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FORMAS DE ORACIÓN REVELADAS POR CRISTO
Th Francesco DiMaria
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CONTENIDO
INTRODUCCIÓN ... 5
El hombre en oración I parte ... 5
El hombre en oración II parte: ... 9
Espiritualidad de la cruz ... 13
Encarnación mística ... 14
Explicación de la Encarnación Mística ... 17
La oración en Conchita ... 20
Primera Parte ... 23
1. LA ORACIÓN ACTIVA ... 25
2. LA ORACIÓN COMUNICATIVA ... 27
3. LA ORACION SOSEGADA... 29
4. LA ORACION DE SOLEDAD Y SILENCIO ... 31
5. LA ORACION ARDOROSA y de MENTE ... 33
6. LA ORACION DE SUAVIDAD ... 35
7. LA ORACIÓN EMBRIAGADORA ... 37
8. LA ORACIÓN DIRECTA ... 39
9. LA ORACION PUDOROSA ... 41
10. LA ORACION PENOSA ... 44
11. LA ORACION DOLOROSA ... 46
12. LA ORACION GUERRERA ... 48
13. LA ORACIÓN INDIFERENTE ... 50
14. LA ORACION DE DISTRACCION ... 52
15. LA ORACION AMOROSA ... 54
16. LA ORACION DE DESCANSO ... 57
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17. LA ORACION DE LIBERTAD ... 59
18. LA ORACION DE RECHAZAMIENTO ... 61
19. LA ORACION OSCURA... 63
20. LA ORACION DE TRASPASAMIENTO ... 65
21. LA ORACION DE PAZ ... 67
22. LA ORACIÓN DE ESTRECHAMIENTO ... 69
23. LA ORACIÓN CONTEMPLATIVA ... 72
Segunda Parte ... 76
SEPTENARIO DE ORACIONES ... 77
1 Al Espíritu Santo ... 77
2 De Ofrecimiento a Jesús ... 78
3 Enseñada a santa Margarita ... 78
4 Al Sagrado Corazón ... 78
5 Al Hombre Dios ... 79
6 Amor por la verdadera ciencia ... 80
7 Voto de Almas ... 81
Tercera Parte... 82
Santa Gertrudis de Helfta ... 83
Oración con María ... 87
Salmo en Búsqueda de la solidaridad ... 91
Grados de la humildad ... 94
Efectos de la humildad ... 96
Grados de orgullo ... 98
Soberbia en los espirituales... 100
Prácticas para crecer en humildad ... 102
Oraciones de la Beata María Romero ... 104
Por todos los que sufren ... 105
4
Suplica a San Rafael... 106
Pequeño exorcismo ... 106
Oración de sanación ... 107
Rosario de amor ... 107
Rosario al Padre Celestial ... 108
Rosario a Jesús Paciente ... 109
Rosario de la confianza... 109
Rosario Ardiente ... 109
LA TRINIDAD CONCIERTA LA ENCARNACIÓN EN MARIA ... 111
Cristo Sol Divino ... 113
Anexo de Otras oraciones ... 117
Jesús oculto en el Tabernáculo ... 117
Meditación sobre el Padre Nuestro ... 118
¿Qué es lo que caracteriza a un cristiano? ... 120
¿Dónde se encuentra Dios? ... 120
Oración en silencio ... 120
Epílogo ... 122
Bibliografía recomendada ... 124
5 INTRODUCCIÓN
Como es mi proceder en otras de mis obras me valgo para esta introducción de las palabras sobre la necesidad de la oración de un santo Papa que admiro que se llama Benedicto XVI:
El hombre en oración I parte
1Queridos hermanos y hermanas. Hoy quiero comenzar una nueva serie de catequesis. El tema es la oración, de modo específico de la cristiana, es decir, la oración que Jesús nos enseñó y que la Iglesia sigue enseñándonos. De hecho, es en Jesús en quien el hombre se hace capaz de unirse a Dios con la profundidad y la intimidad de la relación de paternidad y de filiación. Por eso, juntamente con los primeros discípulos, nos dirigimos con humilde confianza al Maestro y le pedimos: «Señor, enséñanos a orar» (Lucas 11, 1).
En las próximas catequesis, acudiendo a las fuentes de la Sagrada Escritura, la gran tradición de los Padres de la Iglesia, de los maestros de espiritualidad y de la liturgia, queremos aprender a vivir aún más intensamente nuestra relación con el Señor, casi una «escuela de oración». En efecto, sabemos bien que la oración no se debe dar por descontada: hace falta aprender a orar, casi adquiriendo siempre de nuevo este arte; incluso quienes van muy adelantados en la vida espiritual sienten siempre la necesidad de entrar en la escuela de Jesús para aprender a orar con autenticidad. La primera lección nos la da el Señor con su ejemplo. Los Evangelios nos describen a Jesús en diálogo íntimo y constante con el Padre: es una comunión profunda de aquel que vino al mundo no para hacer su voluntad, sino la del Padre que lo envió para la salvación del hombre.
1 Catequesis de los miércoles en la Plaza de san Pedro en la Audiencia General de los días 11 y 14 de mayo de 2011 las dos primeras de 44 que el Papa hiciera sobre el tema de la oración.
6 En esta primera catequesis, como introducción, quiero proponer algunos ejemplos de oración presentes en las antiguas culturas, para poner de relieve cómo, prácticamente siempre y por doquier, se han dirigido a Dios.
Comienzo por el antiguo Egipto, como ejemplo. Allí un hombre ciego, pidiendo a la divinidad que le restituyera la vista, atestigua algo universalmente humano, como es la pura y sencilla oración de petición hecha por quien se encuentra en medio del sufrimiento, y este hombre reza: «Mi corazón desea verte... Tú que me has hecho ver las tinieblas, crea la luz para mí. Que yo te vea. Inclina hacia mí tu rostro amado2».
«Que yo te vea»: aquí está el núcleo de la oración.
En las religiones de Mesopotamia dominaba un sentido de culpa arcano y paralizador, pero no carecía de esperanza de rescate y liberación por parte de Dios. Así podemos apreciar esta súplica de un creyente de aquellos antiguos cultos, que dice así: «Oh Dios, que eres indulgente incluso en la culpa más grave, absuelve mi pecado... Mira, Señor, a tu siervo agotado, y sopla tu aliento sobre él: perdónalo sin dilación.
Aligera tu castigo severo. Haz que yo, liberado de los lazos, vuelva a respirar; rompe mi cadena, líbrame de las ataduras3». Estas expresiones demuestran que el hombre, en su búsqueda de Dios, ha intuido, aunque sea confusamente, por una parte su culpa y, por otra, aspectos de misericordia y de bondad divina.
En el seno de la religión pagana de la antigua Grecia se produce una evolución muy significativa: las oraciones, aunque siguen invocando la ayuda divina para obtener el favor celestial en todas las circunstancias de la vida diaria y para conseguir beneficios materiales, se orientan progresivamente hacia peticiones más desinteresadas, que permiten al hombre creyente profundizar su relación con Dios y ser mejor. Por ejemplo, el gran filósofo Platón refiere una oración de su maestro, Sócrates, considerado con razón uno de los fundadores del pensamiento occidental. Sócrates rezaba así: «Haz que yo sea bello por dentro; que yo considere rico a quien es sabio y que sólo posea el dinero que puede
2 A. Barucq – F. Daumas, Hymnes et prières de l’Egypte ancienne, París 1980, trad. it. en Preghiere dell’umanità, Brescia 1993, p. 30
3 M.-J. Seux, Hymnes et prières aux Dieux de Babylone et d’Assyrie, París 1976, trad. it. en Preghiere dell’umanità, op. cit., p. 37
7 tomar y llevar el sabio. No pido más4». Quisiera ser sobre todo bello por dentro y sabio, y no rico de dinero.
En esas excelsas obras maestras de la literatura de todos los tiempos que son las tragedias griegas, todavía hoy, después de veinticinco siglos, leídas, meditadas y representadas, se encuentran oraciones que expresan el deseo de conocer a Dios y de adorar su majestad. Una de ellas reza así: «Oh Zeus, soporte de la tierra y que sobre la tierra tienes tu asiento, ser inescrutable, quienquiera que tú seas —ya necesidad de la naturaleza o mente de los hombres—, a ti dirijo mis súplicas. Pues conduces todo lo mortal conforme a la justicia por caminos silenciosos5» Dios permanece un poco oculto, y aun así el hombre conoce a este Dios desconocido y reza a aquel que guía los caminos de la tierra.
