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Educar en la solidaridad, identidad ignaciana en la Misión

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Educar en la solidaridad,

identidad ignaciana en la Misión

R e fle x ió n del Lic. R ic a rd o M o sc a to

El contexto es am biguo y complejo. La solidaridad es hoy un "valor cultural" aceptado universalmente y está en la agenda de la educación en valores. Pero se traduce poco en actitudes y en cam bios culturales que im pacten en la sociedad.

En este marco, la formación en la solidaridad integra la identidad misma de la propuesta educativa ignaciana desde los fundamentos de la antropología cris­ tiana. La espiritualidad ignaciana constituye el núcleo de una propuesta educati­ va actualizada para enfrentar los desafíos de la formación en la solidaridad.

"El am or se debe poner más en las obras que en las palabras"

San Ignacio (EE, 230)

"La solidaridad es una exigencia directa de la fraternidad humana y sobrenatural"

Juan Pablo II. Sollicitudo Reí Sociales

El contexto es am biguo y complejo. Es cierto que hay muchas acciones soli­ darias en nuestra sociedad argentina y especialmente en los jóvenes. Que hoy la s o lid a rid a d es un "v a lo r cu ltu ra l" aceptado universalm ente y está en la a g e n d a de la e d u c a c ió n en v a lo re s . Que más de 3700 proyectos solidarios de escuelas de todo el país se presen­ taro n al Prem io P re sid e n cia l del año

pasado. Pero también es real que pre­ domina como cultura un individualismo posesivo del "todo, ya y para mí", del "me merezco todo y no soy responsa­ ble de nada". Y que los programas de TV abierta más populares son los que utilizan la exclusión com o su principal atractivo y en algún caso disfrazándolo de "sueño solidario". Y es cierto que la sociedad argentina está hoy más frag­

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mentada y que el lazo social entre no­ sotros está en riesgo. Y que el consu- mismo excluye y deja vacíos a los que co n sum en sin producir, d isfru ta n sin pensar, acumulan sin compartir, siendo sus principales víctim as los chicos y los jóvenes. Y que todavía la desigualdad social, la desnutrición infantil y la po­ breza siguen sien d o herida s a b iertas en el país de los alimentos y de los re­ cursos naturales que Dios nos regaló. Y que en m uchas escuelas se "contie­ ne" pero no se e d u ca , se "in fo rm a " pero no se aprende, se habla de valo­ res pero no se los vive.

Y entonces preguntarnos qué soli­ daridad, por qué la solidaridad y para quiénes es preguntarnos por la identi­ dad de nuestra misión educativa como colegios de la Compañía de Jesús y des­ de la Pedagogía Ignaciana.

Una identidad que es memoria y pro­ mesa

Vivimos un cam bio de época que afecta a todas las personas y a toda la persona en el contexto de una profun­ da crisis de sentido. Son tiem p os de

"fluidez", al decir de Bauman, "cualidad

de los líquidos y los gases que no pueden sostener una fuerza tangencial y cortan­ te y sufren constantes cam bios cuando se los som ete a tensión". Falta el enlace,

ca ra cte rística de la estabilidad de los sólidos. Faltan las certezas. A su vez, la cultura mediática de la imagen prom ue­ ve una subjetividad auto referenciada, sin apertura al otro.

La "s o b e ra n ía del c a p ric h o " d e s ­ truye la alteridad y debilita al sujeto. Lo querem os todo y su contrario. Que la so c ie d a d nos proteja sin p ro h ib ir­ nos nada, que nos asista con afe cto pero sin im portunarnos, que esté ahí para nosotros sin que nosotros e s te ­ mos ahí para ella. En m uchos la per­ c e p c ió n re e m p la z a la c o n c ie n c ia , la im agen a la palabra, el im pacto e m o ­ cional a la reflexión. Las s u b je tiv id a ­ des ju v e n ile s ya no son " p e d a g ó g i­ cas" y tie n e n m ucho de m e d iá tica s. Esto desafía a la educación y a sus fo r­ m atos tradicion ales.

Ubicados en este contexto, ¿de qué identidad hablamos? ¿Cómo hacer para im pactar en la subjetividad actual edu­ cando en solidaridad?

