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XI. A modo de conclusiones

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Academic year: 2021

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Juan José Ramírez Bonilla

Resumen

Los estudios de casos nacionales sobre la presencia de empre-sas transnacionales de origen chino reunidos en el presente volu-men han servido de base para la elaboración del escenario optimis-ta sobre el presente y el futuro de las inversiones direcoptimis-tas de origen chino en los diversos países de América Latina. Sin embargo, y con el ánimo de entablar una polémica constructiva, nos proponemos presentar un diagnóstico pesimista mediante argumentos comple-mentarios que permitirán a los lectores sacar sus propias conclusio-nes sobre el presente y el futuro de las relacioconclusio-nes financieras entre China y los principales países de América Latina. Consideramos que, pese al abandono de la retórica marxista, los dirigentes políti-cos chinos siguen guiándose por objetivos y medios definidos por Deng Xiaoping desde el principio de las reformas económicas, ten-dientes a desarrollar una economía de mercado socialista. En tér-minos políticos el objetivo central sigue siendo el mantenimiento del predominio político del Partido Comunista de China (PCCh).

Abstract

The studies of national cases related with Chinese transnational corporations (TCs) in Latam countries gathered in this volume have been useful for drawing an optimistic scenario about the cu-rrent and future trends in Chinese direct investment (FDI) in La-tin America. However, trying to promote a constructive debate, we propose to understand this logic in a pessimistic diagnostic view, allowing readers to arrive at their own conclusions about the pros-pects of financial relations between China and the major countries

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of Latin America. In this context, we believe that, despite the fact that Chinese leaders have left behind Marxist rhetoric and ideo-logical thoughts, they continue to be guided by Deng Xiaoping’s strategic goals since the economic reforms aimed at developing a socialist market economy. In political terms, the central objective remains to be the maintenance of the political dominance of the Chinese Communist Party (CPC).

摘要 关于中国跨国公司成立的个别案例研究一直是为对目前和中国 在拉美国家直接投资的未来乐观的情况发展基础作为参考。然 而,我们以建设性的角度打算呈现一份乐观性质的分析报告, 通过互补参数的理论使读者得出关于目前及未来中国和拉美主 要国家的金融关系。我们认为,尽管放弃了马克思主义的言 论,中国的政治领导人从经济改革初期便继续遵循邓小平所主 张在发展社会、市场经济主义的目标和理想。在政治方面的主 要目标依旧是维护中国共产党的政治优势。

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Los cánones metodológicos demandan que, en la evaluación de cualquier proceso social, se elaboren cuando menos tres es-cenarios: uno optimista, otro pesimista y, entre ambos, el más probable, situado entre los dos primeros. Los estudios de casos nacionales sobre la presencia de empresas transnacionales de ori-gen chino reunidos en el presente volumen han servido de base para la elaboración del escenario optimista sobre el presente y el futuro de las inversiones directas de origen chino en los diversos países de América Latina. Con el ánimo de entablar una polé-mica constructiva, nos proponemos presentar un diagnóstico pe-simista en contrapunto del de Carlos Moneta y Sergio Cesarín contenido en el capítulo introductorio. Con ello, buscamos ofre-cer argumentos complementarios que permitirán a los lectores sacar sus propias conclusiones sobre el presente y el futuro de las relaciones financieras entre China y los principales países de América Latina.

Para cumplir con nuestro cometido, digamos que, a nuestro entender, pese al abandono de la retórica marxista, los dirigentes políticos chinos siguen guiándose por los objetivos y los medios necesarios para alcanzarlos, definidos por Deng Xiaoping desde el principio de las reformas económicas tendientes a desarrollar una economía de mercado socialista. En términos políticos el objetivo central sigue siendo, sin duda, el mantenimiento del predominio político del Partido Comunista de China (PCCh).

Por otra parte, considerando que la política exterior es la pro-longación de la política doméstica, partimos del supuesto de que una y otra están conformadas por medios para alcanzar los mismos objetivos políticos, es decir, la hegemonía del Partido. Sobre esta base, nos proponemos analizar tres tópicos que, a nuestro parecer, son esenciales para comprender el lugar de las economías lati-noamericanas en la política financiera internacional del gobierno chino, pues en nuestra opinión ese lugar es tan solo marginal y, al depender de las condiciones del mercado, nada garantiza la irrever-sibilidad de los incrementos en las exportaciones de inversiones di-rectas chinas, ni el boom de la demanda china por materias primas de origen agropecuario y minero.

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El primer tópico está relacionado con el socialismo de mer-cado, es decir, con el perfil de la economía china que, con mucha frecuencia, es dejado de lado y que, por regla general, al hacerlo, se obstaculiza el comprender de manera cabal el funcionamiento es-pecífico de esta.

El segundo tema es el de las condiciones actuales de la econo-mía doméstica china y del papel de la inversión extranjera directa en el proceso de industrialización acelerada y en la proyección de la eco-nomía china como el centro de una red productiva especializada en la exportación de manufacturas. Buscamos demostrar que, para el go-bierno chino, la tarea central del momento es la supresión de las dis-paridades sociales generadas por la rápida modernización económica.

La tercera cuestión consiste en la función de la economía chi-na como fuente de inversiones directas; nos interesa mostrar que el auge de China como exportadora de capitales es, a la vez, reciente y endeble. Reciente porque la competencia con las principales poten-cias desarrolladas en los mercados financieros data apenas de 2007; endeble porque el lugar destacado de China en esos mercados es el resultado de un incremento substancial de las exportaciones de ca-pitales de origen chino combinado con una reducción drástica en el mismo rubro para las principales potencias industriales, resultante de la crisis financiera global de 2007-2009. Nos proponemos demostrar que, necesitando los recursos financieros disponibles para resolver las disparidades sociales domésticas, las exportaciones de inversión di-recta están más sometidas a una lógica política que económica.

En ese marco, nuestro trabajo concluye con el análisis del lugar marginal ocupado por los países latinoamericanos en la estrategia de internacionalización económica del gobierno chino. Mostramos que la política financiera hacia países como Brasil, México y Co-lombia tienen una finalidad política análoga a la correspondiente a los países desarrollados: apaciguar los ánimos de los actores in-satisfechos con la rápida penetración comercial de China en los mercados de esos países o en los destinos de sus exportaciones. En contraste, la política financiera hacia países como Argentina, Chile, Perú, Venezuela y Uruguay atiende más a una finalidad económi-ca: garantizar el abastecimiento de materias primas para proseguir con la industrialización acelerada. Todos los estudios de caso in-cluidos en el presente volumen muestran que la exigüidad de las

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inversiones directas chinas ha tenido un impacto limitado en las exportaciones de materias primas hacia el mercado chino. El boom exportador latinoamericano tiene como causa principal el acelera-do crecimiento de la demanda china, cierto, pero conjugaacelera-do con la reorientación de la producción hacia la satisfacción de esa deman-da, por parte de los productores latinoamericanos.

Sobre el socialismo de mercado

El éxito fulgurante de los chinos en el campo de la economía suele acaparar de tal modo la atención de los observadores inter-nacionales que estos terminan descuidando el análisis de los prin-cipios ideológicos y políticos rectores de los procesos económicos. Para superar esta situación, nos parece necesario remontarnos a las ideas centrales de Deng Xiaoping, artífice de las reformas que es-tán en la base de los triunfos económicos, con el fin de explicar el perfil de la economía china.

Deng siempre reivindicó el marxismo-leninismo-pensamiento Mao Zedong como el marco teórico-ideológico sobre el cual sus-tentaba sus diagnósticos de las especificidades de la situación chi-na y las medidas de práctica política derivadas de ella. A primera vista, parecería que una concepción teórica derivada del desarrollo del capitalismo en los países europeos fuese aplicada, sin más, a una sociedad asiática atrasada desde todos los puntos de vista. No obstante, la mayor de las virtudes tanto de Mao como de Deng fue haber sintetizado el racionalismo del marxismo con la concepción holística del mundo propia del taoísmo y con la visión gregaria de la sociedad inherente al confucianismo.

En efecto, en un discurso pronunciado en un momento clave en el inicio de las reformas económicas, Deng afirmaba que “el punto fundamental del Pensamiento de Mao Zedong es buscar la verdad a partir de los hechos e integrar la verdad universal del marxismo-leninismo con la práctica concreta de la Revolución China.”1

Pode-mos decir que la propuesta metodológica apunta hacia la síntesis de la dimensión universal del marxismo y del carácter singular de las condiciones propias de China; ahora bien, a contrapelo del marxis-1 Deng Xiaoping: “Uphold the Four Cardinal Principles,” en Deng Xiaoping, Selected Works

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mo doctrinario derivado de las concepciones de Friederich Engels, los marxismos de Mao y de Deng están marcados por la concep-ción holística del mundo propia del taoísmo; en efecto, según esa concepción, todos los fenómenos del mundo se interrelacionan y se determinan mutuamente, manteniendo una dinámica permanente de cambio y de recreación. A partir de esa concepción, ambos diri-gentes del Partido Comunista de China (PCCh) fueron capaces de conjugar “la verdad” del marxismo y “los hechos” propios de la situa-ción china, para definir las tareas políticas concretas de la revolusitua-ción, de la construcción del socialismo y de las reformas económicas.

