SATURNO/KRONOS & EL DON DE LA MELANCOLÍA ENRIQUE ESKENAZI
Transcripción literal por Lluis Gisbert del seminario que tuvo lugar el 7 de mayo de 2005
El tema que trataremos hoy es una constante en la historia de la humanidad, sobre todo en la historia de Occidente, la que comienza con los griegos hasta ahora, aunque este tema pueda ir más allá de la cultura occidental. Lo que hoy se llama el trastorno depresivo, o desorden bipolar con énfasis en uno de los dos polos, que estadísticamente está considerada la plaga psicológica de la segunda mitad del siglo XX y de la que se preve mayor expansión en el siglo XXI. Es un tema que sale en los periódicos, que preocupa a los gobiernos por cuestiones económicas, ya que el número de bajas por depresión es altísimo.
Hoy en día la depresión es un tema médico, que se enfoca desde una perspectiva médica, psiquiátrica y en el mejor de los casos psicológica. Por lo tanto es un tema en el que la gente tiene poco que decir, ya que está reservado a ser tratado por especialistas como una patología. Pero esto que hoy es terreno médico, hubo un tiempo en el que fue considerado un fenómeno frecuente, nunca normal (por lo que siempre hubo una preocupación por lo que hay ahí), pero si relativamente usual, aunque no sólo en términos de enfermedad grave, que es como se lo trata actualmente
Es un tema difícil de descifrar (en manuales psiquiatría, estudios de psicólogos, análisis de otras
culturas), pero si lo investigan, lo único que sacarán en limpio es que no se sabe lo que es, porque puede ser o un síntoma, es decir una conducta que acompaña a muchos y diversos estados de ánimo, puede ser un síndrome, o sea un conjunto de síntomas o puede ser una enfermedad.
La vaga idea más común es que una de las características de la depresión sería la tristeza y el miedo continuados, en especial el estado bajo de ánimo. Las palabras son muy significativas "estado bajo de ánimo" (estar en pleno bajón, estar decaído).
Antiguamente se le llamó hipocondría (aunque ese concepto hoy varía): hipocondría tiene una asociación con el cuerpo, ya que proviene del hipocondrio, una región donde se localizan la cola del páncreas, el bazo, el ángulo "esplénico" del colon y más profundamente los riñones. El hipocondrio es también como los griegos llamaban al bazo. El bazo es un órgano que en inglés se llama "spleen" (de ahí la mención de "esplénico"), que es una manera de llamar a la tristeza sostenida: "el spleen", que pasa al castellano como "esplín" (s. XIX), que es estar bajoneado, triste, sin ánimo.
Otra de las características es falta de energía, aunque esta no está tan clara, ya que algunos dicen que es falta o exceso de energía; o mucha pasividad, o exceso de actividad, o se duerme mucho, o se duerme poco.
Todos sabemos qué es la tristeza, estar sin ánimo, en algunos momentos todos estamos bajoneados, todos sabemos que es encontrarnos sin energía, todos en algunos momentos dormimos poco, o dormimos mucho. Es posible que todos conozcamos (aunque no lo llamemos así), lo que es la depresión. El nombre de depresión es relativamente nuevo, porque el nombre original fue melancolía. Es una palabra griega que proviene de "melas", que quiere decir negro, como en "melanina" (el negro nos acompañará toda la tarde).
Ejemplos: humor negro, pensamientos negros, lo veo todo negro, me asaltan negros presentimientos. El negro en nuestra cultura está asociado al luto, al duelo, a la muerte. Ponerse una cinta negra en señal de
que se está de duelo. La negrura está asociada a este negro original de la palabra "melas".
Melas-kolé: Kolé en griego quiere decir bilis. Está asociado a los procesos biliares. "Hepatocolagogo" es un fármaco que sirve para acelerar el movimiento de la vesícula biliar. O sea melas-colé quiere decir la bilis negra.
Esto se conecta con una teoría muy antigua, del siglo V a.C, con una descripción de tipos humanos de acuerdo a humores básicos. Este casi al inicio de la medicina occidental, al proponer que hay 4 humores fundamentales. Humores son líquidos y estos 4 humores fundamentales de cuyo equilibrio dependería la salud, eran: la sangre, la flema, la bilis o bilis amarilla y la bilis negra (como 4º humor).
Lo curioso es que si bien a la sangre la podemos ver, ya que sufrimos pérdidas de sangre, o a la flema o incluso a la bilis amarilla cuando vomitamos, no se ha visto la bilis negra en el ser humano. Pero se le llamó negra porque en aquel entonces el negro ya estaba asociado a la oscuridad, la tristeza, los pensamientos negros, lo que no se sabe, etc.
Ya desde los comienzos, el 4º temperamento, el melancólico o de la bilis negra, es el del humor negro, de la tristeza, atribuído a un humor que nunca se vio. Los tipos humanos se dividían en 4 tipos según el humor predominante.
Esta es la teoría de Hipócrates de los 4 temperamentos, que decía:
1º) temperamento sanguineo: Aquellos en que predomina el humor de la sangre, son de temperamento sanguíneo. La sangre no solo es un líquido, al menos no para nosotros en esta tarde en que nos referimos al cuerpo y su correspondencia con el carácter, a través de la metáfora. Todo lo que se encuentre en el cuerpo es lo que la fantasía de la mirada del investigador permite reconocer.
La preocupación por la sangre, el interés por la sangre, iba asociada a la connotación metafórica de la sangre, como fuente de vida, de nobleza, de aspiración, de pasión y de valor.
Por ejemplo: es de buena sangre, parece que no tuviera sangre, es de sangre fría o caliente, me bulle la sangre. En todas estas expresiones no estamos hablando meramente de lo que corre por las venas, sino como metáfora de un estado de ánimo. El temperamento sanguíneo se vio como el más noble de los temperamentos, y por lo tanto de asoció al carácter aéreo, sociable, espontáneo, vital y desde que nace, ya nace bajo el signo positivo.
Al 2º temperamento colérico: se lo asociaba con la bilis amarilla y a este se le llamaba el colérico. Era aquel en el que dominaba la bilis amarilla y se asociaba con emprendimiento, entusiasmo, demencia, excitación, energía, irritación y todas las cualidades que más tarde pasarán a ser características del Dios Ares o Marte (dios de la guerra, las batallas y el coraje)
El 3er temperamento flemático: en el que predominaba la flema; como cuando se habla de "la flema inglesa". Ser flemático es tomárselo con calma, ser adaptable a las situaciones, a diferencia del colérico, no ofrecer resistencia, "si viene así te adaptas a lo que viene". Es un carácter más pasivo, tranquilo, y no tardó a ser asociado a los rasgos de la Luna, con lo cual el flemático y el lunático no están muy
separados.
El 4º temperamento, el de la bilis negra, el melancólico, fue el más difícil de definir, tanto como difícil de observar la bilis negra. En el origen se le llamaba melancolía a un estado profundo de tristeza y de temor, sentimientos de persecución, miedos irracionales, desánimo, seguidos de momentos de excitación y de vehemencia, lo qué más tarde se llamó locura. Todo tipo de locura caía bajo el nombre de
melancolía, como lo que se llamaba "licantropía": licántropo era aquel que de su locura se creía un lobo y aullaba por los bosques.
Por lo tanto hipocondría; lo que hoy llamaríamos paranoia, desánimo, excitación, furia, tristeza, epilepsia etc., todo esto encerrado bajo el nombre de melancolía, ya en esa época. Es lo que hoy diríamos "está mal, es negro, es oscuro" y claro los pobres melancólicos pasaron a ser los portadores de la sombra. Al
fin y al cabo, entre la negrura, la oscuridad y la sombra simbólicamente hay mucha conexión y así el melancólico pasó en los manuales a ser descrito como aquella persona de la que no te puedes fiar, desconfiada, taciturna, con pensamientos ocultos, avaricioso, el que emplea artimañas, y no tardó a extenderse al cuerpo como los morenos, las personas de tez oscura.
O sea que la tradición de ver en el moreno lo malo, es muy antigua; es griega, por lo que los racistas ya pueden remontar su linaje a los griegos. Por ejemplo; eso de que en los años 50 en la publicidad
española, se prefería a los rubios o rubias y los niños y niñas eran modelos que correspondían más a la tipología nórdica que a la mediterránea, viene ya de esta asociación. Los morenos, no solo son oscuros de tez, son oscuros en el alma.
Lo que se daba por supuesto, es que un poco de bilis negra es necesario, porque esta ayuda compensar y coagular la sangre. La salud era entendida fundamentalmente como equilibrio de humores, y más tarde los 4 temperamentos se vincularon indefectiblemente a los 4 elementos.
Correspondencia entre los 4 humores y los 4 elementos:
La correspondencia era entre el fuego y el colérico que es fogoso, irascible, excitable. El aire asociado al sanguíneo, social, rápido, alegre, adaptable, comunicativo.
El agua asociada al flemático, por lo tanto más bien lento, pasivo, fluido, lábil, lunar.
