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ABERG, Gustavo Enrique (n. Linköping, Suecia, 1841; m. Roma, 1922). Sueco, arquitecto. Su actividad como proyectista tuvo lugar principal-mente dentro del ámbito de la arquitectura de Estado, comprendiendo varios de los edificios más representativos del período 1870-1890.

Graduado en la Real Academia de Bellas Artes de Estocolmo, donde estudió de 1863 a 1869, llegó en ese mismo año a la Argentina donde revalidó su título en la Facultad de Matemáticas de la Universidad de Buenos Aires diez años después. El tema de su tesis fue "Las Casas de Baños", presentando los planos de un baño turco y el de las termas menores de Pompeya.

Sus obras principales, construidas casi esclusivamente para el Estado, fueron: el Edificio para Oficinas de Gobierno, realizado en 1882 sobre las calles 25 de Mayo y Rivadavia, en forma simétrica al que antes construye-ra con su compatriota A. Kihlderg (v.) (posteriormente, ambos edificios serían unificados por una ampliación del arquitecto Tamburini (v.), formando la actual Casa Rosada); la Capitanía General de Puertos de Buenos Aires (1874-76); la Aduana de Rosario (1876); el Hospital Español y la Academia de Ciencias Exactas de Córdoba. También preparó un proyecto, luego no realizado, para la nueva sede de la UBA que debía ser ubicada sobre la Plaza San Martín (1882). En La Plata proyectó y dirigió, junto con el arquitecto Carlos Heynemann (v.), el edificio del actual Museo de Cien-cias Naturales (1884-89). Se trata de la primera obra en nuestro país que incluye ornamentos americanistas en su exterior en forma de bajorrelieves, inspirados en las esculturas prehispánicas mexicanas realizadas en 1887 por Guillermo Zitzow. Posee planta elíptica y perímetro libre en estilo neoclásico, con orden corintio en el frente principal y jónico en el contrafrente (v. Museo).

Dentro de la función pública ejerció el cargo de Arquitecto Nacional e Inspector en Jefe del Departamento de Ingeniería Civil del Ministerio del Interior (1874-1884). Fundó una empresa constructora, La Edificadora, en 1886. Debido a problemas de salud dejó el país y se instaló en París donde estudió pintura. Bibliografía: Jorge Tartarini, La acción profesional en

la fundación de La Plata, La Plata, 1982; Jorge

Tar-tarini, y otros, Patrimonio arquitectónico de La Plata, Mar del Plata, 1985.

J. T. ACCION DIRECTA: Operatoria de construcción y financiamiento de viviendas a cargo del Banco Hipotecario Nacional (v), propuesta como consecuencia de la elaboración del Plan Nacional de la Vivienda (v.) en 1963. (Decreto Ley 1.141/63).

El marco de planificación de estas acciones fue el Plan Nacional de Desarrollo formulado por el CONADE durante el gobierno del radicalismo (Presidente: Arturo Illia) para el período 1965-69, que fijaba metas para el largo plazo. (v. Banco Hipotecario Nacional)

Los fondos de esta operatoria estaban constituidos por adelantos del Banco Central y fondos de la Caja Nacional de Ahorro Postal. Este programa se dirigía a sectores sociales cuyos limitados ingresos no les permitían tener acceso a los planes de ahorro y préstamo, como los que estaba implementando en ese momento el Banco Hipotecario.

Consistía en construcción de edificios en terrenos de propiedad del banco. Las obras eran proyectadas y dirigidas por las oficinas técnicas de la institución, mientras que la ejecución se adjudicaba a empresas constructoras por licitación pública. El banco luego adjudicaba y vendía las unidades, ejerciendo la administración de las mismas hasta escriturar como mínimo el 50% de las unidades del edificio o conjunto. El plazo de amortización de los préstamos podía llegar hasta 30 años, con un interés anual del 9%. Por este régimen

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se construyeron entre 1964 y 1973, 137 barrios, que comprendían 11.570 unidades.

En 1967 se introdujeron cambios en la operatoria, permitiendo la participación de entidades intermedias sin fines de lucro (cooperativas, sindicatos, municipalidades, direcciones de vivienda provinciales, etc.), quienes celebraban con el Banco un convenio de préstamo y construcción. El proyecto y la dirección de obras quedaban a cargo de la entidad intermedia, mientras que el banco tenía a su cargo la licitación, adjudicación y contrato de la ejecución de obras. El banco financiaba las unidades de vivienda, obras de infraestructura y complementarias y hasta un 80% del valor del terreno (tomando como base el valor que resultara menor entre la tasación que efectuaba el banco y el precio de compra del terreno). El importe del precio de venta era trasladado por la entidad a los adjudicatarios; las condiciones de los préstamos eran similares a las del caso indicado inicialmente. Por este sistema se construyeron 77 barrios con un total de 8.927 unidades. El programa se mantuvo hasta 1972.

Como ejemplos de estas operatorias merecen citarse el Barrio General Paz (sectores I y XI; 741 viviendas en 13 monobloques); el Centro habitacional Avellaneda (920 viviendas en 23 monobloques); y el Barrio de la Boca (240 viviendas en 4 monobloques).

Bibliografía: "Programas y realizaciones",

Summa nº 43, noviembre de 1971. Horacio

Baliero (coordinador), Desarrollo Urbano y

vivienda. Introducción al estudio de la acción del estado, Buenos Aires, Durruty,

1983. Oscar Yujnovsky, Claves políticas del

problema habitacional argentino

1955-1981, Grupo Editor Latinoamericano,

Buenos Aires, 1984.

A. B. ACEVEDO, BECÚ y MORENO (Acevedo, José María, (n. s/d 1894; m. s/d 1980)

Becú, Alejandro (n. s/d 1893; m. s/d 1992) Moreno Pablo (n. s/d 1895; m. s/d 1976). Dedicados al ejercicio liberal de la profesión, han producido un importante número de edificios de carácter ecléctico en Buenos Aires. Premiados por muchas de sus obras,

parecen haberse mantenido

intelectualmente al margen de las oscilaciones estéticas entre la Academia y la modernidad que signaban las primeras décadas del siglo. En el transcurso de su trayectoria incorporan nuevos temas edilicios como oficinas y fábricas, y con ellos otros modelos estéticos. En medio de una vasta producción que se extiende entre los años 1927 a 1962, es destacable el proyecto del Hipódromo de San Isidro, ganado por concurso nacional en 1938.

La producción de este estudio estuvo signada por los mecanismos de la moda y

el buen gusto compartido social y

económicamente con sus comitentes. Sus asiduos viajes a Europa, y la propia biblioteca con la cual contaban alentaban esta referencia, principalmente francesa, mucho más que la discusión intelectual sobre la arquitectura de la época, de la cual se mantuvieron al margen. El arqto. Acevedo había realizado estudios breves en la Ecole d' Beaux Arts, en París durante cuatro años, mientras que el arqto. Moreno había estudiado tres años de ingeniería en Londres, antes de la escuela de arquitectura de Bs. As., lo cual le permitió comprender y estudiar profundamente la arquitectura inglesa, a la que le dedicaran especial énfasis en las residencias veraniegas de Mar del Plata.

Varias de sus obras académicas, destinadas principalmente a edificios de rentas, residencias particulares en Buenos Aires y de veraneo, en la ciudad de Mar del Plata y estancias, recibieron diversos premios municipales. Comenzando por la Villa Alzaga en 1929 con el primer premio del concurso de fachadas y en 1930 el segundo premio a la residencia Ezcurra,

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ambas en Mar del Plata; le sucedieron el segundo premio Municipal categoría A:

"la mejor fachada" al edificio de rentas de

la calle Perú 457, en 1931, y el primer premio Municipal en categoría B: "la casa

colectiva que reúna las mejores condiciones de distribución e higiene" al

edificio de rentas en la calle Alvear 3134. En este caso la planta se organiza en dos bloques dejando dos patios de aire y luz sobre cada medianera, que de todas maneras no permiten la ventilación directa de todas las habitaciones siendo varias de ellas dormitorios de servicio. Más adelante fueron premiadas la residencia particular Acevedo en Av. Libertador 2119, primer premio Municipal de Fachada; la residencia particular Soulas en Ocampo 2866, primer P Municipal de fachada 1938; y por último un premio de honor en 1940 a la residencia particular Larviere en Av. Alcorta.