En otra parte de su discurso, Deng proponía un nuevo eslo-gan político: “emancipemos nuestros pensamientos, utilicemos nuestras cabezas, busquemos la verdad a partir de los hechos y unámonos como uno solo y veamos hacia el futuro.” Las dos pri-meras propuestas reproducen los principios metodológicos esbo-zados por René Descartes: pensar por sí mismos y someter todas las experiencias a la lógica de la razón; la tercera propuesta recu-pera la esencia del famoso opúsculo de Mao Zedong sobre la con-tradicción2 y vuelve a insistir sobre la síntesis del racionalismo y

del taoísmo; finalmente, la cuarta propuesta, “unámonos como uno solo,” solo es posible en el contexto de una sociedad cuya cohesión está determinada por las reglas de conducta del confucianismo y en la cual el individuo es comprendido a partir del lugar que ocupa en la estructura social y no solo en función de su individualidad.

Ahora bien, después del fatídico período de la Revolución Cul-tural, para Deng, la gran tarea era la modernización de China; así, parafraseando a Mao afirmaba: “ahora, en nuestra construcción na-cional, debemos asimismo actuar en concordancia con nuestra pro-pia situación y encontrar una senda china hacia la modernización;”3

el diagnóstico sobre la situación “propia” de China era, en 1979, sencillo: una base económica débil y una población grande combi-nada con poca tierra cultivable.

La modernización, al ser un fin esencialmente económico, exi-gía medios políticos para ser llevada a cabo. Sin embargo, en la con-cepción dialéctica de la unidad de los contrarios, la diferencia inicial 2 Mao tung, “Sobre la contradicción”, en Mao tung, Obras escogidas de Mao

Tse-tung, Tomo I, Ediciones en lenguas extranjeras, Pekin, 1968, pp. 333-370.

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existente entre el fin y los medios necesarios para alcanzarlo deja el lugar, en un segundo momento, a una igualdad lógica entre el fin y los medios. Sin duda, la consecución del fin exige que los medios sean adecuados (es decir, iguales) al fin; no obstante, en un tercer momento, la diferencia vuelve a ser restablecida, pues el fin econó-mico deviene un medio y los medios políticos se transforman en fi-nes. Así, la finalidad económica es, al mismo tiempo, un medio para alcanzar un fin político que es simultáneamente el medio para con-seguir la finalidad económica inicial.

Las sutilezas de la dialéctica marxista-taoísta permiten com-prender la unidad de los “cuatro principios cardinales” propuestos en el discurso de Deng: a) mantener el camino socialista; b) reivindicar la dictadura del proletariado; c) reivindicar la dirección del PCCh; d) reivindicar el marxismo-leninismo-pensamiento Mao Zedong

Deng recurría a la retórica marxista para formular su discurso. Es cierto que, con el tiempo, los dirigentes chinos de las nuevas ge-neraciones han dejado de lado la jerga acartonada de los manuales marxistas y, en un nuevo movimiento pendular, han incorporado a su discurso las referencias culturales denostadas durante la revolu-ción cultural. Así es que, aun cuando Confucio es, hoy día, la figura emblemática de la China que ha devenido una potencia económi-ca, sus dirigentes siguen esforzándose por comprender el mundo a partir de la síntesis de las universalidades propias de las ciencias –sociales o naturales– y de las particularidades de la situación china.

El desafortunado concepto de la dictadura del proletariado, for-mulado por Karl Marx a partir de la experiencia de la Comuna de Paris,4 siguió siendo reivindicado por Deng hasta el final de su vida,

aun cuando lo matizara recurriendo a la noción de democracia socia-lista considerada como algo inherente a la modernización del país. No obstante, los nuevos dirigentes han optado por evacuar la dic-tadura del proletariado de sus discursos, con el fin de adecuarse a la retórica democrática, predominante después del desfondamiento del bloque socialista. Siguiendo el ejemplo de Mao y Deng, los nuevos dirigentes se esfuerzan por desarrollar un discurso sobre la democra-cia a partir de las condiciones propias de China, es decir, a partir de 4 Karl Marx: “La guerra civil en Francia”, en Karl Marx y Friederich Engels, Obras escogidas

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la dirección política del PCCh y del carácter socialista de la econo-mía. Es aquí donde entra en juego la dialéctica de los contrarios ya mencionada: el mantenimiento del carácter socialista de la econo-mía sigue siendo concebido como un fin económico, cuya consecu-ción exige la direcconsecu-ción del PCCh como el medio político necesario. Al mismo tiempo, los éxitos económicos son los medios que garan-tizan la supremacía política del Partido. Así, con Deng, podemos decir que el Partido y los sectores de la población beneficiados por los éxitos económicos o con expectativas de lograr un mejoramiento material futuro se unen y actúan como uno solo, renovando y actua-lizando la vigencia del sistema confuciano de relaciones sociales.

En términos económicos, el carácter unitario de los diversos actores sociales, económicos y políticos chinos es, en el más tradi-cional sentido confuciano, la principal ventaja competitiva de Chi-na. Dicho de otra manera, mientras que en cualquier sociedad ca-pitalista el Estado nacional y cada una de las empresas de origen nacional persiguen intereses particulares que pueden coincidir o no, en China, el continuo “población [beneficiada o con expecta-tivas de mejoramiento material]-empresas-gobierno-Estado-Par-tido” es movilizado sobre la base de un interés común a todos los agentes integrados en él. En ese sentido, Deng era claro:

[en] China, en los cincuenta o a principios de los se-senta, […] nuestra conducta social era buena. En aquellos tiempos difíciles, la gente mantenía la disci-plina, tomaba en consideración la situación prevale-ciente, combinaba el interés personal con los intereses colectivos, del Estado y de la sociedad, y concienzuda-mente superaba las dificultades junto al gobierno.

Después de las turbulencias sociales derivadas de la política impuesta por la Banda de los Cuatro, en opinión de Deng, la rea-lización de las cuatro modernizaciones requería una precondición: “una situación política caracterizada por la estabilidad social y la unidad,”5 por la conducta social prevaleciente antes de la gran

revo-lución cultural.

5 Deng Xiaoping, “We Can Develop a Market Economy under Socialism”, en Deng

Xiaoping, Selected Works of Deng Xiaoping, Volume II (1975-1982), Editions in Foreign Languages, Beijing.

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Por otra parte, para Deng, “la economía socialista está basa-da en la propiebasa-dad pública y la producción socialista está abocabasa-da a satisfacer las necesidades materiales y culturales del pueblo en el máximo grado posible.” Las reformas económicas impulsadas por Deng comenzaron por sustraer la producción agrícola al dominio del Estado, continuaron con la restructuración de las empresas es-tatales y prosiguieron con la apertura de la economía china a ca-pitalistas extranjeros (chinos de ultramar, en un primer momen-to; extranjeros en general, a condición de implantarse en las zonas económicas especiales ubicadas en enclaves selectos de la costa chi-na, en un segundo momento).

En la definición y en la consecución del interés común, las em-presas estatales chinas tienen una función determinante, pues a tra-vés de ellas se mantiene el carácter socialista de la economía, es de-cir la propiedad pública de los medios de producción en los sectores económicos considerados estratégicos por la elite gobernante. En ese sentido, la base productiva socialista china está integrada por productores privados agrícolas, por empresas privadas, por empresas estatales (nacionales o transnacionales) y por empresas con finan-ciamiento extranjero.6 En términos generales, el mercado es el

me-dio a través del cual todos los productores (capitalistas o no) entran en relación mediante el intercambio de sus productos; sin embargo, para Deng, el funcionamiento del mercado debía estar restringido a las empresas con financiamiento internacional. Así, para él:

La economía de mercado incluye solo las empre-sas con financiamiento internacional (foreign-founded enterprises). Considerando el país como un todo, este no es un problema. El sector bajo propiedad estatal y el sector de propiedad colectiva todavía son el pilar principal de nuestra economía. Aun cuando en nuestra economía puede haber inversiones de chinos de ultra-mar, las cuales pueden ser de naturaleza capitalista, son diferentes de la inversión extranjera regular, porque la mayoría de estos chinos de ultramar vienen a China 6 El espectro de este tipo de empresas es muy amplio y va de empresas financiadas en el

100% por capitales foráneos hasta joint-ventures entre capitalistas domésticos y extranje-ros, con muy diversas cuotas en la propiedad del capital.

