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ZOOLOQIA. (Comptes rendus, 22 marzo 4858.)

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profundidad. Cuanto más profundos son los pozos y cuanto me-nos uso se hace de ellos, tanfo mayor es la diferencia entre la temperatura de su agua y la del terreno á una profundidad igual, etc., etc.

ZOOLOQIA.

Informe dado á la Academia de Ciencias de París el 22 de mar-zo de 1858 por MM. MILNE-EDWARDS y DUMERIL, acerca de una Memoria de Mn. FABRE intitulada: Sobre la hiper-metamorfósis y las costumbres de los Melóides.

(Comptes rendus, 22 marzo 4858.)

Tenemos que exponer á la Academia un hecho nuevo y ex-traordinario en la historia de las metamorfosis que experimen-tan casi todos los insectos, presentándola la análisis de una parte del trabajo que Mr. Fabre, de Aviñon, ha sometido á su examen en la sesión de 1." de esle mes. Se intitula la memoria:

Sobre la hipermetamorfósis y las costumbres de los Melóides. Sabido es que al salir del huevo la mayor parte de los in-sectos, se presentan con una forma interina y como prestada, por lo cual se designan generalmente con el nombre de larvas. Parece con efecto que este vestido transitorio les disfraza ente-ramente. Semejante conformación en la primera edad es cons-tantemente igual en todos los individuos de una misma casta. Cuando tienen esta primera forma, cada uno se alimenta de una. manera particular, se desenvuelve y crece en un trascurso de tiempo más ó menos largo. Una organización especial y di-versísima, según las circunstancias, les da la admirable facul-tad de mudar de improviso de forma, de organización y aun de costumbres ó de manera de procurarse alimentos, sin dejar de conservar su individualidad. Verifícase entonces en el conjunto de su economía una especie de reblandecimiento, de disolución de las partes sólidas, que experimentan, fuera como dentro, los

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Semejante estado intermedio suele necesitar para tal trasfor-macion corporal una época de reposo y de inmovilidad, durante la cual se refunde toda la organización. Despójase completamen-te la larva de sus primeros vestidos, al paso que va engordan-do. Sale una masa pequeña muy blanda, de otra forma, que va poco á poco tomando más consistencia, hasta convertirse en lo que llaman ninfa ó crisálida.

La tercera época de la vida de los insectos es por último la de su perfección, en la cual disfrutan de todas sus facultades, por lo común desenvueltas en sumo grado, se pueden mover de mil diversos modos, y tienen órganos destinados á perpetuar su casta, y á preparar los recursos para asegurarla propagación de cada especie y la conservación de su progenitura.

Casi todos los insectos pasan pues sucesivamente por estos cuatro periodos de la vida, en estados de huevo, larva, ninfa é imagen real, que es su verdadera y última representación, y mirada como la perfecta.

Hemos recordado estos hechos, sobrado conocidos, de la tras-formacion á que están sujetos casi lodos los insectos como á una ley general que les obliga á pasar sucesivamente por dichos cuatro estados, á fin de que se conciba mejor una excepción ver-daderamente insólita, que consiste en un aumento hasta hoy apenas conocido del número de los períodos intermedios.

Este singular hecho seria increíble à no fundarse en obser-vaciones positivas y absolutamente fuera de toda duda, por el detalle de los trabajos que ha seguido el autor para convencerse de su exactitud.

Se trata de un animal que, sin dejar de ser en realidad uno mismo, muda sucesivamente ocho veces distintas deforma y consistencia, presentando de consiguiente otras tantas diversas modificaciones de alimento, usos y costumbres mientras dura su existencia, la cual se prolonga hasta cerca de cuatro años. Es un caso de polimorfósis.

Se sabia que ciertos Coleópteros, v. g. las cantáridas de faja amarilla de Geoffroy (Sitaris //Mmero/ísdeLalreille), procedían probabilísimamente de larvas que al parecer debieron desenvol-verse en las casas ó celdas que las abejas obreras y algunos otros apiarios construyen en el grueso de los terrenos arcillosos cortados

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à pico en ciertos parajes. Allí habíamos cojido siempre casi, en los meses de julio y agosto, gran número de individuos desecados. La mayor parte de estos insectos eran machos, fáciles de distin-guir, pero ignorábamos completamente las particularidades de sus costumbres y desenvolvimiento. Este modo extraordinario de metamorfosis es el estudiado por Mr. Fabre cuatro años se-guidos con admirable criterio y paciencia, como lo prueban los detalles que pasamos á extractar de su Memoria.

Primer estado. Habiendo hallado en una de las galerías

tortuosas que dan paso á las abejas para llegará sus celdas una pequeña masa de sustancia blanquizca y semi-trasparente, vio con la lente que constaba enteramente de una reunión de hue-vos aglomerados, en número acaso de dos mil, valuado con el microscopio. Tenían forma oval, y de largo dos tercios de milí-metro cuando más. Recogió aquella masa aglutinada y la guar-dó en un tubo de vidrio coa mucho cuidado, pudiendo observar asi todos los días lo que sucedia â aquellos huevos, porque afor-tunadamente estaban fecundados, y cerciorarse de que no se abrían hasta un mes ó más después de puestos.

