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Revisando las propias (des)colonizaciones. Abriendo los ojos a la colonialidad del género descripta por María Lugones. Resumen

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1 II CONGRESO DE ESTUDIOS POSCOLONIALES III JORNADAS DE FEMINISMO POSCOLONIAL “Genealogías críticas de la Colonialidad”

Simposio 2. Epistemologías coloniales/des/poscoloniales Coordinan: Eduardo Restrepo y Silvia Hirsch

Asistentes de coordinación: Claudia Bermudez

María del Carmen Antequera. Colectiva Feminista Inapropiables. Docente de Facultad de Ciencias Médicas UNCuyo.

[email protected]

Revisando las propias (des)colonizaciones. Abriendo los ojos a la colonialidad del género descripta por María Lugones.

Resumen

Desde una colectiva feminista que intenta ser autónoma, que ha discutido estos temas con honestidad, es complejo comenzar a visibilizar el carácter generizado y racializado del proceso de construcción de poder en América Latina, en nuestro país, en nuestro barrio, en nuestras casas y camas, para poder repensarnos desde el feminismo descolonial.

En particular resulta valioso para el análisis colectivo de las propias prácticas el marco teórico aportado por María Lugones en relación a la idea de un “Sistema Moderno Colonial de Género” y su crítica al concepto de “Colonialidad del Poder” de Aníbal Quijano, que este autor enuncia con una discutida visión patriarcal y heterosexualista.

María Lugones hace una recuperación crítica de los conceptos de colonialidad del poder de Quijano, pero ayudándonos a comprender la importancia de la “trama” de la colonialidad del género, raza y sexualidad que la conforman. Considerar que género es un concepto anterior a la sociedad y la historia, como hace Quijano, tiene el efecto de naturalizar las relaciones de género y la heterosexualidad, y peor aún sirve para encubrir la forma en que las mujeres del tercer mundo experimentaron la colonización y continúan sufriendo sus efectos en la postcolonialidad.

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En la discusión de estos conceptos Lugones nos exhorta a revertir estas posturas desde la praxis. “Caracterizar este sistema de género colonial/moderno, tanto en trazos generales, como en su concretitud detallada y vivida, nos permitirá ver la imposición colonial, lo profundo de esa imposición. Nos permitirá ver la extensión y profundidad histórica de su alcance destructivo”. (Lugones, 2008)

La complejización que Lugones propone en el análisis de la colonialidad del poder consiste en pensar la colonialidad de la raza y el género como inseparables entre sí. “La interseccionalidad revela lo que no se ve cuando categorías como género y raza se conceptualizan como separadas unas de otra. La denominación categorial construye lo que nomina”. (Lugones 2008)

Transitamos encuentros y desencuentros. Entre las búsquedas personales, políticas, la toma de consciencia y debates, tratando de entender y de aportar a las pequeñas oportunidades de transformación colectiva me surge la obligación de revisar las propias prácticas, de repensarme/nos, de ser conscientes desde donde hablo-hablamos, porqué y para qué lo hago-hacemos.

Comprender y desmantelar fenómenos socialesmultidimensionales, generados por el patriarcado y la colonialidad; en forma profunda no es fácil ni es rápido, este proceso nos llevará tiempo de vida. En paralelo nos interpelaremos colectiva e individualmente a diario, para así desprendernos de nuestras propias descolonizaciones.

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Revisando las propias (des)colonizaciones. Abriendo los ojos a la colonialidad del género descripta por María Lugones.

Ya hace varios años que revisitamos los aportes de las feministas antirracistas -negras, de color, descoloniales y lesbianas; y su crítica al etnocentrismo, racismo, heterocentrismo y colonialidad de las teorías feministas hegemónicas, los aportes a las epistemologías feministas y la comprensión de la co-constitución de la opresión. Sin embargo necesitábamos y necesitamos que estos elementos confluyan y se imbriquen para poder visualizar su valioso legado, para generar nuevas categorías y para la reflexión crítica, incluso a dichos aportes.

