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El grupo BraMexCo

In document XI. A modo de conclusiones (página 37-43)

Los gobiernos de Brasil y México que, a partir de la estrategia de substitución de importaciones, habían logrado cierto grado de industrialización después de la Segunda Guerra Mundial y hasta inicios de los ochenta, ahora se dan por satisfechos con la afluencia de capitales provenientes de China para contribuir a la explotación de los productos de la tierra (agropecuarios y minerales). En reali- dad, esa afluencia es exigua y carece de relevancia en términos de

la generación de empleos y de la influencia sobre las exportaciones domésticas dirigidas a China.

Brasil

En el caso de Brasil, la contribución de Gilmar Maseiro nos re- cuerda que, si bien, en términos absolutos, la IED de origen chino acumulada pasó de 27,9 a 172,35 millones de dólares, de 1995 a 2008, en términos relativos está todavía muy lejos de los volúmenes alcanzados por la IED de origen japonés, que aumentó de 2.658,52 a 11.400,77 millones de dólares, durante ese lapso (Cuadro 6).

Cuadro 6

Brasil: IED acumulada, total y por países asiáticos 1995-2008

1995 2000 2005 2008 Total* 41.695,62 103.014,51 197.523,83 297.346,01 100,00 100,00 100,00 100,00 China* 27,90 37,74 102,98 172,35 0,07 0,04 0,05 0,06 Corea* 3,81 179,64 412,67 917,61 0,01 0,17 0,21 0,31 Japón* 2.658,52 2.468,16 6.189,84 11.400,77 6,38 2,40 3,13 3,83 *Millones de dólares

Fuentes: Cuadros 5 y 6 del texto de Gilmar Masiero.

Por el volumen, las inversiones asiáticas en general y las chinas en particular no tienen un impacto relevante en la estructura pro- ductiva nacional de Brasil, pues, con respecto a la IED total acu- mulada por el país en cada uno de los años incluidos en el cuadro 6, tan solo representan entre el 2,61% y el 6,45% para los tres países asiáticos y entre el 0,04% y el 0,07% para el caso de China. Ahora bien, si en términos productivos la influencia de la IED de origen asiático es limitada, no ocurre lo mismo con el impacto comercial de la demanda china pues, de acuerdo con Maseiro, en 2009, las materias primas de origen agropecuario y mineral representaron el 76%, el 46% y el 68% del valor de las exportaciones totales brasi- leñas destinadas respectivamente a China, Corea y Japón. El pun- to es importante pues, habiendo alcanzado un grado importante de especialización en las manufacturas, las exportaciones brasileñas

destinadas a los países del Pacífico asiático y a China en particular se concentran en materias primas con bajo contenido de valor agre- gado. Cierto que, en la coyuntura actual, el boom de las commodities de origen latinoamericano representa una excelente oportunidad para salir del marasmo en el cual se encuentran las economías de la región desde los ochenta; sin embargo, para economías como la brasileña ese auge entraña, en el largo plazo, el riesgo de una regre- sión económica, es decir de una desindustrialización relativa.

México

La situación no es muy diferente a la de Brasil, como muestran Fran- cisco Haro Navejas y Gabriela Correa López pues, a pesar de los buenos deseos de instancias como ProMéxico sobre el desplazamien- to de la relación bilateral del comercio hacia las inversiones, lo cierto es que las relaciones financieras todavía son extremadamente débi- les. En efecto, durante el período 2000-2010, los flujos anuales IED de origen chino han oscilado entre -2 y 29 millones de dólares, para acumular un total de 133 millones durante los once años cubiertos por el período; esa cifra está muy por debajo de los 293, los 874, los 1,029 y de 1,123 millones de dólares correspondientes respectiva- mente a Taiwán, Corea, Singapur y Japón (Cuadro 7). Esa débil pre- sencia se materializa, de acuerdo con la información citada por Haro y Correa, en 57 empresas chinas asentadas en México, sobre la base de una inversión total de alrededor de 400 millones de dólares.