Finalmente el melancólico, la bilis negra que le correspondía la tierra: hosco, resistente, cerrado, tozudo, pesado, contenido.
En astrología los signos de tierra han recibido tristes descripciones; y eso ya los nacidos en el siglo XX donde ya estaban mejor vistos, pero los nacidos desde la época de los griegos hasta Ficino que fueran de tierra, tenían que cargar con los rasgos de: pedestres, torpes, lentos, miserables, desconfiados,
avariciosos, de pensamientos escondidos que nunca se manifiestan, que sienten inclinación por las ropas viejas y sucias, por los lugares siniestros, les atraen las comidas de malos olores, etc.
La descripción es espantosa, y esa descripción pasó al patrimonio popular, especialmente en la Edad Media, incluso en los años 50 todavía había unos calendarios donde venía una descripción muy breve de los 4 tipos humanos, y el de la tierra era oscuro y el malo de la película. La conexión entre lo malo, lo sombrío, lo oscuro, lo opuesto a lo translúcido y transparente, era así asociada a la tierra.
La tierra, la terrenalidad, cuando ya predomina el cristianismo (y que será característica también del pensamiento gnóstico y hermético) se va asociar a "mundo, carne y demonio". La tierra relacionada con el mundo del cuerpo, y el cuerpo sentido como prisión (soma-sema, decían ya los pitagóricos: "cuerpo-tumba") y de aquí que los terrenales sean lentos, apegados, miserables, interesados, torpes y tendientes a la inercia.
De hecho la descripción de los 3 signos de tierra nunca ha tenido el vuelo, la inspiración del fuego, de los nunca mejor dicho 3 luminosos signos de fuego.
Virgo: analítico, desconfiado, ahorrativo y crítico.
Capricornio: Durante mucho tiempo cargó con la marca de ser el signo satánico por excelencia y fue el portador de la melancolía y la ambición aprovechada y calculadora.
Tauro: Torpe, avaricioso, lento y apegado.
En resumen, triste concepción acerca de la tierra. Sin embargo a lo largo de los siglos también se reconoció en la melancolía alguna virtud.
La bilis negra y la coagulación de la sangre: Como decía, la bilis negra es necesaria para la coagulación de la sangre, da consistencia y por eso se reconoce en el carácter terroso o melancólico una mayor consistencia y practicidad: dotes de organización, concreción, realización.
El problema, decían los antiguos, es que cuando se excede entonces empieza a predominar el rigor mortis, demasiado pesado, lento, inmóvil, quieto y letárgico. Pero a su vez, había la curiosa idea de que
si esta bilis negra se calentaba demasiado (se llamaba melancolía adusta), entonces los humores negros subían al cerebro y producían lo opuesto a la depresión: estados maníacos de delirio, de pérdida de conciencia, irracionalidad, estados esquizofrénicos, etc.
Por lo tanto la bilis negra era la causante tanto del máximo bajón, como de la hiperactividad. Había que mantenerla en control para que no ardiera y llevara al delirio, ni para que se enfriara al punto de llevar a la inercia.
Esta teoría ha atravesado toda la cultura occidental (la de los 4 temperamentos) así como la teoría de la bilis negra como responsable de la melancolía.
El libro de "Los problemas" (Problemata, en griego) hoy se suele atribuir a Teofrasto, discípulo de Aristóteles, aunque durante muchísimo tiempo se creyó que lo había escrito el mismo Aristóteles. Forma parte fundamental de la historia de la melancolía la aparición en el Siglo II a.C de este texto muy
influyente atribuido a Aristóteles (hoy sabemos que no es de él, y por eso aparece como "Pseudo-Aristóteles").
El libro se llama "el libro de los problemas" (Problemata) y el Problema nº 30 que aborda el tema de la melancolía, comienza con la siguiente cuestión:
...Por qué será que los grandes pensadores, los grandes políticos, los grandes artistas y los hombres de gobierno han sido melancólicos...
Con esta pregunta se está atribuyendo a la melancolía el rasgo antitético al usual, es decir, el melancólico no solo puede ser la persona condenada a la torpeza, a la fatalidad, la locura, la avaricia y la
desconfianza, sino que la misma melancolía puede, curiosamente, producir hombre geniales.
Esta pregunta también atraviesa Occidente; ¿cómo es posible que la melancolía, el mayor de los males del cuerpo y del alma, sea tan frecuente en los hombres geniales?
Hasta hoy ha llegado la convicción de que una persona genial es una persona un poco loca, o bastante infeliz; la asociación del genio y el infeliz; "los genios no son personas adaptadas, ni pueden ser felices". Hay cantidad de artistas que personifican esto e incluso que pasaron por el manicomio (los que no acabaron allí). Incluso los que no han pasado por el manicomio (Van Gogh), pero que nunca se han comportado como personas normales y adaptadas. Si uno mira la historia hay de todo en la viña del Señor y hay grandes músicos que han sido, vista su conducta, perfectamente normales y adaptados (J. S. Bach con muschísimos hijos, varios de ellos grandes músicos, y una vida relativamente estable, próspera y feliz).
Es más: predomina la fantasía de asociar la genialidad con la inadaptación y con la melancolía, aunque quizás también haya algo. Pero como sabemos, todo lo que estamos viendo habla poco de lo que la melancolía sea , pero habla mucho de la manera en que los hombres han imaginado lo que hay o puede haber en la melancolía. Lo que sabemos no es qué sea la melancolía, sino cómo se la ha estado mirando: desde el comienzo asociado con el negror, la tristeza, desde el comienzo asociado con un toque de infelicidad y de miseria anímica.
En realidad, antes de Aristóteles fue Platón el que, en un Diálogo maravilloso y poético, ya hace una asociación entre la manía, que es una palabra griega para locura exaltada, no para locura depresiva, sino para aquel estado en el que una persona se encuentra poseída, o sea el estado de posesión, de delirio, que se traducirá como "furor".
Platón hace la observación de que la manía es el resultado de la acción de un daimon, es decir, de un ser intermedio entre los dioses y los hombres que es un mediador a través del cual un ser humano entra en contacto con los dioses (y viceversa).
El Eros (como amor) es uno de esos Daimones, que cuando desciende a un hombre, este hombre se encuentra fuera del control porque se encuentra habitado por una llamada divina.
A esta manía, que más tarde en el latín se traduce como furor (no furor de furia como se entiende hoy, sino furor como posesión "demoníaca", exaltación entusiasta). Cuando hablamos de Daimon, no es como un diablo judeo-cristiano, sino como un Genio, como un agente de los dioses que irrumpe (recordemos que el amor es un Daimon, tal como lo explica Platón en su inmortal "Banquete" o "Simposio").
El estado furioso es el estado de entusiasmo y la palabra entusiasmo viene de en-theos (en dios), el entusiasmo es el estado de unión con (o incluso posesión por) un dios.
Platón, en el Fedro, le hace decir a Sócrates que hay 4 tipos característicos de manía (que proviene de arriba, del llamado de los dioses): el estado del furor erótico del enamorado, el estado del furor demónico del profeta o la pitonisa, el estado del poeta inspirado por el númen, el filósofo enamorado de la sabiduría o Sofía. El profeta, el poeta, el sabio y el enamorado son maníacos en el sentido de que en ellos habla un dios.
Esta idea tan hermosa también recorre Occidente, con lo cual esta forma de divina locura se conecta desde el origen con la pérdida de conciencia a través de la cual ya no eres tú, sino que un dios habla a través tuyo, es una caso de manía, de furor (nunca de depresión) y también abarca algo de lo que hoy llamamos locura (de estar "loco de atar"), Platón lo relaciona con un estado en el cuál un dios te posee, con lo que le da una estatura a la locura muy lejana a la que tiene a partir de la Edad Media.
En la Edad Media el tema del inspirado, del furioso (como en el libro de Ariosto, el Orlando Furioso, no es que Orlando esté enfadado, ni "furibundo", sino poseído por el Dios de la manía, también se puede decir exaltado, Orlando inspirado). Por lo tanto el furor erótico es el estado de posesión por un dios que te entusiasma y te exalta.
Platón le da una categoría divina o semi divina a la locura. Muchas cosas tienen que haber pasado para que se vea en la locura un fallo cerebral; esto es impensable en la perspectiva de Platón. En realidad la historia de la locura, que es una cosa que no se sabe lo que es, ya que la palabra locura se usa para todo lo que no se sabe, para todo tipo de conductas que rompan la conducta normal, usual. Pero sea lo que sea que pasa ahí nadie lo sabe y por lo tanto se ha intentado explicar, pero cada explicación depende del contexto cultural, de la época, etc.
Esta imagen del loco sagrado de Platón forma parte de la figura mítica: "el loco sagrado", "el loco inspirado", hasta el bufón del Rey Lear, el tonto es el que más sabe, por su boca habla la verdad; es una imagen antigua y poderosa también.
