Tanto si eres uno de los privilegiados en conocer personalmente a Andrea Davila o si, dando prueba de la gracia divina, el universo ha puesto este libro en tus manos, seguramente querrás ahorrarte demoras a todo lo que no sea zambullirte en el increíble universo de la mente y el corazón de Andrea, que se nos ofrece a granel en esta obra. Así que anticipando la honestidad y el cariño con el que vas a encontrarte en unos momentos, seré breve introduciendo este pequeño gran libro.
En tiempos de super oferta de soluciones tamaño familiar de terapias, herramientas y religiones sahumerio, los textos de indagación y transformación personal están perdiendo un poco de credibilidad. La nariz de Andrea para identificar los recursos que valen la pena es exquisita. El corazón para integrarlos, experimentarlos y compartir es notable en tiempos de avaricia intelectual.
Pero como el valor que cada uno le da a las herramientas con las que se encuentra es totalmente subjetivo, me refiero específicamente a la honestidad de este texto. Honestidad en cuanto a que no vas a leer nada que no sea una verdad para la autora.
Una conversación sentida, y con sentido. Un encuentro con Andrea hacia ti mismo. Una mirada a los ojos que puede ser punzante. Y si ya sientes esa dulce incomodidad quédate tranquilo, porque el paseo será amoroso y hasta cómico. Ese es el estilo de Andrea, que te mostrará con desparpajo que el drama también es un lugar que se elige. Y también en línea con su swing, recibes un menú interesante de recursos para salir airoso de este paseo por la profundidades de lo que sea que crees que eres. Y allí..ahhh..allí ya verás.
No te hago esperar más.
Permíteme que me presente.
Como en este libro pretendo establecer una relación íntima contigo, me parece fundamental que me presente antes. Aunque para ello tenga que saltarme la supuestamente correcta estructura de un buen libro. Me llamo Andrea Davila Segade y nací en el año 1981 en la ciudad gallega de Vigo.
Desde siempre, he sentido una gran fascinación por la psique humana. En un comienzo la abordé desde una perspectiva muy pro científica y con el pasar de los años, me he ido inclinando hacia un enfoque más filosófico. De hecho, la teoría que te presento en este libro la empecé a gestar, aunque de un modo muy primario, en mi etapa universitaria. Te sorprenderá saber que en vez de optar por estudiar psicología, me incliné por licenciarme en Historia del Arte en la Universidad Complutense de Madrid. La razón es que la carrera de psicología me parecía un absoluto rollo y con un enfoque muy sesgado.
Desde que aprendí a leer, he sido una auténtica devoradora de libros y digamos que me hice mi propio programa leyendo directamente de los padres de la psicología humanista: Sócrates, Aristóteles, Freud, Maslow o Carl Jüng, de quien soy fan confesa. Al mismo tiempo, mi carrera en la universidad pública española me permitió hacer una aproximación sociológica a las civilizaciones de una forma hedonista, a través del Arte.
Mi primera incursión “oficial” en la psicología fue con la Gestalt y la Programación Neurolingüística (PNL). De hecho, me formé en el “Instituto de Psicoterapia Gestáltica” de Madrid y en Barcelona estudié en el “Institut Gestalt” y en el “Institut Interactiu”, todos los grados existentes de PNL (Practitioner, Master y Trainer). Seguí ampliando mi formación con el abordaje sistémico constructivista de la mano de la discípula de Robert Neuburger, Norma Mollot. Esta disciplina permite aproximarse a la construcción de identidad del individuo de un
modo global a través del sistema familiar. Me gustaría compartir contigo que todas las estructuras se pueden analizar mediante esta disciplina. Para los sistemistas como yo, es muy fácil detectar ciertos comportamientos y tendencias en todos los ámbitos donde exista un sistema; y no sólo en el familiar; sino también en las empresas, por ejemplo. También me he convertido en experta en Psicoterapia Ericksoniana entre otras disciplinas varias; como ves me gusta estudiar.
Mi formación se complementa con mi instrucción en muchas técnicas de intervención terapéutica como el EMDR, EFTE, Método Sedona o PSYCH-K®; por citar algunos ejemplos.
Durante muchos años, me dediqué a la terapia individual y familiar, hasta que decidí dejar este camino definitivamente. Considero que todos tenemos el potencial para autosanarnos; lo que pasa es que no siempre tenemos los recursos
activados para hacerlo. Nunca he creído en el modelo clásico de terapia psicólogo-paciente, donde se establece una total dependencia del terapeuta. De hecho, en mis intervenciones con mis clientes, siempre les he provisto de herramientas para que se pudiesen hacer autoterapia. Con el paso de los años, me di cuenta de que para sostener mi creencia con firmeza, no podía seguir apoyando la enfermedad con mis acciones. Por eso, desde 2013 me he dedicado a crear mi propio abordaje terapéutico bajo el formato de cursos. La base teórica que sustenta este enfoque es mi “Teoría de la Autopotenciación” que te presento en este libro.
ÍNDICE
CUÉNTAME UN CUENTO Érase una vez la felicidad.
La hormiga cigarrera. Sacrificio y esfuerzo.
¡Qué viene el lobo! El miedo feroz.
¡Qué planeta más raro! - pensó el Principito. Los mundos y el Universo. La bella y la bestia. La máscara de la personalidad.
Espejito, espejito. El reflejo de la otredad. DEJÉMONOS DE FÁBULAS. TEORÍA DE LA AUTOPOTENCIACIÓN.
Nuestra configuración de fábrica: el ahorro de energía.
En descarga constante de actualizaciones: acción y reacción
Detectando señal: el sistema sensorial La potencia de nuestro procesador: el sistema cerebral.
ejecutor.
Truco para sacarle el mayor partido a nuestro dispositivo: la fórmula vital
Dota de potencia a tu procesador: crea tu núcleo.
ELEGIR Y VIVIR.
Eligiendo la banda sonora de tu vida. La resonancia.
Disfruta de las nuevas vistas. La construcción de tu personalidad.
Haciendo turismo, gracias a otros. Testimonios.
A caminar. Últimas reflexiones.
PROGRAMA DE ENTRENAMIENTO. PROPUESTA DE HERRAMIENTAS.
Ejercitando el sistema sensorial. Ejercitando el sistema cerebral. Ejercitando el sistema ejecutor.
La felicidad es un constructo mental
CUÉNTAME UN CUENTO
Y así empiezo este libro, en el que supuestamente tú buscarás el secreto de tu felicidad. Quizás la auténtica clave sería preguntarte para qué quieres ser feliz. Seguramente más de una vez te habrás cuestionado por qué no lo eres. Es probable que tengas casi todos los ingredientes en tu vida para ser feliz: un lugar en el que vivir dignamente, familia y/o amigos que te quieren, un trabajo que te permite pagar tus gastos e incluso darte algún que otro caprichito. Y estoy casi segura de esto porque es muy poco probable que si tu vida es totalmente desgraciada, este libro haya llegado a tus manos. A lo mejor a veces habrás experimentado culpabilidad por esa
insatisfacción con la que te habrás carcomido discretamente en alguna ocasión. Éste básicamente, ha sido el perfil de mis clientes. Gente insatisfecha, aunque totalmente funcional desde el punto de vista social. Personas con un vacío que no pueden llenar a pesar de esos objetos, seguramente muy útiles, que se pueden permitir comprar. Lo genial es que varias de estas personas han conseguido cambiar su vida. Algunas de ellas incluso, se han prestado a escribir sus propios testimonios que recojo al final de este libro.
Sería interesante que te des unos minutos para permitirte pensar que quizás estamos obligados a ser felices y por ello estás condicionando toda tu existencia, sin ni siquiera ser consciente. La obsesión social por la felicidad hace que muchos se centren sólo en algunas facetas de sus vidas, sin desarrollar su riqueza en otras formas, sin lograr vivir; esclavizados en la supervivencia. Una felicidad que nos han “propuesto” a modo de obligación social. Por eso ahora yo te
propongo utilizar todo lo que ya has creado, pero en otra dirección.
