ARTÍCULO DE INVESTIGACIÓN / RESEARCH ARTICLE VOCES DESDE EL TRABAJO SOCIAL, 2021 VOL. 9 NO. 1 11 - 24 www.revistavocests.org
DOI: 10.31919/voces.v9i1.255
MUTRAME: NO SOMOS VÍCTIMAS, SOMOS SOBREVIVIENTES Y ESTAMOS ORGANIZADAS
Joseph Vicent Castillo-Niño 1 Andrea Katherin Ospina-Navarro 2
Resumen
El presente escrito expone la construcción de la categoría reivindicatoria de sobrevivientes como cuestionamiento al concepto víctimas, para ello se partió desde la resistencia y resiliencia de lideresas sociales violentadas en el marco del conflicto social armado que residen en la ciudad de Bogotá.
Luego, se resaltan los aportes emocionales y políticos de los procesos organizativos de mujeres para la (re) construcción de memoria para la no repetición de hechos violentos.
Palabras clave: Memoria Histórica; Conflicto armado; Mujeres Lideresas;
Resistencia; Resiliencia
Sumario
Introducción. Referente teórico. Metodología. Hallazgos. Conclusiones.
Referencias.
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MUTRAME: WE ARE NOT VICTIMS, WE ARE SURVIVORS AND WE ARE ORGANIZED [EN]
Abstract
This paper exposes the construction of the vindicatory category of survivors as a questioning of the concept of victims, for which it started from the resistance and resilience of social leaders violated within the framework of the armed social conflict who reside in the city of Bogotá. Then, the emotional and political contributions of women’s organizational processes for the (re) construction of memory for the non-repetition of violent acts are highlighted.
Keywords
Historical memory; Armed conflict; Women Leaders; Endurance;
Resilience.
La alta conflictividad social que ha presenciado Colombia por más de 50 años es motivada por la confluencia de diversas condiciones como la exclusión política, la carente presencia estatal en diversas zonas del país, la consolidación del narcotráfico y la falta de una reforma integral agraria, dando resultado millones de víctimas debido a las confrontaciones armadas entre grupos subversivos, agentes del Estado y agrupaciones paramilitares (Grupo de Memoria Histórica, 2013).
El conflicto social armado ha pasado por diversas etapas, escalas y dinámicas a causa del desarrollo de la confrontación en sí misma. En este escenario, las mujeres son violentadas de una manera diferente en razón de su género y sexo pues los actores armados interpretan su presencia como un posible botín de guerra del cual pueden apoderarse sin algún cuestionamiento, o también, como una forma de debilitar los lazos comunitarios en las poblaciones en disputa o con un control territorial ya establecido por otro grupo (Centro Nacional de Memoria Histórica, 2017a).
Producto de las doctrinas militares se dio uno de los capítulos más degradantes del conflicto armado en el país fue el hecho de las ejecuciones extrajudiciales o mayormente conocidos como los “falsos positivos” cometidos en el marco de la “seguridad democrática”
implementada en los gobiernos de Álvaro Uribe Vélez (2002-2010), una práctica de asesinato sistemático de jóvenes de clase social popular por parte de miembros de las Fuerzas Armadas para incrementar las cifras ante los medios nacionales de bajas en combate frente a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia Ejército del Pueblo -FARC EP-, el conocimiento de este tipo de hechos motivó a que familiares -especialmente las madres de los jóvenes- emprendieran una travesía para la búsqueda de la verdad enfrentándose a altos mando militares y al expresidente por la justicia y el buen nombre de sus hijos (Gutiérrez, 2019;
Mellizo, 2011).
Introducción Referente teórico
Construcción de memoria histórica desde perspectiva de género
El hablar sobre memoria histórica en el conflicto social armado implica reconocer las voces de sus sobrevivientes , vivencias y experiencias de vida enmarcadas no solo en la violencia, también en la resistencia. A través de los relatos de aquellas personas violentadas se subvierte las lógicas tradicionales que reconstruyen el pasado de manera “objetiva”
y desmitifica el discurso hegemónico impuesto desde las élites dominantes que pretenden desestimar la historia (Torres, 2017). Teniendo en cuenta lo anterior, esta propuesta de construcción y reconstrucción de la historia, se concentra en otorgar a los sujetos un lugar de emancipación que los ubica como sujetos activos de los procesos de investigación.
La memoria como escenario de disputa permite la convergencia de reflexiones históricas que no son solamente una descripción de hechos y secuencias. Al contrario, sitúa como eje central las voces y pone en diálogo las memorias de quien las narra con su entorno.
