CUADERNO
DE
GRIEGO II
(ANDALUCÍA – 2014)
Incluye ediciones bilingües del Libro IV de la Anábasis de
Jenofonte y de la Antología.
ÍNDICE.
UNIDAD 1. Originalidad de la Literatura griega. 1.1. Originalidad de la Literatura griega.
1.2. Lectura: La transmisión de la Literatura antigua (¿Cómo se preservó la Literatura antigua? Soportes de la escritura en la Antigüedad. Instrumentos y materiales).
1.3. Textos: Jenofonte, Libro IV de la Anábasis caps. 1 y 2. 1.4. Las formas personales del verbo.
1.5. Las reglas de transcripción y Étimos griegos (I). APÉNDICE. Normas de uso del diccionario de griego. Actividades complementarias.
UNIDAD 2. La Poesía épica griega. 2.1. La poesía épica (Homero. Hesíodo).
2.1.1. Características del género 2.1.2. Principales autores y obras. 2.1.3. Influencia posterior.
2.2. Lecturas: Homero, Ilíada Α 1-100; Odisea α 1-101; Hesíodo, Teogonía 1-103.
2.3. Textos: Jenofonte, Libro IV de la Anábasis, caps. 3 a 5. 2.4. Los sustantivos, adjetivos, el artículo y pronombres personales y posesivos.
2.5. Étimos griegos.
APÉNDICE. Métrica (I). Nociones básicas de Prosodia griega. Métrica de la Épica.
Actividades complementarias.
UNIDAD 3. La Poesía lírica arcaica griega. 3.1. La Poesía lírica.
3.1.1. Características del género 3.1.2. Principales autores y obras. 3.1.3. Influencia posterior.
3.2. Lecturas: Safo, Himno a Afrodita; Píndaro, Olímpica I. 3.3. Textos: Jenofonte, Libro IV de la Anábasis, caps. 6 a 8. 3.4. Las preposiciones.
3.5. Étimos griegos.
APÉNDICE. Métrica griega (II). Métrica de la lírica. Actividades complementarias.
UNIDAD 4. El Teatro griego clásico. 4.1. El drama ático (Tragedia. Comedia).
4.1.1. Características del género 4.1.2. Principales autores y obras. 4.1.3. Influencia posterior.
4.2. Lecturas: Esquilo, los Persas, 154; Esquilo, Edipo Rey, 1-57; Eurípides, Medea 1-48; Aristófanes, Lisístrata 1-45. 4.3. Textos: Antología, Apolodoro (I).
4.4. Lengua griega: Morfosintaxis del infinitivo y del participio. 4.5. Étimos griegos.
APÉNDICE. Métrica (III): Métrica del drama.. Actividades complementarias.
UNIDAD 5. La Historiografía griega.
5.1. La Historiografía griega (Heródoto. Jenofonte. Tucídides).
5.1.1. Características del género 5.1.2. Principales autores y obras. 5.1.3. Influencia posterior.
5.2. Lecturas: Heródoto (Historias I, I); Tucídides (Guerra del Peloponeso I, I).
5.3. Textos: Antología, Apolodoro (II). 5.4. Morfosintaxis del pronombre relativo. 5.5. Étimos griegos.
APÉNDICE. La Historiografía griega: Orígenes y rasgos generales.
Actividades complementarias. UNIDAD 6. La Oratoria griega. 6.1. La Oratoria griega.
6.2. Lecturas: Demóstenes, Contra Filipo I.
6.3. Textos: Antología, otros autores distintos de Apolodoro. 6.4. Las conjunciones. Los adverbios.
6.5. Étimos griegos.
APÉNDICE. La constitución de la Oratoria como género literario en el siglo V.
Actividades complementarias.
UNIDAD 7. La Literatura filosófica griega.
7.1. La Literatura filosófica griega (Platón. Aristóteles). 7.2. Lecturas: Platón, Apología de Socrates 24; Aristóteles, Metafísica I.
7.3. Textos y actividades correspondientes: Opción A de las PAEGs.
7.4. Observaciones gramaticales del Libro IV de la Anábasis. APÉNDICE. Primera Filosofía griega.
Actividades complementarias. UNIDAD 8. La Novela griega. 8.1. La Novela griega.
8.2. Lecturas: Longo, Dafnis y Cloe Libro I.
8.3. Textos y actividades correspondientes: Opción B de las PAEGs.
8.4. Observaciones gramaticales de la Antología. APÉNDICE. El cuento popular y la Fábula en Grecia. Actividades complementarias.
UNIDAD 9. La Literatura científica griega. 9.1. La Literatura científica griega.
9.2. Lecturas: Hipócrates, Corpus hippocraticum Juramento. 9.3. Textos y actividades correspondientes: PAEGs (a elegir entre las dos opciones).
9.4. “Orígenes de la Medicina y el Hipócrates histórico” (De la página El Corpus hipocrático y los orígenes del pensamiento científico.
APÉNDICE. Extracto de: Las traducciones en la transmisión del legado médico clásico al mundo occidental (P. García Bravo). Actividades complementarias.
ANEXO I. Jenofonte, El Libro IV de la Anábasis (bilingüe). ANEXO II. Varios Autores, Antología (bilingüe).
U
NIDAD 1. ORIGINALIDAD DE LA LITERATURA
GRIEGA.
Índice.
1.1. Originalidad de la Literatura griega.
1.2. La transmisión de la Literatura antigua (¿Cómo se preservó la Literatura antigua? Soportes de la escritura en la Antigüedad. Instrumentos y materiales).
1.3. Textos: Jenofonte, Libro IV de la Anábasis 1 y 2. 1.4. Lengua griega: Las formas personales del verbo. 1.5. Las reglas de transcripción.
APÉNDICE. Normas de uso del diccionario de griego. Actividades complementarias.
1.1. Originalidad de la Literatura griega (F. Rodríguez Adrados).
La Literatura griega está en el origen de la nuestra y, en realidad, de todas las literaturas posteriores. Su presencia está viva en los nombres de los géneros literarios (épica, lírica, teatro, historia, retórica) y en la restante terminología literaria (poema, himno, estrofa, treno, comedia, parodia, etc.), también en el hecho de que el léxico culto, incluido el científico, de todas las lenguas europeas sea fundamentalmente griego o traducido del griego.
Ahora bien, la literatura griega no es sino una de las múltiples literaturas que conocemos; una literatura, de otra parte, que empezó siendo oral en la épica y la lírica, incluso en otros dominios, y que luego pasó a ser escrita. Esto sí: a partir de ella hubo una continuidad. No ha habido nunca una ruptura absoluta: los textos literarios griegos fueron copiado en papiro, luego en pergamino y han llegado a nosotros a través de Bizancio; ha habido, además, tra -ducciones e imitaciones en latín, árabe, gótico, eslavo, etc etc. Ha actuado siempre de modelo, directo o indirec -to,
siendo, a partir de aquí, imitada y, por supuesto, a veces, modificada en direcciones diversas.
Pero, en un cierto sentido, todas las literaturas a partir de los griegos han sido helenocéntricas, a diferencias de literaturas previas del antiguo Oriente. No solo eran ajenas a la griega, sino que quedaron rotas, sin continuidad: solo por inscripciones o papiros sacados a la luz en hallazgos casuales o en excavaciones arqueológicas nos son conocidas. También son, por supuesto, no helenocéntricas literaturas de diversos pueblos a los que no llegó, o llegó levemente, el influjo griego: de la China y la India a las de diversos pueblos del planeta.
La cuestión que aquí nos planteamos es la de la diferencia, el salto cualitativo que representa la literatura griega respecto a las literaturas ajenas a la griega; en parte continúa a las literaturas orientales que la prece-dieron, en parte se diferencia de ellas introduciendo una nueva originalidad. Y esta originalidad fue aceptada, a su vez, como modelo por las literaturas posteriores, dentro de esa línea de continuidad de que he hablado.
Investiguemos, pues, aquí, en qué consiste esa originalidad, que tanto éxito tuvo, hasta el punto de que no puede hacerse, realmente, un estudio particular de ninguna de esas literaturas sin tener en cuenta el modelo griego o el modelo latino, de él derivado.
Para estudiar el grado de originalidad de una literatura, la que sea, hay que conocer, efectivamente, sus precedentes. Y también la Literatura griega tuvo sus precedentes: de una parte, en la literatura oral indoeuropea, épica y lírica, que reconstruimos más o menos a través de sus derivaciones en la épica y la lírica de los demás pueblos in -doeuropeos. De otra parte, en las literaturas orientales, sobre todo las de la antigua Mesopotamia (de los sumerios en adelante), de otra en la egipcia. Las conocemos hoy en una cierta medida a través de las inscripciones y papiros sacados a la luz en las excavaciones; las conocieron los griegos, en alguna medida, principalmente, pensamos, por vía oral, puesto que fue antigua su relación con Mesopotamia y Egipto, ya desde el siglo VIII a. C. y aun antes, y sobre todo a partir de Alejandro.
