#35 - La verdad sobre la mentira.pdf
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(4) SUMARIO. 12. 30 © fotolia / mettus (drogas). 68. 74 12 EvoluciOn de la inteligencia Ursula Dicke y Gerhard Roth Al ser humano se le considera la criatura más inteligente entre todos los organismos. ¿No debería ser entonces su cerebro también “especial”?. 20 ¿Deben existir las guarderias? Verena Ahne La decisión de llevar el hijo a la guardería provoca más de un quebradero de cabeza. La investigación revela que, en principio, el cuidado de los niños por parte de personas extrañas no les perjudica. Los resultados dependen de unas condiciones favorables.. 78. 30 FormaciOn de las preferencias olfatorias. 50 DetecciOn de mentiras. Benoist Schaal y Maryse Delaunay-El Allam. Hasta ahora se reputaban indicios corporales de una mentira la sudoración, el descenso del pulso y la respiración entrecortada. Se han incorporado otros signos. ¿Cuáles?. El recién nacido reconoce el olor de su madre y el de los alimentos que ella ha consumido durante el embarazo. El feto y el bebé manifiestan preferencias olfatorias. ¿Están programadas genéticamente? ¿Dependen de los olores del entorno, de la madre o de la leche? Los olores asociados a la infancia quedan grabados en la memoria.. 36 EN BUSCA DE LA CONSCIENCIA PERDIDA Reinhard Werth A través de la investigación sobre videntes ciegos, niños sin cerebro y otros casos de minusvalía neurológica podemos adentrarnos en el misterio de la percepción consciente.. Marzo / Abril de 2009 Nº 35. Matthias Gamer. 58 NeurocriminalIstica Stephan Schleim ¿Aflora en el foro una revolución impulsada por el sistema nervioso? ¿Se retiran de la circulación “los cerebros peligrosos”, en vez de hacer responsables a las personas? ¿Ayudan las tomografías cerebrales a declarar culpable al sospechoso de un crimen o a explicar su culpabilidad?.
(5) 52 58. DetecciOn de mentiras NeurocriminalIstica. SECCIONES. 64 11-s. 74 el niño y la muerte. Simone Einzmann. Roswitha Sommer-Himmel y Melanie Maksim. Seguro que recuerda con nitidez dónde y cómo se enteró de la terrible noticia de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001. Pero, ¿son fiables realmente tales fotos instantáneas de nuestra memoria?. ¿Qué piensan los niños de la muerte? Poco a poco van comprendiendo que todos nos hemos de morir y que nadie vuelve a la vida.. 5 Encefaloscopio. 78 El sistema dopaminergico en las adicciones. 8 Retrospectiva. Margarita Corominas Roso, Carlos Roncero Alonso y Miquel Casas Brugue. 42 Entrevista. 68 Enfermedades por priones Inga Zerr y Andreas Jahn La muerte acecha en la carne de ternera, en la dotación hereditaria y en el mismo entorno. Hablamos de los priones, causantes de la enfermedad incurable de Creutzfeldt-Jakob y otras.. La dopamina es esencial en el aprendizaje mediado por recompensa y desempeña un papel fundamental en la adicción. El consumo crónico de drogas produce alteraciones en los mecanismos básicos del aprendizaje relacionados con el córtex prefrontal, la amígdala y el estriado.. Confidencias terapéuticas Diestro o siniestro: lucha o fuga Autoconvencimiento Por decisión propia Cae otro dogma Científicos soñadores del siglo xix Georg Northoff: Kant en el laboratorio. 46 Mente, cerebro y sociedad Nuevas armas contra la adicción a la cocaína La verdad sobre la hipocresía. 86 Ilusiones Una evidencia transparente. 90 Syllabus Diccionario del placer. 94 Libros Teoría del lenguaje. Eutanasia.
(6) MENTE y CEREBRO COLABORADORES DE ESTE NUMERO. DIRECTOR GENERAL. Asesoramiento y traducción:. José M.ª Valderas Gallardo. Luis Bou: Encefaloscopio, Ilusiones; Bruno Moreno: Encefaloscopio; Pilar GarcíaVillalba: Retrospectiva; Angel González de Pablo: Evolución de la inteligencia, En busca de la consciencia perdida, Syllabus; F. Asensi: ¿Deben existir las guarderías?, Enfermedades por priones, El niño y la muerte; I. Nadal: Formación de las preferencias olfatorias, Detección de mentiras, Neurocriminalística; Sixto J. Castro: Entrevista; Marián beltrán: Nuevas armas contra la adiccion a la cocaina, La verdad sobre la hipocresia; Alex Santatala: 11-S. DIRECTORA FINANCIERA. Pilar Bronchal Garfella. EDICIONES. Juan Pedro Campos Gómez Laia Torres Casas. PRODUCCIÓN. M.ª Cruz Iglesias Capón Albert Marín Garau. SECRETARÍA. Purificación Mayoral Martínez. ADMINISTRACIÓN. Victoria Andrés Laiglesia. SUSCRIPCIONES. Concepción Orenes Delgado Olga Blanco Romero. EDITA. Prensa Científica, S. A. Muntaner, 339 pral. 1.ª 08021 Barcelona (España) Teléfono 934 143 344 Telefax 934 145 413 www.investigacionyciencia.es. Gehirn & Geist. HERAUSGEBER:. . . Dr. habil. Reinhard Breuer Portada: © iStockphoto / Amanda Rohde (hombre); © Fotolia / Carsten Reisinger (cerebros). CHEFREDAKTEUR:. Dr. Carsten Könneker (verantwortlich). Artdirector:. . Karsten Kramarczik. REDAKTION: Dr. Katja Gaschler, Dr. Hartwig Hanser, Dipl.-Phych. Steve Ayan, Dr. Andreas Jahn, Dipl.-Phych. Christiane Gelitz, Dipl.-Theol. Rabea Rentschler. Joachim Marschall. SCHLUSSREDAKTION: Christina Peiberg, Sigrid Spies, Katharina Werle. Claus Schäfer. PUBLICIDAD. REDAKTIONSASSISTENZ:. . Prensa Científica, S. A. Muntaner, 339 pral. 1.ª - 08021 Barcelona - Tel. 934 143 344. Alice Krüßmann, Anke Lingg, Gabriela Rabe. LAYOUT:. . para los restantes países:. BILDREDAKTION:. . para España: LOGISTA, S. A. Pol. Ind. Pinares Llanos - Electricistas, 3 28670 Villaviciosa de Odón (Madrid) - Teléfono 916 657 158. Freie Mitarbeit:. . DISTRIBUCION. Anja Albat-Nollau, Eva Kahlmann, Ursula Wessels. GESCHÄFTSLEITUNG:. . Markus Bossle, Thomas Bleck. Teresa Martí Marco Muntaner, 339 pral. 1.ª - 08021 Barcelona Tel. 934 143 344 - Móvil 653 340 243 [email protected]. Copyright © 2008 Spektrum der Wissenschaft Verlagsgesellschaft mbH, D-69126 Heidelberg Copyright © 2009 Prensa Científica S.A. Muntaner, 339 pral. 1.ª 08021 Barcelona (España) Reservados todos los derechos. Prohibida la reproducción en todo o en parte por ningún medio mecánico, fotográfico o electrónico, así como cualquier clase de copia, reproducción, registro o transmisión para uso público o privado, sin la previa autorización escrita del editor de la revista. ISSN 1695-0887. Dep. legal: B. 39.017 – 2002. Imprime Rotocayfo S.L. (Impresia Ibérica) Ctra. de Caldes, km 3 - 08130 Santa Perpètua de Mogoda (Barcelona) Printed in Spain - Impreso en España.
