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Ieona cuatrocentista de- la oratoria

1. "Ars praedicandi" .-2. _La técnica del sermón en Fran- cisco· Eximenis y en San. Vicente Ferrer.-3. Los discur-

·sos parlamentarios y poÜticos.-4- La oratoria académica.-

s. .Elocuencia y diplomacia.

I

Pergeñando la áportación de España en los orígenes de la Ciencia Política se echa de ver, no· sin sorpresa, él valor y el sentido de los discursos y de los sermones conio fuente y como elementos .para el estudio -de las doctrinas. Por la oratoria tra- bamos conocimiento con la Sociedad y descubrimos la resonari~

da de las ·luchas intelectuales, ya ~ludida por Charland ( 1) pero apenas subrayada entre nosotros.

Mas ciertamente la amistad es fácil porque en los mismos sermones y discursos se señala su técnica. Gilson, autor de un hermoso ensayo sobre esta cuestión (2), se admira de tantas pie·· zas de oratoria declamadas ante el pueblo, pintando sus vicios y sus virtudes. Si_ la historia de la literatura no las atiende -aña··

(1) CHARLAND: Les au.teurs d'artes praedicandi, "Études d'histoírt litteraíre et doctrinales", I~r~ série. Paris, 1932, págs. 41-6o.

(2) GILSON: Michel M enot et la technique du sermon médieva!,

"Rev. d'hist franciscaine", II, -I92S· Recog~do en Les idées et les lettres.

Paris, 19,32, págs. '93-154- .

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42.0 BOLETÍN.DE LA ·REAL ACADEMIA ESPAÑOLA

de con razón (3)-, la historia de las ideas habrá-de hacerlo. Que, en verdad, a la literatura y a la doctrina importan por igual estos ámbitos.

Ya Alano de Lila, autor de una de las más famosas "artes praedicandi", define la esenci-a del sermón medieval, presentán- donos!<? como enseñá~za pública y manifiesta de las costumbres y de la fe ~nderezada a la instrucción de los hombres y basada en argumentos de razón y de autoridad (4). La diuturnidad lo califica especialmente ; el principal valor estribabi

en

su 'carác- ter manifiesto; mas también en su calidad· edificante (5). La Regla franciscana es expresiva en este punto: señalando la fina- lidad del sermón dice que debe dirigirse "ad utilitatem et aedifi- cationem popu1i, anuntiando eis vitia et virtutis, poenam et glo- riam" (6). Así lo veían también los textos dominicanos, bien que en éstos importaba ya, según sus Constituciones, el "studium", la consagración a la obra científica.

La predicación consigue en el siglo xv un desarroOo singular, sobre estructura escolástica e impulso místico, y un sentido po- pular que la valoriza en su reflexión social. Precisamente es el tono popular del sermón lo que da especialísimas matizaciones a este tipo de oratoria, en contraste con: los esquemas cancille- rescos. A veces los temas de la predicación al uso aparecen: mon- tados sobre eL saber folklórico y en mezcla curiosa con la vida urbana y rural, llena de pintoresquismo. Bien se sabe, por ejem- plo, que los sermones constituían en algunos puntos parte aneja a las manifestaciones populares de las -ferias más sonadas, como Willy Andreas ha subrayado para Estrasburgo (7).

España ofrece, de otra parte, algunos documentos de interé~

(3) GILSON: Op. cit., pág; 93-

(4) ALANo DE LILA: De arte pr,¡,s.edicatorum, .en M'IGNE: Patrología latina., CCX, c. I I 1.

(S) Cf. sobre estos aspectos, A DE PooRTER: Un 1nllnuel de pr;dica- 1ion tnédievale, "Rev. Neoscolastique de Philosophie", 1923; y esp.

H. CAPLAN~ Medieval artes praedicandi. Nueva York, 1934, y su suple- mento en los "Comell Studies in Classical Philologie", XXI'V-XXV.

(6) Cf. Seraphica legis'ationis textus origirUJ.lis, ed; Quaracchi, 18<)7.

(7) Wxu.Y ANDREAS: Deutschla.iuJ'l!fJr der RefQrmation,,4-"' ed. Stutt- gard, 1943, pág. I I l.

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TEORÍA• UJA:TROCEN'l'ISTA DE LA, ORATORIA 4-2 1

para señalar el perfil de nuestra propia técnica. Sus núcleos son, por lo que vamos conociendo y a nú· modo de ver, San Vicent-e Ferrer y Francisco Eximenis. De -uno y de otro hay no sólo textos, sino pre.ceptivas.

