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EVOLUCION DE LOS TURNOS DE CONVERSACIÓN EN LA INTERACCIÓN MADRE-HIJO

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ORIGINALES

Rev. Logop., Fon., Audiol., vol. II, n.º 2 (66-79), 1991

INTRODUCCIÓN

N

uestras investigaciones se fundamentan en las ideas de Vygotsky (1979) y de otros au-tores, como por ejemplo Bruner (1985) y Kaye (1986) quienes, desde una perspectiva socioin-teractiva, otorgan a la interacción con los cuidadores un papel explicativo en el desarrollo infantil. Asu-mimos que la comunicación y el lenguaje se inician en el seno de procesos interpersonales en los que participan el niño y sus cuidadores. Utilizamos la ex-presión «procesos interpersonales» como sinónimo de «procesos interpsicológicos», en el sentido pro-puesto por Vygotsky y recogido en Wertsch (1988:77). Estos procesos implican grupos pequeños de individuos (generalmente díadas) implicados en una interacción social determinada y explicable en términos de dinámica de grupos pequeños y práctica comunicativa.

Desde el nacimiento, el niño y sus cuidadores par-ticipan en intercambios sincrónicos de adaptación mútua que tienen una cierta estructura de diálogo. Eso es posible en virtud de las respectivas aporta-ciones de cada uno de los participantes. El niño aporta un rico bagaje cognitivo y conductual innato

que le orienta de manera especial hacia las personas y que posibilita su participación activa en los proce-sos interactivos (véase, por ejemplo, Condon y San-der (1974), DeCasper y Fifer (1980), Mehler y cols. (1978), Murray y Trevarthen (1986), Trevarthen (1980).

Como señalo Snow (1976:11), desde los primeros días de la vida del niño, las madres intentan comu-nicar informaciones específicas a sus bebés, a la vez que reciben (o tratan de recibir) informaciones con-cretas de su parte. Madre e hijo interactúan de acuer-do con una modalidad de comunicación recíproca, es decir, siguiendo un modelo convencional.

La distribución de los turnos de habla es uno de los tipos de organización que operan en la conversa-ción y es precisamente este aspecto el que abordare-mos en el trabajo que presentaabordare-mos.

Podemos establecer una diferencia importante en-tre las conversaciones adultas y las conversaciones adulto-bebé en lo que se refiere a la toma de turnos. Mientras que en las conversaciones adultas un obje-tivo primorcial de los hablantes es tomar el turno, el objetivo principal de las conversaciones madre-hijo es conseguir que sea el bebé quien tome el suyo (snow, 1976:12). Así pues, los adultos, generalmen-te, no monopolizan completamente la interacción ha-ciendo un uso abusivo de su superior competencia comunicativa, sino que, por el contrario, tienden a propiciar la participación infantil.

La capacidad interactiva del niño está relacionada tanto con las modalidades comunicativas que puede usar como con la respuesta de la madre a los esfuer-zos comunicativos del niño (Kaye, 1986).

EVOLUCION DE LOS TURNOS DE CONVERSACIÓN

EN LA INTERACCIÓN MADRE-HIJO

Por Magda Rivero, Mº Pilar Fernández Viader, Marta Gràcia

Departament de Psicologia Evolutiva i de l’Educació. Facultat de Psicologia. Universitat de Barcelona Passeig Vall d’Hebron 171 08035 Barcelona

1Este trabajo se inserta en el marco del proyecto de

investi-gación «Estudio, revisión y adaptación del sistema CHILDES para el análisis de la interacción comunicativa niño-adulto en poblaciones infantiles con desarrollo psicológico normal y con necesidades educativas especiales». Los resultados que comentaremos fueron presentados en el First Lisbon Meeting

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La mayoría de los estudios de poblaciones infan-tiles con algún tipo de déficit, coinciden en afirmar que estos niños difieren de los niños con desarrollo normativo en sus modalidades y estilos comunicati-vos, y que sus problemas de desarrollo pueden tener una honda repercusión en la calidad y en la cantidad de interacción social en que están implicados (Field, 1980; Walker, 1982). En consecuencia, parece que el propio estilo interactivo del niño afecta a la conduc-ta de la madre durante el intercambio.