La “Teoría de la Autopotenciación” está pensada para esas personas que quieren ser sus mayores colaboradores y generarse una ecuación de futuro, hacia el que inevitablemente irán en cada presente. “Supuestamente felices, sobradamente insatisfechos” es un libro que representa una estrategia en sí misma. Totalmente divulgativo, su principal función es aportar una cierta cantidad de información con tintes prácticos para poder ser utilizada si quieres reestructurar tu vida. En definitiva, para que te hagas la vida más fácil sabiendo cómo funcionas y potenciando aquello que desees en ti.
Mi teoría es un modelo que constituye la línea central del movimiento básico para la construcción de cualquier vida. Siempre y cuando la persona lo desee y entre en acción. Desde hace aproximadamente seis años he ido
recreando de forma deductivo-lógica este modelo teórico con aplicación práctica. Es decir, que entre otros métodos he utilizado fundamentalmente la observación como agente básico de conocimiento. Llegando a ese conocimiento a través de casos, amigos, mi propia experiencia, la experiencia de otros, autores, escritores, familias y desconocidos en general; he ido recreando lo que desde mi punto de vista es una explicación naturalista del ser humano.
Frecuentemente, la Ciencia nos explica los fenómenos de una forma “real” y a la vez inconexa de tu realidad. Esta paradoja es chocante pero también simpática. De hecho, algunos científicos están demostrando desde hace poco que existen diferentes realidades. Estoy segura de que el problema del método científico es que en muchas ocasiones simplemente separa los hechos para analizarlos. De este modo, se genera una barrera entre el hecho y la circunstancia en la que se ha creado.
La finalidad objetiva del análisis hace que los fenómenos pierdan su sentido naturalista, perdiendo en muchos casos la realidad polarizada y paradójica. Sería interesante elegir integrar la capacidad examinadora y dejar de quedarnos atrapados en el análisis. Entender que todo está entrelazado y unido de forma más o menos evidente.
Examinar = analizar + circunstanciar
Me gustaría decirte que quizás a lo largo de las líneas sucesivas, el discurso podría tornarse a veces un tanto egoico y personalizado. Entiendo que frente a la acostumbrada redacción en plural a la que algunas personas estamos habituadas, pueda quedar un poco raro Elijo escribir a veces en primera persona, para expresar con mayor claridad la subjetividad del texto. Es una verdad con la que puedes estar de acuerdo o no; sin que deje de existir como tal verdad para muchos. Esta verdad la puedes transformar en tuya en todo momento, si te
apetece. Aunque así fuese, y por más que es también mi verdad e incluso la de muchos, esto no hace que se convirtiera en una verdad abstracta y absoluta aplicable a cualquier situación, independientemente de las circunstancias. En el Universo no existen las verdades abstractas y absolutas. Pues bastaría con que sólo un individuo decida no creerlo, para que en su caso deje de ser una verdad. Tal es la riqueza del Universo, que el propio observador altera lo que observa. Reiterando la idea desde otro ángulo, este libro es un mapa mental, más o menos abarcador (dependiendo de con qué lo compares) pero un mapa mental, al fin y al cabo. Escrito esto, paso a decirte que a partir de ahora dejaré de aclarar que todo son opiniones subjetivas, afirmaciones subjetivas, categorizaciones subjetivas, interpretaciones subjetivas, etcéteras subjetivos; con el único propósito de no caer en redundancias poco funcionales.
relación entre tú y yo. Tú vas a ir construyendo una realidad para ti o reconstruyendo aquella que posees y que todavía no ha terminado de encajar plenamente, para conseguir ser una persona efectiva y alcanzar aquello que en algún momento te habías propuesto; seguramente algún tiempo atrás. Y yo siendo tu testigo. El primer motivo que tengo para creer que estamos aquí dos personas juntas es que me complace más estar a tu lado y a la vez a un lado, que no hacerlo. Elijo acompañarte personalmente desde estas líneas en todo momento. Mientras te voy exponiendo un modelo vital, para que tú puedas, si quieres, crearte otro. Yo nunca he sido tú, no soy tú y no lo seré. Con esta sencilla, a la par que obvia confesión, aprovecho para decirte que tú eres la persona más experta en ti. Sólo necesitas recursos para hacerte funcional y utilizar tu potencia. Que no te reconozcas, no significa bajo ningún aspecto que no te conozcas. Desde mi punto de vista, es imposible que te desconozcas puesto que eres tú en todo momento, incluidos los momentos difíciles.
Deseo y quiero poder explicarme con claridad para hacerme entender. Lo haré desde una forma lo más pragmática posible y en muchas ocasiones desde la analogía, la metáfora y los ejemplos. Me comprometo contigo a mantener la dirección más importante activa a lo largo del libro, cual hilo de Ariadna. A pesar del aparente caos, la entropía reinará y tú inevitablemente mejorarás en aquello que consideres y decidas querer. Estoy dispuesta a ceder en muchos momentos de este recorrido. Convertirme según tú, en una pesadez insufrible que necesitas dejar a un lado o en algo genial con lo que resuenas. No pasa nada, he elegido cosificarme para ti en el momento en el que he empezado a registrar en este libro ideas, opiniones, pensamientos, creencias, invenciones y deducciones.
Algunas veces, algunas personas no encuentran respuestas útiles. Quizás se debe a que no se formulan las preguntas adecuadas. En este libro aprenderás, si te apetece, a entrenar esa
herramienta natural que traes de serie y que tanto gustaba a Fritz Perls: el “darse cuenta”.
La buena noticia es que se puede encontrar sin buscar. Ser encontrado por ser el sujeto de búsqueda de otro. Yo te estoy buscando desde hace tiempo y me alegro de haberte encontrado. Mientras avanzo hacia ti y contigo, se está creando un tercero en nuestra relación que la hace triangular: este libro. Juntos te propondremos algunas preguntas bisagra que quizás colaboren contigo para que puedas abrir cualquier situación, por muy pesada que sea, a una nueva perspectiva. Un libro que va a dar su vida para acompañarte y que llegues adonde te propongas. Ese lugar puede ser otro punto de partida dentro de la propia red constructiva que es tu vida. Este libro y yo queremos agradecerte que nos des tu atención porque ambos sabemos que es invertir mucha de tu energía. Un detalle por tu parte.
confesiones de últimas líneas. Me gustaría tener una relación profunda contigo durante un tramito del viaje. Te amo ¿Cómo lo sé? Pensando bien de ti, imaginándote en la mejor versión de ti, incluyendo tus limitaciones. Estés donde estés en este momento de tu vida, permíteme decirte que pienso que el mayor patrimonio que tienes eres tú. De hecho, si alguna persona distinta a ti apuesta más por ti que tú, es un indicativo claro de que estás errando. Tú eres la única apuesta segura para ti: 100% de beneficios con muy poca inversión. Quizás estas palabras puedan parecerte un poco fuera de lugar. Mi verdad es que me he imaginado lo mejor de ti y por eso escribo este libro. Me apetece colaborar contigo para tu bienestar saludable y también apostar por mí. Puedo elegir ser mejor en cada momento y tú también puedes, si aprendes cómo. Existen muchos “cómo” y cada circunstancia puede tener varios.
Mejora tu mundo, adelante. Me alegraré mucho por ti y celebraré tus éxitos. Si no es así, estoy
segura de que mejorarás tu mundo con algún otro “cómo” que consideres más apropiado para ti. Tu éxito está garantizado, es sólo una cuestión de tiempo. Celebremos por un instante tus éxitos con una respiración y un suspiro. Enhorabuena por tener un mundo en el que vivir la experiencia de ser humano. Nadie excepto tú, puede ayudarte. Los demás sólo podemos colaborar contigo.