A esa tarea colectiva nos dimos en el seminario de “Claves de lectura del feminismo antirracista:interseccionalidad, colonialidad de género y co-constitución de la opresión”, dictado por Yuderkys Espinosa Miñoso (GLEFAS/IIEGE-UBA),del 5 al 8 de marzo del 2014, en IDEGEM UNCuyo, Mendoza, Argentina.

Desde una colectiva feminista que intenta ser autónoma, que ha discutido estos temas con honestidad, es complejo comenzar a visibilizar el carácter generizado y racializado del proceso de construcción de poder en América Latina, en nuestro país, en nuestro barrio, en nuestras casas y camas, para poder repensarnos desde el feminismo descolonial.

En particular resulta muy valioso para el análisis colectivo de las propias prácticas el marco teórico aportado por María Lugones en relación a la idea de un “Sistema Moderno Colonial de Género” y su crítica al concepto de “Colonialidad del Poder” de Aníbal Quijano, que este autor enuncia con una discutida visión heterosexualista y patriarcal.

“Entender los rasgos históricamente específicos de la organización del género en el sistema moderno/colonial de género (dimorfismo biológico, la organización patriarcal y heterosexual de las relaciones sociales) es central a una comprensión de la organización diferencial del género en términos raciales. Tanto el dimorfismo biológico, el heterosexualismo, como el patriarcado son característicos de lo que llamo el lado claro/visible de la organización colonial/moderna del género. El dimorfismo biológico, la dicotomía hombre/mujer, el heterosexualismo, y el

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patriarcado están inscriptos con mayúsculas, y hegemónicamente en el significado mismo del género. Quijano no ha tomado conciencia de su propia aceptación del significado hegemónico del género. Al incluir estos elementos en el análisis de la colonialidad del poder trato de expandir y complicar el enfoque de Quijano que considero central a lo que llamo el sistema de género moderno/colonial”. (Lugones, 2008)

De esta forma María Lugones hace una recuperación crítica de los conceptos de colonialidad del poder de Aníbal Quijano, pero ayudándonos a comprender la importancia de la “trama” de la colonialidad del género, raza y sexualidad que la conforman, a diferencia de dicho autor, así nos alumbra una dimensión de análisis en lo personal muy importante y sin olvidar que lo personal es político.

Desde el año 2000 Quijano viene postulando que la matriz colonial del poder es una estructura compleja de niveles entrelazados que incluye el control de la economía, el control de la autoridad, el control de la naturaleza y de los recursos naturales, el control del género y la sexualidad y el control de la subjetividad y el conocimiento”. (Quijano, 2000)

La crítica a Quijano consiste en mostrarnos que si bien el concepto de colonialidad de género se desprende del concepto de colonialidad del poder, este autor comete el error de suponer que género y sexualidad son constructos de todas las sociedades humanas. Es así que Quijano acepta el paradigma eurocéntrico, patriarcal y heterosexista que existe sobre el género. Según Lugones género y raza son construcciones coloniales que sirvieron para crear jerarquías y dicotomías en las sociedades que eran sometidas, para afirmar esto, se apoya en trabajos de investigación de Oyuronke Oyewumi y Paula Allen Gunn.

Demuestran en sus investigaciones, O. Oyewumi, y P. Allen Gunn, que no existía en las sociedades yorubas (África), ni entre los indígenas de EEUU, respectivamente, un principio organizador parecido al de género de Occidente antes de la colonización. Las mujeres tenían acceso igualitario al poder público y simbólico. “Sus lenguas y sistemas de parentesco no contenían una estructura que apuntara a una subordinación de las mujeres a los hombres. No existía una división sexual del trabajo y sus relaciones económicas se basaban en principios de reciprocidad y complementariedad. El principio organizador más importante era en cambio la

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experiencia basada en la edad cronológica. En síntesis, lo biológico anatómico sexual poco tenía que ver con la organización social, además, estas sociedades reconocían más de dos géneros”. (Mendoza, 2010)