Es recobrar los sentires, recuerdos y olvidos de las personas (Jelin, 2002). Acorde a esto, el Centro Nacional de Memoria Histórica (2018), se refiere a la memoria como:
Hacer memoria ha sido parte de la construcción de la identidad individual y de los pueblos, es un ejercicio político que implica la selección de hechos y construcción de narraciones acerca del pasado.
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un campo donde distintos gestores de narrativas hilan secuencias y sentidos sobre un pasado imaginado desde un presente vivido que marca el futuro proyectado. Bajo esta perspectiva, el pasado, más que cerrado y concluido, toma vida por la manera como nos apropiamos de él y le otorgamos unos énfasis y unos significados; por las huellas que deja esta lectura en nuestra comprensión del presente y por la forma como orienta nuestra perspectiva de futuro. (pp.8-9)
1 La Ley 1148 de 2011 no contempla el concepto de “sobreviviente”,
bajo esta normativa se emplea “víctimas” para hacer mención de las personas violentadas en el marco del conflicto armado.
En este sentido, este tipo de ejercicios se considera un acto político que refleja consensos y disensos sobre aquello que merece ser contado y considerado como la historia de un sujeto o un colectivo. La memoria histórica permite dar sentido a lo acontecido y otorgarles una línea narrativa a los sucesos, para que estos sean contados (Centro Nacional de Memoria Histórica, 2018). Teniendo en cuenta lo anterior, Cancimance (2013) plantea que: Las denuncias de los hechos convertidos en relatos y registros de la barbarie; el acopio de pruebas y búsqueda de testimonios; la consolidación de asociaciones de víctimas;
y la creación de monumentos y galerías representan algunos recursos y prácticas concretas para la memoria. En ellos la relación memoria-derechos humanos ha sido una constante. (p.23)
Ahora, la memoria histórica con lideresas sociales desde una perspectiva de género también es una apuesta política pues las mujeres han sido socialmente invisibilizadas y destinadas al ámbito privado desconociendo sus aportes en estos procesos de construcción de historia (Correa, 2019). Este tipo de apuesta genera consigo una transformación pues se contrapone a la consideración de que los hombres son los únicos que pueden expresar su interpretación y vivencias en un plano público. En palabras del Grupo de Memoria Histórica (2011) se trata de:
El sentido de esto es reconocer el papel de la mujer y la relevancia que tiene en la construcción del proceso de memoria, resistencia y resiliencia en el marco del
conflicto armado (Grupo de Memoria Histórica, 2011). De la misma manera, es reconocer el impacto de la guerra sobre las mujeres y sus cuerpos, la dominación cometida por los armados en contextos de violencia (Segato, 2016). Es por ello que las investigaciones con mujeres violentadas en el marco del conflicto social armado es parte fundamental en el cumplimiento de los acuerdos de paz rescatando los aportes que pueden realizar tanto de manera individual como colectiva mediante organizaciones populares (Correa, 2020; Correa y Sandoval, 2020).).
La resistencia y resiliencia de la memoria
En las narrativas que desarrollan en los procesos de memoria las sobrevivientes del conflicto social armado mencionan los conceptos de resiliencia y resistencia como ejes fundamentales para la acción política de transformación de la realidad y escenarios de violencia.
La resiliencia se comprende como el proceso de recuperación después de un evento traumático que aparte del daño ocasionado en el momento que se presentó, sigue generando dolor en la persona, el traumatismo que trasciende de lo físico y se convierte a su vez en psicológico (Cyrulnik, 2019). Es por ello que la persona resiliente busca la transformación de su realidad mediante la superación de la adversidad y a su vez, alude a una adaptabilidad conjugada con un proceso multifactorial donde convergen las características del individuo y su ambiente.
El concepto complementario es la resistencia, frente a los hechos violentos y el despojo de sus creencias y saberes;
se constituye como una propuesta de contraposición a los hechos de violencia. En otras palabras “la resistencia cobra importancia en las organizaciones sociales a la luz de ciertos ideales de ciudadanos que se asumen superar las representaciones de la
feminidad que se divulgan a través de narrativas históricas y que sólo ubican a las mujeres como víctimas o figuras pasivas frente al devenir histórico y, con ese gesto, las despojan de agencia y politicidad. (p.5)
Metodología
La memoria histórica se constituye como la propuesta contra hegemónica de las clases populares para reescribir la historia, es decir, construir una nueva de una historia partiendo desde abajo, desde los oprimidos, invisibilizados, violentados y estigmatizados (Jelin, 2002; Torres, 2017).
