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Slash Autobiography (Español)

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INTRODUCCION:

“DESPUES DE HABERLO EVALUADO”

Fue como un golpe en el pecho, pero de esos que vienen desde adentro. Pequeñas luces azules se encendían a los costados de mis ojos. El golpe fue violento, agotador, silencioso, inesperado. A simple vista, nada había cambiado; nada se veía debilitado, pero el dolor hizo que todo se

detuviera. Seguí tocando y terminé la canción. El público no sabía que mi corazón se había detenido por un instante justo antes del “solo”. Mi cuerpo me había enviado todo su karma, recordándome, en el escenario frente al público, la cantidad de veces que yo lo había colmado de vicios.

El sacudón rápidamente se transformo en una leve molestia. Hasta podría decirse que volví a sentirme bien. De todas maneras, me sentía más vivo que hasta hace un momento, porque estaba más vivo. La máquina en mi corazón me recordó lo preciosa que es la vida, el sentido del tiempo; cómo todo sucede en el momento justo: frente a una multitud y mientras tocaba la guitarra. El mensaje fue fuerte y claro. Lo recordé varias veces esa noche, y cada vez que salíamos a escena, el tiempo que duró esa gira. Pero nunca sabía bien cuando iba a recibir el golpe.

Un doctor me implantó un desfibrilador cardíaco en el corazón cuando tenía 35 años. Es un aparato de unos 8 cm. Lo insertaron por la axila. Monitorea constantemente el ritmo cardíaco y produce electroshocks cuando el corazón late peligrosamente rápido o demasiado lento. Quince años de alcohol y drogas han inflado mi corazón al punto de explotar. Cuando finalmente me internaron, me dijeron que tenía seis semanas de vida. Han pasado seis años desde entonces y esta pequeña máquina ha salvado mi vida más de una vez.

He disfrutado de los efectos colaterales prácticos que el doctor no había previsto: cuando mis indulgencias hacían que mi corazón lata

peligrosamente lento, el desfibrilador se apagaba, salvándome de la muerte una vez más; porque también relajaba el corazón cuando latía lo suficientemente rápido como para tener un paro cardíaco.

Es bueno que lo hayan ajustado justo antes de la primera gira con Velvet Revolver. Me mantuve sobrio la mayor parte de la gira. Estaba tan lúcido que el entusiasmo de tocar con la banda en la que creía, para los fans que creían en nosotros, me movilizó. Hacía años que no me inspiraba de

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esa manera. Recorrí todo el escenario y me deje llevar por nuestra energía. Por la emoción, mi corazón se aceleró tanto que puso en marcha el

aparato cada noche que subí al escenario.

No era algo agradable, pero comencé a agradecer haber tenido esta advertencia. Entonces vi las cosas como realmente eran: momentos ajenos de incomoda lucidez, que resumían la sabiduría adquirida con dificultad a lo largo de la vida.

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CAPITULO 1

MI VIDA EN STOKE

Nací el 23 de Julio de 1965, en Stoke On Trent, Inglaterra, la ciudad donde Lemmy Klimister de Motorhead había nacido 20 años antes. Fue en ese año, cuando el rock and roll se convirtió en algo más que la suma de sus partes, también fue en ese año cuando un par de bandas aisladas

cambiaron el pop para siempre. Los Beatles lanzaron Rubber Soul y los Stones lanzaron Rolling Stones Nº2, el mejor disco de cover de blues de la banda.

Había una revolución creativa en marcha que nunca fue igualada y estoy orgulloso de ser producto de aquellos tiempos.

Mi madre es afro-americana y mi padre es inglés, y es blanco. Se

conocieron en París en los sesenta, se enamoraron y me tuvieron. No era normal la unión interracial, intercontinental pero tampoco era normal su ilimitada creatividad. Les agradezco por ser quienes son. Me expusieron a ambientes únicos, tan ricos y coloridos que todo lo que viví, aún siendo muy joven, dejo su huella en mí.

Mis padres me trataron de igual a igual desde que pude mantenerme en pie, y me enseñaron –sobre la marcha- como lidiar con lo que sea que la vida ponga en mi camino; la única forma de vida que conozco.

Mi mamá Ola tenía 17 años y mi papá Anthony (Tony) tenía 20 cuando se conocieron. Había nacido para ser artista; y como todos los artistas, dejó su pueblo natal para ir a París.

Mi mamá era precoz, exuberante, joven y hermosa. Había dejado Los Angeles para conocer el mundo y sumar contactos en el negocio de la moda.

Cuando sus caminos se cruzaron, se enamoraron y luego se casaron en Inglaterra. Después llegué al mundo y decidieron armar una vida juntos. La carrera de mi mamá como diseñadora comenzó alrededor de 1966 y con el tiempo sumo clientes como Flip Wilson, Ringo Starr y John Lennon. También trabajo para Pointer Sisters, Helen Reddy, Linda Rondstadt y James Taylor. Sylvester era también su cliente; no esta más con nosotros pero era cantante de música disco, era la versión gay de Sly Stone. Tenía una gran voz y para mí era una persona estupenda; él me regaló un ratón blanco y negro que llamé Mickey. Mickey era un despreciable malnacido. No se achicaba ni siquiera cuando alimentaba mis serpientes con ratas.

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hermano menor lo empujara; tres días después apareció en la puerta de mi casa en muy malas condiciones. También se recuperó de la “remoción accidental” de un trozo de su cola cuando la parte interna del sofá se la corto. Sin olvidar que estuvo casi un año sin agua ni comida. Nos lo olvidamos sin darnos cuenta en un departamento que usábamos para guardar cosas, y cuando finalmente regresamos allí, Mickey apareció muy contento como si solo me hubiera ido un día; como diciendo “Hey, dónde has estado?”.

Mickey fue una mascota inolvidable. Tuve muchas: tuve un león, Curtis, hasta cientos de serpientes. Básicamente soy un cuidador de zoológico, pero autodidacta; y me relaciono con los animales con los que convivo mucho mejor que con gran parte de los seres humanos que conozco. Mis animales y yo compartimos un punto de vista que la mayoría de la gente olvida: que al final del día, la vida es supervivencia; sobrevivir día a día. Cuando esa lección está aprendida, ganar la confianza de un animal salvaje que podría matarte es definitivamente una experiencia

gratificante.

Poco tiempo después de que yo naciera, mi madre volvió a L.A para expandir su negocio y fijar una base financiera sobre la cual construir la familia. Mi papá me crió en Inglaterra. Pasamos cuatro años en la casa de sus padres, Charles y Sybil Hudson, pero esto no fue fácil para él. Yo era bastante intuitivo pero no podía discernir cuán tenso era el ambiente. Mi padre y su padre, Charles tenían una buena relación. Tony era el segundo de tres hijos. Tanto su hermano menor, Ian como el mayor, David estaban de acuerdo con los valores de la familia. Mi padre fue a una escuela de arte, él era todo lo que su padre no era. Tony era los ‟60: se reveló y defendió sus ideales tan incondicionalmente como su padre los condenaba.

Mi abuelo Charles era bombero en Stoke, una comunidad que no ha cambiado absolutamente nada a lo largo de la historia. Muchos

habitantes de Stoke nunca la dejan; hay muchos como mis abuelos, que nunca se atrevieron a ir 100 millas al sur, desde Stoke hasta Londres.

La idea implacable de Tony de ir a una escuela de arte, trabajar y vivir de sus cuadros era algo que Charles no podía digerir. Esa diferencia de

opiniones provocaba grandes discusiones que muy a menudo se

transformaban en violentas peleas. Tony cuenta que Charles lo maltrataba sin razón, habitualmente durante gran parte de su juventud.

Mi abuelo era un representante declarado de la Gran Bretaña de 1950, y su hijo era un representante declarado de los años 60. Charles quería ver cada cosa en el lugar correcto, mientras que Tony quería cambiar los

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muebles de lugar y repintar la casa.

Creo que mi abuelo se horrorizó cuando su hijo volvió de París enamorado de una desenfadada negra americana. Me pregunto qué habrá dicho cuando Tony le conto que pensaban casarse y criar a su hijo recién nacido en su casa hasta que ellos (mi mamá y mi papá) pudieran poner sus

asuntos en orden.

Tomando todo en cuenta, estoy conmovido por la diplomacia que mostraban en las fiestas.

Mi padre me llevó a Londres tan pronto como pudo viajar conmigo en tren. Creo que yo tenía dos o tres años, pero sabía lo lejos que estaba Londres de Stoke, con un sinfín de casas de ladrillos marrones y raras

familias, porque mi padre estaba metido en la movida bohemia. Podíamos dormir en un sofá y no regresar por unos días. Había lámparas de lava y luz negra, ferias y artistas por la calle Portobello Road. Mi padre nunca se consideró un Beat, pero absorbió esa forma de vida por osmosis. Era como si hubiese elegido a dedo lo más importante, lo más destacado de ese estilo: el amor por la aventura, tomar la ruta nada mas que con la ropa que llevas puesta, buscar asilo en diferentes lugares repleto de gente muy interesante.

