asno con fray Anselmo sobre la naturaleza y nobleza de los animales.» Esta obra fue traducida al francés é im- presa en Lyon en Kiíí ; pero es probable que la tra- ducción so liaya perdido también como el original. Seria de. desear el encontrarle, porque la tendencia materia- lista que parece indicar el titulo, es muy rara en la literatura catalana, pues el buen sentido del pueblo ca- talán, es tan enemigo del aleismo como de la supersti- ción. En lodo caso, este libra !e compondría Turmcdn en una época en que se hallaba entregado a una vida licenciosa v escapado del convenio ¡i que perleuocia.

La poesía proven/al se habia cultivado en Cataluña durante los siglos XII , XIII y XIV por un gran número ile poetas y entre otros por los reyes Alfonso II y IV- (lro III. I''" osla misma época comenzó á formarse len- tamente la poesia catalana sin lomar ni aun las formas ulótricas de la provonzal, pero no es posible lijar con certeza cuándo se hicieron los primeros ensayos; lo único que hay de cierto es . que ya en tiempo de Jai- me I se conocían obras poéticas de cierta ostensión y que á pesar de la rudeza de sus f iruias, no parecían ser los principios de este arle. Tres nombres principales representaban esta escuela poética á fines del siglo XIII y en el curso del XIV, Haimundo Lulio . Fehrer y llamón Munlaner: la biblioteca de Carpontras conserva aun algunos manuscritos anónimos que pertenecen ;¡ la mis- ma época.

Fobror nació ¡i mediados del siglo XIII v escribió en verso los Linaltjcx tle la conquisl.i tic Valencia. especie, de libro de oro do la no! loza valenciana, en el que se encuentran los nombres de los principales caballeros que ayudaron al rey Jaime á conquistar dicho reino, con la indicación de su origen y la descripción de sus armas. Se ha negado la autenticidad de este libro diciendo que _el lenguaje de los manuscritos conoci- dos actualmente parece demasiado moderno, y que el marqués de Santillana en su cart i al condestable de Portugal, atribuyo á Febrer una traducción catalana del Dante : pero como el nombre de Febrer es bastante común en Cataluña, no hay nada que impida creer que ha habido dos poetas de este nombre, uno que tradujo, en efecto, la Divina Comedia del D.inle y el autor de los Linatgos, contemporáneo del rey Jaime. En cuanto al aspecto moderno del idioma.se espüea. muy bien por las alteraciones que los copistas hacían en las composi- ciones antiguas bajo protesto de acomodarlas al gusto del dia : por lo tanto parece que se necesitan razones mas sólidas para declarar que esta obra es apócrifa.

Raimundo Lulio, muy conocido como filósofo, lo es mucho menos como poeta catalán. Sus poesías pertene- cen proba! lemente á la primera época de su vida; p TO ya se manifiesta en ellas aquel espíritu místico y sutil que mas larde produjo el Ara matjna y el Árbol tle la ciencia ; los objetos de ellas son los cien nombres de Dios, los siete dolores de la Virgen que el compara á los siete planetas, el fruto del árbol de la ciencia, etc. Li mayor parle de estas poesías se. han impreso . pero hay aun algunas inéditas tanto en los archivos del obispado de Palma como en la biblioteca de la misma ciudad.

Munlaner no escribió en verso mas que una especie ile. discurso de doscientos cuarenta versos dirigido á Jaime II de Aragón, en el cual h1 da consejos para la espedicíon que. osle príncipe preparaba contra O r d e ñ a Sogun Camliouliu, de quien liemos lomado lo que ante- cede, Ticlíiior ha creído encontrar en esle poema la inspiración provrnzal , pero esta opinión no es exacta, puos nada hay mas contrario, á la manera de los trova- dores, que sus estancias de veinte alejandrinos inono- rimos.

El manuscrito de Carpenlras, citado por Camliouliu, contiene también una serie de himnos sobre los miste- rios de la religión por el estilo di" las composiciones de Haimundo Lulio y otras composiciones morales entre las que figuran los proverbios de Tiirmeda. Los himnos llevan el nombre de Cansos y se atribuyen ;1 diferentes poetas valencianos ; las sentencias morales, fuera de las que pertenecen á Tiirmoda, no tienen titulo ni nombre de autor. Este manuscrito contiene además dos novelas ó cuentos, cosa eslrañi en la literatura catalana de osla época; una de estas novelas ó cuentos, tiene por objeto las desdichas amorosas de un caballero que se queja de haber sufrido por su amante mas que los Tristanes y Lancelots; la otra reliore un drama de familia, cuyos personajes son: un emperador de Homa, su mujer, su hijo y sus siete consejeros, listas composiciones no tie- nen tampoco fecha ni' nombre de autor, pero la letra del manuscrito, tanto como el estado de la lengua y la ver- sificación, indica que pertenecí! á la época de que, nos ocupamos. La lengua , es la misma de Muntauor y la versificación que no está mas avanzada tampoco, da á conocer por su forma la infancia del arte. El misino manuscrito contieue aun una composición titulada: Lli- bre deis mariners, que es un cuadro de la vida y de las costumbres de los marineros, una relación de los principales incidentes de una guerra civil que, estalló en Mallorca á fin del siglo XIV y un escrito en prosa que podría titularse Catecismo do'amor.

