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BANCA COOPERATIVA OPORTUNIDADES DE DESARROLLO

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Academic year: 2021

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BANCA COOPERATIVA

OPORTUNIDADES DE DESARROLLO

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© Unión Nacional de Cooperativas de Crédito

Edita: Unión Nacional de Cooperativas de Crédito Realización Gráfica: Wanagu Ediciones

Imprime: Top Printer ISBN: 978-84-935568-0-8 Depósito Legal: M-6006-2007

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ÍNDICE

Introducción . . . .11 Juan E. IRANZO MARTÍN

Catedrático de Economía Aplicada de la UNED y Director del Instituto de Estudios Económicos (IEE)

Capítulo primero: La banca cooperativa

española: un modelo de banca de empresas . . . .23 Ricardo J. PALOMO ZURDO

Catedrático de Economía Financiera y Contabilidad Universidad San Pablo-CEU

1.1. Introducción . . . .23 1.2. La banca cooperativa española en la actualidad . . . .31 1.3. El modelo de banca de empresas desarrollado por la

banca cooperativa española . . . .37 1.4. La actividad de la banca cooperativa española en el

ámbito empresarial . . . .49 1.4.1. La dimensión de las empresas clientes de las

cooperativas de crédito . . . .49 1.4.2. Las empresas de economía social clientes de las

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1.5. Análisis de casos reales: Cajamar, C. R.; C. R. del Mediterráneo,

Ruralcaja; Caja Laboral Popular y C. R. de Soria . . . .65

1.5.1. Cajamar, C. R.: un caso de participación en una empresa de éxito nacida local y desarrollada con relieve internacional . . . .67

1.5.2. C. R. del Mediterráneo, Ruralcaja: un firme compromiso con el moderno sector agrícola exportador valenciano . . . .72

1.5.3. Caja Laboral Popular: el impulso a la creación de empresas . . . .75

1.5.4. C. R. de Soria: una apuesta por el desarrollo empresarial de su entorno, mediante las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) . . . .79

1.6. Conclusiones y valoraciones . . . .86

Capítulo segundo: Tendencias del sistema financiero español y oportunidades para las cooperativas de crédito . . . .99

Altina SEBASTIÁN GONZÁLEZ Doctora en Negocios y Dirección de Empresas 2.1. Introducción . . . .99

2.2. Las cooperativas de crédito: funciones y actividad . . . .100

2.3. El devenir del sector bancario español . . . .102

2.3.1. La década de los 80 . . . .103

2.3.2. La década de los 90 . . . .106

2.4. Las cooperativas de crédito en España . . . .108

(6)

2.4.2. Volúmenes de negocio y productividad . . . .112

2.4.3. Márgenes, eficiencia y rentabilidad . . . .116

2.4.4. Gestión de los riesgos . . . .121

2.5. Las cooperativas de crédito en Europa . . . .124

2.6. Una apuesta de futuro ante los nuevos desafíos . . . .129

2.6.1. El nuevo escenario competitivo . . . .129

2.6.2. Las opciones estratégicas . . . .134

2.6.3. El nuevo modelo de negocio bancario . . . .137

2.7. Un análisis estratégico aplicado a las cooperativas de crédito españolas . . . .138

2.8. El proceso de consolidación financiera . . . .144

2.9. Conclusiones . . . .146

Capítulo tercero: Actividades fundamentales en la banca de negocios. Estructuras de posible aplicación a las cooperativas de crédito . . . .149

Manuel COLINAS GONZÁLEZ Licenciado en Derecho y Estudios de Dirección de Empresas Universidad Politécnica de Madrid Banco Cooperativo Español (BCE) 3.I. Introducción . . . .149

3.2. Operaciones destinadas a la financiación . . . .151

3.2.1. Financiación estructurada . . . .151

3.2.1.1 Seguimiento y desarrollo de emisiones de renta fija privada . . . .151

3.2.1.1.1. Activos negociados . . . .152

3.2.1.2. La securitización o titulización . . . .155

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3.2.1.2.2. Activos titulizables . . . .158

3.2.1.2.3. El credit enhancement . . . .159

3.2.1.2.4. Los beneficios de la titulización . . . .160

3.2.1.3. Los créditos sindicados . . . .163

3.2.1.3.1. Posiciones de la entidad financiera . . . .164

3.2.1.3.2. Estructura de la operación de sindicación . . . . .164

3.2.1.3.3. Posición jurídica de los intervinientes . . . .165

3.2.1.3.4. Comisiones en la sindicación . . . .166

3.2.1.4. Project finance . . . .167

3.2.1.4.1. Elementos intervinientes en un project finance . . . .170

3.2.1.4.2. Principales ventajas e inconvenientes . . . .172

3.2.2. Oferta pública de venta y oferta pública de suscripción .173 3.2.2.1. Oferta pública de venta . . . .173

3.2.2.2. Oferta pública de suscripción . . . .174

3.2.2.3. Beneficios para las entidades financieras . . . .174

3.3. Operaciones destinadas a la inversión y protección de activos .175 3.3.1. Productos derivados . . . .175

3.3.1.1. Definición de producto derivado . . . .175

3.3.1.2. Tipos de productos derivados . . . .176

3.3.1.2.1. Contrato forward . . . .176

3.3.1.2.2. Contrato de futuros . . . .177

3.3.1.2.3. Opciones financieras . . . .178

3.3.1.3. Mercados no organizados de tipos de interés . . . . .180

3.3.1.3.1. Forward rate agreement (FRA) . . . .180

3.3.1.3.2. Operaciones forward to forward . . . .181

3.3.1.3.3. Contratos cap, floor y collar . . . .182

3.3.1.3.4. Contratos swaps o permutas financieras . . . . .182

(8)

3.3.1.4.1. Credit swaps . . . .184

3.3.1.4.2. Credit default swaps (CDS) . . . .184

3.3.2. Fondos de inversión y depósitos estructurados . . . .185

3.3.2.1. Fondos de inversión . . . .185

3.3.2.1.1. Definición de fondo de inversión . . . .186

3.3.2.1.2. Elementos configuradores de un fondo de inversión . . . .186

3.3.2.1.3. Tipos de fondos . . . .187

3.3.2.1.4. Otros tipos de fondos . . . .187

3.3.2.2. Depósitos estructurados . . . .191

3.4. Asesoramiento y consultoría . . . .192

3.4.1. El control societario: adquisiciones y fusiones . . . .192

3.4.1.1. La fusión como medio de adquisición de empresas . . . .194

3.4.1.2. Adquisiciones de empresas . . . .194

3.4.1.2.1. Operaciones que afectan al consejo de administración . . . .195

3.4.1.2.2. Operaciones realizadas sobre el patrimonio empresarial . . . .196

3.4.1.3. Adquisiciones especiales . . . .196

3.4.1.4. Formas de adquisición mediante financiación apalancada . . . .197

3.4.1.4.1. Leveraged buy-out (LBO) . . . .198

3.4.1.4.2. Management buy-out (MBO) . . . .198

3.4.1.4.3. Management buy-in (MBI) . . . .199

3.4.1.5. Ofertas públicas de adquisición . . . .199

3.4.2. Sucesión y empresa familiar . . . .200

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3.4.3. La toma de participación en sociedades por parte

de las cooperativas de crédito . . . .202

3.4.3.1. Consideraciones generales . . . .202

3.4.3.2. Inversión a través del capital riesgo . . . .205

3.4.3.3. La inversión del capital riesgo en el Grupo Caja Rural . . . .206

Capítulo cuarto: Hacia una política de servicios integrales de la banca cooperativa . . . .211

Banco Cooperativo Español (BCE) Rural Servicios Informáticos (RSI) Seguros RGA 4.1. Introducción . . . .211

4.2. Catálogo de productos y servicios del Banco Cooperativo Español (BCE) . . . .212

4.3. Catálogo de productos y servicios de Rural Servicios Informáticos (RSI) . . . .218

4.3.1. Plataforma bancaria . . . .218 4.3.1.1. Aplicaciones comunes . . . .219 4.3.1.2. Aplicaciones de negocio . . . .219 4.3.2. Medios de pago . . . .219 4.3.3. Intercambio . . . .219 4.3.4. Seguros . . . .220

4.3.5. Esquema sistemas corporativos . . . .221

4.3.6. Centro de información . . . .221

4.3.7. Banca a distancia . . . .222

4.3.8. Aplicaciones complementarias . . . .223

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Anexo estadístico . . . .227

Anuario 2005 (UNACC)

Sector de cooperativas de crédito . . . .229 Clasificación de las cajas rurales por provincias . . . .230 Clasificación de las cajas populares y profesionales

por provincias . . . .234 Ranking según activos totales medios-rentabilidad de gestión

de las cajas rurales . . . .236 Ranking según activos totales medios-rentabilidad de gestión

de las cajas populares y profesionales . . . .239 Ratios de las cooperativas de crédito . . . .240

Coordinación a cargo de Juan E. IRANZO MARTÍN (Catedrático de Economía Aplicada de la UNED y Director del IEE) y de Gregorio IZQUIERDO LLANES (Titular de Economía Aplicada de la UNED y Director de Estudios del IEE).

