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i ^ i ^^i^:

MADRID ENERO 1959 N. ^ 2 - 59 H

Utilización racional de la hierba

Joaquín G. de Azcárote Moreno

Ingeniero Agrónomo.

MINISTERIO DE AGRICULTURA DIRECCION GENERAL DE COORDINACION, CREDITO Y CAPACITACION AGRARIA • SECCION DE CAPACITACION

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UTILIZACION RACIONAL DE LA HIERBA

La función clorofílica y los prados.

1?nl^-c 1c;5 grande^ ^misterios ^lc l^i \ aturalcz<L ^^cul^a un clcstacadísiil^^^ lugar la llamada fnnci^",i^ clc^r^^l^ílica clc las hl^t^^^- t^^s, Ix^r nlecii^^ ^le la cual las célttl^is cle stis í^r^-an^^s ^^er^l^°5, valién^l^^sc del i^i;;^nlent^^ cienun^in^l^lu ^^lurn fil^r-^lue da el n^m^- l^re a esta tunci^^n-y cc3i el cc^nrurs^^ ^le 1<1 luz s^:^iar, se al^o-

^lcran clcl ^as carb^^iico dcl aire, ^lcs^lul>l^^n stts <l^^s cr^inp^^- nentes, c<zt-b^^n<^ }- c^^íaen^^, clevttel^^en estc í^ltim^^ a l^t atni^^s- icr<^ y t^ibrican am el carbun^^ l^^s aztícares, Í ^culas, grasas, ce!ulosa y demás sustancias due las hlantas bi-indail gener^^- samente al hombre h^^ra sus más cli^-ers,is neeesidacles.

tiin esta iunci^ín, el 1^^»>il^re nu ^^^,clría ^-i^-ir s^^bre la 7'ic- rra l^ur ^(alta clc alinient^^s ^•, aun cn c1. ras^^ <lc ^fu^ l^^s c^m- si^ttics^^ ^u^r ^^tr^^ ^^r^^ceclin^ict^t^^, sti^•ttn^l^^iría a-;^^^i^ian^ente ^^nr l^arcrse irresl,iraLle la atiu^'^sfer<i a c^utsa ^1^ l^i e^cesi^-a c^m- ccntr^ici^"m ^lc ^as carl:^í^nic^^ ^^uc, c» sc^^ui^la, sc ^^r^xlttcirí^i.

i.as l^ierbas dc l^^s ^^r^ul^^^, c^^m^r l^l^^ni^^s ^^^rclcs <<uc s^^n, rcaliz^Ln t^^nihi^^n l^^ funcií^i^ c1ur^^Íílica y las sustancias ^^uc

^lc estc in^xl^^ cltllwran s^m cn^^^lc.ul^^s, cn ^^artc. ^r^ra satis- Í<irer las ^^r^^^hias n^retii^l_icies iisi^^l^";;;^icas ^lc l,i ^^lant^l: ^^tra

^^,^rtc sirvc l^ara c^lilic<ir nucvas c^^lttl.is u tcjiíl^^s ^lc l.i ^mi^^,-

^i^^^ u, <lirh^^ cun ^^tras ^;alabr^ts, ^^crn^itir su crcrin^icnt^^; una

<<t'CC1'^L Ít"ILCC1O11 C'ti ti^lll_1CC'11;lCl^l C(;lllu 1'l'tiC'1'V"^l Cil l^lti 1'<Ul'^ti ^i zr,n^is b^ij<^s cle l^^s tall^^s. I,l:ul^ai^u>s es^xci^ilmente la atenci^ín 5^^hrc c^ta 1>art^ clc 1<i; stt^tanri^i^ clal^^^ra^las ^x^r iris ^^la»ta^

cle 1^,^ ^^ra^l^^s ^^ <<uc r^ ^tl^n,lren^^clr^ r^^n^^^ reser^-a en sus i-aíc^s.

^ntcs ^^r^^nt<^ ^-erem,,s el trasc^n^lc^»tal ^r,i^^el ^^ue clesem^^efia C71 ^)^)tit^l'1OI'(°S lllt)llltlli^)S f'll (^llC, ^)^^1' (I1V'Cl'ti(^S I]](^tl^'OS, 1^O SC' realiza l^^ ^Íunrizín cl^^rc^fílica. ^>r^rticularmentc, al c^nnenzar e^

rcl>r^^tc ^lc l^t hicrba,

Curva de crecimiento de la hierba.

