Jorge
Millas
Ortega
y
la
responsabilidad
de la
inteligencia
X
ODA granfiguia
intelectual signifi-casiempre
y en lajusta
medida en cpie esglande
estas dos cosas: cierta valiosa relacin con sutiempo
v con elpasado
de cpie esle suige, v ciertasingul.u
idael valiosa cpie. ms all de tocia eleieneiahisteirica,
cleine lo quepudiramos
llamar su im-poitaeia absoluta. In el caso deOnega,
su vocaciein dominante para la meditacin de nuestrotiempo impregna
su obra a tal puno decontemporaneidad,
que lo cpiehay
en l de ahistirito, deimportante
pa ra todotiempo
v situacien humana, tien de a eslumarse v suele pasar inadvertido.Es verdad que los histoi ie istas
niegan
lo absoluto de la historia: noquciieiido
saber sino de situaciones v valoies relati vo- a otras situaciones v valoies, la con vierten en puro pioceso, sinsujeto
super lativo v sinlegalidad
ltima vprolunda.
Pai i ello-, no hav ms caitabn de indivi dualidades (pie el modo de iclaeien con sutiempo.
Pero esta es una (orina de i e-guea para esa dimensin ahistriiica de la ie-.!i(!.iclespililual
cpie no poi sei ahis-loriea es lanl.siica o absliaela, v epie no |ioi hallaise inseita en una siluann de vida (oncieta y valer, por tante), lelativa-iiiiite,deja
de teneringredientes
univer sales y valer desde- el punto de vista ele- lo absoluto. Ea veiclacl esque de nada ha va. lido al historicismo su intente) de sea liel a la ic-alidad histeirica mediante una ic-pre-entaciein omine
ompiensiv
a de su mul ticolor variedad y azaioso eaietei.Poique
si ha acertado as a hacernos patente sugil
y sinuosamovilidad,
haempaado
1 i visin de lo (pie, en mantoperdurable,
universal ylegal
hay
tambin en la historia, y sin lo cual la suesin de sus vicisi tudes i- una
especie
de sueo debante. Se le esiapa piee saniente lo epie, porprinci
pio,
seniega
a icionocei: el sentido y va lor (pie las cosas humanas tienen cuando se las considera desde el punto ele vista de ciertosconceptos
(pie, sindejar
de ser ns tennos, son tambinsuperbislci
ieos. la idea del hombre, porejemplo,
y ele la verdad, y de lajusticia,
y de la libertad y an oh,paradoja
la idea ele lapropia
histoi ia.Es cieno cpie estas cosas andan bov un peno desacreditadas, porque durante mu cho
tiempo
neis acostumbramos a escribir las con mavscula y a liatailas como:n Anvi.is de la Univirsidvd de Chile
de olio mundo, de realidad ultraierrena. Estamos asi en
plena
magia
y mstica de los conceptos.los hisioiicistas nos han
hecho,
en estesentido, un bien
incomparable:
nos han avuilado a defendemos ele lapropensin
aconvei'ii
algunas
de nuestras ideas en entes sobrehumanos,
obligndonos
a verlasen funeiin de las concretas che(instancias
histricas en cpie nacen. Gracias a ellos,
ideas tales como
libertad,
justicia,
sociedad, verdad, belleza,adquieren
lastrehumano,
y son cosas naturales de un natural
paisa
je
del hombre, v no se nos escapan comoglobos
cautivos, para volverdespus
a inquietarnos
como misteriosasapariciones
deun mundo ultraterreno.
I\io la
repugnancia
ante lashipcistasis
de las ideas no debe llevarnos al extremodel otro
peligro,
no menos giave paia lainteligencia
de lo humano y para la ade cuada eeinduccin de nuestro destino: elpeligro
delagnosticismo
histrico. El ag-ncistieo de la historia es el que no ve enlas cosas humanas sino el hecho v su con
cheiein; la historia es para l seilo eso: lo
que el hombre hace en tales y cuales cir
cunstancias dadas. Pero es claro que de
este modo no ve todo lo cpie es la histo
ria, o
mejor
an, seniega
a reconocer ensu postura terica lo que, mal cpie le pese,
domina hasta la raz su
comportamiento
prctico.
Poique,
en electo, en la trama histricahay algo
ms que una mera urdimbre mecnica u
orgnica-
de fenmenos, y tampoco es para nadie slo un
espectculo
indeienie de sucesos, ni siquiera
un puro condicionamiento lctico de hechos \ circunstancias. Y eso que hav adems omejoi
,quizs,
ames cpie nada en la historia, esjustamente
lo epie nospermite comprenderla
como tal einteie-sarnos en ella: la realizacin de- lo huma
no. Conclusin aparentemente banal v epie
sin
enibaigo
ha de serproclamada
contrael
historicismo,
que nopoilna
reconoceila sin contradice iein. Pues si la histoiia es (1pio<eso ele vida en vinud del mal lo hu
mano se
icaliza,
quiete-
eslo decir que lodo suceso, desde el ms resonante al ms sido, se ordena en una
peispeetiva
de valoies absolutos, si es
que la
expicsin
"icalizar lo humano" tiene
algn
sentido. Y el histoiieismo es,justamente-,
una lorma deagnosia
radical para tocio lo absoluto. Es bocio que apitildamos ya adelen-deinos del
poder paralogizante
de la ideatan mal
comprendida
de "l'homme cet in-connu". Sabemos sobre el hombre muchoms de lo cpie nos
permiten
reconocer lasgentes que, hechas ionio los
murcilagos
para el vuelo nocturno, seregodean
en el misterio y cierran losojos
enpleno
medioda, con tal de sentirse mcleada-, de sombras. La veidad es cpie las cosas, sin
ser en este punto sencillas, no son tampo
co demasiado
complicadas.