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INTRODUCCIÓN

Las cooperativas de crédito son entidades de crédito y de depósito cuya función es atender a las necesidades financieras de sus socios, que son al mismo tiempo socios y clientes; además de a terceros. Tienen, por tanto, un doble carácter: son sociedades cooperativas y al mismo tiempo son entidades financieras, y, como tales, están sometidas a un marco normativo idéntico al de los bancos privados y las cajas de ahorros en cuanto a supervisión y a capacidad operativa, aunque con las diferencias derivadas de su carácter cooperativista, como, por ejemplo, las restric-ciones en cuanto a sus operarestric-ciones crediticias, que se centran funda-mentalmente en los socios.

El origen de la banca cooperativa se encuentra fundamentalmente en el medio rural, donde a comienzos del siglo pasado surgieron las primeras cajas con la intención de proporcionar apoyo financiero a los agricultores y a los ganaderos, y ofrecerles servicios financieros adaptados a sus necesi-dades específicas. Una de las características definitorias de las cajas rurales era, y sigue siendo, su ámbito territorial de actuación, de alcance provin-cial y local. Posteriormente, el modelo cooperativo se extendió a otras

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acti-vidades no agrícolas características del medio urbano, dando lugar al naci-miento de diversas cooperativas de crédito gremiales y profesionales (cajas de ingenieros, de arquitectos, etc.), así como a las cajas populares, que nacen en el seno de grupos empresariales, aunque las cajas rurales han constituido siempre, y siguen constituyendo, el grueso del sector.

La importancia de las cooperativas de crédito ha ido creciendo en comparación con el total de entidades de depósito: su balance suponía, a comienzos de 2006, el 3,9 por 100 del balance total del conjunto de las entidades de depósito, sus cuotas de mercado sobre los créditos y sobre los depósitos totales ascendían al 5,4 por 100 y al 6,6 por 100 res-pectivamente, y empleaban a algo más del 7 por 100 del total de ocu-pados del sector, es decir, a más de 18.000 trabajadores. Ahora bien, su importancia cualitativa en el ámbito local supera con creces estas cifras, ya que su vinculación al territorio las ha convertido, sobre todo en las áreas con un mayor peso de la actividad agrícola, en agentes clave impul-sores del desarrollo local. Cabe señalar que su importancia en España es inferior a la media europea, donde representan el 17 por 100 del mer-cado de depósitos y el 15 por 100 de los créditos, y se encuentra muy lejos de países como Francia, donde su cuota de mercado en créditos y en depósitos se sitúa en torno al 50 por 100, o de Estados Unidos, donde encontramos las denominadas credit unions. En la actualidad, en Europa existen 4.500 bancos cooperativos, con 140 millones de clientes, una red de 60.000 oficinas y 720.000 empleados. Como indica Altina Sebastián en su capítulo, si tenemos en cuenta el número de entidades, Alemania lidera el sector en Europa, seguida de lejos por Austria, Polonia e Italia, mientras que en términos de activo total, Francia, Alemania, Italia y Holanda son los que controlan una mayor cuota.

En contraste con las cifras de cuota de mercado, el número de insti-tuciones cooperativas, que asciende a 83 (en su mayoría cajas rurales), equivale al 30 por 100 del número total de entidades de depósito, lo que pone de relieve el elevado grado de atomización del sector y el reducido tamaño de las unidades empresariales. Parece que en un entorno com-petitivo que en los últimos 25 años ha venido caracterizado por los inten-sos proceinten-sos de concentración empresarial a través de “megafusiones” en el ámbito bancario, como respuesta al reto competitivo planteado por la apertura al exterior del mercado financiero español y la incorporación

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a la Unión Europea, el tamaño empresarial de las entidades cooperativas podría considerarse como una de las debilidades del sector y ser la causa de que sus ratios de productividad y de eficiencia sean inferiores a las de sus competidores. Así, el beneficio después de impuestos por empleado en las entidades cooperativas fue de 28.000 euros en 2004, frente a 36.400 euros en las cajas de ahorros y 55.000 en los bancos. Por su parte, los gastos de explotación sobre el margen ordinario se elevaban hasta el 60 por 100 (en el primer trimestre de 2006), en contraste con el 51 por 100 en el caso de las cajas de ahorros y los bancos, y representa-ban el 1,7 por 100 de sus activos totales, ratio sensiblemente superior a la de los otros dos grupos, lo que hace que el margen de explotación de las cooperativas de crédito sea semejante a la media del mercado pese a la ventaja de que disfrutan en el margen ordinario.

Otra característica específica que, en opinión de Altina Sebastián, tiene una incidencia directa en relación con la eficiencia y con la produc-tividad podría residir en las necesidades en materia de atención al clien-te derivadas de su propia finalidad, que les exige disponer de una red de oficinas y de una plantilla relativamente extensas, lo que dificulta el pro-ceso de reducción de costes. Asimismo, hay que tener presente el mayor ratio de morosidad en comparación con bancos y cajas, que resulta del mayor peso de las empresas pequeñas y medianas en sus operaciones de activo, como otro factor explicativo de su menor rentabilidad, al obligar-les a realizar mayores provisiones por riesgo de insolvencias. En cualquier caso, el esfuerzo de las cooperativas de crédito por superar la desventa-ja competitiva derivada de su pequeña dimensión ha sido considerable, como ponen de relieve los intensos procesos de asociacionismo (son fun-damentales los servicios ofrecidos por el Banco Cooperativo) y de fusio-nes y concentraciofusio-nes empresariales que han tenido lugar especialmen-te desde mediados de los años 90, cuando el número de entidades ron-daba las 100. Dichas estrategias han permitido mejorar la competitividad del sector gracias al aprovechamiento de economías de escala en diver-sos procediver-sos operativos y transaccionales, y al aumento de su poder negociador en el mercado interbancario.

Las cooperativas de crédito han tenido que hacer frente, asimismo, a las enormes transformaciones que han afectado profundamente en la última década al marco dentro del cual las entidades financieras

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desa-rrollan su actividad. La intensificación de la competencia, derivada de la liberalización de los movimientos internacionales de capitales, de la libe-ralización del propio sector y de la innovación tecnológica, ha obligado a las entidades, además de a incrementar su tamaño a través de concen-traciones empresariales, como ya se ha indicado, a introducir modifica-ciones importantes en su estrategia competitiva y en su forma de operar. Ahora se trata de competir a través de la innovación de productos, el aumento continuado de la eficiencia y la productividad, y la atención y el asesoramiento al cliente. Se han producido alteraciones en los hábitos y en el comportamiento de los clientes, que, como pone de manifiesto Altina Sebastián en su capítulo, son cada vez más propensos a cambiar de entidad, demandan un mayor nivel de sofisticación y son más exi-gentes en aspectos como la atención y el asesoramiento. En este último aspecto, las cooperativas de crédito gozan de una importante ventaja frente a sus competidores sobre sus mercados tradicionales, debido a su especialización y al conocimiento profundo de las necesidades de sus socios y clientes, siendo uno de sus elementos distintivos la calidad de los servicios que prestan a los mismos.

La introducción de las nuevas tecnologías, por otra parte, ha alterado profundamente el negocio bancario, debido a las enormes posibilidades que éstas ofrecen, tanto en lo relativo a la apertura de nuevas vías de comercialización y distribución, como en lo que se refiere al desarrollo de nuevos productos financieros. La tecnología desempeña un papel prota-gonista, de importancia clave, como instrumento de las nuevas estrate-gias comerciales en el negocio bancario moderno y como vía para lograr mejoras en la productividad y la eficiencia. La banca por internet está revolucionando muchos conceptos del negocio bancario, y obliga a los agentes participantes en el mercado a realizar un continuo esfuerzo de adaptación e innovación para seguir siendo competitivos. Precisamente las nuevas tecnologías constituyen una oportunidad para que la banca cooperativa pueda mejorar su competitividad frente a los grandes grupos bancarios, ya que hacen posible que las entidades de menor tamaño, que no disponen de una red de oficinas tan amplia como los grandes grupos financieros, puedan acercarse más al cliente.