En una revisión de la literatura sobre la interacción de niños de alto riesgo con sus madres, Field (1977, 1980) concluye que, comparados con díadas en las que el niño se desarrolla con normalidad, los primeros manifiestan gran dificultad para interactuar, en gene-ral se muestran menos responsivos y usan más con-ductas de evitación visual en sus interacciones. En al-gunos casos estas madres se muestran más intrusivas. Estas diferencias en la estructura de la interacción no pueden atribuirse por completo al déficit per se, sino que, en buena medida se explicarían por las di-ficultades del adulto para adaptarse a él. Dichas difi-cultades provienen en parte de la desinformación que los padres poseen respecto a las necesidades es-peciales de sus hijos.

OBJETIVOS

Uno de nuestros objetivos es definir indicadores que nos proporcionen información acerca de las ca-racterísticas de la interacción en díadas adulto-niño, concretamente de lo que nosotros hemos denomina-do «estructura de participación». Entendemos por estructura de participación de una secuencia de in-teracción la organización y distribución de los actos comunicativos de cada uno de los participantes a lo largo de la misma. Nuestro análisis se centrará en los indicadores relativos al turno.

Los indicadores definidos nos han de permitir analizar la estructura de participación en díadas con niños de desarrollo normativo a lo largo del período inicial del desarrollo del lenguaje, así como en las díadas con niños sordos, atendiendo a las caracterís-ticas de la modalidad comunicativa utilizada por las madres. Han de servir además para evaluar, en

rela-ción a la estructura de participarela-ción, la eficacia de un programa de intervención naturalista llevado a cabo con madres de niños con síndrome de Down.

Otro de nuestros objetivos es valorar la eficacia del programa MLT del sistema CHILDES (McWhin-ney, 1991; McWinney y Snow, 1985, 1990) para el análisis de la conversación en poblaciones en las cuales la actividad no verbal desempeña in im-portante papel.

ESTUDIO EMPÍRICO Sujetos

Grupo 1

Dos parejas madre-hija de desarrollo normal. Al inicio del estudio los bebés tenían edades de 0;9.14 y 0;9.0.

Grupo 2

Una pareja madre sorda-hija sorda y una pareja madre oyente-niña sorda. Al inicio del estudio las ni-ñas tenían edades de 1;11 y 2;22.

Grupo 3

Dos parejas madre-hijo con síndrome de Down. Las edades cronológicas de los niños al inicio del estudio eran de 6;5 y 7;7. Sus edades mentales correspondían a 36 meses en ambos casos y sus edades de desarrollo lingüístico eran de 36 y 32 meses respectivamente.

Metodología

En los tres grupos se ha realizado un seguimiento longitudinal-observacional en situación familiar du-rante actividades cotidianas de baño, comida y jue-go. Los datos han sido recogidos en vídeo. Las trans-cripciones y análisis de los mismos se han realizado utilizando sistema CHILDES.

Para este trabajo hemos seleccionado tres sesiones separadas entre sí por un intervalo temporal.

Rev. Logop., Fon., Audiol., vol. II, n.º 2 (66-79), 1991

2Las dos niñas sordas son sujetos del proyecto PS 91-0069

«In-teracción y adquisición del lenguaje en el niño sordo en contex-to familiar» que dirige la Dra. C. Triadó, subvencionado por la DGICYT del Ministerior de Educación y Ciencia.

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Grupo 1

Las sesiones analizadas corresponden a las edades de 0;9.143, 1;2.13 y 1;6.20 para uno de los sujetos y de 0;9.0, 1;1.19 y 1;5.23 para el otro. El estudio abarca por tanto el período pre-lingüístico, la etapa de las primeras palabras y las primeras combinacio-nes de palabras. La duración de las secuencias anali-zadas oscila entre 10 y 24 minutos.