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con reverencia, deseando desarrollar su patria socialista […] No tomaremos el camino capitalista. La burgue-sía no existe más en China. Todavía hay antiguos ca-pitalistas, pero su estatus de clase ha cambiado. A pe-sar de que la inversión extranjera, la cual pertenece a la economía capitalista, ocupa un lugar en nuestra eco-nomía, tan solo representa una pequeña proporción de esta y así no modificará el sistema social de China.7

Más adelante volveremos sobre el lugar actual de las empresas con financiamiento internacional (EFIs) en la economía china; por ahora, nos interesa destacar la función del mercado en el marco de una economía socialista. Para comenzar, Deng considera el mercado en una perspectiva histórica: el mercado no es exclusivo del capita-lismo, pues ya existía en forma embrionaria en la sociedad feudal; por lo tanto, concluye Deng: “podemos desarrollarlo con seguridad bajo el socialismo.” Marx iba más lejos: el desarrollo de un mercado mundial (global, diríamos ahora) era una precondición para el desa-rrollo de la producción industrial capitalista;8 todavía más, acordaba

al mercado una función bivalente: por un lado, lo consideraba como la causa de la anarquía económica, en la medida en que imponía a los productores privados individuales sus condiciones de operación a posteriori y en que funciona sobre la base de un equilibrio inesta-ble generador de las crisis recurrentes; por el otro, lo consideraba el motor del progreso científico y técnico, pues la competencia comer-cial obliga a los productores a innovar constantemente para mejorar la productividad del trabajo y para desplazar a los competidores.9

En realidad, en los textos de Marx jamás aparece la supresión del mercado como una condición sine qua non de la economía so-cialista. Por el contrario, siguiendo su línea de pensamiento, pode-mos deducir que, siendo el medio por excelencia de relación entre productores individuales privados y el motor del progreso cientí-fico-técnico, el mercado es, por necesidad, esencial para cualquier forma de organización superior de la economía; pero la asociación 7 Deng Xiaoping, “We Can Develop a Market Economy under Socialism”, en Deng Xiaoping,

ob. cit.

8 Karl Marx, Fundamentos para la crítica de la economía política, México, Siglo XXI, 1976. 9 Karl Marx, El capital, Vol. II y III, México, Fondo de Cultura Económica, 1949.

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libre de los productores permite regular las condiciones de opera-ción de la oferta y de la demanda. Ahora bien, quien dice asocia-ción libre, por necesidad pone en entredicho las formas estatales de propiedad y de regulación económica.

Deng, por su parte, opta por situarse parcialmente en la lí-nea de economía política de Yosif Stalin. En efecto, las principales aportaciones de Stalin a la economía política del socialismo sovié-tico fueron la universalización de la propiedad estatal de los medios de producción, la supresión del mercado y la imposición de la pla-nificación centralizada.10 Deng se sitúa en la línea que reivindica

la propiedad estatal y, por ende, rechaza la libre asociación de los productores; pero toma sus distancias del estalinismo corriente al aceptar la posibilidad del mercado socialista y al dejar de lado la planificación central para adoptar la regulación de los mecanismos de mercado a partir del Estado:

A pesar de que una economía de mercado socia-lista (socialist market economy) es similar a una capitalis-ta en cuanto al método, capitalis-también hay diferencias entre ellas. La economía de mercado socialista regula principal-mente las interrelaciones entre las empresas de propie-dad estatal, entre las empresas de propiepropie-dad colectiva y entre las empresas capitalistas extranjeras. Pero, en último análisis, todo esto es hecho bajo socialismo en una sociedad socialista…11

En resumen, para Deng, la modernización de la China socialista: a) exigía la apertura de la economía nacional para incorporar los pro-gresos científico-técnicos del capitalismo; b) suponía la aceptación de empresas capitalistas propiedad de los chinos de ultramar para trans-ferir las técnicas de administración y de producción; c) exigía el pre-dominio de la propiedad estatal sobre las formas colectivas y privadas de propiedad de los medios de producción; d) requería el restableci-miento del mercado, pero adaptado a las condiciones de la economía socialista (es decir dominada por la propiedad estatal) –esa adapta-ción cristalizaba en mecanismos estatales de regulaadapta-ción de las condi-10 Stalin.

11 Deng Xiaoping, “We Can Develop a Market Economy under Socialism”, en Deng

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ciones de operación del mercado–. En esencia, todo eso era conside-rado factible, siempre y cuando se mantuviera la primacía económica del Estado y, como hemos visto, la dirección política del PCCh.

Carlos Moneta y Sergio Cesarín, por su parte, ponen de realce un factor económico propio de la era post-Deng: habiendo alcan-zado su clímax a principios de la década de 1990, la reforma de las empresas estatales fue orientada hacia la internacionalización; se-ñalan que, bajo una “agresiva política de internacionalización,” las autoridades chinas establecieron una distinción neta entre “firmas nacionales impulsadas a invertir fronteras afuera” y “un conjunto (core) de Empresas Transnacionales Estatales (ETNs) encaminadas a convertirse en actores dinámicos globales y vectores de la expan-sión del poderío político y económico mundial de China.”

Nótese, más allá de la diferenciación entre firmas nacionales y ETN estatales, que el aspecto más relevante es que la internacionali-zación de unas y otras fue promovida y respaldada por el Estado chi-no, con el fin de alcanzar los objetivos económicos nacionales, com-partidos por el gobierno, las firmas nacionales y las ETN estatales. El punto es crucial para comprender la economía política de la era post-Deng: este proponía una apertura, limitada y progresiva, al capital ex-tranjero, lo que tenía como principal finalidad preservar la suprema-cía económica del Estado sobre los agentes económicos particulares. Después de la desaparición de Deng, sus sucesores han llevado más lejos la apertura de la economía china, permitiendo el acceso indis-criminado de inversión extranjera directa (IED) y facilitando su lo-calización más allá de las zonas económicas especiales definidas en la era de Deng. Pero, como bien señalan Moneta y Cesarín, a partir de los noventa, la apertura de la economía a la IED estuvo acompañada por la internacionalización tanto de las empresas nacionales como de las ETN estatales chinas. En las secciones siguientes analizaremos algunos de los aspectos más importantes de la apertura china a la IED y de la proyección internacional de las empresas chinas.

El papel de la IED en la modernización china

El gráfico 1 nos permite destacar las tendencias generales de los flujos globales de inversión directa así como los flujos dirigidos hacia China y los originarios del país del medio. La primera

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ten-dencia concierne a los flujos globales e implica el cambio de un rit-mo de crecimiento lento durante el período 1970-1985 a uno de crecimiento rápido durante la fase 1985-1997, primero y, luego, a uno acelerado a lo largo de la fase 1997-2010. Esta primera ten-dencia está vinculada al surgimiento de un desfase estructural entre un crecimiento lento de la economía real en relación al aumento rápido de excedentes financieros en búsqueda de nuevos espacios para lograr una valorización máxima en los plazos temporales más cortos. Tratándose de los flujos totales de inversión directa hacia fuera de los países de origen y hacia adentro de los países de destino, ellos incluyen tanto las inversiones directas productivas como las inversiones de portafolio; entre estas últimas se incluyen las inver-siones en los mercados de valores y en los mercados de futuros de-sarrollados durante las últimas dos fases indicadas en el Gráfico 1.

Gráfico 1

Flujos de inversión directa, según el origen y el destino

500.000 1.000.000 1.500.000 2.000.000 2.500.000 0 20.000 40.000 60.000 80.000 100.000 Crisis EEUU 120.000 0

Global hacia el interior

millones de dólares, a precios corrientes

millones de dólares, a precios corrientes

Global hacia el exterior 1970 1972 1974 1976 1978 1980 1982 1984 1986 1988 1990 1992 1994 1996 1998 2000 2002 2004 2006 2008 2010

Hacia China Desde China Crisis EEUU

Crisis EEUU

Fuente: Cuadro A del Anexo Estadístico.

La segunda tendencia importante es el perfil cíclico de las cur-vas de los flujos globales de inversión directa; ese perfil está

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relacio-nado con el comportamiento de la economía estadounidense, que ha experimentado sendas crisis en 1991, 2001 y 2007, provocando contracciones inmediatas de los flujos globales de inversión direc-ta. Por supuesto, en la medida en que crecen los flujos de las inver-siones, las contracciones están en relación directa con la dimensión por ellos alcanzada y con los problemas macroeconómicos propios de la economía estadounidense (pérdida de competitividad, indisci-plina fiscal, ausencia de regulaciones, etc.). Con esto queda en evi-dencia la doble función de la economía de los Estados Unidos: por un lado, siendo la más grande, todavía funciona como el motor de la economía global; por el otro, sus problemas domésticos afectan, de manera cada vez más aguda, el funcionamiento de la economía global. En otros términos, la ausencia de políticas estrictas para garantizar la estabilidad macroeconómica de los Estados Unidos se ha convertido en el principal riesgo para la economía global.