Mis padres me enseñaron muchas cosas, pero la mejor lección la aprendí muy tempranamente: no hay nada como la vida en la ruta.

Tengo buenos recuerdos de Inglaterra. Era el centro de atención de mis padres. Iba al colegio, actuaba en obras: “The twelve days of Christmas”; e hice el personaje principal en “The Drummer Boy”. Dibujaba todo el tiempo y una vez por semana miraba “The Avengers” y “The Thunderbirds” porque la televisión de fines de los ‟60 era muy limitada y reflejaba la post-segunda guerra mundial; la idea del mundo según Churchill era la de la generación de mis abuelos. Había sólo 3 canales de televisión, y dejando de lado las dos horas semanales que cualquiera sea el canal que emitiera esos dos programas, después sólo daban las noticias.

Es lógico que la generación de mis padres haya formado parte del movimiento cultural que se había puesto en marcha.

Cuando Tony y yo pudimos viajar a Los Angeles para encontrarnos con Ola, él nunca volvió a hablar de sus padres. Desaparecieron de mi vida rápidamente y a menudo los extrañaba. Mi madre le insistía a mi padre para que no perdiera contacto con ellos, pero no había caso;

simplemente no le interesaba la idea. No volví a ver a mis familiares ingleses hasta que Guns n‟ Roses se volvió bien conocido. Cuando tocamos en el estadio de Wembley en 1992, el clan Hudson apareció en gran número: entre bastidores justo antes de comenzar el show vi a uno de mis tíos, mi

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primo y mi abuelo. Era su primer viaje a Londres. En los camarines se tomaron todo el licor que teníamos. Se habían tomado hasta la última gota. Era una cantidad de alcohol que habría matado a cualquier persona excepto a nosotros.

Lo primero que recuerdo de Los Angeles es la canción de The Doors “Light my fire” en el tocadiscos de mis padres, todo el día, todos los días. A finales de los ‟60 y principios de los ‟70 Los Angeles era el lugar indicado para los jóvenes británicos involucrados con la música o el arte. Había mucho trabajo creativo en comparación con el indigesto sistema inglés; y si hablamos del clima, era el paraíso comparado con el lluvioso y nebuloso clima de Londres.

Además dejar Inglaterra por la costa yanqui era una de las mejores

maneras de romper con el sistema y con su educación –y mi papá estaba feliz por haberlo hecho-.

Mi madre siguió con su trabajo como diseñadora de moda y mi padre capitalizó su innato talento artístico y se convirtió en diseñador gráfico. Mi madre tenía contactos en el negocio de la música, así que poco después su marido se convirtió en el diseñador de las tapas de los discos. Vivíamos en Laurel Canyon Boulevard; en una comunidad muy sesentona, en la cima de Lookout Mountain Road. Esa zona de Los Angeles siempre fue refugio muy creativo porque el paisaje era muy bohemio. Las casas se ubicaban en la montaña entre el abundante follaje. Eran pequeñas casas que ofrecían un lugar donde dormir y desayuno: Recibían una amplia gama de personalidades; lo que hacía del lugar, un lugar especial: simple, público, compartido, muy conectado con la naturaleza. Una zona muy concurrida, un ambiente cálido, amigable; había músicos y artistas viviendo allí cuando yo era chico: Joni Mitchell vivía un par de casas de distancia, Jim Morrison vivía detrás de Canyon Store en ese momento, Glen Frey también estaba ahí. Gley Frey había formado “The Eagles”

recientemente.

Era un lugar donde todo estaba relacionado: mi mamá diseñaba ropa para Joni Mitchel y mi papá se encargaba de la tapa de su disco.

David Geffen era muy amigo de la familia; tengo un buen recuerdo de él. David contrató a Guns n‟ Roses años más tarde, pero no sabía quién era yo –y yo tampoco le dije nada-. Para la navidad de 1987, la llamó a Ola para saludar y le pregunto por mí, le preguntó en qué andaba; ella le dijo

“Deberías saber bien en qué anda, vos le estas produciendo el disco” Después de uno o dos años, nos mudamos al sur a un departamento en Doheny. Me cambiaron de colegio y fue ahí cuando me di cuenta cuán

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diferente era del resto de los chicos. Yo no tuve una habitación tradicional de un chico; llena de juguetes y pintada en colores primarios. Nuestra casa nunca estuvo pintada de tonos neutros. En mi casa se sentía olor a comida e incienso; comíamos guisos. Tenia buena vibra pero el ambiente era muy oscuro. Para mí estaba bien porque nunca me interesó relacionarme con los chicos de mi edad. Prefería la compañía de adultos, porque los amigos de mis padres siguen siendo las personas más interesantes que conozco. Escuchaba la radio KHJ, en AM, las 24 horas, durante los siete días de la semana y dormía con la radio prendida. Hacía la tarea del colegio y

sacaba buenas notas aunque mi maestra decía que prestaba atención un rato y después me distraía el resto de la clase. La verdad es que a mí me apasionaba el arte; admiraba profundamente al pintor impresionista

francés Henri Rousseau y como él, dibujaba selvas repletas de mis animales favoritos. Mi obsesión por las serpientes comenzó desde chico. La primera vez que mi madre me llevo a Big Sur, California a visitar a una amiga que vivía ahí. Tenía seis años y recuerdo que me pase horas en el bosque atrapando serpientes; hurgué en los matorrales y en los árboles, y no paré hasta que complete una pecera. Después, las liberé.

Esa no es la única anécdota emocionante de ese paseo: tanto mi madre como su amiga eran jóvenes alocadas que les gustaba correr con el VW escarabajo que tenía mi mamá por las carreteras zigzagueantes de los acantilados. Me acuerdo que iba en el asiento de atrás muerto de miedo mirando por la ventana al océano y las rocas que estaban debajo a sólo unos centímetros de mi puerta.

La colección de discos de mis padres era perfecta. Escuchaban de todo: desde Beethoven hasta Led Zeppelin y yo continué buscando pequeños tesoros no descubiertos en esa biblioteca hasta la adolescencia.

Conocía a todos los artistas, conocidos o no, porque mis padres me llevaban a sus conciertos todo el tiempo además que mi mamá me llevaba al trabajo.

Desde muy chico conocí las internas del negocio; los estudios de

grabación, las salas de ensayo, y también estudios de cine y TV. Presencié los ensayos y grabaciones de Joni Mitchell, también estuve en las

grabaciones del programa de Flip Wilson (un cómico muy famoso en ese entonces y que ha sido olvidado). Estuve en los ensayos y en el show de una cantante pop australiana Helen Reddy, y también de Linda Ronstadt en Troubadour.

Mi mamá también me llevo cuando le tocó vestir a Bill Cosby para su shows, y también le confeccionó algunas prendas a su esposa. También recuerdo ir con ella a ver a Pointed Sisters.

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Obviamente, todo esto sucedió en el transcurso de su carrera; pero cuando nos mudamos al departamento de Doheny, el negocio

“despegó”: Carly Simon venía a casa, también Minnie Ripperton, que era cantante de soul.

Conocí a Stevie Wonder y Diana Ross. Mi madre me cuenta que también conocí a John Lennon pero desafortunadamente no lo recuerdo. Lo que sí recuerdo es haber conocido a Ringo Starr: mi madre diseñó el traje que usa en la tapa de su álbum “Goodnight Viena”, en 1974. Era un traje de talle alto –a la cintura-, color gris metálico con una estrella blanca en el medio del pecho.

Cada prueba de sonido, cada “detrás de escena” que presencié junto con mi mamá me provocaba algo mágico. No sabía bien qué pasaba pero mi fascinaba en ese momento y todavía me fascina ver cómo se monta un show; el escenario lleno de instrumentos esperando a la banda, es muy emocionante. El sólo hecho de ver una guitarra todavía me

emociona. Tienen algo maravilloso, tácito: tienen el don de trascender la realidad si “caen” en las manos correctas.

Mi hermano Albion nació en Diciembre de 1972, lo que modificó un poco la dinámica de la familia; de pronto había una nueva personalidad entre nosotros. Era divertido tener un hermano menor y me alegraba ocuparme de él: me encantaba que mis padres me pidieran cuidarlo.

