El Hombre.
Manual de
Instrucciones
El hombre.
Manual de Instrucciones
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Alvaro Tineo
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© 2012. Álvaro Tineo
Todos los derechos reservados.
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ISBN: 978-84-616-1784-5
A mis padres, las personas más importantes de mi vida. Que siempre me han hecho sentir querido y valorado por lo que soy y cuyo ejemplo ha inspirado todos y cada uno de los días de mi vida.
Índice
Nota importante 13
Introducción 15
PRIMERA PARTE 17
Erase una vez un mono y una mona 19 Los “cerebritos” del ser humano 21
El cocodrilo 25
La selección natural y las variedades de manzanas 29
Las necesidades del hombre 33
Los genes y la vida real 37
Darle a la tendencia un “premio de consolación” 39 Los perros hacen “guau”, los gatos hacen “miau” 41
Los chinos hablan chino 43
El chino que habla alemán 47
Aceptar la realidad 49
No simplifiques algo complejo 53
Ni blanco, ni negro: gris 57
Hombres y mujeres 59
SEGUNDA PARTE 63
Diferencias entre hombres y mujeres 65 Hay de todo. Cada persona es un mundo 81 Diferencias entre sexo y género 83
Galletita-Bofetón 101
CUARTA PARTE 105
La importancia de su estatus social 107
El estigma social 109
Resaltar un error, sin molestarle 113
La lista negra 117
Los laureles del triunfador 127
Cuestiones finales sobre el estatus 133
QUINTA PARTE 137
Qué le atrae a un hombre de una mujer 139
La cantidad 145
El maravilloso engaño 147
La cama y la vida 157
Chica selectiva, pero accesible 159 Modelos eróticos por excelencia 163 La ropa y el índice de penetrabilidad 171
La Inteligencia Sexual 173 Último apunte 177 SEXTA PARTE 179 Hazte respetar 181 El Bofetón 183 Avisa antes 187
Falta, Tarjeta Amarilla, Tarjeta Roja 189 Las Tarjetas Rojas. Cómo actuar ante una falta de respeto 191 Tarjetas amarillas. Él no te cuida 195 Faltas leves o faltas de excelencia 199
Bofetón B 203
El Bofetón B en la práctica 215
Ten una vida muy ocupada 223
El Bofetón A 229
SÉPTIMA PARTE 235
La princesa y el Gorila 237
Los reproches 243
OCTAVA PARTE 255
Los estados o modos 257
Modo resolución de problemas 261
Modo sexo 265
Modo héroe protector 267
Modo lucha 277 Modo huída 271 Modo “des-estrés” 275 Corolario 279 Agradecimientos 281 Bibliografía recomendada 283
Entre hombres y mujeres hay muchas diferencias, pero hay una cosa común que es más importante que cualquier otra en la vida: el respeto.
Todos los seres humanos del planeta merecemos el máximo respeto. Nuestra dignidad personal, nuestra autonomía y nuestra va-lía como personas deben estar por encima de lo demás, al margen del sexo, la raza o el estatus social.
Ningún hombre está por encima de ninguna mujer. Y ninguna mujer está por encima de ningún hombre.
Hombres y mujeres somos iguales en derechos y, en la práctica (aunque por desgracia el mundo no es todo lo justo que debiera) tam-bién tendríamos que serlo en posibilidades.
El hombre, a lo largo de la historia, ha tenido una actitud de-leznable, miserable y abusiva hacia la mujer de la que todos tenemos que aprender. Aún a día de hoy, en muchas partes del planeta, el hom-bre utiliza su fuerza física para aprovecharse de la mujer. Y esto es algo que se debe perseguir y castigar.
En este libro se habla de muchas diferencias entre sexos, y se plantean cuestiones acerca de lo que estamos naturalmente “pensados” para hacer… pero me gustaría que quedase claro que en ningún mo-mento hablo de leyes fijas. Que la naturaleza y la cultura hayan creado ciertas tendencias no quiere decir que todos debamos cumplirlas. En una relación sana y armónica, el hombre ofrece unas cosas para cuidar a la mujer… y la mujer ofrece otras para cuidar al hombre. Todo ello deberá hacerse siempre desde el más profundo respeto. Jamás deberás perder la dignidad para gustar, atraer o satisfa-cer a un hombre, ni permitir que un hombre te falte al respeto, sea de la forma que sea. Te recomiendo encarecidamente que eches de tu vida a cualquier hombre que no te dé el respeto que te mereces.
final, la balanza tiene que estar equilibrada.
La dignidad como seres humanos debe estar por encima de todo. Y tod@s y cada un@ de nosotr@s somos seres maravillosos con anhelos y capacidades únicas.
Tú eres excepcional y te mereces un hombre que te quiera y te respete por lo que realmente eres.
Querida amiga:
Lo que expongo en este libro son mis conclusiones en base a lo que he leído y estudiado durante los últimos diez años acerca del cerebro y la mente humana. Aunque todo ello tiene una base científica ampliamente demostrada… tampoco defiendo que sea la verdad abso-luta y, en el fondo, no deja de ser mi opinión personal de lo que es la realidad.
No pretendo crear dogmas de fe, sino dar herramientas útiles que sirvan para mejorar tu vida y ayudarte a entender mejor lo que hacemos los hombres.
Sé que a veces hacemos cosas inexplicables y absurdas que te cuesta mucho comprender. También sé que a veces os hacemos daño sin querer, que no escuchamos y que podemos ser poco detallistas y algo brutos.
A menudo decimos cosas que no debemos y metemos la pata a diestro y siniestro.
Sí, casi todo esto es cierto, al menos en parte. Pero también podemos ser cariñosos, cuidadosos, protectores, nobles, sensibles y sinceros, si se nos trata de la forma adecuada.
Es decir, que todo hombre puede ser un “cafre sacado de la época de las cavernas” o un “encanto total” según la forma en que tú te comportes con él.
En este libro te explicaré cómo tienes que tratar al hombre para recibir este trato de PRIMERA CATEGORÍA por su parte y también te diré por qué los hombres nos comportamos como lo hacemos, para que tú misma puedas entenderlo todo y no desesperes en el camino.
Es importante que seas consciente de que los hombres y las mujeres somos bastante distintos. Sé que esto se dice mucho, pero no te puedes ni imaginar lo cierto que puede llegar a ser. Casi nada se “sien-te” ni procesa igual en la mente de un hombre que en el de una mujer. Digamos que es como si un italiano y un español se ponen a hablar sin saber el idioma del otro. El español dice una cosa y el ita-liano entiende otra. Como hay palabras parecidas, hay muchos malen-tendidos, porque el italiano está convencido de que está entendiendo al español pero en realidad no se está enterando de nada. Y viceversa.
El español puede decir al italiano la palabra “burro”, que en español significa “animal de carga parecido a la mula”, pero el italiano está entendiendo la palabra “mantequilla” (que es lo que significa “bu-rro” en italiano).
El italiano está encantado, pensando que entiende perfecta-mente el concepto de mantequilla, pero al cabo de un rato de conversa-ción, cuando el español le diga que “la mantequilla vive en un establo y se encarga de trabajar la tierra”… el italiano se quedará con cara de póquer y pensará que el español se ha vuelto loco.
¡No! El español no está loco… lo único que ocurre es que está hablando OTRO idioma.
Pues bien, con los hombres y las mujeres ocurre lo mismo. Hablamos idiomas distintos.
Sé que hay veces que cuando un hombre habla te parece que está diciendo algo tan absurdo como lo del burro y la mantequilla. Pero te aseguro que, en el mundo de un hombre, todo eso tiene sentido.
Así que, permíteme que te enseñe el “idioma” de los hombres. En las páginas que siguen te daré un pequeño paseo por nuestro mun-do… y te traduciré todas esas frases que tan confundida te han tenido todos estos años.
PRIMERA
PARTE
De dónde
venimos y por
qué los homres
soncomo son
Erase una vez hace cientos de miles de años… un mono y una mona.
El mono era un macho muy apuesto, fuerte y dominante, que se dedicaba a hacer el “bruto” por la selva y la sabana. Y la mona era una hembra menos fuerte, más apuesta y menos dominante que se de-dicaba a cuidar sus crías, como podía.
Como en cualquier otra especie de animales, los monos y las monas tenían dos finalidades muy claras:
1- Sobrevivir.