La literatura catalana de esta época presenta un ejem- plo bastante, raro en la historia de las lelras , y es que.

la prosa está mas adelantada que la poesia, lo cual es deludo principalmente a| espíritu mismo de la nación en la cual dominan la razón y el sentido práctico; pero esta

inferioridad relativa de la poesia no duró mucho porque en el período siguiente la vemos tomar el auxilio de las literaturas estranjeras, y rivalizar en fecundidad y e s - plendor con los mejores géneros en prosa.

La poesía catalana exclusivamente nacional como la prosa en el periodo que acabamos de examinar, entró en contado con "1 estranjero hacia mediados del si- glo XIV. Los poetas catalanes de esta época estudian é iiiiilan á los franceses, á los italianos y á los proveuza- les, y esta triple influencia la hace salir del estado de in- terioridad en que se hallaba, y colocarse en primera li- nea en la literatura. Las producciones poéticas de este período se conservan principalmente en dos eoloceío- I nes hechas hacia linos del siglo XIV . y que. exislen la una en la liihlioteca Imperial en París, y la otra en la liiblioteca provincial de Barcelona. La prosa no adelantó mucho en este período; pero, sin embargo, no quedó estacionaria. Durante el reinado de Juan 1, principe mas amigo de las lelras que de los asuntos, se fundó en Bar- celona el primer instituto para cultivar la poesía catala- na . y las demás poblaciones tuvieron, á imitación de la eapil d, sus escuelas y sus concursos. Li nobleza dejó los torneos y las batallas por dedicarse á la poesía , y fue tal el contagio, por decirlo asi, de la época, que llegó hasta los conventos de monjas, donde so dieron tiestas poéticas. Sin embargo, los concursos mas brillantes fueron los de Barcelona y Valencia. Los mismos sobera- nos hasta Fernando el Católico, consideraban como un deber el sentarse entre los jueces, tanto en persona como p ir medio de delegados, y distribuir por su mano las lloros costeadas por el tesoro real.

El resultado principal de esta afición á los concursos poéticos fue el propagar el gusl > á las cosas del espíri- t u , y sostener entre los poetas una emulación muy fa- vorable al desarrollo de la poesía. En cuanto al género queso premiaba en olios con mas gusto, debemos decir que no llegó jamás á sor popular ni á cultivarse por sí mismo á pesar de los esfuerzos hechos por los monarcas que lo alentaban y le patrocinaban: esto fue sin embar- go una gran fortuna . pues de otro modo hubieran aca- bado de corromper la p u'sia tratando de reanimarla.

No nos eslenderemos en referir los ensayos hechos por algunos catalanes para imitar en todo á los poetas pro- venzales: únicamente diremos que á posar de la gran boga en que se hallaban entonces el idioma y la poesía provenzal, ninguna do ollas llegó á atravesar los Piri- neos. Es verdad que el idioma catalán sufrió cierta tras- formaciou debida á la influencia del provenzal, y que la poesía de los catalanes y valencianos adoptó algunas formas do la provonzal como lo dice el marqués de San- tillana en su carta al condestable de Portugal: pero todo esto no p ¡só de ciertos límites, y do ningún modo da lugar á que se considere iguales á los dos idiomas, ni mucho monos á que se diga qii11 la poesí i catalana no es mas que una imitación do la provenzal.

Entro las obras do esta época que so conservan en la Hibh'oteca imperial de P a r í s , se encuentra una traduc- ción al catalán de las obras do Séneca , boch:i de una versión francesa y una traducción del poema de Alano Charli'T titulado: La dama sin pintad. Esta traducción catalana, obrado un Francisco Oliver , del que no se tiene noticia alguna , está hecha verso por verso y casi palabra por palabra, y sogun Cambouliii, es de una exactitud sorprendente ; en muchos pasajes sobrepuja al original en gracia y en elegancia.

En I í 2X Amhés Kebrer de Ha rodona tradujo al cata- lán la Divina Co n 'día del D.inle En esta traducción imitó los tercetos italianos del original, trasportándolos por la primera vez á la península y preparando tal ve/

el camino á las grandes reformas introducidas después por lioscan y (iareilaso. Esta traducciones acaso la me- jor que existe de la Divina Comedia; la falta de espacio nos impide ostendernos mas acerca de olla y citar como muestra algunas de sus estrofas. En esta época se pu- blicó también el poema de Rocaberti, titulado la Gloria d' amor, que es una imitación de la Divina Comedia, aunque el autor so separa mucho de su modelo en algu- nos puntos.

I na de las composiciones mas notables en este género de imitación de las literaturas estranjeras, es un poema leído en un concurso poético que se celebró el 27 de mayo de ií'.M en el convento de Valdonzella. El autor Antonio Valmanya compara las amables reelusa; á las mujeres mas célebres de los tiempos heroicos; pero con- cede la palma á las primeras. A decir verdad, lo que elogia on estas religiosas no son precisamente las vir- tudes cenobíticas ; y si las antepone á las heroínas anti- guas es por sus talentos y por su belleza; de una de ollas dice que es maestra consumada en el arte música, y que es tal su talento, que la hace capaz de resolver ias mas difíciles cuestiones de amor.

Aparte de estas cornposiones que indican en mayor ó menor escala la influencia estranjera , hallamos otras que aunque participan del progreso general del idioma, no deben nada á esta influencia. El cancionero de París tiene entre otras composiciones una canción ele Jordy, del mismo que imitaba tan bien los sonetos de Petrarca.