Lo humanoimplica
cierta avidez vcapacidad
de conocimiento racional, cierta
aspiracien
de po der sobre las cosas, ciertoapetito
de felizconvivencia, cierto anhelo de deleite en la
contempla!
iein de lasformas,
cierto anhe lo eleseguridad
metafsica, ciertapasin
poi el bien y la
justicia.
Considrese la historia desde el punto de vista de estos yanlogos
patrones, sin olvidar que todosellos son slo los colores en que se descom
pone la luz blanca de la idea del hombre,
y se tienen sus hechos ordenados v valo rados desde el punto de vista de lo abso
luto, lo absoluto del hombre.
Xi
hipcistasis
de ideas niagnosticismo
icleolgic
o. Eos valores absolutos se danen la historia: es en ella que los busca el
hombre;
en ella los realiza v en ella tam bin losmalogra.
No estnsuspendidos
como las
lenguas
delEspritu
Santo sobre las cabezas de losApsioles.
Perotampo
co se- reducen a incidentales v relativos
eleeios de transitorias cire unstancias his teirieas. fs por esto que
pude
decir al comienzo cpie la
grandeza
de todafigura
in telectualsignificativa
se mide tanto por la relacin con sutiempo
tomo por la singularidad
con que encarna valores absolutos.
La tarea de examinar la
figura
intelectual de
Ortega
y Gasse desde el punto elevista ele las relaciones con su
tiempo,
sei lopodr
comenzarse ahora que, termina dos sus das,puede
juzgrsele
la obra ensu
conjunto.
Constituve. a no dudar, untema inevitable v Inundo, no solo por la
exigencia
a pi ion convertidalegtima-minie por el historicismo en verdad
pol
mica- de epie todo lenemeno hisirieo
sea
comprendido
en (uncin de la totali dad de los lactores de vida en cpic se da,sino tambin por la circunstancia de cpie la obra
oneguiana
consisii, en gran paiOrtega y i x resi-onsmulidad de i.x imi i.icenc ia :ti
haber exageraciein en este punto:
ningn
pensador
contemporneo,
dentro de lasexigencias
derigor
conceptual, objetivi
dad y sistema cpie la tarea de pens.u implica,
puede
exhibir unapreocupacin
ms alerta v universal por el tenmeno histeiico de nuestrapoca.
Olios, comoespecialistas
de laSociologa
ele la Histo ria del Arte, de la Filosolia o de las Cien cias, comopensadores
polticos
o econo mistas,pueden
quizs
haber ahondado ms en determinadas zonas de este dilata do universo de la vidacontempornea.
Pero
ninguno
acometi la empresa,digna
por cieno de tilosolo y armnica tambin con una
peculiar
aptitud
delesprini
oc cidental, decomprender
esa vida en n, totalidatl y, por lo mismo, en su (seneia,esa esencia que escapa por entre los dedos del
poltico,
delsoeiefigo.
delhistoriador,
del moralista, del esteta v seilo se linde a la filosofa,
justamente
poique la vida humana no es ni
poltica,
nisociologa,
ni moral, ni economa, sino nido esojun
to y lo cpie resulta de su
conjuncin,
le do otro tema u palaOrtega
ocasior.if y,en todo caso, se convirti* en instrumento
para la cuestin que por modo tan enr
gico
le atraa: el dominio intelectivo del sinoespiritual
de nue-stiapoca.
No es,por eso. mero
episodio
de su itinenniobi-bliogrlice)
que uno de sus libios ms se alados lleve por ttulo "11 tema ele nuestro
tiempo",
del (pie. a poco ele aparcaei, hace ya ms ele un marte) desiglo,
dijeia
undiscpulo
leivoioso: "Este libro de Or tega y Gas-et eshijo
ele unapreocupacin
grave... De suspaginas,
a vecesprolti-eas, asciende
inexpresaela,
pero tanto ms elocuente, una noble comicriein moral:que el tema de nuestio
liempo
es el deber de nuestiotiempo"
'.La verdad es que se trata ele
algo
ms decisivo que deldeber,
si por deber entendemos solamente el
imperativo
mo ral.Porque
la meditacin de nuc-stia azorante realidad, la intelecc iein de su sino
no neis es
impuesta
nicamente por la conciencia de tpie sea buenc) que nosapli
quemos a
ella,
sino que de hecho y sin deliberadopropsito,
nos hallamos abo cados a ella con la mismaespontaneidad
con
que otras
pocas
se abso bienal en la1 M, unid Garca
Moientc: "El tena de niislro
tempej".
nu-dilacin de- Dios o de los alemos inela-lsicos. Ms que de un recpieiimicnlo cai
co se nata
aqui
de una vaicacien hisieiii-ia.Ninguna
otra poca ha exhibido unapreocupaciiin
tan alerta y sistemtica porsu
propia
condicien y sino como la nues tra. El liombie actual es el hombrepie-ocupado
de s. dotado de la mis inten sa auioeoneiene ia lusterica epieningn
tiempo
haya
conocido hasta ahora. Una icola de lapoca
presente cpieprescin
da de este rasgo insclito andai errabun da entre suptilieialesperplejidades,
porque todo otro rasgo de la vida contempo rnea se halla dilecta o indirectamente re ferido, en caanlo condicin o consecuen cia, al hecho lundamenial de cpie no somosva sc-ies
paradisacos,
cpie nopodemos
vivir en la bealilica inocencia e- incons ciencia de otros
tiempos,
epie nuisuo sino est determinado por la pose siein deuna conciencia ms diversil ieacia, ms cr tica, ms penetrante cpie la cpie hasta el
siglo
XYIIIpresidi)
la historia J.De esta manera, la preoe
upaciiin
tilo-scitica deOnega
pcir eltiempo
presente hace ele l unaexpiesicin
genuina
del espritu contemporneo:
ms que el lileso-lo, es supoca
la que a s misma se rea liza v se exhibe en estabsqueda
ele losseeretos
impulsos
v suliles icsoilcs que mueven el almaeonteinpoi.inea.