Claro que han tenido que cambiar bastante las cosas para que se vea en el loco un deshecho humano. En el momento en que el alma se empieza a identificar con la razón, la locura se define como un fallo en la capacidad de raciocinio. La locura es entendida por lo tanto como un problema de la mente, entendiendo por mente la capacidad de razonar y de ahí el demente (de-mente). Por lo tanto se entiende como un fallo intelectual, un fallo en el conocimiento, el loco es una criatura que no razona adecuadamente.
Pero no siempre fue así; el inspirado por el furor divino, o por los furores heroicos o eróticos, porque hay muchas clases de furores, no era alguien que no razonaba, era alguien que trascendía, que estaba en un estado anímico, y no solo mental, en el que hablaba un dios.
Pero cuando el alma se va identificando con la mente y mucho más tarde la mente con el cerebro, ya con mucha fuerza a partir del siglo XVIII, y después de la Revolución Francesa y luego todo el s. XIX hasta ahora, predomina en Occidente la premisa de que "sólo es real lo mensurable, observable y
experimentable", "solo es real lo que tiene cuerpo o se reduce a cuerpo". Luego los trastornos que entonces nadie consideraba mentales (la mente ahora solo puede ser real en la medida que se identifique con el cerebro) son remitidos a la hipótesis ya fuerte en el s. XIX, de que la locura es un problema cerebral, un cerebro que está diezmado, que no funciona bien.
La reducción histórica de la locura como un estadio entre lo humano y lo divino, a la idea de la locura como una alteración de la capacidad de raciocinio, hasta la convicción de que la locura es un problema fisiológico, ha abarcado siglos en los que han cambiado las cosmovisiones.
Yo no se si Platón tenía o no razón, nadie lo sabe, pero lo que sí es cierto y se puede observar es una progresiva comprensión de la locura en su fase maníaca o depresiva, como una manifestación carente de alma, es decir: problema del cuerpo o problema de la razón, de la mente, de lógica, como si se hubiera perdido de vista la enorme dimensión que incluye la fantasía, el sentimiento y el deseo. En Occidente ha habido una progresiva y cultural pérdida de alma, es decir, de reconocimiento de que lo anímico sea real y esa pérdida de alma ha llevado a la identificación de la depresión como un trastorno genético o como un problema químico, de ahí el intento de respuesta química ante la depresión.
Hay incluso hipótesis (que empezaron en el siglo XIX) que dicen que la depresión, al igual que casi todas las alteraciones psíquicas pueden ser genéticas. Cuando se dijo esto fue como una maldición, un estigma, que llevó a avergonzarse e incluso ocultar en lo posible la situación, pero es interesante para ver las atrocidades que se pueden cometer en lo que no se conoce y es así campo de proyección de los propios temores. En lo desconocido siempre se ha visto lo que existía oculto en el que miraba y por lo tanto el loco, el depresivo, el histérico, el psicótico, etc., son todas palabras que han sido portadoras de la sombra o la oscuridad de los "normales". Lo que la persona sensata y normal desconoce y teme es lo que ha sospechado e inevitablemente ha proyectado ante lo desconocido. Es el caso de la locura y de la depresión donde se refleja poco del que la padece, pero mucho acerca de quienes la diagnostican y la tratan.
En el siglo XIX con la progresiva identificación entre psique y cerebro la depresión se trata como una enfermedad más que como una posesión "demoníaca" o un "pecado" (y ésto fue bueno en el sentido de que antes del siglo XIX y XVIII, a lo largo de la Edad Media y parte del Renacimiento, con la excepción de Marsilio Ficino, la historia de la locura que en la Antigüedad era la historia de la posesión por dioses o de una alteración de la oscuridad inherente en el ser humano y la melancolía, con el advenimiento del cristianismo y su establecimiento lento como ideología y trasfondo ideológico de occidente, el loco y el depresivo pasó a ser considerado un endemoniado. Ya no el Demón platónico que eleva al hombre y lo pone en contacto con los dioses, sino demonios infernales representantes del pecado).
Al comienzo de la Edad Media se empieza a reconocer, en lo que antes se llamaba melancolía, una manifestación demoníaca que asola principalmente a los monjes de la Tesalia que se retiran al desierto en ascetismo y meditación. Esta enfermedad típica de los monjes de entonces se llamó acedia o accidia, palabra que poco se conoce ya (a no ser los que han tenido buena formación religiosa). La acedia es considerada como un pecado.
Los cenobitas (monjes de retiro) acediosos, se hallaban sometidos a los asaltos de los demonios. La mayor parte de los espíritus malignos aparecían a la llegada de la noche, pero había uno, un enemigo de mortal sutileza que se paseaba sin temor a la luz del día, y a quienes los santos del desierto lo llamaban el demonio del medio día (daemon meridianus), pues su hora favorita de visita era bajo el sol ardiente el medio día (el Meridiano). Estas siestas terribles en el desierto en que en medio del calor ardiente del medio día, la hora de la siesta, que para los griegos clásicos era la hora del dios Pan (que cuando toca su cuerno, genera el "pánico" en la naturaleza). Para los monjes cristianos es la hora de la merma del deseo de vivir, la experiencia de un vacío tan grande, del tiempo detenido; imaginen en medio del desierto un
calor abrasador, ni un ruido, el tiempo detenido, el vacío. El monje acedioso ya no puede orar, ni meditar, ni puede quedarse en su celda, sale afuera y vuelve a dentro, pero adentro ya no puede estar, empieza a vagar sin sentido por el desierto, pierde el ánimo para trabajar, no se concentra en sus oraciones y deja sus obligaciones, sus meditaciones y su oración.
La acedia que empieza a sentir (no solo los monjes de retiro, sino también en los conventos y
monasterios) y que es una forma de lo que hoy llamaríamos depresión, se entiende entonces como un ataque de un demonio; el demonio de mediodía, el daemon meridianus.
Hay un bonito libro sobre la depresión que se llama justamente así: El demonio del mediodía. La acedia se consideró uno de los pecados capitales y se ha asociado, pero sin identificarse, con la pereza. De hecho la falta de ganas de trabajar, de interés y de capacidad de concentración eran una de las
consecuencias de la acedia, pero la acedia era el estado de posesión por un demonio que había que evitar, o la consecuencia de una culpa.
A lo largo de la Edad Media la acedia es considerada la consecuencia del pecado original. El hecho de que por bueno que seas, has nacido con pecado original (la culpa primordial anterior al nacimiento), puede atacarnos en la vida en forma de acedia. Luego la acedia es una forma de castigo por el pecado original.
Santa Teresa, ya en el Renacimiento, habla con dureza acerca de las monjas acediosas, considerándolas unas vagas con las que hay que tener "mano dura", no hay que atenderlas ni hacerles caso, hay que encerrarlas, darles duchas frías y castigarlas. Consideraba -como todos en su tiempo- que la acedia es un vicio y un pecado."Si no bastaren palabras, sean castigos: si no bastaren pequeños, sean grandes; si no bastare un mes de tenerlas encarceladas, sean cuatro, que no pueden hacer mayor bien a sus almas" Al final de la Edad Media y con el Renacimiento las cosas cambian (luego hablaremos con más detalle de ésto), pero inmediatamente después del Renacimiento, en la época de la Reforma y la Contrarreforma, del cisma en que las iglesias se parten, la cristiandad se separa, y que surge el movimiento de Loyola, nuestros pobres melancólicos se ven acusados de brujería y tratos con el demonio. A partir del S. XVI el loco y el depresivo se consideran endemoniados. Los famosos juicios de persecución de brujas que cundieron por toda Europa a partir de finales del S. XV, fueron muy fuertes todo el XVI y gran parte del XVII.
Hay un libro famoso el "Malleus Maleficorum" o "El martillo contra las brujas" que escribieron Sprenger y Kramer en 1485 para el papa Inocencio VIII, usado entre otras cosas para detectar cuándo había un caso de brujería a fin de exorcisarlo, o para quemar la bruja. Hay que leerlo porque es un manual de fantasía erótica y de miedos y represiones, se utilizaba en los juicios para determinar si una persona (normalmente mujeres), eran brujas o no. El libro puede considerarse como ua mezcla de misoginia, miedo a la sexualidad y superstición religiosa. Había por ejemplo una prueba tristemente famosa: meterla bajo el agua y hundirla con un palo; si es bruja sobrevivirá y si no lo es... pues mira. O tirarlas desde un precipicio y ya se verá después. A muchos locos y sobretodo a millares de deprimidos se los quemó implacablemente, después de haber sido torturados hasta confesar su adoración al diablo.
Por lo tanto fue bueno más adelante el paso de la consideración del deprimido como un poseso, un endemoniado, un pecador a ser considerado un enfermo.
Después de la Revolución Francesa los médicos sacaban a los deprimidos los grilletes, las cadenas, y les ahorraban los castigos, las duchas frías y empiezan a tratarlos como a un enfermo, y como un enfermo merecen respeto como seres humanos que padecen una enfermedad, y que ya no es considerado un aliado o un instrumento del demonio.
En este sentido hay una mejora de trato; no mucho mejor ya que más tarde son tratados bajo tandas de electroshock, la terapia eléctrica. Se pasa del trato con el demonio a terribles tratamientos físicos, purgas espantosas, sangrías y aplicación de corrientes eléctricas.
