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Los Casos de Sigmund Freud 3. El Hombre de Las Ratas [Oscar Masotta Et Al.]

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3

El Hombre de las

Ratas

J.

Chasseguet-Smirgel

Sigmund Freud

Bela Grunberger

Mark Kanzer

Serge Lebovici

Octave Mannoni

Osear Masotta

E.

Morgeilthaler

Paul G. Myerson

Elizabeth Zetzel

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11

Colección Los casos de Sigmund Freud Dirigida por Osear Masotta y Jorge Jinkis

El Hombre

de las

Ratas

J.

Ch~sseguet-Smirgel

Sigmund Freud

Bela Grunberger

Mark Kanzer

Serge Lebovici

Octave Mannoni

Osear Masotta

E. Morgenthaler

Paul G. Myerson

Elizabeth

Zetzel

Selección de 0scar Masotta

y

Jorge Jinkis

Ediciones Nueva Visión

(4)

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© 1976 por Ediciones Nueva Visión SAIC Tucumán 3748, Buenos Aires, Rep. Argentina Queda hecho el depósito que marca la Jey 11.72.3 Impreso en hi Argentina / Printed in Argentina Prohibida su repro<luoción parcial o total

Puentes

Osear Masotta, "Consideraciones sobre el padre en 'El Hombre de las Ratas' ", en Cuadernos Sigmund Freud, n• 2/3, Buenos Aires, 1973.

Sigmund Freud, "Original Record of the Case" (1909), Standard Edition (J. Strachey), vol. X. ,pp. 259-318, Hogarth Press, Londres, 1955.

Traducción de Marta Guastavino.

The Minutes of the Vienna Psychoanalytic Society, vol. 1, 1906-1908, Herman Nunberg y Ernst Federn (eds.), Protokole 28, International University Press, Nueva York.

Traducción del alemán de Ramón Alcalde.

Octave Mannonl, "L'Homme aux Rats", en Clefs pour l'imaginaire ou "L'autre scene", Seuil. Paris, 1969.

Traducción de Osear Masotta.

Elizabeth Zetzel. "Notes :;upplémentaires sur un cas de névrose ohscs,ionnellc. Revue Franfaise de Psy-chanalyse, tomo XXXI, n• 4, julio-agosto de 1967.

Presses Universitaires de France. Traducción de Marta Guastavino.

Paul G. Myerson, "Quelques remarques sur l'exposé du Dr. Zetzel", Revue Franfaise de Psychanalgse. ibid.

Traducción de Marta Guastavino.

Bela Grunberger, "En 111arge de 'L 'Homme aux Rats' ". Revue Franfaise de Psychanalgse, ibid. Traducción de Mario Levin.

S. Lebovici,

J.

Chasseguet-Smirg.:-1, B. Grunberger. "Discussions sur 'En marge de 'L'Homme aux Rats' '

(5)

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I 11 / '1 1 1 1

et réponse de l'auteur", Ri!vue Franraise de Psycha-nalyse, ibid.

Traducción de Mario Levio.

F. Morgenthaler, "Régression fonctionnelle du Moi et problemes techniques dans l'analyse des névroses ob-sesionnelles", Revue Franraise de Psychanalyse, ibid. Traducción de Susana Lijtmaer.

Mark Kanzer, "The Transference Neurosis of the Rat Man", The Psychoanalytic Quarterly, vol. XXI, 1952. Traducción , de Marta Guastavino.

/

Introducción

Consideraciones sobre el padre

en el "Hombre de las Ratas"

Osear Majofta

Wherever J am I am what is missinp

Strand, Keeping Things Wholc

La idea de que la psicosis es un intento de restitución de laSt funciones del sujeto, intento llevado a cabo por el mismo sujeto, es hoy un lugar común. Se recuerda menos que la fórmula debe también ser aplicada a la neurosis. Si aceptáramos despojarnos del grueso de conceptos psicoanalíticos que se utilizan habitual-mente para dar cuenta de la neurosis obsesiva ( Lacan. 1953), si colocáramos entre paréntesis el Saber psicoanalítico consti-tuido (agresividad y analidad del obsesivo, homosexualidad y Edipo invertido, ambivalencia y formación reactiva), .si volvié-ramos al texto de Freud sobre el Hombre de las Ratas y si-guiendo la vocaci<'.~n misma del texto nos dejáramos conducir por Jos aspectos peculiares del material, encontraríamos que la fun-ción que en este caso el sujeto trata de reconstruir es, en primer lugar, la función del padre. Comprenderíamos entonces que los conceptos lacanianos de metáfora paternal, nombre del padre, deuda simbólica y Ley vienen a llenar un lugar vacante en la teoría post-freudiana.

¿Qué es un padre? ¡Cuál es la relación del sujeto con la \

Ley para que la constelación de identificaciones edípicas permita ·

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y cuáles son las coordenadas que señalan el campo de incidencia de la teoría y la práctica psicoanalítica? Algunos freudianos sinceros pretenden evitar las dificultades mediante un retorno al complejo de Edipo. En este contexto cierto consejo de Lacan

1

puede tornarse incomprensible: "Al contrario de la referencia crucial al Edipo [ ... ] , de la que Lacan decía hace poco que no · servía directamente en la práctica psicoanalítica, la referencia a la castración sirve todo el tiempo" ( Leclaire, 1971, p. 45). ¿Pero será que, como interpreta. Leclaire, habrá que hacer prevalecer

la

castración en detrimento del Edipo? Nada de eso. puesto que por definición el primer complejo no resulta inteligible si no se lo sitúa como nudo en el interior del segundo, pensado como estructura.

No cederemos a la tentación de teorizar sobre el complejo de Edipo.

Cabe señalar de cualquier modo que un cierto Saber psico-analítico excesivamente decantado (tipo de relación de objeto, genitalidad y reparación; analogía entre el proceso psicoanalíti-co y las etapas de la libido) sólo parece u.tílizar la referencia al Edipo para ratificar los datos del desarrollo libidinal. explicar, por ejemplo, la agresividad del hijo y el temor relativo como

1

anales. No se entiende entonces que la referencia edípica se vuelve superflua, que la relación entre el Edipo y la libido ·se convierte en mera manifestación del uno por la otra puesto que la mayor parte de las veces regresión y fijación bastan para dar

i

cuenta de la estructura entera. Pero, además, no hay que con-fundir ( Lacan, 1948) agresión con .!_g~sividad. Lé,i última ~

parte con~tituti_v:.!l ~ la matrj_~ ~i!ist<!_ i{onde~ S$.. constituye el ~i .~ §UjetQ_ (Lacan, 1936),

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agresividé!_d) ~ revela, §.!ng q~ más .~!t.1! ~ult~.

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;irticulé!-~n ~í.pi0. Esta diferenciación resulta de una utilidad clínica inmediata. Permite desembarazarse de cierta/ manera de pensar la dirección de algunos tratamientos en el sentido de incremen-tar en el sujeto la capacidad de expresar su agresividad (Lacan. 1958-59, pp. 158-173).