Si cliuujanu^s a escala (fi^. r) cl tamañ^^ <<ue v^ alcan- zan^l^^ ttna l^lant^^ deter^min^id<l ^i intcr^-al^^s fij^^s de tiemlx^.

Ix^^r ejcii^l^l^^, de scinana erl scm^ln^i ^i ^rlrYir de stt rebrotey

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y uni>rlus los extremos por una línea contínua, observaremos due esta línea presenta la forma de una S tendida, por lo

^^ue se le da el nombre de siy^^noiclc. Esta sigmoide se estable- cerá cíe una forma más correcta cuando cleterminemos, en vez de íos sucesivos tamaños de una planta, los pesos que va

f^in. i.-Altura que alcanza una planta a intervalos fijos de tiempo.

alcanzando y, niej^^r aíin, si en vez de tma sola planta, con- sideramos el peso del conjunto de plantas de una determinada e^tensión de prado, por ejemplo, de una hectárea.

lle esta tr,rma hetitos dibuja^lo la cur^^a de la fi^ura 2, en la cual hemos considerado en el eje horizontaí los días transcurridas ^_>, í^artir del rebrote de un prado o, mejor di- cho, a partir de su úítima sieáa o pastoreo a fondo; en el eje vertical se incíicati los kilos de hierba existentes por hectáreas cie l^raclu. Para fi jar ideas hemos supuesto que dicha curva corresponde al crecimiento de la hierba de una pradera l^er- nlanente clel Norte de España durante el mes de mayo, qtte se rcaliza durante veintiocho o^ treinta días, dando una pro- ducción aproximada de unos 12.000 lcilos de hierba verde por hectárea. l^s evidente que esa misma pradera, durante el mes de a^osto, necesitará p^ara dicho crecimiento tm período de tiemho mucho más largo; ta^mpoco hay duda de que un buen

^^rado temporal, sembrado^ en terreno adecuado, suministrará 30.000 ó 40.00o kilos de hierba et^. vez de r 2.000, mientras

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due un pastizal del Centro o Sur de España, escasamente llegará a]os 3.000 ó q..úoa. Sin embargo, en todos estos casos, ia curva que se obtendría sería similar a la de la figttra 2.

sicmpre que se modificasen convenientemente las escalas, bien fuese la horizontal (tiempos transcurridos), la vertical (pro- duccio^nes de hierba por hectárea) o ambas. Por esto, repe- timos, nos reieriremos a la curva de la figura 2 en nuestros comentarios, que el lector sabrá adaptar a cada caso deter-

^minado.

Se observa que, durante los primeros días, el rebrote de la hierba es trabajoso y el crecimiento, muy lento; casi des- provistas las plantas de parte aérea y sin p^^der realizar ape-

Fig. z.-ltepresentación gráfica del crecimiento de la hierba ^de un prado.

nas la función clorofílica, inician este rebrote a costa de las reservas que poseían almacenadas en las raíces que, en con- secuencia, e^perimentarán una merma considerable.

A medida que aparecen las primeras hojitas verdes, que inmediatamente inician la fttnción clorofílica, se producen sustancias alimenticias que comtmican un pequcño impulso al crecimiento de la hierba ; entonces tiene lugar más inten- samente dicha función y, por lo tanto, con mayor rapidez pro-

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sigue el creci^miento, y todo ello tiene lugar desde el día sex- to o séptimo al décimotercero o décimocuarto de la curva de la figura z, enlazándose segttidamente con un período en que es ya intensamente realizada la función clorofílica, franco y continuo el crecimiento de la hierba y en el cual se van recuperando las reservas de las raíces, gastadas durante el rebrote. Así se llega hasta el día vigésimcr sexto o vigésimo uctavo en qtte observamos que el ritmo de crecimiento dismi- ntrye ; ello es debido a clue, ah^^ra, las sustancias sintetizadas hur los í^rganos verdes cle las plantas, en vez cle emplearse para la construcción cle nuevas hojas y tallas, van a favore- cer la floración y proclucción de semillas. Por ello la curva se hace cada vez más tendida y llega un momento en due cesa tod^ aumento de producción de hierba en el prado.

Elección del momento de utilización de la hierba.