Inclina doOnega
en ademn meditabundo sobre el dolorido cuerpo de nuestiotiempo,
noes tanto su
propia personal figura
espi
ritual la epie esa actitud
dibuja,
ionio laliguia espiritual
de toda unapoca,
cineen la conduca del hombre secio revela
su icliosine rasia. No nos
detengamos,
pues, en este- punto ms de lo que ie.lmente conviene a nues
tra iiiiene iein de examinar, no lo cpie hav de su
tiempo
en elegiegio
pensador,
sino de lo que a suliempo
ha ciado el pensa dor o. ce)ini) antes decamos, de laimpor
tancia absoluta ele la tarea por el eali-zacla.I n inveniaiio nolaiial de las ule-as li. losolicas de
Orle-ga
es lo que menos puc-(le seivii elpiopesito.
Pcoi an. es lo quemas
pui-di- despistamos
respecto al \eula-dero sentido ele su labor vasia v Inunda.2 I-.ro
es el trina central de mi ensaco "E.ra una Ic-eila ele nucMici |icin|)ei" (Reviva ii
Anales de i.x Universidad de Chile
El
pensamiento orteguiano
es una fuerza intelectual viva: avista cosas, seala rumbos,
despeja
horizontes, incita, conmueve,
desasosiega.
Lospropios
delectos de esepensamiento,
en ocasiones enexteso lonliado en su
propia
tuerza y en soberbecido en suagilidad
ypoder
ce
seduccin, son en extremo
importantes
para
justipiceiar
sugrandeza,
porque son los detectis de unpensamiento
de gian es tilo, que estimula ydisciplina
como el tbano socrtico. Y a un pensar de estaclase no
puede
entendrsele por el mtodo de inventarios y balances quepractican
los contadores y suelen utilizar los crticos de ideas. La verdad es queninguna
empresa tilosclica
puede
ser de esta suelte rectamente entendida.Porque
las ideas tiloseilieas no son seilo eso. ideas, esto es,representaciones
vjuicios
del melo, sinotambin tuerzas, es decir, actitudes e in-ceii!ve)s que mueven la sensibilidad y la conducta de las gentes en un sentido to
tal. Iodo sistema filoslico se
descompo
ne as en dos
ingredientes:
los conceptosv i
lincipios,
laseaiegoias
y filosoleiuas sus!eptibles
de examinarse aisladamente de-de el punto de vista de su valorobje
tivo o veldad, v lafundn
de esiosconceptos v
principios,
lo cpie ellos, verdaderos e) I.dsos,
implican
como consecuen cia viva para la realizacin de lapoca
y, con ella, de la condicin humana. Las iilis foscicas son, en estesentido,
vec-toie-s.magnitudes legicas
que tienen tambin direce iein
axiolgica
y (pie, por tenerla, han de examinarse no solo en su contenido, sino tambin en su lunciein.
Pee e-o, v en iclac iein ion el lema que aeiui nos hemos piopuesio, es de
impor
tancia scarnclaiiapieeisar
la novedad de (ales o cuales ideas tiloseilieas deOrtega.
Ili.iactenes v devotos del gran
espaol
suelen andar en este punto por losteja
dos:empeados
aqullos
en demostrar (pieOnega
no es un fibislo, porque no ha inventadoninguna
idea liloslica realmente innovadora v poique no Ilcvci nun
ca tema
alguno
al lmile del anlisis; y eliminados eslos olios en c onve-ncei nosque el maestio se
anlieip
a tal o cualpe-nsadoi
al sealai tal o cualpioblema
y ai c-sclamer ste oacpiel
concepto, se empean
todos en unadisputa,
que sin ser del tocio balael, es estril para lo que icaliii' nteimporta.
Porque
contra lospri
meros \a a mostrar la lutura historia de las ideas
contemporneas
queOrtega,
sehaya
o no servido delaparato
intelectual de otros lilcsolos. colabor del modo ms electivo en la empiesa de la nueva filo-sola, y que en este sentido superspecti-vismo y su doctrina de la razen vital son modalidades fecundas del
pensamiento
denuesiios ilias. Y contra los
segundos,
esa misma histoiia va a mostrarnos que las ideas deOrtega
no salieron de su cabeza ex-nihilo, como si en ellapudiera
tenerrealidad el
viejo
mito de lageneracin
espontnea.
Y contra unos y otros, que el autntico valor deorteguismo
est ms all de c-sadisputa,
enalgo
querepresenta
no seilo lo msgenuinamente
orteguiano,
sino tambin lo que, siendo el don ms
precioso
de sugenio
a nuestro caticoliempo,
es, adems, un bieninapreciable
delpatrimonio
de las cosas eternas del hombre: la lucha denodada por los dere chos y los deberes de lainteligencia.
