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5 confrontacion capitalismo-socialismo

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5. LA CONFRONTACIÓN

CAPITALISMO-SOCIALISMO

Desde los orígenes de la civilización, si no antes, la desigualdad ha sido una de las características más destacadas de las sociedades humanas. En todas ellas la mayoría de la población ha llevado una vida precaria, siempre bajo la amenaza del hambre y la enfermedad, cuando no de la guerra. Sólo una minoría de privilegiados gozaban de las ventajas de la civilización: comida abundante y variada, vestimentas refinadas, alojamientos lujosos en sus épocas y, si tenían sensibilidad para ello, los placeres del arte y de la cultura. Tal estado de cosas era considerado natural, al menos por los que mandaban y por los que escribían, como Aristóteles, según el cual la naturaleza había creado a unos para mandar y a otros para obedecer, y estos últimos debían ser esclavos de los primeros. Esporádicamente, los sometidos se rebelaban.

A mitad del XIX, la desigualdad social seguía siendo considerable. El desnivel entre la minoría privilegiada de burgueses y nobles y la gran masa de trabajadores del campo y de la ciudad era tan grande que el político y escritor inglés Benjamín Disraeli afirmaba que en Inglaterra no había una, sino dos naciones. El nuevo panorama social producido por la Revolución Industrial obligaba a muchos médicos y sociólogos a denunciar la miseria de los trabajadores. La pasividad política de las masas estaba desapareciendo. Si se visitaban los barrios obreros de las nuevas ciudades industriales lo que se veía era una miseria espantosa. ¿No sería necesaria una revolución social para que las máquinas dejaran de ser las enemigas de los obreros y se convirtieran en sus aliadas?

5.0. LOS ORÍGENES DEL MOVIMIENTO OBRERO:

UTOPISMO Y SINDICALISMO.

Como consecuencia de la industrialización aparece una nueva clase social: el proletariado. Las condiciones de vida que tuvo que soportar durante los primeros años de la Rev. Industrial fueron durísimas: largas jornadas de trabajo, salarios de hambre y ninguna legislación laboral que los protegiera. El movimiento obrero surgirá de la protesta obrera y llegará a plantear alternativas al capitalismo.

Durante la primera mitad del siglo XIX, la clase obrera fue tomando conciencia de ser una clase distinta, con intereses propios por los que luchar. La fundamentación teórica de sus aspiraciones, todavía en formación será organizada por los que el marxismo llamará socialistas utópicos: éstos pretenden superar las diferencias de clase y posibilitar una vida digna y feliz para todos. Todos tienen en común la idea de que la cuestión social es la más importante y que la tarea del hombre ha de ser la consecución de la felicidad y el bienestar general.

Saint Simon, aristócrata, “la dirección de la sociedad debe ser traspasada de las

clases ociosas a las nuevas clases productoras, de manera que haya una feliz asociación entre el capital y el trabajo”. Cree que la producción industrial, el progreso, acabará con el injusto orden social, producido por la malsana ambición de los ociosos.

Charles Fourier, es un agudo crítico de la sociedad burguesa que aspira a la creación de pequeñas comunidades socialistas, llamadas falansterios, que irán transformando progresivamente la sociedad. El Estado será una federación de asociaciones voluntarias y libres. Aunque se construyeron diversos falansterios, todos fracasaron.

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de ejemplo a otros empresarios y así reformar la sociedad. Sus ideas fueron evolucionando hacia un comunismo agrario y un socialismo mutualista.

Pierre Joseph Proudhon, figura contradictoria procedente del artesanado. Autor de frases célebres como: “la propiedad es un robo” o “Dios es el mal”. Preconiza una sociedad en la que el poder político sea substituido por libres acuerdos entre trabajadores. La libertad y la igualdad son incompatibles con un Estado centralizado y burocrático. Federalismo en el campo político y mutualismo en el social, conformarán un programa que será considerado el inicio del anarquismo.

