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S/PV Consejo de Seguridad Quincuagésimo séptimo año ª sesión Martes 22 de octubre de 2002, a las horas Nueva York.

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Consejo de Seguridad

Quincuagésimo séptimo año

4630

ª

sesión

Martes 22 de octubre de 2002, a las 10.00 horas Nueva York

Provisional

La presente acta contiene la versión literal de los discursos pronunciados en español y de la interpretación de los demás discursos. El texto definitivo será reproducido en los Documentos Oficiales del Consejo de Seguridad. Las correcciones deben referirse solamente a los discursos originales y se enviarán firmadas por un miembro de la delegación interesada e incorporadas en un ejemplar del acta, al Jefe del Servicio de Actas Literales, oficina C-178.

Presidente: Sr. Belinga-Eboutou . . . (Camerún) Miembros: Bulgaria . . . Sr. Tafrov

China . . . Sr. Jiang Jiang Colombia . . . Sr. Valdivieso Estados Unidos de América . . . Sr. Williamson Federación de Rusia . . . Sr. Konuzin Francia . . . Sr. Mauriès Guinea . . . Sr. Traoré Irlanda . . . Sr. Corr Mauricio . . . Sr. Jingree México . . . Sr. Aguilar Zinser Noruega . . . Sr. Strømmen República Árabe Siria . . . Sr. Mekdad Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte . . . Sra. MacKenzie Singapur . . . Sr. Mahbubani

Orden del día

Fortalecimiento de la cooperación entre el sistema de las Naciones Unidas y la región de África central para el mantenimiento de la paz y la seguridad

Carta de fecha 21 de octubre de 2002, dirigida al Presidente del Consejo de Seguridad por el Representante Permanente del Camerún ante las Naciones Unidas (S/2002/1179).

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Se abre la sesión a las 10.25 horas. Aprobación del orden del día

Queda aprobado el orden del día.

Fortalecimiento de la cooperación entre el sistema de las Naciones Unidas y la región de África central para el mantenimiento de la paz y la seguridad

Carta de fecha 21 de octubre de 2002, dirigida al Presidente del Consejo de Seguridad por el Representante Permanente del Camerún ante las Naciones Unidas (S/2002/1179)

El Presidente (habla en francés): Desearía in-formar al Consejo de que he recibido una carta de los representantes de Burundi, la República Centroafrica-na, el Chad, el Congo, la República Democrática del Congo, Dinamarca, Egipto, Guinea Ecuatorial, el Ga-bón y el Japón, en las que solicitan que se les invite a participar en el debate sobre el tema que figura en el orden del día del Consejo. Siguiendo la práctica habi-tual, desearía proponer que, con el consentimiento del Consejo, se invite a esos representantes a participar en el debate sin derecho a voto, de conformidad con las disposiciones pertinentes de la Carta y el artículo 37 del reglamento provisional del Consejo.

Al no haber objeciones, así queda acordado. En nombre del Consejo, doy la bienvenida al Excmo. Sr. Rodolphe Adada, Ministro de Relaciones Exteriores, de la Cooperación y de las Relaciones con los Países de Habla Francesa del Congo.

Por invitación del Presidente, el Sr. Adada (Con-go) ocupa el asiento que se le ha reservado a un lado del Salón del Consejo.

El Presidente (habla en francés): En nombre del Consejo, doy la bienvenida al Excmo. Sr. Agba Otikpo Mezode, Ministro de Relaciones Exteriores de la Re-pública Centroafricana.

Por invitación del Presidente, el Sr. Mezode (Re-pública Centroafricana) ocupa el asiento que se le ha reservado a un lado del Salón del Consejo. El Presidente (habla en francés): En nombre del Consejo, doy la bienvenida al Excmo. Sr. Léonard She Okitundu, Ministro de Relaciones Exteriores y Coope-ración Internacional de la República Democrática del Congo.

Por invitación del Presidente, el Sr. She Okitundu (República Democrática del Congo) ocupa el asiento que se le ha reservado a un lado del Sa-lón del Consejo.

El Presidente (habla en francés): En nombre del Consejo, doy la bienvenida al Excmo. Sr. Santiago Nsobeya Efuman Nchama, Ministro de Relaciones Ex-teriores, de la Cooperación Internacional y de las Rela-ciones con los Países de Habla Francesa de Guinea Ecuatorial.

Por invitación del Presidente, el Sr. Nsobeya Ifu-man Nchama (Guinea Ecuatorial) ocupa el asiento que se le ha reservado a un lado del Sa-lón del Consejo.

El Presidente (habla en francés): En nombre del Consejo, doy la bienvenida al Excmo. Sr. Jean Ping, Ministro de Relaciones Exteriores, de la Cooperación y de las Relaciones con los Países de Habla Francesa del Gabón.

Por invitación del Presidente, el Sr. Ping (Gabón) ocupa el asiento que se le ha reservado a un lado del Salón del Consejo.

Por invitación del Presidente los Sres. Nteturuye (Burundi), Laotegguelnodji (Chad), la Sra. Løj (Dinamarca) y los Sres. Aboul Gheit (Egipto) y Motomura (Japón), ocupan los asientos que se les ha reservado a un lado del Salón del Consejo. El Presidente (habla en francés): De conformi-dad con el entendimiento alcanzado en las consultas previas del Consejo, y al no haber objeciones, entende-ré que el Consejo de Seguridad acuerda invitar al Sub-secretario General de Asuntos Políticos, Sr. Tuliameni Kalomoh, con arreglo al artículo 39 del reglamento provisional del Consejo.

Así queda acordado.

De conformidad con el entendimiento alcanzado en las consultas previas del Consejo, y al no haber ob-jeciones, entenderé que el Consejo de Seguridad acuer-da invitar al Director Territorial del Banco Mundial pa-ra los países del África centromeridional y la región de los Grandes Lagos, Sr. Emmanuel Mbi, con arreglo al artículo 39 del reglamento provisional del Consejo.

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Invito al Sr. Emmanuel Mbi, Director Territorial del Banco Mundial para los países del África centrome-ridional y la región de los Grandes Lagos, a sentarse a la mesa del Consejo.

De conformidad con el entendimiento alcanzado en las consultas previas celebradas por el Consejo, y al no haber objeciones, entenderé que el Consejo de Se-guridad acuerda invitar a la Directora de la Oficina de Prevención de Crisis y de Recuperación de las Nacio-nes Unidas, Sra. Julia Taft, con arreglo al artículo 39 del reglamento provisional del Consejo.

Así queda acordado.

Invito a la Sra. Julia Taft, Directora de la Oficina de Prevención de Crisis y de Recuperación de las Na-ciones Unidas, a sentarse a la mesa del Consejo.

De conformidad con el entendimiento alcanzado en las consultas previas celebradas por el Consejo, y al no haber objeciones, entenderé que el Consejo de Segu-ridad acuerda invitar al Presidente del Consejo Econó-mico y Social, Excmo. Sr. Ivan Šimonović, con arreglo al artículo 39 del reglamento provisional del Consejo.

Así queda acordado.

Invito al Excmo. Sr. Ivan Šimonović, Presidente del Consejo Económico y Social, a sentarse a la mesa del Consejo.

Quisiera informar a los miembros del Consejo de que he recibido una carta de fecha 21 de octubre de 2002 del Representante Permanente de Egipto ante las Naciones Unidas, que dice lo siguiente:

“En mi condición de Presidente del Grupo Africano, durante octubre de 2002, tengo el honor de solicitar que se autorice al Embajador Amadou Kébé, Observador Permanente de la Unión Afri-cana ante las Naciones Unidas, a intervenir en el debate sobre el tema “Fortalecimiento de la coo-peración entre el sistema de las Naciones Unidas y la región de África central para el manteni-miento de la paz y la seguridad”, que se celebrará en sesión pública del Consejo de Seguridad el 22 de octubre de 2002, de conformidad con el artí-culo 39 del reglamento provisional del Consejo de Seguridad.”

Esa carta ha sido publicada como documento del Consejo de Seguridad con la signatura S/2002/1178.

Si no escucho objeciones, entenderé que el Con-sejo acuerda cursar una invitación al Sr. Amadou Kébé.

Al no haber objeciones, así queda acordado. Invito al Sr. Amadou Kébé a ocupar el asiento que se le ha reservado a un lado del Salón del Consejo.

Deseo informar a los miembros del Consejo de que he recibido una carta de fecha 21 de octubre de 2002 del Representante Permanente del Camerún ante las Naciones Unidas que dice lo siguiente:

“De conformidad con la resolución 55/161, de 12 de diciembre de 2000, tengo el honor de solicitar que se autorice al Embajador Nelson Cosme, Secretario General Adjunto de la Comu-nidad Económica de los Estados del África Cen-tral, a participar en el debate público del Consejo de Seguridad que se celebrará el martes 22 de octubre de 2002, sobre el tema “Fortalecimiento de la cooperación entre el sistema de las Naciones Unidas y la región de África central para el man-tenimiento de la paz y la seguridad”, de confor-midad con el artículo 39 del reglamento provisio-nal del Consejo de Seguridad.”