Eximenis es autor de una Ars pr~~4icarndi señalada y pu- blicada por el Padre Martín de Barcelona (8). Debió consütuii"

probablemente la introducción

á

aquella colección de sus sermo- ñes que recogerían los tres volúmenes que legó a su convento de Gerona y que aun no han s~do identificados (9).

La Ars de Eximenis, tras. de dar algunas normas sobre el ar- tífice del sermón --ese predicador, sujeto activo, que debe es- tar aureolado de virtudes-, trata de la "forma praedicationis"

Las condiciones que debe procurarse que brillen en la oratoria religiosa están sintetizadas en estas palabras: "Verb\ divini --dice--fiat brevissime, ferventissime, spaciose, devote, m,otali- ter, prudenter, ord:inatae."

Ante todo, la brevedad. Ya lo aconseja la R-egla .de' San Francisco: "cum brevitate sermonis". Según pide el adagio: .bre~

ve, dos veces bueno. El fervor es sencia de la elocuncia. Y la

es-

paciosa exposición, ventaja par.a ser mejor comprendido. En fin, la prudencia: la atención al auditorio, que de un modo hay que hablar a los rústicos y de ~tr-o modo a los nobles ... Las palabras han de acordarse con la mímiea ; la predicación no es un simple recitado, sino la actuación humaná de un hombre virtuoso que se inserta personalmente en la decfumación de una doctrina.

Da también Eximenis valiosas referencias al orden del ser'- món: En Iá exposición -precisa- han de participar la inteli-

(8) Cf. su artículo en "Estudis franciscans", XXXVI, 1925, págs. 45ó- 452, y especialmente su colaboración en el "Homenatge a Rubió", Barce- lona, 1936, págs. 301-340, donde transcribe el texto. Véase-también su trabajo sobre Eximenis, en "Estudis franciscans", XL, 19.28, págs:· 477-498.

(9) P. MARTÍN DE BAilCELoNA: "Estudis franciscans'', XL, 1928, pá- ginas 437-500.

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4 2 2 BOLETÍN !DE LA ImÁL ACADEMIA ESPAÑOLA

gencia, la memoria-y el estudio. Ante todo, importa tener en cuen- ta una prelación temática: la cosa, la persona, el lugar, el hecho, el tiempo,_ el número y el caso. Han de aprovecharse la aytida de los esquemas y las contraposiciones que hacen ·fijar la aten- ción· del auditorio: los diez mandamientos, los catorce artículos de ia fe, los siete del Espíritu Santo, las ocho bienav:enturanzas, los cinco sentidos, las catorce obras de misericordia, los siete vi- cios o las siete virtudes ...

Estos elementos pueden servir, ademas, como reglas mnemo- técnicas. Eximenis encarece el valor retentivo de la imaginación de semejanzas, y nos expone un procedimiento que llama "mo- derno": es el de .ordenar los nombres que hayan de recordarse por un imaginado itinerario. Tal el camino de Roma a ,Composte- la. También la significación de las palabras: San Pedro evoca- do por la piedra; San Andrés, por la red y la nave ... Llegan por ahí otros símbolos: el sol y la mano recuerdan, respectivamente, la unidad y el número cinco. Las siglas son, de igual modo, in- teresante aportación a este respecto.

El orador se hace. Eximenis considera fundamental en la oratoria el entrenamiento. Partidario del estudio, liga a éste el práctico ejercicio, que consiste en la metÓdica declamación. Con tal motivo se ocupa de la estructura de la disertación. Los "mo- dernos" -subraya- distinguen en ella tres partes : "introduc- tio", "thematis introductio" y "distinctio et prosecutio", debién- dose partir siempre de un texto o tema bíblico.

Hay, para terminar, en el Ars de Eximenis una curiosa re- ferencia al lugar de la predicación. El predicador -dice- no debe ir por los meroad6s y ha de evitar las calles, las plazas, los teatros y los espectáculos, "a -no ser que fuese necesari"o predicar allí". N o es una limitación de la predicación, sino una norma para la conducta del sacerdote. Buena prueba de esta interpreta- ción, que Fray Francisco predicó en las calles y en las plazas y él se nos pinta _en la Doctrina. c-ompendiosa en la figura del fraile que discurre y discute con los burguenses.

De otro lado, está San Vicente Ferrer. Jaime Roig, en su Libre de les dones, alude a los predicadores dedicados a regalar el oído de sus auditorios:

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TEORÍA CUATROCENTISTA DE LA ORATORIA 423

De tal preycar, a _mon parer,

e s

tal plaer lo escoltar com lo contar d'altri florins ...

Como e1 cuento de. los florines del prójimo es el plac~r de oír aquel tipo de sermones, a cuyo término es unánime d comen-

tario de haberse expresado a gusto de todos:

Sois oyrén :.

