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CristhianAlmonacidEcuménico

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El diálogo ecuménico, una experiencia de aprendizaje de la inclusión

Cristhian Almonacid [email protected] Universidad Católica del Maule

Resumen: La ponencia comparte una experiencia concreta de planificación, implementación y evaluación de una Unidad Didáctica en torno a “espacios temáticos comunes” para jóvenes católicos y evangélicos de 2° año medio en el sector de Religión del Liceo Industrial de Talca. Desde dicha experiencia y sus resultados, se esboza una reflexión teológica sobre el llamado al ecumenismo y los desafíos pedagógicos que surgen para una Educación Religiosa Escolar Católica, inclusiva en un sistema escolar plural.

1.- El llamado ecuménico en contextos educativos plurales.

La V conferencia de Aparecida dedica un espacio importante para renovar el llamado a la Unidad de los Cristianos (Documento Aparecida, 227-234). Ya antes, Juan Pablo II había dado también un fuerte impulso a este camino de unidad entre los que siguen a Cristo, con su carta encíclica sobre el empeño ecuménico, Ut Unum Sint (1995). Y antes, el Concilio Vaticano II, a través del Decreto Unitatis redintegratio (1964) de Pablo VI, expresaba su decisión de emprender la acción ecuménica a favor de la unidad de todos los cristianos y de proponerla con convicción y fuerza.

Es estos tres ejemplos de expresión magisterial eclesial, late un llamado silente pero inexcusable, que emana del corazón de Cristo: “Que todos sean uno, lo mismo que lo somos tú y yo, Padre, y que también ellos vivan unidos a nosotros para que el mundo crea que tú me has enviado (Jn. 17, 21)

Efectivamente el empeño ecuménico y la unidad de los cristianos, no sólo se requiere por una necesidad antropológica o sociológica, sino que es voluntad de Dios el ver unidos a aquellos que nacieron como hermanos en la fe de Cristo a través del mismo bautismo. La unidad de los cristianos es signo y manifestación inequívoca de la Unidad Trinitaria que da origen a la Unidad de la Iglesia: “El Espíritu Santo que habita en los creyentes, y llena y gobierna a toda la Iglesia, realiza esa admirable comunión de fieles y une a todos en Cristo tan íntimamente que es el principio de la unidad de la Iglesia”1. Es Dios mismo que ha querido

una sola Iglesia y un solo Pueblo de Dios. La unidad de la Iglesia, la urgencia del perdón, la reconciliación y el reencuentro, están impresas en el corazón del Evangelio y se transparentan en la experiencia de fe de las primeras comunidades cristianas. La ekklesía, era la asamblea de los creyentes en Jesús y su Evangelio, que se constituían en una nueva realidad social que testimoniaba la obra reconciliadora entre los hombres llevada a cabo por Jesucristo. Esta nueva comunidad se caracterizaba por vivir la comunión, que no sólo era espiritual sino que también material, pues todos estaban dispuestos a compartir no solo la oración sino que todo cuanto tenían (Hch, 2, 42-47). El corazón de la comunión entre los cristianos estaba en el amor de Dios Uno y Trino, ícono de amor y relación. De allí que se entienda la separación de los cristianos como un verdadero escándalo, pues no responde al querer de Dios y ni a la esencia de lo que Iglesia es en cuanto tal.

Ahora bien, el contexto educativo actual, que sigue las notas distintivas de la sociedad en su conjunto, se inserta en un contexto religioso y social desafiante para el profesor de

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religión en la tarea ecuménica. Distintos factores como el pluralismo, la libertad religiosa, la ley de culto promulgada bajo el gobierno de Eduardo Frei Ruiz Tagle, el aumento de fieles evangélicos2 y el reconocimiento del Estado de los Evangélicos, gracias al feriado instaurado

los 31 de octubre, son signos inexcusables que requieren una orientación clara en el quehacer pedagógico del profesor de religión católica, especialmente cuando se desempeña en establecimientos educacionales no confesionales. El profesor de Religión está llamado a establecer y formar puentes de diálogo ecuménico y de integración de niños y jóvenes evangélicos y católicos. Su deber es promover el respeto mutuo que disponga la tolerancia y la inclusión de todos los cristianos en su labor de enseñanza

2.- El magisterio de la Iglesia Católica y el empeño ecuménico.