Hasta la década de los treinta no es posible diferenciar los movimientos radicales de renovación política, consecuencia de la Rev. Francesa, del nuevo tipo de movimiento que será el obrerismo. Será en esta época cuando nazcan las primeras formas de organización obrera y los primeros métodos de lucha industrial: huelgas, sabotajes, destrucción de maquinaria. En Gran Bretaña se irá forjando una tradición asociativa que se consumará con la creación del sindicato TRADE UNIONS, entre oleadas de “ludismo”, destrucción de máquinas, (Ned Ludd, un joven que supuestamente rompió

dos telares en 1779, y cuyo nombre pasó a ser emblemático para los destructores de máquinas): (forma primitiva de defensa del puesto de trabajo e intimidación del empresario para conseguir mejoras laborales y salariales). La derogación en 1824 de las Combination Acts de 1799-1800, que prohibían las asociaciones, permitió el desarrollo de las Trade Unions para la defensa de los trabajadores, organizadas sectorialmente (sindicato de oficio o sindicato de ramo).

No será hasta la revolución de 1848 que el movimiento obrero se manifieste como políticamente independiente: si las reivindicaciones políticas obreras –sufragio universal, ampliación de las libertades públicas, derecho de asociación...- se habían planteado en colaboración con la burguesía radical; en 1848, en París, reclamaron objetivos específicamente obreros como la abolición de la explotación del hombre por el hombre, pan y trabajo o muerte, y una república democrática y social. Igualmente, el Cartismo británico que en 1836-38 redactó la Carta del Pueblo (en junio de 1836 la Asociación de Trabajadores de Inglaterra elaboró la Carta del Pueblo, exigiendo el voto universal y secreto) representa, aunque fracasara, la manifestación de la voluntad obrera de transformar la sociedad.

5.1. EL CAPITALISMO

Las fuertes inversiones de dinero que exigía la instalación de las fábricas hicieron que los capitales fueran considerados como el pilar que sostenía la industrialización. Los capitales particulares pronto resultaron insuficientes y se articularon nuevas armas para atraer nuevo dinero.

Las Sociedades Anónimas (S.A.). Reunían numerosos pequeños capitales mediante la venta de acciones.

El gran salto de estas sociedades se produjo cuando se legalizó, en los diferentes países (el primero fue Inglaterra, en 1855), el principio de la responsabilidad limitada, por el cual un accionista es responsable de las deudas de la sociedad tan sólo en la medida de su aportación de capital.

Este hecho estimuló la inversión y las Bolsas de Valores, donde se realizaba la compraventa de acciones, pasaron a cumplir una importantísima misión en la economía capitalista.

La Banca. Experimentó un gran desarrollo.

Los préstamos de los Bancos a los empresarios industriales posibilitaron el crecimiento de las inversiones.

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se practicó en los países industriales durante gran parte del siglo XIX. Smith propugnaba que todo el sistema económico debía estar basado en la ley de la oferta y la demanda.

Los Gobiernos debían abstenerse de actuar sobre esa ley y así el libre juego de la oferta y la demanda fijaría los precios de los productos y los salarios. Cada hombre, al buscar su propio beneficio, provocaba el enriquecimiento de la sociedad en que vive.

EL DESARROLLO CIENTÍFICO EN EL SIGLO XIX

Los avances de la Medicina y de la Biología. A lo largo del siglo XIX se descubrieron las causas de algunas enfermedades, como la tuberculosis y el tifus.

El biólogo francés Pasteur desarrolló los primeros estudios microbiológicos y preparó la vacuna contra la rabia. El austríaco Mendel descubrió las leyes de la herencia, y el inglés Darwin expuso la teoría del evolucionismo.

Los avances de la Química. En este campo destacaron, por su importancia económica, la producción de abonos artificiales, que mejoraron los rendimientos agrícolas, y la obtención de tintes sintéticos, que se utilizaron en la industria textil.

5.2. EL MOVIMIENTO SINDICALISTA

Inglaterra, el primer país industrializado, es la cuna de los movimientos obreros.