La tercera tendencia concierne los flujos de inversión dirigidos a China y originados en ese país. A diferencia del comportamiento análogo de los flujos globales hacia el interior y hacia el exterior, en el caso chino las trayectorias de las curvas de los flujos de inversión directa destinados a China y los originados en ese país se distin-guen de los globales a partir de tres aspectos:

Primero, los flujos hacia China y desde China siguen tra-yectorias marcadas por un crecimiento mucho más rápido de los primeros; la trayectoria de los segundos tiende a ser paralela a la de los primeros tan solo a partir de 2003, con las consecuencias que veremos en la segunda sección del presente trabajo.

Segundo, los flujos de inversión hacia China pasaron de la fase de crecimiento lento a la de crecimiento rápido, sin haber expe-rimentado las consecuencias de la contracción global de 1991; el punto es importante, pues permite comprender post facto tanto el éxito de las políticas de la reforma económica china como el im-pacto internacional de dicho éxito. En efecto, durante 1992-1996, la economía china experimentó un boom inusitado de IED; po-dríamos vincular esa expansión de las inversiones directas a los problemas estructurales presentes tanto en las economías desarro-lladas como en las economías en desarrollo de la región asiática del Pacífico (las cuales terminaron exteriorizándose con la crisis asiá-tica de 1997).

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En efecto, el éxito de las políticas de reforma económica hacía de China un destino sustitutivo para la IED; en el Cuadro A del anexo estadístico podemos observar que, de 1991 a 1992, China experimen-ta un primer salto en materia de capexperimen-tación de IED, al pasar de 4.336 a 11.008 millones de dólares. El brinco de 1992, no obstante, fue insu-ficiente para superar la IED captada (12.739 millones de dólares) por los diez países que, hoy en día, integran la Asociación de Naciones del Sureste de Asia (ANSEA); asimismo, aunque la economía china ha-bía logrado desplazar a algunas economías desarrolladas en la compe-tencia por la IED, en 1991, todavía era superada por Estados Unidos, Francia, Reino Unido, España, Suecia, Países Bajos y Alemania; en 1992, no obstante, tan solo Estados Unidos, Francia, Reino Unido y España superaban a China como destino privilegiado de la IED.

En 1993, sin embargo, se produjeron dos cambios importan-tes: en el espacio regional, China superó a la Ansea en la captación de IED, convirtiéndose esa superioridad en un factor estructural de la economía regional del Pacífico asiático; en el ámbito global, Chi-na se convirtió en el segundo destino de los flujos de IED, siendo superada tan solo por Estados Unidos. La desviación de las inver-siones directas hacia China puede, por lo tanto, ser considerada la característica fundamental del período 1993-1997.

Tercero, la crisis asiática puso fin no solo a la expansión de la IED destinada a los países del sureste asiático sino también al boom de la economía china; sin embargo, de 2000 a 2008, China volvió a experi-mentar un segundo boom de inversiones directas, como podemos ver en el Gráfico 1. Ahora bien, esta segunda expansión de la IED capta-da por China estuvo marcacapta-da por dos tendencias encontracapta-das.

Durante la fase 1999-2003, en la competencia con los países desarrollados y en desarrollo, China reforzó sus ventajas como des-tino privilegiado de la IED. A través del cuadro A del anexo esta-dístico, podemos observar que China pasaba de ser superada por seis países desarrollados12 a ser el principal destino de la IED

glo-bal; de manera similar, la superioridad de China sobre los países del sudeste de Asia se expresó en la reducción del 71,4% al 32,8% de la IED captada por los diez países de la región como proporción de la IED total captada por China.

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Durante la fase 2004-2007, la economía china experimentó una pérdida de competitividad tanto ante los países desarrollados como ante los países en desarrollo del sudeste de Asia. El Cuadro A del anexo estadístico también nos muestra que, en 2004, Estados Uni-dos volvió a recuperar la supremacía como destino de la IED global y que, durante el trienio 2005-2007, China fue rebasada por 3, 2 y 4 países desarrollados en la captación de IED. Por si eso no bastara, cuando los países en desarrollo del sudeste de Asia lograron superar las dificultades derivadas de la recesión global de 2001, volvieron a ser serios competidores de China: la IED captada en conjunto por ellos pasó del 60,1% al 90,7% de la IED total destinada a China.

Las principales conclusiones que podemos sacar de la inserción de China en la estructura de los flujos globales de IED hacia el in-terior de las economías nacionales son las siguientes:

a) La aplicación de los principios “conocer la verdad a partir de los hechos” e “integrar la verdad [universal] a la práctica concreta [de la política económica]” han permitido a los di-rigentes chinos definir tanto las tendencias generales de los procesos económicos globales como las medidas de política económica adecuadas para sacar el mejor partido posible de las tendencias globales. Si los gobiernos latinoamericanos de-sean equilibrar la competencia económica con China, debe-rán ponerse en el mismo diapasón metodológico para pensar la práctica de la política local en función del contexto global. b) La síntesis racionalismo-visión holística del mundo ha permi-tido a los dirigentes chinos lograr una superioridad relativa en el campo de la competencia por los excedentes financieros glo-bales. La competencia tanto con las economías desarrolladas como con las de los países en desarrollo es aguda. Esa agudeza obliga al gobierno chino y a sus competidores a revisar perma-nentemente las políticas que permiten crear nuevas ventajas o renovar las antiguas ventajas competitivas. Para los gobernan-tes de los países en desarrollo de América Latina, la lección es importante, pues los obliga a dejar de pensar exclusivamen-te en términos de ventajas comparativas naturales (deexclusivamen-termi- (determi-nantes de la complementariedad China-América Latina) para abocarse a la tarea de crear ventajas competitivas dinámicas socialmente construidas y permanentemente renovadas.

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Sobre el origen de la IED canalizada hacia China

Como hemos señalado, para Deng Xiaoping, la transición ha-cia una economía de mercado soha-cialista estaba esenha-cialmente sujeta a la apertura de la economía china a los capitales detentados por los chinos de ultramar y a la regulación del mercado a través de las ins-tituciones económicas gubernamentales. La información estadística disponible en el sitio oficial sobre la IED en China tan solo abarca desafortunadamente el período 1990-2008; pese a ello, permite ver que hasta 1992, cuando se produce el primer salto cuantitativo de China como destino de la IED, las cinco principales fuentes de re-cursos financieros, en conjunto, proporcionaron el 91,0% de la IED total; en esa proporción, Hong Kong y Taiwán participaban con el 68,2% y el 9,5% respectivamente; Japón, Estados Unidos y la Unión Europea contribuyeron con el 13,3 % (Cuadro 1). El predominio de los capitales detentados por los capitalistas chinos de ultramar era de 3:1 con respecto a las otras tres fuentes de recursos.

Cuadro 1

IED total y acumulada proveniente de los 5 países más importantes, 1990-2008

Acumulado 5

máx. orígenes Hong Kong Taiwán Total* Total* % Total* % Total* % 1990 3.487,11 3.209,12 92,03 1.880,00 53,91 222,40 6,38 1991 4.366,34 3.972,98 90,99 2.405,25 55,09 466,41 10,68 1992 11.007,51 10.021,42 91,04 7.507,07 68,20 1.050,50 9,54 1993 27.514,95 24.471,80 88,94 17.274,75 62,78 3.138,59 11,41 1994 33.766,50 29.160,26 86,36 19.665,44 58,24 3.391,04 10,04 1995 37.520,53 31.544,70 84,07 20.060,37 53,47 3.161,55 8,43 1996 41.725,52 34.011,90 81,51 20.677,32 49,56 3.474,84 8,33 1997 45.257,04 35.658,16 78,79 20.632,00 45,59 3.289.39 7,27 1998 45.462,75 32.701,06 71,93 18.508,36 40,71 2.915,21 6,41 1999 40.318,71 30.629,75 75,97 16.363,05 40,58 2.598,70 6,45 2000 40.714,81 29.575,46 72,64 15.499,98 38,07 2.296,28 5,64 2001 46.877,59 32.661,58 69,67 16.717,30 35,66 2.979,94 6,36 2002 52.742,86 35.155,40 66,65 17.860,93 33,86 3.970,64 7,53 2003 53.504,67 34.260,35 64,03 17.700,10 33,08 3.377,24 6,31 2004 60.629,98 35.747,35 58,96 18.998,30 31,33 3.117,49 5,14 2005 72.405,69 34.885,28 48,18 17.948,79 24,79 2.151,71 2,97 2006 72.715,00 36.735,91 50,52 21.307,18 29,30 2.229,90 3,07 2007 83.520,89 39.521,62 47,32 27.703,42 33,17 1.774,37 2,12 2008 108.312,44 54.526,28 50,34 41.036,40 37,89 1.898,68 1,75

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Japón Estados Unidos Unión Europea