LIC. RICARDO MOSCATO

Licenciado en Ciencia Política. Especialista en Gestión educativa. Vicerrector del Colegio del Salvador, Buenos Aires. Presidente de la Asociación de Colegios y Escuelas Jesuítas de Argentina (ACEJA). Delegado de Educa­ ción de la Provincia Argentina de la Compañía de Jesús.

E-mail: presidencia@ aceja.org

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Ed ucar en la solidaridad, identidad ignaciana en la M isión

Iden tidad tien e en su raíz la voz latina ídem que significa lo mismo. Una concepción formal la reduce a la simple repetición afirm ativa de lo mismo, a la auto referencia. En cam bio desde una p e rs p e ctiv a ig n a cia n a la co m p re n d e ­ m os cu a n d o e n tra m o s en co m u n ió n con el don del otro, cuando reconoce­ mos la a lterida d com o en riqu ecedora e integradora de nuestra propia iden­ tid a d . Es decir, cu a n d o v iv im o s una

id e n tid a d dinám ica que nos exige e s­

fuerzo y creatividad, interpretando los signos de los tiem pos. La clave nos la da el Evangelio: "si e l grano de trigo

que cae en la tierra no muere, queda solo, pero si m uere, da m ucho fruto"

(Jn. 12, 24). El grano de trigo no re­ nu n cia a su s e r pero se tra n sfo rm a para d a r fru to . Es una de n u e stra s certezas. En el corazón de esa identi­ dad com o m emoria y promesa está la so lid a rid a d .

Pero se es en la m edida que se pertenece. Pertenencia a la Iglesia, a la Compañía de Jesús, a la sociedad ar­ gentina. La solidaridad es un signo de n u e stra id e n tid a d y p e rte n e n c ia , en "camino", en "compañía" de otros.

Los f u n d a m e n t o s t e o ló g ic o s y antropológicos de la solidaridad

El se r personal no se com prende sino desde el ser comunitario. Todo pro­ yecto personal nace del diálogo entre el individuo y la sociedad. Se trata de co n stru ir una "cultura del encuentro" que integre diferentes culturas, ideas, pero ante todo que construya vínculos entre las personas. Para nosotros, des­ de una institución educativa, significa una pedagogía del encuentro como co­

munidad educativa y una pedagogía del "salir afuera", es decir del encuentro gon los que no están adentro y hacia los cuales tenemos un deber y una respon­ sabilidad.

El fundam ento de la solidaridad lo actualizó Juan Pablo II cuando afirm ó que "en la búsqueda del Bien Común, la

Doctrina Social de la Iglesia adopta como criterio prioritario la preocupación p o r los m as desposeídos y necesitados: aquellas personas que se encuentran en m edio de dificultades insuperables, p o r la cual se les cierra el acceso a bienes elem entales y n e ce sa rio s p ara una vida dign a de quien ha sido creado a imagen y se m e­ jan za de Dios".

"El ejercicio de la solidaridad dentro de cada sociedad es valido solo cuando sus m iem bros se reconocen unos a otros como personas. Los que cuentan m ás al disponer de una porción m ayor de bienes y servicios com unes han de sentirse res­ ponsables de los m ás débiles, dispuestos a com partir con ellos lo que poseen". Nos

a s u m im o s c o m o p e rs o n a s cu a n d o "otros" nos reconocen como tales y no­ sotros los reconocem os. Allí se descu­ bre un "vínculo" que es lo que nos liga y por tanto nos "ob-liga" internamente y no desde una im posición. La educa­ ción en la solidaridad es educar en el reconocimiento del otro y en la apertu­ ra de corazón. "La solidaridad no es un se n tim ie n to su p e rficia l por los males de ta n ta s personas, ce rcan as o leja­ nas. Al contrario, es la determinación firm e y p e rs e v e ra n te de em peñarse por el bien común, es decir por el bien de tod os y cada uno para que todos s e a m o s v e r d a d e r a m e n t e re s p o n ­ sables de todos" en palabras de Juan Pablo II.

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Esta s o lid a rid a d tie n e p ro fu n d a s raíces bíblicas. Es Yahvé preguntando a Caín "dónde está tu hermano Abel". Es Caín contestando como el primer indivi­ dualista y rompiendo el lazo fraternal:

"no sé, soy yo acaso el guardián de mi herm ano" (Gen. 4, 9). Mientras Caín des­

conoce a su herm ano, Jesús contesta "solidariamente": "en verdad os digo que

cuanto hicisteis a uno de estos mis h e r­ manos m íos más pequeños a m í me lo hicisteis" (MT. 25, 40).