(7) ENCEFALOSCOPIO Confidencias terapéuticas ¿Por qué nos sentimos mejor al hablar de nuestros problemas con otras personas?. uien busca alivio en la confidencia tal vez quiera descargarse de algún secreto, o trate de hallar res paldo para sus convicciones. A veces, lo único que desea esa persona es ser tranquilizada, que le aseguren que no le pasa nada grave o extraordinario. Tradicionalmente, la psicoterapia, que se propone la curación por la palabra, ha constituido parte del tratamiento de los desórdenes mentales. El proceso mismo de verbalizar las angustias o sentimientos desempeña un papel esencial para aliviar ese tipo de problemas. Es de agradecer que se pregunte por qué la confidencia pue de resultar reconfortante y no por qué puede resultar curativa. La evaluación de los elementos que poseen capacidad curativa en psicoterapia puede resultar difícil; es más sencillo aislar los componentes que explican los motivos por los que un paciente se siente aliviado. La pregunta no concierne específicamente al diálogo en psicoterapia como algo distinto de las manifes taciones que puedan efectuarse entre amigos o en grupos de apoyo, pero todos estos supuestos comparten muchos aspectos que sirven de ayuda. El elemento primordial de que la confesión o la confidencia alivien la angustia es la relación entre la persona angustiada y quien la escucha. Reviste importancia crítica que el confidente se sienta escuchado, que cuente con la oportunidad de hablar de su caso en un ambiente receptivo y acrítico. A menudo, se busca que el receptor de la confidencia haya pasado por la misma situación y pueda ofrecer verdadera empatía. Es. © Fotolia / endostock. Q. preciso añadir que no todo el mundo se siente aliviado por la confidencia o la conversación. Jerome Frank, en Persuasion and Healing (Johns Hopkins University Press, 1961), sostenía que las cualidades de máxima importancia que un psicoterapeuta ha de poseer son la empa tía, la afectividad y la sinceridad. Sin duda, estas características son objeto de opinión y percepción, por lo que no todo pacien te se siente ayudado por cualquier terapeuta. De igual forma, en la vida ordinaria, se puede encontrar que un determinado amigo es la persona adecuada para escuchar ciertos problemas, y que otros son más idóneos en cosas diferentes. —Dinah Miller, Baltimore. Diestro o siniestro: lucha o fuga Las urracas dan preferencia a uno de los hemisferios cerebrales, según se dispongan a actuar ante una posible amenaza. S. i se quiere pronosticar lo que va a hacer de inmediato una urraca, hay que mirarla a los ojos. Se ha observado que, cuando estas aves ven a un posible depredador, utilizan el ojo derecho o el izquierdo, según se dispongan a huir o acercarse a él. Estos hallazgos aportan claves sobre el modo en que el cerebro reparte información entre sus dos he misferios. Lesley Rogers y su equipo de la Univer sidad de New England en Australia estu diaron la conducta de urracas australia nas (Gymnorhina tibicen) en presencia de un lagarto disecado, que servía de señue MENTE Y CEREBRO 35 / 2009. lo. Rogers apreció que antes de huir, las aves se fijaban en el “depredador” con el ojo izquierdo, que envía casi las señales a la mitad derecha del cerebro. En cambio, si se disponían a aproximarse al lagarto para examinarlo mejor, lo inspecciona ban con su ojo derecho, utilizando así el hemisferio izquierdo. Estudios recientes en humanos indu cen a pensar que el hemisferio derecho procesa información novedosa, que tal vez corresponda a un peligro, mientras que el hemisferio izquierdo efectúa análisis más metódicos. Según Rogers, la asignación de funciones diferentes. a distintos hemisferios permite un funcionamiento más efi ciente del cerebro. “Se había creído que esta [especialización] explicaba las capacida des cognitivas más no bles de los humanos.” “Pero hemos demos trado que incluso en animales dotados de un cerebro relativamente sim ple, afecta a su conducta coti diana en su medio natural.” —Lizzie Buchen. es. rimag. jupite. 5.
(8) Autoconvencimiento. L. a ciencia ignora todavía cómo interaccionan la confianza, el conocimiento y otras variables para inci dir en nuestro comporta miento. Todos usamos dos tipos de conocimientos: conocimientos explícitos (del tipo “saber qué”) y conocimientos implícitos (del tipo “saber cómo”). Somos conscientes de los conocimientos explícitos y los podemos transmi tir a los demás con plena solvencia: sé que uno más uno es igual a dos. Sin embargo, los conocimientos im plícitos son difíciles de transferir a los demás: sé montar en bicicleta, pero no puedo describir las acciones necesa rias porque aplico muchas de ellas subconscientemente. Puesto que el conocimiento implícito se halla escondido a nuestra consciencia, nuestra confianza en él puede ser bastante baja. Desde un punto de vista experimental, determinar qué parte de nuestro comportamiento viene de conocimientos explícitos o implícitos supone un desafío. Las investiga ciones recientes apoyadas en imágenes cerebrales sitúan el aprendizaje explícito e implícito en áreas distintas del cerebro. La actividad en el cuerpo estriado, un área cercana. al tronco encefálico y críti ca para el control motor y el sistema de recompensa, corresponde al compo nente implícito del com portamiento. El aprendi zaje explícito ocurre en la corteza cingulada anterior, una región asociada con el proceso de información, la cognición y las emociones, y en la corteza prefrontal medial, una región que puede estar relacionada con el riesgo y el sistema de recompensa. Cuando se tienen en cuenta en el análisis los diversos grados de confianza, el resultado es más complejo. Un estu dio reciente comparaba los recuerdos reales (gran precisión y seguridad) con recuerdos falsos (escasa precisión y gran seguridad). Los investigadores descubrieron que las áreas del cerebro activas en las dos situaciones de gran seguridad eran áreas muy distintas. Queda todavía mucho por descubrir sobre la confianza, el aprendizaje y el conocimiento, sobre cómo cada una de estas variables afecta al comportamiento. Es de esperar que habrá mucha investigación en el futuro sobre estos temas. Susana Martinez-Conde, Instituto Neurológico Barrow, Phoenix. Por decisión propia La cocaína sólo modifica el cerebro si se toma voluntariamente. S. e sabe que las drogas adictivas pue den entorpecer el funcionamiento de la circuitería cerebral y secuestrar sus sistemas de recompensa. De un re ciente estudio con ratas se deduce que los aspectos psicológicos pueden tener mayor responsabilidad en esas altera ciones que los efectos químicos de la droga. El abuso de cocaína reactiva en el cerebro recuerdos celulares de larga duración, pero sólo si el sujeto consume la droga por su voluntad.. 6. Un equipo compuesto por Billy Chen y Antonello Bonci, ambos de la Univer sidad de California en San Francisco, en trenó a tres grupos de ratas para que ac cionasen palancas que les suministraban cocaína, un alimento o azúcar. Más tarde, al examinar los tejidos cerebrales de los animales, se observó un incremento del vigor sináptico en el centro de recom pensa de las ratas que se autoadminis traban azúcar, alimento o cocaína. Estos “recuerdos celulares” eran efímeros en. los grupos de azúcar y de alimento, pero en las ratas que se autoadministraban cocaína llegaron a perdurar hasta tres meses después de suprimido el consu mo. Y lo que revestía máximo interés: los cerebros de ratas que habían consu mido cocaína de forma involuntaria no mostraban tales improntas. Estas observaciones ponen de mani fiesto que los efectos farmacológicos de la cocaína no bastan, por sí solos, para crear recuerdos remuneradores, afirma. MENTE Y CEREBRO 35 / 2009. © Fotolia / Wojciech Gajda. ¿Cómo afecta la confianza en los propios conocimientos al modo de aplicar dichos conocimientos?.