También entre los romanos, que constituyeron el gran imperio en el que nació y se difundió en gran parte el cristianismo de los orígenes, la oración, aun asociada a una concepción utilitarista y fundamentalmente vinculada a la petición de protección divina sobre la vida de la comunidad civil, se abre a veces a invocaciones admirables por el fervor de la piedad personal, que se transforma en alabanza y acción de gracias. Lo atestigua un autor del África romana del siglo ii después de Cristo, Apuleyo. En sus escritos manifiesta la insatisfacción de los contemporáneos respecto a la religión tradicional y el deseo de una relación más auténtica con Dios. En su obra maestra, titulada Las metamorfosis, un creyente se dirige a una divinidad femenina con estas palabras: «Tú sí eres santa; tú eres en todo tiempo salvadora de la especie humana; tú, en tu generosidad, prestas siempre ayuda a los mortales; tú ofreces a los miserables en dificultades el dulce afecto que puede tener una madre. Ni día ni noche ni instante alguno, por breve que sea, pasa sin que tú lo colmes de tus beneficios6»
En ese mismo tiempo, el emperador Marco Aurelio —que también era filósofo pensador de la condición humana— afirma la necesidad de rezar para entablar una cooperación provechosa entre acción divina y acción humana. En su obra Recuerdos escribe: «¿Quién te ha dicho que
4 Opere I. Fedro 279c, trad. it. P. Pucci, Bari 1966
5 Eurípides, Las Troyanas, 884-886, trad. it. G. Mancini, en Preghiere dell’umanità, op. cit., p. 54.
6 Apuleyo de Madaura, Metamorfosis IX, 25, trad. it. C. Annaratone, en Preghiere dell’umanità, op. cit., p. 79.
8 los dioses no nos ayudan incluso en lo que depende de nosotros?
Comienza, por tanto, a rezarles y verás7» Este consejo del emperador filósofo fue puesto en práctica efectivamente por innumerables generaciones de hombres antes de Cristo, demostrando así que la vida humana sin la oración, que abre nuestra existencia al misterio de Dios, queda privada de sentido y de referencia. De hecho, en toda oración se expresa siempre la verdad de la criatura humana, que por una parte experimenta debilidad e indigencia, y por eso pide ayuda al cielo, y por otra está dotada de una dignidad extraordinaria, porque, preparándose a acoger la Revelación divina, se descubre capaz de entrar en comunión con Dios.
Queridos amigos, en estos ejemplos de oraciones de las diversas épocas y civilizaciones se constata la conciencia que tiene el ser humano de su condición de criatura y de su dependencia de Otro superior a él y fuente de todo bien. El hombre de todos los tiempos reza porque no puede menos de preguntarse cuál es el sentido de su existencia, que permanece oscuro y desalentador si no se pone en relación con el misterio de Dios y de su designio sobre el mundo. La vida humana es un entrelazamiento de bien y mal, de sufrimiento inmerecido y de alegría y belleza, que de modo espontáneo e irresistible nos impulsa a pedir a Dios aquella luz y aquella fuerza interiores que nos socorran en la tierra y abran una esperanza que vaya más allá de los confines de la muerte. Las religiones paganas son una invocación que desde la tierra espera una palabra del cielo. Uno de los últimos grandes filósofos paganos, que vivió ya en plena época cristiana, Proclo de Constantinopla, da voz a esta espera, diciendo: «Inconoscible, nadie te contiene. Todo lo que pensamos te pertenece. De ti vienen nuestros males y nuestros bienes. De ti dependen todos nuestros anhelos, oh Inefable, a quien nuestras almas sienten presente, elevando a ti un himno de silencio»8
En los ejemplos de oración de las diversas culturas, que hemos considerado, podemos ver un testimonio de la dimensión religiosa y del deseo de Dios inscrito en el corazón de todo hombre, que tienen su cumplimiento y expresión plena en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. La Revelación, en efecto, purifica y lleva a su plenitud el
7 Dictionnaire de spiritualitè XII/2, co. 2213.
8 Hymni, ed. E. Vogt, Wiesbaden 1957, en Preghiere dell’umanità, op. cit., p.
61.
9 originario anhelo del hombre a Dios, ofreciéndole, en la oración, la posibilidad de una relación más profunda con el Padre celestial.
Al inicio de nuestro camino «en la escuela de la oración», pidamos pues al Señor que ilumine nuestra mente y nuestro corazón para que la relación con él en la oración sea cada vez más intensa, afectuosa y constante. Digámosle una vez más: «Señor, enséñanos a orar» (san Lucas 11, 1).”
El hombre en oración II parte:
Queridos hermanos y hermanas:
Hoy quiero seguir reflexionando sobre cómo la oración y el sentido religioso forman parte del hombre a lo largo de toda su historia.
Vivimos en una época en la que son evidentes los signos del laicismo.
Parece que Dios ha desaparecido del horizonte de muchas personas o se ha convertido en una realidad ante la cual se permanece indiferente.
Sin embargo, al mismo tiempo vemos muchos signos que nos indican un despertar del sentido religioso, un redescubrimiento de la importancia de Dios para la vida del hombre, una exigencia de espiritualidad, de superar una visión puramente horizontal, material, de la vida humana. Analizando la historia reciente, se constata que ha fracasado la previsión de quienes, desde la época de la Ilustración, anunciaban la desaparición de las religiones y exaltaban una razón absoluta, separada de la fe, una razón que disiparía las tinieblas de los dogmas religiosos y disolvería el «mundo de lo sagrado», devolviendo al hombre su libertad, su dignidad y su autonomía frente a Dios. La experiencia del siglo pasado, con las dos trágicas guerras mundiales, puso en crisis aquel progreso que la razón autónoma, el hombre sin Dios, parecía poder garantizar.
El Catecismo de la Iglesia católica afirma: «Por la creación Dios llama a todo ser desde la nada a la existencia... Incluso después de haber perdido, por su pecado, su semejanza con Dios, el hombre sigue siendo imagen de su Creador. Conserva el deseo de Aquel que lo llama a la existencia. Todas las religiones dan testimonio de esta búsqueda esencial de los hombres» (n. 2566). Podríamos decir —como mostré en la catequesis anterior— que, desde los tiempos más antiguos hasta
10 nuestros días, no ha habido ninguna gran civilización que no haya sido religiosa.
El hombre es religioso por naturaleza, es homo religiosus como es homo sapiens y homo faber: «El deseo de Dios —afirma también el Catecismo— está inscrito en el corazón del hombre, porque el hombre ha sido creado por Dios y para Dios» (n. 27). La imagen del Creador está impresa en su ser y él siente la necesidad de encontrar una luz para dar respuesta a las preguntas que atañen al sentido profundo de la realidad; respuesta que no puede encontrar en sí mismo, en el progreso, en la ciencia empírica. El homo religiosus no emerge sólo del mundo antiguo, sino que atraviesa toda la historia de la humanidad. Al respecto, el rico terreno de la experiencia humana ha visto surgir diversas formas de religiosidad, con el intento de responder al deseo de plenitud y de felicidad, a la necesidad de salvación, a la búsqueda de sentido. El hombre «digital», al igual que el de las cavernas, busca en la experiencia religiosa los caminos para superar su finitud y para asegurar su precaria aventura terrena. Por lo demás, la vida sin un horizonte trascendente no tendría un sentido pleno, y la felicidad, a la que tendemos todos, se proyecta espontáneamente hacia el futuro, hacia un mañana que está todavía por realizarse. El concilio Vaticano II, en la declaración Nostra aetate, lo subrayó sintéticamente. Dice: «Los hombres esperan de las diferentes religiones una respuesta a los enigmas recónditos de la condición humana que, hoy como ayer, conmueven íntimamente sus corazones. ¿Qué es el hombre? [—¿Quién soy yo?—] ¿Cuál es el sentido y el fin de nuestra vida? ¿Qué es el bien y qué el pecado? ¿Cuál es el origen y el fin del dolor? ¿Cuál es el camino para conseguir la verdadera felicidad? ¿Qué es la muerte, el juicio y la retribución después de la muerte? ¿Cuál es, finalmente, ese misterio último e inefable que abarca nuestra existencia, del que procedemos y hacia el que nos dirigimos?» (n. 1). El hombre sabe que no puede responder por sí mismo a su propia necesidad fundamental de entender.