Para la Iglesia Católica el esfuerzo ecuménico ha sido principalmente motivado en el Concilio Vaticano II a través del decreto Unitatis redintegratio, donde la Iglesia expresa su decisión de emprender la acción ecuménica en favor de la unidad de los cristianos y de proponerla con convicción y fuerza:

“Este santo sínodo exhorta a todos los fieles católicos a que, reconociendo los signos de los tiempos, participen diligentemente en el trabajo ecuménico”3

Además, en este documento se entregan los principios católicos del ecumenismo:

+ El amor de Dios manifestado gratuitamente a los hombres a través del envío de su Hijo Jesucristo para la salvación de toda la humanidad, congregándola en la Unidad de los Hijos de Dios.

+ El misterio sagrado de la unidad de la Iglesia está fundado en Cristo y por Cristo, a través de la obra del Espíritu Santo, por voluntad del Padre. Es decir, la unidad de los cristianos está fundada en la unidad de Dios Trino, que es icono de unión y comunión. 4

+ El bautismo es el sacramento que permite a los cristianos vivir la comunión en la misma fe en Cristo. A través del bautismo, aquel convertido a Cristo entra en comunión con la Iglesia Católica, (no perfecta por cierto) que permite a los fieles católicos reconocer a cristianos de otras iglesias, a verdaderos hijos de Dios y hermanos en el Señor.5

+ Por movimiento ecuménico, se entiende las actividades e iniciativas, que suscita y se ordenan a fomentar la unidad de los cristianos. Estas acciones e iniciativas son principalmente: la apertura al diálogo animado por el Espíritu Santo y la oración a favor de los hermanos en la fe, que se encuentran separados. 6

+ La preocupación por el restablecimiento de la Unidad, es una tarea que compete a la Iglesia entera, tanto a los fieles como a los pastores, y afecta a cada uno según su propia capacidad, ya sea en la vida cristiana o en las investigaciones teológicas como históricas en las que se vean embarcados. 7

+ La unidad se verá fortalecida en la medida que cada uno de sus fieles se convierta de manera sincera, esforzándose por vivir una vida coherente con el evangelio. Mientras más

2 El último Censo realizado en el año 2002,(fuente INE) reveló que el 15,1 % de la población chilena se declara ser evangélica, mientras que el 70 % católica.

3 Concilio Vaticano II, Decr. Unitatis redintegratio, n°4 4 Cf. Ibíd. n°2

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estrecha la relación con Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo, tanto más estrecha será la relación de los hermanos en la fe.8

La V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe celebraba en Aparecida en el año 2007, ha significado una renovado llamado a este movimiento ecuménico, que se funda en la convicción de que sólo una Iglesia unida es signo y testimonio de la única fe en Cristo. Por ello, “la relación con los hermanos y hermanas bautizados de otras iglesias y comunidades eclesiales es un camino irrenunciable para el discípulo y el misionero”9. Para esta tarea, según Benedicto XVI : “No bastan las manifestaciones de buenos

sentimientos. Hacen falta gestos concretos que penetren en los espíritus y sacudan las conciencias, impulsando a cada uno a la conversión interior, que es el fundamento de todo progreso en el camino del ecumenismo”10

La Conferencia Episcopal de nuestro país recoge esta invitación con la misma vehemencia y claridad en las Orientaciones Pastorales 2008-2012: “A todos nos corresponde asumir la tarea de buscar una relación fraterna en el espíritu de la comunión con quienes han sido bautizados en la fe en otras comunidades eclesiales. Las experiencias de la oración, de la reflexión teológica y la acción solidaria por los pobres, pueden ser una buena instancia para lograr este objetivo”11

3.- La experiencia de aprendizaje propuesta

Dado estas orientaciones y llamado, la pregunta clave que surgió en mi labor como profesor de Religión en el Liceo Industrial de Talca fue: ¿De qué manera puedo integrar a jóvenes católicos y evangélicos en un mismo contexto formativo para favorecer el encuentro, el diálogo y el respeto mutuo?

La pregunta no es de fácil resolución, ni cognitiva, ni menos prácticamente. Existe desde ambas confesiones ciertos sentimientos de mutua desconfianza que dificultan la integración en un mismo proceso de aprendizaje que conlleve descubrir elementos que los unen como hermanos en Cristo. Propuse entonces una Unidad de Aprendizaje en el cual desarrollar temáticas a fines para ambas confesiones que suciten un aprendizaje de aceptación y diálogo.12

(Una preocupación aparte que me acompañaba en ese momento, era que cualquier propuesta que hiciese no podía significar mi desintegración como Profesor de Religión Católica. Abrirse a un diálogo ecuménico significa hacerlo desde el propio lugar de habla, que se mantenga fiel a la propia opción de fe. Este cuidado fundamental obstaculiza posibles formatos pedagógicos que conlleven más a sincretismos y no a diálogo ecuménico)

8 Cf. Ibíd. N°7. 9 Aparecida, 227.

10 Benedicto XVI, Primer mensaje al término de la concelebración eucarística con los cardenales electoresen la capilla Sixtina. miércoles 20 de abril de 2005.