Nada
hay
enOrtega
v Gasset cpie sea ms caractersticamente suyo ni msfecundo,
ni nada tampoco cpiepueda
considerarsetan aleccionador y
perdurable
como su conciencia delmagisterio
intelectual v la tica de autoridad y sanilicio epie va con lanaiejada.
No por tratarse de un
tpico
deja
deser la verdad ms
palmaria
y bsica res pecto al hombre cpie su eseniia consiste en la realizacienplena
de su sino racional. No
hay
otio ser quepueda
vanaglo
riarse v dolerse a la vez delprivilegio
depoder
inteicsaise en el ser de las cosas ypoder
deleiminarsesegin
ellas son. aun cuando se trate de elormarlas para quesean de otra manea
mejores.
En esto v no en otra cosa consiste la racionalidad del hombre,designaciein, segn
se ve, es trecha para cosa de tanamplio
calado. Enesto y no en otra cosa se resuelve su vo cacin para la verdad. La verdad es para el hombre lo que la luz del sol o el agua
p.ua ciertos inlusnos:
puede
faltarle en ciertas dosis, peio se mueve hacia ella conpcrtiuae
ia,
obstinadamente,impelido
por una lueiza (pie de puroenrgica
ms queORTEC,\ V LA RlNl'ONSABII.lDAD DE LA INTELIGENCIA :,:
dedican al ministerio intelectual nos pa recen los ms
respetables
de loshombres,
es que con frecuencia el intelectual es in-tie! a su misin autntica,
y se
comporta
irracionalmente,
zooleigicamente,
a contrapelo
de los altosimperativos
de su ta rea. Nuestro desdn no sedirige
entonces contra la tuncin intelectual, sino contraquienes,
llamados adesempearla,
la desnaturalizan, rindindose a los dolos a que
no se
puede
servir sin traicionar la inteligencia
y la verdad.En este punto es muy leil
engaarse,
con un
gnero
deengao
que pocas veces haba sido tan notorio como en nuestrapoca:
porque entre esos dolos a cuyo ser vicio suele ponerse el intelectual, estn laspropias
ideas. Pero es claio, no se tratapiopiamente
de ideas, porque la idea ido latrada no es ya idea, sino letiche. Nohay
peor manera de desnaturalizar las ideas y desentenderas que envolverlas en la nie bla mstica e intentar la
conjuraciiin
de su misterio mediante ritos fetichistas. Ante el fetiche no acierta a funcionar la in
teligencia,
porque el fetiche esjustamen
te unpoder
que reconocemos como ind cil a todo trato racional. Ante el fetichesomosas
impotentes,
en la medida enque
la
inteligencia,
que nos negamos aejer
cer frente a su atrabiliario
podero,
es la ms excelsa de las lormas delpoder
humano sobre el mundo.
La verdad es que esas ideas mximas de que nos servimos para dominar inte. lec tualniente la vida humana y la natura
leza,
comprendindolas
y elevndolas a ladignidad
de sucesos, son sentido, son todo lo contrario del fetiche. El leticheaterio-riza y confunde; es
potencia
enemiga
a la cual seilo sepuede
icnclir medianteholo-caustos y
sortilegios.
La verdad, lalibertad,
el bien, el progieso, (onverlidos en fetiches,
desarraigados
del nutricio suelo his trico (pie les hace iec:uisos ele la inteligencia
humana paia entender ydiiigir
el servicio de liberarlo del temor al azar, almisteiio. al caos de un devenir
ciego,
le esclavizan an ms con sus muecas de do losimplacables.
Una ele las ms
copiosas
tuentes de lainfelicidad humana es la
estupidez
en quepe('nucamente cae la
especie
por accin de sus fetichesideolgicos,
que con los ms lindos nombres verdad,justicia,
pueblo,
raza, Estado,patria,
libertad, religin
suelen alenoiizar a la genle y sa-caila de sus(juicios.
Contra esta lorma de meiieiseabo de la (ondieim humana nohay
sino una delensa: elempleo
de lainteligencia
en laplenitud
de su ejen
icio, que no consiste nicamente en sus cno neslegicos.
sinotambin,
en una cierta tica de -deberes y derechos. EN esta con ciencia de los deberes v derechos de lainteligencia
la (pie ilumina toda la obrade
Onega
y leimpone
una firme e inequvoca
direccin.El
primer
deber de lainteligencia
esver las cosas
ntegramente
y conclaridad;
y elsegundo,
atenerse a lo visto,impo
nindose la
disciplina
de no detormarlo,de no IaIsi Iicario; la
disciplina,
por lo lano, de no mentir a los dems, llevn doles a ver lo cpie no ve uno mismo, yde no mcntiise a s
mismo,
hacindose-ilusiones. Losglandes enemigos
de lain-leligene
ia son, por e-so, eldemagogo
y eliluso, y poi estar
hoy
lleno el mundo de ilusos vdemagogos,
es que anda a maltraer la
inteligcm
a.Este es uno de los males ms graves de nuestra
poca,
un mal que amenaza la condicin humana misma y del cual no debiera ya hablarse con indiferencia de socilogo,
sino conpasin
depredicador,
si es que sepuede predicar
sindejar
de serinteligente,
esdecir,
poniendo
la verdad por encima de todas las cosas.Nunca la
investigacin
de la verdad es tuvomejor
armada de mtodos, expe riencia y madurez intelectual que en nues trotiempo;
nunca, sinembargo,
estuvo laverdad peor servida. Nunca tuvimos ideas ms
precisas
ymejor
veiiticadas sobie elmundo
y el hombre; y nunca, sin embargo, se
empe)
lauto el hombre en vivir desugestiones,
supcisticiones,
ilusiones vengaos.