No hay sino pensar, por dar algunos ejemplos, en el influjo que en Homero se ha encontrado del Poe-ma de Gilgamés, en textos que van del sumerio al asirio; en Hesíodo, el de obras cosmogónicas como El reinado de los Cielos hurrita y hetita y el Enuma Elis mesopotámicos y el de obras sapienciales como las Instrucciones de Surrupak sumerias, las Instrucciones de Ptahhotep egipcias o el Ahikar asirio; en la fábula y la gnomología, el de las
diversas colecciones de Proverbios mesopotánicos, las fábulas del águila y la serpiente en el Etana acadio y la del escarabajo en Egipto; etc. etc.
Es un universal en la historia de las literaturas que ninguna nace aisladamente. He estudiado en otros lugares cómo, por ejemplo, la literatura latina nació primero en griego, en obras como los Annales de Fabio Pic-tor; luego, como traducción del griego, en otras como la Odisea de Livio Andronico; solo más tarde se lanzó por el camino, primero, de la imitación, luego de la originalidad. Hay siempre un modelo que indica el camino, aunque luego se proceda ya por cuenta propia.
Igual es el caso de la literatura castellana y de tantas otras. En Castilla, en el siglo XI, por ejemplo, se escribía fundamentalmente en latín; luego se tradujeron del latín al castellano obras como las Vidas de Apolonio, Secundo o Esopo, la Historia Troyana de Dictis Cretense, el libro de Barlaam y Josafat, las traducciones latinas de la Biblia, las Historias de Lucas y Tuy y el arzobispo don Rodrigo. Y del árabe al castellano obras (por lo demás de origen griego) como el Libro de los Buenos Proverbios, los Bocados de Oro, la Poridat de las Poridades, la Historia de la donzella Teodor. Solo después vinieron las imitaciones y después todavía las obras ya plenamente originales, llenas por lo demás de reminiscencias greco-latinas.
Es, pues, un error considerable tratar aisladamente las diversas literaturas. Para la griega es cierto que existe una bibliografía copiosa sobre modelos orientales presentes en la épica, la lírica, la fábula, por ejemplo: algo he ade-lantado. A diferencias de los modelos griegos de la literatura latina y de los latinos o árabes (con frecuencia griegos en el origen) de la castellana, los modelos orientales de la literatura griega llegaron seguramente por vía oral, en razón de antiguos contactos ya en época micénica y, luego, a partir del siglo VIII y VII. De esto he escrito en otros lugares.
Pues bien, el estudio de los modelos es útil para conocer las fases más antiguas de una literatura y, dentro de ellas, lo que ofrecen de original. Solo comparativamente puede esto establecerse.
Son importantes los elementos orientales e indoeuropeos en la más antigua poesía griega: épica, cosmogónica, didáctica, fabulística, ya lo he dicho. Pero lo interesante es descubrir qué es lo que los griegos aportaron de nuevo, a partir de una serie de temas y de procedimientos literarios más o menos comunes. Se ha dicho, por ejemplo, que la épica homérica representa un estadio de grandes poemas de intención dramática y aun trágica, con tendencia a una composición unitaria, algo bien diferente de la épica griega más primitiva. O que la poesía cosmogónica de Hesíodo presenta una evolución desde el caos y las divinidades monstruosas de los orígenes a un Zeus inteligente y ra-cional, una humanización que enlaza el mundo divino, en sus últimas fases, con el de los hombres. Se ha dicho que la lírica griega, sobre todo la monódica, contiene a su vez un humanismo y un pensamiento crítico y predemocrático ausente de lasliteraturas orientales.
Todo esto abría un camino al futuro. Nunca habría ya una pérdida definitiva de esta orientación, pese a largos eclipses.
Pues bien, todo esto puede considerarse como cierto, pero no es sino un prólogo a otras grandes originalidades de la cultura griega, que hay que fechar sobre todo a partir del siglo VII antes de Cristo. No quiero limitar esta consi-deración a la literatura, puesto que la literatura no es sino un integrante de un contextos social más amplio.
Puede extenderse a la historia; creación de la polis como sistema de autogobierno, primero aristocrático, luego democrático, bien ajeno a los sistemas de las monarquías orientales anteriores y contemporáneas. Pero hay, sobre todo, un punto de vista general que todo lo condiciona: el nacimiento del individuo libre, del pensamiento libre, de la posibilidad de una creatividad que es capaz de romper, aquí y allá, con la tradición.
Los artistas orientales eran más bien artesanos, geniales artesanos, que no firmaban sus obras. Pero los escul -tores griegos las firmaban desde el siglo VII, e igual los poetas, los filósofos, los ceramistas. Estaban orgullosos de su
obra, de la novedad de su obra, y personajes como Alcmán, Arquíloco, Teognis o Heráclito lo proclaman abiertamente. Y su pensamiento tiene repercusión histórica y social, se abre camino. No hay el continuismo que encontramos en Egipto, salvo la excepción del período de Tell-el-Amarna, o en Mesopotamia. No hay ese monolitismo de los sistemas políticos. Todo cambia y evoluciona rápidamente.
Esto es lo griego, esta es la originalidad de los griegos, su gran salto que creó una ruptura con el pasado y que hizo que, a partir de ellos, todo fuera diferente. Y ello pese a otras rupturas traumáticas que hicieron perecer, por largos siglos, productos tan griegos como la democracia, el atletismo agonal o la oratoria política o el teatro. El modelo estaba ya dado y antes o después, cuando las condiciones de progreso humano lo hicieran posible, rebrotaría. Sin duda, porque ello respondía a tendencias insitas en la naturaleza humana en una ciertas circunstancias de desarrollo intelectual y económico. Pero, también, porque el modelo griego, y los calcos posteriores del modelo griego, servían de apoyo.
Pero no adelantemos acontecimientos. Dentro del terreno de la literatura yo señalaría como la principales originalidad de la griega la creación de una serie de géneros: unos nacidos en la edad arcaica, otros en la clásica, otros en la helenística. Se trata, por supuesto, de un mínimo esquema, que trata de completar cosas apuntadas más arriba. Tenemos, en efecto, como principales géneros originales de los griegos:
1. La lírica personal, como superación de la puramente cultual, que también fue cultivada. En ella, poeta manifiesta su pensar, trata de imbuírselo al destinatario del poema, elogia a personajes destacados de órdenes diversos, influye incluso sobre su ciudad, critica incluso acerbamente. Crea su propia ideología, su propio universo. De Arquíloco a Píndaro es esta una línea absolutamente clara. El concepto tradicional del eros es ampliado: hay el amor masculino y no solo el femenino, hay el del viejo, y el amor homosexual. Una ampliación constante: en
fecha helenística se hizo más personalista que nunca.
2. El teatro. El teatro nació, sin entrar aquí en detalles que he dado en otro lugar, del preteatro: es decir, de la lírica danzada de coros dialógicos y miméticos, celebrada en ciertas festividades y que representaba antiguos mitos. Los coreutas se hicieron actores y representaron el mito alternando canto y recitado, entre sí y con el coro. Y hubo la gran especialización, tan esencialmente griega: la creación de la tragedia, dedicada al dolor y la muerte, y la posterior de la comedia, satírica y erótica. Todo ello, imbuido de las formas y el pensamiento de la épica y la lírica.
Estas danzas miméticas son comunes a festivales numerosos no solo de la Grecia antigua, también de pueblos dispares entre los esquimales, los amerindios, los africanos, los australianos. En la Europa cristianizada subsistieron en variantes carnavalescas, en rituales festivos como la moresca o la pieza del arado. Se cristianizaron a veces en fies-tas como la de las mayas o la epifanía.
Se llegó, incluso, en lugares como la India y China, a crear un teatro que incluía danza, mito y máscara. Pero siempre fue mixto, tragicómico. Un género como la tragedia, que explora lo más profundo y doloroso, espléndido y peligroso a la vez, del ser humano, solo en Grecia nació. Y allí donde está vivo hoy, de la tragedia griega viene por unas u otras vías. Y ello pese a que la tragedia casi se agotó en el siglo V y la comedia solo muy transformada sobrevi-vió luego.
3. La Historia crítica. Ya Heródoto, y no digamos Tucídides, representa la primer andadura de una Historia con talante crítico y con vocación universal. El autor viaja, escucha, toma notas, critica, compara y aspira a ser imparcial. Ninguna relación con los anales hetitas o los autoelogios interesados de Ramsés II o de los reyes hebreos.
No es el poderoso el que escribe o hacer escribir para inmortalizarse, sino un individuo privado que tiene de-seos de conocer y de trasladar a los demás ese conocimiento. Va implícita en su relato una filosofía, sea la reli-giosa y trágica de Heródoto, sea la racional y pragmática de Tucídides. Esto, con las alternativas que se quiera, no se extinguió ya.
4. La oratoria política, forense y epidíctica es una creación de Atenas, aunque tenga precedentes en lu-gares como Siracusa. Tiene como exigencia necesaria la existencia de una democracia: por eso se perdió en la edad helenística, resucitó bajo el influjo griego durante la República romana, volvió a perderse luego hasta fecha muy posterior.
