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El regreso del dragón : geopolítica de Asia y el Pacífico

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Academic year: 2020

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(3) EL REGRESO DEL DRAGÓN GEOPOLÍTICA DE ASIA Y EL PACÍFICO. SERIE PRETEXTOS. Nº 18.

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(5) EL REGRESO DEL DRAGÓN GEOPOLÍTICA DE ASIA Y EL PACÍFICO. PÍO GARCÍA. Bogotá, noviembre de 2001.

(6) I S B N 958-616-587-6 © PÍO GARCÍA, 2001 © UNIVERSIDAD EXTERNADO DE COLOMBIA, 2001 Derechos exclusivos de publicación y distribución Calle 12 Nº 1-17 Este, Bogotá - Colombia. Fax 284 3769 Primera edición: noviembre de 2001 Diseño de cubierta: Diego Amaral-Zona Ltda. Revisión del texto: Wilma Zafra Turbay Composición: Depto. de Publicaciones, Univiversidad Externado de Colombia Impresión y encuadernación: Arco Impresores, con un tiraje de 1.000 ejemplares. Impreso en Argentina Printed in Argentina.

(7) CONTENIDO ABREVIATURAS. 9. PRESENTACIÓN. 11. PRÓLOGO. 15. INTRODUCCIÓN. 23. CAPÍTULO UNO LOS ESQUEMAS ESTRATÉGICOS I. II. III. IV. V.. LA PAX AMERICANA LA PAX NIPONNICA LA PAX SOVIETICA LA PAX SINICA LA PAX CONSORTIS O EL CONTROL MUTUO MULTILATERAL. 33 35 41 51 53 59. CAPÍTULO DOS LOS INTERESES ESTRATÉGICOS DE CHINA EN EL PACÍFICO ASIÁTICO I.. APROXIMACIONES AL PAPEL DE CHINA EN ASIA ORIENTAL II. LA INSERCIÓN DE CHINA EN EL SISTEMA MUNDIAL CONTEMPORÁNEO. A. El ingreso a la modernidad B. China en la guerra fría: búsqueda y renuncia al protagonismo; el encuentro del pragmatismo III. Los intereses estratégicos de China en Asia oriental A. La preservación de la integridad física B. La preservación de la integridad anímica C. Alianzas estratégicas y proyección selectiva D. El acompañamiento multilateral IV. CHINA, POTENCIA DEL PACÍFICO. 65 67 71 71 74 75 76 82 84 90 91. 7.

(8) CAPÍTULO TRES EL TRATADO DE SEGURIDAD NIPO-AMERICANO EN LA GEOPOLÍTICA DEL PACÍFICO. ESTABLECIMIENTO Y EVOLUCIÓN DEL TRATADO DE SEGURIDAD NIPO-AMERICANO II. CARACTERÍSTICAS DEL TRATADO DE SEGURIDAD NIPO-AMERICANO III. DESARROLLOS RECIENTES DE LA ALIANZA MILITAR IV. EL TRATADO DE SEGURIDAD Y LAS PERSPECTIVAS DE. 99. I.. INTERNACIONALIZACIÓN JAPONESA. 100 109 111 106. CAPÍTULO CUATRO LA DISPUTA EN LA PENÍNSULA COREANA I.. ENTRE LA CONFRONTACIÓN Y LA DISTENSIÓN II. EL FACTOR NUCLEAR EN EL CONFLICTO COREANO III. PROGRAMAS PARA LA UNIFICACIÓN DE LA PENÍNSULA IV. EL CONFLICTO COREANO Y LA SEGURIDAD REGIONAL. 121 122 133 137 143. CAPÍTULO CINCO ASIA SUR: TENSIONES E INCÓGNITAS I. II. III. IV. V.. LA ACTIVACIÓN DEL CONFLICTO TRASFONDO HISTÓRICO DE LA LUCHA INDO-PAQUISTANÍ LAS GUERRAS ENTRE INDIA Y PAQUISTÁN ARSENALES Y DOCTRINAS ESTRATÉGICAS LA CONFRONTACIÓN INDO-PAQUISTANÍ Y LA COMUNIDAD INTERNACIONAL. 149 150 155 161 164 170. CAPÍTULO SEIS DESAFÍOS POLÍTICOS DE APEC I.. UN MECANISMO INFORMAL II. LAS ANTICIPACIONES DISÍMILES III. LA DIMENSIÓN REAL Y LAS OPCIONES DEL APEC IV. APEC Y LA COOPERACIÓN EN EL PACÍFICO. 177 180 182 184 188. ANEXOS. 191. EL AUTOR. 199. 8.

(9) ABREVIATURAS ABM AIEA ASEAN APEC ARATS ARF BJP CIA CTBT EE. UU. FAO FMI IMU KEDO MAB NMD NPT OMC OMS ONU PBEC. Anti Balistic Misil Agencia Internacional de Energía Atómica (Association of East Asiatic Nations) Asociación de Naciones del Sudeste Asiático. (Asia Pacific Economic Cooperation) Cooperación Económica de Asia Pacífico Asociación China para las Relaciones en el Estrecho de Taiwán (ASEAN Regional Forum) Foro Regional de la ASEAN Partido Bharatija Janata (India) (Central Intelligence Agency) Agencia Central de Inteligencia (Comprehensive Test Ban Treaty) Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares Estados Unidos de América (Food Alimentary Organization) Organización de Ayuda Alimentaria Fondo Monetario Internacional Movimiento Islámico de Uzbekistán (Korea Energy Development Organization) Organización para el Desarrollo Energético de Corea Misil Anti Balístico (National Missile Defense) Sistema Nacional de Defensa Antimisil (Non Proliferation Treaty) Tratado de No Proliferación Nuclear Organización Mundial del Comercio Organización Mundial de la Salud Organización de Naciones Unidas (Pacific Basin Economic Council) Consejo Económico de la Cuenca del Pacífico 9.

(10) PBF PBF PECC PINSTECH PLD POMMINRYUM RDC RSS SEAN WFZ SEF TMD URSS. 10. (Punjab Boundary Force) Fuerza del Límite del Punjab (India) (Pacific Business Forum) Foro de Negocios del Pacífico (Pacific Economic Cooperation Council) Consejo de Cooperación Económica del Pacífico (Pakistany Nuclear Science and Technology Institute) Instituto Paquistaní de Ciencia Nuclear y Tecnología Partido Liberal Democrático (Japón) Alianza Pan Nacional para la Reunificación de la Madre Patria (Surcorea) República de Corea (Rashtriya Swayamsevak Sangh) Asociación de Voluntarios Nacionales (India) (Southeast Asia Nations Weapons Free Zone) Zona Libre de Armas Nucleares del Sureste Asiático Fundación de Intercambio en el Estrecho de Taiwán (Theater Missile Defense) Sistema de Defensa Antimisil en el Extranjero Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

(11) PRESENTACION La década de los años ochenta fue testigo del surgimiento de los países asiáticos, particularmente los situados en la Cuenca de Pacífico. Los índices de crecimiento económico desbordaron la imaginación y el mundo se vio frente al nacimiento de un nuevo eje con capacidad de convertirse en el centro del desarrollo global. En términos comerciales, los flujos dentro de la región, que incluye a Estados Unidos, sobrepasaron los del Atlántico. En los años noventa se consolidó otro fenómeno. China, que había emprendido un proceso de modernización con las reformas de Deng Xiaoping, mostraba ya avances importantes que hacían que fuera percibida –y luego reconocida– como un nuevo y novedoso jugador internacional. Nuevo, porque desde el siglo XIX había desaparecido de la liga de los influyentes, y novedoso, porque proponía un inédito sistema: el socialismo de mercado. En este ambiente sobreviene la crisis económica de 1997, cuyos efectos se sintieron por todo el mundo, y con la cual parecieron interrumpirse tres décadas de crecimiento notable en la región. Académicos, políticos, empresarios, estrategas, no pudieron escapar a la atracción que generaban estos acontecimientos, y se dedicaron a analizar las causas de tales resultados. Infortunadamente, para el tema, las consecuencias de lo que se consideró por muchos un fracaso de los modelos tan aclamados, fueron un deterioro de su buen nombre y una disminución en su popularidad.. 11.