Al principio los obreros manifestaron sus protestas destruyendo máquinas, pero pronto comprendieron que no era el camino. De manera clandestina comenzaron a asociarse en sindicatos locales por oficios (trade unions/”unión de comercio”); el gobierno inglés

no reconoció legalmente estas asociaciones hasta 1825. Pero al ser locales, su fuerza era reducida. En 1829 un dirigente obrero católico de origen irlandés, Doherty, fundó un sindicato del algodón de dimensión nacional. Poco después un empresario, Robert Owen, preocupado profundamente por los problemas obreros, trató de unir a varios sindicatos nacionales de diferentes oficios y llegó a asociar en pocas semanas 500.000 miembros (Great Trade Union: «Gran Sindicato»). El gobierno, asustado por las dimensiones que estaba adquiriendo el movimiento sindicalista, prohibió esta federación de sindicatos.

Hasta entonces las peticiones de los obreros habían sido estrictamente laborales (mejora de salarios, reducción de horarios, etcétera). A partir de la prohibición de la «Great Trade Union» sus líderes empezaron a plantear reivindicaciones de tipo político.

La reivindicación fundamental era el sufragio universal, ya que sólo los propietarios tenían derecho de voto y si los obreros obtenían este derecho podrían, por su número, hacer triunfar partidos dispuestos a atender sus demandas. Este movimiento político se llamó cartismo; sus líderes destacados, Robert Owen y el irlandés O'Connor; su petición básica, el sufragio universal; su duración, unos diez años (1838-1848). En el año 1848 un movimiento revolucionario recorrió Europa y como reacción algunos gobiernos declararon ilegales a los sindicatos.

A partir de entonces los sindicalistas soñarán con formar un partido político estrictamente obrero (será el partido laborista inglés, que no aparece hasta fin de siglo, en 1900), mientras otros obreros se dejarán atraer por las doctrinas que les predican abiertamente la revolución social. En estas doctrinas se reclama la solidaridad internacional de todos los trabajadores (Primera Asociación Internacional de Trabajadores –AIT-, fundada en Londres en 1864; su figura clave, Karl Marx).

Así pues, podríamos sintetizar las fases de concienciación y reivindicaciones del movimiento proletario de la manera siguiente:

a) Sindicatos (Trade Unions). Peticiones laborales. b) Cartismo. Peticiones políticas.

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las doctrinas socialistas.

5.3. LA UTOPIA ANARQUISTA

El anarquismo constituye la segunda corriente ideológica importante en la historia de las revoluciones sociales. En realidad no se trata de un cuerpo sistemático de pensamiento. En el siglo XIX el ideólogo de mayor influjo es el aristócrata ruso Mikhail Bakunin (1814-1876). Bakunin propugna la supresión del Estado y de toda forma de gobierno, la disolución de las fuerzas armadas -innecesarias al no existir Estados-, y la desaparición de las Iglesias. ¿Cómo puede organizarse la sociedad sin estos fundamentos? Bakunin, de espaldas a la revolución industrial, que provoca la aparición de grandes ciudades, postula la formación de pequeños centros de población, a manera de aldeas, que él llama comunas. En las comunas no existe poder organizado ni propiedad privada.

En algunos aspectos Bakunin tuvo más de soñador que de pensador, pero su influencia fue también intensa. Dos principios, entre otros, le separan de Marx, con el que terminó chocando personalmente, hasta el punto de que los anarquistas fueron expulsados de la internacional obrera.

En primer lugar, mientras Marx creía que la revolución la harían los obreros industriales pero no los campesinos, Bakunin confiaba en el papel revolucionario de los campesinos.

En segundo lugar, mientras los socialistas se afanan por la conquista del Estado, los anarquistas sólo piensan en destruirlo, de ahí que no acepten entrar en el juego político: ni fundarán un partido ni intervendrán en elecciones ni parlamentos. Esta actitud limitó sus posibilidades de acción.

5.4. EL SOCIALISMO

El movimiento ideológico que ejerció mayor influencia en la movilización del proletariado fue el socialismo. Existen varias doctrinas que pueden ser denominadas de esa forma, pero la más importante es el socialismo científico o socialismo marxista.

