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ASTARITA Dependencia

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Academic year: 2021

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Economía política de la dependencia

y el subdesarrollo

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UnivErsidad nacional dE QUilmEs

rector

Gustavo Eduardo lugones vicerrector mario E. lozano

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Economía política

de la dependencia

y el subdesarrollo

Tipo de cambio y venta

agraria en la argentina

rolando astarita

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colección Textos y lecturas en ciencias sociales dirigida por Eduardo Gosende

© rolando astarita, 2010

© Universidad nacional de Quilmes, 2010 roque sáenz Peña 352

(B1876BXd) Bernal Buenos aires http://www.unq.edu.ar [email protected]

isBn: 978-987-558-...

Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723

de

isBn 978-987-558- 1. T

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ÍndicE

agradecimientos . . . 9 Presentación . . . 11 PrimEra ParTE

la corriEnTE dE la dEPEndEncia

1. corriente de la dependencia, características generales . . . 17 2. dependencia y subimperialismo en ruy mauro marini . . . 43 3. discusión sobre marini desde la teoría del valor trabajo . . . 55 4. dependencia, cuestiones metodológicas a la luz de la tradición

hegeliana y marxista . . . 65 5. la realidad histórica que expresó la corriente de la dependencia

y las razones de su crisis . . . 87 6. la dependencia reformulada . . . 99 sEGUnda ParTE

sUBdEsarrollo y TiPo dE camBio

7. Tipo de cambio “de equilibrio” y desequilibrio en términos

de valor en el intercambio . . . 121 apéndice 1. intercambio entre el modo de producción capitalista y la producción simple de mercancías . . . 131 8. deterioro de los términos de intercambio y teoría del valor

trabajo . . . 133 apéndice 2. Explicación sencilla de precios de producción . . . 146 9. Tipo de cambio y crisis externa crónica en shaikh . . . 149 10. Tipo de cambio y desarrollo dependiente, el caso argentino.

Elementos estructurales . . . 161 11. Tipo de cambio, dinámica del desarrollo desigual y de las

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TErcEra ParTE

caPiTalismo aGrario En Un PaÍs sUBdEsarrollado 12. renta de la tierra y capital . . . 197

interludio 1. renta agraria, interés y tipo de cambio, discusiones teóricas . . . 221 13. Globalización y desarrollo capitalista en el agro . . . 235 interludio 2. Especulación financiera y precios de los granos . . . 261 14. renta agraria, ganancia del capital y retenciones . . . 269 conclUsión

15. ¿Qué es hoy la dependencia? . . . 293 Bibliografía . . . 299

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aGradEcimiEnTos

agradezco a carlos astarita por la lectura de varios capítulos de este libro, sus críticas y observaciones, en especial las referidas a la articula-ción entre formaciones precapitalistas y la mundializaarticula-ción del capital.

a carlos Bianco, quien me ayudó a profundizar en la relación entre tipo de cambio y renta agraria.

a mauricio Turkieh, quien leyó todo el borrador, corrigió no pocos errores y contribuyó con sus consejos a darle forma de conjunto.

También estoy en deuda con mis alumnos de las carreras de socio-logía, de la Facultad de ciencias sociales; de Economía, de la Facultad de ciencias Económicas, Universidad de Buenos aires; y de la carrera de comercio internacional, de la Universidad nacional de Quilmes, quienes a través de múltiples planteos y cuestionamientos contribuyeron a preci-sar problemas y me estimularon a profundizar en algunos temas.

mi agradecimiento asimismo a Paola menna Zapatiel, de la Bibliote-ca de la Universidad nacional de Quilmes, quien me ha prestado una gran ayuda al proporcionarme materiales para mis investigaciones.

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PrEsEnTación

Este libro constituye en muchos sentidos una continuación de Valor, mercado mundial y globalización (Buenos aires, Kaicron, 2006); en el que analizamos críticamente la teoría clásica del imperialismo, a la luz de la teoría del valor trabajo de marx, la dinámica del capital que se deriva de ella, y de la globalización de la relación capital/trabajo. En el presente trabajo abordamos la corriente de la dependencia; la temática del tipo de cambio y el desarrollo desigual; y cuestiones vinculadas con la renta de la tierra, su relación con la ganancia del capital y la tasa de interés, y con el desarrollo en un país dependiente como argentina.

En el primer capítulo brindamos un panorama de la corriente de la dependencia, sus avances en relación con la teoría dominante en los medios académicos, sus raíces teóricas y políticas, e introducimos a sus exponentes más destacados. En el capítulo 2, y a fin de profundizar en las concepciones de la dependencia, sintetizamos la obra de ruy mauro marini, tal vez el teórico de la corriente que más sistemáticamente apli-có las categorías de El capital al estudio de la dependencia en américa latina. En el capítulo 3 analizamos la teoría de marini desde la teoría marxiana del capital, su tesis sobre la acumulación dependiente, y su noción de subimperialismo. a través de este examen buscamos demostrar que no es necesaria una teoría de la acumulación específica para los países dependientes, sino estudiar cómo se particularizan las tendencias y leyes generales del capital. En el capítulo 4 abordamos las tesis de la dependen-cia desde el punto de vista del método y abogamos por un enfoque dia-léctico de totalidad concreta, a fin de superar las polaridades rígidas hacia las que se deslizó la corriente de la dependencia. En el siguiente capítulo intentamos responder la pregunta de qué fenómeno histórico expresó la dependencia y cuáles fueron las razones de su crisis y desintegración. El capítulo 6 cierra esta primera parte del libro con una discusión sobre la “dependencia reformulada”, esto es, sobre las posiciones –predominantes en la izquierda y el progresismo latinoamericano– que actualmente defien-den los autores dependefien-dentistas.

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los siguientes cinco capítulos, que componen la segunda parte del libro, están dedicados a la relación entre tipo de cambio, precios y desa-rrollo en países atrasados. El capítulo 7 generaliza el modelo de tipo de cambio, y la discusión sobre intercambio desigual que habíamos reali-zado en Valor, mercado mundial y globalización. su conclusión central es que en los países atrasados tecnológicamente se genera menos valor por hora de trabajo que en los países adelantados tecnológicamente, aun cuando puedan existir tipos de cambio “de equilibrio”, en el sentido que los define la macroeconomía neoclásica. En el capítulo 8 sintetizamos la hipótesis de Prebisch-singer del deterioro de los términos de intercambio, subrayamos su relevancia en el presente, y ofrecemos una explicación alternativa del porqué del fenómeno, basada en la teoría del valor trabajo. Una primera versión de este capítulo apareció en Monopolio, imperialis-mo e intercambio desigual (madrid, maia, 2001).

En el siguiente capítulo encaramos una crítica al modelo de tipo de cambio de shaikh, un referente marxista en la materia. los capítulos 10 y 11 constituyen una unidad. En ellos procuramos mostrar que existió una lógica en la alternancia de períodos de tipo de cambio alto y bajo que hubo en argentina desde mediados de la década de 1970 a la actualidad. sostenemos también que esa lógica estuvo en la raíz de las recurrentes crisis cambiarias y financieras que atravesó el país.

la tercera parte está conformada por tres capítulos en los que analizamos la cuestión de la renta agraria, el desarrollo del capitalismo agrario en la zona cerealera y sojera de argentina, y sus consecuencias sobre los ingresos en la clase dominante. El estímulo inmediato para la elaboración de estos trabajos ha sido el conflicto entre el Gobierno y los productores y propietarios de la tierra en la zona cerealera y oleaginosa argentina, que se desarrolló desde marzo de 2008 y no se cerró com-pletamente al momento de escribir estas líneas (inicios de 2010). sin embargo, el objetivo de estos capítulos no es en sí mismo el conflicto, sino indagar en el desarrollo agrario de un país atrasado, pero con un sector de alta productividad, y estudiar la dinámica que se plantea entre renta, ganancia e ingresos del capital financiero. Para esto, en el capítulo 12 presentamos una explicación sencilla de la teoría de la renta de marx, que en general es poco conocida incluso entre los propios marxistas. asimismo, analizamos los cambios que se han producido en las rentas diferenciales i y ii; cuestionamos la existencia hoy de la renta absolu-ta; y analizamos la relación entre la renta, la ganancia y el interés. la explicación de esas categorías se amplía en el interludio 1, a través de la crítica a una interpretación de la teoría de la renta de marx distinta

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de la que defendemos; en este interludio también abordamos la relación entre renta y tipo de cambio.

