La crisis del espacio público en los
centros históricos. Espacio público vs.
Ciudadanía [2ª Parte]
por Eduardo Torres (México) — Viernes, 30 de Octubre de 2009
Zócalo de la Ciudad de México, Centro Histórico
*Eduardo Torres Veytia Muchos especialistas marcan que la mayoría de las sociedades, empezaron un leve cambio (que podría ser visto o considerado más como una degradación), que conllevo cambios a nivel de la familia, los valores, la demografía, la economía y la política. Estos cambios tuvieron una incidencia sobre la forma de vivir los espacios públicos y por ende de su existencia. Bien diría el dicho que “no es lo mismo: huele a traste, a atrás te huele”, y escribo esto en el sentido, que el espacio que hoy conocemos como Centro Histórico, no es lo mismo su dinámica social, cultural y urbana, de los años 50’s, a la de hoy en día, los cambios son muchos en varias esferas.
del espacio público en el Centro Histórico
Entonces al haber esta pérdida de la función de los espacios, y al verse suplantada por otro tipo de lugares, las funciones de intercambio de ideas, de sociabilización y de redes sociales en los mismos ira cambiando.
Algunas de las funciones principales del espacio público (sea una calle, plaza, plazoleta, jardín, lo que sea o inclusive un espacio remanente entre dos edificaciones), es la de que son lugares de encuentro, intercambio y comunicación.
Al respecto la ciudad —como tal—, es espacio público al ser espacio de lugares, sedes de formas diversas de relación, de acción, de expresión y de participación en asuntos de interés ciudadano (Borja, 2003). Así mismo, en los espacios públicos urbanos confluyen usos, significados, y funciones diversos y heterogéneos que hacen visibles los problemas que plantea la vida pública en términos de calidad de vida, exclusión y segregación social; pero también en lo que se refiere a formas de acción y de participación que puedan vincular, a partir de objetivos comunes, a grupos sociales diferentes. Formas plurales de expresión, convivencia, descanso, recreación, celebración, consumo y trabajo, se alternan con prácticas ciudadanas en demanda de reivindicaciones políticas y sociales. A estas se yuxtaponen formas marginales de supervivencia y de habitar cotidiano así como un amplío rango de prácticas que generan temor e inseguridad (Ramírez, 2003).
Apropiación vs. Ocupación Plaza Manuel Tolsá, Centro Histórico
ambulante, las personas en situación de calle (drogadictos, prostitutas, sexo servidoras, alcohólicos, chavos de la calle, etc.), y por ende dicho espacio, es visto por la sociedad restante como un espacio incongruente con lo que hay en la ciudad. Puede que uno de los motivos principales de las políticas de atraer personas a las áreas centrales de las ciudades, tenga un doble significado, por un lado, atraer nuevos pobladores que servirán como semilleros para un futuro renacimiento de la ciudad, pero también puede ser una manera de ir expulsando lo “feo” o lo “no permitido”, “lo que se ve mal” de una ciudad. Bien se conoce que en la ciudad, son más relaciones sociales que un cúmulo de edificios, calles y gente. La ciudad como tal, y el espacio público en particular es el lugar, a como dice Jürgen Habermas “donde la sociedad se fotografía, donde el poder se hace visible y se materializa el simbolismo colectivo”; o como Julio Cortazar habla de ella “un lugar con mucha gente que interactúa cara a cara… una concentración donde lo primero son las calles y las plazas, los espacios colectivos, y sólo después vendrán los edificios y las vías, que son los espacios circulatorios”. He aquí dos formas de ver la ciudad, como un espacio público, y que le da una connotación muy importante.
Pero entonces, si la ciudad, es analizada como un gran espacio público, porque las políticas actuales en la mayor parte de nuestras ciudades, tienden a desaparecerlo. El espacio público como tal, no debe de aislar, y tampoco segregar a unos habitantes de otros, sino que debe tender a proporcionales igualdad para habitar, y supone un dominio público, un uso social-colectivo, y además que se funja como multifuncional.
Los espacios públicos como tal, tienen la característica, que se pueden mimetizar con los demás equipamientos de una urbe, y en algún determinado momento, pueden representar hacia la sociedad un punto, que inclusive puede ser considerado como una zona central, y la ciudad como tal estaría compuesta por diversos centros dentro de un mismo espacio.
En la realidad, las ciudades tienen en un determinado territorio diversos polos de atracción o zonas céntricas, como los jardines donde todas las tardes las personas salen a pasear, o los parques dónde los niños y niñas salen a esparcirse o las plazas donde jóvenes, adultos o familias salen a conversar, etc. La ciudad cuenta con estos espacios, que a la vez son puntos de referencia, pero también tienen un carácter de centralidad, son atrayentes, pero existe una delgada línea por así decirlo, de personas que no opinan lo mismo, y que al parecer es un síntoma de las ciudades modernas (o pos-modernas), de querer limpiar estos puntos de espacio público en la ciudad, limpiarnos para a la vez eliminarnos, o en pocas palabras privatizarlo, y con ésta condición las personas pueden reservar el derecho de admisión al espacio.
La ciudad en sí misma, genera en algunos conglomerados o sectores de la población un miedo sobre los espacios públicos (no vayas por el parque de noche, porque te violan, asaltan o matan…, etc.), tales como plazas, jardines, parques o espacios residuales, no es raro encontrar como éstos generan segregación y por ende en algunos casos terminan siendo intervenidos por la junta de vecinos, o el gobierno local, y a la larga se cierran o privatizan.
ésta población o sector es la que genera el miedo, y hasta cierto punto la segregación de los espacios públicos. Cabe mencionar que a veces son miedos, malintencionados o agravados por los medios masivos (televisión, radio, periódico, etc.).
La Identidad Urbana. Plaza Loreto en el Centro Histórico
Entonces el espacio público como tal, es el lugar de la convivencia y de la tolerancia, pero también del conflicto y de la diferencia. Tanto o más que la familia y la escuela, son lugares de aprendizaje de la vida social, el descubrimiento de los otros y del sentido de la vida. Por lo tanto, el espacio público no está en crisis, sino que pensamos que lo está, porque en la realidad, la ciudadanía-sociedad a partir de sus miedos, y del contacto con los otros, generan esa crisis.
*Antropólogo físico de profesión, con estudios de maestría en urbanismo por la Facultad de Arquitectura de la UNAM en el campo de conocimiento de Análisis Teoría e Historia; y profesor del campo.
Referencias bibliográficas.
• Borja, Jordi (2003): La Ciudad Conquistada. Alianza ensayo, Madrid, 381 pp. ISBN-8420641774
• Habermass, Jürgen (1990): Teoría de la Acción Comunicativa. Taurus, Madrid, Vol. I y II. ISBN-8430603417
• Ramírez Kurí, Patricia (2003): Espacio público y reconstrucción ciudadana.
FLACSO, México, 483 pp. ISBN-9707013753