Aunque se haya creído y todavía se crea autosuficiente, sabe por experiencia que no se basta a sí mismo. Necesita abrirse a otro, a algo o a alguien, que pueda darle lo que le falta; debe salir de sí mismo hacia Aquel que pueda colmar la amplitud y la profundidad de su deseo.
11 El hombre lleva en sí mismo una sed de infinito, una nostalgia de eternidad, una búsqueda de belleza, un deseo de amor, una necesidad de luz y de verdad, que lo impulsan hacia el Absoluto; el hombre lleva en sí mismo el deseo de Dios. Y el hombre sabe, de algún modo, que puede dirigirse a Dios, que puede rezarle. Santo Tomás de Aquino, uno de los más grandes teólogos de la historia, define la oración como
«expresión del deseo que el hombre tiene de Dios». Esta atracción hacia Dios, que Dios mismo ha puesto en el hombre, es el alma de la oración, que se reviste de muchas formas y modalidades según la historia, el tiempo, el momento, la gracia e incluso el pecado de cada orante. De hecho, la historia del hombre ha conocido diversas formas de oración, porque él ha desarrollado diversas modalidades de apertura hacia el Otro y hacia el más allá, tanto que podemos reconocer la oración como una experiencia presente en toda religión y cultura.
Queridos hermanos y hermanas, como vimos el miércoles pasado, la oración no está vinculada a un contexto particular, sino que se encuentra inscrita en el corazón de toda persona y de toda civilización.
Naturalmente, cuando hablamos de la oración como experiencia del hombre en cuanto tal, del homo orans, es necesario tener presente que es una actitud interior, antes que una serie de prácticas y fórmulas, un modo de estar frente a Dios, antes que de realizar actos de culto o pronunciar palabras. La oración tiene su centro y hunde sus raíces en lo más profundo de la persona; por eso no es fácilmente descifrable y, por el mismo motivo, se puede prestar a malentendidos y mistificaciones.
También en este sentido podemos entender la expresión: rezar es difícil.
De hecho, la oración es el lugar por excelencia de la gratuidad, del tender hacia el Invisible, el Inesperado y el Inefable. Por eso, para todos la experiencia de la oración es un desafío, una «gracia» que invocar, un don de Aquel al que nos dirigimos.
En la oración, en todas las épocas de la historia, el hombre se considera a sí mismo y su situación frente a Dios, a partir de Dios y en orden a Dios, y experimenta que es criatura necesitada de ayuda, incapaz de conseguir por sí misma la realización plena de su propia existencia y de su propia esperanza. El filósofo Ludwig Wittgenstein recordaba que
«orar significa sentir que el sentido del mundo está fuera del mundo».
En la dinámica de esta relación con quien da sentido a la existencia, con
12 Dios, la oración tiene una de sus típicas expresiones en el gesto de ponerse de rodillas. Es un gesto que entraña una radical ambivalencia:
de hecho, puedo ser obligado a ponerme de rodillas —condición de indigencia y de esclavitud—, pero también puedo arrodillarme espontáneamente, confesando mi límite y, por tanto, mi necesidad de Otro. A él le confieso que soy débil, necesitado, «pecador». En la experiencia de la oración la criatura humana expresa toda la conciencia de sí misma, todo lo que logra captar de su existencia y, a la vez, se dirige toda ella al Ser frente al cual está; orienta su alma a aquel Misterio del que espera la realización de sus deseos más profundos y la ayuda para superar la indigencia de su propia vida. En este mirar a Otro, en este dirigirse «más allá» está la esencia de la oración, como experiencia de una realidad que supera lo sensible y lo contingente.
Sin embargo, la búsqueda del hombre sólo encuentra su plena realización en el Dios que se revela. La oración, que es apertura y elevación del corazón a Dios, se convierte así en una relación personal con él. Y aunque el hombre se olvide de su Creador, el Dios vivo y verdadero no deja de tomar la iniciativa llamando al hombre al misterioso encuentro de la oración. Como afirma el Catecismo: «Esta iniciativa de amor del Dios fiel es siempre lo primero en la oración; la iniciativa del hombre es siempre una respuesta. A medida que Dios se revela, y revela al hombre a sí mismo, la oración aparece como un llamamiento recíproco, un hondo acontecimiento de alianza. A través de palabras y de acciones, tiene lugar un trance que compromete el corazón humano. Este se revela a través de toda la historia de la salvación» (n. 2567).
Queridos hermanos y hermanas, aprendamos a permanecer más tiempo delante de Dios, del Dios que se reveló en Jesucristo; aprendamos a reconocer en el silencio, en lo más íntimo de nosotros mismos, su voz que nos llama y nos reconduce a la profundidad de nuestra existencia, a la fuente de la vida, al manantial de la salvación, para llevarnos más allá del límite de nuestra vida y abrirnos a la medida de Dios, a la relación con él, que es Amor Infinito. Gracias.
El libro contiene cuatro partes, la primera son las 23 formas de
oraciones reveladas por nuestro Señor a Conchita, la segunda es
la explicación de las moradas de santa Teresa por ella misma
13
como camino de perfección en la humildad hacia los Sagrados Corazones de Jesús, María y José, la tercera es un septenario de oraciones, y la cuarta un adendum de santa Gertrudis, la oración en la Virgen María y el salmo de la solidaridad porque la oración y la fe sin obras por fuerte que sean están muertas
Espiritualidad de la cruz
La vida de la mexicana Concepción Cabrera de Armida es una vida admirable, llena de carismas y de dones extraordinarios de Dios.
Fundó la Congregación de las religiosas de la Cruz, fue le inspiradora de los misioneros del Espíritu Santo y de otras Obras de la Cruz para sacerdotes, obispos y laicos.
Ella no fue religiosa, fue una mujer casada, que tuvo nueve hijos y vivió
siempre en su casa con su familia y entre familiares, pero Dios la escogió para elevarla a las más altas cumbres del espíritu. No sólo le concedió la gracia del matrimonio espiritual o unión transformante, sino también la de la encarnación mística.
Por medio de ella Dios bendijo abundantemente a sus hijos y familiares, pero también a todos los que la rodeaban y, especialmente, a los misioneros del Espíritu Santo y a las religiosas de la Cruz.
Su amor a Jesús, a quien consideraba su esposo crucificado, le hizo soportar muchos sufrimientos, que ella ofreció por la salvación de las almas.
Su vida se desarrolló en un ambiente social de persecución permanente contra la Iglesia y ella tuvo que acoger a muchas religiosas y sacerdotes perseguidos. Pero Dios la protegió a ella y a su familia; y su vida resplandeció por donde iba, llegando a decir sus hijos que madre como
14 ella, no había ninguna. Fue una esposa santa, una madre santa; en una palabra, una mujer santa. Que ella nos estimule en el camino de la santidad y aspiremos a ser santos en medio de las dificultades de la vida diaria.
Conchita escribió lo que Jesús le dijo: Estando en la oración después de comulgar, (Jesús) me dijo así: Prepárate para el día que la Iglesia celebra la Encarnación del Divino Verbo; en ese día bajé a unirme con María tomando carne en su purísimo seno, para salvar al mundo. Ese día quiero unirme espiritualmente con tu alma y darte una nueva vida, vida divina e inmortal, en el tiempo y en la eternidad...