Habiendo sido importante la oratoria durante toda la democracia ateniense del siglo V, solo en su final se con-virtió en un género escrito, muy importante en el siglo IV. En realidad, géneros como la Historia, el Teatro y la Filo-sofía socrática están llenos de oratoria antilógica, participan del mismo espíritu, que es el de la democracia.
La oratoria influyó enormemente en todos los géneros de prosa, en todos los períodos.
5. La literatura filosófica y científica. Primero en verso, luego en prosa la Filosofía compitió desde el siglo VI con los géneros poéticos por el alma de los griegos. Creada en Mileto y otros lugares de Jonia desde el siglo VI, floreció especialmente en Atenas, como es conocido. Buscaba investigar racionalmente los primeros principios del cosmos y de la vida humana y establecer para esta vías de conducta. Creó géneros y subgéneros propios, entre ellos el tratado o tekhne, que floreció en la edad helenística, pero ya existía, desde el siglo V, en Siracusa y Ate-nas.
A diferencia de los géneros anteriores, la Filosofía no desapareció en la Edad Helenística, se mantuvo siempre viva, aunque la orientación en parte variara. Es conocida su confluencia con la literatura cristiana en la Antigüedad tar-día y la Edad Media, así como sus nuevos desarrollos a partir de la época del Humanismo.
6. La novela. Mitos y cuentos son comunes en las literaturas orientales, también, como pequeños excursos, en los historiadores y otros prosistas. Pero en fecha helenística se crearon dos géneros propiamente novelísticos: rela-tos extensos con mucho contenido erótico. Ya eran en torno a una pareja de enamorados que viajaba entre peligros, género de la novela idealizante o "novela griega"; ya en torno a un personaje de baja extracción social, que viaja-ba haciendo crítica del mundo y de las clases y valores dominantes ("novela realista", del tipo de la Vida de Esopo o del Satiricón).
Son estos géneros que ejercieron enorme influencia, sobre todo a partir del siglo XIV. La novelística occidental los su-peró ampliamente, pero sin estos precedentes no puede comprenderse.
7. Géneros antológicos. La Edad Helenística desarrolló los que llamo "géneros antológicos": recogida de materiales diversos (inscripciones, gnômai, doctrinas de los físicos y filósofos, fábulas, mitos, etc.),o bien crea-ciones de un mismo autor (Corona de Meleagro, Metamorfosis de Ovidio, etc.)
Todo esto no es sino un breve recopilación de los géneros creados por los griegos. No hablo de temas poéticos o filosóficos o estilos artísticos que siguen ejerciendo influencia: puede decirse que, en cualquier situación humana, las principales posiciones teóricas o de conducta que pueden adoptarse, estaban ya preestablecidas por los griegos. Segui-mos siendo estoicos o epicúreos, trágicos o racionales, providencialistas o escépticos.
Quiero hacer constar, cerrando este tema, que las principales originalidades de los griegos forman un verdadero ciclo, con coincidencias y diferencias cronológicas; y se alían con otros elementos más tradicionales y co-munes. Provocan adhesiones y críticas, comportan variantes múltiples, como también su descendencia en las edades posteriores.
En todo caso, de lo que no puede dudarse es de que con los griegos y, en nuestro caso, con la literatura grie -ga,
mu-chas que fueran, a veces, las reacciones hostiles. En esto quiero insistir, para terminar.
En realidad, las reacciones contra algunos de estos inventos de los griegos comenzaron ya dentro de Grecia. Por
ejemplo, la democracia era hostilizada en mil lugares, en el siglo IV había ya, por reacción contra sus excesos, un giro monárquico: en Isócrates, Jenofonte, ciertos escritos de Platón; luego en Alejandro y en las monarquías hele-nísticas. O bien, frente a la tragedia, la filosofía socrático-platónica inició una reacción que buscaba una seguridad para la vida humana, un sistema de normas que traerían la felicidad en esta vida o en otra.
En definitiva, la libre discusión de las ideas y la apertura total, sin restricciones, experimentaron cortapisas. Ciertos géneros literarios, ciertas corrientes filosóficas, ciertos comportamientos políticos unidos a la idea de apertura de la sociedad griega, decayeron o desaparecieron.
Y esto no fue sino el comienzo. En Roma, tras el período republicano, se perdió, en el imperio, la democracia, y otra vez se estableció la visión del poder como algo que viene de arriba abajo, volvieron los gobiernos personales y en cierto modo teocráticos, puesto que el emperador, a su muerte, se convertía en dios. Y ya antes, en un momento u otro, se habían perdido la oratoria política, la tragedia y otras creaciones de los griegos.
Pero otras creaciones griegas persistieron incluso en época imperial, de la lírica al atletismo, del epi -cureísmo y cinismo a la novela, a la Ciencia sobre todo. La reacción ante los griegos era mixta: estaban en el núcleo de la cultura romana, pero algunas de sus más audaces construcciones desaparecían o eran miradas con sospecha. Eso no es sino una mínima descripción.
Pues bien, desde el siglo IV después de Cristo, con el triunfo del cristianismo, y desde el V, con la caída del imperio de Occidente y la consolidación del de Oriente como un régimen plenamente teocrático, el giro fue mu -cho más radical frente al antiguo humanismo greco-romano. El siglo V es el momento en que, en cualquier ruina romana en torno al Mediterráneo, las construcciones de tipo teatral o político o deportivo fueron arruinadas, para dejar lugar a las nuevas basílicas o baptisterios o palacios episcopales.
Y, poco después, en el Edad Media, parece que hubiéramos vuelto a los comienzos: a sociedades que vi -vían atadas a normas tradicionales, a la casi extinción del pensamiento libre, a las monarquías teocráticas, a una épi-ca de tradición indoeuropea que vivía de viejos ideales aristocráticos, a la desaparición del teatro y de la Ciencia, a la sustitución de la historia crítica por crónicas elementales. Parecía que todo rastro de helenismo había desaparecido del mundo.
Pero a la larga no fue así. Los enemigos de los griegos salvaron a los griegos. Los textos latinos llevaron hue -llas de la sabiduría griega a todas partes. La Iglesia, enemiga en principio de los griegos, aceptó con Basilio, los dos Gregorios, Juan Crisóstomo, Ambrosio, Agustín, Isidoro una parte de su legado y lo fundió con el suyo propio; y,
sobre todo, salvó, en Oriente y Occidente, muchos de los textos escritos de los griegos, que inspirarían la re -surrección, en el Renacimiento, de una nueva cultura de tradición antigua. Los musulmanes, por su parte, tradujeron textos griegos, sobre todo de Filosofía y Ciencia, textos que luego pasaron al latín o al castellano.
De alguna manera, trabajosamente, el legado griego, con todos sus matices y aspectos, fue abriéndose paso. A partir del siglo IX tanto en Oriente como en Occidente fueron surgiendo Renacimientos ligados a la Antigüedad. No puedo explicar aquí cómo un mínimo conocimiento del teatro o del pensamiento antiguo, por ejemplo, fue suficien-te para que, gradualmensuficien-te, se crearan lisuficien-teraturas que cultivaban una nueva historia, un nuevo suficien-teatro, una nueva ciencia. La épica y la lírica tradicionales, los cronicones, la filosofía dogmática, el preteatro popular, recibieron ese in-flujo, lejano y mediato, de los griegos y dejaron pasos a formas literarias que continuaban su espíritu. Y se creaba de nuevo la novela. Y el humanismo todo, y el léxico culto de las lenguas europeas, recogían y profundizaban la antigua tradición.
La cronología es varia, incluye también la reconstrucción de la democracia, a partir de los ensayos de las ciu-dades italianas y hanseáticas y de las revoluciones inglesa, americana y francesa. Y el renacimiento del deporte competitivo. Y tantas cosas más. En definitiva, al final, nos encontramos en las literaturas europeas con los mismos géneros griegos, aunque hayan creado productos modificados, de una nueva originalidad. Y con tipos de sociedad y política más abiertos, que superaban el bache de los larguísimos siglos de monarquías de base teológica.
Naturalmente, la vuelta del espíritu libre creado por los griegos y manifestado en tantas creaciones suyas, no es sin riegos. Los mismos peligros, las mismas luchas, las mismas reacciones que ya operaban en Grecia siguen ope-rando, también, en nuestros días. Y ello en la política, la sociedad, el pensamiento la literatura.
Pero no es este el tema que debo desarrollar aquí ahora. El impulso hacia la creación y la libertad es tan conna-tural al espíritu humano como el impulso hacia formas cerradas y seguras. El primero solo en ciertas circunstancias de desarrollo espiritual, social y económico se abre paso. Pues bien, esto que sucedió en Grecia a lo largo de pasos sucesivos, desde el siglo VII a. C., volvió a suceder gradualmente en nuestra Edad Media. Solo que aquí había un mo-delo: lo que se conocía de los griegos a través de una larga y mínima tradición. Tradición primero indirecta, luego, más adelante, directa, a través de los textos y las ruinas. El hombre necesita modelos para acelerar su mar-cha, para saber a dónde dirigirla.