2- Tener un mínimo de dos hijos y, si se podía, alguno más. ¿Por qué dos hijos o más? Porque es el mínimo necesario para que la especie sobreviva. Las cuentas son muy fáciles: si cuando mue-ren dos padres (padre y madre), nacen dos hijos, esa especie siempre contará con el mismo número de miembros.
Pero si los padres tienen más de dos hijos, entonces no sólo la especie sobrevive, sino que se hace más grande, más fuerte y se garan-tiza su supervivencia para el resto de los días.
Los genes de los monos estaban pensados para tener a toda la especie pendiente de hacer estas DOS ÚNICAS COSAS. Sí, ya sé que los humanos no somos monos, pero eso lo explicaré luego, de momen-to quédate con el concepmomen-to.
Erase una vez un
mono y una mona
En la mente del mono, era todo instintivo. Es decir, que lo ha-cía porque se lo deha-cían sus genes, pero él no se daba cuenta. De hecho, por no tener, no tenía ni conciencia. Simplemente, era lo que había que hacer y todos hacían lo mismo.
Pero claro, entre el mono y la mona había diferencias. La re-producción se entendía de forma muy distinta desde la perspectiva de la hembra y el macho.
La hembra se quedaba embarazada; el macho no. El macho era físicamente más fuerte que la hembra.
Y, lo más importante, como en todas las especies… el macho intentaba fecundar en términos de cantidad, y la hembra buscaba ser fecundada en términos de calidad. Los genes del macho le decían:
“Fecunda todas las hembras que puedas para tener muchos hijos, por todos sitios, y así cumples tu función con la especie.”
Y los genes de la hembra le decían:
“Fecunda sólo a los más listos, los más fuertes y los mejor posicio-nados dentro de la manada… para asegurarte de que tus hijos salgan espabilados y protegidos por ser los hijos del jefe.”
De esta forma, los monos intentaban tener relaciones con todas las monas… y las monas se negaban y se dejaban fecundar sólo por los más “guays” de la tribu.
En resumen, los genes de la mona le hacían pensar en térmi-nos de calidad (fecundar poco pero bueno), para asegurarse de que los hijos sobrevivían sanos y protegidos. Y los del mono se centraban en términos de cantidad (fecundar todo lo posible para que luego, por estadística, varios sobrevivirán).
Esta pequeña diferencia a la hora de reproducirse hizo que machos y hembras tuvieran comportamientos, sentimientos y pensa-mientos muy diferentes a lo largo de toda su evolución como especie. Los seres humanos no somos monos, pero hay unas pequeñas zonas en nuestros cerebros que hemos heredado de ellos y que nos hacen tener
Estos monos y monas, fueron evolucionando… sus genes se hicieron más listos, más complejos y más capaces de adaptarse. En definitiva, nos hicimos más inteligentes. Nuestro cerebro incorporó
nuevos “superpoderes”: las emociones y la mente analítica. Y así surgió el cerebro moderno, que tenemos hoy en día.
Según los científicos, nuestro cerebro actual se divide en tres mini-cerebros, que están físicamente localizados en partes concretas de la cabeza:
- El cerebro reptiliano, que tiene este nombre porque es el mismo que tienen los reptiles desde hace 200 millones de años y que tiene como única función la supervivencia y la reproducción. Este es el cerebro del mono que hemos comentado antes.
- El Cerebro Límbico, que es la parte de nuestro cerebro encargada de gestionar las emociones como el amor, el odio, la tristeza, etc.
- El Cerebro Neocórtex, que viene a ser nuestra mente analítica capaz de hablar, memorizar, imaginar, crear, buscar soluciones, etc. Es lo que determina nuestra inteli-gencia racional.
Los “cerebritos” del
ser humano
Es muy importante tener en cuenta que el neocórtex está al ser-vicio del cerebro límbico y éste, a su vez, está a las órdenes del cerebro
reptiliano.
Es decir, que la mente analítica está al servicio de las emo-ciones y éstas, a su vez, obedecen a los instintos. Resumiendo, que si tienes mucha hambre (instinto primario del cerebro reptiliano), todas emociones (cerebro límbico) y tus pensamientos (cerebro neocórtex) se ponen a buscar comida. Y si, de repente, le pasara algo a tu hijo (tu descendencia) tus tres cerebros también se pondrían a trabajar para protegerlo, incluso perdiendo la vida por él, si fuera necesario.
Siempre que tu supervivencia o la de tu descendencia estén en peligro, tu cerebro va a estar 100% concentrado, con sus tres “mini-cerebros” trabajando unidos para solucionar el problema. Ahora bien, si tu supervivencia no corre peligro y tu descendencia está a salvo… entonces tu cerebro goza de “tiempo libre” para utilizar en otras co-sas.
En cualquier caso, quédate con estos conceptos: - Nuestra finalidad como especie está en sobrevivir y re-producirnos.
- Cuanto más solucionado tengamos esas dos cosas, más espacio podremos dedicar a cosas “superiores” como el amor, la amistad, el arte, el crecimiento personal, la feli-cidad, etc.
- Nuestro cerebro reptiliano es el encargado de que la su-pervivencia y la reproducción y eso es lo que nos hace es-tar vivos. Nadie puede ser feliz si no satisface estas dos
necesidades básicas en la vida. Si nos estamos muriendo
de hambre y enfermos, nos llevamos mal con la gente de nuestro entorno y no somos capaces de tener una vida se-xual plena es muy complicado que podamos estar a gusto. - La mayoría de las cosas importantes en la vida, tienen relación (aunque sea indirecta) con estas dos funciones básicas. Por eso hacemos cosas como: estudiar, buscar un
Los “cerebritos” del ser humano
buen empleo, montar un negocio, buscar pareja, poner-se guap@, comprar ropa, salir los fines de poner-semana, tener una buena casa, un buen coche, amigos, familia, etc. En esencia, todas esas cosas intentan garantizar una mejor supervivencia y más posibilidades (aunque sea hipotéti-camente) de reproducción en el futuro.
- Los hombres y las mujeres han heredado estrategias vitales un poco distintas para sobrevivir y reproducirse. Pero al final buscamos lo mismo: una vida basada en el bienestar y con gente especial que nos llene. La meta es común, aunque los procesos para conseguirlo varíen. Esto son buenas noticias, porque quiere decir que en el fondo no somos tan distintos.
NOTA: Cuando hablo del instinto reproductivo no estoy di-ciendo que consciente y racionalmente todo el mundo quiera tener hi-jos. De hecho hay muchísima gente que ha decidido no tenerlos. Pero nuestros genes e instintos están pensados para “tender” a tenerlos. Del mismo modo que una persona puede decidir y acostumbrarse a hacer una dieta concreta, aunque la tendencia natural del cuerpo sea comerse una tarta de chocolate.
Como hemos dicho en el apartado anterior, todo parte del
cere-bro reptiliano. El cerecere-bro reptiliano digamos que es como el ordenador
central de las necesidades básicas. Es el inicio de todo. Es una máquina muy primitiva, pero que tiene muchísima fuerza, y es tremendamente eficiente.
Sería como el motor de un coche. El coche puede tener la ta-picería de cuero, un sistema antirrobo último modelo y una ingeniería electrónica espectacular para garantizar la seguridad en carretera. Pero todo ello obedece a un único fin: que el coche ande. Y para eso, lo más importante de todo es el motor. Lo demás son aspectos secundarios que están a las órdenes de que el coche sea capaz de moverse.
Nuestro cerebro reptiliano funciona de la misma forma. Es el
motor del coche, y por muy bien amueblada que tengamos la cabeza (con conocimientos, inteligencia emocional o capacidad de comuni-cación y razonamiento) todo sirve para que el este cerebro haga su cometido: sobrevivir y reproducirse.
Al cerebro reptiliano, de forma graciosa y cariñosa yo le llamo
“el cocodrilo”. Así pues el cocodrilo sería esa parte de nuestrao cerebro que se encarga de gestionar los instintos primarios para garantizar que estemos vivos. Recuerda este nombre, porque a partir de ahora, usaré la palabra cocodrilo para designar al cerebro reptiliano.
Hagamos lo que hagamos en la vida, directa o indirectamente estamos satisfaciendo al cocodrilo.
Estudiar, conseguir un buen trabajo o tener pareja no dejan de ser formas de garantizar una buena supervivencia y tener descenden-cia.
Hemos dicho que el cocodrilo tiene la meta de sobrevivir y reproducirse, pero más concretamente, podemos decir que tiene cuatro funciones fundamentales:
1- Estar sano y sin dolor. 2- Conseguir alimento.