~ ~p~esión ~ la. ~gE,esividaE l}q ~19 P.,Uede

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~~ración ~g_una.! sJ.!!.o q~ pu-:_<k yeñal~! el nivel de má-_:¡~:i~ Ellkña_fión. QE;J ~uj~. La referencia al Edipo naufraga aun

hoy en el guiñol turbulento de lé\ agresión al padre y el temor a la retaliación, o bien en las águas turbule~tas o saludables de la identificación con el agresor; palidece en a~bos casos esa referencia "t~tcera" que el complejo de Edipo constituye, ya

10

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-que sólo se ve en ella lo -que proviene del nivel imaginario de las identificaciones narcisísticas y duales. Por lo mismo, sería un error buscar en la agresión el fundamento de la articulación edípica; lo que !iay que investigar no es una conducta sino. un anhelo ( Wunsch): el voto, el deseo de la muerte del padre.

2

A la matanza de los padres por los hijos Arnaldo Rascovsky vino a sumar la matanza de los hijos por los padres. El intento\

habría sido meritorio si el autor se hubiera propuesto recuperar

~

de una vez por todas el problema del lugar que ocupan los hijos en las fantasfas y design1

ios muchas veces "mortíferos" de los

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~ padres. De cualquier manera La matanza de los hijos nos deja c[)tfJO recordar que si el campo del psicoanálisis tiene poco que ver con V 1é#J€.S el problema de la "lucha entre generaciones" (concepción bur-

-dainente ideológica a la que el autor se adhiere), tiene en cambio algo que ver· con la inserción del sujeto en la diacronía propia-mente histórica, con el tiempo transindividual. "filogenético", de las generaciones y su sucesión.

El breve ensayo de Rascovsky constituye un buen pretexto

para introducirnos en el tema de la ~unción de' padre. Después de evocar a Layo, Abraham, lván el Terrib!f" y Alejandro, el autor ejemplifica con un cuento de

W. W.

Jacobs. cuyo efecto "siniestro" dependería de un "ingrediente" (sic, 1970, p. 39) singular, el fíl,icidio. Pero lo que el autor no comprende es que si el filicidio se revela corno históricámente verdadero y clínica-mente verosímil, su reflexión no lo torna menos teóricaclínica-mente nulo. Para Rascovsky el filicidio no se aleja de un camino bastan~

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tu,~~~") con el hij,g_. El ejemplo es perfecto, puesto que de este modo queda nivelado el W unsch del sujeto. de la estructura (quien. en fin. no puede ser sino el hijo) con la pugna envidiosa, con la actitud competitiva de un padre que no se resigna a quedar excluido por la sucesión natu-ral de las generaciones. La única novedad es que el modelo freu~ diano queda plantado. patas para arriba. "Hay que recordar --escribe André Green- que el contra-Edipo del padre sobre el hijo no es más que la escansión repetitiva de su propio

Edi-,

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po, el que unía al padre, cuando era niño, con sus propios

~ padres" ( l 9-S6, p. 156).

Pero ¿cómo no ver que si el cúento de Jacobs es

~jemplo

de algo, fuera de lo que se pretenda probar, no lo es sino de ' un triángulo patógeno dondé no es el padre quien "da la ley"'? ¿No es la madre quien aconseja al padre sobre los inútiles pe-ligros a que expone a su Rey en -la partida que abre el relato y donde se oponen padre e hijo? Y mientras el hijo permanece atento al juegp, ¿no es el padre quien contesta con

para-respues-\

tas a los avances del hijo? ¿El ajedrez simbólico de la guerra ... ?

Sin duda, porque es un juego de posiciones. Pero para que la ' noción de posición tenga algún sentido es necesario que antes }]aya reglas. ¿Pero no es entonces el hijo quien en el nivel de las reglas, ;ence en el cuento al padre? Desde entonces este pa-dre será impotente para ejercer su función prohibitoria, incapaz de separar a la madre del hijo. Es lo que en primer lugar se puede leer en el excelente relato de Jacobs. A la inoperancia del padre se suma la complicidad de la madre con el hijo. ¿Cómo interpretar la escena final? ¿Cómo no ver. con rigor, un cierto acto reparador buscado por el padre? Reparación: no de un objeto, sino de su propia función separadora. Las úftlmas palabras que balbucea junto al amuleto le restituyen la función que le habría permitido en el pasado arcaico separar a la madre del hijo. Pero el ejemplo es realmente interesante, puesto que esa restitución sólo se realiza a condición de doblar la muerte del hijo. Leído a Ja letra el cuento dice en efecto que el hijo

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muere dos veces. Pero entonces - y entre otras razones- no

~

habría que menospreciéJr el sentido de esa segunda muerte: si el \padre sólo logra arrancar al hijo de la madre por medio de - r-, ¡la muerte, es porque la captura del hijo por la madre significaba

p.,

\

V , ya una primera muerte. En términos lacanianos: lo que aquí era V

~

mortífero es la absorción de! hijo por el deseo incalmable de

la madre.

En un breve y preciso texto de los años cincuenta Grete L. Bibring IIamaba la atención sobre este modelo. Bibring rela-taba sus- observaciones sobre los efectos patógenos de la varia-ción de los cultural patterns de la familia tradicional. en la medida que evolucionan -en ciertos medios que la autora en-tendía describir como determinados sociológicamente- desde el "patriarcado" hacia el "matriarcado" ( 1953,

cf.

nota p. 283) . En las familias observada:; fa madre· aparece como dominante •. sobreactiva, capaz de una ·actividad intelectual de alguna ma-nera superior a la del marido; mientras que e! marido es una

12

personalidad complaciente, tímida, cpmpañero de sus hijos pero incapaz de afirmar sus derechos y su autoridad. En otras fami~ lias la autora encuentra padres competentes en el ejercicio de su profesión, pero siempre inclinados a declinar la autoridad en la madre ante los problemas espinosos de la educación de los .hijos. Los padres del último grupo son personas ocupadas, hom;.. bres que no quieren ser molestados con problemas familiares

cuando permanecen en el hogar. ¿Quiénes son las madres y

cuál es la relación entre el padre y la madre en este tipo de constelación familiar? "Estas madres parecen haber sido muy de~ cepcionadas por sus maridos; se trata a menudo de mujeres frí~

gidas, hecho que con frecuencia comunican a sus hijos, muchas ve-ces incluso cuando éstos se hallan en la temprana adolescencia. No se les deja olvidar todas las quejas que tienen sobre el pa-dre, que no es suficientemente hombre. o que no provee las necesidades de la familia. o que se desentiende del peso de la casa

y

la familia, etc." ( ibid.. p. 280). Es la .. ausencia" del padre la que determinaría en constelaciones familiares del tipo la estructura neurótica o perversa del sujeto. La .autora encuen~ tra una correlación - que no es novedad desde el ensayo de

Freud sobre Leonardo - con la homosexualidad.