En el capítulo 13 analizamos el desarrollo del capitalismo agrario argentino como parte de la globalización y la entrada del capital en el agro a nivel mundial. En este capítulo volvemos también sobre cuestio-nes planteadas por los teóricos de la dependencia sobre la articulación entre modos de producción no capitalista y el desarrollo capitalista. En el interludio 2 explicamos cómo funcionan los mercados de futuros, a fin de discutir la idea de que los precios de los alimentos, las materias primas agrícolas y los productos energéticos son determinados por la actividad financiera y especulativa. En el capítulo 14 aplicamos las categorías teóricas discutidas al análisis del conflicto entre el gobierno y el campo, con un pequeño “modelo” de país dependiente, basado en lo desarrollado en los capítulos 10 y 11. El análisis refuerza la idea, que defendemos a lo largo del libro, de que es necesario superar las visiones linealmente “estancacionistas” que han predominado en los estudios marxistas de los países subdesarrollados.

Por último, en el capítulo 15 nos preguntamos cuál es el significado hoy de la dependencia, en el marco de nuestra tesis sobre que no existe explotación entre países, como había planteado la tesis de la dependencia. Esta cuestión se vincula estrechamente con los programas políticos, tradi-cionalmente tributarios de la corriente de la dependencia, de la “liberación nacional”, la “independencia económica” y la “autarquía económica”.

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PrimEra ParTE

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1. corriEnTE dE la dEPEndEncia,

caracTErÍsTicas GEnEralEs

la corriente de la dependencia (cd) fue un movimiento intelectual y polí-tico que buscó explicar las raíces del atraso y el subdesarrollo en américa latina, y analizar las relaciones desiguales entre los países de la periferia y los países adelantados. nació a mediados de la década de 1960 en la cen-tral de santiago de chile de la comisión Económica para américa latina y el caribe (cepal), y adquirió rápidamente influencia en la izquierda lati-noamericana y en círculos académicos e intelectuales de Europa y Estados Unidos, hasta mediados de la década de 1980, cuando entró en un proceso de crisis y dispersión. no obstante, sus ideas siguen predominando en la izquierda y en el nacionalismo radical latinoamericano.

Para comprender a la cd es conveniente entender cuáles fueron sus fuentes teóricas; el contexto intelectual, social y político que rodeó su nacimiento; y en oposición a qué pensamientos, por entonces prevalecien-tes, los autores de la dependencia desarrollaron sus principales tesis. inFlUEncia dE la cEPal

El surgimiento de la cd se vincula, en primer lugar y de manera directa, con las problemáticas que había instalado la cepal en la agenda de los estudios sociales, así como con las limitaciones de esta corriente frente a la realidad latinoamericana. En especial influyó en la cd la tesis de la cepal sobre que la causa del atraso de américa latina residía en la forma en que la región se insertaba en la economía mundial; una cuestión que a su vez había sido determinante en la creación de la cepal.

Efectivamente, la cepal nació en un entorno de deterioro de las relaciones de los gobiernos latinoamericanos con Estados Unidos, en la inmediata segunda posguerra. Una serie de factores se conjugaron para llevar a esa situación. Por aquellos años, se había reforzado la dependen-cia de américa latina con respecto a las importaciones de manufacturas norteamericanas, habían caído sus reservas, y existía un temor

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genera-lizado de que los precios de las materias primas se establecieran en un mercado controlado por un único comprador, Estados Unidos. la cepal fue creada, como agencia de las naciones Unidas, a propuesta de latinoa-mericanos con el objetivo de estudiar las formas de relación económica de américa latina con los países del centro. Por eso desde su inicio estuvo integrada por economistas mayoritariamente reformistas y keynesianos, que alentaban el desarrollo de una burguesía nacional industrialista en latinoamérica, la intervención del Estado en la economía y la colabora-ción de clases para hacer frente a las presiones externas. Este contexto explica la trascendencia que tuvo, a fines de la década de 1940, la hipóte-sis de Prebisch-singer sobre el deterioro de los términos de intercambio. según Prebisch y singer, los países atrasados sufrían un deterioro creciente de los precios de sus exportaciones primarias, con relación al precio de los bienes industriales que importaban de los países adelanta-dos; por lo tanto, seguía el argumento, el comercio internacional entre el centro y la periferia no llevaba automáticamente al desarrollo de la periferia, como postulaba la teoría ortodoxa.1 de esta manera, Prebisch

y singer cuestionaban la aplicabilidad de la teoría neoclásica a los países atrasados, y afirmaban la necesidad de diferenciar cualitativamente los países del centro capitalista de los países de la periferia. En base a este diagnóstico, la cepal rechazó el crecimiento basado en las exportaciones, adoptó un enfoque nacionalista y proteccionista, e impulsó a las corrientes desarrollistas de las burguesías latinoamericanas. Pero también abogó por una industrialización sustentada en la entrada del capital extranjero.

inicialmente, el proyecto cepaliano despertó muchas esperanzas en américa latina, pero hacia mediados de la década de 1960 su desarro-llismo, caracterizaba la cd, entraba en un impasse. En américa latina continuaban la marginación y la pobreza de vastos sectores; la entrada del capital extranjero había generado una mayor dependencia de las impor-taciones de máquinas y equipos, y un continuo drenaje de divisas por la remesa de utilidades y pago de regalías; además, los países padecían crisis recurrentes en sus balanzas de pagos. las economías latinoamericanas se estancaban.2 de aquí la radicalización de economistas y sociólogos

cepa-1 con esto introducía la temática de los intercambios entre países adelantados y

atra-sados, que había estado ausente de las preocupaciones marxistas y de otros economistas heterodoxos, y sería retomada en la cd. En el campo del marxismo la cuestión del intercam-bio desigual había sido mencionada por Bauer a comienzos del siglo xx, en referencia a la cuestión nacional, pero no había atraído la atención de los marxistas.

2 En el capítulo 5 veremos que las cifras del crecimiento del producto en américa

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lianos y heterodoxos, y la formación del movimiento de la dependencia en convergencia con sectores marxistas. En 1968, dos santos escribía:

los hechos históricos han generado una crisis muy seria en las cien-cias sociales latinoamericanas. la década optimista fue seguida de una década de pesimismo, caracterizada por el estancamiento económico y el fracaso de las políticas de desarrollo (dos santos, 1975, p. 163).

citaba luego a Prebisch, quien admitía que

[…] en la evolución de la economía latinoamericana en 1966, se advierten nuevamente los dos rasgos que la vienen caracterizando desde hace años: la lentitud y la irregularidad del crecimiento económico (dos santos, 1975, p. 165).

los dependentistas pensaban que el programa de la cepal había expresado las aspiraciones de la burguesía latinoamericana a un desarrollo nacional autónomo. Pero a partir de la década de 1960, cuando esa burguesía había establecido una relación de dependencia con los capitales extranjeros, ese programa había dejado de corresponder “a los intereses propios de la clase que buscaba orientar y pasaba a corresponder a un sueño utópico pequeñoburgués” (Bambirra, 1983, p. 31).3 la estrategia promovida por el

desarrollismo generaba descapitalización, déficit externos, crecimiento de las deudas y más dependencia (ibid., p. 29). los dependentistas también criticaban que la cepal hubiera subvalorado las medidas distributivas, en especial la reforma agraria.

radicaliZación dE las lUchas

a las dificultades económicas que enfrentaba el continente latinoamericano se sumó el auge de las luchas populares y de liberación nacional, desde fines de la década de 1950. se asistió por entonces al ascenso de movi-mientos de liberación, nacionales y antiimperialistas, en argelia, congo Belga y vietnam, entre otros lugares. más importante aún fue el triunfo de la revolución cubana, y el fortalecimiento del guevarismo, con sus críticas

3 En dos santos se caracteriza a la cepal como “una organización emanada de los

gobiernos latinoamericanos y un órgano encargado de la propuesta de políticas y asesoría a gobiernos” (dos santos, 2003, p. 67).