(9) Cae otro dogma. A. l hablar de neurotrans misores, casi siempre se piensa en los neurotransmiso res clásicos, tales como la dopa mina o la serotonina, los men sajeros químicos primarios que las neuronas utilizan para comunicarse entre sí y con cé lulas de otros tipos. Sir Henry Dale conjeturó, a principios del siglo xx, que cada neurona libe ra un mismo neurotransmisor clásico desde todos sus axones, las finas ramificaciones que se extienden como vástagos des de el soma, o cuerpo celular. Otro distinguido neurofisió logo de la época, Sir John Ec cles, reformuló el principio de Dale, postulando que cada neurona liberaba un solo tipo de neurotransmisor. A partir de entonces, el aforismo “una neurona, un neurotransmisor” se aceptó sin disputa. Ahora sabemos, sin embar go, que no es excepcional que las neuronas liberen uno de los neurotransmisores clásicos en compañía de algún mensa jero de otro tipo, como puede. ser un gas (óxido nítrico) o un neuropéptido (una proteí na diminuta capaz de actuar como neurotransmisor). Nue vas técnicas de manipulación y formación de imágenes de neuronas han posibilitado descubrir que cierto número de ellas se intercomunican merced a más de uno de los neurotransmisores clásicos. De hecho, algunas de nuestras neuronas auditivas liberan simultáneamente hasta tres neurotransmisores clásicos de distintos tipos durante un bre ve estadio de su desarrollo. Vemos, pues, que el aforis mo “una neurona, un neuro transmisor” resulta un tanto simplista. Ahora bien, ¿segui rá siendo válido el principio original, enunciado por Dale, que afirma que todas las ra mificaciones axonales de una neurona liberan el mismo transmisor? Se admite hoy que parecen existir ciertas excepciones a este principio. Se sabía desde antiguo que las neuronas motoras, que son. © Fotolia / Sebastian Kaulitzki. ¿Puede una neurona liberar más de un neurotransmisor?. Algunas de nuestras neuronas auditivas liberan simultáneamente hasta tres neurotransmisores clásicos de distintos tipos durante un breve estadio de su desarrollo.. esenciales en los movimien tos musculares voluntarios, liberaban acetilcolina, tanto sobre las células musculares, o miocitos, del cuerpo, como sobre las neuronas de la mé dula espinal. Sin embargo, según estudios recientes, las neuronas motoras liberan también glutamato, un se gundo transmisor. Lo más notable es que, al parecer, sólo liberan glutamato sobre neuronas de la médula espi nal y no sobre miocitos; es de cir, ciertas ramificaciones de una misma neurona liberan glutamato, y otras, no.. Un próximo paso en la investigación de neurotrans misores consistirá en com prender de qué modo afecta la liberación de más de un neurotransmisor a las funcio nes del circuito nervioso, y al organismo como un todo. La cuestión fundamental plan teada en el encabezamiento ha llevado a casi un siglo de indagaciones fascinantes y a va a continuar siendo un campo de activa y apasionan te investigación. —Rebecca Seal, Universidad de California, San Francisco. MENTE Y CEREBRO 35 / 2009. © Fotolia / sumnersgraphicsinc. Bonci. “Al parecer, la motivación para tomar la droga constituye, en sí misma, una componente clave en el proceso.” El equipo está trabajando para elimi nar la memoria celular de larga duración implantada por el uso voluntario de co caína, lo cual —añade Chen— podría coadyuvar en los tratamientos contra la adicción en humanos, al suprimirles el deseo de la búsqueda activa del es tupefaciente. —Nicole Branan. 7.
(10) RETROSPECTIVA. Cientificos soñadores del siglo xix Desde principios del siglo xix, los científicos habían analizado sus sueños para descubrir su significado. El psicoanálisis y la ciencia actual de los sueños son los herederos de aquellas investigaciones pioneras Jacqueline Carroy. D. esde la antigüedad, el sueño ha sido tema de investigación y motivo de cuestiones diversas en la tradición occidental de la medicina y la filosofía. ¿Cómo describir y definir las imágenes que aparecen durante el sueño? ¿Qué es lo que distingue el sueño de la realidad? El sueño ha despertado también interrogantes morales, en la medida en que está ligado al mundo de la noche, asociado en el imaginario colectivo a los sueños eróticos y a la trasgresión de lo prohibido. Además, ha interesado a los médicos porque se suponía que un sueño podía desencadenar y anunciar una enfermedad. Esa gavilla de cuestiones se retomaron y se sometieron a prueba mediante la observación y la experimentación por personalidades ilustradas del siglo xix, filósofos y médicos, historiadores, magistrados, biólogos, matemáticos, etc. Esos aficionados a los sueños reivindicaban que no eran ni “supersticiosos” que creyeran en el carácter sobrenatural o premonitorio de los sueños, ni románticos que sobreestimaran una vida superior a la vida diurna. Deseaban estudiar científicamente las visiones y voces nocturnas, esto es, a partir de “hechos” que se consideraban fiables. Y para ello, ¿había algo más simple y más seguro que tomarse a uno mismo como objeto de estudio a domicilio, que ejercitarse para anotar e inventariar sus propios sueños para devenir lo que llamaremos un “científico soñador”? Evoquemos alguno de esos primeros ilustrados soñadores. En 1820, en la entrada “sueños” de un diccionario médico que era. 8. por aquel entonces una autoridad en la materia, Jacques-Joseph Moreau de la Sarthe (1771-1826) afirma reforzar sus opiniones por “los extractos de un diario o memorial”, donde apunta sus propios sueños, los de sus pacientes y los de sus colegas médicos. Antoine Charma (1801-1869), profesor de filosofía en la Universidad de Caen, arqueólogo competente, sigue el ejemplo y cuenta en Du sommeil, en 1851, lo que él propone designar con la palabra “nocturnario”, un diario nocturno de sus sueños, que ha escrito entre 1836 y 1849.. Autobiografía y transgresión El más representativo, Alfred Maury (1817-1892), erudito e historiador, profesor del Colegio de Francia, escribe “cuadernos” oníricos durante más de treinta años. Aunque no era médico, entabla relaciones con los psiquiatras, los “alienistas”, como se los calificaba entonces. Colaborador de primera hora de la revista profesional del gremio, publica, entre 1848 y 1857, tres artículos que se basan principalmente en los casos de sus propias producciones nocturnas.. 1. LA PESADILLA de Johann Heinrich Füssli, llamado Henry Fuseli (1741-1825), ilustra el mundo fantasmagórico que se anima durante el sueño.. MENTE Y CEREBRO 35 / 2009.
(11) cortesia de la autora. 2. LA OBRA DE HERVEY DE SAINT-DENYS, Les rêves et les moyens de les diriger, se ilustra con este grabado donde entra una mujer desnuda que deja atónitos a los congregados. Un guiño, quizás a Déjeuner sur l´ herbe, de Manet que provocó el escándalo en 1863.. Estos textos son el punto de partida de un libro aparecido en 1861 que se reeditará tres veces hasta 1878 y que lo hizo célebre, Le sommeil et les rêves. Etudes psychologiques sur ces phénomènes et les divers états qui s’y rattachent. La obra, olvidada en la actualidad, en su época constituyó una referencia clásica e inevitable. Junto a Maury, también hay que nombrar a su colega del Colegio de Francia, el sinólogo Marie Jean Léon d’Hervey de Saint-Denys (1822-1892), otro que conservaba, desde su adolescencia álbumes, donde anota y dibuja sus sueños. En 1867 publicó Les rêves et les moyens de les diriger. Observations pratiques. En consecuencia, Moreau de la Sarthe, Charma, Maury, Hervey de Saint-Denys proponen a sus sucesores un corpus de observaciones que se suponen fiables y letales para los relatos legendarios de sueños premonitorios legados por la tradición desde la Antigüedad. Para estos investigadores, los sueños no son tan sólo objetos íntimos o privados, sino que suscitan también intercambios y discusiones familiares, amistosas y profesionales. Maury muestra sus narraciones oníricas a sus amistades médicas como observaciones anáMENTE Y CEREBRO 35 / 2009. logas a los casos psiquiátricos. Hervey de Saint-Denys, que frecuenta medios más mundanos, comenta sus sueños con sus amigos artistas. Divulgar y sobre todo publicar ejemplos personales presenta riesgos frente a su entorno y sobre todo frente a uno mismo. Oficialmente, se anuncia el deseo de elaborar una ciencia de los sueños, pero a la hora de la verdad entran en juego elementos autobiográficos que pueden resultar embarazosos. A menudo, los libros sobre los sueños incluyen avisos al lector que excusan o reivindican la trasgresión de las reglas del método científico. Para ciertos investigadores soñadores, la anotación y el análisis de los sueños personales pudieron desempeñar un papel de desnudamiento de uno mismo y de “autoconfesión”, dando lugar incluso a una suerte de automedicación psicológica. ¿Cómo explicaba la ciencia de los sueños del siglo xix el sueño fisiológico y las ensoñaciones o los sueños? El médico y filósofo Pierre Cabanis (1757-1808) resaltaba en 1802 que los sueños reflejaban relaciones entre “lo físico y lo moral” del hombre (hoy hablaríamos de lo orgánico y lo psíquico) y que eran esencialmente. una expresión del cuerpo y del cerebro. Desconectado de las sensaciones externas y del mundo exterior, el cerebro durmiente amplifica las sensaciones internas, en particular las que vienen de los órganos genitales. Lejos de ser tabú, la evocación de los sueños eróticos se convierte en tema clásico de la literatura médico-psicológica de la época. El cerebro, por otro lado, ha dejado de ser un simple órgano pasivo de registro de las sensaciones, para erigirse en el “hombre interior” que funciona de manera espontánea, en ausencia de sensaciones externas e internas, durante el sueño y los delirios. Cabanis afirmaba, pues, la existencia de un nexo poderoso entre el sueño y la locura. En esa misma línea, Maury subraya que sus sueños son provocados por todo tipo de fenómenos somáticos, como el dolor de estómago o las erecciones: no duda en evocar, en algunas ocasiones, sus sueños eróticos. Sin embargo, el hombre dormido no está desconectado por completo del mundo exterior; gran parte de los sueños nacen de sensaciones exteriores transformadas. Así, Maury relata que tiene un sueño en el que es juzgado bajo el Terror y condenado a la guillotina; se despierta sobresaltado y descubre entonces que el travesaño que se encuentra encima de su cama había caído sobre su cuello. Basándose en este modelo, provoca experimentos. Por ejemplo, mientras duerme en su sillón, una persona de su entorno hace sonar una campanilla en sus oídos y, en el sueño que sigue, se remonta en el tiempo y escucha el toque a rebato en el París de 1848. El sueño remite a un funcionamiento automático, no voluntario, del espíritucerebro del que se puede encontrar al despertarse ciertos mecanismos de formación. Tras soñar sucesivamente de un kilómetro y de un kilogramo, de la isla Gilolo (también llamada Halmahera), de la flor de la lobelia y del general López, Maury anota que esas escenas diferentes llevan a asociaciones de ideas por asonancia con la sílaba lo. Insiste en el hecho de que ese automatismo nocturno libera nuestros “instintos” y “pasiones” poco recomendables que son “reprimidas”, término que él emplea, durante la. 9.