El
influjo de las grandes creaciones de los griegos nunca se ha perdido, pero ha sido fructífero porque en ciertas ocasiones eran literalmente llamados, buscados. Por eso termino como comencé: los griegos y sus grandes creaciones, a algunas de las cuales, sobre todo en el campo de la literatura me he referido, representan un corte, un giro en la historia. Desde ellos, pese a largos olvidos, largas marchas atrás, siempre se vuelve a su espíritu.
Es un fenómeno que no es fácil de ver, precisamente por su misma constancia y por su proximidad. Esas crea-ciones de los griegos a que he venido refiriéndome son para nosotros tan naturales, tan lógicas, que ni siquiera las ve-mos. En realidad, hace falta una comparación con las culturas no helenizadas del pasado o del presente, para notar la diferencia. Hace falta estudiar en detalle los puntos cruciales en que se perdían las creaciones helénicas y aquéllos en que se recobraban.
Esto es lo que, muy esquemáticamente, he tratado de hacer aquí. A través de este examen de lo prehelénico de Oriente y de fases posteriores como la helenística, la romana imperial y la medieval latina y bizantina, se puede ver qué es lo más novedoso de la helenidad. Y se puede seguir su lucha para volver a abrirse paso apoyado en la mima naturale-za humana de que estoy hablando. Naturalmente, una vez que se cumplen los condicionamientos sociales necesarios.
Pues he tratado de hacer ver que ni en Grecia ni en los tiempos posteriores, ni la literatura ni el pensamiento han nacido y vivido de sí mismos. Que están acompañados de otros fenómenos sociales, económicos y políticos con los cuales son concomitantes. Se condicionan unos a otros. Y cuando retornan, en un giro posterior de la historia, traen de nuevo un ambiente literario e intelectual paralelo al de los griegos. Y apoyado, en su nacimiento, por los ecos de aquellas antiguas creaciones griegas, débiles ecos que, sin embargo, fueron suficientes paantigua.ra que se encarnaran y renacieran y crecieran en nuestras naciones de herencia griega. Nuestras literaturas son, en efecto, continuadores de esa esencia helénica, aunque con nueva sangre, nuevas oportunidades. Es una esencia de creación y de libertad.
Actividad: Realiza un resumen y un mapa conceptual del apartado anterior.
1.2. La transmisión de la Literatura antigua: ¿Cómo se preservó la Literatura antigua? Soportes de la
escritura en la Antigüedad. Instrumentos y materiales.
1. ¿Cómo se preservó la literatura antigua?
Una parte del legado de la Antigüedad clásica grecolatina ha podido llegar hasta nosotros por vía directa, y podemos apreciarlo en testimonios que aún perviven a pesar del tiempo transcurrido y de los efectos, a menudo destructivos, que las sucesivas generaciones han obrado sobre él: monumentos, inscripciones, monedas, cerámicas, mosaicos, esculturas, etc. son testimonios directos de esa época remota. Sin embargo, otra parte del saber antiguo, quizá la principal, se ha conservado en forma de libros manuscritos (códices), copiados sucesivamente por los monjes medievales.
Hubo numerosos factores que influyeron en la transmisión de las obras antiguas. En primer lugar habría que mencionar el hecho de que los gustos varían de una época a otra, haciendo que se conserven las obras de los autores más prestigiosos, en detrimento de otros que caen en el olvido. Por razones parecidas, se pone mayor interés en conservar lo nuevo, dejando que lo antiguo se pierda si se considera superado. La conservación de las obras menos leídas estaba encomendada a las grandes bibliotecas, pero estas eventualmente podían quedar destruidas por incendios, como ocurrió con la Biblioteca de Alejandría destruida definitivamente en el 646 por las invasiones musulmanas.
Aunque en menor grado de lo que podría suponerse, la prevención del cristianismo hacia la literatura pagana, también pudo determinar la suerte de algunas obras. Quizá no de manera intencionada. La escasez de materiales y su levado coste era un factor selectivo importante para determinar qué obras se copiaban. La carestía de materiales nuevos paliada con el aprovechamiento de los viejos explica también el fenómeno de los codices rescripti (palimpsestos).
Las recopilaciones, antologías y resúmenes, que comenzaron a elaborarse ya en época romana, fueron perniciosas para las obras más voluminosas, que dejaron de copiarse. En los periodos en se produjo un cambio en el soporte principal de las obras literarias, por ejemplo cuando los códices sustituyeron a los rollos de pergamino (siglos III-IV), o cuando se comenzó a usar la escritura minúscula para las obras literarias (siglos VIII-IX), hubo una gran pérdida de obras; aquellas que no interesaban no se transcribieron o, en su caso, se transliteraron.
Con todo, la suerte de las obras que no se perdieron y se transmitieron con el correr de los siglos se mantuvo en permanente precariedad hasta que Johannes Gutenberg perfeccionó la imprenta de caracteres móviles hacia 1440. Así se hizo posible la multiplicación de las obras vetustas, a veces conservadas en un único ejemplar, y se garantizó su preservación definitiva.
2. Soportes de la escritura en la Antigüedad. - Los rollos de papiro.
El libro no ha tenido siempre la forma en que lo conocemos hoy en día. Para nosotros, un libro es un conjunto de hojas que se han cosido o encuadernado por uno de sus lados. Al leerlo basta con ir pasando sus hojas de papel, una tras otra, con un ligero movimiento de los dedos. La consulta se ve facilitada por la numeración de las páginas y por los índices. Podemos sostener un libro con una mano mientras lo leemos porque la mayoría son muy livianos, y si sus dimensiones no permiten una lectura cómoda, podemos colocarlo sobre una mesa o atril. En la Grecia clásica, punto de arranque del grueso de nuestra tradición literaria, no había libros de esas características, ni había papel, y, lo que es más, se podían encontrar muy pocas personas capaces de leer. Los griegos conocían la escritura desde el siglo IX a.C. (en que
adaptaron el silabario fenicio a las peculiaridades de su lengua, creando el primer alfabeto occidental) pero no pusieron sus obras literarias por escrito hasta varios siglos después, cuando la prevalencia del carácter oral de sus tradiciones comenzó a decrecer.
Lo que existía era el rollo o volumen: una banda, más o menos ancha, confeccionada con hojas de papiro encoladas sucesivamente y enrollada en una especie de bastón. El texto se escribía en columnas regulares sólo por una de las caras del papiro, la que quedaba hacia el interior cuando estaba enrollado; así se evitaba el deterioro producido por el roce. Los inconvenientes de este tipo de ”libros” eran muchos: para leerlos había que desenrollarlos, colocándolos sobre las rodillas y sujetando la parte enrollada con una mano, al tiempo que con la otra se iba desenrollando con cuidado. Su capacidad era muy limitada, debían emplearse varios rollos si se trataba de una obra extensa; efectuar una consulta o verificar una cita se convertía, además,
en una engorrosa tarea.
Elaboración del papiro y de los rollos.
Los tallos de la planta, ricos en celulosa, se partían en trozos de unos 40–50 cm. de largo. Luego se cortaban finas láminas longitudinales y se aplanaban con un mazo. Las láminas se extendían sobre una superficie lisa, todas en el mismo sentido, formando una primera capa. A continuación, se superponía otra capa de láminas, en sentido perpendicular a las anteriores. Se ponían en remojo, se prensaban y, por último, se dejaban secar al sol. El resultado era un material (gr. χαρτή / lat. charta) apto para la escritura.
Los pliegos de papiro (paginae, plagulae, schedae) se encolaban sucesivamente por su lado más ancho, de manera que formasen una larga banda (normalmente de seis metros de largo por veinte centímetros
de alto), que debía enrollarse sobre un cilindro de madera o hueso llamado ”ombligo” (umbilicus): éste se remataba en sus extremos con unos pomos de madera o marfil, denominados ”cuernos” (cornua); algunos rollos tenían un umbilicus en cada extremo. El rollo así formado era llamado rotulus o, más comúnmente, volumen o, incluso, liber, y se empleaba principalmente para la copia de obras literarias, ya que para los menesteres de la vida cotidiana, la escuela, o las cartas se empleaban las tablillas enceradas, más baratas, pero demasiado voluminosas y frágiles. Sobre la banda de papiro se escribía en columnas.
Los márgenes superior e inferior de la banda de papiro enrollado se llamaban ”frentes” (frontes) y se alisaban para eliminar las irregularidades y el deshilachado de las fibras; para ello se empleaba la piedra pómez (pumex).
Al rollo se le ataba un trozo de pergamino en el que figuraba escrito el título o el contenido (titulus, index). Para preservarlo de la humedad y de los parásitos se untaba con aceite de cedro y se introducía en un estuche, también de pergamino, coloreado de púrpura o amarillo.
- El rollo de pergamino.