"Be han so~t.

be han preycat, a mon _plaer"· (lo).

No era así la predicación vicentina.· En la Vida. que escribió hacia 1510 Miguel Pérez, el Santo aparece, según la tradición, como un nauta que guía la nave de la Religión-con sermones que constituían "una verdadera botica y apotecar.ía de cordiales y remedios ·espirituales para curar las enfermedades de los vi- cios" (II). El fondo era lo fundamental, mas no descuidaba el gran orador la forma. Y a él se debe, como a Exímenís, una técnica.

La predicación -dice el Apóstol valenciano-, es como el

hilado;~~ el que un-hilo a otro se liga, de mane~ que al tirar de una parte se arrastra todo; de -igual manera deben estar ligados en el sermón unos a otros los ejemplos, unas opiniones a otras, para que el conjuntO' quede bien ordenado (12). Y así es la ora- toria vicentina.

En cuanto a su .estructura, también San Vicente nos da re-

(10) Cf. R._ CHABÁS: Estudio sobre los sermones vaJencianos de San Vicente Ferrer qtte se conservan mss. en la Bibl. de la Basllica Metro- polit~w. de TZalencia, "Rev. de Archivos, Bibliotecas y Museos", Vl,IQnz, págs. 1-6 y 155-168. La referencia concreta a la pag. 4-

(II) CHABÁS, l. c., -pág. 3.

(lz) "La preycació es comparada al filat, que hum fil es ligat ab altre, e quan ve que tiren a si lo filat, tot lo filat. segueix. Ax.i la preycació deu ·esser ligada, hun exemple ah altre, una. auctoritat ab altra; ab lo tema tire hom tot lo sermó si he es ordenat .. ;" Texto en CHAJ!ÁS, l. c., pág. I55·

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glas para la memoria : tales los tonos de voz -el "ut, re, mi, fa, sol, la" (13)- ; los siete rufianes del Infierno - Leviatán, Ma- món, Asnodeo, Belzebú, Belfegor, Berialberit y Astarot- , o los siete pecados' capitales; las once eabidur.ías de las hormigas, et- cétera (14). Asimismo aprovecha otros elementos procedentes de la medicina o de la teología, los grados de la gloria, etc. (15).

Otro dato nos da San Vicente sobre el lugar .de la predica- ción. Si no supiésemos el ambiente popular de su apostolado por testimonio de cronistas, bastaría el suyo. En una ocasión declara que hace trece años que predica "fuera de la iglesia", y recuerda dos intervenciones: una en Sabaya, en un castillo, hacia las fies- tas de N a vi dad en una gran sala y ante unos condes; la otra, en cierta ciudad desde un catafalco al que había que subir por una difícil escalera ... (16). •

El siglo xv ofrece en .su historia buena prueba del ascendien- te político de ·tos predicadores, llamados por Municipios y por Monarcas -como sucedió en Italia con Savonarola y en Espa- ña con Vicente Ferrer- . Es la conversión de la oratoria calle- jera y popuÍar en parlamentaria y aristocrática, fenómeno :típico que hace de los sacerdotes técnicos de la .elocuencia. Recordando que sólo en 1516, el V Concilio de Letrán somete la predicación a la vigilancia de los obispos, se comprende de un lado la libertad con que en el Cuatrocientos se movían los predicadores, y de Gtro, el problema de .disciplina que esta actividad iba exigiendo.

3

También en los Parlamentos la oratoria alcanza en el siglo xv un gran esplendor, .como lugar propio de ejercicio de la elocuen- cia aplicada a la Política.

(13) Textos en CHAB.is, l. c., pág. 158, 183.

(14) CHABÁS, l. c., págs. 159, i62-163, I(>3-168, 193.

(15) CHABÁs, t. c., págs. x6o-x6I.

(16) "Per experiencia yo he.vist en xiii anys que preque fora l'esgle- sia, vejats que vos diré ... En Savoya, en hun castell en les festes de Nada) preycaba yo, e eren hilo comte e la comtessa, e preyqué en tma·gran sala, e alt en les parets havie finestres, les portes grans. .. ltem en una a1tra ciutat preycava en. una ('"l!dafal a1t e havie a ·pujar per tma escala de gats ... , CHABÁS, /. c., pág. 156.

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TEORÍA CUATROCENTIS~A DE LA ORA~O~IA

425

Los Discurws de la :Corona y las arengas cancillerescas, así {:Omo las piezas de proposición de cada: Estamento -constituyen en muchas ocasiones verdaderos ejemplos de la maestría alcan-

zada en la utilización de la técnica de las "artes praedicandi" en estas lides donde se discute la gobernación de la república.