Toda esta historia, es la historia de las sucesivas agresiones que se han ido practicando a partir del final de la Antigüedad sobre los locos y los deprimidos. Agresiones quiere decir que con el pretexto de "ayudarle", el depresivo ha sido el portador del rechazo y de la rabia del "sano o normal" ante lo desconocido.
Todas las terapias aplicadas, o casi, hablan de violencia, por ejemplo con lavativas tremendas; la idea de que la bilis negra coagulaba, enfriaba y secaba hacía que se aplicaran tratamientos arduos y penosos para curar, como la administración del eléboro, que es una planta asociada a Saturno y a Marte, que tiene tremendas cualidades agresivas, purgantes e irritantes, es decir: venenosa y que en cantidades grandes puede provocar la muerte
La raíz de eléboro, sus preparados, llevaban a pérdidas de sangre, vómitos, pero se creía que si se perdía sangre, ésta podía circular mejor, de ahí la idea de las "sangrías" tan frecuentes en el pasado. Incluso hubo la asociación de la hemorroides con la depresión, en el sentido que la hemorroides (como pérdida de sangre) y la pérdida de sangre por el ano, se consideraba buena, ya que se suponía que la sangre volvía a fluir y no estaba tan coagulada por la bilis negra. A su vez, los coágulos oscuros de sangre, se veían como bilis negra que se estaba eliminando. Se han producido muertes por derrames tremendos provocados por exceso de eléboro negro.
Por lo tanto el tratamiento siempre ha sido también implícitamente un castigo.
En el S. XIX con la mayor identificación de alma-mente -cerebro, empieza el intento de localizar lo que llamamos alma en zonas cerebrales (este trocito de cerebro rige la memoria, este el lenguaje, este los sentimientos). O sea el sentimiento es el resultado del funcionamiento de un trozo de materia, la memoria de otro trozo de materia y de ahí viene la idea a finales del XIX y comienzos del XX de aplicar descargas eléctricas en el cerebro, tratamientos electro-químicos, que evidentemente crean una potentísima
alteración; pero es que si te ponen electricidad en los testículos seguro que también se produce una alteración. Esto, naturalmente, no es una prueba de que el alma está en los testículos.
El que introdujo la terapia eléctrica fue un italiano fabricante de aviones y de motores de alta velocidad, o sea alguien que vivía en la industria de la velocidad y consideraba que había que acelerar y transformar las actitudes de aquellos que estaban detenidos. La depresión es la quietud y la quietud es mala ya que la actividad se identifica, en esta posición "de aceleramiento", con la salud.
La historia de todo esto es bastante sórdida pero si uno la lee con cierto desapasionamiento, y es difícil no ponerse en el lugar de aquel que es apaleado, encadenado, sometido a duchas de agua fría, a
tratamientos eléctricos, a purgas terribles, etc., como digo si lo podemos mirar un poco
desapasionadamente, aunque no podamos saber qué les pasaba realmente a aquella gente deprimida o melancólica, podremos ver lo que sí pasaba por la imaginación de los "normales" y los "terapeutas" de su tiempo.
Cuando llegamos a nuestra época, todavía hoy (y esto se puede consultar en Internet) se considera que la terapia eléctrica, de descarga eléctrica, es lo más eficaz para la depresión, más aún que la terapia química (hoy no se aplican corrientes al grado de dejarte aturdido, ahora se hacen en mínimos grados), porque es la que produce resultados más permanentes.
La terapia química a partir de los 50': La terapia química, que comienza fuerte a partir de los años 50' también tiene un elemento de fantasía muy grande, ya que la depresión se considera un problema de conexión entre las terminales nerviosas, que estas terminales no se pasan los datos adecuadamente, y tratan de activar aquel tipo de hormonas que aumente o favorezca la conexión, o por el contrario inhibir la función de otra hormona que pudiera estar alterándola.
De los primeros antidepresivos (con muchos efectos secundarios) se pasa a los ansiolíticos (menos nocivos).
Luego viene la época del litio, que en griego quiere decir piedra. Un estudiante sueco descubrió una sustancia química en las piedras más cercanas a un río y el litio resultó demasiado barato y accesible para ser distribuido por las industrias farmacéuticas (estas no venden lo que cura, sino lo que da dinero). El litio al principio era demasiado accesible y se tardó en experimentarlo y tomarlo en serio y hoy en día ya hay sustancias más nuevas. Pero todas ellas se basan en el intento de parar la depresión, para, evitar, frenar esto, un síntoma de origen físico, genético o químico y se tiene que combatir químicamente. Hay una sola duda y es ¿cómo puede ser que una "enfermedad" atribuída a la química no se pueda diagnosticar por ningún análisis químico? No se diagnostica la depresión por un análisis de sangre o celular para ver si hay un fallo químico, se trata químicamente aquello sobre cuyo origen, sentido y manifestación se ignora totalmente. También podríamos tratar químicamente cualquier estado de ánimo, pero esto no implica que los estados de ánimo sean de origen químico. Por lo tanto la depresión sigue siendo un misterio.
Lo que es la depresión no se sabe y luego empiezan a surgir las clasificaciones de las depresiones; resulta que no hay una sino que hay un montón y entonces está la depresión exógena, la endógena, la
melancólica, la depresión psicótica, la depresión con o sin delirio y de repente es todas las cosas. Se empiezan a poner rótulos y distinciones, en lugar de ayudar a comprender, están diversificando el no sabemos qué.
En todos estos intentos por acercarse a la depresión o melancolía hay dos momentos fundamentales, (en la cultura occidental) respecto el tratamiento de la depresión o melancolía. Uno es en el Renacimiento Marsilio Ficino y a partir de comienzo del S. XX, gracias al regreso lento del alma como realidad, gracias a aquellos que empiezan a otorgar a lo anímico una realidad no reductible a la física, los que empiezan a entender que el alma puede ser causa y no efecto, aquellos que dicen "el alma es origen y no consecuencia de" y esto ocurre realmente con Freud, con el psicoanálisis, la psicología profunda.
Un colaborador de Freud alrededor de 1915, Karl Abraham, es el primero (salvando a Ficino) que en lugar de querer combatir la melancolía, la depresión, intenta ver qué dice el alma en la depresión, representa un intento de comprensión y explicación en términos puramente anímicos. Hasta ahora se ha explicado físicamente, luego astrológicamente, o religiosamente, ya sea por medio de demonios,
recurriendo a la anatomía, a través de la química, pero por primera vez se acerca alguien a la depresión en términos de alma, a partir del S. XX.
Es el primer intento de decir que pasa en una depresión en términos de alma, y no "vamos a hablar de genes, de bilis, ni de cerebro", sino "vamos a hablar de estados de ánimo".
Hubo un texto que fue precursor en el enfoque anímico de la depresión, de Freud (1915) y publicado un poco más tarde, que es fascinante, no digo que sea verdad ya que aquí no estamos en el terreno de la verdad, sino en el terreno de ¿Cómo los seres humanos nos acercamos a este tema? Y realmente a partir de Freud el acercamiento a este misterio es un acercamiento desde el alma ¿que ocurre en el alma? Nada de lesiones cerebrales, nada de proteínas, grasas, nada de sangre coagulada; habla de fantasías, temores, deseos que es lo que habita anímicamente.
Freud descubre un continente nuevo, asocia la melancolía a un estado muy conocido por todos nosotros: el estado de duelo. ¿Qué pasa cuando muere alguien amado, cuando pierdes un objeto esencialmente querido? Desaparecen las ganas de vivir, hay un hundimiento, un bajón, se lo ve todo negro, no hay ánimo para vivir y se detiene el tiempo.
Esta fue la idea; no intentar reducir un duelo a un fallo químico cerebral, sería el colmo que alguien que está triste porque se le ha muerto un hijo se le dijera que tiene una tara cerebral. Todos entendemos el estado de duelo como un proceso psicológico. Freud fue el primero que dijo que la depresión es como un
duelo. Pero hay muchas diferencias con un duelo, porque en el estado de duelo, de pérdida de un objeto, uno sabe que ha perdido algo, mientras que en el depresivo, éste no sabe qué ha perdido
Por eso hacer un duelo, proceso lento que toma tiempo en recuperar toda aquella energía vital puesta en el objeto y que el objeto se ha llevado y recomponerla hasta que encuentre un nuevo objeto. El duelo se puede elaborar porque se sabe que el objeto se ha perdido, pero en la depresión si no hay objeto ¿Cómo se puede elaborar un duelo? ¿Qué es lo que se ha perdido?