Segundo estado. Los bichillos vivos y ágiles que salieron,

apenas tenían 1 milímetro de largo. Examinados con una lente de mucho aumento, se veían bien conformadas sus patas; pero no de-jaron el montón, en que permanecieron confundidos y revueltos con los despojos blanquizcos de los huevos de que procedían. Constaba entonces la masa de una especie de polvo animado que subsistió asi todo el invierno, y en la cual parecía haber podi-do hallar alimento y abrigo aquellos animalillos hasta fines del mes de abril.

Una de estas jóvenes larvas se parece enteramente á los animales que indicaron, describieron y figuraron con el nom-bre de piojos de las abejas Reaumur, Frish, Degeer, Newport y particularmente León Dufour. Este último habia hallado dicho pequeño ser vivo agarrado -á los pelos del coselete de algunas

abejas y de otros varios insectos peludos; lo tuvo por un pará-sito, diferente de lodos los piojos, y aun propuso considerarlo como un género, por causa de su estructura singular, y llamar-lo triongulino de las andrenas.

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el microscopio. Este bicho no tiene 1 milímetro de largo, es filiforme, muy vivo y activo cuando se le aisla ó se le obliga á mudar de sitio. Tiene la cabeza muy perceptible, con mandí-bulas y ojos y largas antenas de hilos muy delgados; se compone su tronco de doce segmentos, los tres primeros más largos y los dos últimos con dos ganchos uno de ellos y con pelos largos el otro, que no se ven sino con el microscopio, pero cuya existen-cia es indudable. Tiene seis palas largas, con cada uno de los tarsos terminados por 1res uñas ganchudas, una de ellas más larga, y que se puede encorvar para coger los pelos de las abejas y adherirse â ellos, pudiendo permanecer por tanto el animal

colgado con inmovilidad completa.

El autor de la Memoria se ha cerciorado de que uno ó más de estos pequeños seres tienen el instinto de aprovechar el mo-mento en que los machos de las abejas, que se desenvuelven antes que las hembras, pasan por la galería, para engancharse á ellos y conseguir entrometerse en los pelos de su coselete, en especial cerca de la articulación de las alas. Van asi con la abeja y la acompañan á todas partes, siendo unos verdaderos parásitos que viven á expensas agenas.

Este es el segundo estado del insecto salido del huevo. Siga-mos relatando su historia, refiriéndonos enteramente á las mí-1

nuciosísimas observaciones de Mr. Fabre, que le han proporcio-nado exponerlas con pormenores tan escrupulosos que no dejan duda alguna.

Dijimos que los machos de las abejas eran los que trasporta-ban sin saberlo varios parásitos de los que hablamos; probable-mente son ellos los que, yendo á saquear las flores, los dejan allí, y los pasan asi ó los trasmiten á las hembras, sobre las cuales se vuelven á encontrar fácilmente. Esto explica cómo una hem-bra los introduce en la celda que construyó y provisionó de un líquido meloso destinado á nutrir á la larva única que saldrá del huevo que va aponer alii. Este huevo, respectivamente bas-tante voluminoso, sobrenada en la superficie de la sustancia azucarada, porque es específicamente más ligero; pero al ins-tante el ágil parásito se encarama sobre dicho huevo, sin au-mentar casi su peso.

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descon-lianza, y desde entonces comienzan las operaciones que nos res-ta manifesres-tar.

El parásito es sólo un punto negro que se ve correr por la superficie blanca del huevo de la abeja; se agarra á él, sostenién-dose con sus largas antenas y los hilos de la cola, los cuales ter-minan en pelos imperceptibles que flotan sobre la miel y le sirven también de puntos de apoyo. Se afianza bien en las patas, y cogiendo con los colmillos agudos de sus mandíbulas la casca-ra delicada del huevo que le sostiene, la parle por encima pacasca-ra que salgan los jugos que encierra, y los chupa con ansia. Desde este momento queda destruida en provecho suyo la vida del huevo del futuro Himenóptero, porque la provision de miel que estaba destinada para la abeja pasa á serlo del parásito. Los li-cores que contenia el huevo bastan para alimentar por ocho dias al ammaliilo. La cascara seca se convierte en una película muy ligera, insumergible, que sirve de esquife ó navecilla al mismo, cuyo tamaño se ha duplicado casi.

Tercer estado. Empieza ahora á verificarse_una especie de

muda, porque se abre por encima la piel de la cabeza y de los 1res segmentos primeros del tronco, y por la abertura sale de aquel cuerpo activo un glóbulo blanco que cae sobre la miel, don-de permanece sobrenadando é inmóvil, sin don-dejar no obstante de poder respirar por medio de los estigmas distribuidos à pares en su región superior. Es pues una tercera forma de esta singu-lar organización.