Para empezar por un caso de' vísperas, vaya el del Discurso de la Corona, bajo Enrique II, en las Cortes de Madrid de 139J Según cuentan las actas, Se asienta el rey y con ·él los infantes, los nobles y los cDnsejeros, -el canciller mayor, ,el maestre de la caballería, los prelados, los condes y los ricos hombres, caballe- ros, -escuderos y procuradores de las ciudades. El "canciller del sello- de la poridad", notario privativo de la corte y mayor del reino, certifica que el monarca le ordena leer de su parte un -es-

~ritodel siguiente tenor: "Muy amados mis infantes,.duques, con-

d~, perlados, maestres, ricos omes, cavalleros e escuderos e pro- curadores de las -cibdades e villas e lugares de los mis regnos, mis vassallos, súbditos e naturales que por mi marniado sodes ay:un- tados' ·en estas cortes : quiero que sepades Jas razones porque fuestes aquí ay:untados, e quiero vos facer peticiones razonables -que buenos e leales vasallos tales -como vosotros sodes, d,even

·Dtorgar a mi vuestro rey -e vuestro sennor natural..." (17).

Se tr.ata, -sin -embargo, de una lectura. El rey no habla ; se lee un discurso -que ha sido elaborado por sus consejeros.

Mas donde ·y cuando consigue el más completo esplendor la actividad oratoria del rey, es en la zona de Levante y a medida -que avanza la centuria y el Humanismo penetra en los ambientes -áulicos. Especialmente en Cataluña y con Alfonso V.

La descripción. que las ~ctas hacen de la reunión de Cortes {:elebrada en Bar~elona -en 1416, tiene gran interés. El Rey ----di- cen- se constituye personalmente en la gran sala del Palacio real y toma asiento en el excelso solio "ubi ut regiam decebat -excellencÍa!fl preparato". Los· prelados y los demás eclesiásticos seden a la derecha ; los ba-rones, los nobles y los generosos a· la iz- -quierda. Otras personas están de. cara al trono, y entre ellas los

(17) Cf. C orles de Castilla, II, págs. 507-5o8. Recogido en mis Tertos políticos espcuioles de la Bf~ja Edad Media., Madrilil, 1944. núm. 568, :pá- ginas 318-319.

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426 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA

procuradores y los síndicos de las ciudades, los consejeros del

r~y y sus familiares, así como algunas otras personas importan- tes que co!man el aula. Entonces Alfonso se pone en pie y dice su discurso. Que esta vez empieza : "Y a sabéis los daños que hi- cieron en Caller y en Portopí los genoveses ... " (r8).

Pero hay más. Por aquellos años, el insigne. comentarista de los "Usatjes" Jaime Callis, escribe un libro que le gana catego- ría de escritor político; su Extragraa.rarrium curiarum. En él teoriza Callis' sobre muchos y muy interesantes· temas relacio- nados con las Cortes. Entre ellos, de éste del Discurso de la Co- rona, sobre el cual escribe que es costumbre que lo haga el monarca personalmente exponiendo a los reunidos las razones de la convocatoria (19). Callís habla de Pedro III y de Martín e1 Humano como de aquellos que mejor cumplieron en su función de oradores políticos. De Martín asegura que "como si fuera un consumado maestro en teología o en derecho escogía un tema en sus proposiciones y después lo iba -desarrollando con tanta per- fección que en este punto no puede compararse con los demás reyes aragoneses" (20).

Entre tanto en Castilla siguen sin intervenir directam.ente los monarcas en este .tipo de actividades. Tras·el movimiento de Tor- desillas, Juan II acude a un clérigo para que dé justificación a lo sucedido. Reune Cortes y ante ellas _:_según relata la Cróni-

ca,-el Arcediano de Guadalajara, "que era doctor e muy famoso letrado ... subió en un púlpito e habló a manera de sermón, to- mando su tema en latín e haciendo su introducción e proceso, alegando muchas auctoridades de la Sacra Escritura e de los Doctores de la Iglesia e Derecho Ca~ónigo e Civil" (21). El pa- saje no tiene desperdicio y deja vér la aplicación de las reglas de

(18) Cortes de Cataluña, XII, págs. 19-20; en mis Textos, núm. 569, págs. 319-320.

(19)· Extragravatorium curiarum, VII, 6-7; en mis Textos, ·nÚm. 570, págs. 320-321.

(20) Extragra:vatorium, VII, 7. Doy la versión que figurará en mi edición de ]AIME CAILfs, Obras políticas, de la "Biblioteca española de escritores políticos".