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a las concepciones estalinistas y al reformismo burgués. asimismo la revo-lución cultural china contribuyó a la radicalización latinoamericana de la década de 1960. Pero también hubo respuestas reaccionarias y de la dere-cha. Entre comienzos y mediados de la década de 1960 se producen el golpe militar en Brasil; la sangrienta represión al movimiento obrero y popular en indonesia; la invasión de Estados Unidos a república dominicana; y el golpe militar en argentina, de 1966. hubo, en consecuencia, una creciente convicción en muchos sectores de la izquierda de que el avance social por la vía keynesiana y democrática se cerraba para el Tercer mundo.

además, tuvo importancia el giro a la izquierda de un sector de la iglesia, que profundizó en la línea del concilio vaticano ii y dio lugar al surgimiento de la Teología de la liberación. militantes latinoamericanos que se habían iniciado en el nacionalismo católico radicalizaron sus postu-ras en las décadas de 1960 y 1970, adoptando planteos del marxismo y de otras teorías críticas. También incidió la radicalización de la juventud de Estados Unidos y Europa, con sus críticas a la sociedad de consumo, a la guerra en vietnam y su lucha por la paz.

la cd estuvo integrada por muchos intelectuales de izquierda –principalmente sociólogos y economistas– que no pertenecían a parti-dos políticos. Pero también tuvieron posiciones dependentistas autores afines al maoísmo. samir amin fue el más influyente; aunque tal vez no pueda ser incluido formalmente dentro de la cd. asimismo, los trotskistas desarrollaron análisis con muchos puntos de contacto con la cd, siendo Ernest mandel el más destacado. la cd, siempre entendida en un sentido amplio, también incluyó estructuralistas que descubrieron “los límites de un proyecto nacional autónomo” (dos santos, 2003, p. 25). Entre estos últimos mencionamos a osvaldo sunkel, los trabajos maduros de celso Furtado, “e inclusive la obra final de raúl Prebisch reunida en su libro El capitalismo periférico” (ibid.).4

4 En este libro encontramos posiblemente las posiciones más radicalizadas de Prebisch.

Plantea que el mercado no puede ser el regulador del desarrollo en la periferia, ya que no resuelve las grandes fallas en las relaciones centro-periferia, ni las tendencias excluyentes y conflictivas del desarrollo periférico. constata que en los países periféricos existe sobre-oferta de mano de obra, y por lo tanto bajos salarios. También altos ingresos concentrados en las clases propietarias, que siguen las pautas de consumo del centro, y una dinámica de acumulación que implica un gran desperdicio en la acumulación del capital. Todo esto está acompañado de la quiebra del liberalismo democrático (Prebisch escribe en tiempos de dicta-duras en el cono sur de américa latina). Termina proponiendo un uso social del excedente a cargo del Estado y una acción reguladora de éste mediante la planeación democrática. las resonancias keynesianas –del capítulo final de la Teoría general– son notables.

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sUPEración dE la TEorÍa orTodoXa dEl dEsarrollo

la situación que acabamos de describir se combinó con una profunda insa-tisfacción con la teoría burguesa del desarrollo dominante en la década de 1960. Esta había sido establecida, en lo esencial, por rostow (1974). ros-tow planteaba que existía una secuencia de etapas de crecimiento, que se repetían de forma más o menos uniforme en todos los países que avanzaban hacia “la modernización”. Esas etapas eran la sociedad tradicional; la del desarrollo de condiciones previas para el impulso inicial; la etapa del impul-so inicial, cuando se superaban los obstáculos para el crecimiento y pasaban a dominar las fuerzas del progreso económico; la etapa de la marcha hacia la madurez; y la era del alto consumo de masas. lo decisivo para que hubiera desarrollo, siempre según rostow, era favorecer la libre empresa, la importación de capital y la inserción plena en la economía internacional.

rostow pensaba que desde el impulso inicial a la madurez se necesita-ban aproximadamente 60 años porque, desde el punto de vista analítico,

[...] un intervalo de esa naturaleza puede apoyarse en la poderosa aritmética del interés compuesto aplicado al monto de capital, en combinación con las consecuencias de mayor alcance, debidas al poder de una sociedad de absor-ber la tecnología moderna de tres generaciones (rostow, 1974, p. 22).5 y sostenía seriamente que lo suyo constituía “una alternativa a la teoría de la historia moderna de Karl marx” (ibid., p. 14). se trataba de una concepción lineal y mecánica, que fue adoptada por los poderes políticos en los países centrales y en muchos de los atrasados. la ideología y el programa de la alianza para el Progreso, promovida por el presidente Kennedy, reflejaron esta influencia.

la visión linealmente evolucionista del desarrollismo neoclásico se combinaba en la ortodoxia dominante con una concepción dualista de las sociedades atrasadas. según el dualismo, las sociedades se dividían en un sector atrasado tradicional y otro moderno, el capitalista. se pensaba que a partir de la interacción entre esos dos sectores se produciría el ensan-chamiento progresivo del sector moderno y una reducción del

tradicio-5 En El capital, marx se burlaba de aquellos economistas que pensaban que si se

hubiera puesto una libra esterlina a interés compuesto hace 2.000 años, hoy la humanidad dispondría de una fortuna incalculable. Pero esta idea alocada es posible cuando se considera que el capital es “una cosa”, que crece mecánicamente, y no una relación social. rostow aplica esa primitiva noción a su esquema de desarrollo.

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nal, hasta que todos los habitantes estuvieran incluidos en el desarrollo. incluso modelos semi-heterodoxos, como el de lewis, un referente en la teoría del desarrollo, participaban de esta visión. lewis pensaba que en países atrasados con excedente de mano de obra en el sector “tradicional” (precapitalista) podía haber desarrollo por la transferencia paulatina de trabajadores hacia el sector “moderno” (capitalista). de esta forma, el segundo crecería a expensas del primero, que se iría achicando.6 En

con-secuencia, las teorías del desarrollo centraban sus análisis en los obstácu-los y resistencias que oponían las estructuras tradicionales al avance del sector “moderno”, y al “despegue” de los países atrasados.

En oposición a esta visión autoconformista del desarrollo, la cd plan-teó que los países no avanzaban mecánica ni linealmente desde el atraso a la madurez, y que había que tener una visión histórica y de totalidad de la periferia. la perspectiva histórica era importante para entender, contra lo que afirmaba rostow, que todas las sociedades habían tenido historia, y que muchos países subdesarrollados –como india o china– habían sido en su momento “desarrollados”. Por otra parte, desde la perspectiva de totalidad se podía comprender el atraso de la periferia como producto del sistema mundial. Esto significaba que el subdesarrollo de la periferia cons-tituía el reflejo especular del desarrollo de los países adelantados; el desa-rrollo de los países adelantados y el subdesadesa-rrollo de la periferia no eran fenómenos independientes, sino partes de un mismo proceso, donde uno se vinculaba orgánicamente al otro.7 los países adelantados explotaban a los

atrasados; estos últimos transferían sus recursos al centro, y potenciaban el desarrollo desigual de ambos polos.8 no había por lo tanto desarrollos en

sucesión lineal, sino en paralelo, y el subdesarrollo de los países atrasados alimentaba el desarrollo de los adelantados. En palabras de dos santos:

6 véase lewis (1973); lewis nunca revisó su postura esencial, a pesar de

rectifica-ciones parciales; véase lewis (1979).

