I Para algunos de los temas que toco, y autores que cito, tengo una deuda general hacia el documento An Overview of tne Fiekl of Business Ethics and Corporate
Social Responsbility, un informe excelente preparado en 1987 por K.L. La Mothe y A.L Sullivan, puesto a mi disposición por la Escuela de Negocios de Harvard; se citará como KLAS.
2 En la terminología clásica del Derecho, a las organizaciones se las llama precisamente personas "morales" o "civiles" para distinguirlas de las personas "reales" o "físicas", que son los individuos humanos. Cf. C. Accaris, Précis de Draft Romain
(Paris 1879), Vol. I, pp 8' -82.
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Las empresas
y el bienestar social
Tulio A Espinosa
Escuela de Educación
Facultad de Ciencias y Artes
Se plantea la cuestión de las razones por las que un tipo particular de organización humana, la
empresa, debe ponderar sus posibles aportaciones al bien social general. En primer lugar, se
expone que la naturaleza misma de una organización permite que se la considere como una
persona "extendida", y que (por analogía con la persona ffsica) tiene una responsabilidad moral
secundaria o derivada. En segundo lugar, al compararla con un organismo vivo, se examinan los
procesos de la organización, en relación con el medio humano en que se desarrollan, para
especificar que la responsabilidad es compartida, desigual y orgánica. También se señalan
algunos criterios prudenciales sobre el modo en que las empresas pueden y deben contribuir al
bienestar social, sobre la base de la racionalidad y el respeto. Los dirigentes empresariales son
invitados a considerar la importancia del coraje y la grandeza de ánimo.
Las organizaciones como agentes morales
Como nuestro asunto' puede ser incluido en el campo de lo que
se llama ética de negocios, y la ética de negocios puede considerarse parte de la ética social, quizás convenga comenzar afirmando que ambos tipos de ética han de fundarse en lo que conocemos como ética persoral, si es que queremos utilizar los términos éticos y las referencias a lo ético sin vaciarlos de su significado. La ética sólo tiene sentido para los agentes morales o personas, esto es, sujetos de dere-chos y deberes, capaces de razonar y de querer, y capaces -con su libertad- de excelencia o de bajeza moral.
Pero las personas individuales, además de actuar individualmente, inventan y diseñan organizaciones, o toman parte en ellas, para emprender actividades conjuntas, y extienden así su personalidad: se hacen "personas extendidas". La terminología habitual refleja entonces
el uso de una analogía: con el mismo término se abarca a personas individuales y a personas reunidas y organizadas2.
3 Nos referiremos principal-mente, en adelante, a las orga-nizaciones que toman la forma de empresas de negocios.
4 La expresión "agentes morales secundarios" está tomada de P.T. ethane, "Corporations, Collective Action and Moral Institutional Agency" (1983) (Cf. KLAS, p 38)
s Dentro de esos objetivos, es
siempre útil la antigua distinción entre lo que se proponen los individuos particulares (finis
operantes), y lo que se propone, como objetivo común extra-individual, la actividad conjunta
(finis operis).
6 Por definición, los negocios son transacciones en que cada parte obtiene un bien de la otra, y los beneficios de las contrapartes son "equivalentes", parcialmente según valoraciones reales y par-cialmente según valoraciones subjetivas. El negocio es fraudulen-to cuando se busca privar a una de las partes del beneficio al cual tiene derecho, se busca que "pierda".
7 Cf. Aristóteles, Eth. Nic, X: 1168 a 27 - 1169 b 2, quien hace la distinción clave entre el amor de sí mismo en el sentido noble, y amor de sí mismo en sentido desfavorable.