La duda es avaricia mental
Érase una vez la felicidad.
¿Qué es la felicidad? Ésta es una pregunta con una relevancia notoria entre las sociedades del considerado primer mundo ¿Cuál es la razón para que sea tan importante ser feliz? Te recuerdo la frase con la que comencé este libro “La felicidad es un constructo mental”. Puedes darte un tiempo para digerir esta información. Entiendo que te cueste aceptarlo. No es de extrañar. Sólo hay que echar un vistazo alrededor para comprobar la omnipresencia de este concepto. La felicidad es la estrella del género de autoayuda. Hay una multitud de bibliografía que te aporta recetas o consejos, a modo de instrucciones para alcanzarla. Todo muy ordenado y listo para consumir: el “fast food” del mal llamado desarrollo personal. Ahora te explicaré por qué creo que alimentar únicamente la felicidad te lleva a la obesidad
mental ¿Seguimos?
El concepto de felicidad está absolutamente relacionado con la sociedad del bienestar. Forma parte de un paradigma social ligado a las sociedades de consumo, porque es un producto. Esta creación colectiva, suele tener una forma predeterminada y a pesar de tener una dirección concreta, se adapta a las necesidades variables de cada persona, atendiendo a los arquetipos, tipos y subtipos. En última instancia, a la forma de percibir la realidad de cada individuo. Es cierto que esta construcción va cambiando dependiendo de las generaciones y los ajustes paradigmáticos de las sociedades. Pero a pesar de estas diferencias, prácticamente en todos los casos aparecen dos variables casi constantes. La creación de algo que tenga un significado vital en términos de legado (un propósito) y el amor romántico. Un buen trabajo, ser útil, tener una familia propia que sea válida a la sociedad, aspirar a gozar de una economía saneada, tener una buena casa o propiedades, un negocio
propio, aportar a la comunidad o a tu país y un largo etcétera.
La cuestión fundamental radica, presumiblemente, en el hecho de que esta construcción personalizada se convierte en una meta a alcanzar ineludiblemente para cada individuo. Marcando drásticamente la capacidad de elección de dicha persona. Hay que ser feliz, o al menos intentarlo, como predican a bombo y platillo muchos psicólogos. El propósito vital de una “felicidad x” va creando acciones previsibles y autómatas en los individuos. Fácilmente podemos seguir la ruta preestablecida. La felicidad se promociona como el estilo de vida deseable a través de los programas de televisión, los anuncios, las series televisivas, las películas, las estrellas, los famosos, los dibujos animados, las revistas, los libros, los cuentos infantiles… Estamos tan condicionados y predispuestos a ser felices desde pequeños que haremos casi cualquier cosa por lograrlo. Nos creemos que tenemos tan
claro cómo debe ser, que la mayor parte de los planes de vida de algunos están diseñados desde las fantasías condicionadas de su infancia. Quizás podría ser éste el motivo, nada extraño, de que una proporción elevada de determinadas sociedades se haya creado una vida feliz pero vacía. Algunas crisis de identidad empiezan precisamente cuando la persona ya ha cumplido su sueño infantil medio impuesto.
¿Acaso no es paradójico que todo nuestro “desarrollo personal” se base en una ensoñación de la infancia? Una vez que tengo lo que se supone que deseaba tener en mi vida ¿Qué pasa? Un marido, un niño y una niña preciosos, un Golden Retriever, un monovolumen, un coche potente, una casa estupenda con jardín, una piscina, un buen puesto de trabajo y fijo, amigos que simpatizan con mis aficiones, un buen físico, una vida saludable. Estoy mal y no entiendo por qué. Con eso sí que estoy desesperada. Pienso que me falta una moto y jugar al pádel. Me ocupo bastante más de ello y al cabo de un
tiempo... vuelve a suceder. El vacío se va adueñando de mí y lentamente pierdo mis motivaciones. No logro sentirme bien y disimulo. Me ocupo más tratando de distraerme de mí misma. Finalmente, ya no puedo más. Claramente todo lo que me está sucediendo es consecuencia de un bucle de pensamientos y precisamente por eso no tengo ni idea de lo que siento. Hace ya demasiado tiempo que he dejado de darme cuenta de lo que siento, porque he estado muy ocupada en alcanzar esa estrella del norte que iba a ser mi vida feliz. Preocupándome en los cómo obtener cada miga de pan que me llevase a la casita de chocolate. El problema es que la bruja come-niños soy yo. Yo me he comido a esa niña que no ha podido ni siquiera crear su vida porque tenía que ser feliz.
La hormiga cigarrera. Sacrificio y esfuerzo. ¿Cuántos sacrificios habrás hecho en tu vida para alcanzar la felicidad? Si atendemos a la
etimología de sacrificio, todas las palabras que llevan dentro de su composición “sacro” aluden a lo sagrado. Paradójicamente, hacer un sacrificio no hace que algo sea sagrado; ya que es hacer algo que no quiero para conseguir algo que sí quiero. Realizar cosas que no me gustan con el propósito de lograr algo que deseo. El conflicto está servido cuando utilizo el sacrificio con fines ocultos de intercambio. Un ejemplo rapidito. A mí no me gusta el fútbol, pero decido sacrificarme yendo a ver un partido al Santiago Bernabéu con mi novio Pepiño porque espero que él “a cambio” venga conmigo al centro comercial de compras y después a ver una película de esas que a mí me encantan. Perfecto. Hasta aquí todo entendido. Incluso podría parecer una negociación o un intercambio entre dos personas. El problema que he ido repitiendo, es que en todos esos casos se trata de una negociación secreta que sólo sucede en mi interpretación de la realidad y no con él.
compensado. ¿Por qué pienso de esta manera? ¿En qué me baso? ¿Me lo han contado en mi infancia o es lo que he vivido? ¡Bingo! Esta creencia es totalmente irracional, infundada, transmitida. Te tienes que sacrificar para conseguir lo que quieres. Sin sacrificio no hay recompensa… Que yo me sacrifique (haga algo que no quiero hacer para obtener algo que sí quiero) es una acción completamente unilateral. La otra persona puede estar totalmente ajena a mis pretensiones, sin enterarse de lo que busco o espero con mi sacrificio. ¿Acaso se lo he dicho? ¡Ah, ya! que es de sentido común. Lamentablemente el sentido común es otro consumible sobrevalorado. Un dictado paradigmático ostensiblemente cambiable dependiendo de los tiempos circundantes.
Continuando con el ejemplo. Me paso toda la tarde del domingo en el campo de fútbol viendo un partido de no sé muy bien qué competición, para el martes poder ir al centro comercial y cuando llega el martes… Mosqueo y ofensa
total porque Pepiño no quiere ir conmigo. Será cerdo y egoísta, el tío. Pasado el apretón, el disgusto y su correspondiente castigo; vuelvo a ir un sábado por la tarde con él al fútbol. Ya llevo dos sacrificios y él una ofensa. No se podrá negar a darme lo que me pertenece por haberme sacrificado y él lo sabe (o eso pienso yo, porque es de sentido común). En unos días, enfado monumental, castigo y críticas; aunque finalmente le justifico. Y así una y otra vez, esperando que cambien las cosas. En otras versiones más retorcidas del ejemplo, yo le echo en cara mis sacrificios y su actitud egoísta. Él me dice que yo voy con él porque quiero; que él no me obliga a acompañarlo si no me apetece. Yo le contesto con algunas palabrotas y frases acusatorias. Nos alteramos y venga improperios, malas caras y tensiones varias.