Pero no paso mucho tiempo cuando empecé a notar un gran cambio en la familia. Mis padres no se comportaban de la misma manera cuando estaban juntos y muy a menudo estaban separados. Las cosas se pusieron feas cuando mi mamá empezó a tener éxito en su negocio y nos

mudamos a Doheny. La dirección era 710 North Doheny; ahora es un terreno vacío donde venden los arbolitos de navidad en Diciembre. También me gustaría nombrar a nuestro vecino de al lado: el auténtico, autoproclamado Elvis negro, a quien pueden contratar para fiestas en Las Vegas (por si a alguien le interesa)

Ahora que soy grande puedo entender cuáles eran los problemas (obvios) que devoraron la relación de mis padres. A mi padre no le gustaba la idea que mi madre y mi abuela (materna) sean tan unidas; lastimaba su orgullo saber que mi abuela nos ayudaba con la plata, tampoco quería que ella esté tan involucrada con la familia. Mi padre también tenía problemas: le gustaba beber demasiado. Era un mal bebedor. Nunca fue violento porque es demasiado inteligente y rebuscado como para expresarse a través de la fuerza bruta, pero el alcohol despertaba su mal genio. Cuando estaba borracho hacía comentarios inapropiados a expensas de quienes estaban a su alrededor. No hace falta decirlo, ahí era cuando la

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Tenía sólo ocho años, pero debí haberme dado cuenta que algo estaba realmente mal. Mis padres siempre se habían tratado con mucho respeto pero unos meses antes que se separaran, se evadían totalmente. Mi madre pasaba la mayoría de las noches fuera de casa y mi padre, las pasaba en la cocina, solo, deprimido, bebiendo vino y escuchando al pianista Erik Satie. Cuando mi mamá se quedaba en casa, mi papá y yo salíamos a caminar por bastante tiempo. Él caminaba por todos lados, en Inglaterra y en Los Angeles.

Antes de Charles Manson (el clan Manson asesinó a Sharon Tate y a sus amigos) solíamos hacer dedo; Los Angeles era una ciudad “inocente” antes de los asesinatos. Esas muertes significaron el fin de la utopía de los ‟60, de sus ideales, del „Flower Power‟.

Los recuerdos de mi infancia con Tony son como los de una película: siempre caminando a su lado, con mucho respeto. Un día de esos, que habíamos salido a caminar, me llevó a Fatburger y me contó que él y mamá se iban a separar. Quedé devastado: lo único “estable” que tenía, que conocía, se había roto. No pregunté nada, sólo miré mi hamburguesa. Esa misma noche, mi mamá y yo nos sentamos a hablar y me explicó la situación. Ella destacó los “beneficios”: Yo tendría dos casas para vivir. Lo medité por un instante; de alguna manera, eso tenía sentido pero sonaba más como una mentira; yo asentí con la cabeza mientras hablaba pero no escuchaba lo que me estaba diciendo.

La separación de mis padres fue difícil pero cordial ya que no se

divorciaron hasta pasados unos años. Vivían cerca uno del otro, y tenían el mismo grupo de amigos. Cuando se separaron, mi hermano tenía dos años y obviamente debía vivir con mi madre pero a mí me dieron la

oportunidad de elegir con quién quería estar, y yo elegí vivir con mi mamá. Ola nos crió lo mejor que pudo, viajando constantemente por el trabajo. Sin necesidad, mi hermano y yo vivíamos yendo y viniendo de la casa de mamá a la casa de la abuela. La casa de mis padres era poco

convencional, interesante, siempre llena de gente –pero siempre fue estable-. Pero cuando el lazo que los unía se rompió; los cambios constantes se transformaron en algo normal para mí.

La separación fue muy dura para mi padre y no lo vi por un tiempo. Fue dura para todos nosotros. Para mí, se transformó en algo real cuando vi a mi mamá en compañía de otro hombre. Ese hombre era David Bowie. En 1975, mi mamá empezó a trabajar con David Bowie mientras grababa “Station To Station”; ella diseñaba su ropa desde “Young Americans”. Entonces, cuando el fue contratado para protagonizar la película “The man who fell to Earth”, mi mamá fue también contratada como

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vestuarista. La película se rodó en Nuevo México. Durante el rodaje ellos tuvieron un affaire. Hoy, mirando atrás, pienso que no debe haber sido gran cosa pero en ese momento era como ver un extraterrestre aterrizar en fondo de tu casa.

Cuando mis padres se divorciaron, mi mamá, mi hermano, y yo nos mudamos a una casa en Rangely Drive. Era una casa muy linda: las paredes del living eran celeste cielo con nubes. Había un piano; y la

colección de discos de mi madre ocupaba toda una pared. Era una casa atractiva, agradable, cálida. Bowie venía de vez en cuando con su esposa Angie y su hijo Zowie.

Los setenta fueron únicos: para Bowie era algo totalmente natural traer a su esposa e hijo a la casa de su amante para estar todos juntos. En ese entonces, mi madre y David practicaban meditación transcendental. Ellos cantaban delante del santuario que estaba en su cuarto.

A David lo acepté cuando lo conocí. Es inteligente, gracioso y

tremendamente creativo. La imagen de David debajo del escenario enriqueció la imagen que tenía arriba de él. Fui a verlo con mi mamá cuando tocó en L.A Forum en 1975 y muchas veces más; me encantaba el momento en el que él salía al escenario, en su personaje; realmente

quedaba cautivado. Como artista, dio todo en el escenario, dejó su esencia. También conocí al hombre muy bien, como era con su familia. Resumió lo que es ser famoso: “Ser una estrella de rock es la unión de lo que sos con lo que querés ser”

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CAPITULO 2:

BANDIDOS EN BICICLETA

Nadie piensa que te van a arrancar la alfombra mientras uno camina sobre ella; los cambios no se anuncian.

Mientras que el instinto y la intuición pueden proporcionarte señales de advertencia, poco pueden hacer para prepararte para el sentimiento de desarraigo que se siente después de que el destino ponga tu mundo al revés. Ira, confusión, tristeza y frustración. Todo mezclado dentro de ti creciendo como una bola de nieve. Te lleva años asentar toda esa

polvareda de emociones, mientras tenés que poner lo mejor de vos para poder ver a través de la tormenta.

La separación de mis padres fue lo que se llama “una separación de común acuerdo”. No hubo peleas, malos comportamientos; no hubo abogados ni juzgados. Pero así y todo, me tomó años aceptar la situación y lidiar con ese dolor. Perdí parte de mí y tuve que reinventarme a mi tiempo. Aprendí muchas cosas, pero esas lecciones no me ayudaron después cuando mi otra familia, la única que tenía se desintegro. Pude divisar las advertencias esa vez, cuando Guns n‟ Roses empezó a

desmoronarse. Y aunque aquella vez fui yo el que me fui, volví a tener la misma sensación, la mezcla de sentimientos. Fue igualmente difícil volver a encontrar el camino de nuevo

La separación de mis padres fue un gran cambio para mí y yo también cambié. Internamente seguía siendo un buen chico pero externamente me volví bastante problemático. Expresar las emociones sigue siendo una de mis debilidades, y lo que sentí en ese momento fue inenarrable, así que me dejé llevar por mis instintos- me volví violento y tuve problemas en el colegio.

En casa, la promesa de mis padres acerca de “tener dos casas para vivir” no hubiera cambiado nada de lo que estaba sucediendo. Casi no vi a mi padre durante el primer año que estuvieron separados, y cuando sí lo vi me parecía algo extraño, intenso. Como dije, el divorcio le afectó

muchísimo, le costó mucho adaptarse a esa situación y para mí era muy duro verlo así. Estuvo un tiempo sin trabajar; no podía. Vivía precariamente y visitaba amigos. Cuando lo visitaba, salía con él y con sus amigos:

tomaban vino tinto, hablaban de arte –de Picasso especialmente; el artista preferido de mi padre- y literatura. También íbamos a la biblioteca o al museo de arte, donde solíamos quedarnos a dibujar.

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Mi madre no tenía un lugar fijo. Trabajaba constantemente, viajaba

bastante para poder mantenernos. Pasábamos mucho tiempo en la casa de mi abuela Ola –madre-, que era nuestra salvadora cuando el dinero no alcanzaba. También pasaba bastante tiempo con mi tía y mis primos que vivían al sur de L.A en una zona llamada South Central L.A. Su casa era ruidosa, llena de niños; había mucha energía.

Nuestras visitas allí sirvieron para poner en orden la idea de “tener una familia”.Tomando en cuenta todo, tenía el tiempo en mis manos y saqué ventaja de eso.

Crecí demasiado rápido. A los doce tuve sexo, empecé a tomar, a fumar, a drogarme, robé, me echaron del colegio, y en ocasiones hubiese

terminado preso si no hubiese sido menor de edad. Actuaba de acuerdo con lo que sentía, tenía una vida intensa e inestable. Un rasgo importante de mi personalidad surgió en este período: el ahínco con el cual perseguí mis intereses.

A los doce mis gustos habían cambiado: de amar el dibujo a amar el bicicrós…

En 1977, las carreras de bicicrós era el nuevo deporte extremo. También estaban de moda el surf y el skate. Ya tenía algunos corredores famosos como Stu Thompson y Scout Breithaupt, había revistas como “Bicycle

Motocross Action” y “American Freestyler” y se organizaban competiciones constantemente. Mi abuela me compró una WebCo y quedé fascinado. Comencé a ganar carreras, y salí en algunas revistas como futuro corredor en la categoría de 13 y 14 años. Realmente me encantaba. Estaba

preparado para competencias más grandes, y había conseguido sponsor. Pero algo faltaba. Sentía que por alguna razón, el BMX no me satisfacía del todo. La respuesta llegaría años mas tarde.