Un modo crudo de decir esto, en términos negativos: "Si el capitalismo ha de sobrevivir, la búsqueda de beneficios debe ser contenido por la Moralidad" (N. Bowie, Business Ethics [1982] [KLAS, p. 53]). Una formulación más positiva puede encontrarse antes en la obra seminal de H. Bowen, Social Responsibility of the Businessman (1953), quien planteó "tres temas de responsabilidad corporativa; (i) abogar por un compromiso puramente volun-tario por parte de las corpo-raciones para ampliar su rol so-cial; (ii) ver que tal compromiso debía nacer de un deseo genuino de mejorar la calidad de vida general de la sociedad, antes que con- sideraciones de beefirio o
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En definitiva, al actuar en grupo, estable y organizadamente, las personas individuales constituyen personas artificiales
(asociacio-nes, empresas, corporacio(asociacio-nes, gobiernos) 3, a las que transfieren algunos de sus atributos humanos y de las que de alguna manera se hacen co-rresponsables. Dueños, gerentes y empleados, socios y vecinos, clientes y proveedores, víctimas o beneficiarios, partidarios o competidores -en una palabra, hombres semejantes y organizacio-nes semejantes- están conectados con la conducta de la organiza-ción, y se generan derechos y obligaciones. Así, la referencia al bien
propio y al bien ajeno -que define el comportamiento ético- se mantiene y se amplía dentro de las organizaciones. Por esta razón, puede considerarse que las organizaciones son "agentes morales
secundarios"4.
Sin embargo, por tratarse de una analogía -con semejanzas y diferencias entre los términos analogados-, sería ir demasiado lejos tratar de equiparar totalmente a ambos tipos de personas. La perso-na singular es humaperso-na en el sentido completo de la expresión, mientras que la organización es un artefacto, que incorpora algunas características humanas recibidas de sus miembros, y que está definida para algunos objetivos humanos particulares'. Esta restricción, este involucramiento sólo parcial de lo humano, en consecuencia permite subrayar que la moralidad atañe siempre primero a las perso-nas reales y sólo en sentido derivado a las organizaciones o persoperso-nas extendidas; y, en las organizaciones mismas, atañe principalmente, aunque no exclusivamente, a quienes deciden y llevan el peso mayor de la marcha de la organización, es decir, a sus dirigentes.
Por otra parte, estos agentes secundarios, que son las organizacio-nes, tienen -también en sentido analógico- una vida. La organización, una vez establecida como estructura operativa, adquiere un funcionamiento que es en parte independiente de los "progenitores"; pero las personas involucradas en la organización son quienes se ocupan de mantenerla en vida (como mínimo, que no muera: desenla-ce natural inevitable del ser vivo, riesgo natural del ser artificial), y de
que viva sanamente: esto les impone unas condiciones técnicas, apropiadas al tipo de empresa, pero también unas condiciones éticas, que se resumen en la legitimidad moral de sus fines y medios. Ambos tipos de condiciones inciden, junto con el imponderable factor del azar, en la variable estabilidad y longevidad de las organizaciones.
Además, la vida de la empresa no sólo origina un proceso interno
demás seres vivos, las empresas están situadas en un ambiente o contexto, tanto físico como, sobre todo, social, en el que deben convivir.
De manera, pues, que a la organización puede atribuírsele legítimamente una personalidad moral, y de ella se pueden predicar acciones y responsabilidades como se predican de un sujeto. Si una empresa, situada en su contexto, sólo buscara su interés propio', se le podría acusar de egoísmo, en el sentido peyorativo de la palabra7. Quienes comparten el contexto tienen el derecho absoluto de exi-gir a la empresa que no cause daño a los demás, y el derecho relativo de esperar que promueva el bienestar general: restricción o inhibición de ventaja indebida, y expansión o exhibición de un compartir razonables. En términos más generales, esto equivale a decir que -independientemente del análisis que puedan hacerse los miembros de la empresa misma- la empresa debe actuar con justicia dentro del conjunto social'. Y esta justicia no está en función de favorecer el interés o la utilidad de ninguna de las partes, sino que busca mante-ner la equidad común, mediante una proporcionalidad de igualdad entre cosas y personas, medible y sancionable objetivamente, aunque admita medidas variables según varios criterios").