3- Llevarse bien con los seres del entorno. 4- Reproducirse
Por este orden de importancia.
Para sobrevivir y estar a gusto en el planeta tierra, tenemos que tener esas cuatro funciones básicas cubiertas, al menos en parte. Es imposible ser feliz sin esas funciones y el hombre no va a estar a gusto en una relación si tú no le ayudas a satisfacer esas cuatro áreas, directa o indirectamente.
Así que vamos allá con la primera regla de oro:
“El hombre se enamora, encariña y tiende a emparejar-se de la mujer que es capaz de ayudarle a satisfacer esas cuatro áreas.”
Y no sólo el hombre. Tú, como mujer, también. Si un hombre te ayuda a satisfacer esas cuatro funciones tu cerebro está pensado y programado genéticamente para enamorarse.
Los seres humanos estamos pensados para estrechar lazos y generar conexión emocional con las personas que nos ayudan a satis-facer una o más áreas de esta lista. Por eso queremos tanto a nuestros padres (nos ayudan a conseguir las tres primeras), nuestros amigos (sa-tisfacen sobre todo la tercera) y a nuestras parejas (en un caso ideal, nos ayudan a conseguir las cuatro).
Es decir, que todo ser vivo del planeta va a estrechar lazos con aquellos que le ayuden a satisfacer una o más necesidades de la lista.
El cocodrilo
Primero te hablo del ideal, y luego ya nos volvemos realistas, ¿te parece?
Lo ideal: Que la mujer ayude al hombre siempre a satis-facer las cuatro necesidades de su cocodrilo con un alto nivel de excelencia.
En la práctica: cuanto mejor hagas eso, mejor te irá, pero tampoco te agobies, es lógico que al principio cueste y si no lo haces perfecto, tampoco pasa nada. Ve mejorando poco a poco y disfru-tando del proceso.
No hay que olvidar que el ser humano es MUCHO más que simplemente instintos. El amor o la compasión son buenos ejemplos de ello. La vida se volvería miserable si no tuviéramos amor en nuestra vida. Y en una relación de pareja influyen muchísimas más cosas que la simple parte instintiva. Lo cual no quita para que sea útil y positivo tener en cuenta también la parte biológica, para no dejarnos ningún cabo suelto.
Y, por último, es importante recordar que lo que diferencia a una pareja de un amigo es la “atracción”. Cuando una persona además de encantarte como persona, te atrae sexualmente, es cuando surge la magia y aparece el enamoramiento. Así que, tener en cuenta la parte instintiva (que es la más relacionada con esa atracción), nos va a ser muy útil para cuidar de una persona que nos guste y hacerle mantener su atracción hacia nosotros.
Si quieres que ese hombre que te encanta, esté fascinado con tu compañía ¡será muy útil tener en cuenta a su cocodrilo!
El cocodrilo del hombre y de la mujer
Lo primero que hay que tener claro es que el cocodrilo del hombre y de la mujer, aunque persigan las cuatro mismas metas, para conseguirlo siguen estrategias distintas. Y ahí es donde todo se compli-ca.Ya vimos con los monos del comienzo del libro, que para re-producirnos cada sexo aplica criterios de selección distintos. Pero es que para conseguir alimento, estar sano y llevarse bien con la gente que nos rodea, también tenemos programadas, genéticamente hablando, es-trategias diferentes.
El cocodrilo del hombre está pensado para conseguir las cuatro
áreas básicas de una forma, y el tuyo de otra. Son cocodrilos distintos, que valoran cosas distintas y se sienten atraídos por cosas diferentes.
Es importante que entiendas una última cosa. En la antigüe-dad, sobrevivían los mejores.
Esto quiere decir que, en la prehistoria, de los veinte cazadores de la tribu… sobrevivía el mejor. Ese era el líder, ese generaba descen-dencia y ese vivía más años.
Y dentro de las mujeres, la que sobrevivía era la que mejor se manejaba cuidando a los hijos y gestionando la recogida de frutos silvestres.
Nosotros somos los herederos de los cazadores más fieros y de las madres más empáticas.
Esto es muy parecido a lo que ocurre con los controles de cali-dad de las empresas de alimentos.
Imaginemos, por ejemplo, la industria que produce manzanas. No todas las manzanas saben igual y tampoco se usan para lo mismo.
Las manzanas Smith tienen un sabor muy ácido, de un color verde muy intenso, con la piel muy dura pero lisa y de gran tamaño. Y las manzanas Reineta, por el contrario, son pequeñitas, con la piel blanda pero rugosa, muy dulces (de hecho es la manzana de los postres por excelencia) y de color marrón.
Si yo veo un escaparate con una manzana Smith y una Reineta y las pruebo por primera vez… puedo incluso llegar a pensar que son dos frutas diferentes, aunque con algunas similitudes. Son la misma
La selección natural y
las variedades de manzanas
fruta pero de variedades RADICALMENTE distintas, con sabores, procesos de producción, abonos y cuidados diferenciados.
Quizá hace miles de años… estas manzanas entre sí no eran tan diferentes y simplemente, diferían un poco en sabor, un poco en tamaño y un poco en color. Pero hubo, en su momento, un productor avispado que pensó que era interesante darle personalidad a cada una de ellas por separado. Y con eso en mente intentó potenciar las cuali-dades de cada una de ellas a base de seleccionar y mutar las mejores semillas de ambas variedades.
Con los años se ha conseguido que el verde de las manzanas Smith sea un verde mucho más intenso que el original, y que las Rei-neta tengan un marrón mucho más tierra. El sabor de una se ha hecho aún más ácido y se ha potenciado el dulzor de otra. Las Reineta se han mantenido pequeñas, para mantener su percepción de sofisticación… y las Smith se han agrandado para parecer grandes y frescas. Y por últi-mo la piel de la Reineta se ha mantenido blandita y manejable (porque es para cocinar, sobre todo) y la de la Smith ha sido endurecida para reforzar su imagen de salud y frescura.
Pues bien, la evolución ha hecho con los seres humanos algo parecido a lo que han hecho los productores de fruta con estos dos tipos de manzanas.
Al principio (hace unos 200.000 años) hombres y mujeres te-nían rasgos diferentes, como en cualquier especie de animales, pero no tan diferentes como ahora. Con el devenir de los milenios, la selección natural fue cogiendo los hombres más fieros y las mujeres más femeni-nas (porque eran los que mejor sobrevivían).
Nosotros somos los herederos de esa selección. Y es por ello que cuando analizamos estructuralmente los cerebros femenino y mas-culino encontramos unas diferencias muy grandes entre ambos. Al igual que ocurre con las manzanas Reineta y Smith.
La especie humana nació con los sexos diferenciados por tener sistemas reproductivos distintos, pero en los primeros años de supervi-vencia precaria de la especie… sólo pudieron sobrevivir los modelos de hombre y mujer aún más diferenciados entre sí.
Las selección natural y las variedades de manzana
Así que lo primero que tenemos que entender y asumir, es que los hombres y las mujeres somos diferentes.
Estructuralmente en cuanto a genes y físico se refiere, la es-pecia humana apenas ha cambiado en los últimos 150.000 años. Pero los sexos sí que han sufrido entre sí una diferenciación estructural en muchas funciones cerebrales y fisiológicas que les han hecho más ap-tos para la supervivencia (del mismo modo que ocurrió entre las man-zanas).
Y, por si esto fuera poco, la cultura en la que vivimos hace que estas diferencias se potencien aún más a base de promover lo que es “bueno” y “malo” para cada sexo.
En resumen:
- Hace unos 200.000 años la especie humana apareció en la tierra más o menos como es ahora.
- Ambos sexos estaban bastante diferenciados, pero no tanto como en la actualidad.
- Con el devenir de los primeros milenios, y porque las condiciones de vida eran muy precarias se fue haciendo una diferenciación por la selección natural en la que so-brevivieron los hombres más fieros y las mujeres más fe-meninas.
- Eso ha hecho que los hombres y mujeres actuales ha-yamos heredados cerebros y fisiologías tremendamente diferenciadas.
- Los hombres y las mujeres somos estructuralmente dis-tintos. Y los últimos estudios científicos han demostrado esto más allá de toda duda (luego veremos estas diferen-cias cerebrales y fisiológicas en detalle y te aseguro que no te dejarán indiferente).