11 CECH, Orientaciones Pastorales, 71.7.

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¿Cuáles podían ser lo temas a trabajar? Me preocupé en encontrar aspectos de la fe cristiana que son esenciales. Una vez que los formulé, me ayudó a confrontar esta elección el Pastor Luis García13. En diálogo con el sr. García, coincidimos en la importancia y relevancia de los

siguientes temas: la gracia de Dios manifestada en la venida de Cristo, el bautismo cristiano, el anuncio del Evangelio y la oración, como medio de encuentro con Dios.

A continuación se presenta brevemente las razones que justifican estos temas:

a) La Gracia de Dios: Dios al enviar a su Hijo Jesucristo a nuestro mundo manifestó su amor infinito y gratuito hacia todos los hombres, sin importar condición. Dios al hacerse uno de nosotros, se despojó de su condición divina para llamar a todos los hombres a la salvación, invitándolos a vivir junto a Él. La Revelación de Dios precisamente es un acto bondad, que Él mismo ha dispuesto en su sabiduría, para hablar con los hombres como amigos. Esta auto comunicación resplandece en Cristo, mediador y plenitud de toda la revelación.14

b) El Bautismo Cristiano: Es el acto de fe que se constituye en respuesta a la revelación divina. A través de este sacramento los cristianos se incorporan a la Iglesia de Cristo y se consagran como hijos de Dios. A través del agua el bautizado, renace a una nueva vida en Cristo, entrando como por una puerta a la salvación propuesta por Dios a los hombres. El bautismo es el vínculo sacramental de unidad de los cristianos, porque a través de el se tiende a conseguir la plenitud de vida en Cristo.15

c) El anuncio del Evangelio: Esta es la tarea encomendada por Cristo a todos sus discípulos16, de este modo, anunciar la Buena Noticia es una vocación intrínseca a la opción

cristiana. Por ello, todos los cristianos han de tener viva conciencia de su responsabilidad para con el mundo, fomentando en sí mismos un espíritu verdaderamente consecuente, consagrando sus energías a la obra de la evangelización, expandiendo el llamado a la salvación a todos los rincones de la tierra.17

d) La oración cristiana: La oración es el medio a través del cual los cristianos entran en comunión con Dios y con todos los creyentes. En una oración sencilla y serena se manifiesta el Espíritu Santo que suscita la unidad y el amor. 18

La planificación de clases resultó de este modo:

Año Escolar : 2003

13 Hoy fallecido. Fue pastor de la Iglesia Presbiteriana y se desempeñó como representante legal de la Escuela Especial Evangélica Presbiteriana , ubicada en 2 Sur # 1494, Talca.

14 Cf. Concilio Vaticano II, Dei Verbum, n° 2

15 Cf. Concilio Vaticano II, Unitatis redintegratio, n° 22 16 Ver Mt 28, 19.

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Sector de Aprendizaje: Religión.

Semestre: II.

Nivel: NM2

Profesor: Cristhian Almonacid

Nombre Unidad de Aprendizaje : “PARA QUE SEAN UNO”

Duración en Horas Pedagógicas: 10

OBJETIVO FUNDAMENTAL (OF)

“Reconocer cristianamente la tolerancia, el diálogo y la colaboración, como medios de vida

ecuménica (comunión interreligiosa) ”

OBJETIVO FUNDAMENTAL TRANSVERSAL (OFT)

Persona y su Entorno: “Reconocer que todo cristiano, incorporado a la Iglesia por el Bautismo, está llamado a vivir la unidad de nuestra fe en Cristo”

CONDUCTAS

ENTRADA CONTENIDOSSÍNTESIS DE ACTIVIDADES APRENDIZAJESESPERADOS RECURSOS

+ Saben sobre la Iglesia.

+ Conocen a Cristo.

+ Se reconocen como cristianos. + Conocen a grandes rasgos la distinción: católico y evangélico.

+ La Gracia (don) de Dios presente en la Revelación, nos une en el amor manifestado. + El Bautismo, sacramento de fe e incorporación a la comunidad cristiana. + La misión de todos los

cristianos: anunciar el Evangelio. + La comunión expresada en nuestra oración cristiana.

