Un espectro parece acosar las relaciones entre China y los países de este grupo: el espectro de la división internacional del trabajo basado en la especialización creciente de China (y del res- to de las economías del Pacífico asiático) en la producción-ex- portación de productos industriales cada vez más sofisticados y
en el mantenimiento perenne de los países latinoamericanos en la producción-exportación de materias primas (agropecuarias y mineras) con bajo contenido de valor agregado. En efecto, en los casos que ahora nos ocupan, las exportaciones dirigidas ha- cia China están estrechamente vinculadas a las inversiones direc- tas provenientes del país del medio. Como indicamos precedente- mente, esto indica una actitud diferente del gobierno chino ante este grupo de países latinoamericanos, debido a las dotaciones de recursos naturales.
En efecto, cuando Deng Xiaoping estableció su diagnósti- co sobre las condiciones de China en el momento inicial de las reformas económicas, señaló como principales características una base económica débil, una población grande y tierras arables esca- sas; en 1979, la población alcanzaba el umbral crítico de los 1.000 millones de habitantes; en julio de 2011, la población era estimada en 1.337 millones de personas;15 el incremento de 33,7% supone
una mayor demanda de satisfactores de las necesidades básicas de la población. Por otra parte, el mejoramiento del ingreso real de una parte creciente de la población económicamente activa tam- bién implica modificar las pautas de consumo con nuevos produc- tos, aun cuando estos no hayan formado parte del patrón tradicio- nal de consumo. Entre los nuevos productos podemos encontrar, en un extremo, los aparatos electrónicos y los automóviles y, en el otro, productos lácteos franceses y vinos chilenos.
Por el otro lado, la dotación de recursos naturales utilizados por la industria o bien se ha tornado insuficiente o bien tiende a ser protegida por las autoridades para evitar escasez futura de ma- teriales estratégicos. Por tal motivo, la estrategia de abastecimiento de materias primas y de alimentos ha transitado progresivamente de la autosuficiencia a la creación de condiciones para garantizar su suministro desde los lugares geográficos fuera de China, don- de siguen siendo abundantes. Como hemos visto, en estos sectores, el gobierno chino ha sido cuidadoso en limitar la presencia de ca- pitales foráneos para evitar la creación de derechos extranjeros en áreas que pueden poner en cuestionamiento la soberanía china; en contraste, en países como los latinoamericanos, ha aprovechado la 15 Fuente: indexmundi, http://www.indexmundi.com/es/china/poblacion_perfil.html.
liberalidad de los gobiernos para adquirir derechos de explotación de grandes extensiones de tierra con minerales industriales. Pero las inversiones dedicadas a la explotación de la tierra necesitan ser complementadas con inversiones dedicadas a la infraestructura re- querida para transportar las materias primas extraídas del suelo hasta los puntos de embarque hacia China. En ese sentido, las in- versiones chinas suelen formar paquetes multisectoriales y, como bien señalan Moneta y Cesarín, las ETNs estatales suelen ser los agentes centrales de dichos paquetes.
En el caso del grupo de países ArChiPeVenUr encontramos reunidas estas condiciones; sin embargo, como hemos visto, el gru- po puede ser dividido en dos subgrupos. Para el subgrupo integrado por Argentina y Uruguay, las relaciones bilaterales con China pare- cen estar dominadas por la lógica de la política económica interna- cional del gobierno chino más que por la lógica política dominante en los casos del grupo BraMexCo. Para el subgrupo integrado por Chile, Perú y Venezuela, los gobiernos han decido incorporar la di- mensión política para balancear el interés económico de la contra- parte china y regular las relaciones bilaterales con ella; los gobier- nos chileno y peruano lo han hecho mediante sendos acuerdos de comercio preferencial (ACP) mientras que el gobierno venezolano lo ha puesto en práctica mediante acuerdos informales. Con ello, cada uno pretende crear ventajas económicas no otorgadas al resto del mundo, para sacar mayor provecho de la demanda china y ob- tener mejores concesiones del gobierno chino.