De la simple observación del desarrollo de la curva de creci^miento de la hierba (fig. 2), se deduce due el moment^^

más adecuado^ para la utilización de la misma clebe corres- ponder al punto A de la curva, cuando esta va inclinándose con tencíencia a adoptar tma posición cada wez más próxi^ma a la horizontalidad. Los buenos ganaderos, sin haber dibu- jado curva alguna, conocen perfectamente este ^uoiliento óp- timo de la utilización de su hierba después de largos años de práctica, buen senticío y atenta observación : el estado de clesarrollo de la hieróa, su aspecto y color, cierta "dureza"

^lue comienza a notarse en tallos y hujas, la floración que se inicia en ciertas especies de la flora del prado, el efecto pro- clucicl^^ en l^s animales que la comen, son detalles que les guían en la clección de tal tnomento ^lue, clicho sea de paso, tampoco ha de lijarse con una precisión matemática. Así, en el caso

^lue c^m^entamos pc^ca importancia tiene adelantar o retrasar tm par dc días el puntu A elegido sobre la cttrva.

^'eamos qué razones científicas son las que apoyan la elecci^ín clel momento en cuesti^m :

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a^ C,ANT1D:lll DE HIERBA 1'RODUCIDA

Yuede observarse en la figura 2, que a los veintiocho días del conlienzo del ciclo de crecimiento de la hierba, la canti- dad de la misma existente por hectárea es de I 2.00o kilos ; si la utilización de la hierba la hubiésemos adelantado al día vi^ésimo, la producción obtenida hubiese sido sólo cíe 7.000 kilos, es decir, por el hecho de adelantarnos ocho días, hemos perdido nada menos que ^.ooo kilos de hierba; si nos hubié- semos adelantado más días aún, dicha producción hubiese sido francamente ridícula : 2.00o kilos de hierba, el día duo- décimo del ciclo; 50o kilos de hierba, el día octavo, etc. Si en vez de adelantarnos en la utilización de la hierba nos hu- biése^mos retrasado, por ejemplo, hasta el día trigésimo sexto del ciclo (ocho días despttés del óptimo señalado), hubiese aunientado la prcducción de I2.ooo lcilos a 14.00o kilos por hectárea ; este aun^ento, de 2.00o kilos en ocho días, no con^- pensa ciertanlente tal demora.

EYpresándonos en otros términos dire^mos que, utilizan- do la hicrba a í^^s ocho días, cl prado prohorcionaría una í^ro- ducción diaria de hierba por hectárea de 500/8 = 62,5 kilos, a los veinte días, dicha producción diaria sería de ^.000/20 = _= 35o kilos ; a los veintiocho días, de I2.ooo/28 = 428, ^ kilos y a los trcinta ^ seis días, de 1^}.000^'36 = 388,8 kilos.

Es, pues, e^-idente ^lue utilizando la hierba en el n^on^ent^^

correspondiente al punto A de la curva antes elegido (a los veintiocho días de iniciado el ciclo), el prado sun^inistra stt nlá^ima eficacia í^roductiva.

1J^ RECi71'GRAC1óN DEL VIGOR DEL I'RADO

^Iemos ^-isto que el rebrote de la hierba implicaba un des-

^aste de las reservas acumuladas en sus raíces y due este desgaste no se iba re^^oniendo, en líneas ^enerales, más que cuanclo la hierba realizaba el proceso de crecimiento cam- í^rendido entre los días déciino señunclo v vi^ésimo octav^^

del ciclo. Utilizaudo, ^^ues, la hierba hacia los días octavo 0 dttodécimo, dichas reservas quedan sin re^^oner y hacia los días vigésitno o^^ig^ésimo cuarto sólo se habrán repuesto ^Par-

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cialmente. Unicamente hacia el día vigésimo octavo tal re- cuperación habrá sido total y estará el prado, utilizado en ese momento, en condiciones d_e realizar el hosterior rebrote con la rapidez y vigor necesarios.

Un adelanto de la fecha del aprovechamiento implica hues, una disminución de las reservas de las raíces, un debi- litamiento de las plantas, un retraso en el rebrote siguiente y una merma en la producción. Repitiéndose en ciclos suce- sivos esta táctica de utilizar la hierba antes de su clebicío tiem-

^^^^, se acentóan los e^fectos indicados, con intensidad tanto nlayor cuanto m^s seco y destavorable sea el clinla ; nluchas plantas mueren ; aparecen claros y calvos ; el suelo va que- dando desnudo y sin protección; su contenido en materia or- gánica disminuye, así como su cohesión y pertneabilidad; su estructura se altera y, en seguida, detrás de todo ello, surge inmediatamente, siniestro y atnenazador, el eshectro de la erosión, dispuesto a arrasar las capas superficiales y más valiosas del suelo, que, en consecuencia, queda en unas con- diciones cada vez más desventajosas y difíciles para su pos- terior revegetación. 1✓n España, muchcs millones de tonela- das de tierra van a l^arar todos los años, arrastradas por ríos y barrancos, al fondo de los mares y muchos miles de hec- táreas de pasto se están empobreciendo de forma alarmante por iánorancia u olvido de las nor^mas reseñadas.