7 Estas ideas van a ser profundizadas por los teóricos de la “economía mundo”,

corriente de la que participaron andré Gunder Frank y samir amin.

8 la cd puso el énfasis en el colonialismo –o neocolonialismo– “externo”, esto es,

en las relaciones de explotación, mediante la transferencia de plusvalía, desde los países atrasados a los adelantados. sin embargo, y como señala chilcote (1974), hubo autores como González casanova, oscar lewis y Frantz Fanon, que pusieron la atención en el colonialismo “interno”. según esta perspectiva, las áreas rurales de los países periféricos son explotadas por las ciudades. la idea de transferencia de excedente desde las áreas rurales a las ciudades de los países subdesarrollados reaparece en Frank (véase más adelante). dis-cutimos algunas cuestiones de método relativas a la relación entre formaciones económicas precapitalistas –economía parcelaria campesina– y el modo de producción capitalista más adelante en este libro.

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El tiempo histórico no es unilineal, no hay posibilidad de que una sociedad se desplace hacia etapas anteriores de las sociedades existentes. Todas las sociedades se mueven paralelas y juntas hacia una nueva sociedad. las sociedades capitalistas desarrolladas corresponden a una experiencia his-tórica completamente superada […] (dos santos, 1975, p. 153).

al respecto, shamsavari destaca que la escuela “introdujo una dimensión histórica e internacional” al problema del desarrollo (shamsavari, 1991, p. 266), frente a las construcciones de los neoclásicos. se conforma así lo que posiblemente sea la tesis central de la cd, que sostiene que las eco-nomías de los países subordinados, o dominados, están condicionadas y dependen de las economías del centro en un grado tal que les imposibilita tener un desarrollo capitalista dinámico, con fuerza propia. Por eso, el atraso no podía superarse, como pensaba la corriente mayoritaria de la cepal, mediante algunas medidas correctivas en el comercio internacio-nal, ni incentivando la entrada de capital extranjero; o apostando a un desarrollo capitalista autónomo articulado por el Estado.

crÍTica dE las concEPcionEs EsTalinisTas

la cd también criticó los análisis y las políticas de los partidos comu-nistas latinoamericanos. a principios de la década de 1960, los partidos comunistas continuaban defendiendo la estrategia de la revolución por etapas, que había definido la internacional comunista a comienzos de la década de 1930 para los países atrasados. Planteaban que la falta de desa-rrollo en la periferia se debía a las estructuras semifeudales, mantenidas por las oligarquías terratenientes en alianza con los monopolios imperia-listas, y contrarias al fortalecimiento de una clase capitalista industrial y nacional. Por eso las burguesías nacionales –eran “nacionales” porque estaban interesadas en desarrollar capitalismos independientes– tenían intereses “objetivamente enfrentados” al imperialismo y la oligarquía. de aquí que los partidos comunistas plantearan la necesidad de una revo-lución democrático-burguesa que abriera camino a la industrialización y, en consecuencia, al fortalecimiento social del proletariado. la estra-tegia revolucionaria era “por etapas”. la primera etapa comprendería la revolución democrática, popular y antiimperialista. En ella la clase obrera sería aliada de la burguesía nacional, y solo después del triunfo de esta revolución se podría avanzar hacia la segunda etapa, la revolución socialista.

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la cd invirtió este razonamiento al sostener que el atraso y el sub-desarrollo no eran el producto de las estructuras atrasadas –feudales o precapitalistas–, sino el resultado de la expansión del capitalismo mundial. las burguesías nativas eran un derivado de ese desarrollo capitalista, y solo podían sobrevivir asociándose con el capital extranjero y abdicando “de sus propios proyectos de desarrollo nacional autónomo” (Bambirra, 1983, p. 65). no se trataba de una burguesía “nacional”, como soste-nían los comunistas, ya que no podía defender los intereses de la nación independientemente de los intereses del capital extranjero, al que estaba asociada.

Ellas [las burguesías criollas] no disponen de la propiedad privada de los medios de producción fundamentales sino que la comparten con el impe-rialismo desde una posición desventajosa, aunque eso no signifique que sus ganancias no sean sustanciales (Bambirra, 1983, p. 65).

En consecuencia, la cd planteaba que los industriales criollos no serían aliados de los trabajadores y de los sectores populares en una futura revo-lución democrática. la única salida para superar el atraso pasaba por el triunfo de la revolución socialista, dirigida por la clase obrera, enfrentada al imperialismo, las oligarquías y las burguesías nativas.

la crítica de la cd a los partidos comunistas coincidía con el planteo de los trotskistas –pero no con los partidos maoístas– sobre la incapaci-dad de las burguesías de los países periféricos de encabezar o participar en luchas revolucionarias contra el imperialismo. y sobre la necesidad de abandonar la estrategia de la revolución por etapas.

los autores de la dependencia también cuestionaron la visión lineal y mecánica del marxismo soviético, según la cual la humanidad debía atravesar, necesariamente, las etapas del comunismo primitivo, el escla-vismo, el feudalismo y el capitalismo, antes de llegar al socialismo. En este respecto, los aportes fundamentales provinieron de antropólogos marxistas, que dieron pie, además, a la tesis de la articulación de los modos de producción (véase más adelante). destacamos los estudios de maurice Godelier sobre el modo de producción asiático (véase, por ejemplo, Godelier, 1971); la categoría de regímenes tributarios de amin (véase amin, 1986); la noción de “modo de producción africano”, de coquery-vidrovitch (1998); y los trabajos sobre el rol de las formaciones no capitalistas africanas de claude meillassoux (1982).

señalemos, por último, que si bien en líneas generales los partidos comunistas latinoamericanos rechazaron a la cd, vania Bambirra apunta

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que en algunos de ellos hubo una receptividad favorable a la dependencia. Por ejemplo, en militantes del Partido comunista chileno y en el Partido comunista brasileño habría habido, siempre según Bambirra, “síntomas relevantes de reorientación”, en el sentido de plantear el carácter socialis-ta de la futura revolución (Bambirra, 1983, p. 10). de todas maneras, los partidos comunistas de américa latina nunca modificaron sus concepcio-nes fundamentales.

TradicionEs dEsdE la iZQUiErda

las ideas de la cd entroncaron a su vez con estudios y debates de más larga data sobre el sistema mundial y el desarrollo. En primer lugar, con la extensa polémica entre el marxismo y el populismo ruso que tuvo lugar hacia fin del siglo xix y principios del siglo xx, sobre si rusia seguiría la evolución de los países capitalistas adelantados, o podría encarar vías alternativas de desarrollo.9 allí quedaron establecidas algunas

problemá-ticas que luego recorrerían los trabajos sobre la dependencia. Entre ellas, la relación entre la acumulación y la ampliación de los mercados internos. los populistas habían sostenido, en oposición al marxismo “ortodoxo”, que los bajos ingresos de las masas campesinas constituían un obstáculo insuperable para el desarrollo capitalista, ya que limitaban mortalmente a los mercados. décadas más tarde, autores de la cd –como lo veremos en marini– esgrimieron argumentos similares, y cuestionaron la aplicabilidad de las leyes marxianas de la acumulación a los países subdesarrollados.