Grupo 2

La niña sorda con madre sorda ha sido observada a las edades de 1;11, 2;1 y 2;7. Su nivel de desarro-llo comunicativo y lingüístico es el propio de la eta-pa de los primeros signos de la LSC (Lengua de Sig-nos Catalana). La niña sorda con madre oyente ha sido observada a las edades de 2;2, 2;6 y 3;0. Su ni-vel de desarrollo comunicativo y lingüístico es el propio de la etapa prelingüística. La duración de las secuencias analizadas oscila entre 5 y 15 minutos.

Grupo 3

La niña con síndrome de Down ha sido observada a las edades de 6;5.2, 6;7.24 y 6;11.24. Las edades de observación para el niño de Dovn son 7;7.24, 7;11.7 y 8;2.2. La duración de las secuencias anali-zadas es de 15 minutos. Las familias de los dos ni-ños han participado durante seis meses en un pro-grama de intervención naturalista e interactivo orien-tado a mejorar la calidad de la interacción comunicativa entre la madre y el niño. En este pro-grama se animaba a las madres a observar cómo se comunica su hijo y a seguir su iniciativa. Se les ex-plicó cómo usar ciertas estrategias como, por ejem-plo, la «imitación» y la «corrección implícita» de los actos comunicativos infantiles4.

Análisis

Hemos definido una serie de indicadores de la es-tructura de participación, todos ellos relativos al tur-no. Entendemos por turno el conjunto de los actos comunicativos continuados de un sujeto (verbales o no verbales), seguido de la actividad comunicativa de otro participante o de un período de silencio de tres o más segundos.

Muchos autores establecen un criterio temporal si-milar; véase por ejemplo, Blank y Franklin, 1980?

Veamos un ejemplo de lo que entendemos por turno:

* MOT <toma> [>)]

% gpx: fa veure que tira daus (finge que tira dados) * CHI: <0> [<] [+trn)].

% pgx: fa veure que tira daus (finge que tira dados) *CHI: uno.

% gpx: mira la mare (mira a la madre) *mot: el quatre! (¡el cuatro!)

% gpx: mira on serien els daus i mira la nena (mira ha-cia dónde estarían los daos y mira a la niña)

*CHI: tata [:quatre] yo tata [:quatre].

% gpx: mira endavant i després es toca ella mateixa i mira la mare (mira hacia adelante y después se toca y mira a la madre)5

El primer turno infantil está formado por dos pro-ducciones, una gestual y una verbal.

Los indicadores definidos son los siguientes: - Frecuencia de turnos.

- Densidad media del turno. - Índice de participación. - Índice de equilibrio de turnos.

Frecuencia de turnos

Número total de turnos asumido por cada uno de los participantes en la secuencia de interacción.

El programa MLT (CHILDES) facilita este índice.

Densidad media del turno

Razón entre el número total de actos comunicati-vos y el número de turnos asumidos por un partici-pante en la secuencia de interacción. En el ejemplo anterior, el turno infantil comentado es de longitud 2 a efectos del cálculo de la densidad media.

El programa MLT del sistema CHILDES propor-ciona la densidad media del turno.

ORIGINALES

Rev. Logop., Fon., Audiol., vol. II, n.º 2 (66-79), 1991

3La edad del niño se expresa en años, meses y días.

4La imitación consiste en la repetición idéntica por parte de la madre la emisión infantil. Definimos la corrección implícita como una respuesta al niño que ofrece un modelo correcto sin

feeedback negativo.

5 De acuerdo con las convenciones del sistema CHILDES *MOT Y *CHI identifican a la madre y al niño respectivamen-te; [>] [<] indican simultaneidad de los enunciados entre cor-chetes (no hay emisión oral en el caso del niño, de ahí el «0» que aparece en la trasncripción); [+ trn] marca el caracter co-municativo de la actividad gestual incluyendo la mirada (%gpx).

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Índice de participación

Razón entre el número de turnos asumidos por un participante y el número total de turnos que configu-ran la secuencia de interacción.