Hay qtte esperar, pttes, para utilizar la hierba a que las raíces hayan recuperado plenamente las reservas perdidas du- rante el rebrote, cosa que acontece, en el caso particular quc comentamos, hacia el vi^ésimo octavo día del ciclo (punto 1^

cle la curva).

C^ L'F]^CTO DE L:A HII^RBA SORRI; EL G_^N:1D0 QC^I^, l.:A COME

1?s del conocirniento pítblic^^ ^^tte la composición cíe la hierba varí^l nnry an^^liatnente clesde el momento que nace hasta que florece y fructifica; por lo tanto, tambi^n varia- rán los efectos que produzca sobre los animales que la co- man, tanto en lo que se refiere a su digestibilidad y eficacia

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alimenticia, coma en lo concerniente al bienestar y estado de salud comunicado al animal.

De una parte, la hierba demasiado joven (utilizada antes del día vi,gésimo o vigésimo cuarto de la figura 2), aunque apetitosa y tierna, es demasiado acuosa y tiende a producir diarrea a los animales. Su contenido en celulosa es muy es- caso, lo que determina una rumia defectuasa que, en casos extremos, llega a faltar. For ítltimo, se ha comprobado un

Fig. 3.-EI período de permanencia dc los animales en las parcelas de pasto

^lebe limitarse para evitar quc puedan morder el rebrote de la hierba.

manifiesto desequilibrio químico en sus componentes, no so- lamente entre los minerales (potasio, sodio^, calcio, magnesio), sino entre los orgánicos, acusándose una proporció^n excesiva de los compuestos nitrogenados con relación a los hidrocar- bonados, y si los mencionados conipuestos nitrogenados com- prendiesen íulicamente proteínas, la cosa no sería de mayor

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importancia, pero es el caso que, en la hierba demasiado tier- na, son relativamente abundantes los compuestos orgánicos nitrogenados cíe estructttra rnás sencilla que la de las proteí- nas, los que producen determinadas fermentaciones nocivas en la panza cíel animal, con desprendimiento de amoníaco que, en cíosis elevadas, puede prodttcir trastornos graves e in- cluso la muerte de la res. Es evidente que, exclusivamente con hierba muy tierna, el ganado no está racionalmente ali- titcntado; sin olvidar que, cuando pasta dicha hierba, le cues- ta ^,rran trabajo consu^mir una cantidad relativamente peque- ña cíe la misma.

La hierba demasiado madura (recolectada después de los treinta y dos o treinta y cuatro días, fig. a) adolece de los cíefectos contrarios; una vez florecida e iniciada la fructifica- ción, el contenido en celulosa aumenta rápidamente y dismi- nuye en parecida forma su riqtteza proteínica. Resulta dura.

poco apetecible y puede llegar a causar en los animales efec- tos astringentes. Estos defectos se transmiten acrecentados a los henos elaborados con hierba de tal naturaleza, cosa fre- cuente en el Norte de España, donde, ante la inseguridad del tiempo, se retrasa cíemasiado la henificación. Es evidente que esta hierba dcmasiado madura puede ser tolerable para ali- mentar animales en régimen de sostenimiento o^ de ceba lenta.

pero es totaímente inadecuada para el ganado en crecitniento o productor de leche, cuyos rendimientos rápidamente dismi- nuirían.

L?na vez más comprobamos que el punto A de la curva de la figura z es, por este motivo, el más indicado para el aprovechamiento de la hierba.

^Siega o pastoreo?

ITemos deducido hasta ahora el momento más adecua^a^^

para utilizar la hierba ; surge ahora la duda acerca de la for- ma de realizar dicha utilización, pastándola o segándola, en- tendiéndose que la siega es para suministrar después la hier- ba verde en el pesebre a los animales, no^ para ensilar o he- nificar, que es caso aparte.