Después del colegio solía ir a una tienda de bicicletas, y me sumé a un grupo que corría para una tienda llamada “Spokes and Stuff”, donde conocí a gran parte de mis viejos amigos, y otros trabajaban en “Schwinn” en Santa Mónica. Éramos más o menos 10 chicos que recorríamos

Hollywood todas las noches. Todos nosotros (excepto dos hermanos) teníamos historias familiares similares. Uno encontraba consuelo en compañía de otro: ellos eran los únicos compañeros con los que podía contar habitualmente.

Nos encontrábamos todas las tardes en Hollywood e íbamos desde Culver City hasta La Brea Tar Pits, ocupando las veredas como si fuesen carreteras. Saltábamos hacia cualquier pendiente que encontrásemos y sin importar si era medianoche u hora pico, siempre quitábamos del camino a los

peatones. Sólo éramos chicos traviesos en pequeñas bicicletas, pero si lo multiplicás por 10, considerás que pasábamos todos juntos por la vereda

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corriendo a máxima velocidad, éramos una fuerza para tener en cuenta. Nos subíamos a los bancos de las paradas del bus, muchas veces cuando había gente sentada, también nos subíamos a las bocas de incendio, y competíamos constantemente para superar al otro. Éramos adolescentes desilusionados tratando de pasar un mal momento en nuestras vidas, lo pasamos saltando por las calles de Los Angeles.

Corríamos por un camino de tierra en Valley hasta Reseda (cerca del juzgado de menores). Esto estaba más o menos a 15 millas de Hollywood, que es una meta bastante ambiciosa. Solíamos atar las bicicletas a algún paragolpes en Laurel Canyon Boulevard, para reducir el tiempo de viaje; veíamos pasar los autos como los asientos de una aerosilla, esperábamos un rato y después cada uno elegía un auto y volvíamos a la cima de la montaña.

Mantener el equilibrio en una bicicleta, incluso una con un muy bajo centro de gravedad, mientras esta amarrada a un auto que va a 30 o 40 millas por hora es emocionante pero peligroso en un suelo normal; ahora, intentar hacer eso en una montaña con curvas y contra-curvas muy cerradas, cuesta arriba, como era Laurel Canyon es totalmente diferente. Todavía me pregunto como es que nunca ninguno rodo por la montaña. Me sorprende más recordar que hacía este recorrido (subir y bajar de la montaña) sin tener frenos la mayoría de las veces. Ser el más joven del grupo para mi significaba que siempre tenía algo que demostrar a mis amigos cuando corríamos; y a juzgar por la cara que ponían luego de alguna de mis acrobacias, lo lograba. Pueden haber sido sólo

adolescentes, pero mis amigos no eran fáciles de cautivar.

A decir verdad, éramos una pandilla de chicos “difíciles”; pequeños criminales.

Uno de ellos era Danny Mc Cracken. Tenía 16 años, era fuerte, callado, “pesado”, con el no se jodía. Una noche Dany y yo robamos una bicicleta con suspensión y mientras que él deliberadamente trataba de romper las horquillas, saltándoles encima, para divertir al resto, tropezó con el

manubrio y se cortó la muñeca; fue un corte profundo. Vi venir el

accidente y observé todo como en “cámara lenta” mientras que la sangre brotaba a chorros.

Danny gritó AHHHH!!!! Con dolor y todo, su voz era suave considerando que era del tamaño de Mike Tyson.

“A la mierda!” “Carajo!”

“Danny se lastimó!”

Danny vivía a la vuelta de la esquina, así que dos de nosotros lo acompañamos hasta la casa.

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Llegamos a la casa, tocamos el timbre, la madre abrió la puerta y miró la muñeca de Danny. Luego nos miro despreocupada, como descreyendo lo que había sucedido con su hijo. “Y qué carajo quieren que haga yo?!”, nos contestó; luego pegó un portazo.

No sabíamos qué hacer; Danny estaba pálido y no sabíamos para qué lado estaba el hospital y la sangre seguía brotando. Bajamos a la calle y paramos el primer auto que pasó. Acerqué mi cara a la ventanilla y dije: “Hey, mi amigo se está desangrando; nos llevás al hospital?”. “Se va a morir!”, grité histérico. Por suerte la mujer que conducía era enfermera. Cargó a Danny en el asiento delantero y nosotros seguimos al auto en bicicleta. Cuando llegó al hospital no esperó un instante; la sangre le brotaba a chorros y lo hicieron pasar inmediatamente, mientras toda la gente miraba enfurecida.

Los doctores cosieron la herida pero ése no es el final de la historia: cuando salió del consultorio hacia la sala de espera donde estábamos nosotros, se le soltó uno de los puntos; la sangre brotó de tal manera que dejó

manchas en el techo, lo que enloqueció y disgustó a los que estaban presentes. No es necesario decirlo: lo llevaron nuevamente al consultorio y suturaron por segunda vez la herida. Finalmente se solucionó el problema. Los únicos seres “emocionalmente estables” de la pandilla eran John y Mike. Los llamábamos „los hermanos Cowabunga‟. Eran estables por varias razones: vivían en Valley -una próspera zona suburbana-, sus padres no estaban separados, tenían hermanas, y vivían todos juntos en una bella casa tradicional. Pero no eran los únicos hermanos del grupo; también estaban Jeff y Chris Griffin. Jeff trabajaba en Schwinn y Chris era su hermano menor. Jeff era el más grande el grupo, tenía 18 años y un trabajo que tomaba en serio. John y Mike eran bastante parecidos en su forma de ser; no puedo decir lo mismo que Jeff y Chris. Chris siempre trataba de imitar a su hermano mayor y fallaba invariablemente. Tenían una hermana muy linda, muy atractiva; se llamaba Tracey. Ella se había teñido el cabello de color negro por el solo hecho que toda su familia era naturalmente rubia. Tracey tenía un aire gótico incluso antes que ese estilo estuviese de moda.

También estaba Jonathan Watts. Era el más loco de todos nosotros, estaba realmente insano. Era capaz de hacer cualquier cosa sin importar lo que pudiera pasarle: ya sea lastimar su cuerpo o terminar preso. Yo tenía solo doce años pero así y todo sabía bastante de música y gente como para que me pareciera extraño que Jonathan y su padre fueran fieles

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pena decir esto, pero Jonathan no esta más con nosotros; murió

trágicamente de sobredosis después de haber pasado años tanto como alcohólico empedernido como abanderado de Alcohólicos Anónimos. Habíamos perdido contacto hace tiempo, pero lo volví a ver en una

reunión de A.A a la que me ordenaron ir (para poner un poco las cosas en orden) luego de ser arrestado por una noche a finales de los ‟80. No lo podía creer; llegué a la reunión, escuché lo que hablaban y después de un rato me di cuenta que el moderador la reunión (alguien tan partidario de la sobriedad como el teniente Hill Kilgore –el personaje de Robert Duvall en “Apocalipsis Now”-) no era otro que Jonathan Watts. El tiempo es un gran catalizador para los cambios; nunca sabes dónde van a ir a parar dos “almas gemelas”- o dónde nos volveremos a ver.

En ese momento, esos chicos y yo pasábamos muchas tardes en el Colegio Primario Laurel, haciendo uso del patio. Era un punto de encuentro; para andar en bicicleta o en skate, para juntarse a tomar alcohol o a fumar marihuana. El patio tenía dos niveles conectados por largas rampas de cemento; pedían por favor ser utilizadas por ciclistas o skaters. Aprovechábamos todo: desarmábamos las mesas de picnic y las usábamos de obstáculos que nos llevaban al otro nivel. No estoy orgulloso de haber destruido de a poco un edificio público, pero subir y bajar por las rampas, o saltar sobre los obstáculos, era muy emocionante; valía la pena. Nosotros éramos pequeños delincuentes, pero tipos creativos que iban a hacer cosas buenas también se reunían ahí. Me acuerdo de Mike Balzary, más conocido como „la pulga‟, tocando la trompeta y los artistas

vendiendo cuadros. Quizá no era el lugar perfecto pero todos nos sentíamos orgullosos de la escena que habíamos creado.

Desafortunadamente, los que pagaban las consecuencias eran los

maestros y alumnos, que tenían que limpiar y acomodar todo el desorden. El director del colegio, torpemente, decidió tomar el toro por las astas: se sentó a esperarnos para enfrentarnos. Esto no terminó bien. Nos burlamos bastante de él, se puso loco y mis amigos y yo tuvimos una discusión. Todo se fue de las manos muy rápido, y una persona que pasaba por ahí llamó a la policía. Nada asusta mas a los chicos que el sonido de la sirena, así que muchos de mis amigos huyeron. Desafortunadamente, yo no era uno de ellos. Otro chico y yo fuimos los únicos que detuvieron; nos esposaron a la baranda del frente del colegio, justo en la calle para que todos vieran. Éramos como animales enjaulados, privados de la libertad y no muy felices con eso. Nos negamos a cooperar: nos burlamos, les dimos nombres falsos, nos comportamos muy mal, los llamamos „cerdos‟. Los policías siguieron preguntando, y trataron de asustarnos, pero nosotros nos negamos a dar nuestros nombres y direcciones; así que como teníamos 12 años y no

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teníamos necesidad de llevar documentos, no les quedó otra alternativa que dejarnos ir.