Uruguay y Argentina
Considerado de manera aislada, Uruguay se aparta del marco de las relaciones financieras bilaterales de China con Argentina, Chi- le, Perú y Venezuela. Sin embargo, dada la exigüidad del territorio y la ausencia de recursos naturales, según nos deja entrever el texto de Enrique Martínez Larrechea, para el gobierno chino, Uruguay posee dos ventajas: una de mercado derivada de la pertenencia de la República Oriental al Mercosur y la segunda ventaja es de lo- calización y resulta de la cercanía con Buenos Aires, punto de re- lación con toda la región atlántica. Según Martínez Larrechea, las inversiones asiáticas son, hasta ahora, escasas; los exiguos capitales chinos han buscado asentarse principalmente en los sectores de
telecomunicaciones, industria del automóvil, transporte marítimo y dragado, donde destacan cinco empresas chinas.
En el caso argentino, Silvia Simonit plantea con claridad me- ridiana el interés del gobierno chino: “las corrientes de capital chino con destino a Argentina tienen como propósito prioritario, dada la abundante dotación de recursos naturales de este país y su región, asegurarse el abastecimiento de alimentos y de fuentes de energía.” Es decir, el interés económico de la política financiera china hacia Argentina y, por extensión, al grupo ArChiPeVenUr, tiende a llevar el paso sobre el interés político. Ahora bien, como demuestra Simonit, dejando de lado los paraísos fiscales, Argen- tina llegó a captar 213 millones de dólares de la inversión direc- ta china, acumulada hasta finales de 2009, superada tan solo por Brasil y Perú.
Simonit nos ofrece un cuadro interesante sobre las modalida- des de implantación de las empresas chinas: “Argentina […] cuen- ta al presente con unas veintiocho empresas chinas. La modalidad de implantación es, generalmente, la apertura de oficinas de repre- sentación con el objetivo de comercializar sus productos. No obs- tante, el 95% de los casos de IED china en Argentina se concretan mediante uniones con empresas argentinas (joint ventures), ya sea con plantas adquiridas o alquiladas.” Es cierto que el número de empresas chinas presentes en Argentina va a la par del volumen acumulado de inversiones directas: en uno y otro son reducidos.
Por otro lado, a partir de una muestra integrada por treinta y tres proyectos chinos de inversión, Simonit nos muestra las pre- ferencias sectoriales de las empresas chinas (Cuadro 8). Es evi- dente que la diversificación sectorial sigue una lógica de comple- mentariedad: las inversiones en minería, agricultura, agroindustria y energéticos requieren de infraestructura, transporte y telecomu- nicaciones para trasladar los productos resultantes a los lugares de destino. Sin embargo, dados los montos de la inversión china, re- sulta difícil pensar que la reorientación de las exportaciones ar- gentinas hacia la satisfacción de la demanda china en productos de origen agrícola ha sido el resultado de los flujos de inversiones; más bien, habría que vincular la reconversión productiva del agro a decisiones de los productores argentinos determinadas por la de- manda internacional.
Cuadro 8
Argentina: principales destinos sectoriales de la IED china
Proyectos % TOTAL 33 100,00 Manufacturas 12 36,36 Minería 5 15,15 Transporte 4 12,12 Infraestructura 4 12,12 Agricultura 2 6,06 Agroindustria 2 6,06 Telecomunicaciones 2 6,06 Energéticos 2 6,06
Fuente: Contribución de Silvia Simonit.
Perú y Chile
De acuerdo con las estadísticas presentadas por Silvia Simonit, a finales de 2009, Perú era el segundo destino de las inversiones di- rectas productivas de origen chino, con un total acumulado de 279 millones de dólares; Chile, en contraste, ocupaba tan solo el deci- moprimer lugar, con un monto acumulado de 63 millones de dó- lares. El interés diferenciado del gobierno chino hacia uno y otro país parecería estar en función de la oferta de uno y otro: es verdad que, en ambos casos, la extracción de materias primas minerales ocupa un lugar central en la estrategia china de vinculación bila- teral; sin embargo, más allá de ello, los productos de origen agro- pecuario chilenos tienden a tener mayor valor agregado, lo que los torna menos competitivos que los de origen peruano exportados a granel. El ejemplo paradigmático es el vino chileno: embotellado y vendido con las apelaciones de origen, resulta demasiado caro para los consumidores chinos; para exportar a China, los productores chilenos debieron dejar de lado sus renuencias y mezclar sus caldos en un vino genérico, vendido a granel para ser posteriormente em- botellado por comercializadores chinos, bajo marcas chinas.16
La preferencia por las materias primas con el menor conte- nido posible de valor agregado parece ser la tónica general de los 16 Fanor Larrain, “El papel de Chile en APEC”, Conferencia presentada en la Uni-
versidad EAFIT el 19 de agosto de 2011. Disponible en http://envivo.eafit.edu.co/ EnvivoEafit/?p=7810.