Es necesario valorar nuestra/s historia/s subalternas, personales y colectivas. Esta importancia de la revisión histórica y su valoración se encuentra presente constantemente en el texto de Lugones. “Las historias presentadas por Oyewùmi y Allen les deben estar aclarando a las mujeres burguesas blancas que su estatus en el capitalismo eurocentrado es muy inferior al status de las hembras indígenas en la América precolonial y al de las hembras Yoruba. También han explicado que el entendimiento igualitario de las relaciones entre anahembras, anamachos, y la gente del «tercer género» sigue presente en la imaginación y en las prácticas de los/as Americanos/as Nativos/as y de la gente Yoruba. Esto es parte de la historia de la resistencia contra la dominación”. (Lugones, 2008)

Según Lugones considerar que género es un concepto anterior a la sociedad y la historia, como hace Quijano, tiene el efecto de naturalizar las relaciones de género y la heterosexualidad, y peor aún sirve para encubrir la forma en que las mujeres del tercer mundo experimentaron la colonización y continúan sufriendo sus efectos en la postcolonialidad. “La confabulación de los hombres colonizados con sus colonizadores es lo que impide construir lazos fuertes de solidaridad entre mujeres y hombres del tercer mundo en procesos de liberación. Pero Ignorar la historicidad y colonialidad del género también ciega a las mujeres blancas de Occidente, a quienes igualmente les ha costado reconocer la interseccionalidad de raza y género, y su propia complicidad en los procesos de dominación capitalista”. (Mendoza, 2000)

Tanto María Lugones (2008) como Breny Mendoza (2010), muestran lalimitación del pensamiento de Quijano al considerar al género anterior a la sociedad y a lahistoria, lo cual naturaliza las relaciones de género y heterosexualidad y los efectos de la postcolonialidad. Coincidimos con estas autoras en que la raza opera en las teorizacionesde Quijano como un concepto totalizador y debe ser pensada interseccionada por elgénero/sexo (en vez de entender la raza superpuesta a ellos), (Bidaseca y Vazquez Laba, 2010).

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Aquí surge también la crítica a las epistemologías hegemónicas del feminismo que hace acertadamente María Lugones, haciendo pie en producciones de otras feministas de color y en la propia, y que nos pone a reflexionar sobre cómo estamos pensándonos y para qué. “Borrando toda historia, incluyendo la historia oral, de la relación entre las mujeres blancas y las no-blancas, el feminismo hegemónico blanco equiparó mujer blanca y mujer”. “Las feministas de color han dejado en claro lo que se revela, en términos de dominación y explotación violentas, una vez que la perspectiva epistemológica se enfoca en la intersección de estas categorías de género, raza y clase”. “Las feministas de color no sólo piensan en el control sobre el sexo, sus recursos y productos, sino también sobre el trabajo como racializado y engenerizado simultáneamente. Es decir, reconocen una articulación entre trabajo, el sexo, y la colonialidad del poder”. (Lugones 2008)

“En el desarrollo de los feminismos hegemónicos del siglo XX, no se hicieron explícitas las conexiones entre el género, la clase, y la heterosexualidad como racializados. Ese feminismo enfocó su lucha, y sus formas de conocer y teorizar, en contra de una caracterización de las mujeres como frágiles, débiles tanto corporal como mentalmente, recluidas al espacio privado, y como sexualmente pasivas. Pero no explicitó la relación entre estas características y la raza, ya que solamente construyen a la mujer blanca y burguesa. Dado el carácter hegemónico que alcanzó el análisis, no solamente no explicitó sino que ocultó la relación. Las feministas burguesas blancas se ocuparon de teorizar el sentido blanco de ser mujer como si todas las mujeres fuesen blancas” (Lugones, 2008).

Esta crítica también está reflejada en La Declaración Feminista Negra de la Colectiva del Río Combahee: “La declaración más general de nuestra política en este momento sería que estamos comprometidas a luchar contra la opresión racial, sexual, heterosexual, clasista, y que nuestra tarea específica es el desarrollo de un análisis y una práctica integrados basados en el hecho de que los sistemas mayores de opresión se eslabonan. Como Negras vemos el feminismo Negro como el lógico movimiento político para combatir las opresiones simultáneas y múltiples. (Moraga, 1988)

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Con respecto a lo situado de estas reflexiones, la ubicación (geográfica) se resiste y trabaja en contra del “discursofeminista occidental”, avanzando fundamentalmente en la construcción discursiva propiade las "mujeres del tercer mundo" (Bidaseca y Vazquez Laba, 2010).