Prepárate, purifícate, límpiate, porque es muy grande, muy grande el beneficio que se te prepara. (CC 9,33-35: 17 febrero 1897)
El Espíritu Santo, en un acto de amor crecidísimo, engendra en el alma al Verbo... y entonces, hace verdaderamente de aquella alma sus delicias, habitando en ella y poseyéndola. (CC 23,35-45: 10 julio 1906) Al encarnar el Verbo en las almas, la Trinidad antes las llena de gracias sobre gracias, de luces sobre luces, de amor y de dolor. (CC 23,172- 180: 23 julio 1906)
Para esta clase tan subida de gracias, Yo antes hago pasar al alma por mil crisoles; y bañándola con la superabundancia de mis gracias, la preparo a esta altísima unión en que la Pureza, no puede unirse con lo manchado. (CC 24,61-68: agosto 1906)
Encarnación mística
25 de marzo de 1906: Antes de la Misa, postrada ante el Sagrario, me humillé cuanto pude, delante de mi Jesús; le pedí perdón, renové mis votos: le ofrecí no llenar mi corazón así de tierra como hasta aquí y así, VACÍA, lo recibí en la Comunión . Conque, en los primeros
«mementos» de la Misa, voy sintiendo la presencia de mi Jesús junto de mí, y escuchando su divina voz que me dijo:
15 - «Aquí estoy» (me dijo el Señor), «quiero encarnar en tu corazón místicamente. Yo cumplo lo que ofrezco; he venido preparándote de mil modos, y ha llegado el momento de cumplir mi promesa, RECÍBEME». (Y yo sentí un gozo con vergüenza indecible. Pensé que ya lo había recibido en la Comunión, pero Él, como adivinándome, continuó).
- No es así; de otro modo, además, hoy me has recibido. Tomo posesión de tu corazón; me encarno místicamente en él, para no separarme jamás.
Ésta es una gracia muy grande que te viene preparando mi bondad;
humíllate y agradécela. (CC 22,167-177: 25 marzo 1906).
1906 Tienes contigo a la sacrosanta Víctima del Calvario y de la Eucaristía, la cual puedes ofrecer constantemente al Eterno Padre por la salvación del mundo. Éste es el fruto más precioso del grande favor que he obrado en ti al encarnar en tu corazón. Te he dado lo más grande del cielo y de la tierra, a Mí mismo, con este fin. Tú nada tienes de ti misma, pero Conmigo lo tienes todo. ¿Ahora entiendes el porqué de la gracia pasada?
Sí, mi Jesús adorado: ahora veo que para cumplir mi misión de salvar almas sólo teniéndote a Ti sólo ofreciéndote a Ti lo conseguiré.
Ahora sí, mi sed de salvar almas se saciará, al menos estaré cierta de que con ese PRECIO sí se compran las gracias para ellas. (...) Ahora sí, que soy feliz en mi misma miseria, porque no soy yo la que compra, la que obra, la que vive, sino JESÚS EN MÍ... el VERBO EN MÍ... Dios haciéndolo TODO en su pobre criatura. ¡Bendito mil veces sea! (CC 22,408-416: 21 julio 1906)
En mi unión ofrécete y ofréceme en cada instante al Eterno Padre con el fin tan noble de salvar a las almas, y darle gloria. (CC 22,408-416:
21 julio 1906
1909 Hija mía, me dijo. Quiero que digas a menudo, y sobre todo en tus dolores, estas palabras, con una voluntad amorosa, «este es mi cuerpo, esta es mi sangre», ofreciéndote al Eterno Padre en mi unión. ¿No recuerdas que eres hostia y que debes ser víctima?
16 Mira, desde la encarnación mística, tu cuerpo es como mi Cuerpo y tu sangre como mi Sangre, porque Yo tengo la propiedad de transformar.
(CC 32,119-126: 22 febrero 1909).
1917 María desde la Encarnación, repetía al Eterno Padre, en un acto continuado de amor, y refiriéndose a Mí en Ella, «Este es mi Cuerpo, esta es mi Sangre», clamando por la salvación del mundo. Que al repetir estas palabras, lo hagan en mi unión, sí, pero también pensando en mi Madre que me dio ese Cuerpo y esa Sangre: en mi Madre que desde la Encarnación, se ofrecía y me ofrecía. (CC 41,355-359: 8 julio 1917).
1924 La encarnación mística es una gracia transformativa, en el sentido de asimilar a la criatura con su Modelo, que soy Yo. Es gracia transformante, unitiva (CC 45,435: 11de diciembre de 1924)
1925 Al obrarse la transformación del alma en Jesús, (que para ayudar a esto es la encarnación mística) viene también a ser el Espíritu Santo, el espíritu de la criatura, en más o menos grados, según la intensidad y escala de la transformación, la cual, depende en mucho de la correspondencia del alma en las virtudes. Absorbiendo pues el Espíritu Santo al espíritu de la criatura en la transformación, la llena de ese amor purísimo que es Él y entonces, con ese amor mismo, ama la criatura al Divino Verbo, es decir, con el amor mismo con que lo ama y se ama el Padre, con la perfección del amor (CC 45,206-208: 3 Julio 1925).
1926 Tu amor para con las almas también debe ser el Espíritu Santo, que es Amor; y con Él, debes amarlas como a Mí; y con ese amor, amarme a Mí y a ellas, sin salir de Mí. Porque mi amor a las almas, es el mismo con que amo a mi Padre, y quiero que ese mismo amor sea el tuyo (CC 47,30-32: 18 julio 1926).
1927 Por la derivación de la gracia de la encarnación mística, participas en cierto sentido también de la Fecundación de la Iglesia, que también es Madre (CC 49,386: 3 diciembre 1927)
En el corazón de una madre, con todo derecho deben repercutir los latidos del corazón del hijo. Debe repercutir en tu alma, mi pureza, mi humildad, mis virtudes, mis sacrificios, pero también, ¿sabes qué? mis dolores por las ingratitudes del mundo, mis hondas penas por los pecados de mis sacerdotes: esta sí que es alianza entre tu corazón y el
17 mío, de mis amores y de mis dolores, la más estrecha de hijo a madre (CC 48,248-249: 10 septiembre 1927)
1928 En esa maternidad espiritual o aceptación plena de los sacerdotes, para inmolarte en su favor, deben entrar también desde el Papa, los cardenales, arzobispos y obispos, párrocos y sacerdotes. Porque toda la jerarquía eclesiástica forman un solo sacerdocio con el Sacerdote eterno. Pero no te espantes, pues que esto es sólo una manera de exteriorizar mis planes en ti, acentuándolos; pero al recibirme tú en la encarnación mística en tu alma, me recibiste a Mí y en Mí a la Iglesia con todos sus sacerdotes (CC 53,33-40: 29 noviembre 1928)
1935 Y ahora, sin quitarle un ápice a estas gracias, debes encaminarlo todo, a la gloria de mi Padre amado. Que todo en ti, en tu cuerpo y en tu alma, tenga este santo fin: la gloria de mi Padre.
Simplifica estos actos en un solo amor al ejecutarlos, con un solo colorido, de manera que, sin dejar de hacerlos, todos converjan a la unidad en su sustancia: ¡la gloria de mi Padre! (CC 64,94-95: 29 octubre 1935).
Por esto mismo, lo que ofrezcas en adelante para la gloria del Padre, vuelve a los sacerdotes, a quienes perteneces, convertido en gracias para sus almas.
Aquí tienes cómo una cosa no impide la otra. Tú, olvidada de ti y transformada en Mí por la Encarnación Mística, lo ofreces todo, lo sufres todo, perdida en Mí, por la gloria de mi Padre, y Yo mismo dorando esos actos, más o menos vivos, intensos y ardorosos, los convierto en gracias para los sacerdotes y para las almas (CC 62,54-56:
23 octubre 1935).
Explicación de la Encarnación Mística
La Encarnación de Cristo es un evento singular: El Verbo eterno se hizo carne (se hizo hombre), por obra del Espíritu Santo, en el vientre de María Santísima. Ocurrió una vez para siempre.
Sin embargo, el Verbo se encarnó para llamar a todos los hombres a unirse a Él, con una unión real, íntima y misteriosa. Por el bautismo
18 Dios reproduce en ellos la imagen de su Hijo (Cf. Romanos 8,29).
Cristo es engendrado espiritualmente, continuando en la Iglesia el misterio de la encarnación.
Cristo se desposa con la Iglesia y por medio de ella El desea desposarse con toda la humanidad. San Pablo compara la relación de Cristo y la Iglesia con la relación entre el marido y su esposa: "el que ama a su mujer a sí mismo se ama, y nadie aborrece jamás su propia carne, sino que la alimenta y la cuida como Cristo ama a su Iglesia, pues somos miembros de su cuerpo" (Ef 5,28-30)
El bautizado entra en unión con Cristo y su Iglesia. Es una nueva creación en Cristo, participa en Su vida y continúa Su obra redentora.
Es miembro de Su Cuerpo Místico.