Total* % Total* % Total* %

1990 503,38 14,44 455,99 13,08 147,35 4,23 1991 532,50 12,20 323,20 7,40 245,62 5,63 1992 709,83 6,45 511,05 4,64 242,97 2,21 1993 1.324,10 4,81 2.063,12 7,50 671,24 2,44 1994 2.075,29 6.15 2,490,80 7,38 1.537,69 4,55 1995 3.108,46 8,28 3.083,01 8,22 2.131,31 5,68 1996 3.679,35 8,82 3.443,33 8,25 2.737,06 6,56 1997 4.326.47 9,56 3.239,15 7,16 4.171,15 9,22 1998 3.400,36 7,48 3.898,44 8,58 3.978,69 8,75 1999 2.973,08 7,37 4.215,86 10,46 4.479,06 11,11 2000 2.915,85 7,16 4.383,89 10,77 4.479,46 11,00 2001 4.348,42 9,28 4.433,22 9,46 4.182,70 8,92 2002 4.190,09 7,94 5.423,92 10,28 3.709,82 7,03 2003 5.054,19 9,45 4.198,51 7,85 3.930,31 7,35 2004 5.451,57 8,99 3.940,95 6,50 4.239,04 6,99 2005 6.529,77 9,02 3.061,23 4,23 5.193,78 7,17 2006 4.759,41 6,55 2.999,95 4,13 5.439,47 7,48 2007 3.589,22 4,30 2.616,23 3,13 3.838,38 4,60 2008 3.652,35 3,37 2.944,34 2,72 4.994,51 4,61 * En millones de dólares Fuentes:

Hong Kong: http://www.fdi.gov.cn/pub/FDI_EN/Statistics/AnnualStatisticsData/Annual-FDIData/FDIStatistics,2008/t20100504_121242.htm.

Taiwán: http://www.fdi.gov.cn/pub/FDI_EN/Statistics/AnnualStatisticsData/AnnualFDI-Data/FDIStatistics,2008/t20100504_121240.htm.

Japón: http://www.fdi.gov.cn/pub/FDI_EN/Statistics/AnnualStatisticsData/AnnualFDI-Data/FDIStatistics,2008/t20100504_121239.htm.

Estados Unidos: http://www.fdi.gov.cn/pub/FDI_EN/Statistics/AnnualStatisticsData/An-nualFDIData/FDIStatistics,2008/t20100504_121238.htm.

Unión Europea: http://www.fdi.gov.cn/pub/FDI_EN/Statistics/AnnualStatisticsData/An-nualFDIData/FDIStatistics,2008/t20100504_121237.htm.

Durante el período 1993-2005, la participación de Hong y Taiwán en la IED captada por China se redujo progresivamente hasta alcanzar el 27,8%; la relación con respecto a los capitales de otros orígenes prácticamente se había invertido (1:3). Pero la in-versión no favoreció a las tres principales potencias económicas, sino a las economías del resto del mundo. En efecto, aun cuando, en 1999 y 2000, Japón, Estados Unidos y la Unión Europea lle-garon a proporcionar el 28,9% de la IED total, de 2001 a 2005, su aportación se redujo hasta el 20,4%. La inversión de la relación benefició al resto del mundo, el cual aportó, en 2005, el 51,8% de la IED total captada por China. Ocho años después de la desapa-rición del artífice de las reformas económicas, sus herederos

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po-líticos fueron tan exitosos en la apertura de la economía china a las inversiones foráneas que suprimieron uno de los rasgos funda-mentales de la economía de mercado socialista: el predominio de los capitales de los chinos de ultramar. Y con razón, pues por cada dólar de IED, 27,8 centavos provenían de los chinos de ultramar; 20,4 centavos, de las tres principales potencias económicas; 51,8 centavos, del resto del mundo.

Sobre los usos de la IED canalizada hacia China

El segundo rasgo fundamental de la economía de mercado socialista, para Deng, era la regulación económica ejercida por el Estado, a través de las instituciones gubernamentales (incluidas las empresas de propiedad estatal). Podemos evaluar la regulación ejercida a través de las instituciones gubernamentales mediante el destino de la IED en la economía china. En ese sentido, el Cuadro 2 nos muestra la distribución sectorial de toda la IED captada por China hasta 2008; los rasgos más destacados son:

La limitación de las inversiones directas

en los sectores especulativos

Las crisis económicas más recientes han sido originadas por la especulación en sectores tales como bienes raíces, servicios de renta (de inmuebles) y servicios financieros. La gran virtud de la regu-lación económica gubernamental ha sido la limitación de la IED destinada a esos sectores. Sin duda, el hecho de que el sector bienes raíces detente el segundo lugar (16,2% de la IED total acumulada) está relacionado con el acelerado crecimiento de los grandes cen-tros industriales, financieros y administrativos, pero, hasta ahora, el gobierno ha sido capaz de mantener bajo control el desarrollo de burbujas especulativas como las de Japón (1991), Asia del sudeste (1997) y Estados Unidos (2007).

Todavía más importante ha sido la capacidad gubernamental para limitar al extremo los flujos de inversiones especulativas de corto plazo que, en otras latitudes, han provocado la debacle de los mercados financieros y la inestabilidad de las monedas nacionales. En el caso de China, el sector servicios financieros concentraba, en 2008, tan solo el 2,5% de la IED total acumulada (Cuadro 2).

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El predominio absoluto de las inversiones

directas en la economía real

Dos aspectos resaltan de las políticas de regulación en este campo de la economía china. Por un lado, el predominio absolu-to del secabsolu-tor manufacturas como principal destino de la IED; en 2008, el sector concentraba el 60,8% de la IED total acumulada. Por el otro, sectores como el agropecuario, la minería, la cons-trucción o sectores de servicios productivos como electricidad, gas y agua, transporte, almacenamiento, correos y telecomunica-ciones, administración de recursos acuíferos y medioambientales, investigación científica y recursos tecnológicos concentran pro-porciones muy bajas (entre 0,3% y 2,4%) de la IED total acumu-lada (Cuadro 2).

Sin duda alguna, los dirigentes chinos han aprendido las lecciones derivadas de la historia nacional: en el pasado, los tra-tados desiguales sustrajeron espacios territoriales claves y los ciudadanos de las potencias dominantes a la soberanía del Es-tado chino; en la actualidad, las regulaciones sobre la implan-tación sectorial de las inversiones directas buscan evitar trans-ferir la propiedad del suelo y/o las condiciones generales de la producción a extranjeros que, en un momento dado, pudieran recurrir a sus respectivos Estados nacionales para reivindicar derechos sobre recursos productivos considerados de interés na-cional por el Estado chino. Por otra parte, no debemos olvidar que, en el caso chino, estamos ante un Estado que detenta la propiedad del suelo y de sus recursos, pero que cede el usufructo privado de ellos.

Todavía más, los gobiernos de los países en desarrollo debe-rían tomar en cuenta que sectores como el agropecuario, la mine-ría, la electricidad, el gas y el agua están directamente vinculados con la estrategia gubernamental orientada a garantizar el abaste-cimiento de recursos alimentarios y, por lo tanto, son preservados como áreas de interés nacional estratégico. La actitud del gobier-no chigobier-no gobier-no puede ser más contrastante con la adoptada por los gobiernos latinoamericanos, que han cedido a las inversiones fo-ráneas (chinas, en la actualidad, y de otras nacionalidades, en el pasado) esos sectores estratégicos.

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Cuadro 2

IED total acumulada hasta 2008, por sector económico

IED total acumulada

Valor* %

TOTAL 1.959.547 100,00

Agricultura, recursos forestales, ganadería y pesca 37.491 1,91

Minería 8.892 0,45

Manufactura 1.192.250 60,84

Producción y distribución de electricidad, gas y agua 25.733 1,31

Construcción 37.467 1,91

Transporte, almacenamiento, correo y telecomunicaciones 47.861 2,44

Computación y software 21.963 1,12

Ventas al mayoreo y al menudeo 64.445 3,29

Hotelería y restauración 13.616 0,69

Servicios financieros 48.189 2,46

Bienes raíces 317.030 16,18

Servicios de renta y de negocios 80.276 4,10 Investigación científica y servicios tecnológicos

Administración de recursos acuíferos y medioambientales, 19.180 0,98

equipamiento público 6.097 0,31

Servicios residenciales y otros 24.191 1,23

Educación 3.179 0,16

Salud, seguridad y bienestar social 6.096 0,31

Cultura y entretenimiento 5.554 0,28

Administración pública y organización social 35 0,00

* En millones de dólares, a precios corrientes

Fuente: http://www.fdi.gov.cn/pub/FDI_EN/Statistics/AnnualStatisticsData/AnnualFDIData/ FDIStatistics,2008/t20100427_121019.htm.