Este tipo de investigación puede presentarse como un proceso de denuncia ante los hechos violentos pues consiste en el “proceso de asignación de sentidos a los pasados de violencia, no puede existir si no es narrada o medida por el lenguaje testimonial”
(Cancimance, 2017, p. 86). La propuesta también posee una perspectiva política pues
“la representación del pasado genera una identidad individual y colectiva la cual, permite no sólo recordar y visibilizar los hechos que causaron tanto daño sino, potencializar y luchar” (Castellanos, Castillo y Latorre, 2021, p. 321).
El presente proceso investigativo se dividió en un proceso metodológico de carácter cualitativo con enfoque de memoria histórica dividida en cuatro fases: preparatoria, trabajo de campo, analítica e informativa (Rodríguez, Gil y García, 1999). En la primera fase, se dio un acercamiento de la población objetivo donde fue presentada la propuesta investigativa.
En este mismo momento se llevó a cabo el
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como sujetos de derecho” (Centro Nacional de Memoria Histórica, 2017b, p.33). La memoria se concibe como una forma de resistencia y defensa de la identidad individual y colectiva en el marco de hechos violentos que amenazan con la preservación de la misma, una forma para transmitir a generaciones venideras (Hernández, 2014; Gelacio, 2013).
La resistencia, plantea un ejercicio ético como despliegue de la potencia creativa de la vida (Useche, 2008), el cual también pone en movimiento las estructuras de narrativa histórica. Por este motivo, la resistencia implica una emancipación por parte de los sujetos, subvirtiendo y cuestionando las lógicas de control social imperantes a una manera de
diseño de los instrumentos de investigación;
los consentimientos informados, entrevistas y logística para los encuentros.
Para la idoneidad de la población acorde a lo establecido en el objetivo se crearon criterios para la participación en la investigación:
mujeres que se sintieran identificadas bajo la consigna de sobrevivientes y que tuviesen un reconocimiento social como lideresas producto de su trasegar político; mujeres con participación previa en escenarios de construcción de paz y garantías para la no repetición de hechos de violencia; mujeres con interés de generar transformaciones desde sus narrativas integrantes de Mujeres Transformadoras de la Memoria -MUTRAME-.
La fase de trabajo de campo, teniendo en cuenta la contingencia sanitaria producto del Covid-19, se desarrolló de manera virtual.
En este momento se empleó la historia de vida y líneas de tiempo de las mujeres lideresas participantes de la investigación donde se daba mención de los momentos más relevantes relacionados con los hechos de violencia y resistencia. Las entrevistas semiestructuradas contaron con tres segmentos para reconstruir la historia de vida: el primero de ellos sobre eventos vitales más significativos (nacimientos y muertes de personas queridas). Después, el cambio de vida producto de acontecimientos de relevancia (cambios de territorio). Por último, hechos que marcaron inflexiones en la vida de las lideresas (experiencias traumáticas).
Tales encuentros permitieron reconocer las narrativas individuales y colectivas de las sobrevivientes sobre los hechos victimizantes al igual que brindó un espacio de socialización de perspectivas y aportes de cara a la construcción conjunta de una propuesta de transformación social. Reconfigurando la categoría de víctimas a sobrevivientes de la guerra en Colombia como forma de resiliencia El proceso fue acompañado con el enfoque artístico donde se expresaron sentires, Reconfigurando la categoría de víctimas a emociones y experiencias. Se contó con la participación de tres lideresas sociales sobrevivientes del conflicto social armado.
En la fase de análisis, se realizó una
reducción de datos del material obtenido.
Posterior a eso se desarrolló una separación por unidades según el tipo de instrumento empleado en el trabajo de campo. Luego, se dio la disposición y transformación de los datos.
El resultado de ello fue la creación de una una red semántica mediante el uso del oftware especializado para la investigación en ciencias sociales Atlas Ti que demostró la relación de las categorías deductivas y las emergentes donde se dio un proceso de análisis mediante una triangulación de información.
En la fase informativa, se comunicó a las personas partícipes de la investigación sobre los hallazgos. La razón de esto es generar una validación de los resultados, acatando sugerencias y recomendaciones para la presentación final del presente producto académico.
Teniendo en cuenta las implicaciones de los relatos, se establecieron aspectos éticos sobre la voluntariedad de emplear o no el verdadero nombre en cualquier tipo de producción académica de la investigación.
Todas las personas aceptaron tanto de manera oral y escrita que su nombre fuese mencionado.
El sentido de esto fue darle un nombre, un rostro a los hechos de violencia cometidos por agentes del Estado evitando así el anonimato.
Es de mencionar que en el abordaje artístico las participantes cambiaron su identidad por seudónimos que tuviese un valor símbolos en especial.