Equilibrio de turnos

Hablaremos de un mayor o menor equilibrio de turnos en función de la relación existente entre el número de turnos asumidos por cada uno de los participantes en la secuencia de interacción.

El equilibrio de turnos será tanto mayor cuanto más se aproximen a 0,5 los índices de participa-ción.

Cuando la interacción es diádica podemos esta-blecer un índice de equilibrio de turnos hallando la diferencia entre los índices de participación obte-nidos, correspondiendo a 0 el máximo equilibrio de turnos y a 1 el máximo desequilibrio. Arbitran-do un orden entre los participantes a la hora de ha-llar la diferencia entre sus índices podemos esta-blecer el sentido del equilibrio. Los índices positi-vos indicarán un desequilibrio a favor del primer participante y los negativos a favor del segundo. En nuestro caso el primer participante será la ma-dre.

RESULTADOS Y DISCUSIÓN

En primer lugar procederemos a comentar los re-sultados para cada uno de los grupos estudiados y fi-nalmente presentaremos unas breves conclusiones generales.

Grupo 1: desarrollo normativo

En cuanto a los resultados, comentaremos dos pun-tos que nos parecen especialmente interesantes: la den-sidad media del turno infantil y la participación en la interacción de cada uno de los miembros de la díada.

Por lo que respecta a la densidad media del turno infantil (ver tablas 1 y 2), apreciamos que en ambas parejas las niñas mantienen valores ligeramente su-periores a 1 en las tres edades estudiadas, debido al predominio de turnos cortos. No obstante, no todos los turnos infantiles constan de un único acto comu-nicativo. En nuestros datos, el turno de la niña pue-de llegar a estar constituido hasta por ocho actos co-municativos, de entre los cuales algunos son repeti-ciones. Es el caso de la pareja 1 a la edad de 1;1.

Esta tendencia lineal en la densidad media del tur-no infantil tur-no debe interpretarse como un estanca-miento del desarrollo comunicativo y lingüístico, ya

FIG. 2. Densidad media del turno. Pareja 2 (grupo 1: desarro-llo normativo)

FIG. 1. Densidad media del turno. Pareja 1 (grupo 1: desarro-llo normativo)

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que en el período analizado se producen importantes cambios en cuanto al tipo de procedimientos emplea-dos para la comunicación. En el trabajo que presen-tamos no hemos abordado directamente este punto.

Por lo que respecta a la participación de cada uno de los miembros de la díada, en las dos pare-jas estudiadas se han hallado patrones muy simila-res para la «densidad media del turno» y los «índi-ces de participación». En el caso de ambas madres la densidad media del turno y el índice de partici-pación son algo superiores a los que corresponden a las niñas. No se han observado tendencias signi-ficativas de cambio en función de la edad.

Apreciamos pues que, en las tres edades estu-diadas, las madres tienden a participar algo más que las niñas en la interacción comunicativa, pero sin que ello conduzca a un monopolio de la inter-acción, sino por el contrario a propiciar que la par-ticipación infantil sea también notoria.

Como podemos apreciar en las gráficas (Figs. 1 y 2), la densidad media del turno de las madres os-cila entre 1,61 y 2,27, manteniéndose siempre por encima de la de las niñas. En el caso de la pareja

1 la densidad media del turno materno no supera en ninguna de las sesiones analizadas el valor de 2, siendo en la primera y en la última sesión del or-den de 1,6, mientras que la madre de la segunda pareja presenta en todas las sesiones valores muy próximos a 2, o incluso superiores como ocurre en la última sesión. Ello puede obedecer probable-mente a diferencias de estilo materno.

Por lo que respecta a los índices de participación (Tablas 1 y 2), las madres se aproximan práctica-mente en todos los casos a 0,6 (únicapráctica-mente a la edad de 1;2 en la segunda pareja el índice de par-ticipación de la madre (0,53) está más cerca de 0,5 que de 0,6). Los índices de participación de las ni-ñas tienen por consiguiente valores próximos a 0,4 (salvo en el caso anteriormente comentado en que el índice de participación se acerca también a 0,5 (0,47).