El papel de las inversiones directas en la producción

y en el comercio exterior

En 2001, durante una gira por América Latina, personalidades adscritas a los ministerios económicos y al PCCh nos comunica-ban su preocupación por la importancia creciente de la IED en la economía nacional, por la dependencia cada vez mayor de la eco-nomía china de la demanda externa y por los desequilibrios socia-les provocados por el crecimiento acelerado de las áreas costeras del país. Las razones de esa preocupación eran claras:

En primer término, de 1990 a 2000, la participación de las em-presas con financiamiento internacional (EFIs) en la producción

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in-dustrial nacional pasó de un modesto 2,3% a un preocupante 31,3% (Cuadro 3). El mantenimiento de esa tendencia pondría en riesgo el control del Estado sobre los procesos económicos y, dado el éxito en la captación de IED, resultaba imposible renunciar a las inversio-nes foráneas so pena de frenar abruptamente la expansión econó-mica que garantizaba la preeminencia política del PCCh. En esas condiciones, la única opción racionalmente política era equilibrar la presencia creciente de capitales foráneos con inversiones produc-tivas nacionales. Las inversiones de origen doméstico tendrían un carácter complementario de la IED en las regiones costeras y un ca-rácter supletorio en las provincias interiores, poco atractivas para los inversionistas foráneos; con ello, sería equilibrado el peso de la IED en la producción nacional e inducido el desarrollo de regiones me-nos dinámicas del país para reducir los desequilibrios sociales.

Las estadísticas oficiales nos muestran que, en 2003, la par-ticipación de las EFIs en la producción nacional alcanzó su valor máximo (35,9%); durante el quinquenio 2004-2008, esa participa-ción se ha reducido y mantenido dentro de un rango de variaparticipa-ción oscilante entre el 29,7% y el 31,5% (Cuadro 3). Con esto, el go-bierno ha logrado mantener las condiciones que le permiten ejercer un control sobre las EFIs en el mercado doméstico.

En segundo lugar, la participación de las EFIs en el comercio exterior chino también experimentó una expansión fulgurante du-rante 1990-2000, pasando del 17,4% al 49,9%. La economía chi-na no solo dependía cada vez más de la demanda exterchi-na, también dependía de manera creciente de la participación de los capitales foráneos en la satisfacción de esa demanda. De allí los temores de los integrantes de la delegación china que visitaba América Lati-na. La respuesta en materia de política económica es reseñada, con claridad meridiana, por Moneta y Cesarín en el capítulo introduc-torio de la presente obra: la internacionalización de las empresas chinas y la transnacionalización de empresas estatales ubicadas en sectores estratégicos. El resultado fue el incremento substancial, en términos absolutos, de la participación de las empresas nacionales y de las ETN estatales en el comercio exterior; en términos relativos, esa participación también logró contener dentro de un rango estre-cho (entre 55,5% y 58,9%) la contribución de las EFIs al comercio total chino, durante el período 2003-2008 (Cuadro 3).

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Cuadro 3

Participación de las empresas con financiamiento internacional en la producción industrial y en el comercio exterior 1990-2008

Producción industrial nacional Comercio exterior total Total* EFIs* % Total** EFIs** % 1990 1.970.104 44.895 2,28 115.436 20.115 17,43 1991 2.313.556 122.332 5,29 135.701 28.955 21,34 1992 2.914.925 206.559 7,09 165.525 43.747 26,43 1993 4.051.368 370.435 9,14 195.703 67.070 34,27 1994 7.686.725 864.939 11,25 236.621 87.647 37,04 1995 9.196.328 1.315.416 14,30 280.848 109.819 39,10 1996 9.959.555 1.507.753 15,14 289.904 137.110 47,29 1997 5.614.970 1.042.700 18,57 325.060 152.620 46,95 1998 5.819.523 1.416.200 24,34 323.923 157.679 48,68 1999 6.377.524 1.769.600 27,75 360.649 174.579 48,41 2000 7.396.494 2.314.559 31,29 474.309 236.714 49,91 2001 9.475.178 2.651.566 27,98 509.768 259.068 50,82 2002 10.119.873 3.377.109 33,37 620.785 330.223 53,19 2003 12.830.614 4.601.955 35,87 851.210 472.255 55,48 2004 18.722.066 5.884.708 31,43 1.154.793 663.163 57,43 2005 24.962.500 7.839.940 31,41 1.422.118 831.722 58,48 2006 31.563.014 9.942.083 31,50 1.760.686 1.036.444 58,87 2007 40.448.914 12.503.694 30,91 2.174.435 1.256.852 57,80 2008 49.624.867 14.758.430 29,74 2.561.632 1.410.576 55,07 Exportaciones Importaciones Total** EFIs** % Total** EFIs** % 1990 53.345 12.302 23,06 62.091 7.813 12,58 1991 63.791 16.908 26,51 71.910 12.047 16,75 1992 80.585 26.387 32,74 84.940 17.360 20,44 1993 103.959 41.833 40,24 91.744 25.237 27,51 1994 115.615 52.934 45,78 121.006 34.713 28,69 1995 132.078 62.943 47,66 148.770 46.876 31,51 1996 138.838 75.604 54,45 151.066 61.506 40,71 1997 142.360 77.720 54,59 182.700 74.900 41,00 1998 140.166 76.717 54,73 183.757 80.962 44,06 1999 165.718 85.884 51,83 194.931 88.695 45,50 2000 225.097 117.273 52,10 249.212 119.441 47,93 2001 243.613 125.863 51,67 266.155 133.205 50,05 2002 295.216 160.286 54,29 325.569 169.937 52,20 2003 412.836 231.914 56,18 438.374 240.341 54,83 2004 561.424 324.557 57,81 593.369 338.606 57,06 2005 660.119 387.513 58,70 761.999 444.209 58,30 2006 791.614 472.616 59,70 969.072 563.828 58,18 2007 956.284 560.954 58,66 1.218.151 695.898 57,13 2008 1.133.086 619.956 54,71 1.428.546 790.620 55,34 * En millones de renminbis ** En millones de dólares Fuentes:

Producción industrial nacional: http://www.fdi.gov.cn/pub/FDI_EN/Statistics/Annual StatisticsData/AnnualFDIData/FDIStatistics,2008/t20100607_122513.htm.

Comercio exterior: http://www.fdi.gov.cn/pub/FDI_EN/Statistics/AnnualStatisticsData/ AnnualFDIData/FDIStatistics,2008/t20100422_120784.htm.

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Llegados a este punto, podemos afirmar que la apertura de la economía china a la IED fue llevada más lejos de lo previsto por Deng Xiaoping: en términos cuantitativos, hemos visto, las EFIs lle-garon a aportar hasta 1/3 de la producción nacional y poco menos del 60,0% del comercio exterior. En primera instancia, este aspecto pura-mente cuantitativo ponía en duda una de las dos características prin-cipales de la economía de mercado socialista: el predominio de las empresas bajo propiedad estatal sobre las empresas privadas, naciona-les y foráneas. Sin embargo, las virtudes de la política económica chi-na se traslucen en los aspectos cualitativos de la IED acumulada: la contención de los flujos de capital destinados a las actividades espe-culativas, la preservación de la soberanía china sobre los sectores eco-nómicos estratégicos y la canalización de las inversiones foráneas so-bre el sector clave de la modernización (la industria manufacturera).

Si los aspectos cuantitativos de la IED asentada en China le-vantaban temores sobre la preeminencia económica del Estado, los aspectos cualitativos ponen en evidencia la capacidad del Estado para regular las relaciones entre la EFIs y las empresas nacionales. Así, más allá del abandono de la retórica marxista, la elite guberna-mental china se sigue moviendo dentro del esquema básico deli-neado por Deng Xiaoping sobre la economía de mercado socialista. Pero, como vimos en la primera parte, los objetivos económicos (la modernización) han requerido de medios políticos (la acción uni-taria de la población bajo la dirección del PCCh); pero la dialéctica marxista-taoísta mostró que la hegemonía política del PCCh devie-ne un fin en sí misma y que el medio para realizarla es el éxito eco-nómico. En consecuencia, en la siguiente sección analizaremos los alcances de la política económica china en el campo de los desequi-librios socio-económicos derivados de la modernización.

Modernización económica y desequilibrios sociales

Por regla general, suele medirse el éxito económico chino en función del crecimiento real del producto interno bruto (PIB) o de la rápida expansión del comercio exterior total, en general, o de las exportaciones, en particular. Para los fines de nuestro trabajo, he-mos preferido analizar la evolución del PIB per cápita nacional y de su estructura regional, durante 1995-2009. Con ello deseamos

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poner de realce el mayor reto al que se enfrenta la elite dirigente china: la supresión de los desequilibrios sociales engendrados por la modernización.

En términos sociales, el éxito de las políticas de la reforma económica ha cristalizado en un rápido incremento del PIB per cápita que pasó, de 1995 a 2009, de 4.788 a 27.369 yuanes por per-sona. Aun cuando las cifras son en precios corrientes, el índice de crecimiento pasó de 100 a 572 durante un lapso de quince años; el cambio ha sido apreciado dentro y fuera de China (Cuadro 4).