Esa es la gran pregunta y ahí vienen las grandes hipótesis anímicas de Freud, que más allá de verdaderas o falsas, permiten acercarse a lo que pasa en el alma, a sentimientos, fantasías, estados de ánimo, sin recaer en la biología. En su intento de dar cuenta de la melancolía, de la depresión, Freud propondrá unas hipótesis imaginativas extrarodinarias que vinculan la depresión con la culpa, y para explicar la culpa apelará al elemento represivo, censurador, la instancia psíquica vinculada con la Muerte que llamará "Super Yo". Volveremos a esto más adelante, después de darnos un paseo por la asociación de la melancolía con el dios (y por ende con la mitología) y el planeta Saturno (y por tanto con la astrología). Ya hemos visto que desde que surge la depresión, surge asociada al color negro, a la bilis, a la tierra y al temperamento terrenal definido como frío y seco.
Los 4 elementos, 4 temperamentos no tardaron en asociarse con las 4 cualidades primordiales, esto es muy antiguo; en lugar de hablar de tierra, agua, aire y fuego, se hablo de húmedo, seco, caliente y frío. Todos los estados se pueden considerar como una gradación entre cuyos extremos está el calor y el frío, entre sequedad y humedad. De esto salen 4 combinaciones:
Caliente y seco asociado al fuego; Caliente y húmedo asociado al aire; Frío y húmedo asociado al agua Frío y seco asociado a la tierra.
La frialdad implica una falta de expresividad, como cuando decimos "que fría es una persona"; estamos diciendo lo opuesto a cálido.
Cálido quiere decir que es expansivo, jovial (viene de Júpiter, joven).
Frío quiere decir callado, poco expresivo, contenido y naturalmente se asocia con la muerte, los muertos están fríos. Una de las cualidades de la vida es precisamente es el aliento y el calor, pero cuando
morimos nos enfriamos. El enfriamiento es extremo en la muerte, la muerte puede ser considerada fría, pero también la pérdida de calor la asociamos con el envejecimiento, en la vejez tendemos al frío, se enfría porque disminuye la actividad vital, de ahí que la vejez, la oscuridad, la muerte, la melancolía y la tierra estén todos asociados.
Eje seco - húmedo:
Frío y seco; fijémonos cuando decimos "que persona más seca"; seco quiere decir que no se funde y esto va a ser importante para la consideración de Saturno.
No se funde, un seco mantiene los límites, preserva el límite, no se disuelve el límite y por lo tanto contenido, inexpresivo.
La idea de muerto lleva a la idea de rigor mortis, contenido, congelado, volvemos a la bilis negra coagulada, cristalizada y una negación del principio de fusión, de mezcla, que es lo que permite unirse. Es así que el temperamento melancólico se asociaría con el solitario; un solitario está retirado, retraído. Todo esto que viene de la filosofía y de la medicina, inmediatamente se va a llevar a la astrología que es una disciplina mucho más antigua que la filosofía y el pensamiento griego, pero que entra en occidente vía griegos.
Ya los babilonios hablaban de los planetas no como planetas sino como dioses. Los babilonios y los antiguos caldeos también cuando miraban al cielo no veían piedras, se veían dioses. No había separación entre planetas y dioses, es más, lo que se veía brillando en el cielo se consideraba la manifestación de una esfera divina.
Los griegos de todo lo que brilla en el cielo, aparte de Sol y Luna, solo ubicaron una estrella, un planeta, que ellos creían que eran dos. Una estrella que brilla en el horizonte al amanecer y al atardecer que era la única que conocían y además creían que eran dos. En la época de Pitágoras se llegó a saber que era la misma estrella y que hoy llamamos Venus.
No conocían más; los demás planetas llegan a través de Babilonia a Grecia, y Grecia por lo tanto los recibe ya como dioses. Los babilonios sabían de la existencia de Marte, Júpiter y el más lejano de todos y muy difícil de ver y ubicar, que es Saturno. Estos planetas ya vienen investidos con cualidades divinas, es decir que los planetas son dioses y por lo tanto están encaminados en un tema religioso y místico; los planetas son vivientes.
Los griegos al panteón babilónico lo hacen corresponder al panteón griego.
Saturno, el más lejano de todos, el último del sistema solar, el límite y que se llama Saturno a partir de los romanos. Los griegos vieron en él a su antiguo dios Kronos, del que viene la palabra crónico, cronografía, cronometrar y por lo tanto lo que entendemos como sentido del tiempo.
En realidad no era el que determina nuestro sentido de tiempo, sino aquel dios terrible, asociado con un mito bastante impresionante que es el mito de la castración. También en el comienzo de la filosofía griega, se cuenta que había una diosa llamada Gea (tierra) y su hermano llamado Urano (cielo) de ahí uranografía que es el estudio de los fenómenos celestes.
Urano cubría y abrazaba con su manto de estrellas a Gea, así como el cielo abraza a la tierra y de esa unión surgieron hijos; hijos monstruosos que los griegos llamaban Los Gigantes, tan monstruosos que Urano escondía en el interior de la tierra y no dejaba salir; o dicho de otra manera, no dejaba salir del seno de la madre.
Gea, con el tiempo, atormentada de tener que contener a sus propios hijos, incubó un plan que fue ocultar una hoz afilada y trató de persuadir a sus hijos de que cuando Urano estuviera dormido lo castraran, le quitaran el poder. Ninguno de sus hijos se atrevió salvo el menor que se llamaba Kronos, de tal manera que cuando el padre estaba durmiendo Kronos incitado por su madre, coge la hoz y castra a Urano que pierde así el poder.
De los genitales de Urano separados del cuerpo de Urano, caen gotas de sangre a la tierra (a Gea) y de ahí brotan la Erínias más tarde llamadas las Furias.
Pero los genitales caen al mar y del contacto con la espuma del mar nace Afrodita, la diosa de la belleza y el amor.
Destronado Urano, el nuevo Rey, el que mandará es Kronos, llamado por los romanos Saturno. Hablamos de Kronos con todos sus hermanos, pero él se hace cargo, ya que fue el que los liberó, llamados Titanes; es la época de los Titanes.
La castración cíclica, la titanomaquia y el destierro de Kronos al Tártaro: Antes de morir, Urano le pronostica a Kronos que el padecerá su mismo destino y será un día castrado por uno de sus hijos. De forma que Kronos, casado con su hermana Rea, se encuentra en la misma que el padre, con una diferencia, cada vez que Rea pare, Kronos le pide a Rea que le entregue el recién nacido y se lo come y así se va comiendo a sus hijos, hasta que la historia se repite.
Rea angustiada de ver que sus hijos mueren, cuando nace el menor le da a Kronos una piedra envuelta en pañales. Kronos se traga la piedra y Zeus que es el hijo, es criado a escondidas del padre.
Cuando es mayor nuevamente coge la hoz y junto con su abuela le dan un veneno vomitivo a Kronos y este vomita la piedra y después de la piedra a todos los hijos que se había comido, que como eran dioses
eran inmortales, y salen, se alían con Zeus (el jovencito), se rebelan y comienza una guerra "la titanomaquia" que dura mucho tiempo, entre Kronos y sus hermanos y Zeus y sus hermanos.
Esta batalla finalmente la gana Zeus y Kronos que había regido sobre el cielo y la tierra es encadenado en las profundidades del Tártaro, del abismo, del sub-mundo, a donde permanece encadenado.
Así que Kronos pasa de ser el señor de todo lo que existe a ser el exiliado, el encadenado, el escondido en la profundidad de la tierra. Un dios que pasa de lo más alto a lo más bajo, del poder al exilio y al que curiosamente se le ha asociado que cuando él reinaba era una época de oro sobre la tierra.
La Edad de Oro se caracterizaba míticamente porque los humanos de entonces no tenían que trabajar, no envejecían, vivían en estado de inocencia y plenitud, la tierra regalaba sus frutos, no se conocía
enfermedad alguna y la muerte llegaba simplemente como un sueño.
La época en que gobernaba Kronos fue la época en que se hicieron leyes, se construyeron ciudades, regía la justicia y la bondad.
Una vez que triunfa Zeus cambia la historia de la humanidad y nace una raza menos desarrollada y comienza el deterioro de la humanidad.
¿Qué era sino un sueño de aquella época en que Kronos era el que mandaba y se vivía en una pureza, ingenuidad, abandono, casi identificado con la naturaleza?
Hay algunas leyendas que dicen que finalmente Kronos es liberado del Tártaro y finalmente se dedica a gobernar en las Islas Afortunadas, donde ahí ha vuelto a reinar la Edad de Oro.
Kronos no tarda en asociarse con Chronos que si era el señor del Tiempo, el que lleva el reloj, el anciano de larga barba. Kronos y Chronos forman una unidad por la cual el hijo de Urano, el Titán, el padre de todos los olímpicos, pasa a ser identificado con el otro Chronos que es el señor del tiempo y de la siembra y la simiente y la siega.
Chronos era un dios de la siembra, del tiempo que tardan las semillas en madurar. Los dos, Kronos y Chronos, se unen míticamente y pasan a Roma ya unidos y en Roma se llama, en lugar de Kronos, Saturno y pasa también a ocupar el puesto de una deidad también de la siembra, con la cual surge la ambigüedad de que la hoz por un lado simboliza la arma por la cual se castró, se acabó con el orden antiguo, pero también el arma con la cual se siega y se siembra, relacionada con las tareas agrícolas. Más tarde se asociará la hoz con el final de la vida y con la Parca, la imagen del esqueleto llevando la hoz (transformada también en una guadaña, que aparece con frecuencia en la iconografía posterior del "padre Tiempo") es una imagen posterior, medieval, también asociada al reino de Saturno.