Esa carta será publicada como documento del Consejo de Seguridad, con la signatura S/2002/1181.

Si no escucho objeciones, entenderé que el Con-sejo está de acuerdo en cursar una invitación al Emba-jador Nelson Cosme.

Al no haber objeciones, así queda acordado. Invito al Sr. Nelson Cosme a ocupar el asiento que se le ha reservado a un lado del Salón del Consejo.

El Consejo de Seguridad comenzará ahora el examen del tema que figura en el orden del día. El Consejo de Seguridad se reúne de conformidad con el entendimiento alcanzado en sus consultas previas.

Los miembros del Consejo tienen ante sí una carta de fecha 21 de octubre de 2002, dirigida al Presi-dente del Consejo de Seguridad por el Representante Permanente del Camerún ante las Naciones Unidas, que ha sido publicada con la signatura S/2002/1179.

Propongo que, en el curso de esta reunión y con el consentimiento del Consejo, se dé la palabra en pri-mer lugar a los representantes de los Estados que no son miembros. Si no escucho objeciones, entenderé que el Consejo está de acuerdo con esa propuesta.

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Así queda acordado.

Ahora tiene la palabra el Sr. Tuliameni Kalomoh, Subsecretario General de Asuntos Políticos.

Sr. Kalomoh (habla en inglés): Sr. Presidente: En nombre del Secretario General, quien no se encuentra en la Sede, me siento muy honrado en transmitir a los miembros del Consejo sus mejores augurios de éxito para esta importante sesión. Asimismo, deseo dar la bienvenida a Nueva York a los Ministros de Relaciones Exteriores que han viajado desde sus capitales para participar en estas deliberaciones sobre el fortaleci-miento de la cooperación entre el sistema de las Nacio-nes Unidas y la región de África central para el mante-nimiento de la paz y la seguridad. También deseo des-tacar la función decisiva y encomiable desempeñada por su país, el Camerún, y por usted personalmente, como Presidente del Consejo de Seguridad para el mes de octubre, al organizar este acontecimiento decidida-mente importante.

Los miembros del Consejo tienen ante sí una nota informativa preparada por la Secretaría con motivo de esta sesión. Los Estados Miembros también conocen el informe presentado recientemente ante el quincuagési-mo séptiquincuagési-mo período de sesiones de la Asamblea Gene-ral sobre la cooperación entre las Naciones Unidas y la Comunidad Económica de los Estados del África Cen-tral (CEEAC). Habida cuenta de que estamos aquí para examinar concretamente la cuestión de la cooperación para el mantenimiento de la paz y la seguridad en Áfri-ca central, deseo destaÁfri-car los siguientes aspectos con-cretos en esa esfera.

Desde hace mucho tiempo las Naciones Unidas se han comprometido, y siguen comprometidas activa-mente, a prestar asistencia a los Estados de África cen-tral a fin de realizar los objetivos relativos a la promo-ción de una paz y un desarrollo sostenibles. Con ese fin, los diversos departamentos, oficinas, órganos, pro-gramas y organismos del sistema de las Naciones Uni-das trabajan estrechamente con los países de África central, tanto en forma individual como conjunta, como se señala en nuestra nota informativa.

La actual situación política, social, económica, de seguridad y humanitaria en varios países de la subre-gión es motivo de profunda preocupación. Varios de los 11 Estados miembros de la Comunidad Económica de los Estados del África Central han padecido conflictos armados, tensiones transfronterizas e incursiones ar-madas que han provocado la muerte de personas

inocen-tes, la destrucción injustificada de infraestructura y la aparición de millones de refugiados, repatriados y des-plazados. Las terribles consecuencias de esos conflic-tos han socavado profundamente los esfuerzos de Áfri-ca central por lograr una estabilidad, una paz y un de-sarrollo sostenibles en pro de sus pueblos. En la subre-gión se han conocido ampliamente las preocupantes violaciones de derechos humanos, que han contribuido al clima de tensión.

Los temas intersectoriales decisivos, como los relativos a la tensión étnica, el tráfico transfronterizo de armas, el movimiento de grupos armados, malhe-chores y refugiados, la falta de diálogo nacional, las controversias relacionadas con la ciudadanía y el terri-torio y los recursos económicos inadecuados son pro-blemas comunes de la región. Esas cuestiones inter-sectoriales deben encararse con seriedad en la búsque-da de la paz, la seguribúsque-dad y el desarrollo tanto en los países de manera individual como en toda la subregión. Los elevados costos de estas amenazas transfronteri-zas, incluida la propagación rápida de la pandemia del VIH/SIDA y la persistencia de otras enfermedades mor-tales, constituyen factores desestabilizadores adicionales.

Se han llevado a cabo esfuerzos intensos en los ámbitos nacional, subregional, regional e internacional para contribuir a que la subregión de África central pueda estabilizar su situación y siente las bases de una paz y una estabilidad duraderas, pero es necesario que se haga mucho más que eso.

Las Naciones Unidas han respondido de muchas maneras a los problemas de paz y seguridad que aque-jan a la subregión. En particular, ha tratado de promo-ver el desarrollo y la mejora de la capacidad de la subregión en materia de alerta temprana y prevención, así como consolidación de la paz a largo plazo.

El Secretario General también ha despachado en varias ocasiones a Enviados Especiales a la subregión, y el Consejo de Seguridad, con gran atino, ha autoriza-do la puesta en marcha de operaciones de manteni-miento y consolidación de la paz en varias partes de la subregión para responder a situaciones específicas. Por ejemplo, la Misión de las Naciones Unidas en la Repú-blica Democrática del Congo (MONUC), como parte del mandato que le ha conferido el Consejo de Seguri-dad, se está encargando de aplicar un programa de des-arme, desmovilización y repatriación de grupos arma-dos extranjeros, que abarca no sólo a la República

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Democrática del Congo sino también a Rwanda, Bu-rundi, Uganda y el Sudán.

El éxito de nuestras iniciativas depende princi-palmente de la voluntad política de los países de la subregión y de la cooperación de la comunidad interna-cional en su conjunto que, en particular, debe suminis-trar los fondos necesarios para apoyar proyectos con-cretos. Éste es el caso, por ejemplo, de los programas de desmovilización y reintegración. A menos que se disponga de recursos suficientes, es poco probable que los excombatientes se puedan reintegrar satisfactoria-mente en sus comunidades de origen.

La cuestión de la reintegración es especialmente importante para consolidar los acuerdos de paz que se han concertado en la subregión. Para dar resultado, los programas de reintegración requieren un enfoque am-plio por parte de todo el sistema de las Naciones Uni-das, que debe trabajar en colaboración estrecha con el Banco Mundial. En este enfoque deben tenerse en cuenta los aspectos de la reintegración en la sociedad relativos a la seguridad y a los derechos humanos, así como los económicos y de desarrollo.

Parte de la contribución de las Naciones Unidas a la paz y la seguridad de la subregión del África central fue la creación, en mayo de 1992, del Comité Consulti-vo Permanente de las Naciones Unidas encargado de las cuestiones de seguridad en el África central, que tiene por misión promover la limitación de armamen-tos, el desarme y las medidas de fomento de la confian-za entre los Estados de la subregión.

Ahora bien, a pesar de todos estos esfuerzos, el África central sigue sometida a tremendas presiones en las esferas política, económica, social y de seguridad, que perpetúan la crisis políticomilitar en los países di-rectamente afectados y en otros países. Muchas de las crisis y sus consecuencias afectan a países vecinos o bien amenazan con extenderse a dichos países.

Tal y como se indica en nuestra nota informativa, consideramos que el restablecimiento y la consolidación de una paz duradera en los países de la subregión del África central son primordialmente responsabilidad de los Gobiernos y los pueblos interesados. Las Naciones Unidas y el resto de la comunidad internacional sólo pueden ofrecer asistencia. Por lo tanto, esperamos que la reunión de hoy brinde a los Estados del África central la oportunidad de reiterar su consagración a la solución pa-cífica de los conflictos entre sus países y a políticas que promuevan una gestión pública incluyente y participativa

basada en los principios democráticos, el respeto por los derechos humanos y el estado de derecho.

Por otro lado, instamos a la comunidad internacio-nal a que siga apoyando los esfuerzos de los países de la Comunidad Económica de los Estados del África Central (CEEAC) por promover una paz y un desarrollo durade-ros y por poner coto a la proliferación generalizada de armas y mercenarios en la subregión. En este sentido, son fundamentales el interés y la atención que el Con-sejo de Seguridad dedica ininterrumpidamente a los acontecimientos ocurridos en la subregión del África central, interés y atención que han contribuido en gran medida a que se tome más conciencia sobre la necesidad de adoptar medidas inmediatas y eficaces para estabili-zar la situación en el África central.