Es curioso cómo aceptamos de buen grado esta creencia de que mis sacrificios son recompensados justo con lo que quiero obtener a cambio porque así debe ser. Sin embargo me
aterra la palabra esfuerzo, la rehúyo. Puedo darme cuenta de que casi siempre es cambiada por sacrificio. Es bastante común en nuestra sociedad oír eso de que “tengo que sacrificarme”. Se da por sentado que mis expectativas requieren de sacrificios. Y sin darme cuenta he dejado completamente de lado mi capacidad de negociación. No me molesto si quiera en negociar con Pepiño lo que nos apetece a cada uno y qué estamos dispuestos a hacer el uno para el otro. Prefiero no enfrentarme a saber abiertamente lo que piensa él y conocerlo. Me invento que ya lo conozco sin saber realmente cuáles son sus reacciones, ante las que me decepciono. Inicio así un proceso de incomodidad y “comedura de tarro” muy largo con el que, sin querer, apoyo mi sufrimiento permaneciendo en este estado como recurso a mis constantes frustraciones.
Hay una gran diferencia entre sacrificio y esfuerzo. El esfuerzo (fuerza hacia fuera) es simplemente dirigir energía hacia un objetivo x.
Poner energía en la dirección de lo que me propongo con la finalidad de transformarla en las acciones que necesite. Mientras que el sacrificio es ya una acción concreta. Todo lo que hago o pienso necesita esfuerzo. Necesito dirigir mi energía hacia x, sea lo que sea x. En primer lugar, poniendo atención en x, que es de por sí un esfuerzo. Para respirar, sin ir más lejos, necesito esforzarme, poner la fuerza en esa dirección. Inhalar, meter el aire dentro de mí a través del esfuerzo; aunque no soy consciente de ello, es imprescindible para que siga viva.
Si dejo de hacer sinónimos totales a las palabras sacrificio y esfuerzo, puedo darme cuenta de que la mayoría de mis acciones predilectas requieren de esfuerzo. Una de las actividades más esforzadas que existen es el sexo. Otras son el deporte, bailar, comer, reír, disfrutar. Que algo requiera de esfuerzo, de dirigir una cierta energía hacia ese algo, no implica que resulte negativo. Al contrario, puede ser hasta placentero.
¡Qué viene el lobo! El miedo feroz.
Una buena pareja polar de baile para la felicidad es el miedo. En toda sociedad primermundista que se precie, el miedo tiene un puesto de honor. Es el marido fiel de la felicidad. Quiero ser feliz porque no estoy dispuesta a vivir en el miedo. Eso es lo que les pasa a los que no son felices. Adivina, adivinanza, el miedo es otro constructo mental. Aunque socialmente hay una intencionalidad clara de hacernos creer que es una emoción. Es muy llamativo comprobar cómo en algunos libros infantiles que “enseñan” a los niños a identificar sus emociones, aparece el miedo. Cuando el miedo es otra construcción de nuestra mente y por lo tanto manejable. Y es tan personal y transferible como la felicidad. Dependiendo también de la percepción de la realidad de cada persona y sus características, es de una forma u otra. Una construcción imaginaria a la que accedo desde mi cerebro y con la cual me creo la señal sensorial de alerta.
Es deseable que recordemos ahora mismo que el cerebro no distingue la realidad de la imaginación, lo visualizado o lo inventado; porque todos los procesos se crean de la misma manera. Neurona más neurona más neurona y así vete tú a saber cuántas implicadas en cada situación. Todo es una interpretación y cada uno tenemos la nuestra. Por muy similar que sea a la de otros, mi interpretación del mundo es sólo mía. Cuando tengo miedo lo que me sucede es que, sin ser consciente de ello (como en la mayoría de los procesos vitales) estoy imaginando algo funesto y con esto hago que mi sistema sensorial reaccione a esa realidad autoimpuesta (falsa otredad) y me alerte. Activando automáticamente mi sistema nervioso y reaccionando ante la situación como he aprendido. Hago un breve inciso para aclarar un término que verás repetido a lo largo de este libro: otredad. Sintetizando, te diré que la otredad es todo aquello que no soy yo. Seguimos.
peligro y reaccionando a modo de huida o ataque. Lo que me diferencia del resto de los animales es que creo miedo como protección; ellos simplemente se alertan. Paradójicamente tengo la capacidad de inventar que algo es peligroso para ser previsora. Si acierto, es lo que me llevo. Si fallo, un sustito y ya. Cuando soy adulta puedo entender muy bien el miedo en los niños. Sé que la existencia de un monstruo debajo de la cama del infante es irreal. Está en su fantasía. Se lo ha inventado. Algo le ha influido en su pensamiento. Ha creado ese monstruo que está debajo de su cama. Finalmente y a la luz de la lámpara, resulta ser una sudadera, o a veces nada. Lo sé. Es más, no lo dudo. Se lo ha inventado ¿Eso hace el monstruo menos real para el infante? ¿Acaso no es una fantasía funesta hasta que la autoridad parental le da permiso para darse cuenta de que es su creación? Y entonces ¿Por qué luego me olvido de aplicarlo en mi vida? Pienso que sólo los niños se inventan sus miedos, que lo míos son reales, que es lo que siento. Siento miedo, pero
eso no es real. En todo caso TENGO miedo y con eso me he alertado poniendo todo mi cuerpo en acción para reaccionar ante ese supuesto peligro que me acecha. En el caso del adulto ¿Quién es la autoridad que me da permiso para darme cuenta de que este miedo que tengo es una invención? ¿Yo o los otros? Curioso dilema ¿Verdad?
El miedo es una herramienta de control tan potente o más que la felicidad, por lo que no se puede menospreciar. Es deseable tener en cuenta que el miedo es útil. Lleva muchísimo tiempo funcionando. Una directriz más, dentro de determinados paradigmas. El mayor control que se puede obtener sobre un ser humano deriva del miedo y en un adulto puede significar, incluso, que éste deje de elegir en su vida porque tiene miedo de cometer un error. Nos han mantenido pensando que errar te puede costar la vida. Y en cierto modo, también hay verdad en ello.
Cuando éramos más animales cometer ciertos errores nos podía costar la vida. Porque los peligros eran mayores de lo que son ahora para la vida actual. El ser humano ha logrado reducir sus peligros potenciales a base de construir sus civilizaciones. Asociándose y creando estructuras comunes. Estas estructuras también existen en lo invisible formando una red, a la que llamo Cosmos. Accedemos al Cosmos como a Internet, pero con nuestro cerebro. El cosmos es como una nube, contiene el universo mental donde hay patrones de información disponibles y existe fuera de lo que yo considero mi yo. Volviendo al miedo a errar y explayándome un poco, con tu permiso. La cuestión más interesante aquí es que un mal entendimiento de la palabra RESPONSABILIDAD puede hacer que algunas personas vivan gobernadas por el miedo. Si la responsabilidad, en lugar de ser la capacidad de respuesta que uno tiene, se asimila como una obligación a estar en la perfección; la vida se transforma en una lucha a muerte contra
todo. Se convierte en supervivencia y en la supervivencia, el miedo juega un papel esencial. Lamentablemente a causa de esto, la existencia en lugar de vivirla, se juega entre constructos. Muchos tratan de evitar elegir a toda costa porque elegir implica estar en la responsabilidad pero ¿Son conscientes de lo que se pierden?
Desafortunadamente para todos, hay unas cuantas fobias sociales creadas desde el paradigma de esta civilización. Miedos generalizados que se han impuesto generación tras generación a través de la educación. Miedos con los que condiciono mis decisiones y mis apetencias más allá de lo deseable. La fobia a fracasar, la fobia a cometer un error y la fobia a perder. Estas fobias son motivo de vergüenza y de deshonra social. Quizás la mayoría de las personas no lo digan abiertamente, pero es una condena silenciosa. Un billete hacia el gueto de los “paria”. Algunas personas ocultan sus errores y esconden sus fracasos todavía más. En general en la sociedad no hay demasiado
espacio para la pérdida, ya sea de un ser querido, de un futuro hijo o de una relación sentimental. Ahondaré sobre el concepto de pérdida y el duelo en otro epígrafe. Prefiero continuar con el miedo en forma de fobias. Añado que además de evitar cometer errores, cuando alguien yerra; lejos de aprender de la situación corrigiendo el error, es castigado por ello.