En la ética cristiana, la solidaridad es un concepto teológico: la experien­ cia de un Dios que se nos revela so li­ dario nos invita a una vida solidaria. La Sagrada Escritura es la historia so ­ lidaria de Dios con la hu m anidad. La revelación histórica de Dios en la vida y muerte de Jesús es la revelación de la vida de la Trinidad: la so lid a rid a d entre el Padre, el Hijo y el e sp íritu . Dios es Trinidad en cuanto Am or y es Amor en cuanto Trinidad. La "comunión divina" se revela com o com unión con lo humano e invita a lo hum ano a la comunión como dice Tony Mifsud SJ.

La parábola del Buen Sam aritano no es otra que la del c r is tia n o que está ejerciendo el am or al prójimo. Lo que suscitó todos los m ovim ientos del samaritano fue la com pasión: "Un s a ­

maritano que iba de camino llegó ju n to a él y, al verle, sintió com pasión". De esta

compasión se d esató toda su acción posterior: se acercó, vendó sus h e ri­ das, puso en e lla s a c e ite y v in o , lo montó en su ca b a lg a d u ra , lo llevó a una posada, cuidó de él, sacó dos de- narios, los dio al p o sa d e ro , le pidió que cuidara de él, se com prom etió a pagarle lo que fu era n e ce s a rio a su vuelta y a regresar para ver cómo es­

taba. Once acciones generadas a par­ tir de la cóm pasión. El com prom iso no fue instantáneo, sino que se prolongó en el tiempo. La historia queda abierta al fu tu ro en un "p ro ce s o e d u c a tiv o " d o n d e "n o s h a c e m o s " s o lid a r io s . El p ró jim o no es el q ue está p ró x im o , sino al que yo me hago próxim o por­ que sufre y que me genera un se n ti­ miento de com pasión: '"¿Quién te p a ­

rece de estos tres que fue prójim o del que cayó en m anos de los salteadores?' Él le dijo: 'El que practicó m isericordia con él'" (Le. 10, 36). Practicar la m iseri­

co rd ia no es un s e n tim ie n to . Es un sentim iento inicial que va ligado a una serie de acciones prácticas por el bien del otro, ejercidas en libertad.

Ésta es una de las señales de iden­ tidad más fuertes de la vida cristiana y de la espiritualidad ignaciana: la capa­ cidad de com padecerse frente a los hom­ bres y mujeres, cualesquiera que sean, y de ejercer la misericordia. Esta m iseri­ cordia ha de realizarse en un discerni­ miento constante de los m edios nece­ sarios para aliviar el dolor ajeno, de los tiem pos para ejercerla, de las cap aci­ dades a em plear por el bien del próji­ mo, de la apelación a otras fuerzas hu­ manas para venir en ayuda del herido, del enfermo, del excluido. Esto resuena especialm ente en el proceso educativo de la solidaridad.

Así, la actitud solidaria especialmen­ te con el "otro necesitado" expresa el sentido mas profundo de la vida del cris­ tiano porque es imagen humana de la solidaridad divina y tiene como Maestro a Jesús que dio su vida por nosotros "en nombre del Padre". Para un cristiano no es un "anexo "de la moral y las buenas costumbres. Pertenece al núcleo funda­

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E d ucar en la solidaridad, identidad ignaciana en la Misión

mental de nuestra fe en un Dios solida­ rio: el horizonte de la fe se expresa en un estilo de vida donde el amor a Dios se "encarna" en el amor al prójimo.

Por eso afirm am os que no "n ace­ m os s o lid a rio s " sin o que nos "h a c e ­ mos" solidarios. Y la mediación para lo­ g ra rlo es la e d u ca ció n y sus form as institucionales y comunitarias. Primero, la fam ilia. Y la escuela. Y siem pre las personas que re-conocen a otras per­ so n a s. Y n u e stra p ro p u e s ta en este cam ino la denom inam os Pedagogía Ig- naciana.