La espectacularidad del incremento del indicador general, no obstante, oculta las disparidades existentes entre las diferentes regio-nes del país. Moneta y Cesarín, con precisión, señalan que la indus-trialización de China basada en la apertura a la IED fue ensayada, primero, en las zonas económicas especiales situadas en lugares estra-tégicos de la costa china; posteriormente, la política de apertura fue flexibilizada para permitir la afluencia de recursos financieros forá-neos a otras regiones del país. Cierto que el extranjero que pone los pies en cualquier lugar de China es sorprendido por la febrilidad con que se construyen carreteras, líneas férreas, líneas de transmisión de electricidad, parques industriales, aeropuertos, puertos fluviales y ma-rítimos, etc. Todo el país trabaja frenéticamente para beneficiarse con las oportunidades económicas; en efecto, las treinta y una regiones ad-ministrativas del país también han registrado un incremento substan-cial del producto provinsubstan-cial bruto (PPB) per cápita. Sin embargo, los beneficios han sido muy dispares. Por ejemplo, de 1995 a 2009, el ín-dice de crecimiento del PPB per cápita, en Mongolia Interior (situada en la región oeste,13 considerada tradicionalmente como atrasada en

términos económicos), pasó de 100 a 1.103. Es verdad que se trata de un caso excepcional, pero, a todas luces, políticamente significativo, pues es una de las provincias dotadas de un estatuto especial de au-tonomía. En todo caso, la situación de Shaanxi se apega más a la dis-tribución normal de la riqueza nacional; en efecto, para esa provincia (también situada en la región oeste) el índice de crecimiento alcanzó un valor de 765. En el extremo opuesto, el índice correspondiente a Hainan (ubicada en la región este, habitualmente considerada como 13 En el cuadro 4, hemos retomado la división por regiones utilizada por el gobierno chino; como

es posible apreciar, la región este está compuesta por 11 provincias; la región centro, a su vez, está integrada por 8 provincias; la región oeste, finalmente, está formada por 12 provincias.

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la más rica del país) tan solo llegó a 381. Los valores de los índices de crecimiento del PPB per cápita se ubican entre estos extremos.

Cuadro 4

Producto interno bruto y producto provincial bruto (per cápita) 1995-2009

Producto Provincial Bruto Producto Provincial Bruto per cápita* per cápita* Índices de crecimiento, Como proporción del PIB

1995 = 100 per cápita Región 1995* 2000 2005 2009 1995 2000 2005 2009 PIB PER CÁPITA 4.788 7.701 15.235 27.369 4.788 7.701 15.235 27.369

100 161 318 572 Región Este Beijing 11.150 161 406 621 2.329 2.329 2.974 2.530 Tianjin 9.768 168 383 627 2.040 2.127 2.458 2.238 Hebei 4.427 170 330 553 0.925 0.980 0.959 0.895 Liaoning 6.826 161 279 516 1.426 1.431 1.251 1.287 Shanghai 17.403 156 299 450 3.635 3.530 3.414 2.862 Jiangsu 7.296 158 341 611 1.524 1.498 1.633 1.630 Zhejiang 8.161 158 336 544 1.705 1.676 1.798 1.622 Fujian 6.674 169 278 505 1.394 1.467 1.217 1.233 Shandong 5.747 164 346 623 1.200 1.222 1.304 1.308 Guangdong 8.349 134 294 491 1.744 1.452 1.610 1.497 Hainan 5.030 131 216 381 1.051 0.855 0.712 0.699 Región Centro Shanxi 3.550 140 355 605 0.742 0.647 0.828 0.784 Jilin 4.356 153 306 610 0.910 0.867 0.875 0.971 Heilongjiang 5.443 162 265 412 1.137 1.145 0.947 0.820 Anhui 3.332 152 262 493 0.696 0.659 0.574 0.600 Jiangxi 3.065 158 307 564 0.640 0.628 0.618 0.631 Henan 3.300 168 342 622 0.689 0.721 0.741 0.750 Hubei 4.143 171 279 547 0.865 0.921 0.758 0.828 Hunan 3.435 167 304 593 0.717 0.744 0.684 0.745 Región Oeste Mongolia Interior 3.647 162 449 1,103 0.762 0.766 1.074 1.469 Guangxi 3.535 129 242 452 0.738 0.593 0.561 0.584 Chongqing - - 0.668 0.813 0.835 Sichuan 3.121 154 288 554 0.652 0.625 0.590 0.632 Guizhou 1.741 162 309 592 0.364 0.366 0.353 0.376 Yunnan 3.024 151 257 446 0.632 0.592 0.511 0.493 Tibet 2.333 192 385 652 0.487 0.582 0.590 0.556 Shaanxi 2.831 163 374 765 0.591 0.598 0.694 0.791 Gansu 2.270 169 328 566 0.474 0.498 0.489 0.470 Qinghai 3.437 148 291 565 0.718 0.661 0.657 0.709 Ningxia 3.309 143 311 654 0.691 0.614 0.675 0.791 Xinjiang 4.968 143 261 399 1.038 0.920 0.850 0.724 * En yuanes a precios corrientes

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En el Cuadro 4, hemos marcado con negritas los valores de los índices de crecimiento de las provincias que han superado el va-lor del índice medio nacional. Así, en 2009, en la región este, se destacan Beijing, Tianjin, Jiangsu y Shandong; en la región centro, sobresalen Shanxi, Jilin y Xenan; en la región oeste, resaltan Mon-golia Interior, Guizhou, Tibet, Shaanxi y Ningxia. Desde esta pers-pectiva, es evidente que todo el país se ha beneficiado, en términos absolutos, del proceso de modernización económica; sin embargo, las doce provincias mencionadas han sido más beneficiadas que las diecinueve provincias restantes.

Ahora bien, en términos relativos, el proceso de moderniza-ción no ha podido suprimir los profundos desequilibrios existentes entre las diferentes provincias; así, la segunda parte del Cuadro 4 nos muestra la proporción de los PPB per cápita con respecto al PIB per cápita. Los valores superiores a 1 también han sido marcados con negritas y, a diferencia de la distribución geográfica amplia de los índices de crecimiento, se concentran fundamentalmente en la región este. En efecto, en 1995, diez de las once provincias deten-taban valores superiores a la unidad; además, el rango de variación era 1.051-3.635; en 2009, solo diez provincias registraron valores superiores a la unidad, pero el rango de variación se había estre-chado: 1.233-2.860. Podemos decir que las disparidades entre las diez provincias más ricas fueron reducidas de manera significati-va, a costa, sobre todo, de una contención de PPB per cápita de Shanghai, la provincia más rica.

En la región centro, la situación ha evolucionado de manera totalmente diferente: de las ocho provincias, tan solo Heilongjiang registró, en 1995 y 2000, valores superiores a la unidad; además, en 1995, el rango de variación de los valores inferiores a la unidad era 0.689-0.919. En 2005 y 2009, los valores de las ocho provincias fueron inferiores a la unidad y, el último de esos años, el rango de variación fue 0.600-0.971. A pesar de que los valores superiores del rango de variación indican una aproximación marginal a la unidad, los valores inferiores y la ausencia de valores superiores a la unidad en 2000 y 2005 indican una ampliación de las diferencias socio-económicas con respecto a la región este.

La situación de la región oeste es diferente: por un lado, en 1995, la provincia de Xinjiang registró un valor superior a la

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uni-dad, pero en los años subsecuentes los valores fueron inferiores a la unidad; en contraste, en 2005 y 2009, Mongolia Interior registró valores superiores a la unidad. Los rangos de variación de los valores relativos del PPB per cápita inferiores a la unidad también experi-mentaron una evolución diferente: de 1995 a 2000, mostraron un mejoramiento de las condiciones socio-económicas pues pasaron de un rango de variación 0.364-0.762 a otro 0.366-0.920. Sin embar-go, durante 2005 y 2009, los rangos de variación experimentaron un retroceso al pasar a 0.353-0.850 y 0.376-0.835. Aunque las dispari-dades intrarregionales se redujeron a lo largo de los últimos 15 años, la brecha en relación al PIB per cápita nacional se amplió.

En resumen, la distribución de la riqueza nacional ha benefi-ciado, en términos generales, a todo el país; el mantenimiento del dinamismo extraordinario de la economía china ha generado en amplias capas de la población expectativas positivas relacionadas con mejoramientos adicionales de las condiciones de vida. Por otra parte, las disparidades en la distribución de la riqueza no dejan de provocar insatisfacciones económicas que, en ocasiones, se tradu-cen en cierta incomodidad política. De allí que una de las grandes preocupaciones de los dirigentes gubernamentales y del PCCh sea la absorción de las disparidades socio-económicas y de los proble-mas políticos derivados de ellas. Insistimos, la preeminencia polí-tica del partido depende de su legitimidad polípolí-tica; esta, a la vez, depende del mantenimiento de la economía de mercado socialista o del predominio del sector económico bajo propiedad estatal. El florecimiento de la economía de mercado socialista es función de la capacidad política para regular el mercado socialista y, en última instancia, la regulación del mercado socialista depende de la posibi-lidad de suprimir las brechas sociales generadas por la moderniza-ción acelerada de la economía china. En ese sentido, podemos con-cluir que, en las condiciones socio-económicas determinadas por el éxito económico, el principal objetivo político del PCCh y del Esta-do chino es la reducción de las disparidades sociales en la medida en que representan líneas de fractura en la hegemonía política del Par-tido. Y, si es cierto que la política exterior es la prolongación de la política doméstica, aquella no puede desentenderse de los objetivos de esta; por el contrario, una y otra son, por necesidad, medios para alcanzar el objetivo último: la hegemonía política del PCCh.