A pesar de que la frase de “errar es humano” es muy popular, no se suele aplicar. Errar y pecar vienen a significar lo mismo: fallar el blanco. Confundir la dirección en la que quiero ir. No es más que una confusión, un desacierto. Para que un error sea tal y por lo tanto pueda aprender de él, necesito CORREGIRLO. Para poder corregir un error, necesito darme cuenta de que esa dirección no es la quiero apoyar. Si no corrijo mi error, éste deja de ser un error y pasa a ser la dirección que estoy apoyando con mis actos; aunque no me dé cuenta de ello y piense que yo nunca haría algo así. La peor parte es
que al hallarme en esa tesitura, paso a ser una persona errática. Tomo decisiones y las ejecuto dejando de lado e incluso atrás mi dirección vital. Ya no sé qué quiero porque no me he parado a examinar mi situación, creando un espacio para poder corregir el error en caso de que exista. Y hasta puede que sin darme cuenta, en esa inercia de movimiento y de hacer constante, esté apoyando con mis actos una dirección que no deseo.
Para simplificar un ejemplillo. Quiero ser una mujer accesible, sencilla y dulce. Esa es mi dirección vital generativa. Estaría genial que apoyase esa dirección con mis actos. Eligiendo actos que apoyen esa dirección y actuándolos. PERO me dedico a ponerme de mal humor y a alterarme cada vez que algo no sale como yo quiero. En consecuencia, actúo hablando de malas maneras a las personas que colaboran conmigo, contestando de forma borde y seca. Finalmente empiezo a “sufrir” las consecuencias de mis errores no reconocidos. Mis
colaboradores no tienen confianza conmigo. No tengo un ambiente de trabajo distendido y amigable y no entiendo nada de lo que está empezando a pasar. Me quejo y me quejo de mi ambiente laboral hasta que un día descubro que me tienen por una zorra despiadada y me horrorizo. No me puedo creer que me esté pasando eso. Y entro en conflicto con la otredad y finalmente conmigo misma. Estoy mal ¿Qué ha pasado? Pues básicamente ha pasado que yo no he apoyado con mis actos la dirección vital que me había propuesto. Simplemente he caído en el pensamiento mágico mientras cometía un error, que al no ser corregido, se tornó automáticamente en mi nueva dirección. Cada vez que he actuado en disonancia con mi dirección he estado apoyando ese error y con ello mi nueva dirección de forma inconsciente y automática. Al final de la telenovela (más común de lo que podemos sospechar) me he convertido en una persona errática, esencialmente porque no me he enterado de cómo he llegado a la situación en la que estoy.
Así de sencillo. Casi nada, vamos.
Que una persona cualquiera no quiera cometer errores hace que pierda más del 80% de su capacidad de aprendizaje. Es dramático que por un exceso de importancia e identificación con nuestras creaciones y el miedo a la pérdida de identidad, entre otras cosas, nos hayamos condenado como sociedad a la perfección abstracta con la que nos hacemos erráticos. Elegir es la máxima libertad de la dispongo. Si tengo miedo a equivocarme, a fracasar o a perder me estoy encerrando voluntariamente en la supervivencia. Hago las cosas para una finalidad ajena. Como dirían algunos odiados por muchos, me he alienado ¿Y si pienso que un fracaso, una pérdida o un error son indicadores para reajustar las coordenadas? ¿Puedo convertirlos en bienes desagradables con los que me auto-actualizo para comprobar si la dirección en la que me hallo es la más deseable para mí?
sólo un mecanismo, una herramienta, un recurso, un paradigma, de ninguna manera es un ente que me impide nada. Puedo hacer cualquier cosa con miedo. Es más, finalmente es irrelevante si lo hago con o sin miedo. Es mi miedo, así que puedo “guardármelo en el bolsillo” y hacer lo que necesito hasta que encienda la luz y compruebe qué es mi creación.
¡Qué planeta más raro! - pensó el Principito. Los mundos y el Universo. Al hablar de la felicidad y el miedo como constructos mentales apuntaba que ambos, en última instancia, dependen de mi interpretación de la realidad o MAPA MENTAL. Me parece pertinente aclarar ¿Qué es un mapa mental? Desde mi punto de vista, esa es una de las mayores aportaciones sociales que ha hecho la Programación Neurolingüística. El mapa mental es la interpretación subjetiva del universo de cada individuo. Básicamente es cómo una
persona interpreta lo que le rodea. Esta visión está completamente condicionada por la educación de la persona. A través de la formación educativa, una persona va creando su mundo; o como diría Vadim Zedlan: la “capa de su mundo”. Por ello una máxima de la PNL es la de que “el mapa no es el territorio”. En este caso, el mapa sería el Mundo y el territorio sería el Universo. Es muy interesante poder darse cuenta de que cada persona vive en su mundo. Poder entenderlo, ya sería harina de otro costal y algo estupendo. A partir de ahora utilizaré el concepto “mi mundo” en lugar de el de mapa mental.
Con el sencillo pero profundo acto de darme cuenta de que las personas con las que me relaciono tienen su propio mundo creado desde su personalidad, estoy facilitándome muchísimo mi vida. Al darme cuenta me permito ser consciente de que la percepción de ese otro con el que me relaciono es subjetiva y puede no tener nada en común con mi mundo, con como
yo veo las mismas cosas. Esta diferencia en las percepciones es fascinante y aterradora en la misma proporción. Los hechos son los mismos para todas las personas, pero las interpretaciones pueden ser diferentes para cada uno. Un ejemplillo: voy a dar una charla y en el espacio en el que estoy, todavía vacío, hay un par de rotuladores de pizarra en el suelo. Dependiendo del mundo de cada uno, algunos pensarán que se me han caído y no me he dado cuenta haciéndomelo notar; otros quizás no me digan nada y piensen que soy un desastre porque tengo todo desordenado y no me he fijado en que los rotuladores están en el suelo; otros no se dan cuenta de que hay dos rotuladores tirados en el suelo y algunos pensarán que los he dejado ahí para algo relacionado con la charla… y así tantas versiones como puedas imaginar. El hecho es que hay dos rotuladores en el suelo, el por qué puede ser muy variopinto; por eso no hay nada mejor que preguntar a la otra persona y saber cuál es su versión o por lo menos entender que
la propia es una opción de entre muchas. Es interesante entender que la personalidad es una reacción compensatoria y adaptativa al medio en el que existo, una creación que es mía, para así convertir esta información en una clave sencilla y magnífica. Teniendo en cuenta también que las creencias de lo que yo soy, aquello con lo que me identifico y me describo, llegan mayoritariamente del discurso materno; como dice Laura Gutman.
A una esencia completamente maleable como es la percepción, le añado unos cuantos filtros a modo de creencias, que es mi personalidad y ya tengo las primeras capas de cebolla de lo que será mi mundo. Este mundo en el que vivo o sobrevivo, dependiendo del caso, va a ir reafirmándose a sí mismo en cada momento. De modo que la atención es fundamental para poder crear la experiencia. Dependiendo de lo que pienso y con lo que ocupo mi cerebro, así aparecerán en mi mundo las sincronías o casualidades vía Universo. Para ser más clara
todavía, me gustaría decir que los mundos son un sesgo del Universo que está conformado por todos los mundos que coexisten en una suerte de orden superior y entrópico, que es accesible sólo a rasgos desde cada mundo y que obedece a los filtros de la personalidad.