También destacable, aunque no sea el área institucional la más relevante de este estudio, es el concurso ganado para el edificio Centro Gallego de Buenos Aires en el año 1931. En este proyecto fueron consideradas por el jurado las soluciones higienistas dadas por los proyectistas a los problemas de la higiene, lo que definió el primer premio.

Otras obras remarcables, aunque no premiadas, y que responden al eclecticismo académico son el hotel particular, propiedad del arqto. Acevedo, en Alvear 3019, y la iglesia San Martín de Tours. En el primero puede observarse, el pensamiento coincidente del estudio con las obras anteriores. Siguiendo como modelo los hoteles parisinos del S. XVIII, decoraron el comedor gótico, la biblioteca Tudor, la salita Luis XV, y así sucesivamente. Para el edificio de la iglesia, encomendada porque el arquitecto Acevedo era Caballero de la Orden de San Martín de Tours “la fachada es del puro estilo románico de fines del S XII..." Una obra atípica en la producción del estudio es la residencia veraniega de la estancia Acevedo y Estrada, sin ninguna reminiscencia estilística, donde han

desaparecido los arcos de las aberturas, reemplazados por dinteles rectos, y los volúmenes prismáticos carecen de ningún tratamiento murario ni ornamentación. Se advierte también una gran transformación en los interiores, dado que el predominio de las ventanas horizontales determina otro tipo de iluminación y equipamiento. Hacia el fin de la década del treinta las obras manifiestan mayor austeridad. Si consideramos la depuración del lenguaje utilizado en las fachadas del edificio de rentas del año 38, en la avenida Alvear, veremos que persiste la composición clásica, pero la ornamentación se reduce y es notorio en el tratamiento de los vanos y puerta de acceso una cierta inclinación hacia un lenguaje modernizado. Asimismo las plantas de este edificio garantizan ya la ventilación de todos los locales, es más racional la disposición de la circulación general y por consiguiente la ausencia de ante cámaras y numerosas dependencias. Con estas características proyectaron además el edificio de rentas de Av. Centenario del año 1939.

Una marcada evolución se manifiesta en el proyecto del Hipódromo de San Isidro, finalizado en 1944. Aunque se observa que de ningún modo se apartan del sistema clásico, la volumetría cambia profundamente por el gran voladizo de la losa blanca que conforma cada tribuna. Como nuevos elementos en su obra introducen predominantes planos de transparencia, dados por aventanamientos horizontales o un tratamiento del espacio interior austero y racionalista y el uso de las curvas. Este último recurso proyectual es también pensado como un elemento clásico dado que la curva euclidiana, por ser un arco de circunferencia responde geométricamente a un punto siendo posible de componer en ejes de simetría especular. Así fueron organizadas la planta y fachadas, jerarquizando el acceso al edificio, y con los mismos criterios resolvieron las boleterías y el acceso general al conjunto.

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Este proyecto fue un alarde tecnológico para la época, y por esta causa fue premiado por el National Institute of

Architects de EE.UU. Los grandes voladizos

llevan importantes vigas cantilever invertidas con armadura de hierro dulce. Funcionalmente, la ubicación de las tribunas respecto de la pista desafía la tradición inglesa frontal, para dar lugar a una elipse en la implantación que permitiese la visual desde cualquier sector de las graderías.

Desde la década del '50 las fábricas y oficinas se incorporan como nuevos temas en el estudio. Entre la innumerable cantidad de oficinas y fábricas que han proyectado, podemos mencionar los edificios de Acindar, Fíat en el barrio de Belgrano, IBM World Trade Corporation, y las fábricas de Hiram Walker, Chicle Adams, y Compañía Gral. de Fósforos, en la provincia de Buenos Aires, respectivamente. Pero, lejos de abandonar sus preceptos estéticos académicos en obras con otro destino, como la Sede Social del Jockey Club en 1952, se verifican respuestas a distintos programas con imágenes arquitectónicas divergentes según el encargo.

V. A. ACOSTA, Wladimiro [Konstantinowsky, Wladimir] (n. Odessa, 1900; m. Buenos Aires, 1967). Ruso, arquitecto. Lúcido y comprometido representante de las posiciones políticas y culturales más avanzadas de la arquitectura europea en los años veinte, su trayectoria en la Argentina emblematiza las fuertes diferencias que distinguían el "modernismo" local de sus modelos externos. Defendió empecinadamente la necesidad de una arquitectura como solución de problemas concretos prestando especial atención a las condiciones climáticas locales; sostuvo la vincula-ción entre arquitectura y ciudad; procuró aportar soluciones para los sectores sociales más carencia-dos; fue dueño de una especial sensibilidad plástica y creativa.     

Su verdadero nombre era Wladimir Konstantinowsky, aunque el apellido era, a su vez, una transformación del originario Acosta con que su abuelo, un ingeniero de los ferrocarriles españoles, llegó a Rusia para trabajar en su

especialidad. Educado en un ambiente de alto nivel económico y cultural, en 1911 ingresa en la escuela de Bellas Artes de Odessa, de donde egresa en 1917 con el título de Bachiller y Técnico en construcción. Iniciada la Primera Guerra Mundial, participa de ella como artillero. En esos años, Wladimiro Acosta (WA) experimenta el impacto de la Revolución Bolchevique. Primero la ve con simpatía y luego con preocupación al compartir con su compañero Gregori Warchavchik (GW) situaciones extremas como la culminación de las persecuciones a la familia de aquél. En 1919, durante la ocupación de Odessa por Inglaterra y sus aliados, ambos viajan a Italia con el objeto de continuar sus estudios de arquitectura. Se establecen en Roma y comienzan a trabajar con Marcelo Piacentini, uno de los principales arquitectos del momento. Esta vinculación refleja su situación ambigua: por un lado, Piacentini era un fer-viente defensor de la clasicidad mediterránea y romana en particular, rasgo desde el cual, apoyaba al movimiento fascista, a tal punto que llega a formar parte de la Academia y a ser una de las principales figuras culturales del régimen. Pero simultáneamente Piacentini es el primero en divulgar, en 1921, la "nueva arquitec-tura", bautizando la producción de sus compatriotas como producto de "capataces respetuosos" y reivin-dicando especialmente las experiencias francesas en el campo del hormigón armado. Cabe comprender, además, que en 1921 el fascismo no estaba aún conformado con todas las características "negras" que luego lo fueran definiendo: era aún un movimiento parlamentario; tenía por líder a un ex director del periódico socialista Avanti y era apoyado por las fracciones más radicales de la cultura italiana, comen-zando por el Futurismo. Existen constancias de que en 1921 WA conoce los textos de Le Corbusier publicados en L'Esprit Nouveau; es fuertemente impactado por la casa Schwob, a la que utiliza como referente para uno de sus primeros proyectos conocidos, y también por Teo Van Doesburg y el Neoplasticismo de "De Stijl". En el período romano, WA cursa estudios en la Escuela Supe-rior del Instituto de Bellas Artes de Roma, donde obtiene su título de Licenciado en Arquitectura. Como Profesor de Diseño Arquitectónico ejerce la docencia en 1920 y 1921. De esos años son sus primeros proyectos conocidos: las "viviendas económicas apareadas", el "proyecto residencial en Tien-Sin" y las viviendas para la ciudad jardín Aniene en Roma. El segundo refleja ya las influencias neoplásticas señaladas.

En 1922 se traslada a Alemania y pasa los primeros tiempos en Berlín. Aquí experimenta el impacto de la inmensa y diversa vida artística de la ciudad y es atraído por el Expresionismo y especialmente por el trabajo de Mendelsohn, como lo evidencia su proyecto de resistencia Grunewald. En Berlín trabaja como bailarín, actor y escenógrafo; sus trabajos para Fausto, el

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Mercader de Venecia y Macbeth son los más notables.