En relación a la interseccionalidad comenzamos o continuamos entendiendo que no es sólo un concepto lejano sino que tenemos que tenerlo presente hoy y ahora, complejizando el análisis en relación a la colonialidad. “Por un lado, se encuentra el importante trabajo sobre género, raza y colonización que constituye a los feminismos de mujeres de color de Estados Unidos, a los feminismos de mujeres del Tercer Mundo, y a las versiones feministas de las escuelas de jurisprudencia Lat Crit y Critical Race Theory. Estos marcos analíticos han enfatizado el concepto de interseccionalidad y han demostrado la exclusión histórica y teórico-práctica de las mujeres no-blancas de las luchas liberatorias llevadas a cabo en el nombre de la Mujer. Otro marco es el introducido por A. Quijano y que es central a sus análisis del patrón de poder global capitalista. Me refiero al concepto de la colonialidad del poder. Entrelazar ambas hebras de análisis me permite llegar a lo que estoy llamando, provisoriamente, «el sistema moderno-colonial de género». Creo que éste entendimiento del género está presupuesto en ambos marcos de análisis en términos generales”. (Lugones 2008)

En la discusión de estos conceptos Lugones nos exhorta activamente a revertir estas posturas desde la praxis. “Caracterizar este sistema de género colonial/moderno, tanto en trazos generales, como en su concretitud detallada y vivida, nos permitirá ver la imposición colonial, lo profundo de esa imposición. Nos permitirá ver la extensión y profundidad histórica de su alcance destructivo”. (Lugones, 2008)

La complejización que Lugones propone en el análisis de la colonialidad del poder consiste en pensar la colonialidad de la raza y el género como inseparables entre sí. “La interseccionalidad revela lo que no se ve cuando categorías como género y raza se conceptualizan como separadas unas de otra. La denominación categorial construye lo que nomina. Las feministas de color nos hemos movido conceptualmente hacia un análisis que enfatiza la intersección de las categorías raza y género porque invisibiliza a quienes somos dominadas y victimizadas bajo la categoría «mujer» y bajo las categorías raciales “Black”. (Lugones 2008)

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Avanzando en la reconceptualización de interseccionalidad Lugones aporta:

“Se vuelve lógicamente claro que la lógica de separación categorial distorsiona los seres y fenómenos sociales que existen en la intersección, como la violencia contra las mujeres de color. Dada la construcción de las categorías, la intersección interpreta erróneamente a las mujeres de color. En la intersección entre «mujer» y «negro» hay una ausencia donde debería estar la mujer negra precisamente porque ni «mujer» ni «negro» la incluyen. La intersección nos muestra un vacío. Por eso, una vez que la interseccionalidad nos muestra lo que se pierde, nos queda por delante la tarea de reconceptualizar la lógica de la intersección para, de ese modo, evitar la separabilidad de las categorías dadas y el pensamiento categorial. Solo al percibir género y raza como entramados o fusionados indisolublemente, podemos realmente ver a las mujeres de color. Esto implica que el término «mujer» en sí, sin especificación de la fusión no tiene sentido o tiene un sentido racista, ya que la lógica categorial históricamente ha seleccionado solamente el grupo dominante, las mujeres burguesas blancas heterosexuales y por lo tanto ha escondido la brutalización, el abuso, la deshumanización que la colonialidad del género implica”. (Lugones, 2008)

Quedaron claros muchos conceptos que revisamos. Entre ellos podemos ver y coincidir en que son ficticias las cualidades no sólo de raza sino de género además de serlo la naturaleza biológica del sexo y la heterosexualidad, y este es uno de los aportes de Lugones, a la descolonización teórica y de la praxis, sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas de relación. Nos aclara que “el sistema de género moderno, colonial no puede existir sin la colonialidad del poder, ya que la clasificación de la población en términos de raza es una condición necesaria para su posibilidad”. “La raza no es ni más mítica ni más ficticia que el género –ambos son ficciones poderosas”. (Lugones, 2008).