La pubertad se inició en mí a los trece, cuando cursaba la secundaria en el Bancroft Junior High en Hollywood. Sea lo que sea que sentía con respecto al divorcio de mis padres, paso a un segundo plano para dar lugar a la invasión de hormonas. Pasar todo el día en la escuela no tenía sentido, así que la dejé. Empecé a fumar marihuana frecuentemente y andar mucho más en bicicleta. Me resulto difícil controlarme: Quería hacer lo que

quisiera, al instante. Una noche, mientras mis amigos y yo planeábamos la forma de entrar a robar en Spokes and Stuff (la tienda de bicicletas donde nos reuníamos) por alguna razón que no recuerdo, divisé a un chico que estaba espiándonos por la ventana de un departamento que quedaba cruzando el callejón. Que estás mirando?! No me mires?! -grité y le tiré un ladrillo a la ventana.

Los padres llamaron a la policía, por supuesto, y los oficiales que respondieron el llamado nos persiguieron por todo Hollywood y West

Hollywood. Nos metimos de contramano, entre medio del tráfico, cortamos camino por callejones, tomamos los parques; ellos eran tan perseverantes como Jimmy “Popeye” Doyle, el personaje de Gene Hackman en “The French Connection”. Dábamos vuelta a la esquina y ellos estaban ahí. Eventualmente huíamos hacia Hollywood Hills y nos escondíamos en los cañones más alejados como si fuéramos bandidos del Lejano Oeste; y como sucede en las películas de cowboys, cuando creíamos que era

seguro dejar la guarida para volver al rancho, éramos interceptados por los mismos policías.

Pienso que la razón por la cual me persiguieron a mi y no al resto de mis amigos cuando nos separamos, fue porque yo era el mas pequeño. Pedaleé rápido por todo el vecindario, pero no podía eludirlos hasta que busque refugio en un estacionamiento subterráneo, baje un par de niveles, me metí entre los autos, me escondí en un rincón y me tire al piso, rogando que no me encontraran. Entraron al garage a pie y cuando finalmente llegaron al lugar donde yo estaba escondido, ya habían dado por

terminada la “cacería” –creo-, buscaron entre los autos con las linternas; y cuando los tenía más o menos a dos metros de distancia, retrocedieron. Debo decir que tuve suerte.

Esta batalla entre mis amigos y la policía continuó durante todo el verano y desde luego no era una forma constructiva de pasar el tiempo, pero en mi cabeza, a esa altura, era algo muy divertido.

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equivoque, mi mama y mi abuela fueron muy comprensivas.

Para la mitad de la secundaria, estaba en casa el menor tiempo posible. En el verano de 1978, no tenia ni idea que mi abuela se iba a mudar a un nuevo complejo en la intersección de Kings Road y Santa Mónica

Boulevard. Conocía el lugar porque pasaba en bicicleta cuando lo estaban construyendo; era gigantesco, ocupaba toda la manzana.

Mis amigos y yo iríamos a drogarnos y correr carreras por los pasillos y por la escalera, a cerrarle la puerta en la cara a la gente, a saltar sobre los

barandales y dejar las marcas del derrape sobre las paredes recién pintadas.

Una vez, cuando estábamos haciendo esto, doblé en la esquina gritando y casi derribo a mi mama y a mi abuela que venían con los brazos cargados con las pertenencias de Ola madre y que las llevaban hacia el

departamento nuevo. Nunca me voy a olvidar la cara de mi abuela en ese momento: la expresión era una mezcla de susto y horror. Me contuve, pude frenar. Pero al mirar por arriba del hombro vi al último de mis amigos girar muy rápido y perderse de vista. Yo tenía un pie en el suelo y otro en el pedal, pensando que podría escaparme.

“¿Saúl?”; dijo Ola madre con una voz muy dulce y aguda, “eres tu?” “Si abuela, soy yo” le respondí “¿como estas? Mis amigos y yo pasamos a visitarte”

La mentira no resulto con mi mama, pero Ola madre estaba tan contenta de verme, que Ola hija me dejo continuar. De hecho, funciono tan bien que al final termine viviendo con mi abuela unas semanas mas tarde. En ese momento es cuando empieza la hazaña en Hollywood. Pero llegaremos ahí en un rato.

No voy a ponerme a analizar como fue que la cleptomanía se volvió “mi otro nuevo interés”; pero debo aclarar que fui un adolescente “difícil de tratar” desde muy chico. Robe lo que pensé que necesitaba y no me podía comprar; robe lo que pensé que me haría feliz tener; y a veces robe solo por robar.

Robe muchos libros porque siempre me gusto leer; robe muchísimos

cassetes porque amaba la música. Los cassetes –para los más jóvenes que no saben qué son- tenían ciertas desventajas: la calidad de sonido se desgastaba, la cinta se enredaba en la casetera y se derretían si los dejabas al rayo del sol, pero era muy fácil llevárselos. Eran del tamaño de un paquete de cigarrillos chico, así que un ratero ambicioso podía llevarse la colección completa de su banda escondida entre la ropa y salir

caminando sin que nadie se de cuenta de nada.

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esconder entre mi ropa, luego salía, las dejaba en los arbustos y volvía a robar más, muchas veces en la misma tienda.

Una tarde me robe un par serpientes de Aquarium Stock Company, una tienda de mascotas a la que solía ir bastante seguido; los dueños se habían acostumbrado a mi presencia y no creo que pensaran que yo podría

robarles. No eran mala gente, simplemente me gustaban mucho las

serpientes que vendía, no respete lo suficiente la tienda y me lleve algunas a casa. Las enrosque en las muñecas y me puse la campera encima

teniendo cuidado que las serpientes no sobrepasaran el antebrazo. Un día fui a la ciudad y agarre un montón de serpientes, me dirigí a la calle, las escondí y volví al local a tomar un libro que me enseñara como cuidar las serpientes que me había robado.

Una vez, me robe un camaleón Jackson. Robar un camaleón no es algo sutil; tienen astas, miden 10 pulgadas y se alimentan de moscas, tienen el tamaño de pequeñas iguanas y ojos protuberantes piramidales, extraños. Tenía muchas agallas cuando era chico: Salí caminando de la tienda. Era un animal muy caro y exótico. Me fui a casa con él, pero no podía inventar una historia que explique adecuadamente su presencia en la casa, así que no me quedo otra que dejarlo vivir en el fondo de mi casa que tenia un alambrado cubierto por una enredadera, al lado del cesto de basura. Me había robado un libro de camaleones Jackson, así que sabia que les gustaba comer moscas y el mejor lugar que encontré es cerca del cesto de basura, ya que es común encontrar moscas ahí. Todos los días era una aventura buscarlo porque era muy habilidoso para esconderse y mezclarse con el medio en el que estaba; como todos sabemos los camaleones tienen esa capacidad, se mimetizan. Siempre me llevaba un tiempo localizarla y adoraba ese desafío. El jueguito duro más o menos 5 meses; después de un tiempo mejoro tanto su habilidad que nunca mas pude encontrarla. La busque durante dos meses, todas las tardes, pero fue inútil. No se que le sucedió, pero considerando las miles de posibilidades de lo que pudo haberle ocurrido espero que haya tenido un buen fin.

Tuve mucha suerte de no ser atrapado las veces que robé, que fueron realmente muchas. Se me hacia tan fácil hacerlo que un día me atreví a llevarme de un local de artículos deportivos, un bote inflable... inflado. Necesitó cierta planificación pero lo hice, me lo robe. No sé cómo no me atraparon.

No fue gran cosa; te voy a contar el método: el bote estaba colgado en una pared cercana a una puerta lateral que conducía a un pasillo que tenia salida al callejón. Una vez que pude abrir esa puerta sin que nadie sospechara, descolgar el bote fue fácil; luego lo oculte de la vista de la gente en una muestra de productos de camping. Después espere el

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momento para sacarlo de la tienda y llevarlo hasta la esquina donde me esperaban mis amigos. Ni siquiera me lo quede; una vez logrado el

objetivo, lo deje en el jardín de una casa, una cuadra más adelante.

No estoy orgulloso de eso, pero a fin de cuentas, cuando estaba a 10 millas de mi casa, sin plata y con la rueda de la bicicleta pinchada, me alegra que se me hiciera fácil robar una nueva de Toy”R”Us. De otra manera, si hubiera tenido que hacer dedo para volver a casa, vaya a saber Dios en qué situaciones me hubiese involucrado.

De todas maneras, como alguien que repetidamente tienta la suerte, debo admitir que cuantas veces trates de convencerte de que tus acciones son “necesarias” o que haces eso “porque no tenés otra alternativa” y vos sabés que no es tan así y que lo que haces esta mal, tenés que saber que al final siempre te descubren.