Por ejemplo: si yo me quiero comprar un coche Seat Ibiza, automáticamente “aparecerán” muchos Seat Ibiza en mi experiencia llenando mi mundo. Sencillamente es en lo que tengo puesta mi atención y mi intención; así que, todos los Seat Ibiza que ya existían a mi alrededor en el Universo y que no estaban de forma concreta en mi mundo por ausencia de esfuerzo en forma de atención, aparecerán ante mí confirmando mi dirección en modo de casualidad. Cuidado, que todo esto sea sencillo, no quiere decir para nada que sea simple. El ser humano es sumamente compuesto como experiencia sensorial y por lo tanto, puede ser difícil o sencillo pero nunca simple.
Hasta ahora ya hemos encontrado todos los elementos que explicarían por qué cada persona vive en su mundo. Entonces ¿Por qué hay personas con las que me entiendo a la perfección y otras con las que me es imposible coincidir? ¿Existen clases de mundos? ¿Y el sentido común? Todas las personas con las que me entiendo son las que tienen características similares a las mías. Las creencias sobre las que yo voy construyendo mi personalidad crean a su vez mis características. Las características son conjuntos de respuestas a estímulos automatizadas por el hábito de uso, son patrones de conducta. El hecho de que una persona responda más o menos en la misma dirección que yo ante algo, está relacionado básicamente con que compartimos las creencias sociales.
Un paradigma social se crea en base al descubrimiento experimental y subjetivo del universo de un conjunto de personas que son mayoría y cuya forma de percepción es muy similar. Una vez creado, el paradigma se
estandariza y se impone a las minorías, creando así una sociedad civilizada. Por muy científico que pueda ser, siempre es subjetivo porque es un sesgo y porque dicho sesgo está realizado desde unos yos concretos con unas características determinadas. La suma de sujetos no crea un objeto. Puesto que el Universo lo contiene todo y la conciencia desea experimentar la otredad, el juego es una simple filia/fobia en distintas intensidades y complejidades.
Quizás lo interesante aquí sea señalar que el diablo está en los detalles. Yo puedo creer que Pepiño y yo vivimos en el mismo mundo porque la interpretación de la realidad en ambos es supuestamente la misma. Sólo cuando el patrón de respuesta es diferente y ocurre el conflicto, descubro dolorosamente que no es así. Mi novio no es quien yo creía que era y ya no sé qué pensar de él. No en vano, Jesús el Cristo decía que “el dolor te acercará a la verdad”. Esto se debe a que cuando siento dolor, mi atención cambia de dirección y produzco una ampliación
de mi mundo de forma consciente o inconsciente. Pienso desde el dolor y e encuentro con los bienes desagradables. Modificar mi mundo no es otra cosa que sembrar y recolectar diferentes creencias, ver las cosas desde otro yo y cambiar la interpretación con la finalidad de vivir y disfrutar de mi experiencia. Aprender de otras realidades distintas y de la incertidumbre. Conocer los otros mundos a través de sus dueños y tener curiosidad por descubrir cómo una persona llega a hacer una interpretación tan diferente o apenas diferente de la mía. Curiosear para ser neutral e interesarme en la otredad, sin juzgarla desde mi mundo.
¿Qué cree la otra persona de esto? Es mejor que se lo pregunte, en lugar de darlo por hecho; ya que las similitudes entre nosotros pueden hacer que yo crea que todo el monte es orégano y me tope con varias guindillas con las que no contaba entre tanto verde. Si utilizo el lenguaje para ser capaz de concretar y le pregunto de
una forma específica a qué se refiere la otra persona cuando me dice algo (en lugar de interpretarlo) me llevaré más de una sorpresa. Seguramente agradable, o como poco aprenderé otras posibles interpretaciones.
La PNL le llama “zona de confort” a nuestros patrones de conducta más automatizados y ensayados. El cerebro existe como un mecanismo dentro del cuerpo para ahorrar energía y por eso crea patrones. Si estos patrones resultan ser adaptativamente útiles, los repite una y otra vez hasta que logra pasarlos al automático y así ahorrar la energía para utilizarla en otros fines. Una vez instalada en mi “zona de confort” es muy probable que no arriesgue demasiado y me convierta en prejuiciosa.
Volviendo un momentito al paradigma social, me gustaría recalcar que dichos paradigmas sostienen a las civilizaciones. Las civilizaciones son un conjunto de individuos asociados que conforman una mayoría y que crean o
mantienen los paradigmas, tipificándose en unos patrones de respuesta concretos y característicos. Quiero aclarar que un paradigma es una creencia creída por muchos y no por ello tiene que ser buena o mala.
Para explicarme mejor, te muestro este pequeño esquema de cómo son creados los paradigmas y las civilizaciones.
No es mi propósito ponerme conspiranoica en este momento. Siguiendo con esta lógica, me es mucho más fácil darme cuenta de que las personas con las que no coincido para nada, viven en un mundo diferente del mío. Lo más simpático sería darme cuenta de que aquellas personas que supuestamente piensan como yo, también viven en otro mundo que no es el mío, aunque se le parezca. Es el mismo universo, el mismo planeta y diferentes mundos. Honestamente, creo que es un poco aterrador descubrir que sólo yo vivo en mi mundo. Soledad temida. Así que sí, estoy sola PERO también formo parte de algo más grande que todos los mundos: el Universo. Estoy acompañada físicamente por otros habitantes en sus mundos. Las interacciones que voy teniendo con los demás, no son entre personas, son entre mundos y por eso las relaciones humanas son tan complejas.
Con respecto al sentido común decirte que es una reacción estandarizada. Un conjunto de normas escondidas bajo una supuesta moralidad, creada desde los paradigmas sociales. El sentido común y el respeto son completamente condicionales y están sometidos a las normas sociales; por eso son conceptos aplicados de formas tan diferentes según el lugar del planeta en el que estés. Lo que para unas personas es una falta de respeto, para otras es algo simplemente inexistente. Lo que para unas resulta una forma adecuada de actuar, para otras es intolerable. En algunos países los perros son animales de compañía incluso equiparables a los hijos, en otros son ganado para comer. ¿Quién está en lo cierto? En los países donde los perros son compañía, las vacas son ganado para comer. En otros países las vacas son sagradas y así infinitamente. Si tienes dudas, piensa por ejemplo en cuál era el concepto de respeto hacia la mujer en el siglo XIX. Todos esos conceptos tienen cabida en el mismo planeta donde cohabitan distintas sociedades. Así como en mi
cuerpo conviven miles de millones de células con mundos diferentes en el mismo universo, que es mi cuerpo físico. Una célula del corazón vive en un mundo diferente a una célula del riñón, pero ambas son células y existen en mi cuerpo como universo ordenando a modo de telón de fondo. ¿Qué pensaría una célula del hígado de una del dedo gordo de mi pie? ¿Quién sería el tercer mundo en mi cuerpo? ¿Y los desastres naturales? ¿Los gases cuentan como desastre natural? ¿Y la retención de líquidos? Aprovecho para recomendarte la película de animación “Horton”, donde pienso que se explican muy bien varios de los conceptos que expongo.
Regresando una vez más al concepto de mundo/mapa y universo/territorio sería muy interesante liberarnos de la impresión y dejarnos fascinar por la experiencia exploradora de descubrir el mundo de con quien me relaciono. La curiosidad, como decía mi maestra Norma Mollot, es una garantía de neutralidad. Repito
una vez más que todos los mundos están contenidos en el Universo. Todas las creencias existen porque se crean. La energía universal se modela para materializarse según las leyes más convenientes y las exigencias de quien observa. El universo es el todo y la nada por definición: el absoluto. Absoluto en el cual existen todas las posibilidades como rezan los cuánticos, que son unos cuantos hoy por hoy. Los mundos no tienen límites y son plásticos, como las neuronas. Pueden crearse y recrearse continuadamente y así generar los famosos cambios. Es muy interesante que te quedes con que nada ni nadie además de ti, te impide explorar otro punto de vista, otra mirada y sentir incomodidad; porque es natural sentir para un ser humano. Y sentir incomodidad es el indicador básico de que algo es nuevo y desconocido.