Otra transformación de gran calado ha sido el intenso proceso de desintermediación financiera de las últimas décadas. Las entidades de

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crédito se han visto obligadas a modificar su esquema de negocio, al tener que asumir un nuevo papel como oferentes de servicios financieros en detrimento de su actividad tradicional de intermediación, de modo que ésta última ha perdido peso a favor de otras, más orientadas hacia la comercialización y el desarrollo de nuevos productos. Esta circunstan-cia cobra especircunstan-cial relevancircunstan-cia en el caso de las cooperativas de crédito, debido al mayor peso que tradicionalmente han tenido, y siguen tenien-do, las actividades de intermediación sobre su balance, en comparación con las cajas y los bancos. En este sentido, la intensidad que el proceso desintermediador ha alcanzado en las cooperativas en los últimos años, mayor que en sus competidores, pone de relieve su gran capacidad de adaptación a este nuevo marco. Así, el margen de intermediación sobre los activos totales representaba en 1999 el 3,5 por 100, frente a un 2,8 por 100 en las cajas de ahorros, y un 1,9 por 100 en los bancos, mien-tras que en la actualidad este ratio ha descendido hasta un 2,3 por 100 en las cooperativas, en comparación con un 1,9 por 100 y un 1,5 por 100 en cajas y bancos respectivamente.

Ligado a los procesos anteriormente descritos, se encuentra el de innovación financiera. La creación de nuevos productos, propiciada e impulsada por la introducción de las nuevas tecnologías y por la liberali-zación del sector, unido al extraordinario desarrollo de los mercados de derivados, es un aspecto clave de la estrategia competitiva de las entida-des financieras en un entorno cada vez más globalizado. Finalmente, la introducción de importantes cambios regulatorios, concretamente el nuevo acuerdo de Basilea II, que fomenta la adopción por parte de las entidades de crédito de prácticas de gestión del riesgo mucho más rigu-rosas y avanzadas, también va a suponer una transformación importan-te del marco dentro del cual el sector desarrolla su actividad.

Todos estos procesos, que son analizados con detalle en el capítulo de Altina Sebastián, han propiciado la introducción de cambios organizacio-nales de gran magnitud dentro de las empresas financieras, que han afec-tado profundamente, entre otras cosas, a las características del empleo en el sector. El desarrollo de nuevos productos financieros, la enorme sofisti-cación que han alcanzado los mercados de derivados, así como los nue-vos métodos de gestión del riesgo, requieren personal altamente cualifi-cado y especializado. La formación constituye, en este contexto, un

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fac-tor básico de competitividad. Las entidades cooperativas tampoco se han quedado atrás en este campo, y la obligación de destinar un mínimo del 10 por 100 del resultado neto al fondo de educación y promoción ha constituido una vía imprescindible para mejorar su posición en el merca-do en un entorno fuertemente competitivo, además de permitirles supe-rar uno de los grandes problemas que han padecido en el pasado, que es la falta de profesionalización del personal. Uno de los indicadores que expresan la adaptación de la banca cooperativa a las crecientes exigencias en materia de cualificación profesional que requiere el entorno competi-tivo actual es el descenso del peso que el empleo no cualificado repre-senta sobre el empleo total del sector, desde más del 3 por 100 en los últi-mos años de la década pasada, hasta un 1,2 por 100 en 2005.

El éxito de los esfuerzos que ha realizado el sector para mantener e incluso mejorar su posición competitiva se refleja en el ascenso ininte-rrumpido de su cuota de mercado, tanto sobre los créditos como sobre los depósitos, desde porcentajes del 2,9 por 100 y del 3,8 por 100 res-pectivamente a comienzos de los noventa, hasta los anteriormente seña-lados del 5,4 por 100 y del 6,6 por 100. Sólo en los últimos cinco años, el crecimiento de los créditos ha sido del 145,3 por 100, y el de los depó-sitos del 71,44 por 100. Este significativo avance ha tenido lugar dentro de un contexto macroeconómico fuertemente expansivo, caracterizado por la caída de los tipos de interés hasta mínimos históricos y la extraor-dinaria bonanza del sector inmobiliario, que ha venido acompañada por un descenso de la tasa de ahorro de los hogares y un incremento nota-ble de su nivel de endeudamiento. Todo ello ha tenido inevitanota-blemente su reflejo en el volumen de la actividad del sector financiero, y en espe-cial, en el fuerte crecimiento de las operaciones de financiación hipote-caria y de crédito a la construcción y a la promoción inmobiliaria, que han aumentado su peso dentro del balance de las entidades financieras. La llegada masiva de inmigrantes también ha tenido incidencia en el nego-cio bancario, al constituir un importante mercado potencial que las enti-dades bancarias han tratado de aprovechar, mediante el desarrollo de estrategias para captar a los individuos de este colectivo y aumentar así su base de clientes.

Sin embargo, en otros países, como por ejemplo Reino Unido, las entidades cooperativas han tenido más problemas para adaptarse a las

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transformaciones que han afectado al sistema financiero en las últimas décadas, y han acabado siendo absorbidas por bancos privados, y per-diendo, por tanto, su identidad como cooperativas de crédito. Aunque también existen ejemplos exitosos, como Rabobank, en Holanda, que surgió a finales del siglo XIX como un grupo de bancos rurales que finan-ciaban a los agricultores locales, y hoy es uno de los 25 mayores bancos del mundo.

De cara al futuro, el sector de crédito cooperativo deberá enfrentarse a importantes retos, entre los que se encuentra, en primer lugar, la inten-sificación de la competencia procedente de grandes grupos financieros crecientemente globalizados, y en segundo lugar, el estrechamiento de su mercado natural, sobre todo en el caso de las cajas rurales, por la pér-dida de importancia de la agricultura, tanto en términos reales como nominales, dentro de la estructura productiva. Este proceso, además, se va a intensificar en los próximos años como consecuencia de la reforma de la Política Agraria Común, concretamente, por el desacoplamiento de las ayudas a los agricultores y por la potenciación de la política de desa-rrollo rural en detrimento de la política de ayudas a la producción, con lo que se trata de orientar las ayudas al campo en mayor medida hacia otras actividades diferentes de las meramente agrícolas.

La clave para que las entidades cooperativas puedan adaptarse a esta nueva situación y seguir creciendo y ganando cuota de mercado consis-te en centrar su actividad en la oferta de servicios financieros especiali-zados a las empresas. Precisamente, una de las transformaciones más significativas que ha experimentado la banca cooperativa en las últimas dos décadas ha sido la ampliación de su actividad hacia otros sectores económicos y hacia los servicios a otras empresas no agrícolas, lo que además ha contribuido a corregir otra de las tradicionales debilidades de este sector, que es la excesiva concentración de riesgos derivada de la reducida diversificación de sus inversiones, muy concentradas tanto sec-torial (agricultura) como terrisec-torialmente. La banca cooperativa, que constituye una especie de banca de inversión o banca de negocios den-tro del sector agrícola, deberá profundizar en esta estrategia y ampliar su mercado de referencia, adaptando su oferta a las necesidades de las pymes de otros sectores productivos. Éstas se desenvuelven en su mayo-ría en un ámbito territorial semejante al de las entidades cooperativas,

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por lo que el conocimiento y la estrecha vinculación de éstas al territorio constituye una ventaja competitiva clave frente a los grandes grupos financieros de carácter nacional o incluso internacional, que muchas veces descuidan este nicho de mercado.

En relación a esta cuestión, el profesor Ricardo J. Palomo realiza en su capítulo una interesante descripción de las características, las funciones y la evolución de las cooperativas de crédito españolas, y subraya su ya ele-vado grado de especialización en el ámbito de banca de negocios para pymes, lo que unido a su profundo conocimiento del medio socioeconó-mico en el que actúa, gracias a su arraigo territorial, y a su clara vocación de servicio y proximidad al cliente, constituye un factor de competitividad clave que deberá ser explotado para poder hacer frente a los importan-tes retos animportan-tes señalados. Este tipo de actividades ya forma parte, como se ha dicho, del negocio de la banca cooperativa, tanto de las cajas rura-les como de las cajas populares y profesionarura-les, que en las dos últimas décadas han hecho un esfuerzo considerable de diversificación. No obs-tante, son éstas últimas las mejor posicionadas para desarrollar este campo de actividades de tipo urbano, orientadas a la prestación de ser-vicios de banca de empresas a pequeños empresarios. De hecho, las pymes representan una mayor proporción de los clientes de activo en el caso de éstas que en el de las rurales.