En segundo término, la cd adoptó y profundizó las tesis clásicas sobre el imperialismo que elaboraron marxistas y radicales de principios de siglo xx. de especial trascendencia fue el folleto de lenin El impe-rialismo, fase superior del capitalismo. siguiendo a hilferding (1974), lenin sostenía que el sistema capitalista había pasado de una fase de libre competencia –típicamente las décadas de 1860 y 1870– a una en que prevalecían los monopolios. según este enfoque, los precios eran admi-nistrados, y la economía podía ser manejada, a través de la colusión y las relaciones de fuerza, por las grandes empresas. además, en los países más poderosos los mercados estaban saturados –las masas carecían de poder de compra debido a la concentración de la riqueza–, y los capitales debían salir al exterior por mercados y fuentes de aprovisionamiento para

9 los textos del primer lenin, con sus polémicas con los populistas, son característicos

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evitar la depresión. la tendencia al estancamiento en el centro se reforza-ba por la hegemonía que había adquirido el capital financiero, que ejercía un rol parasitario y retrógrado.

Por lo tanto, la empresa colonial, según lenin, era imprescindible para que el capitalismo del centro se reprodujera. El monopolio y la nece-sidad de explotar a la periferia explicaban también que en las relaciones económicas internacionales prevaleciera la violencia para la extracción del excedente desde la periferia. El sistema de explotación colonial impe-rialista, sustentado en el saqueo y el pillaje, se convertía en un rasgo característico de la época.

naturalmente, si había un estado de guerra permanente para mante-ner el dominio colonial y el saqueo, habría poco espacio para el desarrollo capitalista en los países atrasados. Pero los marxistas pensaban también que la exportación de capitales desde los países centrales a la periferia generaría el desarrollo de las fuerzas productivas en esta última. En su trabajo sobre el imperialismo, lenin afirmaba que la exportación de capi-tal repercutía en los países en que era invertido, acelerando “extraordina-riamente” el desarrollo del capitalismo.10 Este pronóstico generaba una

tensión –no reconocida teóricamente en los escritos leninistas– con la idea del predominio del pillaje y el robo. Para zanjar la cuestión, entre finales de la década de 1920 y principios de la década de 1930 a la internacional comunista sentenció que las inversiones de los capitales imperialistas solo generaban atraso. En su sexto congreso, en 1928, se aprobaron las “Tesis sobre el movimiento revolucionario en los países coloniales y semicoloniales”, en las que se afirmaba que la expansión del capitalismo en los países coloniales y semicoloniales –ubicados mayoritariamente en asia y África– ya no era progresiva.11 En el siguiente congreso, de 1934,

esta tesis se extendió a américa latina.

Estas ideas fueron profundizadas y sistematizadas, en la década de 1950, en un conocido libro de Paul Baran sobre la economía política del

10 También hilferding, quien escribe: “la exportación de capital […] ha acelerado

enormemente la subversión de todas las viejas relaciones sociales y la difusión del capita-lismo por el globo” (hilferding, 1974, pp. 362-363). la idea de que la entrada del capital extranjero promovería el desarrollo en la periferia ya había sido adelantada por marx. Por ejemplo, cuando se refirió a los efectos beneficiosos, a largo plazo, para el desarrollo del capitalismo, que tendrían los ferrocarriles británicos en la india; volvemos sobre esta posición de marx en el capítulo 6.

11 como ha señalado Gabriel Palma, este congreso debe ser considerado como “el

punto de transición del enfoque marxista respecto a la progresividad del capitalismo en las regiones atrasadas” (Palma, 1987, p. 46).

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crecimiento (véase Baran, 1969). aquí Baran anticipó mucho de lo que luego defenderían los autores de la cd;12 de hecho, en las décadas de 1960

y 1970 normalmente se incluía a Baran dentro de la corriente.

Baran planteó que el atraso, la miseria y el subdesarrollo de los países de la periferia no se debían a causas internas, sino a la explotación de las potencias. El caso más representativo era india, cuya economía había sido devastada por el colonialismo inglés. Baran se apoyaba en datos de esta-dígrafos indios, que calculaban que Gran Bretaña se apropiaba anualmente de aproximadamente el 10% del producto bruto de la india. Planteaba así la idea del “drenaje” o “transfusión” de recursos de la periferia al centro. El excedente económico se obtenía “de las masas subalimentadas, semidesnu-das, mal alojadas y agotadas por exceso de trabajo” (Baran, 1969, p. 172). inevitablemente, india se subdesarrollaba en tanto Gran Bretaña se desarro-llaba. la conexión de la periferia con el capitalismo frenaba el desarrollo:

[…] no puede haber duda de que si la cantidad de excedente económico que Gran Bretaña extrajo de la india hubiese sido invertido en esta última, el desarrollo económico de la india tendría en la actualidad poca similitud con este cuadro sombrío (Baran, 1969, p. 172).

la contracara de la india era Japón, el único país que no había sido una colonia o una dependencia del capitalismo avanzado; en consecuencia había gozado de un “desarrollo nacional independiente” (ibid., p. 183).

además del factor colonial, Baran aportó nuevos elementos a la tesis de que los países atrasados eran explotados. Es que ya en la década de 1950 el colonialismo estaba en retroceso, y era necesario modificar algunos planteos. Baran puso el énfasis en la inversión extranjera directa (ied) de los países centrales en los atrasados. Planteó que la entrada de capitales en la periferia era muy reducida, y al poco tiempo existía una salida neta de recursos debida a la remesa de utilidades, pagos de regalías, patentes, intereses, etc., por parte de los monopolios. En consecuencia, era mucho más lo que sacaban los imperialistas, que lo que aportaban a los países atrasados con sus inversiones; las balanzas de pagos sufrían crisis recurrentes.13 así, la ied, lejos de generar desarrollo, provocaba

12 cardoso (1977) relativiza la influencia de Baran, diciendo que no escribió nada que

ya no estuviera presente en la perspectiva del pensamiento crítico en américa latina antes de 1960. Pero el trabajo de Baran fue publicado en la década de 1950.

13 “[l]os países subdesarrollados […] en conjunto, han enviado continuamente una

gran parte de su excedente económico hacia los más adelantados, bajo la forma de intereses y dividendos” (Baran, 1969, p. 211).

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estancamiento y miseria. Existía explotación de los países atrasados y for-malmente independientes por parte de los Estados imperialistas, aunque no por medio del dominio colonial. los monopolios extranjeros actuaban en combinación con las oligarquías locales, conformando una alianza que impedía el progreso social y económico. Por eso las relaciones capitalistas no se podían extender plenamente en los países atrasados, y los regímenes periféricos eran “mercantil-feudales”.

Estas posiciones se profundizaron luego con la explicación más general de Baran y sweezy (1982) sobre el capital monopolista, que intentaba actualizar las viejas tesis del imperialismo. En particular porque Baran y sweezy plantearon que si el monopolio había pasado a dominar la economía, las leyes económicas establecidas por marx de alguna manera debían ser modificadas. además, Baran y sweezy adopta-ron además un enfoque claramente subconsumista. sostenían que la con-centración del capital en manos del monopolio generaba un aumento de los beneficios en grado tal, que no podía ser gastado por los capitalistas. de ahí que hubiera un problema estructural de realización del producto, y la salida del sistema pasaba por promover el gasto improductivo (armas, propaganda, etcétera).14 de manera que la supervivencia del capitalismo

dependía del despilfarro estructural, lo que explicaba la tendencia al estancamiento en el centro.

Esta obra de Baran y sweezy fue considerada por muchos autores de la dependencia como una actualización de las tesis leninistas del imperialismo y la preponderancia de los monopolios.15 la revista

norte-americana Monthly Review, animada por Baran y sweezy, gozó de gran predicamento en la cd.

la influencia de Baran y sweezy se combinó con la que ejercieron marxistas más “ortodoxos”, como mandel, quien planteó que la tesis de la preeminencia del monopolio no obligaba a generar una teoría distinta de la marxiana. además, y a pesar de conceder importancia al despilfarro, no tuvo una visión “estancacionista” del capitalismo central. mandel destacó que el capitalismo en los países desarrollados había tenido la capacidad de ampliar los mercados después de la segunda Guerra mundial, por lo menos hasta comienzos de la década de 1970.