Hay claves que ya podemos comenzar a discutir y poner en práctica: “Mi intención es brindar una forma de entender, leer, y percibir nuestra lealtad hacia este sistema de género. Necesitamos situarnos en una posición que nos permita convocarnos a rechazar este sistema de género mientras llevamos a cabo una transformación de las relaciones comunales. (Lugones, 2008). Es

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oportuno pensar en la propuesta de Lugones, como un aportepara revolucionar la epistemología feminista latinoamericana.

En palabras de Yuderkys Espinoza Miñoso, un feminismo antirracista y con un vuelco epistémico descolonial es la puesta para avanzar en una epistemología contra-hegemónica. “Operaciones mediante las cuales a seguidas de admitir que hay un sesgo de género y raza en la producción de conocimiento feminista, se retoman las categorías, la metodología y los puntos de vistas antes criticados, sin que aparezca intencionalidad alguna de abandonarlos”. (Espinoza Miñoso, 2013). Es así que vemos que una propuesta feminista que no sea descolonizadora, no es liberadora.

Un Nosotras como proyecto político descolonizador

La ideología racista, patriarcal y heterosexista subyace a las prácticas sociales y a nuestras propias prácticas. Si reconocemos la colonización en nuestras vidas, tomaremos conciencia de cuan arraigada está, y en función de sus lógicas comprenderemos los mecanismos para desarmarla. Debemos identificar las normas que han definido nuestras relaciones de clases, de género, étnicas, sexuales esto nos permite comprender las bases del racismo, el sexismo y violencia en nuestras comunidades, para subvertirlo con estrategias específicas pautadas colectivamente.

Conocer las historias de dominación y colonización de nuestros pueblos y comunidades, nos hace entender quienes somos en relación a nuestras historias contemporáneas, desde qué lugar de Latinoamérica hablamos y desde que raza, clase, género o sexualidad. Un territorio que habitamos y qué nos habita condicionado total o parcialmente por estas historias y por las estructuras de poder político y económico que las instalaron y que las sostienen. Así podemos comenzar a definir nuestra identidad como pueblo, como colectiva, como personas. Permite también definir el/los objetivo/s de nuestras luchas a corto, mediano y a largo plazo. Quizá plazos tan largos que lleven generaciones, transformaciones que no veremos, objetivos utópicos, pero con la victoria de las pequeñas revoluciones diarias.

Sabemos que desde la/s experiencia/s personal/es y desde nuestra subjetividad podemos construir conocimientos, en base a los saberes compartidos, Nosotras los legitimamos. En lo político, así como en la casa, que en realidad es lo mismo, se puede construir un proyecto común si dejamos

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de lado los intereses que nos invaden y colonizan. Recogemos propuestas, experiencias, saberes y expresiones culturales que producimos colectivamente, y nos identifican, nos hacen ser quienes somos. Reunimos estos saberes sobre los que debatimos entre Nosotras y en las comunidades nuestras. El desafío para esto es ir desarrollando nuevas metodologías, cuya fuente sean las experiencias y testimonios, las marcas en los cuerpos vivos o muertos, nuestras contradicciones, nuestros acuerdos, las luchas y las resistencias.

Es fundamental en la toma de conciencia ver que las relaciones de poder que nos colonizan tienen un complejo entramado, con fisuras por donde nos metemos con imaginación y resistiendo con diversas estrategias. En relación a esto algunos ejemplos son las reuniones previas al ENM (pre-encuentros) donde se identifica la especificidad de nuestras problemáticas y las propuestas, acuerdos y desacuerdos; los Encuentros Nacionales de Mujeres (ENM) propiamente dichos, donde reconocemos una lucha común más allá de los debates, en espacios de horizontalidad y autogestión. En cuanto a la descolonización de nuestros cuerpos, la Campaña por el Aborto Legal Seguro y Gratuito, en la que articulamos con diversas organizaciones y colectivas; son también las acciones de las Socorristas en Red, junto a quienes informamos y acompañamos a mujeres a abortar con misoprostol. En relación a la sexualidad en su rol político, ser lesbiana política como acto de resistencia, muestra el desafío a la cultura machista, misógina, racista y capitalista, (Clark, 1988). Talleres de debate y concienciación sobre violencias, trata, salud sexual y reproductiva con consejerías de anticoncepción, pre y postaborto, donde no sólo se intercambia información sino experiencias íntimas y se crean lazos afectivos con nuevas compañeras. Cooperativas de trabajo autónomas de mujeres en barrios populares, aquellos que no figuran mencionados en ninguno de los coloridos mapas turísticos de Mendoza. Las pequeñas acciones en la vida cotidiana, para quienes somos docentes el desafío se plantea en lo pedagógico. También en lo gremial hay tareas pendientes. Transitar juntas estos caminos nos permite entender que las diferencias entre las mujeres muestran la heterogeneidad de la categoría. Aún así somos un Nosotras pues tenemos luchas en común si de descolonizar y despatriarcalizar se trata.