La banca cooperativa debe profundizar, por tanto, en esta estrategia, para asegurar su viabilidad en un mundo fuertemente competitivo. Dicha diversificación de actividades debe tomar dos vías: por un lado, activida-des propias del medio rural pero distintas de la agricultura y que en los últimos tiempos están experimentando un florecimiento, como el turismo rural, el medio ambiente o las modernas explotaciones agropecuarias, lo que, por otra parte, puede ayudar a la reestructuración y la adaptación del medio rural a la nueva situación a la que se enfrenta, y está más en línea con la nueva orientación de la Política Agraria Común; por otro lado, las cooperativas deben dirigirse hacia actividades urbanas no relacionadas con el medio rural. En su capítulo, Palomo expone como ejemplo de la orientación que deben tomar las instituciones de crédito cooperativo varios casos exitosos de actuación por parte de varias entidades en este ámbito de banca de negocios, consistentes fundamentalmente en el apoyo a nuevos proyectos de inversión. Otra de las actividades propias de

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una banca de negocios, que menciona en su capítulo, es el apoyo de sec-tores empresariales mediante la toma de participaciones y la creación de una cartera de participadas. Opina el autor que la orientación hacia este tipo de actividades no supone renunciar a la finalidad tradicional de estas entidades de proporcionar atención preferente a sus socios, sino que ambos puntos de vista pueden ser compatibles si la actividad corporativa redundase en un mejor servicio al socio o en una mayor fortaleza de la entidad a efectos de garantizar o potenciar su crecimiento.

En definitiva, la banca de inversión o banca de negocios orientada a las pymes puede convertirse en un nicho de mercado rentable, que ligue la especialización tradicional de las cajas rurales en el sector primario de la economía con la orientación moderna de su actividad en otros secto-res y su vertiente urbana y diversificada. Para poder ofrecer servicios de banca de negocios de calidad, las cooperativas de crédito deben contar, según este autor, con un catálogo de productos, servicios y operaciones viable. A este respecto, Manuel Colinas realiza en su colaboración una exposición pormenorizada de las operaciones características de la banca de negocios, la mayor parte de las cuales son aplicables a las pequeñas y medianas empresas, por lo que pueden ser llevadas a cabo, en opinión del autor, por las cooperativas de crédito españolas. Así, el autor distin-gue entre operaciones destinadas a la financiación de empresas en gene-ral, las operaciones destinadas a la inversión, la cobertura de activos y la gestión del riesgo de crédito, y, finalmente, la labor de asesoría y direc-ción de determinado tipo de operaciones empresariales. Para que sea rentable llevar a cabo este tipo de tareas, los autores coinciden en seña-lar la importancia de disponer de una determinada “masa crítica” o dimensión suficiente, lo que exige una intensificación de las estrategias de cooperación y de concentración empresarial por parte de estas enti-dades, y un mayor esfuerzo de mejora de la eficiencia mediante la intro-ducción de políticas que permitan flexibilizar sus estructuras, y dinamizar y motivar mejor a sus recursos humanos.

Otro gran reto de cara al futuro, al que deberán hacer frente todas las entidades financieras, es el acelerado proceso de envejecimiento de la población. El aumento del peso de la población jubilada plantea impor-tantes interrogantes en cuanto a su posible impacto sobre la actividad de este sector. Desde el punto de vista macroeconómico, este fenómeno va

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a suponer importantes cambios de carácter estructural, con una clara incidencia sobre variables como el ahorro, el consumo, o la evolución de los tipos de interés, que, aunque todavía muy imprecisa en cuanto a su signo, va a ser significativa, así como sobre la composición y las caracte-rísticas del gasto de los hogares. Todo ello va a tener, sin duda, plasma-ción tanto en las operaciones de activo como de pasivo de las entidades financieras, que deberán adaptar sus productos, sus actividades, y su estructura financiera y organizacional al nuevo escenario. Se trata, por tanto, de un fenómeno de gran relevancia que merece por sí solo un estudio en profundidad.

Otro factor al que deben prestar atención las entidades cooperativas para aumentar su competitividad, es la necesidad de mejorar los meca-nismos de admisión, concesión, seguimiento y cobertura del riesgo de crédito. La evidencia empírica confirma que existe una correlación positi-va ente el riesgo crediticio y los ciclos económicos: en los momentos de expansión del ciclo los gestores bancarios pecan de optimismo y asumen excesivos riesgos, lo que da lugar a un incremento de la morosidad cuan-do comienza la fase descendente del ciclo. En este senticuan-do, las coopera-tivas de crédito podrían explotar las ventajas derivadas de la cercanía a sus clientes y de su operativa a nivel local para obtener más información con la que evaluar la calidad crediticia de sus clientes, y obtener así una ventaja competitiva en la gestión del riesgo.

Asimismo, hay que mejorar otros aspectos característicos de las coo-perativas de crédito que pueden constituir una debilidad. En primer lugar, su identificación con el mundo rural, que puede no afectar positivamente a su imagen en el medio urbano, ya que puede generar una cierta des-confianza en los clientes de éste último en relación con su capacidad para realizar operaciones más sofisticadas. Por otra parte, la fidelización de su clientela, que, aunque en principio supone una importante ventaja de par-tida, también puede convertirse en un inconveniente, si genera un exce-so de confianza que conduzca a un relajamiento de las actuaciones nece-sarias para competir en un mercado tan agresivo. La banca cooperativa española se encuentra ante la dificultad de conjugar su actividad finan-ciera tradicional, basada en la proximidad al cliente, con la visión global que requiere el negocio bancario actual; es decir, se presenta el reto de conjugar la gestión local con la perspectiva global del negocio.

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En definitiva, las cooperativas de crédito están incrementando signifi-cativamente su cuota de mercado en el sistema financiero español, que es uno de los más competitivos y eficientes del mundo, a pesar de las limitaciones institucionales que tienen, y que están superando gracias a su creciente modernización y a la instauración de mecanismos de cola-boración con el Banco Cooperativo. En esta línea, la clave para seguir creciendo y mejorando su competitividad se encuentra en la incorpora-ción de más actividades de banca de negocios para pymes a su oferta de servicios.

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CAPÍTULO PRIMERO

LA BANCA COOPERATIVA ESPAÑOLA:

UN MODELO DE BANCA DE EMPRESAS

1.1. INTRODUCCIÓN

Desde su origen a mediados del siglo XIX en Alemania y a finales del mismo siglo en España, las cooperativas de crédito han practicado un modelo particular de banca de negocios o de banca de empresas y de empresarios que, necesariamente, ha debido adaptarse a los continuos cambios en el ámbito empresarial y en su entorno socioeconómico.

Estas entidades centran gran parte de su actividad en un modelo de negocio que cabría identificar como “banca de empresarios”, compar-tiendo las características de la banca de empresas o negocios y de la banca de particulares.

El objetivo originario de estas sociedades cooperativas con actividad financiera era prestar servicio financiero a dos tipos principales de colec-tivos:

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- A los agricultores y trabajadores del medio rural en general, tratan-do de aliviar su complicada situación financiera, lo que daría lugar a las sociedades cooperativas de crédito con especialización en las actividades rurales (los “raiffeisenbanken”, según la denominación adoptada en honor al pionero de las cajas rurales, el alemán Frederich Wilhelm Raiffeisen).

- A determinados segmentos de la llamada sociedad industrial y urba-na de entonces, es decir, artesanos, comerciantes y otros colectivos profesionales, mediante el acceso a créditos organizados, lo que ori-ginaría las denominadas sociedades cooperativas de crédito popu-lares y profesionales (los “volksbanken”, en la terminología original alemana acuñada por el pionero en este campo: Herman Schulze-Delitzsch)1.

En ambos casos el elemento subyacente común era y sigue siendo la actividad empresarial o profesional, por lo que desde su origen la banca cooperativa nace con una vocación empresarial que no siempre ha esta-do tan definida o asumida como seña de identidad, aunque sí se ha desa-rrollado con evidente éxito en los otros dos componentes del sistema bancario: en los bancos -con una vocación general más universal- y en las cajas de ahorros -con una mayor orientación originaria hacia los par-ticulares y las economías domésticas-2.