Esle cancionero contiene aun una composición de Pedro March, llamado el Viejo, en la que el poeta deplora las miserias, la corta duración y el nada de la vida huma- na ; la imitación no sabría inspirar acentos tan patéti- cos : «Acordémonos del triste lugar en que nos ha lleva-

do nuestra madre... Nacemos; la madre queda abatida, y nosotros entramos llorando y temblando en esto mundo ílono de engaños.» En estas composiciones no hay imi- tación ni reminiscencia, son fruto del suelo, del que tienen el sabor y los colores.

En este período, aunque la poesía se inspiró á veces de modelos extranjeros, la prosa quedó siendo verdade- ramente nacional. Éntrelas obras en prosa pertenecien- tes á él, debemos citar el Banquete de los doce ermi- taños, manuscrito de la Biblioteca do Barcelona, que moroco una atención especial por la sencillez que emplea el autor para hacer la esposicion de la moral cristiana.

Además hay también de esta época la crónica del caba- llero Tomich (impresa en Barcelona en I í!K¡. y en el dia muy rara ), que comienza en la creación, y la cró- nica do Turell, en la que el autor no va mas allá del si- glo XII; una y otra cosan en el reinado do Alfonso Y.

contemporáneo suyo. Turell termina con un elogio de esto soberano escrito con tal calor y firmeza, que puede ponerse al lado t\f los mejores trozos do esto género. La crónica do Turell so conserva manuscrita on la Biblio- teca de Barcelona.

(Se continuará.'

A .

IÍL TOUUISTA.

Cada época produce diferentes tinos de sores trashu- mantes que pueden llamarse hijos de la civilización res- pectiva alcanzada por la sociedad. Desde Cain, que fue el primor viajero, y la raza de los gigantes, argo-nau- tas y heráclidas, desmontadores de bosques y cazadores do, monstruos, hasta nuestros días, no han cesado do aparecer en la tierra esa pleyada do judíos errantes á voluntad, especie d e planta llevada por el viento que corre, para la cual todo suelo os bueno, y que lo mismo arraiga en monto que en llano, en secano que en rega- dío, en tierra abonada que entre las grietas de una ma- ciza torro. Los primeros trashumantes no lo fueron sin duda por necesidad, debiendo dar el globo ancho espa- cio á los primitivos pobladores. No obstante, al conside- rar los trabajos hercúleos que acometieron, los peligros que arrostraron y los medios y elementos escasos que tuvieron, parece que una imperiosa necesidad les obligó á abandonar sus chozas ó cabanas. De creer es también que la maldición fulminada contra Cain se estendiese á su descendencia, como la de los judíos se ha esteedido por generaciones, inclinando á aquella raza á la aventura comoá ésta á la dispersión. Do aquí provino sin duda la segunda raza de viajeros por utilidad, deificados al cam- bio y comercio de objetos. Los aficionados á mitología podrán decir que estos son caulistas en su esencia, por- que la raza de Abel, sedentaria por su ejercicio de a g r i - cultora , bondadosa, sencilla é inocente como la tierra, no podia acometer esta empresa que requiere ingenio, penetración, travesura y aun doblezcoiuoes consiguiente á la contratación de intereses entre los hombres. Des- pués vinieron los viajeros por curiosidad, vanguardia de los esploradores ó soldados de la ciencia. En lo antiguo, la peregrinación era escuela necesaria del sabio, del le- gislador y del sacerdote. Cuando se hundió el imperio romano y las tinieblas de la ignorancia envolvieron á la humanidad, el peregrino ó romero, el soldado, el ca- ballero andante y el monje perpetuaron este movimiento que aunque, en muy pequeña escala conservaba en los hombres el recuerdo de otros hombres, y el soldado aventurero, el traficante emprendedor yol sabio, vol- vieron en el renacimiento por el misino orden que en lo antiguo á trashumar por el mundo, con nuevos y mas perfectos instrumentos, basta que el adelanto de la in- dustria proporcionó el secreto maravilloso de la locomo- ción por el fuego. «El movimiento es causa de calor,»

había dicho Aristóteles: y la ciencia moderna trocando la colocación de los términos descubre, que «el calor es causa de movimiento,» llegando á ser el sol el primer agente , la gran locomotora del tren de tantos mundos, como el amor, místico sol, es la gran locomotora del mundo moral.

El viajero llamado hoy lourisla nació con la aplicación del vapor á las comunicaciones por mar y tierra. Es hijo del fuego, y corno tal, vivo en sus deseos, rápido en acción, fecundo en planes de locomoción. El tourista marca solución de continuidad en la serie de los trashu- mantes. No viaja por necesidad; tampoco por utilidad,

; pues al contrario, empobrece material y espirílualmen- i te: quiero decir, que gasta su dinero en hacer de Euro- pa su vivienda, y llega á decir lo que el famoso inglés del vaudcville:

«J' ai vu tant de toul, Que je ne vois rien du toul.»