De los dos tipos de resultados que la acción de la empresa puede causar, favorables y desfavorables, podemos por ahora dejar de lado el aspecto de los daños causables, y fijarnos más bien en la promoción del bienestar del conjunto social, del cual es parte -parcialmente responsable- la empresa. Para fundamentar los modos concretos en que esa promoción se hace con justicia, y sin intentar de ningún modo entrar en consideraciones casuísticas, pensamos que es útil señalar tres características:
(1) Cualquier responsabilidad ha de ser compartida: contribuyen conjuntamente al bienestar general los individuos de cualquier comunidad, las corporaciones y agencias sociales, los gobiernos.
(2) Las responsabilidades son desiguales: no puede esperarse lo mismo de todos. Las respuestas humanas básicas podrán ser iguales; por ejemplo, puede pedirse honradez a todos, en cualquier circunstancia; pero la competencia para responder no es igual. De todos puede esperarse señales de sensibilidad social; pero puede que la respuesta profesional se manifieste diversamente, según los requerimientos".
(3) La responsabilidad total es orgánica: las partes guardan un or-den jerárquico en el todo, según su incior-dencia sea más o menos glo-bal para el conjunto social. El estado, en particular, suele tener una
publicidad; y (iii) entender la noción de ambiente social cambiante, que constantemente requiere que los gerentes respondan a nuevas exigencias de variadas fuentes" (KLAS, p. 53). En cualquier caso, sigue en pie la necesidad de que las personas
singulares con bienestar material propio mantengan abierto el interés por el bienestar de los demás.
9 Clásicamente se llama
bien
común al mayor bienestar dentro de la sociedad humana_ En el texto, utilizaré frecuentemente la expresión bienestar social con un sentido semejante (distinguible de su caricatura en las migas que se entregan a un necesitado, pues esto es lo que ha venido a veces a significar el término inglés equivalente: "social welfare").
io Tenemos que limitarnos aquí a la sola mención de los tipos clásicos de justicia: conmutativa, distributiva y legal, que en último término son exigidas por el sentido moral. Cf. Tomás de Aquino, 5. "17t,
11-11, 57 ss.
Esto se puede ver como un caso particular de la importante distinción entre acción técnica y acción ética. Su confusión es a ve-ces la expresión de conducta no ética. De manera simplificada, podría decirse que la acción ética implica la obligación de poner la mejor acción técnica posible; pero que la mejor acción técnica no es condición suficiente para la plenitud ética (vgr. un excelente lanzador de cuchillos puede ser un honrado trabajador de circo o un criminal monstruoso). Además, la acción técnica en sí misma care-ce de corazón, mientras la acción ética implica una atmósfera donde la nobleza de los sentimientos juega un papel importante.
responsabilidad y un alcance de acción mayor que los de cualquier otra organización". Pero también es importante, para el bienestar general, que las demás partes u órganos tengan la libertad necesaria de acción para que puedan desempeñar sus funciones específicas según su modo de ser.
Considerando que la justicia busca el bien común, puede ser conveniente recordar que las características mencionadas habrán de enfocarse en un clima que viene dado por dos factores de valor permanente,
solidaridad y subsidiaridad
(y que un autor" llama los "principios actualizadores" del bien común), cuya coordinación permite establecer los roles de las unidades sociales menores, como las empresas, y de la unidad más abarcante, el estado. Ninguna parte del organismo social puede dejarse enteramente de su cuenta". Pe-ro el grado en que se le puede regular y contPe-rolar también afecta a la justicia. La solidaridad y la subsidiaridad se combinan de muchas maneras, produciendo en consecuencia diversas "mezclas", según lo requieran las variables situaciones de la vida social en tiempos dados.Estilos de contribución a los asuntos sociales o públicos
Como los requerimientos que hay que enfrentar en cualquier contexto social son casi interminables, y tienen urgencia variable, tiene que haber una cierta selección de prioridades'5. De hecho, seleccionar, elegir, está en la raíz del razonamiento moral, que introduce los varios poderes y procesos mentales que intervienen en el análisis prudencial: sentido moral, intuición, deliberación, entendimiento, consideración o juicio, agudeza, capacidad de con-jeturar, prontitud de espíritu, previsión, atención a las circunstancias, cautela'6.