En mi caso, en tanto estamos hablando de “robar”, al final me atraparon en Tower Records, en Sunset Boulevard, la disquería preferida de mis

padres. Recuerdo muy bien ese día: era uno de esos momentos en los que uno sabe que algo no esta bien pero de todas maneras se prende en la aventura.

Tenia 15 años, creo y recuerdo que estacione la bicicleta y pensé „debes ser cuidadoso con este lugar‟. Esa revelación no me ayudo para nada: Fui muy avaro. Entre al lugar, rellené de cassetes la campera, los pantalones; toda mi ropa estaba abarrotada de cassetes, eran tantos que pensé „quizá debería comprar algunos sólo para confundir a los cajeros‟; creo que elegí uno del Cheap Trick, “Dream Police” y uno de Led Zeppelin, “Houses of the Holy”. Los tome y fui hacia el mostrador, me los cobraron y me dirigí a la salida.

En ese momento pensé `ya pasó, estoy fuera de peligro‟.

Estaba en la calle, junto con mi bicicleta, ya preparado para „volar‟ de ahí cuando siento una mano en el hombro. Negué todo pero me habían agarrado: me llevaron arriba a una oficina desde la cual me habían visto robar, luego me mostraron la cinta.

Llamaron a mi madre; y devolví todos los casettes que había guardado entre la ropa. Ellos los acomodaron todos sobre una mesa para que mi madre los viera cuando llegara. Supere muchas cosas cuando era chico, pero ser atrapado por robar casetes en la disquería a la que mis padres habían ido por tanto tiempo era una ofensa que era más importante para la familia que para la ley. Nunca me voy a olvidar de la cara de Ola

cuando llego a esa oficina y me encontró sentado junto a todo lo que había querido robar. No dijo demasiado, porque no era necesario: estaba claro que ella pensaba que no podría haber hecho eso.

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recuperada. Me dejaron ir con la condición de que nunca mas vuelva a poner un pie en el local, también porque el dueño reconoció que mi mama era una clienta frecuente.

Por supuesto, cuando me contrataron para trabajar en la misma tienda 6 años mas tarde en la parte de videos, todo el tiempo estaba convencido de que alguien recordaría ese incidente y que me iban a despedir.

Pensaba que un día cualquiera se darían cuenta que mentí

descaradamente en la solicitud de empleo y que suponían algo que yo sabia que era verdad: todo lo que había logrado robar hasta que me atraparon valía bastante más que un par de meses de sueldo.

Todas las permutas se resolverían en los 8 años subsiguientes, pero solo cuando había encontrado una familia estable de mi propia autoría. En el vacio que dejo la disolución de mi familia, yo construí mi propio

mundo. Tuve suerte que a pesar de mi edad, durante el periodo de prueba de mis límites, hice un amigo que siempre se ha estado conmigo, incluso cuando estuvimos lejos. Todavía es uno de mis confidentes y al que después de 30 años todavía sigo molestando.

Se llama Marc Canter; su familia es la dueña del complejo Canter´s Deli en North Fairfax. Los Canter se mudaron a New Jersey y abrieron un

restaurante en los ‟40 y desde entonces ha sido un punto neurálgico para los tipos del show business, porque la comida es buena y además esta abierto las 24 horas. Esta a media milla de Sunset Strip, y en los ‟60 ha sido el refugio de muchos músicos y sigue siéndolo hasta hoy. En los ‟80, los Guns han ido a comer allí de madrugada. “The Kibbitz Room” es el bar y

también hay shows en vivo; queda justo al lado del restaurant y pertenece a él.

Los Canters han sido maravillosos conmigo; me dieron trabajo y refugio. Nunca dejaré de agradecerles todo lo que hicieron por mí.

Conocí a Marc cuando estaba en el colegio primario, en Third Street Elementary School, pero nos hicimos realmente amigos cuando le robe la bicicleta en quinto grado.

Nuestra amistad fue sólida desde el principio. Nos juntábamos en el parque Hancock que quedaba al lado de un barrio opulento donde él vivía.

Solíamos ir al viejo teatro “Pan Pacific” –hoy es el “Grove Shopping Center”-. El Pan Pacific era una reliquia; había sido un glamoroso cine-teatro en los ‟40; tenía arcos en el techo y una gran pantalla en la que pasaban

películas y que definió una generación con respecto a la cultura y el cine. En esos días, el teatro seguía siendo hermoso, los arcos verdes estilo Art Deco estaban intactos pero el resto, estaba en ruinas. Al lado estaban la

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biblioteca pública y un parque que tenia una cancha de basketball y una pileta. Al igual que el Laurel Elementary también era el punto de reunión para chicos de 12 a 18 años que alguna razón u otra, se sienten cómodos en la noche.

Mis amigos y yo éramos los jóvenes del grupo. Las chicas estaban tan fuera de nuestro alcance que no podíamos invitarlas a salir, pero lo hacíamos igual. Había algunos fracasados y marginales, muchos de ellos Vivian en el viejo teatro y subsistían gracias a la comida que robaban en la verdulería de al lado, dos veces por semana. Marc y yo estábamos fascinados; nos aceptaron en el grupo porque casi siempre teníamos marihuana, que era muy requerida allí. Conocer a Marc promovió un gran cambio en mí; era mi primer gran amigo, el que me entendía cuando me sentía solo. Ninguno de los dos ha tenido lo que se llama “una vida normal”, pero estoy

orgulloso de que hoy estemos tan unidos como en aquel entonces. Esa es mi definición de “familia”. Podes no haberlo visto en años pero cuando se encuentran, se tratan como el primer día. Un verdadero amigo es el que está presente cuando se lo necesita; no solo en las vacaciones o los fines de semana.

Me di cuenta de eso, unos años mas tarde. Cuando no me importaba no tener plata para comer, porque lo poco que tenia lo guardaba para promocionar Guns n‟ roses. O cuando no tenía un mango, ni para los

afiches ni para las cuerdas de la guitarra. En esos momentos Marc estuvo a mi lado. Afronto mis gastos; para lo que sea que necesitara dinero, lo tenía. Le devolví la plata cuando pude hacerlo; cuando empezaron a contratar a Guns. Pero nunca me olvide que Canter estuvo conmigo cuando estaba deprimido y sin un peso.

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CAPITULO 3:

CÓMO TOCAR LA GUITARRA. CÓMO TOCAR ROCK AND ROLL.

Verte a vos mismo fuera de contexto, alejado de tu propio punto de vista, te hace ver las cosas de otra manera. Es como escuchar tu voz en un contestador. Es como conocer a un extraño o descubrir un talento que no sabias que tenias.

La primera vez que hice el punteo de una melodía lo suficientemente bien como para sonar como la original, tuve esa sensación.

Cuanto más aprendía a tocar, más me sentía ventrílocuo: podía reconocer mi lado creativo a través que esas seis cuerdas, pero era algo más que eso. Las notas y los acordes se han vuelto mi segunda lengua y la mayoría de las veces, ese vocabulario expresa lo que siento cuando las palabras no me alcanzan. La guitarra es mi conciencia también: cuando perdí el rumbo, me hizo volver a encontrarlo; cuando se me olvido, me hizo recordar por qué estoy aquí.

Todo se lo debo a Steven Adler, él fue el responsable. Por él, yo toco la guitarra.

Nos conocimos una noche en Laurel Elementary a los 13 años de edad, mientras yo andaba en bicicleta y él andaba en skate –muy mal-. Una vez se pego un golpe muy feo y yo me acerqué a ayudarlo; desde ese momento fuimos inseparables.

Steven se crio en Valley con su mamá, su padrastro y dos hermanos hasta que su mamá no soporto mas su mal comportamiento y lo mando a casa de su abuela, que vivía en Hollywood. Vivió allí pero el resto de la primaria incluyendo los veranos. Luego volvió a su casa para ir a la secundaria.

Steven es un tipo especial, un maleducado que solo los abuelos pueden amar, pero jamás podrían convivir con él.

Steven y yo nos conocimos en el verano antes de empezar 8º grado y seguí reuniéndome con él hasta la secundaria, desde que yo me mude de Hancock, donde vivía mi madre a la casa de mi abuela, en

Hollywood.

Ambos íbamos al mismo colegio, al Bancroft Junior High, y vivíamos en el mismo vecindario.

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estaba ausente. Yo pasaba de grado porque me iba bastante bien en dibujo, música, lengua; mi promedio era lo suficientemente alto como para aprobarlas; sacaba buenas notas porque eran las únicas que me interesaban. Excepto esas materias, el resto no me gustaban y faltaba a las clases. Pasaba en Dirección mucho tiempo, ya sea porque me

robaba las planillas de asistencia o porque me olvidaba de hacerle firmar a mi mamá las notas. La única razón por la cual terminé la primaria fue porque las maestras se declararon en huelga durante el año, y fueron reemplazadas por suplentes, a las cuales se me hacia muy fácil mentirles y conquistarlas. No voy a entrar en detalles, pero

recuerdo clases enteras tocando en la guitarra la canción preferida de la maestra. Y BASTA!! Ya conté suficiente.