Grupo 2: niñas sordas

En relación a los resultados nos centraremos en los indicadores de «densidad media del turno» y «equilibrio» de turnos». También nos ha parecido

in-ORIGINALES

TABLA1. — Medidas conversacionales relativas al turno de la primera díada en las diferentes sesiones (grupo 1: desarrollo

norma-tivo). Frecuencia de turnos, densidad media del turno, índice de participación y equilibrio de turnos. Madre 1 Niña 1

Edad niña 0;9 1;1 1;5 0;9 1;1 1;5

Indc. relat. al turno

Frecuencia de turnos 108 215 84 79 122 51 Densidad media de turno 2,27 1,98 1,93 1,09 1,31 1,16 Índice de participación 0,58 0,64 0,62 0,42 0,36 0,38 Índice de equilibrio turnos 0,16 0,28 0,24

TABLA2. — Medidas conversacionales relativas al turno de la segunda díada en las diferentes sesiones (grupo 1: desarrollo

norma-tivo). Frecuencia de turnos, densidad media del turno, índice de participación y equilibrio de turnos. Madre 2 Niña 2

Edad niña 0;9 1;2 1;6 0;9 1;2 1;6

Indc. relat. al turno

Frecuencia de turnos 62 239 104 35 208 70 Densidad media de turno 1,61 1,98 1,68 1,2 1,16 1,14 Índice de participación 0,64 0,53 0,60 0,36 0,47 0,40 Índice de equilibrio turnos 0,28 0,6 0,20

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Rev. Logop., Fon., Audiol., vol. II, n.º 2 (66-79), 1991

TABLA3. — Medidas conversacionales relativas al turno de la primera díada en las diferentes sesiones (grupo 2: niñas sordas)

Frecuencia de turnos, densidad media del turno, índice de participación y equilibrio de turnos.

Madre 1 (sorda) Niña 1

Edad niña 1;11 2;1 2,07 1;11 2;1 2;07

Indc. relat. al turno

Frecuencia de turnos 14 36 17 12 36 18

Densidad media de turno 1,43 1,64 2,12 1,08 1,55 1,11

Índice de participación 0,54 0,45 0,49 0,46 0,05 0,51

Índice de equilibrio turnos 0,08 0,00 0,02

TABLA4. — Medidas conversacionales relativas al turno de la segunda díada en las diferentes sesiones (grupo 2: niñas sordas) Frecuencia de turnos, densidad media del turno, índice de participación y equilibrio de turnos.

Madre 2 (sorda) Niña 2

Edad niña 2;02 2;06 3;00 2;02 2;06 3;00

Indc. relat. al turno

Frecuencia de turnos 12 20 39 13 18 38

Densidad media de turno 5,08 1,17 2 1,07 1,11 1,10

Índice de participación 0,48 0,526 0,506 0,52 0,473 0,49

Índice de equilibrio turnos 0,04 0,05 0,013

FIG. 4. Densidad media del turno. Pareja 2 (grupo 2: madre oyente-hija sorda)

FIG. 3. Densidad media del turno. Pareja 1 (grupo 2: madre sorda-hija sorda)

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teresante realizar un análisis de la modalidad en que se realizan los actos comunicativos.

Como apreciamos en las tablas 3 y 4, la densidad media de turno de ambas niñas es similar durante to-das las sesiones adoptando valores ligeramente supe-riores a 1, salvo en un caso en que es igual a 1.55 (pareja 1). Al igual que en los sujetos del grupo de desarrollo normativo se observa un predominio de turnos cortos, si bien la niña de la primera pareja muestra en algunas situaciones una mayor compe-tencia.