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Evidentemente, hay casos en que la cuestión no of rec^

dudas. Así, cuando el terreno se encuentre en exceso húme- do y blando y sujeto a experi^mentar fuertes daños por el pisoteo de los animales, o cuando el tiempo sea persistente- mente lluvioso, deben segarse los prados en vez de pastarse;

también se segarán ciertos tipos de praderas temporales, de elevados rendimientos, en que la hierba alcanza 50 ó 6o cen-

Fig. 4.-La siega de los prados, efectuada periódicamente, contribuye eficaz- mente a limpiarlos de malas hierbas.

tímctros de altura y donde los animales, si pastaran, causa- rían un gran estrago. En otros prados, por el contrario, lo- calizados en lugares escabrosos, o con accesos difíciles para los vcliículos, o con hierba de poca altura, para que resulte económico el trabajo de la siega, deben ser los propios ani- males quienes recolecten directamente la hierba sobre el te- rreno. Resultaría ridículo pretender que los pastores segaran la hierba de los pastizales manchegos o aragoneses para su- ministrársela después a sus ovejas en el pesebre.

Pero al lado de estos casos extremos, hav otros muchos intermedios en los que, a primera vista, lo mis^mo puede uti- lizarse el forraje por uno u otro procedimiento. Hav que te-

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ner en cuenta una multitud de circunstancias antes de deci- dirse. En régimen de pastoreo, la salucí de los animales ex- perimenta el notable beneficio de la vida al sol y al aire li- bre, realiza el ganado abundante ejercicio^ y se evitan cier- tos defectos de aplomos y podredumbre de pezuñas que se observan a veces en el ganado criado en el establo y pisando continuamente estiércol. Con suficiente níimero de animales el pastoreo es, innegablemente, el procedimiento más eco^^nó- mico de utilización de la hierba, por la escasa mano de obra que requiere, que queda reducida a un ^mínimo con la parce-

Fig. g.-M etas o montones de heno en cuya buena confección hizo el aldeallo gala de su pericia.

lación conveniente del terreno en lotes de ^^asto, empleo de cerca eléctrica, etc. Asimismo, se verifica dc un modo corn- pleto y cconómico el estercolado del terreno por los propios animales, con perfecta utilización de las deyecciones líquidas

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del ganado, y se f avorece el encespedamiento del suelo y la c^ifusión de ciertas especies productoras de tallos subterrá- neos, como algunos tréboles.

Frente a estas ventajas del pastoreo, hay que señalar el inconveniente de que, exclusivamente empleado, determina a la larga una evolución desfavarable de la flora del prado, pues, prefirienclo los animales las plantas más apetitosas y alimenticias y desdeñando las especies más pobres o de peor sabor, son más intensamente castigadas las pri^meras, que- dando las íiltimas en condiciones más favorables de compe- tencia y con más posibilidades de semillar y propagarse. No hace la guadaña estos distingos y abate por igual tmas plan- tas y otras, por lo que la siega de tm prado, efectuada al principio de la fl^oración, contribuye eficazmente a limpiarle de malas hierbas.

Respecto al valor alimenticio, la hierba segada, aun con-- sumida inmediatamente después de la siega, pierde ciertas sustancias (antibióticos, hormonas, estrógenos) que se con- servan en la hierba que pastan los animales. Estos, por ins- tinto, tienen cierta capacidad para equilibrar sus propias ra- ziones; así, no es raro verles morder con avidez tallos rese- ce^s y forrajes bastos y pasados cuando en su régimen ali- nzenticio dominan con exceso los elementos demasiado tiernos y ricos en proteínas, y viceversa; asimismo, rebuscan deter- minadas especies cuyo análisis pone de manifiesto su excep-

^cional riqueza en sales y minerales necesarios para la bttena salud del animal. Por el contrario, no saben prevenirse con- tra accidentes tan temibles como el meteorismo, que tantos estragos puede causar.

Ante tal ctímulo de circunstancias expuestas y otras mu- chas omitidas por brevedad, fácilmente comprenderá el lec- tor que no resulta fácil aconsejar uno u otro sistema de apro- vechamiento ; cada caso concreto exige su solución y el buen juicio del ganadero es el que, en último extre^mo, debe de- cidir. En gran número de casos, el procedimiento mixto, de pasto alternado con una siega a intervalos regulares de tiem- po (por ejemplo, cada año o cada dos años), suele ser el que

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proporciona mejores resultados y el que conserva el prado en mejores condiciones de producción.