(12) fase de vigilia. Ese estado por Ingres o Delacroix. “Suemecánico también conño que me encuentro en sigue que reaparezca un una habitación espaciosa y pasado reciente o a veces ricamente decorada al estimuy lejano. lo oriental. Frente al diván Maury nos cuenta que en el que me he sentado, se se encuentra “en sueños encuentra una puerta regia, trasportado a los días de velada por cortinas de seda su infancia y jugando” en brocada. Pienso que esas Trilport, en la orilla del cortinas deben guardarme Marne, y que distingue a un alguna sorpresa, y que sería hombre que le llama por su muy agradable que se levannombre. Se despierta sobretasen para dejar ver bellas saltado con ese nombre desodaliscas. De inmediato las conocido en la cabeza e intecortinas se abren, y la visión rroga a una vieja sirvienta. que he deseado está delante Le pregunta si recuerda a de mí.” Hervey piensa que este individuo y ella le resha encontrado un arte de ponde de inmediato que bien soñar. era un guardia del puerto El libro de Hervey apenas de Trilport. “Ciertamente, se difundió en su tiempo, concluye Maury, yo lo sabía en buena medida debido a como ella, pero el recuerdo la quiebra del editor. Pero se ha borrado. El sueño, al tuvo un éxito póstumo evocarlo, me ha revelado lo importante. Cuando ciertos que yo ignoraba.” investigadores y terapeuEn este ejemplo, el sotas estudiaron y sopesaron ñador vuelve a la infancia. el sueño lúcido y el sueño Maury utiliza a menudo despierto (o ensueño dirianalogías más inquietantes. gido), vieron en Hervey un Lejos de valorar los sueños, precursor. En aquel tiempo, los presenta como alucina- 3. PRECURSORES SURREALISTAS, J. J. Grandville (1803-1847) ha ilustrado son más bien las opiniones ciones o delirios. Compara a menudo, como en este grabado titulado Une promenade dans le ciel, de Maury las que se impoal soñador con un desequi- las asociaciones de ideas que dan lugar a los sueños. nen. Los libros académicos librado o un anciano que se suceden entonces, al igual regresa a la infancia. En sus Souvenirs, una postura espiritualista que distinguía que los artículos en revistas influyentes manuscritos, se describe como un hom- entre espíritu y cuerpo. Desde este en- como La Revue philosophique. Joseph Del bre perseguido por un legado familiar foque, se abstiene de hacer referencias a boeuf (1831-1896) filósofo, matemático y lacrado por la locura. Su padre muere de explicaciones fisiológicas, hipotéticas en filólogo belga, retoma el título de Maury, un tumor cerebral, su hermano “melan- su opinión, y se declara satisfecho con Le sommeil et les rêves, en una serie de cólico” se suicida y su madre sufre, de re- una perspectiva puramente psicológica. artículos que, en 1885, se recopilaran en sultas de ello, trastornos nerviosos. Estas Igual que Maury, destaca la importancia una obra del mismo nombre; se converconfesiones aclaran el origen de su fasci- de la vuelta al pasado en los sueños y de tirá en texto de referencia. nación inquieta por la medicina mental las asociaciones de ideas en la formación Delboeuf privilegia, al igual que Hery la causa de ciertas visiones nocturnas de aquéllos. Pero rehúsa reducir los sue- vey de Saint-Denys, una perspectiva psidonde aparecen los “fantasmas” del pro- ños a meros automatismos y ensalza un cológica. Subraya la importancia de la tipo de visión nocturna acompañada de memoria y de la vuelta inconsciente del genitor y del hermano suicida. la conciencia de soñar. No tardará en ca- pasado a partir de un sueño de 1862, el El pasado recobrado lificarse a estos fenómenos como “sueños primero que anotó y del que afirma que Hervey de Saint-Denys, en cambio, optó lúcidos”. es el origen de su libro. En el sueño se ve por oponerse al punto de vista de Maury, Hervey afirma que a fuerza de anotar en su patio invadido por la nieve y allí quien comparaba el sueño con la muerte sus sueños ha podido dirigirlos en parte. descubre a dos lagartos, ateridos de frío: y sostenía que un sueño era la vida mis- Se presenta, por tanto, como un mago pro- “los caliento con mis manos y, limpiando ma. Mientras Maury insistía en los nexos fano capaz de generar a voluntad visiones su escondrijo, vuelvo a colocarlos en la entre lo físico y lo moral, Hervey adoptó dignas de las escenas suntuosas pintadas entrada, teniendo cuidado previamen-. 10. MENTE Y CEREBRO 35 / 2009.
(13) te de esparcir en su interior trocitos de Asplenium ruta muralis, que crecía en la muralla”. Delboeuf descubre, no obstante, que el helecho denominado Asplenium ruta muralis existe en la realidad. Puesto que no es botánico, se pregunta sorprendido de dónde viene en el estado de vigilia ese nombre que él ignora; no lo sabrá hasta que lo encuentre, diez años más tarde, en el herbario de unos amigos que databa de 1860 sobre el que él mismo había caligrafiado ese nombre latino. Maury suele limitarse a recopilar sus sueños. Delboeuf, en cambio, detalla con minuciosidad la formación de los mismos. Hace hincapié en que el hombre más honesto puede a veces tener vergüenza al despertarse, en particular si se muestra incestuoso en sus sueños. Mas, en vez de inquietarse, Delboeuf se asombra del carácter “beneficioso y consolador” de los sueños, que no reduce, ni de lejos, a fenómenos patológicos. A pesar de los diferentes puntos de vista, Maury, Hervey y Delboeuf dan testimonio a finales del siglo xix de una forma de comprender los sueños como reminiscencias del pasado y como el resultado de mecanismos ocultos.. El inconsciente freudiano No es sorprendente que Sigmund Freud (1856-1939) cite a menudo a estos autores en La interpretación de los sueños en 1900. Este libro se basa en buena parte sobre las notas, la publicación y el análisis de Freud de sus propios relatos oníricos; constituye uno de los logros de la ciencia de los sueños y de la tradición de los expertos soñadores. Freud pone de relieve lo que sus predecesores sugirieron con frecuencia y destaca que su libro tiene resonancias personales en la medida que constituye una parte de su autoanálisis. En muchos aspectos, la descripción que Freud da del trabajo del sueño —que transforma las ideas latentes en un contenido manifiesto que corresponde al sueño tal y como se rememora— es una síntesis del trabajo de sus predecesores. Lo mismo que ellos, Freud relaciona los sueños con el pasado y la infancia más que con el futuro, habla de fenómenos inconscientes y recalca su connotación sexual. MENTE Y CEREBRO 35 / 2009. La descripción freudiana del trabajo del sueño es una síntesis del trabajo de sus predecesores. Sin embargo, el inconsciente freudiano es muy diferente del inconsciente automático de Maury. Además, el psicoanalista austriaco considera que la sexualidad no se reduce a los sueños eróticos, sino que constituye, de manera general, el resorte escondido de los sueños. Afirma que todo sueño después de interpretarlo, remite a la realización de un deseo reprimido o rechazado. Es este punto en el que tropiezan algunos de sus primeros lectores, en su mayoría admiradores, de La interpretación de los sueños. Aunque aceptan que hay sueños que tienen una interpretación sexual y que corresponden a un deseo, rechazan que todos los sueños se refieran a un sentido oculto