Simultáneamente cursa estudios de ingeniería y urbanismo en la Escuela Técnica Superior de Charlotenburg y de tecnología del hormigón armado en el laboratorio del Instituto de Tecnología de Mecklemburg. Estos estudios se reflejan en ejercicios como la casa modular de acero. Sus principales proyectos de este período son: la sede de la firma Samt

und Seide, con el que obtiene un primer premio, la casa

para Dalhem y la casa Belling en Berlín. Es en los años inmediatamente posteriores cuando toma contacto con los hermanos Luckhardt y sus socio Anker, figuras de primera línea del Expresionismo en Frankfurt. En el estudio de los Luckhardt se desempeña en distintos roles y llega a colaborar en el concurso para el proyecto de las Escuelas Profesionales de Tempelhof, en el cual obtienen el primer premio. En la producción de estos años, la influencia del Expresionismo es evidente en el manejo contrastado de la luz, en las distorsiones de elementos y en el despojamiento dramático de sus esce-nografías. En el caso de las arquitecturas, esa influencia está mediada por la traducción a formas constructivas que el expresionismo "de ideas" de la primera época realiza en torno a los comienzos de la década del veinte. Esta traducción ha sido descripta claramente por otro de los protagonistas del movimiento, Adolf Behne: si para algunos la búsqueda de una "arquitectura transparente" era el objetivo principal, se trataba de elaborar constructivamente esa "transparencia", por un lado capturando la "luz"; (para esto contribuirían el vidrio, el blanco de los muros), pero además y, sobre todo, elaborando una militante "transparencia funcional"; "militante " en sentido real. Debe recordarse que el grupo del Arbeitsrat für Kunst provenía del núcleo expresionista. Pero, para los expresionistas, el programa no era el de un socialismo de tipo político -y en esto se diferenciaba de los partidos de izquierda-, sino de un socialismo "transpolítico", capaz de realizar un programa integral de "reforma de vida", como reclamaba Bruno Taut.

Pasados ocho años de su residencia en Alemania, WA decide emigrar. Para muchos grupos de la vanguardia centroeuropea, frente a una civilización-metropoliza-ción asociada con la sombra, el frío, la artificiosidad, la indiferencia, la meta por conseguir se condensa en la idea del Sur, sede de la luz, la autenticidad, la transpa-rencia, el calor. Compartiendo muy probablemente esta utopía, pero también en la búsqueda de una sociedad menos agitada y agresiva y de mejores posibilidades de trabajo, WA se pone en camino del verdadero Sur: el del continente nuevo y en pleno movimiento de crecimiento. Cuenta con algunos amigos rusos en buena posición social que se disponen a introducirlo en la

sociedad más pujante de ese sur americano: la de la República Argentina.

Llegado a Buenos Aires en 1928, se conecta con el arquitecto Alberto Prebisch (v.), quien parecía más cercano a algunas ideas de la vanguardia europea, y trabaja con él unos meses. En realidad, más allá del radicalismo estético de sus posiciones, ligado a la elite oligárquica, Prebisch estaba muy lejos del programa místico y de reforma social del que WA había formado parte hasta entonces. Es que en la Argentina ambos polos, el del radicalismo estético y el del radicalismo social, se presentaban divididos a través de grupos artísticos antagónicos: el de "Florida" y el de "Boedo". Los primeros, si bien no rechazaban per se las preocupaciones sociales, las eliminaban taxativamente de la especulación artística; los segundos, y particular-mente los núcleos claraparticular-mente socialistas, anarquistas y comunistas, repudiaban abiertamente todo intento de abstractismo o experimentación fuera de los cánones realistas.

WA no tarda demasiado en advertir el problema y la opción a que éste lo somete y prefiere, al menos por el momento, intentar una jugada alternativa trasladándose nuevamente, esta vez al Brasil. De todos modos, a lo largo de los meses transcurridos desde su llegada, continúa paralelamente su propia producción, registrando el impacto de las nuevas condiciones, especialmente en la ciudad. En efecto, sus principales contribuciones de ese año fueron un conjunto de ensayos de casas mínimas adaptadas a las condiciones de los lotes característicos del urbanismo español, con 8,66 m de frente y largos diversos hasta alcanzar los 50 m, y los comienzos de la formulación del City Block.

Las primeras alcanzarán una expresión más acabada en 1932, en las viviendas suburbanas SR en Santa Fe; la propuesta consiste en una variante intermedia entre la casa chorizo (v.) y la casa compacta. Al primer tipo corresponde la ristra de dormitorios, baño y alero-garage ubicados sobre la medianera y el consiguiente patio lateral que así se genera; al segundo, la ocupación de las diez varas con edificación, atravesando sobre el terreno un recinto mayor, el living. El del City Block (v.) es un proyecto complejo en cuya elaboración trabaja desde 1928 hasta 1935. Para comprenderlo, es necesario referirlo a las dos experiencias de las que parte su reflexión; esto es, la "Grosstadt" de Ludwig Hilberseimer y el rascacielos cruciforme de Le Corbusier (v.).

Debe recordarse que la Grosstadt hilberseimeriana consistía en una concentración absoluta de las funciones

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metropolitanas, lo que se obtiene mediante bloques que bordean gigantescos predios y entre los cuales se intercalan placas verticales. El trabajo se produce en los niveles inferiores, la habitación en los superiores; la circulación de medios mecánicos ocupa la planta de tierra y los peatones disponen de circulaciones a nivel de las terrazas de los bloques perimetrales. El rascacielos cruciforme había sido empleado por LC en su propuesta para la ciudad de tres millones de habitantes de 1923, y fue también un protagonista fundamental del Plan Voisin de 1928. En el City Block, WA fusiona estos dos proyectos con el damero porteño. Además del tipo de torre, las diferencias más importantes que pueden observarse en relación con las ideas de la Grosstadt son dos, y consisten en la con-cepción de la totalidad y en la relación interior-exterior. La primera registra la posición conciliadora que caracteriza a WA en comparación con sus maestros y colegas de la vanguardia alemana. Mientras la

Grosstadt de Hilberseimer se presenta como un todo

inescindible que como tal constituye una utopía absoluta, una indicación de las propias contradicciones del mecanismo metropolitano, formulándose como una solución modular parcial, sin un límite preciso, la de WA se presenta como una alternativa posible de reforma. Esta misma necesidad de conciliación se expresa en la relación interior-exterior. El aventana-miento de los bloques de la Grosstadt consiste en vanos pequeños, los imprescindibles para la solución de las necesidades biológicas de los habitantes con "máxima racionalización" y mínimo gasto. En esta solución, todo naturalismo, todo "místico" resto de "nostalgia por la tierra" ha sido brutalmente eliminado. Apelando a las ventanas corridas y al courtain-wall de la solución corbusierana, y agregando unas titubeantes masas arbóreas en los niveles peatonales, WA da cuenta de las contradicciones del Expresionismo frente al fenómeno metropolitano y manifiesta sus dudas y su necesidad de mediar.

Su viaje a Brasil no constituye una decisión arbitraria sino un paso posible previsto de antemano que tiene sus antecedentes en sus años romanos. Cuando decide su partida hacia Alemania, su compañero Warchavchik se le había adelantado en el camino hacia el Sur, emigrando al Brasil como empleado de una empresa constructora italiana. En San Pablo, GW había entrado inmediatamente en contacto con un grupo de pintores, escultores y poetas -entre los que se encontraba otro ruso, Lasar Segall - que en 1921 habían iniciado un movimiento favorable a la renovación artística radical con la llamada "Semana del Arte Moderno". Los modernistas paulistas estaban estrechamente vinculados a movimientos sociales de distinto signo que, como el "tenentismo", sacudían a la segunda república. WA

viaja a San Pablo, donde es muy bien acogido por su viejo amigo y allí proyecta varias casas para el Dr. Walter Treuherz, el profesor J. K., el pintor A.S. y el periodista R. de P. En 1930 tuvo lugar en Río de Janeiro el Congreso Panamericano de Arquitectura, en el que WA participa junto a GW. Cuando años después él menciona ese evento, afirma que no se escucharon allí sino voces anacrónicas. Llama la atención que no registre la presencia de una ponencia explosiva y de extremo radicalismo como fue la de la "Ciudad del hombre desnudo", imaginada por Flavio de Carvalho, de tanta afinidad con algunas de sus ideas. Lo que en Río debe haberlo indudablemente impactado es la casa que GW había construido para Max Graf. Si hasta estos años puede observarse que la arquitectura de WA se concentra en volúmenes y plantas de formas regulares, a partir de aquí aparece en ella un tema que será decisivo para la formulación del sistema Helios y que consiste en la separación entre cuerpo y piel, o entre volumen y membranas perimetrales. Esta característica se registra por primera vez en la última casa proyectada en San Pa-blo, la del periodista R. de P.