Haro y Correa señalan que, a partir de 2009, el gobierno mexica- no empezó a considerar “la inversión china como una opción favora- ble para la economía mexicana.” Sin dejar pasar por alto lo paradójico de tal consideración, dado el escaso interés de los chinos por incre- mentar sus inversiones en México, señalan que “el gobierno mexica- no incita a invertir a los chinos en uno de los sectores más intensivos en trabajo, la minería, lo que significa un regreso a patrones de com- portamiento económico dentro de la división internacional del tra- bajo propios del siglo XIX.” Más allá de la desiderata decimonónica del gobierno mexicano, los intereses materiales de los inversionistas chinos privilegian sectores como restaurantes, comercio de muebles, renta de equipo industrial, servicios profesionales, confección de ropa y minería. Esta estructura sectorial pone en evidencia la orientación de las inversiones productivas hacia el aprovechamiento del mercado

doméstico mexicano. Para fortuna de los empresarios mexicanos, la presencia de empresas chinas en esos sectores es, hasta ahora, marginal y no ha tenido efectos drásticos sobre el desplazamiento de empresas domésticas, como ha sucedido en sectores como juguetes, calzado, textiles y confección, herramientas, a causa de las importa- ciones de origen chino.

Cuadro 7

México: IED, total y por principales países o regiones geográficas, 2000-2011 (en millones de dólares)

Total EEUU Unión Europea

Valor % Valor % Valor %

2000 18.110 100,00 13.000 71,79 3.239 17,89 2001 29.859 100,00 21.440 71,80 6.471 21,67 2002 23.913 100,00 13.136 54,93 9.276 38,79 2003 16.246 100,00 8.877 54,64 6.168 37,97 2004 24.818 100,00 9.136 36,81 13.018 52,46 2005 24.280 100,00 11.682 48,11 8.378 34,51 2006 19.951 100,00 12.910 64,71 6.529 32,73 2007 30.070 100,00 12.438 41,36 13.715 45,61 2008 26.948 100,00 10.995 40,80 10.037 37,25 2009 15.575 100,00 6.973 44,77 6.077 39,02 2010 19.627 100,00 5.302 27,01 12.138 61,84 2011* 10.601 100,00 7.855 74,10 1.058 9,98 2000-2011 259.998 100,00 133.744 51,44 96.106 36,96 Japón Singapur Corea Taiwán China Valor % Valor % Valor % Valor % Valor % 2000 443 2,45 81 0,45 30 0,17 12 0,07 11 0,06 2001 187 0,63 273 0,91 51 0,17 41 0,14 2 0,01 2002 179 0,75 59 0,25 32 0,13 17 0,07 -2 -0,01 2003 139 0,86 -6 -0,04 57 0,35 13 0,08 26 0,16 2004 392 1,58 30 0,12 67 0,27 10 0,04 12 0,05 2005 166 0,68 13 0,05 97 0,40 45 0,18 14 0,06 2006 -1.424 -7,14 61 0,31 72 0,36 22 0,11 20 0,10 2007 395 1,31 124 0,41 48 0,16 10 0,03 9 0,03 2008 142 0,53 109 0,40 371 1,38 34 0,12 13 0,05 2009 221 1,42 197 1,26 76 0,49 48 0,31 29 0,18 2010 213 1,08 51 0,26 -4 -0,02 36 0,18 6 0,03 2011* 69 0,65 38 0,36 -22 -0,20 6 0,06 -7 -0,06 2000-2011 1.123 0,43 1.029 0,40 874 0,34 293 0,11 133 0,05

Para Haro y Correa: “la debilidad de la IED china en México […] se explica debido a que los chinos no encuentran lo que re- quieren o el acceso a ello no tiene condiciones favorables.” El caso brasileño nos muestra lo que los chinos buscan en América Latina: materias primas agropecuarias y minerales. En el caso de México, la estructura del sector agropecuario comercial está orientada hacia la producción de vegetales frescos y congelados destinados al mer- cado estadounidense; la competitividad y rentabilidad de ese sector hace prácticamente imposible una reconversión hacia la producción de materias primas demandadas por la economía china a la manera de, por ejemplo, la economía argentina o, en cierta medida, la bra- sileña. La estructura del sector agropecuario tradicional sigue es- tando orientada hacia productos de consumo básico y está confor- mada por pequeñas unidades de producción: ambas características imposibilitan la reorientación hacia una producción en gran escala de productos acordes con la demanda china.

Por otra parte, Haro y Correa tienen razón al decir que, cuando los chinos encuentran en México algo deseado, el acceso no es necesariamente favorable, como sucede en la minería o en las manufacturas: con frecuencia, el gobierno chino ha vinculado las inversiones al uso de mano de obra calificada y no califica- da proveniente de China; el gobierno mexicano ha sido renuente a flexibilizar la política migratoria que restringe la afluencia de personas provenientes de un gran número de países, pero sobre todo de China.