14 lo esencial de este planteo ya estaba elaborado a fines de la década de 1950; véase

Baran (1959).

15 Todavía en la década de 1990 samir amin reivindicaba todos estos análisis de Baran

y sweezy como punto de partida para la comprensión del capitalismo contemporáneo; véase el capítulo 6.

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la TEsis dEl inTErcamBio dEsiGUal

En la década de 1960, y en paralelo con la consolidación de la cd, apa-reció la tesis del intercambio desigual, de arghiri Emmanuel. Emmanuel (1972) sostenía que los países atrasados transferían valor a los países adelantados por los mecanismos de mercado. a diferencia de Prebisch, planteaba que esto no se debía a que las exportaciones de la periferia fueran materias primas, ya que ocurría con todos los productos de expor-tación de los países atrasados. El origen último del intercambio desigual, según Emmanuel, eran los salarios extremadamente bajos que se pagaban en la periferia subdesarrollada. Esto posibilitaba altas tasas de plusvalía; dada la igualación de las tasas de ganancia, se generaba una transferencia de valor desde los países atrasados a los adelantados.

Emmanuel afirmaba entonces que había explotación de los países atrasados por parte de los países adelantados, aunque ya no se tratara de explotación colonial. concluía además en que no había posibilidad de esta-blecer un programa socialista internacional, porque los trabajadores de los países adelantados participaban de la explotación de los trabajadores de los países atrasados. Esta conclusión despertó muchas críticas contra Emmanuel.16 a pesar de este cuestionamiento, la tesis del intercambio

desigual fue adoptada y defendida por muchos autores de la cd.17 la cd, Unidad y divErGEncias

hasta el momento, nos hemos referido a la “corriente” de la dependencia dado el tronco de ideas claves compartidas por los dependentistas: la imposibilidad de un desarrollo capitalista con raíces propias de la perife-ria; la tesis de que los países atrasados eran explotados por los monopo-lios y los países centrales; el sesgo nacionalista radical de sus planteos; y la idea de que la transferencia de excedente generaba desarrollo en los países imperialistas. a partir de estos puntos en común hubo, sin embargo, importantes diferencias, razón por la cual es imposible hablar de una “escuela”. ya en la década de 1960 cardoso constataba que los

16 Este problema planteado por Emmanuel nunca fue respondido, a nuestro modo de

ver, de forma acabada. de hecho, ya en lenin encontramos esbozada esta idea, cuando afir-ma que en los países centrales hay una aristocracia obrera que vive a costa de la explotación de las colonias.

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autores de la cd tenían interpretaciones “discordantes entre sí en puntos significativos” (citado por Bambirra, 1983). En 1981, chilcote también apuntaba que “aquellos interesados en la dependencia han reconocido que no existe una teoría general y unificada” (chilcote, 1981, p. 15). y en su reseña y balance de la corriente, Palma (1987) decía que la dependencia nunca había logrado unificar una teoría, y era conveniente hablar de una escuela unificada. Por este motivo, la mejor forma de profundizar qué fue la cd es presentando las posiciones de sus principales exponentes, y sus diferencias.

André Gunder Frank

Frank, junto con cardoso y Faletto, fue el iniciador de la cd con la publi-cación en Monthly Review, en 1966, de “The development of Underde-velopment”, que fue la base de su libro Capitalismo y subdesarrollo en América Latina, publicado al año siguiente. a pesar de que Frank nunca se reivindicó marxista, usó categorías del marxismo y siempre reconoció la influencia de Baran en su elaboración teórica.

su tesis, en principio, es muy sencilla. dice que cuando los países se vinculan al mercado mundial se acrecientan las diferencias de sus econo-mías porque se produce una transferencia de excedente de un país al otro (véase Frank, 1973). de manera que pequeñas diferencias iniciales van creciendo exponencialmente, dando lugar a que una minoría de países se desarrolle y una mayoría se subdesarrolle. Por eso, siempre según Frank, cuanto más se vinculan los países de la periferia al mercado mundial, más se subdesarrollan. Por ejemplo, el norte de Brasil había experimentado un cierto auge cuando se había vinculado tempranamente, y de manera intensa, al mercado mundial, pero luego había caído en la decadencia, producto de esa vinculación. algo parecido había ocurrido con el Potosí. También había gozado de un período de esplendor cuando se había ligado al mercado mundial, en la época de la colonia; pero finalmente se había subdesarrollado. En cambio, cuando los países tomaban distancia del mercado mundial, crecían. chile se había desarrollado entre 1940 y 1948 cuando había estado aislado del mercado mundial. En cuanto a los países adelantados, su desarrollo dependía de la transferencia de recursos desde los países subdesarrollados.

Frank también planteaba que las sociedades campesinas eran explo-tadas por las burguesías locales urbanas, y que había una cadena de transferencias de excedente entre metrópolis, submetrópolis y regiones

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atrasadas, que conectaba al último campesino de la periferia con los cen-tros imperialistas más avanzados. Esta visión ha sido calificada de “cir-culacionista”, porque parece decir que la circulación de las mercancías genera el subdesarrollo y desarrollo.

como una consecuencia de este enfoque, las contradicciones funda-mentales se ubicaban en el nivel de las relaciones entre las metrópolis y los países dominados; o de las metrópolis, submetrópolis y regiones explota-das. las contradicciones de clase parecían pasar a un plano secundario.

En crítica de la tesis de los partidos comunistas sobre las “estructu-ras semi-feudales y precapitalistas” de américa latina, Frank también planteó que la región había sido capitalista desde la colonización. Para esto, definía el capitalismo como un sistema que produce para el mer-cado, y no por la relación de trabajo asalariado, como sucede en marx. dado que la producción de américa latina desde el origen del dominio colonial fue organizada para la exportación, Frank concluía que no se podía hablar de feudalismo, y sí de capitalismo. latinoamérica había sido un satélite de las metrópolis desde el siglo xvii, dentro de la eco-nomía mundial capitalista. Esta caracterización de américa latina como capitalista dio lugar a múltiples debates.

al margen de esta discusión, Frank sostenía una tesis que, de alguna manera, fue compartida por muchos de sus críticos, aunque con matices. afirmaba que el capitalismo latinoamericano no podía desplegar una lógica de reproducción ampliada y de acumulación como se describe en El capital, y que el desarrollo era mero “lumpen-desarrollo”. de aquí también que no hubiera una clase capitalista con raíces propias, sino una “lumpen-burguesía”.18 se trataba de un enfoque claramente

estancacionista.

debe señalarse también que en su obra más madura Frank adoptó el enfoque de la “economía mundo” –que compartió con immanuel Wallers-tein y Giovanni arrighi–, según el cual toda economía nacional debía pensarse como parte de una totalidad de una forma aún más estrecha de lo que lo había hecho la cd.19 según esta visión, los dependentistas

anali-zaban a los países desarrollados y a los subdesarrollados de manera dema-siado fragmentaria, lo que inducía a pensar en la posibilidad de desarrollos nacionales autónomos. El análisis desde la perspectiva de la “economía mundo” –concebida como sistema– demostraba que ningún país podía

18 véase Frank (1979a). Baran ya había utilizado el término “lumpenburgués” para

referirse a la clase mercantil de los países atrasados.

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lograr un estado de independencia económica, o de “no dependencia”, desvinculándose del mercado mundial. En consecuencia, también era imposible construir un socialismo nacionalmente aislado; una tesis que Frank compartió con los trotskistas.