Por tanto, se puede hablar de un modelo de banca especial y especia-lizada, de origen netamente empresarial o profesional, compatible con una vocación universal requerida por la necesidad de diversificar su activi-dad para evitar, entre otras cosas, la concentración de riesgos sectoriales.

1 ASCHHOFF, G.; HENNIGSEN, E. (1985): The German Co-operative System, its History, Structure and Strength, DG BANK publications, Frankfurt am Main.

2 Los órganos sociales de las cooperativas de crédito son la asamblea general de los socios (que no accionistas) y el consejo rector, en lugar de junta de accionistas y consejo de administración. Pero sin duda, lo más notable de las cooperativas de crédito es el sistema de votación, general-mente según el sistema de “una persona un voto”, y por tanto, no proporcional al capital social detentado por el accionista. Ahora bien, precisamente las cooperativas de crédito son las únicas sociedades cooperativas en las que este sistema tradicional de derecho político se puede modi-ficar mediante la utilización del denominado voto proporcional, mucho más cercano al clásico criterio de voto de las sociedades por acciones.

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Concretamente, una cooperativa de crédito es una entidad bancaria privada que se rige por los métodos operativos y las normas comunes a todas las entidades de crédito, pero que se diferencia de ellas en la fina-lidad perseguida y en su sistema y procedimiento de gobierno.

La normativa legal española, que cuenta con una ley propia de ámbi-to estatal para esta modalidad específica de cooperativas -la Ley 13/1989, de 26 de mayo, de Cooperativas de Crédito-, señala que estas entidades tienen personalidad jurídica propia y que “su objeto social es servir a las necesidades financieras de sus socios y de terceros mediante el ejercicio de las actividades propias de las entidades de crédito”3.

La banca cooperativa es una modalidad de banca con personalidad propia y diferenciada, tanto por su composición y características como por su actividad y tradición.

En cuanto a su composición, “la banca cooperativa integra a socie-dades cooperativas de crédito y a otras entisocie-dades bancarias y de servicios especializados que surgen y tienen su razón de ser en las cooperativas de crédito”4. Esta denominación, común e internacionalmente utilizada, comprende así a los llamados bancos cooperativos centrales y otras empresas financieras que son promovidas y orientadas por las cooperati-vas de crédito5.

Este hecho se debe a que las cooperativas de crédito de la mayor parte de los países se han agrupado progresivamente desde su origen, para dar lugar a lo que se pueden llamar sistemas o grupos de banca cooperativa que comparten una serie de características comunes tanto

3 Según se recoge en el art. 1 de la Ley 13/1989, de 26 de mayo, de Cooperativas de Crédito (BOE de 31 de mayo de 1989).

4 El concepto y las características de los grupos bancarios cooperativos se recogen en: PALOMO ZURDO, R.J. (1997): “Los grupos financieros cooperativos”, CIRIEC-España, diciembre 1997, N. 27, pp. 35-68.

5 Esa denominación amplia de sistema de banca cooperativa se utiliza en: PALOMO ZURDO, R. J. (1997): Los principales sistemas europeos de banca cooperativa. Análisis comparado de la estruc-tura, actividad y métodos operativos con el “Grupo Caja Rural”, Unión Nacional de Cooperativas de Crédito y Asociación Española de Cajas Rurales, Madrid.

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en la vertiente de su cultura empresarial como en su ámbito organizati-vo y operatiorganizati-vo.

Se han llegado a constituir importantes y fuertes estructuras empre-sariales perfectamente equiparables a otros grupos financieros, desta-cando especialmente los grupos de banca cooperativa existentes en Francia, Alemania, Países Bajos, Italia o Austria, y en un gran número de países de todo el mundo, incluidos EE.UU., Canadá, Japón, Argentina, varios países del Este europeo, etc.

Desde otro punto de vista, el núcleo fundamental que identifica a la banca cooperativa se construye en torno a la especialización, la proximi-dad física al socio y cliente (persona física o jurídica), el conocimiento del medio socioeconómico en el que actúa y de sus necesidades y circuns-tancias, el apoyo y asesoramiento en sus decisiones financieras y la vin-culación territorial y/o sectorial.

Un rasgo definitorio es que los socios participan, al mismo tiempo, como gestores, como propietarios y como clientes.

Por ello, se trata de un estilo de banca que puede atender los servi-cios financieros que demanda un amplio conjunto de la población, que reúne unas condiciones personales y de actividad empresarial que mu-chas veces no son cubiertas satisfactoriamente -o no lo han sido- por otras entidades financieras. En este sentido, se puede hablar del fenó-meno de la “exclusión financiera”; es decir, el hecho de que una deter-minada parte de la población no pueda ser atendida en sus necesidades de productos y servicios financieros de forma adecuada por defectos o incapacidad de la oferta y/o por no alcanzar a tales individuos6.

Ahora bien, aunque la finalidad principal de la banca cooperativa es la prestación de servicios financieros a sus socios y clientes -primando esa vocación de servicio frente al mero ánimo de lucro-, los principios

empre-6 A este respecto, pueden verse, entre otros, los trabajos de S. CARBO, como: CARBÓ VALVERDE, S.; LÓPEZ DEL PASO, R. (2005): “Exclusión financiera: un panorama” Perspectivas del sistema financiero, N. 84, pp. 13-23.criterio de voto de las sociedades por acciones.

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sariales y la necesidad de mantener la presencia y continuidad de las coo-perativas de crédito en el seno de una economía de libre mercado hacen necesaria la obtención de resultados suficientes que permitan la satisfac-ción eficiente y en condiciones competitivas de los cometidos encomen-dados por su base societaria, aportando valor a sus socios y clientes, ase-gurando y remunerando adecuadamente los puestos de trabajo de sus empleados -reforzando su estabilidad a través de la capitalización- y pro-curando revertir parte de los beneficios obtenidos a la comunidad.

Abundando en este planteamiento introductorio, la tradicional espe-cialización que caracteriza al cooperativismo de crédito permite distinguir una triple manifestación del mismo: las cajas rurales, las cajas populares y las cajas profesionales.

Por un lado, las cajas rurales constituyen el conjunto más relevante dentro del cooperativismo de crédito español, tanto por su presencia territorial (en la mayor parte de las provincias españolas), como por su dimensión numérica, económica, societaria y laboral. Su ámbito operati-vo puede ser local, comarcal, provincial o nacional, y generalmente fue-ron promovidas por cooperativas agrarias7.

Las cajas rurales desempeñaron originariamente un papel casi exclusi-vo en la financiación del sector agropecuario y del medio rural en gene-ral, en todas las comarcas y provincias españolas, pero ya en los años ochenta ampliaron considerablemente su actividad hacia otros sectores de la economía. De hecho, a menudo, la evolución de los sectores eco-nómicos implicados ha conducido a un giro radical en cuanto a los sec-tores de actividad preponderantes8.

7 La Ley 13/1989, de Cooperativas de Crédito señala que el número mínimo de socios deben ser 5 en el caso de que sean personas jurídicas, o 150 cuando se trate de personas físicas. En el caso de las "cajas rurales", entre los socios se debe incluir, al menos, una sociedad cooperativa agra-ria o bien 50 socios personas físicas que sean titulares de explotaciones agraagra-rias.

8 En cualquier caso, cabe destacar un dato particularmente relevante que muestra la tradicional especialización de estas entidades: el 42% del volumen total de financiación percibida por el sec-tor agropecuario español procede de las cajas rurales. Fuente: UNACC.

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En la actualidad, en un elevado número de cajas rurales, sólo una pequeña parte de los resultados proviene de actividades relacionadas con el sector agropecuario, destacando cada vez más los procedentes del sec-tor inmobiliario, de las pymes, del comercio, del turismo, y de la crecien-te actividad financiera en relación con la mayor oferta de productos de intermediación como los fondos de inversión, los planes de pensiones, los diversos mercados financieros nacionales e internacionales, los medios de pago, etc.

Además de las cajas rurales, hay otras dos modalidades de cooperati-vas de crédito denominadas populares y profesionales, cuya principal diferencia con las primeras es que su ámbito de actividad no se orienta al medio rural. Estas entidades, aunque menores numéricamente (en la actualidad, sólo 6 entidades en España), tienen una importancia cualita-tiva y cuantitacualita-tiva considerable.

• Las cajas populares son cooperativas de crédito especialmente vin-culadas con determinadas actividades empresariales, en un ámbito de actuación que generalmente puede identificarse como urbano, asociando tanto a personas físicas como jurídicas. Suelen surgir o formar parte de grupos empresariales, generalmente grupos coo-perativos, relacionados con la industria, los gremios, el comercio u otras actividades del sector servicios.