Saturno, el límite del sistema solar y la regularidad de su órbita: Este mito y este planeta fueron identificados por muchas razones; una de ellas es que es el más lejano de todos y por lo tanto el más estable de todos.
Todos los planetas se ven en sus ciclos más o menos irregulares, salvo dos (el Sol y Saturno). Saturno es regular, tan regular que su ciclo además es el más lento de todos los ciclos (casi 30 años en dar la vuelta al zodiaco), marca una generación. Por lo tanto Saturno, el que custodia la estabilidad, más allá del cual está el reino de las estrellas fijas, el reino que más tarde se va a asociar a Uranos.
Saturno será el límite entre nuestro sistema, el mundo conocido y el abismo de lo desconocido. ¿Cómo Saturno pasa a ser asociado con la melancolía? Saturno, por aquella historia dramática de comerse a sus hijos, y que luego le quitan el poder, se empieza a asociar así con el exilio, la pobreza, la vejez, la depresión y su color; el negro. Siendo el planeta negro, el más oscuro de todos los planetas, siendo el señor de lo temporal (que está de la eternidad para este lado inmediatamente) la asociación con
la melancolía ha sido continua a través de la historia, de tal manera que a partir del siglo IX no hay reflexión sobre la melancolía que no se asocie con el dios Saturno.
Cuando en astrología uno se pone a estudiar a Saturno, te das cuenta que de Saturno se han dicho tantas contradicciones como se han dicho de la melancolía. Tanto el Saturno mítico como el planetario han sido considerados por un color más bien negativo, descrito por los atributos más antitéticos.
Por ejemplo astrólogos árabes fundamentales que trajeron luego la astrología a occidente dicen así:
En cuanto a Saturno su naturaleza es fría, seca, amarga, negra, oscura, violenta y áspera, a veces también es frío, húmedo, pesado y hondo. Come mucho y es sincero en la amistad, preside la ganadería y la agricultura, los propietarios de tierras, obras de construcción en haciendas, la medición de las cosas, la división de las haciendas, tierras y propiedad. La avaricia, la indigencia, los domicilios, los viajes por el extranjero, las estancias largas por el extranjero, los viajes lejanos y malos, la ceguera, la corrupción, el odio, la astucia, el fraude, la deslealtad, el retiro al interior de uno mismo, la soledad y la insociabilidad, la ostentación, el afán de poder, el orgullo, a aquellos que esclavizan a los hombres y mandan, así como todas las acciones de maltrato, fuerza, tiranía e ira, la esclavitud, el encarcelamiento, el secuestro, el cautiverio, la cautela, la reflexión, el entendimiento, la meditación, el mucho pensar, la aversión al habla y a los ancianos, la persistencia en un rumbo.
Rige también a los ancianos y a las personas exigentes, los reveses de fortuna, los accesos de tristeza, la confusión, la vida penosa, los apuros, las pérdidas, las muertes, las herencias, los actos fúnebres, la orfandad, las cosas viejas, abuelos, padres, hermanos mayores, los ladrones, sepultureros, la magia, los rebeldes, los ladrones, curtidores, las gentes que cuentan cosas y la gente de baja cuna, los eunucos, el largo reflexionar y poco hablar, los secretos y es así que nadie sabe lo que hay en él, ni él lo muestra aunque conoce toda atracción que sea oscura, rige la autodestrucción.
Otro texto:
Es malo, masculino por el día, seco, melancólico, rige la ancianidad, los hermanos mayores, los ancestros, la sinceridad en el habla y el amor, la ausencia de impulsos, la experiencia de las cosas, el guardar un secreto y ocultarlo, el mucho comer, el silencio, los negocios meditados, la facultad de distinguir, las cosas duraderas y permanentes como la tierra, la ganadería, la agricultura. La administración del trabajo, la fatiga, el orgullo, los siervos, los servidores, los pueblos débiles, los esclavos, los preocupados, los pesados, los muertos, los magos, los demonios, la gente de mala fama,
etc.
Todo esto cuando su apariencia es buena, pero cuando es maligno!:
Rige el odio, la obstinación, la preocupación, la afición a la lamentación y el llanto, la mala opinión, las sospechas entre los hombres, rige la confusión, temeroso, rige las ganancias avarientas, las cosas viejas e imposibles, la larga ausencia, la gran pobreza, la avaricia, la preferencia por la soledad, el duelo, la vestimenta negra, de los días el sábado, la pertenencia al hierro, los remedios, el roble, las letrinas, los sacos y las telas viejas y vastas, la corteza de las maderas y todo lo que es negro y las cabras, asnos, perros, cuervos, todos los animales negros, etc.
Ya ven que todo es muy contradictorio, porque por un lado habla de la sinceridad en el habla, la lealtad en los afectos, pero luego de la persona torcida, mete líos. Fiel en el amor, de mucho entendimiento, pero
luego aparece lento, ladrón, etc.; son rasgos contradictorios. Es el que rige el habla y el conocimiento y también a los silenciosos y los torpes.
En realidad tanto para Saturno como para la melancolía, la cualidad propia de este dios que por un lado es el padre de todos, pero a la vez el que los devoró a todos, el Rey poderoso pero también el exiliado, el que instauró la edad de oro, el constructor de ciudades, pero también el sepulturero, el que rige la muerte, el encadenado.
Como se dan cuenta en la imagen de Saturno tanto en el dios como el planeta, como la melancolía, están llenas de contradicciones, tan llena de contradicciones que el mejor estudio sobre el tema.
Toda una referencia es "Saturno y la melancolía" de Klibanski, Panofsky y Saxl, que es la historia de Saturno en la astrología, la iconografía, la mitología, la religión, en la filosofía, en el renacimiento. El libro en la segunda parte dedicada a Saturno, llega a decir:
Desde el comienzo, la idea del dios Kronos, divinidad que al parecer era venerada en la Grecia clásica y de cuyo carácter original no sabemos prácticamente nada, desde el comienzo se distinguió por una marcada contradicción interna y este es el rasgo más característico de Saturno; su marcada
contradicción interna y su notable ambivalencia. Es verdad, que también los demás dioses griegos aparecen la mayoría con un aspecto dual, en el sentido que a la vez castigan y bendice. Pero Kronos y esto es específico de él es dual no solo en cuanto a su efecto respecto al mundo exterior, sino también en cuanto a su propio destino, su destino personal por así decirlo, y este dualismo tan marcado que bien se puede afirmar que Kronos es el dios de los contrarios.
Los epítetos homéricos por ejemplo y repetido por Hesiodo definen a Kronos por un lado como el grande (padre de Zeus y Hades), pero por el otro lado de torcido consejo. Por un lado el Dios benigno de la agricultura cuya fiesta de recolección celebraban juntos los hombre libres y los esclavos, fiestas llamadas Saturnalias que ocurrían en Diciembre y que más tarde fueron reemplazadas en el cristianismo por la navidad, fiestas que duraban varios días, donde los amos servían a los siervos, los siervos se vestían con las ropas de los amos. Era una fiesta antepasada del carnaval, se hacían regalos, había alegría y
desenfreno, se invertían los roles, volvía la edad de oro y a la estatua de Saturno en el templo de Saturno en Roma que siempre estaba encadenada, se le soltaban las cadenas y volvía la edad de oro, también era un anticipo de lo que más tarde se transforma en carnaval. Las fiestas Saturnales eran del 17 de
diciembre al final de diciembre, la época del fin del invierno y que más tarde el cristianismo utilizará para usar en las mismas fechas una celebración de intercambio de regalos y demás, para celebrar el nacimiento de Cristo.
Sigue el texto:
Por una parte del dios benigno de la agricultura, cuya fiesta celebraban juntos siervos y amos, el señor de la edad de oro en que los hombres tenían abundancia de todas las cosas, el señor de las Islas
Bienaventuradas, y el inventor de la agricultura y de la edificación de ciudades. Pero por otra parte era un dios triste, destronado y solitario, que habitaba (cita a Homero) en el último confín de la tierra y el mar, o como también dice Homero; desterrado bajo la tierra y los abismos, era el señor de los dioses del subsuelo, vivía como prisionero cautivo en el Tártaro aún más abajo de él y más tarde sería el señor de la muerte y de los muertos.
Por una parte era el padre de los dioses griegos y por otra el devorador de niños, comedor de carne cruda, consumidor de todo, que se comió a todos los dioses y que exigía sacrificios humanos a los
bárbaros, castró a su padre Urano con la misma hoz con la que el sería castrado por su hijo, e hizo infecundo al creador de todas las cosas. Una hoz que por un lado es instrumento castrador y por otro medio recolector de frutos.