(12) Y esto afectó la oferta académica nacional de cursos sobre Asia que hasta ese momento gozaban de un moderado interés, particularmente aquellos dirigidos al sector privado. A pesar de tal situación, la oferta y la demanda de cursos regulares de estudios de área y de seminarios sobre temas asiáticos dentro de los programas de la Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales aumentó y con ello se fortaleció la tendencia positiva que venía consolidándose desde 1991 cuando se abrieron los primeros cursos. Tal reacción de la Facultad y de sus estudiantes ha estimulado el estudio y la investigación, con lo cual se han ampliado los horizontes de los alumnos. Hoy se cuenta con el Centro de Estudios de Asia y el Pacífico y se ofrecen dentro de la programación regular más de veinte cursos que cubren los idiomas japonés y chino y seminarios sobre Asia, China, Japón, Corea, India y Pensamiento Asiático, entre otros. Este libro del doctor Pío García, director general para Asia, África y Oceanía de la cancillería colombiana, quien contó con la asistencia de la alumna Alexandra Ortega para la búsqueda de datos y de material documental, revela la preocupación y el interés que genera el tema y resalta la importancia de continuar el esfuerzo de ampliación del conocimiento de esta región y de la consolidación de un discurso académico colombiano sobre Asia. Los lectores tendrán la oportunidad de acercarse de la mano de un especialista a los actores asiáticos, lo cual merece toda la atención, especialmente en este comienzo de milenio que nos ha sorprendido con retos de gran envergadura y en cuya solución Asia tendrá un papel muy destacado. En este año, cuando se cumplen cinco lustros de labores de nuestra Facultad, registramos con beneplácito la voz del Externado de Colombia en los asuntos vinculados con las relaciones internacionales. Tenemos elementos para. 12.

(13) sentir satisfacción por los avances registrados en la seguridad de que son útiles al país, y reconocemos que los mismos nos imponen nuevos retos de mejoramiento a los que sabremos responder. Roberto Hinestrosa Rey Decano Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales. 13.

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(15) PRÓLOGO La nueva historia escrita en las últimas décadas nos viene ampliando los horizontes para una comprensión más compleja de la evolución de los pueblos. Sus tesis, planteadas más allá de las corrientes eurocentristas, nos revelan hechos y nos proporcionan interpretaciones que permiten nuevas miradas y sorpresas sobre lo que ha significado Asia. Andre Gunder Frank, en su incisivo libro ReOrient: Global Economy in the Asian Agei, sustenta de manera provocadora pero muy fundamentada la tesis de la supremacía económica de Asia en el período comprendido entre 1400 y 1800. Interpretación que se aleja de la comúnmente aceptada de la Europa renacentista remozada, floreciente e iluminada con la aparición del Nuevo Mundo. Sin embargo, según lo sostiene Frank, la economía europea por aquellos años afrontaba dos graves problemas: un déficit comercial con Asia de enormes proporciones, y la gran debilidad que le representaba el no ser un centro de producción. Asia era el proveedor fundamental del sistema internacional, y China e India las potencias fabriles, económicas y comerciales del momento; es decir, los. i.. Andre Gunder Frank. ReOrient: Global Economy in the Asian Age. University of California Press, Berkeley, 1998.. 15.

(16) motores que mantenían la economía mundial en funcionamiento. Dentro de este panorama, el descubrimiento de América se convirtió en la salvación del viejo mundo al proporcionarle los recursos para mantener los flujos comerciales con Asia. Estos fueron de tal magnitud que se calcula conservadoramente que el 50% de la plata americana fue a parar a las arcas de los asiáticos. Estas cifras, proyectadas sobre las fuentes documentales disponibles, incluyen un cálculo que se reconoce tímido sobre lo que pudo ser el contrabando, tanto por el Atlántico como por el Pacífico, con lo cual se hacen presumibles montos aún mayores. No obstante, el siglo XIX cambiaría el rumbo del mundo. En efecto, Asia padeció los efectos de los cambios del clima que golpearon su producción de alimentos, causaron enormes pérdidas y desecadenaron el malestar interno, los cuales, sumados a la intervención de algunos poderes europeos, terminaron por derrumbar los regímenes locales. Pero fue el impacto formidable de la revolución industrial el que hubo de recomponer el orden mundial y habría de convertir a Europa, ahora sí, en el centro industrial de mayor capacidad, con lo cual pudo consolidar su reinado en todos los campos. Lo anterior tiene una enorme significación cuando se analiza el éxito asiático registrado en la segunda mitad del siglo XX, de igual manera como la tienen los escritos europeos que contribuyeron a formar nuestras apreciaciones sobre el desarrollo de Occidente y Oriente. Un observador colombiano del momento señala: Podría a primera vista creerse –según el estudio en que nos ocupamos– que de todos los países lejanos de Europa sería China aquel que debiera presentar las anomalías más excéntricas y divertidas; a juzgar, a lo menos, por los abanicos y biombos, las tazas de porcelana finamente pinta-. 16.

(17) das, los cofres con primor embutidos, y cosas semejantes. ¿Qué podrían pensar y sentir los artífices de tantos mamarrachos que despiertan la risa aun en los labios más distantes de la época de juvenil alegría? ¡Qué charivari carnavalesco no ha de ser la música de sus pasiones! Pero toda esa exterioridad extravagante no pasa de superficie, porque toda ella está en absoluta desarmonía con el fondo.... Y agrega más adelante: La literatura china –observa el mismo autor– tiene carácter europeo tanto por la sustancia de los pensamientos como por la forma. Si la semejanza se redujera a la materia moral primera podría uno dejar de sorprenderse; pero esa semejanza se extiende a la misma modelación que poco se diferencia de la que acostumbran los escritores occidentales. La similitud es, en efecto, casi completa, y de tal suerte que podría esa literatura ser considerada prolongación de la modernaii.. Estos textos del doctor Rafael Núñez, en los que solamente menciona el título de la obra comentada: La literatura de una antigua civilización, pues omite el nombre del autor, dan cuenta de las deformaciones que indicábamos atrás. Pero –algo tal vez más importante– nos informan del hecho de que para los colombianos el tema de Asia no ha sido tan ajeno como podría pensarse a primera vista, así haya estado rodeado de inexactitudes y de sesgos. El siglo XX se inició con un evento importante que colocó a los asiáticos dentro de un nuevo contexto. Entre 1904 y 1905 tuvo lugar la guerra entre Japón y Rusia, que. ii.. Rafael Núñez. La reforma política en Colombia, T. V, Biblioteca Popular de Cultura Colombiana, Bogotá, Ministerio de Educación de Colombia, 1946, pp. 200 y 201.. 17.

(18) ganaría el primero y con la cual se marcó un hito: una potencia europea es derrotada por una asiática. Apareció entonces un nuevo poder internacional que fue percibido en Occidente como el “peligro amarillo”. Pero nadie pudo sustraerse de la existencia de este nuevo protagonista. Ni la misma Colombia, que prontamente se le acercó y concluyó en 1908, durante el gobierno del general Rafael Reyes, la firma de un Tratado de Amistad, Comercio y Navegación. No obstante los progresos en Asia, la guerra empañó la región. China luchaba internamente, y Japón lanzaba su política imperial sobre Asia oriental. Sobrevinieron entonces la segunda guerra mundial, la derrota japonesa y con ella nuevos escenarios. Terminada la segunda guerra mundial, que sigue siendo otro hito natural de referencia histórica, los países del este y sureste de Asia parecerían dividirse en dos: el gran perdedor, Japón, y los supuestamente beneficiados: los demás. Nacieron nuevos estados al acabarse el colonialismo, pero el triunfo comunista obligaría a un nuevo reordenamiento regional: Japón se convirtió en la bandera del capitalismo; en China, Rusia y Corea del Norte se afianzó el comunismo que se exiendió a Vietnam, Laos y Camboya. Sin embargo, nadie apostaba por estos nuevos proyectos de país. Lo que ocurrió en esa segunda mitad del siglo XX fue una revolución silenciosa que maduró casi misteriosamente. A esas alturas la opinión de Occidente no había cedido y se mantenía excéptica. Sin embargo, los hechos eran contundentes y el Banco Mundial terminó haciéndole la venia a lo que se ha reconocido como el modelo asiático. iii.. 18. The East Asian Miracle: economic growth and public policy (World Bank policy research reports), New York, Oxford University Press, 1993..

