• No se han encontrado resultados

Está ubicada en la parte baja de la población, nada más ANIÉS. Iglesia de San Esteban

N/A
N/A
Protected

Academic year: 2021

Share "Está ubicada en la parte baja de la población, nada más ANIÉS. Iglesia de San Esteban"

Copied!
6
0
0

Texto completo

(1)

Pequeña y pintoresca población perteneciente al municipio de la Sotonera, Aniés es una bella localidad en la que descollan casonas del siglo xviii entre su casco urbano con variados escudos de armas en sus fachadas, como los de Ayalas, Otal, Seral... Ubicada a 95 km de Zaragoza, 23 km de Huesca y tan sólo 6 km de la majestuosa y vecina Bolea, se accede a la misma desde un desvío de la A-1206, ubicado entre la citada Bolea y Loarre.

Dentro de su término se hallan varias ermitas interesantes, como la de San Cristóbal, cueva san-tuario ubicada en un lugar inexpugnable cuya imagen genera gran veneración entre sus habitantes, o la interesante ermita-santuario dedicada a la Virgen de la Peña de la que después nos ocuparemos.

Históricamente, la zona a la que pertenece esta localidad, la Sotonera, vivió en el pasado mo-mentos muy convulsos. Aquí tuvo lugar la primera gran acción guerrera contra los musulmanes, de ahí que tanto en Aniés como en núcleos circundantes viviesen muchos mozárabes y musulmanes que se dispusieron, en el año 1057, a colaborar con el monarca aragonés Ramiro I con el objetivo de ocupar la vecina Bolea, para así ir abriendo camino hacia la Wasqa islámica. La acción guerrera fracasó, de ahí que los musulmanes fueran buscando todo posible traidor, lo que llevó al intento de fuga a muchos colaboradores de Ramiro I, cuyos testimonios quedaron reflejados en documentos como el fechado en 1069 que Domingo Buesa recoge: “Yo, Habdela, que poseí el castillo de Pui-bolea, lo entregué a manos de los cristianos y del rey Ramiro, el cual mudó mi nombre y me llamó Sancho y me concedió muchos favores durante mi vida”; una vez falleció el monarca se lamentaba de la siguiente forma: “enfermé y pasé necesidad y todos mis amigos me abandonaron”.

La gran ofensiva contra Bolea sucedió en el año 1083, momento en que cayó la citada po-blación musulmana junto a las de Ayerbe, Biscarrués, Arascués y Graus; no obstante habría que esperar a 1097 para que Pedro I empleara su empresa militar en conquistar definitivamente la citada población. También es de 1069 la primera mención a la población de Aniés en el cartulario de Fanlo, documento real otorgado a Anniessi. Desde el siglo xiii esta pequeña población perteneció a la Orden de San Juan de Jerusalén, siguiendo así durante buena parte de su historia y llegando a convertirse el lugar en 1785 en señorío de las Órdenes.

ANIÉS

Iglesia de San Esteban

E

stáubicadaEn lapartEbajadElapoblación, nada más entrar a la izquierda en una tranquila plaza junto a un parque infantil.

Hay datos históricos de la misma desde 1198, momento en el que el monarca Pedro II de Aragón cedió al obispo de Huesca el derecho de patronato sobre la iglesia de Aniés, y poco después, en 1201, el obispo de Huesca García de Gu-dal cedió esta iglesia a la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, permaneciendo bajo su dominio hasta el siglo xviii. La iglesia actual pertenece casi en su totalidad a la gran remodelación del siglo xviii, que consistió en la construcción de una fábrica de gran ornato y monumentalidad de sillar y sillarejo consistente en una planta de cruz latina con una sola nave cubierta por bóveda de lunetos, ábside poligonal y crucero con cúpula sin tambor sobre pechinas. Sensación de gran riqueza propia del barroco que nada tienen que ver

(2)

con lo que fue su pasado románico, que consistía en una fábrica construida en piedra sillar de una sola nave cerrada con testero plano que en la actualidad se sitúa a los pies, bajo el actual coro elevado, ya que en época barroca se invirtió

la orientación litúrgica de la iglesia. De dicha cabecera solo resta, en la actualidad, el muro externo que presenta una ven-tana aspillerada centrada en el mismo, con derrame interno. De época románica también nos ha llegado el primer cuerpo de su torre románica, de planta cuadrada y con marcas de cantero visibles en sus sillares. También el muro norte, que queda adosado a una vivienda, así como parte del muro sur, que conserva algunos modillones bajo el tejaroz y la cornisa biselada que presentan en la mitad derecha alternancia 2-1 de perfil cóncavo y convexo, respectivamente. No poseen decoración, a excepción de uno de ellos adornado con una sencilla molduran en forma de t.