Hallazgos
Reconfigurando la categoría de víctimas a sobrevivientes de la guerra en Colombia como forma de resiliencia
Dentro de las narraciones de las mujeres lideresas se evidencia un cuestionamiento referente a una de las denominaciones más comunes en el marco del conflicto social armado en Colombia: el de víctimas, contemplada en el marco de la Ley 1448 de 2011 o “Ley de Víctimas y Restitución de Tierras”. En este caso, para las sujetas entrevistadas, tal categoría de análisis dispuesta en la normativa
no define su realidad pues consideran que es reduccionista en la medida que solo contempla el hecho victimizante como eje central del análisis mientras se ignoran los procesos de resistencias que han protagonizado las mujeres sobrevivientes en sus territorios de procedencia. Sumado a ello, el concepto de
“víctima” atribuye un rol de pasividad ante la transformación de los escenarios de violencia donde se desestima el papel clave que pueden jugar las personas sobrevivientes para la construcción de paz.
En voz de una de ellas: “Somos sobrevivientes, hemos sido afectadas de alguna u otra forma por el conflicto (…), pero las víctimas en sí son las que ya no están con nosotros” (Mari, comunicación personal, 24 de julio de 2020). En tales palabras se asume que las víctimas son aquellas que han sido asesinadas; las que no pueden seguir luchando por sus derechos. Contrario a esto, las sobrevivientes cuentan con la capacidad de lucha y beligerancia frente a los escenarios de conflicto y desigualdad; es decir, son creadoras de agendas reivindicativas de derechos de cara a la terminación del conflicto.
Esta perspectiva es acompañada por diversas lideresas sociales:
A mí no me gusta decir “yo soy víctima”
porque la gente lo mira a uno como con ojos de tristeza y eso no me gusta.
Uno tiene que quitarse la mentalidad de víctima y empezar actuar para quitar ese estigma de la víctima. (Are, comunicación personal, 24 de julio de 2020)
A diferencia de la normativa, la autodeterminación de “sobreviviente” se constituye como una postura política que sobrepasa a la concepción de víctima abarcada en las leyes colombianas. En la perspectiva jurídica prima la concepción por daños objetivos como las pérdidas materiales, pero no abarca los subjetivos en las colectividades violentadas (Bustamante, 2017). Contrario a ello, el hablar de sobrevivientes refleja una propuesta de reconocimiento, ante las
a ello, el hablar de sobrevivientes refleja una propuesta de reconocimiento, ante las instituciones y sociedad en general, de que son personas reclamantes de derechos; dicho de otro modo, una concepción cargada de contenido político y organizativo ante la inconformidad de la respuesta estatal sobre estos casos de crímenes de lesa humanidad perpetrados por las Fuerzas Armadas y escenarios de violencia.
En los relatos se resalta la posibilidad de que se presenten hechos victimizantes en territorios donde la cotidianidad se encuentra atravesada por el conflicto armado. Pero, a su vez, contempla el surgimiento de propuestas colectivas para frenar tales ambientes de violencia:
Las lideresas hacen una distinción declase sobre los más afectados por el conflicto social armado: las poblaciones vulnerables y populares, en mayor medida, son las que componen los ejércitos armados y los de mayor grado de victimización junto a estigmatización vivencias en las zonas abandonadas por el Estado. Es por esto que la memoria histórica es una oportunidad para la reparación simbólica de las colectividades violentadas, donde las personas son sujetos clave que narran los escenarios de conflictividad que dieron paso a la vulneración de sus derechos (Chávez,
Carballo y Quijano, 2016). En el caso de las mujeres violentadas es particular teniendo en cuenta la transformación de su vida producto de los hechos victimizantes pero que a su vez han motivado la creación de nuevos liderazgos producto de su constante lucha. Esta postura es respaldada por el Grupo de Memoria Histórica (2011):
Desde la búsqueda de sus seres queridos asesinados o desaparecidos, muchas mujeres inician una trayectoria dolorosa de reclamación ante las instituciones que las transforman en líderes, y en la que van adquiriendo la experticia para negociar, cabildear, protestar, cuestionar, insistir. En ese recorrido, también se encuentran con otras mujeres, y con ellas tejen agendas propias y lugares de encuentro que se convierten en escuelas políticas. De allí que, en medio de procesos de justicia transicional, en algunos países, y en Colombia, sin lugar a dudas, las mujeres hayan adquirido liderazgo y visibilidad en la agenda pública. (p.56)
Hablar netamente desde los hechos de violencia en el momento de reconstruir memoria se presenta como una desestimación a los sentires de las personas. Es necesario abarcar los procesos de duelo, pero también los que se dan en torno a la construcción de una nueva subjetividad producto de las luchas emprendidas para el acceso a la justicia.
Aquellos momentos que han contribuido al desarrollo de un carácter político pasando de ser personas pasivas a convertirse en sujetas activas en la reclamación de sus derechos frente a las instituciones pertinentes.