En electo, á fuerza de v e r , se le va la vista, falto de energía para ('jarla en ningún objeto. Mucho menos via- ja por amor, ó en beneliciode la ciencia. Se le importa un bledo de las antigüedades do Egipto, No pretende estu- diar arqueología , ni llenar un libro de, paparruchas como Salino, ni esplorar regiones en busca de gorillas como ÜIÍ Chaillon y el doctor Liviiuislon , ni cazar leones como Gerard, ni buscarlos orígenes del Nilo

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PROVECIÓ DEL TEA1UO Í>E JEREZ POR EL SEÑOR GÁNDARA.

como el capitán Speke, ni atrave- sar el polo como Franklin, ni re- correr los Andes como Bonpland y Humboldt, ni ver los lugares sanios como Lamartine y Herían, ni siquiera contar sus impresios nes como la errante semi-ania- zona Ida Pfciffer. ¡Ni se mueve por cuenta de la ciencia ni del arte, ni á impulsos de la cabeza ni del corazón. Se mueve porque liay fáciles medios de locomoción, y anda por el mundo como enfer- mo que cambia de postura por pasarlo mejor: ó, en suma, es la secunda edición del vago de la l'uerta del Sol, sin mas diferen- cia que ser mas poltrón y holga- zán y mas curioso, El de la Puer- ta del Sol se tiene al lin sobre sus pies, y el lourista es llevado so- bre blandos almohadones. El vago á pie curiosea sobre una milla de terreno, mientras que el louristc lori/ne sur I' Europe.

l'or regla general es soltero, • y de la peor especie. Parecía na- tural que alicionado á la comuni- cación y conocimiento de sus se- mejantes , fuese el hombre mas sociable del inundo y dejase en zaga á los que dicen de la patria al cielo, como si el resto de los hombres fueran tigres. Nada de eso; el tourista ensancha el ra- dio de sus afectos para debilitar- los, y cambia de centros por odio a los satélites. ¡Buena pasta para marido el hombre que no tiene apego, como suele decirse á la camisa que lleva puesta; que duerme cada dia bajo distinto te- cho; míe come á guisa de héroe de los libros de magia , sin saber qué, ni por dónde viene, y que se escapa por escotillón de todos los compromisos, obligaciones y

servicios mutuos consiguientes á EL GENERAL GIUNT.

la vida social. Este pájaro volan- dero ó ave de paso , está libre de pésames, pascuas y días, de asis- tencia á juntas, de dar prestado, y sobre todo de pasión que dure dos lunas, por ser ausencia ene- miga de amor. Os dirá que amia buscando una variedad de mujer y no la encuentra; ó que en fuer- za di; ver tantas, ya ha perdido la idea de la hermosura : que Ir gusta el corazón de la española, la conversación de la francesa, el idealismo de la inglesa, el alma de la italiana y la constancia de la alemana ; poro que no ha en- contrado la síntesis: ¡qué lástima de mozo!

En medio de esto, es un ser hidrópico de impresiones. Su ma- yor carga, fuera de la de no te- ner mujer, es la del tiempo. Ca- da hora que pasa para él sin una impresión nueva, es mi martirio.

Sin duda los touristas han creado lo que hoy se llama espectáculo de sensación, arte de sensación y li- teratura de sensación; porque las impresiones son como el freno en manos del ginete impaciente, que acaban por desportillar Ja boca del caballo. Los trenes andan á paso de tortuga, y quisieran em- bocarse por el tubo pneumático.

Los teatros les parecen conchas ile apuntador, el palacio de cris- tal un juguete , el Lcviatham un esquife, Leolard en el trapecio un niño haciendo pinitos, Blon- dín sobro el Niágara un pasa- tiempo de inválidos, y hasta los conciertos monstruos de tres mil vocalistas dirigidos por (Insta una murga en dia de Noche-buena.

Pero es mas: lo del dia no les lla- ma ya la atención , ni lo que pasa en derredor suyo; sino lo que pa- sará mañana en cualquier punto

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EL MUSEO UNIVERSAL. 221

de Europa. En el invierno está pensando dónde pasará la primavera, en la primavera donde sesteará en verano, en verano dónde dará con su cuerpo en el otoño, y en otoño cuáles serán sus cuarteles de invierno. Sabe que en Londres se prepara una gran fiesta y loma el tren para llegar en la madrugada di1! dia señalado, tomar asiento en el mejor silio, saludar á varios conocidos y Ibrniar allí mismo otro proyecto de viaje para presen- ciar loque va á tener efecto en otra corte, sirviéndole de aguijón la espera y la incerlidumlire. Es, con res- pecto á Europa , lo que las Mari-zancajos ó Mari-eor-

retonas y callejeras respecto á una ciudad: mesilla de turrón, que aparece donde hay fiesta.

Como no tiene casa ni amigos, se ahorra de escribir y recibir cartas. Su equipaje es un sac á lamain y una circular de crédito. Aquí paz y después gloria. Es el primer viajero que salta del tren , y ya está en los pos- tres de una opípara comida en la mejor fonda, cuando apenas el novel viajero ha salido de las manos del res- guardo y de la red de los posaderos, cocheros, inlér- pretes y cicerones. Con el dicho equipaje va el mejor provisto de todos los caminantes, y es ei mejor recibido

en todas las fondas, porque estas prefieren al batallón volante sobre los huéspedes que están de guarnición.