y a la realización de un deseo. En definitiva, no prestan atención al hecho de que Freud se refiere no sólo a sus propios sueños, sino también a los de sus pacientes en tratamiento. Por esa razón, Freud inaugura una manera inédita de contar sus sueños, que se debe más a una ambición de analizarse con fines terapéuticos que a una curiosidad científica. En otras palabras, Freud es al mismo tiempo un heredero de los científicos soñadores del siglo xix y el iniciador de una nueva práctica que arrojará, tras la Segunda Guerra Mundial, una sospecha sobre la auto-observación onírica. En adelante, tan sólo se hará partícipe de las ensoñaciones nocturnas a los terapeutas y a los íntimos. Alrededor de 1900 se desarrollaron asimismo nuevas investigaciones sobre el sueño fisiológico y los sueños. Tales trabajos se apoyaban en cuestionarios, observaciones y ensayos llevados a cabo en el laboratorio sobre voluntarios dormidos o sobre animales. Las investigaciones acometidas relativizaron el alcance de la introspección de los expertos soñadores, insistiendo sobre la necesidad de observaciones objetivas. Tesis que defendió Nicolas Vaschide en su obra de síntesis Le sommeil et les rêves (1911). A partir de ese momento, si fisiólogos. o psicólogos apuntan sus producciones nocturnas, no las publican, salvo raras excepciones. Pese a todo, la costumbre de recopilar y de dar a leer los propios sueños no ha desaparecido. Aunque se ha refugiado en el campo de la literatura. Lectores impenitentes de Freud, de Maury y de Hervey de Saint-Denys, los surrealistas han retomado y transformado la tradición del relato “escrito de alguna manera bajo el dictado del sueño”, según expresión de Charma. Como consecuencia y, a menudo, bajo la influencia del psicoanálisis, muchos escritores, como Michel Leiris y Hélène Cixous en estos últimos años, han publicado los relatos de sus sueños. Jacqueline Carroy, directora de estudios a la Escuela de Estudios Superiores de Ciencias Sociales, trabaja en historia de la psicología.. Bibliografia complementaria L e S ommeil et les R êves . Etudes P sychologiques sur les. Ces P hénomènes et. D ivers États Q ui S’ y R at tachent.. A. Maury. Didier, 1861, 3 a edición. Bibliothèque numérique Gallica; 1865. Conter les R èves . L a N arr ation de l’E xperience ges de la. O nirique dans les O uvra-. M odernité. J. D. Gollut. Ed.. José Corti, 1991. L e S ommeil et les R êves et Autres Textes.. J. Delboeuf. París, Fayard, 1993.. L es R êves et les M oyens de les D iri ger .. O bservations P ratiques . M. J. L.. d’Hervey de Saint-Denys. París, Amyot 1867, reeditado por Oniros, 1995. A lfred M aury, É rudit et R êveur . L es Sciences de l’H omme au M ilieu du xix e S iècle. Dirigido por J. Carroy y N. Richard. Presses Universitaires de Rennes, 2007.. 11.
(14) Evolución de la inteligencia Al ser humano se le considera la criatura más inteligente entre todos los organismos. ¿No debería ser entonces su cerebro también “especial”? Ursula Dicke y Gerhard Roth. N. RESUMEN. ¿Somos especiales?. 1. El hombre es el más inteligente de todos los organismos. Pero hay hazañas intelectuales alcanzadas por grandes simios, aves, ballenas y delfines.. 2. En casi todos los aspectos, la diferencia entre el cerebro humano y el de otros mamíferos es sólo cuestión de grado. Sin embargo, el cerebro humano posee la mayoría de las neuronas en la corteza cerebral.. 3. Unicamente el área de Broca, una estructura interconectada que actúa como centro del lenguaje sintáctico-gramatical, representa una clara excepción. De ahí que el lenguaje encierre la clave de la inteligencia humana.. 12. ingún perro compone música, ningún delfín habla en verso, ni ningún papagayo soluciona ecuaciones con dos incógnitas. El talento de estos animales no les llega para tales funciones. Sin embargo, el intelecto humano no es algo que haya caído del cielo. Tiene que haber surgido en el transcurso de la evolución, pues, según la tesis neurocientífica, la consciencia, el pensamiento, toda planificación y toda actuación guardan relación directa con el cerebro. Desde un punto de vista anatómico, el cerebro humano actual se asemeja estrechamente al de otros antropoides. Lo que, por otra parte, no ha de sorprendernos, pues hace unos siete millones de años poblaban la Tierra antepasados comunes al hombre y al chimpancé. Pero, ¿no tiene que haber algo especial en el cerebro del “hombre moderno”, capaz de unas capacidades intelectuales tan excepcionales? ¿O acaso Homo sapiens no es mucho más inteligente que los animales? El hecho cierto es que medir la inteligencia de los animales y establecer comparaciones adecuadas no constituye una tarea sencilla. Los animales ni leen ni hablan. No podemos aplicar a las ratas, ni a los monos ningún test de cociente intelectual al uso. Para obviar el problema del lenguaje, los investigadores de la conducta han ideado diversos procedimientos aproximativos. La psicología comparada, por ejemplo, investiga especies capacitadas, de forma mayoritaria aves y mamíferos, primates sobre todo, taxón al que, lo mismo que el hombre, pertenecen los simios. En el repertorio de pruebas encontramos las relativas al aprendizaje, la memoria o la comprensión numérica, así como las relacionadas con las conductas dirigidas a la. solución de problemas, en las cuales se logra concluir determinadas tareas mediante el uso de la “inteligencia”. Han pasado a la fama los experimentos realizados por Wolfgang Köhler (1887-1967) con antropoides, por la época de la Primera Guerra Mundial: los chimpancés llegaban por sí mismos a la idea de apilar varias cajas o de construir largos palos para alcanzar la fruta que colgaba en lo alto de una esquina. Semejante capacidad asociativa supuso una enorme sorpresa.. Se busca flexibilidad mental Los ecólogos de la conducta y los neuroecólogos (“ecólogos cognitivos” se les denomina también) ponen, en cambio, su confianza en las observaciones de campo, con los animales en estado libre. La mayoría de ellos valoran especialmente la “flexibilidad de la conducta”: ¿Cuándo muestran los elefantes empatía en las reuniones sociales? ¿Cómo cooperan los peces en las incursiones de búsqueda de alimento? ¿Dominan los monos el arte de engañar a sus congéneres en caso de necesidad? La capacidad de innovación de una especie se considera signo de inteligencia. Así, los investigadores registran cuándo diferentes individuos, de manera independiente entre sí, descubren nuevas maneras de conseguir comida de una forma mejor o más rápidamente. Las grullas verdes, por ejemplo, lanzan ocasionalmente objetos al agua para atraer a los peces curiosos; un truco encontrado de forma esporádica repetidas veces por los ornitólogos en estos pájaros en distintos lugares muy alejados entre sí. En lo referente a la forma de valorar la inteligencia animal, los estudios llegan a la conclusión de que hasta ahora hemos venido infravalorando su extensión, sobre todo en los MENTE Y CEREBRO 35 / 2009.
(15) GEHIRN & GEIST / MORITZ VAHRMEYER. 1. EL ARQUITECTO DE LA TEORIA DE LA EVOLUCION. La doctrina de Charles Darwin (1809-1882) sobre la ascendencia del hombre ha promovido el replanteamiento de diversas áreas científicas, incluida la investigación cerebral.. 13.
