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ARLANZÓN

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Academic year: 2020

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Se encuentra a unos 19 km al este de Burgos, siguiendo la carretera de Logroño hasta Ibeas de Juarros donde se toma, a la derecha, otra que va directamente hasta Arlanzón.

La villa, ubicada a orillas del río del mismo nombre, aparece documentada desde la pri-mera mitad del siglo Xy en los siglos siguientes. Entre los años 935 y 939 Kirio con sus hijos Lope, Sisinando y Ziti Regi permutaron con San Pedro de Cardeña una tierra en Pedernales por otras dos situadas en Ubierna y en Aslanzon. En la centuria siguiente, en 1074, las infantas Urraca y Elvira donaron a don Simeón, obispo de Burgos, la iglesia de Santa María y la villa de Gamonal para establecer allí la sede episcopal, entregando también unos molinos situados en Arlanzón. Estos u otros molinos fueron donados por Alfonso VIII en 1189 a la Orden del Cister: molendina etiam que sunt in uilla que dicitur Arlanzon, prope pontem ex superiori parte.

Como cabeza de alfoz, contó en los primeros siglos de su existencia con un castillo que según Martínez Díez pudo ubicarse en el lugar que ocupa ahora la iglesia parroquial de San Miguel, si bien hay dos pagos en su término, “El Castrillo” y “La Rasa”, donde también pudo emplazarse. En una donación realizada a San Salvador de Oña en 1048, aparece como tenen-te de dicha fortaleza Eximino Sangiz y casi un siglo después un tal Alvar Ruiz. En 1188 pasó a formar parte de la dote que entregó Alfonso VIII a su hija Berenguela.

En 1192 el mismo monarca donó la villa, sitam prope Burgis in strata publica peregrinorum, al monasterio de Las Huelgas, con todos sus derechos y pertenencias, incluyendo, aunque no se citaran, las cuatro aldeas que de ella dependían: Galarde, Zalduendo, Portilla y Herramel. A mediados del siglo XIVel lugar seguía siendo solariego del cenobio burgalés.

El Camino de Santiago pasaba por el mismo pueblo y así se recogía ya en la falsa Hita-ción de Wamba, de hacia 1100, al describir los límites de la diócesis de Osma: De Furca usque Arlançon quomodo currit in camino Sancti Petri, qui uadit ad Sanctum Iacobum. Los peregrinos que por allí pasaban eran atendidos en un hospital perteneciente al obispado burgalés, según consta

ARLANZÓN

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L

A IGLESIA DESANMIGUELestá situada en la parte más alta del pueblo, delimitada en su entorno inmedia-to por un pretil que cerca el atrio y el cementerio. Tiene una planta y estructura fundamentalmente románica, aunque muy alterada en los siglos XVI y XVII por la cons-trucción de las bóvedas de crucería de la nave y el añadido de la sacristía, la capilla del evangelio y otra serie de depen-dencias a lo largo del muro norte. Se trata de una sólida construcción formada por una sola nave y un ábside semi-circular, levantado todo ello en un excelente aparejo de sillería labrada a hacha, perfectamente escuadrada y asenta-da. El conjunto se completa con una torre románica que alberga en su cuerpo bajo la portada de acceso al templo.

La cabecera es, sin lugar a dudas, la parte mejor con-servada de la vieja fábrica. Se articula en cinco paños deli-mitados por cuatro responsiones, tres corresponden al ábside y dos al tramo presbiterial. Por cada paño corre una imposta de billetes sobre la que se dispone una ventana formada por una aspillera y un arco de medio punto apo-yado sobre dos columnas. Los capiteles se decoran con motivos vegetales (piñas y hojas rematadas en volutas o en forma de venera), los cimacios con billetes y las chambra-nas con semibezantes, entrelazos y roleos.

Rematando el muro se dispone una cornisa moldurada soportada por una rica colección de canecillos y por los capiteles de los cuatro responsiones. Entre los primeros en la confirmación de los bienes y derechos de la Iglesia de Burgos que hizo el papa Lucio III en 1182: In uilla que dicitur Arlanzon, hospitale Sancti Iacobi.