- Por si esto fuera poco, la cultura no hace más que aumen-tar aún más estas diferencias haciendo que los hombres aprendan a comportarse y sentir las cosas de una forma totalmente distinta a como lo hacen las mujeres.
Con cerebros y educaciones tan dispares, nos encontramos ante el hecho de que hombres y mujeres somos diferentes. Y sentimos, pensamos, nos comunicamos y preocupamos de forma totalmente dis-tinta.
En el ser humano no todo es instinto. Como hemos dicho, tene-mos un cerebro evolucionado que nos ha dado “superpoderes” nuevos. Además, en los países ricos… tenemos un nivel de vida muy alto que hace que estemos menos preocupados por sobrevivir y que tengamos tiempo libre para disfrutar del placer de vivir, y de actividades que ya no son tan primarias como amar, leer, pensar, autorrealizarnos, escu-char música, meditar, etc. Digamos que los “hobbies” o las aficiones están en este grupo.
Pero todo ello tiene lugar cuando sentimos que nuestras nece-sidades primarias (sobrevivir y reproducirnos) están cubiertas.
Tu éxito como mujer en una pareja tendrá mucha relación con ser capaz de entender, satisfacer o manejar con efectividad to-das esas “necesidades” básicas que el hombre, tiene innatamente configuradas. Bien participando activamente en satisfacerlas (y no
sólo estoy hablando sólo de sexo, al contrario) o bien “dejándole” es-pacio para que él las satisfaga por sí mismo. Pero en ambos casos, es importantísimo que entiendas dos cosas:
1- Si no tienes en cuenta sus necesidades, es muy difícil que él pueda sentirse a gusto y querido.
2- Si no puedes ayudar directamente a satisfacer alguna
Las necesidades
del hombre
de sus necesidades, no pasa nada, pero entonces será bue-no quele permitas que las satisfaga él por sí mismo.
El hombre es capaz de tener emociones muy profundas y de gran nobleza. Y en una relación necesita muchas más cosas que las que le marca su instinto. Sin compasión, sin confianza, sin amor, sin cariño o sin empatía una relación no podrá ser sana ni duradera. Pero si no entendemos nuestra parte instintiva y la de nuestra pareja, tampoco podremos hacer que una relación dure, porque al final sentiremos que nos falta algo. Tenemos que encontrar un equilibrio entre todas estas dimensiones que nos definen como personas.
Cuando el hombre tiene una necesidad instintiva, no es nece-sario que tú le ayudes a satisfacerla, pero sí que será muy positivo que le dejes espacio para que lo haga él por sí mismo.
Pondré un ejemplo, para que veas a lo que me refiero.
Si él está preocupado porque tiene un problema en su negocio (necesidad básica de supervivencia)… y tú no puedes ayudarle a solu-cionarlo, será muy bueno dejarle espacio y silencio, sin molestarle… para que él pueda resolverlo tranquilo. Si le molestas, quizá pueda ago-biarse más.
Los hombres somos buenos en hacer las cosas solos… somos muy independientes. Agradecemos mucho la ayuda, pero normalmente contamos con saber gestionarlo sin ella. Ahora bien, lo que no solemos llevar tan bien es que se le interrumpa mientras está resolviendo un problema/necesidad.
Y este es uno de los errores más frecuentes que cometen las mujeres. Sin darse cuenta, y sin querer, frustran al hombre en la sa-tisfacción de sus necesidades. Tranquila, que luego te explico cómo evitarlo, ya verás cómo es muy fácil. Con seguir ciertas reglas, él estará de lo más contento.
Como ya hemos visto, las necesidades instintivas son las que se basan en la reproducción y la supervivencia. Es decir, que son nece-sidades sexuales y de alimento y cobijo. Todo lo que tenga que ver con el sexo (el sexo propiamente dicho, ligar, el cortejo, etc.) o con mejorar nuestra calidad de vida a nivel físico (alimento, una casa, estar sano,
Las necesidades del hombre
tas necesidades son muy importantes. Si no tenemos estas necesidades bien cubiertas… no funcionamos bien.
Para ser felices y tener una vida plena debemos ser capaces de satisfacer y conjugar ambos mundos: el instintivo y el emocional/ racional.
Aunque tú, como mujer, seas capaz de satisfacer al hombre a un nivel intelectual o espiritual… también es importante que dediques tiempo a ayudarle a que su parte instintiva esté equilibrada y satisfe-cha. Si no lo haces, es posible que él al final se sienta frustrado e infe-liz.
Un fallo que veo muy a menudo en mis cursos y charlas es que las mujeres intentan dedicar todos sus esfuerzos a cubrir las necesida-des emocionales o intelectuales del hombre, dejando de lado la parte más primitiva. La vida es equilibrio y hay que cuidar todas las áreas por igual.
Ahora bien, tú me podrás decir: “vale Álvaro, todo esto de la reproducción está muy bien ¡pero es que hay mucha gente que no quie-ren tener hijos!”. Y yo te contestaré que tienes razón, pero sin tenerla. Me explico.
Hay que saber diferenciar entre deseo y tendencia.
Deseo:
Un deseo es algo que yo quiero racionalmente. Algo de lo que soy consciente y que decido hacer porque considero que es lo mejor para mí y que me va a generar felicidad. Es algo consciente y decidido.
Tendencia:
Una tendencia es algo que ocurre sin que yo me dé cuenta ni lo decida. Es una orden que está en mis genes y que, aunque yo pueda decidir hacerlo o no, va a influir indirectamente en mis deci-siones.
Pues bien, la necesidad de reproducirnos es una “tendencia”. El querer tener hijos es un “deseo”. Y las tendencias genéticas y los deseos racionales no siempre van en armonía, porque depende muchí-simo de cada persona, de su educación, su entorno, sus valores, etc.
Que nuestros genes tengan la tendencia de intentar reproducir-se, no quiere decir que luego nosotros, en la práctica deseemos hacer-lo conscientemente. Por un lado yo puedo tener la tendencia de tener hijos… pero por otro puedo pensar que es muy pronto, que no estoy preparado, que no tengo suficiente dinero, que mi pareja no es alguien estable que me pueda ayudar en esa tarea, etc.
Pondré algunos ejemplos más de tendencia y deseo para que entiendas bien el concepto.
“Si alguien me está molestando o está invadiendo mi espacio físico, tendré la tendencia de ser agresivo para “repeler” el ataque. Eso es algo instintivo. Pero como esa persona no se merece eso, cons-cientemente decido y deseo no hacerlo y me reprimo porque eso no está bien. He podido tener un “pronto” de disgusto, pero luego me he dado cuenta de que esa persona estaba de broma y que no procede responder de forma agresiva.”
Vamos con otro ejemplo:
“Yo tengo la tendencia de comer todo lo que “pillo”, pero puedo estar haciendo dieta y decidir adelgazar a base de alimentarme sólo de ensaladas y proteínas. La tendencia está por un lado y mi deseo por otro. Habrá veces que la tendencia pueda al deseo y que me salte la dieta, aunque en el fondo no quiera. Pero, en líneas generales, mi deseo era seguir la dieta.”
Parte de la vida es entender nuestras tendencias y saber di-rigirlas para poder así satisfacer nuestros deseos. Si no entendemos nuestras tendencias naturales, estamos condenados a ser presa de ellas en algún momento u otro.
Además, entender las tendencias no sólo es importante para ti misma… sino que va a ser algo básico para que consigas entenderle a él.
Cuando la mente tiene una tendencia que se opone a nuestros deseos (como por ejemplo querer comerse una tarta de chocolate es-tando a dieta), el mecanismo más inteligente es darle a nuestro cerebro
reptiliano (el cocodrilo) un pequeño aperitivo para calmar la tendencia
sin que se nos desajuste la vida y así poder seguir atendiendo a nuestros deseos.
Esto lo hacemos constantemente de forma natural y espontá-nea… pero es bueno saber hacerlo intencionada y conscientemente.
Veamos un ejemplo. Tu cocodrilo te dice: “¡si ves comida, come todo lo que puedas por si acaso!”. Tú en este momento puedes querer hacer dieta… pero la tendencia de tu cerebro está ahí ¿qué ha-cemos? Le damos un “premio de consolación”: comemos una barrita con sabor a chocolate que NO engorde. Al hacer esto, tu cerebro se sacia con un sabor dulce… y se queda más o menos tranquilo por haber comido “azúcares” ¡Todos contentos!