(19) de desarrollo, bendecido por el reporte de esta organización publicado en 1993 con el título de The East Asian Miracleiii. Si bien el tema ya era antes objeto de atención tanto a nivel político como académico y empresarial, la opinión pública en general –hacemos referencia particularmente a la colombiana– se sensibilizó y empezó a seguirle los pasos al acontecer de esa región. Se ampliaron los foros sobre Asia, y las universidades y los medios de comunicación le abrieron más sus puertas. Avanzada la década, los acontecimientos relacionados con la crisis financiera de 1997 vendrían a ensombrecer de nuevo el panorama. Hay excepticismo sobre el modelo asiático y disminuye el interés. No obstante, y a pesar de la recuperación de la gran mayoría de los países, el siglo XXI comienza con reservas sobre lo que puede ser el futuro de Asia, si bien no se pone en duda que China será un gran protagonista conjuntamente –aunque no se vislumbre todavía en qué grado– con la India. * * * Los recientes acontecimientos del 11 de septiembre de 2001, que tuvieron lugar después de que el doctor Pío García concluyera este trabajo, hacen necesarias algunas consideraciones en el marco de este escrito. El hombre es, en definitiva, el único protagonista de la historia. Sólo él es capaz de aceptar los signos –casi siempre identificados o cercanos a los mitos–, de reconocer las señales de cambio y de decidirse por los nuevos rumbos. Los dos grandes mitos del siglo XX fueron el imposible, representado por el proyecto del marxismo en todas sus manifestaciones, y el posible, representado por la prosperidad material escudada en la seguridad física, y encarnado en lo que se llamó el sueño americano... El primer mito, que concluyó con la caída del muro de Berlín, empezó su declive, quizás, con la desaparición del. 19.

(20) Che Guevara, cuya muerte hizo evidente que el imposible se volvería fantasma. Los ataques a las torres gemelas y al pentágono representan el inicio del segundo desplome: el del posible. Con ello no se ha derrumbado la potencia, ni se ha quebrado el capitalismo. Pero se ha malherido el sueño que los sostenía. Así, nos encontramos en un momento trascendental que hará distinto el mundo que sigue. Esta nueva realidad estará determinada por lo inimaginable, y sólo será comprensible cuando asumamos que lo inentendible es la condición primera para sobrepasarla y proyectarla. Tarea compleja en un medio como el de Occidente, tan marcado por lo racional y lo científico, y en la que, por esta misma razón, Oriente podrá aportar de manera positiva su visión particular. El alcance de esta interpretación se observaría mejor si aceptáramos que la desconfianza y la enorme incertidumbre, junto con el miedo y la vulnerabilidad que generan, serán fuerzas importantes en las decisiones cotidianas que tomará el hombre de estos días. Los cambios por venir cubrirán un amplio espectro que va desde las ideologías hasta el comportamiento de los individuos y afectarán muchos temas, entre los cuales estarán las libertades individuales, la seguridad (física, alimentaria, informática), los derechos humanos, el papel de las ONG, el proceso de globalización, la transferencia de tecnologías, la responsabilidad social de las multinacionales y la educación. Pero hay un tema del cual Asia tendrá mucho que decir dentro del proceso de construcción de un nuevo sueño para la humanidad. Es la formulación que tendrá que hacerse de un nuevo sistema económico y político diferente y de la cual no podrán sustraerse las propuestas del socialismo de mercado chino, ni las del capitalismo humano desarrollado inicialmente en Japón y extendido luego a los países asiáticos de corte capitalista.. 20.

(21) Si antes de los atentados mencionados ya era importante el esfuerzo aproximativo e interpretativo que presenta el doctor Pío García en El regreso del dragón. Geopolítica de Asia y el Pacífico, su lectura resulta imprescindible ahora cuando, en medio de tanta incertidumbre, se requiere el concurso de académicos, intelectuales, empresarios y gobernantes para encontrar y proponer nuevos rumbos. Fernando Barbosa Director Centro de Estudios de Asia y el Pacífico Universidad Externado de Colombia Noviembre, 2001. 21.

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(23) INTRODUCCIÓN En las dos últimas décadas del siglo XX el mapa económico mundial desplazó su eje al gran escenario del Pacífico, como resultado de la industrialización acelerada del extremo oriental asiático. En un lapso muy breve este grupo de países pudo volcarse con mucha confianza y decisión sobre el mercado internacional, que se hallaba en una ola expansiva, con el fin de capturar nuevos nichos o desplazar algunos de los competidores emergentes. Para ascender con éxito en esta prueba fueron elementos claves de su estrategia la sabia y persistente combinación de las capacidades humanas y los recursos financieros internos, tratándose de países con alto grado de ahorro, así como la captación de los aportes financieros y técnicos extranjeros. Por esta misma época la gran masa de países en desarrollo, con muy pocas excepciones, se estancó en su empeño de transformar su base de producción de bienes primarios, viendo alejar aún más la meta de establecer sociedades con mejores niveles de ingreso y mayor calidad de vida. Las crisis económica y política asiáticas de 1997-1999 levantaron una enorme barrera sobre esta senda asiática de industrialización progresiva. La salida repentina de las inversiones de corto plazo –los llamados “capitales golondrinas”– obligó al gobierno de Tailandia a devaluar el bath, paralizar gigantescos proyectos de construcción de vías y red de transporte masivo y perder la capacidad adquisitiva de bienes importados. De manera inesperada,. 23.

(24) el país perdió dos décadas de crecimiento sostenido. De inmediato, los países vecinos (Malasia, Indonesia y Filipinas) corrieron la misma suerte: la estampida súbita de capitales trastocó por completo sus compromisos financieros externos. Aun las hasta entonces economías solventes como la japonesa, coreana o hongkonesa tambalearon ante la sorpresiva demanda de los acreedores extranjeros o ante la insolvencia de los países cercanos para cubrir los créditos vencidos. En el transcurso de los dos años posteriores a 1997, por medio del uso de medidas ortodoxas de renegociación crediticia, fusiones de empresas, drásticas reformas administrativas e institucionales, o haciendo caso omiso de los dictámenes de la banca multilateral, algunos de estos países (Malasia, por ejemplo) pudieron conjurar la insolvencia financiera, mientras otros, bajo condiciones menos favorables, se sumieron en un agudo estancamiento económico y social. Pasada la tormenta la región quedó escindida entre el grupo fracasado y el exitoso. Para este último se abrieron espacios inusitados al desempeño internacional, de modo que la crisis le sirvió, más bien, de catarsis. Así, tan sólo dos o tres años después del remezón, Corea del Sur, Malasia, Singapur o China volvieron a registrar índices de crecimiento de la producción y las exportaciones por encima del 7% anual, o sea que recuperaron el ritmo expansivo de la década de los noventa. Con estos países a la cabeza, el oriente asiático afirma su influencia en el intercambio mundial de capitales, bienes manufacturados y servicios. Los países afectados, en cambio, sufrieron la destrucción de su integridad territorial (Indonesia perdió Timor Oriental) y su estabilidad, de modo tal que su rescate será lento y a largo plazo, según haya oportunidades de vinculación al circuito económico alrededor de las economías dinámicas de su periferia y extrarregionales..

(25) Al recuperar la confianza en su estrategia de desarrollo económico, buena parte de Asia volvió a apreciar sus instituciones sociales y políticas y a valorar sus fundamentos culturales. Más aún, su proyección internacional lleva a la necesidad de revisar los asuntos geopolíticos. Este planteamiento se basa, por lo menos, en tres razones: la primera responde al imperativo de favorecer el conducto que une los desarrollos de la tecnología militar con la industria civil y viceversa; la segunda, el interés por preservar las rutas comerciales y asegurar el abastecimiento para sus centros de transformación encadenados a un circuito internacional intenso; y en tercer lugar, la exigencia de contrarrestar la vulnerabilidad frente al flujo creciente de personas, ideas, artefactos o bienes de consumo en el mundo globalizado, hasta resistir, inclusive, los potenciales ataques terroristas o la agresión armada externa. El vasto territorio asiático sigue siendo un caleidoscopio de manifestaciones culturales derivadas de antiguas civilizaciones, que no han perdido del todo sus rasgos fundadores y que procuran adaptarse a las exigencias de la vida contemporánea sin abjurar de su identidad. Es fácil advertir una vez más un prurito de grandeza asiática en la medida que acortan la distancia en el grado de desarrollo material frente al mundo industrializado euroamericano, actitud que lleva a esas sociedades a retomar valores o instituciones del pasado que pudieron haberse diluido durante la fase de copia mecánica de los llamados valores occidentales. Se trata, como sucedió al término del siglo XIX o en la década de los ochenta del siglo XX, de la nueva mirada de los pueblos asiáticos sobre sí mismos, de su “asianización”, mostrándose orgullos de su ser, sus instituciones y sus diferencias con Occidente. Por supuesto, no está al alcance de nadie establecer el límite físico o conceptual de las denominaciones “Oriente” y “Occidente”. Las civilizaciones de uno y uno otro lado. 25.