(16) AG FOCUS / SPL. 2. LA CONFIANZA LO ES TODO. Los peces valoran la credibilidad. Por eso el pez limpiador común asea a su cliente (aquí un barbo del mar Rojo) sin mordisquear su piel... al menos mientras los otros miran.. Pequeños y grandes cerebros Cachalote. 9000. Elefante africano. 4200. Gran delfín. 1350. Hombre. 1350. Caballo. 510. Gorila. 500. Buey. 490. Chimpancé. 380. León. 260. Mono rhesus. 88. Perro. 64. Gato. 25. Rata. 2. Ratón. 0,3. (Datos tomados de Haug, 1987). Hombre Perro. CORTESIA DE GERHARD ROTH. Ballena dentada. animales situados fuera del grupo de los primates. Así, el ecólogo de la conducta Redouan Bshary (ahora en la Universidad de Neuchâtel) y sus colaboradores descubrieron hace algunos años la inteligencia social de los peces óseos: los peces limpiadores asean de forma particularmente ejemplar a otro pez (véase la figura 2) cuando otros potenciales clientes rondan por las cercanías y éstos por su parte parecen observar meticulosamente al dispensador del servicio y valorar su trabajo. Igual de sorprendente resulta en los peces su inteligencia práctica. Los primates no son los únicos que conocen el uso de instrumentos; también las percas coloreadas los utilizan y se valen de hojas como si fueran “cochecitos de niño” para acarrear su puesta. Se han descubierto en muchos otros animales rendimientos inteligentes “típicamente primates”, desde los delfines, que se ocupan de sus semejantes heridos, a las palomas, que en el laboratorio aprenden a clasificar mediante picotazos en la categoría de “árboles” las tarjetas adecuadas. ¿Llegaría a probarse que todos los animales son igual de inteligentes si se pudiera investigar con ellos el tiempo suficiente, tal y como Euan Macphail, de la Universidad británica de York, sostuvo hace unos pocos años? Aunque este biólogo de la conducta excluyó precavidamente al ser humano de la comparación, la comunidad científica no comparte en general la tesis de Macphail. La mayoría de los expertos consideran que, por término medio, los mamíferos y los pájaros son más inteligentes que los peces, los anfibios y los reptiles. Entre las aves, destacan los papagayos, las lechuzas y los cuervos en inteligencia; y en los mamíferos se sitúan a la cabeza los primates conjuntamente con el grupo formado por las ballenas y los delfines. En el caso de los mamíferos marinos, las ballenas dentadas rapaces (grupo al que pertenecen todos los delfines y también los cachalotes) parecen ser más listos que las ballenas barbadas, que no son cazadoras, como es el caso de la ballena azul. En los primates hay significativas diferencias entre los prosimios y los simios auténticos; y, en relación con estos últimos, entre los monos “pequeños” (los macacos) y los grandes o monos antropoides. Dentro de los antropoides, los chimpancés, los bonobos o chimpancés pigmeos y los hombres superan en inteligencia a los gibones, orangutanes y gorilas. Y, como siempre, por más vueltas que se den a las clasificaciones, el más inteligente siempre es Homo sapiens.. Sin embargo, ¿son estas diferencias entre el hombre y los animales realmente de naturaleza cualitativa o, en otras palabras, posee el ser humano capacidades intelectuales completamente específicas? Un entendimiento causal en la producción de instrumentos y en su uso, lenguajes con reglas gramaticales simples, el autorreconocimiento frente a un espejo, el engaño, la imitación y la imputación de un mundo mental al otro (theory of mind), todas éstas son facultades que poseen los grandes monos de forma irrefutable. Tan sólo se discute si dichas facultades se encuentran presentes al mismo nivel que en los seres humanos adultos o son más bien niveles previos, como los que existen en los niños de tres o cuatro años. También las ballenas, los delfines e incluso algunas aves poseen algunas de estas capacidades intelectuales “superiores”. En el caso de los pequeños monos se encuentran indicios del uso de instrumentos y del empleo de engaños, pero el resto de las capacidades o bien no están nítidamente probadas o bien son discutibles. ¿En qué características cerebrales puede basarse una inteligencia elevada? Lo primero que salta a la vista es el tamaño absoluto del cerebro. Pero, ¿son realmente los animales con los cerebros más voluminosos los más listos? Abundan las excepciones que se apartan de semejante relación directa: animales relativamente inteligentes como el papagayo, el cuervo, la rata y los monos pequeños, de talla reducida, poseen también un cerebro correspondientemente pequeño, mientras que algunos animales poderosos como el caballo y la vaca que poseen grandes cerebros no se caracterizan precisamente por su chispeante inteligencia. El hombre, en cambio, a pesar de ser el animal más inteligente sobre la Tierra, no ocupa una posición cimera ni en lo relativo al tamaño corporal ni tampoco en lo referente a su masa cerebral (de 1,3 a 1,4 kilogramos). En este último aspecto el elefante (con hasta 5 kilogramos de masa cerebral) y el cachalote y la orca (con entre 8 y 10 kilogramos) le superan ampliamente. El peso absoluto del cerebro no puede ser, por tanto, el único fundamento de la inteligencia elevada.. La medida media relativa En el pasado se especuló mucho sobre la significación del peso cerebral relativo —es decir, la relación entre masa cerebral y masa corporal—, pues aquí parecía que el ser humano ocupaba una posición señera. De hecho, nuestro cerebro. Liebre Chimpancé. 14. Musaraña. 1 cm. MENTE Y CEREBRO 35 / 2009.
(17) MENTE Y CEREBRO 35 / 2009. (representación logarítimica). Peso cerebral relativo (tanto por ciento del peso corporal). Ratón A. 10. 1. Musaraña A Ratón B Ardilla Murciélago Rata Musaraña B. 0,1. Mono rhesus. Hombre Delfín negro Gato Chimpancé Perro Erizo Caballo Elefante africano Cerdo Hipopótamo. 0,01. Cachalote Ballena azul. 0,001 0,0001. 0,01. 1. 100. 10.000. 1.000.000. Peso corporal en kilogramos (representación logarítmica). Elefante africano Delfín negro Hombre. (representación logarítimica). Peso cerebral en gramos. 1000. Mono rhesus Gato. 10 1 0,1. Ardilla. Ballena azul. Hipopótamo Caballo. Chimpancé 100. Cachalote. Perro. Cerdo. Erizo Rata. Ratón A Ratón B Musaraña A. 0,0001. Musaraña B Murciélago 0,01. 1. 100. 10.000. 1.000.000. Peso corporal en kilogramos (representación logarítmica). (representación logarítimica). El CE puntero del cerebro humano se debe a 3. La competiciOn un proceso evolutivo muy singular. Los prime- de los mamiferos. Ratón A Al aumentar el peso corporal, ros homínidos 10 —los australopitecos, a los que Musaraña A pertenecía la famosa “Lucy”— vivieron haceMono tres el peso cerebral relativo dismiRatón B Ardilla rhesus nuye Hombre de forma drástica. Pero o cuatro millones de años. Poseían un cerebro 1 Murciélago Delfín negro por el contrario, que, con aproximadamente 450Rata centímetros cú- el hombre, Gato Musaraña B Chimpancé tiene un cerebro comparativabicos, apenas era mayor que el de los chimpanPerro Erizo Caballo mente muy grande, Elefanteigual que cés actuales. 0,1 Durante un período temporal de otros primatesafricano y los delfines aproximadamente un millón y medio de años Cerdo (arriba). Algunos tipos de muno se cambió mucho a este respecto. Hipopótamo Cachalote 0,01 Hace unos dos millones de años, el cerebro sarañas, los ratones, el perro, Ballena azul inició un progreso acelerado de agrandamiento. el caballo y el elefante africano 0,001 Con la aparición de Homo habilis, que utilizaba desarrollan un cerebro grande 0,01 1 100 10.000 1.000.000 0,0001 ya instrumentos de piedra, se distinguió por po- de promedio, pues sus cifras Peso corporal en kilogramos se encuentran justo encima seer un volumen cerebral de aproximadamente (representación logarítmica) 700 centímetros cúbicos. El advenimiento de del “gradiente de regresión”. Homo erectus, hace 1,8 millones de años, supuso Chimpancé, hombre y delfín un incremento cerebral hasta alcanzar entre poseen un cerebro grande, por 800 y 1000 centímetros cúbicos. Finalmente, encima de la media (abajo). el moderno Homo sapiens, quien empezó a poblar la Tierra hace unos 100.000 años, aumentó considerablemente esa capacidad hasta abarcar de 1100 a 1800 centímetros cúbicos. Una pequeña gota de amargura nos queda sin embargo. Dentro de los homínidos no es. 15. GEHIRN & GEIST / CHRISTINA HOF, SEGUN VAN DONGEN, 1998. 10.000. Peso cerebral relativo (tanto por ciento del peso corporal). representa un dos por ciento aproximadamente de nuestro peso corporal; en el caso de la ballena azul no llega a una centésima parte (véase la figura 3, arriba). Sin embargo, tampoco en esta relación nos hallamos en la cumbre, ni tan siquiera en el grupo de cabeza, pues esta vez son los más diminutos del reino animal los que nos sobrepasan: algunos de los monos más pequeños, murciélagos y ratones poseen, en relación con su peso corporal, mucho más cerebro que nosotros; en el caso de las musarañas, el cerebro alcanza el diez por ciento de la masa corporal. Por una parte, como es lógico, los animales pequeños tienen cerebros pequeños y los animales grandes, cerebros grandes. Pero, por otro, en relación con el peso cerebral relativo, la situación es completamente opuesta: en relación con su peso corporal, los animales pequeños tienen cerebros grandes y los animales grandes tienen cerebros pequeños. La explicación de tal divergencia descansa en la masa cerebral, que crece, de forma absoluta paralelamente al peso corporal con el transcurso de la evolución, pero, al no hacerlo tanto como el peso total, el cerebro disminuye relativamente. Los cerebros de algunos mamíferos, incluido el del hombre, se encuentran por encima de la media de los cerebros de todos los mamíferos ( figura 3, abajo). Estos hechos pueden describirse desde el enfoque de los “grados de cerebración” (“encefalización”). Se trata de un valor que puede expresarse como cociente de encefalización (CE). Dicho parámetro señala la medida en la que el peso cerebral relativo de una especie animal diverge de la media correspondiente a su clase animal (véase el recuadro “Grado de cerebración”). Es precisamente en relación con ese guarismo cuando el cerebro del ser humano se coloca en una posición puntera, pues es casi ocho veces más pesado que lo que sería de esperar en un mamífero medio de su peso. Tras de nosotros vienen algunos delfines pisándonos los talones: su cerebro es de cinco a seis veces más grande que su valor medio correspondiente. Una observación detallada pone de relieve algunos detalles sorprendentes que, salvo que el CE tenga también otros significados desconocidos hasta ahora, indican la existencia de grados de inteligencia insospechados. Así, los gibones y algunos monos pequeños, como los capuchinos o los monos de cola prensil, presentan un CE más alto (2,3 hasta 4,8) que los chimpancés más listos e incluso algunos prosimios tienen también un CE más elevado que los dotados gorilas..
