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D ESARROLLOS RECIENTES DE LA ALIANZA MILITAR

E L TRATADO DE SEGURIDAD NIPO AMERICANO EN LA GEOPOLÍTICA DEL P ACÍFICO

III. D ESARROLLOS RECIENTES DE LA ALIANZA MILITAR

La posición estable del PLD en el poder y la fragmentación persistente de los partidos de oposición le mermó intensi- dad a la controversia sobre los temas de defensa y seguri- dad regional en Japón, en los años posteriores a la ratifica- ción del Tratado. Con el tiempo, y sobre todo a raíz de la imprevista política de Nixon-Kissinger hacia China y la Unión Soviética, el sentimiento de vulnerabilidad japone- sa fue más palpable y el público tuvo una apreciación más positiva del nexo estratégico con Estados Unidos.

De este modo, no obstante las críticas internas, el Tra- tado de Seguridad nipo-americano ha sido piedra angular de las relaciones entre los dos países y un bastión del mundo capitalista durante toda la confrontación de la guerra fría. La alta colaboración en el terreno militar actúa como la otra faz de las relaciones entre ambos países, los balancea e impide que la contienda en el campo económico y comercial evolucione más allá de cierto punto límite. Quiere decir esto que los dos países pueden seguir libran- do pequeñas guerras para defender sus productos y mer- cados, sin afectar el entendimiento y acción combinada en asuntos estratégicos.

La legitimidad del mecanismo nipo-americano se puso a prueba en 1994, durante la administración del Partido Socialista, que logró romper 38 años de supremacía liberal. A pesar de haber impugnado el Tratado a lo largo de su historia, el premier Murayama prefirió ubicarse en una posición prudente en el manejo de las relaciones con Estados Unidos. Sus iniciativas para crear un ambiente fluido en las negociaciones económicas fue mayor del esperado, mantuvo los contactos con Rusia y no se sobre- pasó en el acercamiento a China. Sin embargo, para marcar la diferencia en la política exterior con los liberales, Murayama reconoció los atropellos japoneses a los pue- blos asiáticos durante la guerra, les pidió excusas, buscó compensar a las mujeres forzadas a la prostitución con los soldados japoneses y tuvo gestos de acercamiento especial con los países del sudeste.

De la capacidad mostrada por el instrumento para la defensa mutua, para preservar el clima de cooperación entre la potencia victoriosa y el país sometido responde el mínimo interés de ambos países por transformarlo o sus- penderlo. Por el contrario, son cada vez mayores las inicia- tivas orientadas a profundizar los términos de la alianza que él representa. En el borrador de las líneas de coopera- ción en defensa, publicado el 8 de junio de 1997, se consig- nó un plan de seguridad para elevar el papel militar japonés en el marco de la seguridad del Pacífico asiático, al permitir a las fuerzas de autodefensa y entidades vincula- das a ellas extender su cooperación a todas las actividades militares de Estados Unidos en la región, excepto la parti- cipación en combate. Japón quedó facultado para interve- nir en un conflicto real, a través de operaciones tales como barrido de minas, reparación de barcos de guerra norte- americanos, aviones de combate y bloqueo naval a terceros países. Respecto a la agresión por parte de un país, la nueva guía se aparta de la prevaleciente hasta ahora, al acoger la

unión de fuerzas nipo-americanas para repeler el ataque, mientras antes se dejaba al Japón la responsabilidad de reaccionar solo en un primer momento. Las nuevas guías comprenden tres categorías: La coordinación en tiempos de paz, la reacción ante un ataque a Japón y el marco de ayuda japonesa al manejo de una crisis en las áreas alrede- dor de Japón por parte de Estados Unidos.

Es preciso tener en cuenta cómo Japón y Estados Uni- dos han reafirmado su acuerdo y responsabilidad para con sus valores comunes (mantener la libertad, la democracia y la estabilidad de los derechos humanos) en los últimos años. Con la Declaración de Seguridad firmada por ambos países el 17 de abril de 1996 en Tokio, se celebró la gran contribución que la relación entre ellos ha hecho a la paz mundial y a la estabilidad y prosperidad regional. La fuerte alianza entre Estados Unidos y Japón ha ayudado a asegurar la paz y la seguridad de la región Asia Pacífico, además de volverse el área más dinámica en el ámbito económico del globo por el crecimiento que ha tenido en estos últimos años.

Dicha declaración determinó el desarrollo futuro de la alianza en los siguientes términos:

a) El primer ministro japonés confirmó que la política de defensa de este país está articulada por medio del Programa Nacional de Defensa adoptado en noviembre de 1995. Éste promulga que las capacidades de Japón deben jugar roles apropiados al ambiente de seguridad después de la guerra fría. Así la defensa se implementa en perfecta cooperación y coordinación entre los dos países.

b)La continuada presencia militar de fuerzas estado- unidenses es también esencial para preservar la paz y estabilidad en Asia Pacífico. Los líderes comparten el reconocimiento común de que la seguridad mutua forma un pilar que soporta el compromiso regional. El presidente de los Estados Unidos enfatizó en la responsabilidad de su

país en la defensa de Japón, así como de la estabilidad de la región. Reafirmó que para cumplir con este compromiso requiere mantener sus fuerzas regulares en territorio japo- nés.

c) El primer ministro de Japón aplaudió la determina- ción de Estados Unidos de mantener estables esas fuerzas y reconfirmó que su país continuaría facilitando y ofrecien- do provisiones a las áreas de ocupación estadounidense, de acuerdo con el Tratado de Cooperación Mutua y Apoyo financiero como nación huésped.