Honestamente, la escuela no estuvo tan mal: tenía muchos amigos, una novia (en breve llegaremos ahí) y participe libremente en todo lo que hiciese del colegio, un lugar divertido para los adictos.

A la mañana temprano, antes de entrar al aula, nuestro grupo se reunía en el vestuario para inhalar “Amyl nitrito”, -un gas que dilata los vasos y baja la presión arterial, mientras brinda una breve sensación de euforia-, luego un par de cigarrillos y a la hora del almuerzo nos volvíamos a juntar en la plaza para fumar un par de porros. Hacíamos lo que podíamos para que los días en la escuela fueran un poco más agradables.

Cuando no íbamos a la escuela, Steven y yo nos pasábamos el día vagando por Hollywood con la cabeza en las nubes hablando de música y tratando de conseguir dinero de cualquier forma: haciendo trabajos esporádicos para gente que conocíamos ocasionalmente (ayudar a mover muebles por ejemplo), pidiéndolo haciéndonos pasar por mendigos, o robándolo.

Hollywood siempre ha sido un lugar extraño que atrae gente extraña pero al final de los ‟70, todos los cambios que hubo a nivel cultural: el fin de la revolución de los ‟60, el uso generalizado de drogas y la libertad sexual, habían creado una nueva especie de personajes realmente raros.

No recuerdo cómo lo conocimos, pero había un tipo que solía darnos dinero por nada, sólo nos sentábamos a charlar un rato con él. Creo que un par de veces también nos pidió que le hiciéramos las compras. Definitivamente era extraño pero él no era lo suficiente peligroso como para hacer algo de lo cual dos chicos de 13 años no se pudieran

defender. Además, el dinero extra valía la pena.

Steven era absolutamente desinhibido, así que se las arreglaba para conseguir dinero habitualmente de muchas maneras. Una de ellas era

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Clarissa, una vecina tenía aproximadamente 25 años y que vivía cerca de mi casa. Un día la vimos sentada en la puerta; cuando pasamos por ahí, Steven la saludo. Luego se pusieron a hablar y nos invito a pasar a su casa; después de un tiempo yo decidí irme pero Steven me dijo que él iba a quedarse un rato más. Resulta que tuvo sexo con ella esa noche y para rematar consiguió que ella le diera algo de plata. No tengo idea como hizo, pero sé que se vieron unas cuatro o cinco veces más, y cada vez le dio dinero. Era increíble. Lo envidiaba muchísimo. Una y otra vez, Steven siempre estaba metido en situaciones similares y frecuentemente no tenían un final feliz. En este caso, Steven estaba teniendo sexo con Clarissa, su compañera de piso –que era gay- entró a la habitación y los sorprendió juntos. Ella se lo sacó de encima de un empujón y él cayó al piso...boca abajo. Ese fue el final de la historia. Steven y yo nos las arreglábamos bien. Yo robaba los casetes y las revistas de rock que necesitábamos. Había muchas otras cosas en las que nos interesaba gastarnos la plata aparte de gaseosas y cigarrillos, así que estábamos en forma. Recorríamos Sunset Boulevard de punta a punta, luego Hollywood Boulevard desde Sunset hasta Doheny,

buscando posters de rock en los negocios, zambulléndonos en ellos cuando encontrábamos algo que nos gustaba. Deambulábamos por el lugar, formábamos parte de ese osado y divertido microclima. Solíamos juntarnos en un lugar llamado “Piece O‟ Pizza” y quedarnos por horas escuchando a Van Halen en la rocola una y otra vez. Era como un ritual. Steven me había hecho escuchar su primer disco unos meses atrás. Fue uno de esos momentos en los que me sentí abrumado. “Tenés que escuchar esto,” me dijo, con los ojos bien abiertos, “la banda se llama Van Halen, son bárbaros!”; yo tenia mis grandes dudas porque Steven y yo no compartíamos la misma idea de “buena

música”. Puso el disco y el „solo‟ de Eddie en Eruption exploto en los parlantes. “JESUCRISTO!” le conteste, “que diablos es eso?!”

Ese año, vi mi primer gran concierto de rock. Fue en el California World Music Festival en el coliseo L.A Memorial, el 8 de abril de 1979. Había 110.000 personas y los músicos que participaban eran una locura: había cientos de bandas invitadas. Los principales eran Ted Nugent, Cheap Trick, Aerosmith y Van Halen. Sin duda, Van Halen aplasto al resto de las bandas que tocaban ese día, incluso a Aerosmith. Creo que eso no era difícil: Aerosmith estaba tan mal en esa época que se me hizo imposible diferenciar una canción de la otra en su show. Yo era su fan y la única canción que pude reconocer fue “Season of Wither”.

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Finalmente cuando llegamos a las puertas de “Rainbow” y “Starwood”, Steve y yo sentimos que habíamos llegado a la cima, que nos habíamos graduado; estábamos en el centro de la escena del „pre-glam metal‟, formabamos parte de ella. Van Halen comenzó allí y Motley Crew estaba por entrar también. Además de esas bandas, el punk rock estaba dando los primeros pasos.

Siempre había un montón de gente en la puerta de esos clubs y desde que tenia acceso a las drogas, se las vendía no sólo por el dinero sino porque nos acercaba a esa escena.

Había tanta actividad en Hollywood y West Hollywood a la noche; la escena homosexual que se desarrollaba alrededor de “The French Quarter”, un pituquísimo restaurante gay y Rusty Nail, un bar también para gays, entre otros; estaba justo enfrente de la escena del rock que era mayoritariamente hetero. Esa yuxtaposición nos parecía muy

bizarra. Todo era muy extraño y absurdo, encontrabas freaks por todas partes pero nosotros aceptábamos a todos.

Steve y yo nos metimos en toda clase de problemas que

aparentemente eran inofensivos. Una noche mi papa nos llevo a una fiesta organizada por un grupo de amigos artistas que Vivian a lo largo del callejón en Laurel Canyon. El anfitrión de la fiesta, Alexis, era amigo de mi papa. Él había preparado un barril de ponche terriblemente letal, que mantenía a todo el mundo completamente borracho. Steven se había criado en Valley y nunca había visto una escena tan divertida: esto era un grupo de artistas excéntricos post-hippies; así que la combinación de la gente y el ponche le voló la cabeza

completamente. El y yo podíamos aguantar el licor pero esto era demasiado avanzado para nosotros. Yo estaba tan borracho que no me di cuenta que Steven se había ido con la chica que vivía en el cuarto de huéspedes del piso de abajo. Terminó acostándose con ella, lo que no fue del todo bueno: era casada y tenía aproximadamente 30 años.

Para un chico de trece años, una persona de 30 es casi de la tercera edad. Para mi, Steven se había acostado con una abuelita, con una `mujer mayor‟ que resulto siendo la „mujer mayor‟ de otra persona. A la mañana siguiente, desperté en el piso con el sabor del ponche en la boca; me sentía como si me hubieran clavado un clavo en la

cabeza, así que me fui a dormir a la casa de mi abuela; Steven opto por quedarse un rato más en la cama de abajo. Hacia mas o menos 10 minutos que había llegado a casa cuando mi papa me llamo por

teléfono para decirme que Steven debería temer por su vida. La mujer con la que había pasado la noche se lo había confesado a su marido y

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éste estaba muy disgustado al respecto. El hombre, según mi padre, tenia pensado ahorcar a Steven, y Tony me aseguró lo había

amenazado de verdad. Esto no lo tome en serio, pero mi papa me conto que el tipo había prometido que iba a matar a Steven. Al final no paso nada, Steven pudo zafar del tipo; pero era sólo una advertencia de las cosas por venir. A los trece, Steven resumió sus objetivos a solo dos cosas: estar con chicas y formar una banda de rock.

No puedo culparlo por su profecía.

Ya a los trece años su conocimiento sobre música, al que

(probablemente por su habilidad con las mujeres) siempre considere superior al mío, Steve había llegado a la conclusión que había sólo tres bandas importantes de rock and roll: Kiss, Boston y Queen. Él les rendía tributo todo el día, todos los días, cuando debería haber estado en el colegio. Su abuela trabajaba en una panadería y se iba de la casa a las cinco de la mañana; no tenia ni idea que Steven faltaba casi siempre a la escuela. Su día consistía en escuchar cassetes de Kiss a todo volumen en Wall-mart mientras rasgaba la guitarra que había tomado prestada allí, que estaba conectada a un amplificador y que también ambos estaban a todo volumen. Yo lo acompañaba y me decía gritando sobre todo ese ruido “hey, nosotros deberíamos formar una banda, no?”

Steven es un ser de alma libre, desenfadada, de mente abierta. Su entusiasmo es tremendamente contagioso.