Tiempo de ocupación.

La correcta utilización de una dehesa o pastizal requiere, aute todo, su división en un cierto número de parcelas, en cada una de las cuales permanezca el ganado confinado me-

Fig. 6.-El heno es un precioso recurso para la alimentación del ganado en las épocas de escasez.

diante muros de piedra, vallas de madera o alambradas, se- tos, cercas eléctricas, etc., o donde pueda ser mantenido y vigilado por pastores, con o sin ayuda de perros.

h.l número de dichas parcelas en que se divida la totali- dad de la finca y, en consecuencia, la extensión de cada una:

no podemos indicarlo de antemano; el propio ganadero es ta^mbién el que lo debe fijar de acuerdo con las condiciones de sus prados, con el níimero de animales que posee y con

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los requisitos necesarios para un racional aprovechamiento de las disponibilidades de la finca, que esperamos estas lí- neas le ayuden a conocer. Indicaremos únicamente que vale más que el número de parcelas peque de excesivo que de es- caso, pues de esa f orma se establece más f ácilmente un co- rrecto sistema cle titilización.

El níimero de días que los animales permanecen pastando en cada parcela es lo que se denomina su "tiempo de ocupa- ción", el cual sí que puede fijarse, al menos de un ^modo apro- ximado, después de lo que llevamos expuesto, Interesa que, con suficiente número de animales, se aproveche del modo más completo posible la hierba de cada parcela, pero, una vez consumida, ja^vr^aás dcbe^n morder los ^anim^ales el reb^otc qize nazcct des^ués, pues, ello implicaría segar con sus dientes plantitas demasiado tiernas y que no han recuperado las re- servas consumidas en la ^brotación, o, dicho en otros térmi- nos, que se hallan en la primera fase cíe creci^miento de Ia curva de, la fi;ura ^^.

Ahora bien, una mata de hierba co^mida por el ganado^ el primer día de ocupación, bajo condiciones normales de hu- medad y temperatura, puede iniciar el rebrote a los dos o tres días, y al sexto o séptimo día puede ser ya de suficiente altura para ser cortada de nuevo por el diente de las bestias que pastan. En consecuencia, el tienn^po de ocupació^ti cle ierra

^arcela ^zo debe ser suj^erior ^a un-a semana; efecto más con. - pleto se conseguiría, si bien COll mayores dificultades en la práctiea, limitando dicho tiempo de ocupación a cuatro clía^.

Transcurrido este plazo, los animales deben abandon^tr^

la parcela en cuestión, pasando a pastar a una nueva parce- la, en la que, asimismo, permanecerán otro período de ocu- pación de cuatro días (o^^ de seis o siete días, se^;^íin se haya fijado en nuest:ro plan), pasando luego a otra tercera, y así sucesivamente.

Tiempo de reposo.

F1 período de tiempo que media desde que los ani^males^

abandonan una parcela, recién pastada, hasta que son nue-

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van^ente introdttcidos en la lnisma es lo que se denomina su

"tiempo de reposo".

Dentrc^ de un adecuado sistcma de tttilización de los pra- dos, este tiempo de reposu debe ser suficiente para que la hierba ha}^a rrecidt^ nuevamente en arado tal, que suminis- tre buena hroducción hor hect^írea, que haya recuperado su vi^or, acuinulando nuevatnente resei-vas en sus raíces y al-

Pig. i.-Fl adecuado tratamiento de los prados permite aumentar sus produc- ciones ^- sostener ^^anado selecto de elevados rendimientos.

canzando una comp^sición edttilibrada de sus principios nu- tritiv^s, o sea, volviendo a referirnns a la ya tantas veces mencio^lada curva de la fi^ttr<t 2, tltie haya alcanzado el pun- t^^ A de la misma.

Inmediatamelite se dedttce la siñttieiite conclusión: Este t i.c,t^i ho ^^e re^nso h-a^ cle .cer esc^^rr-cicr^l^is^,e^i.te va^°iable. En efec- t^, es e^-idente qtte n^ crece la hierba ct^n i^^ual rapidez en ut^^t hrimavera tibia, híitneda y c^n ^^^uchas hrn-as diarias de luz

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çue en un verano seco y extremoso. Las condiciones de cre- cimiento de la hierba varían, no sólo para distintas épocas del año, sino para igual época de años distintos, y aun den- tro cíe una misma estación, para distintas parcelas de pasto de orientación, pendiente y calidad del terreno diferentes..

