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Introducción a La Teología.

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ESCUELA DE EVANGELIZACIÓN “MAZETÉS”.

INTRODUCCIÓN A LA TEOLOGÍA.

TEMARIO:

I. NATURALEZA DE LA TEOLOGÍA

1.1) Definición Y Objeto de la Teología 1.2) Fe Y Teología

1.3) La Teología como ciencia

1.4) Método propio de la teología: las fuentes teológicas 1.5) Teología positiva y Teología especulativa

1.6) Unidad de la teología y pluralidad de disciplinas teológicas

1.7) La Teología y la misión de la Iglesia: inculturación de la fe y evangelización

II. LA REVELACIÓN

2.1) Concepto teológico de Revelación

2.2) Hechos y palabras en el constituirse de la Revelación 2.3) Cristo, culmen y centro de la Revelación

2.4) Signos de credibilidad de la Revelación

2.5) Transmisión de la Revelación a través de la Iglesia

III. LA FE

3.1) Naturaleza de la fe teologal y propiedades 3.2) Inteligencia y voluntad en el acto de fe

3.3) Génesis de la fe: conocimiento credibilidad de la Revelación-juicio de credibilidad-Credibilidad y vida de fe

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IV. LA INSPIRACIÓN BÍBLICA

4.1) Canon de los libros sagrados

4.2) Naturaleza de la inspiración bíblica

4.3) Veracidad y santidad de la Sagrada Escritura

4.4) La interpretación bíblica: criterios racionales y teológicos 4.5) Teología y exégesis bíblicalesia

V. EL PENTATEUCO

5.1) Descripción general del contenido

5.2) Origen mosaico e hipótesis críticas sobre tradiciones y fuentes en la composición del Pentateuco 5.3) Enseñanza teológica del Gen 1-11

5.4) Los relatos patriarcales 5.5) La Alianza

VI. LIBROS PROFÉTICOS DEL A. T.

6.1) Vocación y misión de los profetas

6.2) Importancia de los profetas y de su mensaje para el desarrollo de la revelación del AT.

6.3) Características de los libros proféticos: preexilicos, exilicos, pos-exilicos

VII. LIBROS SAPIENCIALES DEL ANTIGUO TESTAMENTO

7.1) La Sabiduría en Israel

7.2) Visión general de los libros sapienciales

7.3) Contenido y enseñanzas sobre Dios, sobre el hombre y sobre la vida moral 7.4) Los Salmos: origen del Salterio y diversos géneros de Salmos

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VIII. LOS EVANGELIOS SINÓPTICOS Y LOS HECHOS DE LOS

APÓSTOLES.

8.1) Origen apostólico y formación de los Evangelios.

8.2) Peculiaridades literarias y teológicas de cada uno de los Sinópticos. 8.3) El libro de los Hechos.

8.4) Redacción y doctrina.

IX. El "CORPUS IOHANNEO"

9.1) El Evangelio de S. Juan: Características literarias y contenido doctrinal. Las epístolas. El Apocalipsis.

X. EL CORPUS PAULINO

10.1) Cronología y agrupación

10.2) Pecado y Justificación en Romanos y Gálatas 10.3) Temas de I y II Coríntios

10.4) "La Iglesia" en las Epístolas de la Cautividad 10.5) Los Ministerios en las Cartas Pastorales 10.6) Epístola a los Hebreos

XI. LA CUESTIÓN SOBRE DIOS

11.1) Sentido de la pregunta humana acerca de Dios

11.2) La Respuesta dada desde la Experiencia Religiosa y desde la Filosofía 11.3) La negación de Dios; características del ateísmo contemporáneo

11.4) La definición dogmática de C.V. I sobre el conocimiento natural de Dios: su importancia, alcance y sentido

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XII. ELEMENTOS CENTRALES DE LA REVELACIÓN BÍBLICA

SOBRE DIOS

12.1) Antiguo Testamento: la presencia salvífica del Dios de Israel 12.2) El Nombre de Dios

12.3) Las Manifestaciones del Amor Paterno de Dios, Núcleo Central de la Revelación Neotestamentaria del Misterio de Dios

12.4) La Revelación del Padre en Jesucristo: Jesucristo, Hijo de Dios, Verbo Eterno, hecho Hombre

12.5) El Espíritu Santo en los Textos del Nuevo Testamento

XIII. NATURALEZA DEL CONOCIMIENTO TEOLÓGICO DE DIOS

13.1) Sentido y Valor del Conocimiento Analógico de Dios: "Analogía Entis", "Analogía Fidei"

13.2) Dios y la cuestión del ser: Principales Aspectos Teológicos

13.3) "Dios es Amor": Significado y Alcance Teológico de esta Verdad Revelada.

XIV. PRINCIPALES HITOS HISTÓRICO-TEOLÓGICOS DEL

DESARROLLO DEL DOGMA TRINITARIO.

14.1) Hasta la proclamación del símbolo Niceno-constantinopolitano del 381

14.2) Elementos de la Teología Trinitaria Agustiniana: la Noción de Relación, la Doctrina Psicológica

14.3) Rasgos Centrales de la Elaboración Sistemática Trinitaria de Santo Tomás de Aquino

14.4) La Cuestión del "filioque" en el pasado y en la actualidad

XV. LA TEOLOGÍA TRINITARIA CONTEMPORÁNEA

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15.2) Doctrina trinitaria de Juan Pablo II

15.3) La cuestión teológica de la relación entre Trinidad "inmanente" y Trinidad "económica"

13.4) Reflexión trinitaria y teología de la cruz 13.5) Misterio trinitario y espiritualidad cristiana

XVI LA CREACIÓN

16.1) El misterio de la creación del mundo en el conjunto de la fe de la Iglesia 16.2) La creación en la S.E. y en el Magisterio

16.3) Noción teológica de creación

16.4) Las creaturas: ángeles, hombres, seres materiales. 16.5) La bondad del mundo creado

XVII. LA PROVIDENCIA Y EL GOBIERNO DEL MUNDO

17.1) La doctrina teológica sobre la providencia 17.2) El problema del mal

17.3) Providencia divina, acción y libertad humana 17.4) Teología de la creación, trabajo y ecología

17.5) La autonomía de las realidades terrenas: su fundamento y sentido

XVIII. EL HOMBRE

18.1) El ser humano como criatura de Dios 18.2) Los relatos del Génesis

18.3) Creación de la mujer 18.4) El hombre, imagen de Dios 18.5) Características de la persona

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18.6) El alma humana. Su origen en relación al cuerpo

IX. JUSTICIA Y PECADO ORIGINAL.

19.1) Elevación del hombre al estado sobrenatural. 19.2) Tentación y caída.

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XX.  LA ENCARNACIÓN DEL HIJO DE DIOS

20.1) El misterio de Cristo según la S.E. 20.2) Los Títulos Cristológicos. 20.3) Enseñanza de los grandes Concilios Cristológicos. 20.4) Unión Hipostática. 20.5) Conmunicatio Idiomatum. 20.6) Cuestiones en torno al concepto moderno de Persona. Su influencia en Cristología. 20.7) Instrucción Mysterium Filii Dei.

XXI. LA HUMANIDAD DE CRISTO

21.1) Testimonio bíblico sobre la perfección humana de Jesús. 21.2) Conciencia mesiánica de Cristo.

21.3) La explicación teológica sobre la perfección de la humanidad del verbo encarnado: Santidad y Gracia; ciencia; voluntad y libertad impecables.

21.4) Coexistencia en Cristo de la plenitud de la gracia y de la condición de viador.

XXII. CRISTO REDENTOR

22.1) La triple función redentora de Cristo: Profeta, Sacerdote, Rey.

22.2) Valor salvífico de todos los misterios de la vida, muerte y glorificación de Jesús.

22.3) El misterio pascual: muerte, resurrección y ascensión de Jesucristo. 22.4) El modo de la redención: satisfacción, mérito y eficiencia.

22.5) Frutos de la Redención: liberación y reconciliación

XXIII. MARÍA, MADRE DE DIOS Y MADRE NUESTRA

23.1) Maternidad divina de María

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23.3) Virginidad perpetua 23.4) Asunción al cielo

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I. Naturaleza de la Teología

1.1 Definición Y Objeto de la Teologia

A. DEFINICIÓN.

El término de la Teología es de origen griego, y etimológicamente significa: tratado, ciencia de Dios. El término comienza a utilizarse por los cristianos a partir de Eusebio de Cesarea. A partir de entonces será entendido como la exposición metódica y estructurada de la Revelación aceptada por la fe.

Sería comprender y ahondar en las verdades reveladas a la luz de la razón iluminada por la fe. O mejor, la podríamos definir como: la ciencia en la que la razón del creyente, guiada por la fe teologal, se esfuerza en comprender mejor los misterios revelados en sí mismos y en sus consecuencias.