Después de cierto tiempo siguiendo la dieta y comiendo barri-tas de adelgazar, tu cerebro puede empezar a ver que hay gato encerra-do… y la tendencia de conseguir más azúcar se puede intensificar… te pueden entrar muchas ganas de ponerte “morada” comiendo de todo ¿Qué hacemos? Nos saltamos la dieta UN día. Pero eligiendo con cier-to cuidado los alimencier-tos y evitando comer las cosas más nocivas.
Estos premios de consolación que le damos a la tendencia se aplican en todas las áreas.
Darle a la tendencia un
“premio de consolación”
Si estamos enfadados, el premio de consolación es pegarle pu-ñetazos a un cojín para aliviar tensión sin necesidad de hacer daño a otra persona.
Si estamos estudiando y estamos cansados, nos podemos to-mar un pequeño recreo para luego seguir. La tendencia será descansar, pero nuestro deseo es seguir estudiando. Le damos a nuestra tendencia un pequeño premio y luego seguimos a lo nuestro.
El 90% de la vida consiste en aprender mantener una armonía entre nuestras tendencias y nuestros deseos. Así que es REALMENTE importante que entiendas cómo funciona nuestra mente. Porque cuan-do estés con un hombre, no sólo vas a tener que entender y controlar tus tendencias sino también las suyas. Y gestionar los premios de con-solación será básico para que ambos seáis felices.
Los perros hacen “guau” y los gatos hacen “miau”. Así es la naturaleza. Podemos enfadarnos, frustrarnos o desesperarnos, pero la realidad es innegable: los perros ladran y los gatos maúllan. Esto es algo que no se puede cambiar.
Si ya de por sí es complicado que un perro deje de ladrar cuan-do naturalmente le nace hacerlo (educar a un perro a que reprima sus ladridos es realmente complicado)… hacer que maúlle es, directamen-te, imposible. El perro es perro y está pensado para ladrar. No pasa nada. Es como es. Y vale para lo que vale.
Si intentamos conseguir que el perro maúlle estaremos, sim-plemente, persiguiendo un imposible y aplicando un comportamiento totalmente irracional. Nadie en su sano juicio intentaría conseguir que un perro ladrara haciendo “miau”.
Además, la función que tiene el ladrido en el perro, no es la misma que tiene el maullido en el gato. El perro ladra para ahuyentar las amenazas. El gato no.
Son animales distintos con procesos y modos de conducta di-ferentes.
¿Cuál es la forma racional de relacionarse con estos animales? Utilizando a cada animal para lo que naturalmente está pensado. Si yo pongo a un gato a proteger una propiedad privada, no sólo será inútil, sino que podrá llegar a generarme graves problemas.
Los perros hacen “guau”,
los gatos hacen “miau”
Con la relación entre hombres y mujeres ocurre lo mismo. Los hombres no son mujeres. No hacen “miau”. Hacen “guau”. No suelen hacer cosas como empatizar, generar armonía en el grupo, cooperar o expresar sus emociones de vulnerabilidad. No están pensados para eso. Repito que NO HACEN “MIAU”. HACEN “GUAU”.
El hombre, en cambio, sí suele ser bueno para solucionar pro-blemas del mundo físico (como arreglar máquinas y buscar estrategias de acción), proteger, defender su territorio o liderar grupos de forma asertiva.
Al igual que el perro, el hombre tiene naturalmente unas cuali-dades, unas funciones y unas habilidades innatas que le hacen perfecto para ser HOMBRE. Y él, como hombre, es distinto a ti, que eres mujer.
Pretender que él escuche como tú, valore lo mismo que tú o sienta lo mismo que tú, es tan absurdo e irracional como pretender que el perro maúlle. Eso es ir en contra de la naturaleza.
Los perros hacen “guau” y los hombres hacen cosas de hom-bres. No pasa nada. No hay nada malo en ello. Y precisamente porque los hombres y las mujeres somos tan distintos, la relación entre ambas partes es tan bonita y tan enriquecedora.
No intentes cambiar a los hombres. Ellos son distintos y preci-samente por eso, son tan fascinantes y útiles al relacionarse contigo. Si los entiendes y aprovechas las cosas buenas que, naturalmente, están pensados para hacer… tu vida será plena y feliz. Si, por el contrario, intentas conseguir que él haga, piense y sienta lo mismo que tú, estarás condenada a fracasar, haciendo que ambos sufráis.
Así que el primer concepto realmente importante de este li-bro… es que entiendas que, realmente (y a todos los niveles) el hombre es distinto a la mujer.
Asumir esta realidad es el primer paso para que puedas enten-derte y tener una relación sana con ellos.
Si voy a China de vacaciones lo más probable es que me en-cuentre muchos chinos. Los chinos, por norma general hablan chino. Y es un idioma difícil de entender.
Puede ocurrir que al llegar al aeropuerto me cruce con un in-glés, o un alemán. También es posible que en el hotel me atienda un hombre de padre chino y madre inglesa que hable inglés perfectamen-te. O incluso puedo encontrarme por el pasillo a un español.
Pero si me voy fuera del hotel y me adentro en Pekín, lo que me voy a encontrar son MUCHOS CHINOS. Y el idioma que voy a escuchar una y otra vez, en cada una de las calles de la ciudad será el chino.
Uno puede ir a China y encontrarse algún extranjero que no sea chino, ni hable chino. Pero eso NO ES LO NORMAL.
¿Se puede afirmar que el 100% de las personas que hay en Chi-na sean Chi-nacidos en ChiChi-na y hablen chino? No. En ChiChi-na hay de todo, y hay gente viviendo ahí que ni son chinos, ni hablan su idioma. Pero si hablamos a nivel estadístico, el idioma de China es el chino mandarín, lo que habla la inmensísima mayoría de la población es el chino… y extranjeros que hablen otros idiomas, hay pocos.
Con los hombres ocurre lo mismo. Los hombres, normalmen-te, hablan todos el mismo idioma, sienten las cosas de forma parecida y tienen aspiraciones similares. Los hombres entre sí, se entienden sin problemas. Hay alguno que puede ser un poco diferente, pero lo
nor-Los chinos
hablan chino
Las mujeres también se entienden bien entre ellas. Si los hom-bres hablan “chino”, las mujeres hablan “alemán”. Entre alemanes todo es fácil. Las mujeres tienen entre ellas más o menos la misma forma de comunicarse y de sentir las cosas. Y en pocos minutos se entienden y relacionan bastante bien.
El problema está en mezclar chinos con alemanes. Ahí ya es todo más difícil.
Si tú hablas alemán y te quieres ir a vivir a China tienes dos opciones:
1- Intentas buscar la reducidísima población china que hable alemán.
2- Aprender chino.
La primera opción está bien para unas vacaciones de una se-mana. Pero como intentes vivir en China y llevar una vida normal sin aprender a hablar chino… lo tienes bastante complicado. Si vas a vivir en China, aprende chino. Está claro. Ese es el camino.
Si quieres tener una vida plena y feliz con los hombres que te rodean tienes que aprender su idioma. Podrías intentar dedicarte a bus-car ese hombre de cada mil que se comunica y siente las cosas como tú, pero eso no te va a hacer feliz, porque dependerás de “ese” hombre que te entiende, en vez de ser capaz de que cualquier hombre te entienda y de entenderles tú a ellos.
Al igual que en China hay gente que no habla chino… también hay hombres que son excepciones estadísticas y que no siguen los pa-trones que se comentan en este libro. Pero eso no es lo normal.
Tú me podrás decir: “Álvaro, yo conozco un hombre que no es como tú dices en el libro y que se comporta de otra manera”. Y tendrás razón. Al igual que en China puede haber una persona que hable italia-no, en vez de chino.
También me puedes decir: “Álvaro, este chico hace cosas pa-recidas pero no del todo iguales”. Del mismo modo, en China puede haber un chino que hable con acento cerrado de provincias y use pala-bras que sólo se utilizan en su región.
Los chinos hablan chino
Las excepciones y los casos que se ajusten a la media de forma parcial existen y existirán siempre. Pero no es lo normal.
Aquí te voy a enseñar el “chino mandarín” oficial del idioma de los hombres. Es decir, el patrón estándar que más o menos explica cómo funciona la mente masculina. Habrá hombres que se salgan un poco de la media y otros que sean realmente atípicos. Pero te aseguro que serán excepciones. Y, aunque no lo creas, los hombres son entre sí muchísimo más parecidos de lo que aparentan.