Los liderazgos de estas mujeres sobrevivientes al conflicto armado no son producto de la existencia de condiciones para la exigencia de sus derechos, todo lo contrario, nacen de la falta de garantías brindadas por el Estado. Una de las principales luchas de estas mujeres lideresas se encuentra ante la impunidad de los hechos de violencia de los que han sido víctimas individual y colectivamente.
Uno de las condiciones que permite la prevalencia de los grupos armados en los
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Yo creo que víctimas podemos ser todos en este país, sí, yo digo que en especial la mayoría de las personas vulnerables (…), los estratos más bajos, (…) las personas que queremos, que amamos y que defendemos a nuestro país. (…) Digamos, yo crecí en un lugar donde la violencia se veía fuera de la casa, donde veías como amenazaban a los vecinos y de alguna forma eso también te afecta, indirectamente… pero los hechos de victimización hacia mi familia, hacia mí, fueron mucho después cuando era presidenta de la junta de acción comunal y estaba trabajando con varias organizaciones (Mari, comunicación personal, 24 de julio de 2020).
En el camino emprendido por estas mujeres que luchan contra la impunidad se han visto constantemente enfrentadas al Estado, desde funcionarios sin capacidad para atender tales casos hasta instituciones cuestionadas con procedimientos que dilatan los procesos de acceso a la justicia. En otras palabras, las madres y familiares de estos jóvenes desaparecidos forzadamente y asesinados para ser presentados como subversivos son mujeres que vivieron nuevas victimizaciones por parte de las instituciones del Estado que encubrieron o menospreciaron este tipo de acontecimientos (Mellizo, 2011). Ante tal escenario se presenta una iniciativa propia de las mujeres lideresas para conocer la verdad que el Estado colombiano intenta esconder bajo arbitrariedades frente a los hechos de violencia, evidencian el desagrado por la ineficiencia de las investigaciones por parte de las instituciones competentes para este tipo de hechos. Este tipo de iniciativas como escenario de denuncia:
Es por esto que, en el momento de acceder a la justicia, en muchos casos, las víctimas se ven enfrentadas a escenarios de revictimización por parte de los funcionarios judiciales donde se disminuye la posibilidad de conocer los hechos (Mellizo, 2011). Esto Cuando uno es víctima y no quiere que
las cosas se queden en la impunidad, uno lucha por querer justicia y eso lo va convirtiendo a uno en líder. Todos los hechos victimizantes son los que construyen ese liderazgo. Además, es pensar que nosotras somos más que víctimas, somos más que solo hechos victimizantes. (Joseisa, comunicación personal, 24 de julio de 2020).
Estas trayectorias de politización de las mujeres son también distintas a las que generalmente adoptan los hombres que inician la ruta desde movimientos campesinos o de trabajadores, se alían con
Fue por el dolor, por la rabia y por la impotencia que sentí al principio de no saber en realidad lo que había pasado y de que nadie me diera bases para saber dónde buscar, sino que hayamos sido nosotras las que tuvimos que hacerlo por cuenta de nosotras mismas (Are, comunicación personal, 24 de julio de 2020).
diversos territorios es el silencio impuesto, la imposibilidad de poder manifestar los hechos de violencia presenciados donde las circunstancias, motivaciones y actores son ocultados generado con ello Uno de las condiciones que permite la prevalencia de los grupos armados en los diversos territorios es el silencio impuesto, la imposibilidad de poder manifestar los hechos de violencia presenciados donde las circunstancias, motivaciones y actores son ocultados generado con ello un manto de injusticia. En contraposición a lo anterior, mediante la memoria se busca expresar y comunicar los hechos de violencia para evitar la repetición de violencia Gutiérrez, 2019). Teniendo en cuenta esto, la pugna emprendida por las mujeres lideresas sobrevivientes para acabar con la impunidad de sus casos ha transformado el carácter político de su vida cotidiana:
Los constantes obstáculos que han enfrentado estas mujeres dieron paso a liderazgos sociales como una forma de llevar su dolor y de, al mismo tiempo, evitar que este tipo de hechos violentos sigan estando presentes en la realidad del país. En múltiples casos, estos liderazgos son hostigados por parte de los diversos grupos armados para frenar la transformación del control social establecido por la vía violenta. Esta situación es una constante, tal es el caso que el Grupo de Memoria Histórica (2011) afirma que:
partidos y ocupan lugares de liderazgo;
algunos son perseguidos y asesinados por los actores en disputa; y luego de eventos traumáticos, quedan, como ya se dijo, en lugares de silencio donde les toma tiempo sobreponerse al sentimiento de impotencia que los embarga. (p.56)
Denunciamos y contamos nuestra histo- ria: Mujeres Transformadoras de la Memoria -MUTRAME-
Las acciones conjuntas de este colectivo fortalecieron el sentido de pertenencia de sus integrantes pues consideran que sus historias de vida, aunque diversas, cuentan con hechos que transmiten sentires unas a las otras. Las mujeres han sido apoyadas por las demás participantes en el proceso de afrontar el duelo producto de los hechos de violencia mediante encuentros terapéuticos que dieron como resultado la transformación y expresión de sus sentires. De igual importancia, para las asistentes a estos espacios de respaldo mutuo se presentan como respaldo en lo emocional y una cercanía que posibilita la superación del momento traumático (Castrillón, Villa y Marín, 2016).