El tourisla, consumado egoísta , tiene el arte de di- simular sus antojos. Toma el mapa del mundo elegante y de buen tono y' el programa de las estaciones y feste- jos de la aristocracia de sangre y del dinero. Si pasea á caballo en lhjde Parí; durante la scason, es por medida higiénica. Si le veis en una americana cruzando el Bois de lioulogne, es por consejo del médico. Si concurre al

¡)erby,vs por splecn. Sí le veis en Bailen-Radon apun- tando á la roulette, es por compromiso. Visita á Spá,

KSI'KTIICION C I E N T Í F I C A A L P A C I F I C O . — P A R T E DK L A Q I E I I R A D A n i : S V N F I U N C I S C 1 . — r: W . I ¡ O H N I A .

Wiesbaden, Hamburgo, Francfort, Colonia; rerorre las márgenes del Rhin, pasea por la Suiza, sube á la cresta del Monte-Blanco, se asoma á la boca del Vesubio, apa- rece en Bíarritz , cae como llovido, cuando mas sopla el gris, en el elegante pabellón deBriglilon, término y finibusterre de, la touristeria bañista aristocrática , ó aparece envuelto en castor y nutria en un libero trineo por la plaza del Almirantazgo de San I'etersburgo; pero todas estas idas y venidas como ardilla por Europa, no son hijas de su capricho, sino de inevitables compromi- sos de la cultura y civilización, ó del reumatismo y la gota, que son los achaques de la alta sociedad. El que hoy no los tiene, no es hombre de buen tono, porque, se han repartido los nervios para las señoras y los hue- sos para los caballeros. En suma, él os dirá siempre que está condenado á andar, andar y andar, y que mal- dito el interés que le lleva á ningún punto determinado.

El tourista no sabe mas geografía que la que aprende en sus viajes, y no entiende pizca de historia, carácter, usos y costumbres de los pueblos de Europa que, tanto lia_v¡sitado. Hará las veces de un itinerario para el com- pañero de viaje novicio, endosándole como relación de ciego , la distancia y tiempo que ha de echar de un pun- to á otro, el costo, el número de estaciones y las pre- cauciones y medidas que debe tomar en su rula. Hasta aquí se estiende su erudición propia. De erudición pres-

tada , sabrá lodos los lugares comunes y vulgaridades que recorren el inundo, salpicadas de anécdotas y ca- nards ; pero nunca le entrará en deseo de ver una bi- blioteca, visitar una aldea, asistir á una liesta puramen- te popular, inspeccionar un territorio para ver el ca- rácter propio de sus naturales fuera del molde prestado que los iguala en las cortes, ni dirigir preguntas para informarse de particularidades de usos y costumbres indígenas. En cambio os dirá sí el Joannisberg supera al Hock, si el Julián le Duc vence al Chateau-Lajfilie, y discurrirá como un Demóstenes sobre los demás famo- sos néctares entre los amantes de la bodega. Ensalzará la trucha de, Gastchina, de estrellada escama , la sopa de tortuga del hotel de Londres, la gallineta ó perdiz cho- cha servida en la maison Dorée ó en el café anglais, cuite dans son jus, según las prescripciones del maestro de los virluosi el gran Hrillat-Savarin; y como el gastrónomo que nos pinta Juvenal, os dirá al primer bocado que tire á una ostra, si es del lago de Erisazo ó de la Uutuliinia, si es nativa ó Lucriniana. Sabe tam- bién, al dedillo, la situación do los mejores casinos, de los banqueros de. mas crédito, y do los sastres de mas boga. Dirá de corrido dónde está la mansión de recreo de cada notable de la nobleza, y describirá las residen- cias reales de Windsor, Versailles, Sans Souci, Aran- juez, Ilcrmitagc y Pctcrlwff, sin que les falte ni sobre

tilde, v quién tiene los mejores troncos y caballos de carrera, y aun cómo se llaman uno por uno, y dónde fueron comprados, y qué premios y contra quién los obtuvieron , y sobre' todo, será una gacetilla ambulante de crónica escandalosa ó alta chismografía.

El tourista se halla, por supuesto en relaciones con todos los notables del almanaque de Gotha , y ha comi- do con todos los soberanos del mundo. Por maravilla se hablará de un célebre artista, famoso literato, re- nombrado político ó distinguida actriz, con quienes no baya viajado, paseado ó cenado, si ya no es que adopta la'frase usual de «dormimos juntos en tal ó cual fonda.»

En resolución , el tourista es un ser mas paralizado, cuanto mas se mueve, porque el movimiento, contra el aforismo de Aristóteles, produce en él frió en vez de calor. Vive entre oleadas de seres humanos como en un desierto. Ni es filántropo ni misántropo, sino indiferente.

Los hombres pasan ante su vista como los montes y los llanos en la velocidad de la locomotora. Rara vez se es- tablece entre él y sus semejantes la relación de unidad con unidad. Mira á las muchedumbres, y su vista no tiene, tiempo para lijarse en individualidades. Sí alguna vez se lija, es en el hombre, como representante de algún papel en el teatro social, que produce identidad y mo- notonía de caracteres. El hombre en su interior, en el

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teatro doméstico, en su manifestación especial, le es desconocido, y mas que seres de diversos contornos fí- sicos y morales , lo que ve moverse en torno son figuras sin relieve ni color como sombras chinescas.