En otiostiempos,
cupo al nom ine la excusa de no saber bastante, de vi vir ende errores y honores exignorantia:
hoy
que estamos llenos de ciencia, nos fal la lasapiencia
ms que nunca: nos empeamos
en la mentira sistemtica lente a los dems v nosdejamos
arrasiiar nos. olios mismos por lasugestiein
de la men tira.II mal no sera tan giave si la sociedad
consciv.ua en su seno un mbito
prote
gido
donde[indicia
irradiar su luz lainteligencia,
como la Mamita deluego
saan-:;i Anales de lx Universidad de Chile
tiguos. Porcpie
entontes, ni la tirana del fetichismoideolgico,
ni la avilantez deldemagogo,
ni laimpudicia
delpeiiodis-mo
superliiial
e iiresponsable
podran
prevalaeer
contra ella:siempre
estaran all sus sacerdotes para avivaila y llamarlas genles a su zona de claridad. Pero el
templo
esthoy
cenado y sus sacerdotes se suman en nmero cada vez mayor a laturbamulta de los insensatos que no bus
can la verdad, sino
consignas,
que no seinteresan en ver lo que las cosas son ni
dejan
a nadie cpie lo vea, sino que buscanla
proyeccin
de sus deseos maniticamente convertidos en fines ejue ha de acatar
todo el mundo.
Esto es lo grave: cada vez son menos los
intelectuales que
cumplen
lealmente su oicio de pensar las cosas y hacrnoslas verpara preparar en nosotros la accicin
justa,
adecuada,
racional. Cuandopudiramos
pedirles
a ellos unpensamiento
de los pro blemas, los vemos correr como el ms menesteroso de ideas, tras de las
consignas
v ofrecernos, enlugar
de verdades, decle).gos. Y cuando esperamos que nos ayuden a liberarnos mediante el uso de la inteli
gencia
crtica, les vemosayudar
al dema gogo en su tarea de esclavizarnos en la adoracin de sus fetiches.La
inteligencia
es la gran libertadora del hombre: le pone enposesin
de s mismo
primero
y enposesin
de las cosas, despus.
Ah donde esta forma de la libertad sepierde,
toda otra forma ele liberacinse frustra. Es sta la mxima
responsabili
dad de lainteligencia.
Nadie como
Ortega
en nuestrotiempo,
sin desarrollar una teora sistemtica so-bie el tema, ha sido ms leal a esta
es-ponsabilidacl.
Alteracin, ha llamado l a ese e laclo de frenes colectivo, en que,
perdida
ladisciplina
deliccoghniento
ntimo en don de se preparan las ideasautnticas,
sostenidas por la visien de las cosas v la vo luntad de ser veraz, se lanza el hombre
contra las cosas y coma el
prcpmo
comoun
eneigmeno.
"(.asi iodo el inundo est ltemelo ha eseiito-'- v en la
altei.i-rien el liombie
pie
rel su atributo ms esencial: laposibilidad
demeditar,
deie-cogeise dentie) de s mismo para ponerse
a
Ortega y Gassct: Ensimismamiento y altera cin ". iK.spasa Calpe. Buenos Aires, IM1. 2da. edi
cin, pg. gil).
consigo
mismo de acuerdo yprecisarse qu
es lo epie cree yqu
es lo que no cree; loque de verdad estima y lo que de verdad detenta. La alteracin le obnubila, le cie
ga, le
obliga
a actuar mecnicamente en un lrenetiio sonambulismo".Esta lealtad a la
inteligencia,
que es tambin la ms excelsa lorma de lealtad al valor perenne de lo humano, no es, sinembargo,
plcido
yepicreo ejercicio;
es ms fcil la actitud indolente dequien
seabandona al
prejuicio,
a lasugestin
de laconsigna,
que el esfuerzo de ver desde s mismo las cosas v pensar crticamentelos
problemas.
Buscar ideas yjuzgar
con ellas es un esfuerzo penoso, que no conocen los perros de Pavlov que ante cada estimulo tienen ya
dispuesto
el correspondiente
equipo
dereflejos
condicionados.Pero no seilo eso; a las gentes les cuesta
mucho reconocer los derechos de la inteli
gencia.
Siempre
ser una amenaza latente para eldemagogo
y el iluso la actitud enapariencia desaprensiva
del que en me dio del frenesi colectivo se retrae para exa minar supropia
conviceiein, no sin antespreguntar
deepi
se trata. En medio de su delirio las Bacantes noquieren
ser contempladas
ni admitenpreguntas:
Penteo observador, acaba por ser descuartizado.Ortega
no rindi, sinembargo,
jams
este derecho ni ante el
halago
ni ante elvituperio.
En las horas en que todosqui
sieron tenerlo ele su laclo supocumplir
con el deber que
cumple
al intelectual deguardar
silencio, si no ve claras las cosas o si su voz no ha de ser escuchada en servil io de la verdad v de la cordura. En es
to fu consistente tambin con la respon
sabilidad
superior
ele sumagisterio,
vqui
zs hov.
mejor
que liarealgunos
aos, po damosaquilatar
la bravura de nimo quese
requiere
para conservar la cabeza fraen horas de confusicin v no hacer el dao
de ser infiel a la verdad, por evitar el nes
go de
perder
lageneral
simpata.