Como se ha mencionado anteriormente, las sobrevivientes al conflicto social armado encontraron en la memoria histórica y Mutrame una forma de compartir sus vivencias con la sociedad en general. Para tal objetivo consolidaron espacios auto gestionados desde y para sobrevivientes para evitar perder su carácter político:
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Sacar de todo lo malo lo bueno (...), aprender de los errores, pero en este caso no es aprender de los errores sino aprender del dolor (...), como una transformación, (...) una transformación frente al dolor. (...) pero eso me hace mucho más fuerte (Mari, comunicación personal, 24 de julio de 2020).
El colectivo de Mujeres Transformadoras de la Memoria -Mutrame- de la Corporación Claretiana Normán Pérez Bello se constituyó en 2018 como espacio de diálogo de experiencias de cara a una apuesta política por la memoria y la no repetición de hechos de violencia “Porque no vale la pena callar, alguien tiene que parar a los asesinos. Nosotras tenemos que evitar que otras personas vivan lo mismo” (Joseisa, comunicación personal, 24 de julio de 2020). Este espacio supera las concepciones individualistas para poder así “construir de la mano con los otros” (Mari, comunicación personal, 24 de julio de 2020).
Mutrame es un escenario predispuesto a la solidaridad entre las mujeres sobrevivientes al conflicto ha fortalecido la resiliencia de las mujeres sobrevivientes al conflicto ha fortalecido
Es que MUTRAME es algo grande, y MUTRAME va a seguir creciendo y vamos a seguir haciendo memoria y yo quiero ver MUTRAME con mucha, mucha gente, que no importa las que se vayan, sé que van a recordar siempre a MUTRAME, las que lleguen van a llegar con los brazos abiertos a encontrar ese rinconcito. (...) A mí me fortalece mucho, me ha fortalecido muchísimo todos los trabajos que yo tenga que hacer con memoria en cualquier escenario, para mí, donde yo pueda interactuar, donde yo pueda hablar mi memoria, donde pueda divulgar. De eso se trata de no callar, de hablar. (Are, comunicación personal, 24 de julio de 2020)
Me ha ayudado bastante a construirme también como mujer y bueno como a sanar en gran medida digamos como esas situaciones tan difíciles por las que también ha motivado a la transformación de los
hechos de dolor como forma de resistir frente a los escenarios de revictimización:
La resiliencia como una forma de resistencia, concebir el dolor y los hechos de violencia como un impulso para la apuesta conjunta de construcción de paz. Todo eso para como una estrategia de resistencia ante los hechos dolorosos del conflicto social armado:
“resistir la pérdida de un ser querido, o sea, de haber pasado una circunstancia bastante dolorosa y bastante traumática” (Joseisa, comunicación personal, 24 de julio de 2020).
Es de mencionar que los procesos de memoria cuentan con un carácter terapéutico en aquellas personas violentadas que su dolor ha sido silenciado.
la resiliencia de aquellas personas vinculadas en este proceso colectivo de memoria. Tal como lo expresa una de sus fundadoras:
El relato de los hechos de violencia impulsa la construcción de tejido social entre las personas que narran y escuchan estas experiencias dolorosas y que comparten el sentir similitudes al ser violentados en el marco del conflicto armado en el país (Castrillón, Villa y Marín, 2016). Es por esto que los procesos de memoria histórica pueden aumentar el sentimiento de colectividad en las personas partícipes tal como lo plantea Jelin (2002):
La memoria tiene un papel altamente significativo, como mecanismo cultural para fortalecer el sentido de pertenencia a grupos o comunidades. A menudo, especialmente en el caso de grupos oprimidos, silenciados y discriminados, la referencia a un pasado común permite construir sentimientos de autovaloración y mayor confianza en uno/a mismo/a, en el grupo. (pp. 9-10)
Contar nuestras historias y lo más importante que siempre nos hemos apoyado y nos hemos interesado pues por lo que le pasa la una a la otra, siempre ha habido una unión y pues también como dice Mary, no solamente es hablar de nosotros, o sea, nosotros somos las voces de las personas que ya no están y que han caído en esta lucha que nosotros continuamos día a día.