La bella y la bestia. La máscara de la personalidad.
Es el turno ahora de hablar del artífice de mi mundo: la personalidad ¿Cómo se crea este recurso? Como he dicho anteriormente, la personalidad es una reacción compensatoria y adaptativa al medio en el que existo. Un software con el que funciono. Cuando empiezo a existir como ser humano en el vientre materno, mi sistema cerebral es el primero que se va a desarrollar y de forma más contundente. Esto sucede porque el útero no es considerado la otredad por la nueva vida humana y por lo tanto no necesito el sistema sensorial desde el inicio; lo desarrollaré más adelante pero todavía en el vientre materno. Aludiendo al concepto del “continuum” de Jean Liedloff, que considero bastante interesante para ahondar sobre la vida intrauterina y extrauterina inicial.
Vuelvo a la personalidad. Cuando salgo al exterior y me interno en la otredad, ya tengo la preparación para empezar a construir mi mundo. No es que posea muchísimos recursos, pero sí el paquete básico para elaborar algo que sea eficaz
para vivir en el medio inmediato en el que nací (mi familia) e intentar al ir construyendo mi personalidad pertenecer a él. Para poder pertenecer e identificarme (por afiliación o por fobia) necesito adaptar mi esencia/potencial el máximo posible, para que mi experiencia no se transforme en algo totalmente desagradable. Y si finalmente la experiencia resulta algo desagradable, iré cambiando y adaptando el mismo mecanismo/recurso a los acontecimientos. Así voy creando mi personalidad con las características “x” que me sirven para ese ambiente “y”; aunque sea buscando cambiarme para pertenecer a otro grupo como una pandilla, por ejemplo. Mi personalidad SIEMPRE está relacionada con el medio en el que estoy (familia, amigos, ambiente laboral, etc.)
Mis dificultades empiezan cuando me olvido de que mi personalidad (máscara) es un recurso adaptativo que poseo y empiezo a identificarme con el recurso agotándolo como tal y
quedándome atrapada en él. Aunque con ello tengo mucho carácter, dejo así de desarrollarlo y corro el riesgo de quedarme obsoleta con mi personalidad, descubriendo que algo está mal. Y lo que es peor, atrapándome en la rigidez de mi personaje y repitiendo una y otra vez las mismas acciones. Siendo completamente predecible. Pero eso sí, con mucho carácter y una personalidad bien definida para tranquilidad de unos cuantos que necesitan saber cómo voy a reaccionar. Algunos necesitan que yo sea “x” para ellos poder ser “y”. Si yo soy la mala, el otro puede ser el bueno como cuando de pequeños jugamos a indios y vaqueros. Y así todo en orden y cada cual en su lugar. Y esto, mi amor, es la personalidad. Un disfraz con el que voy afrontando las distintas fiestas. Nadie me obliga a ir siempre de vaquera. Jüng lo explica de una manera mucho más profunda, en su proceso de individuación, hablando de la personalidad, la sombra, el ego y los arquetipos. Pero eso es otro libro.
De momento, basta con repetir que cualquier cosa es susceptible de convertirse en un recurso y que cualquier recurso explotado hasta la saciedad deja de ser tal recurso para ser una condena. ¿Qué es un recurso? Es algo/alguien a lo que acudo de nuevo para resolver alguna necesidad. Un ejemplillo: el arroz es un recurso. Si como arroz, todo estupendo. Si desayuno, almuerzo, como, meriendo y ceno arroz ya no es tan fantástico. ¿Y si repito esa acción durante un mes entero? Desayunando, almorzando, comiendo, merendando y cenando arroz. Descubriré que el arroz se ha convertido en mi tortura personal, dejando de ser un recurso para mí e incluso podré desarrollar una intolerancia severa a este cereal.
Es interesante que utilice mi personalidad como el recurso que es y me procure un buen armario de disfraces con los que asistir a las fiestas; aunque el de vaquera sea mi favorito. Mi personalidad es un recurso ilimitado siempre y cuando no lo agote simplificándolo y
encasillándome. Los budistas lo llaman apego.
Espejito, espejito. El reflejo de la otredad. Ahora que hemos hablado suficientemente de mi mundo, cabe preguntarse ¿Qué es el otro para mí? Está muy de moda pasar del egoísmo (amor al yo) al egocentrismo enmadrado (el yo como centro de todo) afirmando que tal persona o cual otra es mi espejo. Un espejo es un objeto cuya única finalidad es reflejar lo que está delante. No contiene nada, es superficial. Una superficie diseñada para devolver una imagen a base de no dejar penetrar la luz, simplemente reflejándola. Cuando sin saberlo, nomino al otro como mi espejo; lo estoy desposeyendo de su profundidad para apuntar que existe en función de mi yo, para servirme. Reflejarme para que así yo pueda corregir y perfeccionar mi yo. Me apetece decir que estoy totalmente en desacuerdo con esto y además creo que es una obscenidad.
Por otro lado, señalar que en psicología existe el fenómeno de la proyección; que consiste en el arte de ver en los demás aquello que niego en mí. Por ejemplo: me revienta que mi compañera de trabajo no me preste atención cuando le estoy explicando algo. Si bien es cierto que eso sucede ¿Puedo afirmar categóricamente que yo no lo hago? Si no es así, esa parte de mí es la que estaría proyectando en ella. Esa parte de mí que no me gusta, no reconozco y de la que reniego: mi punto ciego. Lo que no puedo ver todavía en mí porque no es seguro para mí, ya que no sabría afrontarlo. Lo veré cuando esté preparada para abordarlo y hacer algo con ello. Así que si me estoy quejando de mi compañera con una amiga y ella me dice que yo a veces hago lo mismo, lo niego categóricamente e incluso pongo en tela de juicio a mi amiga. Algunas líneas de pensamiento, como la Advaita entre otras, sostienen que todo es una proyección del universo interior; que es a su vez el todo en distintas secuencias holográficas. La nada haciendo cosas, como dice Tony Parsons.
Sin entrar en discusiones racionales ni confusiones de nivel. Yo me decanto por creer que el otro más que un espejo que me refleja es un lago. Un lago posee a veces la propiedad especular, dependiendo de cómo estén sus aguas puede devolverme una imagen de mí al asomarme a él. Lo más interesante es que un lago tiene vida propia. Un lago es un mundo en sí mismo, más allá de que me obsequie con mi imagen o no. Existe para sí, no vive en función de mi imagen. Existe para algo más que para que yo me perfeccione. Es más me puedo enriquecer con su existencia, aprender de él. Propongo ver a la otredad como a ese lago que a veces me muestra algo de mí y a veces simplemente me deleita con su forma de vida. También puedo pasar del lago. A veces los lagos…
El éxito está garantizado, es una cuestión de tiempo
DEJÉMONOS DE FÁBULAS.
TEORÍA
DE
LA
AUTOPOTENCIACIÓN.
Te invito a que imagines al ser humano como un sofisticadísimo mecanismo psicosomático. Un aparato que es totalmente reactivo y que interactúa con su entorno, como si fuese un elemento aislado de él. Ahora, si me lo permites, me gustaría establecer una analogía maquinista para lograr explicarme mejor. De una forma similar a un dispositivo de telefonía móvil, nosotros los seres humanos disponemos de un cuerpo (soma) receptivo cuya antena sería nuestra glándula pineal. Poseemos también un sistema operativo altamente funcional que podemos identificar con la personalidad.