Además de la iglesia parroquial están documentadas en su término hasta diez ermitas: San Juan, San Martín, San Andrés, Santa María Magdalena, Santiago, Nuestra Señora, San Roque, San Mamés, Santa Lucía y San Millán. Las visitas episcopales de mediados del siglo XVIIIya sólo mencionaban seis (Santa María, San Juan, San Roque, San Andrés, San Mamés y San Martín), de las cuales cuatro se hallaban en ruinas a mediados de la centuria siguiente, tal como relata Madoz. Cerca de Arlanzón se encontraban también los monasterios de Villalbu-ra, con una iglesia románica que desapareció a finales del siglo XIX, y de Foncea, cuyo abad ocupaba una de las dignidades del cabildo catedralicio de Burgos.

Iglesia de San Miguel Arcángel

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vemos un amplio muestrarios de motivos vegetales (volu-tas, tetrapétalas dispuestas en aspa, hojas superpuestas rematadas en cogollos, etc.) y zoomorfos (un jabalí, un ave, dos cabezas de animales engullendo a hombres, otras vomitando serpientes y varias más con gesto fiero y desa-fiante). Particularmente interesantes son los animales andrófagos, uno devorando a un personaje por la parte superior, como vemos también en Vallejo de Mena, Boada de Villadiego y Villacantid (Cantabria), y otro mostrando entre sus fauces la cabeza de un hombre, como en las igle-sias cántabras de Bárcena Pie de Concha y San Vicente de la Barquera. El repertorio ornamental se completa con varias cabezas masculinas de grotesca apariencia, un lector con un libro abierto y un canecillo con tres toneles. Los capiteles de las columnas muestran hojas planas, a veces rematadas en bolas, leones afrontados y una curiosa esce-na protagonizada por cinco persoesce-najes que asoman tras una especie de mesa cubierta por un mantel o paño ribe-teado que cae formando pliegues en zigzag.

Por lo que respecta a la nave, detectamos en ella dos grandes campañas constructivas claramente diferenciadas. La más antigua corresponde a la primitiva fábrica románi-ca que abarrománi-ca la mayor parte del muro, tanto en su longi-tud como en su altura, y que se caracteriza por un correc-tísimo despiece de la sillería. En esta fase se vislumbran al menos otros dos momentos, uno abarca el tramo contiguo a la cabecera –de la que es contemporáneo– y parte del siguiente hasta una portada cegada en el muro sur, mien-tras que el otro comprende el resto del edificio hasta los pies. La fase más moderna corresponde al siglo XVIcuando

Canecillos del muro norte del presbiterio

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Planta

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Canecillos del ábside

Portada situada bajo la torre

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Alzado norte

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se acometió el abovedamiento de la nave lo que motivó el recrecimiento de los muros y de los contrafuertes con un aparejo de sillería menos cuidado. Estas diferencias se hacen patentes en el coronamiento de los muros, ya que mientras que en el primer tramo la cornisa sigue el mismo patrón que la del ábside, en los siguientes presenta cam-bios sustanciales, como los canecillos góticos de cuarto de bocel que aparecen a lo largo del muro sur.

En el lado norte se levanta la torre románica, refor-mada también en el siglo XVI. El cuerpo bajo actuaba en origen como un pórtico abierto en tres de sus lados mediante arcos de medio punto doblados. Dos de estos arcos fueron cegados posteriormente dejando practica-ble sólo el que se abre al norte, a modo de portada, for-mado por dos arquivoltas lisas, otra de bocel y una chambrana con puntas de diamante. A través de esta Sección transversal

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portada se pasa al primitivo pórtico que se cubre con una bóveda de cañón recorrida en su arranque con una imposta biselada. Aquí se encuentra la portada de acce-so al templo, compuesta de un arco liacce-so de medio punto y cuatro arquivoltas de bocel que apoyan sobre cinco pares de gruesas columnas dispuestas entre jambas de aristas aboceladas. El esquema es muy parecido al de la portada de Pineda de la Sierra con la que guarda evi-dentes paralelismos, no sólo en su estructura arquitectó-nica sino también en su decoración, si bien la calidad de la escultura de Arlanzón es más tosca que la de la men-cionada iglesia serrana.

Los capiteles del lado izquierdo representan, de dentro a fuera, los siguientes motivos: acantos de nervio central perlado, dos arpías afrontadas que colocan una de sus patas sobre una serpiente de cuerpo zigzagueante y cabe-za de rasgos antropomorfos, una pareja de leones que jun-tan sus cuellos y cabezas en el ángulo de la cesta, dos nive-les de hojas lisas rematadas en volutas y cuatro toscos personajes ataviados con larga indumentaria. Por su parte,

los de la derecha, muestran diversos tipos de hojas (lisas, con tallos perlados rematados en volutas, de perfiles angu-losos, etc.) y una escena con un personaje sedente que porta una especie de libro abierto, flanqueado por otros dos que parecen levantar un objeto en una de sus manos. Por último, los capiteles que marcan el arranque de los arcos laterales se decoran con hojas, el del lado izquierdo, y con un personaje luchando con un león que le muerde el brazo.