La encarnación mística es una gracia de orden místico. La gracia del bautismo por la que somos unimos con Cristo llega a un grado extraordinario. Experimentan personalmente la unión nupcial de Cristo con la Iglesia. Viven una participación extraordinaria del misterio de la encarnación, a imagen de María, pero en forma mística.
La venerable Concepción Cabrera de Armida recibió la Encarnación Mística. Jesús le dijo:
La encarnación mística es una gracia transformativa, en el sentido de asimilar a la criatura con su Modelo, que soy Yo. Es gracia transformante, unitiva (CC 45,435: 11de diciembre de 1924)
(Agradecemos a www.corazones.org por este material y las Hermanas de los Sagrados Corazones Traspasados de Jesús y María SCTJM) Sus Escritos
Sus escritos fueron muchos. Es una de las santas más prolíficas. Para el proceso de beatificación fueron presentadas en Roma unas 65.000 páginas manuscritas. Sus libros editados y publicados son más de 50, pero sus escritos inéditos, no publicados, son muchísimos. Además de sus abundantes cartas, están los 66 tomos de su Cuenta de Conciencia, escrita entre 1893 y l936 y que es como un Diario íntimo y personal.
19 Son también hermosos los mensajes recibidos de Jesús a los sacerdotes, titulados: “A mis sacerdotes”
20
La oración en Conchita
En cuanto a su oración afirma: Sentía gran inclinación a la oración, porque en mis penas de niña me encantaba esconderme a platicar con los ángeles, refiriéndoles lo que me apenaba y pidiéndoles ayuda para otros y para mí. Yo sentía en esto, en invocar a la santísima Virgen, mucho consuelo y plena seguridad de ser escuchada... A veces, por los caminos me iba saboreando con decir palabra por palabra las oraciones o plegarias al Santísimo Sacramento o a la santísima Virgen, que me aprendía de memoria... El campo, los pájaros, la naturaleza y aquella paz y aquellas puestas de sol, siempre me llevaban el alma a Dios desde muy niña. Me deleitaba la soledad de los bosques... A mí la naturaleza, como la música, siempre me ha llevado a Dios. Yo presentía dentro de mí casi sin conocerte, Señor, tú presencia, tu hermosura, tu poder y tu bondad9.
Hay momentos en que siento que mi alma vuela a Dios, se pierde en la inmensidad de Dios, dentro del mismo Dios; y otros siento que Él entra en mí y, no digo que se pierde en mí, pero que sin reducirse me penetra y se extiende y como que se sale por los poros10.
En medio de las ocupaciones ordinarias, o comiendo, o en la calle y en dondequiera, viene a mí un sentimiento que me levanta el espíritu y causa un efecto suave, tranquilo, dulce, quietísimo, como muy quedito, diré, y envuelve esto el alma; es como un perfume delicado que penetra;
es como una nube luminosa que envuelve.., ese algo que no es del mundo, que se siente por fuera y también por dentro, esto es lo que se llama “presencia de Dios”.
Estos ratos son largos, y cuando vienen, el alma se pone sola, sin que nadie se lo aconseje, en adoración profunda... No puedo decir que se detiene la vida, pero sí, como el aliento a ratos, y que todo el interior queda suspendido. Esto embriaga, esto es divino, esto no se puede
9 Vida I, pp. 10-11,17,60,99-100.
10 Cuenta de Conciencia 2, 100-101.
21 escribir... Sé que corro y que vuelo, y en este torbellino me siento afianzada en Jesús11.
Es cierto que tengo horas fijas para hacer oración, pero ahora, por esta época que voy cruzando, me basta sólo oír la palabra de Dios, o pronunciarla, y sentir que se marcha el alma, que se aprieta con aquella inmensidad... que se esconde en su Jesús… que vuela, que se lanza, sin que haya poder humano que la detenga12.
Me pasa con mucha frecuencia una cosa: Apenas me pongo en actitud de meditar o pensar en mi Jesús, me llena de un recogimiento que no es mío, aun cuando lo procurara, y siento fuego en mi interior, y me va saliendo a la cara una cosa como bochorno que me enciende y el corazón late apresuradamente. A veces, puedo pasar, diré, sobre este efecto o sentimiento y seguir mi oración; otras no puedo y aguardó a que baje un poco la temperatura de este termómetro divino13.
El año 1894 el Señor no me dejaba ni de día ni de noche, con una persecución amorosa, con una invasión divina. A la manera de un novio, que pretende a una para casarse, así Jesús, ¡qué vergüenza!
pretendía a esta tarántula del infierno, sin dejarle reposo. ¡Pero qué amores, qué ternuras, qué requiebros, qué primavera, Dios mío! me presentó entonces el Señor, ¡cómo me ganó la voluntad enamorándome hasta la locura de Él, pero crucificado!
¡Con qué manera comenzó a hablarme de la Cruz! ¡Con qué delicadeza me insinuaba los encantos del padecer! ¡Cómo abría ante mi vista un camino sembrado de sacrificios, de cruces y espinas de todas clases, convidándome a recorrerlo a su lado! ¡Cómo me enseñó a renunciar a las vanidades de la tierra! ¡Con qué paciencia descendió hasta lo más menudo en mi vida ordinaria, quitándome el polvo de habas que me ponía en la cara; los aromas, el peinado menos sencillo, los adornos que antes creía no serlos, las mil pequeñeces mujeriles en las que estaba envuelta! ¡Cómo me inició en la práctica de las virtudes, sobre todo ocultas que tanto le encantan! ¡Cómo, con su ayuda, suavizó mi carácter, me enseñó a sufrir en silencio, penas, contrariedades, dolores,
11 Cuenta de Conciencia 2, 104-105, texto 285.
12 Cuenta de Conciencia 2, 109, texto 286
13 CC 4, 206-208.
22 enfermedades, y tantas y tantas cosas que tiene una esposa y una madre!
¡Dios mío! ¡Con qué paciencia, con qué desvelos estaba siempre a mi lado, pendiente de mi interior, siempre dándome el ¡alerta! en cuanto me desmedía!...
Olvídate de ti, me decía, no te busques, no te encuentres. Haz las cosas buenas como si no las hicieras, sin pensar siquiera en ellas después de ejecutadas. Complácete sólo en Mí y pisa la tierra y a ti que lo eres; que tu misma pequeñez y miseria te sirvan de escalón para subir a Mí. Písate siempre, y no pienses sino en agradarme…
Deja, toma, calla, sacrifica, véncete, no te detengas en esa propia complacencia, aquí hay respeto humano, en esto tienes soberbia, ahora te buscas a ti, despréciate, desdórate, humíllate, baja, no te tengas lástima, ¡arriba!, ¡sube!, escóndete, mortifícate, ten paciencia, domínate, etc. Así me decía el Señor con prisa de hacerme adelantar, decía que para sus fines en mi pobre alma.
Y sí, avancé con semejante Director, ¡que ni un instante me dejaba sola!
¡Oh mi Jesús! ¿Y con qué pagar tus favores? “Muere” me dijo un día, y yo, tan materialota, una noche me tendí, y ahí, le ofrecí concluir con el mundo y resucitar a otra vida en Él14.
14 Vida I, 226-234, texto 259.
23
Primera Parte
“Recordemos que «es la contemplación del rostro de Jesús muerto y resucitado la que recompone nuestra humanidad, también la que está fragmentada por las
fatigas de la vida, o marcada por el pecado.
No hay que domesticar el poder del rostro de Cristo».
Entonces, me atrevo a preguntarte:
¿Hay momentos en los que te pones en su presencia en silencio, permaneces con él sin prisas,
y te dejas mirar por él?
¿Dejas que su fuego inflame tu corazón?
Si no le permites que él alimente el calor de su amor y de su ternura, no tendrás fuego, y así
¿Cómo podrás inflamar el corazón de los demás con tu testimonio y tus palabras?
Y si ante el rostro de Cristo todavía no logras dejarte sanar y transformar,
entonces penetra en las entrañas del Señor, entra en sus llagas, porque allí tiene
su sede la misericordia divina”
Papa Francisco en Gozaos y Alegraos Un llamado a la santidad
24
“
Que tu mayor deseo sea ver a Dios; que tu mayor temor sea perderlo, que tu gozo sea la esperanza del Cielo y asívivirás con una gran paz
”
Santa Teresa de Jesús25 1. LA ORACIÓN ACTIVA15
Dice Jesús: Trabajando oran, corriendo y durmiendo oran, estudiando oran.