No seilo el martirio lisico rinde testimonio denuestra adhesin al bien v a la
verdad;
el mailirio moral suele ser mucho ms in
tolerable todava: pero si el intelectual
no
puede
ahornarlo, no est iclmente a la altura de suresponsabilidad.
La obra entera ele
Ortega
es un llama do a estaresponsabilidad
ele lainteligen
cia,
al goce v al saerilirio de ver las cosasORTK.A Y I.A RESI'ONSAIULIII VI) DE LA IN1IUCENCIA ;r)
l.
"Hay
quien
sabe vivir como un sonm bulo advirtiii una vez a suscompatrio
tas-, yo no he
logrado
apiender
este ce-modo estilo de existencia. Necesito vivirde claridades y lo ms
despierto posible".
Este es el sentido de la misieince
espec tador que seimpuso,
con nombre en quela chabacanera
puede
hacer estragos, peroque no
puetle
contundir aquien
dever-cfad
comprenda
lo quesignifica
elprivi
legio
humano de tenerinteligencia.
La
inteligencia
es. a no dudar,privilegio
de ver, antes que
cualquiera
otra tosa. Pero la funeiein de ver tiene para la inteli
gencia
humana tres modalidades que el verbo noexplcita,
cosa en extremo incon veniente por losengaos
a que una y otravez induce: la funcin de ver en conexicn
con lo
general,
la de atenerse a lo visto y la de obrar en consecuencia.El ver intelectual no consiste en el me
rohecho deque
algo
aparezca anteel hombre;
tambin el animal se encuentra con cosas ele que toma noticias y, sinembargo,
este modo suyo de ver no tiene nadaqu
hacer con el de la
inteligencia
humana.Porque
lo definitivo para sta es laposi
bilidad de ver las cosas en la urdimbre deun
complejo
sistema de relacionesdescrip
tivas y funcionales. Tambin el animal es
cierto es capaz ele
alguna
percepcin
derelaciones: los monos de Kohler y las ratas de Tolman "resuelven" sus
problemas
jus
tamente en lauto en cuanto
llegan
a veique tal
objete)
se halla en tal e> mal nexotuneional con esla o
aquella
mente limi tada en cantidad y cualidad. Selimita,
poruna parte, a lo ms
simple
einmediato,
casi a las puras relaciones de vecindad
to-pogifica
entre las cosas; el animal apenasve ms all de sus nances. Y se limita, por
la otra, a lo estiielamente
funcional,
a los nexeis instrumentalesaprovechables
paiala
descarga
de Ja tensicinapetitiva.
Niiv otia cosa es la visicin intelectual humana.
Apovaela
en la furirien animal depercibir
segn
le>s icepieiimientos de laac-cien
("savoir
pourpievoir, pievoii
pouragir" -K.-iion, Coime,
Bergson,
James),
traspasa los lmites
topogilicos
ypiagm.i-ticos para lanzarse ms all de las narices
del vidente. El hombre ve ms que el ani mal no seilo en cuanto
dispone,
guacias
al inclemente) artificial de sucapacidad
perceptiva,
de un horizontetopogrfico
msdilatado y
profundo,
en dondehay,
obviamente, nus cosas, sino tambin o
mejor,
sobre todo en cuanto descubie o ce a msrelaciones. No otro es el sentido del
cem-icpto, ese
igano
peculiar
ele lainteligen
cia humana. Desde el ms rudimentario al ms elaborado, los conceptos sonsiempre
esquemas intelectivos "visiones" de re
lacinen cpiese ven las cosasy aun las pro
pias
relaciones entre s. As hapodido
surgir
en el mundo del hombie esa inefabley evasiva realidad (pie llama el ser y que no es sino el
concepto
superlativamente
comprensivo
de todas las cosas y todas susrelaciones vistas en una sola y todo conti
nente relacin.
El ver
inteligente
es, pues, el ver totalizante, y seilo en cuanto
contempla
las cosas en "omnmodas conexiones" la expre. sicin es pieeis.miente de
Ortega
el hombrees
espectador,
fileisoo en el sentido mas e.ibal ele lapalabra.
Es sta la idea de
poder espiritual
quenos
legaron
losgriegos,
yninguno
de ellosla comnic) en Icirmula ms elocuenteque
Platn, al describir al veidadero lilsofo
como
"aqul
cpie poseemagnificencia
de entendimientov esespectador
de todo tiempo y toda realidad". Platein el "idealis. ta" y Platein el "realista" o
mejor,
el ms tico y elpoltico
alojados
en el almaplatenica
debaten, apartir
de esle pensa miento, las virtudes morales dellilsofo,
en una ele las
pginas
msinquietantes
(pie se
hayan
escrito especto a lasignifi-eacien y valor del menester lilostieo. Pe
rola (ontioveisia no debilita elasentimien
to fundamental especto a la ndole de la actitud mental del lilcsolo, "alma que
constantemente
aspim
a la totalidad de lascosas divinas y humanas". Seilo en cuanto
anhela esa visien en cpiecada cosa se mues
tra en el 1ciclo,
puede
tambin el lilsofocomponai se
segn
los (anones de la eliea msligiioisa;
en el hedi, no obstante, nose comporta
siempre
as; la naturalezafi-losclica se deteriora lcilmenli', expuesta a la aceien conuptora de un medio advciso a
su sino. Y, sin
embaigo.
elpoder,
laposibi
lidad de la vida noble le son dadas en la
ndole misma de la actitud
contemplativa
(pie, si no es eeindicieVii suficiente para el
bien, es
siquiera
conche ieinnccesaiia,
conlo cual la totalidad de la vida humana vie
ie-Anales de l\ Universidad de Chile
conoce la funcin totalizadora de la inteli
gencia.