3

Los lacanianos han insistido sobre una correlación semejante entre neurosis obsesiva (Leclaire. 1971. pp. 144~167) y estas familias donde la madre ha sido "too much of mother" y el pa~ dre "seemed to ha ve been missing" ( Bibring, p. 281 ) . Pero lo mismo vale· para las fobias. "Recordemos al padre de Hans: presente, inteligente, amable y no obstante totalmente inoperan-te porque su palabra, ante la madre, carece de valor. La posi~ ción del padre es cuestionada entonces, y esto es en definitiva_ lo que sujeta a Hans al deseo de la madre" ( Lacan, 1957 ~58, p. 87). Pero la descripción de Bibring resulta insuficiente, puesto que la noción de función paternal no se agota en un grupo de conductas observables, por más que se incluyan, como en el caso, relaciones entre conductas. El trabajo de la psicoanalista norteamericana se refiere únicamenti> al padre real y a las accio-nes como intercambio de roles en el interior del triángulo. De

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11

ahí que las failas que caracterizarían a tales constelaciones fa-miliares remiten a aspectos que, al menos de derecho, serían so-ciológicamente detectables. Es cierto que el ejercicio efectivo de la autoridad por el padre define en el interior de la familia un aspecto de la función que nosotros Ilamamos función del padre. Pero no la agota. Más aún, lo que resulta oscuro es la idea misma de autoridad paternal. Un solo ejemplo basta para de-mostrarlo: Schreber. Es cierto que el padre del autor de las Memorias era un hombre bastante peculiar, y aun, y si se quie-, re, un padre ridículo; pero sería difícil negar que haya ejercido

funciones de indiscutible autoridad, y hasta autoritarias, en el seno de su familia. Este padre que no renunciaba en absoluto a su derecho de hacerse cargo del cuidado y la educación de Jos hijos, respetado seguramente por la madre y temido por to-dos, ese hombre imbuido de una

sup~rmoral

sanitaria, y que aplicaba a sus propios hijos sus duros, metálicos inventos de pediatra, se sabe que no fue ajeno al origen de la psicosis del hijo.

Debemos agradecer a O. Mannoni una relectura del texto de Freud sobre el Hombre de las-Ratas que permite recuperar, en la línea de la teoría de Lacan, no tanto el valor reconocido de algunos conceptos freudianos, sino esos mismos conceptos, preñados de dificultades y en

est~do

de gestación. Tal

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la noción del traba jo que sobre las defensas secundarias realizan los procesos primarios, o bien la irrupción del material prima-rio. bajo forma lingüística, junto a la defensa contra la pulsión

(el Nicht que acompaña a la fórmula de bendición). Pero qui-siéramos agregar una observación sobre el texto de Mannoni. Si el autor parece quP.rer atenuar las exigencias que en otro lugar hemos llamado "sistémicas", no es para entregar el poder a las funciones "superiores", sino para quitárselo. Por lo demás, Mannoni sabe sugerir una conexión entre el significante y el lenguaje con la función paternal. La irrupción del inconsciente verbal. nos dice, es solidaria de la dramatización de la historia y el mito individual del paciente. No hay que dudar, en efecto, de que el "Pass-wort" nos conduzca (Freud lo señala una y

otra vez) a "las circunstancias impresionantes que acompañan a ese trozo de folklore familiar (el padre había perdidQ en el juego dinero que pertenecía a su compañía, y había pensado en suicidarse, y un camarada le presta el dinero, salvándolo así del suicidio) , la imposibilidad de pagar la deuda y la idea de que el padre había corrido por todas partes para encontrar a quien le había prestado el dinero; he ahí la historia, o el mito.

14

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:-que se comportará exactamente a la manera de ·10 reprimido,

in-fluyendo y perturbando, de modo incomprensible para el sujeto,

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una operación sin embargo bastante simple: pagar un pequeño

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paquete expedido contra reembolso. Es necesario que la deuda sea pagada, pero también que sea la deuda imposible de par1ar"

(O. Mannoni, 1965, p. 148).

4

Grumberger se equivoca cuando entiende resumir y reducir la

1

neurosis obsesiva del Hombre de las Ratas al erotismo.· anal y

~

a la captación anal del pene del padre. Es cierto que hace

de-pender la "introyección captativa" del tema de la diferencia de los sexos y de la madre fálica, pero el delirio central de la his-toria, la· imposibilidad de devolver el dinero al teniente, parece no ser para Grumberger mucho más que un "bailet", eilo tal vez en la medida en que el reduccionismo de que parte le faci-lita demasiado la explicación que busca: sólo· se trataría, en efecto, de "devolver el pene anal culpabilizado". ¿Qué hay que entender, por lo demás, por "castración anal del padre"? Añte todo, que toda la estructura quedará comprimida por la homo-sexualidad inconsciente del sujeto. En efecto, sería preciso ha-cer a Grumberger el mismo reproche que Ida Macalpine primero y Lacan después hicieron a los trabajos de Mauritz Katan

:io-bre el presidente Schreber: que en la medida en que se pretende

l

~ ototgar a la homosexualidad el estatuto de determinante ma-

1'

yor del cuadro psicopatológico, se olvida que el sujeto en

cues-tión no es homosexual y que la ~omose~ual!d!!.,d. par;;i hablar con propiedad, ~o ~E.Jás qu~ UI]. "~~ntoma articulé!do ~n su P!Q; ~" ( Lacan, 1959, p. 544). De mayor interés resultan las ob-servaciones de Grumberger sobre la ~op~ y el narcisismo del Hombre de las Ratas. Volveremos sobre este último punto. Llama la atención en la lectura de este caso un cierto nive-lamien to que se opera cuando los personajes de la historia se convierten en figuras del delirio. En el Hombre de las Ratas el padre y la dama de sus pensamientos parecen qúedar igualados, aparecen, por decid~ así, como nivelados por el pensamiento obsesivo, como si se trocaran en figuras simétricas o como si ftteran puntos de referencia adscriptos a algún estatuto de al-guna manera idéntico en la estructura. Este rasgo que adquieren

(9)

1

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las dos figuras en los delirios del Hombre de las Ratas despertó la atención de Rank, ya que no su curfosidad, puesto que con-cluyó sin dudar un instante: 'iLas tendencias homosexuales (y sólo éstas están en discusión) quedan demostradas no sólo por las inequívocas indicaciones que aparecen en el análisis sino también por el modo como en la fantasía del paciente se iden-tifica a.l padre con la dama amada. Hace que ambas sean tortu-radas del mismo modo en el ano. Usa a la mujer como si fuera un hombre" (Minutes). En la misma sección en que Freud presentaba el caso, también Stekel. si bien no lo manifiesta, pa-rece haber sido tocado por la cuestión: "En el <;aso presenta~o considera ( Stekel) que es posible que el paciente, cuando era niño, viera en su padre un rival respecto de la institutriz (y no respecto de la madre, como ha afirmado Rahk)" ( ibid.). Por lo demás, el mismo Freud debió sucumbir un poco al equívoco por la manera en que insiste sobre la oposición entre el mandato del padre y el amor de la amada y ve en parte en esa oposición la base del conflicto. Antes de su muerte el padre habría ex-presado al paciente su voluntad en contra de su relación con su prima. Según esta interpretación existiría una relación de ex-clusión entre la prohibición paterna y' el objeto del amor del

hijo; la primera haría peligrar la permanenaia clel segundo. Lacan ha observado (1953 b. pp. 302-3; 1958. p. 597-8) que no es bueno internarse en esta dirección puesto que la acción castradora del padre ha representado en este paciente un papel e segundo plano. Por lo demás, tampoco hay que considerar ajo el mismo rótulo lo que muy a menudo se llaman padres o

~

~

padre c.astrador. y la ~s~siQ!!. Esta últim.a, ef~. ctg_ y ..f!.tnción ~ e.strl!ctura, P-:ttenece_a _ U!,L_niY.!tl <!_e_ racionalida<z! e~xtraño o externo a laL]ntervenciones (en lo real) castradoras ( soi

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ecesariamente a su función· simbólica y muy generalmente la contraría. La expresión de Grete

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Bibring de "padre ausente" resulta por lo demás füteresante, y en primer lugar por provenir de una analista norteamericana. Pero debe ser interpretada con cuidado. Laplanche ha probado para el caso de Holderlin que el intento del poeta estaba consagrado a restituir como ausencia la ausencia del padre, y no en cambio a obturarla; a saber, la restitución consistía en devolver a la ausencia paterna su esta-t11to de ausencia.