Ig n acio Peregrino sigue a Jesús "pobre y humilde"

En el centro de la espiritualidad ignaciana podemos descubrir esta pro­ funda solidaridad. Ignacio peregrino, en su proceso de conversión fue conduci­ do al paisaje desolado de la periferia: la mendicidad, el hambre, la incertidum- bre. Cuando mayor era el despojo, m a­ yor era la experiencia de Dios al ser ex­ pulsado de Tierra Santa, apaleado en Barcelona, burlado y encarcelado. Y fu n­ da la C om pañía de Jesú s pensándola como una presencia de la "periferia" en el "centro". Cuando en las Constitucio­ nes exhorta a que "amen Ia pobreza como

m adre" (n. 287) se está refiriendo a esa

presencia de la intemperie en el am pa­ ro de las estructuras. San Ignacio co ­ noce la fe cu n d id a d de la pobreza, la experiencia de la otra visión del mundo que se contempla desde abajo y se hace solidaria con ella. Así le recomienda por ca rta a los e s tu d ia n te s de Padua la a m ista d con los p o b re s y e x clu id o s . Aprenderán mucho de los que nada tie­ nen. Esta p rop u esta de Ig n acio está

fu n d a m e n ta d a en dos in tu icio n e s: el seguim iento de Jesús "pobre y hu m il­ de" como modo de transformación inte­ rior y la tran sform ación interior com o paso que lleva a la misión de transfor­ mar el mundo siendo testigos del Evan­ gelio. Lo esencial de la identidad de Ig­ nacio es su b úsqueda in ca n sa b le del "ultim o lugar" para encontrar a Jesús. En El se da el m áximo desplazam iento del Centro a la Periferia: la encarnación del Hijo, el Abajam iento hasta la muer­ te en Cruz.

La vida espiritual a la que nos invi­ ta Ignacio, desde los Ejercicios E spiri­ tuales, es este desplazam iento interior para que el im pulso de dom inación se transforme en Amor, que es el modo de hacer de Dios desde Abajo. Es una pe­ d a g o g ía para a tr a e r la "p u ls ió n del Eros" y convertirla en "Ágape", en ser­ vicio, com o lo recuerda Benedicto XVI en su primera Encíclica.

Por eso Ignacio ya G eneral de la Com pañía en Roma, en m edio de en­ trevistas con el Papa, con cardenales y prín cip es d edicaba su tiem po a otras cosas: fu n d a b a la casa San ta IMarta para p rostitu tas que querían cam biar de vida, creaba otra in stitu ció n para educar y proteger a sus hijas, fom en­ taba la catequesls para los proceden­ te s del ju d a is m o , mal v isto s en esa época, colaboraba activam ente para la c re a c ió n de ca s a s para h u é rfa n o s y a te n c ió n de los m ile s de n iños que d eam bu laban por Rom a, sobrevivien­ tes de la guerra, el hambre y la peste. Se trata en ton ces de ed u ca r en este camino interior de "imitación" de Cristo pobre y humilde y en este camino exte­ rior de solid arid ad con el mundo que sufre y necesita ser transformado. Este

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es el fundam ento "¡gnaciano" de nues­ tra solidaridad.

Una pasión se impone para la Con­ g reg ación G en eral 35, recien te m e n te celebrada, y nos la comparte: la misión en la frontera, en las encrucijadas, en las p o la rid a d e s , cre a n d o pu en tes de comprensión y diálogo, de reconciliación en Cristo, sin paralizarse "por el pecado de los hombres". Proclam ando y con s­ truyendo "el servicio a la fe y la prom o­ ción de la justicia, indisolublemente uni­ das", en diálogo con las culturas y otras religiones como lo expresaron las C on­ gregaciones generales 32, 33 y 34.

Y en esto la tradición de la Com pa­ ñía de Jesús es rica en experiencias y relatos.

La propia idea de "frontera", del lí­ mite más allá del cual no se va ni se debe ir, de espacio donde se debilita la pre­ sencia del centro, de cierto desam paro y confusión siempre ha atraído a los je ­ suítas com o obstáculo para su pe rar y meta a alcanzar. Es Ignacio que en no más de 15 años logra alcanzar las prin­ cipales fronteras de su tiempo y fijar con sus c o m p a ñ e r o s m e d io s a d e c u a d o s para abordarlas: India, Etiopía, Japón, Brasil, las universidades y colegios en la Europa protestante, la atención a ni­ ños huérfanos y prostitutas en Roma. Son las "misiones jesuítas" de los siglos XVII XVIII en nuestro territorio. Como se ha dicho, en una dinámica apostólica que no solo consiste en ir a la periferia sino hacer presente la periferia en el centro, de darle lugar, hacerla transpa­ rente y "reconciliarla".