Peroaeste
primer
momento elelverin-telectual,
sigue,
por modonatural,
y romocondicin ele su
plenitud,
el de atenerse alo visto, el de estaise a lo dado, en buenas cuentas, el de la
objetividad
del conoci miento. Se trata de un nuevoprivilegio
humano. El animal es tambin
aqu
menosque el hombre. Seilo a ste le es
permiti
do tomar las cosas a distancia, all donde
ellas estn y como estn,
"dejndolas
ser"ante el. Tal es el sentido de la verdad.
Verdad slo la
hay
para el hombre en lamedida en que seilo el hombre
puede
estar ante lo otro,frente
a lo que no es l y aunfrente a s mismo, tomndolo
precisamen
te en esa condicin de "otro", de ser que
est all, con su identidad y dilerencia
propias,
trascendente y contrapuesto alpropio
sercontemplador
del hombre.Ver,
contemplar,
conocer, sonpalabras
con sentido, nicamente sipodemos
enten derlas con esta esencial referencia alobje
to o ser contrapuesta, al territorio de lo ejue est irremediablemente all, ante nos
otros,
percibido, pensado,
visto por nosotros, pero no contundido con ni
perdido
en nosotros. Y esta condicien de "irreme
diable" o de
"inimpugnable"
que tiene lapresencia
de lo otro en el acto de verlo, es porcompleto independiente
de sugne
siso de su
postrer
destino.Porque,
en efecto, "lo otro",elser verdadero al que hemos
de atenernos,
podemos
haberlo creadonos-otios mismos, como el gusano la beba de seda con que
teje
sucripta prodigiosa;
puede
"lo otro"consistir,
porejemplo,
enel dicis
antropormeiico
cpie ridiculizabaJe-nlanes, o en el
objeto
que emerge de larompleja
maquinaria
del conocimiento kantiano. Perosiempre,
y en la medida enque es visto, se encuentra "all" y es
ple
namente elloen si mismo y,
justamente,
en sa su lonche iein de creado por m. Deigual
modo,puede
lo que veo sermodifica-ble por m, como la situae ion de la
piedra
que
puedo
apartai de ini camino, o de lainjusticia
(pie me es dado miregir.
Perono por eso
deja
ele hallaiseobjetivamente
fente a m, en su mbito de ser que no esel mo: v si es modilicable por m, lo es irremediablemente, y as lo veo yo, siendo esa
posibilidad
de modilicarlealgo
que me es dado como situacin de la (osa cpie est ante m, y no como situacicin ma.
Por eso el
concepto
de "ser" es el msimportante
de todos losconceptos
y susproblemas
los ms hondos de todos los pro blemas liloselieos lodo el proceso delpensar humano viene en ltima instan cia a parar en el
pensamiento
de que"algo
es", de que"aquello
es". La frmu la es redundante, enverdad,
porque vistoalgo
en cuantoalgo,
reconocido deaquello
en cuanto
aquello,
se les ve y reconoce encuanto son: y "es", por su
parte,
slo tiene sentido como el "es" de
"algo"
o"aque
llo". La
separacin
delsujeto
y delpredi
cado noes
aqu
posible,
omejor
como nohan
dejado
de verlo desde muyantiguo
los lilcsolos ser no es realmente unpredica
mento.
Ver las (osas en el Todo o en los todos
(monismo
\pluralismo responden
en estepunto
a idntica vocaciein intelectual delhombre)
y atenerse a lo visto: he ah losdos momentos
primordiales
de ese ver pe-euliarsimo de lainteligencia.
Su filiacin noepieda
as conclusa, sinembargo.
Havalgo
ms.Porque
a ello viene a agregarsetodava la
posibilidad
de obrar en concordancia con lo total y
objetivamente
visto.Agregarse
es,quizs,
un trmino inadecuado para describir el nexo entre el pensar
y el obrar
consiguiente.
En realidad la accin
inteligente
es el trmino natural delproceso tnico iniciado por la visin inte
lectual: brota la accin de la visin como
de la lloi el tinto. Dante, niva
poca
sehace a naves suvo y de otros creadores
(Roger
Barn v FedericoBarbarroja,
porejemplo)
plenamente
consciente de esta doctrina de la razcn,expres)
lo mismo entrminos escolsticos. "Lo
propio
de laoperaiiein
del genero humano, considerado en su totalidad, essiempre
convertir enacto la
potencia
del intelectoposible,
ante todo para
especular
yluego
para obraren consecuencia".
El lruto de la
flor,
pues; el acto de lapotencia.