Si bien la revolución encabezada por Getulio Vargas da en un primer momento un importante lugar al movi-miento renovador, y en diciembre de 1930 Lucio Costa comienza a encarar la reforma de la Escuela de Arquitectura incorporando a GW como una figura central, en lo primeros meses de 1931 WA vuelve a Buenos Aires. No es improbable que, frente a los acontecimientos de octubre de 1930 y teniendo en cuenta la importante participación en los mismos de la principal fracción socialista de la ciudad, WA pueda haber imaginado unos acontecimientos en paralelo con los sucesos de Río. Si fue así, no debió pasar mucho tiempo para comprobar las importantes diferencias y el carácter profundamente conservador del nuevo régimen. A partir de entonces y hasta 1947, WA residirá en forma permanente en Buenos Aires.

Desde su llegada, deberán transcurrir más de diez años para que construya su primera obra. Entre tanto, su reflexión teórica es intensa y pueden observarse dos períodos, aunque no separados con nitidez. En la primera parte de los años treinta, sus arquitecturas expanden por un lado las búsquedas de "reforma de vida" y por otro el descubrimiento plástico de Río y la relación libre volumen-piel. Simultáneamente, su crítica a la ciudad se radicaliza en la dirección "expresionista" antes mencionada y vira hacia el antiurbanismo de un Soria o un Ginsburg. En la segunda parte de la década comienza a apagarse su impulso plasticista, y WA manifiesta una prédica social explícita y un cada vez más obsesivo determinismo climático.

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El hecho más destacable de la primera parte de este período es la invención del sistema "Helios" en 1932. En su versión elemental, dicho sistema consiste en un corte aterrazado, protegido del sol con una losa visera ubicada en el nivel de la cubierta, aunque puede hacerse más complejo incorporando placas verticales u otras horizontales a la piel exterior de protección. "Helios" será desde entonces una constante en la arquitectura de WA, quien ensaya en esos años con casas individuales como la del barrio de Flores, o colectivas, como en los conjuntos para los alrededores de Buenos Aires, o en los grandes edificios de las nuevas versiones del City Block. A la influencia estética ya mencionada pueden agregarse ciertas experiencias corbusieranas, como las losas horizontales de la casa de Stuttgart o, más explí-cito, el tratamiento de los planos horizontales de la casa de Cartago.

También Gropius (v.) había trabajado con volúmenes y losas visera en sus casas en serie de 1921; algo que Breuer desarrolló con sus "casitas 1927". Ya hemos señalado el temprano interés de WA por el neoplasticis-mo holandés. Además de estos neoplasticis-motivos estéticos, en la creación de "Helios" fue decisiva la influencia de la tradición centroeuropea del Terrasentyp, de gran impor-tancia en la arquitectura hospitalaria, pero extendida a otros programas especialmente por Doecker. A esto deben agregarse las prácticas difundidas por el naturismo en el medio local.

Las primeras versiones cruciformes del City Block fueron corregidas y el paso siguiente consiste en el abandono de la idea de reforma urbana y el paso a una fórmula de ciudad lineal y ocupación total del territorio. El resultado de esta primera parte de su trabajo en la Argentina es un libro publicado en 1936, Vivienda y

ciudad. De su paulatina inserción en el medio social

local dan cuenta algunos datos, como su amistad con Alberto Gerchunof, su casamiento con Telma Reca, o sus vínculos con el Concejo Deliberante, así como su participación con el rol de jurado en el Concurso Urba-nístico del "Parque de Retiro", y luego su labor de asesor para el estudio del Código de Edificación.

En 1935 comienza a colaborar en Actualidad, una publicación de intelectuales de izquierda, y es designado representante oficial de los CIAM (v.) en la Argentina. La segunda mitad de los años treinta y los primeros cuarenta fue probablemente el período más fructífero de la vida de WA como arquitecto. Es entonces cuando realiza o imagina el conjunto de las que constituyen sus obras más importantes: las casa de Villa Urquiza (1934), Villa del Parque, La Falda, Bahía Blanca, Ramos Mejía (1939), Punta del Este (1940), Calp en

Rosario (1942), Castelar (1944), y los edificios de la Colonia Oliveros (Santa Fe, 1939), Figueroa Alcorta (1942), y el primer proyecto de la Casa colectiva del Hogar Obrero (1941). Esas casas se caracterizan por un estudio meticuloso de las orientaciones y el funciona-miento del sistema Helios, por apelar a una com-binación equilibrada de superficies y formas abstractas con materiales rústicos, especialmente en los basamen-tos, y por la gran libertad de sus agrupaciones en planta, muy lejanas de la rigidez geométrica de sus primeros trabajos. Por otra parte, en la misma medida en que sus programas se hacen cada vez más "burgueses" y "-tradicionales", pese a tener como clientes a artistas, profesionales o intelectuales, crece su necesidad por dar carácter "científico" a su organización arquitectónica basándose en el tema de las orientaciones, casi con exclusión de otros determinantes. Es así como a lo largo de período 1937 a 1945 realiza estudios sobre biocli-matología y acondicionamiento físico de los edificios bajo la supervisión del Dr. Walter Knoche.

El proyecto para el Hogar Obrero constituye un intento de poner en práctica los temas que había ensayado en

Vivienda y Ciudad, particularmente sus últimas

propuestas para el City Block, pero una gran cantidad de inconvenientes lo separan y desvinculan de la solución definitivamente construida. Quizás por este motivo, el edificio de Av. Alvear parece ser un gran esfuerzo por responder a las condiciones de la ciudad en tanto tal, con sus reglamentos, sus predios y su tipolo-gía. Simultáneamente, y dando testimonio de una industria de la construcción con nuevas potencialidades, el repertorio de materiales empleados con sabiduría y delicadeza constructiva muestra a un WA que critica la relativa indiferencia por la "cuestión material" como fuente de expresión que caracteriza su obra anterior. A partir de estos años, la biografía arquitectónica de WA pierde consistencia mientras se acrecienta su actividad como conferencista, teórico y docente. En 1947 parte de la Argentina y proyecta la excelente Escuela unificada de aplicación del Instituto Pedagógico en Caracas. Viaja en 1948 a Guatemala, donde actúa como asesor del gobierno. También visita los Estados Unidos donde dicta una serie de conferencias, para luego volver a la Argentina. Realiza un par de casas (Giardino-Nastri y Levinton) y en 1954 vuelve a trasla-darse a los Estados Unidos, donde no consigue trabajar aunque dicta conferencias en varias Universidades, como Harvard y Cornell.

A fines de los años cincuenta y principios de los sesenta centra su actividad en la Universidad de Buenos Aires, en la que, venciendo muchas dificultades, es designado Profesor Ordinario en 1957. Ejerce una poderosa

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in-fluencia docente y con algunos de sus discípulos produce, por encargo de la Universidad de Buenos Aires, su último gran proyecto: la Unidad Vecinal de la Isla Maciel, en la ribera sudeste del Riachuelo. El conjunto articula unidades de distinto tipo y es producido con gran rigor y economía de recursos, conservando rasgos de la riqueza volumétrica que carac-terizara a sus primeras obras.