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El papel de China como inversionista global

Como señalamos en el inicio de la segunda parte, la posición financiera de China se caracteriza por el doble desfase existente entre la función como destino y la función como origen de inver-siones directas. En términos temporales, el auge de China como un destino privilegiado de la IED comenzó en 1992, mientras que el auge como origen de inversiones directas tan solo se produjo a partir de 2005. Ese año, en efecto, las inversiones directas de ori-gen chino superaron, por primera vez, los 10.000 millones de dó-lares, al alcanzar un total de 12.261 millones de dólares. Para en-tonces, China todavía distaba de proyectarse como una potencia financiera de envergadura: los once países del sudeste de Asia,14 en

conjunto, exportaban capitales por 18.169 millones de dólares y Singapur, una pequeña potencia económica con una población de escasos cuatro millones de personas, contribuía a esa cantidad con 11.218 millones de dólares, cifra comparable con la correspondien-te a China durancorrespondien-te ese año. En relación a los doce países desarro-llados seleccionados, China era superada por once de ellos como fuente de inversiones directas (Anexo B).

En 2006 y 2007, la situación fue prácticamente idéntica; el rasgo más notable fue que los países en desarrollo del sudeste de Asia ex-portaron prácticamente 2,5 veces más capitales que China; de nueva cuenta, Singapur destacaba con 32.702 millones de dólares, para tan solo 22.469 millones de dólares de China. Cabe recordar que, en el transcurso de 2007, en Estados Unidos estalló la crisis del subprime market que afectaría, en 2008, a los sistemas financieros de los países europeos y, en 2009, a las economías de los países asiáticos.

Ahora bien, en 2007, las exportaciones globales de inversiones directas, habían alcanzado un máximo histórico de 2.175 billones de dólares. En 2008, como consecuencia de la debacle financie-ra europea, se redujeron a 1.911 billones de dólares (-12,2%, con respecto al máximo histórico de 2007). En 2009, cuando la crisis financiera había alcanzado una dimensión global, volvieron a con-traerse hasta un total de 1.171 billones de dólares (-46,2%, con res-pecto al máximo histórico de 2007, Anexo B).

14 En 2001, Timor del Este accedió a la independencia política, adoptando el nombre oficial

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En el contexto de la extensión de la crisis financiera global de Estados Unidos a Europa, China empezó a superar el desfa-se cualitativo entre sus funciones como destino y como origen de inversiones directas; las exportaciones chinas de capitales ex-perimentaron un salto substancial, pasando de 22.469 a 52.150 millones de dólares, de 2007 a 2008; el salto fue suficiente para rebasar al conjunto de países en desarrollo del sudeste de Asia así como a Australia y Suecia, en el grupo de países desarrolla-dos. Sin embargo, debemos notar que, en los años posteriores, los incrementos de las inversiones directas de origen chino fue-ron menos espectaculares: 56.300 y 68.000 millones de dólares, en 2009 y 2010. Y, si en esos dos años pudo ubicarse como 5° (detrás de Estados Unidos, Francia, Alemania y Japón) y 4° lu-gar (después de Estados Unidos, Francia y Alemania, Anexo B), ello se debió a las dificultades del resto de los países europeos para recuperarse de las consecuencias de la crisis financiera glo-bal y no a nuevos incrementos substanciales de las inversiones directas chinas.

Dado que el objetivo económico y político central del go-bierno chino sigue siendo la superación de las desigualdades so-ciales generadas por el proceso de modernización económica y que la consecución de ese objetivo requiere cuantiosos recursos financieros, la expansión de las exportaciones chinas de inversión directa carece de lógica económica; la economía china todavía cuenta con recursos humanos y naturales susceptibles de ser in-corporados a la economía de mercado socialista mediante la uti-lización de los excedentes financieros detentados por el gobierno. En este contexto, debemos buscar la racionalidad de la expansión de las exportaciones chinas de capitales en el campo político. Así, si durante la crisis asiática de 1997, la disciplina autoimpuesta para no devaluar el yuan así como la disposición para auxiliar a los gobiernos con mayores dificultades financieras permitieron al gobierno chino proyectar una imagen de confiabilidad política en la región asiática del Pacífico, durante la crisis financiera global de 2007-2009, el auxilio prestado a los gobiernos estadounidense y europeos para financiar una parte de las deudas públicas le ha per-mitido ampliar la proyección de esa imagen de confiabilidad polí-tica a la escala global.

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Cuadro 5

ID de China, por principales destinos geográficos, total acumulado hasta 2008

Valor absoluto* % del total

IED TOTAL EN EL EXTERIOR 1.996.101 100,00 Principales países desarrollados 1.414.248 70,85

Estados Unidos 313.787 15,72 Reino Unido 265.791 13,32 Francia 224.650 11,25 Alemania 167.431 8,39 España 119.605 5,99 Italia 90.781 4,55 Japón 73.549 3,68 Canadá 53.818 2,70 Hong Kong 53.187 2,66 Luxemburgo 51.649 2,59 Países en desarrollo 253.145 12,68 África 6.055 0,30

América Latina y el Caribe 26.930 1,35

Asia 194.663 9,75

Asia Occidental 44.167 2,21 Asia del Este, del Sur y del Sureste 150.496 7,54

Oceanía 92 0,00

Europa del sureste y CEI 51.227 2,57

Otros 328.708 16,47 * En millones de dólares Fuentes: http://www.fdi.gov.cn/pub/FDI_EN/Statistics/AnnualStatisticsData/AnnualFDIData/ FDIStatistics,2008/t20100422_120782.htm. http://www.fdi.gov.cn/pub/FDI_EN/Statistics/AnnualStatisticsData/AnnualFDIData/ FDIStatistics,2008/t20100422_120775.htm.

Desafortunadamente, las fuentes chinas no proporcionan in-formación sobre la composición sectorial de las inversiones direc-tas; en cambio, ofrecen datos sobre la posición de las exportaciones totales acumuladas hasta 2008, por región geográfica y por princi-pales países (Cuadro 5). El rasgo notable es que de los 1.996 bi-llones de dólares hasta entonces acumulados, el 70,9% era dedica-do a diez países desarrolladedica-dos, entre los cuales se destacan Estadedica-dos Unidos (15,7%), Reino Unido (13,3%), Francia (11,2%), Alemania (8,4%) y España (6,0%); en conjunto esos cinco países han llega-do a concentrar el 54,7% de las inversiones directas chinas y no es

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un azar que sean los cinco países más afectados por las dificultades financieras generadas por el desfondamiento del subprime market.

En términos sistémicos globales, la acelerada expansión eco-nómica y comercial de China tiende a subvertir el orden econó-mico internacional de la posguerra fría. La pérdida progresiva de relevancia de las economías capitalistas más importantes se ha ex-presado esporádicamente en reacciones políticas antichinas de par-te de los gobiernos correspondienpar-tes. En parpar-te, el malestar gene-rado entre esas elites gubernamentales por el ascenso económico fulgurante de China tiende a ser disipado por el auxilio financiero que les presta el gobierno chino.

A partir de todo lo revisado hasta ahora, podemos sacar las si-guientes conclusiones:

a) Si la política económica exterior es la prolongación de la políti-ca económipolíti-ca doméstipolíti-ca, debemos aceptar que los fines de una y otra son, por necesidad, los mismos; en el caso chino, esos fines siguen siendo los definidos por Deng Xiaoping desde el inicio de las reformas económicas: la modernización de la eco-nomía de mercado socialista y el mantenimiento del PCCh como rector de los procesos económicos, políticos y sociales. b) Si, después de treinta y dos años de reformas económicas

modernizadoras exitosas, el mayor reto político y económi-co del PCCh es la supresión de las disparidades sociales ge-neradas por el desarrollo del mercado socialista (para ga-rantizar la hegemonía política del partido –o, como diría, Deng Xiaoping: para unirse como uno solo y enfrentar el futuro–, la política exterior no puede ser concebida al mar-gen de ese reto crucial.

c) Si las dos premisas anteriores son ciertas, entonces podemos concluir que en la política económica exterior, en general y, en particular, en la política de inversiones directas, tiene un ma-yor peso la dimensión política que la dimensión económica. En términos económicos domésticos, China no solo cuenta con excedentes de población y de recursos materiales susceptibles de ser utilizados de manera productiva sino que necesita incorpo-rarlos a la economía moderna para garantizar la hegemonía políti-ca del Partido. Al momento de asignar los recursos financieros

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