Si estamos buscando la manera de intervenir en asuntos sociales o públicos, podríamos tomar sencillamente una actitud de
respuesta:
los diversos públicos exigen, y respondemos para no herir su sensibilidad. Esto está muy bien, pero es más bien insatisfactorio desde un punto de vista ético.La responsabilidad va más allá de la respuesta renuente a lo externo. Es también una respuesta, si se quiere, pero a exigencias internas de la conciencia moral, que a su vez es alertada por la reali-dad de los problemas que hay en los ambientes físico y social, y que están a la espera de ser atendidos.
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Para no complicar este análisis sucinto, se deja de lado la situación de las corporaciones multinacionales, y del gobierno y las regulaciones supra-nacionales; requiere un estudio aparte.
13 J.M. De Torre, The Roots of Society (Manila 1976). Solidaridad o compañerismo es la expresión de los lazos comunitarios. Estimula la cooperación entre todos. Sin ella, sólo hay egoísmo salvaje, y carencia de paz social mínima. Subsidiaridad
es la expresión de respeto hacia la dignidad, capacidad y autonomía de otros, así como una obligación de asistencia suplementaria. Implica la primacía de fun-cionamiento de las células inferiores o menores, pero también exige que, en algunas circunstancias, cualquier autoridad o poder superior dentro del organismo social deba asistir o complementar -sin sustituir- a aquellas células. Coloca una exigencia de disciplina social sobre todos, pero no busca absorber o ahogar la vida y la actividad privadas.
Algunas formas de solidaridad o de subsidiaridad, desequilibra-das, producen situaciones injustas, que impiden el bien común: monopolios descontrolados, complicidades en prácticas de cohecho, dumping, etc.
El desencaje del equilibrio flexible entre los dos principios, al exagerar a uno de ellos a costa de suprimir el otro, es un reflejo de las dos ideologías ext-emas que tradicionalmente pugnan por predominar en el pensamiento y en la acción social: el colectivismo socialista y el liberalismo individualista, o en términos más coloridos, las mentalidades de "lucha de clases" y de "carrera de ratas".
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La llamada "mano invisible" del mercado, y sus fluctuaciones, son un factor aleatorio, con posibilidades limitadas en la producción de justicia.
Veíamos que la responsabilidad de la empresa es primariamente la de sus dirigentes; añadimos ahora que la existencia misma de empresas
es inseparable del espíritu empresarial. Los que ocupan posiciones dirigentes pueden ser vistos como ostentadores de privilegios, pero pueden y deben verse también como éticamente responsables por la suene de otros en un grado que es más alto que el ordinario. La responsabilidad interpela más directamente a la cabeza que al cuerpo de una organización.
Las empresas no sobresalen sólo en términos de ventas, patrimo-nio o valor de mercado, sino especialmente en lo que son las cualidades mentales de sus dirigentes (captación de situaciones, empuje, iniciativa, sentido práctico_..), que son un capital no sólo para ellos sino para toda la comunidad. En una sociedad moderna libre, e-sas cualidades son verdaderos catalizadores del organismo social. Es obvio que esas cualidades se muestran sobre todo en el negocio mismo, como resultado de la "motivación de negocio", pero la sociedad espera que se pongan al servicio de intereses más amplios.
Qué lugar ocupa el bienestar social entre los objetivos de una empresa dependerá, entonces, de la mente de sus dueños y dirigen-tes. Que el excedente del negocio se utilice sólo para pagar salarios más altos a los ejecutivos superiores es insano. Que sólo se mire a los beneficios de los accionistas, y nada más, es miopía. Visualizar la asistencia como una limosna, que "mantiene alejados a los pobres", es maldad. Dar ayudas sólo a "lo que sirve al bien de la compañía", es suicida, a la larga. El mínimo indispensable, para las llamadas relaciones públicas, no puede satisfacer a un agente moral' 7. Es posible que involucrarse en acciones sociales que tengan impacto sea más difícil y complicado que optar por cualquiera de las vías mencionadas. Pero, ¿quién dijo que el razonamiento ético hacía que la vida fuera más sencilla? Sí da un sentido más pleno a la vida, y la hace más fructífera, pero no necesariamente más fácil.
