28/10/2011
Tercer tema del siglo XIX. | © José Manuel Roás Triviño.
P ROCESO DE DESAMORTIZACIÓN Y CAMBIOS
AGRARIOS .
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PROCESO DE DESAMORTIZACIÓN Y CAMBIOS AGRARIOS1234. Introducción.
La agricultura era la actividad económica más importante en España debido al volumen de población activa empleada (2/3 del total). Hasta el siglo XIX soportó una permanente situación de atraso, con escasas innovaciones tecnológicas y bajos rendimientos.
Esta situación se relacionaba de un modo especial con la peculiar distribución de la tierra. El campo español arrastraba una serie de desequilibrios muy graves entre los que destacaba el problema de la propiedad. Mientras en determinadas zonas del norte y este peninsular abundaban los minifundios, desde el valle del Tajo hacia el sur las propiedades eran mayoritariamente latifundistas. Estas singularidades del caso español encuentran sus orígenes en el proceso de la Reconquista5, aunque determinadas actuaciones en los siglos venideros no hicieron sino agravar dicha situación, por cuanto favorecieron el proceso de concentración las
1 Selectividad: Opción a (siglo XIX), tema 3.
2 En la elaboración de este tema, se ha partido de los apuntes de Historia de España de Soledad Pérez, de la que he tenido la suerte de ser alumno y compañero en el IES San Pablo de Sevilla.
3 Fuentes de consulta:
Desarrollo del tema de selectividad en la página: http://www.scribd.com/doc/22546979/Las- desamortizaciones-del-siglo-XIX
Tema del IES Gonzalo Nazareno de Dos Hermanas (Sevilla):http://www.box.net/shared/qrhxxigloh
Evolución económica y social, en la página HistoriasigloXX:
http://www.historiasiglo20.org/HE/10d-1.htm
4 Texto del Decreto de Desamortización de Mendizábal (21/02/1836) comentado.
http://www.recursosacademicos.net/web/2010/04/03/decreto-de-desamortizacion-mendizabal-21-02- 1836/
5 En sus inicios, sobre todo en la cornisa norte, se llevó a cabo una “repoblación libre”. Los campesinos iban ocupando pequeñas parcelas de terreno en unos lugares que no eran demasiado atractivos: tenían una geografía abrupta y además eran fronterizos con el enemigo musulmán. Era el origen del minifundio del norte. A partir del siglo XIII, la situación cambió. La Reconquista avanzó rápidamente hacia el sur del valle del Tajo. Los reyes castellanos, en compensación por la ayuda prestada, repartieron grandes lotes de tierra entre los nobles que participaron en los avances militares. Era el germen del latifundio del centro y sur peninsular.
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propiedades en pocas manos. Así, un enorme porcentaje de las tierras estaban en manos de la nobleza y el clero, que vivían de las rentas que les proporcionaba el campo.
La nobleza, gracias al mayorazgo6, había conseguido un patrimonio territorial inmenso.
Dichas propiedades quedaban “vinculadas” a la casa titular, no podían ser divididas, ni enajenadas y pasaban íntegras al heredero.
La Iglesia, por su parte, era propietaria de grandes extensiones de tierra como consecuencia de las donaciones. Estaban “amortizadas”, es decir, no podían ser vendidas o parceladas.
También los municipios eran propietarios de las “tierras comunales”7, que a menudo permanecían improductivas o estaban mal cultivadas.
Las tierras de la Iglesia y las de los municipios se denominaban propiedades de “manos muertas”, ya que, como no se podían poner a la venta, no había posibilidad de que cambiasen de manos.
Todas estas tierras amortizadas suponían un enorme lastre para la economía nacional:
por ellas no se pagaban impuestos y, además, se explotaban con técnicas de cultivo tradicionales, por lo que eran poco productivas.
Los políticos ilustrados del s. XVIII se preocuparon por modernizar la agricultura, con críticas a los bienes raíces amortizados de la nobleza y del clero, así como contra las propiedades de “manos muertas” de los municipios.
Los políticos liberales del s. XIX, conscientes de que los cambios en la estructura de la propiedad de la tierra habían favorecido en otros países una gran expansión de la producción agrícola y un aumento de la productividad, propugnaban la liquidación de las formas propias del Antiguo Régimen (señoríos, mayorazgos,…) para poder vender las tierras. Entendían que los nuevos propietarios se preocuparían de aumentar la productividad de las tierras y de la modernización del campo. Todo esto redundaría en un beneficio global hacia el Estado por un doble motivo:
Si aumentaba la producción, aumentaría la recaudación de impuestos de la Hacienda pública.