importadores asiáticos, en general, y de los chinos, en particular. Esa es, en buena medida, la razón por la cual gobiernos como el chileno y el peruano han optado por equilibrar el interés económico chino por las dotaciones nacionales de recursos naturales con su propio interés político para intentar sacar un mejor partido de las relaciones económicas bilaterales. La conjugación de ambos intereses ha cristalizado en la firma de sendos acuerdos de comercio preferencial bilaterales Chile-China y Perú-Chile.
El texto de Fernando González Vigil nos muestra en detalle el desarrollo de las negociaciones y los puntos más interesantes de estas. El interés político del gobierno peruano ha entrado en jue- go cuando empujó los mecanismos bilaterales hacia la solución del contrabando de manufacturas provenientes de China y obtuvo, así, resultados no alcanzados por otros gobiernos latinoamericanos en esa materia.
Queda todavía por ver hasta dónde ambos acuerdos bilate- rales serán usados por los gobiernos latinoamericanos para im- pulsar las exportaciones hacia China y reequilibrar una balanza comercial que tiende a favorecer cada vez más al país del medio. Por ahora, el gobierno chileno parecería satisfecho con expandir la oferta de sus productos; en cambio, para el gobierno peruano la tarea parecería más ardua pues, dado el juego doméstico de re- laciones políticas, un incremento de exportaciones que no reditúe un incremento del empleo y un mejoramiento en la distribución del ingreso nacional será percibido como un fracaso de la política económica internacional.
Venezuela
Las relaciones sino-venezolanas se emparentan a las de los países analizados, en la medida en que descansan sobre la exportación de materias primas de origen mineral; sin embargo, se diferencia de ellas a partir del hecho de tratarse de un país monoexportador del principal recurso energético: el petróleo. Como nos muestra la in- formación estadística presentada por Silvia Simonit, Venezuela fue el cuarto destino de las inversiones directas productivas, acumula- das a finales de 2009, con un total de 176 millones de dólares, su- perados solamente por las inversiones directas chinas destinadas a Brasil, Perú y Argentina.
Romer Cornejo y Abraham Navarro comienzan planteán- donos el quid pro quo de la relación bilateral: el gobierno chino contribuye a la diversificación de los mercados de exportación del petróleo venezolano y este otorga un trato preferencial a las inver- siones de aquel. Los autores señalan que el gobierno chino, de al- guna manera, se ha visto obligado a conjugar su interés económico (abastecimiento de materias primas para sostener la moderniza- ción económica) y su interés político (mantener una estabilidad del sistema global aprovechada para consolidar la transformación eco- nómica del país). Por esa razón: “Venezuela puede tener un carác- ter estratégico para China como proveedor de petróleo y destino medianamente importante de sus productos, pero no lo suficiente como para disputar por ello con Estados Unidos.”
Cornejo y Navarro son prolijos a la hora de analizar los pro- yectos de cooperación en el sector petrolero y nos proporcionan una información clave para entender el carácter del quid pro quo de la relación bilateral: la probable venta de petróleo por debajo de los precios internacionales del energético, destinado al con- sumo en China o a la reventa en terceros países. En todo caso, el trato preferencial otorgado al gobierno chino en la venta de petróleo sería la clave para entender la lógica de las (co)inversio- nes chinas en sectores de alta tecnología. Dicho de otra mane- ra: más allá de los acuerdos formales bilaterales, los mecanismos preferenciales informales tenderían a modular el carácter de la relación económica bilateral. Y, si bien es cierto que las inversio- nes chinas tienden a cubrir en Venezuela un espectro sectorial análogo al existente en el resto de los países sudamericanos, tam- bién lo es que, como muestran Cornejo y Navarro, el gobierno chino ha otorgado concesiones a su contraparte venezolana que permiten una transferencia de tecnología sofisticada en sectores estratégicos.