Para poder elegir lo mejor desde el punto de puesto técnico y ético, los líderes de negocios requieren "visión múltiple": su primera tarea es estar pendientes del beneficio y la productividad; pero, además, tienen que estar pendientes de todos los afectados por su negocio, y aun de todo el cuerpo social'. Esto exige un ejercicio auténtico de racionalidad y de respeto'''.
Pedir racionalidad parece sencillo, pero implica oponerse al ciego impulso de acumular, que se ha convertido en un Leviatán para
IS Ante la dificultad de asunto, y también por la evolución histórica y por las expectativas creadas por la práctica de algunas empresas particularmerrze prós-peras y benéficas, se observan claramente dos extremcs en los planteamientos: en un extremo, se pide que la empresa no tenga ninguna responsabilidad ante terceros que exceda la de producir beneficios económicos legítimos para la empresa misma; en el otro extremo, que la empresa es totalmente corres-ponsable, socio paritario del estado, en la producción de bienestar global.
16 Cf. Aristóteles, Etti. Nic, VI, 7: synderesis, aisthesis, eubolia, synesis, gnome, deinotes, eustochia, anchinoia; y Macrobio, !n Somn.
Scipion., I, 8: providentia, arcumspectio, cautio kit p. Aquino, S. Th., II-II, 49]
17 Como decía un amigo: "Algunos gerentes ven con-veniente hacer 'contribuciones sociales' a causas que estén lo más lejanas posibles de la corporación -ballenas, delfines, las selvas tropicales, incluso universidades o iniciativas donde son otros los involucrados-, para no ensuciarse las manos. Otro 'truco' del oficio es nunca dar tanto que el recipiente pueda volverse dependiente de tu ayuda o comience a reclamar tu involucramiento personal". Cf. supra, la nota 8.
18 Cf. C. S. McCoy Mana-gement of Values (1 985) (KLAS, pp 35-36).
18 Cf. J.B. Matthews and K.E. Goodpaster, "Can a Corporation have a Consciente?" (Ht3R 1982) (KLAS, p 33).
personas y empresas, y que a veces se acepta sin crítica y se defien-de contra cualquier opositor. Con ironía, podría defien-decirse que oposito-res son el gobierno o el público; la defensa sólo parece detenerse an-te el riesgo de perecer físicamenan-te, y busca sosan-tenerse medianan-te la publicidad, la construcción de imagen, o por cualquier otro medio cosmético que le permita a uno salirse con la suya a toda costa. Pero, en realidad, la interdependencia social pide más bien claridad racio-nal, y disposición de servir a la sociedad, en lugar de actividades que sirven ciegamente lo propio.
Pedir respeto equivale, en resumidas cuentas, a apelar a actitudes profunda y verdaderamente éticas, que sólo pueden derivarse de una conciencia de amistad social, que es la que humaniza las interrelacio-nes humanas. Implica la común humanidad, de la que depende nues-tra supervivencia o desaparición como seres capaces de compartir la felicidad.
Algunas respuestas concretas
El modo primero y más obvio de aportar al bienestar general es la generación de valor agregado, el aporte en bienes y servicios, que resulta de la actividad eficiente de una empresa. El segundo modo es la atención al bienestar de quienes trabajan en la organización. Pero generalmente se acepta que, además, una organización debe contri-buir con aportes complementarios en la medida de su capacidad y productividad. Una forma de obtener estos aportes es el pago de impuestos, destinados al erario público. Las otras formas (aportes directos en efectivo o en especie a instituciones de beneficio público, empleo de recursos humanos para gerencia de iniciativas comunita-rias, etc.) por justicia deben ser deducibles de la carga impositiva y ser objeto de reconocimiento público.