El elemento que mejor se ha conservado de la original fábrica románica es la portada sur, protegida en la actualidad por un porche moderno que se abre en sus dos frentes con arcos de medio punto, obra original románica que continúa intacta. Es una portada abocinada, con seis arquivoltas de medio punto que alternan baquetones finos y gruesos que a su vez apoyan en tres capiteles muy sencillos a cada lado, sin fuste los de la derecha y con fuste con las de la izquierda. Dichos capiteles son lisos, sin decoración los de la izquierda y muy sumaria en los de la derecha; unas sencillas hojas de perfil lanceolado en el capitel más externo, mientras que el

Portada Capitel de la portada

(3)

capitel más interno de este lado presenta un cincelado muy sencillo de líneas curvadas biseladas al frente y una palmeta vegetal en el interior o intradós.

Toda la parte románica de esta iglesia data de finales del siglo xii o comienzos del xiii.

Textos y fotos: EGC

Bibliografía

aramEndía, J. L., 2002, pp. 115-117; buEsa condE, D. J., 2000a, pp.

103, 107 y 113; durán Gudiol, A., 1987a, pp. 97-98; madoz, P.,

(1997), p. 60.

Ermita de la Virgen de la Peña

s

obrEuna ripacalcárEa y al abrigo natural que le ofre-cen las paredes, se sitúa la ermita-santuario de la Virgen de la Peña, lugar eremítico desde antiguo, quizás el más representativo del Alto Aragón. Ubicado en un lugar increí-ble, la panorámica desde este enclave es impresionante. Se accede desde el mismo pueblo de Aniés, a través de una pista

forestal de aproximadamente 2 km que lleva hasta el lugar, en continuo ascenso por un camino zigzagueante.

Una vez se llega a la ermita, hay que subir unas estre-chas y acondicionadas escaleras adosadas a la roca que de repente harán que aparezca una visión inconfundible: un conjunto formado por varias edificaciones en torno a una

(4)

pequeña ermita-santuario de origen románico, con añadidos y modificaciones de los siglos xvii y xviii que se acopla a una visera rocosa y al frente la antigua casa del santero, con de-pendencias para los romeros y cofrades y que queda adherida a la concavidad rocosa adaptándose a la perfección, de forma que su propio muro se incurva siguiendo el perímetro de la terraza rocosa que le acoge.

Se puede pensar por qué se eligió un lugar como este para venerar una imagen como la de la Virgen de la Peña. La tradición popular cuenta una conocida leyenda en la que la citada imagen se apareció a un halcón y a una perdiz en un covacho, hoy situado en el interior de esta ermita, donde actualmente se puede contemplar la talla de la Virgen. La leyenda cuenta que dicha imagen no quiso otro lugar para la eternidad que éste y por ello, la devota población erigió aquí la ermita y el resto del conjunto para seguir venerándola todos los años en romería. Dicho suceso ocurrió allá por el siglo x y si bien, esta es la leyenda más conocida, sus devotos aún le atribuyen más milagros.

Es evidente la relación que posee este enclave, no sólo por su ubicación, con las cuevas santuario que se iniciaron aproximadamente desde el siglo vii. Dichas cuevas eran lu-gares ubicados en rincones solitarios de la naturaleza, mon-tañas, al borde de llanuras y valles, lugares en muchos casos inexpugnables en que los eremitas que las habitaban, ya fuese en solitario o en pequeñas comunidades, en las cuales bus-caban la soledad para la oración, el silencio, el sacrificio y la contemplación divina. Se trataba, en general, de sencillas

construcciones anónimas que aprovechan muchas veces la roca viva como parte de su arquitectura, sin decoración y sin fechas o elementos que permitan datarlas con exactitud, rea-lizadas con una gran economía de medios a través de mam-puesto unido por argamasa o arcilla que podrían remontarse hasta época hispano-visigoda. Un elemento común a estos enclaves es la existencia cerca de ellos de monasterios, de forma que los eremitas que se trasladaban a estas “cuevas” po-dían proceder de allí y se trasladarían temporalmente quizás a realizar penitencia.

De nuevo en la pequeña ermita, nada más culminar las estrechas escaleras y antes de bajar al rellano en que se ubica todo el conjunto, se observa la espadaña con campana ubicada en el paramento este. Una vez se llega a su actual portada, en la que se pueden leer varias inscripciones del siglo xix entre ellas una en su misma puerta que reza 1839, se advierte un sencillo arco de medio punto y que sobre el mismo se conserva, pintado en el muro con factura popular, un san Cristóbal de tamaño considerable.