• En cuanto a las denominadas cajas profesionales, son cooperativas de crédito volcadas en el servicio a determinados colectivos o cole-gios profesionales9. Este tipo de cooperativas de crédito se han desarrollado y extendido mucho en diversos países europeos y en Norteamérica10.

9 La característica común de las cuatro cajas profesionales que hay en España es su especialización en el servicio financiero a profesionales con amplia formación académica y profesional y elevada cultura financiera que demandan un servicio de alta calidad que satisfaga necesidades específi-cas de financiación relacionadas con su ámbito de actividad profesional y que, al mismo tiempo, incorpore características de banca universal que den cabida a la generalidad de los productos y servicios financieros ofrecidos en el mercado.

10 Por ejemplo, en EEUU, tienen considerable importancia las “credit unions” de profesionales, como son las de empleados de líneas aéreas, transporte ferroviario, etc.

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Por otra parte, también a modo de introducción, cabe incluir aquí una referencia internacional sobre esta modalidad de banca, pues las coope-rativas de crédito son una realidad pujante en muchos países del mundo. De hecho, en algunos de estos países han llegado a formar grupos ban-carios de primera línea que comparten liderazgo en el mercado con otras instituciones bancarias.

Es conveniente llamar la atención sobre el hecho de que la banca coo-perativa adquiere su mayor relevancia precisamente en los países más desa-rrollados y con más clara aplicación de las reglas de la libre competencia y de los principios de la economía de mercado11. Este hecho puede sorpren-der, en principio, a cierto número de profanos en la materia que errónea-mente suelen considerar que la fórmula cooperativa es más apta para situa-ciones de desarrollo que para economías plenamente consolidadas12.

La implantación global de la banca cooperativa queda patente cuan-do se conoce que hay alredecuan-dor de 60.000 sociedades cooperativas de crédito presentes en más de 100 países, que reúnen aproximadamente a 150 millones de socios13.

Los miembros de la Asociación Europea de Bancos Cooperativos, que incluye a organizaciones de los 25 países de la Unión Europea suman -a 31 de diciembre de 2005- 4.500 cooperativas de crédito, con una red de 60.000 oficinas que atienden a 60 millones de socios y 140 millones de clientes. Su activo total es de 4,1 billones de euros, con un volumen de depósitos de 2,1 billones de euros y un volumen de créditos de 2 billo-nes de euros; emplean a 720.000 personas y cuentan con una cuota media de mercado cercana al 20%14.

11 PALOMO ZURDO, R.J. (1999): “Las "credit unions" norteamericanas: un modelo de crédito coope-rativo en la cuna del capitalismo", Banca Cooperativa, Año IV, N. 16, septiembre 1999, pp. 33-35. 12 La fortaleza de la banca cooperativa en algunos países europeos confirma la plena capacidad de desarrollo y de coexistencia de la fórmula del crédito cooperativo en una economía abierta y generalmente dominada por el sistema de participación accionarial o mercantilista.

13 Un estudio recopilatorio de la presencia de la banca cooperativa en todo el mundo es el recogi-do en: CÔTÉ, D.; VEZINA, M. (1998): Profile des Institutions Bancaires Coopératives dans le Monde, Ëcole des Hautes Etudes Commerciales du Quebec, Montreal.

14 Fuente: Asociación Europea de Bancos Cooperativos, Bruselas, 2005. Datos a 31 de diciembre de 2005.

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En la práctica totalidad de los países europeos, las sociedades coope-rativas de crédito que originalmente surgieron dispersas en multitud de municipios y comarcas han evolucionado para llegar a constituir actual-mente complejas estructuras empresariales equiparables -en grado diver-so- a otros grupos financieros, como es el caso del grupo cooperativo ale-mán de los Raiffeisenbanken y Volksbanken (R+V); los grupos austríacos Raiffeisenbanken y Genossenschaftsbanken; los grupos belgas Caisse Ouvrier Belge (COB), Crédit Professionel y Coopérative Spaarbank Banque d’Epargne (CODEP); el Grupo Caja Rural en España; el grupo fin-landés Okobank; los grupos franceses Crédit Agricole Mutuel (CAM), Crédit Mutuel (CM), Crédit Coopératif y el grupo Banques Populaires (BP); los grupos italianos Banche di Credito Cooperativo y Banche Popolari; el grupo holandés Raiffeisen Boerenleenbank (Rabobank), el grupo portugués de las Caixas de Crédito Agricola Mutuo; el grupo luxemburgués dirigido por la Caisse Centrale Raiffeisen; la Unión Suiza de Cajas Raiffeisen, etc.

También en los países del Este europeo están en proceso de consoli-dación determinados grupos de banca cooperativa, como los surgidos en torno a la Federación Nacional de Cooperativas de Crédito de Hungría; el Bankoop en Rumanía; el Banco Cooperativo Central en Bulgaria y la Krajowy Zwiazek banków Spóldzielcych en Polonia.

Los grupos de banca cooperativa presentes en otros continentes tam-bién comparten estructuras empresariales equivalentes con sus homólo-gos europeos, como son las Credit Unions en los Estados Unidos de América15 y en Australia; las entidades del Mouvement Desjardins des

15 En cuanto a la dimensión, historia y características de las cooperativas de crédito norteamerica-nas puede verse: CREDIT UNION NATIONAL ASSOCIATION (1998): People, Not Profit. The Story of the Credit Union Movement (2º Ed.), Credit Union National Association, Kendall-Hunt Publishing Company, Iowe.

16 LÉVESQUE, B.; MALO, M.C.; ROUZIER, R. (1997): “The Caisse de Dépôt et Placement du Québec” and the Mouvement des Caisses Populaires et d'Economie Desjardins”: Two financial institutions, the same convergence towards the general interest?”, Annals of Public and Cooperative Economics, V. 68, N. 3, september, 485-502.

17 Un análisis del cooperativismo de crédito en Iberoamérica está recogido en: MATEU GORDON, J.L. (1998): "La banca cooperativa en Iberoamérica: el caso de Uruguay como modelo de refe-rencia" CIRIEC-España, N. 30, diciembre, pp. 127-146.

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Caisses Populaires en Canadá16; y las Cajas de Ahorro y Crédito presentes en la mayoría de los países iberoamericanos17.

Según lo indicado más arriba, el carácter dual de las cooperativas de crédito en todo el mundo obedece a su identificación como sociedades cooperativas por un lado, y como entidades financieras por otro.

1.2. LA BANCA COOPERATIVA ESPAÑOLA

EN LA ACTUALIDAD

Las cooperativas de crédito constituyen un conjunto de entidades muy heterogéneas en dimensión, que actúan y compiten en un entorno financiero actualmente muy competitivo. En España se distingue tradi-cionalmente entre dos subconjuntos, si bien el segundo consta de dos manifestaciones: las cajas rurales y las cajas populares/profesionales:

• A 31 de diciembre de 2005, hay 77 cajas rurales, las cuales consti-tuyen el conjunto más relevante, tanto por su presencia territorial

Gráfico 1

Las cooperativas de crédito y su carácter dual: cooperativas y entidades financieras

COMPONENTE COOPERATIVO

Principios cooperativos Finalidad coops. crédito Normativa legal cooperativas

Vertiente societaria Vertiente laboral Vertiente RSE SISTEMA ECONÓMICO COOPERATIVA DE CRÉDITO RESULTADOS ECONÓMICOS Y SOCIALES COMPONENTE FINANCIERO

Principios de actividad bancaria Normativa legal financiera

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(en la mayor parte de las provincias españolas), como por su dimen-sión numérica, económica, societaria y laboral.

• Por otro lado, en el subconjunto de las cajas populares/profesiona-les hay 4 cajas profesionapopulares/profesiona-les en España. Hay una caja de abogados, otra de ingenieros industriales y otra de arquitectos, las tres con sede social en Barcelona, mientras que los ingenieros de caminos cuentan con otra entidad equivalente en Madrid.

• La segunda variante del subconjunto de las cajas populares/profe-sionales consta de las 2 cajas populares censadas a 31 de diciembre de 2005: Caja Laboral Popular y Caja Escolar de Fomento.

Desde el punto de vista asociativo o de representación institucional del sector, la Unión Nacional de Cooperativas de Crédito (UNACC) ejerce las funciones de patronal del conjunto del crédito cooperativo español.