El rollo o volumen de papiro entraría en competencia con el de otro material: el pergamino. El autor romano Plinio el Viejo (siglo I d.C.) documenta en su Historia Natural que, por una rivalidad acerca de sus bibliotecas entre los reyes Tolomeo de Egipto y Eumenes de Pérgamo (en la región de Misia, en el Asia Menor, actual Turquía), el primero suprimió la exportación de papiro, y la escasez inmediata de este material hizo que en Pérgamo se buscase otro que lo sustituyese; ello dio lugar a que se perfeccionase la técnica de fabricación de membrana (”pieles”, ”pergaminos”), que ya se conocía de antiguo. El nuevo material destinado a la escritura, la charta pergamena, procedente de Pérgamo se adaptó al modelo del volumen o rollo. El pergamino era un material más resistente que el papiro, algo que se convertiría en un factor vital en la supervivencia de la literatura clásica.
- Las tablillas enceradas
Otro de los soportes utilizados para la escritura fueron las tablillas, hechas de madera o marfil, que podían ser ”blanqueadas” (dealbatae), es decir, cubiertas de un barniz blanco, o ”enceradas” (ceratae), recubiertas de cera. Para escribir (exarare) sobre las tablillas enceradas, se practicaba un rebaje en la superficie de éstas, en el cual se vertía cera derretida, que posteriormente se ahumaba para que resaltasen las letras grabadas. Las tablillas llamadas en latín tabellae o cerae, recibían también el nombre de pugillares, porque se sostenían con el puño izquierdo (pugnus) para escribir con la mano derecha. Las tablillas se utilizaban sobre todo para los ejercicios escolares, cuentas o borradores. Se escribía mediante un punzón de madera, marfil, hueso o metal, llamado stilus o, con el nombre griego, graphium. Las tablillas, unidas con cuerdas o con cierres, formaban una especie de libro; según el numero de tablillas unidas se hablaba de duplices, triplices, etc., o con las palabras griegas, diptycha, triptycha, polyptycha (de πτύξ, ”lámina”).
- El códice de pergamino.
A comienzos de nuestra era comenzó a emplearse otro soporte para la escritura: el códice (codex). Se trata de un conjunto de cuadernos formados al doblar una o más hojas y cosidos unos con otros.
Hubo códices de papiro, pero terminó por imponerse el de pergamino (codex membraneus). El poeta Marcial, en el siglo I d.C., ponderó las ventajas de los códices frente a los volúmenes, pero el proceso de sustitución no comenzaría a imponerse hasta dos siglos más tarde, y no se completó definitivamente hasta el siglo IV.
Un códice estaba formado por cuadernos, que eran pliegos de un cierto número de hojas plegadas por el centro y cosidas, llamadas bifolios; los bifolios de encajaban unos con otros de manera que el primer folio del cuaderno tuviera por detrás el último, el segundo el penúltimo, y así sucesivamente. Según el número de bifolios plegados que componen el cuaderno se habla de biniones (dos bifolios plegados), terniones (tres), cuaterniones (cuatro), que era el preferido para el pergamino, quiniones (cinco), seniones (seis), que era el
preferido para los códices en papel.
El pergamino de los códices debía ser fino y bien alisado, pues se escribía por ambas caras. Los romanos teñían los pergaminos de distintos colores, sobre todo amarillo o rojo, porque su blancura se ensuciaba y molestaba a la vista. Las caras más ásperas del pergamino (la parte del pelo) se disponían de manera que coincidiesen, lo mismo que las más lisas, las de la carne; así se conseguía que no hubiese contraste entre las dos partes, que solían tener diferente coloración.
Para controlar la paginación y evitar alteraciones durante la fase de encuadernación, hubo diversos procedimientos. Numerar el último folio de cada cuaderno era lo que se conocía como ”signatura”.
Un procedimiento parecido era el del ”reclamo”: se escribía al final del cuaderno las primeras palabras del cuaderno siguiente. En el siglo XIII comenzó a aparecer la numeración por folios (abrev. «f.»/ «ff.», folio[s]), con su recto (abrev. «ro»), la cara impar, y su verso (abrev. «vo»), la cara par, terminología que todavía se usa para facilitar la descripción de los manuscritos (abrev. «ms»). La numeración por páginas, tal y como la conocemos en los libros impresos actuales, comenzó a usarse en el siglo XV.
El códice no tenía una primera página con el título, sino que al comienzo de la obra había una frase en tinta roja y letras mayúsculas que contenía el título de la obra, aunque sin aludir al nombre del autor.
Al final se repetía el título del libro con una indicación de que había terminado y el nombre del autor. Tales indicaciones en los códices eran una supervivencia del comienzo y el final de los volumina o rollos: en ellos, el comienzo venía también indicado por la palabra ”incipit” (p. e. Incipit Aeneidos liber primus, ”Comienza el primer libro de la Eneida”), mientras que al final figuraba una advertencia de que el volumen estaba totalmente desenrollado, es decir, explicitus (p. e. Explicitus (est) Aeneidos liber primus, ”Desenrollado el primer libro de la Eneida”); la abreviatura ”explicit.”, se conservó cuando los rollos fueron sustituidos por los códices, pero desprovista de su sentido, pues los códices ya no se desenrollaban, y se tomó como una forma verbal correlativa de incipit (”comienza”), con el significado de ”ha terminado”. Estos términos perviven en la práctica moderna de catalogación y descripción de los manuscritos: el íncipit designa las primeras palabras del documento antiguo, y el éxplicit, las últimas.
- El papel.
El papel comenzó a utilizarse para los códices desde el siglo XII. Su invención se atribuye a los chinos, que ya lo fabricaban en el siglo I de nuestra era, y su técnica secreta constituía un monopolio del Estado. A través de prisioneros de guerra, la técnica de fabricación llegó a los árabes a mediados del siglo VIII, quienes lo difundieron por todo el mundo islámico, incluido Al-Ándalus, hacia el año 1000 (las primeras fábricas estuvieron en Córdoba y Xátiva), de donde pasó al resto de Europa en el siglo XII. Los árabes aportaron una innovación al papel chino, consistente en cubrirlo con una solución de almidón que lo hacía más fuerte y reducía la absorción de tinta. El nuevo material, más económico que el pergamino, recibió diversos nombres, unos ya conocidos: charta o papyrus (el primero se mantiene en el italiano carta, el segundo ha prevalecido en otras lenguas modernas: papel, paper, papier, etc.), y otros nuevos: bombycina, cuttunea, pannicea (sc. charta), que recuerdan que el principal ingrediente en el proceso de elaboración de este primitivo papel eran los trapos; sólo en el siglo XIX el aumento de la demanda de libros haría que la madera triturada se convirtiese en la materia prima. Para fabricar el primitivo papel se ponían en maceración trapos de cáñamo o lino; luego se golpeaban con mazos hasta que se reducían a una pasta homogénea, que se echaba dentro de un molde en el que había un entramado de hilos de latón o cobre; después del secado se procedía a encolarlo, alisarlo y dejarlo satinado. Cada fabricante tenía unas filigranas o distintivos que aparecían en el papel, y hoy permiten datarlo e identificarlo.
3. Instrumentos y materiales. - Estilo (stilus).
La palabra stilus designa una especie de punzón del tamaño de un lápiz de nuestros días, que se utilizaba para escribir sobre las tablillas enceradas. Se relaciona con el griego stýlos, ”columna”, y también ”punzón”, si bien el término griego más corriente con este último significado es gráphion. El más común era de hierro, pero podía ser de hueso, marfil, plata, etc. El extremo usado para escribir tenía una punta afilada, mientras que el opuesto, más ancho y aplanado, se utilizaba para borrar o raspar la cera y aplastarla de nuevo en caso de error.
- Caña (calamus).
Los romanos conocieron la plumilla de bronce para escribir con tinta, pero su falta de flexibilidad hizo que cayera en desuso. Para escribir con tinta sobre el papiro o el pergamino se empleaba el calamus scriptorius, es decir, una cañita de junco, uno de cuyos extremos se afilaba con el culter o scalprum librarium, una especie de cortaplumas, y se hendía de modo análogo a las plumillas, para que el corte absorbiese la tinta por capilaridad. Plinio1 asegura que las mejores procedían de Egipto y de Gnido. Se guardaban en la theca calamaria.
En español conservamos la expresión latina ”lapsus calami” con el significado de ”error cometido al correr de la pluma”, es decir, al escribir.
- Pluma (penna).
Además de los calami, en el siglo IV comenzaron a usarse para escribir las plumas de ave, preferentemente de oca, que eran más flexibles y se adaptaban mejor a la escritura sobre pergamino. La pluma (penna) se endurecía calentándola e introduciéndola en arena.
con distintos ángulos que determinaban la forma de los caracteres; luego se practicaba una incisión en el centro para que absorbiera la tinta.
- Raspador (rasorium).
Con el fin de eliminar las manchas de tinta o de efectuar correcciones (rasurae) sobre el texto, el copista se valía para raspar el pergamino del rasorium.