Karl Marx (1818-1883), filósofo, economista, sociólogo, periodista, intelectual y militante comunista prusiano-alemán de origen judío nacido en Tréveris, que tras colaborar en varias revistas de economía, en las que analiza las causas de los problemas obreros, pasó su vida lejos de su patria, atento a los acontecimientos de su tiempo. En Londres, en la Biblioteca del Museo Británico, reunió la documentación suficiente para desarrollar sus teorías. Y en Londres murió dejando una obra ingente que abarca historia, economía, política y filosofía. Con él colaboró su íntimo amigo Friedrich Engels (1820-1895), quien a su muerte prosiguió sus trabajos y publicó parte de sus obras póstumas. La primera obra básica de Marx es la titulada Tesis sobre Feuerbach (1845) éstas resultaron en una visión no-dualista del mundo que incorporaba una relación dialéctica entre materia y espíritu, siendo la actividad humana la base de esta interacción. En éstas la undécima tesis afirma que los filósofos se han limitado a interpretar el mundo cuando su verdadera misión es transformarlo. De estas tesis se materializó la corriente conocida como Materialismo dialéctico: se apoya en los datos, resultados y avances de las ciencias y su esencia se mantiene en correspondencia y vigencia con la tradicional orientación progresista del pensamiento racional científico. Engels lo manifestó de esta manera: “Las formas fundamentales de todo ser son el espacio y el tiempo, y un ser concebido fuera del tiempo es tan absurdo como lo sería un ser concebido fuera del espacio”.

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problemas sociales se deben a la lucha de clases entre una clase explotadora, la burguesía, y otra explotada, el proletariado, concluye lanzando un llamamiento a los proletarios de todos los países para que se unan y rompan sus cadenas. Aunque este folleto tuvo una difusión enorme, su obra más ambiciosa es El Capital, publicada en tres partes con algunos años de diferencia, la segunda y tercera después de la muerte del filósofo. En El Capital se efectúa una demoledora crítica del capitalismo, sistema que para Marx se basa en la explotación: los que poseen las máquinas (propietarios) explotan a los que no las poseen (obreros).

Muchos de los libros e ideas de Marx son difíciles de comprender, salvo para los intelectuales que se han consagrado a su estudio. Sin embargo el pensamiento marxista ha inspirado las más importantes revoluciones del siglo XX. La explicación de esta influencia radica en que algunas de sus tesis pueden ser comprendidas mediante ejemplos. Veamos las principales:

a) Interpretación económica (o materialista) de la historia. Para Marx el motor de la historia no son los héroes, o los grandes hombres, o los reyes. Ni tampoco las ideas. El motor de la historia es la economía. La actuación de los grandes hombres y la incidencia de las ideas dependen de las circunstancias económicas. Un cambio de la economía provoca cambios en la sociedad, en la mentalidad, en los valores.

b) Lucha de clases. En la sociedad primitiva no existía el concepto de propiedad. Pero con la aparición de la propiedad la sociedad se dividió en dos grupos: los propietarios y los desposeídos. De esta forma surgió el antagonismo entre ellas. Y este antagonismo persiste en la época en que Marx vive, entre los burgueses, propietarios de fábricas y máquinas, y el proletariado. Sólo mediante la lucha contra la burguesía el proletariado podrá salir de su situación e implantar una sociedad más justa.

c) Dictadura del proletariado. Es uno de los principios teóricos más discutidos del marxismo. Marx no incluye esta expresión en el Manifiesto Comunista, y es en su correspondencia donde por vez primera lo cita, como si fuera un postulado que tuviera dificultad en elaborar. Partiendo de la idea de que el Estado de la época se apoyaba en la dictadura de la burguesía, Marx anuncia que la conquista del poder por los obreros instaurará la dictadura del proletariado, pero por un tiempo limitado, el necesario para organizar la sociedad de otra forma.

d) Sociedad sin clases. El proceso desembocará, no en una sociedad en la que la clase dominante sea el proletariado sino en una sociedad en la que no existan clases y todos los individuos tengan las mismas oportunidades. En ella no habrá propietarios porque la propiedad será colectiva.

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