Después de más de cinco años dedicado profesionalmente a dar conferencias sobre comunicación entre sexos y seguimientos per-sonalizados a cientos de clientes, te puedo decir que sólo he sabido de un par de casos que realmente me parezcan excepciones reales a la medida.
Lo que sí que ocurre, en cambio, con mucha frecuencia, es en-contrar chinos que estudian alemán y que intentan chapurrear el idio-ma. Y esto es lo que os suele despistar a las chicas.
Hay hombres que, por imitación e intuición, se medio comuni-can en vuestro idioma y hacen cosas que parecen propias de mujeres. Pero eso no es lo que les sale natural, sino algo que han desarrollado con los años.
Es por ello que aunque el hombre no tenga innata mucha ca-pacidad para escuchar… los hay que han trabajado esa habilidad y son muy buenos escuchando. También hay hombres que han desarrollado su empatía, su inteligencia emocional y sus habilidades de comunica-ción. Pero no es lo normal y no es algo que tengan tan innato como las mujeres.
También hay hombres que pueden tener más controlado su de-seo sexual… que pueden entender que para una mujer puede ser muy invasivo ver tanta actividad sexual en un hombre y que hayan aprendi-do a reprimirlo.
Hay chinos que se pueden avergonzar de ser chinos e intenten disimularlo cuando están con extranjeros. Esto ocurre mucho con los hombres. Muchísimos hombres, se avergüenzan de las tendencias in-natas de su sexo (como la agresividad, la excesiva actividad sexual o la falta de empatía) y las reprimen por miedo y por vergüenza.
El chino que
habla alemán
Pero no te equivoques… reprimir algo por vergüenza no quie-re decir que esa tendencia no esté claramente pquie-resente. Al igual que un chino, por mucho que intente disimular su acento, al final es chino y se ha criado en China.
Ten en cuenta que no sólo hablamos de diferencias gené-ticas u hormonales. También hablamos de factores culturales. El hombre se cría en una cultura que diferencia entre géneros y que potencia estas diferencias marcando lo que se supone que deben sentir y pensar.
O sea que por genes y cultura, estás ante un chino, criado en china, que habla como un chino, y piensa e interpreta la realidad como tal.
No te dejes engañar. El hombre es hombre y aunque hay al-guna excepción… en la radical mayoría de los casos, se guía por un patrón común. Puede estar oculto, puede no parecerlo al principio, pero al final tiene unas necesidades distintas a las de la mujer.
El chino habla chino, el perro hace “guau” y el hombre hace cosas de hombre.
El primer paso para poder cambiar la realidad, es aceptarla. Es imposible mejorar en algo, si no se es capaz de entender el punto de partida en el que nos encontramos.
La principal causa de fracaso en la vida reside en que la gente NO suele ser capaz de aceptar la realidad. Se ponen a sí
mis-mos mil excusas negando la realidad e intentando convencerse de que las cosas son de una forma que no son.
Aceptar la realidad no significa ser una persona negativa. Todo lo contrario.
Las personas pesimistas son aquellas que piensan que todo va a ir mal. Las personas optimistas son las que piensan que todo va a ir bien. Pensar que todo va a ir bien es una actitud muchísimo más
eficiente, poderosa y útil que pensar que todo va a ir mal.
Pero tanto el pesimismo como el optimismo son formas de “predecir” el futuro.
Aceptar la realidad no tiene nada que ver con lo que puede o no puede pasar el día de mañana. Sino que es la habilidad de saber
percibir con efectividad lo que está pasando HOY.
Hay que ser muy optimista con respecto a lo que puede pasar en el futuro. Pero muy realista con lo que ocurre en el presente.
Aceptar la realidad no es algo emocional, sino racional. No hace falta perder el optimismo, ni el buen ánimo. Simplemente hay
que tener la valentía de aceptar que las cosas son como son, al margen de que luego nosotros intentemos cambiarlas y seamos optimistas a la hora de predecir ese cambio.
La realidad entre hombres y mujeres es que somos muy distin-tos. No te imaginas cómo de distintos somos. Tenemos cerebros; masas corporales, tamaños; fuerzas; inteligencias; y sistemas reproductores diferentes.
Es decir, que somos totalmente distintos en estas cuatro áreas: - Estructuras cerebrales
- Complexión y fuerza física. - Habilidades intelectuales - Sistemas reproductivos
Esto hace que casi nada se procese igual en la mente de un hombre que en el de una mujer.
Ni se le da la misma importancia, ni se siente de la misma forma, ni se valora con la misma relevancia, ni se expresa de la misma manera.
Esta es la realidad. Es algo que está demostrado, que día a día se comprueba y que no tiene ningún sentido negar. Cuanto antes aceptemos la realidad y nos adaptemos a ella, más rápido podremos avanzar.
La frustración en las parejas está en que ninguna de las dos partes asume esta realidad. Una y otra vez intentamos pensar que la otra persona siente lo mismo que nosotros, que sus palabras significan lo mismo, que las necesidades son las mismas y que se expresa el amor y el cariño de la misma forma. Y esto es negar la realildad. Ni sentimos igual, ni pensamos igual, ni buscamos las mismas cosas.
El problema de no ser capaz de ver la realidad y entenderla como es… es que luego, las interpretaciones y las conclusiones que sacamos de la misma, son erróneas. Y al final nos acabamos disgustan-do por cosas que NO están pasandisgustan-do, y descuidamos y dejamos de ladisgustan-do cosas muy importantes que SÍ están pasando.
Aceptar la realidad
Veamos algunos ejemplos:
“Estás con un chico que te gusta y le cuentas un problema. Él no pregunta, ni te anima a hablar de ello. Por el contrario te intenta dar una solución práctica de lo que debes hacer. Tú sientes que él no te aprecia, porque si te apreciase, tendría interés en ESCUCHAR, en vez de en intentar pasarse de listo, diciéndote lo que tienes que hacer.”
Este es un claro ejemplo de negación de la realidad. Él NO es como tú. Su cerebro es distinto al tuyo y para él, tener cariño a alguien no se expresa ni se plasma de la misma forma que si fuera mujer. Para él, darte una solución, es su forma masculina de mostrar interés y ca-riño. Porque el modo “escuchar”, “empatizar” y “simplemente estar ahí para ti, sin hacer nada más que darte cariño”, no está tan presente en su cerebro de forma natural. Lo cual no quiere decir que no pueda desarrollarlo. De hecho, hay hombres que gracias a una buena educa-ción emocional… a lo largo de los años, han desarrollado mucho su capacidad de empatía. Pero no es algo NORMAL para ellos. Les cuesta mucho trabajo y conlleva esfuerzo..
Veamos otro ejemplo:
“Llegas con un peinado y un vestido nuevo y él no te dice nada. Tú sientes que ya no le gustas. Él, simplemente, no se ha dado cuenta, porque su cerebro no está programado para percibir los pe-queños cambios en las cosas si antes no se le ha pedido que lo analice. Tenemos mentes muy prácticas. Eso no quiere decir que no le gustes.”
Aunque te parezca increíble, realmente NO se ha fijado. Pero ni en ti, ni en nadie. Un hombre no se suele fijar en los cambios de apariencia de ningún amigo, o conocido. No lo hacemos con nadie. Esa es la realidad. Si no lo hacemos con nadie, tampoco tendremos la tendencia natural de hacerlo con nuestra pareja. Y eso no significa nada malo. Si tú te disgustas, estarás haciéndolo por algo que “no existe”, a consecuencia de estar interpretando mal la realidad.
Y también puede ocurrir lo contrario, que él esté muy frustrado con algo y tú pienses que no tiene importancia, porque a ti, eso no te preocuparía.
En cualquiera de los dos casos, será importante aceptar la rea-lidad. Hombres y mujeres somos distintos y somos perfectos tal y
como somos. No hay mejores ni peores…
El hombre y la mujer no son iguales, pero son equivalentes. Esto quiere decir que ambos sexos somos igual de válidos como seres humanos, pero diferenciados en cuanto a cualidades, apti-tudes y genética.
Si negar la realidad es la principal causa de fracaso en la vida… la segunda quizá sea intentar simplificar las cosas que son complica-das.
Las cosas normalmente son complicadas, porque el ser huma-no es inteligente y hay muchos factores que entran en juego al mismo tiempo. Las acciones de una persona NUNCA son motivadas por una sola razón. Son un cúmulo de muchas pequeñas razones que, en con-junto, nos hacen actuar de una forma u otra.