(Joseisa, comunicación personal, 24 de julio de 2020).
Si, y es que mal seria si la víctima no exige justicia. Para eso somos las víctimas: para exigir justicia, y de ahí viene la verdad, las garantías de no repetición y de pronto una reparación, aunque eso es muy difícil. (Are, comunicación personal, 24 de julio de 2020).
Otra de las mujeres integrantes del colectivo expresa que la asistencia a este tipo de espacios de sobrevivientes fortalece el sentido de colectividad y de lucha por el acceso a derechos:
hemos tenido que atravesar. (...) una de las maneras es como por medio de la palabra, de la escucha, de la confianza, de contarnos de pronto pues como entre nosotras mismas, de escucharnos de acompañarnos y cómo lo decíamos ya, (...) pues queremos como llevar siempre a esos escenarios como esa memoria viva de los compañeros que ya no están. (Mari, comunicación personal, 24 de julio de 2020)
La confluencia de mujeres sobrevivientes ha fortalecido su proceso de resiliencia pues se encuentran en un escenario de respeto mutuo y de construcción conjunta de una nueva realidad mediante la denuncia de aquellos hechos que no cuentan con voz, son la voz de los que ya no están presentes.
Este tipo de organizaciones de víctimas tiene como uno de sus objetivos visibilizar y denunciar ante la opinión pública hechos de violencia de los que fueron víctimas seres cercanos o ellas mismas (Castrillón, Villa y Marín, 2016). Es así como la exigencia de justicia por parte de las sobrevivientes del conflicto social armado es una bandera de lucha:
Estas lideresas han superado el rol de pasividad asignado socialmente a las mujeres y especialmente a las víctimas convirtiéndose en la vanguardia de un movimiento de personas -a nivel regional- de transformación y finalización del conflicto. Es por esto que los procesos de víctimas de la violencia son un enfrentamiento contra el negacionismo del Estado que representa a la impunidad, encarando la desconfianza infundida por el gobierno sobre la veracidad de los relatos de las mujeres reclamantes de los derechos a la justicia, verdad y reparación (Mellizo, 2011). En otras palabras, las iniciativas de paz desde y para las víctimas son una contraposición a la mentira institucionalizada por el Estado colombiano donde los victimarios toman el papel de víctimas ante la sociedad y las instituciones (Bello, 2005). Las mujeres lideresas sobrevivientes del conflicto social armado denuncian los escenarios de desigualdad tanto social como económica y cultural donde la violencia no cesa.
Tumaco, a pesar de que tenemos muchas riquezas en cuanto a lo cultural, pues… también es un pueblo
Esto, en parte, representa que en el país se ha instaurado un deber por la memoria de las víctimas, incluso en escenarios de confrontación armada como la demanda de organizaciones especialmente aquellos sectores poblacionales más vulnerados, tal es el caso de las mujeres violentadas (Cancimance, 2013). Cosa que el Estado ha incumplido, es por esto que las iniciativas para la construcción de memoria son propuestas, desarrolladas y consolidadas por las mismas víctimas ante la falta de voluntad política de gobernantes que no están dispuestos a reconocer este tipo de hechos de violencia (Castrillón, Villa y Marín, 2016; Mellizo, 2011).
Conclusiones
Construir memoria histórica con mujeres lideresas sobrevivientes del conflicto armado es un acto político en sí mismo; se rompe la dicotomía entre el escenario público y privado donde el
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Yo he participado en varios lugares, como la Organización MAFAPO2 que es mi colectivo de base, los Claretianos, Kairos por Colombia, Comisión de la Verdad Macro Soacha- Bogotá. Y la
primero es atribuido a los hombres mientras que el segundo es impuesto a las mujeres. Es decir, se reconoce el aporte que las mujeres pueden dar de cara al conocimiento del conflicto social armado, pues rescata perspectivas que no son vivenciadas por los hombres. Las voces de mujeres se encuentran cargadas de denuncias, de inconformismo contra la impunidad no solo de sus casos particulares, también de aquellos que afectan a toda la sociedad colombiana en su conjunto. Es por ello que recopilar las narraciones sobre la violencia vivenciada por muy pobre y por esta razón muchos
jóvenes se ven forzados a ingresar a las filas de las disidencias, bien de las FARC-EP o de los paramilitares, o de los grupos delincuenciales comunes, porque les ofrecen dinero o porque les ofrecen protección, porque ahí ya han sido víctimas de algún otro grupo. Pues Tumaco es un pueblo muy pobre azotado por la violencia, el narcotráfico, que, porque tiene buenas rutas, salidas en el mar, entonces por eso es que lo pelean los grupos delincuenciales y por eso es que genera tanta violencia en nuestro pueblo, tanta muerte. Y pues los jóvenes que no quieren ingresar en las filas los asesinan, y los que ingresan también son asesinados por otros grupos. Como un círculo vicioso.