En el campo de la cooperación bilateral, se acordó mejorar sus lazos para avanzar en las siguientes áreas:

a) Ambos gobiernos deben mantener una comunica- ción y consultoría cercana como punto esencial.

b)Se acordó la necesidad de promover la coordinación de políticas bilaterales, incluyendo las situaciones que surgen en áreas que rodean a Japón y que influyen en su paz y seguridad.

c) Se firmó el acuerdo entre los gobiernos sobre la provisión recíproca de apoyo logístico.

d)Los dos gobiernos hicieron énfasis en el intercambio mutuo en áreas de tecnología y equipos, incluyendo la ayuda bilateral en inversión cooperativa y desarrollo de equipos como el F-2.

e) Ambos países reconocen que la proliferación de ar- mas de destrucción masiva y sus intentos de lanzamiento tienen importantes implicaciones para su seguridad co- mún. Se comprometieron entonces a trabajar juntos para prevenir la proliferación y a continuar cooperando en el estudio de defensa de misiles y balística54.

Con relación a Okinawa, donde las fuerzas estadouni- denses tienen su mayor base en territorio japonés, ambos

54. Http://www.mofa.go.jp/region/n-america/security/security.htm1., “Japan- U.S. Joint Declaration on Securtity”, Tokio, abril 17 de 1996. Traducción libre.

gobiernos decidieron consolidar, realinear y reducir las facilidades de Estados Unidos y las zonas consideradas con los objetivos del Tratado. De esta forma se buscó aplacar el rechazo creciente de los pobladores de esas islas a la numerosa presencia de militares estadounidenses, la incomodidad por las maniobras, el extenso territorio cedi- do que corresponde a un tercio de la superficie isleña, y lo más grave, los abusos de los soldados de los pobladores con casos de violaciones escolares.

Como conclusión se acordó que los “tres soportes” de la relación entre ambos países son: seguridad, política y economía. Éstos se fundamentan en valores e intereses compartidos y que descansan en la confianza mutua, que engloba el Tratado. Ambos ratifican así su fuerte determi- nación de construir una exitosa historia en materia de cooperación en seguridad y de trabajar mano a mano para asegurar la prosperidad de las futuras generaciones. Esto en consonancia con la opinión de Tanaka Hitoshi55, para

quien la política de seguridad de Japón, y en particular la relación de seguridad entre Japón y Estados Unidos, está en un punto crucial. Para elevar hacia su eficiencia es indispensable un consenso tanto entre los dos países como hacia adentro con su opinión pública. “Un sistema de seguridad bilateral apropiado a una Nueva Era y a la forma en que cada país tenga el apoyo interno para este nuevo sistema. Por ello, se deben abandonar las ideas de seguri- dad basadas en la situación de Guerra Fría”56.

Las nuevas disposiciones de seguridad deben desarro- llarse entonces como respuesta a los cambios en las condi-

55. Subdirector general de la Oficina de América del Norte, Ministerio de Relaciones Exteriores de Japón.

56. “Las disposiciones de seguridad entre Japón y Estados Unidos en una Nueva Era”, en Cuadernos de Japón, Vol. X, Nº 2, Tokio, primavera de 1997, p. 40 (traducción libre).

ciones internacionales e internas, pues la percepción de amenaza ha cambiado en la región. Sin embargo, dada la incertidumbre que reina en el sistema mundial, vapuleado por conflictos locales que anteriormente habían sido arrin- conados por temor a desatar una guerra de grandes pro- porciones, salen a la luz las verdaderas cuestiones que afectan a la seguridad de Japón.

En el aspecto interno, es destacable la nueva posición de los socialdemócratas al revisar sus postulados políticos, de tal modo que han declarado la necesidad de la alianza entre los dos países en la solución de asuntos regionales y problemas globales, con intercambio de información y acciones conjuntas o paralelas para mejorar el entorno de seguridad en pro del equilibrio en la zona.

En cuanto al debate desatado en Japón sobre la ocupa- ción de tropas norteamericanas en la región de Okinawa, es preciso anotar que no será posible hablar de reordenación, consolidación y reducción de las bases militares sin exami- nar primero la estrategia militar y las funciones de éstas. Por esta razón este asunto será resuelto a largo plazo, aunque ya ha habido acuerdos para la devolución de más de un 20% del territorio utilizado por las bases militares de esta zona incluyendo la base aérea de Futenna.

IV. ELTRATADODESEGURIDADYLASPERSPECTIVASDE