Por ello, no es correcto el sistema de pastoreo que establece rotaciones con períodos de reposo fijos y constantes. Ni tam- poco el generalmente empleado de "pastoreo continuo", con- sistente en que el ganado permanezca en el pastizal (sin di- vidir en parcelas) durante largas temporadas, comiendo ^a hierba a medida que nace.

Es evidente que la fijación de la duración de los tiempos de reposo y del orden en que deben pastarse las diversas par- celas requiere ciertamente, por parte del ganadero, tm claro conocimiento de las condiciones de sus prados, de. las nece- sidades de su ganado, mucha práctica y sentido de previsión y hasta de improvisación. Muchos factores entran en juegu y todos ellos experimentan continuas modificaciones ; a cada conjunto de los mismos ha de saber adaptarse en cada mo- mento preciso.

También es evidente que el pasto no debe ser la única forma de alimentación del ganado de una finca. Un ejemplo aclarará todas estas cuestiones :

Supongamos una finca del Norte de España dividida en ocho parcelas de pasto, a cada una de las cuales se fija un tie^mpo de ocupación de cinco días. Iniciado el pastoreo de la primera parcela el 2o de marzu y necesitando la hierba en esta época del año unos treinta y cinco días de reposo para recuperarse, el i de mayo dicha parcela estará de nuevo en condiciones de admitir ganado; en estos cuarenta días trans- curriclos ^e han pastado sucesivamente las ocho parcelas (cin- co días por parcela) y no ha sobrado ni faltado pasto. ^'a en mayo, el tiempo de reposo necesario para que la hierba crez- ca cle nuevo, a causa de la mejor temperatura, se reduce a veinticinco días, o sea que si la primera parcela se pasta del i al , de mayo, el 3o de este mes estará nuevamente en si- tuación de pastarse. Como en dicha fecha sóla se han pasta-

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Fig. 4.-Praderas de ]a montaña leonesa que permiten manteuer en excelentes condiciones de alimentació ❑ a la ganadería local.

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do las seis primeras parcelas, se le presenta al ganadero el dilema de optar entre introducir sus animales en dicha par- cela níimero i ó hacerlo en la 7.a u 8.^, que asi^mismo pre- sentan su hierba suficiente^mente crecida. Es decir que, e^.i esta segunda rotación, sobra hierba y probablemente ocu- rrirá lo mismo en la siguiente. Lo lógico en estos casos es segar para ensilar o henificar la hierba de estas parcelas no pastadas. En cambio, en el mes de septiembre, a causa de la sequía estival, el tiempo de reposo habrá que alargarlo a sesenta días, luego el ganado pasa veinte días sin tener parcelas de pasto suficientemente crecido a su disposición ; ahora falta hierba y este déficit debe subsanarse bien c_o^i forraje ensilado, heno, pienso concentrado o cultivas forra- jeros estacionales (maíz forrajero, remolacha, etc.), nunca introduciendo los animales en una parcela con la hierba a medio crecer y sin recuperar sus reservas. Y análoga con- clucta se seguirá clurante el reposo cle varios meses relativc ^ a la parada invernal. ^ ^

En pastizales del Centro _v Sur de España los períodos de reposo serán necesariamente mucho más largos, sobre todo el relativo a los ^meses del verano, pero el f undamento de la conducta a seguir se mantendrá invariable.

Accidentalmente puede ser conveniente y hasta necesa- rio reservar alguna parcela de pasto sin utilizar para que la hierba florezca y produzca semilla que, al caer al terreno, renovará la vegetación, posiblemente deteriorada.

El ganadero dispone de medios para modificar, en cierta medida, las condiciones impuestas por la naturaleza; ya he- mos mencionado la siega de la hierba sobrante en primavera, que ensilada o henificada, constituye un excelente recurso para períodos de escasez, y la siembra de cultivos forraje- ros de temporada que vienen a representar, en cierto modo, un aumento de sus parcelas disponibles. Puede asimismo, forzando las dosis de abonado, acortar en algún casa los períodos de reposo necesarios o adelantar, al principio de la primavera, la iniciación de la temporada de pastos ; ven- diendo animalca en épocas desfavorables puede disminuir la

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sietttlir,i cle ^^sl>eri^s l^ratenses seleccit^uadas puede auntentar.

cle ^tc^r»>a inrrc^íl^lr, stts recttrsc^s ^-, en c^nsecttencia, el h^s^^

^^i^^^^ n^antcnicl^^. I.a neresaria bre^^eclad de estas líneas t^^^^

in^^^icle ext^^n<lern^^s ti^^l^re t^ul^^s est^^s cletalles.