B. EL OBJETO

Distinguimos:

1) Objeto material - Es la realidad de la que propiamente se ocupa la Teología. El objeto es Dios y todas las realidades por El creadas y gobernadas por su designio salvador. El objeto material primario o principal es Dios y el objeto secundario es todas las cosas creadas en cuanto ordenadas a Dios.

2) Objeto formal - Uno es el objeto formal "quod": lo que es propio de Dios. "Deus sub ratione Deitatis" y el otro es el objeto formal "quo": luz intelectual bajo la que el objeto es considerado. En este caso, la razón iluminada o guiada por la fe.

1.2 Fe Y Teología

Decimos que a las verdades de la Revelación podemos acercarnos a través de la fe, en cuanto los contenidos de la Revelación son creibles (ut credibilia), y por medio de la Teología en cuanto esas verdades reveladas son inteligibles (ut intelligibilia), es decir, como susceptible de una comprensión cada vez mayor.

La fe es asentir a una verdad en cuanto digna de ser creída. Lo propio de la Teología es analizarla. El motivo formal de la fe es la autoridad de Dios que revela; la de la Teología, es la percepción por la razón de la inteligibilidad de lo creido. La fe es siempre presupuesto absoluto de la Teología, no sólo porque es su materia prima, dado que la Teología se hace partir de la fe, sino porque la buena Teología se debe hacer desde dentro de la fe, y es así algo más que una simple reflexión racional sobre los datos de la revelación.

Por eso afirma S. Agustín:"intelligere ut credas, credere ut intelligas" (has de entender para creer y has de creer para entender).

S. Anselmo de Canterbury entiende la Teología como "fides quarens intellectum"; la fe que busca entender, no por curiosidad sino por amor y veneración al misterio. El creyente no discute la fe, pero manteniéndola firme para buscar razones por las que la fe es así.

Por tanto la Teología es desarrollo de la dimensión intelectual del acto de fe. Es una fe reflexiva, fe que piensa, comprende, pregunta y busca. Trata de elevar, dentro de lo posible el credere al nivel de intelligere. El Teólogo se apoya en la solidez del conocimiento de Dios por la fe, pero apoyándose también en la razón humana y en sus adquisiciones ciertas. Entonces, con todo esto, el Teólogo intenta

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ordenar e interpretar los datos de la creencia católica de modo que se vean sus encadenamientos tal como Dios los ha dispuesto.

1.3 Teología Como Ciencia.

Para mostrar el carácter científico de ciencia, antes hay que decidir el concepto de ciencia. Si entendemos por ciencia solamente aquella disciplina caracterizada por una aproximación a la verdad (con un método y un poder sobre lo real) ligado a una gestión cuya exactitud es dirigida y verificada por una experimentación, ciertamente la Teología no es una ciencia, puesto que lo científico sería sólo lo rigurosamente verificable.

Pero si entendemos como ciencia aquella disciplina que pueda probar un objeto, un método propio y pueda desembocar en condiciones que se puedan comunicar a otros; en este sentido se podría hablar de ciencia canónica, ciencia bíblica, y ciencia teológica (en razón del rigor).

Santo Tomás responde manteniendo el carácter científico de la Teología basándose en dos argumentos.

1. Normalmente la ciencia tiene evidencia de sus principios, pero las ciencias cuyos principios vienen de otra ciencia superior que consigue demostrar la evidencia de aquellos principios. Hay ciencias que se basan de unos principios dados por otras ciencias superiores, de modo que no parten de la evidencia de sus principios sino que parten de unos principios que son evidentes en otras ciencias superiores. Estas ciencias sa llaman ciencias subalternas.

La Teología es una de estas ciencias subalternas que se basan en unos principios, cuya evidencia no la demuestra la Teología: son las verdades de fe. Sin embargo, hay una ciencia, superior a la Teología, para la cual los principios sí son evidentes: es la ciencia de Dios. En efecto, la visión directa de los misterios, existe en Dios y en los bienaventurados, con quienes la fe nos pone en comunión.

Por tanto concluimos que la Teología es una ciencia , una ciencia subalterna de la ciencia de Dios. 2. También cobra razón de ciencia cuando logra construir racionalmente lo revelado de tal manera

que determinadas verdades se presentan religadas a otra como a sus raíces reales, se presentan religadas a una situación de consecuencia por referencia a un principio. Es decir, la Teología es una ciencia porque hay verdades-conclusiones que parten racionalmente de verdades-principios, de modo que resulte que ambas (conclusiones y principios) sean igualmente reveladas. Es decir, es ciencia porque se logra obtener unas conclusiones de unos principios revelados de tal forma que las conclusiones también se consideren reveladas.

Se logran adquirir conclusiones más allá de lo revelado formal por una elaboración teológica. Si esto no fuera así, no podríamos salir de Kerigma, y nos perderíamos gran cantidad de verdades secundarias que parten de un desarrollo racional de la revelación y que, por tanto, también son verdades. (cfr. Congar, Fe y Teología)

1.4 Método Propio de la Teología: las Fuentes Teologicas

El método que la Teología utiliza se suele desarrollar en tres etapas: (1) expresión de la doctrina de la Iglesia sobre una determinada verdad de fe, (2) demostración o esfuerzo de comprensión de la doctrina a partir de la Sag. Escritura y Tradición y por último (3) reflexión especulativa. De esta forma la Teología va desarrollando su discurso científico.

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Este modo de proceder permite apreciar los componentes o fases esenciales de su método, que busca la comprensión científica de la revelación a través de dos caminos:

(1) Fijación del contenido de la Revelación lo más exactamente posible: auditus fidei .

(2) comprensión y síntesis de ese contenido: Intelectus fidei . Ambos son aspectos complementarios e indespensables de la Teología.

El primer momento, que es el momento positivo de la Teología, trata (entre otras cosas) del estudio de las fuentes de la Teología.

Las fuentes de la Teología son, la Sagrada Escritura, la Tradición de la Iglesia y el Magisterio auténtico. De algún modo puede considerarse también la Historia.

1. La Sagrada Escritura es la Palabra de Dios, en cuanto escrita por inspiración del Espíritu Santo (DV 9)., por eso la Escritura debe ser el alma de la Teología (DV 24). Es la base de las afirmaciones teológicas, por eso la exégesis hace posible una profundización y un rejuvenecimiento de la Teología.

Sin embargo, la S.E. debe estar unida a la Tradición para entregar el recto sentido de los textos. 2. La Tradición refleja la vida intelectual, orante y litúrgica de la Iglesia. Es anterior a la Escritura

misma y mantiene con ella una profunda relación. Es la palabra de Dios no escrita, está formada por un conjunto de testimonios a veces eclesiales que dan razón de la fe de la Iglesia.

La Tradición y la Escritura están estrechamente unidas, manan de la misma fuente. La Iglesia no saca exclusivamente de la Escritura la certeza de lo revelado, porque la Tradición recibe la Palabra de Dios (encomendada por Cristo y el Espíritu Santo a los apóstoles) para que ellos ( iluminados por el Espíritu) la conserven, expongan y difundan (DV 9).

Los lugares donde podemos encontrarla son los escritos de los santos padres, Actas de mártires, autores místicos, enseñanzas de las conferencias episcopales, la legislación canónica, sensus fidelium, etc.

3. Magisterio. Le ha sido encomendado el oficio de interpretar auténticamente la Palbra de Dios, oral o escrita, y lo ejerce en nombre de Jesucristo (DV 10).

En virtud del mandato recibido de Cristo y por un don especial del E.S. (carisma de asistencia), el Magisterio tiene la misión de conservar el depósito de la fe en toda su integridad. Lo protege de error y juzga con autoridad las interpretaciones de la revelación que ofrece la Teología y él mismo ofrece consideraciones y desarrollos en torno a la fe.

La Teología analiza el extenso cuerpo documental de la doctrina emanada por el Magisterio a lo largo de los siglos y escucha el Magisterio vivo que se pronuncia sobre las cuestiones del momento. Así, pues, la Tradición, S.E., y Mag. están tan unidas que ninguno puede subsistir sin los otros (DV 10).

Por último, aunque el recurso a la Historia no es propiamente una fuente, sí es cierto que puede ayudar mucho en cuanto que puede colaborar a entender mejor cómo esas verdades se interpretan y viven dentro de la Iglesia con el transcurso del tiempo.

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1.5 Teologia Positiva Y Teologia Especulativa

La Teología positiva, como hemos visto, es la ciencia del contenido integral de la Revelación, que intenta determinar y trazar toda la historia documental del objeto creído en su revelación, su transmisión y su proposición. Desea conocer el cuerpo o la forma externa del dato revelado, con el estilo metódico y exhaustivo que es propio de las ciencias positivas. Lo hace para llegar a una inteligencia más honda de la Palabra de Dios.