(26) están asociadas en los tiempos modernos, así como sufrieron incontables influencias en el pasado. Son derroteros imbricados, que muchos estudiosos han tratado de separar, bien sea por la forma de organizarse para producir, por las diferencias en las instituciones políticas o el universo espiritual. Marx habló del modo de producción asiático para señalar una de las formaciones sociales previas al capitalismo; Weber la calificó más bien como sociedad patrimonialista en la que prima la relación paternal entre amos y súbditos, diferente a la relación contractual del feudalismo europeo, más descentralizadora y dinámica, y por tanto más apta para el despegue y despliegue del capitalismo. Aún en el siglo XXI persisten entre uno y otro grupo civilizacional ciertos rasgos teóricos y prácticos en el diseño institucional de los que fueron percibidos por los estudiosos en el siglo XIX. Esas diferencias asiáticas se reflejan en la estrategia de desarrollo, su proyección externa y la participación en el sistema internacional, y pueden llegar a pronunciarse y a determinar la construcción del orden mundial en las próximas décadas. La disparidad entre el nivel de desarrollo material entre Europa y Asia se acrecentó con la expansión imperial europea después del siglo XVI y con la revolución industrial del siglo XVIII. De ser una entre las numerosas civilizaciones, la sociedad europea propulsada por la dinámica económica capitalista se fue imponiendo hasta ponerse a la cabeza del sistema internacional, cediendo su liderazgo a Estados Unidos sólo en el siglo XX. A lo largo y ancho de África, Asia, América Latina y Oceanía, las demás sociedades, a pesar de sus sistemas productivos, culturales e institucionales hasta entonces no muy lejanos de los euroamericanos, fueron sucumbiendo al impacto de las nuevas fuerzas externas, que les restaron o quitaron la autonomía, para convertirlas en zonas dependientes o tributarias de las metrópolis. Aun los imperios autosu-. 26.

(27) ficientes como el japonés y el chino que ofrecieron resistencia durante escasos dos siglos, al final fueron incapaces de sostener la autarquía y aceptaron las nuevas reglas del juego económico y político internacional antes de perderlo todo. Curiosamente, sobre esta contraposición valorativa se va configurando el sistema mundial del despegue del tercer milenio, en un momento en que Occidente, que sigue la línea trazada por el estandarte estadounidense, encuentra resistencias y cada vez más desesperadas exigencias por acceder a un sistema de relaciones internacionales de mayor equilibrio y equidad. El orden estadounidense actual sólo vino a vislumbrarse con el declive del imperio británico. Compelido a participar en las dos grandes guerras de 1914 y 1939, Estados Unidos se sobrepuso a sus contendores y estableció un dominio mundial sin réplica en la historia de la humanidad. Si el siglo XIX fue británico, el XX fue norteamericano. Con su inmensa capacidad industrial y la superioridad en el dominio de la alta tecnología comercial y militar, ha podido disponer un diseño geopolítico mundial en el inicio del siglo XXI, cuando las distancias entre los pueblos y las barreras comerciales se desploman o desdibujan a un ritmo acelerado. Se trató, sin duda, de una labor titánica la emprendida por la primera potencia mundial para afianzar su supremacía. La disputa por el liderazgo internacional a lo largo del siglo XX fue una competencia que se dio en campos de batalla, en laboratorios de los científicos y en salones reservados a tratatos y pactos secretos. El sacrificio humano fue, de igual manera, de cifras escalofriantes: más de 200 millones de muertos, de cuales una tercera parte correspondió a ciudadanos estadounidenses. Superada la barrera estratégica y asegurado su comando de los asuntos mundiales, Estados Unidos ha tomado la bandera de la apertura de las economías. El fenómeno de. 27.

(28) la globalización contemporánea se sustenta en la revolución de la aplicación de las tecnologías de la información y la comunicación a la gestión económica, siendo la economía estadounidense la mayor beneficiada por esta supresión de las barreras a la circulación de las finanzas, los servicios comerciales y los bienes de alto contenido tecnológico. La red de conexiones e intercambios lleva en sí otros grados de interacción de orden político y cultural, a favor, asimismo, de la universalización de las instituciones y valores de la sociedad estadounidense, como lo es su papel de vanguardia en el mercado mundial del entretenimiento (cine, televisión, música). Por cierto, este orden mundial de Estados Unidos y Occidente presenta increíbles contradicciones y manifiestas debilidades que hacen azaroso su desenvolvimiento a lo largo del siglo XXI. La producción acelerada de riqueza, gracias a las nuevas tecnologías, ha conducido a la concentración de la misma en unas pocas sociedades de altísimo consumo, mientras se agudiza la pauperización del resto del planeta. Según las estadísticas que lleva el propio Banco Mundial, el 20% de las sociedades afluentes dispone del 90% del producto global, al contrario de la tercera parte de la humanidad (algo más de 2.000 millones de personas) que cuenta con menos de dos dólares diarios para suplir sus necesidades. Es increíble que en el momento mismo cuando la sociedad está en las mejores condiciones para producir alimentos las hambrunas hayan revivido con intensidad en varios lugares de África, América y Asia Central. Frente a este panorama desalentador, la disconformidad se manifiesta en resistencia o rechazo al modelo dominante de producción y distribución de bienes por parte de esa enorme población desfavorecida. Hasta ahora han sido las organizaciones civiles las más activas, pero es probable que se involucren entidades estatales en el futuro cercano.. 28.

(29) Más en concreto, las manifestaciones civiles como las presenciadas en torno a las reuniones del G-8 o de los encuentros de la banca multilateral contra la globalización desalmada encontrarán eco en gobernantes y movimientos sociales de los países marginados, para exigir patrones de desarrollo mundial incluyentes y redistributivos. En cierta forma, por el lado asiático se ha venido generando una alternativa de desarrollo material más distributivo que en el resto de economías en desarrollo. En Japón, Singapur o Corea del Sur, más del 90% de la población elevó sus ingresos en forma paralela a la industrialización del país. El modelo corporativo, en donde el Estado orientó la actividad productiva con sentido equitativo, en alianza con el sector empresarial, sirvió más adelante de inspiración a las burocracias china, malasia o vietnamita, para sus propios planes de industrialización e inserción en la economía mundial. En la conformación del poder mundial contemporáneo, el área de Asia y el Pacífico ha cumplido un papel fundamental. Allí chocaron los grandes poderes y se siguen elevando fuerzas contestatarias de la hegemonía norteamericana. El fin de la guerra fría y el progresivo decaimiento soviético trasladó el centro de las tensiones políticas y estratégicas de Europa a Asia. El desmantelamiento militar de Rusia alimentó la renovación logística en India, China, Paquistán y otros países asiáticos, en tanto que en su aguerrida competencia los dos grandes rivales del subcontinente indio ingresaron al club atómico, con sus ensayos nucleares de mayo de 1998. Se trata, entonces, de una región de gran dinamismo económico, social y estratégico. Distanciado de Occidente por razones filosóficas y de tradición cultural, el dragón chino ha ido aumentando sus alianzas y redefiniendo sus intereses estratégicos en contraposición con el bloque dominante de países del nuevo. 29.

(30) orden internacional, liderado por Estados Unidos. Por medio de sus alianzas militares con Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda, las facilidades para operaciones en Malasia, Singapur y Fipilinas, y el despliegue de tropas y equipo avanzado, Estados Unidos arribó al siglo XXI como gendarme del Pacífico, condición concordante con su supremacía planetaria. Sin embargo, este orden estratégico variará en forma significativa en la primera mitad del siglo, en la medida que China logre fortalecer su proceso de industrialización, sus instituciones políticas y su músculo militar, junto con la renovación y el establecimiento de nexos estratégicos, y la participación más decidida en la discusión y manejo de los problemas internacionales. En la nueva configuración estratégica de Asia oriental y el Pacífico es muy probable también un papel creciente de India. Este país se ha convertido en uno de los pilares de los sectores de punta de la economía mundial, los relacionados con las tecnologías de la información y la comunicación. Por este motivo económico y comercial, y por la herencia occidental de sus instituciones políticas, después de ensayar el liderazgo de la vía alterna en la disputa EsteOeste, India ha establecido una alianza con Occidente, lo cual tiene su impacto directo en la composición del mapa del poder mundial. El caso de Japón es diferente de los dos grandes poderes emergentes anteriores, por cuanto su intervención en los asuntos estratégicos regionales y mundiales va a tener que orientarse hacia la función de mediador y conector entre fuerzas independientes más poderosas. Después de la derrota, en la segunda mitad del siglo XX ese país se convirtió en la segunda potencia económica, pero su sistema de defensa quedó a merced del diseño estratégico de Estados Unidos. En la primera parte del siglo XXI, cuando la economía japonesa declina y la presencia estadounidense en Asia no es esencial, a Japón le aguardan nuevos. 30.