(21) Crónica de Juan Il, año 14 (1420), en."Biblioteca

de

AutorPs Es-

pañoles", LXVIII, pág. 387; en mis Te~·tos, núm. 290, págs. 156-157·

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TEOn'J:A CUATROCENTISTA DE LA ORATORIA 4~7

las "artes praedicandi", llevadas por mano de propios predicado- res al aula de las Cortes.

Justamente por esas mismas calendas suenan en Cataluña muy famosos clérigos como oradores parlamentarios. Recorde- mos las dos grandes figuras de Pedro de Zagarriga, arzobispo de Tarragona, y de Marcos de Villalba, primer abad de Mónt- serrat. De éste es un discurso pronunciado ante la Reina María en las Cortes reunidas en Tortosa en 1421.

También aquí está clara, a mi modo de ver, la influencia de la teoría del sermón, y acaso concretamente de los preceptos dados por Eximenis. El abad afirma que habla ante la reina en forma distintá a como lo hizo ante el rey - ahora en romance, como antes en latín-, evocando en nuestro ánimo aquellas pa- labras de Fray Francisco: de un modo hay que hablar a los no- bles, de otro a los rústicos; de un modo a los hombres, de otro a las mujeres. Vieja tradición patrística que se revive.

Fray Marcos viene a decir en esta ocasión: "Muy alta y muy excelente señora ... Aunque al iniciarse las sesiones de las Cortes generales de Cataluña existe la ·costumbre de contestar a la pro- posición real en latín y con decentes y pien 'ordenadas palabras, yo me propongo hacerlo hoy, aquí, ante vuestra magnificencia, en lengua vulgár y con rotundo estilo, porque, como dice Juan de Gales en el prólogo a sus Sermones y San Gregorio en el XXX o li- bro de las Morales, tratando de

J

oh, "Quis gallo <ledit intelligen- tiam", de una manera debe hablarse a los clérigos y de otra a los legos, de una a los letrados y de otra a los iletrados, de una a los hombres y de otra a las mujeres, "Sit sermo vester sale conditus ut sciatis quomodo unicuique responderere deheatis", Ad <;::olos- senses IIII."

"Por todo esto --añade---, t~niendo en cuenta que el tiempo nuboso nos demuestra que antes hay que. cuidar de actos de vir- tud que de las apar-iencias de las bellas palabras,· que como dice Cicerón, no traen ninguna utilidad, y debemos obrar con Una mano y tener la espada en -la otra, como hacían los israelitas al reedificar el Templo, "Populus una mano faciebat opus et altera

(22) Cortes de Catahtña; XIII, págs. 43-44¡ en mis Te.rtos, núm. 571, pág. 321.

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428 BOLET.ÍN ;DE .LA REAL .ACADEMIA ESPAÑOLA

tenebat gladium", N ehemíá.s IIL porque en los actos -comunes y públicos debemos proceder con toda celeridad y madurez hu- yendo de. los extremos, que son temeridad y pereza .. .'' (22).

Fuera de las C-Qrtes no faltaban, sin -emba.x:go, ocasiones para ejercer el arte de la elocuencia. Arriban testimonios de ello a la época de los Reyes Católicos. Tal el Razonamiento de Gómez Manrique· a los ciudadanos de Toledo con -QCasion de una des- cubierta conjuración.

Remando del Pulgar lleva .a su C-rónica. esta hermosa <>bra:

«Si yo, cibdadanos -:-dice Gómez .Manrique- no conosciese que 1os buenos e discretos de vosotros deseáis guardar la lealtad que devéis a nuestro rey, e el estado pacífico de vuestra cibdad, mi habla e mis amonestaciones serían superfluas, porque· vana es la exhortación a los muchos .cuando todos .obstinados siguen el con- sejo peor ... No se turbe ninguno ni se .altere si por ventura üyere lo que no le place, porque yo, la verdad, bien vos querría com- placer,_ ,pero más vos deseo salvar ... " (23).

La exhortación toledana está pletóri<:a _de imágenes y repleta de experiencia. Gómez Manrique aplica ahí una preceptiva que deja bien clara su filiación. Y consigue por obra de la elocuen- cia un resultado satisfactorio. El .mismo cronista nos lo viene a decir : "Oídas las razones de Gómez Manrique, · toaas aquellas gentes partidas en partes los unos se salvaban afirmando no sa- ber nada de aquella conjuración, otros la .agraviaban mucho -e decían que t-odos aquellos que ·en ella habían entendido debía-n ser castigados... E en ·aquella manera se remedió el escándalo que en aquella cibdad se trataba" (24).