Sería importante que la comunidad internacional se acometiera la estabilización económica de los países del África central que salen de un conflicto y que em-prenden reformas democráticas. Como se subraya en nuestra nota, estamos convencidos de que las políticas de promoción de los derechos humanos y del estado de derecho y el desarrollo de una gestión pública inclu-yente y receptiva facilitarán la consolidación de la paz y la estabilización de los países de la subregión.

La subregión del África central es rica en recur-sos humanos y naturales. Un clima de paz duradera respaldado por políticas nacionales y regionales cons-tructivas y por una cooperación internacional favorable contribuiría a destinar estos recursos al mejoramiento de las condiciones en la subregión. Se han adoptado medidas importantes en este sentido, pero queda mucho por hacer. Quisiera asegurar a los participantes en esta reunión de hoy que las Naciones Unidas seguirán tra-bajando con los países y los pueblos del África central para ayudarles a construir una subregión más pacífica y próspera.

El Presidente (habla en francés): Doy las gracias al Subsecretario General de Asuntos Políticos por su de-claración. Doy la palabra al Sr. Emmanuel Mbi, Director Territorial del Banco Mundial para los países del África centromeridional y la región de los Grandes Lagos.

Sr. Mbi (habla en inglés): Es un honor para el Banco Mundial participar en esta sesión pública del Consejo de Seguridad sobre la importante cuestión del fortalecimiento de la cooperación para la paz y la segu-ridad en el África central.

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Durante los dos últimos años, los acontecimientos ocurridos en el África central —Angola, Burundi, la República Democrática del Congo, la República del Congo y Rwanda— han creado oportunidades para el restablecimiento de la paz y la estabilidad en la región. En los últimos meses se han precipitado los aconteci-mientos con la firma de los dos acuerdos de Luanda y Pretoria entre la República Democrática del Congo, Uganda y Rwanda. Ahora, más que nunca, es de im-portancia capital que haya una coordinación eficaz en-tre todas las partes interesadas en apoyar la consolida-ción de la paz y la estabilidad en esta subregión.

En este contexto, quisiera hacer tres observacio-nes generales sobre la labor del Banco Mundial en el África central. Primero, en el África central, como en otras regiones, el conflicto y el desarrollo están intrín-secamente relacionados.

Los conflictos del África central ilustran las con-clusiones a las que ha llegado el Banco Mundial en in-vestigaciones recientes: los profundos fracasos en ma-teria de desarrollo político y económico son una de las principales causas de los conflictos. La exclusión polí-tica y la mala gestión de las rentas económicas, junto con una pobreza generalizada, han creado situaciones explosivas cuyo detonante son fácilmente incidentes relativamente sin importancia.

Con frecuencia, tanto en el África central como en otras regiones el problema fundamental es la falta de instituciones políticas que tomen debidamente en cuenta la diversidad de la sociedad en el contexto de un acelerado crecimiento demográfico, vastas migraciones de las zonas rurales a las zonas urbanas y una pobreza extrema. Los conflictos del África central demuestran cómo éstos son un gran obstáculo para el desarrollo de África. El sufrimiento humano causado por esos con-flictos es inmenso.

Además, los conflictos anulan decenios de es-fuerzos realizados en pos del desarrollo. En Rwanda y en la República Democrática del Congo el actual pro-ducto interno bruto per cápita es inferior al de 1990, hace 12 años. En toda el África central, los daños físi-cos han sido profundos y amplios, los mercados están muy fragmentados y son ineficientes, lo que ha obliga-do a muchas comunidades a volver a la autarquía, han desaparecido muchas instituciones, ya no se prestan servicios sociales, y el VIH/SIDA sigue propagándose.

Los conflictos también socavan enormemente los esfuerzos que realizan los países vecinos en pro del

desarrollo. Los desplazamientos de población y el in-greso de refugiados, la inestabilidad en las zonas fron-terizas, las interrupciones de las corrientes comerciales, todo ello pone en peligro la estabilidad de los países vecinos.

Los conflictos tienden a seguir pautas cíclicas, como hemos visto en muchos países del África central. Los estudios demuestran que hay un 0,5 de probabili-dad de que los países que han padecido un conflicto vuelvan a la guerra dentro de un período de cinco años después de haber firmado un acuerdo de paz. A menos que se consigan rápidamente los dividendos de la paz, los gobiernos posteriores a los conflictos generalmente son demasiado débiles para mantener la estabilidad po-lítica y social. En el período incierto e inestable que generalmente sigue a la mayoría de los conflictos, los esfuerzos internacionales pueden ser decisivos y una recuperación eficaz después de los conflictos puede ayudar en gran medida a prevenir el estallido de nuevos conflictos. Esta es una lección crítica para la labor que realizamos hoy en día en países como la República Centroafricana, Rwanda, la República Democrática del Congo o la República del Congo, para nombrar sólo unos pocos. Es en este contexto que el Banco Mundial está llamado a desempeñar un papel cada vez mayor en varios países del África central.

El segundo aspecto al que quiero referirme es que el Banco Mundial interviene a través de una amplia gama de instrumentos y sistemas complementarios. El Banco le ha prestado una atención considerable a las situaciones posteriores a los conflictos en África y en el mundo entero. En la actualidad, el Banco está traba-jando en África en 16 países afectados por los conflic-tos, con programas dirigidos fundamentalmente a la estabilización económica en el Congo-Brazzaville, la República Democrática del Congo y Rwanda; a la re-construcción de la infraestructura en la República De-mocrática del Congo, al apoyo al sector privado y a la agricultura en Rwanda, a la prestación de servicios so-ciales en Burundi, a la prevención del VIH/SIDA en la República Centroafricana, a la desmovilización y la reintegración en Rwanda, y a la rehabilitación sobre la base de esfuerzos comunitarios en Burundi, la Repúbli-ca DemocrátiRepúbli-ca del Congo y Rwanda. En términos ge-nerales, la cartera en los 16 países afectados por los conflictos actualmente asciende en total a unos 80 pro-yectos con un valor de unos 5.000 millones de dólares. Las normas recientemente aprobadas sobre nuestra fi-nanciación pronto nos permitirán proveer un porcentaje

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relativamente alto de nuestra nueva asistencia en forma de subvenciones.

Voy a referirme brevemente a esos programas. Lo que hemos aprendido a lo largo de los años es que en las situaciones posteriores a los conflictos el estableci-miento de prioridades sobre la base de la experiencia general puede estar errado y las modalidades conven-cionales pueden no ser las más indicadas. Algunas re-formas pueden ser atípicamente importantes porque la economía es atípicamente sensible a ellas. Otras, que normalmente son críticas para reducir la pobreza, pue-den ser contraproducentes. Por lo tanto, estamos pres-tando una atención especial a la economía política de la recuperación con posterioridad a los conflictos.

Quiero agregar que nuestro programa de présta-mos es sólo parte de nuestra labor. También estaprésta-mos proporcionando apoyo y asistencia técnica sustancial para el fomento de la capacidad. Ese apoyo es a menu-do crítico, como lo demostró el éxito del asesoramiento temprano sobre política prestado a Rwanda después del genocidio de 1994 y a la República Democrática del Congo en 2001. Asimismo, estamos participando en la elaboración de programas de recuperación coherentes, globales y factibles y a la movilización de donantes pa-ra su financiación.

No obstante esos esfuerzos no son más que un elemento de una labor más amplia que ha emprendido la comunidad internacional para restablecer la paz y la estabilidad. La consolidación de la paz exige la partici-pación en varias esferas: política, militar, económica y humanitaria. La asistencia humanitaria puede repre-sentar una importante contribución a la paz y la estabi-lidad, pero no puede garantizarlas. La asistencia eco-nómica es sólo un elemento de una estrategia más am-plia y holística orientada a garantizar un tratamiento integral y coordinado de todas las dimensiones clave de la recuperación. En este contexto, dirigimos nuestras miradas al sistema de las Naciones Unidas, en particu-lar al Consejo de Seguridad, para que provean el tipo de liderazgo que se necesita a fin de crear un entorno propicio para que podamos contribuir a los procesos de paz en el África central.

Subrayo que, aun a nivel técnico, ningún orga-nismo puede esperar brindar por sí solo todo el apo-yo necesario. Por lo tanto, el Banco está decidido a tra-bajar en asociación con otros y en especial a desarro-llar una firme colaboración sobre el terreno con los

organismos de las Naciones Unidas, en particular con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.