( Para entender el caso del Hombre de las Ratas hay que

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comenzar por no confundir el amor y el deseo, puesto que el mismo paciente se encarga_ de distinguirlos. Pero ¿qué de la

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prohibición paterna cuando lo que está en juego es el deseo? Hay que contestar que tr<:tánd()se deJ di:.:-;eq la prohibición pa-terna opera como fundaní.ent9, como piedra de toque de su supervivenci~, y de ningún modo,

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cambio,4 en el nivel pre-misas, como causa de su desaparición u origen de las inhibicio-nes

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háiÍa inscripta con todas las letras en T otem y Tabú: .,.entre P.!,Ohib, i-ció,!.l y_.<!_eseo_ exist~ ~na relación de complementariedag

x...p..m,

-ªucción.!_ecípr~. ~ prohibición no suprime el deseo, lo entro-i;iiz-ª. El hecho de que arrastre la desaparición del objeto y el desplazamiento del deseo sobre otros objetos no desdice la tesis sino que la confirma, otorgándole su peculiaridad psicoanalítica

'

y su alcance teórico. "fil_tabú es una P!ohibicióQ muy antigua,

i~~!_sta desde el exte_ti2.r (por UlJ-ª...autoriciad) y !,iirigida contr~ los deseos .wás intenso§ qel_ hombre~ La tendencia a transgredirla

pi;1~s~ en el inconscients. I,.os hombres que obedecen al ta_b9 q_b~rvan una actitud ambivalent~ CO'!J. respecto a aquello que es tabii. I&...~uerza ,!!lágica atribuidé! al tabú se reduce a su poder de induc;ir

ªJ

.hombre en ..tEmtacj(m: .se comporta como un con_t~~

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PPI::que el ejemplo es siempre contagiosq y pgrque el deseo prohibido se desliza en el i11c.onsciente sobre otros objetos."

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~

La muerte del protopadre. la trasmisión de la autoridad a través de las generaciones, la inextingible insistencia del deseo, el círculo del deseo y el temor. el triunfo del temor y la inextin- ¡ guibilidad del deseo, la imposibilidad de la ~s. la conexión inextricabk: entre la prohibición actual que pesa sobre el objeto y la secreta supervivencia en el objeto prohibido del objeto desa-parecido del deseo: tales son los puntos sobre los cuales Freud trazaba un paralelo entre sus reflexiones sobre · el tabú y la clínica de la neurosis obsesiva.

Pero enunciemos, antes de volver a encontrarlos recons-truidos o restituidos en los deliria' del Hombre de las Ratas, los dos

mo

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~

que

articulan

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lafunción..-def padre a sus

efectos

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a) l~ prohipi_ción ~e!:n~l ~c~nstituye la ligazón_ ( Bindung) del

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~s _Ereciso ubicarlo ,en \:itra escena". Pero por menos que se piense, no es otra la formulación subyacente al primer

pensa-miento obsesivo del Hombre de las Ratas que Freud comunica en la redacción definitiva. El paciente desea ver desn.1.1das a mujeres que le gustan, pero ·teme que si su deseo se cumple

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~~ algo ( l,? muert~)

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su padre. Q~iam~nte, eso quiere 4ecir que la muerte del padre es condición de la erección del peseo. Ahora bien, ~se padre cuya muerte '-:_l pacie~e ~desea,

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s.stá mq_ertQ. "En este punto me entero, para mi sorpresa, de que· el padre del sujeto al que todavía hoy se refieren lQs-temores obsesivos que lo atormentan, está muerto." Pero se ve· entonces que el delirio reconstruye de manera casi directa los dos mo-mentos de la función del padre. Aquí el lado delirante del

pen-samiento obsesivo es homólogo a las exigencias de la teoría,.·el "más allá" -de que habla el sujeto homólogo a la "otra escena" de la teoría. Pero de este modo, lo q~e el paciente no sabe no

-~

\es solamente que ha deseado 1a muerte de su padre (lo cual, ~ por $upuesto, sabe siempre de algún modo), sino lo que él mism,:> dice con sus propias palabras, que esa muerte es el

mo-o\

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mení.o fecundo de la constituc+ón de sí mismo como ~00-ds­ seante. Lacan expresa esta idea central . .en una fórmula apretada. donde comenta la enseñanza de Totem

y

Tabú: " .. .la necesi-dad de su reflexión lo ha llevado [a Freud] a ligar la aparición dd significante del Padre, en tanto que. autor de la Ley, a la muerte, es d,ecir a la muerte del Padre, mostrando así que si esa muerte es el momento fecundo d:e la deuda por donde el sujeto se liga por toda su vida a la Ley, el Padre simbólico, en tanto que él significa esta ley, es en efecto el Padre muerto" ( 1959. p. 556).

§.e conoce la_ importancia de la muerte en .e!_obsesiv_o y~no P.Odría extrañarnos la aparic;:ión de tales fórmulas, casi desnu-d°'as,

·

6ifo

lorma de ideas obsesivas. Pero al criticar, en ,,;entido kañtiano, laffgu~ del padre real y al ubicar la función en otro lugar, ¿no habremos operado una cierta idealización de los con-ceptos? ¿Y al hacer depender de la prohibición una cierta idea· sobre la normativización del deseo no habremos revelado la vo-cación francamente reaccionaria de la teoría? Si tal fuera la teoría, se dirá, podría hacerse a Freud y al psicoanálisis el re-proche de absurdidad que un antropólogo hacía de una inter-pretación de Lévi-Strauss según la cual un espíritu guardián '

mataba al hombre a quien protegía. Ahora bien, la teoría psico-analítica debe asumir tal reproche, puesto que ella comienza por afirmar que la prohibición protege al nombre a quien prohí-be. He aquí el punto de la inseminación imposible del psicoaná-lisis en la sociología. En cuanto al otro reproche, hay que con-testar con una novedad de perogrullo: la función del· padre comenta el hecho --<:omo en el ejemplo de los genios ojibwa de Lévi .. Strauss ( Mendelson, 1967, p. 1 78 ) - de que la relación padre-hijo no puede ser directa.

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por la madre. Pero no hay que entender esta mediación en

l '

términos de distribución de roles, ya que las cuestiones de

auto-ridad se entremezclan con el deseo sexual -hay que estudiar cada constelación particular- y conviene preguntarse en cada caso si la madre desea o no al padre. Puede ocurrir, por ejem-plo, que la madre respete al padre y que no deje de remitir al hijo a la autoridad paterna, que comparta con el padre el mismo sistema de normas y que no le dispute al padre su papel; pero

simultáneamente, que no desee sexualmente al padre. Ahora

V

bien, ¿quién es el padre para la madre del Hombre de las Ratas?