Fernando Enrique Cardoso

cardoso publica en 1969, junto a Faletto, Dependencia y desarrollo en América Latina. Ensayo de interpretación sociológica, que todavía hoy es estudiado en facultades de ciencias sociales de américa latina. cardoso y Faletto plantean que los análisis de Frank son mecánicos y caen en un determinismo economicista, en el sentido que “lo externo” (el imperialismo) determina rígidamente el curso de los países periféricos, anulando “lo interno”, esto es, las estructuras sociales y las luchas de clases. En contraposición subrayan que debía tenerse en cuenta la espe-cificidad de las situaciones de la dependencia. lo externo no podía ser una entelequia, había que estudiar concretamente cómo reaparecía en el análisis de cada economía local, en los diversos períodos históricos. El imperialismo implicaba que lo externo se internalizaba y se traducía en formas de dominación a través de Estados y clases sociales –o fracciones de clases–, con sus alianzas y enfrentamientos. Por eso, lo decisivo para explicar el subdesarrollo eran las relaciones de fuerza y las alianzas de clases al interior de los países. así, el análisis de cardoso y Faletto pro-cura centrarse en las luchas de las clases sociales, y en las relaciones de poder que se establecían en cada país. a partir de sostener que el imperia-lismo no determinaba de forma unívoca el estancamiento, y que el curso de los acontecimientos dependía en gran medida “de lo interno”, quedaba abierta la posibilidad de que hubiera desarrollo, aunque condicionado y dependiente, en la periferia.

Esta última idea se fortalecería luego en otros escritos de cardoso. Por ejemplo, en cardoso (1977) aparece más claramente aún la crítica a la visión del estancamiento permanente de Frank; y a la tesis de la super-explotación y el subconsumismo de marini. crítico también de la idea de que en los países atrasados no había dinamismo a causa del impe-rialismo, cardoso planteaba que la penetración del capital industrial y financiero aceleraba la producción de plusvalía relativa e intensificaba las fuerzas productivas. sostenía que el imperialismo moderno difería del que había analizado lenin, ya que ahora la inversión extranjera se volcaba a la industria, no solo a la producción de materias primas;

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y además, los capitales de los países periféricos participaban en esas empresas. Por lo tanto, el desarrollo capitalista dependiente se había convertido en una nueva forma de expansión del capital monopólico en el Tercer mundo.

aun siendo el autor menos estancacionista de la cd, de todas mane-ras cardoso mantuvo la idea de que las burguesías nativas eran explo-tadas por las burguesías de los países imperialistas; y que los países atrasados eran explotados por los adelantados. El Estado en américa latina constituía un “instrumento de la dominación económica interna-cional” y las clases dominadas locales sufrían “una doble explotación” (cardoso, 1977, p. 13).20 El desarrollo dependiente implicaba una suerte

de explotación del país atrasado por los oligopolios multinacionales, a través de la apropiación desigual del excedente.

Theotonio Dos Santos

El marxista brasileño dos santos desarrolló la idea de la “nueva dependencia”.21 con esto intentó explicar la forma que adoptaba la

depen-dencia a partir de la entrada del capital extranjero en el sector manufac-turero de los países atrasados. dos santos pensaba que lenin se había equivocado al pronosticar que la inversión extranjera generaría desarrollo en la periferia, ya que el capital monopolista se aliaba con los factores que mantenían el atraso, el subdesarrollo y la dependencia. Esto implicaba que las economías de la periferia estaban condicionadas por el desarrollo y expansión de los países dominantes. En tanto estos últimos podían expan-dirse y autoimpulsarse, los países dependientes “solo lo pueden hacer como reflejo de esa expansión, que puede actuar positiva o negativamente” (dos santos, 1975, p. 180). los países dependientes estaban

[…] en retraso y bajo la explotación de los países dominantes. los países dominantes disponen así de un predominio tecnológico, comercial, de capital y sociopolítico sobre los países dependientes […] que les permite

20 Es sorprendente la similitud entre esta caracterización de cardoso de las burguesías de

los países atrasados, y la que había dado Trotsky en la década de 1930. Trotsky sostuvo que la burguesía de los países semicoloniales (también la de los coloniales) era una clase “semi-gobernante, semi-oprimida” (Trotsky, 1937). agreguemos que consideraba que méxico, por ejemplo, era un país semicolonial; en este sentido difería de la manera en que lenin empleaba el término (véase el capítulo 15).

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imponerles condiciones de explotación y extraerle parte de los excedentes producidos interiormente (dos santos, 1975, p. 180).

la dependencia suponía entonces explotación y extracción del exceden-te de los países atrasados. Esto posibilitaba el desarrollo industrial de algunos países, “y limita ese mismo desarrollo en otros, sometiéndolos a las condiciones de crecimiento inducido por los centros de dominación mundial” (ibid.). dos santos pronosticaba que la dependencia de américa latina continuaría en tanto no pudiera transformarse “en una economía autosostenible o independiente” (ibid., p. 181). los países que habían roto con la dependencia eran los que –fines de la década de 1960– habían buscado consolidar una economía “independiente”, como sucedía en “los países socialistas del Tercer mundo, como china, corea, vietnam y cuba” (ibid., p. 182).

dos santos no compartió la caracterización de Frank sobre américa latina como capitalista desde la colonización, y sostuvo que se trataba de una “economía colonial exportadora” (ibid., 1975, p. 178). También, y en contraposición a Frank, intentó dar más importancia a las estructuras económico-sociales de los países latinoamericanos.

Ruy Mauro Marini

marini se reivindicaba marxista y aplicó las categorías del marxismo al estudio del subdesarrollo; dedicamos luego dos capítulos al análisis de su obra.

Samir Amin

amin elabora en el marco de las tesis de Baran y sweezy sobre el monopolio. También estuvo influenciado por los estudios africanos de antropólogos marxistas, como coquery-vidrovitch, meillassoux y rey; este último fue uno de los principales referentes de la tesis sobre la “arti-culación de los modos de producción”, junto con amin.

amin sostuvo (véase amin, 1986, para lo que sigue) que el modo de producción capitalista necesitaba contrarrestar la tendencia a la caída de la tasa de ganancia aumentando la explotación de la fuerza de trabajo. Pero en los países adelantados no podía aumentar la explotación sin poner en cuestión la “acumulación autocentrada”. Por “acumulación autocentrada”

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amin no entendía la autarquía económica, sino que los salarios progresa-ran a medida que se desarrollaban las fuerzas productivas.

a fin de no entrar en contradicción con la acumulación autocentrada, el capitalismo monopolista mantenía, aunque modificadas, a las forma-ciones sociales precapitalistas de la periferia. la función de los modos de producción precapitalistas era suministrar mano de obra barata al centro, a través de la emigración; y principalmente a las plantaciones y empresas monopólicas exportadoras, establecidas en la periferia. Esta mano de obra barata era la clave para que hubiera intercambio desigual. Por eso, a pesar de que el colonialismo socavaba los modos de producción tradicionales, el capitalismo no se expandía en el continente. El sistema preservaba esos modos precapitalistas, aunque en una forma modificada. África sub-sahariana constituía el caso paradigmático de esta situación.

según amin, también sufrían el intercambio desigual los campesinos que vendían su producción a través de los canales de comercialización dominados por los monopolios, y a los precios establecidos por estos. En definitiva, el intercambio desigual era el mecanismo más importante mediante el cual el capitalismo central explotaba a las formaciones pre-capitalistas, y posiblemente la cuestión teórica decisiva de la época.22 Es

que la economía mundial no podía funcionar, sostenía amin, sino como “articulación de modos de producción”. El modo de producción capitalis-ta era dominante, pero sobrevivía solamente mediante la explocapitalis-tación de los modos de producción precapitalistas.23 los bajos salarios y el control

de los precios por parte de los monopolios también explicaban, según amin, el deterioro de los términos de intercambio que había estudiado Prebisch.

como consecuencia de esta situación en las periferias la proletari-zación, entendida en el sentido de marx, era incompleta.24 Pero la clase

proletaria en el Tercer mundo era muy amplia, ya que por “proletarios” amin comprendía no solo a los trabajadores ocupados por el capital, sino también a las amplias capas de marginados y desocupados permanentes

22 “la controversia relativa a la cuestión del intercambio desigual aborda el gran

pro-blema de nuestra época” (amin, 1986, p. 292).