Cuando decidimos no ver de nuevo a una persona… son mu-chas las variables que están ocurriendo a la vez. Puede ser que haya una razón principal, como que, por ejemplo, no nos divertimos sufi-ciente con ella, no nos parece sufisufi-cientemente atractiva, o no sea buena en la cama. Pero habrá muchas otras cosas que influyan a la vez. Por ejemplo, que hemos tenido una experiencia previa con una persona de las mismas características y no funcionó, que en este momento de nuestra vida no nos sentimos preparados para tener otra relación seria, que nos da miedo que nos hagan daño, que consideramos que es dema-siado buena para nosotros y nos asusta la idea de no estar a la altura, etc.
El éxito o el fracaso de una relación entre dos personas no va a estar en UNA cosa, sino en un conjunto de muchas. Por eso las rela-ciones humanas son tan complicadas, porque se tiene que producir un equilibrio entre muchas variables.
No simplifiques
algo complejo
Si un chico no te llama, no intentes hacer una reunión entre amigas para determinar cuál ha sido LA CAUSA. A no ser que haya algo que claramente hagas fatal y que te ocurra siempre… lo más pro-bable es que sea una mezcla de muchas pequeñas cosas que han ido mal.
Como digo, no intentes transformar algo complejo en algo sencillo. Las personas son complejas y las decisiones se toman siempre en base a varias razones. Aunque, como digo, puede haber una razón que tenga más peso (de hecho, siempre suele haberla), hay muchos más factores que estarán influyendo.
Cuanto más capaz seas de percibir los matices en las cosas… cuantas más variables seas capaz de tener en cuenta, y cuanto más en conjunto seas capaz de percibir las situaciones… más poderosa serás a la hora de tomar decisiones y cambiar tu realidad.
Esto es lo mismo que intentar arreglar una mala situación eco-nómica. Si falta dinero no ha sido por UNA sola causa. El dinero mal administrado se debe a muchas pequeñas cosas: gastar un poco de más en comida, salir un poco más de la cuenta, darte un par de caprichos más de los que deberías, gastar algo más de lo razonable en regalos, etc.
A no ser que seas drogadicta o ludópata, lo más normal es que si a final de mes te falta dinero, sea por culpa de muchos pequeños mo-tivos. Aunque haya claramente algo que te haga gastar más dinero que el resto, en conjunto siempre habrá muchos pequeños factores extra que agraven el problema.
Los hombres nos solemos sentir frustrados siempre en las mis-mas áreas, pero nunca será tan fácil como parece.
Se podría decir lo siguiente:
“El hombre es muy simple en las áreas en las que la mujer suele ser compleja… y muy complejo en las cosas que la mujer suele ser simple”.
No simplifiques algo complejo
Por eso para algunas cosas los hombres os parecemos simplísi-mos (como por ejemplo para excitarnos sexualmente), pero para otras (como gestionar el compromiso de una relación) parecemos extrate-rrestres venidos de otro planeta.
En la vida nada es blanco o negro, las cosas suelen ser siempre grises. Ni tu jefe es un tirano despiadado, ni un monje tibetano… lo normal es que sea un hombre complejo, bueno para algunas cosas y malo para otras que, aunque difícil de entender, con un poco de “maña” se puede manejar bien y tener una buena relación con él.
Las personas siempre somos grises.
Cuanta más precisión tengamos a la hora de percibir esa com-plejidad, más felices seremos.
En este libro comentaré mil cosas que no deben ser tomadas como blancos o negros. Si hablo de sexualidad, compromiso o amor siempre será con matices y sin extremismos, porque en la vida debe haber un equilibrio entre las cosas. Y nada puede aplicarse de forma aislada y totalitaria.
Hablaré sobre la importancia de la sexualidad, pero no todo en la vida es sexo. A eso hay que añadirle más cosas y por eso es im-portante que entiendas que estaré hablando de un “gris” y no de un “negro”.
A la hora de entender las emociones, ocurre lo mismo. No se trata de amar locamente u odiar con sadismo. Normalmente las emo-ciones correctas son matices intermedios.
La inteligencia no es otra cosa que la capacidad de darle a las cosas estos matices intermedios. La persona poco inteligente sólo ve blanco o negro. La persona muy inteligente ve millones de grises.
Ni blanco, ni
negro: gris
El ser humano poco inteligente se enfada o ama. El que es muy inteligente es capaz de amar de mil formas, de tener cariño pero poniendo cierta distancia, de poner mucha distancia pero sin enfadarse, de enfadarse pero levemente, de enfadarse mucho, etc.
Y así con todo. Cuanto más inteligente es una persona, más sutilezas ve y aplica en las cosas.
Es por ello que te pido que entiendas que todo lo que aquí ex-pongo debe ser comprendido con matices. No son cuestiones simples ni extremistas. Son explicaciones y teorías que analizan muchas cosas a la vez, y cada una de ellas con muchas variables.
Cuanto más se perciban y entiendan estos matices, más efi-ciente será la comprensión de la realidad y más herramientas tendrás para mejorar tu relación con los hombres.
Este libro pretende tan solo “explicar” cómo funciona la mente masculina. No intento defender, justificar o aprobar su comportamien-to. Simplemente tengo la intención de que comprendas lo que pasa por nuestra cabeza. Habrá cosas graciosas, otras preocupantes y la mayoría de ellas serán curiosas para ti, que eres mujer.
En muchas cosas, los hombres tenemos una mente simple, con necesidades simples. A veces tanto, que te asombrará saber las cosas que pueden hacernos REALMENTE felices. Pero también podemos ser muy complejos en otras áreas.
Aunque con un toque de humor, este libro se basa en estu-dios científicos y antropológicos que explican y demuestran por qué el hombre y la mujer son como son… y por qué se sienten autorrealizados y felices con ciertas cosas.
Todo tiene un por qué.
Ya explicamos antes que el ser humano tiene tres cerebros, con sus tres respectivas dimensiones: la parte más instintiva y primaria (cerebro reptiliano o cocodrilo), la emocional (cerebro límbico) y la racional (cerebro neocórtex).
Nuestras necesidades instintivas (las del cocodrilo) son 100% genéticas y no se pueden cambiar. Nuestras necesidades emocionales son mitad genéticas y mitad culturales (aprendidas). Y nuestras nece-sidades racionales son casi 100% culturales. Es por ello que podemos
modificar lo que sentimos y lo que pensamos, pero no podemos cam-biar lo que necesitamos para sobrevivir (dimensión fisiológica) o las actividades que nos hacen sentirnos realizados a un nivel primario e instintivo.
Digamos que hay como un 30% de cosas de nosotros que son genéticas y no podemos cambiar…y un 70% de nuestra personalidad de cosas que sí podemos cambiar.
Hay ciertos rasgos que nos van a despertar atracción, aunque no queramos y ciertas cosas que nos van a dar un nivel de placer y au-torrealización enormes porque, simplemente, están en nuestros genes.
Entender esto es importantísimo. Hay cosas que el hombre ne-cesita que NO puede elegir o negociar porque está en su naturaleza. Al igual que tú, como mujer necesitas ciertas cosas que tampoco puedes elegir.
Respetar esto y actuar en consecuencia es la base de una rela-ción sana y feliz.
Nuestro cocodrilo (tanto el masculino como el femenino) es
puramente egoísta. Sólo le interesa realizar sus funciones. Pero, por suerte, como digo, el ser humano tiene unas emociones y una mente racional que podemos utilizar para otros valores superiores. La feli-cidad en la vida depende de saber conjugar esa parte egoísta, inevita-ble… con nuestras otras herramientas superiores que nos hacen ayudar a otros… y ser útiles a los demás.
En una relación es bueno que ambas partes puedan mirar por sus intereses, al mismo tiempo que contribuyen a satisfacer los de la otra parte.
Es decir que si tú estás bien y tienes lo que tú necesitas como mujer, será muy sencillo que te sobren ganas de darle a él lo que ne-cesita. Y viceversa. Él estará encantado de hacer mil y una cosas por satisfacerte siempre que sienta que tú le estás dando lo que él necesita.
Para poder ser generosos con nuestra pareja de forma sos-tenible, tenemos que estar recibiendo la parte que NOSOTROS necesitamos. Y como estas necesidades son distintas en hombres y
mujeres, la mayoría de los problemas dentro de una relación son cau-sados por problemas de comunicación y malentendidos al pensar que
Hombres y mujeres
estamos ofreciendo algo valioso a la otra persona cuando, eso que le damos, no tiene el valor que nosotros creemos.