No obstante, el tourista á pesar «le su egoísmo, es en cierto modo úlil á la sociedail, siquiera indirecta- mente, y sin saberlo. Contribuye á estimular la protec- ción de las artes, la celebración de osposiiiones. ani- versarios, festejos y conmemoraciones, y todo aquello á que se asocia cualquier parle de culto público. Su bello ideal sería un calendario sacro-profano , al modo del propuesto por Viclor-Hugo , ipie comenzase por Or- feo y Heniles y concluyese por Garihaldi, incluyendo no solo los «lias del nacimiento y muerte «le los grandes hombres, sino los respectivos á sus persecuciones, mar- tirios ó traslación «le sus cenizas. Estos espectáculos se- rian nuevos , constantes é instructivos. ¿Qué tourisla no desea asistir al aniversario de Uandel en el Palacio

«le Críslal? ¿Quién del gremio no acudió al leri'onlena- rio de Shakspeare «MI Slralford sobre «'I Avon? ¿Qué es- pectáculo mas notable «|ue el ofrecido en la traslación de los restos del eminente patricio Muñoz Torrero? ¿Ni quién duda que las generaciones venideras ofrezcan durante la vida de un hombre la conmemoración y el sucesivo homenaje á todos los bienhechores de la h u - manidad? Las naciones hoy establecen una especie «le religión de gratitud y admiración hacía los grandes ge- nios, cuyo culto público ha de ser enseñanza y estímulo

«le los pueblos. El lourista, asistente obligado á estos jubileos, ha contribuido hasta ahora á la solemnidad y esplendor «le i'slos oídlos cívicos, estimulando los inte- reses mismos de los que los celebran , y comenzando á

«birles carácter de cosmopolitismo, porque los hombres famosos son de to.los los hombres. Abandonemos, por ahora , este asunto á las compañías de ferro-carriles, cuyos intereses son «lesde luego los mas beneficiados.

El interés suele gobernar el mundo, y muchas veces resulta el bien moral por la vía de atender al material Hágase el milagro, y hágalo siquiera un empresario.

Tal es el carácter*}- la fisonomía de la bípedo-ardill;

llamada ti,uri*ta, no muy común todavía en España poro de la cual hay millares de ejemplares en Europa Este es el tipo , y naturalmente tiene sus variantes y modificaciones según la nacionalidad. El inglés, que in- dudablemente «lió los primeros materiales, como «lió la primera locomotora, se distingue por «los cosas. O bier por su afición á bocetos, ó por su afición á fruslerías, reliquias de hombres famosos, que paga con una esplen- didez Cresoniana. Esta última afición degenera en ma- nía y se espióla con gran fruto. Tourista hay, que diera diez millones por la pluma con que Cervantes escribió e Quijote , y no escasearía la paga por cualquier otro oh jeto de la pertenencia de grandes poetas, guerreros i artistas. Y gracias que esta veneración no pase el límite y se estíenda descarriada por el inmenso campo del an- tojo, anhelando como muchos un pelo de la barba di rey Bermejo; una clavija de la vihuela verdadera d Fígaro, y otras cosas de esti? jaez que han caracteriza- do á muchos eseéntrieos viajeros «le la melancólica Al bion.

El fin ilel tourista, si ya no es que acaba en ñau fragios, (Icscarril.imientos, choques ó indigestión «I suculentos manjares «le fonda, suele ser un martirio por precederle de ordinario una parálisis completa e sus miembros. No se puede decir «le él: sicut vita, mor, ita. Alcanza á gran longevidad en incesante movímien to , pero su caída es repentina y acaba en manos «le es I ranos, di'saleclos ó indiferentes, dejando ordinaria- mente por herencia algún livrel-Clmi.r ó guia «le Euro- pa, «|ue es un gran gozo para el hi'rodero.

NICOLÁS DÍAZ UK BI:.\.RMI:A.

EL GENERAL NORTE-AMERICANO

UI.1SICS CRANT.

El general Grant, cuyo retrato damos en este níime ro, tiene actualmente cuarenta y dos años, habiendi nacido el 22 de abril de 1822, en el estado del Ohío Hizo sus estudios «MI la academia militar di' Wesfpoin y salió en breve del ejército con el grado de tenieiih En la guerra <le Méjico so halló en muchos encueutri á las órdenes del general Taylor, especialmente en l«

de Palo Alto, Hesaoa «lo, |a Palma y Monlerey. En IS.'i obtuvo el nombramiento de comanilante y en may

«le 1801, al principio ¡U; \:l guiara actual, lomó el man do de una brigada, cuyas'operaciones dirigió con u éxito que le valió al año siguiente el empleo 'de mayo general y después el de general que boy tiene. Es i"m de los jefes de mas nota en el ojórcíto federal, y el qu<

mas en breve lia sabido reparar los grandi's «ii'sastn que en esta guerra de titanes han esperimentado á ve ees los federales. Su actividad es conocida , y creenio que llegará un «lia á presidir la república , si el niño enemigo no corla «MI flor las esperanzas «¡ue en él h fundado su patria.

ih CERRO DE SAN CRISTORAL DE MALAGA.

liana apacible el mar Mediterráneo los ramos postre-

•os de la mas alia sierra granadina: aconlece al ir por ierra de un puerto á otro, tener que pasar hundiéndose

•n la húmeda arena y sorteando lasólas, mientras e n - ima se alzan enhiestos cerros que amenazan ruina 'liando el camíname, al deslizarse por sus basas tor- osas y deleznables, desconocí' el peligro, ó bien le irroslra.