En tercer lugar, quiero señalar a la atención un programa especial que hemos desarrollado el año pasa-do, que creo complementa los esfuerzos de las Nacio-nes Unidas, especialmente los de sus fuerzas de mante-nimiento de la paz. Me refiero al Programa multinacio-nal de desmovilización y reintegración para la región más amplia de los Grandes Lagos de África.

Es en gran medida ese espíritu de asociación el que le dio cuerpo a la Estrategia de desmovilización y reintegración para la región más amplia de los Grandes Lagos, por la que se busca aumentar las perspectivas de estabilización y recuperación en la región. La Estrate-gia se elaboró sobre la premisa de que ningún donante ni organismo puede hacer frente por sí solo a las cues-tiones del desarme, la desmovilización y la reintegra-ción en la región, y de que el desarme, la desmoviliza-ción y la reintegradesmoviliza-ción de los excombatientes son nece-sarios para instaurar la paz y restablecer la seguridad, que son condiciones previas indispensables para el lo-gro del crecimiento sostenible y la reducción de la po-breza. Los gobiernos de la región reconocen la dimen-sión regional de estos retos y han expresado su apoyo al establecimiento de un marco regional para el desar-me, la desmovilización y la reintegración.

Los organismos regionales y la comunidad inter-nacional están realizando ingentes esfuerzos en las es-feras de la seguridad y la recuperación política y eco-nómica. La estrategia regional para el desarme, la des-movilización y la reintegración debe contemplarse dentro del marco más amplio de esos esfuerzos. Su objetivo es complementar las iniciativas de paz nacio-nales y regionacio-nales, brindando apoyo para la reintegra-ción social y económica de los excombatientes, y no puede sustituir a la solución política de los conflictos.

El Programa multinacional de desmovilización y reintegración se ha desarrollado, pues, para volver ope-racional la Estrategia que acabo de mencionar. Ese Programa reúne, en primera instancia, a nueve países: Angola, Burundi, la República Centroafricana, la Re-pública Democrática del Congo, Namibia, la ReRe-pública del Congo, Rwanda, Uganda y Zimbabwe, que han participado en el conflicto de la República Democrática del Congo o se han visto afectados por él, así como a más de 30 asociados: organizaciones regionales, países do-nantes, organismos de las Naciones Unidas e instituciones

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financieras internacionales, muchos de los cuales me complace ver que están representados aquí hoy.

Los objetivos del Programa son: primero, propor-cionar un marco general para los esfuerzos dirigidos al desarme, la desmovilización y la reintegración; segun-do, establecer un mecanismo coherente para la coordi-nación de donantes y la movilización de recursos y, tercero, servir de plataforma para los procesos consul-tivos nacionales.

El Programa será aplicado a lo largo de un perío-do de cinco años, a saber, de 2002 a 2006. Las cifras preliminares señalan que posiblemente 350.000 ex-combatientes serán desmovilizados y reintegrados gra-cias al Programa Multinacional de Desmovilización y Reintegración. Esas cifras incluyen a antiguos miem-bros de ejércitos nacionales y a miemmiem-bros de grupos armados irregulares.

Los países de la región de los Grandes Lagos po-drán optar a la asistencia del Programa Multinacional de Desmovilización y Reintegración sobre la base de varios criterios de idoneidad generales y al nivel del país. Entre los más importantes se cuentan la participa-ción del Gobierno en el proceso regional de paz y la adopción de medidas políticas fundamentales. Dada la importancia de la flexibilidad y la oportunidad de la fi-nanciación para aprovechar las oportunidades que se presentan, los criterios al nivel nacional se centran en la creación de arreglos institucionales adecuados y la elaboración de un programa nacional en consulta con la comunidad internacional.

Se han establecido dos comités para facilitar la participación de los asociados nacionales, regionales e internacionales: uno para considerar las cuestiones de política vinculadas al Programa y otro para abordar las cuestiones de financiación. Además, un grupo de coor-dinación técnica regional compuesto por administrado-res de programas nacionales fue creado para padministrado-restar asistencia en cuanto a armonizar los esfuerzos indivi-duales de desarme, desmovilización y reintegración. Un diálogo permanente entre los centros de coordina-ción de los interesados asegura la cooperacoordina-ción siste-mática al nivel técnico.

Las aportaciones concretas de los asociados, a sa-ber, donantes, organismos de las Naciones Unidas y or-ganizaciones no gubernamentales locales e internacio-nales al proceso de desarme, desmovilización y reinte-gración, se basarán en sus ventajas comparativas res-pectivas y podrán ser distintas según los países. El

papel del Banco Mundial en la aplicación de la estrate-gia y el Programa es de tres vías: en primer lugar, ad-ministrar la secretaría del Programa Multinacional de Desmovilización y Reintegración, en segundo lugar, gestionar el fondo fiduciario de donantes múltiples, y en tercer lugar, cofinanciar los programas nacionales.

El Programa Multinacional de Desmovilización y Reintegración se inició en abril de 2002. Hasta ahora, éste ha apoyado la preparación de los programas de desmovilización y reintegración en Rwanda y en An-gola; la primera reunión del grupo de coordinación téc-nica celebrada en Luanda en agosto de 2002; el taller técnico entre los Gobiernos de la República Democrá-tica del Congo y de Rwanda con respecto a la aplica-ción del Acuerdo de Pretoria que se llevó a cabo en septiembre, y una misión conjunta durante la cual cua-tro equipos visitaron Angola, Burundi, la República Centroafricana, el Congo, la República Democrática del Congo, Rwanda y Uganda del 23 de septiembre al 4 de octubre de 2002.

El día de hoy nos ofrece una oportunidad más de reiterar lo necesario que es garantizar que nuestros es-fuerzos individuales y colectivos en pro de la paz y la seguridad en el África central no se conciban por sepa-rado y en términos abstractos, sino que se complemen-ten entre ellos y fomencomplemen-ten el apoyo regional que todos aprobamos.

El Presidente (habla en francés): Doy la palabra a la Sra. Julia Taft, Directora de la Oficina de Preven-ción de Crisis y de RecuperaPreven-ción del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.

Sra. Taft (habla en inglés): Es para mí un gran placer poder presentar algunos de los aspectos más destacados del papel del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en su empeño por ayudar a mantener la paz y la seguridad en la subregión del África central.

Se sabe que el empobrecimiento puede ser cau-sa y consecuencia del conflicto. Las situaciones inesta-bles menoscaban los esfuerzos de desarrollo, pero la falta de desarrollo también puede ser un factor que contribuya a la inestabilidad. Como lo ha recalcado el representante del Banco Mundial, existe un consenso con respecto a considerar que estos dos fenómenos son interdependientes.

Esta interdependencia entre la pobreza y el con-flicto ha fijado el punto donde el PNUD interviene en

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la prevención de conflictos y la consolidación de la paz. La interdependencia significa que los programas de desarrollo tienen que contribuir al propósito político de consolidar la paz e impedir futuros conflictos, así como a cumplir su objetivo habitual de mejorar las condiciones de vida y aliviar el sufrimiento. En un es-fuerzo sostenido por alcanzar esos objetivos se están estableciendo estrategias, instrumentos y asociaciones nuevos y eficaces con nuevos asociados como el Banco Mundial y otros fondos y programas del sistema de las Naciones Unidas y otras organizaciones de administra-ción pública nacionales e internacionales.

La Junta Ejecutiva del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en 2001 avaló esa amplia relación y la conexión entre el papel del PNUD en el desarrollo y la consolidación de la paz y también apoyó nuestra estrategia de respuesta.

Aunque los conflictos no se limitan a África ni mucho menos, el continente ha sufrido un número con-siderable de conflictos y emergencias complejas. La subregión del África central ha sido una de las más afectadas por conflictos en curso o recurrentes. El efecto y alcance que estos conflictos tienen sobre el de-sarrollo recalca la necesidad urgente de que prestemos ayuda a los gobiernos cuyas operaciones de desarrollo habituales se han visto destruidas por los efectos de los conflictos.

Los parámetros del marco estratégico del PNUD son la prevención de conflictos, la recuperación, la consolidación de la paz y el fomento de la capacidad de las organizaciones regionales y subregionales. Los es-fuerzos en materia de prevención de conflictos se con-centran en el fomento de la capacidad de las institucio-nes y los protagonistas nacionales para analizar mejor los conflictos e identificar los factores de riesgo y una serie de respuestas adecuadas.

Nuestras intervenciones en cuanto a recuperación se basan en desarrollar estrategias para superar la bre-cha que existe entre el socorro y el desarrollo haciendo hincapié en la reintegración de excombatientes y de ci-viles desplazados por la guerra y en ayudar a las comu-nidades en la rehabilitación y la reconstrucción. La re-cuperación también apoya la reconstrucción de la ges-tión administrativa y de las instituciones socioeconó-micas para promover la inclusión política y social, el imperio del derecho y una justa administración de la justicia para evitar que se vuelvan a producir conflic-tos. En la esfera de la consolidación de la paz, el

PNUD ha participado activamente en los programas de desarme, desmovilización y reintegración, en la reco-lección de las armas pequeñas en las comunidades, en la reconstrucción del capital social y en los procesos de reconciliación.