Y esta tarea requiere, condiciones de posibilidad: form ación perm anente, salir "del propio amor, querer e interés"

para acudir al servicio de la Iglesia y de ios mas necesitados, colaboración con personas, redes, instituciones que ha­ gan propia esta m isión, con stru cción de c o m u n id a d e s f r a t e r n a s , a m o r a D ios, u n ió n de m e n te s y co ra z o n e s (Cfr. D ocum entos de la Congregación General 35).

Nuestro apostolado educativo tiene mucho de ese servicio que nos expone al peligro de las fronteras en los desa­ fíos culturales actuales. 96 colegios y 28 universidades en América Latina, de las cuales 15 obras educativas y 1 universi­ dad están en Argentina, constituyen el rostro institucional de esta misión.

El camino de la educación

La opción es estar despiertos, per­ m anecer alertas, llenar de aceite nues­ tras lám paras (Mt. 25, 1-13), educán­ donos en la capacidad de aceptar la pro­ vocación del tiempo, que induce al hom­ bre al riesgo de la libertad. Y la provo­ cación de este tiempo de esperanza es la opción solidaria. Es un nuevo nombre para el amor cristiano. No es moda, es un modo de educar haciendo de las ex­ periencias solidarias "una profunda ex­ p e rie n c ia e s p ir itu a l" . C o m o Ig n a cio , como los jesuítas y laicos que se atre­ vieron y se atreven a mirar más allá de los "tutelares muros" para reconocer a Dios en el prójimo y seguir al Jesús "po­ bre y humilde".

La Pedagogía de la m ística de los ojos abiertos nos ayuda a percibir a toda la

realidad. La Pedagogía de la mística de

los ojos cerrados, a discernir la voluntad

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E d u ca r en la solidaridad, identidad ignaciana en la M isión

proceder y estilo educativo nos abre a nuevas fronteras y horizontes. La voz profètica fue de Pedro Arrupe. Renun­ ciando a un cierto triunfalismo comenzó hace casi treinta años un proceso de renovación educativa. No son sólo los colegios, es la educación. No sólo es la educación, es la sociedad, las culturas, el Evangelio encarnado en las "nuevas fro n teras".

A pre nder de otros rostros y otras culturas, superando el peligro de auto referencias y "apariencias". Nuevos es­ cenarios: más plurales, con menos je ­ suítas y más laicos, más ignacianos y menos "formales", más diversos y me­ nos elitistas. Una "nueva cuestión so ­ cial", nuevas formas de enseñar y apren­ der. En ese contexto nos preguntamos por la misión de la Compañía en el m un­ do plural y en la iglesia, por su misión educativa. Fe y justicia, la opción por los p o b re s, el d iá lo g o con las c u ltu ra s , ecum enism o y diálogo interreligioso, la misión compartida con jesuítas y laicos, el aporte a la educación pública, son b ú sq u e d a s de re sp u e sta s y a su vez desafíos. La vocación educadora de la C o m p a ñ ía , je s u it a p or t r a d ic ió n e ignaciana por espíritu, tiene mucho de provocar estas experiencias personales en sus instituciones: de Dios, de Igle­ sia, de pensam iento, de solidaridad y de amistad social. De reflexionar y dis­ cernir, para actuar, de integrar lo diver­ so, de am pliar la mirada como en la Con­ templación de la Encarnación, de encen­ der el "ardor" por la misión, de templar para la renuncia y el sacrificio por un "bien mayor".Otra educación es posible, otro "mundo" es posible.

Educar es "cura personalis", el v ín ­ culo personal como medio eficaz de la

apertura al vínculo con Dios, hoy más que nunca en tiem pos de su b je tivid a ­ des tan lábiles como efímeras. Es con s­ tru ir com unidad y "habitar" allí donde todos huyen y simulan. "Poner la tie n ­ da", reconocer "tierra sagrada" donde otros solo ven "tierra arrasada". Son los rostros, las personas, no las cosas. Es "habilitar" la Palabra, su escucha y su c o m u n ica c ió n . H a cerse ca rg o del "otro" y dejarse interpelar por el Otro. Ed u ca r a lo largo de toda la vida es s e g u ir s ie n d o re fe re n te s de v a lo re s e v a n g é lic o s tra d u c id o s en a ctitu d e s. Por eso el "éxito" de nuestras un iver­ sidades y colegios no es el "com porta­ miento" o el rendim iento de los alum ­ nos mientras están en ellos sino preci­ sam en te cuando sus actitudes y co n ­ du ctas "salen " y "dan fruto", cuando deciden ser "testigos" y constructores de una nueva sociedad, cuando con s­ truyen inclusión y no exclusión y recha­ zan ser perplejos espectadores y peor aún, cóm plices, de lo que justam ente hay que cambiar.

