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E L CONFLICTO COREANO Y LA SEGURIDAD REGIONAL

L A DISPUTA EN LA PENÍNSULA COREANA

IV. E L CONFLICTO COREANO Y LA SEGURIDAD REGIONAL

La prolongación de la disputa coreana aún más allá de la guerra fría es motivo de preocupación, no sólo para las sociedades involucradas en forma directa, sino para los vecinos y para las potencias militares mayores. La conver- gencia en torno a la península de Corea de los grandes poderes económicos y militares explica la alta tensión soportada a lo largo del siglo XX por esa sociedad. Es por ello que el conflicto tuvo sus expresiones álgidas durante la mayor parte de la centuria, bien bajo la colonización japonesa de 1910 a 1945, bien bajo la guerra fría de 1950 a 1990. A partir de este último año, la desintegración sovié- tica dejó a Rusia débil y en una menor capacidad de atender todas las zonas de interés vital, con lo cual se despejó el área del Pacífico asiático para la reconfiguración estratégica. Rusia tuvo que cortar el apoyo militar de Norcorea, disminuyéndole a éste su propia capacidad de acción. Dadas estas circunstancias, empezaron a aflorar las iniciativas hacia el arreglo negociado entre los actores participantes en el conflicto.

Con el propósito de negociar el nuevo orden geopolítico, en 1990, el canciller soviético Shevarnadze retomó las ideas de Gorvachov y propuso crear un mecanismo de seguri- dad para manejar los asuntos estratégicos en el noreste asiático. En 1988 y 1999, Roh Tae-woo, el presidente de Corea del Sur, sugirió una conferencia de los 6 países más implicados en los asuntos de la región, las dos coreas, Japón, China, Rusia y Estados Unidos, para tratar el tema del conflicto y la seguridad regional. Más adelante, Mongolia propuso incluirse en el grupo, junto con Canadá. En 1990, Gareth Evans, el primer ministro australiano, presentó el proyecto de crear un Consejo para la Coopera- ción en Seguridad en Asia Pacífico, mientras que Canadá presentaba su iniciativa de un Diálogo para la Coopera- ción en Seguridad en el Noreste de Asia79. Aunque ningu-

na de estas iniciativas se pudo formar como marco, en la distensión de la península, se fueron aplicando los princi- pios básicos de arreglo concertado entre los dos gobiernos coreanos y los países grandes vinculados a la disputa en la península.

Cuando en 1993 surgió el asomo de discusión del problema como un asunto regional en ARF, Corea del Norte se motivó con la participación en el mecanismo, porque le podía dar facilidades para superar el aislamiento político y diplomático en que se ha sumergido en los últimos años80. Contraria a la perspectiva con la que otros países

como Australia y Japón abordaron la propuesta de erigir un mecanismo multilateral para contrarrestar las tensiones regionales, el valor que Pyongyang otorgó al ARF fue manifiesto desde el principio, al solicitar su participación

79. In-Bae Lee. “The retrospects and prospects on Cooperative Security in East Asia”, en East Asia Review, Vol. 10, Nº 9, 1998.

en 1994, un año después de presentada la iniciativa. Sin embargo decidió retirar la solicitud, aunque el interés por el desarrollo del diálogo y la eventual participación en él se conservó, debido a las relaciones fraternales con la mayoría de países del sudeste asiático, con los que se considera en igualdad de condiciones en cuanto países en desarrollo. Esta cercanía es más estrecha con aquellos que preservaron por más tiempo instituciones socialistas: Vietnam, Laos y Cambodia. Con las reconsideraciones del caso, en mayo del año 2000 el ARF dio luz verde al ingreso de Norcorea.

Circunscrito a un asunto propio del noreste, no de toda Asia del este, dos de los tres grandes poderes que circundan la península también parecen conformarse con una superación lenta del conflicto. A Japón le sirve de excusa para prolongar su alianza estratégica con Estados Unidos y participar en el desarrollo de nuevos aparatos de defensa, como los misiles de teatro de operaciones; para China y Japón, tal vez un vecino débil sea preferible a uno robustecido. Para Rusia, en cambio, sería más favorable la potenciación del aparto productivo coreano para obtener los recursos técnicos y financieros que el desarrollo de sus territorios del extremo oriente requiere.

Los acercamientos por medio del mecanismo tetrapartito, en el que las dos Coreas, Estados Unidos y China, han permitido aclimatar la distensión. Sur Corea y Estados Unidos, después de 1998 coincidieron en su polí- tica hacia el Norte, que procura un “aterrizaje suave” para el país en el medio internacional, contraria a la política anterior de presión sobre ese país y de aislamiento de la comunidad mundial. La respuesta de Pyongyang no ha sido menos consecuente: En la Asamblea General de la ONU, en octubre de 1999, el Canciller Paek afirmó: “Si Estados Unidos abandona su política contra la República Popular Democrática de Corea y busca mejorar las relacio-

nes con nosotros, responderemos de buena fe. Dejaremos de verlo como nuestro archienemigo”81.