Por lo que respecta a las madres, la densidad me-dia del turno de la madre sorda aumenta a medida que lo hace la competencia lingüística de su hija (Fig. 3). No ocurre igual con la madre oyente. En este segundo caso la densidad media del turno de la madre va decreciendo de forma evidente (pasando de 5,08 en la primera sesión a 2 en la última), al-canzando en la segunda sesión valores equiparables a los de la madre sorda (Fig. 4). Entendemos que esta madre ha realizado un ajuste progresivo a las posibilidades comunicativas de su hija.

La adaptación de ambas madres se pone de mani-fiesto en el índice de equilibrio de los turnos en cada díada, que se mantiene en todos los casos en valores muy próximos a 0 (Tablas 3 y 4).

Debemos añadir que hemos observado, desde el principio, una alta frecuencia de turnos bimodales que combinan gestos y signos del LSC con emisio-nes orales. En la primera díada esta combinación es mayoritaria en todas las sesiones, de manera que la mayor parte de los turnos de cada interlocutora están integrados por signos y emisiones orales. En la se-gunda se trata en general de combinaciones de ges-tos deícticos y de lengua oral que aumentan en el transcurso de las sesiones.

En este sentido hemos de afirmar que la sordera de las niñas hace necesaria la incorporación en los turnos de la comunicación visogetual tanto por parte de las madres como de las niñas. Existen también di-ferencias entre ambas parejas, que interpretamos son consecuencia de las diferencias individuales entre las madres y de sus conocimientos previos sobre la sordera. Así, la madre sorda mantiene siempre una

ORIGINALES

Rev. Logop., Fon., Audiol., vol. II, n.º 2 (66-79), 1991

TABLA5. — Medidas conversacionales relativas al turno de la primera díada en las diferentes sesiones (grupo3: síndrome de Down)

Frecuencia de turnos, densidad media del turno, índice de participación y equilibrio de turnos.

Madre 1 Niña 1

Sesión 1 2 3 1 2 3

Indc. relat. al turno

Frecuencia de turnos 196 123 146 118 121 145

Densidad media de turno 1,83 1,38 1,37 1,05 1,09 1,12

Índice de participación 0,52 0,504 0,501 0,48 0,49 0,49

Índice de equilibrio turnos 0,05 0,014 0,011

TABLA6. — Medidas conversacionales relativas al turno de la primera díada en las diferentes sesiones (grupo3: síndrome de Down)

Frecuencia de turnos, densidad media del turno, índice de participación y equilibrio de turnos.

Madre 1 Niña 1

Sesión 1 2 3 1 2 3

Indc. relat. al turno

Frecuencia de turnos 124 123 146 118 121 145

Densidad media de turno 2,77 1,38 1,37 1,05 1,09 1,12

Índice de participación 0,51 0,504 0,501 0,48 0,49 0,49

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densidad media del turno sólo un poco más alta que la de su hija, ajustándose más a las características perceptuales de la niña y comunicándose, desde el principio preferentemente con una combinación si-multánea de modalidad oral y signada (LSC) (Fer-nández-Viader, 1993). Por el contrario, la madre oyente en las dos primeras sesiones utilizó casi ex-clusivamente la comunicación oral y en la tercera se-sión se ha ido orientando hacia una comunicación bimodal, la lengua oral con gestos. Esto nos lleva a reflexionar sobre la necesidad de intervenir precoz-mente con las familias de padres oyentes que tienen niños sordos y no poseen conocimientos previos acerca de la sordera.

Grupo 3: síndrome de Down

En relación a la frecuencia de turnos (Tablas 5 y 6), podemos ver que en ambas parejas se produce un aumento importante tanto por parte de la madre como del niño en la última sesión. Sin embargo, ya desde la primera sesión se observan índices de participación muy equilibrados entre la madre y el niño en ambas díadas. Ello refleja el hecho de que durante las

inte-racciones no se producen silencios o esperas (más de 3 segundos) entre dos turnos de un mismo interlocu-tor, sino que cuando de hecho se dan esas esperas el que inicia el turno es el otro participante.