No dudó en absoluto y fue para adelante: él estaba convencido de que eso sucedería de un momento a otro. Se autoproclamo guitarrista y decidimos que yo tocaría el bajo. Cuando escucho música hoy,

después de estar tocando por 20 años, puedo aislar todos los instrumentos, escuchar sólo la guitarra, descubrir el tono e

inmediatamente decir muchas maneras de tocar la misma canción. Pero cuando tenía 13, había escuchado mucho rock, había visto muchos conciertos y sabia qué instrumentos necesitaba para formar una banda pero no tenia ni idea cuál de todos ellos producía tal o cual sonido en la canción. Sabia lo que era una guitarra pero no sabia en qué se diferenciaba del bajo, y Steven con su forma de tocar no era demasiado aclarador al respecto.

Cuando salíamos a caminar por la ciudad, solíamos pasar por una escuela de música que quedaba en Fairfax y Santa Mónica; se llamaba Fairfax Music School, así que pensé que era un buen lugar para ir a aprender a tocar el bajo.

Un día entre a la escuela, me acerque a la recepcionista y le dije “quiero tocar bajo”, luego me presento a uno de los profesores. Su

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nombre era Robert Wolin. Cuando se acerco a hablar conmigo me di cuenta que no era lo que yo esperaba: era un tipo blanco, de estatura mediana, vestido de jeans Levi‟s y la camisa escocesa metida en el pantalón. Tenía bigotes tupidos, barba de unos pocos días y pelo largo enmarañado y despeinado –quizá alguna vez se lo había cortado pero ya le había crecido-. No hace falta decirlo: Robert no se parecía para nada a una estrella de rock.

Con mucha paciencia me informo que para tomar lecciones

necesitaba tener mi propio bajo -algo que yo no había considerado. Le pedí ayuda a mi abuela y me dio una vieja guitarra flamenca que solo tenia una cuerda, que ella tenia archivada en un ropero. Cuando me encontré con Robert en la escuela, miro la guitarra y entendió que seria mejor empezar por el principio; yo no sabia que lo que estaba

sosteniendo no era un bajo.

Robert puso “Brown Sugar” de los Stones, tomo su guitarra y acompaño el riff y la guitarra principal. Recien ahí fue cuando escuché el sonido. Sea lo que sea que estaba haciendo Robert, eso era lo que yo estaba buscando. Mire fijo la guitarra de Robert, estaba asombrado,

maravillado.

“Eso es lo quiero hacer” le dije, “Eso” y le señale con el dedo su guitarra. Él fue muy alentador: me dibujo algunos acordes, me marco la posición de los dedos en su guitarra y afinó la única cuerda de mi guitarra.

Tambien me dijo que debia conseguir las otras cinco en un futuro muy cercano.

La guitarra entro en mi vida de repente e inocentemente. No hubo intencion ni premeditacion; no era parte de un gran plan, solo tocar con Steven. Diez años despues estaria gozando de las ventajas con las que había soñado Steven: viajar por el mundo, tocar a sala llena y tener muchas chicas „a nuestro disposicion‟ –incluso mas de las que podiamos manejar-… todo gracias a ese maltratado pedazo de madera que mi abuela habia desempolvado del ropero.

Mi obsesion habia cambiado: La guitarra reemplazo al bicicross literalmente de la noche a la mañana.

Era algo que no conocia: una forma de expresión tan satisfactoria y personal como lo era el arte o el dibujo, pero un poco mas profundo. Tener la capacidad de crear el sonido que me ha hablado a traves de la musica desde siempre es algo que recuerdo como lo más poderoso que habia hecho. El cambio fue instantaneo, como prender y apagar la luz y fue absolutamente revelador. Sali de la escuela de musica, fui a casa y copie los metodos de Robert: puse mi cancion preferida y trate de acompañarla. La verdad que puse lo mejor de mí, e hice lo que

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pude: te recuerdo que la guitarra tenía una sola cuerda.

Luego de algunas horas podia seguir los cambios de clave e imitar la melodía de algunas canciones muy básicamente: “Smoke on the water” de Deep Purple, “25 or 6 to 4” de Chicago, “Dazed and confused” de Led Zeppelin, “Hey Joe” de Jimmy Hendrix, se pueden tocar sobre la 6º cuerda, Mi. Me contentaba con ellas, una y otra vez. Simplemente el saber que podia imitar la melodía de las canciones que escuchaba en mi stereo era suficiente para que la guitarra se meta en mi vida para siempre.

Tome lecciones con Robert con la vieja guitarra durante todo el verano anterior a noveno grado; ya le habia puesto el resto de las cuerdas que por supuesto Robert me enseño a afinar. Me asombraba ver cómo aprendia los acordes de una cancion que no conocia en cuestion de minutos, ahí en vivo y en directo. Me propuse obtener esa habilidad: como todo alumno ansioso trate de saltar directamente a ese nivel y como todo buen maestro, Robert, me obligo a dominar las cosas esenciales. Me enseño las escalas mayor, menor, la escala de blues y todos los acordes basicos. Tambien me apunto los acordes de mis canciones favoritas “Jumping Jack Flash” y “Whole Lotta Love”, que podria tocar como “premio” despues de hacer ejercicios durante toda una semana.

Usualmente los eludia e iba directamente a los premios y cuando volvia a la escuela de musica al dia siguiente, era obvio para Robert que yo ni habia tocado la tarea; que no habia hecho un solo ejercicio.

A veces me gustaba tocar como si la guitarra tuviera una sola cuerda. Cada cancion que me gustaba tenía el riff en ella, asi que tocar sobre una sola cuerda era mas divertido hasta que mis dedos se

acostumbraran a la forma correcta.

Tanto los equipos de carrera como mi BMX juntaron polvo en el ropero. Mis amigos se preguntaban dónde estaba. Un dia me encontre con Danny McCracken en el camino de la escuela a casa con mi gutarra colgada sobre los hombros. Me pregunto cómo estaba y si habia ganado alguna carrera recientemente. Le dije „ahora soy guitarrista‟. Hechó un vistazo a la vieja guitarra y me miro a los ojos, como

tanteandome. Ah, si?, me contesto. Danny lucia confundido, no sabía qué pensar de lo que yo le habia contado. Nos quedamos en silencio por un momento, incómodos; despues nos despedimos. Esa fue la ultima vez que lo ví.

Respeté mucho a mi profesor, Robert, pero ingenua e impacientemente no podia encontrar la conexión entre la teoria que él me enseñaba y Los Rolling Stones y Led Zeppelin. Asi que mis clases con profesor

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terminaron bastante rapido. Luego me hice autodidacta: encontre un libro usado, en oferta en una casa de música; se llamaba “How to Play Rock Guitar”. Este libro tenia todos los esquemas de acordes, tablaturas y ejemplos de „solos‟ de grandes como Eric Clapton, Johnny Winter y Jimmy Hendrix y tambien venia con un casete que mostraba la manera correcta de tocar lo que tenias en el libro. Me lleve el libro a casa y me lo „devoré‟. Cuando fui capaz de imitar los sonidos del cassete, pronto empecé a improvisar. Estaba fuera de mi: cuando escuche lo que estaba tocando me di cuenta que era la guitarra principal. Para mí, fue como haber encontrado el Santo Grial. Ese libro cambio mi vida;

todavía lo tengo, destruido por supuesto, guardado en un baúl en algun lugar. Nunca más volvi a ver uno desde entonces; lo busque muchas veces pero fue en vano. Siento que esa era la ultima copia que

quedaba en el mundo y que estaba alli esperandome específicamente a mí. Ese libro me enseño las tecnicas que buscaba, y una vez que pude dominarlas abandoné la escuela de musica para siempre. Me habia convertido en guitarrista de rock sin intencion alguna. Entonces le pedí prestado a mi abuela 100 dolares y me compre mi primera guitarra electrica. Era una copia de Les Paul (una muy mala copia) fabricada por una compañía llamada Memphis Guitars. Me gusto este modelo porque la mayoria de mis artistas favoritos tocaban Les Paul; para mi una Les Paul era como la personificación del rock. Dicho esto, yo no sabia siquiera quien era Les Paul; no estaba

familiarizado con su toque jazzero y no tenia idea que había promovido el desarrollo de instrumentos musicales, efectos y tecnicas de

grabacion. No sabia que su gama de guitarras de cuerpo solido pronto se convertiria en mi eleccion primordial en instrumentos.

Y no tenía ni idea que años mas tarde, tendria el honor de compartir el escenario con él muchas veces. Ese dia fue algo mas basico; en mi cabeza, la forma de la Les Paul visualmente representaba el sonido que yo queria producir.

Encontrar la guitarra fue como encontrarme a mi mismo, me definió, me dio una razon. Era como un outlet creativo que me permitio conocerme a mi mismo. La confusion de mi adolescencia paso a un segundo lugar; tocar la guitarra me dio una meta. No escribia un diario, no podia

volcar mis sentimientos alli, no podia ponerlos en palabras ni expresarlos de manera constructiva, pero la guitarra me brindo claridad. Amaba dibujar, esa era una actividad que ponia mi mente en blanco, pero no me permitia reflejar totalmente mis sentimientos. Siempre envidie a los artistas que pueden expresar lo que sienten por medio del arte. Hallé en la guitarra el vehículo que me permitia exteriorizar mis emociones, lo

Referencias

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