23 la idea de que el capitalismo solamente podía reproducirse manteniendo y explotando

modos de producción precapitalistas también la encontramos en Palloix (1971, 1975) y laclau (1984). Por ejemplo, laclau consideraba que las formaciones precapitalistas eran una “condi-ción inherente al proceso de acumula“condi-ción de los países centrales” (laclau, 1984, p. 41).

24 como una primera aproximación podemos decir que marx entendía por clase

pro-letaria a los trabajadores subsumidos a la relación capitalista –esto es, que venden su fuerza de trabajo al capital– y a los que forman el ejército industrial de reserva.

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en la periferia y, más importante, a las “masas campesinas integradas en los intercambios mundiales, y que pagan como tales, al igual que la clase obrera urbana, el precio del intercambio desigual”.25

debido a los bajos salarios y la proletarización incompleta, los mercados internos de los países de la periferia eran restringidos, lo que acentuaba el estancamiento. no había posibilidad de que se desarrollara un consumo de bienes durables por parte de los trabajadores. la indus-trialización –por sustitución de importaciones– que habían experimentado algunos países del Tercer mundo no anulaba las condiciones esenciales del atraso. sus economías estaban desarticuladas porque orientaban la producción conforme a las necesidades del centro. Eran en esencia títeres del capitalismo central; “el centro modela a la periferia según sus necesi-dades” (amin, 1986, p. 162; énfasis nuestro). la periferia no podía pasar a un crecimiento autocentrado y dinámico.

Ernest Mandel

mandel, a igual que amin, sostuvo que el mercado mundial solo podía concebirse como una articulación de modos de producción, entre formas precapitalistas (subordinadas) y el modo capitalista (dominante). Planteó también que el intercambio desigual se había convertido en la principal forma de explotación de los países atrasados, y compartió la tesis del bloqueo del desarrollo capitalista en la periferia. Por este motivo criticó la idea de Bujarin (1971) sobre que el modo de producción capitalista tendía a ser planetario (véase mandel, 1979). de todas maneras, ofreció una explicación distinta del mecanismo del intercambio desigual que la brindada por Emmanuel y amin. sostuvo que los países atrasados, al emplear más mano de obra en promedio que los países adelantados –debi-do al atraso tecnológico– generaban más valor que los países adelanta–debi-dos. y ese excedente se transfería al centro a través del intercambio (mandel, 1979). Esta tesis luego la desarrollaron, en las décadas de 1980 y 1990, carchedi y otros marxistas.

25 amin pensaba que esas masas campesinas estaban proletarizadas o en vías de

pro-letarización por su integración al mercado mundial. de ahí que, en sintonía con la estrategia maoísta, amin considerara que los pueblos del Tercer mundo, como conjunto oprimido, tenían potencialidades anticapitalistas.

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crÍTicas a la cd

Una revisión de las críticas que se dirigieron a la cd, en especial en las décadas de 1970 y 1980, nos ayudará a tener un panorama más completo de sus posiciones.

al estudiar las críticas a la cd es necesario distinguir, en primer lugar, las que se dirigieron desde fuera de la cd a algunos de sus autores; en segundo término, las que surgieron del seno mismo de la corriente y tuvieron como destinatario algún otro dependentista; y, en tercer lugar, las que se destinaron al conjunto de la cd. naturalmente, solo el último grupo constituye una crítica a la cd de conjunto. no obstante, muchas veces se asumió que las otras dos especies formaban parte, de alguna manera, de un cuestionamiento global de la corriente. Esto ha suscitado quejas de los dependentistas, en especial por la situación que se generó en torno a Frank, el autor de la cd más cuestionado. a Frank se le criticó su caracterización del capitalismo como un sistema de producción mercantil y su afirmación de que desde la colonización américa latina había sido capitalista;26 su enfoque circulacionista; su visión demasiado rígida del

estancamiento crónico de las periferias; y la (casi) desaparición del aná-lisis en términos de clases sociales. Pero Bambirra, dos santos, cardoso, entre otros, subrayaron repetidas veces que esas posturas no representa-ban sus propias posiciones, y que ellos mismos habían criticado a Frank. hay mucho de válido en esta defensa. Es una realidad que no toda la cd fue rígidamente “estancacionista”, o sostuvo que la mera conexión con el mercado mundial determinara el subdesarrollo y la ausencia de una burguesía con raíces propias. El pensamiento de marini, por ejemplo, es sutil y complejo.

Por lo tanto, cuando se tiene en cuenta que muchas críticas se dirigie-ron a algún miembro en particular de la cd, y que además en buena medida esas críticas fueron compartidas por otros dependentistas, la cantidad de críticas a la corriente se reduce notablemente. Fueron pocos los autores que cuestionaron de conjunto a la cd a partir del examen de la obra de sus miembros más referenciados. En este respecto, tal vez la crítica más conocida a la cd sea la de cueva (1974). vania Bambirra la considera “el más serio esfuerzo de cuestionar las tesis de la teoría de la dependencia”

26 véase laclau (1984) y Brenner (1979), quienes señalaron que el modo de

produc-ción se define a partir de la forma en que se extrae el excedente. Una idea que ya antes había subrayado maurice dobb; véase dobb (1976). Brenner también hace una extensa crítica al circulacionismo de Frank.

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(Bambirra, 1983, p. 41). dada su relevancia, presentamos sus ideas cen-trales con alguna extensión.

cueva comienza diciendo que con la teoría de la dependencia se daba una situación paradójica, ya que criticaba la teoría burguesa del desa-rrollo tomando ideas del marxismo, pero a su vez criticaba al marxismo tomando ideas del desarrollismo y de las ciencias burguesas. Es que la cd reproducía el dualismo, aunque invertido, ya que en lugar de ser el sector tradicional el responsable del atraso –como sostenía la teoría bur-guesa del desarrollo–, en la visión dependentista era el sector moderno el responsable del atraso. de esta manera, además, la dependencia se deslizaba hacia un análisis en términos de regiones, que dificultaba el análisis de clases. si bien cueva admitía que existía una contradicción entre Estados imperialistas y dependientes, la misma había que derivarla de las clases sociales; aunque no explicaba de qué manera debería hacer-se esa derivación.

También cueva cuestiona que la cd estuviera preocupada por el desarrollo y no por la explotación de clases. afirma que esto impregnaba a la teoría de la dependencia de un tinte nacionalista, y que la contra-dicción central era entre clases sociales, y no en términos de naciones, como sostenía la cd. critica por otra parte a dos santos, en torno al rol del imperialismo, ya que, según cueva, la entrada de los capitales extran-jeros desarrollaba el capitalismo en la periferia. En cuanto a cardoso y Faletto, habrían trabajado con un doble código, porque por un lado adop-taban una perspectiva desarrollista, y por otra parte una marxista. Pero también habían dejado de lado la lucha de clases. Por eso, de conjunto los análisis de la cd se hacían en términos de “oligarquías”, “burgue-sías”, “clases medias”, “sectores populares”, estando ausente la relación capital/trabajo. cueva también cuestiona a marini por su división del mercado de productos, donde el consumo de los obreros estaría estan-cado; y sostiene que no hay que formular leyes particulares para el país dependiente, ya que las leyes generales del capitalismo se manifiestan en estos países simplemente con sus rasgos particulares. no había espacio teórico, por lo tanto, para asentar una teoría de la dependencia. Por últi-mo, cueva objeta que la cd tratara de explicar siempre el desarrollo de una formación social por su articulación con otras formaciones, y no por su dinámica interna.

la segunda crítica que destacamos es la de dore y Weeks (1979) y Weeks (1981), que están en la línea de Brenner (1979). Básicamente, estos autores sostienen que el error de la cd fue explicar el desarrollo desigual a nivel mundial por las transferencias de plusvalía entre países,

Referencias

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