¿Cuál fue el destino, en este caso singular, del mensaje de ·

prohibición del padre cuando fue m~diatizado por la palabra de la madre? Hay que lamentar que Freud no otorgara a la madre del paciente, en el texto de la redacción definitiva, la importan- ) cia que cobraba en el Original Record. En las notas lo primero que se .lee, en efecto, es una referencia a' la madre. El paciente '/(..

no ha querido hacerse cargo de la herencia familiar después de

Ja

muerte de su padre, y debe consultar con su madre sobre los honorarios propuestos por Freud. ¿No hay algo ahí que obliga a pensar en una peculiar manifestación del délire du toucher? ¿Si el dinero del padre lo embaraza no será porque ese dinero proviene de la línea de la madre?

La memoria familiar ha retenido el hecho de que el padre

l

amaba a otra mujer y no a la madre, y que ésta, hija ilegítima · en un sentido, e:ra quien había aportado la fortuna al patrimonio

~

familiar. El Hombre de las Ratas enferma cuando se ve

con-frontado a un conflicto semejante al del padre y repite entonces ·

en su delirio mayor et.tema de la deuda impagada del padre. Se puede entender entonces el sentido de la intervención del padre cuando prohíbe al sujeto que se case con su prima, reavivando por esta intervención la memoria del conflicto entre mujer pobre y mujer rica. Por su función y sus efectos tal prohibición carece de conexión directa con la articulación edípica. Se Jo ve con toda c_laridad: el padre no prohíbe la madre al sujeto, sino _que,/ 'i. proponiéndose fanfarronamente como modelo, prohíbe la otra

f'

que la madre. Es lo· que vio Stekel sin poder comprenderlo. Dicho de otra manera: el padre no le pmhíbe nada al sujeto, le impide constituir el sistema de. sus identificaciones.

Lo

que está en juego en el Hombre de las Ratas es la identificación con el

(11)

11· it¡,

\ ideal del Yo y la relación del sujeto con los emblemas del padre.

l

Pero ¿qué emblemas? Esa falta en el matrimonio die sus padres. la falla que deja aparecer la palabra mentirosa del padre y esa '\ "fechoría", como dicé Lacan, cometida en el ejército y que el mito familiar no permite olvidar. Cuando el sujeto recorre al derecho la cadena generacional se topa consigo mismo y se ve como resultado ilegítimo de un pacto fallido; cuando la recorre al revés descubre la imposibilidad de identificarse con la falla .

que marca la posición del padre. ·

En la linéa de estas consideraciones se podría agregar algo más: el Hombre de las. Ratas es un hombre taponado. Un ho -múnculo en el interior de una botella con .dos tapones a los que es imposible hacer saltar. Si se identifica en el Ideal del Y o con ,

los emblemas del padre -eso es a lo que apuntan compulsiva

-mente sus deliria- se expulsa a sí mismo de la cadena

simbó-'i!' ,

lica, pero en tanto que esos deliria le restituyen la identificación

''t'

con la función del Ideal, no puede entonces pensarse como pro-genitor. Quiero decir, no puede imaginarizar un hijo. No es por casualidad, en efecto, que la dama de sus pensamientos no pueda, estéril. darle hijos.

6

La observación de Grunberger sobre la debilidad que estaría en la base de la constitución del narcisismo en el obsesivo parece pertinente en el caso del Hombre de las Ratas. Pero es difícil entender la ubicación y las funciones del narcisismo en la es-tructura a partir únicamente de la "obsesionalización" de la defensa. Aunque no se diera razón de todo el narcisismo. mejor sería tratar de referirlo a las identificaciones edípicas y al Ideal del Y o. Es probable que las demandas de confirmación narci-sística crezcan proporcionalmente a la imposibilidad de

identifi-cación con la función del Ideal, de la misma manera que la

rnnstitución del Ideal del Yo es correlativa de un afianzamiento

de las defensas narcisísticas ( Lacan, 1938). La conjetura

ad-quiere bastante realidad en el Hombre de las R.dtas. Pero en este caso es necesario buscar la función del ~-teal - lo hemos dicho-- en el nivel de las conductas delirantes, en el intento

20

constantemente renovado de repetir los "signos" del mito

fa-miliar. )

Nos acercamos así a la fórmula lacaniana según la cual no es necesario que el padre falte pa·ra que falte la función del padre. Se ve en el Hombre de las Ratas que la falla de la fun-ción se lee como efecto de algo que pertenece a la trama estruc-tural de las generaciones y que remite a ideas de legitimidad e ilegitimidad, al tipo de relaciones que presidieron el nacimiento de un hijo, al pacto matrimonial strictu senso, a la palabra dada

y a la palabra fallada. En este sentido y en este nivel los datos

de la observación sociológica de familias resultan menos intel /

resantes para el psicoanálisis que los datos de la teoria de

derecho. Lacan llama P.~W

WJi

b

21Jsg

a la función que no pued /

,V

permanecer ajena a esta intersección y nom'lz!!; !J!.l p_adre a 1 relación intrasubjetiva por donde el sujeto identifica a la person del padre con la figura de la Ley. Sobre el Hombre de las Ratas

habría que comenzar diciendo, en lenguaje jurídico, que carece

de títulos para poder estabilizar su destino de ser sexuado. El tema de la ambivalencia, que la teoría ha arraigado en lo pregenital, explica bastante poco el amor~odio que el Hombre

de las Ratas padece hacia su padre y la dama de sus pensa~

mientos. En este caso la temática fálica aparece particular-mente velada, pero a ella nos veríamos tal vez conducidos si re-tomáramos la reflexión en la perpectiva de los temas fundamen-tales de la antropología (Artigues, 1966) : el incesto y las leyes de intercambio, el parentesco y el lenguaje. La reflexión psicoL

analítica no debe dejar escapar ese momento inaugural de la ,

vida social. retenido por la investigación contemporánea, donde\ ¡ la prohibición del incesto y la lógica del parentesco son idénticas

al lenguaje, ya que el sistema de prohibiciones y prescripciones exige un sistema lingüístico de denominaciones. En esta coyun-tura el padre articula como el revés de un guante lo social del sexo con el sujeto sexual.

7

En uno de sus primeros trabajos sobre t_tcnica Freud

r

.:;

ele

.r~

l

a

.

~

(unción_ del P§ldre a los sigujentes tres _pun!P.,.S SQnllistufil__..es: 1)

~l miedo al padre, 2) Ja hostilidad contra el paclre v 3) Ja falta ge confianza en el padre. Se comprende de inmediato qt:e si se

(12)

ntl

p

11111111,

permanece en los dos primeros ya no será posible salir de los límites de una visión estrecha del Edipo; si en cambio se aborda en cada caso el tercero, se comienza a transitar la teoría litca-niana del significante.