Si aumentaba la producción, la población aumentaría sus ingresos y con ellos su poder adquisitivo y podrían actuar como un revulsivo para la economía del país.
6 El mayorazgo, o vínculo de mayorazgo, es una institución del antiguo derecho castellano que permitía mantener un conjunto de bienes vinculados entre sí de manera que no pudiera nunca romperse este vínculo. Los bienes así vinculados pasaban al heredero, normalmente el mayor de los hijos, de forma que el grueso del patrimonio de una familia no se diseminaba, sino que sólo podía aumentar.
7 Se trataba de fincas que pertenecían a los municipios y cuyos vecinos podían aprovechar
gratuitamente. Normalmente el aprovechamiento de pastos, leña, caza,… permitía a los más humildes complementar sus escasísimos ingresos.
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El proceso desamortizador.
La primera tentativa desamortizadora se llevó a cabo durante el reinado de Carlos IV.
En 1798, el aumento de la Deuda Pública obligó a la desamortización de una sexta parte de los bienes de la Iglesia, con el permiso del Papa8. Sin embargo, esto no solucionó el problema de la Hacienda, ya que los beneficios de las ventas se destinaron al sostenimiento de los gastos de la guerra contra Inglaterra9.
Durante el primer tercio del siglo XIX, tendrán lugar otros intentos desamortizadores, aunque no tendrán una gran repercusión:
Las Cortes de Cádiz (1810-1814) promulgan leyes destinadas a la desamortización civil (Ley para repartir tierras comunales, Ley de desvinculación de los señoríos) y a la desamortización eclesiástica (incorporan al Estado los bienes de órdenes religiosas disueltas por las Cortes).
Durante el reinado de Fernando VII (en el Trienio Liberal, 1820-1823) se permite la venta de las tierras baldías y el cercamiento de las tierras comunales.
Será a partir de 1833, en el reinado de Isabel II, con los gobiernos progresistas, cuando el proceso de desamortización se vuelva más intenso. Y esto responderá a varias causas:
- El aumento de las necesidades económicas del Estado debido al aumento de los gastos (para hacer frente a los gastos ocasionados por las guerras carlistas) y por la disminución de los ingresos (pérdida de las colonias americanas).
- El apoyo del clero a la causa carlista.
- La resistencia de los campesinos a continuar pagando los viejos derechos feudales.
El proceso de desamortización supone la apropiación por parte del Estado de bienes raíces de propiedad eclesiástica, civil o colectiva, desvinculando las tierras de sus propietarios y haciéndolas aptas para ser vendidas mediante subasta. De esta manera, los bienes pasan a una nueva propiedad privada, para que los nuevos propietarios modernizasen el campo, entrando en la economía de mercado.
La primera desamortización se lleva a cabo bajo la regencia de Mª Cristina, estando los progresistas en el poder, siendo nombrado Ministro de Hacienda y posteriormente Presidente de Gobierno Álvarez Mendizábal10. En 1836, el Gobierno nacionalizó todos los bienes de las
8 Se enajenaron propiedades relacionadas con “obras pías”: hospicios, hospitales, casas de
misericordia,… Con esto se vieron perjudicados los más humildes que, en muchas ocasiones, dependían de esas instituciones y que, una vez expropiadas, no fueron sustituidas por instituciones estatales.
9 el gobierno puso a la venta bienes incautados a la Iglesia mediante la supresión de conventos, pagando como indemnización un 3 anual del producto de las ventas. En total se vendió la sexta parte (16,5) de los bienes de la Iglesia (1.600 millones de reales). Pero este dinero no se aplicó a reducir la deuda del Estado sino a campañas militares (las guerras con Inglaterra), mientras que la Iglesia tuvo que reducir o eliminar sus gastos de asistencia social a enfermos, ancianos, marginados, etc. a los que atendía con las rentas de sus propiedades, porque el Estado no protegía a estos colectivos, que se vieron por tanto en la miseria.
10 Biografías de Álvarez Mendizábal y Madoz: http://hda-historiadeandalucia.blogspot.com/2008/10/la- desamortizacion-biografas.html
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órdenes religiosas (desamortización eclesiástica) que fueron puestos a la venta mediante subasta pública a la que podían acceder los particulares. Las tierras podían comprarse en metálico o a cambio de títulos de deuda pública. Así se alcanzaban distintos objetivos:
El dinerario: financiación de la guerra carlista)
El saneamiento de la Deuda, con la admisión de títulos de deuda como forma de pago.