(Joseisa, comunicación personal, 24 de julio de 2020)
Esta misma zona es descrita por otra integrante de MUTRAME “como un escenario de violencia donde no hay libertad de expresión, donde hay violación a los Derechos humanos, secuestro y asesinatos, intento de feminicidio, violencia sexual, un escenario oscuro, un escenario de dolor y de tristeza” (Mari, comunicación personal, 24 de julio de 2020). En dichas regiones de alta vulnerabilidad de derechos es necesario una intervención-acción de proceso investigativos para la construcción de paz. Pero una paz con enfoque de género que más que la inexistencia de problemas sea la oportunidad para el desarrollo individual -y colectivo- de mejor calidad de vida de las personas (Loaiza, 2015).
Varias mujeres lideresas sobrevivientes que son partícipes de este colectivo se encuentran vinculadas a diversos procesos de construcción de paz y memoria histórica a nivel local y regional, tanto escenarios gubernamentales como no gubernamentales, resaltando diversas instituciones de educación superior:
organización internacional OIDHACO3 . Además, he trabajado con todo lo relacionado con proyectos de paz, en La Católica, La Javeriana, la Minuto de Dios, la Universidad Pedagógica, Universidad La Gran Colombia, la Santo Tomas, Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca y Los Andes. Todo en trabajo de memoria histórica. También duré un tiempo en el Centro de Memoria Paz y Reconciliación, en el costurero de la memoria y de ahí pasamos para el costurero con las madres de Soacha.
(Are, comunicación personal, 24 de julio de 2020)
2 Referencia a la fundación de Madres de Falsos Positivos.
3 Oficina Internacional de los Derechos Humanos Acción Colombia.
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Dentro de la subjetividad de cada mujer el proceso de resiliencia es importante para lograr superar su situación traumática producto de los hechos de violencia. La asimilación y superación para la transformación del dolor las ha convertido en sujetas creadoras de agenda
Los espacios colectivos como las organizaciones de sobrevivientes del conflicto social armado se constituyen como un escenario para la construcción mancomunada de propuestas para la transformación social. Tal es el caso de MUTRAME, una colectividad donde convergen diversos liderazgos sociales que han decidido crear agendas de lucha política para la no repetición de hechos violentos. Al igual que se fortalecen lazos de solidaridad entre las sobrevivientes, se da un respaldo en lo emocional en tanto que, al confluir mujeres violentadas por diversos actores armados, las narrativas que surgen en cada encuentro son escuchadas de manera atenta por las demás integrantes, dando como resultado un momento terapéutico de exfoliación del dolor y se refuerzan su identidad colectiva de reclamantes de derechos. Por último, es importante que en el momento de emprender procesos de investigación de memoria histórica se reconozca los procesos de resistencia que han liderado las mujeres sobrevivientes del conflicto social armado. Esto posibilita permite evidenciar, mediante las narrativas, aquellas transformaciones subjetivas y del discurso de las sobrevivientes como sujetas políticas pasando de la pasividad a reclamantes de derechos.
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23 Castillo-Niño, J.V. , Ospina-Navarro, A. K. Voces desde el Trabajo Social Volumen 9 No. 1 11 - 24 2021
1 Joseph Vicent Castillo-Niño
Estudiante de Trabajo Social de la Universidad Industrial de Santander. Integrante del Grupo de Investigación en Población, Ambiente y Desarrollo GPAD de la Universidad Industrial de Santander.
ORCID ID https://orcid.org/0000-0001-5576-038X
2 Andrea Katherin Ospina-Navarro
Trabajadora Social egresada de la Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca.
ORCID ID https://orcid.org/0000-0002-8542-7964
Cómo citar / Citation:
Castillo-Niño, J.V., & Ospina-Navarro, A.K. (2021). MUTRAME:
No somos víctimas, somos sobrevivientes y estamos organizadas.
Voces desde el Trabajo Social, 9(1), 11 - 24.
https://doi.org/10.31919/voces.v9i1.255
Derechos de autoría / Copyright:
© 2021 Castillo-Niño, J.V., et al. Este es un artículo de acceso abierto y distribuido bajo los términos de la licencia y políticas de Creative Commons Attribution 4.0 International License.
Recibido / Received:
1 de agosto de 2021 Revisado / Reviewed:
1 de diciembre de 2021 Aceptado / Accepted:
18 de enero de 2022