La equiparación de Kronos con Saturno, el dios romano, confirmó esta contradicción latente; la fusión del dios griego con el romano determinó un aumento quizás de rasgos positivos, ya que el dios romano era el que nos daba los granos, aseguraba la cosecha y estaba casado con la diosa de la abundancia. De todas formas no disminuyen todos los rasgos negativos.
Los rasgos positivos que se añaden en Roma: guardián de las riquezas, supervisor del sistema de cuenta por pesos y medidas.
Rasgos negativos: fugitivo, perseguido y se tuvo que ocultar en el Lacio que es una región de Italia central en la que estuvo fugitivo y que en latín se escribe Latius, palabra de la cual deriva "latino" así como "latente", que quiere decir oculto (las pulsiones latentes, los motivos latentes). Tiene que ver con el periodo en que Saturno estuvo escondido en el Lacio.
Los rasgos negativos no se pueden separar de los positivos, los dos pertenecen a una sola imagen: No se tratará de negar ninguno de estos rasgos (ni negativo, ni positivo) sino de ver como todos estos rasgos forman parte de una sola imagen, en la cual no hay aspectos buenos que se puedan separar de los malos, ni aspectos malos que se puedan separar de los buenos, sino que los unos requieren simultáneamente a los otros.
Ahora vamos a dar datos interesantes más allá de los ya tradicionales, son peculiares y significativos, y van a ser importantes para elaborar una idea diversa de Saturno y la melancolía:
1er. dato interesante respecto a Saturno y los héroes: En el siglo I d.C. hubo un gran historiador llamado Aulo Gelio que escribió las famosas "noches áticas".
En lasNoches Áticas (libro 18, capítulo 7, párrafo 4), comenta irónicamente al descubrir los rasgos de la melancolía patológica en las grandes figuras de los héroes malditos de toda la mitología griega, a quienes una deidad insultada había castigado con la locura (como a Hércules, Belerofonte, Edipo, etc.).
O sea en la mitología griega y en las grandes tragedias griegas, con mucha frecuencia grandes héroes acaban deprimidos o caen en locura, al punto que Aulo Gelio comenta literalmente y con ironía:
...La melancolía ha pasado a ser una enfermedad de héroes...
Así asociada con los mitos, la disposición melancólica comenzó a ser vista en cierto grado como heroica. ¿Qué relación habrá entre el héroe y la melancolía o la depresión?
2º) dato ; La astrología Babilónica que es la que les aporta la noción de los planetas a los griegos, identificaba a Saturno como el extraño dios Ninib de quien poco más se sabe que a veces se le
consideraba el representante nocturno del Sol (dato importante) y por lo tanto pasaba por ser a despecho de Marduk (que luego será Júpiter, el planeta más grande), a pesar de eso Ninib, el aspecto nocturno del sol pasaba a ser el más poderoso de todos los planetas.
Saturno, o más exactamente su planeta, era conocido en Mesopotamia con el nombre de El fijo, el sólido, el constante. Si al astro se le consideraba constante era al parecer porque el planeta mostraba menos
anomalía y cambios que los demás. De ahí que se lo equiparase con el Sol, e incluso se le diera el nombre de éste, llamándose Kayaman (quiere decir fijo, constante) estrella de la justicia, del derecho. 3º) dato : Marco Manilio (romano), Siglo I d.C., que escribió un maravilloso libro poético "Astronomica" y es una de las primeras reflexiones astrológicas importantes en occidente, dice lo siguiente:
...Saturno ejerce sus poderes en el extremo opuesto de este mundo...
Es decir si uno ve la tierra y el círculo por el cual se mueven los planetas, lo que está por encima del horizonte y lo que está por debajo de la tierra, el meridiano es la raya que separa el punto más alto que es donde está el sol a mediodía. Era el caso del Demón Meridianus que mencionamos al hablar de la acedia; el opuesto al Medio Cielo o Meridiano, era considerado el fundamento, la base del universo, la base y parte más baja del cielo llamada Imum Coeli o Fondo del Cielo.
Manilio coloca a Saturno en el Fondo del Cielo y como resultado de ello Saturno veía el mundo desde la perspectiva contraria, desde el punto de mira esencialmente hostil, porque lo ve todo desde abajo. Es la mira contraria a como ve el sol a medio día, o sea desde arriba, pero ver la vida y el mundo desde el punto de más abajo es verla del revés. Saturno ve el mundo desde la perspectiva contraria, es decir un punto de mira esencialmente hostil y así como su propio destino mítico había estado determinado por su paternidad, ahora como potencia planetaria tenía en su mano la suerte de todos los padres.
4ª) dato: Vettius Valens, escritor del siglo II, llama a Saturno "el astro de Némesis", que es la divinidad griega que se traduce como la justa venganza. Némesis es la ley por la cual aquel que ha transgredido o transpasado los límites de su propia situación, como el borracho, el ebrio, el sediento de poder, que en Grecia es lo que desencadena la tragedia.
La tragedia es cuando un ser humano se otorga proporciones y atributos propios de un dios, se sale así de sus límites, e incluso cuando un dios se sale de sus límites, como en la historia de Faetón, el hijo de Apolo, que quiso conducir el carro y no estaba preparado y casi quema la tierra y por lo tanto tuvo que ser castigado. Ese castigo a la desmesura, desmesura que se llama Hybris en griego (de allí viene la expresión "ebrio", "ebriedad"), quedaba a cargo de a una divinidad vengadora llamada Némesis, encargada de poner las cosas en su sitio.
Es curioso que se le haya llamado ya en el S. II a Saturno el astro de Némesis. Esto luego pasará a la astrología y se hablará de Saturno señor del Karma, con una idea de karma algo parecida a la idea de Karma que viene de oriente, pero muy parecida a la idea griega de Némesis: cuando ha habido desmesura poner las cosas en su sitio, por lo tanto los límites como recuperación del orden.
5º) dato: Saturno como han visto ha tenido muy mala prensa y mala fama, con contradicciones, pero siempre en relación con la muerte, la melancolía, señor del duelo, del dolor, del negro, de la tristeza, de la gravedad, del peso, de la pesantez, de la lentitud. Todos estos rasgos también se usan en astrología. Así un paso de Saturno se asocia con que habrá dificultades, habrá lentitud, las cosas se detendrán, habrá responsabilidad, habrá peso, habrá Karma, habrá dolor, puede haber muerte y finales.
O sea todavía en la astrología oficial, con la que no siempre comulgo, se sigue atribuyendo a Saturno el Señor de todas las desgracias, en forma de límites, lentitud, dificultad, encierro, contracción, no te deja ir afuera, te obliga a profundizar, aisla, ocasiona responsabilidades, obliga a tener que acabar con la
diversión y la alegría. Todos estos rasgos que todavía usan astrólogos vienen de toda esta tradición negativa de Saturno.
resucita Marsilio Ficino en el siglo XV, en Italia, Florencia, en pleno Renacimiento, totalmente antagónica a la visión astrológica y mítica: Saturno limitación, peso, carga, Némesis, etc. Había una tradición muy importante, más filosófica que astrológica que hacía de Saturno necesariamente un planeta y por lo tanto un Dios altamente importante y en absoluto negativo, sino que incluso lo colocaba en una posición de privilegio.
Esta visión es el Neoplatonismo cuyo fundador "oficial" fue Plotino en los primeros siglos de nuestra era, cuando elaboró una tradición que se extendió hasta la Edad Media y fue resucitada con gran auge en el siglo XV por Marsilio Ficino.
Los Neoplatónicos expresan la idea de Alma del Mundo, parten de la idea de que todo lo que hay aquí pertenece a un plano de realidad (este también es un plano de realidad), pero que es la emanación de un plano más profundo, el cual a su vez es la emanación de un plano más profundo, el cual a su vez es la emanación... es una contínua emanación de la unidad o de Dios.
Por lo tanto la realidad tiene múltiples planos de manifestación que son emanaciones a partir de la unidad. En el plano visible, el plano que vemos que es el más exterior de todos, se encarna con vestidura de cuerpo, vestidura material, se encarna el Alma del Mundo, de tal manera que todo lo que llamamos hechos, realidad física, realidad, cosa, acontecimiento externo, es la forma en que se presenta encarnado un proceso interior.
Detrás del cuerpo del mundo que viste a las cosas de particularidad, se está manifestando el Alma del Mundo y por supuesto las almas de cada uno de nosotros. La vida anímica forma parte de esa gran dimensión Alma del Mundo, igual que nuestro cuerpo forma parte de la materia del mundo. ¿Cuándo nos morimos que pasa con nuestro cuerpo? Se vuelve a la naturaleza, se disuelve en elementos materiales y ¿Qué pasa con nuestra alma? Se funde con lo que siempre perteneció que es la dimensión del alma del mundo.
Los planetas visibles, son los cuerpos que manifiestan o son los mediadores entre el espíritu de Dios, el alma de Dios y el mundo.
Los planos para el Neoplatonismo (espíritu y alma) son antes que nada el Intelecto, el Nous, que se puede traducir como el divino entendimiento y este Nous, que no es nada personal, irradia al Alma (Psiché) que es puro dinamismo y vida, la cual finalmente se manifiesta en la Materia (Hylé).