(31) desafíos que puede aprovechar para ganar autonomía y participar en los asuntos políticos y estratégicos con vocación componedora y pacificista, sin la pretensión ya de llegar a ser el superpoder, que tanto odio despertó en su vecindario. El presente documento explora las relaciones de poder entre los países de Asia oriental y su impacto sobre el vasto escenario del Pacífico y del sistema global contemporáneo. Los esquemas estratégicos analizados en el primer capítulo dan cuenta de la incidencia de cuatro países en los asuntos del Pacífico en el siglo XX, a saber: Rusia, Japón, Estados Unidos y China (no necesariamente en ese orden) y las perspectivas de su actuación futura. En el segundo capítulo se destaca el papel singular que China viene cumpliendo en la construcción del orden regional y mundial, en la medida que su liderazgo continental se ha encontrado con exigencias y posibilidades de un protagonismo universal. En tercer lugar, se examina el vínculo estratégico nipoestadounidense, cuyo fundamento es el tratado mutuo de seguridad. El cuarto capítulo corresponde al estudio de la larga confrontación que vivió la sociedad coreana, escindida por varias generaciones entre dos Estados con sistemas políticos y económicos opuestos. El capítulo quinto vuelca la atención sobre el conflicto en el sur de Asia y la creciente importancia que India va tomando en la geopolítica contemporánea. Por último, el capítulo sexto contempla las perspectivas del Foro de Cooperación Económica del Asia-Pacífico en términos de seguridad y arreglos estratégicos. En la realización de este trabajo recibí la valiosa colaboración de Alexandra Ortega, estudiante de la Universidad Externado de Colombia, como asistente de investigación, y de Mayerly Torres y Claudia Giraldo en la labor de mecanografía. A ellas, mis gracias sinceras y mi reconocimiento.. 31.

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(33) CAPÍTULO UNO LOS ESQUEMAS ESTRATÉGICOS El Pacífico asiático ha sido escenario de enfrentamientos recurrentes entre los grandes poderes desde el arribo europeo al extremo oriente en el siglo XVI. La disputa por la obtención de privilegios comerciales y la posesión de zonas productivas y puertos claves en el área enfrentó a las potencias europeas entre sí y con los imperios asiáticos, renuentes éstos, durante varios siglos, a establecer relaciones con los occidentales. Esta competencia por contar con posesiones ultramarinas, controlar las rutas comerciales y obtener el monopolio de los mercados en Asia durante la época preindustrial europea, se intensificó en la era industrial por la necesidad de asegurar la provisión de insumos y la disponibilidad de consumidores. India, China, Japón y los demás países de Asia oriental cumplían la doble condición de ser sociedades populosas y abastecedoras de materias primas para los centros manufactureros europeos, convirtiéndose en países atractivos para incluir en la red mundializada de intercambio económico y para el ejercicio del dominio político. Hacia la mitad del siglo XIX, las barreras asiáticas al embate comercializador euroamericano se fueron a pique y se establecieron las rutas para el intercambio planetario de bienes. El imperio chino trató de poner su sistema milenario en el orden del día con las reformas de Kiang Yuwei y Liang Chi-chan, con menos éxito que los japoneses.. 33.

(34) Éstos, con la reforma Meiji, superaron el feudalismo y retomaron el control de su territorio, pudiendo así enfilarse hacia una captura desaforada de los logros técnicos, económicos, culturales y militares de los occidentales. Con el despliegue rápido de la industria se fortalecieron las fuerzas armadas y se acendró el nacionalismo. Con Japón a la cabeza, Asia emergía como un escenario económico considerable con capacidad para desempeñar un gran papel en el circuito del comercio mundial del siglo XX. En consecuencia, después de la primera guerra mundial se elevó el relieve estratégico de la región con tres grandes poderes emergentes (Unión Soviética, Japón y Estados Unidos), cuyos propósitos de proyección y control del área estaban fundados en consideraciones político-ideológicas divergentes, ya que el modelo social comunista chocaba con el liberalismo norteamericano, en tanto que la teocracia japonesa se apartaba también de los dos primeros modelos. El impulso expansionista de las potencias occidentales se vio frenado por la contención japonesa, que puso en marcha un plan propio para arrebatarles a los europeos y americanos sus posesiones en Asia. Fortalecido por la victoria militar sobre Rusia, en 1905, y después de quitarle Taiwán al decadente imperio chino, Japón buscó a su modo la pacificación asiática en torno al diseño estratégico de los militares desde Tokio, a pesar de las agudas críticas por la división de la sociedad japonesa sobre la estructuración política y la proyección externa del país. Con frecuencia, la expansión agresiva hacia los países vecinos, como la toma de Manchuria en 1931, servía de válvula de escape de la lucha interna por el fortalecimiento o la transformación de la monarquía. Con la derrota de Japón en la segunda guerra mundial, conocida en Asia como la Guerra del Pacífico, su proyecto imperial terminó desarticulado. En las primeras décadas del siglo XX, en el Pacífico se presenció una tensión multipolar o un juego disperso de. 34.

(35) fuerzas sin un poder predominante, con un forcejeo permanente entre las tendencias autonomistas locales y las fuerzas de ocupación extranjera, que avivó los nacionalismos y alentó el sueño hegemonista japonés. La segunda guerra mundial propició un cambio estratégico radical en la zona: el ataque japonés a las bases estadounidenses en Hawai obligó a éstos a entrar en la contienda y significó el comienzo del fin del imperio japonés, país que vio desde entonces condicionada su supervivencia como potencia económica a la alianza militar con una fuerza mayor. Por otra parte, su pérdida de visibilidad política le despejó horizontes imprevistos a otros nuevos actores regionales y a nuevas doctrinas, siendo la mayor beneficiada China y su doctrina comunista revisada, si no antagónica del ideario soviético. A lo largo del siglo, en Asia ocurrió una transposición progresiva de poderes, donde los imperios locales fueron suplantados por potencias que emergieron, llegaron a la región y se quedaron, como en el caso de Estados Unidos, o que revivieron como en el caso chino. Algunos proyectos contestatarios, como el japonés o el ruso, tuvieron una existencia transitoria. En consecuencia, el extremo oriente asiático ingresó al siglo XXI en medio de una ambivalencia crucial, al hallarse enmarcado por fuerzas en conflicto que lo compelen a afirmar el control hegemónico de Estados Unidos en la región o a rechazarlo, a negociar y profundizar un pacto de convivencia entre sus grandes poderes o a encontrar un ordenamiento estratégico autónomo, con la participación de toda la comunidad de Estados esteasiáticos.. I. LA PAX AMERICANA Cuando en la mitad del siglo XIX la corona inglesa aseguraba su dominio en India e implantaba sobre el sur de Asia la. 35.