- Compás (circinus), plomada (plumbum), regla (regulae), escuadra (norma), punzón (punctorium), lápiz de plomo (plumbum).
Antes de comenzar a escribir, se delimitaba el área de la escritura en el folio (márgenes) con dos líneas verticales, y se trazaban transversalmente las líneas paralelas de los renglones con el ”lápiz de plomo”, practicando con el compás dos series de diminutos agujeros para que sirvieran de guía.
- Tinta (atramentum).
La tinta, de color negro, se llamaba atramentum (del lat. ater, ”negro”) scriptorium o librarium. En la Edad Media se impuso el vocablo de origen griego encaustum, de donde deriva el italiano inchiostro, el francés encre y el inglés ink. Nuestra palabra ”tinta”, así como el alemán tinte, vienen del latín medieval tincta, ”teñida”. El recipiente para la tinta se llamaba atramentarium, también scriptorium y calamarium. El molusco que llamamos ”calamar”, con su bolsa de tinta negra, recibió su nombre precisamente por ser una especie de ”tintero portátil”.
Según Plinio,2 la tinta se hacía al principio a base de hollín, resina, heces de vino o tinta de sepia, que se mezclaban con goma. Más tarde se emplearon otros ingredientes, como la agalla de encina o el sulfato de hierro, diluidos en vitriolo, vinagre o incluso cerveza, con lo que la tinta negra tomó otros tonos y matices, además del negro.
La tinta roja, a base de minium, o terra rubrica (de ruber, ”rojo”, era el bermellón, es decir, cinabrio reducido a polvo), se usaba en las rubricae, ”títulos” e ”iniciales”, y para todo lo que se quería resaltar.
La tinta era espesa y untuosa, y su adherencia era muy variable, dependiendo también de la capacidad de absorción de cada material; en fresco, podía borrarse simplemente restregándola con una esponja húmeda (spongia deletilis). Suetonio3 cuenta que el emperador Calígula obligaba a los poetas que no le agradaban a borrar sus obras con la lengua. Los romanos también utilizaron ”tinta invisible”: Ovidio recomienda a los amantes escribir con leche fresca, que sería ilegible hasta que sus cartas fueran espolvoreadas con carbón, y Plinio menciona para este uso la savia de determinadas plantas.
- Colores para iluminar (pigmenta).
El copista reservaba en el pergamino los espacios en blanco sobre los que posteriormente trabajaría el miniaturista. La miniatura era la técnica por medio de la cual se embellecían las páginas de los manuscritos, lo que afectaba particularmente a las iniciales. Del ya citado minium procede el vocablo ”miniatura” . Se utilizó también el término alluminare, que significaba ”dar alumbre”, es decir, iluminar con lacas obtenidas por reacción química del alumbre (alumen) mezclado con materias colorantes vegetales.
Las diversas clases de tintas y sustancias colorantes, los pigmentos de origen animal, mineral o vegetal, se hacían más consistentes y tenaces con goma arábiga, aunque también se utilizó miel o clara de huevo; hasta el cerumen se empleó, precisamente para combatir la espuma de la clara de huevo batida. Gracias a la hiel de buey, el pergamino recibía mejor los colores al agua. En occidente no se utilizó la decoración de oro (pan de oro) o plata tanto como en los códices bizantinos, debido a la peor adherencia de los pergaminos, aunque se ideó el procedimiento de dorarlos con purpurina, es decir, con el metal pulverizado. En cuanto a la decoración de plata, se sustituyó con hoja de estaño. En los códices de gran valor se utilizó también el exótico lapislázuli para preparar un pigmento muy vivo de color azul ultramar.
1.3. Textos: Jenofonte, Anábasis IV, 1 y 2.
La Anábasis o Expedición de los Diez Mil (también La retirada de los Diez Mil o La marcha de los Diez Mil; en griego clásico Κύρου Ανάβασις, que significa «subida o marcha tierra adentro de Ciro») es un relato del historiador griego Jenofonte, un discípulo de Sócrates que participó como aventurero y posteriormente como comandante en la expedición.
JENOFONTE.
1. Lee los capítulos 1 y 2 del Libro IV de la Anábasis de Jenofonte. 2. Analiza sintácticamente y traduce los siguientes textos:
1. Ἡνίκα δ΄ ἦν ἀμφὶ τὴν τελευταίαν φυλακὴν καὶ ἐλείπετο τῆς νυκτὸς ὅσον σκοταίους
διελθεῖν τὸ πεδίον, τηνικαῦτα ἀναστάντες ἀπὸ παραγγέλσεως πορευόμενοι ἀφικνοῦνται ἅμα
τῇ ἡμέρᾳ πρὸς τὸ ὄρος.
2. ἔνθα δὴ Χειρίσοφος μὲν ἡγεῖτο τοῦ στρατεύματος λαβὼν τὸ ἀμφ΄ αὑτὸν καὶ τοὺς γυμνῆτας
πάντας, Ξενοφῶν δὲ σὺν τοῖς ὀπισθοφύλαξιν ὁπλίταις εἵπετο οὐδένα ἔχων γυμνῆτα·
3. οὐδεὶς γὰρ κίνδυνος ἐδόκει εἶναι μή τις ἄνω πορευομένων ἐκ τοῦ ὄπισθεν ἐπίσποιτο. καὶ ἐπὶ
μὲν τὸ ἄκρον ἀναβαίνει Χειρίσοφος πρίν τινας αἰσθέσθαι τῶν πολεμίων·
4. πολλοὶ δὲ οἱ ἐπὶ τούτοις ὄντες ἀπόμαχοι ἦσαν, διπλάσιά τε ἐπιτήδεια ἔδει πορίζεσθαι καὶ
φέρεσθαι πολλῶν τῶν ἀνθρώπων ὄντων. δόξαν δὲ ταῦτα ἐκήρυξαν οὕτω ποιεῖν.
5. Ἐπεὶ δὲ ἀριστήσαντες ἐπορεύοντο, ὑποστήσαντες ἐν τῷ στενῷ οἱ στρατηγοί, εἴ τι εὑρίσκοιεν
τῶν εἰρημένων μὴ ἀφειμένον, ἀφῃροῦντο, οἱ δ΄ ἐπείθοντο, πλὴν εἴ τις ἔκλεψεν.
6. τότε δὲ οὐχ ὑπέμενεν, ἀλλ΄ ἦγε ταχέως καὶ παρηγγύα ἕπεσθαι, ὥστε δῆλον ἦν ὅτι πρᾶγμά
τι εἴη· σχολὴ δ΄ οὐκ ἦν ἰδεῖν παρελθόντι τὸ αἴτιον τῆς σπουδῆς·
7. καὶ Βασίας Ἀρκὰς διαμπερὲς τὴν κεφαλήν. ἐπεὶ δὲ ἀφίκοντο ἐπὶ σταθμόν, εὐθὺς ὥσπερ
εἶχεν ὁ Ξενοφῶν ἐλθὼν πρὸς τὸν Χειρίσοφον ᾐτιᾶτο αὐτὸν ὅτι οὐχ ὑπέμενεν.
8. Καὶ εὐθὺς ἀγαγόντες τοὺς ἀνθρώπους ἤλεγχον διαλαβόντες εἴ τινα εἰδεῖεν ἄλλην ὁδὸν ἢ
τὴν φανεράν. ὁ μὲν οὖν ἕτερος οὐκ ἔφη μάλα πολλῶν φόβων προσαγομένων·
9. ἐνταῦθα δ΄ ἐδόκει συγκαλέσαντας λοχαγοὺς καὶ πελταστὰς καὶ τῶν ὁπλιτῶν λέγειν τε τὰ
παρόντα καὶ ἐρωτᾶν εἴ τις αὐτῶν ἔστιν ὅστις ἀνὴρ ἀγαθὸς ἐθέλοι ἂν γενέσθαι καὶ ὑποστὰς
ἐθελοντὴς πορεύεσθαι.
10. Καὶ ἦν μὲν δείλη, οἱ δ΄ ἐκέλευον αὐτοὺς ἐμφαγόντας πορεύεσθαι. καὶ τὸν ἡγεμόνα
δήσαντες παραδιδόασιν αὐτοῖς, καὶ συντίθενται τὴν μὲν νύκτα, ἢν λάβωσι τὸ ἄκρον, τὸ
χωρίον φυλάττειν,
11. τηνικαῦτα ἐκύλινδον οἱ βάρβαροι ὁλοιτρόχους ἁμαξιαίους καὶ μείζους καὶ ἐλάττους, οἳ
φερόμενοι πρὸς τὰς πέτρας παίοντες διεσφενδονῶντο· καὶ παντάπασιν οὐδὲ πελάσαι οἷόν τ΄
ἦν τῇ εἰσόδῳ.