Permítaseme señalar un ejemplo regional para ilustrar la gama de actividades en que participamos. Como parte de su mandato general de responder a las consecuencias de la disponibilidad y uso ilícitos de las armas pequeñas, el PNUD ha emprendido una serie de actividades en la región de los Grandes Lagos para ayudar a los Estados y comunidades donde la transición del conflicto armado a la recuperación económica se ve actualmente obstaculizada por la inseguridad y la vio-lencia constantes.

El PNUD lanzará en noviembre de 2002 un pro-yecto transfronterizo para reducir la violencia armada a través de actividades de recuperación de comunidades y desarme voluntario, fortaleciendo la capacidad en la República del Congo y en la República Democrática del Congo y facilitando la repatriación de excomba-tientes y refugiados de la República Democrática del Congo. Además, el PNUD, en estrecha colaboración con la Interpol y la Organización Mundial de Aduanas, está desarrollando un programa multinacional para mejorar la capacidad de los Estados de la región de controlar la proliferación ilícita de armas pequeñas. Además de evaluar las zonas de mayor riesgo de tráfico ilícito de armas pequeñas y desarrollar programas de capacitación para funcionarios de aduanas y fronteras, este proyecto quiere contribuir al desarrollo de marcos de seguridad regional dentro de la región de los Gran-des Lagos.

El PNUD también ayuda a la Secretaría de Nairo-bi a aplicar la Declaración de NairoNairo-bi sobre el proble-ma de la proliferación ilícita de arproble-mas pequeñas y lige-ras como parte de su esfuerzo por aplicar las iniciativas regionales intergubernamentales orientadas a hacer frente a las armas pequeñas.

El PNUD también lleva a cabo una serie de pro-gramas al nivel de país que merecen ser mencionados brevemente. En la República Democrática del Congo, dentro del marco de los acuerdos de paz, los programas para reactivar la recuperación económica en las zonas afectadas por la guerra y para reintegrar a los excom-batientes congoleños son críticos para romper los vín-culos entre la inseguridad y el subdesarrollo crónico.

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En ese contexto, el Gobierno y el Representante Especial del Secretario General han solicitado al PNUD que inicie la tarea de desmovilización, desarme y reinserción conjuntamente con la MONUC, el Banco Mundial y otros colaboradores. Además, el PNUD brindará asistencia técnica y capacitación a funciona-rios gubernamentales sobre el modo seguro de reco-lectar, controlar y destruir armas para ayudar a desa-rrollar los sistemas necesarios de registro e identifica-ción y llevar a cabo evaluaciones a fin de definir es-trategias óptimas de desarme y detectar indicios de dis-ponibilidad y distribución de armas. El PNUD está co-laborando asimismo con la MONUC y las organizacio-nes de la sociedad civil para promover una mayor con-ciencia sobre el problema de las armas pequeñas en las comunidades locales.

A través de su Proyecto de reintegración de los excombatientes y Recolección de armas en la Repúbli-ca del Congo, iniciado en junio de 2000, el PNUD ha reintegrado a unos 8.000 excombatientes a cambio de la entrega voluntaria de más de 12.000 armas pequeñas y explosivos, todos los cuales han sido destruidos.

En Rwanda, en los últimos cuatro años el PNUD ha apoyado el programa de desmovilización y reinte-gración de más de 16.000 efectivos. Se ha previsto una cumbre nacional de unidad y reconciliación para fines de octubre de 2002, con el apoyo del PNUD. También estamos tratando de atender el problema del reasenta-miento de una población de más de 170.000 desplaza-dos internos. Además, el PNUD ha establecido y conti-núa apoyando un instituto de investigación de políticas sobre temas relacionados con la paz y la prevención de conflictos nacionales y regionales, el Centro de Gestión de Conflictos, afiliado con la Universidad Na-cional de Rwanda.

En Burundi, además del programa en curso de reintegración de los desplazados internos y repatriados, el PNUD asistirá al Gobierno en la formulación de un programa destinado a la reinserción y reintegración de los excombatientes.

En Angola, también nos inquieta el problema de los excombatientes y nos ocupamos de él. Tras el acuerdo de paz suscrito entre el Gobierno y la UNITA, elaboramos un programa privado de recuperación re-gional para ampliar la capacidad de los gobiernos mu-nicipales de brindar servicios a los repatriados. Nuestra propuesta inicial es comenzar en dos provincias y, tan pronto el Gobierno de Angola apruebe nuestro

proyecto, emprenderemos un esfuerzo importante para mitigar los efectos de la guerra en esas provincias. En la República Centroafricana, el Gobierno solicitó al PNUD y a las Naciones Unidas en 2001 que reorienta-ran los objetivos y estrategias de su programa nacional de desarme y reinserción. Durante el período inicial de ejecución del proyecto se recolectaron y destruyeron públicamente miles de municiones y armas pequeñas en una “hoguera de la paz”. El PNUD ha brindado también capacitación directa a los funcionarios nacio-nales sobre los procedimientos básicos de manipula-ción de armas y explosivos en condiciones de seguri-dad. Más aún, en el Chad participamos en la reintegra-ción de excombatientes, así como en las actividades de remoción de minas.

Por último, quisiera señalar que algunos de nues-tros esfuerzos en el Camerún están realmente encami-nados a apoyar el papel fundamental que desempeña el Gobierno en el establecimiento de mecanismos de pre-servación de la paz y la seguridad en la subregión. La Comisión Mixta de la República Centroafricana y el Camerún ha sido alentada y apoyada activamente por el equipo de las Naciones Unidas en el país en su tarea de controlar la circulación de armas y el tráfico de perso-nas. De ese modo, el Camerún desempeña un papel im-portante en el contexto de las reuniones semestrales del Comité Consultivo Permanente de las Naciones Unidas encargado de la cuestión de la seguridad en el África central, que se reúne cada tres meses.

Asimismo, entre las actividades que realiza el PNUD en apoyo al Gobierno se cuentan la promoción, la preparación de programas para frenar la prolifera-ción de armas pequeñas, la creaprolifera-ción de capacidad a través del Centro subregional de derechos humanos y la democracia y la prestación de apoyo técnico a la Insti-tución nacional de derechos humanos del Camerún.

Quisiera señalar que he destacado sólo algunas de las medidas concretas que lleva a cabo el PNUD. Evi-dentemente, necesitamos hacer más y quedamos a la expectativa de integrar y ampliar nuestros esfuerzos al lado de otros colaboradores. El PNUD sigue compro-metido a garantizar un apoyo prioritario a los progra-mas que contribuyen a la paz y la seguridad en toda la subregión de África central actualmente y en los años venideros.

El Presidente (habla en inglés): Tiene la palabra el Sr. Simonovic, Presidente del Consejo Económico y Social.

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Sr. Simonovic (habla en inglés): Se dice que el Secretario General de las Naciones Unidas Dag Hammarskjold, quien dio su vida por la paz en la re-gión de África central, observó que el propósito de las Naciones Unidas no es llevarnos al cielo, sino salvar-nos del infierno. En el debate abierto de hoy, 41 años después de su muerte, nos hallamos reunidos para lle-var la paz y un futuro mejor a una región que ha sufri-do demasiasufri-do.

Somos cada vez más conscientes de que la con-solidación de la paz exige un enfoque integral que abarque una amplia gama de programas y mecanismos políticos y humanitarios, así como de desarrollo y de-rechos humanos. Es necesario tomar medidas que se centren en la promoción de instituciones y procesos sostenibles en muchos ámbitos. Esto se ha recalcado en las conclusiones de numerosos debates del Consejo de Seguridad. Aún más, la semana pasada el Presidente de la Asamblea General subrayó que la paz y la seguridad están íntimamente vinculadas a la cuestión de la pobre-za y que disminuir los niveles de pobrepobre-za es el más so-bresaliente y difícil de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Como órgano intergubernamental central encar-gado de la coordinación económica y social del sistema de las Naciones Unidas y de la realización de estudios y la formulación de recomendaciones a otras entidades, en el mandato del Consejo Económico y Social se in-cluyen funciones que pueden ser útiles en el examen y la adopción de medidas para abordar las causas subya-centes de la violencia y en los procesos de asistencia humanitaria, reconstrucción y desarrollo económico y social y derechos humanos, que constituyen el núcleo de la consolidación de la paz.