La recuperación de la confianza en la economía del país, que podría permitir la concesión de créditos en un futuro.
El aumento de los ingresos, gracias al cobro de los impuestos de los bienes desamortizados.
En este periodo se desamortizaron en total el 62% de las propiedades de la Iglesia.
Ilustración 1.Valores de la desamortización de Mendizábal (1836-37). Diferencias entre provincias y valor de las llevadas a cabo en cada una de ellas (en millones de reales).
Además, la reforma agraria liberal llevó a cabo otras medidas para comenzar una desamortización civil, aboliendo los mayorazgos nobiliarios, con lo que se abría la posibilidad de vender las tierras vinculadas al primogénito.
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La segunda desamortización se produce en 1855, con el ministro de Hacienda Madoz, durante el Bienio Progresista de la reina Isabel II. La nueva Ley General de Desamortización ponía en venta todos los bienes de propiedad colectiva: los eclesiásticos que no habían sido vendidos en la etapa anterior y los de los municipios (bienes de propios y comunes: los “de propios” eran los que, al arrendarse, proporcionaban ingresos al ayuntamiento, mientras que los comunes no proporcionaban ingreso alguno y eran aprovechados por los vecinos). A diferencia de la de Mendizábal, la desamortización de Madoz se desarrolló a gran velocidad, pues sólo en dos años se recaudaría el doble que con la anterior ley.
Ahora bien, unos fueron los objetivos y otras las consecuencias de los procesos desamortizaciones. Entre estas podemos destacar las siguientes:
Cambio en la propiedad de la tierra: las 3/5 partes de las propiedades de la Iglesia pasan a otros propietarios y el 40% de la tierra cambió de manos. Pero los compradores fueron aristócratas terratenientes, comerciantes e industriales, que
Ilustración 2. El valor en millones de reales de las desamortizaciones llevadas a cabo en el siglo XIX en lo relativo a propiedades civiles y bienes eclesiásticos.
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veían en la tierra un signo de prestigio, sin emprender mejoras técnicas, limitándose a cobrar las rentas.
Los campesinos (jornaleros y arrendatarios) no pudieron acceder a comprar las tierras, al no tener dinero para participar en las subastas o no recibían información sobre ellas.
En este punto hay que decir que, si bien había un acuerdo general en la necesidad de realizar la desamortización, no todos estaban de acuerdo en el proceso a seguir a partir de ella. Hubo voces, como la del economista Álvaro Flores, que propuso un sistema alternativo, según el cual el Estado asumiría la propiedad de las tierras, pero cedería su aprovechamiento al campesinado a cambio del pago de un canon11. Con esta medida se hubiesen satisfecho las necesidades dinerarias del Estado, a la vez que se mejoraría la situación del campesinado, garantizándose el aumento de la producción.
Deterioro económico para muchos agricultores ya que perdieron los derechos de uso de bienes comunales. Se produjo una proletarización del campesinado y el 50% de los asalariados españoles eran jornaleros del campo.
Considerable expansión de la superficie cultivada y aumento de la producción agraria, si bien esta última se debió más al aumento del terreno que a las mejoras técnicas, que apenas se llevaron a cabo.
En el plano político, las desamortizaciones acentuaron la polarización entre los españoles: aumentó la adhesión al liberalismo, por ser la fuerza promotora de esta política agraria revolucionaria, y creció el conservadurismo entre los católicos, ya que la desamortización de las fincas rústicas y urbanas de la Iglesia fue considerada un latrocinio. De hecho, se produjo una ruptura de relaciones entre Iglesia-Estado.
Se producen importantes cambios agrarios: expansión del cultivo de cereales, prescindiendo de importaciones de épocas anteriores, expansión de otros cultivos, como la patata y, sobre todo, vid, que se convierte en producto de exportación, así como los cítricos y el arroz.
Conclusiones.
Aunque la desamortización consiguió objetivos considerables (financiar la guerra contra el carlismo, mejorar la Hacienda Pública, fomentar el ferrocarril, modificar la propiedad territorial), sin embargo no se cumplieron las grandes esperanzas del liberalismo progresista:
que la mayoría de los medianos y pequeños campesinos se convirtieran en propietarios y formaran una nueva clase media rural, que modernizaran la agricultura. Compraron tierras los que ya las tenían y quienes contaban con recursos económicos para adquirirlas, naciendo una oligarquía agraria, más interesada en conseguir beneficios rápidos y rentas seguras que en invertir en la tierra y dedicarse profesionalmente a ella. Esta oligarquía agraria ejercerá el poder político y económico en España durante el siglo XIX.