Pero nosiempre
da la flor suruto,
ni todapotenc
ia lleva a su acto propio:
el procesopuede
malograrse
si semanhita la lien o la
posibilidad
no se realiza. A la visien
inteligente
nosigue
siemOrtic.v \ i \ RESi'ciNsvmi in.xn di ix inn lic.i nc ia :i7
visto, dando
pleno
sentido alpensamiento
"aquello
es".Esto es obvio cuando se considera cpie
(1 hombre suele ser ms o menos romo, ver
apenas a un
palmo
de sus narices, y quechise en la
superficie
de las cosas, cones-neihsimo horizonte mental. Pero no es ya tan obvio el hecho verdaderamente grave de
(ne,
pudiendo
serinteligente
el hombre, se
niegue
a serlo, noqueriendo
-ver o,(liando ve, resistindose a "obrar en con
semencia". Se trata de una verdadera des naturaliza! iein de lo humano, cpie malo gra no seilo su sino intelectual, sino la totalidad de su ser, ion el
pensante,
el valorante,
y conste,
el actuante ycreador,
en la medida en que todo, absolutamente
todo en el hombre y
principalmente
sucapacidad
tica sesupedita
a lacondi-cien necesaiia de ver bien las cosas, las naturales y las histeiricas, las materiales y las
espirituales,
y de obrar trente a ellas, en fue iein de lo que son, sea para contemplarlas,
ea para valorarlas, sea paraacabar con ellas y poner en su
lugar
otrasmejoies.
Las formas de e-sia
corrupcin
son numerosas. Platn tena va conciencia de al
gunas y las seale frecuentemente en sus
dilogos.
Baeon, el de Yeruliano,identifi-cci otras pocas en su arremetida (ontra los
lamosos "dolos".
Hoy
habra epie i('estudiarlas, desde un punto de vista ms am
plio,
paia defenderse ne) s,,|,, de las cpieaquejan
a la concllela intelectual ele losli-Nsolos, siiu) tambin a la de lodos los que
de una u otia manera
aspiran
aejercer
elpoder
c-spiitual.
Eos lugares comunes, losleipicejs.
lasconsignas,
lasideologas,
el fetichismo de lashipesiasis,
la violenciaafectiva, son
algunas
de las leumas de <<>-nupe ion intelectual, tanto mspeligiosas
(liante) cpie hacen esimgo pie-c same-ule
t::tre los intelectuales.
La obia lteleinial ele
Ortega
y (,ass(i sehalla de la miz a la llor
imptegnacl.i
porel tcito
pensamiento
cpie lainteligencia
human,', con ser unpiivilcgio,
es tambinun deber, y qu<- ion ser (
oniemplac
iein eiteora del mundo, es, adems,
imperativo
tico: el
impeaiivo
dese:insobornable,
dedisponerse
el hombre a ver ron claridadlas ceisas, atenerse a su verdad y obrar en
con ceuencia.
Todos los deleelos de su labor se
empe-queecen
ante lamagnfica
empiesa porel acometida de
dignilicar
lainteligencia
en un inundo ile
inteligencias
con(impi
das, de scnalailc su
responsabilidad
en unapoca
en (pie seconlabulan contra ellalas
engaillas
de losdemagogos,
eldespo
tismo de las
ideologas,
el fetichismo de lasinstituciones,
la intolerancia de lospaiti-dos o de los "conductores"
autoelegidos.
La batalla ca descomunal y
supona
lavigilia
de toda una vida, pero es difcilmantenerse
despinto
en todas las hoi.n deuna contienda sin trmino. Hasta
Napo
len necesitaba, por levisto,
algunas
lu-ras de sueo. No es, mes, extrao epie Or tega, el
espectador
siempre
envigilia,
seadormezca poi momentos v
pueda,
ocasionalmente,
deliauelainos. El tambin su.eumbic en
algn
momento asubterfugios
intelectuales: su
apologa
de laguerra4
es, en este sentido, una de sus peores clis-tiacciones, por no decir desnudeces. I.a
cla-ielael del
pensamiento
crtico cedeaqu
sulugar
a la oscuridad de nociones vagas cargadas
ce afectos y de ritos verbales frentea le tiebes
ideolegkos.
"La fuerza de lasarmas no es fuerza bruta sino fuerza
espi
ritual". A lermula tan oscura y falsa no
pudo llegar
elfilsofo,
en su intento desoslayar
loslugaies
comunes delp.uilismo,
sino
llegndose
a loslugares
comunes delbelicismo
gcininieo,
empeado
en el alan milico decomprender
y valorai desinteie-sadamentc el lenenieno de la guena. sino de prepai.itideolcigie
ament la aecuin b lica del Estado alemn.Desgraciadamente,
en nuestrojuicio
delpiejimo
olvidamos que el bombie es unamezcla de nobles y viles matoias, v que su valoi es tanto mayor cuanto
mejor
sealirmau
aqullas
ame elempuje
de estas.Y poique los (iticos ele
(Juega
olvidantosa tan ha Lid , es porque, como los (oos, embisten no slo contra el trapo
rojo
cinelis in ha. sino eontra lodo lo cpie encucli llan a su paso. II
pensamiento
ntico tiene pie sea mnibas veces
magnnimo
para lcr, pinsmente,pensamiento
ciitieo. < sio es, (ompic nsien. Nopodemos
atenemosslo a estas humanas
limpiezas
de uua obraintelectual tan vasia \ iic i como la de Or
tega, v
cuya sustancia no
aloja
enepisdi-eos ancitos o nioics, sino en su estilo
to-'
AnVI.IS DI LV EnivIRSIDM) DE CHILE
tal Noesjiora cosa en nuestrosdaspensar
con denuedo e ir resueltamente al encuen
tro de las cosas, para atenerse a ellas. Por
que
hoy,
ms que la verdad, enamoran alhombre susmanas, y cada cual se cree con
derecho a meter a los dems en ellas, como
quien
mete al loco en la camisa de fuerza.11.iv
quienes
terminan sintindose muy agusto tinados de esa manera como locos.
Pero
hay
otios que no,y unpensador
comoOrtega
sersiempre
una esperanza de queen el mundo
pueda
unoaspirar
a vivircomo ser