Los planetas por lo tanto son los representantes visibles de las jerarquías presentes en el alma del mundo; los planetas no pueden ser malos, todos los planetas son manifestaciones divinas y el mismo orden de los planetas es orden jerárquico de divinidad.
El Sueño de Escipión: En un libro de Marco Tulio Cicerón se narra el sueño de Escipión, en el que el futuro emperador romano ve en sueños acercarse el alma de sus antepasados y testimonia una visión del mundo en el cual ve como antes de aparecer aquí y después de vivir aquí, el alma viene de una región purísima más allá de todas las esferas planetarias que circunscriben a la tierra y son los planetas, está el mundo de las estrellas fijas, pura radiación divina, país del alma y el alma llega a la tierra atravesando cada una de estas esferas planetarias, en cada una de las cuales va aprendiendo una dimensión de la vida hasta aparecer aquí cuando se vive en la tierra, cuando se vive en cuerpo.
El alma hace un viaje para llegar y al morir hace un viaje de regreso atravesando otra vez cada una de las esferas.
Para los Neoplatónicos y para toda la humanidad hasta la invención del telescopio, la última esfera que separa el mundo conocido del mundo eterno y fijo de las estrellas era Saturno. Por lo tanto Saturno representa entre las demás esferas planetarias a aquel que está ya al borde de la dimensión más pura del
intelecto divino y de Saturno para aquí es la progresiva encarnación en la manifestación del alma del mundo. Por lo tanto Saturno no solo no podía ser malo, sino que era el más cercano a la perfección de todos los planetas.
Grandes Neoplatónicos asocian el poder de los astros con la capacidad física y mental del individuo, manteniendo que la facultad más alta del alma humana que es el entendimiento en el alma, pertenece al entendimiento divino llamado Nous (en griego se puede traducir como mente, intelecto o espíritu). La facultad más alta del alma humana, el Nous, corresponde a Saturno, o se origina en la esfera de Saturno, de ahí que se llegó a decir que Kronos en realidad surgía de la unión de dos palabras griegas: Koros que quiere decir plenitud y Nous. O sea plenitud de entendimiento, plenitud de sabiduría, plenitud de
intelecto desapasionado que contempla la eternidad.
La asociación de Saturno con Satur, saturar, saciar: En latín también ocurre porque Saturno puede asociarse con Satur- nous, de ahí viene saciar, saturar (estoy saturado, un color muy saturado que es muy lleno) y de ahí que Saturno podría decir plenitud. Y de ahí plenitud (satur)- de Nous, de sabiduría divina, de entendimiento. Esto es mencionado por San Agustín en su Civitas Dei o "La ciudad de Dios", que no constituye en absoluto una justificación de la astrología, sino más bien una feroz crítica a ella y a la visión neoplatónica de los cielos
Claro que el entendimiento y la vida del cuerpo pueden ser muy diferentes, claro que vivir tomando como reales las apariencias de las cosas puede ser lo más ajeno al divino entendimiento, porque el entendimiento en el alma, para los Neoplatónicos, es aquello que en nosotros capta intuitivamente los principios esenciales y arquetípicos de las cosas, los archai, las raíces celestiales, los modelos originales porque son el origen y lo originario.
Por lo tanto a medida que el alma desciende y se va haciendo más concreta nos vamos alejando del reino de los arquetipos y nos vamos instalando en el reino de los simulacros. Este es el mundo apariencial, es real lo que me encuentro solo como un recordatorio de un plano de realidad que solo el entendimiento en sí puede conocer ¿Y si ese entendimiento en lugar de invitarme a ir hacia afuera me invita a ascender? El camino de la sabiduría, que es el camino de la filosofía, que es el camino de la contemplación, se aleja por lo tanto del camino de la acción, involucración con las situaciones externas, en la dirección de la comprensión de los divinos arquetipos de todas las cosas. La conexión con el origen esencial de todas las cosas y por lo tanto con el retorno a Dios.
Desde esta perspectiva, Saturno está justamente en contacto con aquella eternidad increada, aquello que más tarde se llamará el Unus Mundus, el mundo arquetípico de los cabalistas, lo que más tarde Corbin llamará la Tierra Celestial, que no es la tierra terrenal, aquella dimensión en que todo es lo que realmente es, de la cual aquí vivimos añorando a través de sus múltiples cosas engañosas que nos obligan a vivir solo para tentarnos de regresar al origen de todas las cosas.
Esta visión Neoplatónica no puede encajar con un Saturno que sea fuente del mal y de la limitación. Es típico de la mentalidad platónica y neoplatónica que si las causas son los arquetipos, los arquetipos son divinos, eternos e increados, todo lo que llamamos dolor, limitación, sufrimiento, no puede ser nunca proveniente de la causa, sino proveniente de su recipiente que es la materia.
Saturno puede ser por lo tanto el agente que representa el intelecto divino que en nosotros aspira a la contemplación eterna, y el dolor no puede venir de Saturno, sino de como nosotros estamos habitando un mundo aparente y material y recibimos este don.
Siempre la limitación proviene del continente material, pero nunca del origen celestial.
cual no estoy muy de acuerdo, que es decir lo malo no es Saturno, sino como tú te lo montas con
Saturno, entonces si tú lo encajas bien es bueno y el dolor viene de que tú no lo encajas bien. Esta es una visión moderna y psicológica de la astrología (Liz Greene), porque antes de ella siempre aparece el tema de las vidas pasadas, la concepción teológica de la culpa original, el pecado, lo que hay que pagar, Némesis, Karma, la consecuencia, de errores, etc. Ya los más psicológicos (y hay que agradecer la perspectiva de Jung) han ido tratando de rescatar la visión Neoplatónica, es decir, nunca un planeta puede ser malo, el mal no puede estar ahí, pero si nosotros vivimos la limitación es porque nuestra manera de recibir el don no es adecuada.
Saturno como la esfera más cercana a la raíz arquetipal original, donde aun no hay tiempo: Por lo tanto la visión Neoplatónica, totalmente opuesta a la visión astrológica de un planeta causa del mal y del dolor, hace de Saturno la más alta esfera planetaria que está directamente vinculada con el mundo arquetípico en el cual estaría la Edad de Oro, aquel mundo vinculado al estado original de la humanidad. No original de el comienzo en el tiempo, sino original porque está más cerca de la raíz arquetípica de todas las cosas. Lo original no está en el tiempo. Con el tiempo comienza la simulación, la emulación, la repetición, la copia de aquello que en el original está más allá del tiempo.
Saturno por un lado rige todo lo que ocurre en el tiempo, pero en eterna contemplación de aquel mundo único, arquetipal donde no hay cambio, donde no hay acontecer, donde no hay siquiera el tiempo. Esta visión Neoplatónica no predominó mucho tiempo en occidente; en occidente se perdió al
platonismo, incluso se perdió a Platón, se perdió la filosofía con la caída del Imperio Romano, y lo que quedó fueron traducciones y comentarios a obras de Aristóteles que formaron la matriz cultural de occidente, sobre la cuál el cristianismo construyó sus grandes dogmas, grandes movimientos de
pensamiento (Santo Tomás) que era la filosofía aristotélica, en la cuál el alma no es ni más ni menos que la forma del cuerpo y por lo tanto el alma no puede existir, sino como lo que conforma y da sentido al cuerpo.
El aristotelismo por lo tanto pone en cuestión la eternidad del alma, la independencia del alma respecto al cuerpo y las ideas platónicas donde el cuerpo es la última manifestación, la última concreción, la última floración.
Metáfora sobre la relación alma cuerpo: como el perfume de una flor, no es la flor pero es lo que la flor da. Sin la flor no habrá perfume, sin alma no puede haber cuerpo, pero el cuerpo si depende del alma y el alma en cambio puede retirarse sin necesidad de entrar en el cuerpo.
MARSILIO FICINO Y EL RENACIMIENTO
El platonismo regresa a occidente después de siglos de desaparición de la mano de Marsilio Ficino, florentino, nacido en 1433, muerto en 1499 (inmediatamente después del descubrimiento de América), en una época de transición muy importante en Florencia, donde se vuelve a traducir las obras perdidas por occidente, no solo las obras de Platón, sino también el Corpus Hermeticum, obras de magia, de sabiduría helenística que regresan a occidente y que Ficino cree que es el verdadero fundamento que puede permitir unir conocimiento, sabiduría y fe.
Para Ficino la separación entre el hombre religioso y el hombre sabio es insostenible. Los sacerdotes católicos, los curas, tan lejanos de toda sabiduría, hombres de fe pero no de conocimiento, los sabios tan alejados de toda fe.
Esto es lo que Ficino trata de mostrar; que no puede haber fe sin sabiduría, ni sabiduría sin fe, ya que son el mismo camino. Para ello, la base del conocimiento tiene que ser Platón, lo que él llama Platón. En Platón hay una unión de conocimiento, amor y experiencia religiosa.