Por ciertas fallas en el nivel de la estructura, algunas de las cuales hemos evocado, es obvio que ]~ función paterna no ter-mina de funcionar en el Hombre de las -Ratas. ~-ffiil.Y.2E.~tl.e ~~ _lo qu.s._Freud UamJl . .eLcomp_lejq __ d.el ,.padre~s.Q.lo .mnsiste .~!l

inte?tos !aJlidos de i:esti.tllción de 1!'1 función, La intención de-mostrativa que constituye la esencia del delirio de Schreber se toma ironía; burla, sospecha, desconfianza. en el Hombre de las Ratas. Pero la diferencia es de estilos, y si éstos son distintos. el "objeto" en cambio sigue siendo el mismo. Pero aquí objeto no significa término de la relación sino relación. que no es re-lación con un objeto, el padre, sino con una función. En este sentido las identificaciones edípicas están subsumidas por fun-ciones que las engloban. El gran tema obsesivo de la duda nunca podrá tefminar de. explicarse por la capacidad muscular del esfínter, y hay que leer sin prejuicios el texto de la obser-vación de Freud para ver cómo el significante · Ratte conduce, en más de una dirección, a la función del padre, al intentO sie_m-pre fallido y siemsie_m-pre renovado de otorgar estatuto de sagrada

-como nos decía O. Manno:qi- a la palabra del padre. Como

el "padre no puede mentir", observaba Freud, he ahí que el sujeto adecua sus conductas reales a la literalidad de las pala-bras asignadas a un padre de quien el mito familiar refería que ·había mentido. El delirio de reembolso del dinero de los lentes no sólo remite a la emergencia del tema del mandato, sino que describe· ese tema como adecuación literal de la acción a la pa-, labra literal. ¿Pero no nos obliga a reflexionar incluso sobre el sentido que debemos_ asignar a tales literalizaciones? . .

Entre las innumerables expresiones del pensamiento obse-sivo del Hombre de las Ratas hay una que permite vincular di-rectamente la función paterna con lo que deberíamos llamar la franja de emergencia del significante al desnudo. He aquí el ejemplo sobre el cual O. Mannoni nos llama la atención: "Te llenas la cabeza de cosas" .•. le decía el padre al paciente de Freud. y el Hompre de las Ratas, pensaba entonces que tenía que ha-cerse un agujero para dejar salir algo que retenía-en su cabeza: es decir, que tenía objetos en la cabeza. El intento de restitución de la palabra. paterná akanza de este modo un nivel esquizo-frénico de lógica pasional: pero se trata de la lógica del signi-ficante. La exigencia última de otorgar a la palabra paterna una

22

' ) \ \

A

orr;

a.s.

.-verosimilitud absoluta y radical coincide c<>n la desaparición

ra-dical del significado y. si se me permite la expresión, la palabra se toma inscripción escultural. recuerdo de una desaparición.

marca del hundimiento del Otro. El· sujeto queda entonces

rá-pidamente devorado por la manifestación irrrpensada de una

ambigüedad indescifrable que emerge en el nivel mismo de la

palabra. Habría que decir que en tal momento ésta "entrega"

de golpe su incapacidad oculta de nombrar a la "cosa", para

dejar transparentarse el origen y el fundamento -por donde el

lenguaje se une a la función del padre- de la oscilación ob-sesiva.

8

Deberíamos poder resumir los hitos señalados por medio de

estas sencillas consideraciones:

a) Habría que agregar antes que si el Hombre de las Ratas

es un texto que adquiere especial relevancia en la reflexión

la-caniana. ello ocurre porque el tema de la deuda impagada

per-mite entrever, más allá de la anécdota particular. ciertas

estruc-turas constitutivas de la función del padre. Si, como hemos visto, ~. p~dre ~I no _ba_sta para_ C!;ISPl!i: la fl!,n_cjó!!_, -~ p_g¡.CJ.Y.e

tod,Q._padre_Q~b~ ~usfüµi¡g a sí miSlll.Q. p ser s11stituido .mi..!!

f!Jncionar COJ!!.O su propia metáfoi;_a. Pero toda metáfora· es la consecuencia y la expresión de esa imposibilidad de adecuación

del signo a la cosa de que hablábamos más arriba. Lacan llama

d~ pJiJ.!.[n!J¡ a la inscripción ineludible de la figura del padre

en el seno de esa falta de adecuación. En la teoría lacaniana, el

t7

m~ d

~

e

_

J

a

sastrasión c_onduci:; a la de:cia

por

-

d~;,_d

~

~e

_

c~~st~­

tuye ese desfiladero de símbolos que llamamos sujeto.

\

si

fa

figÜra del padre real no agota las .funciones del padre

simbólico, ello debe imputarse ·tal vez a razones constitutivas

de la estructura del sujeto humano ( Lacan, 1953, 1938), pero

la desadecuación se ve agravada por la de5Valorización histórica

de la figura de.1 padre en la familia occidental. Será el neurótico

quien se hará cargo de esas ·~~p~" por donde la figura

del padre exigirá siempre ese desdoblamiento que el Hombre de las Ratas expresaba en parte con su temor obsesivo de la muerte

de su padre muerto.

(13)

p

b) Es necesario entonces atender a la función del padre y sus avatares según una triple perspectiva simultánea: ·

1 ) según la inserción del sujeto en la línea diacrónica de las generaciones;

2) según que la madre permita no pasar el mensaje del

padre como Ley;

3) todo sin borrar las propiedades puntiformes de la fi-gura del padre; "La relación del padre con la Ley debe ser observada en sí misma" (Lacan, 1959, p. 579).

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(14)

'1

I'

1 11111. -~~~~~ ·

-Notas originales de

S. Freud sobre el caso del

"Hombre de las Ratas"

Nota de la edición inglesa

f>urante toda su vida fue costumbre de Freud. después de haber

aparecido uno de sus libros, destruir todo el material sobre el

cual se basaba la publicación. A ello se debe que hayan sobre~

t•iuido muy pocos manuscritos originales de sus obras. y menos

aún las notas y antecedentes preliminares de los cuales éstas

provenían. El material que sigue constituye una inexplicable

excepción a esta regla. ya que fue encontrado entre los papeles

de Freud, en Londres. después de su muerte. Los compiladores

de las Gesammelte Werke mencionan el hecho en el prefacio al

tJolumen XVII. que contenía varios de sus escritos póstumos.

Sin embargo. estas notas no fueron incluidas en ese volumen, y

hasta 1954 no habían sido publicadas en alemán. Aparecieron

por primera. vez en la Standard Edition inglesa, en traducción

de Alix y James Strachey.

El manuscrito, redactado en las habituales hojas de oficio

que prefería Freud, contiene evidentemente las notas que men~

ciona en nota al pie de página. diciendo que fueron "tomadas a

la noche del día del tratamiento". Por lo común tomaba diaria~

mente las notas, pero en ocasiones faltan algunos días

y

poste;

riormente se compensa el atraso. En el margen de las páginas

apacecen de vez en cuando palabras aisladas. escritas vertical~

mente. Tales palabras --entre ellas "sueño", "transferencia",

"fantasía de masturbación"- funcionan a modo de resúmenes

(15)

~

1

del material que en ese momento se estudia. Es evtdente que

fu,eron insertadas en fecha posterior, quiiá mientras Freud se

preparaba para una u otra de st:s presentaciones <f,el caso, y no

hemos considerado necesario incl~irlas aquí. El registro se

in-terrumpe sin ningu·na razón explicitá después de Ja entrada

fe-chada el 20 de enero de 1908, cuando el tratamiento. había

du-rado bastante menos de cuatro meses.