De trecho en trocho se ven fértilísimas venias, en londe el clima, el abrigo «le las sienas y la proximi- lad del m a r , se aunan para converlii las en verdaderos laraisos «le hermosura y abundancia; allí crecen, al ado de los chopos de l.ombardia. las palmas de los oasis africanos, y á pocas horas de las nieves perpetuas, se ven eslensos campos i'iibierlos de caña de azúcar.

lie aquellas formidables oleadas «le azules montañas y cerros aniarillenlos forma parle el de San Crislóbal, á cuyos nies se levanta, separándolo del mar. el de Gi- [irallaro, no atreviéndose a competir con él «MI altura,

<i bien le avenlaja en importancia histórica y en los edificios que sostiene en su cumbre y laderas.

No es, sin embarco, el cerro de San Crislóbal com- pletamente «lesconocido. ni dejan de mencionarle las .Tónicas de nuestro glorioso pueblo, cuando llega «'I momento de relatar el silio de .Málaga por los líeyes Católicos.

Era ya mediado mayo del año de nuestra salud i ¡S7 y del imperio d«' los alárabes Si)',) (1), cuando «'I ejército cristiano, después «le tomar á Yelez-Málaga, caminó por la orilla «leí mar la vuelta del emporio marítimo «le Gra- nada. Gobernaba las armas Fernando V en persona, llevando bajo sus órdenes copia de ilustres ricos-hombres é insignes capitanes. Todas, ó la mayor parte de las provincias de España , habían enviado soldados, y el Maestre de Santiago iba á la vanguardia con sus caba- lleros y las valerosas compañías de Galicia.

Estorbaban el paso al ejército los bagajes, numerosos en demasía; y la estrechez y dificultades del camino eran tales, que las diferentes batideras apenas iban formadas, ta/dando largas horas en tan embarazosa jornada. Puesto el Maestre de Santiago á U vista «le Málaga, halló el pasó cerrado, p;ies era imposible atra- vesar la estrecha garganta enlre (libraMaro y San Cris- tóbal, el cual estaba también de antemano guarnecido de moros. Bien conocían eslos lo mucho que les importaba conservar el cerro, desde donde la artillería de los cris- tianos, si harto atrasada en aquella edad, con todo, ter- rible y destructura, podía causar grandes daños al cas- tillo mas bajo y dominado, según la espresion vulgar hoy en la milicia.

En esto, los moros del cerro, que á vista de los de Gibralfaro, maullados por llamet el Zegrí, esperaban en arma, no sin zozobra, mas con rostro sereno y ani- mosa resolución la embestida de los cristianos, vieron venir de frente dos bandas de peones, mientras en pos seguía un cuerpo de caballeros, tomando á la izquierda.

Agili's y diestros los musulmanes, embrazaron adargas, asestaron ballestas, «lispusieron espadas y gumías, en—

viando sus arcabuceros recia • rociada de balas á los cristianos, quienes siguieron lenta y pausadanieiile ade-

lantando.

Sorprendíanse los moros, hechos á entrar siempre en batalla con Meras y labiosas voces, costumbre ame- nudo seguida tío los cristianos fronterizos, al ver á sus acomeleilores y el silencio en qiii' á la sazón venían.

Los caballeros, revestidos de acero, ostentando en los pechos la roja y gloriosa insignia de Santiago y montados en poderosos bridones, se detuvieron no lejos de la gar- g a n t a , como esperando el resultado del al.a(|ue do los peones, á quienes en electo correspondía la honra «le comenzarte.

lira el andar de estos , como ya heñios dicho, lento y al parecer, indeciso, tanto, que los moros cobraron nue- vos bríos con el aparente encoginiieulo é incertiilunibre de sus enemigos: con todo , al ver «jne el chasquido «le las ballestas y el estallar «le los arcabuces no delenian á un solo peón, sino aquellos que habían sido heridos ó muertos, creció la sorpresa de los valientes musulma- nes, maravillados ya del ostraño aspecto de aquellos hombres, que estaban lo suficiente cerca para verse su trage y fiero aileman, encendidos rostros, anchos pe- chos, monteras adornadas con ramos de plantas de su tierra, harto secos y marchitos, pocas armas arrojadi- zas, i'spad s buidas de dos tilos, pesadas mazas, temi- bles hachas de hierro, cuyo solo peso fuera parte para abrumar hombros menos robustos de aquellos que las sustentaban.

Mas los señores del cerro, olvidando ya la primera sorpresa, insultaban á sus enemigos motejándoles de cobardes y provocándoles con todo género «le denuestos

«MI aljamía: no daban muestra aquellos cristianos de entenderles, bien porque la distancia no les dejase oír las injurias, ó ya por otra razón harto mas sencilla:

nacidos en C a l i n a , á considerable distancia de tierras habitadas de moros, era la aljamia tan desconocida para ellos , como corriente y usual en otras tierras.

(1) Luis drl Jlarnml Carvajal.— lisiaría ilrl tle la rebelum y cas- luja tic los moriscos ilc CrtuuttUi.

Estaba escrito que los musulmanes habían de ver y oir aquel dia cosas nuevas y enteramente «lesconocídas:

en vez de las trompas y clarines, con que esperaban se alentasen sus enemigos á la polea, vieron en las mas cercanas hileras hombres eon sendos cueros debajo del brazo, lie. os al parecer de aire, instrumentos do estraña firma , los cuaies despedían lardos y prolongados genii- lespm's de babel- cesado los musióos de l i l i

dos. aun soplar.