En la elección de asuntos y áreas donde es más relevante la acción, las empresas se guían legítimamente por la moda o las situaciones coyunturales. Algunos de esos asuntos y áreas pasan a recibir atención por diversas razones (la insistencia de grupos de cabildeo, la alarma creada por los medios de comunicación ante sucedidos notables, intereses especiales de grupos científicos particulares, regulaciones gubernamentales, etc.). Tal es el caso de la ecología y del abuso de drogas. Generan una demanda de fondos, que parece justificada por el tirón de la corriente. Otras veces, esos asuntos y áreas son preocupación directa de la empresa, por el tipo de negocio del que se ocupa. Los desperdicios industriales son un ejemplo típico.
Pero se requiere un grado de análisis prudencial y de coraje, no sólo para uzgar la validez étican de los asuntos que se plantean; sino también para adquirir la libertad de ocuparse de otros asuntos, qui-zás menos de moda pero ciertamente más relevantes a la larga. Los dos ejemplos más importantes que se me ocurren son la atención a los más débiles "señores del universo"2 ' (los niños, las mujeres, los ancia-nos), y al futuro de la familia como institución socialn. El hecho de que sean difíciles de manejar, y que nos toquen de cerca, es una consideración que hace más perentoria la acción acertada El estímulo a la comprensión interhumana, o el apoyo a las humanidades -que contribuyen a que seamos más humanos- son otros asuntos permanentesn. Y todas las formas de humanitarismo (atención a los problemas de refugiados, de hambre aguda, de enfermedades epidémicas, de falta de techo, etc), local y global, se sitúan también en una tradición de la mayor excelencia humana.
En otras palabras, no es solamente el público el que debe decidir sobre los asuntos claves, sino que, dentro de la organización, es importante la percepción que tengan las personas que conducen. Esto exige un esfuerzo de introspección, y coherencia genuina. Los asuntos éticos siempre nos miran a la cara.
Finalmente, aunque la empresa como tal pueda no estar en condiciones de atender estos asuntos, las personas singulares siguen siendo interpeladas. El colofón que sigue se dirige, sobre todo, a las personas reales que forman parte de cualquier empresa, como se dirigen a cualquier persona con fibra humana.
Grandeza de alma
La enseñanza de la filosofía [moral]... busca hacer que todo lo que toque
se vuelva activo y eficiente y vivo, inspira a los hombre impulsos que urgen a obrar, preferentemente hacia lo que es honorable, con una sabiduría y grandeza de mente que estén unidas a la gentileza y la mesura.
(Plutarco, Moraba, 776 C-D)
20 Como cualquier "persona"
responsable, una organización responsable no puede cooperar en apoyar actividades contrarias a la ética. En el caso de la presión proveniente de leyes injustas, ha de resistirse hasta donde sea posible, antes que seguirse.
21 De las Leyes de Manu hindúes, citadas por C.S. Lewis .en The
Abolition of Man (Londres 1967), Apéndice.
22 Una voz moral conductora del mundo de hoy, ha expuesto recientemente una amplia gama de razones, y ha lanzado la invitación a que se emprendan acciones más incisivas para fortalecer la familia como agente y promotor de paz. Cf. Juan Pablo II,
Mensaje para el Día Internacional de la Paz, I de enero de 1994. Es obvio que el debilitamiento de la institución familiar está direc-tamente relacionado con la mayoría de los aspectos de la desintegración social, como la creciente criminalidad, el abuso de drogas, el libertinaje sexual, la corrupción...
23 Una tarea permanente es, por ejemplo, la enseñanza de que, para que se armonicen en lo posible los ideales de LIBERTAD e IGUALDAD -que están na-turalmente enfrentados entre sí-se necesita un tercer factor: la FRATERNIDAD -que es amistad civil acompañada de justicia. CF. E.F. Schumacher, A Guide for the Perplexed (1977), Cap. 10.