Se puede pensar, ¿qué hace esta imagen en la portada de una ermita dedicada a la Virgen de la Peña?. Posiblemente la razón se encuentre en la existencia en las proximidades de es-te enclave de un lugar, aún más inhóspito, la cueva-santuario de San Cristóbal, al que en esta población conservan una gran devoción desde antiguo. De hecho Madoz habla de la misma, además de la de la Virgen de la Peña en su Diccionario Geográfico, Estadístico e Histórico de 1845-50: “se hallan cuatro er-mitas dedicadas una a Nuestra Señora de la Peña, otra a Santa

(5)

Bárbara, otra a los Santos Cosme y Damián y otra a San Cris-tóbal que es la más concurrida y a cuya imagen profesan sus habitantes la mayor veneración; esta ermita es de las primeras que estaban situadas en la Sierra de Gratal”.

Los testimonios románicos de esta ermita se hallan dispersos en todo el conjunto. Por una parte se puede con-templar, completamente desubicado, un tímpano tenido por románico de pequeño tamaño incrustado en el muro externo de la casa del ermitaño, frente a la ermita. Está a media altura de dicho muro hacia la derecha. Seguramente sería parte esencial de la portada de la antigua iglesia románica y como se ve muestra una talla algo tosca muy ingenua y expresiva, representando una figura masculina ataviada con una especie de túnica o hábito que llega hasta los pies, con decoración incisa estriada que no lleva la misma dirección en todo su recorrido y que tiene una especie de reborde en la parte baja. En su mano izquierda sujeta una alargada cruz con astil y con la derecha hace el gesto de bendecir, su cabello está sólo in-sinuado por líneas incisas verticales que llegan hasta los ojos y sus facciones como ojos, nariz y boca son muy sumarias. Con los dos brazos elevados, parece la figura de un orante con gesto de plegaria u oración, representación ya conocida desde época paleocristiana. No obstante, lleva una gran cruz y por ello existe la duda de a quién represente exactamente, si a un orante o a un religioso. No lleva distintivos ni atributos especiales, su ropaje es más bien rudo y sencillo, no porta símbolos de divinidad, siguiendo la idea original de García Omedes, podría tratarse de un anacoreta o eremita; hipótesis

factible dada la naturaleza del lugar en el que nos encontra-mos. ¿Sería fray Juan, aquel conocido eremita que pasó su vida en esta sierra? La duda continúa.

El resto de testimonios románicos se encuentran ubica-dos ya en el edificio destinado a ermita. Por un lado, una tos-ca y sencilla ventana, reutilizada y monolítitos-ca, de dos peque-ños arcos ubicada en el muro sur, a media altura del mismo, con sencilla decoración incisa a modo de líneas geométricas que forman en la parte superior una línea en zigzag, en los lados dos aspas y en el centro una alargada cruz.

Los otros dos elementos románicos se encuentran en la zona inferior del edificio, ubicados en el muro occidental, un espacio poco cuidado y en un estado de conservación medio-cre, que parece una especie de porche. Se accede al mismo a través de un sencillo portón, puesto que el antiguo arco de medio punto del antiguo acceso ahora está cegado. Nada más acceder se ve a la izquierda un capitel historiado, ubicado en lo que sería el ángulo noroeste de la ermita. Presenta una factura similar a la del tímpano antes señalado, de carácter tosco pero muy expresivo, en el que se puede observar un conjunto constituido por una figura, seguramente masculina, cuyo rostro está ya desdibujado, ubicada en el lado derecho, figura que aparece de pie y que lleva un ropaje que le cubre hasta la rodilla y que presenta incisiones a modo de estrías como las observadas en la figura del tímpano. Su postura está orientada hacia un lateral, como mirando hacia el resto del capitel (se puede observar por la posición de sus pies), si bien hay algo de separación entre las dos partes, se observa a

Capitel románico Canecillo románico

(6)

la izquierda, una figura dispuesta de frente y completamente ataviada por ropajes similares en su aspecto a los anteriores, pero cubriéndole todo el cuerpo incluso parte de su cabeza, dejando sólo entrever sus toscas facciones faciales. Se trata sin duda de una figura femenina y justo debajo de ella, y casi fundida con su cuerpo, hay una figura de menor tamaño cuyos rasgos son similares a los del adulto que le acompaña y que queda protegida por los brazos y manos de aquélla, se trata posiblemente de la figura de un niño y lleva un corte de pelo cortado a taza. No se tiene clara la significación de este capitel, posiblemente se trate de una Sagrada Familia, aunque existen dudas ya que no pueden observarse todos los detalles debido a su estado de conservación.

El último de nuestros testimonios románicos está justo enfrente del capitel, en la misma estancia inferior de la igle-sia, colocado a media altura del muro en el ángulo suroeste. Se trata de un canecillo completamente desubicado de su lugar original, probablemente la misma fachada en la que se encontraban el tímpano y el capitel románicos. Existe alguna duda acerca de lo que se representa, su factura es sencilla y tosca como en el caso de los elementos anteriores, un extra-ño rostro humano con ojos, boca y nariz que aparece como cortado por una línea horizontal en relieve, por encima de su frente, y que en la mitad superior muestra además otros dos ojos y otra nariz. Sobre este segundo y acortado rostro hay una especie de sogueado en relieve a modo de corona.