La personalidad como sistema es totalmente clasificable según la operatividad que tenga en un ambiente y las funciones que desempeñe creando características concretas. Como ya he especificado anteriormente, la personalidad es aprendida, creada y relativa al medio en el que existo. Me identifico con todas aquellas creencias y rasgos con los que puedo crear una pertenencia al grupo en el que nací. Desde esas características, me obligo a construir una vida compatible con el grupo familiar al que pertenezco.
Volviendo a la metáfora del teléfono móvil, mencionar que desde nuestro avatar estaríamos conectados con una red, el Cosmos y dependiendo de los modelos, tendríamos más o menos cobertura, memoria, calidad fotográfica, aplicaciones o procesadores que nos hacen rápidos en el manejo de la información. Quizás el único dilema análogo es que los seres humanos poseemos la capacidad de reconvertir tanto nuestro hardware (cerebro) como nuestro
software (forma de percibir el mundo), debido a la capacidad de neuroplasticidad de nuestras neuronas. Gracias a este fenómeno de la neuroplasticidad podemos hacer que nuestro sistema operativo pueda ser paradójicamente inclasificable ante determinados estímulos. Ser impredecible. Aunque te pueda resultar difícil de aceptar, poseemos una esencia maleable y materializable en forma de personalidad, que siempre se puede cambiar. Es muy sencillo, sólo necesito crearla. Reitero, una vez más, que la personalidad es una creación del individuo por si no he sido suficientemente insistente con este concepto.
Nuestra configuración de fábrica: el ahorro de energía.
Para mí es bastante significativo señalar que uno de los problemas que presentamos como dispositivo es la finalidad, por defecto, de ahorrar energía. A pesar de nuestra evolución
como especie, todavía conservamos activa la programación primordial del pasado de atacar o huir ante casi cualquier circunstancia interpretada como amenaza. Y como necesito energía para funcionar adecuadamente, mi organismo trata constantemente de ahorrarla. El derroche energético en forma de excesos está detrás de casi todos los fallos que pueda dar mi cuerpo. Las enfermedades, que son fallos del sistema, están básicamente relacionadas con la falta de energía.
Necesito disponer de un mínimo energético para procesar cualquier experiencia. El ejercicio de integrar algo que no soy yo (otredad) y responder con algo que sí soy yo (personalidad), requiere de un esfuerzo. Una energía dirigida en forma de atención que sólo podré realizar en tiempos de bonanza energética. Siempre y cuando esta energía no exista, estando cansada, por ejemplo, mi respuesta será la misma independientemente de la información que reciba desde el exterior. Con esta
automatización neurótica, me ahorro tener que crear algo diferente, con el gasto energético que eso me supone como dispositivo. Sería como ese móvil que al tener muy poca batería sólo nos permite hacer poco más que algunas llamadas antes de dejar de estar operativo.
La forma en la que mi cuerpo obtiene energía es a través de la alimentación, el sueño reparador y la salubridad del entorno en el que habito. Cualquier déficit en alguno de esos ámbitos me supone un fallo en la recarga del aparato y a la larga, una falta de energía constante; provocando con ello enfermedades y problemas en el funcionamiento correcto de mi cuerpo. De la misma manera que en un móvil, la búsqueda ininterrumpida de red hace que su batería se vaya agotando. Yo buscando una causa externa que justifique un fallo en mi funcionamiento, agoto mis recursos energéticos sin ninguna resolución concreta. Quedándome además sin ninguna explicación viable sobre el origen de mi malestar. Si me doy cuenta de que estoy
funcionando incorrectamente, busco primero dentro de mí y también compruebo si mis fuentes de alimentación energéticas (alimentación, descanso y entorno) son totalmente adecuadas. Dicho esto, estoy absolutamente convencida de que se te podrían ocurrir algunas analogías o metáforas con las que entender mejor esto que yo deseo comunicarte. Te invito amorosamente a que te des al menos un minuto para integrarlo con el formato que mejor te convenga y prosigamos alegremente.
Por si acaso pondré un ejemplillo: soy una abogada que tiene un buen puesto de trabajo en un bufete especializado en divorcios. Tengo 29 años, un doctorado y he luchado muy duro para conseguir mi estatus actual; habiendo sido durante un par de años una becaria malamente remunerada. Mi padre es abogado laboralista y mi abuelo también fue abogado. La personalidad que he ido creando es la de una chica muy estudiosa y responsable para que mi padre me
reconozca. Soy muy meticulosa y muy dedicada a mi trabajo. En mi familia el trabajo es lo primero: lo hace mi padre, lo hizo mi abuelo y el padre de mi abuelo también. Eso me define como persona: soy trabajadora y me identifico con ello. Mi tiempo y mi energía están dirigidas a mi trabajo. Me alimento bien cuando cuadra y duermo lo justo. Como mi trabajo ocupa mucho de mi tiempo, tengo que utilizar mucha energía para poder tener una vida aparte de ser abogada. Desde hace un par de semanas no me encuentro bien, estoy agotada y el cuerpo me duele. Me resulta imposible dormir bien porque tengo casos complejos y necesito pensar mucho en ellos para ser la mejor. Soy consciente de este estrés constante, pero es lo que hay en este tipo de trabajo; ya lo sabía cuando decidí estudiar la carrera. Doy por hecho que tiene que ser así. Aunque tengo el colon irritable pienso que no tengo queja de mi vida. Comparada con otros es muy buena y soy una abogada excepcional. Gracias a ello, tengo unas gratas conversaciones en las sobremesas familiares.
Ya sé que podrías pensar que es un ejemplo muy determinista o fantasioso. Si podemos dejar esa opinión de lado y preguntarnos qué está sucediendo, la cosa se clarifica bastante. Estoy tan identificada con mi personalidad que mis respuestas siempre son las mismas: el trabajo es lo primero. No importa qué está cambiando en mí. Cuido mi pertenencia antes que a mí. Me sacrifico por el legado al que pertenezco. Huelga añadir que en este ejemplo yo enfermaré, es una cuestión de desgaste que se dará por mis abusos. Lo peor es que una vez enferma, me agotaré buscando una justificación sin darme cuenta de que he colaborado en el deterioro de mi aparato somático aunque no lo he pretendido.
Me gustaría aclarar que como esta explicación es un producto lógico-deductivo bien podría suceder que tú ya hayas llegado a la misma conclusión, aunque de otra forma diferente. Incluso quizás antes que yo o que simplemente
ya lo supieses, sin saber que los sabías, hasta después de haberlo leído aquí. En todo caso, este tipo de movimientos cósmico-colectivos los explica muy bien el señor Rupert Sheldrake en su hipótesis sobre los campos mórficos. El señor Platón explicó algo muy parecido, pero de otra forma; con su mundo de las ideas y su demiurgo.
En cualquier caso, es un placer para mí estar en contacto contigo. Eres importante para mí. Aprovecho también para saludar a tu discurso interior: ¡¡Hola!! Tienes todo el derecho a aparecer, pero eso no significa que tus opiniones sean conclusivas. Aún así, que sepas que posees un potencial estupendo para ser nuestro amigo.
En descarga constante de actualizaciones: acción y reacción
Para dejarme de amenazas fantasma acerca de la explicación y entrar en materia, me gustaría proponerte la idea/imagen del movimiento
circular como una constante. En una parte de este movimiento está la otredad: todo aquello que no soy yo ¿Recuerdas?. En la otra parte e interactuando dentro de ese movimiento está lo que identifico como mi yo. ¿Cómo funciono con todo lo que no soy yo? ¿Con lo que me rodea? ¿Con el Universo? La respuesta es tan sencilla que más bien se trata de algo que solemos obviar casi a menudo. Me apropio constantemente de la otredad para establecer una relación con ella. Necesito pasar lo de fuera adentro y racionalizarlo. Justificarlo según mis razones e interpretarlo. Estas razones las he ido construyendo día a día desde que existo como ser humano, son mis creencias. Cada día sigo construyendo mi mundo haciendo la otredad mía a base de interpretarla.