Pese a esas dificultades, Haro y Correa muestran la importan- cia creciente de las inversiones chinas en el sector de la industria del automóvil y de las autopartes. El tema es crucial para los intere- ses de México en ese sector: hasta principios de la primera década del siglo XX, las grandes empresas asentadas en México gozaban de un mercado doméstico cautivo y de los segmentos del merca- do estadounidense dominados por las matrices (en el caso de las firmas estadounidenses) o de las filiales (en el caso de las empre- sas europeas o asiáticas) allí asentadas; mientras tanto, el gobierno chino empezaba a sentar las bases para convertir el país del medio en un gran centro de la industria del automóvil. A partir de la se- gunda mitad de la década, con la puesta en práctica de las estipu- laciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, la

producción local mexicana empezó a ser desplazada por las impor- taciones de vehículos ensamblados fuera del país. Por si eso fue- ra poco, el desarrollo de China como productor y exportador de vehículos y de autopartes acentuó ese desplazamiento tanto en el mercado doméstico como en el mercado estadounidense. El mer- cado del TLCAN ha dejado de ser el coto exclusivo de las em- presas previamente implantadas en los mercados de América del Norte; en México, las inversiones chinas en el sector de la industria del automóvil podrían llevar a resolver uno de los grandes proble- mas estructurales del país: la incapacidad local para crear cadenas productivas orientadas hacia el abastecimiento de las grandes em- presas del ramo pero, para sacar de ello el mejor partido posible, las autoridades mexicanas necesitan ponerse en el diapasón de la polí- tica económica china, es decir poner en práctica mecanismos para regular la inversión foránea de acuerdo con objetivos nacionales de política económica; de otra manera, veremos reproducirse el des- plazamiento de firmas previamente asentadas en México por em- presas provenientes de China.

Colombia

Adriana Roldán Pérez comienza destacando la importancia de Colombia como destino de inversiones directas productivas: Co- lombia ocupa el cuarto lugar, superada tan solo por Brasil, Chile y México. Por supuesto, durante la primera década del siglo XXI, los flujos de inversiones directas canalizados a Colombia han es- tado marcados por la dinámica de la economía global; pese a ello, Roldán Pérez señala el notable incremento de las inversio- nes directas captadas por el país, 2.436 a 7.169 millones de dó- lares. Dada la amplia dotación de recursos naturales, el sector primario ha sido el principal receptor de inversiones foráneas: 51% y 61% del total, en 2008 y 2009. En el sector minero, la ex- tracción de carbón ha sido la más beneficiada por los recursos financieros externos.

En términos del origen de la inversión directa canalizada ha- cia Colombia, Roldán Pérez nos muestra una situación similar a la de Brasil y México: la IED de origen asiático es mínima y la de origen chino es marginal. En efecto, en términos de los mon- tos acumulados durante el período 2000-2009, Colombia captó

55.662 millones de dólares; de estos, tan solo 157 millones (0,28% del total) provenían de cuatro principales países asiáticos y 15 mi- llones (0,03%) eran de origen chino.

Un segundo rasgo compartido con Brasil y México es la com- posición sectorial de la inversión china en Colombia: transporte, 87%; comercio, 7,3%; manufacturas, 3,2%; minería, 1,2%. El in- terés de los inversionistas chinos apuntaría hacia la implantación en el mercado doméstico colombiano. En ese sentido, encontramos una tercera similitud con los dos casos precedentes: la desvincu- lación de las inversiones directas y de las exportaciones tendien- tes a satisfacer la demanda china por materias primas. El punto es crucial pues, como señala Roldán Pérez, China ha desplaza- do a Venezuela como segundo socio comercial de Colombia y las preocupaciones por una rápida penetración de las importaciones manufactureras de origen chino en el mercado colombiano no son disipadas por el lento incremento de las exportaciones de materias primas al mercado chino.

En Colombia, por lo tanto, tiende a repetirse la norma de in- versiones chinas tendientes a apaciguar los ánimos exaltados de agentes económicos y políticos preocupados por la irrupción co- mercial china en el mercado doméstico. Roldán Pérez pone el acento en los esfuerzos de la actual administración para tornar a Colombia en un actor importante en la región del Pacífico y para desarrollar los vínculos económicos con los países del Pacífico asiá- tico. Para lograrlo, deben poner atención a las experiencias de Mé- xico y Brasil, pues, pese a los múltiples acuerdos bilaterales firma- dos con el gobierno chino y a las alianzas estratégicas bilaterales, los resultados obtenidos en términos de inversiones directas chinas y de exportaciones hacia China han sido magros. En ese sentido, Colombia puede y debe buscar su propio camino para lograr su proyección internacional.

In document XI. A modo de conclusiones (página 37-43)

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