+ Buscan textos en los Evangelios donde se exprese el regalo de la

salvación de Dios, plenificado en el envío de su Hijo. + Comparten sus recuerdos del bautismo y se conocen los signos comunes de la celebración del sacramento. + Realizan actividad misionera ecuménica, de anuncio del Evangelio: tarjetas- mensaje.

+Participan de un momento de oración compartida.

+ Descubrir con ayuda de textos bíblicos las características del amor de Dios a todos los hombres.

+ Valorar su bautismo como momento muy importante en su vida cristiana.

+ Participar

responsablemente en una actividad de anuncio del Evangelio.

+ Descubrir que la oración cristiana nos une en la misma fe en Jesucristo.

+ Nuevos Testamentos. + Recuerdos del Bautismo. + Papelógrafos + Cartulinas. + Lápices de colores. + Tijeras.

EVALUACIÓN: (Forma / instrumento)

Formativa / Observación permanente del proceso.

/ Evaluación grupal de la actividad misionera.

Sumativa / Control escrito.

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 Consultados por su opinión en torno al tema: La Unidad de los Cristianos, los 34

alumnos del curso respondieron del siguiente modo:

Respuesta

Alumnos / %

+ Reconocen que católicos y evangélicos deben vivir unidos por el amor que Dios ha manifestado a los hombres, que nos hace hijos y hermanos en Cristo

16 / 47 %

+ Afirman que debemos vivir unidos porque tenemos una misma fe

en Cristo. 15 / 44 %

+ Reconocen que después de la Unidad trabajada, han logrado tener una visión más positiva de la otra religión

3 / 9 %

TOTAL 34 / 100 %

 Consultados acerca del desarrollo de las clases, destacando aquella actividad que más

les gustó:

Respuesta

Alumnos / %

+ Reconocen que la actividad que más les llamó la atención, y que disfrutaron hacer fue la tarea de evangelización a través de las tarjetas mensaje.

12 / 35 %

+ Destacaron el momento final de oración en la catedral. 21 / 62 % + Destacaron aprender acerca del sacramento del bautismo. 1 / 3 % TOTAL 34 / 100 %

La opinión de los apoderados fue la siguiente:

+ Encuestas entregadas: 36 + Encuestas recibidas: 25

Preguntas MA DA 1/2A D TD

¿Está de acuerdo que los cristianos, sean católicos o evangélicos, deben esforzarse para crecer en la tolerancia y el respeto?

20

80% 4

16%

1

4%

¿Cuál es su grado de aceptación de los temas seleccionados para la Unidad de Aprendizaje “Para que sean uno”?

15

60% 9

36%

1

4%

¿Piensa usted que la clase de religión que se imparte en el liceo debería fortalecer el diálogo entre religiones, favoreciendo la unidad de los cristianos?

19

76% 4 16%

2

8%

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¿Dónde se funda esta unidad de los cristianos? ¿De dónde proviene la búsqueda de la “inclusión” en la diversidad? ¿Por qué el cristiano rechaza la exclusión?. La respuesta la encontramos en una cuestión esencial y fundamental en nuestra fe: Dios nos ha amado primero, y en ese amor manifestado gratuitamente a los hombres a través de Cristo, Dios nos ha regalado la salvación. Esta salvación es por esencia inclusiva, pues es propuesta para toda la humanidad sin distinción, que se congrega libremente en la Unidad de los Hijos de Dios.

En la Revelación (como autocomunicación de Dios y relación dialogal con los hombres), Dios de ha manifestado como uno y trino, es decir, se ha dado a conocer como “relación de amor”, porque es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Ahora bien, Dios al manifestarse como “acontecimiento de relación”, nos invita a responder a su llamado, entrando libremente en la comunión de Amor con Él y con los demás. La fe así entendida no es sólo “ligarse a ideas o conceptos”, sino acoger libremente el llamado de Dios a la unidad, al encuentro, a la relación de amor, con Dios y los hermanos.

La fe es entrar en relación con Dios, que es amor, por lo que los cristianos debemos amar, tal como Jesús amó y vivió, anunciando con este testimonio que el Reino de Dios se ha acercado para invitar a la salvación a todos los hombres. Este es el fundamento último de toda búsqueda ecuménica.

El misterio sagrado de la unidad de la Iglesia está fundado en Cristo y por Cristo, a través de la obra del Espíritu Santo, por voluntad del Padre. Es decir, la unidad de los cristianos está fundada en la unidad de Dios Trino, que es icono de unión y comunión.