La región de África central encara numerosos de-safíos de todo tipo causados por diversos conflictos que han asolado la subregión. Como han señalado tantos miembros, varios de los 11 países de la región se han visto afectados por conflictos civiles, incluidos Angola, Burundi, la República Centroafricana, el Chad, la Re-pública del Congo y Rwanda, que han ocasionado una importante pérdida de vidas y destrucción en gran es-cala de la infraestructura económica y social y han re-sultado en miles de refugiados, repatriados y desplaza-dos. No es sorprendente que los 11 países, todos los cuales experimentan conflictos, con una excepción, fi-guren en la categoría de países menos adelantados en el Informe sobre el Desarrollo Humano, año 2002, del Programa de las Naciones Unidas.

El Consejo Económico y Social reconoce la im-portancia de las influencias e interrelaciones trans-fronterizas en diversos conflictos de África, y en su comunicado ministerial de 2001 sobre el apoyo al desa-rrollo sostenible de África pidió que se estudiara la po-sibilidad de crear una capacidad de coordinación subregional de las Naciones Unidas, probablemente utilizando las oficinas regionales existentes de las ciones Unidas, lo cual ayudaría al sistema de las Na-ciones Unidas a establecer políticas y estrategias inte-gradas, velar por la armonización de actividades y prestar apoyo a los esfuerzos e iniciativas nacionales y subregionales de consolidación de la paz y apoyaría a la vez la integración subregional. El Consejo seguirá abogando por la creación de dicha capacidad.

El Consejo estima que es indispensable que los propios países de la subregión controlen y dirijan su reconstrucción. La región del África central posee un enorme potencial, cuenta con una población de 100 millones de habitantes e ingentes recursos naturales sin explotar. El Consejo deplora la explotación ilícita de esos recursos, en especial porque considera que el de-sarrollo sostenible de esos recursos serviría para paliar las consecuencias humanitarias, económicas y sociales de los conflictos e induciría a esos países a la senda del crecimiento a largo plazo. Uniremos nuestra voz a la del Consejo de Seguridad para pedir que se ponga fin a esa práctica.

El Consejo Económico y Social acoge con bene-plácito los recientes acontecimientos positivos en la re-gión: la retirada de tropas de la República Democrática del Congo; la firma del acuerdo de cesación del fuego entre el Gobierno de Transición de Burundi y dos mo-vimientos rebeldes, con motivo de la cumbre regional de Dar es Salam el 7 de octubre; y la decisión de des-plegar una fuerza internacional de observadores en la República Centroafricana para promover la calma, par-ticularmente en la frontera de este país con el Chad. Consideramos que esos son signos positivos de que la subregión está emergiendo de la pesadilla del conflicto civil y que ayudarán a crear un clima propicio para la reconstrucción de las economías y el relanzamiento del crecimiento económico.

Sr. Presidente: Usted se dirigió al Consejo Eco-nómico y Social en su calidad de Presidente del Con-sejo de Seguridad cuando ese organismo conmemoró recientemente el décimo aniversario de la firma del Acuerdo General de Paz en Mozambique, y algunos de los que nos hallamos aquí en este Salón estuvimos

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también presentes en aquella reunión. El 4 de octubre de 1992, después de 16 años de conflicto civil, las par-tes en aquel acuerdo se comprometieron a hacer todo cuanto pudieran para lograr una auténtica reconcilia-ción nacional. En el decenio que ha transcurrido desde entonces, Mozambique se ha convertido en una historia de éxito tanto de África como de las Naciones Unidas, así como un ejemplo de cómo se interconectan la paz y el desarrollo. Necesitamos más historias de éxito tam-bién en otros lugares de África.

El pasado mes de julio el Consejo Económico y Social aprobó una resolución que esperamos lleve a la adopción de medidas muy útiles y positivas por parte de la comunidad internacional en apoyo de los países africanos que salen de una situación de conflicto. Se trata del acuerdo para establecer, si se solicita, un gru-po consultivo especial, a nivel de embajadores, encar-gado de examinar las necesidades humanitarias y eco-nómicas del país en cuestión; para analizar los progra-mas de apoyo pertinentes; para preparar recomendacio-nes relativas a un programa de apoyo a largo plazo que integre el socorro, la rehabilitación, la reconstrucción y el desarrollo en un enfoque amplio; y para prestar ase-soramiento acerca de cómo garantizar la adecuación y coherencia de la ayuda internacional.

Guinea-Bissau es el primer país en solicitar que se cree dicho grupo consultivo. Ahora estamos elabo-rando los detalles de los arreglos, y confío en que po-damos establecer el grupo consultor especial sobre Guinea-Bissau este viernes 25 de octubre. El grupo consultor tendrá apoyo interinstitucional en la realiza-ción de su labor, y esperamos con interés el análisis y el informe que el Consejo Económico y Social debe re-cibir hacia mediados de enero. Al realizar su labor, el Grupo del Consejo Económico y Social cooperará es-trechamente con el Grupo de Trabajo Especial sobre África del Consejo de Seguridad.

Permítaseme terminar diciendo que en la reciente conmemoración de los 10 años transcurridos desde el exitoso acuerdo de paz, el Ministro de Relaciones Exte-riores de Mozambique afirmó que la recuperación y la consolidación nacional en el período posterior al con-flicto son incluso más difíciles de gestionar que las ne-gociaciones de paz y de mantenimiento de la paz, ya que es muy grande la presión para que se produzcan re-sultados rápidos y sostenibles y para demostrar cons-tantemente que la paz es más beneficiosa que la guerra. Este es un razonamiento muy aleccionador, y debemos

tenerlo presente cuando se debaten las perspectivas pa-ra África centpa-ral.

Sr. Presidente: Permítame darle de nuevo las gra-cias por organizar este debate y por invitar al Consejo Económico y Social a participar en él.

El Presidente (habla en francés): El siguiente orador inscrito en mi lista es el Sr. Rodolph Adada, Ministro de Relaciones Exteriores, de la Cooperación y de las Relaciones con los Países de Habla Francesa del Congo, y actual Presidente de la Comunidad Económi-ca de los Estados del ÁfriEconómi-ca Central, a quien invito a tomar asiento a la mesa del Consejo y a formular su declaración

Sr. Adada (Congo) (habla en francés): Sr. Presi-dente: En nombre de los 11 países miembros de la Co-munidad Económica de los Estados del África Central (CEEAC) ―Angola, Burundi, el Camerún, la Repúbli-ca DemocrátiRepúbli-ca, el Chad, el Congo, la RepúbliRepúbli-ca De-mocrática del Congo, Guinea Ecuatorial, el Gabón, Rwanda y Santo Tomé y Príncipe―, que mi país presi-de actualmente, quiero, ante todo, expresarle mis cáli-das felicitaciones por la manera tan dinámica en que preside la labor del Consejo de Seguridad este mes. Es con orgullo legítimo y gran determinación que la subregión a la que usted pertenece participa en el de-bate, al que usted ha tenido a bien invitar hoy a la co-munidad internacional.

Quisiera también, en nombre de todos mis cole-gas, elogiar los esfuerzo del Secretario General, Sr. Ko-fi Annan, en pro de la paz y el desarrollo sostenibles en África en su conjunto. Le estamos particularmente agradecidos por toda la atención y todo el interés que ha prestado a las cuestiones de la paz y la seguridad en nuestra subregión.

Somos, pues, optimistas en cuanto a las esperan-zas en las conclusiones a las que debería llevar el de-bate de hoy, que es sumamente oportuno, es decir, en un momento en que en el África central surgen pers-pectivas muy favorables.

Hace menos de dos meses, entre el 26 y el 30 de agosto, se celebró en Bangui (República Centroafrica-na), la 18a reunión ministerial del Comité Consultivo

Permanente de las Naciones Unidas encargado de las cuestiones de seguridad en el África central, mecanis-mo al servicio de la diplomacia preventiva que acaba de celebrar su décimo aniversario.

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Sea esta la ocasión para aplaudir la existencia de ese marco valioso de concertación que ha permitido que nuestros Estados, a pesar de las controversias que a veces los han enfrentado, entablaran un diálogo perma-nente susceptible de calmar las tensiones. Gracias a este Comité se ha creado el Consejo de la Paz y de la Seguridad (COPAX), que, sin embargo, todavía no está realmente en funcionamiento.

En la reunión de Bangui se comprobó que hay una evolución más bien positiva en la situación geopo-lítica y de seguridad en la subregión. Ello es debido es-pecialmente a la buena voluntad de las partes en el con-flicto, a los diversos esfuerzos de mediación, tanto re-gionales como internacionales, y especialmente a una toma de conciencia genuina por parte de la mayoría de los protagonistas. En Angola, Burundi, la República Democrática del Congo y la República Centroafricana, por nombrar sólo a unos pocos países, se han logrado auténticos progresos que deben aún consolidarse. De ahí la importancia de esta reunión, que debe ayudarnos a ampliar nuestra capacidad de consolidación de la paz mediante acciones concretas en materia de desarme, desmovilización y reintegración social y profesional de los excombatientes.