Esta clase de oración no descansa en el alma, el celo por la gloria del amado la devora. Dolores y sacrificios son miel para ella
16. La da el Espíritu Santo.
Esta oración pone el fuego amoroso de Dios en el alma. Ellas atesoran sin sentirlo, se le da a almas escogidas
.
15 Los textos están tal cual los dicto nuestro Señor a Conchita y así he querido dejarlos aunque a veces nos pueden sonar extraños.
16 “Una tarde, estando en oración ante el sagrario, no sé explicar lo que me pasó. Sólo sé que el Señor me dio una luz muy clara y comprendí muchas cosas. Me pareció ver un campo inmenso de razas de todo el mundo, de gente sin bautizar y sin conocer a Dios. En un transporte de alegría le dije a Jesús:
Qué feliz sería si pudiera cooperar a redimir almas por tus méritos y mis pobres oraciones. Desde entonces, se acrecentó en mi alma el deseo de ofrecer penas y sufrimientos para ese fin y mi obsesión es ver muchas almas bautizadas y salvadas que llevasen mi nombre y pueda contemplarlas en el cielo. San Juan de la Cruz dice que se alcanza de Dios cuanto de Él se espera.
Creo que veré mis ilusiones y alegrías realizadas. Los méritos de Jesús son infinitos. Mi pobreza espiritual grande, pero Jesús me dará de sus riquezas.
Sus llagas, que con frecuencia beso, curarán las mías. Pida para que llegue al monte de la santidad” (Hermana de España).
26
“El alma que abandona la oración no tardará en convertirse en bestia o en demonio”
Santa Teresa de Jesús
27 2. LA ORACIÓN COMUNICATIVA
Dice Jesús a Conchita: Es hijita mía la que tienes tú en estos momentos y cuando escribes y te hablo y cuando platicamos los dos tú y Yo.
Esta oración sin las virtudes
17profundas es peligrosa.
Esta oración es a ciertas almas para el bien de otros.
Necesito un completo vacío de la criatura, profunda pureza y sencillez… el don de la humildad pedido y dado al Espíritu Santo.
18
17 Virtud: del latín virtus, fuerza. Práctica de obras repetidas, humildad, fe, caridad, prudencia, templanza.
18 Algunos padres del yermo, cuando iba algún joven a sumarse a su compañía, le preguntaban de este modo: ¿Tú traes el corazón vacío para que pueda llenarlo el Espíritu Santo? Lo mismo dijo Dios a santa Gertrudis, que le rogaba le diese a entender qué era lo que de ella pedía: “No te pido más que un corazón vacío de criaturas”
28
“El alma que se apoya en la confianza en Dios, más se desprende de la tierra
y más se une a Él por el amor ”
San Alfonso
29 3. LA ORACION SOSEGADA
Es la oración, quieta, tranquila y reposada, raya en la contemplación
19. Más que oración consiste en una presencia de Dios muy viva que la deja suspensa y arrebatada que no puede hacer otra cosa que amar, amar y amar y sólo amar; sin que la memoria y el entendimiento intervengan.
Su corazón late y no cesa de amar aquel objeto único que la tiene absorta dentro de sí, no siente las alturas a las que ha subido hasta que desciende a las cosas de la tierra, entonces nota que respira otro aire más impuro, ve otros colores…
Deja esta oración en el alma gran desapego de las cosas de la tierra… estas son obsequio del Espíritu Santo a las almas puras
20y generosas.
19 “Tengo 32 años, hasta los 21 la vida me sonreía: estudios, trabajo, amigos, pero un día dos amigas me invitaron a pasar por un convento para dar un recado a una religiosa. Algo me llamó la atención y fui frecuentando las visitas para hablar con la Madre. Y pasaban los días y en unas vísperas, al rezar el Padrenuestro, tuve mi primera experiencia con el Señor. A partir de este encuentro todo empezó a cambiar. Me sentí acogida, perdonada, amada por el Señor con una intensidad que me desbordó, pues estaba acostumbrada a amores humanos que eran egoístas. Nadie supo hacerme vibrar como El, así que me fui enamorando de El cada vez más. Así comienza la historia de mi salvación, que el Señor va realizando en mí y, a pesar de ser pecadora, El me ama con un amor entrañable. Los nueve años que llevo aquí han sido fenomenales. Jamás hubiera ni soñado que el Señor es tan, TAN MARAVILLOSO” (España). Testimonios reales aunque no pretenden corresponder exactamente con la forma de oración nos sirven de referencia para nuestra oración y además aumentan nuestra fe y deseos de orar.
20 Le decía la Virgen a santa Faustina que las tres virtudes más amadas por Dios son la humildad, la humildad, la humidad, la pureza de corazón y el amor a Dios.
30
“Si tuviéramos verdadero amor de Dios lo que nos parece áspero y molesto se nos haría dulce y agradable, porque así complaceríamos más al amado
y le daríamos más amor”
San Francisco de Sales
31 4. LA ORACION DE SOLEDAD Y SILENCIO
A primera vista se parece a la anterior pero no lo es.
El Espíritu Santo la conduce a lo interno y se comunica sin palabras, escucha y siente sin palabras, se ve amada también sin palabras.
No dura mucho tiempo porque aniquilaría el alma por su dulzura inefable
21.
Sus efectos son de sed de amor ardiente y sed de sufrimiento de hambre por lo sobrenatural y divino
22.
21 “Y Yahvé añadió: pero mi rostro no podrás verlo, porque nadie puede verme y seguir con vida” Éxodo 33,20 por esa razón Moisés (Ex 3,6) y los mismos serafines (Is 6,2), Elías (1 Rey 19,13) se cubren el rostro ante Yahvé.
22 “Tengo 25 años y me encuentro muy feliz y centrada en esta santa casa. Es tan grande lo que Dios ha hecho conmigo. Me ama con tanta locura... Deseo ser santa, ésa es mi meta, a la cual aspiro y a la que con la gracia de Dios espero y deseo llegar. Y, aunque soy un alma de muchos defectos, espero que el "buen papá", cansado de mis esfuerzos, me coja entre sus brazos y en un segundo haga lo que yo no puedo por mi debilidad” (hermana de clausura en España).
32
“Aunque no supiéramos exactamente qué es amar, no nos preocupemos mucho por esto; porque aunque no nos guste más, sabiendo que es lo mejor, se necesita ser fuerte en la determinación de desear todo según la voluntad de Dios
y hacer lo mejor de nosotros, para no ofenderlo y cumplir en todo su voluntad”
Santa Teresa de Jesús
33 5. LA ORACION ARDOROSA y de MENTE
Esta oración como flecha vuelve al corazón del amado, va como un rayo, la inflama de amor
23.
Es como un rapto místico de amor. Se comunica al alma en dolor y amor.
23 “Tengo 39 años y llevo 14 años de vida religiosa. Desde mi nacimiento hasta los 24 años nunca pisé una iglesia. Pero un día estaba yo tan cansada de tanto viajar toda la semana que buscaba ansiosamente un hotel para descansar y no encontraba alojamiento. Por fin, fui a una abadía benedictina (estaba en el Senegal) y me concedieron alojamiento por una noche. Pero, a pesar de estar tan cansada, no podía dormir. En la habitación había un crucifijo y yo le decía: ¿Por qué estás ahí clavado en la cruz?, ¿qué haces ahí? Él me contestó en una luz maravillosa y me mostró todo su amor por mí y por todos los hombres y la necesidad que tenía de que hombres y mujeres lo dejaran todo y fueran por el mundo a predicar su Palabra y hablarles de su Amor.
Inmediatamente, yo le dije: Señor, lo dejaré todo y entraré en un monasterio.
A los pocos meses, lo hice realidad. Ahora estoy aquí en el Congo en un pueblo que durante 20 años no tenía sacerdote y todos los domingos cinco viejecitas se reunían para pedir a Dios que les enviara un sacerdote, y Dios ha escuchado su oración, pues ahora tienen un sacerdote y un convento de monjas. ¡Gloria a Dios!” (República Democrática del Congo). Del Libro Oración Contemplativa del P. Ángel Peña OAR. Esta oración la han tenido varios místicos que desean morir o vivir pero ir muriendo de amor y de dolor, es como un dulce martirio.