Aunque aquí no se han analizado, la diferencia entre la sesión primera y las otras dos es que al prin-cipio no había silencios y por tanto lo que aumenta-ba era la densidad de turno de la madre. En cambio, poco a poco la madre va haciendo mas «esperas» que son cortadas por un inicio de turno del niño, en general. Los inicios de turno serán objeto de estudio en trabajos posteriores del grupo.

Si nos fijamos en la densidad media del turno (Figs. 5 y 6) podemos comprobar que en ambas ma-dres se da un proceso de ajuste muy importante que ya se percibe en la segunda sesión y que se hace mu-cho más evidente en la tercera, donde se ve que la tendencia es la misma. Esto es, se puede observar cómo las madres en tres meses han ajustado la den-sidad media del turno a la del niño en un caso (1,83-1,02) y de casi el triple en el segundo (2,77-1,05), a ajustarse casi al nivel inicial del niño esto es, un enunciado por turno.

FIG. 5. Densidad media del turno. Pareja 1 (grupo 3: síndrome de Dow).

FIG. 6. Densidad media del turno. Pareja 2 (grupo 3: síndrome de Dow).

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CONCLUSIONES

En primer lugar, y en relación a los objetivos planteados, queremos señalar que los indicadores utilizados han resultado adecuados para nuestros propósitos de análisis de la estructura de participa-ción de las secuencias de interacparticipa-ción adulto-niño. En la actualidad estamos evaluendo la conveniencia de llevar a cabo un análisis que tome como unidad el «intercambio comunicativo», entendido como una secuencia de turnos, de uno o más participantes que cumplen una función unitaria en la interacción (Ni-nio y Wheeler, 1984). Uno de los indicadores a con-siderar será la frecuencia de inicios de un intercam-bio por parte de cada uno de los participantes. Espe-ramos que dicho análisis, junto con apreciaciones más cualitativas de los datos, nos permita avanzar en el estudio empírico de la interacción comunicativa.

Por lo que respecta a la población infantil con de-sarrollo normativo, así como a la pareja madre-hija sordas, nuestros datos parecen apoyar una estructura de la interacción madre-hijo que respondería a las características de bidireccionalidad, asimetría y par-ticipación infantil guiada señaladas por autores como Bruner (1985) y Kaye (1986) entre otros, en la línea iniciada por Vygotsky (1979).

Es difícil pensar que los cambios apreciados en la interacción de las parejas del grupo con síndrome de Down pueden ser debidos al azar y cabe reflexionar acerca de la influencia que el programa de interven-ción que han seguido las madres ha tenido en los cambios que se han producido en la estructura de participación y sobre todo en relación a la densidad de los turnos.

La valoración positiva de estos datos se apoya en la importancia que en las primeras etapas de desa-rrollo del lenguaje y más en niños con retraso, tiene el equilibrio de turnos en la conversación. En este sentido, consideramos importante la habilidad de la madre para mantener un equilibrio entre la longitud de su turno y el del niño, tratando de no desequili-brar la conversación. Este desequilibrio podría de-sencadenar un descenso del interés infantil por la in-teracción, con la consiguiente pérdida de una opor-tunidad para aprender lenguaje.

Este tipo de estudio nos proporciona elementos de

reflexión para la intervención temprana con familias de padres oyentes y niños sordos. Nos planteamos el interés de iniciar un programa de similares caracte-rísticas en díadas heterogéneas (oyente-sordo) como las que hemos analizado en el grupo 2.

Respecto al último de los objetivos que señalamos al inicio de nuestra comunicación, a saber, valorar la eficacia del programa MLT del sistema CHILDES para el análisis de la interacción adulto-niño en po-blaciones infantiles como las estudiadas por nosotros (niños pre-lingüísticos o que inician la adquisición del lenguaje, sordos y con síndrome de Down), bas-te decir por ahora que el programa —ampliamenbas-te utilizado para análisis lingüísticos— nos parece sufi-ciente versátil para llevar a cabo análisis de la inter-acción comunicativa también en aquellos casos en los cuales la actividad no-verbal desempeña un im-portantísimo papel.

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Referencias

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