Podemos por lo tanto afirmar que el predominio inicial del interés económico del gobierno chino en una relación bilateral ba- sada en la complementariedad se desvaneció en aras de un interés político compartido por ambos gobiernos. Ese interés común los llevó a concesiones económicas mutuas, abonando nuestro esque- ma interpretativo basado en los fines y medios de la política eco- nómica china.
Para concluir, consideramos que todavía es muy temprano para afirmar que China es un actor financiero capaz de competir con los países desarrollados. Habrá que esperar la recuperación de los países europeos, para ver hasta qué punto estos han retrocedido y China avanzado en la estructura global de las inversiones directas destina- das a todo el orbe.
Por otra parte, dada la exigüidad de las inversiones directas productivas (es decir, sin tener en cuenta las canalizadas a los pa- raísos fiscales) de origen chino destinadas a los países en desarro- llo, en general, y a los países latinoamericanos, en particular, resulta difícil compartir la visión optimista que deduce un cambo subs- tancial en la naturaleza de los vínculos económicos Sur-Sur y, por ende, una modificación radical del sistema global.
Además, no debemos olvidar que, siendo una economía de mercado socialista, el gobierno chino y, en última instancia, el PCCh regulan los mecanismos de operación del mercado domés- tico. En los mercados internacionales, las ETNs estatales respal- dadas por los recursos estatales pueden, cuando el interés general chino así lo exige, dejar de lado las condiciones de operación de los mercados internacionales para conseguir los fines, económicos o políticos, perseguidos. La relación bilateral con Venezuela así lo demuestra y los acuerdos comerciales preferenciales negociados por chilenos y peruanos apuntan en esa dirección.
Más allá de esa capacidad para sustraerse a los mecanismos del mercado, no debemos olvidar que las decisiones de las ETNs esta- tales, del gobierno, del Estado y del PC chinos son guiadas por… las condiciones de operación de los mercados. En otras palabras, el boom de la demanda china por productos agropecuarios y mate- rias primas minerales así como los incrementos marginales en las inversiones directas canalizadas hacia el subcontinente pueden ser revertidos si las condiciones del mercado cambian. En este mar- co, los gobiernos y los analistas latinoamericanos necesitan dejar de pensar en las inversiones y en el comercio chinos como el maná que permitirá a los gobiernos latinoamericanos terminar la travesía del desierto, iniciada a principios de los ochenta.
Las tareas económicas de América Latina necesitan ser re- sueltas (así debe ser) por los mismos latinoamericanos; si desean aprender de la experiencia china, deberán asimilar la lección para
pensar la realidad económica nacional en función de las condicio- nes globales. Pero, sobre todo, deberán volver a las prescripciones de la escuela de la Cepal, para emprender la industrialización de las economías nacionales con seriedad y con programas de largo plazo acordes a las condiciones prevalecientes en la economía interna- cional. Es cierto que la tarea es más difícil que en el pasado, pero no imposible. Los gobiernos del sudeste de Asia están ahí para de- mostrar que, pese a todas las ventajas del país del medio, es posible competir con China a condición de definir de manera correcta los objetivos y los medios económicos nacionales.
Finalmente, a pesar de las dificultades financieras de la Unión Europea y de los problemas económicos en el Área de Libre Co- mercio de América del Norte, los países asiáticos siguen embarca- dos en la integración formal e informal de Asia del Pacífico. Los gobiernos latinoamericanos, en contraste, siguen siendo incapaces de alcanzar acuerdos subcontinentales, regionales o subregionales, sin parar mientes en que los retos económicos del presente han re- basado las economías nacionales y exigen el establecimiento de es- pacios regionales acordes con la potencia productiva del capital. En ese sentido, la pregunta que flota en el aire es ¿serán los latinoame- ricanos capaces de aprender y poner en práctica la lección política de Deng Xiaoping para actuar como uno solo y mirar al futuro?