34
“La esencia del cielo es hacerse una sola cosa con la Voluntad de Dios”
Joseph Card. Ratzinger
35 6. LA ORACION DE SUAVIDAD
Esta oración de suavidad indecible es la que empalaga el alma haciéndola desfallecer, comunica tal ternura, amor y paz, que sumerge al alma dentro de un líquido diré del cual casi no puede salir por su pie sí el Espíritu Santo no la saca.
Se sumerge en Dios ahí son los requiebros, los suspiros, palabras, gemidos y lágrimas de amorosa ternura.
24
24 “Hasta los 16 años yo no creía en Dios en absoluto, vivía a mi manera, olvidada totalmente de Él. Pero, cuando se manifestó en mi vida y me iluminó con un rayo de su luz, me enamoré de Él. Desde entonces mi mayor deseo es que todos los hombres de la tierra conozcan a Jesús. Esa es mi eterna plegaria y el deseo más profundo de mi corazón. Quiero llegar a ser víctima de su amor. Por eso, cuando hice mis votos perpetuos, me ofrecí eternamente a Jesús. Mi vida ya no me pertenece. Cada día, cuando asisto a la misa, estoy como si fuera para mí la última misa del mundo. Este es mi secreto. Y deseo alabar a Dios, porque es Dios. Esto me llena de una alegría profunda y de una paz inefable. Generalmente, mi diálogo entre Él y yo es en silencio. Como si yo fuera la única persona que existe en el mundo. Yo y El solos. Y me siento inmensamente feliz” (testimonio desde Japón). Óp. Cit. Ángel Peña, OAR.
Misionero español con más de 30 años en las montañas del Perú, de la Orden de Agustinos Recoletos, Sus más de 80 libros están en internet gratis.
36
“Algunos renunciaron a la vida de la alegría, la paz, la serenidad, el amor, la esperanza por pereza
comodidad y egoísmo”
Jesús
37 7. LA ORACIÓN EMBRIAGADORA
Esta oración adormece a las almas en su infinita dulzura, el amado se comunica con el alma sin dejarle fuerzas para contestarle, sin defenderse de sus purísimas ternuras, ella queda como muerta o dormida en el seno del amado
25, no puede explicarse y ama, ama al amado, quiere hundirse, recibe del amado un licor de infinita suavidad que la agota con su infinito bien.
El amado la invita a esos desposorios
26… deja unos deseos muy vivos y directos de las cosas celestiales.
Esta oración toca a la de unión.
25 San Juan en el seno de Jesús aprende a amar y pasa de ser uno de los hijos del trueno a ser el discípulo amado, quien reveló al mundo el amor del Sagrado Corazón de Jesús. (Leer San Juan capítulos del 13 al 21)
26 Tengo 29 años. Cuando tenía 19 años, fui a un retiro y alguien me preguntó si conocía el convento de carmelitas de mi ciudad. Yo no lo conocía y para mi sorpresa descubrí que estaba en la calle siguiente a mi casa. Fui a visitar a una religiosa para llevarle saludos y volví a la misa el día de Navidad. Cuando la gente se marchaba yo me quedé un poco para conversar con ellas y tomé una clara decisión: yo sería carmelita como ellas. Yo bendigo ese día en que me enamoré de Jesús y le ofrecí mi virginidad. Dos meses más tarde entré en el convento y no me arrepiento. Desde entonces, no dejo de dar gracias a mi querido esposo Jesús por esta gracia inmerecida, por haberme llamado y haber realizado todos los deseos de mi corazón. Soy muy feliz y con grandes deseos de ser santa (Testimonio desde Islandia).
38
“Dios ama la humildad y en la pobreza se realiza su fuerza”
Pavel Florenskij (El Leonardo daVinci Ruso)
39 8. LA ORACIÓN DIRECTA
Es la oración en la cual el alma repentinamente se siente transportada ante la presencia de Dios viva y deslumbradora, cara a cara, diré, ve con claridad asombrosa su vida entera y el estado actual de gracia, iniquidad, polvo, en la cual se encuentra, ella conoce con esta luz vivísima en un instante el pasado, y una profunda humillación de esos pecados unida a una confianza asombrosa la llena y la envuelve…
Dura poco este relámpago divino
27pero deja en el alma unos frutos de gracias desconocidas y muy escogidas.
27 “Mi testimonio es la alegría, una alegría intima, profunda, que nace de la fuerza de mi vocación y se irradia en mi vida diaria, iluminando toda mi existencia. SOY FELIZ. Siempre he sido feliz, porque El, llamándome a la vida del claustro, me ha abierto horizontes desconocidos de su amor, del verdadero y auténtico amor, el amor de Dios. Amándole a Él siento necesidad de amar también a todos los hombres y en lo íntimo de mi corazón, donde El habita, oro para que todos puedan encontrarlo al menos una vez en el camino de su vida. Porque quien lo encuentra a Él, encuentra la felicidad” (Desde Italia). Óp. Cit. Peña, Ángel.
40
“Ser Eucaristía. Que éste sea, precisamente, nuestro constante anhelo y compromiso, para que el ofrecimiento del Cuerpo y la Sangre del Señor que hacemos en el altar vaya acompañado del sacrificio
de nuestra existencia”
Benedicto XVI
41 9. LA ORACION PUDOROSA
Consiste en una modestia suma del alma que se avergüenza de las bondades recibidas, de las virtudes y dones que la adornan, preferiría dejar de poseerlas a escuchar la más pequeña alabanza incluso de Dios y de los hombres.
Consiste en una ruborada pena del alma por el rubor que le causa el verse amada de su Dios y Señor
28.
Consiste en una tendencia suprema al hundimiento y ocultamiento humillante y si fuera posible correría a esconderse donde Yo no las encontrara, esta oración vergonzosa que ruboriza y abochorna al alma que la posee es la que atrae las complacencias de mi Padre, las miradas del Hijo y los Amores Divinos del Espíritu Santo.
28 “No sabría explicarte lo que pasó una tarde entre mi esposo y yo. Estaba en oración muy atribulada y llorosa, cuando perdí los sentidos del cuerpo, sabía que estaba en el coro, pero en esa hora ya no supe dónde estaba, sólo sabía que estaba con mi esposo Jesús en un beso de amor, reclinada en su pecho.
Así estuve durante una hora, no sentía toser, ni entrar o salir de las otras hermanas, terminó la oración común y recuperé los sentidos. Así que mi oración es en el pecho de Jesús, reclinada como san Juan. Otra experiencia que me concedió el Señor, aunque no sabré explicarlo, fue que, cuando me acercaba al sagrario, sentía unas dulzuras tan grandes, que me era imposible pasar mucho tiempo allí sin perder los sentidos: "Tenía que apretarme el corazón y decirle: Mi amor basta, que desfallezco, es mucho para mí, te entrego estas dulzuras para que las repartas entre los sacerdotes que más lo necesiten. Y me cogió la palabra y ya no tengo esas delicias” (testimonio desde España). Óp. Cit. Peña Ángel.
42
Ellas aman sin comprender como aman, ellas pasan por el mundo sin que el mundo, sus pasiones, malicias, vicios; pasen por ellas.
Y cruzan ciegas con la venda de la conciencia por el cieno asqueroso de la tierra pero sin mancharse, ellas, en fin, son las predilectas de los divinos amores…
(Conchita le dice a Jesús: ¡Ya no más, mi corazón…!) ¡Adelante!
(contesta Jesús)… la oración pudorosa atrae las gracias para el alma que la practica y para otras muchas… (Mira Jesús mío se
me ocurre decirte que yo nunca he tenido esta oración sino que algunas veces suelto algunas cosas cuando me dices cosas muy fuertes de ternura)Si no dime qué es oración sino comunicación íntima de Dios con el alma y del alma con Dios, no es preciso para orar que a propósito te pongas en un lugar para procurarla sino que la espontanea comunicación interna del alma en cualquier sitio, en cualquier lugar y en cualquier hora. Esa es oración hijita yo la recibo como tal, yo penetro el interior de las almas cuando ellas ni siquiera se lo imaginan.
(Pero qué Señor no lo das tu acaso ¿Qué mérito entonces tiene el
alma que lo posee que tú tanto quieres, si tú le das todo?) Tieneun mérito hija que tú no lo conoces ni lo sabrás mientras vivas, pero que Yo sí sé cuál es y lo estimo en lo que vale.