Trata de responder a la siguiente pregunta, ¿cuál es exactamente la verdad revelada por Dios?. Procura determinar y establecer lo que Dios ha revelado y cómo lo ha revelado; si lo ha hecho directa o inderectamente, de modo explícito o implícito, con expresiones oscuras o claras, etc. Y porque las doctrinas reveladas no se encuentran siempre con la misma nitidez, suele ser necesario un trabajo de interpretación, para el cual el Mag. representa una guía imprescindible.

Es verdadera Teología y se sirve de métodos filosóficos y históricos (el teólogo).

Teología especulativa: Profundiza en las verdades reveladas, muestra su inteligibilidad, la conexión y

armonía que reina entre ellas, sirviéndose de la ayuda de las ciencias humanas.

- Lleva a una comprensión más honda del dato revelado, pero no debe ser confundida con una simple especulación; no es la aplicación de una filosofía técnica a la comprensión de la doctrina revelada. Sino, que toda la Teología especulativa cae bajo el control y la luz del misterio de salvación. No es una superestructura de la Teología positiva, a modo añadido extrínseco o fácilmente separable, sino que el pensamiento especulativo se encuentra englobado en la Teología positiva. El dato de fe no es únicamente el punto de partida; es el principio vital que la anima a lo largo de todo su recorrido de reflexión creyente.

La posibilidad de la Teología especulativa se basa en una epistemología realista: la mente humana es capaz de captar como auténticas realidades la existencia de misterios revelados.

Para esto, cobra gran importancia el tema de la analogía. La analogía entis: nos permite hablar de Dios de modo que nuestro lenguaje tenga sentido. Algo podemos decir de Dios aunque no se le puede aplicar univocamente. La analogía fidei responde a dos realidades. (1) Hace que toda la afirmación teológica concuerde con la fe objetiva y puede ser entendida a partir de ella (nos permite interpretar el A.T. en relación con el N.T.) y (2) nos dice las relaciones y conexiones entre los diferentes misterios.

Por último, la filosofía sirve a la Teología de modo que el Teólogo puede emplearla según las exigencias y naturaleza de los misterios de la fe. La Teología no está ligada a ninguna filosofía, puede tomar todo lo verdadero que se encuentre en cada una. Sin embargo, no toda la filosofía es apta para expresar la revelación divina.

- Apoyada la Teología especulativa en lo que hemos dicho acomete dos grandes tareas: comprender y organizar el dato revelado.

1. Comprensión lo mejor posible el dato revelado. No quiere decir que los misterios puedan ser demostrados o asimilados como si fueran datos totalmente evidentes. Sino que es la búsqueda del sentido preciso que se encierra en la fe y relacionar los misterios entre sí. Es decir, el trabajo especulativo trata de: definir conceptos, deducir conclusiones, dar argumentos de conveniencia, responder a las objeciones, mostrar la conexión entre los misterios, etc.

2. Trabajo sistemático: la Teología se procura exponer con rigor los preámbulos de la fe (mostrar que la fe, aunque no sea evidente, no es absurda de modo que el hombre puede aceptar). Presentar una síntesis de los misterios de la fe (de modo que se muestre lo mejor posible la

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unidad y coherencia de la doctrina revalada). Y relacionar sus datos y conclusiones con el mundo de la ciencia y la cultura.

1.6 Unidad de la Teologia Y Pluralidad de las Disciplinas Teológicas

La unidad de la Teología dentro de la pluralidad de sus disciplinas, viene garantizada por el hecho de que todas tienen el mismo objeto formal que es Dios que se revela por medio de Jesucristo. La división de las diferentes disciplinas teológicas va apareciendo progresivamente. Se pueden dividir en tres grupos:

A. Disciplinas histórico-bíblicas:

1. Historia - estudia la influencia de la Revelación en el mundo después de Cristo.

2. Ciencia bíblicas - investigan la producción de la Revelación divina, su historia y su contenido en la Sagrada Escritura. Son (a) Introducción a la Sagrada Escritura, (b) Exégesis del A.T. y N.T., (c) la Teología Bíblica.

B. Teología Sistemática:

1. La Teología Dogmática - expone sistemáticamente las realidades que se nos han manifestado en la Palabra de Dios. Trata las verdades fundamentales de la fe.

2. La Teología Moral - interpreta científicamente las normas prácticas contenidas en la Revelación. 3. La Teología Espiritual - estudia la vida cristiana como realidad dinámica. Se preocupa de los actos por los que el hombre entra en relación con Dios. También de los medios que hacen posible o facilitan dicha relación.

C. Teología Práctica:

1. Liturgia - describe el modo en que la obra de Cristo es actualizada en la Iglesia.

2. Derecho Canónico - expone el orden dado por Cristo a la Iglesia en cuanto pueblo de Dios y desarrollado por ella misma.

3. Teología Pastoral - explica el arte de formar a los hombres conforme a su carácter de hijos de Dios y de llevarlos hasta la última plenitud celestial.

Previa a estos tres grupos está la Teología Fundamental (disciplina que muestra la factibilidad de la Revelación, demostrando con ello la racionalidad de la Fe).

Estos tres grupos arriba señalados, se necesitan unos a otros, se relacionan reciprocamente de modo que ninguno de ellos puede subsistir sin los demás.

1.7 TEOLOGIA Y MISIÓN DE LA IGLESIA: CULTURA Y EVANGELIZACIÓN

La piedad y la formación están muy unidas entre sí y con el ejercicio del apostolado. "No es ciencia en absoluto, si no tiene ningún valor para la piedad (...) y carece de valor toda piedad falta de la capacidad de discernimiento de la ciencia" (San Gregorio Magno).

"Piadosos, pues, como niños: pero no ignorantes, porque cada uno ha de esforzarse, en la medida de sus posibilidades, en el estudio serio, científico de la fe; y todo esto es la Teología" (Es Cristo que pasa, n.10).

Este estudio, profundización en la ciencia teológica, tiene también un gran valor evangelizador, como recordó en el último Concilio en el Decreto sobre el Ecumenismo, pues al profundizar en lo revelado se pone más de manifiesto el atractivo y el valor de la verdad sobre Dios, el hombre y el mundo, que sólo la Iglesia Católica posee completamente y sin mezcla de error.

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II. La Revelación

2.1 Concepto Teológico De Revelación.

Revelación (R), viene del latín re-velare y significa descubrir algo. Cabe distinguir entre R. activa (palabra proferida por Dios) y pasiva (contenido). Según el medio, puede ser inmediata o mediata; según el receptor, pública o particular; la R. puede ser también natural o sobrenatural.

En el AT, se entiende por R., la palabra (dabar) de Dios dirigida a Israel a través de la historia; está cargada de dinamicidad y pide obediencia, llevando al hombre a la acción. El punto central de la R. es la Alianza, la cual se convierte en la Palabra de Dios por excelencia, plasmada en la Ley y meditada como Sabiduría.

La R. es la manifestación libre de Dios al hombre y a la historia; manifestación gratuita y nueva que llava al hombre y lo invita a la fe, "fundamento y fuente de toda justificación" (Trento).

Podemos adentrar en el significado de la R. entendiéndola como palabra, encuentro y presencia nueva y especial de Dios en el mundo:

a) En cuanto palabra, la R. es acción por la que una persona se dirige a otra de cara a una comunicación. Por esto, posee tres aspectos: tiene contenido, es interpelación (provoca respuesta) y es auto-comunicación (descubre la actitud interna del emisor). Esta es la categoría principal que refleja la Biblia, para explicar la palabra de Dios.

En este sentido muestra tres dimensiones: dinámica (crea y actúa obrando signos-milagros en el cosmos y en la historia personal y colectiva); noética (revela y enseña, desde la Ley y Sabiduría hasta las Bienaventuranzas y Padre Nuestro); y personal.

Por ello se definió la R. en el CVI, como "locutio Dei ad homines"; y en el CVII, se empieza a hablar de ella diciendo: "Dei Verbum...".

b) Siendo encuentro, exige un yo y un tú; esto es, la propia libertad y, por ello, mutua reciprocidad (compromiso de respuesta-diálogo). Esta relación interpersonal supone intimidad, pues afecta al er mismo, llegando a un nosotros experimentado en la amistad y en el amor.

El encuentro es, finalmente, una relación de Alianza basada en la elección (Ps 2,7; Is 43,1), el contrato y la promesa. "Dios...habla a los hombres como a amigos suyos, movido por su gran amor..., y habita con ellos invitándolos a comunicarse y a estarse con El" (DV 2).

c) Una comunicación viva, que interpele, requiere una presencia. La presencia personal de Dios esbozada en el Tabernáculo y prometida en el Emmanuel, es la "Presencia Encarnada..., plena y totalmente humana" (de Lubac), manifestada en Cristo, quien manifiesta plenamente el hombre al propio hombre (GS 22).