(36) pax britannica, Estados Unidos entraba en acción en la margen oriental asiática, provocándole un giro definitivo al panorama estratégico del Pacífico occidental, al forzar la vinculación china y coreana, pero de manera especial la japonesa al comercio internacional. En el caso japonés, para compensar el riesgo de la desintegración incubada en la era feudal, este país dio un vuelco radical hacia la restauración de su unidad territorial, incentivó el armamentismo y fue mucho más allá, al alimentar sus anhelos expansionistas y su posterior enfrentamiento con los poderes euroamericanos, liderados por Washington. El monopolio norteamericano de las acciones en el Pacífico durante la segunda guerra mundial y la posterior tutela sobre el sometido imperio japonés, corroboró la supremacía estratégica estadounidense en el inmenso océano, al igual que en el resto del mundo. Es visible, entonces, la intención de Estados Unidos por constituirse en el poder generador de equilibrio en la región, cuya presencia sea garantía de seguridad colectiva. Le tomó un siglo a Estado Unidos el asumir el papel de gendarme del Pacífico, pues la dirigencia en Washington no siempre se interesó por los conflictos en lugares distintos al continente americano, considerado desde la promulgación de la Doctrina Monroe, en 1823, el ámbito natural y exclusivo de la influencia estadounidense. El país fue reticente a participar tanto en la primera como en la segunda guerras mundiales, pero se vio obligado a asumir responsabilidades crecientes en calidad de gran potencia, hasta imbuirse tanto en esos compromisos que terminó por imponer exigencias hegemónicas en todos los continentes. En la fase posterior a la guerra fría, que comenzó en 1990, Estados Unidos ha enfocado sus esfuerzos a mantener y propender por los valores democráticos y las libertades que sustentan la globalización económica. En el campo militar, los estadounidenses buscan la protección de sus. 36.

(37) intereses dentro y fuera de sus fronteras, teniendo para ello fuerzas superiores a las de cualquier otro país. En el comienzo de esta saga, una vez lograda la apertura del mercado japonés a los productos euroamericanos, la proyección estadounidense sobre el Pacífico justificó la intervención en la guerra de España en Filipinas, en 1898, para ayudar a la independencia y, de paso, tomar control del archipiélago. Por el Tratado de París, España cedió Filipinas a Estados Unidos, por US$ 20 millones, a pesar de la resistencia de los patriotas filipinos que luchaban por la autonomía completa de su territorio. En los años veinte, al estar marginado de la Liga de Naciones, Estados Unidos tuvo poco que ver con los alegatos de Japón en el organismo y hubiera permanecido menos pendiente de los asuntos asiáticos, si los militares japoneses hubieran postergado el ataque a la base de Pearl Harbor, en diciembre de 1941, cuando el recelo mutuo se trastocó en hostilidad. Otro tanto ocurrió con la relación estadounidense-soviética, que convirtió a Asia en escenario de su rivalidad repentina. Por un tiempo muy breve, en Washington, y tal vez en Moscú también, se pensó en la convivencia pacífica entre los gigantes vencedores de la segunda guerra mundial: Estados Unidos y la Unión Soviética. Sin embargo, se confirmó que la colaboración para derrotar a Hitler y las fuerzas del Eje había sido un acuerdo coyuntural tras el cual se escondían serias ambiciones hegemónicas de uno y otro, que llevaron la contienda a una nueva etapa, la de la guerra fría, en la que el enfrentamiento estaba condicionado a la disuasión mutua impuesta por la bomba atómica. El dispositivo estratégico de Estados Unidos para la defensa de sus intereses en el Pacífico se ha instaurado sobre el triple pilar de los acuerdos militares, la presencia de tropas y la ubicación de armamento avanzado, y el ablandamiento de las posiciones de sus adversarios, por. 37.

(38) medio de la penetración comercial y cultural. El paraguas protector comprende las bases militares en Corea del Sur y Japón y la VII flota naval, con más de 100 mil soldados destacados en la región. Estados Unidos tiene desplazadas en Japón 21 mil tropas terrestres y 140 aeronaves de combate de la quinta fuerza aérea (equipada con F-15 y F-16). Más allá se encuentra la séptima flota naval, en la zona que cubre el Pacífico occidental y el Índico, con 130 aeronaves, 130 barcos a bordo y 60 barcos de 63.000 toneladas cada uno. En Corea se hallan 90 aeronaves americanas1 y dos alas de la séptima fuerza aérea (equipadas con F-16), que junto con los esfuerzos en defensa de este país cumplen un papel vital en el mantenimiento del balance militar en la península coreana, así como para formar una barrera contra los conflictos armados que allí se presenten. Bajo el Tratado de Defensa Mutua entre Estados Unidos y la República de Corea, Estados Unidos ha desplegado alrededor de 36 mil tropas en la zona, comprometiendo a la segunda división de infantería y la séptima fuerza aérea, y opera con el “Comando de Fuerzas Combinadas de EEUU-RC (República de Corea)” con soldados de este último país. La fuerza naval de Estados Unidos, con bases principales en Japón y Guam, dentro de sus 60 barcos incluye dos portaaviones. La séptima flota es una unidad operacional que comanda la mayoría de las fuerzas navales y del cuerpo de marina. Su misión es mantener presencia en tiempos de paz; en tiempos de guerra debe asegurar las líneas de comunicación y conducir ataques aéreos, así como el asalto de áreas terrestres y de las costas. Los barcos asignados a esta flota incluyen un portaaviones nuclear clase Nimitz. Los cuerpos de marina despliegan su tercera. 1.. 38. The Japan Times. ''Defense of Japan'', Tokio, 1998, pp. 33 y 35 (traducción libre)..

(39) división en Japón; y junto con el primer cuerpo de marina de aire, equipado con FXA-18 y AV-8B, incluye fuerzas a flote, cerca de 50 aeronaves de combate y una fuerza aproximada de 22 mil tropas2. Este equipamiento convencional vio surgir sobre sí una superestructura o una generación de armas sofisticadas por efecto del mayor dominio estadounidense sobre las tecnologías avanzadas. En 1993, Estados Unidos imprime un viraje a su proyecto de la “guerra de las galaxias” que tenía como componente la “defensa estratégica” para iniciar el proyecto de “defensa de misiles balísticos”. En marzo de 1999 el Congreso de Estados Unidos aprobó la ley para el establecimiento del Sistema Nacional de Defensa Antimisil (NMS), que complementa el Sistema de Defensa Antimisil en el Extranjero, o de Teatro de Operaciones (TMS)3 . El primero de ellos está diseñado para la seguridad interna, y el segundo, para proteger a sus aliados. De esta forma, con esfuerzo monumental, Washington busca aumentar aún más la amplia ventaja que posee en tecnología militar sobre sus rivales en el orden estratégico. La estrategia de protección antimisiles en Asia contempla la construcción del sistema con aporte coreano, japonés y taiwanés para la defensa de esos territorios, y tiene como propósito prepararse ante eventuales ataques chinos, rusos o norcoreanos. A su vez, estos países han rechazado el programa militar estadounidense, que consideran provocador, al alentar la carrera armamentista en la zona, de manera especial en la militarización del espacio exterior. También son críticos del mismo por considerar que viola el Régimen de Control de Misiles y su Tecnología, suscrito en 1987. Además de incentivar el desarrollo de nuevas tecnologías militares en Asia, la iniciativa estadounidense tiene. 2.. Ibidem, junio de 1998, p. 60 (traducción libre).. 39.

(40) incidencias en la reestructuración de fuerzas estratégicas en la región, al acercar las posiciones de Rusia y China en un intento por defender intereses mutuos. Primero fue Yeltsin, en 1998, durante su visita a Beijing, con quien el gobierno chino emitió un primer comunicado de rechazo a los programas NMS y TMS, y fue renovado, en el verano del 2000 por Putin, su sucesor, durante su paso por China antes del encuentro del G-8 en Okinawa. Jiang Zemin y Putin emprendieron una campaña para desestimular el desarrollo del sistema antimisil al buscar el rechazo por parte del foro regional ASEAN (ARF) y lograr una propuesta norcoreana de abandonar la investigación sobre misiles si se le aportaba tecnología espacial. Inclusive, se puede llegar a plantear que puede ser una excusa para aumentar el traslado de tecnología china a otros países asiáticos adversos a Estados Unidos como Paquistán e Irán4. Los analistas sobre China prevén como consecuencias inmediatas a la inclusión de Taiwan en el sistema, la proliferación de exportaciones de tecnología nuclear, el despliegue de misiles balísticos chinos contra objetivos en Estados Unidos, la reanudación de pruebas chinas para una nueva generación de armas nucleares y la adopción de una política antinorteamericana por parte de la potencia asiática5. Por último, el sistema antimisil ha deteriorado la confianza rusa depositada en los acuerdos firmados con Estados Unidos, pues considera que es una violación al Start I y pone en peligro el Start II6.. 3. 4. 5. 6.. 40. National Missile Defense y Theater Missile Defense, respectivamente. Ricardo Saludo. “Hits and Missiles”, en Asiaweek, 4 de agosto de 2000, p. 72. Jian Taojie. “Misiles de defensa de teatro de operaciones: otra causa de desastres en el mundo”, en Beijing Informa, 22 de junio de 1999, p. 9. Estos acuerdos nacieron de la política de detente concertada por Rusia y Estados Unidos para poner límite a la carrera atómica, luego de que ambos países fueron conscientes de la capacidad de destrucción mutua con armas nucleares..