El original alemán está escrito en su mayor parte en estilo

telegráfico, con gran cantidad de abreviaturas y omisióit.

1cle

pronombres y de otras palabras no esenciales. Sin embargo, son

muy pocos los lugares donde el signiticado no pudo ser desci-,

frado con certeza. A fin de que el material resulte más legibfe

e inteligible, se han completado en la traducción la mayor parte

de las elipsis del original. Por tanto, pese a la coherencia formal

de esta versión, el lector debe tener siempre presente que e_n

realidad, lo que sigue no son más que apuntes tomados sin la menor intención de que fueran publicados en su forma origi-nal. La gran mayoría de los nombres propios que aparecen en

las notas han sido reemplazados por otros, o por iniciales el~­

gidas arbitrariamente. Como es natural, se han conservado los

seudónimos usados por el propio Freud al publicar la historia

del caso.

Aproximadamente

el

primer tercio del registro original fue reproducido casi textualmente por Freud en la versión

puf';-cada. Ello abarca la entrevista preliminar del 1? de octubre de

1907, y las siete primeras sesiones, lo que llega hasta - e

in-cluye- la del 9 de octubre (hacia el final del capítulo l). Las

alteraciones que introdujo Freud son casi exclusivamente

ver-bales o estilísticas. En la versión publicada, Freud agregó cierta

cantidad de comentarios, pero el cambio principal reside en que presentó la historia de las maniobras de manera menos confusa

de como aparecían en el registro cotidiano. En general, las

di-ferencias entre ambas versiones no nos parecen de tal

impor-taricia que justifiquen la publicación de la primera parte de las

anotaciones. Sin embargo. puede resultar interesante ofrecer la

versión original de Freud de la primera entrevista con el

pa-ciente, lo que permitirá hacerse una idea de la naturaleza de los

cambios, aunque éstos sean mayores aquí que en ninguna otra

parte de las primeras sesiones:

"Octubz·e l?, 1907. El doctor Lorenz, de 29 años y medio, dijo

que padecía de obsesiones, particularmente intensas desde 1903,

pero que se remontaban a su niñez. §u <;aracterística princiP.al

28

eran los temores

qe

que les sucediera algo a dos perno11as a

quiene;-quería l!!ucho: ~-padre y una dama a quien_ admiraba.

Experimentaba además impulsos compulsivos, por ejemplo, cor-tarsé

ga~gant~ñ~üia nªvajéf, y_ también"' prohfüiciones, que

a veces se relacionaban con cosas de muy poca importancia. Me

dijo que había perdido años de estudios en su lucha eón esas

ideas, y en consecuencia sólo ahora acababa de aprobar sus

exámenes finales de derecho. Sus ideas afectaban a su labor

profesional únicamente cuando ésta se vinculaba con la justicia

criminal. ~~a tam_bi!_n el impulso sle ha~er_ aJgún daño a l~

señora a quien admiraba. Por lo común ese impulso se

silen-ciaba en presencia de en;: pero cobraba importancia en su

ausen-cia. Sin embargo, siempre le había hecho bien estar alejado de

ella, que vive en Viena. Ninguno de los diversos tratamientos

intentados le había servido de nada, salvo un tratamiento de

hidroterapia seguido en Munich; en su opinión, ello se debía

únicamente a que allí había entablado una relación que

desem-bocó en un contacto sexual regular. Aquí no tenía ese tipo de

oportunidades. y sus relaciones sexuales eran ocasionales e irre~

guiares. cuando la ocasión lo permitía. Las prostitutas le _r~­

pugnaban. Dijo que su Yida sexual había sido limitada; en ella

la t:lli1§JJ.U:lli:icióJ1 había tenido un papel r~ducido, entre los) 6 y

lZ

años.

b

los 1Q año.s _tuvo su primer contacto sexual.

"Me dio la impresión de ser persona perspicaz y de

inteli-gencia despejada. Cuando le expliqué mis condiciones, dijo que

debía consultar a su madre. Al día siguiente volvió y las aceptó."

Sigue la traducción completa de los dos últimos tercios de

las anótaciones de Freud. Se encontrará que contienen parte del

material utilizado por Freud al publicar la historia del caso, pero

buena parte de ellas abarcan terreno inexplorado. Si hay

oca-sionales discrepancias entre las notas t¡ la historia clínica

pu-blicada. se debe tener presente que el caso se prolongó durante

muchos meses de terminadas las anotaciones, y que abundaron

ror lo tanto las oportunidades para que el paciente corrigiera

sus relatos anteriores y para que el propio Freud obtuviera una r>isión más clara de los detalles. Lo .notable de estas notas es que nos pmporcionan el único cuadro con que pode~os contar

del tipo de materia prima sobre la cual se basó la totalidad

de la obra de Freud, y de la manera fragmentaria en que emer ... qia dicho material. Finalmente, nos da una oportunidad única

de observar el funcionamiento detallado de la técnica de f<reud

en la época de este análisis. 29

(16)

Con .,¡ fin -de que al lector le resulte algo más fácil seguir la historia a medida qlle va emergiendo, ofrecemos una lista tentativa de algunos de los datos cronológicos, a ve .. :es incon-gruentes, que se derivan de estas anotaciones y de la historia clínica p11blicada. junto con algunos datos referentes a la fami-lia del paciente:

Datos cronológicos 1878 1881 1882 1883 1884

nacimiento del paciente

( 3 años) furia contra el padre

( -f años) escena con Frimlein Peter; muerte

( 5 años) de Katherinc: el pájaro embalsamado

( 6 años) eZTcciones; ideas de que los padres le leen el

pensamiento

1885 (7 años} escena con Fraulein Lina: le dispara al h~r -1886 1887 1888 1889 1890 mano

(8 años) Pa a la escuela: conoce a Gisela (9 años) muerte del padre de Gisela

(JO años} parásito en la deposición del primo

(l J años) conocimiento sexual; "puerco"

( 12 años) enamorado de una niñita: obsesión con la muerte dei padre; eructos de la madre

1891 ( 13 años} exhibicionismo con Fraulein Lina 1892 (14 años}

1

re 11q. 1. .d os1 a d h as a t es a ec t f h a 1893 (15años} ·

189-f · (16 años}} b .. . l mastur acwn ocasiona

1895 ( 17 años}

lf\98 ( 20 años} se enamora de Gisela; obsesión con la

muer-te del oadre; suicidio de la costurera

1899 (21 arios} operación de Gisela; muerte del padre; co-mienzo de la masturbación; servicio militar

1900 (22 años} juramento contra la masturbación; (dic.)

re-chazo de Giscla

1901 (23 años) enfermedad de la abuela de Gisela: retorno de la masturbación

!902 (24 años} (mayo) muerte de la tía e irrupción de la neurosis obsesiua; (verano) Gmunden: (octubre) examen

30

1903 1904 1906 1907

( 25 años) (enero) examen; muerfr del tío indiferente; planes matrimoniales; exacerbación de la neurosis ob-sesiva; (julio) examen; segundo rechazo de Gisela: ve-rano en Unterach; ideas suicidas

(26 años) primer coito (Trieste)

( 28 años) en Salzburgo; conjuros "iniciales"; sueño de espadas japonesas

(29 años) (agosto} maniobras en Galicia; (octubre) co-mienzo del análisis

Algunos de los hermanos y hermanas del paciente:

Hilde, hermana mayor, casada

Katherine, cuatro o cinco años mayor que el paciente, murió a los cuatro años

Gerda Constanze

Hermano, un año y medio mayor que el paciente (¿Hans?)

fulie, tres años menor que el paciente; casada con Bob St.