Es posible que lo que aquí se representa sea una trans-posición a la iconografía cristiana del dios Jano bifronte, que si bien en el mundo romano solía representarse mediante dos caras mirando hacia ambos lados de su perfil, en este caso por la economía de medios, la ley de adaptación al marco y la abstracción de este artista podría reducirse a una sola cara doble, como ocurre en otros muchos ejemplos del románico. Jano era el dueño de las puertas del cielo para los romanos y presidía la celebración de salida y entrada de un año a otro, el mensis ianuarius. El mundo cristiano románico toma la figura de Jano, del latín Ianus, para representar también sus famosos mensarios que eran ubicados, sobre todo, en las portadas de sus iglesias, como podría ser en este caso y que en ocasiones rodeaban en las escenas a la figura de Cristo, el Cristo crono-crátor. También en la religión cristiana la figura de Jano fue sustituida, debido a su dualidad o doble cara, por la figura de san Juan, el Juan Evangelista que representa el solsticio de

invierno y por otro lado el san Juan Bautista que representa al solsticio de verano. El solsticio de verano es a su vez un homenaje al Sol, que representa en ocasiones a Cristo en el románico, y que en el caso de nuestro canecillo se podría re-lacionar quizás con el motivo, a modo de orla o corona, que enmarca el rostro de la mitad superior, si bien en este caso el lenguaje está resuelto de un modo simbólico y muy somero. Por otro lado está la opinión de García Omedes, que cree que dicho canecillo podría representar a un hombre devorado por una fiera, basándose a su vez en la teoría defendida por José Luis García Lloret que opina que este tipo de representación simboliza al pecador que es devorado para después renacer una vez entre al templo cristiano.

Aunque la parte románica de la iglesia es obra del siglo xiii, la mayor parte de la actual iglesia de la Virgen de la Peña es el resultado de las reformas y modificaciones realizadas en los siglos xvii y xviii, dando como resultado un edificio que, si bien cuenta con paramentos románicos y buenos muros de piedra sillar, presenta traza general barroca, con una nave de cinco tramos con lunetos separados por arcos diafragma, transepto apenas resaltado en planta y cabecera rectangular, y en el muro sur recios contrafuertes que ayudan a solventar el problema de desnivel del terreno, reforzando así el edificio.

La ermita actual queda en el nivel superior del edificio, al que se accede por la sencilla puerta en arco de medio punto anteriormente descrita. Una vez accedemos al interior veremos la citada nave barroca, blanqueada y con decoración exuberante en yeso, y con dos escenas pintadas que aluden a la famosa leyenda antes nombrada. El altar mayor alberga la imagen de la Virgen de la Peña, ahora “engalanada” a la moda barroca con una larga melena de cabello negro natural, joyas y demás ajuar. A los pies un coro alto de cuya barandilla cuelgan dos tablas góticas con imágenes de San Pedro y San Pablo.

Texto y fotos: EGC

Bibliografía

cardús llanas, J., 1969-80, VII, pp. 130-139; castán sarasa, A.

(coord.), 2006, pp. 177-178; durán Gudiol, A., 1987a, pp. 119-122;

EstEban lorEntE, j. F., 2002, pp. 121, 123, 125 y 189; madoz, P.,

Referencias

Documento similar

6 Para la pervivencia de la tradición clásica y la mitología en la poesía machadiana, véase: Lasso de la Vega, José, “El mito clásico en la literatura española

d) que haya «identidad de órgano» (con identidad de Sala y Sección); e) que haya alteridad, es decir, que las sentencias aportadas sean de persona distinta a la recurrente, e) que

De hecho, este sometimiento periódico al voto, esta decisión periódica de los electores sobre la gestión ha sido uno de los componentes teóricos más interesantes de la

Las manifestaciones musicales y su organización institucional a lo largo de los siglos XVI al XVIII son aspectos poco conocidos de la cultura alicantina. Analizar el alcance y

Products Management Services (PMS) - Implementation of International Organization for Standardization (ISO) standards for the identification of medicinal products (IDMP) in

Products Management Services (PMS) - Implementation of International Organization for Standardization (ISO) standards for the identification of medicinal products (IDMP) in

This section provides guidance with examples on encoding medicinal product packaging information, together with the relationship between Pack Size, Package Item (container)

Package Item (Container) Type : Vial (100000073563) Quantity Operator: equal to (100000000049) Package Item (Container) Quantity : 1 Material : Glass type I (200000003204)