Si, por ejemplo, cuando él llega de trabajar tú le ves preocupa-do y le haces mil y una preguntas para que te cuente lo que le pasa… él es muy probable que no valore tu interés. Si, en cambio, tú le dejas espacio, te preocupas de que no haya ruido ni estímulos cerca y eres paciente… se le pasará el agobio y, de pronto, estará encantado y satis-fecho.
Ahí está la belleza de la relación entre hombres y mujeres. Somos muy distintos. Y para poder generar un clima de felicidad, es necesario amoldarnos mutuamente y entender en profundidad lo que la otra persona necesita, que, en el 90% de las veces, será algo diferente a lo que necesitarías tú.
SEGUNDA
PARTE
El hombre y
la mujer
Diferencias entre
hombres y mujeres
1
1 Para ampliar la información de esta sección, puedes consultar la bibliogra-fía de la pag. 283.
La gente no termina de creérselo: los hombres y las mujeres somos diferentes. Los últimos estudios científicos han demostrado más allá de toda duda unas diferencias cerebrales y estructurales tan gran-des que es algo que ya no se puede rebatir.
Cuanto mejor conozcamos esas diferencias estructurales, más herramientas tendremos para entender al sexo opuesto.
Así que, antes de nada, vamos a ver esas diferencias para que tengas una visión general de lo que estamos comentando.
Analicemos primero los cerebros.
Las conexiones interhermisféricas
El cerebro humano tiene dos hemisferios, que básicamente son como dos mitades, que se dividen la actividad y las funciones entre sí. Pues bien, la mujer tiene estos hemisferios un 30% mejor conectados entre sí que el hombre. Es decir, que el cerebro femenino tiene un 30% más de conexiones interhemisféricas. Esto es lo que hace que podáis hacer dos cosas a la vez con mucha más facilidad. Y también lo que
provoca que tengáis mucha más dificultad para diferenciar la “dere-cha” de la “izquierda”.
Por eso la mujer suele ser mucho mejor haciendo actividades y trabajos multitarea (que requiera hacer y gestionar varias cosas a la vez), mientras que el hombre es muchísimo peor en estas habilidades.
Como contrapartida, el hombre, en cambio tiene mayor capa-cidad de concentración.
Por eso no puede escucharte mientras está viendo la televisión, o mientras está terminando un proyecto del trabajo.
Esto tiene un principio evolutivo muy lógico. Hace 150.000 años cuando la especie humana empezaba a poblar la tierra… Los hombres que mejor se concentraban en la caza, sin pensar en nada mas, ni escuchar nada más, eran los mejores cazadores y las mujeres que mejor hacían multitarea siendo capaces de cuidar a los hijos, mientras hacían la comida o mientras recolectaban frutos, eran las mejores ma-dres.
O sea que cuando tú intentas hablar con tu pareja mientras él ve la televisión… lo más probable es que él no te esté escuchando, por-que ha heredado el cerebro de los mejores cazadores de la antigüedad, que eran los que NO escuchaban a nadie mientras cazaban. Esto es cierto hasta el punto de que el cerebro masculino se vuelve
científica-mente SORDO cuando está concentrado. O sea que realcientífica-mente no escucha lo que estás diciendo, porque directamente no está oyendo sonidos.
No somos mejores ni peores, somos distintos. Cada uno tiene facilidad para unas cosas. Y esto no debe ser una competición sino una colaboración.
El sexo, la comunicación y las emociones
El cerebro masculino tiene en 2.6 veces más región dedicada al sexo que la mujer. Es decir que hay una zona en el cerebro que gestiona
Diferencias entre hombres y mujeres
No te alarmes, eso no quiere decir que a él sólo le importe el sexo, pero sí que es bueno tener en cuenta el dato.
La mujer, en cambio, tiene más del doble de regiones dedica-das a la comunicación y las emociones.
No en vano hay diez veces más incidencia de tartamudez y disfunciones del habla en hombres que en mujeres.
Las mujeres tienen mucha más capacidad de comunicación que el hombre. Por eso la mujer puede hablar durante horas y el hombre a las pocas frases ya ha perdido el hilo de la conversación.
Así mismo, aunque los niveles de inteligencia y de capacidad de memorización es equivalente en hombres que en mujeres, en la práctica, esta inteligencia se expresa de forma diferente. Por ejemplo, la mujer tiene más memoria emocional, y el hombre tiene más memo-ria racional.
La mujer tiene mucha más facilidad para recordar cosas con relevancia emocional, como una discusión, el cumpleaños de su hijo o lo que llevó puesto en su primera comunión. Y el hombre, en cambio tiene mucha más facilidad para recordar secuencias de trabajo, dispo-siciones geométricas o modelos de coche.
Por eso el hombre no recuerda los detalles de una discusión, o la fecha de vuestro aniversario. Pero sí que recuerda exactamente su modelo de coche preferido o las últimas prestaciones que incluye su ordenador.
Testosterona
Hay una hormona, llamada Testosterona, que se dedica a regular las siguientes funciones:
- Agresividad. - Territorialidad
- Actividad sexual - Ego
- Necesidad de estatus - Ejercicio físico - Necesidad de espacio
Pues bien, el hombre tiene entre 10 y 20 veces más cantidad de testosterona en sangre que la mujer. Esta es la mayor diferencia entre sexos y no nos podemos ni imaginar las implicaciones que esta diferen-cia tiene en el día a día.
El hombre tiene constantemente en sangre una hormona que le hace ser más sexual, más agresivo, más territorial, más egocéntrico, más activo, etc. que la mujer.
Los estudios más conservadores dicen que el hombre puede tener cuatro veces más deseo sexual que la mujer. Pero hay por ahí estudios que indican que podríamos estar incluso hablando de hasta un deseo sexual veinte veces mayor.
En cualquier caso, un deseo sexual cuatro veces mayor ya es una barbaridad. Son unas diferencias abismales.
Ten en cuenta que, por ejemplo, la diferencia entre un pigmeo y un jugador de baloncesto es tan sólo un 30% más de altura.
En el tema del deseo sexual estamos hablando de una diferen-cia de entre el 400% y el 2000%.
La testosterona es lo que hace que el hombre sea mucho más egocéntrico, más dominante, más territorial y más sexual.
Y también por eso tiene más facilidad para el liderazgo, los enfrentamientos y la gestión de conflictos en situaciones críticas.
Una vez más, esto tiene todo el sentido del mundo a nivel evo-lutivo. En la caza, la testosterona era muy útil. Porque estaban constan-temente sometidos a situaciones de mucho estrés donde la agresividad, la territorialidad y el ejercicio físico eran imprescindibles.
Cuando volvían a las cuevas con sus familias, tenían que fe-cundar mucho y rápido para aumentar la probabilidad de reproducción (por eso tienen tanto deseo sexual). Y dentro de la tribu tenían que intentar ser los líderes o tener una buena posición dentro del grupo.
Diferencias entre hombres y mujeres
Fuerza física
La mujer tiene de media un 40% menos de fuerza física que el hombre.
Y cuando se intenta desarrollar esta fuerza, el hombre tarda la mitad en conseguirlo. Es decir, que para incrementar, por ejemplo un 10% la fuerza de un músculo, la mujer necesita el doble de tiempo que un hombre.
Como contrapunto, la mujer aprende más rápido las funciones motoras y tiene más coordinación.
El hombre es más fuerte, pero más patoso en cuanto a psico-motricidad fina se refiere. Y la mujer, a su vez, es más débil pero tiene mayor coordinación.
Para comprobar esto no hace falta más que irse a cualquier pis-ta de baile del mundo y ver que las mujeres bailarán muchísimo mejor que los hombres. Y en todas las profesiones para las que la coordina-ción y la psicomotricidad fina sean puntos fuertes, la mujer estadística-mente hablando destacará por encima del hombre.
Esto no es algo trivial. Unas diferencias tan grandes en estas áreas hacen que las estrategias vitales de hombres y mujeres no pueden ser iguales.
La mujer históricamente no se ha podido permitir ser igual de emprendedora, irresponsable y “loca” que el hombre, porque era menos fuerte (recuerda que hablamos de la parte instintiva; la mujer moderna se enfrenta con frecuencia a retos muchísimo más arriesgados que los hombres).