24 Plutarco, Vidas (Alejandro y César), XV, 2.
Una conocida historia de Alejandro Magno relata su distribución de los bienes de la corona entre sus capitanes y soldados, en la víspera de su expedición a Asia. Cuando le preguntaron qué tendría entonces
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Y el Ricardo III de Inglaterra, de Shakespeare, antes de la desigual batalla del día de San Crispín, de la que saldría vencedor: "Todas las cosas están preparadas, si nuestra mente lo está"'. Se requiere un contexto ético, no sólo para acciones particulares que tengan valor, sino para que haya actitudes sostenidas que originen acciones múlti-ples. En los ejemplos citados arriba, se percibe que está presente ese
rasgo de carácter que ensancha el alma del héroe: por ello se lo ha llamado magnanimidad, grandeza de alma: apertura de corazón y de perspectiva menta126, en contraste con la pusilanimidad, pequeñez de alma, actitud calculadora, que prefiere el horizonte restringido; que no ensancha el alma, sino que la estrecha.
Apertura del alma: con un ojo encendido al mundo de los hombres -los más próximos y los más remotos- y un corazón alerta que se vea afectado por lo que se ve. Un ideal de servicio a una causa superior a sí mismo. Un sentido del deber ante la desgracia de los menos favorecidos en cualquier sentido27. Esto, por supuesto, se espera de cualquier ser humano, y más aún de un ser humano con cierta posición.
La mayor oposición a la grandeza de alma surge de modo natural en el alma misma, y toma varias formas. Permítaseme mencionar al menos tres de esas formas: primero, la aparente incapacidad del espíri-tu humano para atender a varios objetos al mismo tiempo (en nues-tro caso, si hay que ocuparse del negocio, no podría prestarse atención a cuestiones ajenas); segundo, la limitación de los poderes psicológicos para actuar en varios frentes a la vez; en tercer lugar, pero quizá más importante, la tendencia a preferir el propio interés, o más crudamente, la preferencia egoísta (con su ingrediente irritante de "por qué tengo que ocuparme de los demás"). De las tres formas de oposición a la grandeza de alma, la tercera es la más relevante para cualquier análisis ético que pretenda ser realista, superarla,
trascenderla, es un prerrequisito para cualquier conducta ética, que
se expresa a través de la responsabilidad. Pero quizás las otras dos formas necesitan un breve comentario. Siempre ha sido una
característica de la persona de posición (como condición calificadora
para tal posición), poder combinar las visiones de cercanía y de
distancia que se incluyen en la llamada capacidad de helicóptero.
Además, la experiencia nos dice que cuando se tiene un principio
inspirador, ese principio está presente en cualquiera de las actividades
subsidiarias que se emprenden28. Cuando una persona es incapaz de tomar una perspectiva más amplia -o no está dispuesta a ello-, por eso
mismo no es idónea para tener una posición directiva. El problema frecuente, de un técnico competente que falla en una posición 25 Acto IV, Escena III, 71.
26 Como implica la etimología de la ética, son indispensables los rasgos de carácter para la acción ética (Cf. Aristóteles, Eth. Nic., 11,1: 1103 a 18-20). Sobre la necesidad de la magnanimidad
(megalopsychia), dice: "es imposible la grandeza de alma sin nobleza moral (kalok'agathia)"(Eth. Nic.. IV, 3: 1124 a 4).
27 Cf. Terencio: "Soy humano, y nada de lo humano me es ajeno".
28 Cf. Tomás de Aquino, S. Th.,
gerencial puede tomarse como ejemplo del caso que se ilustra humorísticamente en el "principio de Peter". Desatender el interés público, en la medida que el análisis prudencial lo exige y lo permite, no es sólo un pecado, sino un error.
Las escuelas de negocios y de administración ayudan a ensanchar la mente, y pueden ayudar a transmitir una conciencia social mayor a nivel teórico. Pero la grandeza de liderazgo requiere también un ensanchamiento del corazón. Esto se logra, no con medios físicos si-no quizá sólo con el ejercicio espiritual: meditar, agradecer, expiar, para recomenzar nuestro servicio a otros; para que los dones de la vida, del trabajo, de la familia, de la vecindad humana, que están allí, puedan- ser cuidados; para que podamos cultivar nuestras mejores actitudes e incorporarlas en nuestro carácter, de modo estable; finalmente, para que la construcción de una sociedad mejor para todos, que está tan en el centro del vivir humano, pueda no ser excluida por ninguna persona (individuo u organización) de sus ambiciones genuinas.