En los últimos años de su vida se acentúa el tono ideológico de su propuesta y así, entusiasmado por los cambios operados por la revolución, visita Cuba en 1962 y ése sería el último de sus viajes.

Wladimiro Acosta muere en la ciudad de Buenos Aires, el 11 de julio de 1967. Tres años más tarde, su esposa Telma Reca publica, ayudada por ex discípulos, una obra póstuma, Vivienda y Clima.

P. L. ADAMS, Richard (n. Escocia 1792, m. Buenos Aires

1835). Arquitecto y pintor; formado profesionalmente en la escuela del Neoclasicismo británico de comienzos del siglo XIX; se integró con su familia a un grupo de 250 escoceses convocados por los hermanos Juan y Guillermo Parish Robertson, con destino a un pueblo a fundarse en la frontera bonaerense, dentro del plan de colonización que se financiaría con el empréstito contratado por la provincia de Buenos Aires con la casa Baring Brothers, de Londres.

El 8 de agosto de 1825 llegó a Buenos Aires ese contingente, integrado también por el agrónomo Juan Tweedie, ex director del Jardín Botánico de Edimburgo, dos agrimensores, un constructor, nueve albañiles, un herrero y cinco carpinteros, es decir los recursos humanos requeridos para fundar el pueblo del que Richard Adams sería arquitecto. Pero, al no haberse concretado avance alguno en el plan de colonización, los escoceses fueron asentados en las estancias Santa Catalina y Monte Grande (partidos de Lomas de Zamora y Esteban Echeverría) de casi 2.500 hectáreas en total, pertenecientes a los Robertson, que los contrataron como arrendatarios.

La organización del establecimiento rural según los usos y costumbres de Escocia, y la cobertura de sus necesidades de

vivienda y producción, fue la primera obra de Richard Adams, y en 1828 se habían construido treinta edificios de mampostería, con ciento cuarenta y cinco habitaciones, cuarenta y siete ranchos con setenta aposentos, una capilla presbiteriana, y la casa principal.

Nada se conoce acerca de la desaparecida capilla, pero sí de la residencia Robertson en Santa Catalina, que era un interesante ejemplo de aplicación de cánones neoclásicos en un edificio rural, cuya volumetría prismática, definida por un techo plano, realza la portada central jerarquizada en ambos costados por pilastras apareadas de orden dórico, y un frontis clásico alineado con la cornisa; por detrás, también como volumen prismático, sobresalía un alto mirador con azoteas cercadas por pretiles de hierro, con pilares de mampostería en los ángulos. En ese desaparecido edificio logró Adams una buena simbiosis del Neoclasicismo con la tradición mamposteril del campo bonaerense, según el gusto de la época. El establecimiento de los Robertson fracasó hacia 1829; sus arrendatarios se dispersaron, y el arquitecto Richard Adams quedó establecido en la ciudad de Buenos Aires, donde el neoclasicismo académico estaba materializado en obras del final del virreinato, como las recovas de la Plaza Mayor, y del período rivadaviano como la fachada dodecástila de la catedral.

En la capital bonaerense pudo concretar su obra de mayor trascendencia: el templo británico de San Juan Bautista, en la calle 25 de Mayo entre Perón y Sarmiento, iniciado el 5 de mayo de 1830 y habilitado el 6 de mayo de 1831; fue proyectado y dirigido por Ricardo Adams, quien compuso un pórtico hexástilo de orden dórico en la fachada, y un interior de tres naves con cielorrasos planos, separadas por dos líneas de columnas jónicas. A fines del siglo XIX, se remodeló el interior en orden corintio, pero el exterior conserva sus rasgos originales; es actualmente la catedral anglicana de Buenos Aires.

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El segundo templo protestante bonaerense fue la iglesia presbiteriana escocesa de San Andrés, en la calle Piedras entre Rivadavia e Hipólito Yrigoyen, donde Adams aplicó el mismo partido arquitectónico del templo anglicano, con las variantes de utilizar orden jónico en la fachada y corintio en el interior. La piedra fundamental se colocó el 25 de febrero de 1833; las obras fueron dirigidas por Adams hasta noviembre, y se reanudaron en abril de 1834 a cargo del arquitecto Próspero Catelín, hasta la inauguración realizada el 25 de abril de 1835. El templo debió ser demolido en 1893 al abrirse la avenida de Mayo, cuyo trazado absorbió gran parte de la parcela que ocupaba.

Durante el año 1833, Richard Adams también proyectó y dirigió la construcción del segundo Cementerio Protestante de Buenos Aires (hoy Plaza 1° de Mayo), cuya traza interior diagramó utilizando las medianas y los diagonales de la manzana como vías de circulación, en cuyo punto central de convergencia situó la capilla, diseñada según el lineamiento neogótico correspondiente al tipo de iglesia rural inglesa del siglo XIII, con ábside rectangular y pequeñas naves laterales, manteniendo el acceso en el extremo de la nave principal, cuya diminuta masa se aligeraba con los vanos de corte ojival, pináculos de altura sobresaliente y cornisamientos almenados. Si el diseño con lenguaje neogótico fue en Buenos Aires una novedad estilística absoluta, la utilización de las diagonales de la manzana como ejes de implantación de la capilla central del Cementerio fue una originalidad compositiva.

Richard Adams fue, por lo tanto, una figura clave en la evolución de los lenguajes arquitectónicos de Buenos Aires; porque sus templos anglicano y presbiteriano han sido los primeros ejemplos de arquitectura Neogriega, cuando prevalecía la tendencia Neorromana por las sucesivas influencias académicas española y francesa, y porque además fue uno de los protagonistas de la

irrupción del movimiento romántico, que se desarrollaba entonces en Europa, y al cual está ligada íntimamente la corriente Neogótica, en especial la de escuela británica y sus irradiaciones internacionales. (v. Romanticismo, arquitectura del)

De la labor pictórica de Richard Adams, subsisten los óleos que representan la quinta del Ministro Inglés (1826) y dos vistas de Buenos Aires desde el río (hacia 1834). En poder del doctor José María Mariluz Urquijo se conserva una litografía, procedente de la colección González Garaño y única conocida, que representa los diseños originales de Adams para la Catedral Anglicana de Buenos Aires. Sobre otros cuadros, dibujos y retratos de su autoría, hay sólo referencias. Poseyó una selecta pinacoteca personal, y una biblioteca sobre arte y arquitectura, que fue vendida después de su fallecimiento. Bibliografía: James Dodds, Records of the

Scottish Settlers in the River Plate and their Churches, Buenos Aires, 1897; Bonifacio

del Carril, Monumenta Iconográfica,

paisajes, ciudades, tipos, usos y costumbres de la Argentina, 1536 - 1860.

Buenos Aires, Emecé, 1964; Alberto de Paula, "El arquitecto Richard Adams y la Colonia Escocesa de Santa Catalina," en:

Anales del Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas, n° 21, Buenos Aires, Universidad de Buenos Aires, Facultad de Arquitectura y Urbanismo, 1968.

A. D. P. ADMINISTRACION NACIONAL DE LA VIVIEN-DA. (ANV) Organismo autárquico encargado del problema de la vivienda económica creado por decreto-ley 11.157/45, presidida por el Secretario de Trabajo y Previsión, reemplazando a la Dirección Nacional de la Vivienda (v. Interés Social, Vivienda de; Dirección de la Vivienda). ) En 1947 pasó a depender del Banco Hipotecario Nacional (v.) y en 1957 quedó integrada definitivamente al mismo.

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La existencia del organismo como ente autárquico fue breve y dificultosa, poniendo de manifiesto el carácter problemático de estos primeros intentos de implementación de planes de vivienda, ubicados además en un contexto político y estatal en continua transformación, como es el de los años 45-47.