El mencionado corpúsculo, de color blanco lechoso, inerte al parecer, sostenido en la superficie del líquido meloso, tiene 2 milímetros de largo. Mirado con una lente se distingue una vis-lumbre de cabeza en uno de los extremos, dentro y á lo largo un tubo digestivo sin curvaturas, y encima dos lilas de orificios respiratorios. Esta especie de segunda larva, parecida á las de algunos Dípteros, adquiere pronto mucho desenvolvimiento, porque en treinta ó cuarenta dias absorbe toda la miel en que está sumergida.

Cuarto estado. En la primera quincena del mes de julio

esta larva repleta, de 12 á 15 milímetros de largo por 6 de an-cho, despide una sustancia rojiza y se vuelve blanca; examinada se la ve una cabeei ta, antenas cortísimas, formadas de dos

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tejos cilíndricos; pero no se distinguen ojos: las mandíbulas están socavadas en tigura de cucharas, y se percibe un labio inferior con dos palpos que se convertirán en quijadas. Todo este aparato carece de movimientos; son órganos nacientes, embrio-narios todavía; lo mismo las patas, que sólo son apuntes de las que les sucederán.

¿Quién reconocería en semejante masa animal, blanda, pe-sada, ciega, de vientre abultado, con sólo muñones, el estado primitivo del ammaliilo? ¿No se la vio esbelta, con órganos admi-rablemente dispuestos para ejecutar sin riesgo, cabalgando en especies aladas, los asombrosos viajes á que estuvo forzada, y que se verificaron por los instintivos procedimientos que ha poco describíamos?

Concluidas las provisiones permanece quieta la larva algu-nos dias. Despues se contrae, se recoge en sí propia, y se des-pega de su superficie una película tenuísima, ajada, una especie de espectro trasparente, que sin embargo conserva como en un molde exterior las huellas en relieve de las partes preexistentes. Es una verdadera muda parecida á la que tienen las orugas; en esta vestidura epidérmica es donde se van á verificar los sin-gulares fenómenos de la ninfalizacion.

Quinto estado. Cuando está dentro de aquella película

tras-parente de tenuidad suma, se funde, parece que se liquida, y se trasforma luego en una masa blanca, blanda, que en algunas horas adquiere mayor consistencia, y cuya superficie se oscurece tomando un color leonado vivo. El citado saco es delgado, como tela finísima de cebolla; rompiéndola pasados algunos dias se halla otro cuerpo inerte, que presenta varios segmentos que van adquiriendo poco à poco la consistencia del cuerno, y que al cabo se pone parecido à las crisálidas.

Sexto estado. La cara dorsal forma dos planos inclinados de

aristas muy romas; la región inferior está cónca va, presentando en el contorno una especie de rodete saliente; distínguenseaúnlos vestigios ó restos que recuerdan algo la máscara ó la forma primi-tiva que tenia la cabeza de la larva al salir del huevo, y los 1res segmentos correspondientes á las piezas del tórax, porque cada uno lleva un par de luberculillos que vienen á ser los indicios ó los puntos de señal donde se desenvolverán verdaderas palas.

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Tales son los caracteres exteriores del animal en el estado de inmovilidad que corresponde y se parece á la ninfa de la mayor parte de los insectos de dos alas, puesto que no se advierte fuera ningún relieve indicante de la existencia de alas ni palas. Â este estado le llama el autor de pseudoninfa.

Séptimo estado. Durante este eslaclo de blandura, se

prepa-ra la tprepa-rasformacion en insecto perfecto. Cada parte se alarga, se modela, se solidifica. Se distingue la cabeza echada adelante, la boca debajo, las antenas recostadas fuera de la articulación de las patas, los miembros dirijidos hacia detrás, con los tarsos heleromerados completamente desenvueltos.

Octavoy último eslado. Los machos difieren particularmente

de las hembras en las antenas, en el grueso y largo del vientre. En esta análisis nos hemos ceñido á dar á conocer únicamente el hecho más nuevo é importante que resulta de las observacio-nes referidas en la memoria, interesante á lo sumo.

ACüRICUI/TIJItA.

Del uso del humo para preservar del hielo á las viñas ; por MR. BOUSSINGAULT.

(Ann. de Chim. et de Phjs., atril \S'JS.)

El otoño pasado leí, dice el autor, lo siguiente en un pe-riódico que por casualidad me vino á las manos.

«Digamos un medio singular de preservar del hielo á las viñas, que se acaba de practicar en varios puntos de la Roche-la, y que parece haber probado completamente: consiste en cu-brir el viñedo con una nube de humo antes de que se empie-cen á desorganizar los tejidos, ó sea antes de salir el sol.

»Cuantos dieron humo á cosa de las 3 de la madrugada y lo mantuvieron hasta las 5$, obtuvieron éxito completo. Cite-mos solo un caso.

»Una viña de 4 hectáreas, que tenia otras al rededor, cu-bierta de una nube de humo desde las 3 hasta las 5£, se salvó enteramente, lo mismo que parle de otra inmediata, sobre la cual se extendió el humo. Todas las demás se helaron.»

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