Como nos dice Juan Pablo II:

“La Iglesia no es una realidad replegada sobre sí misma, sino permanentemente abierta a la dinámica misionera y ecuménica, pues ha sido enviada al mundo para anunciar y testimoniar, actualizar y extender el misterio de comunión que la constituye: a reunir a todos y a todo en Cristo; a ser para todos sacramento inseparable de unidad”19

De este modo, todos aquellos que creemos en Cristo estamos llamados a ser testimonio y signo de unidad. Esta invitación no sólo debe quedarse en buenas intenciones sino que debemos atrevernos a concretar en acciones cotidianas y experiencias vitales, que nos llevan a vivir el diálogo, la tolerancia, el respeto, y el amor hacia aquellos que son distintos, porque al fin y al cabo, todos somos uno en Dios, que nos ha amado antes que nosotros a Él.

¿Qué implicancias pedagógicas desembocan de este llamado ecuménico? La cuestión que aquí se ha hecho patente es proponer una experiencia de aprendizaje que lleve a los jóvenes a comprender su papel inclusivo como cristianos, que los lleva a conocer y respetar otras formas de vida cristianas distinta de las propias. De esta experiencia se desprende como consecuencia que un educador cristiano se relaciona con sus alumnos de manera que nadie se sienta excluido, por su modo de ser, su situación socioeconómica, por su nacionalidad, por su religión o cualquier otro aspecto que constituye nuestra diversidad como seres humanos. Aquel que educa entra en relación con los jóvenes de una manera abierta, sencilla, espontánea, verdadera, buscando el diálogo como modo esencial de crecimiento personal. Si un profesor no es capaz de incluir en su labor pedagógica a todos sus alumnos, difícilmente podrá ayudarlos a que ellos lo hagan con sus compañeros.

El principio que se propone bajo este punto de vista es el “SER PARA HACER”. Un educador, primero es inclusivo, y después, puede educar en la inclusión y la comunión a sus alumnos.

El punto de referencia sigue siendo el amor, o mejor, el “AMAR” (pues no sólo implica un concepto, sino una acción realizada y expresada). Se trata de amar con vehemencia

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a nuestros jóvenes educandos. No un amor fingido, sino un amor verdadero, que no necesita palabras, sino acciones que permiten a los jóvenes darse cuenta que son verdaderamente amados por su educador. ¿Cómo vivir el amor, en una sociedad donde nada o muy poco es gratis?; ¿Puede el educador amar a sus alumnos, si su labor educativa es considerada únicamente un “trabajo remunerado”?¿Qué podemos aprender de Dios como Educador en el amor?; ¿De dónde proviene el empeño ecuménico, sino es del amor verdadero y profundo?. Estos cuestionamientos no tienen una respuesta fácil, pues están enmarcados en una sociedad donde se sobrepone lo público a lo privado y que discrimina a todo aquel que es distinto. El amor implica pues, la buena relación pedagógica, el verdadero “estar con” - y no el “estar sobre de”- para prevenir y formar, para colaborarse mutuamente profesor y alumno, para promover el crecimiento y el desarrollo como personas. Esto implica un amplio espacio para la participación y la responsabilidad de los jóvenes, y una gran capacidad de escucha y disponibilidad de ambas partes. El amor, no significa permisividad, sino que debe ser una actitud profunda, que permite que un educador se exprese incluso severa y exigentemente, pero conservando la profundidad de la caridad que anima toda reconvención.

Si el educador anhela la inclusión, no teme trabajar en colegios donde las situaciones socioeconómicas son complejas y difíciles. Precisamente es aquí donde se vivencia el amor, que motiva la solidaridad y la generosidad en la acción. No se necesitan sólo palabras ni buenas intenciones, se necesita la generosidad de un servicio pedagógico que busca la comunión y la inclusión, como punto de llegada en toda labor educativa.

5.- Bibliografía:

+ Concilio Vaticano II, Lumen Gentium, BAC, Madrid, 1996 + Concilio Vaticano II, Unitatis Redintegratio, BAC, Madrid, 1996. + Pío XI, Divini Illius Magistri.

+ Juan Pablo II, Ut Unum Sint, San Pablo, Santiago de Chile, 1995

+ V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y el Caribe, Aparecida, 2007. + Cech, Orientaciones pastorales, 2008 – 2012.

+ Cech, Programa de Religión Católica, EREC.

+ Bosch, J., Para comprender el ecumenismo, Verbo Divino, Pamplona, 1991.

+Vercruysse, J., Introducción a la Teología Ecuménica, Verbo Divino, Pamplona, 1993. + Santa ana, J., Ecumenismo y Liberación, Paulinas, Madrid, 1987.

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