Durante gran parte de 1945 su Consejo Directivo estuvo acéfalo en sus 4/5 partes. En marzo de 1946, la re-organización del sistema bancario, al nacionalizarse el Banco Central, colocó bajo una superintendencia única a varias entidades autónomas, entre ellas la ANV. En junio de 1946 fue intervenida por orden del Banco Cen-tral, nombrando interventor al Dr. Carlos Lenhardtson. Lo importante de este organismo para la historia de la vivienda, más que su acción concreta, que no fue efectiva, fue las facultades con que se lo creó, ya que sus funciones y atribuciones eran mucho más amplias que las de las entidades que lo habían precedido, como la Comisión Nacional de Casas Baratas (v.) y la Dirección de la Vivienda (v.).

En efecto, sus principales funciones eran las siguientes: - Construir, adquirir, alquilar y vender vivienda económica.

- Proporcionar recursos a autoridades locales, entidades públicas, sociedades cooperativas, etc., para la construcción de viviendas.

- Declarar de utilidad pública los terrenos y materiales destinados a tal tipo de construcciones, celebrando acuerdos directos con los propietarios, apelando a la expropiación según ley No. 189 y también adquiriendo tierras por licitación pública o privada.

- Proponer el desarrollo racional de las ciudades. - Estimular el perfeccionamiento de la industria de la construcción.

De esta forma, el organismo centralizador del tema de la vivienda, además de amplias facultades en la materia, podía intervenir en la planificación urbana, que de esta forma quedaba subordinada a la primera. Aunque de difícil realización -y de resultados posiblemente no del todo deseables -, es uno de los primeros intentos estatales en el ámbito nacional de ligar planificación física y vivienda.

El mismo decreto creaba además, el Fondo Nacional de la Vivienda, proveniente de fondos diversos, pero fun-damentalmente de la emisión de "Bonos de edificación y ahorro" o títulos de Crédito Interno.

Estas resoluciones se fundamentan en el informe elevado en 1944 por la Comisión Asesora de Vivienda Popular, creada en 1943, que establecía que el Estado

debía "ejercer una acción directa en el planeamiento, construcción y adjudicación de viviendas, sin perjuicio de fomentar la actividad privada que conduzca al logro del mismo propósito".

Cuando la ANV pasó a depender del Banco Hipotecario en 1947, se encontraban en ejecución las siguientes obras: Barrio "Villa Concepción" (San Martín, Pcia. de Buenos Aires), 521 viviendas; Barrio Marcelo T. de Al-vear (Capital Federal), 9 pabellones (174 departamentos); La Pampa, 24 viviendas individuales; La Rioja, 60 viviendas individuales.

Bibliografía: José M. Pastor: "Administración Nacional de la Vivienda", en Revista de Arquitectura nº. 294, junio 1945.

A. B. ADOBE. Masa de barro - mezclada a veces con paja para darle mayor consistencia- moldeada en forma de ladrillos, secada únicamente al sol. Se emplea en la construcción de paredes o muros. Su nombre proviene de la palabra árabe athob que significa ladrillo sin cocer.

El adobe fue durante las primeras siglos de colonización española el principal elemento de construcción empleado en el país. En la región bonaerense y el litoral la escasez de piedra hizo que la totalidad de los muros de los primitivos edificios se realizaran con este material. De todos modos, en esta región húmeda y con abundantes lluvias este tipo de muros no duraba mucho; se calcula que su tiempo de utilidad no superaba los siete años. Para aumentar su conservación las paredes exteriores debían ser cubiertas con alguna protección, generalmente de tejas colocadas como albardillas.

Pese a este inconveniente, los adobes hechos con tierras amasadas, moldeadas y luego secadas al sol, se usaron con mucha asiduidad durante el siglo XVII, definiendo el tipo de construcciones de planta baja típica de la época. Sus medidas fueron similares a las de los mampuestos de tierra cocida. Su costo era inferior a estos últimos, ya que la cocción de los ladrillos (v.) en regiones donde la leña era escasa los hacia un producto utilizable sólo en las partes que debían ser necesariamente más resistentes de la construcción.

En las ciudades del NOA también fueron de adobe muchas de las construcciones de los siglos XVI y XVII, a pesar de que existía la posibilidad de construir en piedra.

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El adobe siguió siendo durante el siglo XIX una modalidad constructiva de amplia utilización en el ámbito urbano, sobre todo en zonas sísmicas y otras regiones de escasas precipitaciones y clima caluroso. Con posterioridad al terremoto que destruyó Mendoza (v.), en 1861, los técnicos consideraron como más valido al sistema de adobes que al de ladrillo cocido para realizar la reconstrucción de la ciudad. Pompeo Moneta (v.), quién proyectó varios de los edificios institucionales, observando los resultados del sismo en las construcciones antiguas de la zona, utilizó para la reedificación un sistema mixto de estructura y cimientos de madera combinados con adobe, sistema que en pocos años fue abandonado por la construcción en ladrillo con refuerzos metálicos, considerada más racional y científica que la tradicional. En realidad, a fines del siglo XIX, la arquitectura de adobes comenzó a ser cuestionada desde los foros científicos y la esfera gubernamental desaconsejándose su uso en territorio urbano.

Sin embargo, este procedimiento constructivo siguió siendo utilizado con gran asiduidad en la región del NOA. Sobre todo en construcciones de tipo rural, en pequeños poblados y comunidades que, marginados de los procesos de modernización, continuaron con las prácticas constructivas tradicionales.

A partir de la década del ’60 del siglo XX, y en relación con la revalorización del hábitat de los pueblos primitivos, la aparición de grupos y movimientos alternativos anti-industrialistas, comenzó a ejercitarse en el campo arquitectónico una revalorización de los materiales tradicionales propios de las culturas no afectadas por el proceso de industrialización. Esta revalorización tuvo importantes repercusiones en la arquitectura de algunos países del Tercer Mundo y un representante que alcanzó renombre internacional: Hassan Fathy.

En los últimos años, el tema ha tenido especial importancia en tres vertientes significativas: la restauración de antiguas arquitecturas, los estudios sobre edilicia vernácula, y las tecnologías alternativas. Por un lado, se presenta la urgencia de conservar y restaurar antiguos edificios construidos con barro; por el otro, el estudio de las arquitecturas vernáculas ha revelado a los arquitectos nuevos modos de operar. Finalmente la crisis energética, sumada al desarrollo del pensamiento ambientalista, han llevado a muchos gobiernos y grupos profesionales a revalorizar los modos tradicionales de construir, más económicos y carentes de agresividad hacia el medio ambiente. En ese sentido, pueden citarse las experiencias realizadas

en nuestro país durante la década de 1980 –y no sólo en adobe sino en otros usos de la tierra cruda como material (v. Enchorizado, Tapia) entre ellas las del municipio de Humauaca que ha proyectado barrios utilizando el adobe y otras técnicas tradicionales. También el uso de la torta en techos efectuado por Eidea en Tilcara, o el uso de suelo – cemento en Reconquista, Santa Fe.

Bibliografía: Graciela Viñuales: “Diseño, historia y tecnología de las arquitecturas de tierra cruda”,

Summa Temática nº 19, Junio de 1987; Silvia Cirvini:

"Arquitecturas de tierra. Prototipos sismorresistentes en la Mendoza posterremoto (1863-84)", DANA, n.27, 1989. Carlos Moreno: “De las viejas tapias y

ladrillos”, Buenos Aires, 1995.

ADOQUINADO. Sistema de piedras escuadradas que se utiliza en la pavimentación de calles. Los primitivos empedrados consistentes en piedras irregulares de todos los tamaños, asentadas sobre una capa de arena de río, hacían muy dificultoso el tránsito por las calles. El mejoramiento de dicha situación comenzó con el uso del adoquinado. Los primeros adoquinados se hicieron en Buenos Aires entre 1865 y 1870.

A mediados del siglo XIX la expansión de las ciudades, el crecimiento del transporte y, sobre todo, la colocación de rieles para la generalización de los servicios tranviarios, hacen necesaria la pavimentación. Sin embargo el proceso es lento y recién será impulsado definitivamente a partir de la década del '80.