Cristo, "Camino, Verdad y Vida" (Jn 14.6), es centro y culmen de la R.: Palabra verdadera, Encuentro Dios-hombre, Camino que muestra y lleva al Padre.

2.2 Hechos Y Palabras En El Constituirse De La Revelación.

a) Se puede establecer históricamente el hecho de la R., de la intervención de Dios en la historia, del hecho de una palabra inteligible para todo el hombre, pues Dios quiere que todos los hombres se salven (1Tim 2,4).

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Por ello, Dios se hace cognoscible a todo hombre (R. natural) por la creación (Rom 1, 19-20 y CVI), irrumpiendo en su vida y llamándolo a su seguimiento salvífico.

Se precisa en este tema un presupuesto base: la concepción de la historia. La R. cristiana, no se entiende sino dentro de una historia comprendida como Historia de la Salvación. En efecto, la historia es teleológica (partiendo de un origen: creación, tiende a un fin o consumación; es un proceso del que Dios es dueño y en el cual entra) y cristocéntrica, pues "el Redentor del hombre, Jesucristo, es el centro del cosmos y de la historia" (JPII, Redemptor Hominis 1).

Para salvar a los hombres, movido por su amor, Dios decidió manifestarse personalmente a nuestros primeros padres y, después de la caída, a los patriarcas y profetas, adoctrinándolos en orden a la venida del Salvador (DV 3). En Cristo coinciden plenamente R. y Salvación.

La historia es el lugar de la R., pero no por ello se identifican, pues la R. se da en un proceso discontinuo y progresivo, "...con hechos y palabras intrínsecamente conectados entre sí...; las obras que Dios realiza en la historia de la Salvación manifiestan y confirman la doctrina y los hechos significados por las palabras; las palabras, a su vez, proclaman las obras y esclarecen el misterio contenido en ellas" (DV 2).

b) Decimos que la R. es un “misterium fidei”, porque es una acción de Dios, sobrenatural y misteriosa,que no se acaba de entender del todo.

En efecto, mediante hechos y palabras, Dios revela no sólo verdades naturalmente cognoscibles (CVI), sino también misterios, verdades que el hombre es incapaz de conocer por sí mismo sin poseer el espíritu de Dios que enseña lo que El mismo ha manifestado (1Cor 2,12), y que incluso después de la R. quedan ocultas (CVI). Por ello, hay que mostrar la "obediencia de la fe" (Rom 16), violentando la inteligencia (pues no hay evidencia), pero no en contradicción con ella, pues así lo dispuso Dios para que "todo el mundo, escuchando el mensaje de la salvación, crea; creyendo, espere, y esperando, ame" (DV 1).

2.3 Cristo, Culmen Y Centro De La Revelación

" Con su entera presencia y manifestación personal, con palabras y obras, señales y milagros, sobre todo con su resurrección gloriosa de entre los muertos, y finalmente con el envío del Espíritu de verdad, Jesucristo completa la R. y confirma con el testimonio divino que Dios vive con nosotros para liberarnos de las tinieblas del pecado y de la muerte y resucitarnos a la vida eterna" (DV 4).

En el Cristianismo, el cauce fundamental de R. no es una doctrina, una escritura, un código de leyes o un culto litúrgico, sino una persona concreta, Jesús de Nazareth, Hijo de Dios. Y el contenido más importante es la creación de una nueva comunión de vida con Dios, una comunión que produce santidad y triunfo sobre la muerte.

Jesucristo es la Segunda Persona de la Trinidad y es además un acontecimiento histórico. "Llegada la plenitud de los tiempos, envió Dios a su hijo, nacido de mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley, y para que recibiéramos la filiación adoptiva" (Gál 4,4).

La Revelación de Dios en Jesucristo tiene carácter único y definitivo. En Jesús, Dios ha dicho todo lo que quería decir a los hombres, y no tiene más cosas que añadir. Este hecho incomparable ha movido a muchos a hablar del carácter absoluto del Cristianismo, no como invención última de la

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inteligencia y de los recurso religiosos humanos, sino como máxima expresión de la verdad y de la misericordia y amor divinos.

La convicción sobre el carácter insuperable de la revelación de Dios en Jesús se recoge con gran frecuencia en el NT. El Padre "se lo ha entregado todo a Jesús" (Heb 1,2). Jesús es "la imagen de Dios invisible" (Col 1,15). En Él, quiso Dios "habitar con toda su plenitud" (Col 1,19). Él es la Palabra encarnada, que estaba con Dios desde el principio, es decir, desde toda la eternidad (cfr. 1, 1-18).

Estas afirmaciones significan además que Jesucristo es el Mediador insustituible entre Dios y los hombres: "Hay un solo Dios y un único mediador entre Dios y los hombres: un hombre, que es Jesucristo" (1Tim 2,5). Por su condición a la vez divina y humana, Jesús es el único ser capaz de reconciliar a los hombres y al mundo con Dios.

En él, se manifiesta plenamente el amor del Padre, y Jesús anticipa en su Resurrección gloriosa la salvación y el destino eternos de los elegidos. "él es a un tiempo mediador y plenitud de toda la R." (DV 2). Sabemos que la palabra no puede separarse de la persona que habla. Es diálogo e implica una manera de estar presente la persona misma. Como la palabra de Cristo es una palabra de testimonio, nos pone en presencia del mismo Cristo en cuanto testigo, y constituye por tanto de modo intrínseco una invitación a la fe.

2.4 Signos de Credibilidad De La Revelación

Credibilidad es una propiedad de la Revelación por la que a través de signos ciertos, aparece acreditada como una realidad digna de ser creída.

Cabe hablar de signos (relación al conocimiento), o motivos (a la voluntad) o criterios (al juicio), de credibilidad.

"Cristo -dice el Decreto <Ad Gentes>-, recorrió las ciudades y aldeas curando todos los males y enfermedades, como prueba de la llegada del Reino de Dios" (n 12; cfr. Lumen Gentium, 5). Como el acto de fe es razonable y libre, no es admisible ni el fideismo ni el racionalismo. Los signos de credibilidad, en cuanto remiten a la R., sólo son comprensibles por aquellos que pueden conocer su significado; lo cual radica en la exposición del hombre que, por naturaleza, está abierto al trascendente y espera de algún modo la salvación. "Los signos, pues, no se dirigen sólo a la faz sensible, sino a la luz interior del corazón (Lc 11,34)" (Pié i Ninot).

Dios se suele manifestar al hombre mediante signos que acrediten su veracidad y alianza (zarza ardiendo, circuncisión, etc.), uniendo a una señal un significado. A veces, es el mismo hombre quien pide signos a Dios (a Cristo).

Las condiciones de un signo deben ser:

a) que sea cierto en sí (su certeza no debe apoyarse en la fe); b) que sea por una especial intervención de Dios;

c) que sea cierta su significación para confirmar la R.

Vamos a ver los siguientes signos de credibilidad: milagro, profecía, Jesucristo, Iglesia.

Milagro

Son "hechos divinos...que, mostrando luminosamente la omnipotencia y ciencia infinita de Dios, son signos certísimos y acomodados a la inteligencia de todos, de la R. divina" (CVI). Son fenómenos "praeter ordinem naturae" (Sto.Tomás). Posee una triple función:

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1.- dispositica: significa el acercamiento amoroso de Dios, disponiendo el alma a la audición de la Buena Nueva;

2.- confirmativa: acredita al testigo y autoriza su palabra; es signo de aprobación divina;

3.- simbólica: es la dimensión carnal del mensaje espiritual; milagro y R. son como las dos caras (visible e invisible) del misterio.

Profecía

Misma definición que milagro en CVI. Es signo del cumplimiento de las Escrituras Sagradas.

Cristo

Es el motivo de credibilidad por excelencia, siendo, a la vez, signo confirmativo y simbólico.En la apologética, se muestra primero la historicidad de los Evangelios. Sobre Jesucristo hay tanto fuentes bíblicas, como extrabíblicas (Tácito, Flavio Josefo, apócrifos, etc.).

Los criteros de historicidad, son: testimonios de fuentes distintas sobre lo mismo, contexto geográfico acorde, conformidad del núcleo del Evangelio con el mensaje de salvación.

En la persona de Cristo destacan: su autoridad, santidad, sublimidad de su doctrina, el cumplimiento de las profecías, y los milagros.

El hecho más importante es la Resurrección, pues "si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra predicación, vana es nuestra fe" (1 Cor 15,14).