(18) Grado de cerebración Cociente de encefalización* (CE) de algunos mamíferos seleccionados: Hombre. 7,4-7,8. Delfín. 5,3. Mono capuchino hasta 4,8 Gibón. 1,9-2,7. Chimpancé. 2,2-2,5. Mono del viejo mundo Ballena. 1,7-2,7 1,8. Mono de penacho blanco Gorila. 1,7 1,5-1,8. Zorro. 1,6. Elefante africano. 1,3. Morsa. 1,2. Camello. 1,2. Perro. 1,2. Ardilla. 1,1. Gato. 1,0. Caballo. 0,9. Oveja. 0,8. Ratón. 0,5. Rata. 0,5. Conejo. 0,4 (según Jerison, 1973). *El CE señala la desviación del tamaño del cerebro de una especie del tamaño cerebral esperado correspondiente a una especie estándar (aquí el gato) de la misma unidad sistemática.. Glosario NEOCORTEX También denominado isocórtex. Es la sede de las facultades mentales superiores. A diferencia del hipocampo, la corteza olfatoria y la corteza límbica (lo que en conjunto forma el alocórtex), presenta una estructura en seis estratos y sólo se encuentra en los mamíferos.. 16. el hombre moderno el que ha gozado de un cerebro mayor, sino el neandertal (Homo neanderthalensis) con una capacidad de entre 1400 y 1900 centímetros cúbicos. Los neandertales realizaron sepulturas para los muertos y fabricaron instrumentos refinados, pero nadie sabe exactamente cuán inteligentes eran, ni por qué se extinguieron. Sea como fuere, lo cierto es que, en contra de la corriente habitual seguida por la evolución, el cerebro de los homínidos creció en peso y en volumen más rápidamente que el resto del cuerpo.. Un crecimiento lleno de misterios A ese proceso singular se le denomina “alometría cerebral positiva”. Hasta el momento presente no hemos sido todavía capaces de explicarlo de forma acabada. En todo caso, muchos de los rasgos considerados como típicamente humanos, como son la marcha erguida o el uso de instrumentos, no dependen directamente de la alometría cerebral positiva: estas capacidades habían aparecido ya mucho antes de que el cerebro humano se engrosara de forma significativa por encima del nivel del resto de homínidos. Según se presume, un aumento general de la tasa de crecimiento cerebral tuvo lugar de forma simultánea con el alargamiento de la infancia, período en el cual en la especie humana el cerebro continúa creciendo. Como el crecimiento del cerebro consume mucha energía, hubo que conseguir una alimentación rica en calorías, lo que resulta tanto más fácil cuanto más inteligente se es. De esta manera se puso probablemente en marcha un proceso evolutivo que se reforzaba a sí mismo. ¿Es posible, por otra parte, que la inteligencia no dependa del peso absoluto o relativo del cerebro, sino sobre todo del grosor de la corteza cerebral? Como han atestiguado incontables observaciones médicas y procedentes de las neurociencias, el neocórtex debe considerarse la “sede” de la mente y de la consciencia, así como la de todas las otras facultades cognitivas que nos caracterizan como seres humanos. Sin embargo, también aquí nos espera una sorpresa decepcionante. Las ballenas, los delfines y los elefantes tienen un neocórtex mayor que el nuestro. Y cuando se investiga dicho estado de cosas, se pone de manifiesto además que el neocórtex —como muchos creen— no viene determinado por algún factor especial de selección. Depende simplemente del tamaño cerebral. Se reconoce aquí otro ejemplo de alometría positiva: cuando se produce un creci-. miento general del volumen del cerebro, la superficie más externa de la corteza cerebral crece algo más deprisa que el resto del cerebro. Así ha acontecido en el caso del hombre, que posee exactamente la corteza cerebral que corresponde al tamaño de su cerebro. Y, como el cerebro de las ballenas, delfines y elefantes es todavía mayor que el del hombre, estos animales tienen una corteza mucho más grande y tortuosa; lo que se predica lo mismo de la masa absoluta que de la relativa del tamaño cerebral. Ahora bien, como saben la mayoría de los biólogos de la conducta y neurobiólogos, los animales mencionados son esencialmente menos inteligentes que los chimpancés o los bonobos con sus cerebros mucho más pequeños. En relación con la corteza prefrontal, considerada la sede de la inteligencia, de la personalidad, de la razón y de la planificación y la actuación, la ciencia no ha avanzado mucho más. En la propia bibliografía especializada, hallamos a menudo la afirmación de que el cerebro humano, en comparación con el de los otros primates, posee un prosencéfalo especialmente grande. Pero lo cierto es que las nuevas mediciones realizadas no confirman tal aserto. La comparación con los no primates es, por una parte, difícil, porque desconocemos qué parte de la corteza cerebral se corresponde en ellos con la corteza prefrontal. Por otro lado, es probable que la corteza prefrontal crezca simplemente de forma proporcional con el cerebro: un cerebro grande implica una corteza cerebral grande y también un prosencéfalo grande. El ser humano no posee, pues, el cerebro más grande de todos los seres vivos, ni desde el punto de vista absoluto ni desde el relativo, aun cuando es mucho mayor de lo que cabría esperar de su cotejo con el de otros animales de un tamaño asimilable. En realidad, no se ha avanzado ningún argumento sólido que nos permita afirmar que el peso cerebral relativo desempeñe algún papel, por mucho que se confiara en que nos caracterizaba. Y tampoco en lo referente al tamaño de la corteza cerebral constituye una singularidad. ¿Qué es, entonces, lo que se ofrece desde la neurobiología como el mejor correlato de la inteligencia? Por anatomía conocemos que el cerebro se compone de neuronas y de células de la glía, con misión éstas de aprovisionamiento de aquéllas. Cuantas más neuronas haya, más extensas y efectivas serán las redes neuronales. De las redes dependen directamente nuestras percepciones, recuerdos, planes y pensamienMENTE Y CEREBRO 35 / 2009.