Análogo valor tiene el Discurso del Obispo de Cádiz don Alons~ de Solís, con ocasión del perdon general -dado por la Reina. La referida Crónica, relata cómo un cierto día dicho obis- po ante gran multitud de caballeros y de .ciudadanos, así como de 1as mujeres de los que por miedo a la justicia eran ausentes de la ciudad, estando Isabel en .su trono, ks vioo a decir: "Muy excelente reina y sennora. Torlos los "hombres generalmente dice

(23) El texto en la edición ÜRRIAZO de PULGAR, C,-ótlica de los Reyes Cl.ltó/icos, versión inédita, 1, págs. 343-350.

(24) L. c., págs. 35D-35I:

(11)

TEORÍA CUATROCENTISTA DE LA 'ORATORIA 429

la Sacra Escritura que somos inclinados a mal, e :¡Jara refrenar esta mala inclinación nuestra :SDn puestas e establecidas leyes e penas, e fuer0n por Dios constituídos _reyes en las tier:ras {! mi- nistros ... E,: por cier.to que a Dios no devemos .ofender aunque el rey lo quiera, ni al rey aunque nuestro sennor lo quiera. E por- que p.ervertimos este orden de obediencia vienen· en los reynos muchas. veces las guerras que leemos pasadas e los males ·que vemos presentes ... " (25). Se_ arrastraban aún las consecuencias del malgobierno de Don Enrique, con crímenes d~ una parte y negligente justicia de otra, a más de poca obediencia de los súb- ditos. La oración de don Alonso es eficaz. Los oyentes se atri- bulan y la reina proclama -su perdón (26).

De este modo la doctrina característicamente medieval de las relaciones entre pueblo y rey, toma .cuerpo y acción en estas típi- cas expresiones de la oratoria, ligadas a la tradición eclesiástiéa.

4

Otro aspecto de la elocuencia cuatrocentista es el de la ex- plicación académica. Las Universidades del siglo xv había;1 des~

tacado, por su carácter propio, ciertas lecciones de mayor relie- ve que las cotidianas, algo como lo que llamamos hoy é:onferen- cias, que pueden concretarse al .concepto de "repetitio".

Los Estatutos dados a la Universidad de Salamanca por Mar- tín V, en 1422, establecen que :todo títul~r e'xplique cada año una

"repetitio" sobre el tema a que se refiera su curso. Porque la or- denanza exige que no se celebre en día en que se predique sermón en la Catedral, deja verse el deseo de que tenga la "repetítio" su mejor .encuadre, haciendo posible la asistencia. de numerosa y se- lecta concutTem:ia. Mas aun_, para ese mismo fin, se espacian las

"r-epetitiones" y .se señala que hayan de transcurrir cinco días entre una y otra. Además, habían de explicarse antes de San Juan, y a lo que parece las más sonadas en proximidad de días

(25) Texto completo tn CARRIAZO, ed. cit., 1, págs. Jll-JIS.

(26) L. c., págs. JIS-316.

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4~0 BOI.ETfN .DE l.A llEAL.oA.CADEKIA ESPAÑOLA

señalados: así se sabe de -.una de Juan Alfonso ,de .Benevento leída .

allí

·el lunes

de

Pentecostés .del año 1444 ( 27 ).

Trátast; .de 1Ula peculiar figura retórica; explicación má~ re- levante que la diaria, perq dentro de las líneas de las lecciones.

QW;zá

este género venga a acusar, ya en aquella época, una transición hacia el tipo de oración renacentista. PensemóS, por ejeil)plo, en el discurso de Andrés Laguna ante la-Univer.sidad de COlonia, en pleno siglo XVI, y·-comprenderemo;Jta distancia que separa y eJ víncUlo que liga estas producciones (.28). PÓr lo- demás, -conocemos alguna "repetitio" y en ella cabe cÓmprobar tales caracter~s.

Sobre la base de la participación de don Alonso :de M~rigal,

Joaquín Carreras Arta u ·ha distinguido en dicho género: I, el prefacio, prelocución, con ficciones sugestivas; 2, la aducción de autoridad o de pasaje escogido, y 3, el comentario o· decla- ración .del autor, del qtie se destaca la cuestión principal. seña- lando la tesis, los pareceres adversos y las conclusiones. En re- sumen, concluye Carreras, se vivifica la estructura escolástica con la suprésión de la disputa oral y la adición de un encabeza-·

¡niento literario de puro, adorno, digresioñes y escapatorias a la Historia o a la Mitología (29).

Otra intervenCión en ese mismo ambiente serían las lecturas de obras recién terminadas, el ofrecimiento al cuerpo claustral de las primicias de un libro; práctica interesante en la que no tendría poco que hacer la oratoria {30).

(z¡) Cf. CARO LvoN: The repetitio: anda repetitio, "Speculum", VI, 1931, págs. U!3-131.