Iglesia

Junto con Cristo y por su unión con Él es calificada como el "signo total: Cristo en la Iglesia. Características: propagación, santidad, fecundidad, estabilidad, notas.

La única explicación a estos hechos, es el origen y misión divinos de la Iglesia, quien, por voluntad de Dios, es la única vía de salvación para los hombres.

2.4 Transmisión de la Revelación A Través De La Iglesia.

La plenitud de la R. en Jesucristo, se nos hace presente en la Iglesia y a través de ella. Jesucristo es el misterio central que la Iglesia anuncia. La presencia de Jesús en la Iglesia, lo llena todo.

El CVII, enseña que "la Iglesia es en Cristo como un sacramento o señal e instrumento de la íntima unión con y de la unidad de todo el género humano" (DV 10). Y son, por tanto, funciones de la Iglesia:

a) guardar el depósito de fe: El Espíritu Santo asiste permanentemente a la Iglesia, no para revelarse -la revelación pública, está completa después de la muerte del último apóstol-, sino para que conserve intacta la fe apostólica hasta el fin de los tiempos.

b) Definir con autoridad y sin error, su sentido correcto: "fideliter custodire et infallibiliter declarare" (CVI). Para ello, la Iglesia ha sido dotada por Dios de un carisma o poder de discernimiento, que le perminte formular la fe revelada sin equivocarse (infalibilidad).

Relación entre Tradición, Escritura y Magisterio

Dios quiso edificar su Iglesia, para lo cual dispuso los medios capaces de conservar fielmente el Depósito de la Revelación: la SE, Tradición y Magisterio.

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La Tradición es la transmisión oral y viva de la verdad revelada que, teniendo el inicio de los Apóstoles, perdura en la Iglesia bajo la asistencia del Espíritu Santo. Los Padres atestiguan la presencia de esta Tradición a la cual debemos el conocimiento de los Libros Sagrados y de su más profunda inteligencia (DV 8).

Tradición y SE, están unidos y se comunican entre sí, de modo que la Iglesia no alcanza de la sola SE su certeza sobre todas las cosas reveladas.

El primer testimonio de la Tradición es el Magisterio de la Iglesia, luego, los Padres, la praxis litúrgica, el consensum fidei (“id credendum est quod semper, quod ubique, quod ad omnibus creditum est”), y de los teólogos.

El oficio de interpretar la Palabra de Dios, escrita o transmitida, está confiado al Magisterio de la Iglesia, el cual no es superior a la Palabra de Dios sino que sirve a ésta, enseñando sólo lo transmitido.

El Magisterio de la Iglesia está formado por el Romano Pontífice y los Obispos en cuanto legítimos sucesores de los Apóstoles.

Sagrada Escritura, Tradición y Magisterio, están así unidos de tal forma que no pueden subsistir independientemente, y todos ellos juntos contribuyen a la salvación de las almas.

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III. LA FE

3.1. Naturaleza De La Fe Teologal Y Propiedades.

La fe es simultaneamente una virtud teologal y una virtud personal. En la estructura de la fe se destacan dos aspectos: por una parte la fe es teologal; por otra, es personal. Es teologal porque tiene a Dios por objeto y viene de arriba, del Dios que se comunica a sí mismo, y toda persona creyente si tiene fe es porque en ella se ha producido como una nueva Pentecostés que le ha permitido ponerse en contacto con todo ese mundo divino predicado por Jesucristo. Y es personal porque exige la colaboración permanente de una decisión libre del hombre a quien Dios hace creyente; siendo pues una virtud, demanda la libre intervención y la puesta en práctica de la voluntad humana. Nada está más lejos de la fe que un sentimiento religioso, o una vaga aspiración religiosa de origen psicológico.

Con la palabra fe, pues, nos referimos al depósito de la Revelación o conjunto de verdades comunicadas por Dios para nuestra salvación, que la Iglesia custodia e interpreta. Es la fe en sentido objetivo. Son los dogmas o los artículos de fe, que están recogidos y profesamos en el Credo.

Más frecuentemente, sin embargo, usamos la palabra fe para designar el acto de fe, es decir el acto del hombre y de la mujer creyentes que han aceptado la Revelación de Dios y tratan de vivir según la voluntad divina. La fe es aquí la respuesta personal de la criatura humana a Dios que se revela y la llama. Es el aspecto subjetivo de la fe.

Creer es un suceso personal, es decir, algo que ocurre entre dos seres personales. Dios se autocomunica, se hace el encontradizo y llama, y el creyente responde a la llamada. Antes que creer algo, el fiel cristiano cree en Alguien, a quien de alguna manera transfiere aspectos fundamentales de su existencia, porque sabe bien que ese Alguien no puede engañarse ni engañarle. El creyente percibe en grado suficiente que el Dios vivo y personal que le llama no es simplemente para él otro sino que es como la vida de su vida y tiene que ver absolutamente con su destino último.

La fe contiene las siguientes características:

a) implica un acto de asentimiento: el creyente acepta verdades y misterios que no son evidentes para la razón. Y dado que el objeto natural de la razón es lo evidente, el creyente necesita hacer un obsequio intelectual para creer.

b) Es libre e incondicionada. Por la fe "el hombre se confía libre y totalmente a Dios" (DV.5). El acto de fe se sitúa en un horizonte de libertad y contiene rasgos intensamente personales. Es aceptar como verdadero lo que Dios ha verelado, es una respuesta de todo el hombre (dimensión existencial y personalista).

c) Es razonable. La fe no se opone a la razón, sino que la supera, como la gracia supera la naturaleza -sin destruirla ni ignorarla-. Los creyentes siempre tienen razones para creer, aunque su fe proceda en último término de una acción o impulso de la gracia, y aunque muchos de ellos no sepan decir cuáles son esas razones. Es la credibilidad de la fe.

d) Es un don sobrenatural. Don gratuito y sobrenatural, que Dios concede. El hombre puede desearlo y prepararse a recibirlo con oración, sinceridad interior y docilidad a la voz de la propia conciencia.

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e) Lleva consigo un modo de vivir, pues es el principio y la base del modo de vivir según el Evangelio. Sólo la fe introduce y posibilita la vida nueva que trae Jesucristo.

3.2. Inteligencia Y Voluntad Del Acto De Fe.

El acto de fe es un "asentimiento sobrenatural, libre y firme, dado con ayuda de la gracia, a las verdades sobrenaturales, por la autoridad de Dios que revela" (CVI).

El sujeto es el hombre con uso de razón, capaz de hacer actos plenamente libres y conscientes de fe. El sujeto próximo -potencia o facultad-, es el intelecto especulativo: cada acto de fe es un asentimiento intelectual a una verdad.

El objeto del acto de fe, puede ser todo el objeto de la virtud en conjunto -todas las verdades reveladas- o bien parte de él.

Indirecta pero necesariamente, en cada acto de fe interviene la voluntad: mueve al entendimiento al acto e impera el asentimiento (al no haber evidencia en la fe -es siempre "cogitare"-, el entendimiento no asiente por sí mismo).

Por ser la fe un acto sobrenatural, en cada acto de fe intervienen las gracias actuales correspondientes, además de la gracia santificante (salvo en el caso de una fe informe).

En consecuencia, podemos decir que el acto de la fe es virtuoso cuando lo mueve la voluntad, tendiendo a su fin, bajo el impulso de la caridad. Si no, el entendimiento se perfecciona, pero no la voluntad.

La fe lleva a un compromiso intelectual, que incluye un acto expreso de la voluntad: "Credere non potest nisi volens", dice San Agustín. La necesidad de la intervención de la voluntad, viene precisamente de que la verdad a la que se asiente no se presenta con evidencia, sino como algo que es bueno aceptar; y a lo bueno responde el querer. Una vez la voluntad reacciona ante esa bondad, como lo que se presenta es, de hecho, una verdad bajo su aspecto de bondad, es el entendimiento el que debe intervenir para recibir ese objeto: por eso la fe es verdadero conocimiento.

La voluntad interviene más propiamente, en la relación con el testigo de lo que se cree: el creyente se adhiere con su voluntad al testigo, en cuanto testigo. Y esa adhesión amorosa al testigo -en el caso de Dios-, es lo que apoya la fe y es lo que hace que sea fe.

El conocimiento de fe (natural o sobrenatural) es:

1- inteligible: es verdadero conocimiento; aporta al espíritu humano verdades, hechos o ideas. 2- no evidente: no es evidente en sí ni en sus principios. Es necesario el imperio de la voluntad

para asentir; e investigar para asentir bien. Se asiente a la verdad por la confianza en el origen de esa verdad.

3- subordinado: en dos sentidos;

a - conocimiento que se apoya en el conocimiento de otro, para el que esa verdad sí es evidente.

b - conocimiento que presupone en el mismo sujeto algún conocimiento ya: credibilidad del testigo, conceptos de los que se habla, etc.