Tenemos que ser conscientes de que reproducimos la colonización justificando y encarnando normas y estereotipos, alimentando imaginarios del deber ser y hacer. Fortalecerse en una colectiva permite sentir que no estamos solas y podemos transformar las estructuras que nos oprimen, identificándonos inmersas en estas estructuras patriarcales y coloniales de relaciones

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sociales, familiares y sexo-afectivas, sobre las cuales hay que hacer un trabajo de reflexión y autocrítica muy doloroso y permanente.

En estos devenires feministas de vida seguramente hay avances y retrocesos, idas y vueltas, es necesario vivenciarlo. Transitamos las experiencias de encuentros y desencuentros. Entre las búsquedas personales, políticas, la toma de consciencia, tratando de entender y de aportar a las pequeñas oportunidades de transformación colectiva me surge la obligación de revisar las propias prácticas, de repensarme/nos, de ser conscientes desde donde hablo-hablamos, porqué y para qué lo hago-hacemos.

Comprender y desmantelar fenómenos complejos en forma profunda no es fácil ni es rápido, este proceso nos llevará tiempo de vida. No es una mera operación mental es una operación corporal toda, define nuestras relaciones y nos hace quienes somos. En paralelo nos interpelaremos colectiva e individualmente a diario, para así desprendernos de nuestras propias colonizaciones, y patriarcalizaciones; y así lograr respetar a cada persona sin discriminación alguna. Respetarnos y amarnos a Nosotras entre Nosotrasy lograr una auténtica transformación.

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Bibliografía

Espinosa, Yuderkys (2013). El feminismo descolonial como epistemología contra-hegemónica. Texto presentado en la Mesa redonda “Como construir epistemologías contra-hegemónicas? Os desafios da arte, a educação, a tecnologia e a criatividade” del Facendo Genero 10.

Bidaseca, Karina y Vazquez Laba, Vanesa. (2010). Feminismos y (des) colonialidad. Lasvoces de lasmujeres indígenas del sur.Este artículo se realizó en el marco del Proyecto Ubacyt “Mujeres interpeladas en su diversidad.Feminismos contra-hegemónicos del Tercer Mundo.

Lugones, María (2008). Colonialidad y género. En Tabula Rasa, Núm. 9, julio-diciembre, 2008, pp. 73-101. Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca, Bogotá, Colombia. Disponible en http://www.scielo.org.co/scielo.php?pid=S1794-24892008000200006&script=sci_arttext

Lugones, María (2011). Hacia un feminismo descolonial. En La manzana de la discordia, julio-diciembre, 2011, vol6. N2: 105-109.

Mendoza, Breny (2010). La epistemología del sur, la colonialidad del género y el feminismo latinoamericano. En aproximaciones críticas a las prácticas teórico políticas del feminismo latinoamericano. Yuderkyis Espinosa Miñoso (coord.). Bs. As. En la frontera (2010).

Moraga, Cherrie y Castillo, Ana (1988). Esta puente mi espalda. Parte II Y III. San Francisco Ed. “ismo”.

Quijano, Anibal (2000). “Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina. Disponible en:www.clacso.org/wwwclacso/espanol/html/libros/lander/10.pdf pp. 225-242 (PDF)

Referencias

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