12. οἱ δὲ οὐκ ἐδέξαντο, ἀλλὰ λιπόντες τὴν ὁδὸν φεύγοντες ὀλίγοι ἀπέθνῃσκον· εὔζωνοι γὰρ
ἦσαν. οἱ δὲ ἀμφὶ Χειρίσοφον ἀκούσαντες τῆς σάλπιγγος εὐθὺς ἵεντο ἄνω κατὰ τὴν φανερὰν
ὁδόν·
13. ἄλλοι δὲ τῶν στρατηγῶν κατὰ ἀτριβεῖς ὁδοὺς ἐπορεύοντο ᾗ ἔτυχον ἕκαστοι ὄντες, καὶ
ἀναβάντες ὡς ἐδύναντο ἀνίμων ἀλλήλους τοῖς δόρασι. καὶ οὗτοι πρῶτοι συνέμειξαν τοῖς
προκαταλαβοῦσι τὸ χωρίον.
14. Ξενοφῶν δὲ ἔχων τῶν ὀπισθοφυλάκων τοὺς ἡμίσεις ἐπορεύετο ᾗπερ οἱ τὸν ἡγεμόνα
ἔχοντες· εὐοδωτάτη γὰρ ἦν τοῖς ὑποζυγίοις· τοὺς δὲ ἡμίσεις ὄπισθεν τῶν ὑποζυγίων ἔταξε.
15. ἐγγὺς δ΄ οὐ προσίεντο, ἀλλὰ φυγῇ λείπουσι τὸ χωρίον. καὶ τοῦτόν τε παρεληλύθεσαν οἱ
Ἕλληνες καὶ ἕτερον ὁρῶσιν ἔμπροσθεν λόφον κατεχόμενον ἐπὶ τοῦτον αὖθις ἐδόκει
πορεύεσθαι.
16. καταλείπει ἐπὶ τοῦ λόφου λοχαγοὺς Κηφισόδωρον Κηφισοφῶντος Ἀθηναῖον καὶ
Ἀμφικράτην Ἀμφιδήμου Ἀθηναῖον καὶ Ἀρχαγόραν Ἀργεῖον φυγάδα, αὐτὸς δὲ σὺν τοῖς
λοιποῖς ἐπορεύετο ἐπὶ τὸν δεύτερον λόφον.
17.
καὶ τῷ αὐτῷ τρόπῳ καὶ τοῦτον αἱροῦσιν. ἔτι δ΄ αὐτοῖς τρίτος μαστὸς λοιπὸς ἦν πολὺ
ὀρθιώτατος ὁ ὑπὲρ τῆς ἐπὶ τῷ πυρὶ καταληφθείσης φυλακῆς τῆς νυκτὸς ὑπὸ τῶν ἐθελοντῶν.
18.
18. ἐνταῦθα ἵσταντο οἱ πολέμιοι. καὶ ἐπεὶ ἤρξαντο καταβαίνειν ἀπὸ τοῦ μαστοῦ πρὸς τοὺς
ἄλλους ἔνθα τὰ ὅπλα ἔκειντο, ἵεντο δὴ οἱ πολέμιοι πολλῷ πλήθει καὶ θορύβῳ·
3.
Analiza morfológicamente las palabras subrayadas en los textos anteriores.1.4. Lengua griega: Las formas personales del verbo.
Formas personales.
A.1. Presente de indicativo.
–
El indicativo presente indica que la acción va desarrollándose en el tiempo presente: λύω desato, voy desatando;ἀποθνῄσκει (se) muere, está muriendo(se), El indicativo presente puede también significar:
–
simple tentativa: ἡµᾶς πείθουσι intentan convencernos.–
repetición o costumbre: πλοῖον ἐς ∆ῆλον Ἀθεναῖοι πέµπουσιν los atenienses envían (todos los años) una nave a Delos.–
un hecho histórico: ἐντεῦθεν ἐξελαύνει εἰς Πέλτας desde allí avanza hacia Peltas.–
Voz activa. Verbos en -ω:Verbos puros Verbos contractos
-αω -εω -οω -ω -ῶ -ῶ -ῶ -εις -ᾶς -εῖς -οῖς -ει -ᾷ -εῖ -οῖ -οµεν -ῶµεν -οῦµεν -οῦµεν -ετε -ᾶτε -εῖτε -οῦτε -ουσι -ῶσι(ν) -οῦσι(ν) -οῦσι(ν) Verbos en -µι: δίδωµι φηµί δίδω-µι φη-µί δίδω-ς φή-ς δίδω-σι(ν) φη-σί(ν) δίδο-µεν φα-µέν δίδο-τε φα-τέ διδό-ασι(ν) φα-σί(ν)
–
Voz mediopasiva: Desinencias personales -µαι -ει (<ε+σαι) -ται -µεθα -σθε -νται A.2. Imperfecto.–
El imperfecto indica que la acción iba dessarrollándose en tiempo pasado: ἔλυον desataba, iba desatando. El imperfecto puede significar también:–
simple tentativa: ἡµᾶς ἔπειθον intentaban convencernos.[Preverbio]1+ aumento2 + tema de presente +
Voz activa Voz mediopasiva
-ον -µην -ες -ου (<εσο) -ε -το -οµεν -µεθα -ετε -σθε -ον -ντο
A.3. Aoristo de indicativo.
–
El aoristo de indicativo expresa la acción pura y simple en tiempo pasado, sin idea alguna de desarrollo ni resultado. Es el tiempo histórico por excelencia. Ejs.: ἐνίκησαν οἱ Ἕλληνες vencieron los griegos; ἦλθον, εἶδον, ἐνίκησα llegué, vi, vencí.–
El aoristo de indicativo lleva aumento, lo mismo que el imperfecto ya visto.–
Hay varias clases de aoristo de indicativo:–
Sigmático: presenta una característica temporal -σα/-σε unida a la raíz del verbo, Esta característica puede sufrir trans-formaciones fonéticas (-ψα/ψε; -ξα/-ξε), e incluso desaparecer.–
Radical: es igual al imperfecto salvo que el aumento y las desinencias no se unen al tema de presente sino a la raíz, di -ferente de aquél por alguna circunstancia (ausencia de reduplicación, de sufijo, cambio de timbre, etc.).–
En kappa: Tres verbos presentan un aoristo con la característica kappa para las tres personas del singular;–
Pasivo: El aoristo, junto con el futuro, son los dos únicos temas que tienen formas propias de la voz pasiva, diferenciada de la vo mediopasiva. La voz pasiva se caracteriza por la característica θη/θε.Voz activa Voz media
Sigmático -σα -σαµην -σας -σω -σε -σατο -σαµεν -σαµεθα -σατε -σασθε -σαν -σαντο Radical -ον -µην -ες -ου -ε -το -οµεν -µεθα -ετε -σθε -ον -ντο Pasivo -θη-ν -θη-ς -θη -θη-µεν -θη-τε -θη-σαν
1 En los verbos compuestos de preverbio el aumento se coloca entre el preverbio y el verbo.
2
Es una característica propia de los tiempos de pasado que encontramos sólo en el modo indicativo:–
Si el verbo empieza por consonante: se antepone una ἐ- delante del tema de presente del verbo, y se conoce con el nombre de aumento silábico.–
Si el verbo empieza por vocal: ésta presenta un alargamiento de y se conoce con el nombre de aumento temporal: ejemplo: δίδωµι, aoristo ἔδωκα.1.5.
Reglas de transcripción.
Las palabras cultas procedentes del griego mantienen los cambios fonéticos que provoca su transformación al latín y al español.
1. El diptongo αι se transcribe e. Αἴγυπτος [Egipto]
2. El diptongo ει se transcribe i. Ἡράκλειτος [Heráclito]
3. El diptongo οι se transcribe e, a través de la evolución latina oe. Οἰδίπους > Oedipus > Edipo 4. Los diptongos αυ, ευ se transcriben au, eu. αὐτονοµία [autonomía]
εὐφονία [eufonía]
5. El diptongo ου se transcribe u. Οὐρανός [Urano]
6. Si los diptongos αυ, ευ, ου se encuentran ante vocal, la υ, segundo elemnto del diptongo, se transcribe v.
εὐαγγέλιον [evangelio]
7. La ζ, en latín z, se transcribe z. Βιζάντιον > Bizantium > Bizancio
8. La κ, en latín c, se transcribe c. Κάσσανδρα [Casandra]
9. La θ se transcribe t, a través del latín th. θέατρον > theatrum > teatro 10. La φ, en latín ph, se transcribe f. φιλοσοφία > philosophia > filosofía 11. La ψ, en latín ps, se transcribe ps. ψυχιατρεία [psiquiatría]
12. El espíritu áspero inicial (῾) se transcribe h. ἱππικός [hípico]
13. La υ se transcribe i. πυραµίδα [pirámide]
14. La χ delante de e, i, se transcribe qu; ante consonante o vocal a, o, u se transcribe c.
χίµαιρα [quimera] χρονολογία [cronología]
- Aplica las reglas de transcripción a las raíces de los étimos griegos propuestos por la Ponencia de la PAEGs de Griego II de las Universidades Andaluzas, busca su significado y escribe dos derivados castellanos como mínimo de cada uno de los étimos:
Étimo griego Resultado de aplicar las reglas de transcripción a la
raíz
Significado Derivados castellanos
Αἷμα, -ατος Ἄνθρωπος Ἄριστος Ἀρχή Αὐτός Βιβλίον Βίος Γαστήρ Γῆ Γράφω Γυνή
Apéndice: Normas de uso del diccionario de griego.