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4- cierto: asentimiento firme, aunque no apoyado en la evidencia, sino en la confianza en el otro. Si el conocimiento de fe fuera dudoso, no me movería a actuar hacia el fin.

El acto de fe es un acto de conocimiento, movido por la confianza y no es propiamente un acto de confianza.

El término fe, designa también el contenido de lo que se cree: "fides qua creditur" (virtud de la fe) y "fides quae creditur" (lo que se cree por esta virtud).

La fe es un verdadero conocimiento, revelado por Dios, de contenido divino: es lo que nos dice 1Cor2, 6-10. Y el acto de fe está condicionado por las disposiciones morales del sujeto: sobretodo por la humildad.

3.3 Genesis de la Fe: Conocimiento credebilidad de la revelación.

El acto de fe se apoya en :

a) dispositivamente, en los motivos de credibilidad. b) directivamente, en la autoridad de la Iglesia. c) formalmente, en la autoridad de Dios.

d) eficientemente, en la gracia, fe e inspiración divina (gracia actual).

Los elementos principales del acto de fe son:

1- juicio de credibilidad (1-5): sólo gracias actuales, aunque no necesarias.

2- juicio de credendidad (8-10): necesidad de la gracia (actuales, al menos), acompañando los actos del entendimiento y voluntad.

3- decisión o mandato de la voluntad (11): fruto de la gracia y la fe, pero con total libertad.

4- asentimiento del intelecto (12): idem.

Esquema del acto de fe:

1- Entendimiento

2- Voluntadconoce algo 3- lo capta como bien: amor 4- quiero pensar

5- piensa

6- consejo (prudencia): razonable y posible. 7- quiero decidirme

8- quiero decidirme 9- se debe creer

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11- debo creer 12- quiero creer 13- creo: acto de fe.

Hasta 7, se puede alcanzar por las fuerzas naturales, con la ayuda de la gracia actual de Dios (ayuda, no capacidad). 11 y 12 son actos movidos por la virtud de la fe. 9 y 10 -y probablemente 8-, necesitan la gracia de Dios (santificante o actuales), por la cual se dispone el sujeto para recibir la fe: son acciones estrictamente sobrenaturales.

En los primeros pasos de la fe, en la credibilidad y en la credendidad, cabe un apoyo importante de la razón ( entra aquí la apologética, la teología fundamental, la teodicea y los preambula fidei) y de la conciencia. En la SE, el Señor mismo apoya la fe, entre otros argumentos, en los milagros: Ioh5.31; 11.42; etc. El CVI enseña que "la razón, usada rectamente, demuestra los fundamentos de la fe", incluyendo los milagros, profecías, y la misma realidad de la Iglesia, además de motivos internos y personales. Y Santo Tomás enseña: "non enim crederat, nisi videret ea esse credenda"; lo creído es conocido "sub ratione credibilis".

Entre los motivos de credibilidad, destaca - ya en la SE -, el hecho histórico y milagroso de la Resurrección de Jesucristo (tema, pues, central de la apologética cristiana).

En la preparación para la fe, previa a todo lo anterior, también suele concurrir la gracia, ayudando a la razón y a la voluntad en su búsqueda de la verdad, su deseo de confianza y seguridad en su ser superior, etc. De hecho, una buena preparación para la conversión, incluye habitualmente una cierta inquietud intelectual, unas disposiciones morales mínimas previas, bastante oración (propia y/o ajena), etc. Incluso aunque la conversión sea casi instantánea.

3.4 Fe e Iglesia.

Cristo ha dispuesto que la Iglesia por El fundada sea la depositaria e intérprete de la Revelación. De ahí que la fe sea esencialmente eclesial. La fe divina es “fides Ecclesiae”, fe compartida por los fieles de todos los tiempos, “fe de las iglesias”. El creyente recibe la fe de la Iglesia y en la fe católica está en comunión con Dios y con los demás miembros de la Iglesia.

A la vez, la fe constituye a la Iglesia porque la Iglesia es comunidad de fe. Fe e Iglesia están, pues, íntimamente relacionadas. Siendo inevitablemente cristocéntrica, la fe conlleva intrínsecamente un impulso hacia la Iglesia, hacia el Cristo total “caput et hábeas”. Al recibir la fe en Cristo, los hombres comienzan a unirse con Cristo, y por eso, ya están vinculados a la Iglesia, ya son de la Casa de Cristo.

La fe no sólo crea una relación externa entre los miembros de la congregación de los fieles, sino también una relación interna de real comunidad de vida divina. Si por la fe somos hijos de Dios, la fe también produce simultáneamente una común fraternidad entre los fieles, que son hermanos en la

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fe. Ontológica y espiritualmente -y no sólo jurídicamente-, el “credere in Deum” tiene como efecto unirse a los miembros de la Iglesia.

La fe se recibe ordinariamente oyendo la Revelación divina que se conserva en la Iglesia, “fides ex auditu” (Rom 10.17). Y el carácter eclesial de la fe, se manifiesta de modo especial en el bautismo y en los demás sacramentos de la fe. La Iglesia, como la vida sobrenatural de cada uno, se edifica sobre los sacramentos y las virtudes. Como afirma Santo Tomás: “la Iglesia se funda en la fe y en los sacramentos de la fe”. Todos los sacramentos son sacramento de la fe, “protestationes fidei”, confesiones de fe, pues se apoyan en la fe de la Iglesia, y la manifiestan.

Dogma:

El contenido de la fe viene determinado por la Revelación, tal como es recibida y enseñada por la Iglesia. Por una parte, la Iglesia -y en particular su magisterio-, es el principal y primer formador de la fe (todos los demás, formamos en su nombre y con su autorización); por otra, no hay verdadera fe si no es en comunión con el Magisterio de la Iglesia, sino se es fiel a sus enseñanzas, en la medida y en los grados que ya se han señalado en su lugar (tema 1).

"Al adherirnos a la fe que la Iglesia nos propone, nos ponemos en comunicación directa con los Apóstoles, a quienes queremos recordar; y mediante ellos, con Jesucristo, nuestro primero y único Maestro, acudimos a su escuela, anulamos la distancia de los siglos que nos separan de ellos, hacemos del momento actual una historia viviente siempre igual a sí misma, propia de la Iglesia, mediante la actuación -idéntica y original al mismo tiempo- de la misma fe en una verdad revelada, inmutable y siempre luminosa. Sólo la Iglesia, puede escribir, leer, vivir su historia de esta manera, dejando que el paso veloz de los siglos mida su duración, y que la permanencia de lo eterno defina su perenne identidad" (Pablo VI, alocución de 1967).

Ioh 20.21: "Como mi Padre me envió, así os envío yo a vosotros".

Confesión de fe

Mt 10.3-33: "Al que me confesare delante de los hombres, le confesaré también yo delante de mi Padre que está en los cielos; pero a quien me negare delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos". Cristo, antes de curar enfermos, solía pedir confesión expresa de fe (martirio). Este deber de confesar la fe, lo exige el Señor con una fidelidad que llegue, si es necesario, hasta la pérdida de la propia vida (Mt 10.34ss).

Los símbolos de fe son formulados, pronunciados y exigidos por la Iglesia desde el principio, como atestiguan los mismos escritos neotestamentarios (Act.). Está exigido por justicia, caridad (con Dios y con los demás), por la naturaleza social del hombre y por el carácter público de la Iglesia. Sería una falsa fe la que no se confiesa. Por tanto, la Profesión de fe es un acto externo que pertenece a la misma virtud de la fe (y no sólo a la sinceridad).

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La fe de la Iglesia o fe en sentido objetivo, se expresa en los Credos o Símbolos. Estos son la regla de fe. La fe que creemos (fides quae), se distingue del acto de fe o fe por la que creemos (fides qua). El núcleo de la autodefinición doctrinal de la Iglesia se resume en el Padrenuestro (lo que esperamos), en el Decálogo (lo que hemos de hacer) y en los Sacramentos (fuentes de energía espiritual que hacen posible la vida cristiana).

Nuestro Credo, responde a la necesidad de fijar la fe en términos precisos. Esta necesidad obedece a diversas razones, entre las que podemos mencionar las que siguen:

 Asegurar la identidad cristiana individual (distinguir al bautizado del que no lo es).

 Comunicar y reforzar la unidad católica de la Iglesia en torno a la única fe.

 Transmitir la fe y enseñarla.

 Satisfacer lícitamente al intelecto, que pide respetuosamente un enunciado coherente y global del objeto de su adoración.

 Establecer puntos sólidos de referencia que faciliten la meditación y contemplación de los misterios cristianos.