(41) Una nueva generación de armas fundamenta las alianzas estadounidenses en Asia y su función de actor estratégico, para compensar su progresivo retiro de personal, que de paso evita las reiteradas confrontaciones de sus tropas con la población local. Primero fue el rechazo a su presencia en Filipinas, que terminó con el cierre y devolución de las bases en Subic y Clarck; más adelante hubo manifestaciones masivas de rechazo por parte de la población japonesa en Okinawa por los reiterados casos de violencia contra los nativos (violaciones de adolescentes) por los soldados y por el interés de recuperar los terrenos asignados a las bases militares estadounidenses7. Mucho más sentida y persistente ha sido la crítica coreana a la alianza con Estados Unidos y a su presencia militar en la península. Quizás este recogimiento progresivo de sus 100.000 soldados en la zona y del equipo convencional sea el comienzo de una nueva fase en el orden geopolítico en Asia y el Pacífico, donde el papel de Estados Unidos sea más modesto: de gendarme a socio estratégico.. II. LA PAX NIPONNICA Aun antes de concluir el siglo XIX, Japón empezó a proyectarse sobre el continente asiático con el mismo ahínco y los mismos métodos con que las potencias euroamericanas del momento se disputaban el dominio. 7.. El primer Tratado para la Reducción y Limitación de Armas Estratégicas Ofensivas fue firmado en 1972; Start II, que dispuso la reducción del arsenal mutuo de ojivas nucleares a una cantidad de 3.000 a 3.500 para el año 2007 se firmó en 1993. El Tratado Anti Misiles Balísticos –ABM–, de 1972, limita el derecho ruso y americano a construir escudos antimisiles. Además de 40 bases en el archipiélago de Okinawa, las bases de Estados Unidos en Japón se ubican en Yakota, Misawa, Atsugi, Yokosuka, Sasebo, Iwakami y Zama.. 41.

(42) del planeta. Su vigor económico y militar estaba estimulado por una filosofía política nacionalista, en la que se juntaron los ingredientes conservadores del ideal de pureza racial y cultural con el aporte occidental tecnocientífico. En la segunda década del siglo XX, el fundamento ideológico de la expansión colonial japonesa fue formulado en su versión más influyente por Ikki Kita, en su Plan para la Reorganización del Japón, cuyo objetivo era la creación de la Esfera de Coprosperidad de los Pueblos Asiáticos, y sirvió para la formación, pocos años después, de corrientes fascistas. Para aplicar sus ideas, Kita formó en 1919 la Sociedad de la Voluntad Perdurable. Disidentes de ésta crearon en 1924 la Sociedad de la Tierra, a la que pertenecían militares jóvenes8. Fueron éstos quienes con mayor vehemencia forjaron la expansión japonesa a costa de territorio chino primero, y luego de los países del sureste asiático. La superación del sistema feudal japonés y su ingreso a la modernidad se materializó con la renovación Meiji: para responder a los desafíos extranjeros, los líderes de las provincias más poderosas convinieron poner fin a la lucha interna y conformar un sistema político centralizado, rescatando para ello la institución imperial que durante los últimos tres siglos había descendido a un segundo plano, mientras el gobernante militar (Shogun) ejercía el poder real sobre el país. En dicha reforma, ocurrida entre 1868 y 1912, la bandera ideológica para instaurar el liderazgo japonés fue la consigna de fukoku kyohei (enriquecer el país, fortalecer lo militar), lo cual significó la renovación de sus instituciones sociales y económicas de corte occidental, bajo un ideario político-religioso fundamentado en la tra-. 8.. 42. Takabatake Michitoshi, Lothar Knauth y Michiko Tanaka (comps.). Política y Pensamiento Político en Japón 1926-1982, El Colegio de México, 1987, pp. 57 y 58..

(43) dición, los héroes del pasado, los dioses sintoístas y, sobre todo, en el rescate de la figura imperial. En 1889, Japón adoptó una nueva constitución, que dio paso a un gobierno parlamentario, con un fuerte centralismo en la planeación económica y en el diseño y operación de las actividades militares. Esto lo llevó a obtener el suficiente progreso industrial y una ventaja suficiente como para combatir a China en 1895, a Rusia en 1905 y anexar Corea en 1910, emergiendo como el mayor poder imperialista de Asia oriental. Durante el medio siglo que va desde 1895 hasta 1945, el extremo oriental de Asia sufrió el intento de una paz nipónica intensa y frágil, que buscó desplazar a los poderosos euroamericanos y ampliar el control territorial a expensas de sus vecinos. Este orden nipón tuvo sus pilares en la posesión de Corea y Taiwán, y posteriormente en el control de Manchuria. Desde la primera guerra mundial Japón gozó de un extenso territorio: hacia el norte se proyectaba hasta la mitad sur de la isla de Sajalín, cubriendo así la totalidad del archipiélago de las islas Kuriles; en el sur tenía soberanía sobre las islas Ryukyu, extendiendo su dominio hasta Formosa (Taiwán). En agosto de 1914 ocupó también las posesiones alemanas en Shantung y en el océano Pacífico. Con estos movimientos aspiró a continuar con su expansión militar y a desarrollar rápidamente la industria y el comercio, con lo cual “acabó imponiéndose como potencia económica mundial, especialmente en la construcción naval”9. En medio de los conflictos sociales que estallaron por la baja de los salarios de los obreros y por la intención del. 9.. Lucien Bianco. “Japón y Corea desde la primera guerra mundial”, en Asia Contemporánea-Historia Universal Siglo XXI, Vol. 33, 8ª ed., Siglo XXI Editores, 1976, p. 45.. 43.

(44) gobierno de enviar un ejército a Siberia, se desencadenaron los llamados “motines del arroz”, por el temor a que los precios del cereal subieran ante la escasez del mismo por la guerra. Durante el renacimiento general que siguió a la primera guerra mundial el país tuvo una breve política exterior de corte pacifista, mientras su política interior se basaba en la recuperación económica, teniendo en cuenta que atravesaba por su segunda crisis, producto del terremoto sufrido en septiembre de 1923. Sin embargo, muy pronto hubo de planear la nueva estrategia de proyección en el continente, para detener el avance del ejército de Chiang Kai-chek. Así, se difundió el memorando Tanaka10, donde se estipulaban los objetivos de la expansión japonesa en Manchuria y Mongolia meridional. Aunque con una fuerte oposición dentro del Parlamento japonés, Tanaka comenzó con la ofensiva en China; envió a Shandung varias divisiones que ocasionaron fuertes disturbios y la resistencia de la población china. El gobierno nacionalista de China hizo un llamamiento a la Sociedad de Naciones y Tanaka tuvo que aceptar el tratado Briand-Kellog, por el que reconoció al gobierno chino y evacuó Shantung. En 1930 Japón sufría las secuelas de la gran depresión: tuvo que gastar sus reservas de oro, surgieron escándalos y hubo numerosas huelgas de obreros que regresaron al campo superpoblado11. En medio de esta agitación los militares apostados en Kwantung ocuparon Manchuria, poniendo en práctica un paso planeado desde hacía varios meses por oficiales del ejército japonés junto con miembros del estado mayor de Tokio: “El derrocamiento del gobierno de Tokio debería coincidir con el momento en que se. 10.. 11.. 44. General retirado y ministro del ejército de 1918 a 1920 y de 1923 a 1924, que reprochaba al Parlamento japonés la falta de vigor de su diplomacia en China, por su incapacidad de acabar con las manifestaciones antijaponesas. Bianco. Op. cit., p. 51..