En el interior la cabecera se cubre con bóveda de horno en el ábside y de cañón apuntado en el presbiterio, arran-cando en ambos casos de una imposta de billetes que se extiende por toda la capilla. Lo más interesante es la articu-lación que presentan los muros en esta parte del templo, con cinco arcos ciegos de medio punto bajo los que se abren las ventanas, las cuales responden al mismo modelo que hemos visto en el exterior. Actualmente sólo quedan a la vista los del presbiterio pues los otros tres quedaron ocul-tos tras el retablo mayor que fue colocado en 1694. Todos ellos se decoran con chambranas de puntas de diamante que

Detalle del presbiterio Interior

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generan, en la unión de unas con otras, pequeñas cabezas zoomorfas, siguiendo una fórmula muy parecida a la que se da en las arquerías del claustro de San Pedro de Soria. Bajo el retablo barroco se conserva también la antigua mesa de altar románica.

El arco triunfal, apuntado y doblado, apoya sobre dos columnas con capiteles figurados de labra muy torpe. El de la izquierda muestra a un ángel en una esquina flanqueado por un personaje que sujeta en sus manos un objeto circu-lar y otro que parece alimentar a un cuadrúpedo. En el capitel de la derecha quedaron esbozadas cinco figuras de rasgos sumarios, una de las cuales porta un libro abierto. Los cimacios se decoran con triángulos o dientes de sierra contrapuestos. A los lados de estos capiteles, coincidiendo con el escalonamiento de las jambas que delimitan el pri-mer tramo de la nave, se distribuye una decoración de hojas esquemáticas rematadas en volutas y cogollos.

El arco fajón que sigue después presenta un esquema similar al anterior, con capiteles y cimacios similares a los de la portada de Pineda de la Sierra. Se decoran con acan-tos de nervios perlados rematados en formas acogolladas. Este primer tramo de la nave adquiere un desarrollo mayor que el resto, como ocurre en otras iglesias burgale-sas (San Pedro de Tejada, El Almiñé, Aguilar de Bureba, etc.), tal vez por la intención primera de construir sobre esa parte una torre o simplemente de cubrir ese espacio con una bóveda de crucería. Por otro lado, la apertura en el lado de la epístola de un absidiolo excavado en el espe-sor del muro –tapado ahora por un retablo– sugiere un planteamiento similar al de Nuestra Señora del Valle de

Monasterio de Rodilla, como ya observara en su día Pérez Carmona.

Respecto a la cubierta original de los otros dos tramos de la nave, algunos autores han sugerido la posibilidad de una techumbre de madera, extremo poco probable dada la potencia de los muros, sobre todo el meridional, así como la presencia de contrafuertes en el exterior, aspectos éstos que sugieren, a nuestro entender, la existencia de una cubierta abovedada, tal vez de cañón.

En resumen, nos hallamos ante una construcción romá-nica de la que se conserva en gran medida su primitiva estructura, salvo las cubiertas de la nave. En cuanto a las labores escultóricas podemos distinguir, al menos, tres manos o talleres diferentes que debieron de trabajar simul-táneamente. El mejor dotado técnicamente es el que ela-boró la decoración del ábside, con sus ventanas y caneci-llos en los que se observa un especial cuidado por el relieve y los detalles. Otro realizó los capiteles de la por-tada septentrional y los del arco fajón de la nave, tratando de imitar algunos motivos que ya aparecen en las portadas de Pineda de la Sierra y San Millán de Lara (la meridio-nal), aunque su composición y acabado –sobre todo de las escenas figuradas– dista mucho de la calidad expresada en aquéllas. Por último, una tercera mano, mucho más torpe que las anteriores es la que realiza las cestas del arco triun-fal en las que da muestras de una técnica muy sumaria y de unos recursos plásticos muy limitados. Todo ello lleva a situar estos trabajos en las décadas finales del siglo XII.

Texto: PLHH - Planos: RMF - Fotos: PLHH/JLAO Capiteles del arco triunfal

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Bibliografía

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Referencias

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