A. Formas variables (Sustantivos, adjetivos y verbos).A.1) Sustantivos: Se buscan mediante su enunciado: nominativo y genitivo singular. Sólo extraordinariamente se recogerán en plural. El género del sustantivo quedará indicado en el diccionario mediante el artículo que viene escrito detrás (ej. εἰρήνη -ης, ἡ).
A.2) Adjetivos: Se buscan mediante su enunciado: nominativo singular en todos los géneros. Se originarán, por tanto, adjetivos de tres terminaciones (tipos: σοφός -ή -όν; νέος -α -ον; πᾶς πᾶσα πᾶν) o de dos terminaciones (tipos: ἀθάνατος -ον; σώφρων -ον).
Los adjetivos que estén en grado comparativo o superlativo deberán buscarse sin los sufijos empleados para la formación de dichos grados, es decir, se buscarán los adjetivos en grado positivo. Por ej. µέγιστος debe identificarse como superlativo y buscarse µέγας µεγάλλη µέγα. Sólo las formas irregulares aparecerán recogidas en el diccionario tal cual, pero siempre en nominativo singular. Por ej. ἀµείνονος debe buscarse como ἀµείνων, ἀµείνον y el diccionario lo presentará como comparativo de ἀγαθός.
A.3) Verbos: Deben buscarse por la 1ª persona del singular del presente de indicativo de la voz activa o, en su defecto, de la voz media. Para ello habrá que despojar a la forma verbal de todo elemento extraño al presente y añadir las terminaciones de dicho tiempo.
Algunas formas verbales más complejas vienen recogidas tal cual o, al menos, en la 1ª persona del singular del tiempo que sea pero en el modo indicativo.
B. Formas invariables (preposiciones, conjunciones, adverbios, interjecciones).
B.1) Se buscan tal cual, excepto los adverbios formados con -έως, que deben ser reconocidos como tales adverbios y buscados por la forma correspondiente del adjetivo.
B.2) En las preposiciones debe atenderse al valor que tienen según el caso con el que esté usada. CONSEJOS
1) No deben buscarse en el diccionario sino ser memorizados elementos gramaticales de uso corriente tales como artículo, pronombres (personales, reflexivos, posesivos, demostrativos, relativos), verbo copulativo, algunas conjunciones etc.
2) En caso de duda sobre la interpretación de alguna abreviatura del diccionario debe consultarse la lista de abreviaturas que se recoge al principio del mismo. (Ej. m. = masculino; ép. = épico)
3) Debe atenderse siempre a las indicaciones que se dan sobre el uso de cada palabra, tales como la diferencia de significado en un verbo según la voz empleada (ej. Πείθω = convencer ; πείθοµαι = obedecer) ; el caso con el que se construye un verbo –suplemento- ( ej. Πεινάω = carecer de + genitivo), etc.
Actividades complementarias. 1. Lectura recomendada: La Ilíada.
La Ilíada (en griego antiguo Ἰλιάς: Iliás; en griego moderno Ιλιάδα: Iliáda) es una epopeya griega y el poema más antiguo escrito de la literatura occidental. Se atribuye tradicionalmente a Homero. Compuesta en hexámetrosdactílicos, consta de 15.693 versos (divididos por los editores, ya en la antigüedad, en 24 cantos o rapsodias) y su trama radica en la cólera de Aquiles (µῆνις, mênis).1 Narra los acontecimientos ocurridos durante 51 días en el décimo y último año de la guerra de Troya. El título de la obra deriva del nombre griego de Troya, Ιlión.
Tanto la Ilíada como la Odisea fueron consideradas por los griegos de la época clásica y por las generaciones posteriores como las composiciones más importantes en la literatura de la Antigua Grecia y fueron utilizadas como fundamentos de la pedagogía griega. Ambas forman parte de una serie más amplia de poemas épicos de diferentes autores y extensiones denominado ciclo troyano; sin embargo, de los otros poemas, únicamente han sobrevivido fragmentos. Fue muy famosa en su época y es obligatorio estudiarla en Grecia.
2. Visionado de Troya.
En el año 1193 a. C., Paris (Orlando Bloom), hijo de Príamo y príncipe de Troya, rapta a Helena (Diane Kruger), esposa de Menelao, el rey de Esparta, lo que desencadena la Guerra De Troya, en la que se enfrentan griegos y troyanos. El ejército griego asedió la ciudad de Troya durante más de diez años. Aquiles (Brad Pitt) era el gran héroe de los griegos, mientras Héctor (Eric Bana), el hijo mayor de Príamo (Peter O'Toole), el rey de Troya, representaba la única esperanza de salvación para la ciudad.
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NIDAD 2. LA POESÍA ÉPICA GRIEGA.
Índice.
2.1. La poesía épica (Homero. Hesíodo).
2.2. Lecturas: Homero, Ilíada Α 1-100; Odisea α 1-101; Hesíodo, Teogonía 1-103.
2.3. Textos: Jenofonte, Libro IV de la Anábasis, 3 a 5. 2.4. Lengua griega: Los sustantivos, adjetivos y pronombres.
2.5. Étimos griegos.
APÉNDICE. Métrica griega (I). El hexámetro. Actividades complementarias.
2.1. La poesía épica (Homero. Hesíodo).
2.1.1. Características del género.- Por poesía épica se entiende un tipo de poesía narrativa que canta las hazañas de unos héroes pertenecientes a un pasado más o menos legendario y cuyo comportamiento glorioso acaba convirtiéndose en modelo de virtudes (valor, fidelidad, nobleza, etc.).
- Es poesía cantada por aedos (ἀοιδός) o cantores profesionales, con acompañamiento musical; esto era una ayuda para la memoria, como lo era también la dicción formularia, un saber técnico que comprendía expresiones válidas para muchas situaciones, la aplicación mecánica de epítetos a nombres (Atenea, la de los ojos de lechuza; Aquiles, el de los pies ligeros,. . . ), que se transmitían de generación en generación (por eso se dice también que es una poesía formularia). Todo ello facilitaba la retención memorística por parte del cantor.
- Es poesía objetiva, pues el poeta actúa como simple narrador de unos hechos ajenos a él.
- La forma de esta poesía es el hexámetro dactílico. Consiste en la repetición, seis veces, del pie rítmico llamado dáctilo (una algunos pies por un espondeo (dos sílabas largas). El elemento fundamental de la versificación griega es la cantidad de la sílaba o alternancia de sílabas largas y breves en el metro de acuerdo a determinados esquemas; es por tanto diferente a nuestra versificación, ya que su ritmo no es acentual y la rima no se utiliza.
- La poesía épica tuvo una primera etapa oral, en la que el cantor se limita a repetir, con pequeñas variaciones, una serie de cantos de héroes y personajes míticos que había aprendido de otros aedos. A esta etapa sucede otra en la que utilizando la escritura crea sus propios poemas. Esta es la etapa de la poesía culta y a ésta pertenece el gran autor épico griego, Homero.
- Esta poesía utiliza ciertos recursos estilísticos, como comparaciones, catálogos (largas enumeraciones de guerreros, pueblos que participan, etc.), invocaciones a las Musas, digresiones, narraciones o relatos que se alejan de la acción principal.
2.1.2. Principales autores y obras. - Homero.
Es el símbolo de la épica y el poeta por excelencia. La leyenda nos habla de su vida y nos lo presenta en Quíos u otra ciudad de Asia Menor, deambulando ciego o jefe genial de una escuela de rapsodas, entre los siglos IX y VIII a.C. A él se atribuye, además de la Ilíada y la Odisea, los Himnos homéricos, dedicados a diversas divinidades (Hermes, Deméter, Apolo, etc.). También se le atribuyen otros poemas como la Batracomiomaquia (parodia épico– burlesca), el Margites (cómico asimismo), la Tebaida, los Epígonos o los Cantos ciprios: estas atribuciones se fundamentan sólo en que Homero es el símbolo de la poesía épica para los griegos.
No se sabe con exactitud la época en la que vivió ni su patria, y se ha llegado a poner en duda incluso su existencia, sobre todo a partir de las conjeturas de los críticos franceses del siglo XVII y del alemán Wolf a finales del XVIII. Sostenían que no había existido un Homero autor de la Ilíada y de la Odisea, ni los dos poemas podían ser de un mismo autor ni época y que ni siquiera podía hablarse de un autor personal y único, sino de un conglomerado de pequeños cantos épicos originariamente independientes, obras quizá del espíritu popular, que en sucesivas refundiciones de compiladores anónimos, habían dado lugar a poemas más extensos. Luego, la mentalidad popular habría atribuido su paternidad a Homero.