Las tentativas fomentadas por el Estado y los particulares son variadas. En 1882 se plantea la posibilidad de formar una gran colonia penitenciaria en Puerto Deseado para fabricar adoquines con la mano de obra de los presidiarios. También, en 1882, se hace pública la primera propuesta para utilizar adoquines de madera. En 1883 el intendente de Buenos Aires, T. de Alvear, hace traer de Inglaterra una cantidad de adoquines con los cuales se pavimenta la calle del Parque (Lavalle); pero el ensayo

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no prospera, ya que un dictamen de los ingenieros Balbín y Aguirre desaconseja el uso de la piedra británica por considerar de mayor calidad la nacional. A partir de 1885 se produce una disputa comercial por la imposición del sistema de granito o el de madera por los cuales compiten varias empresas. Durante este período ambos sistemas coexisten. Para 1886 existen en Buenos Aires 65 cuadras de adoquín común; 4,5 cuadras macadam de madera; 26 de empedrado común; 36 de empedrado mixto.

A partir de 1893 se comenzó a utilizar en forma obligatoria el adoquinado sobre base de concreto y también de hormigón, abandonándose en forma definitiva el sistema de asentamiento sobre arena. Para 1901 los sistemas seguían coexistiendo con la siguiente disposición: adoquinado de madera, 424 cuadras; asfalto, 133; adoquín de granito con base de concreto, 332; con base de hormigón, 963; con base de arena, 1402; con empedrado común, 143; con empedrado mixto, 643; total: 4184 cuadras pavimentadas. Las cifras muestran la declinación del empedrado común, pero también del macadam de madera y la aparición del asfalto. De todos modos, durante las primeras décadas del siglo, el adoquinado es la técnica más generalizada de pavimentación, extendiéndose a las ciudades del interior y también a las pocas rutas pavimentadas como es el caso de la Nacional nº 1. Posteriormente a esa fecha, por su costo e incomodidad relativa frente a otros sistemas, será reemplazado definitivamente por el asfalto o el Hormigón articulado.

Bibliografía: AAVV.; Diccionario Histórico

Argentino, Buenos Aires, 1953.

AEROPUERTOS: El sistema nacional de

aeropuertos comerciales fue

planificado inicialmente entre 1943 y 1955 (gobierno revolucionario 1943-6 y peronista 1946-55), momento de ampliación del tráfico aéreo nacional e

internacional. En el período se construyeron sólo los más importantes (Ezeiza, Aeroparque, Córdoba, Río Gallegos, Mendoza, entre otros) y se realizaron nuevos emprendimientos a principios de la década del 60. La mayor parte de los proyectos y la ejecución fue realizada por la Dirección de Infraestructura Aeronáutica de la Secretaría de Aeronáutica (creada en 1945). Actualmente la red de

infraestructura comercial está

compuesta por sesenta aeropuertos y aeródromos, de distinta capacidad y nivel de equipamiento.

Los antecedentes de las construcciones de los años 40 y 50 se registran en décadas anteriores. La aeronavegación comercial se inició en Argentina a fines de la década del 10 como correo aéreo. En la década siguiente se hicieron intentos sin éxito para brindar servicios de pasajeros. El primer viaje transoceánico se realizó a fines de la década del 20. En 1929 funcionaba en el país una sola empresa aérea con servicios para pasajeros: Aeroposta, que recibió apoyo oficial a partir de 1933; en la década del 30, se contaban cuatro empresas para vuelos internos. L.A.D.E. (Líneas Aéreas del Estado) inició sus actividades con misiones de fomento dentro del país en 1941. Los vuelos internacionales, a cargo de empresas extranjeras, se iniciaron en 1931, con la empresa norteamericana Panagra

(Pan American Grace Airways). Entre esa

fecha y 1945 se incorporaron otras empresas extranjeras (Air France, British

Airways, etc.). Los pocos aeródromos

existentes eran precarios y carecían de pistas, consistiendo simplemente en un campo de aterrizaje de tierra, con hangares y equipamiento, e instrumental mínimo. El principal aeródromo de Buenos Aires era el de Morón. En este contexto, en 1935 se decidió la construcción de un aeropuerto para Buenos Aires (ley 12.285 /35), destinado a aeroplanos, hidroaviones y aeronaves, dentro de los límites de la ciudad y el litoral fluvial adyacente, iniciativa que contaba con antecedentes legislativos (diputado Leopoldo Bard, 1925)

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y con propuestas de la Dirección de Aeronáutica Civil.

Como tema de reflexión de la disciplina, los aeropuertos se difundían en la Revista de

Arquitectura (v.) desde 1930. El debate

sobre el tema, previo y posterior a la sanción de la ley dieron origen a una serie de proyectos:

1) Algunas propuestas lo ubicaban en la costa, sobre terrenos ganados al río, en función de su accesibilidad desde el centro de la ciudad: Cámara Argentina de Comercio, en Costanera Norte y Avda. Sarmiento (1932); Dirección de Urbanización, Costanera Norte y de Avda. Dorrego (MCBA, 1934); Plan Director de Buenos Aires (1938, Le Corbusier (v.), Kurchan (v.), Ferrari Hardoy (v.)), en el Sur (Sarandí); Luis María Bianchi, Costanera Norte y Avda. General Paz (V Salón Nacional de Arquitectura, 1943). En 1941 se fijó por decreto esta última ubicación como la más ventajosa.

2) Otros proyectos planteaban la ejecución de una isla artificial: Comisión de Urbanismo de la Sociedad Central de Arquitectos (v.), isla de forma triangular en el río, frente al puerto, enfrentando la Plaza de Mayo (1938). En 1947 Amancio Williams (v.), a través de un conjunto de esquemas, retomaba la idea de un aeropuerto en el río, en una propuesta que planteaba varias discusiones. Por un lado, pretendía ser una crítica a la elección definitiva de Ezeiza (1945), que se analizará más adelante. Por otro, discutía con la idea de "isla artificial" de relleno, propuesta por la SCA. Su proyecto era un sistema de pistas de hormigón elevadas sobre el agua y sostenidas por un sistema estructural de pórticos con voladizos, en el cual las columnas estaban fundadas en el lecho del río. El aeropuerto se situaba mas lejos de la costa que en la propuesta de la SCA y se conectaba con ella a través de un puente carretero sobre el río. El modelo de Williams no era la isla, (perteneciente al mundo de la naturaleza) sino el portaaviones (una creación del mundo de

la técnica). Se basaba en una sugerencia de los croquis realizados por Le Corbusier en Buenos Aires (1929), que ubicaban el aeropuerto en el medio del río y frente al centro de la ciudad, tema que no retomó en el Plan Director de 1938. El proyecto constituía una reflexión sobre la relación entre el hombre, la técnica y la naturaleza, planteando frontalmente términos que estaban en el debate, ya que formaban parte del imaginario social generado alrededor de la aviación, pero que no en todos los proyectos se exponían claramente. La idea de "aeroisla" fue retomada en varios proyectos posteriores como alternativa al Aeroparque Jorge Newbery, por ejemplo, en el Plan Regulador de Buenos Aires (1959).

3) Finalmente, a fines de la década del 30 surgieron propuestas, aunque minoritarias dentro del debate, que defendían una localización mediterránea: el coronel Jorge B. Crespo en La Matanza, sobre la Avenida General Paz (1940); el ing. Iván Romano en el Bajo Flores, junto al Riachuelo (1944). Argumentaban que los hidroaviones tendrían una importancia limitada en el futuro y por lo tanto no era necesario subordinar la localización del aeropuerto al río.

Como elemento común a todos los diseños de este momento (1930-44), debe señalarse que consistían en general en tres o cuatro pistas dispuestas a 45, y su superficie no superaba las 200 has.