(45) produjera la invasión de los territorios chinos. Estos se declararían primero autónomos para ser después anexados a Japón. En principio, se ocuparía la Mongolia meridional. Pero este proyecto sólo pudo llevarse a cabo en parte”12. Ninguna de las dos tentativas de golpe de estado (marzo y octubre de 1931) se dieron con éxito. El primer ministro japonés Wakatsuki trató de impedir la guerra, pues las intensiones del ejército de Kwantung eran a favor de la extensión del conflicto. Desafortunadamente, la invasión continuó y ya para 1932 el ejército japonés había tomado Harbin y atacado a Shanghai. El gobierno japonés hizo un pronto reconocimiento del nuevo Estado en Manchuria. Por el contrario, los demás países rechazaron este hecho, ya que China hizo un llamado a la Sociedad de Naciones que condenó la invasión de su territorio, organización de la cual Japón se retiró el 27 de marzo de 1933. En este mismo año, el ejército de Kwantung invadió Jehol y avanzó hacia Beijing. Por su parte, Chiang Kai-chek admitió el statu quo en Manchuria (sin reconocer su independencia), donde se había creado el Estado de Manchukuo, una estructura títere a cuya cabeza los japoneses pusieron el último emperador de la dinastía Ching, Pu-i. Poco a poco el ejército de Kwantung tomaba territorios chinos, mientras en una fuerza contraria, el ejército rojo chino ganaba importancia y avanzaba hasta la región de Yenan. Los políticos derechistas japoneses veían progresar “su objetivo último de crear un sistema de cooperación económica en toda el Asia oriental”13, aprovechando los ancestrales lazos entre China y Japón que, en tiempos recientes, habían permitido la explotación de las compa-. 12. 13.. Ibid. Ibid., p. 53.. 45.

(46) ñías ferroviarias de Manchuria, el aprovechamiento de las minas de Fushun y el avance de la industria siderúrgica. El Estado chino se iba modelando como el mayor proveedor de materias primas del Japón y el mayor mercado de productos terminados de este país. Sin embargo, a finales de 1936, el ejército de Kwantung sufrió varias derrotas en China, pues su ataque a Suiyuan en Mongolia Meridional fue rechazado; por esos días Chiang Kai-chek se había visto obligado a terminar la guerra contra los comunistas para dedicarse a la lucha contra el Japón. En Corea, Japón depuso la dinastía Li e instaló un gobierno colonial en Seúl en 1910. El control político y económico sobre la península fue tan severo que las explosiones antijaponesas surgieron a lo largo y ancho del país. En 1919 se realizó una manifestación multitudinaria, que fue contrarrestada con crueldad y dejó miles de muertos, heridos y gran número de detenciones. Ante la dureza de los métodos de asimilación japoneses, miles de coreanos huyeron a Manchuria y a otras regiones. Este pesado yugo sobre la sociedad coreana se mantuvo hasta la rendición nipona en 1945. Por supuesto, los países independientes y las colonias europeas al sur se hallaban también dentro de sus planes anexionistas. El avance japonés hacia el sur, rico en materias primas y en de mano de obra barata que requería la maquinaria imperial, fue precipitado por el estallido de la segunda guerra mundial en 1939. Dos años después, las fuerzas japonesas se lanzaron en forma temeraria a la expulsión de los euroamericanos y a la conquista del Pacífico occidental. Una vez dado el golpe de sorpresa a Estados Unidos en Hawai, en diciembre de 1941, los militares, para entonces al mando del gobierno japonés, desplegaron el plan para ocupar las restantes islas estadounidenses en el Pacífico sur y arrebatar a los europeos el. 46.

(47) sudeste asiático, por entonces bajo el control de Holanda, Francia, Portugal e Inglaterra. La captura de dichos territorios ocurrió a una velocidad inverosímil, aunque, del mismo modo, no hubo que esperar mucho tiempo para su desenlace fatal: “La guerra en el Pacífico duró cuatro años, acarreando incalculables sufrimientos al pueblo japonés y desembocando en la total destrucción del imperio y de sus instituciones militares. Sin embargo, durante un año, la guerra relámpago japonesa lo arrollaba todo. En Pearl Harbour, el día 7 de diciembre, los Estados Unidos perdieron siete acorazados, 120 aviones y 2.400 hombres. En muy poco tiempo los japoneses invadieron las Filipinas y se apoderaron de Hong Kong, de Singapur y de Indonesia. En marzo de 1942 las tropas japonesas estaban en Nueva Guinea y se disponían para el ataque a Australia. En mayo habían ocupado Myanmar (Birmania) y proyectaban la conquista de la India. Pero Pearl Harbour había unido a América en una inquebrantable decisión, y, al fin, las enormes posibilidades militares e industriales de los Estados Unidos y de sus aliados comenzaron a imponerse contra el Japón. En las islas Midway, en junio de 1942, la marina japonesa perdió cuatro de sus mejores portaaviones, y en agosto las fuerzas aliadas hicieron en Guadalcanal el primer desembarco anfibio contra las tropas japonesas. “El imperio del Japón, excesivamente extendido, había tenido que pasar a la defensiva. Entre el verano de 1942 y 1944 los aliados atendieron especialmente a Europa, pero Japón sufrió pérdidas tremendas en su flota, como consecuencia de la acción de los submarinos aliados, y fueron reconquistadas varias islas estratégicas en las Gilbert y en las Marshall. En el verano de 1944 los aliados lanzaron contra las islas del propio Japón dos fuertes ataques anfibios que pasaban de una isla a otra. Uno se dirigió contra las Marianas, conquistando Saipan en junio, e Iwo Jima en. 47.

(48) marzo de 1945. El otro reconquistó las Filipinas, en octubre de 1944. Los dos movimientos confluyeron sobre Okinawa, en mayo de 1945, y lograron expulsar de ella a los japoneses en junio. Las fuerzas aliadas estaban ahora en los umbrales de Japón, y a una distancia que les permitía bombardear las islas. “A partir de finales de 1944 los aviones aliados comenzaron el bombardeo sistemático de las ciudades japonesas. Se calcula que solamente el ataque incendiario contra Tokio, el 10 de marzo de 1945, causó la muerte de 100.000 personas. Durante aquellas incursiones murieron en Japón un total de 668.000 civiles. En el verano de 1945 Japón estaba militarmente vencido, pero se negaba todavía a aceptar la rendición incondicional exigida por la Declaración de Potsdam. “Posteriormente, en agosto, Japón recibió dos golpes que hicieron inevitable la rendición. El día 6 de agosto los Estados Unidos arrojaron su primera bomba atómica sobre Hiroshima. El 8 de agosto los rusos le declararon la guerra y comenzaron a invadir Manchuria. El 9, una segunda bomba atómica fue lanzada sobre Nagasaki. En contra de las continuadas protestas de los militares, el emperador, el día 14 de agosto, se encargaba de ‘soportar lo insoportable’. Al día siguiente Japón aceptaba oficialmente la Declaración de Potsdam”14. En la década de los años sesenta, pasada la ocupación estadounidense, Japón sorprendió al mundo por la incursión portentosa en el comercio internacional de productos manufacturados; su reindustrialización le tomó la década de los años cincuenta y logró levantarse desde las cenizas en que quedó sumida su infraestructura durante la segun-. 14.. 48. John Whitney Hall. ''El imperio japonés'', Historia Universal Siglo XXI, 5ª ed., Vol. 20, México, 1981, pp. 320 y 321..

(49) da guerra mundial. El pequeño archipiélago aparecía como el mayor desafío comercial para los países industrializados (valga decir Estados Unidos y Europa occidental), amparado en una nueva práctica socioeconómica en la cual el Estado tenía un papel de líder del desarrollo económico y garantizaba un sostenido aumento del bienestar social y la equidad en el ingreso. Durante los años ochenta, en contraposición con un comunismo poco fiable en China y un flagrante desconcierto económico y político en Rusia, Japón aparecía como una alternativa para morigerar el poder hegemónico de Estados Unidos en el área. Ezra F. Vogel en su libro Japan as Nº 1, hace un esbozo de la situación japonesa de la época e identifica al país como potencia regional, pues dado su desarrollo alcanzado no sólo en lo económico sino también en lo social y político serviría de ejemplo para América. Este autor afirma que el llamado “milagro japonés” fue el resultado del análisis y reestructuración de sus instituciones para localizar sus fortalezas y debilidades y lograr una rápida industrialización, superando los problemas de la densidad de población y la dependencia de recursos energéticos y minerales importados. Su alta competitividad, comparada con la de otros países occidentales, le brindó amplias ventajas que se vieron incrementadas con el interés japonés por la investigación en la aplicación de tecnología a todos los campos. Prueba de este éxito fue el aumento de la inversión japonesa en Estados Unidos, que excedió a la inversión de los norteamericanos en el archipiélago, estableciendo numerosas propiedades y plantas de producción15.. 15.. Ezra Vogel. Japan as Nº 1, Lessons for América, Charles E. Tuttle Co. , Tokio, 1979, p. 15.. 49.

Referencias

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