Se trata de educar en una nueva sensibilidad que "amplíe nuestra mira­ da" superando la indiferencia hacia el dolor del otro y el refugio en el propio narcisismo. Es educar permanentemen­ te en una cultura solidaria que supere el "flash reactivo" de solidaridad ante situaciones límites y una "ética débil" de com prom isos efím eros y poses marke- tineras.

Nuestro "gen" solidario en la iden­ tidad de la m isión educativa se revela así como una necesidad del que se sabe y siente "ob-ligado" a la gratuidad sin la m e d ia ció n de d e re ch o s y deberes sino "porque sabe y siente con otros desde la abundancia del corazón". Es

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REFLEXIONES

un "bien de gratuidad" que no se pue­ de exigir com o derecho porque no se puede satisfacer por deber com o bien dice Adela Cortina. Por eso "ser y ha­ cerse solidario" es educar en la gratui­ dad y en el reconocimiento del otro. Y es el Evangelio donde está la raíz más profunda: "como yo os he amado, a s í os

am éis también vosotros los unos a los otros porque justam ente en esto con o­ cerán todos que sois discípulos míos, si os tenéis am or los unos a los otros" (Jn.

13, 34-35).

ítalo Calvino dice que es inútil divi­ dir las ciudades entre las ciudades feli­ ces y las infelices. La verdadera diferen­ cia está en otras dos: las que a través de los años y las m u ta cio n es siguen dando su forma a los deseos y aquellas en las que los deseos, o logran borrar la ciudad o son borrados por ella (Cfr. CALVINO, 1992).

El desafío de nuestras instituciones educativas es ser "ciudades" que a tra ­

vés de los años y las mutaciones siguen dando su form a a los dese os de una educación evangelizadora y de calidad para todos, especialm ente para los más excluidos porque sabem os que "no sólo de pan vive el hombre".

Como la Compañía de Jesús, reno­ vando su historia viva con la vida de mi­ les de relatos de "amigos en el Señor", dando entonces su form a al deseo de Dios, siendo tierra fértil para su semilla. Nuevamente "el fuego que enciende otros

fuegos" nos convoca a construir com u­

nidades de aprendizajes y de evangeli- zación, de esperanza y promesa.

Lic. Ricardo Moscato

Buenos Aires, 29 de agosto de 2008

Bibliografia

BENEDICTO XVI. Audiencia a la Congregación General 35. Alocución pronunciada por el Papa el 21 de Febrero 2008.

CALVINO, ítalo. Las ciudades invisibles. Siruela, Madrid, 1992.

CONSEJO EPISCOPAL LATINOAMERICANO. V Conferencia general del Episcopado

Latinoamericano y del Caribe. Aparecida. Documento Conclusivo. CEA, Buenos

Aires, 2007.

CONFERENCIA DE PROVINCIALES JESUITAS DE AMÉRICA LATINA (CPAL). Pro­

yecto Educativo Común. 2005.

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Ed ucar en la solidaridad, identidad ignaciana en la Misión

Documentos de la Congregación General 35 (Versión preliminar).

GONZÁLEZ BUELTA, Benjamín. Salmos para "sentir y gustar internamente". Con­ ferencia pronunciada en el Colégio Santo Inácio, Río de Janeiro, el 2 de mayo de 2005. Disponible en: http://www.cpalsj.org/ - Fecha de consulta: día-mes-año.

MARTINI, Cario. Oración y Conversión espiritual. San Pablo, Bogotá, 1995.

NICOLÁS, Adolfo. Audiencia a la Congregación General 35. Palabras del Padre General de la Compañía de Jesús al Papa. 21 de Febrero 2008.

Provincia Argentina. Proyecto Educativo Común. Gómez Alfonso, Introducción

Referencias

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