En los primeros años 40, los progresos de la navegación comercial que se insinuaban para la posguerra agregaban otros elementos que transformaban las decisiones previas. La aplicación industrial civil de los avances registrados en el terreno militar durante la Segunda Guerra Mundial, introdujo importantes cambios en los diseños y en la producción de aviones, que aumentaron las perspectivas de la aeronavegación comercial. Este fue el momento en que se comenzó a pensar en el avión como el transporte de masas del futuro. El gobierno revolucionario (1943-46)

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dio impulso al tema, tanto en el terreno comercial como en el militar. Con respecto al primero, se formaron empresas mixtas de aeronavegación, que modernizaron sus flotas, en base a las cuales fue creada en 1950 Aerolíneas Argentinas como empresa estatal. En cuanto al segundo, fue creada la Secretaría de Aeronáutica (a partir de 1949, Ministerio), que proyectó el sistema nacional de aeropuertos y aeródromos, y se impulsó la fabricación de aviones en la Fábrica Militar de Aviones (Córdoba), que existía desde 1928.

El nuevo gobierno cambió en 1944 la anterior localización fluvial del aeropuerto porteño y eligió el actual emplazamiento de Ezeiza, a 30 Km. del centro de la ciudad. Se consideraba que los aeropuertos de la posguerra exigían superficies mayores (1.500 o 2.000 ha) y dificultaban la ejecución de proyectos sobre tierras ganadas al río, ya que exigían una tecnología de dragado inexistente en el país y de difícil obtención en otros países, a causa de la depresión de la producción posterior a la guerra. Para el emprendimiento se expropiaron aproximadamente 7.000 has y se construyó una autopista de comunicación con la ciudad (A. Ricchieri), hecho que significó una amplia operación territorial (viviendas, balnearios, instalaciones deportivas, forestación, etc.) sobre el SO del Gran Buenos Aires, con importantes consecuencias urbanísticas sobre el área y sobre la ciudad (v. Ciudad Jardín).

La nueva localización fue muy discutida, ya que la ubicación sobre el río contaba con más de una década de debate previo. Como en la mayor parte de los proyectos de aeropuertos, en el caso de Ezeiza se intentaba exaltar el moderno avance técnico, en el aeropuerto y la autopista. Pero la presencia de la técnica se atenuaba a través de la creación de ámbitos naturales (forestación) y de la incorporación de programas sociales (esparcimiento y vivienda). La nueva localización enfrentaba también un punto de vista tradicional para mirar la ciudad, ya

que el aeropuerto tenía un alto significado simbólico como acceso a la ciudad, como

puerta o fachada urbana.

Tradicionalmente, ese lugar había estado ocupado por el puerto y por consiguiente su escenario era el río: Ezeiza proponía una inversión del punto de vista, del río a la pampa.

El proyecto de Ezeiza fue realizado por el Ministerio de Obras Públicas (v.), dirigido por el general Juan Pistarini entre 1944 y 1952 (Comisión de Estudios y Obras del Aeropuerto, dirigido por el ing. José Garralda). Se pensaba completar con un puerto para hidroaviones en el río que fue proyectado en 1946 por el MOP, dentro de un amplio plan de sistematización de la ribera Norte en Capital, pero no construido. Para Ezeiza, inicialmente se comenzó a proyectar un sistema de pistas triangulares, con un edificio central. A fines de 1945, sobre la base de la observación de la experiencia norteamericana (el país más avanzado en el tema), se adoptó un sistema de pistas tangenciales, que se ejecutaría en etapas, como el que se realizaba en el nuevo aeropuerto de New York: Idlewild. Finalmente, sin abandonar por completo el sistema tangencial, la ejecución se limitó a tres pistas triangulares, que aún hoy operan. Los edificios del aeropuerto consistían en tres, de ubicación central con respecto al sistema de pistas: aeroestación, correo y aduana, y hotel, conectados entre sí por los volúmenes bajos de los espigones (construidos: 2). La construcción comenzó en 1945 y fue inaugurado en 1949. En 1950 se construyeron los hangares, para lo cual se realizó un concurso de proyectos ganado por la Empresa Argentina de Cemento Armado, con asesoramiento norteamericano. Para esa oportunidad también existieron dos proyectos italianos dignos de atención, por sus propuestas más innovadoras: el de Pier Luigi Nervi (v.) y el de la Organización Cantieri, de Milán. Su ubicación ha sido un tema polémico, ya que las frecuentes nieblas mantienen inoperantes sus instalaciones. (La

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frecuencia promedio de nieblas en Ezeiza es un 40% más desfavorable que la de Aeroparque). También el proyecto en sí fue muy discutido, considerándose sobredimensionado para las necesidades del país; sin embargo, la forma en que admitió ampliaciones, incorporación de nueva tecnología de aeronavegación y nuevo instrumental a partir de la década del 60, demostraron en gran medida el acierto del proyecto. Se completaba con una autopista urbana hasta el centro de la ciudad, que durante el período 1943-1955 sólo se ejecutó parcialmente (Avda. Dellepiane), mientras que su traza se terminó a fines de la década del 70 (AU1). En el mismo período (a partir de 1946) la Secretaría de Aeronáutica proyectó el aeroparque metropolitano "Jorge Newbery". Cabe destacar que este proyecto fue algo posterior al de Ezeiza. Inicialmente fue pensado como un pequeño aeropuerto de uso militar, pero su proximidad con el centro de la capital pronto demostró su adecuación para vuelos internos, frente al tiempo de traslado que exigía la localización de Ezeiza. De allí que el Aeroparque se usara finalmente para como terminal de cabotaje, mientras que Ezeiza se convertía en aeropuerto internacional. En 1948, se realizó un nuevo proyecto que practicaba ampliaciones, planteando un sistema de pistas triangulares, y una dársena para hidroaviones. Al no realizarse las expropiaciones necesarias, el aeroparque permanece hasta hoy con una única pista. En la década del 60 registró nuevas ampliaciones de pistas, que avanzaron sobre los balnearios aledaños, acondicionándose estos últimos edificios para uso del aeropuerto.

En el período 1943-48 se planificó la red nacional de aeropuertos y aeródromos, que tenía por finalidad conectar la totalidad del país sobre las bases de las rutas aéreas de las cuatro empresas mixtas que cubrían el tráfico en territorio nacional. Se consideraban aeropuertos de primera categoría: Aeroparque, Morón, General Belgrano (Prov. Bs. As.), Salta, Córdoba y

Mendoza. Registraban un diseño de pistas triangulares o de pista única, un sector de hangares y talleres y se preveía un edificio para la aeroestación, cuyo diseño difería en función de las distintas condiciones climáticas o paisajísticas. Así, la aeroestación de Córdoba (Pajas Blancas, 1948) o Salta (El Aybal, 1949), combinaban elementos formales ligados a imágenes modernas (volumetría simple, grandes paños vidriados, voladizos de hormigón), con materiales locales, como revestimiento de piedra rústica o techos de tejas a dos aguas (Salta, Comodoro Rivadavia).

La construcción se limitó a los casos más importantes: Ezeiza, Aeroparque, Mendoza (El Plumerillo), Río Gallegos, Bahía Blanca, Morón (afectado como base militar) y Córdoba (Pajas Blancas). Sobre 45 aeropuertos que operaban en 1949, sólo los indicados (excepto Río Gallegos) poseían pistas de asfalto u hormigón, mientras que los restantes contaban con pistas de tierra, o utilizaban simplemente un terreno sin delimitación de pistas. Para 1960, siete aeropuertos más habían mejorado en tal sentido su infraestructura (Resistencia -en 1970 se construye uno nuevo-; Río Cuarto; Río Gallegos; Rosario -Fisherton-; San Carlos de Bariloche; Salta -El Aybal- y Mar del Plata -Camet). [Potenze, 1987]. La situación estaba posibilitada por el hecho de que los aviones de pistón utilizados en el momento (el Douglas DC-3 era el de uso más frecuente en vuelos internos) no planteaban grandes exigencias de infraestructura para sus operaciones. Esta característica cambió a principios de la década del 60, cuando se incorporaron a los servicios los aviones a reacción, hecho que obligó a actualizar la concepción, diseño y operación de los aeropuertos. Además, el tráfico aéreo aumentó a partir de 1955: nuevas empresas extranjeras implantaron vuelos al país; se eliminó el monopolio estatal en vuelos internos, formándose nuevas compañías privadas (por ejemplo, Transcontinental, 1956; Austral, 1957) y un número importante de estados provinciales crearon empresas

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