Las acciones para la consolidación de la paz en el África central tienen hoy carácter prioritario, ya que de su éxito dependen la paz, la estabilidad política y, en última instancia, la recuperación económica y el desa-rrollo de los países en situación posterior a un conflic-to. Todos somos muy conscientes de que la desmovili-zación y la reintegración mal realizadas o inacabadas llevan inevitablemente a la continuación de la violencia y la inseguridad, puesto que, para algunos excomba-tientes, el recurso a las armas es la solución automática para la subsistencia diaria.

Por lo tanto, inmediatamente después de la cesa-ción del fuego, se deben elaborar programas nacionales que permitan restaurar la confianza en todo un sector de la población que necesita reintegrarse en la vida ci-vil. Pero para ello se requieren recursos, de los que no siempre disponen los países desangrados por las tribu-laciones de la guerra. De ahí la necesidad de la ayuda de la comunidad internacional.

Como un ejemplo de lo que acabo de esbozar, quiero recordar la experiencia de mi país después de que finalizara la guerra civil, tras el acuerdo de cesa-ción de las hostilidades y los acuerdos de paz firmados en 1999.

Se estableció un programa juntamente con el Pro-grama de las Naciones Unidas para el Desarrollo, cu-yos resultados fueron muy alentadores pero limitados: 8.009 ex miembros de la milicia recibieron ayuda para la reintegración, dentro del marco de un proceso enca-minado a ayudar a 10.000 excombatientes; se recolec-taron 11.114 armas con sus municiones, y se celebró una ceremonia de quema de armas llamada “Llama de la Paz” para destruir dichas armas; ya se han asignado casi 1,8 millones de francos CFA para la realización de unos 2.609 microproyectos.

El proceso continúa, porque 25.000 excomba-tientes que figuran en el censo todavía esperan benefi-ciarse de estos programas. Se han adoptado medidas en ese sentido con las Naciones Unidas y otros asocia-dos. El Banco Mundial aceptó financiar programas por 5 millones de dólares.

Problemas parecidos están surgiendo en toda la subregión, y es importante que las Naciones Unidas los consideren de manera urgente y práctica. Esto se aplica especialmente al caso de Angola, donde la misión que el Consejo de Seguridad estableció el 15 de agosto de 2002 representa una respuesta apropiada y adecuada, puesto que ha sido concebida, entre otras cosas, para proporcionar asistencia humanitaria a los grupos vulne-rables, garantizar la reinserción social y profesional de los militares que fueron desmovilizados, promover la reintegración económica, preparar las elecciones y lu-char contra las minas antipersonal.

Por consiguiente, esperamos que esa misión y otras iniciativas de la comunidad internacional respon-dan al llamamiento lanzado en Bangui por el Comité Consultivo Permanente de las Naciones Unidas encar-gado de las cuestiones de seguridad en el África central en favor de las actividades de consolidación de la paz en Angola, como la desmovilización, reinserción de los excombatientes, la reconstrucción y la reactivación económica del país. Lanzamos ese mismo llamamiento en favor de la República Democrática del Congo don-de, como ya hemos destacado, por primera vez en mu-chos años vemos una llama de esperanza respecto del retorno a la paz, en especial la retirada de las tropas extranjeras y las negociaciones para un diálogo que in-cluya a todas las partes.

Este es el momento oportuno para solicitar que la Misión de las Naciones Unidas en la República Demo-crática del Congo (MONUC) refuerce sus efectivos y se despliegue de manera eficaz a fin de evitar cualquier

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retroceso. También es el momento oportuno para que el mandato de las operaciones de mantenimiento de la paz incluya el componente esencial de reinserción y para que se destine un presupuesto importante a esas misiones.

También con respecto a la República Democrática del Congo, instamos a la comunidad internacional a que responda de manera urgente y generosa al llama-miento mundial en favor de la República Democrática del Congo, que fue lanzado el 27 de noviembre de 2001 por las Naciones Unidas y sus asociados en el ámbito de la acción humanitaria.

También lanzamos un llamamiento urgente a la comunidad internacional, y en particular a los donantes bilaterales y multilaterales de Burundi, para respaldar los esfuerzos en favor de la paz y mejorar las condicio-nes de vida en ese país, como seguimiento de los com-promisos asumidos en París y en Ginebra durante las conferencias de donantes sobre Burundi.

También instamos a las Naciones Unidas y a los asociados bilaterales a que lleven a la práctica un com-ponente esencial del comunicado que fue publicado en Libreville el 2 de octubre de 2002 tras la reunión en la cumbre sobre la situación en el Chad y la República Centroafricana: el despliegue de una fuerza interafrica-na de observación en la frontera entre los dos países, que han decidido normalizar sus relaciones. Estoy se-guro de que las Naciones Unidas contemplarán con gran interés esta iniciativa, que presentamos en nombre de la subregión.

Tenemos especial interés en señalar a la atención del Consejo el espinoso problema de las armas que cir-culan en nuestra subregión. En este contexto, con el fin de evaluar la amplitud del problema y formular una respuesta apropiada, se celebró hace dos años una con-ferencia subregional en Ndjamena, Chad. Estamos tra-bajando en la aplicación de las recomendaciones que entonces fueron adoptadas.

En ese mismo contexto, el próximo año se orga-nizará un taller sobre la aplicación, por parte de los países del África central, del Programa de Acción de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Tráfico Ilícito de Armas Pequeñas y Ligeras en todos sus As-pectos. Pedimos, por consiguiente, asistencia a las Na-ciones Unidas para organizar ese taller y aplicar una política subregional de desarme y de control de la cir-culación de armas.

Por todas estas razones, respaldamos con firmeza la iniciativa del Presidente del Banco Mundial de estu-diar en forma específica los problemas relativos a la recuperación económica y el desarrollo de los países africanos que salen de conflictos, una iniciativa lanzada hace poco en Dar es Salam, en Tanzanía, en una reu-nión de los ministros de economía de esos países.

Como los miembros del Consejo habrán observa-do, el problema de los países centroafricanos exige que se adopten medidas urgentes a fin de consolidar los procesos de restauración de la paz y de establecer la paz de manera permanente con ayuda de los esfuerzos de todos los países interesados. Se trata, ya hemos di-cho, de que ustedes nos acompañen en nuestra voluntad de romper definitivamente el círculo vicioso de las guerras y nos ayuden a aumentar nuestra capacidad in-terna en materia de consolidación de la paz.

Ese esfuerzo se necesita con urgencia, pero tiene que ser duradero; las vías ya existen, pero deben ser debidamente aclaradas, investigadas más profunda-mente y reforzadas.

Tenemos nuestra propia estructura regional para la cooperación, la Comunidad Económica de los Esta-dos del África Central (CEEAC), que nuestros Jefes de Estado han decidido reactivar y que ha desempeñado ciertas tareas de apoyo a la paz y la seguridad. Esto de-be ser alentado y respaldado.

El Comité Consultivo ha dado pruebas de ser útil y eficaz, y pedimos que se mantenga y que se le preste mayor asistencia financiera.

También hemos señalado que queremos celebrar una conferencia que reúna a todos los países vecinos o fronterizos de la República Democrática del Congo a fin de determinar un marco jurídico y político que ga-rantice la paz y la seguridad en nuestra subregión.

Por último, se debe recordar el proyecto siempre actual de convocar una conferencia internacional para la región de los Grandes Lagos, a fin de garantizar la paz, la estabilidad y el desarrollo en esa parte del con-tinente que durante tanto tiempo ha padecido debido a la violencia y la división.

En nombre de la CEEAC pido asistencia a la co-munidad internacional aquí representada en el Consejo de Seguridad para que se apliquen todas las iniciativas concretas destinadas a consolidar la paz y la estabilidad en una zona que está llamada a desempeñar un papel

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fundamental en el escenario internacional debido a su inmenso potencial.

El Presidente (habla en francés): Agradezco al Ministro de Relaciones Exteriores, de la Cooperación y de las Relaciones con los Países de Habla Francesa del Congo las amables palabras que me ha dirigido.

El siguiente orador inscrito en mi lista es el Mi-nistro de Relaciones Exteriores de la República Cen-troafricana, Excmo. Sr. Agba Otikpo Mezode, a quien invito a tomar asiento a la mesa del Consejo y a for-mular su declaración.

Sr. Mezode (República Centroafricana) (habla en francés): Sr. Presidente: En primer lugar deseo felici-tarlo por haber asumido la presidencia del Consejo de Seguridad para este mes. Usted ha demostrado una gran habilidad en el desempeño de sus funciones. Tam-bién quiero felicitar a su predecesor.

Por otra parte, deseo acoger con satisfacción la excelente iniciativa de celebrar esta sesión pública del Consejo de Seguridad sobre el fortalecimiento de la cooperación entre el sistema de las Naciones Unidas y la región del África central para el mantenimiento de la paz y la seguridad. Me complace especialmente porque mi país se ha beneficiado y sigue beneficiándose del apoyo continuo del sistema de las Naciones Unidas.