La Profesión de fe:

1) Obligación positiva de confesar la fe con la propia vida. Explícitamente no debe ser continua, sino que "obligat semper, sed non pro sempre". Es precepto divino, cuando lo exige el honor de Dios o el bien espiritual de las almas; y es ley eclesiástica: en las conversiones, en bautismo, confirmación o cuando lo pida la Iglesia expresamente (“ad casum”).

2) Negación de la fe: nunca es lícito negarla (ni directamente, ni indirectamente). Es un grave desprecio de Dios y supone, además de mentira, escándalo. Obliga "semper et pro sempre" y no se trata sólo de no escandalizar, sino de ayudar positivamente.

3) Ocultación o simulación: es lícito si no equivale a una negación y existe una causa justa. Se deduce del principio general de que un precepto positivo obliga salvo grave incómodo, a no ser que se transforme en negativo (caso 1).

Los tres últimos concilios ecuménicos, son las tres fuentes magisteriales principales para la doctrina sobre la fe:

- Concilio de Tento: sobretodo en el decreto "De iustificatione", para salir al paso a los errores de Lutero (papel de la fe en Salvación).

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- Concilio Vaticano I: CD Dei Filius, de fide catholica, contiene una definición de lo que es la fe: "Virtud sobrenatural por la que, con inspiración y ayuda de la gracia de Dios, creemos ser verdadero lo que por El ha sido revelado, no por la intrínseca verdad de las cosas, percibida por la luz natural de la razón, sino por la autoridad de Dios que revela, el cual no puede engañarse ni engañarnos".

- Concilio Vaticano II: Gaudium et Spes, analiza la situación del hombre de hoy y dice que "la fe todo lo ilumina con nueva luz y manifiesta el plan divino sobre la entera vocación del hombre. Por ello orienta la mente hacia soluciones plenamente humanas" (n.11).

IV. La Inspiración Bíblica

4.1 Canon De Los Libros Sagrados.

Suele llamarse canon a un patrón o norma por el que se juzga correcto un pensamiento o doctrina.

El canon cristiano de la Sagrada Escritura (SE), es el conjunto de libros que la Iglesia considera oficialmente como base de su doctrina y sus costumbres, por el hecho de estar inspirados por Dios. La canonicidad implica inspiración.

La inclusión de un libro en el canon no supone necesariamente su autenticidad literaria por parte del que aparece como autor de la obra. La carta a los Hebreos, por ejemplo, se atribuyó durante mucho tiempo a San Pablo. El hecho de que la ciencia bíblica considere hoy que el Apóstol no fue su redactor, no priva al libro de su canocidad y carácter inspirado.

El canon cristiano del AT contiene libros (Tobías, Judit, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc y algunas secciones de Daniel) que no aparecen en el canon judío. Estos libros son llamados deuterocanónicos y fueron aceptados oficialmente como inspirados y normativos por el C. de Trento (1546) (D 1502).

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El canon de los escritos del NT se formó gradualmente mediante un proceso de separación de libros procedentes de un cuerpo más numeroso y amplio de obras cristianas muy antiguas. La Iglesia hubo de desempeñar en este proceso un papel decisivo e insustituible. Hacia el año 300 el canon neotestamentario adquiere la configuración que conocemos hoy.

El canon se ordena a identificar y delimitar para los creyentes una serie de libros recibidos y leídos en la Iglesia como Palabra de Dios. El criterio que influyó en mayor medida para la formación del canon bíblico cristiano fue el reconocimiento en los libros de una recta regla de fe, una clara apostolicidad y un uso habitual en el culto.

4.2 Naturaleza De La Inspiración Bíblica.

Noción.

"La revelación que la SE contiene y ofrece ha sido puesta por escrito bajo la inspiración del Espíritu Santo" (DV.11). El término inspiración expresa la cualidad más propia de los libros catalogados en el canon del AT y del NT.

La inspiración bíblica es un carisma sobrenatural, dado por Dios a ciertos hombres en el seno del pueblo de Dios, del antiguo y del nuevo testamento, para consignar por escrito con validez general y pública aquellos misterios de Dios y de su intervención en la historia de la Salvación humana que Dios ha querido que fuesen de este modo entregados a la Iglesia por causa de nuestra salud y santificación (GER)

De esta definición se desprenden algunas características de la inspiración (I):

 La I.divina, es el constitutivo previo necesario para que un libro forme parte de la Biblia.

 La I.divina de un escrito, es previa y necesaria para que ese escrito sea canónico.  La I.divina, es un carisma sobrenatural dado por Dios al hagiógrafo, para que

ponga por escrito y sin error lo que Dios ha revelado y quiere comunicar a los hombres.

 El carisma de la I., es transitorio, sobrenatural y gratuito.

 El carisma de la I., proporciona una luz en el entendimiento del hagiógrafo para juzgar con "certeza" divina.

 La I. es un don otorgado por Dios, no para la santificación del que lo recibe (gracia santificante), sino para el bien de la Iglesia (gratia gratis dada).

Naturaleza.

" La Santa Madre Iglesia, fiel a la fe de los Apóstoles, reconoce que todos los libros del AT y del NT con todas sus partes, son sagrados y canónicos, en cuanto que, escritos por inspiración del Espíritu Santo (Ioh20,31; 2Tim3.16; 2Pet1.19-21), tienen a Dios como autor y como tales han sido confiados a la Iglesia" (CVI: DF, 21; PCB 1915).

En la SE se afirma también la autoridad divina de la Biblia. En el Pentateuco, en la tablas de la Ley, se dice en ocasiones que han sido escritas por Moisés. En el NT (2Tim3.15ss), se afirma formalmente toda la I. de los libros del AT. En 2Pet1.20ss, hay una alusión clara a la naturaleza misma de la I.

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La afirmación de que Dios es autor, ha de compaginarse con las afirmaciones de algunos textos sagrados (Lc1.1ss), que nos hablan del esfuerzo que pusieron los hombres concretos en su escritura y que también son verdaderos autores.

Entre los Padres, el testimonio es unánime. Sus enseñanzas se pueden recoger en:

a- Los primeros apologetas para describir la acción de Dios sobre el hagiógrafo, reproducen las expresiones e imágenes bíblicas.

b- Dios "dicta", "dice" los Libros Sagrados. c- Dios es "autor" o "escritor" de la SE.

El que la Biblia sea una obra literaria que tiene a Dios y al hombre conjuntamente como verdaderos autores, plantea el problema teológico de cómo se compagina la acción de Dios y del hagiógrafo en la composición del texto.

Se han propuesto varias soluciones. La más significativa es la de Sto.Tomás (II-II, qq.171-174), a partir de la causa instrumental.

El Aquinate sintetizó su solución diciendo que la causa agente puede ser doble: principal (o aquella que obra por su propia virtud) e instrumental (o aquella que obra en virtud de una moción previa que recibe de un agente principal y es también aplicada a la acción). Así, el instrumento además de su propia capacidad, adquiere otra más elevada a su propia naturaleza. El efecto conseguido es tanto del uno como del otro, aunque de manera distinta. Y de modo análogo, sucede en la composición de la SE.

Hay que afirmar que los hagiógrafos son instrumentos vivos, libres y racionales movidos por Dios para la redacción de los Libros Sagrados. Esta acción de Dios sobre el hagiógrafo, se observa como una acción ad extra de Dios (inspiración activa), atribuida de modo especial al Espíritu Santo; que es recibida libre y voluntariamente por el hagiógrafo (inspiración pasiva); y que se contempla plasmada en los Libros Sagrados (inspiración terminativa).

DV.11, resume los caminos para solucionar el problema de compaginar la acción de Dios y la del hagiógrafo: "en la composición de los Libros Sagrados, Dios se valió de hombres elegidos, que usaban de todas sus facultades y talentos; de este modo, obrando Dios por ellos y en ellos, como verdaderos autores, pusieron por escrito todo y sólo lo que Dios quería".

Como conclusión, decir que el Libro Sagrado es de Dios y del hagiógrafo. Toda la Biblia es inspirada, tiene a Dios por autor y es, por tanto, palabra de Dios.

4.3 Veracidad Y Santidad De La Sagrada Escritura.

Una consecuencia lógica de que Dios es autor, es que estos libros son santos y nos transmiten una enseñanza verdadera. "Todo lo que afirman los hagiógrafos o autores inspirados, lo afirma el Espíritu Santo; se sigue que los Libros Sagrados enseñan sólidamente, fielmente y sin error la verdad que Dios hizo consignar en dichos libros para salvación nuestra. Por tanto, toda la SE, inspirada por Dios, es útil para enseñar, reprender, corregir, instruir en la justicia, para que el hombre de Dios esté en forma, equipado para toda obra buena (2Tim3,12-17)", DV.11.