Itesumen.

La rurrerta tttilizacic^n cle las pracleras reqttiere su cli^^i-

^icín, ntecliat^te setc^s, vallas, etc., en l^arcelas, c^ue serln ^^<ts- ta^l^is, ttna tras ^^tra, Ixtr cl ^;anacl^t clc la finrl.

^ ^'ada l^:^rccl^t será urtthada hur el ganado durante tin ticmlu^ m^írin^^^ cle si^tc cli^ts, ^cm c^bjeto de qtte nc^ trt^-

^a c^lx^rtuni^l^ul clc^ nu^rcler el rebr^^te tierne^ cjue ^^ueda 1>ru- clttrirsc.

^ l"na ccz <il>anclun,ul^i l^^;r cl ^anacl^^ rula l^arrcla clc

^rist<^, uo sc intr^^^lurirá nuc^^antcnt^ cn la misnta hasta c^^uc lt^t^^a tr^tnscttrriclu ttn la^>^c^ clc tie^u^^^^ neres^iri„ ^^ara cjttc l,t lticrb^t ha^-^i rrec-icl^^ l^^ sttficicntc ^^ lt;i_^-,i rertt^^cracl^^ las rc-

^cr^^<is r^^nstt^nticl^is clurant^^ cl rcbrc^tc.

^ 1^.5tc ticnt^^^^ clc rc^^us^^ ^^aría se^títt cl clitna, cstaci^^m, r.^licl^ul clrl t^^rrcn^^ ^^ ti^^^^ clc ^^racl^^; c°n circttn^t^incias c^^^c- ri^ilc; ^^ttc<lc ^irurt^ir^c Íurzriticl^^ l.i^ cl^^sis clc abcmaclc^.

^ l^:n rlintriti scc^^s ^^ rirrunst^incias desÍa^^c^rablc^ r^^n-

^^ic^n^• ^u^ri^'^clir.uncntc ^ilar^.^r estc ticnt^^^^ dc rchusc^ ^^ara ^^uc l,^ I^i^rl>^i tl^,r^zc^t _^^ ^^r^^cltv-.ra srmill^is ^^ue clen lu^^tr ,^ ntte-

^^.is ^^lantr^s.

^ La hicrha c^ttc s^^brc^ cn l,ts é^^c^cas de abuncl,inciri clcl^c sc^arsc har,^ ensilar u hcniGcar, suhs<tn^tndu a^í ^>ustcri^^res i^c^rí^xl^tti ^lc escas^z.

^ L^ts ^rtrcclas cle ^^racl^^ c^ur sc sie^uen nc^ cleben scr

^ic^ntl^rc las ^nisnt^ts ; h<tn clc altcrnarsc cle ttnc^s añc^s a cttrcts ccm c^bjeYc^ cle cc^ntribttir a stt lirn^^ieza de n^alas hierbas.

(20)

- 20 ---

® Los cultivos torrajeros distintos a los prados (maíz, naUos, alcacer, veza, etc. ) constituyen un complemento in- dispensab].e para alimentar el ganado en épocas desfavora- bles en que se hace preciso alargar el tiempo de reposo de las parcelas de pasto.

^ El empleo de semillas pratenses seleccionadas incre-

^In^ ntar^I notablemente el rendimiento de los prados.

® La observación de todas estas reglas contribuye ef i- c^iznlente a mejorar la flora de los prados, aumenta su pro- ducción, permite s^ostener más peso vivo y explotar razas se- lect^_is, enriquece el terreno^ y evita los peligros de la erosión.

I;IPL,I^OGRAFIA

_A. Voistrr: ProcTztctiz^ité cle l'lacrb^e.

J^iH^sT«u-^^rnLi.ncL: Pas[^aare tini^J*ro^z^c+nt^enf. al^1,d ^^^r^r^r^a^yenroic^rt,t.

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U. ^. Del^artment of :Ag^riciilttare: Ga•^wrs. Yearbook oí Ag^riculture, i9.

DEPCSITO LEGAL. M. 3.1t19-1958.

uxÁri<ns vuviN^ unn^m

Referencias

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