(19) Factores que determinan el rendimiento de la red ¿Qué otros factores determinan la capacidad de las redes neuronales? Bajo sospecha se encuentran la densidad de los nodos conectivos, la distancia entre las células nerviosas y la velocidad de conducción de sus prolongaciones (dendritas y axones). Hasta donde sabemos, la corteza cerebral no difiere de un mamífero a otro en lo referente a la densidad de sus conexiones. Es cierto que desconocemos el númeMENTE Y CEREBRO 35 / 2009. 1250. Homo sapiens Homo erectus 1,7 3. 750. GEHIRN & GEIST / CHRISTINA HOF, SEGUN JERISON, 1973 SOWIE PHILBEAM UND GOULD 1974. Gr ad ien te =. Representación logarítmica. 1000. Volumen endocraneal (cm3). tos. Pero un cerebro grande no implica automáticamente un mayor número de neuronas. Las cosas encierran mayor complejidad. Así, cuanto más disminuye el número de células nerviosas corticales por unidad de volumen —es decir, la densidad neuronal— tanto más gruesa es la corteza. La razón de esta proporción inversa es que los grandes cerebros requieren una manutención muy costosa, lo que explica la nutrida proporción de células de la glía y de vasos sanguíneos en la corteza. Por otro lado, en muchos mamíferos, al aumentar el tamaño del cerebro, aumenta también el espesor de la corteza. Por eso, el neocórtex de los ratones mide de media sólo 0,8 milímetros; en el ser humano llega a tener 3 milímetros. Esta circunstancia hace que casi se compense en el hombre la disminución de la densidad neuronal. Una excepción llamativa nos la ofrece la corteza cerebral de ballenas, delfines y elefantes, cuya densidad neuronal es esencialmente menor. Al propio tiempo, la corteza es más delgada; además, no está claro que se divida en seis capas. Aunque nadie acierta a dar una explicación del fenómeno, da la impresión de que ese tipo de corteza guarda relación con el enorme engrosamiento experimentado por la masa total del cerebro (a la manera en que la superficie de un globo hinchado se estira y adelgaza). Quien, a partir del volumen cortical y de la densidad neuronal, cuente en los mamíferos el número total de neuronas corticales, comprobará que el ser humano posee 11,5 millardos de neuronas en la corteza, más que cualquier otro animal. Combina una corteza cerebral bastante gruesa con una densidad neuronal bastante elevada. Sin embargo, la diferencia del hombre con las ballenas y los elefantes apenas llega a ser de medio millardo, discrepancia mínima que no explica adecuadamente la disparidad de inteligencia existente entre estos animales y el ser humano.. Homo habilis. 0,33 nte = e i d a Gr Australopithecus boisei. 500. Australopithecus robustus Australopithecus africanus. ,34 e=0 ient d a r G. Gorila. Orangután Chimpancé. 350. Bonobo 30. 40. 50. 75. 100. Peso corporal en kilogramos (representación logarítmica). ro de sinapsis por neurona cortical en el caso de las ballenas y los elefantes, pero es sumamente posible que no se queden muy lejos de las de los seres humanos, que son alrededor de 30.000. En cambio, las capas mielínicas, fabricadas por las células de la glía, de las prolongaciones nerviosas son en las ballenas y en los elefantes mucho más finas que en el hombre, lo que puede observarse sin ambigüedad alguna. A consecuencia de este “aislamiento de los cables” más delgado, las fibras conducen los impulsos eléctricos de forma considerablemente más lenta. Agréguese que, por mor de la enorme masa cerebral de estos animales, las distancias entre las diferentes células nerviosas resultan mucho mayores, lo que conlleva que la conducción se alargue. La corteza cerebral del ser humano alberga sólo unas cuantas células nerviosas más que las de la ballena, el delfín y el elefante. Sin embargo, a pesar de tener una densidad de sinapsis equiparable, en el cerebro humano la distancia interneuronal es más corta y la transmisión axonal, más rápida. La suma de ambos factores produce un aumento de la velocidad de trabajo de la red nerviosa, lo que, parcialmente al menos, permite explicar la diferencia de inteligencia entre el hombre y los animales dotados de un cerebro grande. Sin embargo, todas las diferencias consideradas hasta ahora poseen un carácter puramente cuantitativo. Los investigadores no han logrado. 4. BRUSCO DESARROLLO. Al contrario que los restantes primates y los australopitecinos, durante la evolución del género Homo el volumen cerebral aumentó en comparación con el peso corporal. Por lo demás, entre todos los homínidos no es el hombre moderno, sino el neandertal, con hasta 1900 centímetros cúbicos (no recogido en la gráfica), el ganador en relación con el del rasgo “tamaño cerebral”.. 17.
(20) ¿La cantidad lo es todo? Número de neuronas corticales en millones: Hombre. 11.500. Elefante africano. 11.000. Chimpancé. 6200. Gran delfín. 5800. Gorila. 4300. Mono rhesus. 480. Mono calavera. 480. Comadreja. 27. Erizo. 24. Rata. 15 (calculado a partir de datos tomados de Haug, 1987). 5. LOS INSTRUMENTOS ANIMALES. Este cuervo de Nueva Caledonia (Corvus moneduloides) utiliza un palo como instrumento para hacerse con una golosina. DPA. escondida.. 18. establecer alguna peculiaridad anatómica o fisiológica en el cerebro humano que no se halle presente también en los animales. Sólo hay una excepción a esta regla: el área del lenguaje de Broca, situada en el cerebro izquierdo. Muchos mamíferos y aves disponen de complicados medios de comunicación específicos. Pueden incluso dar información sobre objetos, individuos y sucesos que no se encuentren presentes, pero frases con una gramática complicada sólo podemos construirlas los humanos. La mayoría de los investigadores está de acuerdo en que los chimpancés, los gorilas, los delfines y los papagayos se hallan capacitados para entender y utilizar frases del lenguaje humano de hasta tres palabras de extensión transmitidas por vía oral, gestual o simbólica. Pero, al propio tiempo, se mantienen unánimes en que un entrenamiento de años no faculta a esos animales para superar el nivel lingüístico de un niño de entre dos y medio y tres años. En el caso de los seres humanos la gramática y el vocabulario explotan a partir de esa edad, que es justo cuando el área de Broca alcanza un nivel conectivo suficientemente desarrollado. Se cree que nuestro lenguaje sintáctico-gramatical data de hace entre 80.000 y 100.000 años. Se trata de un logro evolutivo bastante reciente. La causa de su surgimiento sigue permaneciendo en la oscuridad [véase “Desarrollo de la mente moderna”, por C. McPherson Smith; Mente y cerebro, n.o 25]. Lo único claro es que el desarrollo de un lenguaje complejo aumentó enormemente las facultades intelectuales que ya tenía el hombre y que comparte en distinta medida con otros animales. Resulta innegable que el pensamiento y la capacidad de resolver problemas se hallan vinculados, en último término, al lenguaje. Hablado. y escrito constituyeron una catapulta para el incremento de la capacidad intelectual. El lenguaje, un pequeño paso en la evolución, supuso, en cambio, un gran salto para la humanidad. Un nuevo grupo de animales ha empezado recientemente a estar dentro del foco de la investigación: las aves. Los papagayos y los cuervos muestran capacidades intelectuales que, en opinión de muchos expertos, pueden compararse con las de los primates no humanos. Se mencionan a este respecto las habilidades lingüísticas y otras capacidades cognitivas que el papagayo gris Alex, bajo las instrucciones de la investigadora Irene Pepperberg, llevó a cabo hace unos pocos años [véase “Aves habladoras”, por Ch. Scholtyssek; M ente y cerebro n.o 17].. Cuervos listos De entonces hasta ahora se han realizado numerosos experimentos con cuervos (córvidos). Dichas investigaciones nos han mostrado que algunos tipos, así el cuervo de Nueva Caledonia (Corvus moneduloides), dispone de una extraordinaria capacidad de elaboración y uso de instrumentos, amén de una fantástica memoria espacial, puesta de manifiesto en el escondite de comida. Cuando preparan y visitan el escondrijo, tienen en cuenta no sólo la “fecha de caducidad” del alimento, sino también si alguien les observa mientras están realizando el camuflaje; y, en ese caso, escenifican maniobras de engaño. Algunos córvidos muestran, según la opinión de los investigadores, un pensamiento causal y una importante flexibilidad cognitiva, reflejada en su capacidad para comprender rápidamente nuevos contextos y saberlos explotar en su provecho. A ello hay que añadir la presencia de un pensamiento previsor y de una elevada capacidad imaginativa. Todas ellas son facultades hasta ahora reservadas a los primates, si no a los antropoides. Unos resultados espectaculares. Veníase aceptando entre neurobiólogos, psicólogos y filósofos que sólo una corteza cerebral de seis estratos —propia de primates, ballenas, delfines y elefantes— posibilitaba una inteligencia elevada. A partir de estas investigaciones se puede incluso especular sobre qué tipo de neuronas corticales son necesarias y suficientes para dar lugar a la empatía, la creatividad y la consciencia. Se ha observado, sin embargo, que la conducta de las aves, peces, anfibios y reptiles se encuentra en buena medida unida al instinto y que apenas se ve determinada por el aprendizaje. Tales observaciones pareMENTE Y CEREBRO 35 / 2009.
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