Al final, en los procesos desamortizadores se priorizó el dar solución a las necesidades de financiación de la Deuda Pública: se impuso el procedimiento fácil de la venta en subasta
11 Se trataba de ceder las tierras en “enfiteusis”: cesión perpetua del aprovechamiento de las tierras a cambio del pago de un canon anual.
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pública. En gran medida, el proceso desamortizador significó la oportunidad de resolver el problema de la propiedad y la escasa productividad del campo español.
GLOSARIO:
Tierra amortizada.
Tierra que no podía venderse.
Mayorazgo.
Institución de origen medieval que impedía la venta o división del patrimonio nobiliario.
Tierras comunales.
Tierra para usos comunales que estaban bajo la titularidad de los ayuntamientos.
Tierras de manos muertas.
Nombre que reciben las propiedades amortizadas de la nobleza, el clero y los municipios. Al estar vinculadas estas tierras a instituciones, no se podían vender y su explotación era muy extensiva y poco productiva. La desamortización las convirtió en propiedades individuales.
Desamortización.
Proceso que termina con la amortización y gracias al cual las tierras pueden venderse.
Bienes raíces.
Propiedades ligadas al suelo (tierras, casas,…).
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DESARROLLO DEL EXAMEN DE PROCESO DE DESAMORTIZACIÓN Y CAMBIOS AGRARIOS.
1. Introducción al hecho histórico:
Los problemas del campo español: el problema de la propiedad y la falta de modernización/productividad.
2. Descripción ordenada del enunciado y su relación con los documentos presentados en el examen.
Los inicios del proceso desamortizador: Carlos IV y Trienio Liberal.
La desamortización eclesiástica de Mendizábal.
La desamortización general de Madoz
3. Explicación detallada de las consecuencias y su conexión con los acontecimientos posteriores.
Dificultades del proceso desamortizador.
Qué se consiguió realmente.
Qué no se consiguió: la oportunidad perdida.
No olvidar:
DOCUMENTOS DEL EXAMEN: ESTABLECER RELACIONES CON EL TEMA (SABER EN QUÉ MOMENTO SE VAN A APROVECHAR, CITAR,…)
Establecer referencias a LO ESPAÑOL; de los documentos deberían inferirse relaciones de las peculiaridades de la Historia de España en cada momento o, en su caso, comparaciones con la historia europea.
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EXÁMENES DE SELECTIVIDAD DE AÑOS ANTERIORES RELACIONADOS CON ESTE TEMA
AÑO 2011.
11
AÑO 2010. Número 1.
12
AÑO 2009. Examen nº 6.
13
AÑO 2008. Examen nº 6.
14
AÑO 2007. Examen nº 6.
15
AÑO 2006. Examen nº 2.
16
AÑO 2005. Examen nº 1.
17
AÑO 2002. Examen nº 3.
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AÑO 2001. Junio
Realice una composición sobre La Desamortización a partir del análisis de los materiales que se le presentan:
1. Texto:
“Entre las varias razones que hemos alegado contra la enajenación de los bienes nacionales en la forma que establece el real decreto de 19 de febrero de este año, recordarán nuestros lectores que señalamos el grave daño que se iba a causar a los actuales colonos y arrendatarios de las tierras de los conventos, a quienes los nuevos dueños de las heredades les subirían los arriendos o, acaso, los lanzarían para colocar a otros en su lugar. Aún no han pasado veinte días después de hacer esta triste predicción cuando, a medida que se van leyendo y entendiendo nuestras doctrinas por las provincias, nos llueven reclamaciones contra los compradores de bienes nacionales del tiempo de la Constitución, los que, apenas han recuperado la posesión de las fincas (cuyo pago en gran parte no han realizado), cuando han comenzado a desahuciar a los labradores y a difundir la alarma, el desconsuelo y la desolación por ese sinnúmero de pobres colonos, cuyos ascendientes vienen labrando de inmemorial las fincas de las comunidades religiosas (...)
¿Es éste por ventura el medio de hacer prosélitos para la causa de la reina? ¿Será éste el camino de que la reforma de los regulares encuentre un apoyo en la opinión pública o producirá, por el contrario, un dolorido recuerdo de las consideraciones y miramientos que las comunidades religiosas han tenido constantemente a sus antiguos arrendatarios?”
Andrés Borrego, El Español, 22 de marzo de 1836.