Por otra parte, la mayoría de las cajas rurales se integra en el grupo asociativo denominado Grupo Caja Rural, como se aprecia en el cuadro 1. En cuanto a la estructura asociativa-empresarial que da forma al Grupo Caja Rural, se compone de dos elementos principales:

• La Asociación Española de Cajas Rurales (AECR), que actúa como plataforma para el desarrollo y coordinación de las cajas rurales aso-ciadas, vertebrando un sistema de solidaridad y de subsidiariedad entre las cajas, como en otros países europeos.

• El conjunto de entidades especializadas formado por: el Banco Cooperativo Español (BCE); Rural Servicios Informáticos (RSI) y Rural Grupo Asegurador (Seguros RGA).

La dimensión económica del grupo es el resultado agregado de las cajas rurales asociadas, a lo que se añade un indudable efecto sinérgico y de dimensión económica global. Debe tenerse en cuenta que, en la actualidad, 73 de las 77 cajas rurales españolas forman el Grupo Caja Rural. Como se ha referido anteriormente, entre las ausencias destacan Cajamar, C.R., que salió del mismo en el año 2004. Las tres entidades

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res-tantes que no forman parte del Grupo son Ipar Kutxa Rural y las entida-des comarcales leridanas de Castelldans y Guissona.

En el gráfico 2 se puede apreciar el funcionamiento de la estructura asociativa de la AECR y su organigrama.

Cuadro 1

Agrupación institucional de la banca cooperativa española

(31 de diciembre de 2005)

Cooperativas Estructura Organización

de crédito Nº. Identificación asociativa representativa

Fuente: elaboración propia, a partir de UNACC.

Cajas rurales Cajas populares Cajas profesionales Cajas rurales de ámbito provincial, comarcal y local.

Caja Laboral Popular. Caja Escolar de Fomento.

Caja de Ingenieros. Caja Caminos. Caja de Arquitectos. Caja de los Abogados.

73 asociadas en Grupo Caja Rural. 4 no asociadas: Cajamar, C. R. Ipar Kutxa Rural. C.R. de Castelldans. C.R. de Guissona.

No forman grupo ni se vinculan al Grupo Caja Rural.

Unión Nacional de Cooperativas de Crédito (UNACC). Representa a la tota-lidad de las 83 coops. de crédito.

77

2

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El Grupo Caja Rural es actualmente uno de los principales grupos ban-carios operantes en España. A 31 de diciembre de 2005, la dimensión agregada de las cajas rurales que lo integran alcanza, prácticamente, los 46.000 millones de euros de activos y unos fondos propios de 3.500 millones de euros. Desde el punto de vista de la red comercial, las cajas asociadas suman 3.481 sucursales y 12.010 empleados.

El balance agregado del Grupo muestra, a 31 de diciembre de 2005, un activo total de 45.748.095 miles de euros, destacando la partida de créditos sobre clientes (35.568.128 miles de euros), con un incremento del 21,3% respecto al ejercicio anterior. En el lado del pasivo, destaca la partida de recursos de clientes (38.746.583 miles de euros), con un cre-cimiento del 20,2%18.

Gráfico 2

Estructura de la Asociación Española de Cajas Rurales

Fuente: elaboración propia.

CAJAS RURALES

(Base societaria con participación democrática) FONDO DE GARANTÍA DEL GRUPO Cajas accionistas en proporción a volumen de activos BANCO COOPERATIVO ESPAÑOL RURAL SERVICIOS INFORMÁTICOS SEGUROS RGA SECRETARIO GENERAL COMITÉS ASESORES ASAMBLEA GENERAL DE LA ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE CAJAS RURALES

(Voto ponderado por volumen de activos)

JUNTA DIRECTIVA DE LA AECR (12 miembros) PRESIDENCIA DE LA AECR

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En cuanto a los datos de actividad de las cooperativas de crédito cabe destacar los recogidos en el cuadro 2.

(-) No disponibles datos adaptados a la CBE 4/2004. Datos en miles de euros.

Fuente: UNACC, CECA, AEB y elaboración propia.

El beneficio neto sobre activos totales medios (ATMs) de las coopera-tivas de crédito en 2005 se ha mantenido en el 0,8% (el de las cajas de ahorros y el de los bancos también se ha mantenido en el 0,7% y 0,8%, respectivamente).

Al finalizar el año 2005, el sector de las cooperativas de crédito con-taba con más de 80.548 millones de euros de activo total (+21,4%) y alcanzaba unos beneficios netos superiores a los 612 millones de euros. La rentabilidad financiera se situó en el 9,80% y el excedente neto repre-sentaba el 4,6% -por segundo año consecutivo- del beneficio total del conjunto de las entidades de crédito.

Cuadro 2

Principales datos de la evolución del balance comparativo entre cooperativas de crédito, bancos y cajas de ahorros (2004-2005)

Coops. de crédito Cajas de ahorros Bancos

% % %

Dic-05 Dic-04 variac. Dic-05 Dic-04 variac. Dic-05 Dic-04 variac.

Créditos sobre clientes 63.837.691 51.251.601 24,6 569.724.313 452.292.394 26,0 539.070.734 - -Total activo 80.547.563 66.334.257 21,4 808.794.082 668.459.697 21,0 1.024.599.781 - -Recursos de clientes 67.999.035 55.313.706 22,9 646.501.482 526.479.130 22,8 622.666.399 - -Capital suscrito 1.673.134 1.484.255 12,7 192.153 192.153 0,0 10.214.491 - -Reservas 4.545.826 4.233.416 7,4 38.375.433 35.373.834 8,5 18.814.397 -

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-En cuanto a la cuenta de resultados del conjunto de entidades que integran el sector, cabe destacar lo siguiente19:

• El margen de intermediación alcanzó la cifra de 1.685.951 miles de euros, un 10,5% más que en el ejercicio anterior.

• El margen ordinario fue de 2.164.476 miles de euros. Creció un 10,8% debido al buen comportamiento de los ingresos por comi-siones, que aumentaron el 10%, y al aumento del 20% registrado por las operaciones financieras.

• El margen de explotación fue de 875.436 miles de euros.

• El resultado del ejercicio después de impuestos se situó en 612.871 miles de euros, lo que supone un 53,1% más que el ejercicio 2004; si bien, este considerable incremento está explicado, en parte, por ser éste el primer año que se han aplicado las nuevas normas de contabilidad de la CBE 4/2004.

Cuadro 3

Cuenta de resultados de los bancos, cajas de ahorros y cooperativas de crédito

Coops. de crédito Cajas de ahorros Bancos

Dic. 05 % var. Dic. 05 % var. Dic. 05 % var.

/04 /04 /04

MARGEN DE INTERMEDIACIÓN 1.685.951 10,5 14.191.415 10,3 14.164.179

-Resultados de operaciones financieras 66.850 20,0 701.292 35,9 1.475.838

-MARGEN ORDINARIO 2.164.476 10,8 19.086.162 12,4 21.896.175

-Gastos de explotación -1.335.390 7,4 -11.080.566 6,1 -10.871.779

-MARGEN DE EXPLOTACIÓN 875.436 21,6 8.398.829 22,5 11.083.421

-RESULTADO ANTES DE IMPUESTOS 765.967 47,7 5.896.226 21,9 9.150.636

-RESULTADO DEL EJERCICIO 612.871 53,1 5.075.237 21,1 7.590.902

-ACTIVOS TOTALES MEDIOS 72.321.798 21,1 738.642.916 18,4 936.143.000 -(-) No disponibles datos adaptados a la CBE 4/2004.

Datos en miles de euros.

Fuente: UNACC, CECA, AEB y elaboración propia.

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Por lo que se refiere a la dimensión societaria y comercial, el conjun-to de las cooperativas de crédiconjun-to españolas cuenta con un millón ocho-cientos mil socios y supera, en el año 2005, los 9,7 millones de clientes, lo que da idea de la considerable importancia de la banca cooperativa española como tercer pilar del sector financiero.

1.3. EL MODELO DE BANCA DE EMPRESAS

DESARROLLADO POR LA BANCA

COOPERATIVA ESPAÑOLA

Las cooperativas de crédito son sociedades de personas que partici-pan como socios en su capital social, como empresarios en su dirección o gestión y como clientes en su actividad financiera. Por ello, las empre-sas (tanto las sociedades cooperativas como las restantes formas jurídicas empresariales) y los autónomos o profesionales, forman parte de ese empresariado social de cajas rurales y cajas populares-profesionales que originaron en el pasado y configuran en la actualidad el modelo de inter-mediación financiera que caracteriza a la banca cooperativa.