Procede esta oración pudorosa de un fondo profundo del propio conocimiento
29. También profundísima a toda prueba.
29 Quizás sea un examen de conciencia, seguido y bien hecho que lleva a una verdadera humildad de reconocerse criatura y recibidora de dones inmerecidos. Cada noche revisión de vida del día como recomienda san Ignacio de Loyola.
43
“El contemplativo es alguien que habita en un cielo terrestre”
San Juan Clímaco
44 10. LA ORACION PENOSA
Existe hija mía una oración penosa la cual es de grandes frutos para el alma y sólo con insistir y perseverar en ella se alcanzan infinitas gracias
30…
Consiste esta oración penosa en una oscuridad y en un desconsuelo tan cruel que pone al alma en grandísimo sufrimiento, ella ama y no cree que ama, ella cree y espera sin saberlo y su fatiga crece, y la imaginación la atormenta fuertemente con recuerdos pasados, y cosas futuras que jamás acaecerán y la debilidad y aún el fastidio le hacen su presa, se ve sumergida en una aflicción terrible, su congoja crece al figurarse en desgracia de Dios y nada ni nadie es capaz de consolar esta alma en su grandísimo dolor sino el mismo Espíritu Santo que en aquella oración la puso, no encuentra postura diré, esta alma inconsolable y quisiera correr, quisiera gritar, casi morir, si una fuerza sobrenatural no la sostiene.
Estas oraciones son un potro para el alma que de ellas cruzan a la vez que un crisol donde las almas se purifican.
30 “Estaba pasando un periodo de oscuridad, túneles, tentaciones de lo más desconcertante y horroroso. Dudas absurdas, pero no me faltaba la paz interior ni la confianza en Jesús. Un día me encontraba en oración en uno de esos momentos críticos, casi desesperantes, que hacen hasta dudar de la existencia de Dios. Entonces "cara sucia" (el diablo) me tentaba y me hacía pensar: ¿Qué tengo que ver con Jesús? Es cierto que desde muy niña me sedujo y me dejé seducir, pero ¿ahora qué? Yo no sé lo que pasó, pero en ese momento sentí fuertemente en mi corazón la voz de Jesús que me decía: "Si tú no tienes nada que ver conmigo, yo sí tengo mucho que ver contigo, pues me perteneces y eres mía". Sentí una alegría tan grande que se disiparon todas las dudas y me abandoné totalmente, sin condiciones y sin regateos en sus manos divinas” (otro testimonio desde España).
45
“La alegría del mundo es breve; la de aquellos que sirven a dios no tendrá fin”
San Juan de la Salle
46 11. LA ORACION DOLOROSA
Consiste esta oración en el conocimiento claro que se les infunde de los sufrimientos Míos
31. Ya por los pecados de los hombres, ya por sus ingratitudes propias o que también por sus propias infidelidades, el dolor amiguísimo de mi corazón se le comunica en más o menos grado, es un dolor vivo con diversas clases de dolores…
Muy fuerte amargo y cruel es este paso de oración dolorosa para el alma que la enciende en una ternura amorosa de muchos quilates y en una compasión muy viva hacia mi corazón. Y amargado por los pecados de las almas ingratas e infieles sufre conmigo, en mí, por mí y para mí.
31 “Tuve unos días de retiro a solas con Dios y en este tiempo Jesús, poco a poco, gradualmente, me fue inculcando el deseo de compartir su Pasión. La cosa me maravillaba un poco y yo le pedía que viniera a revivir de alguna manera sus dolores en mí. Quería aliviarlo de sus sufrimientos a causa de tantos pecados y ayudarlo a salvar almas. En este tipo de oración estuve como siete meses; después, un día me vino de repente la idea de que podía participar de su Pasión cada vez que debía sufrir algo, aunque fuera pequeño.
Comencé esta maravillosa experiencia y todos mis sufrimientos los aceptaba con alegría para aliviarle los suyos. Y empecé a sentir tanta alegría que me sentía fuera de mí y me hizo comprender por qué tantos santos decían al Señor: O padecer o morir. De esta experiencia he comenzado a amar el sufrimiento por amor a Jesús y cada día le pido que me haga participe de su Pasión y le suplico entre lágrimas que venga a revivirla en mi cuerpo y en mi alma a fin de que pueda reparar con El por los pecados de los hombres y salvar sus almas. Esta sabiduría de la cruz la considero una de las gracias más grandes que el Señor me ha hecho en mi vida” (testimonio desde Italia). Óp.
Cit. Peña Ángel OAR.
47
“Oh Espíritu Santo, inspírame, amor de Dios, consúmeme, por el buen camino guíame. María, madre mía, socórreme, con Jesús, bendíceme, de todo
mal, de toda ilusión, de todo peligro, presérvame”
Santa Mariam de Belén
48 12. LA ORACION GUERRERA
Lleva en su seno la lucha con todo lo que la rodea y aún con la propia alma que la practica en esta oración sólo perseveran las almas radiantes y esforzadas en el sacrificio; la obediencia y la oscura fe son sus espinosos apoyos pues aún en ellos sufre terriblemente, el dominio propio campea en este tipo de oración, meritoria en sumo grado sin que el alma se dé cuenta de ello entonces no recibe ella ni un aliento, ni un consuelo, ni el más pequeño consuelo
32.
Toda la oración guerrera la pasa el alma en quebrantarse y en contenerse, en quebrantar la pasión terrible que en ella entonces se levanta, y en contener los espíritus desesperantes que parecen querer arrollarla, los efectos que deja esta oración en el alma son de cansancio en el cuerpo pero una gran paz en el corazón
33.
32 “Yo me consagré a la Virgen con la esclavitud mariana y me ofrecí a Jesús como víctima por los sacerdotes. Jesús me ha hecho amar la cruz. La cruz es mi descanso, el sueño dorado de mi vida. Cuando me cuesta, me pongo ante El crucificado y sin poder remediarlo me sale: Más, Amor mío, mucho más, por tu Amor. Tengo ansias de dolor y de cruz, de verme ya crucificada. Estoy convencida que el dolor es un regalo del Amado. Qué alegría sentir que somos amados por el Amor. Sólo esta palabra hace vibrar de gozo, de paz y de alegría mi existencia. Yo siento ganas de salir gritando y decir a todo el mundo: El, el Amor, me ama. Quisiera volverme loca y volverlos a todos los que me rodean, locos por su Amor” (Testimonio desde España)
33 Sale agotado, cansado pero con paz porque cumplió, fue obediente y tuvo fe en el Amado.
49
“Si en medio de las adversidades persevera el corazón con serenidad, con gozo y con paz, esto es amor”
Santa Teresa de Ávila
50 13. LA ORACIÓN INDIFERENTE
Existe con el glacial frío del más duro hielo, nada es capaz de mover la sensibilidad de esta petrificada alma, además de la indiferencia, la hace presa el fastidio, cansancio, sequedad, aridez, tomando cada una de estas cosas una parte activa con el fin exclusivo de quitar al alma de la presencia de Dios, u oración en la cual voluntariamente se puso. Con mucha frecuencia esta oración indiferente es fruto de la tibieza producida en el alma por los pecados veniales, aunque algunas veces la manda el Espíritu Santo y muchas para probar la fidelidad y aquilatar el amor que el alma le tiene.
Cuando este amor de Dios es sólido y verdadero el alma persevera aunque con trabajos y vencimientos en esta cansada oración.
Sus efectos el alma no los conoce pero Dios no deja sin premio de gracia al alma valerosa y amante que persevera con la virtud de la constancia en la árida y seca oración
34.
34 “Si quieres que te diga algo de mí oración, te diré que es muy sencilla. Un estar. Nos amamos, y nos dejamos amar. Le miro y me mira. Cuando me adentro en el santuario de mi alma donde mora Él , uno y trino, es como quedar envuelta, como dejar de ser, perderse y no desear encontrarse a sí misma ni ser hallada por nadie más que por El. Dentro del santuario de uno mismo es donde El da a conocer sus secretos, que son muy difíciles de expresar. Incluso en los momentos duros, de sequedad, nunca me aparté de la oración y no busqué mi gusto, sino a Él y nunca me ha defraudado. ¡Gracias a Dios!” (testimonio desde España).