(2&) El Discurso de Laguna, pronunciado el 22 e wero de 1543, es típico, incluso por su técnica. F~é publicado en Colonia, aquel mismo año.

Falta una biografía de este singular personaje. Cf. lo que digo en mi España y el problema de Europa, Madrid, 1942, pág. 20'J y l)n.

(29) ]. CaRRERAS ARTAU: Las "repetitiones" saJman(i.nas de Alfonso de Madrigal, "Revista de Filosofía", Il, 1943, págs. 2II-2J6.

(30) Cf. L. THORND1KE: Public Reading of the new tworks in mr- diaevaJ Unéversities, "Speculum", I, 1$)26.

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TEORÍA CUATROCENTISTA DE LA ORATORIA 43 l

También correspondía una labor a la elocuencia en las tareas diplomáticas. De ello hay no escaso testimonio en la historia del siglo xv.

Ya en los inicios del Cuatrocientos, cuando la Cristiandad .se preocupa por los problemas que plantea el Concilio de C~ns­

tanza (I409-I4IO), hay allí un valioso documento español que, aunque colateral al núcleo de lo que se discute, se enlaza clara- .mente a cuanto queremos destacar aquí. Es el Discurso de don

Diego de Anaya, verdadero "laudes" sobre la excelencia de nues- tra Monarquía, con un final rotundo ligado a la exaltación del Cid, en engarces de Romancero y como antecedente de la ver- sión fabulosa que acoge el P. Mariana (31). Poco después, en 1433, se reune otro sonado Concilio, el de Basilea,. y hay tam- bién allí una voz hispánica, la de don Alonso de Cartagena, que pide a los Padres la precedencia de su país sobre Inglaterra, lo que -en gran parte por su oración- comigue el representante de Castilla (32).

En estos dos ejemplos se da un curioso contrapunto. Don Diego, dicen las crónicas que dijo a su camarada el A~caide de los Donceles, D. Martín Fernández: "Yo como clérigo he he- cho lo que debía; vos, como cavallero, haced lo que yo no puedo."

Y de don Alonso se asevera que requirió a su compañero don Juan de Silva, terminado que hubo su discurso, con estas pala- bras: "Señor Don Juan; yo he probado el derecho del Rey mi sennor por las letras; agora vos defendello por las manos" (33).

¿N o choca la reiteración? Pues dejando aparte lo que haya de verdad, basta a nuestro objeto subrayar esas dos alusiones: yo

(31) Cf. BENEYTO: España y el problema de Europa, págs. 1o6-:io7.

El episodio, en Rurz DE VERGARA: Vida del señor don Diego de Atwya, págs . .26-30.

(3.2) Sobre Don Alonso, BENEYTO, o. c., pág. 107. Su DiS<:urso ha sido publicado por el P. BLANco en "Ciudad de Dios", XXXV, 1894.

(33) BENEYTO: España y el prob/Nna de 'Europa, págs. 106 y HJ, res- pectivamente.

(14)

como clérigo, yo por las letras... Armas y letras, mas letras y clerecía, v.uevamente --como en~ una constante- la vieja "ars"

A'med_i~dos de siglo brilla en Castilla -y ~n la Cristiandao porque es Castellano de la fortaleza pontificia del Santo Angel-.

don RDdrigo Sánchez de Arévalo. Predicador,-erudito, estudioso y "orator". Se conservan de él sermones natalicios y de. honrcas fúnebres, y "orationes" anre los :r.eyes de Francia -''ao'tu1lendas orones oecasiones dissidii i.nter utramque regiam domum" (gran discurso éste de pacificación y de arbitraje)-"-, o ante el Empe- rador Federico -"ex:hortatorium ad unitatem et ·paeem Eccle- siae"- , o cerca del Duque Felipe María de Milan ... (34). De entr.e ellos selecciono su hermosa. oración por la rnuerte de Don Juan Il,. pmnunciada en la Corte 'de Carlos VII, monarca fran- cés : "Ha muerto - exclama don. RDdrigo-.-aquel que me envió ; ha per.dido su vez en la vida aquel que me había dado a mí sus veces para hablar, y se han apagado los fulgores de· claridades mundanales de aquel de cuya alta dignid~d me venían a mí los rayes qlie irradiaba

en

mi legación ... " (35)

Y bien pronto,. bajo los Reyes Gitólicos, el doctor Maldona~

do, a quien se debe una curiosísima y docta disertación nada me- nos que ante el rey portugués y sus .consejeros y familiares. Vien- do el doctor perdido su tiempo de embajada con iiaber los pre- parativos de_ guerra de Portugal,. decidió regresar a Castilla com- prendiendo qt·e la paz era imposible. Mas antes, y con ocasión de su despedida del Monarca, presentes él y los de su Consejo, les propuso de esta manera: "Muy alto

e

muy poderoso príncipe, rey e sennor. Declara Dios por muchas vías su voluntad a los.