Historial

del

caso

En lo que se refiere a las sesiones que siguen, me limitaré a anotar algunos de los hechos esenciales. sin reproducir el curso del análisis.

Octubre JO. Anunció que quería hablar del c~~zo d~ ..§!!.S ideas obsesivas. Resultó que se refería al comienzo de sus

man-d-;tos~-[É-;;p~zar0n]mieñtras"Prepara6a su examen .. fiiiaL"Se

rclacionaban con la señora, y empezaron con pequeñas órdenes

sin sentido (como contar hasta cierta cifra entre el relámpago

y el trueno, dar corriendo la vuelta a la habitación en un mo-mento preciso, etc.). En relación con su intención de adelgazar. durante sus caminatas en Gmunden (en el verano de 1902), se sintió COJI!p~ido ,JlOr un mandato a salir a correr bajo el ex-tremo calor del mediodía. Un mandato le ordenaba que rindiera examen en julio, pero lo desoyó por consejo de su amigo; sin

embargo, posteriormente obedeció el mandato de rendirlo en la

primera oportunidad posible, en octubre. Se estimulaba en sus

estudios con la fanta~ de que debía apresurarse para poder

(17)

casarse con su dama. Parece que esta fantasía fuera el motivo del mandato. ~LE.'.'recer, atrfüuí<: es~s mandatos_ a su Q_a_clJ~· Una vez perdió' varias semanas defüdo a fa ausencia de la dama, que estaba de viaje a causa de la enfermedad de su abuela, una mujer muy anciana. El paciente se ofreció a ir a visitarla. pero ella se negó. Mientras estaba muy concentrado en su trabajo. pensó: "Podrías arreglártelas para obedecer el mandato de dar el examen lo antes posible en octubre. Pero si recibieras un mandato de cortarte el cuello ¿qué harías?" Inmediatamente se dio cuenta de que el mandato ya le había sido ~_;iest2, y cuan-do se dirigía al armario a buscar la navaja, pensó: ""1-'No, no es, tan sencillo. Tienes que ir a matar a la vieja." Al pensarlo cayó al suelo, fuera de sí de horror. ¿Quién era el que le imponía ese mandato?

La

dama sigue siendo muy misteriosa. Juramentos que ha olvidado. Su lucha defensiva contra ellos explícita, pero tam-bién olvidada.

Octubre 11. Lucha violenta, mal día. Resistencia, debida a que ayer le pedí que trajera una fotografía de la dama, es decir, que abandonara su reticencia respecto de ella. Conflicto entre aban-donar el tratamiento o entregar sus secretos. Su

Cs

.

estaba lejos de haber dominado la oscilación de sus pensamientos. Describió la forma en que procura apartar sus ideas obsesivas. Durante su períoqo religioso había inventado oraciones que le llevaban cac:ra-;'ez más tiempo y que llegaron a prolongarse durante una hora y media, debido a que en 1.é:ls fra.~ si.mpJes.siemPJ_e se

in-s

.

~

t~

lli!

.,.?lg9_ _que_!as ·-

~,.S.?

E.t

~

io.

P'Oi

ejeiñj)fo,

"¡Dios - n o - lo proteja!" (Un Balaam invertido.) 1 Le expliqué la incertidumbre fundamental de toda medida tranquilizadpra. ya que en ellas se infiltra gradualmente aquello contra lo cual se lucha. Él lo confirmó. En una de esas ocasiones se le ocurrió la idea de maldecir: seguramente eso no se convertiría en una idea obsesiva. (Ése era el sentido original de lo que había sido reprimido.) Dieciocho meses atrás había abandonado de pronto todo aquello; esto es, había formado una palabra con las inicia-les de algunas de sus oraciones - algo así como Hapeltsamen

(debo pedirle más detalles del asunto)- que decía rápi dame1'-te para que nada pudiera infiltrarse en ella. Todo eso se veía re-forzado por cierta dosis de superstición, un resabio de omnipo -tencia, como si sus deseos malignos poseyeran poder y ello

l Bal11am vino para maldecir y se quedó a bendecir.

3

2

/

tuera confirmado por experiencias reales. Por ejemplo. J;:i pri-mera vez que estuvo en el sanatorio de Munich había tenido un

1·uarto junto al de la mucha,cha con quien tenía relaciones

se-xuales. Cuando volvió allí por segunda vez dudó en ocupar la misma habjtación, que era muy grande y cara. Cuando por fin le dijo a la chica que había decidido ocuparla. ella le contó que ya la había tomado el Profesor. "Ojalá se muera por eso", pensó

t·I paciente. Quince días después perturbó su sueño la idea de un cadáver.

La

apartó, pero a la mañana supo que el Profesor había tenido realmente un ataque y más o menos a esa hora lo habían llevado a su habitación. Dice también que tiene el don de los sueños .Proféticos. Me contó el primero de ellos.

Octubre 12. No me contó el segundo, pero me dijo cómo había

pasado el día. Se sintió de mejor ánimo y fue al teatro. Al volver a casa se encontró por casualidad con su mucama, que no es joven ni bonita, pero- que desde hace un tiempo ha mostrado in-terés por él. No sabe por qué, pero de pronto la besó y después quiso forzarla. Aunque sin duda la resistencia de ella no eri';l más que ·aparente, él consiguió dominarse y escapó a su habita-ción. Siempre le pasaba lo mismo: algo desagradable estropeaba siempre sus momentos gratos o felices. Le llamé la atención sobre la analogía entre eso y los asesinatos instigados por agents provocateurs.

Se mantuvo en esa línea de pensamiento y llegó al tema de la masturbacióp, que en su caso tenía una historia extraña. Se lnidó-cuando él tenía 21 años --después de la muerte del padre, según consegui que me confirmara- porque era algo que con o-cia de oídas y le despertaba curiosidad.

La

repitió muy pocas veces, y siempre se sintió muy avergonzado después. Un día, sin motivo alguno, pensó: "¡Por el bien de mi alma, juro no hacerlo más!" Por más que no le concedió valor alguno a semejante voto, y hasta se rió de su especial solemnidad, de hecho dejó de masturbarse por un tiempo. Unos años después, en la época en que murió la abuela de su dama y él queria ir a estar con ella, su propia madre le dijo: "Por mi alma que no irás."

La

simili-tud del juramento lo impresionó. y se reprochó por poner en peligro la salvación del alma de su madre. Se dijo que no debía ser más cobarde en lo que se refería a él que en lo referente a otros ni, si persistía en la intención de ir a reunirse con la se-ñora, empezar de nuevo a masturbarse. Más tarde abandonó la idea de ir porque recibió ·una carta que le decia que no lo hi-ciera. A partir de ese momento la masturbación reapareció de

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