La República Centroafricana ha atravesado nume-rosas crisis, en cuya solución ha participado el Consejo de Seguridad. La primera fue resultado de motines po-líticos y militares por parte de un sector del ejército en 1996 y 1997. La segunda se debió a dos intentos de golpe: el primero, en mayo de 2001, un ataque militar de características étnicas que tuvo consecuencias trági-cas y el segundo, en noviembre de 2001, estuvo a punto de desencadenar un conflicto en toda la subregión.

Con respecto a las crisis de 1996 y 1997, simple-mente diré que el respaldo de la comunidad internacio-nal fue decisivo, en primer lugar por conducto de la Misión Interafricana de Supervisión de la Aplicación de los Acuerdos de Bangui y después por medio de la Misión de las Naciones Unidas en la República Cen-troafricana (MINURCA), cuyas actividades tan positi-vas se siguen llevando a cabo de manera destacada por la Oficina de las Naciones Unidas de Apoyo a la Con-solidación de la Paz en la República Centroafricana (BONUCA).

El Consejo recordará que la MINURCA trabajó con eficacia en el proceso de mantenimiento de la paz

y en la organización con éxito de las elecciones legis-lativas y presidenciales de 1998 y 1999. Luego de los positivos avances logrados por la MINURCA y a los que dio continuidad la BONUCA, el que era Jefe de Gobierno en ese momento decidió venir a Nueva York en visita de trabajo los días 15 y 16 de mayo de 2000, cuando a iniciativa del Secretario General de las Na-ciones Unidas se organizó un período extraordinario de sesiones.

En su discurso, el Jefe de Gobierno hizo las si-guientes observaciones: en primer lugar, el trabajo de reconstrucción nacional seguía siendo frágil y con efectos limitados debido a dos factores recurrentes: la falta de seguridad, relacionada con un entorno subre-gional particularmente inestable, y el aumento de la pobreza, resultante de una economía incapaz de generar crecimiento sostenible debido a que sus fundamentos estaban socavados por los flagelos de la corrupción, la débil gestión administrativa y las enfermedades como el VIH/SIDA. En segundo lugar, debido a la profunda crisis política y militar, la situación de la seguridad del país era el obstáculo más gravoso para el proceso de paz, la democracia y la erradicación de la pobreza.

Se presentó un informe solicitando apoyo en dos esferas: apoyo para la reestructuración de las fuerzas de defensa y seguridad y apoyo para la financiación del desarrollo autónomo, incluida la reintegración del per-sonal militar que se desmovilizaría y de los jóvenes y adultos que participaban en el tráfico de armas, así co-mo para las comunidades receptoras. Sin embargo, hoy debemos también ocuparnos del reclutamiento de jóve-nes centroafricanos que deben educarse en un espíritu republicano. En aquel momento, la cantidad solicitada se estimó en aproximadamente 47 millones de dólares en un período de cuatro años para la primera esfera y en 8 millones de dólares para la segunda. Hoy sería ne-cesario incrementar esas cantidades. Aquella presenta-ción convenció al Consejo de Seguridad, el que llamó a apoyar el plan de medidas del Gobierno en mate-rias tales como la paz, la seguridad y la estabilidad, así como para la recuperación de la economía de la Re-pública Centroafricana, única vía para generar los re-cursos sostenibles para pagar el precio de la soberanía y garantizar la paz social. Esto lo he reiterado en mu-chas oportunidades, tanto aquí como en la Asamblea General.

El golpe de Estado de 28 de mayo de 2001 fue condenado de forma unánime y severa por Estados y organizaciones internacionales. Reconocemos eso. No

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obstante, sobre el terreno fue necesario salvar las ins-tituciones de la República. De conformidad con la Constitución, el Presidente de la República, nuestro Je-fe de Estado, hizo un llamamiento. Un país, la Jamahi-riya Árabe Libia respondió espontáneamente enviando equipos a las tropas leales de manera que pudieran re-sistir y rechazar a los atacantes. También envió un contingente a proteger al Presidente, quien a juicio de todos los observadores había sido elegido de manera indiscutible mediante sufragio universal. La acción de Libia fue saludada por todos.

Las organizaciones regionales y subregionales ce-lebraron varias reuniones en la cumbre sobre el golpe de estado de noviembre de 2001 y sus consecuencias. La Comunidad de Estados Sahelosaharianos se reunió el 3 de diciembre de 2001 y, después de consultar a las Na-ciones Unidas y al Secretario General de la Organiza-ción de la Unidad Africana (OUA), decidió crear una fuerza para mantener la paz y la seguridad en el África central. Los días 4 y 5 de diciembre de 2001, la Comu-nidad Económica y Monetaria del África Central tomó nota de las conclusiones de la Cumbre de Jartum. El 16 de enero de 2002, la Cumbre de Brazzaville resolvió crear una comisión especial para que se ocupara de la crisis entre la República Centroafricana y la República del Chad. La octava reunión ministerial ordinaria del Órgano Central del Mecanismo de Prevención, Gestión y Solución de Conflictos de la OUA tuvo lugar en Trípoli el 26 de enero de 2002 y en ella se urgió al Consejo de Seguridad a considerar la posibilidad de desplegar con urgencia una fuerza de mantenimiento de la paz y la se-guridad en la República Centroafricana. Por último, el 2 de octubre de 2002, se celebró la Cumbre de los Jefes de Estado y de Gobierno de la Comunidad Económica y Monetaria del África Central sobre la crisis entre la Re-pública Centroafricana y la ReRe-pública del Chad. El co-municado de esa Cumbre fue objeto de una declaración del Consejo de Seguridad (S/PRST/2002/28) en su 4627ª sesión, celebrada el 18 de octubre de 2002. Nos compla-ce observar que el Consejo acogió con beneplácito el comunicado final. Señor Presidente, usted debe saber que soy portador de un mensaje al respecto.

Quiero destacar que los resultados de todas estas reuniones extraordinarias y ordinarias confirmaron la ne-cesidad de crear un mecanismo para la prevención, ges-tión y solución de conflictos, así como la necesidad de hacer que sea funcional. Sin embargo, con frecuencia re-sulta difícil que tales mecanismos resulten funcionales debido a que no se dispone de los recursos necesarios.

Mi segunda observación tiene que ver con la existencia de mecanismos dentro de las diferentes or-ganizaciones regionales, subregionales y continentales, como es el caso de la Unión Africana, la Comunidad de Estados Sahelosaharianos y la Comunidad Económica de los Estados del África Central. A veces, algunos de esos mecanismos han sido criticados por mostrar cierta apatía, algo que se debe a que importantes documentos aún no se han ratificado. En lo que respecta al Consejo de Paz y Seguridad del África Central (COPAX), la Asamblea Nacional de la República Centroafricana lo someterá a examen durante su actual período de sesio-nes. No obstante, me gustaría agregar que para ser más eficaces, considerando que su tarea es descomunal, esos mecanismos deben trabajar en forma concertada.

Con respecto a las organizaciones económicas y financieras internacionales, así como a la comunidad internacional en general, quisiera recordar que la Re-pública Centroafricana es un Estado que sale de un conflicto. Las sublevaciones y los recurrentes golpes de estado resultaron en una verdadera destrucción de la in-fraestructura social y económica y en la pérdida de vi-das. Los observadores que han visitado la República Centroafricana desde 1997 pueden dar fe de ello. Los distintos gobiernos de la República Centroafricana que siguieron a la etapa del conflicto expresaron siempre su firme decisión de dejar atrás esa experiencia; sin em-bargo, al evaluar la situación en nuestro país no siem-pre se toma en cuenta el hecho de que somos un país que sale de un conflicto. A pesar de ello, el Consejo de Seguridad insta constantemente a la comunidad inter-nacional y a las instituciones y organizaciones interna-cionales para el desarrollo a centrar su atención en la República Centroafricana. Mucho agradecemos lo que se ha hecho. Sin embargo, es posible hacer un poco más, si bien se reconoce que en el mediano y en el lar-go plazo serán los propios centroafricanos, unidos, quienes lograrán el desarrollo de su país.

La tarea de la reconstrucción social y económica necesita hoy un entorno estable y pacífico de modo que la lucha contra la pobreza, mediante un desarrollo sos-tenible dinámico y duradero, pueda dar frutos. La paz, la democracia y la estabilidad deben tener como base una situación social pacífica. Afirmar otra cosa sería poco realista. Por el momento, la República Centroafri-cana no cuenta con los recursos necesarios para aliviar la situación social, a saber, el pago de los salarios, las pensiones, y las subvenciones, entre otras cosas. Esos hechos aparecen reiteradamente en los informes del

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