El principio de Norcorea para el establecimiento de relaciones con Japón se basa en la renuncia a las provoca- ciones contra ese país, detener la política de supresión de la República Popular Democrática de Corea y presentar las excusas formarles y compensar a las víctimas de su dominio colonial de Corea.

El avance con firmeza y credibilidad del entendimiento para superar el conflicto coreano parece descansar en un complejo sistema de concesiones y contraprestaciones, entre las cuales cabe destacar:

a. La congelación de los programas nucleares y de misiles norcoreanos, a cambio de aportes económicos sus- tanciales por parte de Estados Unidos, Japón y Corea del Sur. Esta ayuda tiene que ver con el suministro de petróleo y alimentos, además de llevar a cabo la construcción de las centrales atómicas dentro del cronograma previsto.

b. El replanteamiento del programa nipoamericano de defensa como misiles de teatro de operaciones, TMD, para brindarle confianza no sólo a Pyongyang sobre la voluntad de distensionar la península y arreglar el problema, sino para ofrecerle iguales garantías a China, que también considera provocadora esta estrategia de defensa de japo- neses y americanos, en la cual incluyen la defensa de Taiwán.

c. La promoción de las reformas económicas en Norcorea y su paulatina inserción en el circuito internacio- nal de comercio, finanzas e inversiones. El gobierno de Kim Jon-Il desea ingresar al Banco Asiático de Desarrollo e invitó a funcionarios del FMI en septiembre de 1997 y del

81. Citado por Seung-ji Kwak. “New Diplomatic Iniciatives”, en Vantage Point, Vol. 22 Nº 10, octubre de 1999.

Banco Mundial en febrero de 1998, para buscar recursos de la banca multilateral. Así mismo, ha estado enviando equipos de funcionarios al exterior a entrenarse en el manejo de la economía de mercado.

d. Garantizar la plena participación de China en las negociaciones sobre todos los problemas (nuclear, políti- co, comercial), dado el soporte que Norcorea encuentra en su vecino. La alianza entre ambos se remonta a 1947, cuando se dio una relación cercana entre Mao y Kim Il- Sung. Durante la guerra de la península, China envió 1 millón soldados para ayudar en la lucha a sus aliados del lado norte. El pragmatismo chino que llevó a las relaciones con Corea del Sur en 1992, creó mucha incertidumbre, pero las visitas mutuas de altos funcionarios demuestran que se mantiene una relación de intereses mutuos. En los años noventa visitaron Pyongyang, el presidente Yang Shankun en 1992; Jiang Zemin, como secretario general del Partido Comunista; Li Peng, en calidad de canciller; los ministros de defensa y cultura; el canciller Tang Jiaxuan, en 1999, entre otros.

El encuentro de los líderes coreanos en el verano del 2000, corroboró el nuevo horizonte de interacción entre ambos gobiernos y el auspicio regional y de los poderes grandes a la reunificación de la península. La reconstruc- ción de la línea férrea, el encuentro de las familias o el desfile conjunto en los juegos olímpicos mostraron los efectos inmediatos de ese nuevo ambiente. Sin embargo, el camino por recorrer no aparece tan corto hasta la supera- ción plena del conflicto, cuyo desenlace tiene que ver con una firme acogida de ambos gobiernos coreanos a la causa unificadora, pero también un claro concurso internacional para asegurar la financiación del costo económico que implica poner a interactuar las dos economías, destruir los arsenales nucleares y desligarse de Corea del Sur en términos militares, en el caso de Estados Unidos.

La reconciliación y cooperación entre las dos Coreas distensionará en forma rápida la región, al eliminar uno de los motivos del salto cualitativo en el campo de las armas por el cual el TMD por parte de Estados Unidos y Japón, diseñado, entre otras razones, para proteger a este último de los cohetes norcoreanos.

Avizorando en el largo plazo, el objetivo último de los esfuerzos del pueblo coreano se dirigen a la reunificación de la nación. Antes de llegar a esta meta, de perseverar el ambiente positivo del nuevo siglo, habrá una etapa inter- media o de transición en que la cooperación se de en el reconocimiento de los dos sistemas políticos y económicos reunidos en una federación, en cuyo marco se pueda desactivar la estructura de enfrentamiento y el avance en la simbiosis de sus instituciones políticas y sus formas productivas.