El hecho societario cooperativo incorpora rasgos de vinculación que suelen superar en intensidad a una participación accionarial (como se demuestra en el estudio más abajo referido). El concepto de socio suele generar un considerable arraigo y fidelidad para con la cooperativa de crédito a la que está asociado; y también, trasciende hacia una mayor exigencia para que la entidad satisfaga en condiciones y con garantías de calidad el servicio financiero que el socio demanda. Por tanto, el hecho

Cuadro 4

Dimensión laboral y comercial de las cooperativas de crédito

Dic.05 Dic.04 % variac.

Empleados 18.335 17.634 4,0

Oficinas 4.715 4.607 2,3

Socios 1.799.474 1.669.676 7,8

Clientes 9.715.710 9.592.625 1,3

Cajeros automáticos 4.497 4.172 7,8

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societario fideliza al socio-cliente pero también se traduce en un deter-minado nivel de exigencia a la entidad.

Cuando el socio es una empresa o un empresario, la demanda de una calidad adecuada y una rápida respuesta por parte de la cooperativa de crédito se hace más evidente. Por esta razón, es concebible que las coo-perativas de crédito mantengan su especial vinculación con las empresas e instituciones y refuercen la calidad y la mejora de sus servicios de banca de empresas, e incluso, de banca de negocios.

Para ello deben funcionar tanto el lado de la oferta como el de la demanda en este segmento de intermediación financiera:

• Por el lado de la oferta, las cooperativas de crédito y/o en su caso las entidades que les prestan servicios centrales deben contar con un catálogo adecuado y “realista” de productos, servicios y opera-ciones viables.

• Por el lado de la demanda, es preciso que haya una determinada masa crítica suficiente, real o claramente potencial, para que tales servicios especializados resulten rentables y no deficitarios. Para ello se necesita una potenciación de este segmento de clientela de banca de empresas mediante un marketing selectivo y, mejor aún, mediante una clara presentación de operaciones desarrolladas ante-riormente con éxito para otros clientes.

Detrás de cada gran operación empresarial que diariamente se cono-ce por los medios de comunicación (fusiones, opas, emisiones de bonos y de activos de renta variable, valoración de desinversiones, adquisiciones de empresas no cotizadas, etc.)20, hay un departamento o un banco de negocios que asesora y ofrece su capacidad técnica y su conocimiento de los mercados financieros para que la operación fructifique.

20 Sólo durante el año 2004 se registraron en España un total de 524 transacciones con un volu-men de más de 25.000 millones de euros. Fuente: CNMV.

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La actividad de banca de negocios es muy diferente a la banca mino-rista, ya que se centra en el asesoramiento e intermediación en grandes operaciones de financiación empresarial, enajenación y adquisición de participaciones accionariales, valoración de empresas y de bienes patri-moniales, e intermediación en valores y activos financieros. Sin necesidad de una red de oficinas, los grandes bancos de negocios acceden a gran-des clientes (empresas, inversores institucionales y administraciones públicas).

Hay diversas denominaciones que identifican la actividad bancaria centrada en el servicio a las empresas; a saber: banca corporativa (gene-ralmente dirigida hacia las grandes empresas y grupos empresariales); banca de negocios, banca de empresas, banca industrial (esta denomi-nación menos utilizada en la actualidad), etc.

La cuestión es que hay una infinita distancia entre la entidad y dimen-sión económica de un trabajador autónomo y una corporación interna-cional, y lo mismo ocurre con la dimensión de las operaciones demanda-das; ahora bien, es también enorme la distancia entre el número de empresarios individuales, profesionales y pymes y el número de grandes corporaciones internacionales. Por ello, a pesar de la conocida ley ban-caria sobre que “pocos clientes pueden aportar la mayor parte del nego-cio”, lo cierto es que las entidades necesitan de una masa crítica sufi-ciente de clientes para mantener y rentabilizar un negocio que no podría sustentarse sobre la dependencia de pocos -aunque importantes o gran-des- clientes.

En todo el mundo hay realmente pocos bancos que desarrollen exclu-sivamente una actividad de banca de negocios. Los principales o clásicos exponentes en este sentido son los denominados bancos de inversión estadounidenses (“investment banks”) o sus homólogos -aunque no iguales- “merchant banks” británicos. En el caso de los primeros, su notoria dimensión y relevancia mundial es el resultado de varios condi-cionantes: la regulación legal restrictiva que ha imperado durante cerca de 70 años en los Estados Unidos de América, obligando a una especia-lización de la actividad, y el evidente acompañamiento de la impresio-nante economía de la superpotencia, dotada además de mercados finan-cieros amplios y profundos y, sobre todo, de sus verdaderamente

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gran-des empresas comparadas con los tradicionales patrones europeos de dimensión empresarial.

Ahora bien, la mayoría de las operaciones de banca de negocios que se realizan en España son en el ámbito de las pequeñas y medianas empresas (pymes), muchas de ellas de carácter familiar.

El sometimiento común de las cooperativas de crédito a las normas que regulan la actividad bancaria, así como la creciente dificultad de dife-renciación entre la actividad de los tres pilares del sistema bancario (ban-cos, cajas de ahorros y cooperativas de crédito), restringen, en cierto modo, la capacidad de éstas para desarrollar su actividad con atención exclusiva hacia su finalidad social originaria que, por otra parte, se ha “redefinido” en los últimos años.

La realidad de partida mostrada en este trabajo es que las cooperati-vas de crédito han desarrollado desde su origen un modelo de banca de empresas -y de empresarios- con una serie de características particulares que, en cierto modo, difieren del modelo clásico o convencional de banca de negocios o banca de empresas.

Las causa principal de esta relativa divergencia es el carácter de su base societaria, integrada mayoritariamente en su origen -y aún en la actualidad- por empresarios del sector primario/secundario de la econo-mía. Concretamente, fueron agricultores, ganaderos y otras profesiones predominantes en el medio rural, además de empresas agrarias (indus-triales o de servicios) del ámbito territorial correspondiente -muchas de ellas cooperativas agrarias o sociedades agrarias de transformación- los que actuaron como pioneros en la constitución de entidades que les prestasen servicios financieros adecuados a sus necesidades y circunstan-cias. En otra vertiente del cooperativismo de crédito español, fueron pro-fesionales, técnicos y otros colectivos (ingenieros, abogados, empresa-rios, trabajadores de la industria, comerciantes, etc.) los que originaron las cajas populares y profesionales.

No en vano, las cooperativas de crédito son “sociedades de empren-dedores” para la obtención de un bien común: servicios financieros adaptados a sus circunstancias.

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Es evidente que el carácter empresarial o profesional se impregna en la forma de ser y actuar de las cooperativas de crédito, pero dista bas-tante del papel de intermediario financiero especializado que juegan los bancos de negocios o la banca corporativa tal y como es concebida actualmente -o en su sentido más convencional-.

Hasta la fecha, las operaciones de banca empresarial en sentido estric-to desarrolladas por la banca cooperativa española han sido relativa-mente minoritarias, reducidas y hasta tímidas. Tan sólo algunas de las entidades con mayor dimensión en el sector (el llamado subgrupo de las grandes cajas rurales y alguna de las cajas populares) y el Banco Cooperativo Español, S.A., como institución central del Grupo Caja Rural, han actuado en determinadas facetas de este campo.

Concretamente, con los datos correspondientes al ejercicio 2004, se observa que con el fin de dar servicio a las más de 300.000 empresas e instituciones activas con las cajas rurales asociadas en el grupo, el Banco Cooperativo Español mantiene dos líneas básicas de actuación21:

• La de apoyo comercial, suscribiendo contratos con clientes de manera individual o compartida con las cajas rurales.

• La de asesoramiento o promoción del desarrollo de nuevos produc-tos, acciones comerciales o cualquier alternativa que mejore la capacidad de comercialización en este segmento de clientela. En cuanto a las distintas actuaciones realizadas en la financiación des-tacan en el ejercicio 2004, por la importancia que tienen para las cajas rurales, los volúmenes de contratación de préstamos ICO pyme, por un montante de 195 millones de euros, lo que representa un 6,5% del total formalizado por las entidades financieras, así como los servicios operati-vos y de asesoramiento comercial en “leasing” y “renting”. Igualmente se han desarrollado con el ICO diversas líneas de mediación por importe de 50 millones de euros entre las que destacan las de energías renovables

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