('aliaron eslos. y solo se oian las pisadas de aquellos hombres que producían ruido louieroso y acompasado:

es faina y tradición entre los hijos de los conquisladorcs

«lucilos hoy de aquellos campos, que un moro naciilo ori- llas del Cuadalmeihna . \ por lo lanío, gracioso y deci- dor, se volvió entonces, apoyando la punía de su c o n o sableen el suelo, y hablo a sus compañeros oslas pa- labras :

«Por Allah \ por las barbas del sanio palriaiva Abia- ham. injusto padre de nuestro padre Agar. no teníais, amigos: de niño esluve una primavera en Se\illa, y allí vi lo que llaman el Santo Entierro: habéis de saber

«picosos hombres que contra nosotros vienen, son lo- oargailores que asisten á la procesión con hopalandas, llevando á cuestas los dioses de los paganos.»

liicronse lodos, menos un famoso Goinel. de cetrino rostro, barba revuelta y torva mirada . que era el jefe, el cual peleaba entonces a p i o , por el deseo que lema

«le reñir batalla cuanto anles con los cristianos, Yol- viose, p u e s , el lloro africano , iliciendn :

•i Ya sabia yo que los musulmanes españoles eran des- creídos y tenían por costumbre burlarse de Allah y de la ley «le su sanio profeta.—Tengan cuenta no Icsliaua perder la risa las fuerzas de que pronto habrán menes- ter para echar abajo á esos perros, que ó mucho me equivoco , ó gente son de mas bríos «le los que el mozo se presume.')

Callaron lodos ante el enojo y esperíoncia del lujo do los Cómeles, y volvieron á clavar los ojos en los cris- tianos. Habíanse estos deti'nido al pie del cerro, sin «pie uno solo cejara hasta entonces. á pesar de las r«'ciaila-

«le arcabuces y Hechas que los moros hacían á su sal\o.

Mas de pronto cesaron arriba las voces y denuestos al oír un feroz y aterrador alarido levantado á una por todos los gallegos, quienes al mismo tiempo arreme- t eron. Trepaban á buen paso por el cerro , unos á la derecha, otros á la izquierda, por el lado opuesto al de Gíhralfaro.

No esperaban los moros tan pronlo embestida deaque líos al parecer, tímidos corderos. con lo que ahogando la temerosa impresión producida por los alunitos- — gritos—de los ga'legos, se dieron prisa á pelear . bas- tándoles en el primer encuentro corlo esfuerzo, pues la pendiente del cerro era por demás agria, falso y movedizo el suelo, cabalmente por donde atacaban los cristianos, dado que por la parle de Gibralfaro se ha- briau visto enlre dos fuegos.

Perdido el terreno, los gallegos se rolra|eron á U><

arroyos que corren al pie del corro, y alentados por el comendador de L"on y demás jefes, volvieron á trepar con serena valentía. Espantoso reencuentro: los moros reinan niejorámlose en su ventajosa situación , los ga- llegos morían antes que cejar,' sustentando con una mano i'l cuerpo para no rodar al precipicio, lidiando con la otra y ensañándose en a«|uellus enemigos de lijos, a quienes lan poca eosltimbi'o leniali de ver, y miraban como hijos del demonio.

Segiiinhi vez rebalidos los indiimifus hijos de Galicia, siguieron peleando en los arroyos cuorpo'á cuerpo seis horas. Los golpes de los moros oran mas repelidos , I ¡s de los gallegos, mas tremendos; aijuellos herían harto á menudo, estos malaban siempre: reñían unos y otros sin implorar ni conceller la villa.

Tan fiera y lenaz contienda, en la que lodos oslaban resuellos á morir, anles que abandonar la empresa; no podía ser favorable al mas valiente, pues por ambos lados era igual el esfuerzo, sino al mas constante. Los gallegos, llevando á su cabeza al maestre de Santiago, subieron de nuevo y con irresistible empuje, sin que los moros cansados ya de tan rabiosa lid lograran im- pedírselo. Aun seguían los mas firmes defendiendo arre- molinados la cumbre, cuando el valeroso Luís Maceda, alférez d«> Mondoñi'do, se mostró buen soldado abrién- dose paso por medio de los musulmanes, tremolando su estandarte con gran esfuerzo y valentía, hincándole ni seguida en lo mas a l t o ; á cuya vista arrebatados de entusiasmo le siguieron sus compañeros rodeándole y haciendo á los moros desamparar la cumbre: huyeron éstos, y aunque «le vencida, todavía se volvieronVi ha- cer rostro mas de una vez, valiéndose «le cuantas armas

hallaron á mano.

Franqueado el paso, merced al esfuerzo de los galle- gos, pues las demás batallas del ojércilo habían tenido que contentarse con tremolar las banderas y dar voces desde lo mas agrio de la Sierra (Historia dé Granada, por «Ion M. Lafuento Alcántara), junio el Hoy Católico establecer el sitio «MI regla. Por el lado opuesto al «le Gíbrallaro, y al resguardo de sus fuegos, se hizo un ca- mino para subir la artillería á la cumbre, según se i r en el grabado que «limos en el número anterior, camino por donde subiremos también por mas que sea trabajoso y «lilicil, sirviéndonos siquiera de ejemplo los valerosos gallegos, quienes lejos «le tener todo o] espacio y l'acili-

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