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Veracidad.

La doctrina de la veracidad (V.) de la SE pertenece al dogma católico, como una consecuencia necesaria del dogma de la inspiración divina de la Biblia. Esta, es doctrina mantenida siempre a lo largo de los siglos por el Magisterio de la Iglesia y por la fe de los cristianos.

La Tradición fundamenta la V. de la SE en dos razones:

1- que la V. está en íntima relación con el fin mismo de la inspiración, de manera que son inseparables.

2- que la V. está en íntima conexión con la perfección de Dios.

De lo dicho, podemos resumir la doctrina de la V. de la Biblia en los siguientes apartados:

a- pertenece al Depósito de la Fe y se explica como consecuencia necesaria de la inspiración divina de la SE.

b- la V. se extiende a todo el contenido de la Biblia.

c- es una verdad absoluta en la que se contienen tanto verdades de orden matafísico, como acontecimientos, promesas, exigencias ético-morales.

d- la verdad de un escrito viene especificada entre otras cosas por el carácter literario del mismo.

Santidad.

La Santidad de la Biblia se entiende desde diversos aspectos; por su origen principalmente divino, por su finalidad religiosa, etc. Pero debido a la problemática surgida, la literatura moderna cristiana habla de la santidad bíblica principalmente en el aspecto moral, es decir, conformidad (adecuación) de los actos que se redactan en la SE, con la ley moral.

4.4 La Interpretación Bíblica: Criterios Racionales Y Teológico.

El hecho de que la Biblia sea un conjunto de textos inspirados por Dios, trae consigo una consecuencia para la interpretación de esos textos: "Dios habla en la Escritura por medio de hombres y en el lenguaje humano, por lo tanto, el intérprete de la Escritura, para conocer lo que Dios quiso comunicarnos, debe estudiar con atención lo que los autores querían decir y Dios quería dar a conocer con dichas palabras" (DV.12).

La hermeneútica bíblica, es la disciplina que enseña las reglas que deben seguirse para entender y explicar correctamente los Libros Sagrados. Es el método para alcanzar la Exégesis, que consiste en la misma interpretación mediante la aplicación de las reglas establecidas en la hermeneútica. A las reglas comunes valederas para cualquier escrito, la hermeneútica añade otras particulares correspondientes a los Libros Sagrados.

La hermeneútica es una ciencia teológica, y también histórica; por lo cual el intérprete ante la Biblia, debe situarse como un dialogante que no juzga el texto de un modo exclusivamente humano.

Los Libros Sagrados, como tienen autor humano, las reglas que deben aplicarse para su interpretación son las de cualquier obra literaria (criterios racionales), y como además su autor es Dios, tiene unas reglas específicas para su interpretación (criterios dogmáticos o teológicos) (DV.12).

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Criterios racionales de interpretación.

"Para descubrir la intención del autor, hay que tener en cuenta, entre otras cosas, los géneros literarios. Pues la verdad se presenta y se anuncia de modo diverso en obras de diversa índole histórica, en libros proféticos o poéticos, o en otros géneros literarios. El intérprete indagará lo que el autor sagrado dice o intenta decir, según su tiempo o cultura, por medio de los géneros literarios propios de su época. Para comprender exactamente lo que el autor propone en sus escritos, hay que tener muy en cuenta los modos de pensar, de expresarse , de narrarse que se usaban en tiempo del escritor, y también las expresiones que entonces más se oían emplear en la conversación ordinaria" (DV.12).

A la hora de interpretar un texto, el exegeta debe recorrer el siguiente camino: 1- establecer cual es el textos genuino,

2- aplicar los principios ciientíficamente establecidos por la hermeneútica, acompañándose del género literario de cada libro o perícopa, y al ambiente histórico del que ha sido o al que se refiere el escrito.

El primer cuidado que ha de tener fijo el exegeta, es la diligente investigación del sentido literal del texto, y las normas que la hermeneútica le impone para tal trabajo de investigación son cuatro: examinar el texto, contexto, los pasos paralelos y el ambiente histórico (todo esto sin olvidar que el autor del sentido literal es Dios).

1- Para explicar el texto, es necesario el empleo de la filología o conocimiento de las lenguas de los modos literarios del antiguo oriente.

2- La principal regla para la investigación del sentido está en el examen del contexto. Muchas veces los criterios filológicos no son decisivos para la determinación del significado (entre los varios posibles), de un verbo o de un nombre en una frase dada. Toda proposición recibe luz de lo que precede y de lo que sigue; hay que insertarla en el conjunto, pues el pensamiento del autor se completa y se esclarece en virtud de los diferentes elementos del contexto.

3- Al contexto siguen en importancia, los lugares paralelos, o sea, fragmentos afines entre sí por constar de los mismos términos o por razón del contenido doctrinal o histórico.

4- El ambiente histórico y todas las circunstancias para una perfecta inteligencia del libro: índole, cultura del autor, ambiente en que vivió y explicó su misión, ocasión que le indujo a escribir o fin que se propuso. Particularmente, las condiciones históricas, religiosas, sociales que se reflejan; las costumbres, los usos, la mentalidad de sus contemporáneos (israelitas, pueblos vecinos que tuvieron contacto con ellos).

Hay que tener en cuenta la importancia que tiene el conocimiento de las ciencias auxiliares (ciencias filológicas, linguísticas, historia del antiguo Oriente, arqueología, geografía bíblica) y algunos métodos hermeneúticos (mejor conocimiento de los géneros literarios de la Biblia, el método histórico formal redaccional).

Criterios teológicos de interpretación.

El exegeta católico tiene en el Magisterio infalible de la Iglesia, un guía seguro para su trabajo: "La Escritura se ha de leer con el mismo espíritu con el que fue escrita: por tanto, para descubrir el verdadero sentido del texto sagrado hay que tener en cuenta el contenido y unidad de toda la Escritura, la Tradición viva de toda la Iglesia, la analogía de la fe. A los exegetas toca aplicar estas normas en su trabajo para ir penetrando y exponiendo el sentido de la SE, de modo que con dicho estudio pueda

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madurar el juicio de la Iglesia. Todo lo dicho sobre la interpretación sobre la SE queda sometido al juicio definitivo de la Iglesia, que recibió de Dios el encargo y el oficio de conservar e interpretar la Palabra de Dios" (DV.12).

Estos criterios, teniendo su fundamento y exigencias en la inspiración divina de la SE, se dividen en dos grupos:

A- Criterios dogmáticos basados en la condición de Dios como autor principal de la Biblia: a) Analogía de la fe bíblica. Por esto se entiende la mutua conformidad y

correspondencia de las verdades contenidas en la SE. Este principio ofrece un aspecto positivo (unos textos proyectan luz sobre otros y ayudan al lector a una más honda inteligencia) y un aspecto negativo (ningún texto de la SE puede contradecir verdaderamente a otro).

b) Desarrollo progresivo y homogéneo de la Revelación. Dios no ha revelado de una vez toda la verdad al hombre, sino que ha ido revelándose progresivamente hasta llegar a la suprema Revelación, el Verbo Encarnado.

c) La interna armonía de ambos testamentos. Este principio fundamenta la interpretación cristiana del AT y los sentidos pleno y típico de la SE (S.Agustín).

d) La gracia divina y la acción vivificante del Espíritu Santo. Lector e intérprete deben "sintonizar" con ese Espíritu de Dios por medio de la práctica de la vida cristiana, especialmente de la oración..., para que la gracia divina y la acción vivificante el Espíritu, abra el alma a la comprensión de la SE.

B- Criterios dogmáticos en la consideración de la Iglesia como custodio e intérprete de la SE:

a) La interpretación auténtica de la Biblia compete exclusivamente al Magisterio de la Iglesia. Esta interpretación puede ser: directa, cuando la determinación del sentido bíblico de un texto es objeto directo y formal de la definición, es decir, dicho Magisterio declara infaliblemente el sentido auténtico de un texto; ésta, a su vez, puede ser positiva (cuando se declara el sentido auténtico de un texto) o negativa (cuando se determina como erróneo, temerario,etc.). Indirecta es cuando el objeto formal de la definición no es el texto en sí, sino que formal y directamente se refiere a una verdad de fe, para cuya ilustración se trae a colación uno o varios textos de la SE.

b) Analogía de la fe católica. Por este principio se entiende la conformidad de las verdades religiosas contenidas en la Revelación (fe bíblica), con las verdades contenidas en la tradición oral (Prov. Deus).

c) El sentido de la Sagrada Tradición y el testimonio unánime de los Padres de la Iglesia.

Referencias

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Su venida equivale a su misión por parte del Padre… o al don del Hijo a la humanidad (3, 16). “Comer la carne y beber la sangre de Jesús” es permanecer en una unión vital con él