ombres, especialmente a los reyes sus amigos, a unos por anun- ciación de ángeles, a otros por mensagerías de profetas, a otros por suennos e visiones, e a otros la declara ministrando e ayu- dandoles en aquellas cosas que son sus servicio e place que pro- sigan, e estorvando e refrenando les eso ll}es~o en las cosas que quisierron proseguir que a Él no le place, porque en su Providen-

(34) E!ltos discursos ~e conser.van. en Cod1 lat v.at~, 4881. Sobre todo ello, P. ToNI: Rodrigo .S'ánchez·de Af!évalo; "Anuario de b.istQria del. De- recho español", XII, 1936, pág; 3(10.

(35) ToNI, /. c., pág. 149-

(15)

TEnRfA CUATR0CENTISTA DE i:.A: ORAT0RIA 433

cia las tiene o.-denadas a otros fines contrarios mucho de lo que los ombr~s procu.ran, según leemos en ·la Sacra Escritura e en otras ystorias auténticas qt,te fizo a muchos reyes e príncipes en las guerras e conquistas que ovieron. E vimos asimesmo que ayudo a vos en la victoria que os dio contra el infante Don .Pedro Vuestro-tío ... e en las victorias e bienandanzas que oviste~

contra los moros en Africa... Pero ¿qué podemos decir deste1 empresa que tomaste de Castilla sino que vemos claro que no le place. ni quiere que-la prosigáis, segund' los grandes siniestros e infortunios que en ella vemos que avéis a vi do? .. _,.:-

"Por cierto ~oncluye--, serenísimo rey e sennor, si segund Dios e buena razón os place de lo considerar, no siento nuncia- ciones de ángeles, no mensageros de pr0fetas-, no suennos ni vi- siones que más claro pudiesen manifestaros la voluntad de Dios" (36).

La elo.cuencia del doctor Maldonado vino a servir así, en un desesperado extremo, su tarea. Que el rey de Portugal viendo pungidos a muchos de sus consejeros oyo sus razones, e impi- dio la marcha del embajador castellano :--con lo que fué ocasión de estudiar nuevament.e las proposiciones de arbitraje y concluir la paz.

* * *

El estudio de las doctrinas· nos ha llevado a parar mientes en las palabras, vehículo· de aquéllas. Del sermón que pinta vi- cios y virtudes, al discurso político, a la "embajada" --que aun tiene en castellano sentido de oración-, -a la peroracion acadé- mica, y, en fin, al inmenso mundo de la forma, la técnica y la teoría del bien decir.

Choca que en épocas de ensalzamiento de la parte f~rmal de la elocuencia no se haya acudido a ese venero insigne de la orato-

ria de los siglos que preceden y anuncian el Renacimiento. Mas, mejor que sea ahora. Si mis modestas alusiones sirven para hacer meditar ·en_ España sobre el valor de los viejos discursos, aun es tiempo de ponerse al trabajo.

(36) PUI:GAR: Crónica de los Reyes Católicos, ed. CARRIAZO, I, pá- ginas 389-400.

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434 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOU.

Con gran retraso consiglllo Alfonso V que los reyes de Eu- ropa se percatasen del peligro que venía por el Oriente. Nadie sino él di(> ayuda a .Escanderbeg, escudo de la . Cristiandad en la tierra balcánica seculal'IIlente dolorida. Sus apelaciones al Con- cilio y al Emperador muy tardíamente se recogen.· Ya-casi cuan do el tiempo pasó, cuando el Islam ha clavado su Me4ia luna ·e1_1

Santa Sofía. Mas de sus vísperas, que la Historia ha de glori- ficar con la visión exacta de Alfonso, es su proclaiila, esa Orati&

i1: expeditionem c-Ontra Turcos que nos ha conservado el Panor- mita (37) :_que revela la fecunda coyunda del Saber y del Go·

bierno--, aquella soñada aspiración de Platón, cuyas parcialt;~

realizaciones resplandecen en esa c_laridad ·esplendorosa que sir- ve a D. Rodrigo -Sánchez üe Arévalo para ofrecera Carlos VII una versión mundanal de la imagen de la muerte de su Rey.

JuAN BENEYTO.

(37) El texto de la "Oratio" a!fonsiná, en :PANORHITA: De dictis

et

factis Aiphonsi f'egi.s Af'agonum. IV, i. f. En la ed. de Basilea, 1538, pá- ginas 121-122.

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